Regresa en Junio Viaje al Corazón. Hechiza a tu corazón de cara al verano

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Se acerca el verano y nuestras ilusiones y esperanzas se disparan, ¿verdad? Es casi como si una parte de nosotras volviera a ser niña y esperara con ansias esos días de luz, de libertad y horas interminables que llenábamos con risas, juegos y mejillas radiantes de sol. El verano era el momento de explorar. Explorábamos el pueblo, los bosques cercanos, la playa, el mar… explorábamos nuevas relaciones, nuevas amistades o antiguas que sólo veíamos durante esos meses o días. También nos explorábamos a nosotras mismas, dejábamos de ser niñas para convertirnos en pequeñas mujeres que jugaban a ser mayores, descubríamos nuestros primeros amores de verano… nuestros primeros besos… nuestras primeras despedidas entre lágrimas y promesas de recordarnos siempre…

El verano es la época del amor, de la magia de la libertad y de los corazones llenos de sol. Y aunque no todas tenemos ya la oportunidad de pasar un tiempo en el mar, o en el pueblo o en el bosque, sí podemos llenar estos días de la magia del amor y de vuestro corazón de bruja.

Por eso, antes de irnos de vacaciones, he pensado en ofreceros de nuevo este taller: VIAJE AL CORAZÓN, UN AMOR EMBRUJADO. Para que, estemos donde estemos y tengamos la edad que tengamos, sanemos viejas heridas y vivamos este verano enamoradas de la vida, de nuestro futuro y de nosotras mismas.

¿Me acompañas en este viaje hacia tu centro para encontrar allí al amor de tu vida?

Te cuento como será el viaje:

Es un taller de cuatro semanas de duración, totalmente online y dividido en tres bloques. Tres viajes en espiral que nos llevarán a encontrarnos con el amor de nuestra vida, el más importante en la historia de una bruja. Nosotras mismas.
Los lunes viajaremos en la espiral que nos conduce al centro de nuestro corazón, recordando nuestra historia y nuestros amores pasados, aquellos que nos convirtieron en lo que somos hoy día y aprenderemos a entenderlos, sanarlos, perdonarlos si hace falta y dejarlos ir si es necesario.
Los miércoles viajaremos en una espiral ascendente que nos llevará hasta las historias de Diosas cuyo amor cambió el mundo, o el verdadero sentido de los cuentos de hadas, y descubriremos cómo esas historias siguen manifestándose en nosotras y cómo podemos encontrar a esas Diosas en nuestro interior y en nuestra vida.
Los viernes viajaremos en una espiral hacia nuestro exterior, llevando con nosotras todo el amor y la magia que viven en nuestro corazón hacia fuera, para convertir cada momento de nuestra vida en una historia de amor con nosotras mismas. Realizaremos prácticas, rituales y hechizos para sanar nuestro corazón herido, hacerle un sitio especial al amor en nuestras vidas y enamorarnos cada día un poquito más de nosotras. Crearemos una historia de amor embrujado, entre una bruja y su vida de leyenda.
Para ello, crearé un grupo secreto de facebook donde cada lunes, miércoles y viernes subiré textos y podréis comentar, compartir y consultar todo lo que queráis. Es totalmente online, así que cada una trabajará a su ritmo, desde donde quiera y según el tiempo del que disponga. Yo publico por la mañana, pero vosotras podréis participar a la hora del día que mejor os venga.
El taller dura 4 semanas, del lunes 5 de junio al viernes 30.
Si estás interesada avísame para reservar tu plaza 🙂
IMPORTANTE,  INSCRIPCIONES ÚNICAMENTE ESCRIBIENDO A: hyedra.deduir@yahoo.es
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Esa clase de brujas

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No me busques cuando necesites atar a ti a una persona contra su voluntad y su amor. Si sientes tal pasión que estás dispuesta a pisar sobre su libertad y sobre su derecho a elegir a quién ama, no me busques.

No me busques si quieres retener a un amor muerto, si quieres que regrese quien un día se marchó porque había llegado su momento. Si quieres que renuncie a sus sueños futuros por quedarse a tu lado en su tristeza.

No me busques si para tener lo que deseas quieres romper un vínculo sagrado formado por otros amantes, si quieres separar corazones por capricho del tuyo, helado. Si crees que tu deseo es más fuerte que el amor de otros, no me busques.

No me busques cuando tus ansias de atención exijan las noches de insomnio de otros, cuando necesites habitar una mente sin descanso, cuando reclames cada latido de un corazón que no nació para latir por ti. Cuando pidas que otro te ame hasta el punto de dar su vida por ti mientras tú no respetas su existencia.

No me busques para vengarte por afrentas o despechos con los que no has sabido lidiar, para cerrar caminos, para cegar corazones, para causar sufrimiento a cambio de orgullo. No me busques cuando en lugar de la sabiduría escojas la violencia.

No me busques para enterrar tu dignidad en un amor forzado, creado por hechizos malditos que convierten a personas en esclavas. Que ponen cadenas en aquellos destinados a otros brazos. No me busques cuando tu falta de amor por ti, te haga conformarte con migajas robadas.

