Formación: Regresa Los primeros pasos de una bruja

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Llevo más de un año impartiendo la Formación de Los Primeros pasos de una bruja y me ha dado la oportunidad de conocer a grandes mujeres y hombres,  a grandes brujas, y mientras lo impartía he ido aprendiendo muchísimo y he crecido mucho como mujer y como bruja. Lo traigo ahora al blog porque hay muchísimas grandes personas y brujas entre vosotras y quiero abriros la puerta a este mundo y aprender y crecer junto a vosotras.

Es un taller de inicios, de toma de contacto y acercamiento a la magia y está especialmente creado para todas vosotras que me escribís con dudas, para todas las que me contáis que queréis empezar este camino que os llama pero no sabéis cómo comenzar el viaje. Para todas aquellas que sentís que la palabra bruja resuena en vuestro corazón y queréis hacerla propia pero no tenéis ningún tipo de experiencia o no sabéis cual es el siguiente paso.

Si me acompañáis, os guiaré en un viaje a través de la magia de la tierra, de las mareas lunares, del encuentro con la Diosa y los 4 elementos que dan vida a toda la creación. Si escuchas la llamada de las brujas, si sientes que tu alma pagana responde al latido del corazón de la Madre Tierra, este es tu camino.

Déjame que te acompañe durante tus primeros pasos. Durante cuatro semanas (desde el lunes 1 de Mayo hasta el viernes 26) vivirás, respirarás y serás magia.

¿Vienes?

La información e inscripciones solo se gestionarán a través del correo: hyedra.deduir@yahoo.es

Y debido a que las plazas se llenaron y sé que quedó gente sin poder inscribirse, en Mayo también repito LA BRUJA DEL BOSQUE: LA MAGIA DE LOS ÁRBOLES

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Durante cuatro semanas ( del lunes 1 de mayo al viernes 26) nos adentraremos en el corazón del bosque y os hablaré de la eterna relación que hay entre las arboledas y las criaturas mágicas, os contaré leyendas y os hablaré de antiguos bosques mágicos del mundo, conoceremos a los seres y espíritus que los habitan y os hablaré de los árboles sagrados más importantes y cómo crear un vínculo con ellos.

Además aprenderemos a trabajar mágicamente con cada árbol, cómo usar sus raíces, corteza, hojas y frutos en los hechizos y qué herramientas mágicas fabricar con ellos. Pero, sobre todo, recordaremos cómo reconectar con el espíritu vivo del bosque y volver a forjar el vínculo que existe entre cada bruja y los árboles.

Si queréis acompañarme, si sentís la antigua llamada desde el corazón de la espesura, tomad mi mano y seguid mis pasos por el sendero que atraviesa el bosque.

Para más información e inscripciones, escribid a hyedra.deduir@yahoo.es

Llena tu vida de magia. Inicia el camino.

 

 

Esa clase de brujas

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No me busques cuando necesites atar a ti a una persona contra su voluntad y su amor. Si sientes tal pasión que estás dispuesta a pisar sobre su libertad y sobre su derecho a elegir a quién ama, no me busques.

No me busques si quieres retener a un amor muerto, si quieres que regrese quien un día se marchó porque había llegado su momento. Si quieres que renuncie a sus sueños futuros por quedarse a tu lado en su tristeza.

No me busques si para tener lo que deseas quieres romper un vínculo sagrado formado por otros amantes, si quieres separar corazones por capricho del tuyo, helado. Si crees que tu deseo es más fuerte que el amor de otros, no me busques.

No me busques cuando tus ansias de atención exijan las noches de insomnio de otros, cuando necesites habitar una mente sin descanso, cuando reclames cada latido de un corazón que no nació para latir por ti. Cuando pidas que otro te ame hasta el punto de dar su vida por ti mientras tú no respetas su existencia.

No me busques para vengarte por afrentas o despechos con los que no has sabido lidiar, para cerrar caminos, para cegar corazones, para causar sufrimiento a cambio de orgullo. No me busques cuando en lugar de la sabiduría escojas la violencia.

No me busques para enterrar tu dignidad en un amor forzado, creado por hechizos malditos que convierten a personas en esclavas. Que ponen cadenas en aquellos destinados a otros brazos. No me busques cuando tu falta de amor por ti, te haga conformarte con migajas robadas.

No me busques cuando envidies los pasos de otros y quieras cambiarlos por los tuyos, no me busques cuando quieras destruir, apropiarte y suplantar el lugar de otros en el mundo. No me busques si otras vidas te parecen mejores que las tuyas y tu odio demande su desgracia.

No me busques cuando rechaces las oportunidades que se te han dado, cuando te conviertas en odio inútil, en envidia sangrante, en alguien sin esperanza. Cuando tus deseos te arrastren hacia los actos más viles, la esclavitud de quien dices amar, la violación de su espíritu, tu tiranía sobre decisiones de otros y la destrucción de pactos ajenos.

No me busques cuando tu propia alma esté sucia, enfangada por tus deseos y tu amor envenenado. No me busques para que mi magia te ayude a cumplir tus deseos de persona perdida y desesperada.

No. No me busques para destruir tu dignidad de mujer, porque no soy esa clase de bruja.

Búscame cuando quieras recordar la grandeza de un alma humana. Cuando quieras aprender a seguir las huellas de la Diosa en los caminos de la Historia.

Búscame cuando necesites recordar que tú misma ya eres magia y quieras encontrar el camino de vuelta a Ella. Búscame cuando quieras desplegar tus alas y volar en la libertad del viento mientras tu corazón recuerda que el amor más grande es el que nace por su propia voluntad. Cuando quieras encontrar tu lugar entre las criaturas de la naturaleza y descubrir que estás hecha de esperanza.

Búscame cuando te sientas valiente para bajar al centro de tus Sombras y te preste mi voz para guiarte de vuelta. Cuando quieras amar al reflejo del espejo y no temer a quién te devuelve la mirada, esa parte de ti que sabe… que viaja entre mundos, entre tiempos, entre velos.

Búscame cuando decidas tomar las riendas de tu vida, de tus sueños, de tus decisiones y fracasos. Cuando quieras aprender a bailar con las mareas de la luna y recuperar tu poder de mujer de bosque, de piedra, de corrientes y montañas. Cuando sueñes con el conocimiento que un día fue nuestro.

Búscame cuando quieras ser tan libre, que lo primero para ti sea la libertad de otros. Cuando quieras amarte tanto y tan fuerte, que nunca aceptarás caricias falsas, amores prestados, abrazos distantes. Cuando quieras descubrir lo que se esconde en los umbrales y las fuerzas que puede crear tu voluntad.

Búscame cuando sientas que quieres re encontrarte con el misterio que eres, mujer, y ayudar a otras a recordarlo. Cuando quieras despertar al animal salvaje que dormita en tu interior. Cuando quieras recorrer el antiguo camino de las sabias que vivieron antes que nosotras y perpetuar su legado. Cuando necesites hundir tus raíces en lo profundo de la tierra y extender tus brazos hacia las estrellas.

Búscame. Búscame entonces, porque soy de esa clase de brujas.

Hyedra de Trivia

Viaje al Corazón

He estado una temporada ocupada entre hechizos, formaciones, reuniones de brujas y creando nuevos proyectos. En breve publicaré nuevas entradas en el blog, pero hoy quería anunciaros de una forma apropiada uno de los nuevos talleres que estoy ofreciendo. Me he dado cuenta de que hablo de ellos en facebook y por mail, pero nunca los anuncio aquí para vosotras, las que me seguís incondicionalmente en el blog. Así que aquí lo tenéis.

EL VIAJE AL CORAZÓN. UN AMOR EMBRUJADO

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Es un taller de cuatro semanas de duración, totalmente online y está dividido en tres bloques. Tres viajes en espiral que nos llevarán a encontrarnos con el amor de nuestra vida, el más importante en la historia de una bruja. Nosotras mismas.
Los lunes viajaremos en la espiral que nos conduce al centro de nuestro corazón, recordando nuestra historia y nuestros amores pasados, aquellos que nos convirtieron en lo que somos hoy día y aprenderemos a entenderlos, sanarlos, perdonarlos si hace falta y dejarlos ir si es necesario.
Los miércoles viajaremos en una espiral ascendente que nos llevará hasta las historias de Diosas cuyo amor cambió el mundo, o el verdadero sentido de los cuentos de hadas, y descubriremos cómo esas historias siguen manifestándose en nosotras y cómo podemos encontrar a esas Diosas en nuestro interior y en nuestra vida.
Los viernes viajaremos en una espiral hacia nuestro exterior, llevando con nosotras todo el amor y la magia que viven en nuestro corazón hacia fuera, para convertir cada momento de nuestra vida en una historia de amor con nosotras mismas. Realizaremos prácticas, rituales y hechizos para sanar nuestro corazón herido, hacerle un sitio especial al amor en nuestras vidas y enamorarnos cada día un poquito más de nosotras. Crearemos una historia de amor embrujado, entre una bruja y su vida de leyenda.
Para ello, crearé un grupo secreto de facebook donde cada lunes, miércoles y viernes subiré textos y podréis comentar, compartir y consultar todo lo que queráis. Es totalmente online, así que cada una trabajará a su ritmo y según el tiempo del que disponga. Yo publico por la mañana, pero vosotras podréis participar a la hora del día que mejor os venga.
El taller dura 4 semanas, del lunes 6 de febrero al viernes 3 de marzo.
Si estás interesada avísame para reservar tu plaza 🙂
IMPORTANTE, PARA MÁS INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES ESCRIBÍD A: hyedra.deduir@yahoo.es

La identidad de la bruja

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Imagen de Juan Medina http://www.medinajuan.com/

La semana pasada estaba leyendo en casa mientras los demás veían algo en televisión, ya no recuerdo si era una película o una serie, cuando alguien dijo una frase que me hizo cerrar el libro y pensar. La frase fue: No puedo perder mi trabajo, si lo pierdo ¿Qué me queda? ¿Quién soy yo?

Cerré el libro porque me sorprendió mucho, me pareció tan extraño que alguien asociara su identidad a su trabajo, a lo que hacía… pero después, al empezar a pensar recordé que es mucho más común de lo que me había parecido en un primer momento. Recordé que muchos de nuestros apellidos, sobre todo en el mundo anglosajón, tienen su origen en un tiempo en el que a la persona se la denominaba por la profesión que ejercía y esa profesión, muchas veces, se heredaba de padres a hijos junto con el apellido. Pero eso era antes, pensaba yo mientras mi mente seguía dándole vueltas a la idea. ¿Estás segura?, me respondí. Tal vez ya no nos definamos tanto por lo que hacemos, pero sí por lo que tenemos. Fíjate en el mundo que te rodea, no hemos cambiado tanto. Para la mayoría de las personas, sus posesiones, sus empleos, sus círculos sociales son los que les definen, los que les dan un sentido a sus vidas. Creen que cuanto más valioso sea lo que poseen, más valor tienen ellos como personas. Quieren ser aceptados, queridos, aunque para ello tengan que aparentar ser lo que en el fondo no son.

También he visto gente llegar a la jubilación después de toda una vida dedicándose a su trabajo y sentirse perdidos, vacíos. Personas que han dedicado su vida a una profesión y que, en el momento de dejarla, no han sabido qué hacer con sus horas, con sus mentes ahora libres, con sus manos sin tareas, con sus días sin rutinas… sin saber qué hacer consigo mismos. Sin conocerse fuera del ámbito de su trabajo.

Y pensé: ¿Y tú, bruja? ¿Lo que haces es lo que define tu identidad? ¿Lo que tienes te hace ser tú? Yo medité sobre ello, pensé en mis herramientas mágicas, mi ropa, mi música, mis libros… y comprendí que ellos no me conforman, sino que ocurre lo contrario, ellos no me hacen ser yo, los tengo por ser yo. Y hago lo que hago porque soy lo que soy, no al revés.

No necesito nada que apuntale mi identidad, nada sobre lo que basarla o que le dé forma. Si mañana todo desapareciera, todo lo que tengo, todo lo que hago, y sólo quedase yo en un espacio vacío, continuaría siendo yo misma. Podría comenzar de cero en cualquier otro sitio y no me sentiría perdida o confusa. Porque lo que me hace ser yo siempre lo llevo conmigo, es algo que está dentro de mí, no en los objetos, mis posesiones, mi entorno o mis actos.

Y continué pensando: ¿Pero eso te ocurre sólo a ti, o les ocurre a todas las brujas? Y de nuevo medité. No puedo hablar por todas, pero empecé a recordar a las brujas de mi entorno, a las de mi círculo cercano, a las más lejanas, a las de otros países que he conocido y me di cuenta de que, en el fondo, podría asegurar que todas tienen lo mismo en común. Todas ellas tenían una personalidad, una identidad muy definida basada en su interior. He conocido brujas de todos los niveles sociales, de todos los niveles educativos, de países muy diferentes y con profesiones muy diversas, pero podía reconocerme en todas, podía ver quiénes eran de verdad. En esos momentos cuando las brujas nos reunimos, no importa el dinero que se tenga, la clase a la que se pertenece, los estudios, o incluso el idioma. Todo lo que normalmente conformaría la identidad de una persona, todo lo que parece darte tu lugar en el mundo, tu estatus… todo eso es lo que queda fuera cuando las brujas se reúnen. Así que sí, pensé, es algo consustancial a nosotras. La identidad de las brujas es fuerte y definida y construimos nuestro entorno en base a ella, no al contrario. Si todo fallase, si todo despareciese, seguiríamos estando seguras de quienes somos.

¿Pero esto a qué se debe? Las brujas no somos las únicas, he conocido otras personas así. Tal vez tiene que ver con la forma de ver la vida, con la forma que tenemos de buscar nuestro lugar en el mundo, de buscarnos a nosotras mismas. Mientras algunas personas tratan de encontrarse en lo que les rodea, de buscarse en la mirada de los demás y asentar su identidad en la imagen que proyectan al exterior, otras se buscan dentro de sí mismas y van dando forma a lo que son y a su personalidad de acuerdo a lo que encuentran y descubren. De esta forma es fácil estar segura de quién es una, y aunque todo acabe fallando, desapareciendo, perdiéndose… siempre sabremos quienes somos.

Y esto es algo común a todas las brujas porque una de las primeras enseñanzas es que todas las respuestas están en nuestro interior. Y mientras buscamos esas respuestas, el mundo exterior cada vez deja de tener más importancia y aprendemos a darle a todo su justo valor. Nuestras cosas, nuestro dinero, nuestras posesiones materiales, nuestros trabajos, son sólo herramientas que nos hacen la vida más fácil, que nos proporcionan un medio de vida o de expresar lo que ya somos, pero de ningún modo nos definen. De ninguna manera nos hacen ser quienes somos. Y además, nosotras sabemos que la vida es cíclica, que cambia y se mueve y mañana no estaremos en el mismo lugar en el que estamos hoy, aunque puede que algún día regresemos a donde estabamos ayer, y las brujas, además de movernos por los ciclos de la vida, nos movemos entre los mundos, así que mientras todo gira y cambia y se convierte en un caos que generará un nuevo orden a nuestro alrededor, nosotras seremos el centro que nos mantendrá firmes, estar seguras de nuestra identidad nos permitirá mantener el control en el corazón de nuestra existencia.

Y mientras visualizaba los acontecimientos de mi vida girando como un tornado a mi alrededor, de nuevo pensé: ¿Y tú, sabes quién eres, bruja?

Y sonreí, porque, aunque sé quién soy, apenas estoy empezando y conocerme del todo es una aventura que nunca terminará y me tendrá ocupada el resto de mi vida.

Tenga lo que tenga y haga lo que haga.

 

Hyedra de Trivia

El respeto de la Bruja

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Imagen de Elvira Zakharova

Hoy me vais a permitir un cambio de registro. Es posible que algunas no estéis de acuerdo conmigo o directamente penséis lo contrario, es normal, porque cada persona es distinta y cada una tiene su opinión, pero hay algo que llevo viendo un tiempo y nunca me ha parecido correcto, y es la tendencia de algunas personas a usar la magia para todo. Absolutamente todo. Y, personalmente, me parece un error tremendo.

La magia no es una muleta, no es una herramienta a la que recurrir para cada cosa banal que no marcha como nosotras querríamos. No podemos ir por la vida intentando arreglar cualquier inconveniente a golpe de hechizo. La magia no funciona así. Las brujas no funcionamos así.

Sé que lo que os voy a decir os puede parecer extraño, pero cuanto más poderosa es la bruja, cuanto más sabia es, cuanta más magia conoce, menos hechizos realiza. Y cuando los hace son para agradecer lo que tiene, celebrar la vida o solucionar problemas verdaderamente importantes y no para temas triviales.

Una vez leí que, para que un hechizo funcione, debemos actuar en consecuencia. No sirve de nada hacer uno para mejorar nuestra economía porque las facturas se acumulan y las deudas nos ahogan, si después nos quedamos sentadas en el sofá esperando a que ese dinero entre por la ventana. Sin embargo, si junto con el hechizo nos ponemos en marcha, buscamos, si nos esforzamos por conseguirlo, moveremos el doble de energía y ayudaremos a que nos llegue. Podéis pensar que así nunca sabréis si el hechizo funcionó de verdad o fue nuestro esfuerzo el que nos hizo conseguirlo. Es cierto, puede que nunca lo sepamos. Pero una bruja nunca se queda sentada esperando, ella toma las riendas de la situación y ayuda a que las cosas se solucionen. Por eso muchas veces, antes de hacer un hechizo, nos arremangamos las capas y hacemos que las cosas cambien sin la ayuda de la magia, y el esfuerzo funciona.

