Esa clase de brujas

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No me busques cuando necesites atar a ti a una persona contra su voluntad y su amor. Si sientes tal pasión que estás dispuesta a pisar sobre su libertad y sobre su derecho a elegir a quién ama, no me busques.

No me busques si quieres retener a un amor muerto, si quieres que regrese quien un día se marchó porque había llegado su momento. Si quieres que renuncie a sus sueños futuros por quedarse a tu lado en su tristeza.

No me busques si para tener lo que deseas quieres romper un vínculo sagrado formado por otros amantes, si quieres separar corazones por capricho del tuyo, helado. Si crees que tu deseo es más fuerte que el amor de otros, no me busques.

No me busques cuando tus ansias de atención exijan las noches de insomnio de otros, cuando necesites habitar una mente sin descanso, cuando reclames cada latido de un corazón que no nació para latir por ti. Cuando pidas que otro te ame hasta el punto de dar su vida por ti mientras tú no respetas su existencia.

No me busques para vengarte por afrentas o despechos con los que no has sabido lidiar, para cerrar caminos, para cegar corazones, para causar sufrimiento a cambio de orgullo. No me busques cuando en lugar de la sabiduría escojas la violencia.

No me busques para enterrar tu dignidad en un amor forzado, creado por hechizos malditos que convierten a personas en esclavas. Que ponen cadenas en aquellos destinados a otros brazos. No me busques cuando tu falta de amor por ti, te haga conformarte con migajas robadas.

No me busques cuando envidies los pasos de otros y quieras cambiarlos por los tuyos, no me busques cuando quieras destruir, apropiarte y suplantar el lugar de otros en el mundo. No me busques si otras vidas te parecen mejores que las tuyas y tu odio demande su desgracia.

No me busques cuando rechaces las oportunidades que se te han dado, cuando te conviertas en odio inútil, en envidia sangrante, en alguien sin esperanza. Cuando tus deseos te arrastren hacia los actos más viles, la esclavitud de quien dices amar, la violación de su espíritu, tu tiranía sobre decisiones de otros y la destrucción de pactos ajenos.

No me busques cuando tu propia alma esté sucia, enfangada por tus deseos y tu amor envenenado. No me busques para que mi magia te ayude a cumplir tus deseos de persona perdida y desesperada.

No. No me busques para destruir tu dignidad de mujer, porque no soy esa clase de bruja.

Búscame cuando quieras recordar la grandeza de un alma humana. Cuando quieras aprender a seguir las huellas de la Diosa en los caminos de la Historia.

Búscame cuando necesites recordar que tú misma ya eres magia y quieras encontrar el camino de vuelta a Ella. Búscame cuando quieras desplegar tus alas y volar en la libertad del viento mientras tu corazón recuerda que el amor más grande es el que nace por su propia voluntad. Cuando quieras encontrar tu lugar entre las criaturas de la naturaleza y descubrir que estás hecha de esperanza.

Búscame cuando te sientas valiente para bajar al centro de tus Sombras y te preste mi voz para guiarte de vuelta. Cuando quieras amar al reflejo del espejo y no temer a quién te devuelve la mirada, esa parte de ti que sabe… que viaja entre mundos, entre tiempos, entre velos.

Búscame cuando decidas tomar las riendas de tu vida, de tus sueños, de tus decisiones y fracasos. Cuando quieras aprender a bailar con las mareas de la luna y recuperar tu poder de mujer de bosque, de piedra, de corrientes y montañas. Cuando sueñes con el conocimiento que un día fue nuestro.

Búscame cuando quieras ser tan libre, que lo primero para ti sea la libertad de otros. Cuando quieras amarte tanto y tan fuerte, que nunca aceptarás caricias falsas, amores prestados, abrazos distantes. Cuando quieras descubrir lo que se esconde en los umbrales y las fuerzas que puede crear tu voluntad.

Búscame cuando sientas que quieres re encontrarte con el misterio que eres, mujer, y ayudar a otras a recordarlo. Cuando quieras despertar al animal salvaje que dormita en tu interior. Cuando quieras recorrer el antiguo camino de las sabias que vivieron antes que nosotras y perpetuar su legado. Cuando necesites hundir tus raíces en lo profundo de la tierra y extender tus brazos hacia las estrellas.

Búscame. Búscame entonces, porque soy de esa clase de brujas.

Hyedra de Trivia

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Un paseo de bruja

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Esta mañana he salido a la calle y el viento frío se ha colado por mi bufanda. En el cielo gris, se adivinaba la posición del sol por la luz de un disco blanco, brillante, que se escondía entre la nube infinita que lo cubría todo. He estado un rato mirando un árbol cubierto de hojas de un amarillo precioso, que iban cayendo lentamente, de una en una, hasta descansar sobre la hierba formando una alfombra a sus pies. Y, aunque no he podido quedarme mucho tiempo, con esa imagen me he llevado el otoño conmigo, toda su belleza, su calma, su magia… me acompañará hoy durante todo el día.

Os iba a hablar del otoño, pero poco puedo decir sobre él que no os haya dicho ya, así que creo que hoy las protagonistas de esta entrada vais a ser vosotras y os voy a invitar a salir de casa, a buscar un bosque, un parque, una zona arbolada, y a dar un paseo de brujas para conectar con el otoño.

Vosotras elegís el momento, pero si queréis sumergiros completamente en la magia otoñal, os sugiero ir durante el atardecer. Acudid abrigadas y llevad con vosotras un cuaderno y un bolígrafo, o lápices de colores, o, si sois aficionadas, una cámara de fotos. Un termo con una bebida caliente es muy buena idea, y algo para dejar como ofrenda a los espíritus de la naturaleza. La fruta o los frutos secos son lo ideal, porque la esencia de la ofrenda va a los espíritus, pero recordad que serán los animales del bosque los que coman lo que dejéis.

Antes de entrar al lugar elegido, deteneos un momento, cerrad los ojos y respirad profundamente. Dejad atrás los asuntos de vuestra vida cotidiana, trabajos (o su falta), problemas familiares, de pareja, hijos, etc. En ese momento solo estaréis vosotras y la naturaleza que os rodea. Sentid el aire frío en las mejillas, el olor de la tierra y las hojas en descomposición, el viento en los árboles si lo hay… Hablad con el espíritu de ese lugar, por muy pequeño que sea, todo trocito de vida natural tiene su guardián. Intentad sentirlo, dejad que vuestra mente, vuestro corazón, conecte con el suyo. Que sienta vuestra intención de conectar con el otoño, con la Madre, con la magia de la tierra.

Comenzad el paseo. Permitid que vuestros pies os guíen en lugar de imponerles un camino. Id despacio, observando todo lo que hay a vuestro alrededor. Los colores que se funden entre ellos creando un lienzo de belleza indescriptible, el cambio de la luz a medida que avanza el tiempo, los sonidos de las hojas crujientes y las hojas al caer. Vuestros pasos y vuestra respiración… Intentad dejar que vuestra mente vuele libre, que los pensamientos y recuerdos afloren sin control, no los retengáis. Bailad con las hojas, cantad con el viento, reíd con los crujidos del suelo y la corteza de los árboles. Disfrutad de un momento de libertad rodeadas de bosque.

Cuando encontréis un lugar especial, sentáos un momento. Ahora que aún no hace demasiado frio, permaneced quietas unos momentos. Mientras dejáis vuestra mirada vagar a vuestro alrededor, pensad en vuestra vida. En cuáles han sido vuestros mayores logros, cuásles han sido vuestros sueños cumplidos… y pensad en lo que tuvisteis que entregar a cambio, lo que tuvisteis que sacrificar para obtenerlos. Pudo ser tiempo, pudieron ser amistades, un cambio de residencia dejando atrás los lugares de la infancia, pudo ser una vieja relación marchita… medita sobre ello y pregúntate: ¿Mereció la pena? ¿Lo habrías hecho de manera distinta?

Piensa ahora en lo que has conseguido y cómo te hace sentir. Deja que la dicha y la felicidad de tus logros y triunfos te inunde. Hay una cita que dice que somos tan buenas como lo mejor que hayamos hecho en nuestra vida. Deja que esa grandeza te llene.

Cuando estés preparada, continúa el paseo. Presta atención ahora a la vegetación que cubre aún los árboles, los arbustos, la tierra. Recoge hojas que te llamen especialmente la atención, frutos que encuentres por el suelo, piñas para adornar la casa en el Solsticio, trocitos de corteza y ramas, plantas que viven en otoño… Recolecta lo que tu instinto te pida.

Cuando estés preparada, regresa por donde viniste, despídete del bosque, del parque o arboleda hasta la próxima vez que vayas. Agradece al espíritu guardián su labor de proteger la vida y deja tu ofrenda a cambio de los dones del bosque.

En casa, guarda las hojas y las hierbas que hayas recogido e investiga sobre ellas. Busca leyendas, historias sobre esos árboles, esas hierbas, los frutos… averigua sus propiedades mágicas. Piensa si encajan con alguna situación que estés atravesando en tu vida en este momento y por qué tu instinto te inclinó hacia ellas y no otras.

Deja que el espíritu del otoño te acompañe durante un tiempo y cuando lo sientas desvanecerse, sal a dar otro paseo de bruja.

Y si te apetece, ven a contarme tu paseo y todo lo que viviste en él.

Te espero.

 

Hyedra de Trivia

Sintiendo la magia

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Desde que el mundo es mundo, las personas nacemos con diferentes dones y capacidades. Algunas nacen siendo artistas y dotan de belleza lo que les rodea, otras nacen con grandes mentes matemáticas con las que dan sentido a las leyes de la física. Hay otras que dominan las palabras y las lenguas y son las voces de aquellos que no tienen, y otras parecen ver en los corazones ajenos y sanarlos. Algunas personas pueden crear lo que se propongan con sus manos y otras capturan nuestros sueños en melodías y canciones. Algunas nacen destinadas a sanar los cuerpos de otros o para ser maestras de nuevas generaciones. Y otras nacen con la capacidad de sentir las fuerzas que se mueven detrás de esta realidad, de ver los hilos que lo conectan todo. Esas son las brujas.

Y al igual que no todas las personas pueden ser doctoras, o músicos o artistas, tampoco todas pueden ser brujas. Porque el don de la bruja, su habilidad, lo que la hace distinta de los demás, es precisamente eso, ser capaz de sentir esas fuerzas, esas mareas de energía que el resto no percibe.

Si bien es cierto que, si alguien estudia, se esfuerza y practica puede llegar a pintar de una forma aceptable, o a tocar un instrumento o saber expresarse bastante bien, también es cierto que nunca creará una obra de arte, nunca será capaz de escribir una canción que perdure y llegue a los corazones de quien la escuche o escribir un libro que se siga leyendo siglos después. En el caso de la magia ocurre lo mismo.

Una persona puede estudiar mil grimorios medievales, todas las correspondencias mágicas, todas las corrientes mistéricas. Conocer muchos saberes antiguos y dominar todas las técnicas. Puede aprender mil hechizos y mil formas de conjurar las fuerzas de la naturaleza. Puede saber exactamente qué hierba o piedra usar en cada ocasión. En qué momento del mes o del año y con qué viento es preferible hacer cierto ritual, pero, si a la hora de llevarlo a la práctica no puede sentir lo que se mueve detrás de todo lo que ha aprendido, todo ese conocimiento será inútil.

Aunque en este punto es importante diferenciar, porque, aunque muchas personas nacen sin la capacidad de sentir este otro mundo dentro del mundo, otras nacen con ella y viven y crecen sin saberlo, porque algo bloquea esa capacidad. A veces es la educación que reciben, o un trauma infantil, o simplemente miedo a lo que no comprenden. Pero si en algún momento de su vida consiguen desbloquearlo y se permiten a sí mismas sentir sin miedo, el mundo cambia para ellas, se vuelve más grande, más brillante, más real.

Porque la fuerza que mueve la magia, lo que hace que todos los elementos de un hechizo cobren vida y aporten su poder al encantamiento, lo que hace que la magia funcione, es la voluntad de la bruja y su capacidad de unir esa voluntad a la energía de los elementos, a las fuerzas que habitan en la naturaleza. Y para poder hacerlo, la bruja tiene que sentir esas energías y esas fuerzas. La magia se basa, por encima de todo lo demás, en ser capaz de sentir. Y nadie puede enseñar a otros a sentir.

Podemos aprender todas las propiedades mágicas de un árbol, las leyendas que se cuentan sobre él, cómo crece, dónde, sus necesidades, qué partes de él se usan para según qué magia… pero si no conseguimos sentir el alma del árbol, al espíritu que habita en su interior, si no conseguimos sentir la energía que recorre sus raíces y diferenciarla de la que recorre su tronco o sus ramas, nos resultará muy difícil utilizar sus dones en nuestros hechizos.

Podemos conocer al aire, el fuego, el agua y la tierra y sus propiedades, pero si no conseguimos sentir su esencia y reconocerla en nosotras, no podremos dotar a nuestros hechizos de su poder. Podemos aprender muchos de los 10.000 nombres de la Diosa y muchas formas de invocarla, pero si no podemos sentirla, despertarla en nosotras, ese conocimiento no la traerá. Podemos saber que nos movemos entre los mundos, fuera del tiempo y el espacio, pero si no podemos sentir esos límites, si no somos capaces de sentir el río del tiempo ni ver los hilos del tapiz de la Diosa, no podremos moverlos en nuestros hechizos.

Y tampoco comprenderemos todo el poder que existe en algo tan sencillo como dibujar un símbolo en el aire, porque no podremos ver todas las fuerzas que se mueven detrás de un gesto tan inofensivo en apariencia.

Y aunque una bruja puede enseñar a otras todo su conocimiento aprendido, jamás podrá enseñarlas a sentir. Si alguien no siente el poder inmenso que hay tras el primer rayo de sol del amanecer, si no siente las pulsaciones del latido de la tierra cuando la toca, si no es capaz de ver el nexo que une todo lo que compone la creación, nadie puede enseñarle a hacerlo. Una bruja nace sintiendo que este mundo es más grande de lo que parece y vive toda su vida aprendiendo a moverse y trabajar con las fuerzas que lo rigen.

Y con toda la tristeza de su corazón aprenderá que, si otros no pueden sentirlo, ella no podrá enseñarles. Y aprenderá a aceptar que eso tampoco es malo, sino que simplemente,  su destino es otro.

 

Hyedra de Trivia

 

La Bruja ha vuelto

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Hace meses escribía que mis pies de bruja nómada se sentían inquietos porque llevaban mucho tiempo parados, y dicho y hecho, cuando una bruja pide, obtiene, así que la espiral de mi vida giró hacia una época de maletas, aeropuertos, carreteras y aventuras. Y al mismo tiempo que cubría distancias físicas, mi alma cubría distancias espirituales. Porque como dice mi querida Mariam Cárcel, también se puede viajar sin moverse del sitio y algunas experiencias son verdaderos viajes para el alma.

Avalon fue el primero de todos esos viajes y os confieso que me ha cambiado. No sé de qué otra manera explicar lo que hizo conmigo porque fui siendo Hyedra y regresé siendo más Hyedra aún y al mismo tiempo menos. Encontré allí una parte de mí que siempre eché de menos. Tal vez por eso anhelaba ir. Tal vez por eso soñaba con regresar a mi hogar, porque una parte de mi me estaba esperando allí, en casa. Y regresé trayendo conmigo esa parte, pero dejé allí otra aún mayor, y sospecho que cada vez que regrese, la parte de mí que se quede allí será más grande y para poder estar completa tendré que regresar una y otra vez a lo largo de mi vida. Tal vez ese es el hechizo de Avalon, robarte un pedacito de alma cada vez que vas.

Pero para ser sincera he de confesar que me costó conectar con su energía. El primer día me sentí desconectada, perdida. No lo conseguí hasta que dejé de buscar lo que esperaba, la imagen que yo tenía, lo que yo quería que fuera. Hasta que no dejé toda idea preconcebida aparte y me abrí al verdadero Avalon, no pude sentirlo. Pero cuando el velo de irrealidad cayó de mis ojos y pude ver… la vida cambió para mí.

Y lloré, dentro de mi lloré por una época que no puede regresar, por unos ideales a los que cuesta tanto volver, por todo lo que se ha perdido y no podremos recuperar. Esa era la idea que no dejaba de repetirme por dentro y me llenaba de tristeza: se ha perdido tanto, tanto…  Avalon me ha cambiado porque ha roto las fantasías idealistas que antes me impulsaban. Ahora sé que jamás volveré a mi hogar porque no está en esta época, ni siquiera en este mundo. Pero también me enseñó todo lo maravilloso que aún permanece y fue cuando estaba sentada en los jardines de la Abadía, cuando toqué la tierra y ésta respondió a mi llamada. Vibrando suavemente bajo mi palma, ascendiendo por mi piel hasta que tocó mi corazón y rompió la venda que no me permitía ver, sentir, el verdadero Avalon, el que yace bajo esas calles, esos cimientos, bajo la cristiana torre del Tor que no ha podido cerrar el vórtice de poder de la colina. Comprendí que Avalon es la tierra que hay debajo y el espíritu antiguo que la habita, esa tierra regada con la sangre de mil generaciones que han muerto en ella o soñando con ella. Es la promesa de que, aunque el tiempo pase y las sacerdotisas de hoy no vivamos en cabañas a los pies de la colina, seguimos siendo las mismas. Regresando con otros rostros, otras ropas, otros idiomas y razas, pero aún continuamos allí. Viajando desde todos los rincones del mundo respondiendo a la misma llamada.

Cuando levanté la vista y volví a mirar, creí que todo a mi alrededor había cambiado, pero en realidad la que había cambiado era yo misma. Las nieblas se habían abierto para mí y ahora podía ver. Todo brillaba, todo estaba conectado con el pasado de una forma que no había sentido casi en ningún otro sitio antes. Árboles centenarios, piedras vetustas. Nombres que han cruzado el tiempo de leyenda en leyenda y de época en época. Y vi, vi la magia que envuelve a la ciudad, a sus gentes, a las sacerdotisas de una Diosa que sonríe desperezándose de un largo sueño y que abre sus brazos a todos aquellos que la buscan, que la llaman entre la niebla.

Durante los días que permanecí en esa tierra mágica, viva y palpitante, viví como si antes hubiera estado dormida y aquello fuera mi verdadera vida, la real, la despierta. Y comprendí otro de los grandes secretos de las brujas. La magia siempre está ahí, brota de la tierra de una forma sencilla y continua. Lo rodea todo y a todos. Es cierto que en algunos sitios es más fuerte, más pura y más evidente, pero está incluso en aquellos lugares donde jamás la buscaríamos, porque es el pulso de la Tierra. Y a veces la idealizamos tanto, esperamos tanto de ella, la imaginamos tan espectacular, tan grandiosa, tan parecida a lo que aprendimos en los cuentos, que a pesar de tenerla delante no podemos verla. Porque no queremos verla. Pero la magia no es un cuento al igual que tampoco lo somos las brujas. Debemos dejar de idealizar y esperar un suceso milagroso o una visión de luces cegadoras. Debemos dejar a un lado nuestras expectativas, debemos dejar de intentar que las cosas sean como queremos para aprender a aceptarlas como son. Porque puede que esperemos un trueno que anuncia una gran tormenta y por ello no advirtamos la brisa que levanta el aleteo de una mariposa.

Cuando dejé Avalon lo hice sabiendo que regresaré, una y otra vez, porque esa brisa de mariposa me ha atrapado de una forma que a lo mejor una tormenta no hubiera conseguido. Me ha hechizado su sutileza, la belleza que radica en las raíces antiguas y, sobre todo, me ha hechizado la sensación de que si hay un lugar en el mundo al que pertenezco, es a aquella colina que una vez fue una isla y a sus manzanas y Diosas talladas en piedra.

Aprendí que, como todo en la vida, encontré mi hogar, encontré mi Avalon, cuando dejé de buscarlo como yo lo esperaba y me permití sentirlo tal como era.

Bienhalladas seáis todas.