No me busques cuando envidies los pasos de otros y quieras cambiarlos por los tuyos, no me busques cuando quieras destruir, apropiarte y suplantar el lugar de otros en el mundo. No me busques si otras vidas te parecen mejores que las tuyas y tu odio demande su desgracia.

No me busques cuando rechaces las oportunidades que se te han dado, cuando te conviertas en odio inútil, en envidia sangrante, en alguien sin esperanza. Cuando tus deseos te arrastren hacia los actos más viles, la esclavitud de quien dices amar, la violación de su espíritu, tu tiranía sobre decisiones de otros y la destrucción de pactos ajenos.

No me busques cuando tu propia alma esté sucia, enfangada por tus deseos y tu amor envenenado. No me busques para que mi magia te ayude a cumplir tus deseos de persona perdida y desesperada.

No. No me busques para destruir tu dignidad de mujer, porque no soy esa clase de bruja.

Búscame cuando quieras recordar la grandeza de un alma humana. Cuando quieras aprender a seguir las huellas de la Diosa en los caminos de la Historia.

Búscame cuando necesites recordar que tú misma ya eres magia y quieras encontrar el camino de vuelta a Ella. Búscame cuando quieras desplegar tus alas y volar en la libertad del viento mientras tu corazón recuerda que el amor más grande es el que nace por su propia voluntad. Cuando quieras encontrar tu lugar entre las criaturas de la naturaleza y descubrir que estás hecha de esperanza.

Búscame cuando te sientas valiente para bajar al centro de tus Sombras y te preste mi voz para guiarte de vuelta. Cuando quieras amar al reflejo del espejo y no temer a quién te devuelve la mirada, esa parte de ti que sabe… que viaja entre mundos, entre tiempos, entre velos.

Búscame cuando decidas tomar las riendas de tu vida, de tus sueños, de tus decisiones y fracasos. Cuando quieras aprender a bailar con las mareas de la luna y recuperar tu poder de mujer de bosque, de piedra, de corrientes y montañas. Cuando sueñes con el conocimiento que un día fue nuestro.

Búscame cuando quieras ser tan libre, que lo primero para ti sea la libertad de otros. Cuando quieras amarte tanto y tan fuerte, que nunca aceptarás caricias falsas, amores prestados, abrazos distantes. Cuando quieras descubrir lo que se esconde en los umbrales y las fuerzas que puede crear tu voluntad.

Búscame cuando sientas que quieres re encontrarte con el misterio que eres, mujer, y ayudar a otras a recordarlo. Cuando quieras despertar al animal salvaje que dormita en tu interior. Cuando quieras recorrer el antiguo camino de las sabias que vivieron antes que nosotras y perpetuar su legado. Cuando necesites hundir tus raíces en lo profundo de la tierra y extender tus brazos hacia las estrellas.

Búscame. Búscame entonces, porque soy de esa clase de brujas.

Hyedra de Trivia

Encontrando el camino

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Muchas de vosotras me escribís y me preguntáis cómo podéis saber cuál es vuestro camino. Saber si estáis en el lugar en el que tenéis que estar, en el sitio para el que habéis nacido, el momento de vuestra vida para el que lleváis años preparándoos. Nadie mejor que vosotras puede saberlo. Nadie puede deciros cual es vuestro camino salvo vosotras

En este mundo, lleno de tradiciones distintas al alcance, con Dioses con todo tipo de nombres en todo tipo de idiomas y en todo tipo de lugares, y con Diosas que nos recuerdan que venimos de una sociedad muy antigua donde la cultura era distinta y el orden jerárquico y social también era distinto, solo tenemos que acallar nuestra mente y dejar que nuestro corazón responda. A veces hay palabras que pasan por nosotras como si no tuvieran significado, apenas un conjunto de sílabas, apenas algo para designar nombres que no nos hacen sentir nada. Y sin embargo hay otras… a lo mejor una forma de unir los sonidos, a lo mejor un idioma que ni siquiera conocemos pero nos hace sentir nostalgia, o nombres más nuestros que los que nos impusieron al nacer, hacen que algo en nosotras responda. Otras veces una nota de música, o una simple tonada, nos hacen llorar de alegría o de tristeza. A veces un paisaje, a veces el nombre de una deidad casi olvidada, de una cultura apenas recordada. A veces la mirada de otra persona con la que nos cruzamos en la vida, de la que no sabemos nada y de la que nunca más volveremos a saber nada. Pero el momento en el que nos cruzamos, el momento en el que nos miramos, se abre un mundo, se abre una puerta a otras vidas, a otras historias, a otros pasados y casi, por un instante, podemos recordar quién fuimos en todas y cada una de nuestras vidas.

Cuando sientes que estás en el punto de tu vida en el que todo está en tus manos, donde eres tú la que controla las riendas, la que decide. Cuando las enseñanzas que recibes o encuentras despiertan recuerdos dormidos en ti. Cuando te sientes por fin en casa, ese es tu camino. Cuando percibas que no es la primera vez que haces algo y además recuerdes casi con facilidad las otras veces que lo hiciste, en ese momento sabrás que estás en la senda adecuada.