Porque, a medida que el tiempo pasa y la bruja adquiere más conocimiento y experiencia, comprende que su vida y todo lo que sucede en ella es su responsabilidad, y está en su mano cambiar las cosas que necesite cambiar. Y tomar las riendas de su vida cuesta trabajo, sí.  A veces es agotador y otras veces requiere sacrificios y tomar decisiones muy difíciles pero, por otro lado, no hay nada más empoderador que saber que eres tú quien está al mando.

También tenemos que aprender a poner las cosas en perspectiva.  A veces usamos la magia como un parche o una tirita, intentando solucionar síntomas en lugar de buscar el origen del problema. No me refiero a esas pequeñas chispas de magia, de poder, que usamos en ocasiones para hacernos la vida un poco más fácil: encontrar aparcamiento cuando tenemos prisa, buscar un poco de suerte un día en el que todo parece torcido, pequeños actos que de vez en cuando sirven para mejorar un poquito el momento y no requieren demasiada parafernalia. Me refiero a casos en los que cada pequeño paso, cada decisión intrascendente, cada mínimo obstáculo se intenta solucionar con un hechizo.   Conozco gente que se agota en limpiezas y rituales para mejorar la armonía en su casa, en lugar de sentarse y comunicarse con los miembros de su familia para averiguar el porqué de la tensión y las discusiones e intentar solucionarlo. O cosas más intrascendentes, como intentar que salga el sol un determinado día para una excursión porque no nos apetece mojarnos o posponerla, mientras la tierra está seca y necesita lluvia. O intentar encontrar un objeto que se ha perdido en medio de un desorden caótico cuando podríamos encontrarlo sólo con limpiar y ordenar un poco. En ambos casos la magia es innecesaria. Son solo ejemplos, pero os puedo asegurar que hay gente que recurre a ella para casi todo. Y es desalentador, porque en algunos casos no solo ceden el control de su propia vida y se desentienden de responsabilidades, sino que, en otros, es una falta total y absoluta de respeto por lo que es la magia y por cómo funciona. A veces las cosas son como son y aunque no nos gusten, debemos entender que deben ser así. Y otras veces, hay asuntos que nos afectan más directamente y deberemos solucionarlos por nosotras mismas con nuestro esfuerzo y voluntad.

Creo que el acto más mágico de una bruja es saber que su vida depende de ella, y que a veces tomará decisiones acertadas y otras veces se equivocará. Y al igual que es su derecho tomar esas decisiones porque es libre, también es su obligación aceptar las consecuencias de sus equivocaciones. Y la magia no es el comodín al que agarrarse cuando las cosas no van como nosotras queremos. Es necesario que de vez en cuando las cosas no vayan bien, porque es en esos momentos cuando se nos pone a prueba, cuando depende de nosotras solucionarlo todo y dar lo mejor que tenemos. Es en esos momentos cuando se nos da la oportunidad de crecer, de aprender, de conocernos y evolucionar y, a veces, sorprendernos a nosotras mismas con lo que somos capaces de hacer.

Si ante la mínima adversidad echamos mano de conjuros o rituales, no sólo estamos evadiendo la misión para la que vinimos y perdiendo la oportunidad de hacernos más grandes, también estaremos demostrando que, en realidad, no sabemos qué es la magia ni su verdadero sentido en nuestra vida.

Detrás de cada hechizo, ritual, ceremonia o cualquier acto mágico, se mueven unas fuerzas tan antiguas como la primera chispa que originó toda la creación. Incluidas las fuerzas que viven en nosotras. Nuestra energía, nuestro poder mágico debe ser sagrado. Y cada momento en el que recurramos a él también debe ser sagrado. Al igual que las energías de las plantas, de la tierra, de los elementos que usamos para colaborar con nosotras en nuestra magia. Son fuerzas conectadas con la Historia de la Tierra, con el Universo y lo que se mueve tras él. Es un regalo que se nos ha dado para cambiar las cosas, para hacer de nosotras y del mundo que nos rodea un lugar un poco mejor, y no para ser utilizado en pequeños actos que no necesitan nada de magia para seguir adelante, tan solo nuestra determinación.

Hay momentos en los que las circunstancias se ponen tan, tan difíciles, que  solucionarlo escapa a nuestro control, es entonces cuando esas fuerzas pueden ayudarnos. Otras veces sí depende de nosotras, pero necesitamos un extra de ánimo y energía para encarar ciertos acontecimientos. No creo que esté mal recurrir a la magia para ayudarnos a superar un duelo que se alarga demasiado, o una enfermedad particularmente dolorosa o larga. Un hechizo puede ayudarnos a encontrar un buen trabajo, o ser un apoyo en nuestros estudios o en nuestra evolución personal. Pero tenemos que tener mucho cuidado de no acabar dependiendo de ellos para todo.

Cualquiera que trabaje con magia y conozca las fuerzas que se mueven detrás, debe ser consciente de en qué momento es conveniente contar con ella y cuando no. Cualquier bruja debe respetar la magia, porque al hacerlo y darle su verdadero valor, se estará respetando a sí misma y a su poder.

Hyedra de Trivia

Nueva formación: Hij@s de la Diosa Oscura

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Os anuncio que la entrada semanal de Palabra de bruja estará disponible mañana, perdonad la espera. Pero quería aprovechar hoy para presentaros una nueva formación que voy a llevar a cabo, junto con mi hermano de camino, Saucco de Trivia.

Hemos estado gestándola años y responde a la necesidad de dar su espacio a la Diosa Oscura en este mundo, y dar la oportunidad a aquellas personas que quieren reencontrarse con Ella de convertirse en sus Hijas, tal vez como ya lo fueron en otras vidas. La formación es totalmente presencial y tendrá lugar en Madrid.

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¿Sientes la llamada de la Diosa Oscura? ¿Crees que tu camino es el de la bruja? Si los secretos de la noche te seducen, si la oscuridad de la luna le cuenta historias en sueños a tu alma y si los nombres de las Diosas que estuvieron prohibidas resuena en tu mente como antiguos recuerdos, éste es tu sitio.  Os ofrecemos un viaje en el que os guiaremos durante un giro de la Rueda en la Senda de la Diosa Oscura. ¿Quieres convertirte en un@ de sus hij@s? Pues acompáñanos en este viaje que se divide en 9 encuentros que tendrán lugar a lo largo de un año y en los que conoceremos a la Diosa Oscura en cuatro de sus aspectos y aprenderemos, entre otros misterios, los caminos de la magia de la tierra, los cuatro elementos, las fases lunares y las energías de la naturaleza. Acompáñanos en el Camino de las Brujas. Tanto si eres hombre como si eres mujer, hay un lugar para ti en los 9 Círculos. Ocupa tu puesto:

1º Círculo. El Encuentro. Presentación de la Formación, encuentro con la Bruja y el pasado, Sheila Na Gig. Altares.

2º Círculo. Solsticio de Invierno. Magia de la Tierra

3º Círculo. Conociendo a la Sombra. En el Reino de Perséfone. El poder de la palabra

4º Círculo. Equinoccio de Primavera. Magia del Aire

5º Círculo. La libertad sexual. En la senda de Lilith. El Matrimonio Sagrado

6º Círculo. Solsticio de Verano. Magia del Fuego.

7º Círculo. La justicia de la Ira. En la batalla con Morrigan. Encontrando el valor.

8º Círculo. Equinoccio de Otoño. Magia del Agua.

9º Círculo.1ª Parte: Reinando en la Oscuridad. Ataecina y Cerridwen. La muerte, el final. Nuevos comienzos.

2ª Parte: Dedicación a la Diosa Oscura. Frente a Hécate.

Para inscripciones o solicitar más información, escribid a

hijasdeladiosaoscura@yahoo.com

Te esperamos

Hyedra de Trivia

La bruja y la Muerte

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Imágen de Amanda Clark

 

Se acerca Samhain y este año percibo su energía con más fuerza que otras veces. Tal vez sea por este Octubre regado con lluvias otoñales o porque mi vida éste año ha estado marcada por varios ritos de paso que me han hecho atravesar muertes y renacimientos, umbrales entre lo que he sido hasta hace poco y lo que soy ahora. Y aquello en lo que me estoy convirtiendo. No sé exactamente por qué, pero Samhain ya está casi aquí para mí y llevo unos días meditando sobre su influencia en las personas, y en especial en nosotras, las brujas.

Esta noche está asociada sobre todo a la Muerte: la muerte de una época, de un ciclo, de la vida de seres humanos… es el Gran Umbral. Y como caminantes entre los mundos, las que vivimos en un eterno umbral somos las brujas. Tal vez por eso ésta sea, entre todas las festividades paganas, la más relacionada con nosotras.

Este año coincidirá más que nunca con nuevos inicios en mi vida, pero, como cada vez que comienzo algo nuevo, por mi mente rondan aquellas cosas que tuve, que viví, que amé… todo lo que murió para dejar espacio a lo nuevo. También personas a las que quise muchísimo y hace tiempo ya que cruzaron el velo. Y su recuerdo me coloca ante una de las situaciones más duras del aprendizaje de la bruja. La aceptación y comprensión de la Muerte.

La Muerte no es más que una parte de la Vida. Todo es un ciclo eterno sin fin, en el que viviremos, moriremos y retornaremos de nuevo. Las personas que amamos volverán a este mundo y nos encontraremos con ellas en muchas vidas compartidas. La muerte entonces no es más que el principio de un nuevo viaje, donde por fin comprenderemos el sentido de todo, encontraremos las verdades que buscamos y tendremos acceso a la sabiduría final. Por ello para nosotras la muerte es solo un paso más, algo que celebramos recordando a la persona amada fallecida y deseándole un buen viaje hasta que volvamos a encontrarnos. Esa es la lección. La teoría.

Pero cuando alguien a quién amamos fallece ¿Qué hacemos con la pena que nos desgarra el alma? ¿Qué hacemos con la sensación de vacío? ¿De pérdida insondable? ¿Y si la muerte fue agónica, o demasiado temprana, o demasiado imprevista, o simplemente demasiado? ¿Cómo encajamos nuestra teoría de lo que es la muerte con su presencia real en nuestras vidas? ¿Cómo vamos a celebrar algo que en ese momento solo podemos odiar?

Porque cuando nos toca muy de cerca o de una forma demasiado atroz, todos odiamos a la muerte. Todos deseamos que no nos roce, que no nos toque, que respete a aquellos a los que amamos. Recientemente falleció un familiar de un amigo y fuimos a acompañarle al tanatorio. Pasamos delante de una sala donde la gente sonreía y charlaba animada. Recuerdo que comentamos la diferencia entre unas muertes y otras y cómo afectaban a la gente. Cuando fallece una persona mayor o tras una larga enfermedad, se vive como algo esperado, inevitable y a veces hasta un alivio. Pero cuando muere alguien joven, o un niño, o alguien que no se esperaba que tuviera un fin prematuro, todas nuestras convicciones se tambalean y nos planteamos la injusticia de la muerte. Nos rebelamos. Hay que tener una fe inquebrantable y con raíces muy profundas para aceptar serenamente la muerte de un niño, o de alguien en la flor de la vida, y más aún cuando muere de forma traumática. Nos preguntamos cual es el sentido, cuál es la razón…

Y automáticamente pensamos en toda la vida que tenían por delante, en el dolor que dejan atrás, en las vidas vacías sin su presencia. En las incontables noches en blanco que otras personas afrontarán recordando su pérdida. O en las nuestras, en las lágrimas que derramaremos por alguien que ya no está, que no podrá vivir, que no podrá reír, soñar, amar de nuevo… en esta vida. Porque las brujas creemos que volveremos, pero en el dolor de la muerte, como cualquier otra persona, sólo somos capaces de pensar en ésta, en la que nosotras aún estamos, pero en la que ellos ya no están. Y en ese momento a veces dudamos, porque es humano dudar, y porque esa duda responde al amor que hemos perdido.

Pero un día, con el tiempo, comprendemos que nuestra fe regresa. Que el dolor sigue ahí pero ya podemos vivir con él. Nos reconciliamos con la Muerte y comenzamos a celebrar la vida de aquellos que se fueron, y prometemos vivir la nuestra conscientemente en su recuerdo. Y llega un Samhain en el que la pena es lo suficientemente suave como para permitirnos celebrar el banquete de fin de año, y colocar un plato en la mesa para esa persona que puede que hoy regrese durante unas horas a nuestro lado. Y al día siguiente, la vida continuará, porque la vida siempre continúa para aquellos que se quedan.

Las brujas conocemos muy bien el dolor, la pena y la pérdida y las sufrimos como todos los demás, pero también conocemos la otra cara de la muerte. Y eso nos ayuda a comprender el dolor y la pérdida de otros. Pero también por eso, las brujas no adoctrinamos, no juzgamos ni intentamos minimizar los sentimientos del que sufre, simplemente acompañamos su dolor y les apoyamos en su tristeza.

Este Samhain celebrad la vida, organizad una fiesta e invitad a aquellos que ya partieron a compartirla con nosotros, pero si en algún momento la tristeza os invade y su marcha os parece injusta, no pasa nada. Dejad que vuestras lágrimas fluyan, recordad lo mucho que les amabais y dad gracias por haber coincidido con ellos en esta vida.

La pena es sólo reflejo del amor y algún día volveremos a encontrarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

 

La Bruja ha vuelto

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Hace meses escribía que mis pies de bruja nómada se sentían inquietos porque llevaban mucho tiempo parados, y dicho y hecho, cuando una bruja pide, obtiene, así que la espiral de mi vida giró hacia una época de maletas, aeropuertos, carreteras y aventuras. Y al mismo tiempo que cubría distancias físicas, mi alma cubría distancias espirituales. Porque como dice mi querida Mariam Cárcel, también se puede viajar sin moverse del sitio y algunas experiencias son verdaderos viajes para el alma.

Avalon fue el primero de todos esos viajes y os confieso que me ha cambiado. No sé de qué otra manera explicar lo que hizo conmigo porque fui siendo Hyedra y regresé siendo más Hyedra aún y al mismo tiempo menos. Encontré allí una parte de mí que siempre eché de menos. Tal vez por eso anhelaba ir. Tal vez por eso soñaba con regresar a mi hogar, porque una parte de mi me estaba esperando allí, en casa. Y regresé trayendo conmigo esa parte, pero dejé allí otra aún mayor, y sospecho que cada vez que regrese, la parte de mí que se quede allí será más grande y para poder estar completa tendré que regresar una y otra vez a lo largo de mi vida. Tal vez ese es el hechizo de Avalon, robarte un pedacito de alma cada vez que vas.

Pero para ser sincera he de confesar que me costó conectar con su energía. El primer día me sentí desconectada, perdida. No lo conseguí hasta que dejé de buscar lo que esperaba, la imagen que yo tenía, lo que yo quería que fuera. Hasta que no dejé toda idea preconcebida aparte y me abrí al verdadero Avalon, no pude sentirlo. Pero cuando el velo de irrealidad cayó de mis ojos y pude ver… la vida cambió para mí.

Y lloré, dentro de mi lloré por una época que no puede regresar, por unos ideales a los que cuesta tanto volver, por todo lo que se ha perdido y no podremos recuperar. Esa era la idea que no dejaba de repetirme por dentro y me llenaba de tristeza: se ha perdido tanto, tanto…  Avalon me ha cambiado porque ha roto las fantasías idealistas que antes me impulsaban. Ahora sé que jamás volveré a mi hogar porque no está en esta época, ni siquiera en este mundo. Pero también me enseñó todo lo maravilloso que aún permanece y fue cuando estaba sentada en los jardines de la Abadía, cuando toqué la tierra y ésta respondió a mi llamada. Vibrando suavemente bajo mi palma, ascendiendo por mi piel hasta que tocó mi corazón y rompió la venda que no me permitía ver, sentir, el verdadero Avalon, el que yace bajo esas calles, esos cimientos, bajo la cristiana torre del Tor que no ha podido cerrar el vórtice de poder de la colina. Comprendí que Avalon es la tierra que hay debajo y el espíritu antiguo que la habita, esa tierra regada con la sangre de mil generaciones que han muerto en ella o soñando con ella. Es la promesa de que, aunque el tiempo pase y las sacerdotisas de hoy no vivamos en cabañas a los pies de la colina, seguimos siendo las mismas. Regresando con otros rostros, otras ropas, otros idiomas y razas, pero aún continuamos allí. Viajando desde todos los rincones del mundo respondiendo a la misma llamada.