La bruja ha vuelto.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

El refugio de la bruja

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Toda bruja tiene un lugar, un espacio, un rincón donde su magia toma forma física. Donde al cerrar la puerta o al final del día, se relaja y aflora su identidad más íntima. Donde el tiempo deja de existir formando momentos para convertirse en eternidad. Puede ser toda su casa, un cuarto, un pequeño altar o un rincón en el jardín. Allí reunirá todo lo que para ella es Sagrado y mágico. De él brota un latido, una pulsión atrayente que es difícil ignorar, igual que de niñas nos sentíamos oscuramente atraídas por las ilustraciones que nos mostraban la guarida de la bruja de los cuentos. Una torre en un castillo encantado, una cabaña en el corazón del bosque o una mazmorra húmeda y oscura. Toda bruja tenía su refugio, todas igual de interesantes, con mil libros, objetos extraños y rincones oscuros que nos moríamos por explorar.

Y esta bruja que os habla también lo tiene. Este lugar es donde escribo los pensamientos que fluyen hacia el papel. Donde busco las horas de la noche para probar nuevos hechizos y antiguos conjuros. Es aquí, entre estas cuatro paredes, donde gobierno sin competencia en el reino de mi mente. Aquí, en este pequeño lugar, existe una magia infinita.

Es casi una biblioteca, los libros cubren porciones de cada una de sus cuatro paredes. Libros entre cuyas páginas he volado a otros mundos o he aprendido a amar a este, libros que me enseñaron cómo vivían las brujas en tiempos en los que aún no las llamaban así y otros en los que he aprendido cómo perpetuarnos en este presente que se extiende infinito ante mí. He pasado muchas horas viajando entre sus letras, adentrándome en conocimientos ocultos o cuentos de hadas con secretos escondidos a simple vista. Sólo el hecho de alzar la vista y observar mi biblioteca ya hace que mi magia se desperece y cosquillee en el fondo de mi mente, lista para crecer y brotar. Y el rincón donde descansan mis lápices, donde dejo aflorar el impulso de crear mundos dándoles color, o manchar mis manos con el barro que conformará las estatuas de mis Diosas.

También es en parte un herbario, con estantes llenos de tarros de hierbas y raíces y otros ingredientes para hechizos. Con manojos verdes puestos a secar. Con cuencos, y cucharas y cordones de colores para dar forma a la magia, con pedazos de bosque que me recuerdan de dónde vengo, tanto yo como mi poder. Morteros donde he machacado mil sueños, mil ilusiones y deseos y los he mezclado con la fuerza de mi esperanza. Y un rincón con tres calderos, donde remover las aguas o encender el fuego de la sabiduría de la Diosa.

En el suelo, junto a una pequeña mesita baja, hay una alfombra tejida cubierta con cojines que invitan a tumbarse lánguidamente entre ellos mientras las runas, las cartas o el péndulo me dan sus mensajes arcanos, mientras escucho melodías pobladas de gaitas, flautas y violines. Sones que despiertan en mí recuerdos de otros hogares en otras vidas.

Cuando llega la oscuridad enciendo unas velas cuyas llamas danzantes se reflejan en el cristal de una bola sobre mi altar. Aspiro el aroma del incienso y miro alrededor, observo este sitio que es un reflejo de mí, de la bruja que lo habita, con mis colores, con las imágenes de mis sueños y mis emociones más secretas. Porque toda bruja acaba hechizando el lugar en el que vive dejando un poquito de su corazón en cada una de las estancias. Haciendo de su rincón especial un lugar creado para ser un umbral entre mundos, donde al final del día, cuando la puerta se cierre y se enciendan las velas, todas las sombras del mundo serán olvidadas y solo la luz de la magia importará. Allí será donde ella deje caer todos los escudos y abrirá el corazón de par en par, donde hundirá hondo las raíces que la unen a la tierra mientras su mente vuela por universos privados. Donde ha pronunciado tantas palabras mágicas que su eco ha acabado impregnando las paredes, testigos silenciosos de tantos anhelos susurrados a la noche… Donde ha luchado tanto con sus sombras que llegó un momento en el que se enamoró de ellas. Donde ha creado la mujer que es; hecha de magia, y secretos, y rayos de luna furtivos que se han colado a través de la ventana, buscando el roce de su piel y de su alma.

Y si algún día te invita a entrar, considérate afortunado, no todo el mundo puede ver alguna vez en su vida el refugio de una bruja. No todo el mundo puede ver por dentro su corazón.

Toda bruja tiene su refugio.

¿Cómo es el tuyo?

 

Hyedra de Trivia

Confesiones de una bruja

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Imagen: Dunkelheit de Josefine Jonsson

 

Las brujas guardamos muchos secretos, al fin y al cabo, es la base de lo que somos. Si hemos perdurado a lo largo de los tiempos es por haber conseguido esconder lo que éramos. En nuestros días, aunque ya casi no es necesario esconderse, continuamos ocultando partes de nosotras. Nuestro corazón es profundo y esconde tantas cosas… Pero los nuestros no son secretos oscuros, ni nos avergüenzan, ni pueden hacernos daño si salen a la luz. En realidad, desvelarlos no tendría consecuencias, pero los guardamos porque son parte de nuestra personalidad, de nuestra vida. Los consideramos tan íntimos que nos pertenecen tan solo a nosotras.

Pero a veces, cuando las brujas nos sentimos seguras y tenemos confianza con quienes nos rodean, nos confesamos. Revelamos algunos de esos secretos con el fin de que se nos conozca mejor, para compartir lo que verdaderamente somos con los demás. En el acto de entregar un poquito de ti hay un gran componente mágico. Es abrir una ventana a tu alma de bruja para permitir que otros atisben un poco de tu esencia y te comprendan mejor. Porque estoy absolutamente convencida de que un alma solo puede llegar a otra a través de la confianza y la sinceridad. Y hoy me apetecía compartir un poco, dejad que vieseis un pedazo de mi corazón de bruja.

Hoy confieso que a veces me descubro a mí misma optando por el sendero más oscuro del bosque. Ese que nadie atraviesa, húmedo y cubierto de musgo, helechos y hiedra, al que apenas llega el sol. Hay algo en la quietud del aire, en la ausencia del canto de los pájaros, en el frío que se eleva de esa tierra oscura que hace que la emoción me inunde. Se despierta en mi interior una nostalgia por algo, por un cuando, por un alguien que no acabo de reconocer. Una tristeza dulce que me hace sentir una añoranza suave y adictiva. Confieso que los rincones oscuros y olvidados responden a preguntas que mi alma hace y que no sé de donde vienen. Que los estanques de aguas quietas que se ocultan en los rincones umbríos de los bosques, esos de un verde profundo por las algas y los líquenes, pueden llegar a hacerme llorar de una triste felicidad.

Confieso que siento fascinación por lugares abandonados, por aquellos donde quedan los ecos de risas de otros tiempos. Por sitios donde una vez hubo vida a raudales y hoy solo queda la soledad de la decadencia. Antiguos hospitales, viejos teatros, balnearios que un día fueron elegantes y hoy solo ruinas. Espacios con ventanas rotas que dejan entrar contados rayos de sol en los que brilla el polvo como motas de oro. Donde sólo mis pasos recorriéndolos hacen algún ruido. Donde a veces casi puedo llegar a ver sombras de quienes habitaron aquellas paredes hoy desconchadas y vencidas. A veces casi llego a escuchar sus voces que se escapan de habitación en habitación mientras trato de alcanzarlas.

Confieso que las noches frías, de lluvia, viento y luna, me llaman para que vaya al bosque más cercano. Observo tras las ventanas, cálida y a cubierto, mientras el ulular del viento parece decir mi nombre atrayéndome, guiándome hacia fuera, hacia la libertad salvaje de la tormenta. A veces le he seguido, buscando a la luna entre los jirones de nubes que viajan veloces en el oscuro cielo. A veces confieso que he gritado antiguos nombres bajo el sonido de los truenos mientras la lluvia me entraba en los ojos y la garganta. A veces me he quedado en la calidez tras la ventana, y he sentido algo romperse por dentro ante mi cobardía y sabiendo que, aunque no me haya atrevido a salir bajo la lluvia, parte de mí está fuera bailando con la tormenta. Una parte de mí siempre lo estará.

Confieso que a veces el mundo me ensordece, me oprime y las gentes me hacen sentir encerrada entre vidas ajenas. A veces, muchas veces, la soledad me parece un paraíso en el que sólo habitamos mi corazón y yo. Allí me hablo, me escucho, disfruto de lo que el mundo me ofrece sólo a mí. Confieso que a veces huyo para encontrarme, a solas, donde nadie más llega y donde me curo del mundo, de sus prisas, de su eterna competición absurda y de su caótico estruendo. En esos momentos me retiro a la cueva que toda bruja guarda en su interior para protegerse, para recuperar fuerzas y cubrirse entera de magia para volver al mundo y enfrentarnos a un sistema que no entendemos y que no nos entiende a nosotras.

Confieso que mis historias favoritas son aquellas que no tienen un final feliz, porque son las que perduran en mi memoria a lo largo de los años. Tal vez porque esas fueron las que me enseñaron la magia de disfrutar de lo que tenemos. No todo acabará bien, no todas las vidas son largas, no siempre el amor es eterno. Pero por eso todo es tan valioso mientras lo tenemos, por eso es mágico, por eso es tan importante saber disfrutarlo hoy. Porque tal vez mañana ya no esté y sólo nos quede su recuerdo. Y ese recuerdo dependerá de cómo hayamos sabido vivirlo.

Confieso que todos estos retazos de mí pertenecen a la parte en sombras de esta bruja que os habla. Una sombra que adora la nostalgia, los recuerdos de tiempos perdidos, los lugares oscuros y de belleza sombría como los cementerios, donde se erigen los más bellos monumentos a la tristeza. Durante un tiempo, antes de conocer tan bien a mi sombra, renegué de estas inclinaciones hacia la soledad, los parajes oscuros y silenciosos, hacia la ausencia de luz y de esta extraña fascinación por los ambientes tristes. Pero ahora, confieso que parte de mi fuerza, de mi poder y de mi magia tienen su base en esta parte de mi sombra. Ahora acepto y disfruto mi inclinación por ello porque ahora sé que gran parte de la bruja que soy saca su poder de esas raíces. Que esos lugares y esos momentos que tanto me atraen son el mundo donde las brujas tuvieron que vivir ocultas durante siglos. Por eso me llaman, por eso no puedo evitar acudir a esa llamada de la oscuridad, porque he vivido en ella tantas vidas que la he acabado considerando mi hogar. Las brujas pasamos tantos siglos moviéndonos entre las sombras que aún hoy sentimos añoranza por aquel lugar que nos protegió, y gracias a ello, hoy sabemos ser felices con la más mínima expresión de luz. Porque desde la oscuridad, la luz siempre se ve más brillante.

Confieso que soy feliz bajo los rayos del sol de una mañana de primavera, pero será el sendero que conduce a lo más oscuro del corazón del bosque el que me lleve a la felicidad de mi verdadero hogar.

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Herramientas de bruja, ¿Compradas o hechas por ti?

 

Regreso hoy después de un tiempo apartada por motivos de salud y lo hago con un nuevo debate de brujas. Hace mucho tiempo, cuando empecé a buscar mis utensilios de bruja, me encontré con que en España apenas se podía conseguir nada y, lo que había, en tiendas esotéricas que aún eran muy escasas, resultaba demasiado caro para mi bolsillo infantil. En revistas especializadas veía fotos de calderos preciosos, de pentáculos de altar con una decoración que hechizaba y tapetes y esculturas de Diosas con las que soñaba horas. Pero aún no existía internet y no tenía ni idea de cómo conseguir todas aquellas maravillas, así que no me quedó más opción que fabricarme mis propias herramientas mágicas.

Todavía hoy guardo y continúo usando muchas de ellas. Mi pentáculo sigue siendo el mismo. Aproveché un plato de madera especial para servir pulpo gallego, y le dibujé una estrella de cinco puntas hecha de gavillas de trigo. Una vieja palmatoria de cerámica de mi abuela sujetó durante muchos años mi vela de altar y una lata vacía de espárragos se transformó, gracias a unas cadenas y un poco de pintura de témpera, en un útil inciensario.

Y mi varita, mi preciosa varita. Todo el proceso de su creación fue tan bonito, desde la salida al bosque para encontrar la rama perfecta, hasta su lijado y consagración. Y la primera vez que la usé, con su pequeña piña pegada en la punta… me sentí tan mágica y cargada de energía.Con el tiempo ha sufrido modificaciones, sustituí la piña por un cuarzo y su color ya no es el mismo, pero aún me acompaña y la uso en muchos de mis rituales. También uno de mis primeros tarots fue creado totalmente por mí, lo encontré en un librito, y venía dibujado carta a carta y en blanco y negro. Me enamoré de él y como no tenía forma de conseguirlo decidí hacérmelo. Compré cartulina y rotuladores y durante tres meses me dediqué a recortar, dibujar y colorear aquellas cartas maravillosas que sigo usando. Y qué contaros de mi primer caldero, una vieja olla de cobre que me hizo pasar muchos momentos inolvidables viendo como ardía mi magia. Hoy día tengo otro de cobre y uno de hierro, pero guardo muy buenos recuerdos de aquel primer calderito tan sufrido.

Hoy en día tengo otras herramientas que he comprado. En la actualidad hay muchas tiendas tanto físicas como en la red donde podemos conseguir todo lo que las brujas necesitamos y a un precio bastante razonable, y aunque sé que con una buena preparación y consagración su resultado es inmejorable, reconozco que el hecho de crear tus propios utensilios los dotaba de una magia que los comprados no tienen o les cuesta mucho alcanzar. El hecho de pensar cómo conseguirlos, ponerte en marcha, hacerte con el objeto, modificarlo y consagrarlo para tu uso ya era todo un hechizo en sí mismo. Incluso de vez en cuando, aún hoy, recurro a crear mis propios objetos mágicos, porque disfruto del proceso y de su uso con una ilusión diferente. Y aunque no son una belleza en cuestión de estética y los de las tiendas son mucho más bonitos, la magia y el amor que he puesto en ellos los hace los más hermosos y poderosos del mundo para mí.

¿Y tú, cuáles son tus herramientas preferidas? ¿Prefieres comprarlas o tienes algunas que has hecho tu misma? ¿Me cuentas la historia de tus objetos mágicos?

Hyedra de Trivia

Los sueños perdidos de las brujas

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Todas soñamos. Todas tenemos ilusiones que esperamos ver convertidas algún día en nuestra realidad y que cuidamos y alimentamos casi en secreto. A veces son sueños grandes, casi imposibles desde el momento en el que nacen y a los que permitimos nacer porque nos arrancan sonrisas sorprendidas y suspiros cargados de “si pudiera…”. Son los sueños que desafían toda ley física y humana, pero existen para recordarnos todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar.

Hay otros sueños que, aunque posibles, no son menos grandes, y casi igual de irrealizables. Esos sueños que, para conseguir cumplirlos, tendríamos que haber nacido en otro sitio, con otra fortuna, con otro futuro…

Hay sueños pequeños, realizables, que son los que nos mantienen vivos. Pequeños grandes proyectos que nos hacen levantarnos cada mañana con ilusión. Que son la razón de nuestra vida y que nos recuerdan cada día que somos capaces de ser felices, que somos valientes y luchadoras.

Pero hay otros sueños, esos que escondemos en el fondo de nuestro corazón. Esos que ya sabemos que nunca se cumplirán porque es tarde, porque perdimos la oportunidad, porque no supimos ver a tiempo que ya apenas quedaba tiempo… Esos que sepultamos muy hondo para no tener que aceptar que jamás vivirán pero que de vez en cuando afloran, nos arrancan una lágrima y un suspiro de nostalgia por una vida que no fue.

¿Quién no tiene un sueño perdido? ¿Quién no sabe que su vida podría haber sido distinta? A veces las brujas tenemos tendencia a vivir en el pasado. No sólo tratando de recordar otras vidas, también ésta. No es un secreto que las emociones nos afectan profundamente y sentimos a veces hasta un límite casi insoportable. Todas las pérdidas, las heridas, las tristezas que otros olvidarían en poco tiempo, para nosotras permanecen durante años. Muchos. Porque sabemos que todos esos momentos que nos desnudaron y nos dejaron expuestas fueron los que nos convirtieron en las que somos hoy.

Y entre esos momentos, guardamos como tesoros los sueños que dejamos ir, porque con ellos se nos fue un poquito de nuestra risa. Un poco de nuestra esperanza. Recordamos el momento en el que fuimos conscientes de que habíamos perdido la oportunidad, cuando tuvimos que enfrentarnos a la realidad y dejar ir aquello que habíamos acunado durante tanto tiempo. Y corremos el riesgo de aferrarnos demasiado, de no soltar ese pasado y vivir a medias. Siempre con un pie en un presente sin sueños y el otro en un pasado en el que no supimos actuar. Sin llegar nunca a un futuro donde podríamos soñar de nuevo.

En ese momento la bruja tiene dos opciones, la primera es intentar con todas sus fuerzas y toda su magia que su deseo se cumpla. Y con ello se agota inútilmente y pierde poco a poco el corazón. Tal vez sea por ello que algunas brujas acaban haciendo un mal uso de la magia. Cuando te convences de que nunca serás feliz sin aquello que anhelas y dejas que la amargura y la tristeza se instalen para siempre en tu interior, cuando te aíslas de los demás y de sus alegrías, cuando ya no te importa si otros sufren y lo único que persigues es algún tipo de alivio para tu alma atormentada… puedo llegar a entender que se extravíen en el camino.

La otra opción es guardar ese sueño perdido con cariño, para recordar siempre lo que un día nos hizo vivir, pero ser sabias y continuar adelante. Porque si algo ha demostrado el corazón de las brujas, es que es una fuente inagotable de sueños e ilusiones. Tal vez nunca conseguiremos aquello que perdimos, pero hay tanto aún por vivir, tanto por lo que luchar, tanto que conseguir…

Todas soñamos, sí. Y todas perdemos sueños. Pero no importa la edad que tengas, mientras tus ojos se abran cada mañana, mientras tu corazón continúe latiendo en tu pecho y tú sigas respirando una vez más, seguirás teniendo una oportunidad de seguir soñando. Y alcanzar ese futuro.

Ahora que es tiempo de nuevos proyectos, vamos a limpiar un poco el fondo de nuestro almacén de sueños. Ese lugar donde los guardamos mientras van aprendiendo a volar solos por el mundo. Vamos a rebuscar por sus rincones hasta encontrar aquellos que ya no tendrán oportunidad de vivir. Vamos a sacudirles el polvo, vamos a mirarlos de frente y nos vamos a atrever a decirles adiós. Recuerda tu sueño perdido, aquél al que más dolió renunciar y escríbelo en un papel. Recuerda cómo nació, recuerda cómo lo cuidabas imaginando cómo sería, recuerda el momento en el que supiste que nunca sería real. Escríbelo todo y llora si lo necesitas. Grita si lo deseas. Límpiate de la tristeza y la pena. Y cuando estés lista, déjalo ir. Quémalo y entrega sus cenizas al viento. Que regrese al lugar del que vino antes de prender en tu imaginación. Déjalo libre para liberarte tú.

Ahora seca tus lágrimas y mira hacia delante. Hacia todos esos días nuevos y vacíos que podrás llenar con ilusiones, con risas, proyectos y nuevos sueños. Llénalos con magia, con esperanza y la aceptación de que, a veces, los mejores sueños son aquellos que todavía no han nacido.

Y si eres una de esas brujas que se perdió, no te preocupes, el camino siempre nos encuentra de nuevo si de verdad lo deseamos.

Puedes soñar con ello.

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Hechizos de Amor

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Imagen: Kitchen Witch Autora Jane Aspen http://jane-aspen.deviantart.com/

 

Hoy es viernes y de nuevo Palabra de Bruja es vuestro. Últimamente algunas personas han contactado conmigo para pedirme hechizos o rituales para recuperar a sus ex parejas. Siempre me niego. Primero porque no suelo hacer trabajos mágicos para otros, y segundo, soy de esa clase de brujas que piensa que nunca se debe hacer magia sobre otra persona sin su permiso. Incluso si es para hacer algo bueno como sanación o cosas parecidas. Siempre, siempre, hay que pedir permiso antes.

Esto se aplica a los hechizos amorosos, nunca los hago. Entiendo y conozco la desesperación y el dolor que se puede llegar a sentir cuando la persona que amamos nos deja, pero no creo que una buena muestra de nuestro amor sea obligar a alguien a permanecer a nuestro lado contra su voluntad. Sería querer secuestrar su libertad.