Y es bueno que sepáis que esa senda no es una sola vía, recta y sin bifurcaciones. Hay senderos que se cruzan, hay pasos, hay atajos. A veces simplemente se adivinan, otros son muy claros por todos los pies que los han caminado antes. A veces nos damos la vuelta y no encontramos el camino por el que vinimos, y a veces miramos hacia delante y tampoco somos capaces de vislumbrar alguna vereda por la que avanzar, pero, en estos casos cuando no encontramos ningún camino a seguir, el mensaje es muy claro: nosotras debemos hacerlo.  Son nuestros pies, al avanzar uno delante del otro, los que abren el camino. Y lo crean. Tal vez para que lo sigan otros, tal vez solo para nuestros pasos, pero el conocimiento de hacia donde debemos dirigirnos y por dónde, siempre está en nosotras.

Me preguntáis si el camino de la bruja es para vosotras. No lo sé. Hay muchos caminos de la bruja, hay muchas formas de ser bruja, hay muchas brujas que ni siquiera saben que lo son. No puedo decirte si ese es tu camino, no puedo decirte si estás en él, o si no lo estás, o si lo estarás un tiempo para luego tomar otro, o si has llegado a él para quedarte. Eso es algo que sólo puedes saber tú. De todas formas, tampoco es importante conocer ahora cuál es tu camino, lo importante es saber que está ahí, lo importante es saber que, mañana, tomes la dirección que tomes, el camino se abrirá a tus pies y que, cuando sea el tuyo, lo reconocerás sin dudarlo.

Yo imagino que atravieso un bosque, mi vida es un bosque, hay senderos que se pierden entre los árboles que parten del camino principal que es mi existencia. En el horizonte siempre está Ella, la Gran Madre. Detrás de mí, el origen de mis pasos también se pierde en Ella. Y a lo largo de ese camino me encuentro a personas, me encuentro objetos, vivencias y experiencias rodeadas de magia, porque la magia brota de mi e impregna todo lo que me rodea haciéndolo especial y único, haciéndolo mío.

De vez en cuando tomo un sendero diferente que se pierde entre la floresta y abandono la vía principal, pero una vez lo he abandonado y he optado por seguir otro, ese se convierte en el camino principal de mi vida. Volveré a abandonarlo más adelante, tal vez incluso alguna vez tome un recodo que me lleve de nuevo al camino original. A veces acabaré tan lejos de aquel antiguo primer sendero que apenas será un recuerdo, casi ni sabré si alguna vez caminé de verdad por él o fue solamente un sueño.

Lo único que sé con seguridad es que no me detendré mucho tiempo. La única opción que el camino no nos permite es estar quietas, porque cuando nos detenemos y dejamos de avanzar, el camino desaparece. Y entonces es el miedo, la indecisión, la desconfianza lo que nos mantiene prisioneras.

No necesitamos grandes fortunas para recorrer nuestros caminos, no necesitamos la compañía de otros o su permiso, ni que aprueben la dirección de nuestros pasos. Sólo necesitamos nuestra voluntad y nuestros pies. Cuando lleguemos a alguna intersección, a alguna encrucijada, sólo tenemos que respirar hondo, acallar la mente y confiar en nuestro instinto. Y elegir aquel que no podemos dejar de mirar.

Si algún día te sientes incomoda, si al caminar te encuentras con demasiados obstáculos que te quitan más de lo que te dan, si sientes como si unas garras intentasen aferrar tus tobillos, tus ropas, tus cabellos para impedir que avances. Si al mirar hacia el horizonte de esa senda solo ves un futuro negro, oscuro y desolador, entonces sabrás que no es el tuyo. Toma el primer sendero que salga, la primera salida que veas, aunque no haya una vía visible marcada en el suelo, y escapa. Escapa hasta que encuentres el tuyo.

También puede ocurrir que sientas la llamada de muchos. Puede que seas una buscadora, una creadora de mapas de caminos mágicos. Puede que un día estés en uno, y al día siguiente en otro y al día siguiente en otro distinto para descubrir que has creado un nuevo camino propio, con un relieve marcado por muchos paisajes, por muchas compañías, por muchas enseñanzas… Tal vez al llegar a la vejez permanezcas sólo en uno, o tal vez continúes siempre así, buscando en distintos senderos. Pero si hay algo que he aprendido sobre los caminos por los que transitamos en nuestra vida, es que las huellas que dejamos en ellos son eternas, aunque siempre soñemos con aquellas que aún no hemos marcado en la arena.

Por eso, si quieres saber si el camino por el que avanzas ahora es el tuyo, el que te corresponde, observa si tus pies encajan en las huellas que ya te encuentras marcadas, si ya lo recorriste en otras vidas. Observa cómo te sientes en él. Observa si cuando escuchas las antiguas palabras que le pertenecen, los antiguos nombres de las Divinidades y de los seres y energías que lo habitan, tu alma salta en tu interior, se alza y baila de alegría por el reconocimiento. Si sientes que, tras vagar durante años (y puede que vidas), por fin estás en casa, si sientes que por fin has regresado, ese es tu camino.

Si no te imaginas caminando en cualquier otro por mucho que te ofrezca y no cambiarías ninguna de sus curvas, de sus rocas o pendientes por nada del mundo, entonces no te lo preguntes más.

Ese es tu camino.