Cuando levanté la vista y volví a mirar, creí que todo a mi alrededor había cambiado, pero en realidad la que había cambiado era yo misma. Las nieblas se habían abierto para mí y ahora podía ver. Todo brillaba, todo estaba conectado con el pasado de una forma que no había sentido casi en ningún otro sitio antes. Árboles centenarios, piedras vetustas. Nombres que han cruzado el tiempo de leyenda en leyenda y de época en época. Y vi, vi la magia que envuelve a la ciudad, a sus gentes, a las sacerdotisas de una Diosa que sonríe desperezándose de un largo sueño y que abre sus brazos a todos aquellos que la buscan, que la llaman entre la niebla.

Durante los días que permanecí en esa tierra mágica, viva y palpitante, viví como si antes hubiera estado dormida y aquello fuera mi verdadera vida, la real, la despierta. Y comprendí otro de los grandes secretos de las brujas. La magia siempre está ahí, brota de la tierra de una forma sencilla y continua. Lo rodea todo y a todos. Es cierto que en algunos sitios es más fuerte, más pura y más evidente, pero está incluso en aquellos lugares donde jamás la buscaríamos, porque es el pulso de la Tierra. Y a veces la idealizamos tanto, esperamos tanto de ella, la imaginamos tan espectacular, tan grandiosa, tan parecida a lo que aprendimos en los cuentos, que a pesar de tenerla delante no podemos verla. Porque no queremos verla. Pero la magia no es un cuento al igual que tampoco lo somos las brujas. Debemos dejar de idealizar y esperar un suceso milagroso o una visión de luces cegadoras. Debemos dejar a un lado nuestras expectativas, debemos dejar de intentar que las cosas sean como queremos para aprender a aceptarlas como son. Porque puede que esperemos un trueno que anuncia una gran tormenta y por ello no advirtamos la brisa que levanta el aleteo de una mariposa.

Cuando dejé Avalon lo hice sabiendo que regresaré, una y otra vez, porque esa brisa de mariposa me ha atrapado de una forma que a lo mejor una tormenta no hubiera conseguido. Me ha hechizado su sutileza, la belleza que radica en las raíces antiguas y, sobre todo, me ha hechizado la sensación de que si hay un lugar en el mundo al que pertenezco, es a aquella colina que una vez fue una isla y a sus manzanas y Diosas talladas en piedra.

Aprendí que, como todo en la vida, encontré mi hogar, encontré mi Avalon, cuando dejé de buscarlo como yo lo esperaba y me permití sentirlo tal como era.

Bienhalladas seáis todas.

La bruja ha vuelto.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

Pacto de brujas

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Fotografía de Gaël Sacré  

 

Cuantas más brujas me escribís y conozco, más convencida estoy de que todas venimos de aquella Primera Bruja de la que os hablé un día. Porque en el fondo, sea cual sea el nombre que nos demos, el lugar en el que habitemos, la clase de magia que practiquemos… todas sentimos igual, todas contamos las mismas historias, a todas nos emocionan los mismos pensamientos. Me habéis escrito desde todas partes del mundo, mujeres de todas las razas, de todas las edades, de todas las clases sociales y todas nuestras almas vibran igual. Y creo saber por qué, creo que todas, aparte de venir de la Primera Bruja, hacemos el mismo juramento eterno. Siempre he creído que las brujas, antes de nacer, hacemos un pacto con la vida y con todo lo que ésta engloba.

Pactamos con nosotras mismas, un pacto en el que nos comprometemos a dejar las puertas de la memoria entreabiertas para que puedan llegar a nosotras recuerdos de quienes hemos sido antes y recuerdos de quien seremos siempre, de nuestra verdadera identidad eterna. De esta forma cualquier objeto, cualquier encuentro con un alma conocida, cualquier antigua tonada puede sacudirnos y emocionarnos al reconocerlo como nuestro y recordarnos quiénes somos si alguna vez olvidamos.

Pactamos con nosotras mismas para no conformarnos nunca, para buscar la felicidad de ser, de existir tal como somos. Las brujas no se conforman porque sería un suicidio del corazón. No podemos vivir encerradas en una torre de banalidades y días monótonos y sin magia. Tampoco buscamos grandes emociones que desaten torrentes de adrenalina (al menos no la mayoría),  lo que importa son los detalles simples como apreciar la belleza del planeta, atrevernos a dar un paseo por un bosque en mitad de una noche de luna llena, o dormir al raso en una noche sin luna sintiendo que navegamos a la deriva en un mar de estrellas. Capturar el primer rayo del amanecer o bañarnos en medio de una laguna verde entre montañas. Sentir que pertenecemos a la tierra y que eso es bueno, que está bien no ser más que una de sus criaturas. Aquí es donde encontramos nuestra felicidad.

Pactamos con nosotras mismas para no huir ante los tiempos difíciles. Somos brujas, habrá muchos momentos difíciles en nuestra vida, porque serán los momentos en los que probaremos de qué estamos hechas. Cómo reaccionemos ante los momentos cruciales de nuestra vida será lo que nos defina. Esas ocasiones serán espejos en los que miraremos a los ojos de nuestra sombra y tomaremos decisiones que nos convertirán en grandes brujas que dejarán marca en el tiempo o agacharemos la cabeza y nos esconderemos en la nada. Nuestro pacto nos mantendrá en pie, porque sabremos que continuaremos adelante, más sabias, más fuertes y más poderosas que antes.

Pactamos con otras brujas para encontrarnos y recuperar el sentimiento de ser una tribu. Para recuperar esa hermandad entre mujeres que durante tanto tiempo nos estuvo prohibida pero que nunca hemos olvidado y nos empuja a reunirnos en círculos. Para unirnos en el camino y mostrárselo a otras, para dejar huellas claras y visibles que puedan seguir las que vengan detrás. Por eso no debemos enfrentarnos entre nosotras, no debemos juzgarnos. No sabemos qué han vivido las brujas que nos rodean, no sabemos de sus lágrimas, de las cicatrices de sus corazones, de los recuerdos que aún las persiguen. Lo que sí sabemos es que a veces una mano tendida es capaz de curar heridas antiguas y devolver a la senda a una bruja extraviada. No sabemos si nuestro pacto con ella fue ese, enseñarle el regreso al camino, así que nunca juzgues a otras, sólo deja tus huellas cerca, para que decidan si quieren seguirlas.

Pactamos con el viento para que inflame nuestra sed de conocimiento, esa que nos impulsa siempre hacia delante, para saber más, para conocernos más, para recuperar en nosotras todo ese saber que llevamos en nuestro interior y sólo espera una chispa para despertar. Nuestro pacto con el viento es simple: nunca dejes de bendecirme con tus dones y yo nunca dejaré de cerrar los ojos para sentir tu caricia en mi piel y escuchar las voces de mis antepasados en tus corrientes.

Pactamos con el fuego para que nuestra pasión nunca deje de arder y la apatía no nos gane la batalla. Habrá épocas de soledad, de dudas, de tristeza… pero el corazón del fuego no dejará de arder en nosotras, nuestra pasión nunca dejará de buscar nuevas formas de disfrutar del regalo de estar vivas. Nuestro pacto con el fuego es eterno: Nunca dejes de arder en mi corazón y yo nunca dejaré de bailar a tu alrededor en las noches de magia y hogueras.

Pactamos con las aguas para ser capaces de ver en nuestras profundidades. Para poder viajar en el mundo de nuestros sueños, para aceptar y someternos a los cambios profundos que nos transformarán en la bruja que estamos destinadas a ser. Nuestro pacto con el agua es de total entrega: méceme en el vaivén de tus olas y muéstrame los misterios de tus profundidades y yo nunca dejaré de cruzar la puerta que me abres a otros mundos y buscar en ti el secreto de lo que soy.

Pactamos con la tierra para recordar siempre lo profundas que son nuestras raíces y la materia de la que estamos hechas. Para valorar la magia del agradecimiento y aprender a recibir los dones materiales y a compartirlos con otros. Nuestro pacto con la tierra es fuerte: Dame un lugar donde apoyar mis pies al caminar, donde dar vida a mis sueños, donde alimentar mi cuerpo y yo nunca olvidaré que estás hecha de los huesos de mis ancestros, y que el palpitar de tu ardiente corazón es el reflejo del que late en mi pecho.

Pero el pacto más importante de una bruja es aquel que hace con lo que habita detrás de todo lo anterior, con el significado de la Vida, con lo que guía sus sueños, lo que se esconde tras sus emociones y lo que le espera al final del camino. El pacto que hace con la Diosa. Un pacto eterno hecho en los albores del tiempo y renovado una y otra vez, antes de cada vida. Un pacto de amor hacia la Diosa, hacia sí misma y hacia lo que le hace bruja: No me dejes olvidarte, no permitas que olvide quién soy, lo que soy, y yo nunca dejaré de buscarte en mí y de cantar los nombres con los que te han llamado con miles de voces durante miles de años.

Sí. Estoy convencida de que cada bruja hace un pacto antes de nacer. Un pacto de Vida forjado en el único lugar donde comprendemos su verdadero significado.

En la Muerte.

 

Hyedra de Trivia.

Mensaje de la Diosa

And she wanders  RaphaelleM

And she wanders de RaphaelleM http://www.raphaellem.com/#/

 

Me estás buscando, puedo sentir cómo tus pensamientos vuelven una y otra vez sobre mí. He dormido muchos, muchos años, pero las voces por fin libres de mis Sacerdotisas me despertaron de mi sueño de siglos, llamándome con sus palabras vibrantes de risas, emoción y urgencia. Ven, me decían, vuelve, el mundo te necesita. Nosotras te necesitamos.

Observo cómo mi recuerdo despierta en el corazón de gentes de todos los rincones de este pequeño mundo, cómo la alegría derrite el miedo al castigo, a la culpa, y cómo los colores de mis estaciones destierran el gris de la tristeza. Observo cómo mis niñas, aquellas que siempre me guardaron, ya no se esconden cuando las llaman brujas, sino que levantan la cabeza y responden: sí…

Pero en realidad nunca me he ido. Siempre he estado aquí. Soy lo que se esconde en el último rayo púrpura del crepúsculo y resurge envuelta en oscuridad y tinieblas en la medianoche. Soy la plateada luna que baña el cielo de magia y tu corazón de esperanza cuando me buscas entre las nubes para contarme tus secretos de mujer. Soy aquella sensación de refugio que sentías en lo más profundo de ti en tus horas más oscuras, y el maravilloso abandono cuando llorabas entre los brazos de tu madre. Soy la risa cómplice que compartes con tus amigas, y los suspiros de placer por el roce de la piel de tu amante.

Soy eso que te empuja a buscar partes de ti que pertenecen a los bosques, soy el silencio sobrecogedor que no puedes explicar cuando contemplas el amanecer, soy la quietud y el oro de las últimas horas de la tarde. Soy la primera estrella que sale al anochecer y la última que se marcha en la mañana. Soy el latido de tu corazón y el primer aliento de tus hijos. Soy las lágrimas de desesperación que lloraste aquél día que nunca olvidarás, pero también soy la fuerza que te hizo poner en pie y continuar adelante.

Soy lo que mueve tus pies en esas noches en las que bailas cuando crees que nadie te está mirando. Soy la brisa que se cuela entre las hojas de los árboles y hace que casi jures que el viento te habla. Soy cada grano de arena que se escurre entre tus dedos cuando hundes tus manos en la orilla del océano. Soy la cresta de las olas cubiertas de espuma llevando la vida a la costa. Soy esa punzada en el estómago cuando te emocionas tanto que se te corta la respiración. Soy ese momento absolutamente perfecto en el que por fin comprendes quien eres y cuál es tu lugar. Soy la chispa que salta cuando tu mirada se cruza con otro compañero de vidas. Soy eso que te empuja cuando necesitas una dosis de valentía. Soy el baile de las ascuas que te mantiene junto al fuego sin poder apartar la mirada. Soy esa última flor sobre aquella tumba llorada. Soy la semilla que brota en primavera y también los terremotos, las inundaciones, los tsunamis… Soy la vida y la muerte, y la vida de nuevo. Soy lo que se marcha para volver a regresar.

Soy la que se esconde detrás de esa sensación que siempre has tenido, la certeza de saber que nunca has estado sola. Soy tu más preciado secreto. Y sé que me has buscado, aún sin saber ninguno de mis 10.000 nombres. Aún sin conocer ninguna de mis miles de historias. Me has buscado en cimas de montañas, en senderos perdidos entre árboles antiguos. Me has buscado en cuevas prehistóricas y en libros de leyendas de otros pueblos. Me has buscado en catedrales, en ruinas de templos blancos, en círculos de piedras y estatuas de museos modernos. Me has buscado en las palabras de otros, en visiones de otros y recuerdos de otros. Me has buscado sin saber que me buscabas, en las risas de los niños, en las confidencias a media voz con tus hermanas, en las cocinas de tus abuelas, en sus cuentos e historias en las que hablaban de mí sin saberlo…

Y sé que casi me has encontrado, casi… porque sé que a veces sientes que estás a punto de alcanzarme, pero me desvanezco. A veces casi piensas que soy solo un sueño, una ilusión, una esperanza vana de explicar todo lo que sientes y te hace sentir distinta. A veces estás a punto de abandonar la búsqueda, pero siempre hay algo que te hace continuar… algo que te habla y te pide que des un paso más. Sólo uno más.

Y es hora de que des ese paso. Tu vida ha sido un viaje que te ha llevado a este punto en el mapa de tu existencia. Has caminado un sendero en espiral que te ha guiado por todos aquellos lugares donde aún se me recuerda, donde aún se siente mi presencia. Has avanzado a través de cientos de experiencias que te han traído justo ante las puertas del lugar en el que resido. Casi estás frente a mi rostro, ese que has buscado aún sin proponértelo desde que tus ojos se abrieron a esta vida.

Búscame en ese lugar en el que siempre has sabido que me buscabas, ese en el que no caben las mentiras, ese sitio en el que nadie salvo tú conoce como suena el nombre que tú me has puesto, ese lugar donde sabes que eres inmortal y un día viste nacer el mundo. Búscame donde no hay fronteras, ni idiomas, ni dudas… Búscame en el lugar donde siempre he estado y desde el cual he observado cada uno de los días en los que seguías mi rastro. Búscame en el punto de partida que ha resultado ser la meta de tu viaje.

Búscame donde siempre te he esperado.

Búscame dentro de ti.

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo:¿Aprendices de todo o Maestras en vuestro camino?

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No es la primera vez que el hecho de tener tanta información al alcance me llama la atención por sus ventajas y desventajas, y es que ahora que estoy más en contacto con vosotras a través de los talleres, me he dado cuenta del bombardeo al que estamos sometidas continuamente y sobre temas de toda índole y escuela. Esta facilidad de encontrar información unida a la natural necesidad de conocer y aprender que sentimos todos cuando comenzamos en este camino, están creando una situación que antes también se daba, aunque creo que en menor medida. Y es que, en nuestro afán por saber de todo, se corre el riesgo de picotear en muchos campos y tradiciones, conocer un poquito de todo, pero finalmente no llegar a ser bueno o experto en nada.

Reconozco que en mi época también pasé por esa fase, me costaba mucho decidirme por una sola cosa, y aún hoy, a veces, tengo que luchar contra mi inclinación natural a querer saberlo todo ya. Pero en aquella época tuve lo que ahora sé que fue una gran ayuda, aunque entonces no lo viera así, y es que al no tener mucho dinero unido al hecho de que apenas se publicaran obras sobre paganismo me obligó a leer y releer muchas veces los mismos libros, y practicar continuamente los mismos ejercicios, rituales y hechizos. Gracias a ello, cuando conseguía material nuevo ya había practicado, estudiado e integrado lo anterior.

Hoy día esto es muy difícil a menos que, voluntariamente, nos impongamos esta costumbre. Y reconozco que hay personas a las que, por su propia naturaleza, les cuesta un mundo limitarse a un solo campo de nuestro saber.

Por eso a veces me pregunto si lo que siempre he creído que es mejor, no lo es para todo el mundo. Mi opinión siempre ha sido que para conocer bien algo y poder comprenderlo y llegar a ser bueno en ello, tienes que dedicarle tu atención y tu tiempo. Y una vez lo conozcas y lo hayas estudiado, puedes dedicarte a aprender otra cosa. No estoy en contra de conocer varios caminos, todo lo contrario, pero sí creo que para comprenderlos es mejor hacerlo de uno en uno. Especialmente cuando hablamos de magia, paganismo, religiones y creencias. Si se picotea en todas las tradiciones pero no se profundiza en ninguna, nunca pasaremos de ser aprendices.

Pero como he dicho, esta es mi opinión. ¿Qué opináis vosotros? ¿Sois de los que aprendéis de todo al mismo tiempo porque sois incapaces de decidiros? ¿o de quienes se centran en una cosa y la dominan antes de pasar a la siguiente? ¿Preferís saber un poco de todo o ser realmente expertos en algo? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia?

Hyedra de Trivia

La libertad de la bruja

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Fotograma del videoclip Walpurgisnacht del grupo Faun

 

Leemos a menudo en diversos medios, y yo también lo he dicho más de una vez, que la bruja es, ante todo, una mujer libre. Y sé que muchas pensaréis: ¿Cómo puedo yo ser libre si tengo una hipoteca que pagar, o unos hijos que dependen de mí o un trabajo al que estoy atada para pagar mis facturas? ¿Cómo puedo ser libre si no dispongo del dinero necesario para viajar, o para poder dedicarme a lo que me apasiona, o apenas tengo tiempo para dedicarlo a descubrir qué es lo que me apasiona? ¿Cómo puedo ser libre?,¿Cómo puedo ser bruja si no puedo ser libre?