Y por otro lado, cualquier persona se merece tener al lado a alguien que le ame de verdad. ¿Por qué tendríamos que conformarnos con alguien que en realidad no nos quiere, que preferiría estar con otra persona o lejos de nosotras? Merecemos alguien que nos quiera de la misma forma en que nosotras somos capaces de hacerlo.

Si de verdad amamos a alguien, la mayor prueba de amor (tanto hacia esa persona como hacia nosotras mismas) es respetar sus decisiones y darle libertad para elegir. Los únicos hechizos de amor que hago son aquellos destinados a potenciar el amor por mí misma, por todo lo que me rodea y sólo me los hago a mí o a quien me lo pida y me dé permiso.

¿Cuál es vuestra opinión sobre ésto? ¿Os lo han pedido alguna vez? ¿Tenéis alguna anécdota sobre ello?

La Palabra de Bruja es vuestra.

Ellos. Los brujos.

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Imagen: Herne Autora: Lorelyne http://lorelyne.deviantart.com/

Siempre hablo de brujas, ¿verdad? ¿Qué pasa con los brujos? También hay brujos y no los mencionas, me decís a veces en vuestros comentarios. Sí los hay, os respondo. Están incluidos en mis textos, ellos siempre están presentes. Aunque como la gran mayoría de quienes me leen son mujeres, siempre hablo en femenino. Pero…

Hoy quiero hablaros de ellos. Claro que hay brujos, en mi vida hay unos cuantos. Es cierto que no muchos, su número es escaso, pero los pocos que hay valen por cientos. Hay distintos tipos  así como hay distintos tipos de brujas, pero yo os voy a hablar de los que  conozco. De aquellos con quienes comparto mi camino y de todos aquellos que son Hijos de la Diosa.

Reconozco que ser un brujo hoy día es difícil. Son hombres íntegros, porque habiendo nacido dentro de un sistema patriarcal, han tomado la decisión de romper con él y volver sus pasos hacia otro completamente diferente. Han decidido mirar a los ojos a una Diosa Mujer y han decidido quedarse allí, entre esos brazos que no juzgan, que no ordenan, que no someten. Simplemente esperan, pacientes, a que poco a poco vayamos encontrando el camino hacia Ella.

En sus palabras se siente una emoción que pocas veces se ve en otros hombres. Me cuentan cómo desde niños se sentían distintos, cómo algo dentro les llamaba y buscaban un sentido a su vida más allá de lo que solían hacer otros de sus amigos. Su forma de ver la vida, a la mujer, a sus amigas, hermanas y madres y a la misma Naturaleza, era distinta del resto. Su forma de entender cómo funciona este planeta, la religión, su percepción de la magia, era distinta…

Son hombres sinceros, porque para caminar por este camino y avanzar se requiere de ellos una honestidad brutal. Primero tienen que enfrentarse a sí mismos y reconocer que todo lo que les han enseñado desde niños está equivocado. Que el papel que se espera de ellos y para el cual han sido preparados no es el rol para el que han nacido. Deben, por decisión propia, despojarse de muchos comportamientos aprendidos, de ideas y prejuicios que la sociedad nos inculca desde la cuna. Deben hacer un examen profundo de quiénes son, de qué les sobra para convertirse en quienes quieren ser y enfrentarse a sí mismos y a la Diosa a la que quieren seguir, desnudos. Sólo así pueden saber la verdad sobre el mundo y su lugar en él.

Son valientes, porque las brujas no abandonamos el mundo y nos retiramos en clausura. Continuamos entre la gente. Nos relacionamos con nuestro entorno y la mayoría de nuestros amigos y familiares no son paganos.  Requiere mucha valentía ser un seguidor de la Diosa en un mundo de Hombres: enfrentarse con los hombres que les rodean día a día y a sus comentarios y hábitos arraigados desde hace siglos requiere mucho valor y coraje para combatirlos. Para demostrar que hay otras maneras de ser hombre. Para exponerse al rechazo y desprecio de sus semejantes.

Son hombres curiosos. Les interesa tánto el mundo interior de la mujer que se acercan a nosotras como niños, con mil preguntas y un halo de sorpresa al descubrir lo diferentes que somos. Lo iguales que somos también. La voz les vibra cuando invocan a la Diosa, pero aún les vibra más cuando invocan al Dios, porque en la figura del Señor Astado encuentran una afinidad que no han encontrado antes en nada. Un Dios orgulloso de su naturaleza salvaje, fértil, libre y amante. Esposo e hijo. Siempre consorte junto a Ella. De su lado y de su mano. Un Dios al que no se le exige que cuide, que provea, que sirva o domine. Simplemente ser su compañero, junto a Ella. En libertad.

Y esa libertad brota en chispas de luz de los ojos de los brujos, en los que se adivina la sombra verde del bosque en el fondo.  En ellos se aprecia la fortaleza de las antiguas piedras sagradas, la sabiduría de los siglos que se hunde en el tiempo como las raíces de árboles milenarios. Y en sus risas se adivina la frescura de la espuma de las olas cuando rompen en la orilla. Compartir unas horas de conversación con un brujo, es atisbar un poquito de lo que la Humanidad podrá ser cuando se sacuda las ideas que la encadenan.

Son artistas, músicos, bailarines, artesanos, escritores…. Pero también son carpinteros, informáticos, estudiantes, psicólogos, historiadores….

Su magia es poderosa, como la nuestra. Y junta es fuerte y duradera. En los rituales emana de ellos en oleadas suaves y potentes, ligeramente diferente de la nuestra pero complementaria. Cuando se unen las voluntades de todos, se crea una energía cálida y casi podría decir  saciante. Como si hubiéramos conseguido aquello a lo que aspiramos. Ser todos juntos, por encima de todo, personas.

Nuestros brujos tienen ahora una responsabilidad enorme sobre sus espaldas. Nosotras llevamos mucho tiempo recuperando y reconstruyendo nuestros ritos y nuestra identidad, pero sobre ellos recae la misión de ayudar a crear a un nuevo Hombre. Son ellos los que tienen que guiar a las nuevas generaciones masculinas mostrándoles que hay otro camino. Diseñando ritos de paso basados en la colaboración, el respeto y el amor y no en la lucha, la potencia física y el dolor. Son ellos los que, con su ejemplo, abrirán nuevas sendas para otros. Y es difícil, porque aquellos hombres que quieran acercarse a la Diosa tienen que aprender lo que, en mi opinión, más le cuesta al Hombre debido a la forma en la que se le ha educado: mostrarse vulnerable. Dejar caer todos los escudos y defensas y acercarse a la Diosa con todas sus emociones y sentimientos a flor de piel, con el corazón en la mano y decirle:

-Toma. Es tuyo.

Porque esa será la forma en que lo recupere.

 

Hyedra de Trivia

 

(Dedicado a Saucco y a Hector. Mis hermanos, dos de los brujos que están destinados a guiar a esa nueva generación de Hombres y que, día a día, me demuestran lo que es ser un Hombre de verdad. Y a Rafa, ya sé que no eres pagano ni brujo, pero tú también eres uno de esos nuevos hombres tan necesarios y con tu ejemplo y tus palabras, muestras el camino a otros. Os honro a todos)

Un año embrujado

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Imagen de autor desconocido

La vida de una bruja a lo largo de un año está llena de fechas para recordar: Lunas llenas, Lunas oscuras, Lunas crecientes y menguantes; fechas propicias para hechizos, festividades antiguas… y los ocho grandes festivales que conforman lo que nosotras llamamos La Rueda del Año. Ocho ocasiones en las que las brujas celebramos el ritmo interno de este planeta en el que vivimos y su danza en su viaje por el universo. El calendario de una bruja está lleno de fiestas, porque a diferencia de otros cultos y creencias, las brujas pensamos que la vida está creada para disfrutarla y celebrar cada momento de ella. Lo celebramos todo y no hace falta insistirnos mucho para remangarnos las faldas, sacudirnos los zapatos y salir a bailar en círculo liberando cabelleras y risas.

Y parte de esa alegría y celebración se basa en el hecho de saber que el viaje que hacemos a través del tiempo durante un año, lo realizamos también a través de las enseñanzas de la naturaleza y a través de nosotras mismas. Es un viaje en el que ponemos toda nuestra atención en los cambios que se producen a nuestro alrededor para comprender los que se producen en nuestro interior. Y aunque cada año se repiten los mismos ciclos, cada viaje lo realiza una bruja distinta. Todo lo que aprendemos de nosotras mismas y del mundo durante una Rueda, nos cambia y convierte en personas diferentes en la siguiente. Siempre cambiantes, siempre únicas, viajamos de estación en estación, de año a año, bailando, aprendiendo, reencontrando y conociéndonos una vez más en cada giro de la Rueda. Una Rueda compuesta por ocho radios que se repiten una y otra vez, en un viaje cíclico y eterno.

En Primavera el mundo nos enseña a recordar los principios. A echar la vista atrás y ver dónde está la niña que fuimos, encontrarla en nuestro presente y sanar las heridas que puedan haberla marcado y que aún le duelen a la adulta que somos. Es tiempo de aprender que nunca es tarde, que siempre hay nuevos brotes, nuevos comienzos y que robarle al día unos momentos para jugar es invertir en nuestra felicidad presente y futura. La Tierra nos muestra cómo de su profunda oscuridad brotan las más bellas flores, cómo la vida despierta buscando los cálidos rayos del Sol que hace poco regresó. En el Equinoccio de Primavera celebramos con flores, con huevos decorados recordando el huevo de la vida, celebramos a la Diosa Doncella que juega entre los árboles y las flores con sus ninfas niñas. Celebramos el retorno de la vida y el equilibrio de la luz y la oscuridad.

A medio camino entre el Equinoccio de primavera y el Solsticio de Verano, celebramos Beltane. El Primero de Mayo. El momento en que la Tierra está fecunda, preparada para recibir la simiente de los frutos del verano. Los campos están listos para sembrar el cereal y la sangre nos baila en las venas calentando cuerpos y almas. Es el matrimonio de nuestra Diosa Amante con su consorte, el Dios Astado, el Señor de la Fertilidad y de todo lo que es salvaje y libre. Celebramos el don de la sexualidad y sus frutos.  Es tiempo de reconciliarnos con lo que somos y agradecernos ser, de hacer las paces con nuestra imagen y nuestro cuerpo y darle todo el amor y el cariño que se merece. Celebramos el amor en todas sus formas y manifestaciones. Celebramos el orgasmo creador de universos y mundos. En Beltane encendemos hogueras y bailamos, y hacemos el amor encarnando en nosotras a la Diosa, celebramos la sensualidad de nuestros cuerpos amándonos y amando a otros. Celebramos el acto que da origen a la vida.

En el Solsticio de Verano nuestra Señora, ya una mujer joven adulta, disfruta del pleno amor del Dios en su máximo poder. Ella está embarazada y Él comienza a perder energías mientras se transforma en el grano que yace esperando a brotar. A partir de mañana los días serán cada vez más cortos, recordándonos que incluso en la plenitud de la vida, todo está condenado a marchitarse y morir para renacer de nuevo. Hoy quemamos en una gran pira todo aquello que nos impide llegar hasta nuestro futuro, hasta nuestro destino, todo aquello que cargamos a nuestras espaldas y que no nos deja convertirnos en quien debemos ser. Nuestra mejor versión. Es tiempo de buscar a la mujer que eres, qué te gusta, cuáles son tus sueños, cual es la vida que quieres vivir y qué vas a hacer para conseguirla. En esta noche de verano y fuego celebramos la vida que crece esperando a nacer.

Entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño, los campos están cubiertos de oro, los árboles frutales están pesados y cargados de sus jugosos frutos que nos llenan de agua durante los cálidos y dorados días estivales. Llega Lammas, el primero de agosto. La fiesta de la cosecha. Nuestra Diosa embarazada es ya una mujer en toda su plenitud, redondeada y con un prominente vientre en el que se gesta el futuro del mundo. Es tiempo de recoger lo que hemos sembrado y aceptar que hemos sido las madres de la vida que nos hemos creado. También es momento para explorar nuestra creatividad. Las mujeres no sólo parimos hijos, también parimos ideas, creaciones, arte, libros, caricias. Toda bruja es una madre que se pare a sí misma cada año, junto con nuevos sueños, nuevos hechizos, nuevas ansias de conocimiento. Nueva magia que añadir a la antigua. Toda bruja es madre de su poder. Esta noche celebramos el poder de crear vida.

Y en el Equinoccio de Otoño celebramos la última cosecha. Los últimos granos de vid que fermentarán para convertirse en el vino sagrado. Celebramos el sacrificio del Dios que está muriendo para alimentar a los hijos de la Tierra. Celebramos la belleza y la sabiduría de la madurez de nuestra Señora, que ahora en un último esfuerzo nos muestra sus más intensos colores y su última explosión de vida. Es tiempo de aprender a aceptar la madurez que también nos llegará a nosotras, y encontrar la belleza que se esconde en los últimos días de la juventud. Es momento de aprender que, ésta vez, el equilibrio entre la luz y la oscuridad se decantará por ésta última y que eso también es bueno. El otoño es la estación de la brujas, tal vez porque reconocemos ese Sacrificio de la Madre en nosotras, las brujas sacrificamos nuestra juventud muy pronto porque todo lo que traemos con nosotras de otras vidas nos hace llegar a un otoño del alma  a una edad temprana. La mayor parte de nuestra existencia es un largo día dorado de otoño en el que los velos de nuestros ojos y los velos que separan los mundos, caen sin cesar como hojas al viento a lo largo de los años hasta que ya nada nos ciega. En esta noche celebramos la sabiduría de aceptar que la vida pasa y el tiempo nos cambia.

Y tras el Equinoccio, a medio viaje hasta el Solsticio de Invierno, las puertas que separan los mundos se abren para permitir el regreso de aquellos que se fueron y acompañar a nuestro Señor, muerto ya, para reinar en el otro mundo. Llega Samhain, cuando la tierra ya apenas da fruto y todo parece marchitarse y morir. Es tiempo de enfrentarnos con la certidumbre de que nosotras también moriremos así como muchas cosas de nuestra vida que creíamos eternas también murieron y se perdieron en el tiempo. Es el momento de aprender a dejar ir todo aquello que no podemos seguir llevando con nosotras. De enfrentarnos a nosotras mismas y reconocer que ya no podemos ni queremos seguir cargando con cadáveres que ya no tienen lugar en el mundo de los vivos. Tenemos que aprender a regalarnos la capacidad de saber decir adiós. Esta noche nos levantaremos frente al portal que separa los mundos y honraremos la existencia de nuestros antepasados, porque gracias a que ellos vivieron hoy nosotras podemos existir. Celebraremos la belleza de la oscuridad, el misterio de lo desconocido y el recuerdo de nuestros muertos. Esta noche celebramos que la muerte es sólo una parada más en el viaje de la vida.

Y en el Solsticio de Invierno celebramos el retorno del Sol. La vuelta de la Luz al mundo. La Tierra está sumida en el silencio, en el frío manto de la nieve, en la desnudez  y el sueño. Congelada y durmiente, la Tierra sueña con la primavera guardando en sus profundidades oscuras la promesa de la primavera. En esta noche, la más larga del año, el Sol retorna para recordarnos que la quietud no dura eternamente. Que ahora su calor apenas acaricia la superficie de su amada, pero la Diosa acaba de dar a luz al Niño Divino que cada día se hará más fuerte hasta que vuelva a despertar a lo que está dormido. Es tiempo ahora de imitar a nuestra Señora y volvernos hacia dentro. Las brujas descansamos en invierno, bajamos el ritmo y nos concentramos en nuestro interior, porque es allí donde se encuentra todo lo que hemos ido aprendiendo durante el año. Es ahora cuando por fin nos centramos en ello y comprendemos. Iniciamos un viaje hacia nuestro corazón que durará hasta la primavera. No es tiempo de tomar decisiones, no es tiempo de emprender. Es sólo tiempo de soñar, de observar, de conocernos y valorar la sabiduría que llevamos dentro y que sólo se puede alcanzar tras haber pasado las etapas anteriores. Nuestra Diosa, ahora anciana, nos muestra el gran valor de la edad y la experiencia. Nos enseña a amar y honrar a nuestros mayores, y a toda una vida de aprendizaje. Esta noche celebramos que en la más profunda oscuridad es dónde se nutre la vida.

Y entre el Solsticio de Invierno y el próximo renacer de la primavera nos encontramos en Imbolc. La fiesta de la leche. La Diosa aún duerme pero su sueño es más ligero. Un leve calor comienza a filtrarse hasta las profundidades oscuras y calienta las semillas que se agitan. Las nieves poco a poco se derriten. Alguna flor valiente se atreve a abrir sus pétalos buscando la belleza del día. Los corderos nacen y pronto los lobos se aparearán. Los arroyos de la montaña comienzan a correr abriéndose paso entre la blandura blanca. La vida aún no ha vuelto, es tan solo un proyecto, pero su certeza se huele en el aire. Todo es puro, el silencio del invierno se rompe con los primeros sonidos de pisadas y cantos en el bosque. Todo es una gran promesa de novedades y cambios. Es tiempo de emerger de nosotras mismas y proyectar nuestro futuro, de crear nuevos caminos en la vida, de organizar nuevos inicios para nosotras. De acumular energías para la explosión de vida que se acerca. En Imbolc encendemos velas para celebrar el retorno del calor y la luz que traerán la vida de vuelta, bebemos leche para recordar que los corderos que nacen nos aseguran una nueva primavera. Esta noche celebramos que tras la quietud y el sueño de la muerte, la vida siempre regresa una y otra vez.

Esta es nuestra Rueda del Año, en la que aprendemos, estudiamos al mundo y a nosotras mismas y celebramos, siempre celebramos, la vida.

En ella encontramos la sabiduría que convierte todos los años de la vida de una bruja en algo que merece ser vivido, amado, celebrado y sobre todo, en algo embrujado.

Bienvenidas al misterio de la Rueda del Año.

Hyedra de Trivia

Buscando el Invierno

 

Este año el Solsticio es extraño. La energía que nos rodea no es igual que años anteriores. Al menos yo no la siento igual. Vivimos momentos extraños no sólo a nivel social, también a nivel climático. Mi alma de bruja cambia y se mueve con las estaciones, y este año me cuesta porque la misma tierra está parada. El otoño no ha llegado del todo cuando debería ser ya invierno. No hay frio, no hay vientos helados que activen mi sangre. No hay mañanas de brumas entre los árboles. No hay nieve ni quietud. Y mi cuerpo y mi mente se rebelan porque no debería ser así. No debería echar de menos todos los pequeños placeres que el frio y el invierno traen con ellos y este año no están. Estoy enfadada porque la mano egoísta y sin conciencia del Hombre me está robando a mí, y a todas vosotras, el invierno.

Así que este año, y mientras los fríos no lleguen, voy a convertir mis días en una búsqueda. Voy a dejar que la persona adulta que soy se retire a un segundo plano y voy a devolver esta estación a quién verdaderamente le pertenece, a mi niña bruja que está impaciente por recuperar sus días. Este año voy a pedirle a las criaturas mágicas del invierno, las Hadas, Mamá Noel, los Reyes Magos y todas y cada una de las energías mágicas del Solsticio, que me traigan más ilusión. Que alejen la tristeza y la desesperanza y me quiten el velo de la madurez. Durante estos días de vacaciones que vienen, voy a vivirlo todo con la emoción y la inocencia de mi niñez. Y voy a jugar a encontrar el invierno y traerlo de vuelta.

Voy a subir a las montañas a buscar el frio que me hace saltar y moverme, el que hace que mi sangre fluya rápido y me despierte. Voy a buscar copos de nieve perdidos en el aire para abrir la boca y dejar que caigan y se disuelvan en mi lengua. Voy a grabar en mi mente el sonido de mis pies al hacer crujir la nieve y el silencio que reina entre los árboles para recordarlo todo  después, cuando esté en mi cálida cama soñando con los cielos grises de los días de tormenta.