Hyedra de Trivia

 

La identidad de la bruja

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Imagen de Juan Medina http://www.medinajuan.com/

La semana pasada estaba leyendo en casa mientras los demás veían algo en televisión, ya no recuerdo si era una película o una serie, cuando alguien dijo una frase que me hizo cerrar el libro y pensar. La frase fue: No puedo perder mi trabajo, si lo pierdo ¿Qué me queda? ¿Quién soy yo?

Cerré el libro porque me sorprendió mucho, me pareció tan extraño que alguien asociara su identidad a su trabajo, a lo que hacía… pero después, al empezar a pensar recordé que es mucho más común de lo que me había parecido en un primer momento. Recordé que muchos de nuestros apellidos, sobre todo en el mundo anglosajón, tienen su origen en un tiempo en el que a la persona se la denominaba por la profesión que ejercía y esa profesión, muchas veces, se heredaba de padres a hijos junto con el apellido. Pero eso era antes, pensaba yo mientras mi mente seguía dándole vueltas a la idea. ¿Estás segura?, me respondí. Tal vez ya no nos definamos tanto por lo que hacemos, pero sí por lo que tenemos. Fíjate en el mundo que te rodea, no hemos cambiado tanto. Para la mayoría de las personas, sus posesiones, sus empleos, sus círculos sociales son los que les definen, los que les dan un sentido a sus vidas. Creen que cuanto más valioso sea lo que poseen, más valor tienen ellos como personas. Quieren ser aceptados, queridos, aunque para ello tengan que aparentar ser lo que en el fondo no son.

También he visto gente llegar a la jubilación después de toda una vida dedicándose a su trabajo y sentirse perdidos, vacíos. Personas que han dedicado su vida a una profesión y que, en el momento de dejarla, no han sabido qué hacer con sus horas, con sus mentes ahora libres, con sus manos sin tareas, con sus días sin rutinas… sin saber qué hacer consigo mismos. Sin conocerse fuera del ámbito de su trabajo.

Y pensé: ¿Y tú, bruja? ¿Lo que haces es lo que define tu identidad? ¿Lo que tienes te hace ser tú? Yo medité sobre ello, pensé en mis herramientas mágicas, mi ropa, mi música, mis libros… y comprendí que ellos no me conforman, sino que ocurre lo contrario, ellos no me hacen ser yo, los tengo por ser yo. Y hago lo que hago porque soy lo que soy, no al revés.

No necesito nada que apuntale mi identidad, nada sobre lo que basarla o que le dé forma. Si mañana todo desapareciera, todo lo que tengo, todo lo que hago, y sólo quedase yo en un espacio vacío, continuaría siendo yo misma. Podría comenzar de cero en cualquier otro sitio y no me sentiría perdida o confusa. Porque lo que me hace ser yo siempre lo llevo conmigo, es algo que está dentro de mí, no en los objetos, mis posesiones, mi entorno o mis actos.

Y continué pensando: ¿Pero eso te ocurre sólo a ti, o les ocurre a todas las brujas? Y de nuevo medité. No puedo hablar por todas, pero empecé a recordar a las brujas de mi entorno, a las de mi círculo cercano, a las más lejanas, a las de otros países que he conocido y me di cuenta de que, en el fondo, podría asegurar que todas tienen lo mismo en común. Todas ellas tenían una personalidad, una identidad muy definida basada en su interior. He conocido brujas de todos los niveles sociales, de todos los niveles educativos, de países muy diferentes y con profesiones muy diversas, pero podía reconocerme en todas, podía ver quiénes eran de verdad. En esos momentos cuando las brujas nos reunimos, no importa el dinero que se tenga, la clase a la que se pertenece, los estudios, o incluso el idioma. Todo lo que normalmente conformaría la identidad de una persona, todo lo que parece darte tu lugar en el mundo, tu estatus… todo eso es lo que queda fuera cuando las brujas se reúnen. Así que sí, pensé, es algo consustancial a nosotras. La identidad de las brujas es fuerte y definida y construimos nuestro entorno en base a ella, no al contrario. Si todo fallase, si todo despareciese, seguiríamos estando seguras de quienes somos.

¿Pero esto a qué se debe? Las brujas no somos las únicas, he conocido otras personas así. Tal vez tiene que ver con la forma de ver la vida, con la forma que tenemos de buscar nuestro lugar en el mundo, de buscarnos a nosotras mismas. Mientras algunas personas tratan de encontrarse en lo que les rodea, de buscarse en la mirada de los demás y asentar su identidad en la imagen que proyectan al exterior, otras se buscan dentro de sí mismas y van dando forma a lo que son y a su personalidad de acuerdo a lo que encuentran y descubren. De esta forma es fácil estar segura de quién es una, y aunque todo acabe fallando, desapareciendo, perdiéndose… siempre sabremos quienes somos.