Sé que la situación de muchas es ésta; una casa, una familia, un trabajo, facturas, obligaciones, compromisos… pero, ¿Qué hay de vuestra mente? ¿De vuestra imaginación? ¿De vuestras ideas y vuestro corazón? ¿Quién, salvo vosotras, decide en vuestro interior? ¿Quién puede deciros cómo tenéis que ser, cómo sentir, cómo opinar, quién ser? Nadie. Nadie, salvo vosotras.

Cuando cae la noche y todos duermen en casa, cuando dejo mi cama y bailo despacio en silencio al son de una música tenue y lenta, cuando muevo las caderas ondeando y elevo los brazos y me dejo llevar con los ojos cerrados en las horas de la madrugada, no hay nadie más libre que yo.

Cuando camino por el bosque abriéndome a la energía antigua de los árboles vetustos, al sonido de mis pasos sobre la hojarasca y a la caricia suave del sol en mi rostro, no hay nadie más libre que yo.

Cuando la luna llena ilumina la hoguera alrededor de la que bailo con mis brujas en las noches de Akelarre, no hay nadie más libre que yo.

Porque esa es la libertad de la que tanto se habla. Esa es la libertad de la bruja.

Una bruja es libre cuando decide que sus ideas son tan o más importantes que las de aquellos que la rodean. Es libre cuando sabe defenderlas de los ataques de otros. Cuando se atreve a tener opiniones propias, ajenas a las de su círculo familiar o más cercano. Cuando sabe que tiene derecho a tenerlas y expresarlas.

La bruja es libre desde el momento en el que decide tomar esa palabra para describirse a sí misma enfrentándose a siglos de desprecio, de acusaciones y castigos. Es libre cuando no ve otra opción que ser valiente si quiere sentirse orgullosa de sí misma y que presentarse ante el mundo como una bruja es lo único coherente con su identidad.

Es libre cuando por fin comprende que los juicios de otros no pueden herirla y sin embargo el juicio propio sí. No importa lo que opinen o hablen los demás de nosotras. Nunca nada será peor que saber que el miedo no nos permitió atrevernos a ser la mujer que queríamos ser. Una bruja es libre porque no sólo se atreve, es que no puede evitar ser quién es.

Una bruja es libre cuando a pesar de gastar sus horas en un trabajo desagradable pero necesario, es capaz de asumirlo y compensarlo haciendo que el resto de su tiempo sea inolvidable. Cuando el mundo parece oscuro y tedioso a su alrededor, pero ella sabe encontrar magia en cualquier momento y en cualquier lugar porque solo tiene que recordar que ella es la magia.

Una bruja es libre cuando se permite amar sin miedos y sin juegos, amar al mundo, a sus seres queridos, a ella misma. Sin mentiras, sin ficciones, sin traición. Es libre para poner su corazón en manos de quien ella decida, pero también para recuperarlo cuando lo crea necesario, sin malgastar años ni ilusiones prisionera en una relación sin futuro por miedo a la soledad o al qué dirán.

Una bruja es libre cuando construye mundos en su mente y abre puertas que la llevan a mil lugares sagrados nacidos en sus sueños.  Cuando cruza el velo que separa los mundos en cada ritual y viaja de formas que otros solo sueñan. Cuando sabe que, siendo solo una mujer, en ella se cruzan mil tiempos y mil mundos y la voz de millones de mujeres que habitaron la tierra antes que ella y que hoy le susurran a través de los millones de células que ellas le han legado.

La libertad no consiste en ser millonarias, o viajar constantemente por lugares exóticos, o tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos apetece a cada momento. Simplemente consiste en ser indomables en nuestro interior. En nunca rendirnos ante otros. En no ceder cuando sabemos que tenemos razón, en no permitir que nos hieran sin defendernos. En mantener nuestra identidad, aunque no sea del agrado de las personas que nos rodean. Consiste en no someternos para evitar confrontaciones, en atrevernos a pensar en nosotras mismas sin caer en la trampa de sentir que somos egoístas. En liberarnos del concepto de culpa que persigue a las mujeres desde hace tantos y tantos siglos.

La libertad de la bruja consiste en atreverte a ser distinta cuando lo distinto no está bien visto. En dar prioridad a tus sueños porque también tienes derecho. En no sentirte ridícula cuando otros se burlen, porque lo harán. En aceptar que nunca le vamos a gustar a todo el mundo y que habrá personas que no nos lo pondrán fácil. La libertad consiste en poder elegir tu camino, en permitirte tomar tus propias decisiones, en tomar las riendas de tu vida y hacerte responsable de tus aciertos, pero también de tus errores. En definitiva, consiste en la valentía de atreverte a ser quien eres le pese a quien le pese y a pesar de todo.

Por eso no te preocupes si no tienes tiempo, dinero o un pasaporte lleno de sellos. Cierra los ojos, mírate por dentro y vuela, piensa, imagina, crea y construye tu propia identidad. Conviértete en la mujer que sabes que puedes ser dejando a un lado el miedo y la vergüenza. Crea mundos, abre puertas, deja que tu magia brote de ti e inunde tu vida. Descubre el poder de permitirte ser libre y explora la inmensidad del universo que llevas dentro. Descubre que no hay nada más libre que el alma de una bruja,  porque ninguna cadena puede retener lo que es infinito y eterno.

Y lo único que te separa de esa libertad infinita y eterna, es atreverte a serlo.

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Herramientas de bruja, ¿Compradas o hechas por ti?

 

Regreso hoy después de un tiempo apartada por motivos de salud y lo hago con un nuevo debate de brujas. Hace mucho tiempo, cuando empecé a buscar mis utensilios de bruja, me encontré con que en España apenas se podía conseguir nada y, lo que había, en tiendas esotéricas que aún eran muy escasas, resultaba demasiado caro para mi bolsillo infantil. En revistas especializadas veía fotos de calderos preciosos, de pentáculos de altar con una decoración que hechizaba y tapetes y esculturas de Diosas con las que soñaba horas. Pero aún no existía internet y no tenía ni idea de cómo conseguir todas aquellas maravillas, así que no me quedó más opción que fabricarme mis propias herramientas mágicas.

Todavía hoy guardo y continúo usando muchas de ellas. Mi pentáculo sigue siendo el mismo. Aproveché un plato de madera especial para servir pulpo gallego, y le dibujé una estrella de cinco puntas hecha de gavillas de trigo. Una vieja palmatoria de cerámica de mi abuela sujetó durante muchos años mi vela de altar y una lata vacía de espárragos se transformó, gracias a unas cadenas y un poco de pintura de témpera, en un útil inciensario.

Y mi varita, mi preciosa varita. Todo el proceso de su creación fue tan bonito, desde la salida al bosque para encontrar la rama perfecta, hasta su lijado y consagración. Y la primera vez que la usé, con su pequeña piña pegada en la punta… me sentí tan mágica y cargada de energía.Con el tiempo ha sufrido modificaciones, sustituí la piña por un cuarzo y su color ya no es el mismo, pero aún me acompaña y la uso en muchos de mis rituales. También uno de mis primeros tarots fue creado totalmente por mí, lo encontré en un librito, y venía dibujado carta a carta y en blanco y negro. Me enamoré de él y como no tenía forma de conseguirlo decidí hacérmelo. Compré cartulina y rotuladores y durante tres meses me dediqué a recortar, dibujar y colorear aquellas cartas maravillosas que sigo usando. Y qué contaros de mi primer caldero, una vieja olla de cobre que me hizo pasar muchos momentos inolvidables viendo como ardía mi magia. Hoy día tengo otro de cobre y uno de hierro, pero guardo muy buenos recuerdos de aquel primer calderito tan sufrido.

Hoy en día tengo otras herramientas que he comprado. En la actualidad hay muchas tiendas tanto físicas como en la red donde podemos conseguir todo lo que las brujas necesitamos y a un precio bastante razonable, y aunque sé que con una buena preparación y consagración su resultado es inmejorable, reconozco que el hecho de crear tus propios utensilios los dotaba de una magia que los comprados no tienen o les cuesta mucho alcanzar. El hecho de pensar cómo conseguirlos, ponerte en marcha, hacerte con el objeto, modificarlo y consagrarlo para tu uso ya era todo un hechizo en sí mismo. Incluso de vez en cuando, aún hoy, recurro a crear mis propios objetos mágicos, porque disfruto del proceso y de su uso con una ilusión diferente. Y aunque no son una belleza en cuestión de estética y los de las tiendas son mucho más bonitos, la magia y el amor que he puesto en ellos los hace los más hermosos y poderosos del mundo para mí.

¿Y tú, cuáles son tus herramientas preferidas? ¿Prefieres comprarlas o tienes algunas que has hecho tu misma? ¿Me cuentas la historia de tus objetos mágicos?

Hyedra de Trivia

Brujas a través del tiempo

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A veces me gusta dejar suelta a mi mente, permitirle que vague y divague libremente sobre lo que se le ocurra, porque así he descubierto muchas cosas que solo afloran en la libertad del pensamiento. Me gusta, sobre todo, cuando alguna idea me llama la atención más que otras y la sigo, para ver dónde me lleva, para ver qué me enseña sobre mí y sobre el mundo.

Hace poco me encontraba divagando sobre el pasado, sobre lo que se perdió y lo que aún queda de lo que fuimos. Sobre aquellas primeras chamanas, aquellas brujas que no se escondían para gritar el nombre de la Diosa y primero pensé cuánto me gustaría viajar hacia atrás en el tiempo y pasar unas lunas junto a ellas, aprender cómo era aquella relación tan libre y directa, tan nueva y real por entonces. Aprender todos los misterios perdidos y que tanto cuesta recuperar. Y después pensé que me gustaría traer a alguna de ellas hasta nuestro presente y mostrarle que aún seguimos aquí, a pesar de todo aún seguimos aquí….

Y pensé, y continué pensando… ¿Qué pasaría si pudiese traer a cuatro mujeres del pasado, a cuatro chamanas, brujas, sacerdotisas, sanadoras de otras épocas? ¿Qué les mostraría? ¿Qué mensaje les daría para que compartiesen con sus hermanas?

La primera sería una de aquellas primeras mujeres que se adentraron en las entrañas de la tierra y dejaron las huellas de sus manos en la roca, una de aquellas que hablaba de tú a tú con la Madre y le puso alguno de los primeros de sus 10.000 nombres. Alguna de las Hijas de la Primera Bruja. La traería y le mostraría las cuevas, los museos, los libros de Historia y Prehistoria donde aún perduran sus símbolos. Su antiguo lenguaje sagrado. Le diría ¿Ves? Miles de años después no hemos olvidado, aún reconocemos lo sagrado en vosotras. Ahora es cuando sabemos que fuisteis vosotras quienes dejaron su mensaje en la piedra. Mira, el nombre de Aquella a quien adorabais aún sigue siendo pronunciado. Con otros acentos, con otras entonaciones, pero aún lo recordamos… Tu historia para ti es joven, aún la estás empezando, pero para nosotras es tan vieja como nuestra especie y aún sentimos el vínculo con Ella. Ha dormido mucho tiempo, es cierto, pero ahora está despertando, La estamos haciendo despertar. Ve, vuelve junto a las tuyas y diles que las hijas de las hijas de sus hijas aún las recuerdan, que las Diosas cuyo cuerpo tallabais hace más de 40.000 años aún presiden nuestros altares. Que aún miramos a la misma Luna y bailamos la misma danza eterna. Diles que no serán olvidadas, diles que aún les contamos a nuestras hijas las leyendas de las primeras. Diles que nunca se desvanecerán.

 

La segunda sería una de aquellas Sacerdotisas que fueron aniquiladas por las nuevas religiones, por los nuevos dioses sanguinarios y celosos de una Deidad femenina. Tal vez alguna de las asesinadas por los pueblos del mar en Creta, o alguna de aquellas sacerdotisas celtas de la Isla de Mona que fueron masacradas por las espadas de Roma. La traería y la abrazaría mientras le hablo de lo que ocurrió después y le cuento que, aunque lo intentaron, nunca acabaron con Ella. Que todo el terror, la muerte y la sangre que se vertió no consiguió su objetivo. La Diosa no fue desterrada del mundo. Le mostraría las ruinas de los antiguos templos-palacios y cómo siguen siendo estudiados y su historia recuperada. Le mostraría las antiguas piedra erigidas en la tierra y cómo aún son nuestros templos, aún continúan saludando al Sol y contando el tiempo con la Luna para nosotros. Le diría: No fue en vano. No desaparecisteis en la Historia. Vuestra leyenda fue contada a lo largo de los siglos y nunca os olvidamos. Nunca se olvidó que hubo un tiempo en el las Sacerdotisas de la Diosa habitaban sus templos, bosques e islas sagradas. Vuestra sangre tiñó de rojo la tierra, pero también nuestro recuerdo. Ve y diles a las tuyas que su muerte no será olvidada, diles que sus templos y Diosas aún viven y nuevas generaciones de Sacerdotisas están rescatando sus cultos del pasado. Diles que su dolor aún es el nuestro y que día a día honramos su existencia. Di a aquellas guardianas de fuegos sagrados que vieron cómo eran apagados, que hoy han vuelto a arder en sus antiguos hogares. Son fuegos nuevos, pero arden honrando a una Diosa antigua en lugares antiguos. Diles que el fuego que ardía en sus corazones arde ahora en el nuestro a miles de años de distancia.

La tercera sería una de aquellas brujas que vivió durante la época de las hogueras. Una de aquellas que guardaba un fragmento del saber, que murmuraba nombres de Diosas paganas bajo la luz de la luna llena y sabía curar y traer niños a este mundo. La traería y le mostraría el horror que produce hoy la persecución y masacre a la que la mujer fue sometida durante aquellos siglos de terror. La llevaría a un Akelarre con mis hermanas y le ofrecería la oportunidad de gritar esos nombres que antes solo pudo susurrar. Bailaría con ella bajo la luna, y le enseñaría que aún nos reunimos en los mismos prados, en las mismas cuevas en las que lo hacían ellas, pero que ahora no tenemos que escondernos. Le mostraría nuestros libros, nuestros escritos, nuestras fotografías en medios públicos. Le enseñaría nuestras tiendas y nuestros nuevos templos. Le diría: Ve, y diles a las tuyas que en un tiempo no muy lejano la palabra bruja será reivindicada y lucharemos por limpiarla. Diles que los nombres de la Diosa son pronunciados en voz alta y clara y cada mujer que la sienta dentro es libre de Seguirla. Diles que un día, las hogueras y las horcas nos causarán tanto rechazo que la Iglesia pedirá perdón por todas sus vidas arrancadas. Diles que tanto las brujas como los cientos de miles de mujeres que no lo eran serán recordadas y honradas, y su memoria será limpiada. Diles que en la noche de Samhain, miles de brujas de todo el mundo encienden una luz por ellas. Diles que algún día su saber será valorado, que las mujeres podrán ser médicos, comadronas, curanderas y sanadoras, guías espirituales y sacerdotisas de la Diosa sin que ningún fuego ardiente las espere al final del camino. Diles que un día, sus descendientes gritaran en su nombre.

La cuarta sería una de las primeras brujas libres, una de aquellas mujeres que en los años 50 y 60 se atrevieron a decir en público lo que eran, brujas, y se atrevieron a comenzar la lucha por recuperar aquellos primeros cultos y Diosas. Traería a alguna de ellas que ya no están y le mostraría la Red de hijos de la Tierra que hoy cubre el mundo. Le mostraría nuestros templos, herederos de los suyos. Le mostraría su legado, aún vivo y cada vez más grande. Con raíces cada vez más profundas y extendidas por el planeta. Le diría: Ve y cuéntales a las tuyas que vuestra valentía tendrá recompensa. Que gracias a vosotras hoy tenemos libertad para ser quien somos y lo que somos. Diles que honramos vuestros nombres y que habéis creado tradiciones fuertes y sólidas que continuarán en el tiempo. Diles que les damos las gracias por abrirnos camino y que todo merecerá la pena, el desprecio, el desconocimiento y el rechazo que ellas puedan sufrir no serán olvidado. Honramos y recordamos a nuestras Ancianas porque hoy nosotras seguimos sus huellas. Diles, simplemente, gracias.

Eso les diría y les mostraría. Pero no les enseñaría el otro lado del mundo. Ese en el que siguen condenando a muerte a las brujas en algunos países y mueren inocentes bajo lluvias de piedras lanzadas por pecadores. Ese en el que tienen que crearse campos de concentración para proteger a aquellas personas acusadas de brujería por sus vecinos. Ese en el que las mujeres aún no tienen el mismo valor que los hombres y sigue siendo peligroso para ellas simplemente vivir. No, no les hablaría de que aún existe la trata de mujeres, de la venta de niñas o los matrimonios infantiles. No les hablaría de todo lo que aún no funciona en el mundo porque es nuestra época y nos corresponde a nosotras continuar su lucha, es nuestro momento de enfrentarnos con todo lo que hace que la Humanidad aún tenga de lo que avergonzarse.