Voy a salir a caminar por la ciudad y dejar que las luces y la música y la risa de los niños que invade las calles me contagie su alegría. Voy a visitar tiendas de juguetes y me voy a perder por sus pasillos mientras grito en mi mente: ¡Me lo pido! tantas veces que al final lo querré todo. Voy a comer turrón y bombones y roscón y voy a buscar recetas de ponche de huevo y vino caliente con especias, que a mi no me gusta pero a la gente que quiero sí. Voy a fabricar un regalo genial para mi amigo invisible porque este año se lo merece más que nunca y voy a maravillarme con cualquier cosa que me regalen, porque un regalo, sea cual sea, significa que alguien te quiere lo suficiente para haber pensado en ti y haberte dado parte de su tiempo haciéndolo, buscándolo o comprándolo.

Voy a pasar tiempo con las niñas de mi vida jugando al escondite, buscando piñas en el bosque para adornar la casa y comiendo palomitas mientras vemos una película tras otra. Voy a contarles cuentos del Solsticio y me disfrazaré con ellas para jugar a que somos aventureras explorando tierras lejanas y enseñarles a hacer unos hechizos que les debo.  Voy a vivir con ellas la emoción de pasar la noche entera despiertas hasta que el sueño nos encuentre a traición y  la ilusión de ver el árbol rodeado de paquetes de colores al despertar.

Voy a disfrutar de los largos desayunos en pijama sin ninguna prisa por ir a ningún lado y de las largas noches que nos traen tantas horas para soñar en la oscuridad. Voy a dejar mis preocupaciones de adulta a un lado y simplemente voy a ser. En este tiempo de quietud en el que todo se congela en espera de la primavera, voy a seguir el consejo de la Diosa y voy a dejar que todo duerma el sueño del invierno. No es tiempo de actuar, es tiempo de esperar y soñar.

Y tal vez, durante uno de esos días en los que esté jugando a encontrar el invierno, puede que él se canse de estar escondido y me deje encontrarle para traerle de vuelta.

Yo me retiro durante estas semanas para curar mi tristeza de adulta y que la niña mágica que aún soy recupere la alegría y la ilusión.

Volveré en Enero, y espero que cuando regrese, me acompañen los vientos fríos y los largos y oscuros días del invierno en los que la magia es libre para recorrer la tierra que duerme.

Hasta entonces, Feliz Solsticio y felices fiestas a todas.

Hyedra de Trivia

 

P.D. Si queréis pasar un día mágico en Madrid y colaborar en un mercadillo pagano solidario, el día 27 os esperamos. En la columna de la derecha del blog tenéis más información.

Gracias, brujas

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Imágen: “Old Religion” de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Magia de Bruja

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Imagen: Sashah’s Spell de Emma Lazauski

Las velas iluminan levemente el claro del bosque. El incienso impregna tanto el aire como mi mente con un aroma especiado y el humo asciende transportando mi petición a la Diosa. Un pequeño fuego arde en el caldero y la luna llena asoma por el horizonte. El altar está preparado. Es la hora de la magia.

La magia. Todas hablamos de ella. La vivimos, la creamos, la sentimos. Estamos hechas de magia y basamos nuestra identidad como brujas sobre ella. Para algunas personas es un misterio, para otras algo complicado, una gran mayoría ni siquiera cree que exista. Pero para nosotras es lo que da vida al mundo y, además, sabemos que todas las personas somos mágicas.

Las partículas que forman cada elemento en este universo se mantienen unidas por una fuerza que emite una vibración. En nuestro planeta cada árbol, planta, animal, persona, piedra… todo, hasta la misma Tierra, vibra y esa vibración genera energía.  Pero no todo vibra igual. Hay distintas frecuencias y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, somos muy sensibles a los cambios de frecuencia.

A todos nos ha pasado que, al conocer a alguien, sentimos que conectamos de inmediato. O por el contrario, hay personas con las que nunca encajamos y aunque no hay nada en ellas que nos haga rechazarlas, lo cierto es que no estamos cómodos a su lado. Esto se debe a que vibramos en la misma frecuencia que ellas o en otra completamente opuesta.  Porque como ya habréis escuchado en muchos sitios, todo lo que vibra igual se atrae y lo contrario se repele. Y además, cada sentimiento, cada emoción, cada ámbito de la vida y lo que nos rodea, tiene su propia vibración. El amor, la salud, la prosperidad, el hogar, la familia, la amistad, la suerte, la felicidad… el odio, la envidia, la desesperanza, el miedo, el terror… cada uno vibra en una frecuencia determinada.

La magia consiste en cambiar voluntariamente nuestra propia vibración para que esté en la misma frecuencia de aquello que queramos atraer. Y para ello, usamos nuestra voluntad y otros elementos naturales que ya vibran así para ayudarnos. Mediante el trance y la visualización “engañamos” a nuestra mente haciéndole creer que ya tiene aquello que desea, y potenciamos la sensación con palabras, melodías, hierbas, piedras, colores y olores que vibran como lo que deseamos.  Por eso hay hierbas, minerales, inciensos y velas específicas para el amor, la suerte, la sanación, la limpieza espiritual… palabras que forman hechizos…lo que se ha llamado desde siempre magia simpática.

Todos cambiamos nuestra vibración a menudo sin ser conscientes de ello. Sabemos que determinada canción nos alegra cuando tenemos un mal día, decimos que nos da energía… Sabemos qué película nos provoca una carcajada cuando estamos decaídos o con qué amigo hablar según nuestro estado de ánimo… También sabemos que determinados momentos del día o del año nos hacen sentir de una manera especial. El amanecer nos hace sentir esperanza, porque hace que todo vibre en la frecuencia de las cosas nuevas, de todo lo que empieza. El atardecer nos vuelve reflexivos y nostálgicos, porque vibra en la frecuencia de lo que acaba de forma tranquila y el descanso.  Nos vestimos de un color u otro según nuestro humor y preferimos lugares según nuestras emociones. Todo ello altera nuestra vibración.

Si nos ocurren cosas malas y nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza, acabaremos atrayendo más sucesos que vibren igual. Y es entonces cuando hablaremos de mala suerte, o mal de ojo. Los casos de mal de ojo son muchísimo menos numerosos de lo que la gente piensa y las rachas de mala suerte casi siempre son casos de vibraciones en frecuencias perjudiciales, y que además se convierten en círculos viciosos porque cada vez nos sentimos peor y eso hace más difícil conseguir cambiar la vibración.

Pero hay ocasiones en los que la magia no funciona. Por muchos hechizos que hagamos para conseguir lo que necesitamos, por mucho que  tratemos de influir en la vibración, hay veces en las que no hay manera de que funcione. Eso no quiere decir que lo estemos haciendo mal o que la magia no exista. Es simplemente que no debemos conseguirlo. Cada una de nosotras ha nacido con una misión vital, una lección que hemos venido a aprender. Si lo que queremos atraer con la magia va en contra de esa lección o nos aleja de nuestra misión, simplemente no sucederá. Esa vibración en concreto estará bloqueada para nosotras.  Imaginad que habéis venido a esta vida para aprender el valor de lo sencillo y de las cosas pequeñas. Por muchos hechizos de abundancia y prosperidad que hagáis jamás funcionarán, nunca seréis ricas porque la vibración de la riqueza está bloqueada para vosotras. Al menos en esta vida.

Y esto nos lleva a la regla de oro de las brujas. Nunca, jamás, por nada del mundo se debe hacer magia para influir en la voluntad o cambiar la vibración de otra persona. Nunca. Es su energía, forma parte de esa persona tanto como su cuerpo. Tratar de influir en ella para imponer nuestros deseos es una violación. Ni siquiera para hacer algo en su beneficio. Ni para hacer rituales de sanación. Si nos preocupamos por alguien y queremos beneficiarle con nuestra magia, lo primero que haremos será pedir permiso. Sin su permiso no hay nada que hacer. Y esto incluye al amor. Si tienes que obligar a alguien a que te quiera, eso ya no es amor. Es dominación, tozudez, egoísmo… y así serán las vibraciones que provoques, por lo que nunca encontrarás amor de verdad y lo que obtengas no merecerá la pena porque no te hará feliz. Ni a ti, ni a la persona que dices amar.

La magia es un regalo. Una más de las habilidades naturales del ser humano y que nos conecta con todo lo que nos rodea. La magia nos ayuda a comprender que formamos parte de un todo eterno, infinito, que compone una melodía que nos envuelve a todos y nos hace bailar al ritmo de la vida. Cómo sea tu tonada, cómo vibre tu canción, depende de cómo decidas vivir.

En mi hechizo, cierro los ojos y respiro profundamente mientras mi identidad eterna recuerda quién es y se centra en su lugar en el mundo, entre el cielo y la tierra. Entre lo que es arriba y abajo. Entre este mundo y el otro, donde ocurren los milagros.  Cuando me siento una con la creación, dibujo el círculo a mi alrededor y llamo a los cuatro elementos para que su energía complemente a la mía en esta noche de magia y sueños.  Y en el centro, evoco en mi interior a la Señora de la Vida y la Muerte, a la Gran Diosa de la brujas para recordar que su poder es el mío y fluye por mi piel hasta la punta de mis dedos.

Las imágenes de mi futuro en el que he conseguido mi objetivo no abandonan mi mente mientras cargo con ese poder los objetos que voy a usar. “Visto” las velas de colores con aceite acariciándolas con mis dedos mientras me veo feliz. Encanto las hierbas que necesito con rimas sobre su poder. Despierto el poder de las piedras cobijándolas en mis manos mientras les susurro bajito lo que necesito de ellas. Concentro todo el objetivo de este hechizo en una sola palabra que primero es sólo un murmullo. Me mezco suavemente mientras la palabra se convierte en una especie de cántico y caigo en un pequeño trance. Me dibujo a mí misma en un papel tal como seré en ese futuro con el hechizo cumplido, lo cubro con pellizcos de las hierbas encantadas y lo doblo. El cántico aumenta de ritmo y de volumen. Prendo el papel en la llama de las velas encendidas y arrojo el dibujo al fuego transformador acompañado de más puñados de hierbas. Mientras arde, comienzo una danza alrededor del caldero y la luna llena cada vez asciende más alto, bañándome con su luz de plata al tiempo que mi voz se convierte en un grito y mi danza alcanza su punto más frenético. Y finalmente, con un último giro y un grito final, la energía me abandona para fundirse con el universo y comenzar a trabajar en ese futuro imaginado que acabo de crear. Agotada, descanso en el suelo mientras mi corazón recupera su ritmo y mi respiración se acompasa con el ritmo de la tierra. Lento y profundo.

La magia está hecha.

Acerca tus manos, frótalas y siente el cosquilleo en tus palmas y tus dedos. Ese calor que emana de ellas, esa energía, es tu magia. Es la vibración que las partículas que te conforman emiten en su trabajo de mantenerse unidas. Practica con ella, conócela, trata de cambiar la frecuencia en la que brota al exterior. Y comienza a hacerlo con el hechizo más sencillo pero que es capaz de cambiar el mundo.

Simplemente sonríe, bruja.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

¿Quién eres, bruja?

"Witch" Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova) http://mariannainsomnia.deviantart.com/

“Witch”
Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova)
http://mariannainsomnia.deviantart.com/

¿Quién eres?

Tú. La persona que está leyendo esto en este momento. ¿Quién eres tú? ¿Te has parado a pensarlo alguna vez? No quiero saber tu nombre, o tu profesión, o de quién eres hija, madre, hermana o esposa. No quiero saber lo que haces ni en qué trabajas. En realidad tampoco quiero saber quién eres.

Quiero que lo sepas tú.

Cuando una bruja comienza su aprendizaje se sumerge en un mundo de nuevos conocimientos que, nunca mejor dicho, la hechizan. El tiempo pasa a medirse de otra forma, es la luna la que marca el calendario. Son las estaciones y sus festividades las que señalan los principios y finales. El alma de la bruja se abre sedienta a todo este océano de saber, y es fácil sentir que nos ahogamos ante tantos datos. Es posible sentirse abrumadas ante todo lo que hay que aprender, y sobre todo, desaprender. Los principios son caóticos porque se quiere controlar todo y dominar todo, y muchas veces volcamos toda nuestra atención en los estímulos y experiencias que vienen del exterior y, sin apenas darnos cuenta, nos olvidamos de todo el proceso de cambio que se produce en nuestro interior.

Poco a poco vamos cambiando, sutilmente, muy levemente al principio. Tan despacio que no lo notamos aunque las personas que nos rodean sí que lo hacen. Hasta un día en el que de repente algo nos detiene y nos hace reaccionar ante la persona en la que nos hemos convertido, y nos preguntamos: ¿Quién soy?

Es entonces cuando la bruja debe volcar todo lo que ha aprendido en un viaje hacia su interior para conocer a la persona más importante que se encontrará en su vida. Ella misma. Es un viaje que determinará todas y cada una de sus acciones y decisiones futuras. Y además es un viaje que, si tiene suerte y se convierte en una bruja sabia, realizará muchas veces a lo largo de su vida. Porque una de las primeras cosas que aprenderá es que la mujer que es hoy, no es la mujer que será mañana.  Y que, esa mujer, nunca volverá a ser la misma.

Saber quién es, es lo que decidirá el éxito de sus proyectos, tanto mágicos como vitales. Debe saber quién es cuando, frente a frente con la Diosa, la invoque y llame a su círculo. Cuando trabaje en un hechizo, la energía mágica que creará surgirá desde su mismo centro, desde el núcleo de su identidad que permanece invariable vida tras vida. La magia nace de la necesidad, del deseo puro y la voluntad profunda de la bruja. Si no sabe como llegar al centro de sí misma ni quién es la mujer que crea ese hechizo, la magia no funcionará. Por muchas velas que encienda, por muchos círculos que trace, por muchas hierbas que queme en el caldero, si no conoce el camino al origen de su magia, ésta no funcionará.

Y para conocerse, la bruja debe enamorarse de sí misma. Porque cuando estamos enamoradas, todo lo que concierne a esa persona nos parece interesante y queremos saberlo todo, conocerlo todo, ser  una con ella. Tenemos la ventaja de que ya somos una con nosotras mismas. Ahora sólo nos queda escucharnos para conocerlo todo, y eso es fácil. Cada vez que estudies algo nuevo, o leas algún hechizo, o practiques un ritual o meditación nuevas, tómate el tiempo de preguntarte a ti misma: ¿cómo me siento ante esto? No prejuzgues, no intentes reconducir tus pensamientos si éstos no son los que esperabas en un principio, no intentes imponerte gustos o ideas de otros. Es normal que admires a otras, es normal que intentes seguir los pasos de otras, pero eso no significa que tengas que dejar de ser tú y convertirte en ellas. Esas personas son quienes son por las experiencias de su vida que las han conducido a lo que son hoy día. Tus experiencias te han convertido a ti en quien eres. Cada persona tiene su propia historia. Aprende de las demás, pero no intentes ser ellas. Tu vida, tu historia y tú sois igual de únicas y especiales. Simplemente escucha tu voz interior. Analiza cómo te sientes, y una vez tengas claro tus sentimientos hacia algo, intenta averiguar por qué te sientes así. Imagina que estás leyendo un libro que te habla maravillas de la magia de los desiertos inmensos y su gran poder pero a ti te causa rechazo. Primero, no te obligues a que te guste sólo porque esté publicado en un libro de una gran bruja de renombre. Segundo, si lo piensas puede que no te gusten los desiertos porque el calor te sienta mal y los espacios tan abiertos te ahogan. Sería inútil tratar de obligarte a ti misma a que te gustasen y a apreciarlos. Pero lo que sí está bien es respetar el poder del desierto y respetar tus sentimientos hacia ello.

Cuando te acostumbras a interrogarte sobre lo que te rodea, el día a día se convierte en un constante dialogo contigo misma que te aporta grandes sorpresas. Poco a poco, además de cuestionarte tus sentimientos, también te preguntarás qué opinas sobre cualquier cosa imaginable, e igual que hiciste con lo que sientes, debes aprender a respetar tus propias opiniones y a darles la misma importancia que a las de los demás. Analízalo todo. Pregúntate constantemente el por qué de todo lo que pase por tu mente. Presta atención a tus estados de ánimo. Y no sólo frente al mundo de la magia, las brujas y la Diosa. Préstate atención a ti ante todos los aspectos de la vida en general. Ante tu vida. Cuéntate tu historia y hazte preguntas como si acabaras de conocerte. Medita y deja que tu yo más profundo te hable. Poco a poco descubrirás en ti un conocimiento y una sabiduría que sólo esperaban un poco de silencio para brotar en oleadas. Un saber que siempre ha estado en ti.

Viaja por tu historia. Bucea en las corrientes profundas de tus sentimientos. Arde entre las llamas que convertirán tus miedos en ceniza. Sé como la corriente de brisa que se cuela por todos tus rincones. Piérdete por tus laberintos y acepta y ama todo lo que encuentres dentro de ti, porque todo ello te hace ser quien eres. Todo ello eres tú.

Sobre la puerta del Oráculo de la Pytia en Delfos estaba escrito: “Conócete a ti mismo”. Y de ese saber, de ese autoconocimiento, nace la magia más poderosa.

Porque cada bruja que camina por el mundo es una fuente de poder inextinguible, y la que conoce cómo llegar a esa fuente, conoce el misterio de su vida. El más importante que existe.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Un verano embrujado

Atardecer en el trigo Autor: Jorge Domingo https://rasoner.wordpress.com/

Atardecer en el trigo
Autor: Jorge Domingo
https://rasoner.wordpress.com/

No sé si estoy escrita en las estrellas. No sé si fui soñada antes de nacer en esta vida. No sé si soy la respuesta a las plegarias de alguien, ni si vengo a cumplir promesas formuladas fuera del tiempo y del espacio o a terminar algo que una vez quedó inconcluso.

Tampoco importa.

Se acerca el verano y con él las largas horas sentada bajo los árboles sin otra cosa que hacer que observar cómo se alargan las sombras, mientras el calor del día deja paso a la indulgencia de la noche.

A mí nunca me gustó el verano. Mi cuerpo se hincha, mis sentidos se embotan. Me duele la cabeza y la piel me arde. Todo a mi alrededor parece detenerse aunque yo no quiera y la vida en la ciudad se me hace insoportable. Durante muchos años huía de él. Me recluía en mi casa y rogaba por que llegara el otoño.

A día de hoy no puedo decir que el verano me encante, pero me he reconciliado con él y conmigo misma durante esos meses. Hace muchos años, en un viaje iniciático a Finisterre, sentada sola en una roca cercana al Faro en el fin del mundo, comprendí que el verano es tan importante como el resto de las estaciones. El calor me afectaba mucho físicamente, sí, pero para la tierra y para las brujas esta estación es tan necesaria como las demás.

Aprendí a disfrutarlo, la maravilla del verano está en las primeras horas del día, cuando el fresco de la mañana inunda los árboles y las plantas y todo parece contagiarte el entusiasmo de la vida en plenitud. Aún procuro esconderme en las horas centrales del día, pero al atardecer emerjo para bañarme en esa luz tan especial que tienen estos días. Una luz dorada que me hace sentir casi en otro mundo. Y las noches, noches cuajadas de estrellas. Noches de luna encantada. De brisas tenues y risas de niños a lo lejos. Noches de baños en el mar oscuro y profundo, de bailes en la orilla. Noches de magia contando estrellas fugaces y hechizos alrededor de la hoguera con mis brujas danzando bajo los árboles para celebrar el Solsticio. Las noches de verano hacen que todo lo demás merezca la pena.

Hace un par de años que en verano escapo unos días a un lugar que no es tan caluroso. En él puedo conectarme con la Tierra y la estación de una forma única. Puedo ver los campos de grano segados y la balas de paja adornando el horizonte. Veo agostarse partes del mundo vegetal mientras otras se preparan para ofrecer sus frutos en otoño. Mi ritmo interno por fin se siente respetado al dejarlo fluir con el ritmo de la vida en el campo, donde todo se hace sin prisas, donde todo tiene su tiempo.  Allí la vida es tan fácil… Solo hay que rendirse a la magia del momento, de cada hora del día.

Es mágico desayunar por la mañana observando a las vacas paciendo en los campos recién segados. Es mágico ir a ver si el último polluelo ya se atrevió a abandonar el nido. Es mágico dar un paseo a última hora de la tarde, en mi momento preferido, cuando todo se hace dorado antes del atardecer. Es mágico ponerse algo de abrigo para observar la maravilla de la Vía Láctea por la noche. El camino de la leche. El camino de la Madre. Y es mágico acostarse agotada por todo un día de no haber hecho nada en especial, pero haberlo sentido todo.