Y esto es algo común a todas las brujas porque una de las primeras enseñanzas es que todas las respuestas están en nuestro interior. Y mientras buscamos esas respuestas, el mundo exterior cada vez deja de tener más importancia y aprendemos a darle a todo su justo valor. Nuestras cosas, nuestro dinero, nuestras posesiones materiales, nuestros trabajos, son sólo herramientas que nos hacen la vida más fácil, que nos proporcionan un medio de vida o de expresar lo que ya somos, pero de ningún modo nos definen. De ninguna manera nos hacen ser quienes somos. Y además, nosotras sabemos que la vida es cíclica, que cambia y se mueve y mañana no estaremos en el mismo lugar en el que estamos hoy, aunque puede que algún día regresemos a donde estabamos ayer, y las brujas, además de movernos por los ciclos de la vida, nos movemos entre los mundos, así que mientras todo gira y cambia y se convierte en un caos que generará un nuevo orden a nuestro alrededor, nosotras seremos el centro que nos mantendrá firmes, estar seguras de nuestra identidad nos permitirá mantener el control en el corazón de nuestra existencia.

Y mientras visualizaba los acontecimientos de mi vida girando como un tornado a mi alrededor, de nuevo pensé: ¿Y tú, sabes quién eres, bruja?

Y sonreí, porque, aunque sé quién soy, apenas estoy empezando y conocerme del todo es una aventura que nunca terminará y me tendrá ocupada el resto de mi vida.

Tenga lo que tenga y haga lo que haga.

 

Hyedra de Trivia

Un paseo de bruja

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Esta mañana he salido a la calle y el viento frío se ha colado por mi bufanda. En el cielo gris, se adivinaba la posición del sol por la luz de un disco blanco, brillante, que se escondía entre la nube infinita que lo cubría todo. He estado un rato mirando un árbol cubierto de hojas de un amarillo precioso, que iban cayendo lentamente, de una en una, hasta descansar sobre la hierba formando una alfombra a sus pies. Y, aunque no he podido quedarme mucho tiempo, con esa imagen me he llevado el otoño conmigo, toda su belleza, su calma, su magia… me acompañará hoy durante todo el día.

Os iba a hablar del otoño, pero poco puedo decir sobre él que no os haya dicho ya, así que creo que hoy las protagonistas de esta entrada vais a ser vosotras y os voy a invitar a salir de casa, a buscar un bosque, un parque, una zona arbolada, y a dar un paseo de brujas para conectar con el otoño.

Vosotras elegís el momento, pero si queréis sumergiros completamente en la magia otoñal, os sugiero ir durante el atardecer. Acudid abrigadas y llevad con vosotras un cuaderno y un bolígrafo, o lápices de colores, o, si sois aficionadas, una cámara de fotos. Un termo con una bebida caliente es muy buena idea, y algo para dejar como ofrenda a los espíritus de la naturaleza. La fruta o los frutos secos son lo ideal, porque la esencia de la ofrenda va a los espíritus, pero recordad que serán los animales del bosque los que coman lo que dejéis.

Antes de entrar al lugar elegido, deteneos un momento, cerrad los ojos y respirad profundamente. Dejad atrás los asuntos de vuestra vida cotidiana, trabajos (o su falta), problemas familiares, de pareja, hijos, etc. En ese momento solo estaréis vosotras y la naturaleza que os rodea. Sentid el aire frío en las mejillas, el olor de la tierra y las hojas en descomposición, el viento en los árboles si lo hay… Hablad con el espíritu de ese lugar, por muy pequeño que sea, todo trocito de vida natural tiene su guardián. Intentad sentirlo, dejad que vuestra mente, vuestro corazón, conecte con el suyo. Que sienta vuestra intención de conectar con el otoño, con la Madre, con la magia de la tierra.

Comenzad el paseo. Permitid que vuestros pies os guíen en lugar de imponerles un camino. Id despacio, observando todo lo que hay a vuestro alrededor. Los colores que se funden entre ellos creando un lienzo de belleza indescriptible, el cambio de la luz a medida que avanza el tiempo, los sonidos de las hojas crujientes y las hojas al caer. Vuestros pasos y vuestra respiración… Intentad dejar que vuestra mente vuele libre, que los pensamientos y recuerdos afloren sin control, no los retengáis. Bailad con las hojas, cantad con el viento, reíd con los crujidos del suelo y la corteza de los árboles. Disfrutad de un momento de libertad rodeadas de bosque.

Cuando encontréis un lugar especial, sentáos un momento. Ahora que aún no hace demasiado frio, permaneced quietas unos momentos. Mientras dejáis vuestra mirada vagar a vuestro alrededor, pensad en vuestra vida. En cuáles han sido vuestros mayores logros, cuásles han sido vuestros sueños cumplidos… y pensad en lo que tuvisteis que entregar a cambio, lo que tuvisteis que sacrificar para obtenerlos. Pudo ser tiempo, pudieron ser amistades, un cambio de residencia dejando atrás los lugares de la infancia, pudo ser una vieja relación marchita… medita sobre ello y pregúntate: ¿Mereció la pena? ¿Lo habrías hecho de manera distinta?

Piensa ahora en lo que has conseguido y cómo te hace sentir. Deja que la dicha y la felicidad de tus logros y triunfos te inunde. Hay una cita que dice que somos tan buenas como lo mejor que hayamos hecho en nuestra vida. Deja que esa grandeza te llene.

Cuando estés preparada, continúa el paseo. Presta atención ahora a la vegetación que cubre aún los árboles, los arbustos, la tierra. Recoge hojas que te llamen especialmente la atención, frutos que encuentres por el suelo, piñas para adornar la casa en el Solsticio, trocitos de corteza y ramas, plantas que viven en otoño… Recolecta lo que tu instinto te pida.