Y si lo hacemos bien, tal vez las brujas del futuro nos recuerden y tal vez a alguna de ellas le gustaría viajar al pasado para llevarnos a su época, mostrárnosla y decirnos: Ve y dile a las tuyas que no os hemos olvidamos, que es vuestra voz cantándole a la Diosa la que aún hoy escuchamos para aprender canciones antiguas. Son vuestros libros e historias las que hoy aprendemos para contarles a nuestras hijas de dónde vienen. Fuisteis vosotras las que os levantasteis para dar voz a la mitad del planeta que no podía hablar. Vosotras llevasteis los nombres de la Diosa a las tierras donde se pronunciaron por primera vez para que pudieran pronunciarse de nuevo, libres. Fuisteis vosotras quienes luchasteis por que hoy las brujas puedan vivir en cualquier país del mundo.

Y aunque esta lucha pueda llevarnos siglos, tal vez en el futuro, si lo hacemos bien, alguna bruja dejará divagar su mente y se acordará de nosotras.

Y tal vez sonreirá y dirá: gracias.

Si lo hacemos bien… tal vez…

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Brujas enamoradas

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Muchas brujas tienen la suerte de compartir su vida con parejas paganas que comparten su fe y su forma de ver la vida. Pero no siempre se tiene esa suerte, sobre todo cuando ya tenemos cierta edad, llevamos cierto tiempo en el camino y en la época en la que empezamos era difícil encontrar a otros como nosotras, y no digamos ya enamorarnos.

Las parejas de las brujas pueden muy variopintas. Pueden ser personas muy espirituales sin seguir el paganismo y comprender la opción vital de la persona que quieren, tener largas charlas sobre las creencias de cada uno e incluso meditar juntos.

Otras serán agnósticas o ateas y no se involucrarán mucho en la opción religiosa de su pareja y otras pueden ser incluso fieles creyentes de otras religiones mayoritarias establecidas.

A veces, incluso siendo ambos paganos, cada uno sigue una tradición distinta.

Pero lo que todas las relaciones de las brujas tienen en común, por muy dispares que sean, es el respeto. Sin respeto por sus creencias, por su estilo de vida, por todo lo que ella considera sagrado, la bruja no se embarcará en una relación. Y ella ofrecerá lo mismo a quien comparta su vida con ella.

Esto da pie a mil anécdotas e historias, sobre todo al principio, cuando ambos se están conociendo y comprenden que su relación nunca será una historia de amor al uso.

Seguro que tú también tienes mil historias que contar sobre ello. ¿Cómo es tu pareja? ¿Cómo es vuestro día a día? ¿Crees que las parejas muy distintas pueden funcionar?

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Diosas y Dioses de las brujas

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Siempre hablo en mis textos de la Diosa y, ocasionalmente, del Dios. Sigo la tradición de la Diosa y para nosotros Ella es una con muchos rostros, al igual que Él. Pero no todas las  tradiciones y corrientes del paganismo y la wicca creen lo mismo.

Algunas creen en una sola conciencia creadora con dos rostros, uno masculino y otro femenino. Otras creen en diversos Dioses y Diosas individuales, normalmente estas corrientes adoran a panteones concretos como el griego, el nórdico o el egipcio. O están intentando reconstruir algunos menos conocidos como el celtíbero.

Aunque todos seamos paganos y pertenezcamos a las Religiones de la Tierra, no todos creemos de la misma manera en los Dioses, ni los honramos igual ni los vivimos igual. Pero siempre me han parecido muy interesantes las diferentes maneras en que lo hacemos.

En mi camino, honramos a la Diosa dentro de nosotras y también en todo lo que nos rodea. Vemos su rostro en cada rostro humano con el que nos cruzamos y en cada parte de su creación. Vemos a nuestro Dios en cada partícula de vida, en la fuerza que hace crecer la vegetación, en todo lo que es salvaje y libre y en el interior de cada habitante del bosque, de las montañas y los desiertos. Y también dentro de nosotras.

Y tú ¿Cómo vives a tus Dioses, a la Diosa, al Dios? ¿Cómo es tu experiencia? ¿Ella es Una, son Dos? ¿Un mismo principio creador con dos rostros, varias personalidades independientes…?

¿Cuál es tu historia con Ella, con Ellos?

 

Hyedra de Trivia

 

Los sueños perdidos de las brujas

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Todas soñamos. Todas tenemos ilusiones que esperamos ver convertidas algún día en nuestra realidad y que cuidamos y alimentamos casi en secreto. A veces son sueños grandes, casi imposibles desde el momento en el que nacen y a los que permitimos nacer porque nos arrancan sonrisas sorprendidas y suspiros cargados de “si pudiera…”. Son los sueños que desafían toda ley física y humana, pero existen para recordarnos todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar.

Hay otros sueños que, aunque posibles, no son menos grandes, y casi igual de irrealizables. Esos sueños que, para conseguir cumplirlos, tendríamos que haber nacido en otro sitio, con otra fortuna, con otro futuro…

Hay sueños pequeños, realizables, que son los que nos mantienen vivos. Pequeños grandes proyectos que nos hacen levantarnos cada mañana con ilusión. Que son la razón de nuestra vida y que nos recuerdan cada día que somos capaces de ser felices, que somos valientes y luchadoras.

Pero hay otros sueños, esos que escondemos en el fondo de nuestro corazón. Esos que ya sabemos que nunca se cumplirán porque es tarde, porque perdimos la oportunidad, porque no supimos ver a tiempo que ya apenas quedaba tiempo… Esos que sepultamos muy hondo para no tener que aceptar que jamás vivirán pero que de vez en cuando afloran, nos arrancan una lágrima y un suspiro de nostalgia por una vida que no fue.

¿Quién no tiene un sueño perdido? ¿Quién no sabe que su vida podría haber sido distinta? A veces las brujas tenemos tendencia a vivir en el pasado. No sólo tratando de recordar otras vidas, también ésta. No es un secreto que las emociones nos afectan profundamente y sentimos a veces hasta un límite casi insoportable. Todas las pérdidas, las heridas, las tristezas que otros olvidarían en poco tiempo, para nosotras permanecen durante años. Muchos. Porque sabemos que todos esos momentos que nos desnudaron y nos dejaron expuestas fueron los que nos convirtieron en las que somos hoy.

Y entre esos momentos, guardamos como tesoros los sueños que dejamos ir, porque con ellos se nos fue un poquito de nuestra risa. Un poco de nuestra esperanza. Recordamos el momento en el que fuimos conscientes de que habíamos perdido la oportunidad, cuando tuvimos que enfrentarnos a la realidad y dejar ir aquello que habíamos acunado durante tanto tiempo. Y corremos el riesgo de aferrarnos demasiado, de no soltar ese pasado y vivir a medias. Siempre con un pie en un presente sin sueños y el otro en un pasado en el que no supimos actuar. Sin llegar nunca a un futuro donde podríamos soñar de nuevo.

En ese momento la bruja tiene dos opciones, la primera es intentar con todas sus fuerzas y toda su magia que su deseo se cumpla. Y con ello se agota inútilmente y pierde poco a poco el corazón. Tal vez sea por ello que algunas brujas acaban haciendo un mal uso de la magia. Cuando te convences de que nunca serás feliz sin aquello que anhelas y dejas que la amargura y la tristeza se instalen para siempre en tu interior, cuando te aíslas de los demás y de sus alegrías, cuando ya no te importa si otros sufren y lo único que persigues es algún tipo de alivio para tu alma atormentada… puedo llegar a entender que se extravíen en el camino.

La otra opción es guardar ese sueño perdido con cariño, para recordar siempre lo que un día nos hizo vivir, pero ser sabias y continuar adelante. Porque si algo ha demostrado el corazón de las brujas, es que es una fuente inagotable de sueños e ilusiones. Tal vez nunca conseguiremos aquello que perdimos, pero hay tanto aún por vivir, tanto por lo que luchar, tanto que conseguir…

Todas soñamos, sí. Y todas perdemos sueños. Pero no importa la edad que tengas, mientras tus ojos se abran cada mañana, mientras tu corazón continúe latiendo en tu pecho y tú sigas respirando una vez más, seguirás teniendo una oportunidad de seguir soñando. Y alcanzar ese futuro.

Ahora que es tiempo de nuevos proyectos, vamos a limpiar un poco el fondo de nuestro almacén de sueños. Ese lugar donde los guardamos mientras van aprendiendo a volar solos por el mundo. Vamos a rebuscar por sus rincones hasta encontrar aquellos que ya no tendrán oportunidad de vivir. Vamos a sacudirles el polvo, vamos a mirarlos de frente y nos vamos a atrever a decirles adiós. Recuerda tu sueño perdido, aquél al que más dolió renunciar y escríbelo en un papel. Recuerda cómo nació, recuerda cómo lo cuidabas imaginando cómo sería, recuerda el momento en el que supiste que nunca sería real. Escríbelo todo y llora si lo necesitas. Grita si lo deseas. Límpiate de la tristeza y la pena. Y cuando estés lista, déjalo ir. Quémalo y entrega sus cenizas al viento. Que regrese al lugar del que vino antes de prender en tu imaginación. Déjalo libre para liberarte tú.

Ahora seca tus lágrimas y mira hacia delante. Hacia todos esos días nuevos y vacíos que podrás llenar con ilusiones, con risas, proyectos y nuevos sueños. Llénalos con magia, con esperanza y la aceptación de que, a veces, los mejores sueños son aquellos que todavía no han nacido.

Y si eres una de esas brujas que se perdió, no te preocupes, el camino siempre nos encuentra de nuevo si de verdad lo deseamos.

Puedes soñar con ello.

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo:Los Ancianos de la Tribu

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Photography: The wise woman Author: Angela Harper https://500px.com/angelaharper

 

Hace tiempo vi un reportaje en el que una pareja de ancianos vivía sola y el hombre había tenido que llamar a emergencias porque su esposa se había caído de la cama, se había hecho daño y él no había podido ayudarla. Lo que más me impactó fue ver a aquél hombre llorando desesperado de impotencia y soledad.

En este mundo tan moderno, tan rápido, tan digitalizado y social, nos estamos dejando atrás a la mayoría de la población. Nuestros ancianos no nos siguen el ritmo, no pueden, se desconectan de la sociedad. Nosotros, sus hijos y nietos vivimos cada vez más centrados en nosotros mismos y en, los que tenemos cierta edad, no perder el tren del progreso.

El resultado es que ellos cada vez están más solos. Por suerte nuestra calidad de vida es buena y llegamos a edades avanzadas con relativa buena salud. Pero, ¿Qué pasa con estas personas de setenta y muchos, ochenta, que cada vez necesitan más ayuda y no la tienen? Están solos, enfermos, cada vez más desconectados de un mundo que ya no entienden sin nadie que les mire a los ojos y le diga: estoy aquí. Yo recuerdo quién fuiste, quién eres aún.

Tengo amigos solteros y sin hijos cuyo mayor miedo es envejecer solos. Yo misma me pregunto a veces como será mi vejez, y aunque el pasado tuvo sus cosas malas, una de las que sí eran buenas y hemos perdido es el cuidado a nuestros ancianos. Antes la tribu entera cuidaba de ellos, formaban parte de los Consejos, eran tenidos muy en cuenta y eran miembros valorados de la comunidad. Cuando ya no podían valerse por sí mismos, la tribu, el clan, lo hacía por ellos. Yo lo he vivido en mi familia, es lo natural para mí.

Los paganos decimos que estamos tratando de recuperar las antiguas tradiciones, las antiguas costumbres. Creo que una de las principales que deberíamos recuperar es ésta. El cuidado de nuestros Ancianos. Volver a venerar la sabiduría que da la experiencia y la edad, pero de verdad. Porque si tenemos suerte, todos vamos a llegar a ella.

¿Qué opináis? ¿Estamos a tiempo de cambiar esta tendencia o la individualidad se impondrá en todo, incluso entre las brujas?

Hyedra de Trivia

Recuperando a nuestra Doncella

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The Force Autor de la imagen: TOMAAS tomaas.com

 

En esta época del año celebramos Imbolc, el periodo del año intermedio entre el Solsticio de invierno y el Equinoccio de primavera. Uno de los ocho radios que forman la Rueda del Año. Es el momento dedicado a todo lo que empieza, lo que se está gestando, lo que germina. Celebramos la promesa de una primavera que aún no es, pero que ya se está preparando para ser. Y a un nivel más personal y humano, celebramos el aspecto de Doncella de nuestra Diosa reflejado en nuestra propia infancia.

¿No escuchas unas risas que te llaman? ¿No sientes la necesidad de olvidarte de todo y jugar, y reír, y recordar que la vida es para ser feliz? Ella llega cada año para recordarnos que aquella niña que fuimos nunca se marchó del todo, que aún espera en el fondo de la mente de la adulta que somos hoy que cumplamos las promesas que nos hicimos,  que cumplamos nuestros sueños, y seamos las adultas que un día quisimos ser.

Aunque no todas tuvieron una infancia feliz.  Conozco brujas que de niñas fueron obligadas a crecer deprisa, con padres ausentes y hermanos pequeños a los que cuidar sin que fuera su obligación. Obligadas a ser madres sin haber terminado de ser niñas. Conozco a otras que tuvieron que soportar palizas (tanto a sí mismas como a sus hermanos y madres) por parte de una figura paterna violenta que desvirtuó para siempre su imagen de lo que es el hombre. También madres violentas y en ocasiones, ambos. Otras tuvieron madres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes y tuvieron que crecer sabiendo que no eran queridas. Otras fueron armas que sus progenitores usaban para arrojarse entre sí. Otras enfrentaron una muerte temprana de uno de los dos o ambos y aprendieron demasiado pronto el significado de la pérdida.

Cuando algo así pasa durante los años de la niñez, en la edad adulta cuesta mucho conectar con la Doncella porque significa dolor, tristeza o rabia y se bloquean los recuerdos. Cuando para las demás brujas es un momento de alegría y juego, para ellas es un tiempo de enfrentarse a fantasmas que aún duelen y corrompen nuestra magia desde dentro.

Ser bruja, sacerdotisa o chamana no es nada fácil. En algunas culturas nos llaman las sanadoras heridas porque no puedes curar a otras sin haberte curado a ti misma. Y todas, absolutamente todas, tenemos heridas que sanar porque hemos crecido en una cultura que tapa el dolor, tapa las experiencias negativas, tapa la infelicidad. Nos obligan a sonreír continuamente, a decir siempre que todo está bien, incluso hay frases motivadoras que animan a sonreír como señal de fortaleza cuando por dentro te estás rompiendo. Y es un tremendo error. La verdadera fortaleza reside en reconocer que no estás bien y en pedir ayuda para superarlo. Pero está mal visto, porque desde niñas nos han dicho que está mal quejarse, que lo que nos ocurre son “tonterías”, que no pienses en lo que te hiere y te animes…

Y cuando llegamos a la edad adulta no sabemos ser felices, no sabemos reír. No sabemos amar y mucho menos amarnos. Y cuando una mujer, una bruja, se da cuenta de esto y comienza conscientemente a curar sus heridas, destapa el dolor enquistado en su alma y sufre, a veces tanto que el miedo le atenaza y renuncia. Y se acostumbra a un dolor moderado, relativamente controlado y que se reduce a un sordo latido que le permite sobrevivir, pero no VIVIR.

Pero si no se rinde, si a pesar del estallido de dolor continúa adelante y se enfrenta a sus recuerdos y los mira cara a cara desde sus ojos de bruja adulta, una nueva vida se abre ante ella. Una nueva vida donde podrá darse permiso para ser feliz, para disfrutar de cada día de su vida sabiendo quién es. Y lo más importante, podrá ayudar a otras a sanarse.

Las heridas que nos hacen de niñas son muy peligrosas, forman cicatrices muy profundas y sobre ellas construimos nuestra identidad. Todo lo que somos, cómo vemos el mundo y cómo nos enfrentamos a él se basa en esas heridas mal cicatrizadas.  A veces para curarlas tenemos que deshacernos enteras y volver a crearnos desde unos cimientos sanos. Y hay que ser muy valiente para auto destruirse y volverse nada, para volver a crearse desde esa nada renunciando a todo lo que se era para poder SER.

Hay veces que solas no podremos. A veces hemos sepultado el dolor tan hondo que no llegamos a su núcleo. En ese momento no debemos dudar en pedir ayuda. Hay psicólogas y psiquiatras muy buenas que pueden guiarnos al corazón de lo que nos atormenta y luego traernos de vuelta. Algunas de ellas también son brujas y pueden enseñarnos a perdonar a aquellos que nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotras mismas por haber llegado a pensar que era culpa nuestra y nos lo merecíamos, porque la mayoría de los niños se culpa por las acciones de los adultos.