Allí siento a la Tierra, viendo volar a los buitres sobre mi cabeza y caminando entre sabinas tal vez milenarias. Dejando a mi cuerpo y a mi alma descansar de todo el trajín del resto del año. Y es así como comprendo el valor del verano, su verdadera función. Es un tiempo para disfrutar de estar viva. De comprender, aprender y valorar el hecho de no hacer absolutamente nada, porque es entonces cuando mi mente se relaja y se abre a todo.

Y en esas tardes de verano, en la hora en que los demás duermen la siesta, yo abro mi mente y pienso. Pienso en mi vida, en la Vida, en por qué estoy aquí. En lo que quiero y lo que no quiero. En lo que aprendo, en lo que muestro, en todas las sendas por las que quiero caminar, en todos los mundos que me muero por explorar. Y el verano me muestra el valor de la paciencia. Porque en verano la vida parece que se para. Todo parece detenerse mientras  en realidad rebulle bajo la superficie para estallar por la noche. El verano me enseña que todo tiene su momento y que todos y cada uno de los momentos de la vida son valiosos.

El verano me enseña el valor del sacrificio, del Dios convertido en cereal que muere para alimentar a sus hijos, pero también me enseña la promesa del retorno. Ese cereal, esa semilla que volverá a la tierra para crecer de nuevo en un ciclo eterno. Y durante las largas horas de tranquilidad, yo pienso y fluyo con el tiempo y sé que formo parte de ese ciclo. Y es entonces cuando me rindo a ese misterio más grande que el universo y tan antiguo como el tiempo y me inunda la felicidad.

Y mientras la languidez me invade y dejo pasar las horas sentada bajo un árbol, me pregunto si alguna vez estuve escrita en las estrellas, si alguien me soñó en la eternidad, si hice alguna promesa que aún no sé si ya he cumplido o si mi misión es de esas que duran una vida entera.

Y comprendo que nada de eso importa. De momento.

Porque el verano es época de dejar vagar la mente haciéndose preguntas, pero no de cercarla encontrando respuestas. Es época de volver a ser niños y maravillarse con la luz, con el mar, con los campos dorados y los bosques animados, con las estrellas fugaces y las noches de luna. De vivir aventuras y viajar por el mundo y por nuestro corazón.

El verano es época de libertad, de hacer mil hechizos y sentir la magia en cada segundo del día.

Y eso es lo único que importa.

De momento.

Hyedra de TriVia

(Eva Hyedra López)

El viaje de una bruja

Autor desconocido

Autor desconocido

Todas y cada una de las almas que habitamos el planeta estamos inmersas en un viaje. Al igual que todas aquellas que nos precedieron, estamos de camino hacia un destino que no conocemos. No sabemos cuánto  durará, ni quién nos acompañará en algunos tramos, ni por qué sendas nos guiará. Pero todas y cada una de nosotras somos protagonistas de una historia única, somos heroínas con una misión legendaria que sólo nosotras podemos cumplir. Cómo lo hagamos, cómo elijamos vivir ese viaje, depende de nosotras. De nuestras decisiones depende que sea igual al de millones de personas, o que sea una historia épica, de esas que pasan de generación en generación y cambian el mundo. Aunque nadie nunca sepa tu nombre.

Desde muy niña he vivido esperando la llegada de alguien que un día entraría en mi vida y lo pondría todo del revés para encajar las piezas de mi destino en su sitio. Alguien a quien añoraba desde algún lugar profundo en mi interior. Desde algún viejo recuerdo donde quizá una promesa nos unió antes de llegar aquí. Y me dejaba llevar por la vida, vagando a la deriva allí donde el viento arrastrara mi escoba de bruja y esperando. Siempre esperando a que llegara quien tenía que llegar para comenzar a vivir de verdad.

Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que nunca llegaría nadie. Nadie vendría para cogerme de la mano y darme las respuestas que buscaba. Porque un día las respuestas comenzaron a llegar inesperadamente por si mismas, poco a poco… y las encontré en el lugar más mágico que conozco en este mundo. El lugar donde reside la sabiduría para todo aquél que quiera y sepa buscarla. Las encontré dentro de mí. Y comprendí que la persona que había estado esperando, la que echaba de menos tanto que a veces me cortaba la respiración, era yo, pero no la joven que era entonces, sino la mujer en la que yo podía convertirme, la que estaba destinada a ser. Y así fue como comenzó de verdad mi viaje.

Mi viaje es una búsqueda, es un relato de creación, es la historia de un reencuentro y de una espera que cada día se acerca más a su destino. Dejé de buscar en los demás para buscar dentro de mí y comenzar a construir mi mundo. Descubrí a muchas personas sabias a mi alrededor, pero ya no les pedía respuestas, les pedía guía, orientación, consejo… las herramientas que necesitaba para encontrar mis propias respuestas. Y convirtiendo ese vagar con el viento que había sido mi vida en un viaje épico porque comprendí que yo era la heroína de mi propia historia. Desde entonces estoy creando una vida en la que la mujer que seré podrá desarrollar todo su poder heredado de todas las que me precedieron.

Y para lograr mi meta, para llegar a ser una mujer sabia que pueda dar esas herramientas a otras, me vuelvo a lo que mi intuición me susurra. Me vuelvo a la tierra, a la luna, a los bosques. A los antiguos mitos, las viejas historias y los secretos del poder de las mujeres que se contaban en círculo alrededor del fuego. Me vuelvo a lo que late en mí cuando dejo de lado todo lo que sobra y me aferro a lo que importa, a la tierra de la que venimos, a la naturaleza que grita para elevar su voz por encima del ruido de las masas, de la codicia, de las ciudades, de toda nuestra destrucción y hacernos llegar su llamada. Esa que oigo desde que soy niña y que atruena en mí desde que aprendí a escuchar. Me vuelvo al pasado, a nuestras antepasadas y a las que fuimos, porque es esa sabiduría la que hoy estamos trayendo de vuelta. La que nos dará las respuestas de quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos. De todo el poder que todas llevamos dentro.

Yo me conozco. Soy una bruja capaz de abrir puertas a otros mundos. Soy capaz de encontrar la magia de mil universos en cualquier rincón de éste. Sé que aún no hay muchas mujeres como yo. Sé que soy la protagonista de una leyenda y puede que algún día, alguien cuente mi historia entretejida con la de muchas otras y haga que pase de generación en generación, porque yo, de mil maneras distintas, con mil pequeños detalles, cada día cambio el mundo.

Igual que tú. Igual que todas nosotras, mujeres que cada día nos levantamos para seguir la llamada que llega hasta nosotras desde el pasado, de las profundidades del tiempo, surgida hace miles de años de miles de círculos de mujeres y piedras que hoy son leyenda. Y que generación tras generación, han transmitido su historia hasta llegar a nosotras para que la hagamos nuestra.

Sé que ese es mi viaje, esa es mi leyenda. Ser una de esas mujeres que, de nuevo, cambiarán el mundo.

¿Me ayudas?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las brujas de mi vida

Fotograma de "Las Nieblas de Avalon"

Fotograma de “Las Nieblas de Avalon”

En mi vida estoy rodeada de brujas. He tenido la gran suerte de conocer a mujeres (y hombres) espectaculares, maravillosas y valientes. Y aunque todas seguimos el mismo camino y celebramos la vida de la misma manera, cada una de ellas es totalmente única y diferente de las demás.

Algunas de ellas son Maestras. Su don es transmitir la antigua sabiduría para hacer que su recuerdo despierte en las demás. Tejen una red de historias y cuentos de mujer mediante los cuales envuelven nuestros corazones y nos sumergen en otros mundos pasados. Su voz es como la voz del Tiempo, llegando hasta nosotras desde épocas muy, muy lejanas. Contando secretos que desvelan en susurros. Invitándonos a penetrar en un mundo de misterios y enseñándonos a pronunciar los antiguos nombres de la Diosa a la que todas adoramos. De ellas he aprendido que jamás lo sabremos todo. Que siempre habrá algo nuevo por conocer, un misterio que descubrir, un secreto que desvelar. Que el camino de la sabiduría es un camino eterno, sin final y cuya única recompensa es continuar aprendiendo.

Otras son verdaderas hijas de la tierra. Su vida transcurre entre hierbas, piedras, inciensos y pócimas. Son ellas las que estudian el poder que la Naturaleza pone a nuestro alcance. Casi todas tenemos nociones, pero ellas son las expertas. Estudian el viaje de la semilla hasta convertirse en fruto y de nuevo en semilla. Observan el poder de cada planta, de cada hierba, de cada árbol y flor y son las que comprenden mejor que ninguna el significado de la muerte y del retorno. Son las brujas verdes. Las que, vivan donde vivan, estarán rodeadas de jardines, huertos, o macetas. De ellas he aprendido que mi sangre es también un poco verde. Que abrazar un árbol puede sanar heridas antiguas. Que caminar descalza sobre la hierba me conecta con la Diosa más que muchos rituales. Que la magia más potente se consigue con la más humilde flor.

Algunas otras son brujas de cocina. Son alquimistas que transforman cualquier elemento en un banquete que calma el hambre del cuerpo y del alma. Suelen ser dulces, cariñosas y a veces introvertidas. Su poder es un conocimiento innato sobre las propiedades de la materia y la forma de mezclarla para obtener lo mejor de ella y embrujarnos a las demás en cada bocado. Destilan amor profundo en cada plato, en cada guiso que bulle a fuego lento en sus calderos. En cada pastel y galletas que nos recuerda que aún somos niños felices que quieren seguir disfrutando de la magia de la vida, y parte de ella se encuentra en lo que comemos. De ellas he aprendido que la paciencia es lo más importante si quieres hacer algo bien. Que la Diosa nos nutre y nos entrega sus frutos para alimentarnos y que cocinarlos con amor es una de las mejores formas de agradecérselo.

Otras son brujas cantantes y danzarinas. Llevan con ellas el ritmo de los antiguos tambores que un día resonaron por la tierra y que enlazaban el corazón de las gentes con el corazón del universo. Son brujas que sienten la música del mundo y les fluye en cada movimiento y en cada tonada. Elásticas y ondeantes. Melodiosas y creativas. Que pisan fuerte el suelo y acarician suavemente el cielo. En especial, hay uno de ellas que es capaz de traer a la misma Diosa en cada uno de sus pasos de baile. Su trance traspasa el escenario y anida en tu interior, provocando lágrimas de dicha al sentir la presencia de los Antiguos. A veces pienso que la misma Diosa mueve su cuerpo para recordarnos que para honrarla no hacen falta palabras. Estoy convencida de que él es uno de sus favoritos. De él he aprendido el valor del esfuerzo y la perseverancia. He aprendido a confiar en los propios dones y luchar siempre por ser quien eres. He aprendido a escuchar la música del universo y a dejar que mi cuerpo baile libremente con sus propios ritmos.

También hay brujas que están en permanente contacto con otros mundos. Parecen vivir siempre con un pie a cada lado del velo. Son brujas  que siempre siguen a su instinto, nunca dudan de sus intuiciones y comprenden el misterio de la vida desde que llegan a ésta. Son las que sienten los hilos que nos unen a todos, aquellas que sienten un éxtasis profundo contemplando un amanecer y encuentran el sentido de la existencia en la belleza del ocaso. Son empáticas, sienten las emociones de todo ser vivo de este planeta.  Son las que ven la magia en todo lo que compone el mundo. Las expertas en hechizos y rituales, sortilegios y encantamientos. De ellas he aprendido a ver lo que se esconde tras la realidad cotidiana. A ser consciente de la constante presencia de la Diosa en mí. El poder de encender una vela y la magia que desata. He aprendido que no hace falta un complejo ritual para que un hechizo funcione.

Hay brujas artesanas y artistas. Que tejen, pintan, modelan… crean magia con sus manos reflejando en sus creaciones la belleza de su alma antigua. Ellas nos traen los rostros de la Diosa para poder mirarla de frente. Fijan los colores del arcoíris en pinturas que nos recuerdan la tierra de los sueños. Crean del barro y la madera las estatuas que representan a Aquella a la que rendimos honores. Le dan forma a nuestros pensamientos. A nuestras fantasías y visiones. De ellas he aprendido a valorar mis manos y lo que puedo hacer con ellas. A apreciar el valor del trabajo de otros. He aprendido a entender el amor que puede residir en un pedazo de madera, en un trozo de piedra y en unos hilos entrelazados. Cada creación es un hechizo en la que entrelazan su alma con su obra.

Y hay brujas que reúnen varios de estos dones en ellas. Artesanas de cocina… Danzarinas que cantan entre los mundos. Maestras hierberas con alma verde… O incluso un poco de todos.

No todas son iguales. Pero todas son mágicas. Todas son grandes brujas y grandes mujeres (y hombres). Y cada día doy gracias a nuestra Diosa por ponerlas en mi camino. Por contar con ellas en mi vida. Por ser parte de ellas.

Por ser una de ellas.

¿Y tú? ¿Qué clase de bruja eres?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La bruja de la Luna Oscura

The Circle Author: Parvanaphotography http://parvanaphotography.deviantart.com/

The Circle
Author: Parvanaphotography
http://parvanaphotography.deviantart.com/

En esta noche de oscuridad y negrura, el cielo se cuajará de estrellas mientras la luna termina su viaje por el firmamento como una anciana sabia vestida de misterios y tinieblas. Mañana al anochecer, aunque aún no la veamos, ya habrá girado sobre sí misma y su rostro será el de una niña nueva. Pero hoy… Hoy es noche de Luna Oscura.

Hoy es tiempo de secretos desvelados, de elegir camino en las encrucijadas y honrar a Diosas de la noche. Es hora de descubrir la belleza que existe en la ausencia de la luz. Es tiempo de conocimientos ocultos, de caminar con valentía por el reino de la Diosa Oscura y enfrentarnos a las sombras, para encontrar en ellas nuestra propia sabiduría innata. Esta noche las mareas lunares se retiran y arrastran consigo todo aquello que queramos entregarles. Es tiempo de arrancar, de borrar, de deshacer, de abandonar, de dejar ir… para siempre. Es tiempo de magia. Tiempo de rituales de limpieza, de conjuros de ruptura, de hechizos de destierro. Esta noche, es tiempo de brujas.

¿Me acompañas?

No temas a la oscuridad, deja que penetre en ti, cierra los ojos y entrégate a ella. Únete a mí en esta noche de magia y sueños. Busquemos a la Luna en el cielo, aunque no podamos verla, la sentiremos danzar en su baile eterno con la tierra. Piensa en todas esas pesadillas que te atormentan, recuerda aquello que te impide ser completamente feliz. Bucea, hurga profundo en tus entrañas. Remueve bien los posos de tu memoria y clava hondo las uñas para desenterrar tus miedos y tus cadenas. ¿Qué te mantiene quieta? ¿Qué te impide ser quien eres? ¿Qué bloquea tu camino? ¿Qué te daña? ¿De qué no puedes liberarte? Ponle nombre y míralo de frente. Di su nombre en voz alta. Grítalo.

Hoy la Tierra y la Luna se confabulan para ayudarte a ser libre. Los elementos que lo conforman todo nos muestran sus rostros oscuros y su poder de destrucción. Invoca al poder del viento que genera huracanes que barren el mundo. Llama al aire que mueve las arenas del tiempo sepultando imperios en el olvido. Conmina a  vendavales capaces de doblegar bosques centenarios en apenas instantes. Que el viento se lleve lo que enreda tu vida.

Invoca al fuego que consume la esencia de la maldad. Apela al poder de las brasas que convierten la podredumbre en cenizas que abonarán las semillas de un nuevo futuro. Llama a las llamas ondulantes que con sus besos ennegrecen y destruyen lo que tocan para regenerarlo y convertirlo en luz. Entrégale tus pesares al ardor que crea los desiertos y resquebraja la corteza del planeta, que los purifique y los transmute para ti.

Invoca al poder del agua del mar embravecido por la tormenta que arrasa las orillas y las costas. Llama al poder de su caricia líquida que durante siglos corroe la dura roca. Invita a las calmadas aguas de profundas corrientes que arrastran hacia lo desconocido. Reclama el poder de la obstinación de los glaciares que se abren paso a través de montañas.  Entrega a la destrucción de las imparables masas de agua las cadenas que te retienen, para que las disuelva y despejen tu camino.

Invoca la fuerza destructora de las placas de la tierra, nombra a la fuerza inamovible de las montañas, el profundo vacío de las simas inabarcables. Convoca a la capacidad de destrucción de los terremotos que estremecen la tierra desde su corazón y otórgales permiso para que derriben las paredes que te encierran.

Evoca al espíritu en tu interior para que te de la voluntad necesaria para enfrentarte a todo. Llama a tu propia valentía, a tu fuerza de mujer, a tu alma antigua para que te muestre el camino que te fue diseñado mucho antes de que nacieras a esta vida.

Danza con los cinco elementos mientras gritas el nombre de los fardos que cargas, construye una canción de rabia e ira y mientras la cantas siente crecer la furia en ti. Enfádate con aquello que te somete, que te bloquea, que te daña. Busca la fuerza de Morrighan para enfrentarlo. La luz de la antorcha de Hécate para encontrar la senda hacia tu felicidad. Lucha con la fuerza de Kali para destruirlo. Muévete con la libertad de Lilith hacia el futuro.  Baila, gira y grita hasta que no puedas más y justo cuando sientas que el calor y la magia te invaden por completo, para y entrégale todo a la Luna. Para y eleva tus brazos hacia el cielo, hacia la oscuridad del infinito. Hacia el olvido.

Las mareas lunares continuarán sus ritmos eternos llevando consigo lo que tú les has entregado esta noche de tinieblas. La luna se lo llevará con ella a la oscuridad de la que renacerá mañana limpia y nueva, para comenzar su viaje una vez más.

Mañana, tú comenzarás un nuevo viaje con ella y como ella, limpia y renovada. Lo que hagas en esta nueva etapa de tu vida, ya sólo depende de ti.

Luna bendita, luna que te vas, lo que contigo se marcha…

Ya no vuelve más…

Bienvenidas a la magia del lado oscuro de la Luna.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Lágrimas de bruja

Sea of Serenity Freydoon Rassouli www.rassouli.com

Sea of Serenity
Freydoon Rassouli
http://www.rassouli.com

En viejos textos medievales y modernos se cuenta que, de todos es sabido, las brujas no lloran…

Que no lloramos… A pocas brujas conocían los eruditos escribas de ésos textos.

No hay diques en mis ojos. No hay presas. Cualquiera que sea su origen, mis lágrimas son libres de fluir y brotar de mí, porque las lágrimas contenidas son enfermedades gestadas.

No siempre fue así. Durante mucho tiempo las retuve. Hubo una época en mi vida en la que mi corazón se aletargó. Después de unos años de oscuridad y sufrimiento continuo, algo en mí se quebró y las cosas dejaron de afectarme. Me cubrí con una máscara de falsa fortaleza (una de aquellas de las que os hablé en otra ocasión) para ocultar mi fragilidad y dolor al mundo y a mí misma. Y caminé por la vida sin sentir, sin vivir casi. Me dejaba llevar por el tiempo a través de lugares, de gentes, de momentos que apenas significaron nada para mí. Supongo que el ser humano tiene un límite para el dolor interno y yo alcancé el mío. La respuesta de mi mente fue recluirse tras un muro de hielo y ver pasar el mundo sin involucrarse en él.  De hecho, apenas tengo recuerdos de aquellos momentos. Son años perdidos en un aspecto, pero muy valiosos en otros.

Fue en aquella época cuando me encontré a mi misma, nunca abandoné la magia ni a la Diosa, era lo único que aún me hacía sentir algo y fue así, poco a poco, como el hielo comenzó a resquebrajarse y a derretirse. Fue cuando encontré mi esencia, a mi verdadero yo en mi interior y mis largas conversaciones conmigo misma fueron lo que me devolvió la sensibilidad. Fue cuando aprendí a escucharme. Me di cuenta de que, si centraba la atención en mi interior y permanecía en silencio, las respuestas a cuestiones que me preocupaban surgían de mi centro como si algo más antiguo y más sabio que yo me respondiese. Pero no era nadie más. Sólo yo, que por fin encontraba el camino a la sabiduría que tanto buscaba en el lugar en el que siempre había estado. En mí.