Cuando estés preparada, regresa por donde viniste, despídete del bosque, del parque o arboleda hasta la próxima vez que vayas. Agradece al espíritu guardián su labor de proteger la vida y deja tu ofrenda a cambio de los dones del bosque.

En casa, guarda las hojas y las hierbas que hayas recogido e investiga sobre ellas. Busca leyendas, historias sobre esos árboles, esas hierbas, los frutos… averigua sus propiedades mágicas. Piensa si encajan con alguna situación que estés atravesando en tu vida en este momento y por qué tu instinto te inclinó hacia ellas y no otras.

Deja que el espíritu del otoño te acompañe durante un tiempo y cuando lo sientas desvanecerse, sal a dar otro paseo de bruja.

Y si te apetece, ven a contarme tu paseo y todo lo que viviste en él.

Te espero.

 

Hyedra de Trivia

Sintiendo la magia

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Desde que el mundo es mundo, las personas nacemos con diferentes dones y capacidades. Algunas nacen siendo artistas y dotan de belleza lo que les rodea, otras nacen con grandes mentes matemáticas con las que dan sentido a las leyes de la física. Hay otras que dominan las palabras y las lenguas y son las voces de aquellos que no tienen, y otras parecen ver en los corazones ajenos y sanarlos. Algunas personas pueden crear lo que se propongan con sus manos y otras capturan nuestros sueños en melodías y canciones. Algunas nacen destinadas a sanar los cuerpos de otros o para ser maestras de nuevas generaciones. Y otras nacen con la capacidad de sentir las fuerzas que se mueven detrás de esta realidad, de ver los hilos que lo conectan todo. Esas son las brujas.

Y al igual que no todas las personas pueden ser doctoras, o músicos o artistas, tampoco todas pueden ser brujas. Porque el don de la bruja, su habilidad, lo que la hace distinta de los demás, es precisamente eso, ser capaz de sentir esas fuerzas, esas mareas de energía que el resto no percibe.

Si bien es cierto que, si alguien estudia, se esfuerza y practica puede llegar a pintar de una forma aceptable, o a tocar un instrumento o saber expresarse bastante bien, también es cierto que nunca creará una obra de arte, nunca será capaz de escribir una canción que perdure y llegue a los corazones de quien la escuche o escribir un libro que se siga leyendo siglos después. En el caso de la magia ocurre lo mismo.

Una persona puede estudiar mil grimorios medievales, todas las correspondencias mágicas, todas las corrientes mistéricas. Conocer muchos saberes antiguos y dominar todas las técnicas. Puede aprender mil hechizos y mil formas de conjurar las fuerzas de la naturaleza. Puede saber exactamente qué hierba o piedra usar en cada ocasión. En qué momento del mes o del año y con qué viento es preferible hacer cierto ritual, pero, si a la hora de llevarlo a la práctica no puede sentir lo que se mueve detrás de todo lo que ha aprendido, todo ese conocimiento será inútil.

Aunque en este punto es importante diferenciar, porque, aunque muchas personas nacen sin la capacidad de sentir este otro mundo dentro del mundo, otras nacen con ella y viven y crecen sin saberlo, porque algo bloquea esa capacidad. A veces es la educación que reciben, o un trauma infantil, o simplemente miedo a lo que no comprenden. Pero si en algún momento de su vida consiguen desbloquearlo y se permiten a sí mismas sentir sin miedo, el mundo cambia para ellas, se vuelve más grande, más brillante, más real.

Porque la fuerza que mueve la magia, lo que hace que todos los elementos de un hechizo cobren vida y aporten su poder al encantamiento, lo que hace que la magia funcione, es la voluntad de la bruja y su capacidad de unir esa voluntad a la energía de los elementos, a las fuerzas que habitan en la naturaleza. Y para poder hacerlo, la bruja tiene que sentir esas energías y esas fuerzas. La magia se basa, por encima de todo lo demás, en ser capaz de sentir. Y nadie puede enseñar a otros a sentir.

Podemos aprender todas las propiedades mágicas de un árbol, las leyendas que se cuentan sobre él, cómo crece, dónde, sus necesidades, qué partes de él se usan para según qué magia… pero si no conseguimos sentir el alma del árbol, al espíritu que habita en su interior, si no conseguimos sentir la energía que recorre sus raíces y diferenciarla de la que recorre su tronco o sus ramas, nos resultará muy difícil utilizar sus dones en nuestros hechizos.

Podemos conocer al aire, el fuego, el agua y la tierra y sus propiedades, pero si no conseguimos sentir su esencia y reconocerla en nosotras, no podremos dotar a nuestros hechizos de su poder. Podemos aprender muchos de los 10.000 nombres de la Diosa y muchas formas de invocarla, pero si no podemos sentirla, despertarla en nosotras, ese conocimiento no la traerá. Podemos saber que nos movemos entre los mundos, fuera del tiempo y el espacio, pero si no podemos sentir esos límites, si no somos capaces de sentir el río del tiempo ni ver los hilos del tapiz de la Diosa, no podremos moverlos en nuestros hechizos.

Y tampoco comprenderemos todo el poder que existe en algo tan sencillo como dibujar un símbolo en el aire, porque no podremos ver todas las fuerzas que se mueven detrás de un gesto tan inofensivo en apariencia.