Pero cuando una bruja se sana y consigue reparar las heridas de su infancia, su poder se vuelve inmenso. Es en ese momento cuando la bruja viaja hacia su centro y allí, se encontrará con la niña que fue, la abrazará y podrá decirle:

-“No te preocupes, todo está bien. Mira quién soy ahora, mira quién somos. Voy a devolverte lo que no tuviste. Prometo reír todas las risas que te robaron. Prometo jugar todos los juegos que te prohibieron, prometo soñar los sueños que no te atreviste a tener. Prometo bailar por todas aquellas veces que tu tristeza te lo impidió. Prometo crear un futuro donde no duelan los recuerdos del pasado. Prometo vivir para convertirme en la mujer de la que cualquier niña se sentiría orgullosa de ser. Prometo ser tan fuerte como para atreverme a pedir ayuda si algún día lo vuelvo a necesitar. Prometo darte todo lo que no pudiste tener: millones de sonrisas y miles de días felices.

Me lo prometo.”

Y cuando lo hayas conseguido, ven a jugar conmigo.

Yo te estaré esperando.

 

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: ¿Cuál es tu tradición?

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El Paganismo, la brujería, las Religiones de la Tierra cada día son más visibles y reconocidas. Pero dentro de nuestro mundo, hay muchos caminos diferentes, muchas tradiciones. La mayoría tenemos una base común también características muy parecidas. Pero otras presentan diferencias evidentes.

Me considero una bruja y una persona respetuosa y todas las tradiciones me parecen igual de válidas. Tengo amigos en varias de ellas y me encanta que me hablen sobre cómo son, cómo viven y sienten ellos el paganismo o la brujería (hay tradiciones de brujas que no se consideran paganas). Además, creo que el hecho de que la mía sea perfecta para mí, no significa que lo sea para todo el mundo.

Por eso me pregunto, vosotras, brujas que me leéis, ¿Qué opináis de las distintas tradiciones? ¿Cuál es la tuya? ¿Qué fue lo que te hizo sentir que esa y no otra era la tuya, tu camino?

¿Cuál es tu tradición?

Hyedra de Trivia

Sacerdotisa y Bruja

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Imagen de autor desconocido

 

En nuestros días y en las tradiciones paganas actuales, la palabra sacerdotisa y bruja suelen aparecer en los mismos contextos. Sé que os ha llamado la atención porque  algunas de vosotras me habéis preguntado cuál es la diferencia entre ellas. Ya os he comentado en alguna ocasión que a lo largo de la Historia las sacerdotisas de religiones paganas han sido acusadas de brujería. Adorar a Dioses ajenos era considerado brujería, cualquier rito religioso extraño a quién lo veía, cualquier símbolo o práctica de pueblos desconocidos era tachado de brujería, por lo que en sus inicios eran lo mismo. Con el tiempo el concepto de bruja se desvirtuó y perdió su asociación al sacerdocio, pero en los archivos de la Inquisición, entre los cargos con los que se acusaba a las verdaderas brujas encontramos el de perpetuar cultos precristianos y adorar a falsos dioses. Es decir, ser sacerdotisas de antiguas religiones, o al menos ser las guardianas de lo que quedaba de ellas.

En la actualidad la mayoría de nosotras somos las dos cosas. Sé que en el fondo son lo mismo, pero si tuviera que explicar la diferencia sería ésta, la que dimos tres miembros de mi tradición cuando se nos hizo esta misma pregunta durante una reciente entrevista:

La bruja es una mujer que estudia su relación con el mundo que la rodea, desde que se levanta hasta que se acuesta (y aún mientras duerme) percibe el ritmo del mundo en el que vive y su propio lugar en él. Presta atención a los cambios que se producen y que le marcan el paso del tiempo y a lo largo de sus años aprende a relacionarlos con sus propios cambios internos. Es una mujer que experimenta con el poder que la naturaleza pone a su alcance, incluido el suyo propio. Investiga las propiedades de las herramientas que la tierra pone a su disposición: hierbas, piedras, agua, el viento, el fuego… su propio cuerpo y su propia energía. Emplea muchas horas de su tiempo en aprender de otros, de sí misma, de sus ciclos internos tan ligados a los externos del planeta. Pasa incontables momentos viajando hacia dentro de sí misma para conocerse y reconocerse. Y para encontrarse, dentro de sí, con la divinidad que sabe que la habita.

La bruja levanta altares a antiguos Dioses de la vida y la muerte, pero su relación con ellos es personal e íntima. Celebrará los cambios de las estaciones y de las estrellas y creará miles de hechizos para hacer de su mundo un sitio mejor. La mayor parte del tiempo trabajará sola. Su trabajo se aplica sobre una sola persona. Ella. Si quiere dominar la magia debe conocer su fuente, que es ella misma. Las revelaciones que tendrán lugar durante sus incursiones en la naturaleza, se producirán sólo en ella porque están provocadas por todo el conocimiento que ha adquirido antes.

A veces trabajará con otras para conjurar un objetivo común, o se reunirá en un Akelarre para celebrar fiestas mágicas, para compartir conocimientos y crear lazos de unión. Para dar la bienvenida a nuevas brujas a la comunidad o para enseñar a otras que empiezan en el camino. Las brujas de nuestro tiempo creamos grandes redes que se extienden no sólo por el país, sino por todo el mundo. Pero su evolución como persona, como mujer y como bruja, será a solas.

La sacerdotisa realiza los mismos actos que la bruja, pero de cara a una comunidad. Las sacerdotisas paganas no nos consideramos intermediarias entre la divinidad y las personas porque no es necesario. Cada Ser está en perpetuo contacto con la Diosa porque ya somos parte de Ella. Todas la llevamos dentro, es parte de nuestra esencia por lo que la existencia de una figura intermediaria es totalmente innecesaria. Pero lo que sí hacemos es facilitar a los demás la forma de encontrarla, de restablecer un contacto que creían perdido o que se ha olvidado. Realizaremos hechizos para la comunidad, invocaremos a nuestra Diosa para traerla entre nosotras. Levantaremos altares comunes para que todos puedan Honrarla.

La sacerdotisa también es la encargada de oficiar ceremonias religiosas que atañen a toda la comunidad, somos nosotras quienes damos la bienvenida y presentamos ante el mundo a los recién nacidos. Somos nosotras quienes unimos las manos y los corazones de las parejas en sus matrimonios mientras su amor dure. Somos nosotras quienes celebramos con las jóvenes su menarquía y también celebramos con nuestras sabias la menopausia en su madurez. Somos nosotras quienes damos soporte espiritual a cualquier miembro de la comunidad que lo solicite y quienes acompañamos en su último viaje a aquellos que regresan a la Madre.

Somos aquellas que repiten sus 10.000 nombres en alto para que no se olviden. Para que se recuerden de nuevo. Somos la cabeza visible que sirve de faro a todas las que la buscan a Ella. Todo nuestro trabajo está volcado hacia el exterior.

Pero nada de esto sería posible si no contásemos con todo el trabajo de bruja que hemos hecho con nosotras mismas. Con toda la sabiduría, conocimientos y experiencias que hemos ido adquiriendo en nuestro trabajo solitario.

Para mí, ambas son las dos caras de una misma función. La bruja es la mujer que viaja a su interior en soledad para encontrarse con la Diosa, aprender de Ella y comprender quién es ella como mujer y regresa al exterior para mostrar al mundo, como sacerdotisa, el camino hacia Ella. Para ser su faro y, en definitiva, guiar a todos aquellos que la buscan, para que puedan empezar su propio viaje.

Las brujas sacerdotisas somos un umbral. Somos una puerta.

Somos la Voz que anuncia Su Regreso.

 

Hyedra de Trivia

 

Ellos. Los brujos.

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Imagen: Herne Autora: Lorelyne http://lorelyne.deviantart.com/

Siempre hablo de brujas, ¿verdad? ¿Qué pasa con los brujos? También hay brujos y no los mencionas, me decís a veces en vuestros comentarios. Sí los hay, os respondo. Están incluidos en mis textos, ellos siempre están presentes. Aunque como la gran mayoría de quienes me leen son mujeres, siempre hablo en femenino. Pero…

Hoy quiero hablaros de ellos. Claro que hay brujos, en mi vida hay unos cuantos. Es cierto que no muchos, su número es escaso, pero los pocos que hay valen por cientos. Hay distintos tipos  así como hay distintos tipos de brujas, pero yo os voy a hablar de los que  conozco. De aquellos con quienes comparto mi camino y de todos aquellos que son Hijos de la Diosa.

Reconozco que ser un brujo hoy día es difícil. Son hombres íntegros, porque habiendo nacido dentro de un sistema patriarcal, han tomado la decisión de romper con él y volver sus pasos hacia otro completamente diferente. Han decidido mirar a los ojos a una Diosa Mujer y han decidido quedarse allí, entre esos brazos que no juzgan, que no ordenan, que no someten. Simplemente esperan, pacientes, a que poco a poco vayamos encontrando el camino hacia Ella.

En sus palabras se siente una emoción que pocas veces se ve en otros hombres. Me cuentan cómo desde niños se sentían distintos, cómo algo dentro les llamaba y buscaban un sentido a su vida más allá de lo que solían hacer otros de sus amigos. Su forma de ver la vida, a la mujer, a sus amigas, hermanas y madres y a la misma Naturaleza, era distinta del resto. Su forma de entender cómo funciona este planeta, la religión, su percepción de la magia, era distinta…

Son hombres sinceros, porque para caminar por este camino y avanzar se requiere de ellos una honestidad brutal. Primero tienen que enfrentarse a sí mismos y reconocer que todo lo que les han enseñado desde niños está equivocado. Que el papel que se espera de ellos y para el cual han sido preparados no es el rol para el que han nacido. Deben, por decisión propia, despojarse de muchos comportamientos aprendidos, de ideas y prejuicios que la sociedad nos inculca desde la cuna. Deben hacer un examen profundo de quiénes son, de qué les sobra para convertirse en quienes quieren ser y enfrentarse a sí mismos y a la Diosa a la que quieren seguir, desnudos. Sólo así pueden saber la verdad sobre el mundo y su lugar en él.

Son valientes, porque las brujas no abandonamos el mundo y nos retiramos en clausura. Continuamos entre la gente. Nos relacionamos con nuestro entorno y la mayoría de nuestros amigos y familiares no son paganos.  Requiere mucha valentía ser un seguidor de la Diosa en un mundo de Hombres: enfrentarse con los hombres que les rodean día a día y a sus comentarios y hábitos arraigados desde hace siglos requiere mucho valor y coraje para combatirlos. Para demostrar que hay otras maneras de ser hombre. Para exponerse al rechazo y desprecio de sus semejantes.

Son hombres curiosos. Les interesa tánto el mundo interior de la mujer que se acercan a nosotras como niños, con mil preguntas y un halo de sorpresa al descubrir lo diferentes que somos. Lo iguales que somos también. La voz les vibra cuando invocan a la Diosa, pero aún les vibra más cuando invocan al Dios, porque en la figura del Señor Astado encuentran una afinidad que no han encontrado antes en nada. Un Dios orgulloso de su naturaleza salvaje, fértil, libre y amante. Esposo e hijo. Siempre consorte junto a Ella. De su lado y de su mano. Un Dios al que no se le exige que cuide, que provea, que sirva o domine. Simplemente ser su compañero, junto a Ella. En libertad.

Y esa libertad brota en chispas de luz de los ojos de los brujos, en los que se adivina la sombra verde del bosque en el fondo.  En ellos se aprecia la fortaleza de las antiguas piedras sagradas, la sabiduría de los siglos que se hunde en el tiempo como las raíces de árboles milenarios. Y en sus risas se adivina la frescura de la espuma de las olas cuando rompen en la orilla. Compartir unas horas de conversación con un brujo, es atisbar un poquito de lo que la Humanidad podrá ser cuando se sacuda las ideas que la encadenan.

Son artistas, músicos, bailarines, artesanos, escritores…. Pero también son carpinteros, informáticos, estudiantes, psicólogos, historiadores….

Su magia es poderosa, como la nuestra. Y junta es fuerte y duradera. En los rituales emana de ellos en oleadas suaves y potentes, ligeramente diferente de la nuestra pero complementaria. Cuando se unen las voluntades de todos, se crea una energía cálida y casi podría decir  saciante. Como si hubiéramos conseguido aquello a lo que aspiramos. Ser todos juntos, por encima de todo, personas.

Nuestros brujos tienen ahora una responsabilidad enorme sobre sus espaldas. Nosotras llevamos mucho tiempo recuperando y reconstruyendo nuestros ritos y nuestra identidad, pero sobre ellos recae la misión de ayudar a crear a un nuevo Hombre. Son ellos los que tienen que guiar a las nuevas generaciones masculinas mostrándoles que hay otro camino. Diseñando ritos de paso basados en la colaboración, el respeto y el amor y no en la lucha, la potencia física y el dolor. Son ellos los que, con su ejemplo, abrirán nuevas sendas para otros. Y es difícil, porque aquellos hombres que quieran acercarse a la Diosa tienen que aprender lo que, en mi opinión, más le cuesta al Hombre debido a la forma en la que se le ha educado: mostrarse vulnerable. Dejar caer todos los escudos y defensas y acercarse a la Diosa con todas sus emociones y sentimientos a flor de piel, con el corazón en la mano y decirle:

-Toma. Es tuyo.

Porque esa será la forma en que lo recupere.

 

Hyedra de Trivia

 

(Dedicado a Saucco y a Hector. Mis hermanos, dos de los brujos que están destinados a guiar a esa nueva generación de Hombres y que, día a día, me demuestran lo que es ser un Hombre de verdad. Y a Rafa, ya sé que no eres pagano ni brujo, pero tú también eres uno de esos nuevos hombres tan necesarios y con tu ejemplo y tus palabras, muestras el camino a otros. Os honro a todos)

Brujas debatiendo: Una bruja de cara al mundo

Reunión de brujas

Fotograma del film “El Crisol”

 

Esta es una de las novedades de las que os hablé. Aquí tendréis voz. A partir de ahora publicaré las nuevas entradas los lunes y los viernes los reservaré para vosotras. Cada viernes propondré un tema a debatir y podréis contar y exponer lo que queráis.

Y para inaugurar la sección se me ha ocurrido que podríamos hablar de cómo ha sido nuestra experiencia con nuestro entorno. Cuando nos presentamos como brujas ante el mundo, ¿Cómo han reaccionado? ¿Qué anécdotas podemos recordar? ¿Aún estáis en el armario de las escobas?

Contadme quiénes sois, cuál es vuestra tradición, cuál es vuestra historia. Este post es todo vuestro.

Recordad que es un debate, ante todo os pido respeto y empatía. Los comentarios groseros o insultantes no serán publicados.

Os cedo la palabra de bruja. Bienvenidas.

Hyedra de Trivia

Demuéstralo, bruja

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The Enchantment Autor de la imagen: Raphaelle Monvoisin http://raphaellem.deviantart.com/art/The-Enchantment-489708230

No es sólo la soledad. No es sólo la dificultad de encontrar amigos o parejas. No es sólo vivir y ver el mundo de una forma distinta al resto. Hay algo más a lo que las brujas tenemos que enfrentarnos durante nuestra vida y, esta vez, es algo que nos toca a todas. Brujas de todos los países, culturas, tradiciones o cultos, todas hemos de hacer frente a las burlas, el rechazo, el desprecio, los insultos y el desdén.

Loca, ingenua, tarada, infantil, inculta, timadora, fraudulenta, fanática, crédula… ¿Os suena alguna? Y algunas más… cada una de vosotras guardará dentro la que más le ha dolido. Quien más y quien menos, ha tenido que enfrentarse a personas y situaciones en las que se ha sentido acosada, despreciada o directamente rechazada por ser como es.

Hace años, muchos, cuando era muy joven, solía entrar en debates sobre magia y brujería con personas no ya no creyentes, sino totalmente opuestos a cualquier idea o tema mágico. Durante muchos años, fruto de la impulsividad de la juventud, intenté defenderme a mí y a mis creencias frente a gente completamente cerrada a ello. Sentía su desdén, su desprecio y sus burlas y por dentro hervía de ira y me preguntaba por qué. Qué les había hecho yo para que me atacasen así. Y casi siempre llegaba, envuelto en una sonrisita sardónica, el inevitable reto: Si eres bruja, demuéstramelo.

Demostrarlo… Hoy me río. En aquella época sentía muchísima tristeza por ellos, porque no podían ver y comprender. Porque no querían hacerlo. Hoy soy yo la que comprende. Hoy entiendo el por qué de su actitud y comprendo cuál debe ser la mía.

Demostrarlo. Yo no tengo que demostrar nada a nadie salvo a mí misma. Lo que yo sea o deje de ser es algo que me incumbe sólo a mí y a mi comunidad mágica. Soy una bruja pública, sí, al igual que los sacerdotes de cualquier otra religión son figuras públicas. Pero nadie reta a un obispo católico para que demuestre que lo es. Tampoco a un reverendo, a un imán, a un rabino o a cualquier otro representante religioso.

No es culpa nuestra que en la mentalidad general perdure aún la imagen de la bruja de las películas y los cuentos, de piel verde, rayos saliendo de la punta de sus dedos y una escoba con la que recorren el cielo nocturno. Esto último es algo que me gustaría mucho, la verdad, pero todas sabemos lo qué es real y lo qué no. La mayoría de la gente no lo sabe, y además no le importa. Por eso, cuando tienen delante a una de nosotras y se enteran de que afirmamos ser brujas, se ríen y nos retan. Porque creen que nosotras también nos referimos a las brujas de los cuentos y nos tratan como a tontas, como a pobres ilusas. Como a locas.