Pero seguía sin llorar. Sentía que no podía permitírmelo. Sabía que debía tantas lágrimas, que si alguna vez empezaba ya no podría parar. El viejo dolor no había pasado, no se había curado. Seguía en mi, enquistado y pulsante, esperando para estallar y buscar una salida que yo le negaba. Pero vivir así no era lo que mi alma libre de bruja necesitaba. Las brujas estamos hechas para vivir la vida en todos sus extremos. Para sentir hasta la última migaja de emoción en todo lo que nos rodea. Una bruja es un corazón que siente todas las emociones del mundo en cada latido. Estamos hechas para disfrutar intensamente de todo lo que ocurra en nuestra existencia. Somos capaces de sentir la alegría más salvaje y la tristeza más devastadora, el amor más apasionado y épico y la soledad más desoladora. Porque la magia está hecha de emociones y sentimientos y nosotras somos la encarnación de la magia en esta Tierra.

Así que comprendí que si quería ser una bruja completa, si quería ser la persona feliz que yo sabía que podía volver a ser, debía liberarme de aquel dolor que mantenía prisionero dentro de mí y que me convertía a su vez en su esclava,  y al que yo sentía expandirse cada día, como una podredumbre oscura y densa que se alimentaba de cada lágrima no vertida.  Debía enfrentarme a él, entregarme a él y dejar que me invadiese para, una vez sentido y comprendido, me atravesara y se alejase de mi.

Y eso hice. Me volví hacia dentro y me enfrenté a él. Dejé que brotase y me llenase por completo, que se expandiese por todo mi ser hasta no dejar un resquicio libre y cuando sentí  que ya no era yo la que le sentía a él, sino que él me sentía a mí, las primeras lágrimas se agolparon  en mis ojos y por fin las dejé brotar, amando todas y cada una de ellas. Me convertí en mis lágrimas. Acompañé su viaje desde el centro de mí, donde se creaban, hasta caer mojando mi rostro, mis manos, el suelo… Las sentí todas y cada una de ellas, lavando a su paso cada humillación, borrando cada recuerdo podrido, sanando cada promesa rota, acariciando sueños perdidos, cicatrizando heridas tan profundas que casi me atravesaban entera. Limpiando cada mentira que había destruido las distintas vidas que pude haber tenido. Llenando cada silencio que rompió mi mundo y casi me desvió de mi camino. Lloré por todos aquellos años en los que no había podido hacerlo y sané cada golpe que la vida me había dado. Grité desgarrándome por dentro y dejé salir toda la rabia. Sollocé tánto que durante días me dolió el cuerpo por los espasmos. Clamé a mis Dioses eternos para que aceptaran la ofrenda de mis lágrimas. Y aprendí que el mayor daño de todos fue el que yo me había causado a mí  misma impidiendo que mi dolor sanase ocultándolo al mundo, casi construyendo mi identidad sobre él. Y una de las promesas que me hice fue que nunca más volvería a retener las lágrimas ni a ocultar el dolor fingiendo que no existe.

Desde entonces he llorado muchas, muchísimas lágrimas. Y he aprendido que llorar es un acto mágico. Es un ritual en sí mismo. Entregamos nuestras emociones a su elemento, las convertimos en agua y las dejamos fluir arrastrando todo lo que nos hiere. Las entregamos para que sigan su camino mientras nosotras continuamos el nuestro.

Hay lágrimas de dolor, de tristeza, de añoranza y pérdida. Pero también hay lágrimas de alegría, de felicidad, de alivio, de compasión, de risa. De amor.

Cada emoción tiene su lágrima y las brujas las conocemos todas porque la base de nuestro trabajo mágico consiste en conocer nuestras emociones en cada momento de la Rueda del Año. Viajamos a nuestro interior y, encontremos lo que encontremos, casi siempre regresamos llorando. Y lo hacemos juntas. Nos limpiamos por dentro juntas y nuestras lágrimas nos lavan por fuera, juntas. Hay algo muy liberador en poder llorar en compañía de otros, y más liberador aún cuando lo conviertes en un hechizo poderoso.

Porque, como todas las cosas mágicas de la vida, las lágrimas guardan un secreto y las brujas lo conocemos.

Y es que hay más poder en una hora de llanto, que en una vida entera  de falsa fortaleza.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El reloj de la vida

Lo que de verdad importa Autor: Desconocido

Lo que de verdad importa
Autor: Desconocido

Hoy es mi cumpleaños. La Rueda ha girado 39 veces para mí desde que abrí los ojos por primera vez a este mundo y aunque he estado a punto de afirmar que los números no importan, que yo me siento igual y que por dentro soy la misma de siempre, sé que no es cierto. Durante esta semana no he podido evitar recordar mi vida y echando la vista atrás he comprendido que, no solo no soy la misma, sino que además, me alegro de no serlo.

Es verdad que no tengo la vida que pensé que tendría a esta edad, pero me gusta la que  tengo. Es mía. Me la he construido yo misma a base de lágrimas y risas. A base de triunfos y muchos fracasos. De amigos que estarán siempre y otros que se marcharon, de amores que serán eternos y desamores que también lo serán. De ciclos de encuentros y desencuentros con personas, pensamientos, acciones, conmigo misma…  Ha sido, y está siendo, una buena vida. No puedo arrepentirme de nada porque gracias a todo mi pasado, a todo lo que he hecho y también a lo que no he hecho, hoy soy quien soy y estoy donde estoy. Por eso, aunque sé que soy Hija de mi Pasado, también sé que soy Madre de mi Futuro. Cómo sea ese futuro y cómo lo viva, depende únicamente de mí.

A raíz de todo lo que he estado recordando y pensando estos días, he decidido que el regalo que voy a hacerme este año va a ser una declaración de intenciones para el resto de mi vida. Mi primera intención para este año, y los que me quedan, consiste en ser cada día más yo. Cada vez me importa menos lo que otros opinen de mí, me da igual que me juzguen, que me desaprueben o rechacen. No es asunto mío lo que ocurra dentro de sus mentes. Al final del día, cuando cierro la puerta y me quedo a solas, sólo quedo yo, y quiero sentirme feliz conmigo y con mis actos. Me gusta saber que soy fiel a mi misma, a mis gustos (por muy raros que sean), a mi forma de ser, a mi ropa, a mi forma de expresarme y sentir… Soy yo quien vive conmigo día a día, soy yo a quien tengo que gustar, soy yo quien debe sentirse orgullosa de mí. De nada me vale la aprobación de los demás si no me apruebo yo.

Voy a regalarme más magia. Sí. Más todavía. A veces el ritmo de vida que llevo no me deja tiempo apenas para hacer mis pequeños hechizos y rituales durante la semana, así que los relego al fin de semana, cuando se me acumulan con todas las demás actividades que quiero hacer y no disfruto tanto de ello como me gustaría. La magia requiere tiempo, preparación, concentración y un estado mental acorde. No es algo que pueda hacerse deprisa y a la ligera, me niego a convertirla en una obligación más. Voy a robar una hora al día para mí, solo para mi magia, para conectar con las fuerzas que mueven mi mundo y crear una nueva realidad con cada conjuro.

Voy a danzar cada día un poquito bajo la Luna llena cuando pueda, o a la luz de las velas en mi habitación cuando no. Voy a moverme al ritmo de la tierra y de mi alma todos los días para sentirme libre y recordar que, esté donde esté y haga lo que haga, siempre lo soy.

Tengo un corazón destrozado, roto en mil pedazos, y cada fragmento es la sombra de una batalla. Le he prometido que no voy a luchar más.  Las palabras amor y lucha no tienen cabida en la misma frase. Hoy sé que nunca hubo un enemigo y que aquello contra lo que siempre he  luchado, era yo misma obcecándome en lo que no estaba destinado a ser. Si duele, si te obliga a correr tras ello, si sientes que tienes que luchar por conseguirlo o conservarlo, es que no es amor. El amor verdadero se consigue y se conserva cuidándolo, sintiéndolo, y aprendiendo a comprender que cambia con el tiempo. Hoy sé que, lo que de verdad importa, es lo que te hace sonreír y sentirte amado al final del día. Aunque seas tú misma. Sobre todo, si eres tú misma.

Me voy a regalar más amaneceres que me recuerden que siempre hay un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. También más atardeceres, para no olvidar que todo, hasta los finales más dolorosos, tiene una belleza gloriosa. Me voy a regalar más noches de luna y sueños, más paseos de bruja bajo las estrellas. Más citas conmigo misma para disfrutar de la brisa del mar en las noches de verano. Más domingos de invierno con mantas, sofás, cafés y libros. Más largas charlas conmigo para desentrañar el misterio que soy, y espero no hacerlo nunca del todo.

Me voy a regalar una vida en la que recordar el pasado no sea más importante que seguir creando recuerdos. Una vida en la que el mejor espejo sea el de mis ojos, y en el que la ropa perfecta sea la que me vale, no la que tenga la talla más pequeña. Una vida en la que la que el ideal de belleza sea el que marca mi rostro y mi cuerpo. Porque cada arruga, cada gramo, cada imperfección, es el reflejo de mis experiencias, y eso las convierte en lo más bello que he visto nunca.

Me voy a regalar aquello de lo que está hecha la vida, tiempo. Lo único que tenemos cuando nacemos, un determinado tiempo. Y hoy soy lo suficientemente mayor como para saber que no quiero malgastar el que me queda. No me siento vieja, aún queda mucho para eso. De hecho, cada vez tengo más ganas de jugar, de explorar, de descubrir cosas nuevas. Por dentro aún me siento una niña. Una niña sabia. Y aunque parezca extraño, las brujas sabemos que ese es el secreto de una buena madurez.

El reloj de mi vida avanza, segundo a segundo se va a cercando a su final, y aunque sé que aún puede quedarme más de media vida, quiero hacer que haya merecido la pena vivir cada momento de ella. El día de mi  muerte quiero poder pensar: Aaaahhh, qué maravilla. Lo que daría por comenzarlo todo de nuevo. Quiero poder mirar atrás y decir: Realmente viví.

El día en que todo acabe, quiero irme con un deseo.

Regresar.

Y ahora os dejo, me voy a celebrar que hoy comienza el resto de mi vida.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Infancia de bruja

Elsie & Pooka Author: Lora Craig-Gaddis www.pookapages.com

Elsie & Pooka
Author: Lora Craig-Gaddis
http://www.pookapages.com

Si aspiramos el aire y dejamos que nuestro instinto sienta libremente, notaremos que ya llega Imbolc. En su sueño invernal la Diosa comienza a agitarse levemente. Su letargo es cada vez más ligero y las semillas y raíces que se ocultan en la oscuridad despiertan lentamente. Una oleada de cálida energía recorre la Tierra y sus hijos, que hibernan en cuevas y madrigueras, comienzan a moverse, aunque  aún lo hacen despacio, en sueños. El Sol cada día ilumina más tiempo y calienta más intensamente. Y a través de las brumas del sueño, en su interior todos los seres vivos notan el cambio.

La primavera es todavía una promesa, apenas el germen de lo que vendrá. Todo está haciendo acopio de fuerzas para el estallido de vida que pronto inundará nuestro mundo. Es tiempo de nuevos proyectos, de generar ideas, de imaginar cosas nuevas. De celebrar la inocencia, la niñez cargada de esperanzas, de alegría, risas y juegos.  De buscar en nuestro interior la niña que fuimos y jugar con ella. Y esta bruja que os habla tiene mucha suerte, porque no tengo que buscar mucho para encontrarme con la niña que fui y que aún vive en mí.

Si cierro los ojos y recuerdo cómo era, sólo puedo sonreír y agradecerle todo lo que hizo, porque gracias a ella hoy soy la mujer que soy. Recuerdo aquella niña cuya máxima felicidad consistía en explorar bosques buscando hadas y portales a otros mundos. En jugar a batallas de magos y brujas. Una niña que con apenas seis años convenció a todos sus compañeros de clase de que no era de este mundo y que algún día sus verdaderos padres vendrían a buscarla para llevarla de nuevo a casa. Que con ocho años ganó un concurso de redacción escribiendo sobre las sirenas que en aquella época la fascinaban. Una niña que disfrutaba subiéndose a los árboles, comprando viejos libros de hechizos en los puestos del rastro y soñando por las noches que escapaba de casa de madrugada para ir a algún lugar donde sabía que la estaban esperando. Porque la niña que fui, al igual que la mujer que soy, estaba absolutamente enamorada de la noche.

A escondidas salía a la terraza y pasaba horas mirando fuera, a la Luna, las estrellas, el cielo. A las luces lejanas. Escuchaba voces y risas y me preguntaba de quién serían. Qué clase de personas recorrían las calles en la madrugada y que extraños actos les retenían fuera de sus casas. Y yo, mirando aquellas calles vacías, me preguntaba si alguna noche me atrevería a salir, sin hacer ruido, y  acudiría al lugar que me reclamaba por dentro.  Nunca lo hice, pero ya dormida, en sueños, me veía caminando hacia una gran arboleda en cuya entrada me esperaba un grupo de personas vestidas de oscuro y con capuchas que ocultaban sus rostros. Un grupo del que yo formaba parte.

Siempre comprendí el lenguaje de la noche. El sutil cambio que se producía en el ambiente cuando todos en la casa ya dormían y solo yo quedaba despierta esperando algo que nunca llegó,  tal vez porque aún no era el momento, aunque pasara horas de incontables madrugadas imaginándolo. La noche me hablaba tan claro… era un lenguaje secreto entre ella y yo, un lenguaje compuesto por palabras que hablaban de tiempo y sueños antiguos, de secretos perdidos y promesas incumplidas, de esperanzas eternas y respuestas a preguntas hechas mucho tiempo antes de que yo naciera. Y mi alma de niña sentía un anhelo inmenso por todo  aquello que la noche ocultaba y que me tentaba cada vez más.

Recuerdo noches de verano en la casa de mis abuelos, cuando las normas se relajaban y mi espíritu libre tenía más horas para vagar a sus anchas por los escenarios que mi imaginación creaba de la nada. Tenían un patio con flores, plantas, y una preciosa adelfa en el centro que cada día se convertía en el escenario de mis juegos inventados. Si un día era un bosque encantado, al día siguiente era el escondite de un pirata o la cueva en la que un hada esperaba a que algún día alguien la rescatara del hechizo que la mantenía prisionera. Vivía siempre esperando momentos de magia y hoy comprendo que todos aquellos momentos ya fueron mágicos. Yo era una niña llena de magia, así que mi vida no podía ser de otro modo.

Crecí buscando una entrada a otro mundo.  La buscaba en el rumor de las olas cuando acarician la orilla del  mar, en los bosques húmedos y verdes en los que habitan criaturas ancestrales, en la cara oculta de la Luna. En la oscuridad de las altas horas de la noche y entre las ascuas de las hogueras de verano. Pero hace ya muchos años comprendí que buscaba algo que ya tenía. Porque hoy sé que la niña que era ya caminaba entre los mundos. Vivía siempre entre ellos porque desde que nací ya pertenecía a ambos y crecí viendo a mi alrededor toda la magia que otros no veían. Por eso mis hechizos fueron siempre tan naturales, tan innatos. Yo era pura magia.

Y ahora, en estos días de Imbolc en los que celebramos nuestra niñez, me alegro de seguir siendo igual que entonces, de seguir jugando cada vez que mi loca imaginación me propone descubrir misterios. Me alegro de saber que esa niña feliz continúa conmigo y esperando la mínima ocasión para llevarme con ella de aventuras, a explorar mundos que solo nosotras conocemos. Aunque ahora la mayoría de las veces ya no son juegos y yo ya no busco entradas al mundo de la magia. Esa entrada que nunca encontré de niña porque para mí, como para todas las brujas,  siempre estuvo abierta. Hoy sé que lo que tanto buscaba siempre estuvo dentro de mí.

Hoy ya sé dónde estaba esa puerta secreta que conduce al mundo de las maravillas y lo mágico.  Hoy sé que esa puerta, siempre he sido yo.

¿Y tú? ¿Te vienes a jugar conmigo?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hechas de Magia

I, Mother Earth Author: Moonxels (David Demaret) moonxels.blogspot.com

I, Mother Earth
Author: Moonxels (David Demaret)
moonxels.blogspot.com

Hace unos días una de vosotras me decía en el blog que quería saber y comprender quién era y por qué se sentía distinta. No he dejado de pensar en ello desde entonces porque es cierto, las brujas nos sentimos distintas. Sabemos que somos distintas tal vez desde que nacemos. Ya expliqué en “El camino de regreso a casa” algo sobre el tema, pero meditando estos días, mi voz interior me hablaba de otra forma, me enseñaba desde otra perspectiva y me di cuenta de que hay una forma de explicarlo que nos vincula aún más con la magia, con todo lo que nos rodea, visible e invisible. Y es que las brujas estamos hechas de lo mismo que el resto de las personas, pero con un “algo más”, una pizca de visión que otros no tienen, de percepción que otros no ven, de sabiduría innata que otros no quieren, o no saben, alcanzar.

Las brujas estamos hechas de AIRE, nuestras ideas nos vienen dadas por el viento de los siglos. Nos dejamos flotar por la vida sin aferrarnos a lo que sabemos que debemos dejar marchar. Siempre ideando nuevos proyectos, nuevos propósitos, nuevas ideas, nuestra mente inquisitiva, curiosa y creativa, nunca está quieta. Siempre se mueve al ritmo de las corrientes de los vientos, a veces como la brisa suave y fresca, a veces como un viento de verano cálido y festivo. Otras veces como verdaderos vendavales que conmueven todo nuestro mundo para barrerlo y convertirlo en ruinas y comenzar de cero si hace falta. El viento es un ente vivo que nos habla de todas las maravillas que ha visto en sus viajes desde el principio de los tiempos. Y nosotras sabemos escucharle. Somos hijas del viento, hechas de AIRE, hechas de magia.

Estamos hechas de FUEGO, nuestros sentimientos son volcanes de emociones verdaderas. Las brujas aman apasionadamente, de forma sincera. Por eso nunca nos conformamos con relaciones a medias, con cariños tibios, con acomodos templados. Sentimos las llamas arder en nuestro interior y sabemos cómo alimentar ese fuego para vivir la vida en toda su esencia. Nos indigna la injusticia y rechazamos la mentira, por eso luchamos por lo que consideramos justo y por el respeto. El nuestro y el de aquellos que no tienen voz para reclamarlo. Puede que a veces no seamos amables ni sepamos adular a aquellos que lo necesitan, pero sí somos amigas justas, leales y, sobre todo sinceras. Sabemos que la vida está hecha para disfrutar cada minuto de ella, para exprimir todo lo que tiene que ofrecer y nosotras lo hacemos intensamente. El  fuego baila una danza con la que nos cuenta leyendas de la creación. Y nosotras conocemos el lenguaje de sus ascuas. Somos criaturas de las llamas, hechas de FUEGO, hechas de magia.

Estamos hechas de AGUA, fluimos por nuestro interior sabiendo que los instintos más puros se mueven en las corrientes de emociones más profundas. Qué nuestros sentimientos más intensos se esconden bajo una superficie calmada y serena, pero  con remolinos, pozos y mareas que nos dicen quiénes somos en realidad. Y que, de esas aguas profundas y oscuras, se nutren nuestros dones, nuestra capacidad para “ver”, nuestra intuición, nuestros conocimientos de otros tiempos, de otras vidas… cuando fuimos otras y a la vez las mismas… De esas aguas nacen nuestros sueños. Y nosotras sabemos que el agua guarda el secreto del Tiempo, que fluye en un río sin principio ni final, eterno y siempre presente y que nos cuenta la Historia de la Humanidad en su rumor constante. Somos habitantes de las profundidades, hechas de AGUA, hechas de magia.