Y aunque una bruja puede enseñar a otras todo su conocimiento aprendido, jamás podrá enseñarlas a sentir. Si alguien no siente el poder inmenso que hay tras el primer rayo de sol del amanecer, si no siente las pulsaciones del latido de la tierra cuando la toca, si no es capaz de ver el nexo que une todo lo que compone la creación, nadie puede enseñarle a hacerlo. Una bruja nace sintiendo que este mundo es más grande de lo que parece y vive toda su vida aprendiendo a moverse y trabajar con las fuerzas que lo rigen.

Y con toda la tristeza de su corazón aprenderá que, si otros no pueden sentirlo, ella no podrá enseñarles. Y aprenderá a aceptar que eso tampoco es malo, sino que simplemente,  su destino es otro.

 

Hyedra de Trivia

 

Pacto de brujas

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Fotografía de Gaël Sacré  

 

Cuantas más brujas me escribís y conozco, más convencida estoy de que todas venimos de aquella Primera Bruja de la que os hablé un día. Porque en el fondo, sea cual sea el nombre que nos demos, el lugar en el que habitemos, la clase de magia que practiquemos… todas sentimos igual, todas contamos las mismas historias, a todas nos emocionan los mismos pensamientos. Me habéis escrito desde todas partes del mundo, mujeres de todas las razas, de todas las edades, de todas las clases sociales y todas nuestras almas vibran igual. Y creo saber por qué, creo que todas, aparte de venir de la Primera Bruja, hacemos el mismo juramento eterno. Siempre he creído que las brujas, antes de nacer, hacemos un pacto con la vida y con todo lo que ésta engloba.

Pactamos con nosotras mismas, un pacto en el que nos comprometemos a dejar las puertas de la memoria entreabiertas para que puedan llegar a nosotras recuerdos de quienes hemos sido antes y recuerdos de quien seremos siempre, de nuestra verdadera identidad eterna. De esta forma cualquier objeto, cualquier encuentro con un alma conocida, cualquier antigua tonada puede sacudirnos y emocionarnos al reconocerlo como nuestro y recordarnos quiénes somos si alguna vez olvidamos.

Pactamos con nosotras mismas para no conformarnos nunca, para buscar la felicidad de ser, de existir tal como somos. Las brujas no se conforman porque sería un suicidio del corazón. No podemos vivir encerradas en una torre de banalidades y días monótonos y sin magia. Tampoco buscamos grandes emociones que desaten torrentes de adrenalina (al menos no la mayoría),  lo que importa son los detalles simples como apreciar la belleza del planeta, atrevernos a dar un paseo por un bosque en mitad de una noche de luna llena, o dormir al raso en una noche sin luna sintiendo que navegamos a la deriva en un mar de estrellas. Capturar el primer rayo del amanecer o bañarnos en medio de una laguna verde entre montañas. Sentir que pertenecemos a la tierra y que eso es bueno, que está bien no ser más que una de sus criaturas. Aquí es donde encontramos nuestra felicidad.

Pactamos con nosotras mismas para no huir ante los tiempos difíciles. Somos brujas, habrá muchos momentos difíciles en nuestra vida, porque serán los momentos en los que probaremos de qué estamos hechas. Cómo reaccionemos ante los momentos cruciales de nuestra vida será lo que nos defina. Esas ocasiones serán espejos en los que miraremos a los ojos de nuestra sombra y tomaremos decisiones que nos convertirán en grandes brujas que dejarán marca en el tiempo o agacharemos la cabeza y nos esconderemos en la nada. Nuestro pacto nos mantendrá en pie, porque sabremos que continuaremos adelante, más sabias, más fuertes y más poderosas que antes.

Pactamos con otras brujas para encontrarnos y recuperar el sentimiento de ser una tribu. Para recuperar esa hermandad entre mujeres que durante tanto tiempo nos estuvo prohibida pero que nunca hemos olvidado y nos empuja a reunirnos en círculos. Para unirnos en el camino y mostrárselo a otras, para dejar huellas claras y visibles que puedan seguir las que vengan detrás. Por eso no debemos enfrentarnos entre nosotras, no debemos juzgarnos. No sabemos qué han vivido las brujas que nos rodean, no sabemos de sus lágrimas, de las cicatrices de sus corazones, de los recuerdos que aún las persiguen. Lo que sí sabemos es que a veces una mano tendida es capaz de curar heridas antiguas y devolver a la senda a una bruja extraviada. No sabemos si nuestro pacto con ella fue ese, enseñarle el regreso al camino, así que nunca juzgues a otras, sólo deja tus huellas cerca, para que decidan si quieren seguirlas.

Pactamos con el viento para que inflame nuestra sed de conocimiento, esa que nos impulsa siempre hacia delante, para saber más, para conocernos más, para recuperar en nosotras todo ese saber que llevamos en nuestro interior y sólo espera una chispa para despertar. Nuestro pacto con el viento es simple: nunca dejes de bendecirme con tus dones y yo nunca dejaré de cerrar los ojos para sentir tu caricia en mi piel y escuchar las voces de mis antepasados en tus corrientes.