Pero en la actualidad, la brujería y las religiones paganas están experimentando un auge notable y estamos empezando a ser figuras visibles en la sociedad. Las brujas de verdad estamos en todas partes y ya no tenemos que demostrar nada a nadie. La incultura, el desconocimiento y la mala costumbre que tiene el ser humano de atacar lo que no conoce ya no es nuestro problema. Puedo entender que otro me insulte o rechace porque no comprende lo que soy, pero ahora, a mi edad y con mi experiencia, ya no me afecta. Porque ahora sé que las opiniones, las ideas y actitudes de otros les atañen sólo a ellos, me demuestran quiénes son ellos, no yo. Si alguien me dice que las brujas no existen yo no voy a desaparecer o a dejar de ser  sólo por su opinión.  No voy a dudar de mí por las ideas de otros.

Yo sé quién soy y sé que no es mi misión demostrar nada, pero sí puedo crear un hueco en la sociedad para todas las que son como yo y para las que vendrán después. Y esto sólo puedo conseguirlo con mis actos. Con mi ejemplo.  Con mi forma de vida. Siendo yo y mostrando al mundo lo que son las brujas. Mujeres que recuerdan y honran a sus antepasados y a los antiguos espíritus de la Tierra.

Las brujas no hacemos proselitismo, no intentamos convertir a los demás a nuestras creencias. Quien quiera conocernos y conocer la brujería debe buscarnos a nosotras, no al revés. Pero sí exigimos el mismo respeto que el resto de religiones. Tan fácil como eso. Tan difícil como eso. Respeto.

Cada vez que alguien diga que no cree en brujas, simplemente ignoradlo. Cuando os encontréis frente a alguien de esta índole y pretenda burlarse o humillaros, simplemente comentad que la religión pertenece a vuestro ámbito privado. Si os encontráis fuertes y os apetece debatir, adelante, pero hacedlo por diversión, tenéis que ser conscientes de que hay gente que no quiere escuchar y discutirá todo lo que digáis sólo por crear conflicto. No dejéis que os afecte, recordad siempre que lo que os da vuestro poder está dentro de vosotras, no en los ojos de los demás.

Y cuando alguna vez alguien os rete a demostrar que sois brujas, miradle dulcemente, sonreíd y antes de girar y marcharos decid:

Ya lo hago.

Estoy respirando.

 

Hyedra de  Trivia

Gracias, brujas

old religion

Imágen: “Old Religion” de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las brujas de mi vida

Fotograma de "Las Nieblas de Avalon"

Fotograma de “Las Nieblas de Avalon”

En mi vida estoy rodeada de brujas. He tenido la gran suerte de conocer a mujeres (y hombres) espectaculares, maravillosas y valientes. Y aunque todas seguimos el mismo camino y celebramos la vida de la misma manera, cada una de ellas es totalmente única y diferente de las demás.

Algunas de ellas son Maestras. Su don es transmitir la antigua sabiduría para hacer que su recuerdo despierte en las demás. Tejen una red de historias y cuentos de mujer mediante los cuales envuelven nuestros corazones y nos sumergen en otros mundos pasados. Su voz es como la voz del Tiempo, llegando hasta nosotras desde épocas muy, muy lejanas. Contando secretos que desvelan en susurros. Invitándonos a penetrar en un mundo de misterios y enseñándonos a pronunciar los antiguos nombres de la Diosa a la que todas adoramos. De ellas he aprendido que jamás lo sabremos todo. Que siempre habrá algo nuevo por conocer, un misterio que descubrir, un secreto que desvelar. Que el camino de la sabiduría es un camino eterno, sin final y cuya única recompensa es continuar aprendiendo.

Otras son verdaderas hijas de la tierra. Su vida transcurre entre hierbas, piedras, inciensos y pócimas. Son ellas las que estudian el poder que la Naturaleza pone a nuestro alcance. Casi todas tenemos nociones, pero ellas son las expertas. Estudian el viaje de la semilla hasta convertirse en fruto y de nuevo en semilla. Observan el poder de cada planta, de cada hierba, de cada árbol y flor y son las que comprenden mejor que ninguna el significado de la muerte y del retorno. Son las brujas verdes. Las que, vivan donde vivan, estarán rodeadas de jardines, huertos, o macetas. De ellas he aprendido que mi sangre es también un poco verde. Que abrazar un árbol puede sanar heridas antiguas. Que caminar descalza sobre la hierba me conecta con la Diosa más que muchos rituales. Que la magia más potente se consigue con la más humilde flor.

Algunas otras son brujas de cocina. Son alquimistas que transforman cualquier elemento en un banquete que calma el hambre del cuerpo y del alma. Suelen ser dulces, cariñosas y a veces introvertidas. Su poder es un conocimiento innato sobre las propiedades de la materia y la forma de mezclarla para obtener lo mejor de ella y embrujarnos a las demás en cada bocado. Destilan amor profundo en cada plato, en cada guiso que bulle a fuego lento en sus calderos. En cada pastel y galletas que nos recuerda que aún somos niños felices que quieren seguir disfrutando de la magia de la vida, y parte de ella se encuentra en lo que comemos. De ellas he aprendido que la paciencia es lo más importante si quieres hacer algo bien. Que la Diosa nos nutre y nos entrega sus frutos para alimentarnos y que cocinarlos con amor es una de las mejores formas de agradecérselo.

Otras son brujas cantantes y danzarinas. Llevan con ellas el ritmo de los antiguos tambores que un día resonaron por la tierra y que enlazaban el corazón de las gentes con el corazón del universo. Son brujas que sienten la música del mundo y les fluye en cada movimiento y en cada tonada. Elásticas y ondeantes. Melodiosas y creativas. Que pisan fuerte el suelo y acarician suavemente el cielo. En especial, hay uno de ellas que es capaz de traer a la misma Diosa en cada uno de sus pasos de baile. Su trance traspasa el escenario y anida en tu interior, provocando lágrimas de dicha al sentir la presencia de los Antiguos. A veces pienso que la misma Diosa mueve su cuerpo para recordarnos que para honrarla no hacen falta palabras. Estoy convencida de que él es uno de sus favoritos. De él he aprendido el valor del esfuerzo y la perseverancia. He aprendido a confiar en los propios dones y luchar siempre por ser quien eres. He aprendido a escuchar la música del universo y a dejar que mi cuerpo baile libremente con sus propios ritmos.

También hay brujas que están en permanente contacto con otros mundos. Parecen vivir siempre con un pie a cada lado del velo. Son brujas  que siempre siguen a su instinto, nunca dudan de sus intuiciones y comprenden el misterio de la vida desde que llegan a ésta. Son las que sienten los hilos que nos unen a todos, aquellas que sienten un éxtasis profundo contemplando un amanecer y encuentran el sentido de la existencia en la belleza del ocaso. Son empáticas, sienten las emociones de todo ser vivo de este planeta.  Son las que ven la magia en todo lo que compone el mundo. Las expertas en hechizos y rituales, sortilegios y encantamientos. De ellas he aprendido a ver lo que se esconde tras la realidad cotidiana. A ser consciente de la constante presencia de la Diosa en mí. El poder de encender una vela y la magia que desata. He aprendido que no hace falta un complejo ritual para que un hechizo funcione.

Hay brujas artesanas y artistas. Que tejen, pintan, modelan… crean magia con sus manos reflejando en sus creaciones la belleza de su alma antigua. Ellas nos traen los rostros de la Diosa para poder mirarla de frente. Fijan los colores del arcoíris en pinturas que nos recuerdan la tierra de los sueños. Crean del barro y la madera las estatuas que representan a Aquella a la que rendimos honores. Le dan forma a nuestros pensamientos. A nuestras fantasías y visiones. De ellas he aprendido a valorar mis manos y lo que puedo hacer con ellas. A apreciar el valor del trabajo de otros. He aprendido a entender el amor que puede residir en un pedazo de madera, en un trozo de piedra y en unos hilos entrelazados. Cada creación es un hechizo en la que entrelazan su alma con su obra.

Y hay brujas que reúnen varios de estos dones en ellas. Artesanas de cocina… Danzarinas que cantan entre los mundos. Maestras hierberas con alma verde… O incluso un poco de todos.

No todas son iguales. Pero todas son mágicas. Todas son grandes brujas y grandes mujeres (y hombres). Y cada día doy gracias a nuestra Diosa por ponerlas en mi camino. Por contar con ellas en mi vida. Por ser parte de ellas.

Por ser una de ellas.

¿Y tú? ¿Qué clase de bruja eres?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El Telar de la Diosa

Anoche volé a mi Espacio Sagrado. Algo me llamaba desde el centro de mi alma, y aunque estaba cansada y cercana al sueño, me dejé llevar al claro de ese bosque del que os hablé en otra ocasión. Esta vez era de día, el Sol de una mañana de primavera lo pintaba todo en una paleta de verdes nuevos y húmedos. El bosque bullía de vida y casi sentía crecer las semillas moviéndose bajo la planta de mis pies en la tierra negra y fértil. El aire estaba electrificado, como en las tardes de verano momentos antes de que estalle la tormenta. Mi piel estaba erizada, y sentía mi sangre cantar en mis venas. Algo me llamaba, algo tan potente que hacía que todo se detuviese y agitase al mismo tiempo buscando  su presencia.

No me detuve en el claro, continué caminando siguiendo su llamada, como una canción olvidada un día y vuelta a recordar sin saber cómo ni porqué, buscando el origen de esa melodía que parece contar tu propia historia. Guiada por aquellas notas que en realidad partían de mi misma, llegue junto a un cruce de caminos. Dos de ellos abandonaban el bosque y se internaban en amplias praderas, perdiéndose en el horizonte. El otro continuaba hacia adelante, subiendo hasta la cima de una colina verde con un solo árbol en su cumbre. Una figura parecía aguardar sentada a la sombra de sus grandes ramas.

Era de aquella figura de donde provenía la llamada, así que, sin pensarlo un momento, comencé la ascensión sin prisa ni incertidumbre, casi como si el mismo camino fuese tan importante como llegar. Ni siquiera me planteé quién me esperaba al final del sendero, porque ya lo sabía. Siempre lo había sabido.

No me miró cuando aparecí ante Ella. Ni siquiera levantó la vista de lo que tenía entre las manos, pero sí pude ver que una ligera sonrisa curvaba las comisuras de sus labios. Sus cabellos largos me ocultaban sus ojos, pero sabía que brillaban. Me hizo un leve gesto con la mano señalando la hierba junto al tronco caído sobre el que estaba sentada. Me dejé caer y entonces fui yo quien tuvo que levantar la mirada para observarla. A veces la imagen que tengo de Ella es muy clara, muy definida según el momento de la Rueda que sea, o de la consulta que tenga para Ella, pero esta vez no tenía una forma ni un rostro concreto sino que parecía tenerlos todos. Sus cabellos cambiaban del cálido color de la miel, al rojo más intenso, y se desvanecían en un blanco puro para volverse pálidos como el sol del Norte y después oscurecerse de nuevo como las alas de los cuervos. De igual modo su rostro cambiaba desde unos rasgos pálidos y finos, a una sensual piel dorada como los campos de trigo cambiando hasta la oscuridad de unos ojos negros repletos de secretos. Era Ella en todos sus aspectos, en todos sus nombres. En toda su esencia. La Gran Diosa. La Única. Todas.

Esperé su mensaje dejando pasar el tiempo allí sentada, observándola y jugando a reconocer alguno de sus nombres mientras cambiaba de aspecto.  Pero al ver que no hablaba, y que se limitaba a mirarme de vez en cuando sonriendo mientras continuaba haciendo algo que yo aún no era capaz de percibir, decidí ser yo quien rompiera el silencio.

-He sentido tu llamada…

Ella sólo elevó una ceja mientras me miraba de reojo.  –No, yo no te he llamado.

La miré sin comprender.

-La llamada venía de ti. Algo en ti quería estar aquí. Porque hay algo que necesitas saber.

Medité sus palabras y comprendí que, como siempre, tenía razón.  A veces, cuando vosotras me hacéis consultas, cuando me pedís consejo o que os guíe, en alguna ocasión tengo dudas. ¿Y si no sé llegar a vosotras cuando me lo pedís? ¿Y si no consigo ayudaros? ¿Y si no os guío de la forma adecuada? ¿Y si esa no es mi misión? Lo que es válido para mí no tiene por qué serlo para vosotras.

En ese momento fui capaz de ver lo que había estado haciendo todo ese tiempo. Tejía. Entrelazaba hilos de todos los colores creando un tejido de una belleza perfecta. Era el Tapiz de la Vida.

No tuvo que mirarme para conocer mis dudas, mientras yo observaba sus dedos trabajar sin descanso, su voz fue penetrando en mí y hablándole directamente a mi corazón.

-Escúchame, Hyedra. Estoy hecha de ti, mi bruja. Estoy hecha de todas las que alguna vez fueron y de todas las que serán.  No estás sola. Nunca lo has estado. Formas parte de algo tan grande, que a su lado el Universo se queda pequeño. Tú, y todas las que lleváis mi recuerdo en vuestro corazón, estáis destinadas a guiar a otras. A ayudarles a recordar lo que una vez fuisteis. Lo que Yo fui para la Humanidad. Sois las que me abrís el camino. Las que preparáis mi regreso a la memoria de los Hombres. Mira, vosotras sois los hilos más brillantes de mi Telar. Los que marcan el diseño.

Observé el Telar. Vi como en un inicio había un solo hilo brillante, el diseño era sencillo y con pocos colores, pero poco a poco, ese único hilo parecía dividirse y de él brotaban más hilos que brillaban con colores cada vez más vivos y se entrelazaban en diseños cada vez más intrincados, y eran estos hilos los que guiaban a otros creando formas y dibujos. Hasta que llegaba a un punto en el que todos los hilos eran brillantes.

Pero el gran misterio del Telar de la Diosa es que es circular, y todos los hilos brillantes acaban volviendo a ser uno sólo que  se entreteje entre otros opacos, mates, pero creando el diseño más bello de la Creación. El diseño de la Eternidad.  Porque ese hilo, la Primera Bruja, sabe que es sólo eso, la primera de muchas, muchísimas más que vendrán.

Le di las gracias, porque como siempre, me dio el mensaje que necesitaba. Ahora sé que sólo soy un hilo dentro del infinito Telar de la Diosa, sí. Pero soy uno de los hilos brillantes. Hoy, en estos tiempos, tengo la inmensa suerte de ser una entre muchas. Muchos hilos que brillan con mil colores me rodean. Juntas enseñamos a otras a brillar. Soy una entre muchas, es cierto. Pero no es menos cierto que, si al telar le faltase un hilo, sólo uno, todo el tejido se desmoronaría.

Somos un hilo entre infinitos hilos. Somos así de insignificantes. Somos así de importantes.

Si consigo que creáis esto, conseguiré enseñaros a brillar.

Y estaré cumpliendo mi misión.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

 

Las mil vidas de una bruja

Witch Autora de la imagen: Julia Trushina angiria.deviantart.com

Witch
Autora de la imagen: Julia Trushina
angiria.deviantart.com

Hay una palabra en alemán que no tiene homóloga en español, su traducción es “nostalgia por un lugar al que nunca has ido”. La palabra es Fernweh. Pero no he encontrado ninguna palabra que defina el sentimiento de añoranza por otra época, por otros tiempos que sabes más propios que los tuyos.

A veces, cuando visito las ruinas de tiempos antiguos, la sensación de pertenencia que me invade es tan abrumadora que me encojo por dentro. Toco las piedras, siento su calor familiar en mi piel y me pregunto quiénes las tocaron antes que yo. Cómo vivían. Qué sentían. Si las toqué yo en otra época. En otra vida quizá.

Siento como si el lugar despertase y me observase, algo parece vibrar a mi alrededor y casi me parece escuchar susurros, como si alguien me reconociese y hablase de mi. El viento que se cuela entre las ruinas me habla trayéndome palabras de otros siglos, palabras que casi llego a entender. Y la tristeza es profunda, como si estuviese en la puerta de mi hogar pero algo me impidiese entrar. Como si hubiera viajado mil años y ahora, cuando por fin llego a donde pertenezco, hubiera olvidado el camino.  La nostalgia me invade y comprendo que, aunque por breves momentos los tiempos parecen superponerse, y aunque por un instante haya conseguido tocar el recuerdo de algo…, algo que nunca he vivido, es imposible regresar a un pasado perdido. Porque fue en otra vida.

Sé que no es la primera vez que vivo. Sé que he caminado a través de los tiempos bajo innumerables rostros y nombres. He vivido cubriéndome con pieles en los albores de nuestra especie y he visto como mis Dioses y tradiciones se perdían bajo la tiranía de Roma. He visto surgir los nuevos reinos de Europa construidos sobre las ruinas del Imperio. He vivido sola en la cabaña de un bosque y he visto morir a mis seres queridos por epidemias que hoy son sólo un recuerdo. He puesto ofrendas sobre altares paganos, ocultos en los bosques bajo la mirada de la luna llena, tantas veces que puedo repetir los gestos sin vacilación. He caminado por catedrales nuevas y he sido monja en algún claustro medieval mientras por dentro a Dios le llamaba Señora. Me he escondido durante la caza de brujas y no tengo ninguna duda en absoluto de que he muerto ahorcada alguna vez y quemada en la hoguera otras. He vivido en la Inglaterra Victoriana y la sola imagen de una taza de té ante una ventana con vistas a la campiña inglesa en primavera puede hacerme llorar de añoranza.  He tenido mil vidas, sí. Algunas breves, otras muy largas. A veces fui feliz, otras veces he sufrido. He sido esclava, campesina, sacerdotisa, monja, esposa, madre, pobre, rica, siempre bruja. Alguna vez incluso he sido hombre.