Estamos hechas de TIERRA, la que pisamos descalzas para sentir el pulso del planeta en la planta de nuestros pies. Un latido profundo, vibrante, hondo y grave, que resuena por todo nuestro cuerpo y que nos hace danzar a su ritmo. Un ritmo secreto que sólo nosotras podemos sentir.  Una tierra que nos nutre, de la que nace el alimento que nos mantiene vivas. Somos seres terrenales que miran al cielo, con raíces que se hunden profundo, que nos hacen conscientes de estar formadas por todos los que nos precedieron y cuyos cuerpos retornaron a esa tierra que nos cobija y que nos ofrece todo aquello que nos rodea: nuestros hogares, nuestras tradiciones, nuestras familias, empleos y objetos queridos. Sabemos que la tierra está compuesta de polvo de estrellas cuyo origen se pierde en las inmensidades del cosmos. Y nosotras recordamos que venimos de ellas. Somos criaturas de barro, hechas de TIERRA, hechas de magia.

Estamos hechas de ESPÍRITU, el que nos anima y  hace que nos sintamos vivas. Del hálito vital de la Diosa que nos hace pensantes y, sobre todo, conscientes de nuestra propia existencia. Un alma conectada a todas las demás almas que pueblan este mundo y los otros. Un espíritu eterno que conoce todas las respuestas, guardián de la sabiduría de los tiempos que yace oculta dentro de cada una de nosotras y que brota a oleadas en nuestra mirada, en nuestra risa, en nuestras palabras y en nuestros silencios. Es ese aura que nos rodea y que, aún sin verla, los demás perciben. Es la energía que invocamos en nuestros hechizos y rituales, que se genera dentro de cada bruja. Y nosotras sabemos que es el Todo que unifica a los demás elementos y los dota del poder de la vida. Es lo que se esconde tras el fuego del rayo que nace de la tormenta, compuesta de viento y agua, y que busca a la tierra en su viaje anunciándonos su poder en el sonido del trueno. Somos hermanas de la tormenta, estamos hechas de ESPÍRITU, estamos hechas de magia.

Las brujas estamos hechas de lo mismo que todos los demás seres creados. De Aire, de Fuego, de Agua, de Tierra y de Espíritu.

Lo que nos hace diferentes, lo que nos hace distintas, es que nosotras lo sabemos.

Eso es el “algo más”. Esa es nuestra MAGIA.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Otoño. La estación de la bruja

Rojo otoñal

Rojo otoñal

Este año se retrasa, el verano parece no querer ceder su espacio y se niega a marcharse cuando ya hace tiempo que su época pasó. Siento cierta ansiedad por la espera, un cierto temor a que tarde tanto que, cuando por fin llegue, ya sea demasiado tarde y dure tan poco que apenas me de tiempo a disfrutarlo. Pero mientras espero, lo llamo en mi mente. Lo recuerdo. Lo recreo en mis meditaciones.

El Otoño. Mi querido otoño.  En mi mente veo el sol que cae despacio mientras lo baña todo con una luz dorada única y un repentino soplo de viento frío hace que mi piel, acostumbrada a los días cálidos del verano, se estremezca y mi vello se erice.  Un remolino de aire levanta un puñado de hojas secas del suelo, amarillas, marrones, rojas… llenándolo todo de un estallido de color. El aire huele a la promesa de la lluvia, a castañas calientes entre ascuas, a humo de leña que escapa de las chimeneas e impregna el tiempo durante meses, a manzanas dulces y jugosas y a sidra.

Dentro de mí ha llegado el Otoño. La estación de la bruja.

¿Qué tiene el otoño para afectarnos como lo hace? Muchas personas me comentan que no les gusta, que se deprimen con la llegada del frio y la oscuridad. Sin embargo, la mayoría de las brujas que conozco, yo entre ellas, lo amamos. El otoño es un regalo, y no solo por sus frutos, también para el alma.

Quien no ha paseado por un bosque, un parque o una  arboleda en otoño se pierde una de las más grandes maravillas de vivir en esta tierra. Caminar entre las hojas secas caídas escuchando el sonido tan característico que producen, ese crujido que relaja hasta la última de nuestras células. Dejar volar la mente y disfrutar de la belleza cromática que nos ofrecen los árboles, sumergirse en la vorágine de vida que se produce en los bosques durante estos días: pájaros que cantan al sol que ya se marcha, animales reuniendo provisiones para el invierno y construyendo los refugios en los que se mantendrán cálidos hasta la primavera, el viento cantando la canción de despedida del verano entre las ramas cada vez más desnudas…

Conocer el otoño, sumergirse en él y dejarse llevar por el espíritu de la estación es comprender  parte del Misterio de la Vida. Una vez pasado el momento del estallido de energía y nuevos comienzos de la primavera y la plenitud satisfecha del verano, llega ahora  un tiempo de calma e introspección donde se recogen los últimos frutos, tanto físicos como emocionales.

Es ahora cuando la Madre hace un último esfuerzo y nos regala toda su belleza  en su máximo esplendor. Lo tiñe todo con sus colores más intensos y sacrifica sus últimas fuerzas para crear sus mejores frutos y en ellos entregarnos la vida. Los frutos de otoño están creados para perdurar, guardan dentro de sí una gran cantidad de energía para mantener vivos a sus hijos durante el tiempo estéril del invierno. Los frutos secos, las bayas, manzanas, uvas, setas, etc. Casi todos ellos son alimentos que se conservan durante meses. Son un mensaje secreto para todo aquél que sabe  leer su lenguaje. Nos dicen que resistamos, que aguantemos y tengamos esperanza, que el frio no será eterno,  que pronto llegará la primavera y con ella el calor y la nueva vida.

Actualmente nos resulta más difícil comprender estos misterios. Ahora en cualquier época del año podemos conseguir cualquier cosa que queramos en un supermercado. Fresas en diciembre…, no es de extrañar que la Humanidad haya perdido la conexión divina que tenía con la Tierra, ha olvidado como seguir sus ciclos, cómo apreciar el significado de cada estación y lo que suponen sus frutos para nosotros. Pero en la antigüedad, y hasta no hace mucho, esta relación fue muy íntima y llena de gratitud.

El otoño es el último esfuerzo que hace una Madre por sus hijos cuando apenas le quedan ya fuerzas. Tal vez por eso a tanta gente no le gusta y le deprime. Tal vez, en su interior, hay un reconocimiento atávico de este concepto, donde predomina el sentimiento de pérdida sobre el de sacrificio.

Y es en este sacrificio donde las brujas encontramos la belleza. Una belleza que sobrecoge e inunda el alma. Nos habla de muerte, de un tiempo sin frutos, de unos meses sin luz, sin calor, sin vida… aparente. Pero también nos enseña que no es el final, que es sólo un periodo que pasará, y del que también hemos de extraer una enseñanza. Que la vida continúa, latente, descansando, reuniendo fuerzas para dar lo mejor de sí cuando le llegue el momento de regresar. Es sólo parte de un ciclo eterno, sin fin, del que nosotras formamos parte.

Otoño es un umbral entre los últimos latidos de vida, y la calma y serenidad de la muerte, por eso es ahora cuando el portal se abre. En Samhain celebramos el fin de un año que termina y el inicio de otro que comienza y este cambio se produce con el Velo que nos separa del otro lado más abierto que nunca. Los mundos se superponen y por unas horas, aquellos que marcharon pueden regresar, si así lo desean. Es tiempo de recordarles, agradecerles su existencia y todo lo que aportaron a nuestra vida, pero nunca retenerles. Es tiempo de dejar marchar, de desprenderse, de dejar ir. Empezando por nuestros seres queridos que ahora viajan tras el velo.

Otoño es la estación mágica por excelencia. Dónde la Oscuridad que puebla nuestro interior se despereza y nos pide que le hagamos caso, que nos enfrentemos a ella y que aprendamos a quererla porque tiene mucho que enseñarnos. Durante esas largas tardes-noches cuando nos ponemos las primeras prendas de abrigo y nos estremecemos de placer, cuando sujetamos con manos frías unas tazas con brebajes calentitos y observamos la lluvia caer tras la ventana mientras nos arropamos con una manta,  esos momentos, son regalos de tiempo para dirigir la atención a la persona que más lo merece del mundo, nosotras, y conocernos un poquito más, comprendernos un poquito más, y sobre todo, querernos un poquito más.

Por eso, mis brujas, disfrutemos del otoño mientras dure  y celebradlo como Hijas de la Tierra que sois. ¡Saltad en los charcos y salpicad todo lo que podáis! ¡Haced volar montones de hojas secas por los aires! Dad largos paseos entre los preciosos colores del bosque hasta que tengáis las mejillas arreboladas. Recoged manzanas y probad la deliciosa sidra. Tallad calabazas y celebrad una fiesta de Fin de Año en Samhain con un lugar reservado en la mesa para vuestros ancestros. Recoged hierbas mágicas para tener la alacena bien surtida durante el invierno.

Y sobre todo aprended, de la Tierra, del Viento, de los frutos, de los secretos de la naturaleza tan claros para quienes saben buscarlos…

Pero sobre todo, aprended de vuestra Oscuridad. Tiene mil maravillas que enseñar a todas aquellas valientes que no teman adentrarse en ella. A vosotras.

Feliz Otoño. Feliz Samhain.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Un poco de magia

Naturaleza mágica

Naturaleza mágica

(Por causas personales no he podido actualizar el blog tanto como me gustaría, pero mientras todo vuelve a la normalidad, recupero un antiguo texto publicado originalmente en el blog Liebanizate. Sé que muchas de vosotras no lo habéis leído, así que lo comparto para todas aquellas lectoras nuevas y para las antiguas que quieran volver a recordarlo)

Llego tarde al Sabat. Lo reconozco, soy una bruja impuntual, y cuando llego mis compañeros ya me están esperando. Afortunadamente ésta vez podemos celebrar el ritual al aire libre, junto a un río, en un pequeño claro del bosque.

La oscuridad es total, justo como debe ser, ya que hoy vamos a celebrar un ceremonia de destierro. Es Luna Oscura, el momento anterior a la Luna nueva y el bosque es un conjunto de sombras, pero no tengo miedo. ¿Cómo voy a tenerlo? Es a mí y a otras como yo a quienes se ha temido siempre. Somos nosotras quienes habitamos la oscuridad del bosque. Somos las brujas quienes conocemos los secretos de la Oscuridad. En realidad nunca hubo nada que temer, fueron la ignorancia y los prejuicios los que convirtieron el bosque, la noche y la oscuridad en algo maligno, algo poblado por monstruos, peligros y brujas. Las brujas no son peligrosas, nunca he visto monstruos, y el único miedo que he sentido en los bosques, ha venido de la mano de otras personas.

Antes de comenzar a prepararlo todo cierro los ojos y respiro. Huele a tierra húmeda, a brotes frescos, al perfume de flores nocturnas. El aroma de la noche me envuelve y penetra en mí, me trae el recuerdo de otros bosques, otros ríos, otras magias… fundiéndose con los de esta noche.  Respiro y escucho, oigo el fluir del agua del río, algunos sonidos de ramas mecidas por el viento y pisadas de algún animal nocturno.  Respiro y me siento parte de todo ello. Un habitante más del bosque formando parte de un conjunto natural e indisoluble.

Ahora abro los ojos y elevo la mirada volviendo mi atención hacia arriba. Hacia el cielo cuajado de estrellas, sin luna, hermoso y familiar. Lo he mirado tantas veces… Y recuerdo el lugar que ocupa la Tierra en éste cielo. Tan sólo uno más de los incontables planetas, estrellas y demás objetos cósmicos. Algo tan pequeño… tan perdido en la inmensidad… Pero tan importante a la vez…. Porque nosotros, los seres humanos, vivimos en él. Nosotros estamos aquí. Todas y cada una de las personas que pueblan el globo. Tan pequeñas y perdidas entre millones, tan importantes y únicas sólo por existir…

Mi atención vuelve al bosque, aún conectada a la Tierra bajo mis pies, y al universo sobre mi cabeza. Estoy centrada, entre la tierra y el cosmos. Uniéndolos en mí. Compuesta por los mismos elementos que la tierra y el cielo, parte de ello, pero única como ser.

Es momento de comenzar. Entre todos creamos un altar sobre la tierra y lo cubrimos con velas que darán luz y vida a nuestros propósitos, incienso que elevará nuestras peticiones y nos traerá el recuerdo de otras épocas y lugares, el pentáculo que simboliza el ciclo sin principio ni fin, los cincos elementos que lo componen todo y  otras herramientas de brujas de las que ya os hablaré mas adelante.

Cuando todo está en su lugar, uno de nosotros comienza el ritual creando un círculo alrededor.  Yo me vuelvo hacia el Oeste. Como casi siempre, me toca invocar al elemento agua. Para ello imagino un lago tranquilo y sereno bajo cuya superficie duermen secretos, emociones ocultas, sentimientos negados… a continuación una playa a la que llegan calladas olas que recogen lo que deposito en la orilla y se lo llevan, dejándola limpia y nueva. Visualizo ríos que lavan las riveras, glaciares antiguos y pozas de aguas termales, cálidas y sulfurosas.  Invoco al agua para que ésta noche seamos capaces de bucear en nuestras emociones más profundas e identificar cuales son las que nos perjudican, qué barreras mentales nos ponemos a nosotros mismos y nos impiden avanzar. Qué lastres arrastramos y nos mantienen estáticos, tristes, incapaces de vivir hacia adelante.

Una vez mis compañeros han invocado al Este-Aire, Sur-Fuego y Norte-Tierra,  invocamos a la Diosa, ésta vez en su aspecto oscuro, Bruja Sabia que ésta noche nos ayudará a limpiar de nuestra vida todo lo que ya no necesitamos, lo que nos hiere o bloquea el camino. Nos enseñará a dejar ir todo aquello que nos perjudica pero a lo que nos aferramos desesperadamente. Nos enseñará a dejar marchar, a hacer espacio para todo lo que debe venir. También invocamos al Dios, Señor salvaje de la Naturaleza, para que nos ayude con su fuerza y su empuje. Porque dejar marchar cosas, pensamientos, acciones, personas… a veces requiere mucha fuerza y voluntad.

Los invocamos para despertarlos en nuestro interior, ya que nuestros Dioses no habitan un espacio lejano desde el cual nos observan. No. Los Dioses de las brujas viven en nuestro interior, en la Tierra, en el Universo. Ellos mismos son creación y creadores. Y cada ser humano posee una chispa divina. Cada uno de nosotros lleva parte de su espíritu en nuestro interior. Por eso en los rituales nos conectamos con todo y nos volvemos hacia nosotros mismos para honrar a nuestros Dioses.

El fuego arde dentro de un gran caldero en el centro del círculo y  giramos a su alrededor mientras uno de nosotros crea un ritmo constante con el tambor. Miramos las llamas, purificadoras y vivas, que convertirán en ceniza que se llevará el viento todo lo que nos atormenta. Cada uno lleva en las manos una cestita llena de papeles doblados, en los que hemos escrito lo que queremos desterrar. Miedos, inseguridad, dependencia emocional, culpabilidad, pesimismo, pobreza, furia, ira… Según giramos vamos arrojando los papeles al fuego mientras pronunciamos en voz alta el nombre de aquello de lo que nos estamos liberando. Al nombrarlo lo hacemos real, lo reconocemos y nos hacemos conscientes de ello. También lo compartimos con los demás. Lo vemos arder sintiendo cómo nos abandona, visualizando como es nuestra vida sin ello y nos comprometemos a actuar en consecuencia evitando que vuelva. Hay objetivos de todo tipo: dejar de fumar, tener fuerza para alejar a una persona perjudicial, vencer la desesperación de no encontrar un trabajo, dejar de pensar que todo saldrá mal…

Cada vez giramos más y más rápido y cada uno grita sus palabras más alto, quemamos ruda, romero, angélica y otras hierbas que dan fuerza a nuestros propósitos arrojando puñados que las llamas engullen. Y giramos, hasta que en un momento dado el tambor calla, nosotros callamos y dejamos de girar agotados. Hemos entregado a las llamas regenerativas del caldero lo que nos bloquea y ahora agotados y vacíos compartimos comida, bebida, palabras y confesiones.

Muchas veces bromeamos diciendo que, en realidad, los rituales y ceremonias son sólo la excusa para la comida de después, porque a las brujas les gustan los banquetes. Mucho. Cada una lleva algo preparado por ella misma (cuando el tiempo y la economía lo permite), y son alimentos de temporada, naturales, para recordar que la Madre Tierra nos nutre. Mientras comemos compartimos nuestra vida; qué sentimos, cómo nos van las cosas, cuales son nuestros miedos y esperanzas. Creamos unos lazos de confianza y compañerismo muy intensos. A veces lloramos, y nunca oiréis a una bruja decir: no llores… Al contrario, una bruja te dirá: Venga, llora. Porque las lágrimas limpian y curan. Las de alegría, las de tristeza, las de emoción… todas te sanan por dentro.

Cuando terminamos y recogemos, regresamos a casa. A nuestras vidas cotidianas en las que somos estudiantes, bailarines, maestros, abogados, empresarios, teleoperadores, pasteleros, madres, padres, hijos, parejas… Personas reales que caminamos y vivimos a vuestro alrededor, más cerca de lo que pensáis. Pero regresamos a casa sabiendo que trabajamos para ser personas mejores y para tener vidas mejores.

De camino a casa miro al cielo, oscuro hoy. Pero mañana la Luna será nueva, veremos apenas una pequeña parte de ella, pero será un nuevo comienzo. Las mareas lunares traerán un tiempo de inicios, de llegadas, de cosas que empiezan. Porque vivimos en un ciclo eterno, la Rueda nunca deja de girar y se que he elegido vivir mi vida con optimismo. Al ser consciente de lo que me perjudica tomo fuerzas para cambiarlo y continuar hacia adelante. Esa es la verdadera magia. Ese es el secreto de las brujas, encontrar la fuerza  dentro de ti para cambiar tu vida.

Porque la magia nunca ha estado en otro sitio.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Querida hija (aún) no nacida

Autor de la imagen desconocido

Autor de la imagen desconocido

No sé si tendré hijos, no sé si me dará tiempo. Pero  últimamente y por los momentos personales que estoy atravesando, pienso más a menudo en ello y en la clase de madre que sería y la clase de madre que me gustaría ser. A veces hablo con mi hija no nacida en mi mente. A veces le escribo mentalmente cartas como esta…

“Querida hija

Dudo  antes de traerte a este mundo. Adoro tanto la vida que saber que un día terminará supone un sufrimiento para mí, por eso no quiero crear a una persona que tendrá que enfrentarse al hecho de que algún día tendrá que morir. Pero si en algún momento llegas a estar aquí… Tal vez sea para que ames la vida tanto como yo. Para que puedas tener momentos perfectos, de total felicidad en los que todo tiene sentido y pienses: merece la pena. Tal vez porque en el fondo soy egoísta y quiero perdurar de alguna manera… aunque sea mi ADN. O en el recuerdo de alguien que sepa que existí cuando yo ya no esté…

Pero si llegas a nacer, sé exactamente lo que te diría. Sería algo así: cada vez que miro tu cara me pregunto quién serás. Qué clase de mujer llegarás a ser. En qué clase de persona te convertirás. Por mi parte haré lo posible porque seas libre. Has nacido de una bruja. De una mujer que siempre supo cual era su lugar en el mundo y que hará lo posible para que tú puedas buscar con total libertad el tuyo.  He recorrido el camino de las que siguen a la Diosa dentro de sí mismas y sé la maravilla que se esconde en el corazón de una mujer cuando se permite a sí misma serlo. Por eso, siempre respetaré tus decisiones. Intentaré no imponerte nunca mis ideas. Te ayudaré a encontrarte a ti misma en tu camino, no en el mío.

Sé que soy tu madre, pero nunca tu dueña. De persona a persona, respetaré tu vida por muy diferente que sea de la mía. Ya que yo tomé la decisión de dártela, dejaré que seas tú quien decida como vivirla. Sé que habrá momentos en los que estaremos más unidas que otros, pero en todos te querré. Te enseñaré desde niña a no dudar nunca, jamás, de mi amor ni del amor de quienes te rodean. Te enseñaré a quererte desde el principio, para que nadie nunca pueda  hacerte pensar que no mereces ser amada. Te enseñaré a rodearte de personas fuertes, con una autoestima sana, que nunca intenten destruir la tuya para sentirse superiores cuando lo consigan. Te enseñaré a defenderte cuando sientas que intentan infravalorarte. Te haré crecer sabiendo que nadie es más que tú, pero tampoco menos.

No podré protegerte siempre. No podré evitar que durante el transcurso de tu vida te mientan, te traicionen, te rompan el corazón… pero espero poder enseñarte a ser fuerte para superarlo, y a ser valiente para intentarlo de nuevo. Espero poder enseñarte a ser una mujer íntegra y comprender que aunque los demás se porten mal contigo, tú debes seguir siendo honesta y sincera. Nunca pagues daño con daño, porque serás tú quien más pierda con ello. Aléjate de quienes te hieran, déjalos ir en paz y nunca tendrás que arrepentirte de nada. Ni culparte de nada. Te enseñaré a pedir perdón cuando hieras a alguien y a perdonar cuando te hagan daño. Te enseñaré a hacer valer tu lugar en el mundo, un lugar merecido desde el mismo momento en que el que llegues a él. Te enseñaré a no agachar la cabeza ante nadie. Te enseñaré a defender tus ideas cuando tengas razón y a reconocerlo con humildad cuando no la tengas.

Te prometo intentar darte una niñez feliz, que asiente los cimientos de la adulta que serás algún día. Intentaré que crezcas sin amenazas ni chantajes.  Intentaré escucharte sin juzgar e intentaré no enfadarme ni frustrarme cuando piense que te estás equivocando. Intentaré decirte siempre la verdad y ser objetiva contigo. Te corregiré cuando te portes mal y te elogiaré cuando te portes bien.

No habrá creencias en castigos por ser mujer. Por ser feliz. Por ser libre. No habrá fuego eterno ni condenación para ti. No habrá pecado original. Por el contrario, te ofreceré la Tierra. Vivirás las estaciones conscientemente. Aprenderás a reconocer sus ciclos en ti. Te enseñaré el viaje de la Luna y celebraré contigo el día en que tu cuerpo empiece a fluir con sus mareas. Te enseñaré a celebrar la vida, no a temerla ni a sufrirla. Este viejo planeta no es un valle de lágrimas, sino una celebración continua. Te mostraré que la vida es lo que tú decidas que sea, dentro de las experiencias que te toque vivir. Te enseñaré a bailar con el mar y a entender el lenguaje del viento en los árboles. Te enseñaré que eres hija de la Tierra, no su dueña. Te enseñaré que no existe el pecado. Te enseñaré los caminos de la magia y de las brujas si así lo deseas, te enseñaré a vivir entre los mundos disfrutando de lo mejor de ambos si así lo decides. Te enseñaré a defender tu condición de mujer y defender a otras que lo necesiten. Y cuando elijas tus propias creencias, o no tenerlas, respetaré tu decisión. Y si decides explorar otras religiones, otros caminos espirituales, te facilitaré el camino. Porque será el tuyo, no el mío.

Te he prometido intentar todo esto porque no puedo prometerte  hacerlo. No voy a mentirte, y sé que la verdad es que no soy perfecta. A veces me equivocaré. A veces no sabré qué es lo mejor para ti. A veces estaré perdida y dudaré sobre cómo actuar… Pero siempre intentaré ser una buena madre. Siempre te diré la verdad porque quiero que tengas a alguien en quien puedas confiar plenamente, y ese alguien quiero ser yo. Y quiero que siempre confíes en que te querré seas como seas. Así, libre, única, tuya… no mía.

Querida hija (aún) no nacida. Si algún día llegas a esta vida, espero que sea larga. Espero que sea libre. Espero que sea feliz. Espero que a pesar de saber que un día terminará, tengas momentos de felicidad inmensa y pienses:

merece la pena.”

Y si tengo un hijo…

Bueno…

Esa es otra carta.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Qué es una bruja?

Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

Hace unos años, en uno de los foros en los que participaba surgió esta pregunta.  ¿Qué es una bruja?

Y esta fue mi respuesta. La he revisado y pulido un poco, pero  aunque haya pasado tiempo, sigo pensando lo mismo.

Para mí una bruja es una buscadora.

Buscamos la VERDAD. Una verdad que intuimos y que es única para cada una. No nos sirven las verdades masticadas, manipuladas, etiquetadas y completamente artificiales que nos ofrecen por todas partes. Buscamos la nuestra, y para ello debemos vivir, experimentar, investigar, estudiar, comprender y amar la vida, pero a nuestra manera.

      Buscamos el SABER, porque no nos conformamos con una sola respuesta, las queremos todas y que nuestra alma decida cual es la que reconoce como real. Por eso las brujas no desprecian ni rechazan ninguna cultura. Las estudiamos todas porque en todas las mitologías e historias del planeta yace la sabiduría, y honramos a aquellos que la conservan y comparten, incluidas nosotras mismas.

Buscamos la FELICIDAD.  No queremos una vida a medias, rutinaria y vacía, cuando sabemos que podemos hacer de cada día de nuestra vida algo especial y mágico. Buscamos cómo hacer felices a los que amamos. No nos conformamos con un cruce de palabras de vez en cuando o cubrir las necesidades básicas, queremos sus risas y caricias.

Buscamos el AMOR de verdad. No vivir la vida junto a alguien que no nos llena del todo sólo por no estar solas.  Si somos capaces de imaginar un amor intenso, apasionado, honesto y sobre todo sincero, es porque existe.  Y lo queremos.

      Buscamos la LIBERTAD de ser quien somos. Lo que somos. De expresar lo que pensamos, sentimos y soñamos sin miedo a represalias. Sin miedo a ser rechazadas, insultadas o tomadas por locas sólo por tener unas creencias y forma de vida diferentes, porque una bruja es, ante todo, libre.

Y sobre todo somos buscadoras porque, tras cada esquina, tras cada desconocido, tras cada simple acto rutinario, se esconde la MAGIA, la Diosa, y ese mundo interno que creamos cuando usamos todo lo anterior, y que cada una proyecta al exterior. Y cuando nos reunimos unas cuantas llega incluso a modificar el paso del tiempo. Algunas sabéis de lo que os hablo.

Buscamos una conexión sagrada con la NATURALEZA, con la madre que nos nutre y provee. Buscamos acompasar el latido de la Tierra con el de nuestro propio corazón y comprender que nuestros ciclos vitales son sólo el reflejo de los suyos. Y que año tras año, estación tras estación, nos muestra la forma de entender el misterio de toda vida, y que ese misterio ha estado en nuestro interior desde siempre. Buscamos mirar hacia arriba y reconocer en la Luna una compañera en nuestro viaje femenino a través de los ciclos de nuestro cuerpo y mente. Siempre la misma luna, siempre la misma mujer, diferentes facetas, diferentes estados emocionales para acompañar un proceso mágico.

Y el que busca, encuentra.

      Y particularmente, en mi caso, soy bruja y buscadora porque no puedo ser otra cosa, no hay más opciones. Porque si no fuera bruja o decidiera no serlo (cosa imposible) ya no sería yo. No sé qué, quién o cómo sería, pero me alegro de no tener que descubrirlo nunca.

¿Y tú? ¿Qué es para ti una bruja?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La llamada del Mar

Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

Siempre ha habido un vínculo muy potente entre las brujas y el océano, y la magia marina nos ha acompañado desde el principio de nuestra Historia. Y yo no iba a ser la excepción. El mar me llama a gritos a través de mis sueños. A través de mi sangre.  Me llama para que regrese junto a él, a casa… Sé que no soy la única bruja con esta conexión.

Mi mar no es ése que lame suavemente las orillas de arena blanca y cuerpos que se tuestan lánguidamente al Sol. No. Mi mar es ése que se estrella eternamente contra altos acantilados de roca negra y vegetación verde.  El salvaje, el mar embravecido de crestas blancas, el peligroso. El indomable. El que riza mi pelo volviéndolo tan ingobernable como él. El que se mete tan profundamente en mí que durante las noches sigo escuchando su latido en mis oídos. El que nos muestra la furia del elemento de la naturaleza que la Humanidad no puede doblegar. El que hace que un estremecimiento de placer me recorra por dentro cuando estalla una tormenta y la lluvia, los truenos, los rayos y las olas enormes dan muestra de su poder desatado.

Nací lejos de él, pero sé que en algún momento de la Historia mis antepasados fueron gentes del mar. Y mi sangre grita cada vez que regreso. Estoy completa cuando paseo por la orilla rocosa, con el viento despeinando mis rizos locos por la humedad, las gaviotas cantando sobre mí y el salitre salando mis labios mientras aspiro su olor para grabarlo a fuego dentro y poder recordarlo en los meses en los que estaré lejos.

Y durante esos meses me basta con cerrar los ojos para rememorar, para escuchar el rumor de las olas y casi sentir las salpicaduras del agua en la cara. Y recuerdo una noche del verano pasado en la que me sentí plena, feliz, parte de todo allí junto al mar. Fue una noche de julio, en Llanes, Asturias.

Acantilados de Llanes

Acantilados de Llanes

Bajamos al atardecer a la cala porque J. quería hacer una fotografía de exposición nocturna en la orilla. Mientras anochecía y él colocaba la cámara y hacía los cálculos de luz, yo caminé lentamente a lo largo de la orilla persiguiendo las olas que se retiraban muy despacio según bajaba la marea.

No había luna, así que pronto el cielo empezó a cuajarse de estrellas. Yo tracé un círculo muy grande a mi alrededor y empecé a mecerme dejando que toda la energía del momento penetrase en mí.  Sentía el pulso de la Tierra a través de mis pies descalzos moviéndose en la arena. Un suave viento nocturno acariciaba mi piel mientras el agua helada  cubría mis tobillos. Y el ritmo de la Tierra me llenó por completo y empecé a bailar, salpicando el agua en todas direcciones. La música de la noche guiaba mis pasos, torpes y desmañados, pero míos. Nunca se me dio bien bailar siguiendo pasos marcados, no tengo ese don. Pero para danzar con el mar, con el viento y la Tierra no lo necesito. Sólo cierro los ojos y me permito ser yo. Me dejo llevar, me muevo y danzo, a mi manera, sintiendo  la magia.

En uno de los giros miré hacia arriba y, surcando el horizonte, vi una estrella fugaz que recorrió todo el cielo acompañándome en mi danza. Y en ese momento estuve completa. Tierra de la playa, Agua del Mar, el Aire de la brisa marina y  el Fuego de la estrella cerraron el círculo. Fue un momento de éxtasis, de euforia y felicidad plena. Y al contrario de lo que le ocurre a mucha gente, allí, aquella noche en la playa, bailando con el inmenso mar bajo un inmenso cielo y pisando la Tierra que me nutre y de la que estoy hecha, no me sentí pequeña. Por el contrario, me sentí grande. Me sentí única. Me reafirmé como Hija de la Tierra, y además supe que ella me reconocía y me sentí amada. Por mí, por la Tierra, por el mar. Mi mar.

Hace casi un año que estoy lejos de él. Pero anoche soñé que me llamaba. Y el agua que recorre mi cuerpo responde a esa llamada. No sé cómo ni cuándo, pero pronto regresaré a casa y una o muchas de esas noches de verano, volveré a danzar con él. Con el Mar, la Tierra, el  Aire y El Fuego de las estrellas brillando sobre mi.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Danzando con Ishtar

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Hace poco organicé una despedida de soltera pagana. No sé si se han hecho más, no tengo noticia de ello, así que cuando la novia, H, (una de mis mejores amigas desde hace muchos años y pagana también) me lo pidió dudé por unos momentos. No me gustan las despedidas de solteros, ni masculinas ni femeninas. Es una opinión personal, claro, pero no me gustan. No entiendo el por qué de muchas de las cosas que se hacen en ellas. Pero H me explicó que no quería nada de lo habitual, no quería una gran juerga con alcohol, ni temática sexual, ni streapper, ni nada de lo que se suele hacer. Por eso me lo pedía a mí. Quería una despedida que significara algo, un rito de paso, algo espiritual que le preparase para el gran paso que iba a dar.   Emocionada, dije que sí.

Y me puse a prepararla. Hablé con mi amiga, para que fuera exactamente lo que ella quería y acordamos que sería una celebración del amor. No se despedía de la soltería, de la libertad, de un tipo de vida que se acaba… En estos tiempos ya no tiene sentido. Convivimos (la mayoría) con nuestras parejas durante un tiempo antes del matrimonio y muchos ya ni siquiera se casan. Ya vivimos como matrimonios, nuestra vida no cambia, por lo que no nos despedimos de nada. El matrimonio es una confirmación de esa vida, un sello de ratificación para quién lo desee. Así que llegamos a la conclusión de que la ceremonia giraría en torno a la celebración del encuentro del Amor. Se despedía, sí, pero de la soledad, de caminar sola, de ser una frente a todo. Celebraba que había encontrado a su compañero, que seguiría caminando su propia vida, independiente y única, pero compartiéndola con otra persona que caminaría a su lado, de su mano, siendo su apoyo, su confidente, su cómplice, su amante y su amigo.

Tardé un tiempo en organizar mis ideas. En el grupo de mujeres, y un hombre, que nos acompañaría, el número de no paganas era mayoría. De 9, sólo tres seguimos el camino de la Diosa. Tenía que hacer algo que ellas comprendieran para poder integrarse en la ceremonia, y como a casi todos nos gustan las historias, decidí hacer exactamente eso. Contarles una historia. Y bailar. Nada te hace conectar contigo misma y con la energía femenina tanto como bailar.

Alquilamos una casa rural para el fin de semana (preciosa, Navalespino, Santa María de la Alameda, muy cerquita del Escorial) y para allá nos fuimos las 9, más Camila, la perra más entrañable del mundo. Los primeros momentos las fui observando, la mayoría me conocían de antes, otras no. Pero todas me miraban con expectación. Sabían que harían algo nuevo, que lo que iban a vivir no lo habían vivido antes y esas experiencias vendrían de mi mano, creo que me miraban como a algo nuevo, aunque fuese la de siempre. Yo también estaba algo nerviosa, dirigir un ritual conlleva bastante responsabilidad cuando se hace con otros paganos, así que en este entorno era aún más complicado. Por supuesto tenía dudas: ¿Sería capaz de integrarlas en la ceremonia? ¿Comprenderían la trascendencia del momento? Todo iba a ser muy sencillo y nada elaborado, aunque ¿Y si no había acertado con lo que tenía preparado? Pero ya era tarde para pensarlo más, dejé las dudas a un lado y me lancé.

Hay muchas mitologías en el mundo, muchos mitos relacionados con la Diosa y el Amor, pero fue Ishtar quien vino a mí y, aunque no es una diosa del matrimonio, me pidió que contara su historia.  Ishtar es la Diosa mesopotámica del Amor, la Guerra, la Vida y la Fertilidad entre otros atributos, y tenía una hermana, Ereskigal, Diosa del Inframundo y la Muerte. Cuando Tammuz, esposo de Ishtar, muere, ella va en su busca para arrebatarle a su hermana sus poderes sobre la Vida y la Muerte y devolverle la vida, pero cuando llena de orgullo pretende entrar en el Inframundo descubre que allí no puede llevar nada del mundo superior, por lo que debe desnudarse. Ishtar debe atravesar 7 puertas para llegar hasta su Amor, por lo que se va deshaciendo de sus joyas y ropajes, dejando una prenda en cada una de ellas. Finalmente consiguió llegar hasta Ereskigal, pero despojada de todos sus poderes y atributos, de toda su majestad y divinidad, por lo que su hermana la mata. Pero sin ella, la tierra languidece, y los Dioses crean a un ser capaz de entrar y salir del reino de la oscuridad a su antojo, que baja a rescatarla y consigue llevarla a la vida de nuevo, a la luz, reunida con su esposo.

Primero les conté la historia, y después les expliqué la metáfora que se esconde tras el cuento y el por qué de recordarlo en una despedida. Todas tenemos una parte de nosotras mismas que guardamos en nuestro interior. La Sombra, todo aquello que no nos gusta, nuestros rasgos menos “luminosos”, defectos, secretos, experiencias que queremos olvidar, pensamientos que nos avergüenzan y que mantenemos escondidos de los demás, y de nosotras mismas. Pero tan parte nuestra como todo lo que nos agrada y mostramos de frente. Somos quienes somos debido a la unión de ambas partes. Ishtar y su hermana Ereskigal son dos caras de la misma Diosa, una luminosa y creadora y otra oscura y aterradora. Pero ambas la misma mujer.

Tammuz es la parte masculina que todas tenemos, arrebatada por la Sombra ya que siempre se nos ha dicho que los rasgos que representa no son propios de la mujer. La valentía, el coraje, la independencia, la fortaleza, la sed de conocimiento, la seguridad en uno mismo… Son  rasgos que la Sombra considera varoniles y los mantiene escondidos. Históricamente a la mujer se le ha educado para ser dulce, sensible, frágil, amorosa y dependiente, y cualquier rasgo de rebeldía ha sido duramente censurado y la mujer que presentaba estos rasgos acusada de hombruna o marimacho. Pero todas sabemos que la mujeres no somos frágiles, no somos dependientes por naturaleza. De hecho las mujeres somos seres muy fuertes, muy valientes e inquisitivas. Interesadas en el conocimiento y el saber. Por eso Ishtar, para estar completa, debe recuperar estos aspectos de la personalidad enfrentándose a su hermana, su  Sombra. Recuperando su totalidad conociendo y aceptando su oscuridad como algo inherente a ella, solo de esa forma puede la mujer compartir su vida con otra persona, conociéndose totalmente para ofrecer al otro todas sus partes, unidas.

Pero para conocernos realmente a nosotras mismas, debemos hacerlo despojadas de las mascaras con las que nos cubrimos para ocultar la verdad. Desnudas. Por eso Ishtar, para entrar en el Inframundo (su propio mundo interior) debe desnudarse. Las mascaras no sirven de nada allí ya que nos enfrentamos a nuestro verdadero yo, a quien ha creado esas mascaras y sabe que son falsas, y lo más importante, sabe lo que realmente se esconde debajo. Y ese ser capaz de moverse entre los mundos, entre la luz y la oscuridad, es la mujer nueva y completa que resulta de unir todas las partes que nos conforman.

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Dicen que esta leyenda es el origen de la famosa Danza de los 7 Velos, así que tras contarles esta historia donde les guié a su interior, pedí ayuda a V. que tiene conocimientos de Danza del Vientre, y aunque no es exactamente lo mismo, puse a las chicas a bailar envueltas en la esencia de Ishtar. Les hice conectar con sus caderas, con la sensualidad de los movimientos de su cuerpo, las hice cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Envueltas en largas faldas y pañuelos anudados a las caderas, giramos por la sala moviéndonos al son que nos marcaban nuestros propios ritmos internos. La atmosfera se fue cargando de la energía creada entre todas, y poco a poco el baile fue incrementando el ritmo y la intensidad, por lo que evolucionó de danzas orientales a ritmos celtas, que provocaron las risas, la euforia y la alegría. Incluso en uno de los giros, al volverme, descubrí a Camila de pié sobre sus patas traseras, con las delanteras en las manos de su dueño, J, bailando y girando como una más de nosotras. Me reí alto y fuerte. Feliz. Nos reímos todas.

Después tuvo lugar el corazón del ritual, que mantengo en secreto entre H y yo, ya que fue algo muy íntimo y muy profundo, transformador. Y creo que le pertenece solo a ella. Un instante en el que comprendió cómo y por qué había llegado a ese momento siendo quién era, y lo que había aprendido en el camino.

Las chicas, mientras, fueron tejiendo el cordón nupcial con el que yo misma ataría las manos de los novios, ya que también oficié el matrimonio. Y al día siguiente, realizamos otra ceremonia donde, entre todas, cosimos al cordón amuletos, colgantes y pequeños objetos personales que para cada una de nosotras simbolizaban el Amor, y fuimos explicando la historia de esos objetos, su significado y su importancia. También le explicamos a H que se los regalábamos porque queríamos que todo ese Amor formara parte de su vida.  Entre lágrimas de emoción, finalizamos con una ronda de cartas del Oráculo de las Diosas, que nos provocó aún más lágrimas de emoción, tristeza, reconocimiento, confirmación… y un sentimiento de unidad que aún perdura, porque las chicas me están pidiendo más reuniones.

Fue un fin de semana mágico, no sabía dónde me metía, pero sí sé de donde salí. Y ahora puedo decir que lo haría mil veces, me encantó celebrar una despedida de soltera, eso sí, pagana. Y espero que no sea la última.

Hyedra de Trivia

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