Pero nunca he sido reina. No creo haber sido Cleopatra, ni Juana de Arco, ni Napoleón. Creo que si alguna vez tuve algún poder, fue entre mi gente, mi pueblo, mi tribu o mi aldea. Tampoco ha hecho falta. Solo he sido yo, siempre. Esa presencia que adivino en mí constantemente. Yo y un algo más. Algo que sabe. Algo antiguo y sabio. Algo que me llena de empatía y hace que me resulte fácil comprender a los demás. Que sepa ponerme en el lugar de casi todo el mundo y saber porqué actúan como actúan, aunque muchas veces no lo apruebe ni lo comparta.

Dicen que todas estas sensaciones tienen una explicación. Que en realidad los recuerdos, los sentimientos de pertenencia nos vienen dados en los genes. Que en realidad estamos sintiendo lo que sintieron nuestros antepasados y que heredamos sus experiencias junto con el color de nuestra piel y nuestros ojos.

Bueno, yo no sé si es cierto. Lo que sí se es que me resulta difícil aceptar que todos mis gustos pasados son de otros, que mis recuerdos de otros tiempos son de otros, que las lágrimas de tristeza que me brotan porque echo de menos una casa junto al mar en la linde del bosque que nunca he tenido son porque allí vivieron otros. No. Puede que algo se herede en la sangre, como la llamada del mar. Pero sensaciones tan intensas, emociones tan profundas no pueden ser ajenas.

Estoy convencida de que regresamos, una y otra vez. Porque me niego a aceptar que sólo tengamos una oportunidad en este mundo. Me niego a aceptar que un niño muera y haya vivido, víctima de torturas en medio del más absoluto terror y angustia, para nada. Me niego a que millones de mujeres vivan día tras día en un infierno de violaciones perpetuas que sólo terminarán el día que su cuerpo ya no resista más y se rompa del todo. No puedo aceptar que todavía haya gente que viva toda su vida siendo esclavos, que otros centren toda su existencia en buscar el siguiente puñado de comida que les mantendrá vivos un día más. No quiero aceptar que todo lo que muchas personas tendrán a lo largo de sus días será la más absoluta tristeza, soledad, desesperación y miseria.  Me niego a reducir la existencia a una sola oportunidad.

No. Sé que en muchas de mis vidas viví junto al océano. Desde mi ventana veía el mar y los acantilados por un lado y el bosque oscuro y envuelto en niebla por otro. Me despertaba el sonido de las gaviotas y me dormía el canto de las olas. Y las gaitas… El lamento de las gaitas hablaba el lenguaje de mi alma y su sonido jamás ha dejado de emocionarme. La niebla, la llovizna, los bosques mágicos en los que me veo recogiendo hierbas y los acantilados. La playa de rocas, el olor a algas, esperar en la orilla a que los barcos regresen… No, no son recuerdos de otros.

Y creo firmemente que cada persona tiene más oportunidades. Que todos volveremos una y otra vez y en alguna de nuestras vidas seremos totalmente felices. Todo merecerá la pena.

No me preocupa como será mi vida, ésta vida. La viviré lo mejor que pueda e intentaré ser la mejor persona que pueda. Pero si las cosas no salen como espero, si se acaba antes de lo que me gustaría… bueno, intentaré hacerlo mejor la siguiente.

Porque como dije otra vez, las brujas somos eternas.

Yo soy eterna.

 

(En recuerdo de Sable Rouge, asesinado ayer por ser brujo, por ser pagano. Por atreverse a ser libre en un lugar donde no soportan la libertad. Vuelve pronto hermano, y vuelve en un lugar donde puedas ser feliz. Espero coincidir contigo en otra vida)

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Mi historia

Mi burbuja

Mi burbuja

Continúo recopilando textos, esta vez es mi historia. Editada y un poco modificada, pero en esencia la misma del artículo que se publicó originalmente en el blog Liebanízate. Es un resumen muy, muy breve de cómo llegué a ser quien soy. Es toda vuestra.

 

Recuerdo perfectamente el día que escuché por primera vez la palabra Wicca. Tenía 17 años y fue como llegar a casa.

Siempre he sido distinta. No recuerdo un día de mi vida sin magia, sin buscar la luna, sin escuchar al viento en los árboles y sin sentir que las aguas de los arroyos, ríos y mares están vivas. Sin hacer mis hechizos en el bosque o en la soledad de mi habitación. Mezclando hierbas, estudiando las llamas de las velas, ahorrando para el siguiente libro de magia. Desde muy niña he buscado otras historias, otras leyendas. Mitologías anteriores al cristianismo que dentro de mí reconocía más propias y reales. Siempre he creído que la Tierra está viva, que hay una conciencia en ella, creadora y destructora. La Madre Tierra, la Madre Naturaleza, La Madre Luna… La Diosa de los Mil Nombres. También creía en una fuerza masculina, salvaje, fertilizadora… Un Dios compañero, consorte, nunca superior a Ella.

He soportado burlas, sí. Nunca he ocultado lo que soy, porque lo fui desde siempre y no aprendí a esconderme. Para la gente que me rodeaba siempre fui “La Bruja”, para bien o para mal. Y he de reconocer que casi siempre fue para bien. A pesar de ello, es cierto que siempre me sentí sola, rara y distinta. Como si el mundo y la vida fuesen burbujas en cuyo interior vivían los demás y yo sólo orbitase alrededor, siempre mirando desde fuera. Aislada y sin formar parte real de nada. Hasta que un día, hace más de 20 años, me presentaron a otro brujo y me hizo una pregunta: ¿Qué clase de magia haces? ¿Qué clase de bruja eres? Cuando le expliqué, cuando le conté quien soy y lo que hago, el respondió: Ahhh, eso es Wicca. Me prestó un par de libros y cambió mi mundo. Había llegado a casa.

En 1951 se abolieron las últimas leyes contra la brujería en Reino Unido, y a raíz de ello, algunas personas que afirmaban ser brujas comenzaron a salir a la luz. Raymond Buckland, Gerald Gardner, Alex Sanders, Sybil Leek, Doreen Valiente, el matrimonio Frost, los Farrar… Todos ellos brujos que se daban a conocer y marcaban el camino a otros que vendrían después. Fueron la primera generación. Con ellos aprendí las bases de la Wicca, una religión basada en el culto a la Naturaleza y a los Antiguos Dioses.  En una concepción cíclica de la vida y una visión integradora del Hombre con la Tierra.

Seguí investigando porque había muchas tradiciones, muchas formas distintas de vivirla. La Wicca no era antigua, en realidad nació como tal en esos años. Pero muchas de las prácticas y tradiciones que celebraba sí eran antiguas. La mayoría de ellos eran ocultistas que habían formado parte de sociedades mistéricas secretas como La Golden Dawn y que al abandonarla y formar sus Coven (akelarres), habían llevado con ellos muchos rituales y prácticas ceremoniales que ahora formaban parte del cuerpo ritual Wicca.

Me gustaba, por fin había algo de lo que me sentía parte y que se correspondía con lo que yo había sentido, vivido y experimentado siempre. Pero todavía faltaba algo. Me sobraba ceremonia. En el fondo buscaba algo más sencillo, más natural y real. Una conexión aún mayor con la Naturaleza. Y continué buscando hasta que encontré a las brujas diánicas. Una vertiente del paganismo centrada en el culto a La Diosa, a la Tierra y que hacía hincapié en recuperar un misticismo y una espiritualidad básicamente femeninas. Fue entonces cuando supe que mi búsqueda había terminado, comprendí que había llegado para quedarme. Leí a Starhawk, fundadora del movimiento Reclaiming, que como su nombre indica, reclama el derecho de la mujer a tener decisión en su propio camino espiritual y a reconocer la Divinidad femenina, negada y prohibida durante tanto tiempo. Leí a Z. Budapest, pionera también. Margot Adler, Phyllis Curott, Edain McCoy, Merlin Stone, Selena Fox, Jean Shinoda Bolen, otra pionera en el campo de los arquetipos femeninos, y una de las impulsoras de la creación de los Círculos de Mujeres, Miranda Grey, Clarissa Pinkola Estés…

El paganismo diánico estudia todas las culturas, busca en todas ellas el papel femenino en el mundo espiritual y trata de ayudar a la mujer actual a conectar con su propio misticismo. Le ofrece un camino donde puede ser protagonista, donde puede tener un contacto directo con la divinidad sin depender de intermediarios masculinos que le digan en qué creer y cómo creer. Es un culto en el que la mujer se reconoce a sí misma y encuentra su lugar porque la Diosa, la Tierra, sigue sus mismos ciclos y recupera una relación y conexión con Ella que le ha sido arrebatada hace mucho tiempo. A diferencia del Dios masculino, una figura lejana y distante en los cielos, padre vigilante y castigador… la Diosa está aquí, en cada mujer, formamos parte de Ella y Ella de nosotras. Y como entidad, es compañera, hermana, camina a nuestro lado y la miramos como a una igual.

Con el tiempo conocí a otras mujeres como yo. Valientes, sabias, muy instruidas y empáticas. Y también hombres, porque hay muchos hombres en el camino de la Diosa, hombres que quieren un mundo en equilibrio, donde exista la igualdad y la libertad para que cada uno pueda ser, sentir y vivir como es, sin tener que esconderse. Hombres muy, muy valientes, porque hay que ser muy valiente para portar el estandarte de la Diosa en el mundo masculino aún hoy en día.

Y así llegamos a nuestros días. Esta es mi historia. Así llegué a ser quien soy, encontré mi camino y descubrí que nunca había estado sola. Descubrí que no podía vivir en la gran burbuja en la que vivían los demás porque yo ya formaba parte de otra, descubrí que siempre había habido un hogar para mí. Y para descubrirlo solo he tenido que abrir los ojos y escuchar siempre lo que mi intuición, y mi corazón, me pedían a gritos.

Porque como Ella dice: “Si lo que buscas no lo encuentras dentro de ti, jamás lo encontrarás fuera de ti, porque he estado contigo desde el principio…”
Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra Lopez)

 

Brujas de hoy en día

Vista parcial de mi altar

Continuando con mi labor de recopilación de textos que tengo dispersos por internet, hoy le toca el turno al primer artículo de la serie “el camino de la bruja” que publiqué en el multiblog Liebanízate y que, con suerte, en breve retomaré. La mayoría de vosotras no lo habéis leído, pero para las que sí, prometo que la semana próxima publicaré un nuevo texto inédito. Disculpad que de vez en cuando incorpore uno antiguo.  Aquí os lo dejo, disfrutadlo de nuevas o de nuevo.

“Aún resulta chocante escuchar cómo alguien se autodenomina “bruja”. Aún se tiende a pensar en ellas como figuras fantásticas que pueblan los cuentos de hadas, o como personas con poca cultura que “creen” que tienen poderes y/o embaucan a incautos con menos cultura o educación aún que ellas.

 Las brujas que yo conozco, entre las que me muevo, a las que pertenezco, somos otra clase de brujas. Algunas ni siquiera se llaman a sí mismas bruja, pero otras (la gran mayoría) sí lo hacemos. Lo hacemos como un acto de rebeldía, de reivindicación por todas aquellas que fueron acusadas de ello y pagaron por culpas inexistentes. Reclamamos la limpieza de una palabra que ha dejado de significar maldad. Las brujas del siglo XXI son curanderas, sanadoras, sacerdotisas de sus religiones, y sobre todo, paganas. Estas son las mujeres de las que voy a hablar en mis escritos, sacerdotisas paganas, seguidoras de las que se han denominado “Religiones de la Tierra”. En especial, de aquellas orientadas a la espiritualidad femenina, que resurge con fuerza en nuestros días y entre las que me encuentro.

Estamos más cerca de lo que la mayoría de la gente piensa, y somos más de las que nosotras mismas creemos. En la actualidad las brujas son abogadas, psicólogas, antropólogas, trabajadoras sociales, historiadoras (mi caso), etc. La mayoría somos mujeres preparadas, cultas, y muy curiosas. Porque no voy a engañaros, para ser pagano hoy en día hay que estudiar, y mucho. Pero también somos hijas, madres, novias, esposas… tenemos un empleo, empresas, negocios. Batallamos a diario con las facturas, con plazos de entrega, con deberes escolares, con discusiones de pareja, con la hipoteca o alquiler… Tenemos una vida corriente, con una orientación religiosa y prácticas espirituales no tan corrientes.

Dentro del paganismo existen diversos caminos, tantos como antiguas religiones pre judeocristianas existieron. De algunas, como la griega o la romana, quedan suficientes fuentes para poder seguir más o menos fielmente sus ritos. De otras apenas quedan referencias, por lo que sus seguidores son “reconstruccionistas”, personas muy instruidas que investigan concienzudamente sobre las culturas y tradiciones que sienten afines a ellos. Pero todas estas corrientes paganas están hermanadas, todas tienen una base común que nos engloba a todos. Todos respetamos a la Tierra como nuestra Madre, la que nos nutre y da vida, a la que debemos un respeto que se ha perdido y que tanto necesita. Celebramos sus ciclos eternos. Cada estación, cada solsticio y equinoccio es sagrado para nosotros, porque reconocemos esos ciclos en nuestro interior. Sentimos como la gran mentira, que el hombre es el dueño de la Tierra, cae ante la aceptación de formar parte de ella. Una especie más de las que la habitan.

La más peligrosa, eso sí. Y sobre la que recae ahora la responsabilidad de cuidarla, ya que al salvar el planeta nos salvaremos a nosotros mismos.

Las brujas estudian mucho, estudian mitología, historia, antropología, psicología, metafísica… Una mujer no se levanta una mañana y dice: este año se lleva ser bruja, me voy a comprar un caldero de Prada y una escoba de Desigual muy cuca que vi en la revista “Bruja hoy”. No. El camino de la bruja es duro, la incomprensión de la sociedad todavía es la causa de que muchas no hayan salido del “armario de las escobas”. Es difícil, porque requiere un tiempo de dedicación a veces muy escaso en nuestra ajetreada vida diaria. Es largo, porque no nos engañemos, nunca termina. No hay meta. Ser bruja es un compromiso de por vida que adquieres contigo misma, con tus compañeros de camino y con todo tu entorno. Pero sobre todo, un compromiso de ser tu misma, de mantener tus ideales, tus valores, sentimientos e ilusiones por encima de todo.

Es un camino de libertad, pero también de sacrificio. Como dice nuestro único mandamiento: Haz lo que desees, siempre y cuando no hagas daño a nadie, comenzando por ti misma. Y esto conlleva una gran responsabilidad.

Ser bruja no es sencillo, nunca lo ha sido. Pero el sentimiento de autoafirmación, de pertenencia a este planeta, el equilibrio y la paz que proporciona saber cuál es tu sitio, y atreverte a ser quien eres que aporta, merece el esfuerzo.”

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra Lopez)

 

Retomando la pluma…

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Dicen que tengo un don. Dicen que las palabras son mi don. Que soy capaz de expresar lo que sienten muchos, y que pueden ver en mis escritos retazos de sus vidas, de sus almas y experiencias. Es curioso porque yo escribo sobre mí, sobre lo que veo a mi alrededor, lo que siento en mi interior y cómo vivo siendo quien soy. Pero como yo hay muchas, y muchos. Brujas, Sacerdotisas, paganas… personas que caminan por el mismo sendero que yo y que se reconocen en mí. Tal vez porque todas somos Una. Tal vez porque Ella nos llama a todas de la misma manera.

En algunas ocasiones mis palabras han sido robadas. Puede que quien lo ha hecho se viera tan reflejada en ellas que se las llevó, y las presentó al mundo como suyas. Pero al hacerlo no sólo robaron palabras, robaron mis sentimientos, mis recuerdos. Se llevaron partes de mí, de mi alma, y las enseñaron con otra cara y otro nombre.

Yo escribo sobre mí para compartirlo con vosotros, pero es mi vida de lo que hablo. Para que no me la roben, para que si lo hacen haya un lugar donde quede constancia de que fui yo quien lo compartió con el mundo, he creado este espacio donde usar ese Don que dicen que tengo. El Don que Ella me dio. Y como hace poco me dijo una amiga: “La Diosa quiere que hables más alto y más a menudo. Ella nos da una bofetada cuando no la escuchamos”. Así que aquí estoy, retomando la pluma y hablando más alto y más a menudo.

Si algo de lo que leas en este espacio te gusta y quieres compartirlo, eres totalmente libre de hacerlo, siempre y cuando añadas la fuente. Si compartes mi alma, comparte también mi nombre.

Hyedra de TriVia

(Eva Hyedra López)

Contacto

hyedra.deduir@yahoo.es
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