Pactamos con el fuego para que nuestra pasión nunca deje de arder y la apatía no nos gane la batalla. Habrá épocas de soledad, de dudas, de tristeza… pero el corazón del fuego no dejará de arder en nosotras, nuestra pasión nunca dejará de buscar nuevas formas de disfrutar del regalo de estar vivas. Nuestro pacto con el fuego es eterno: Nunca dejes de arder en mi corazón y yo nunca dejaré de bailar a tu alrededor en las noches de magia y hogueras.

Pactamos con las aguas para ser capaces de ver en nuestras profundidades. Para poder viajar en el mundo de nuestros sueños, para aceptar y someternos a los cambios profundos que nos transformarán en la bruja que estamos destinadas a ser. Nuestro pacto con el agua es de total entrega: méceme en el vaivén de tus olas y muéstrame los misterios de tus profundidades y yo nunca dejaré de cruzar la puerta que me abres a otros mundos y buscar en ti el secreto de lo que soy.

Pactamos con la tierra para recordar siempre lo profundas que son nuestras raíces y la materia de la que estamos hechas. Para valorar la magia del agradecimiento y aprender a recibir los dones materiales y a compartirlos con otros. Nuestro pacto con la tierra es fuerte: Dame un lugar donde apoyar mis pies al caminar, donde dar vida a mis sueños, donde alimentar mi cuerpo y yo nunca olvidaré que estás hecha de los huesos de mis ancestros, y que el palpitar de tu ardiente corazón es el reflejo del que late en mi pecho.

Pero el pacto más importante de una bruja es aquel que hace con lo que habita detrás de todo lo anterior, con el significado de la Vida, con lo que guía sus sueños, lo que se esconde tras sus emociones y lo que le espera al final del camino. El pacto que hace con la Diosa. Un pacto eterno hecho en los albores del tiempo y renovado una y otra vez, antes de cada vida. Un pacto de amor hacia la Diosa, hacia sí misma y hacia lo que le hace bruja: No me dejes olvidarte, no permitas que olvide quién soy, lo que soy, y yo nunca dejaré de buscarte en mí y de cantar los nombres con los que te han llamado con miles de voces durante miles de años.

Sí. Estoy convencida de que cada bruja hace un pacto antes de nacer. Un pacto de Vida forjado en el único lugar donde comprendemos su verdadero significado.

En la Muerte.

 

Hyedra de Trivia.

Mensaje de la Diosa

And she wanders  RaphaelleM

And she wanders de RaphaelleM http://www.raphaellem.com/#/

 

Me estás buscando, puedo sentir cómo tus pensamientos vuelven una y otra vez sobre mí. He dormido muchos, muchos años, pero las voces por fin libres de mis Sacerdotisas me despertaron de mi sueño de siglos, llamándome con sus palabras vibrantes de risas, emoción y urgencia. Ven, me decían, vuelve, el mundo te necesita. Nosotras te necesitamos.

Observo cómo mi recuerdo despierta en el corazón de gentes de todos los rincones de este pequeño mundo, cómo la alegría derrite el miedo al castigo, a la culpa, y cómo los colores de mis estaciones destierran el gris de la tristeza. Observo cómo mis niñas, aquellas que siempre me guardaron, ya no se esconden cuando las llaman brujas, sino que levantan la cabeza y responden: sí…

Pero en realidad nunca me he ido. Siempre he estado aquí. Soy lo que se esconde en el último rayo púrpura del crepúsculo y resurge envuelta en oscuridad y tinieblas en la medianoche. Soy la plateada luna que baña el cielo de magia y tu corazón de esperanza cuando me buscas entre las nubes para contarme tus secretos de mujer. Soy aquella sensación de refugio que sentías en lo más profundo de ti en tus horas más oscuras, y el maravilloso abandono cuando llorabas entre los brazos de tu madre. Soy la risa cómplice que compartes con tus amigas, y los suspiros de placer por el roce de la piel de tu amante.

Soy eso que te empuja a buscar partes de ti que pertenecen a los bosques, soy el silencio sobrecogedor que no puedes explicar cuando contemplas el amanecer, soy la quietud y el oro de las últimas horas de la tarde. Soy la primera estrella que sale al anochecer y la última que se marcha en la mañana. Soy el latido de tu corazón y el primer aliento de tus hijos. Soy las lágrimas de desesperación que lloraste aquél día que nunca olvidarás, pero también soy la fuerza que te hizo poner en pie y continuar adelante.

Soy lo que mueve tus pies en esas noches en las que bailas cuando crees que nadie te está mirando. Soy la brisa que se cuela entre las hojas de los árboles y hace que casi jures que el viento te habla. Soy cada grano de arena que se escurre entre tus dedos cuando hundes tus manos en la orilla del océano. Soy la cresta de las olas cubiertas de espuma llevando la vida a la costa. Soy esa punzada en el estómago cuando te emocionas tanto que se te corta la respiración. Soy ese momento absolutamente perfecto en el que por fin comprendes quien eres y cuál es tu lugar. Soy la chispa que salta cuando tu mirada se cruza con otro compañero de vidas. Soy eso que te empuja cuando necesitas una dosis de valentía. Soy el baile de las ascuas que te mantiene junto al fuego sin poder apartar la mirada. Soy esa última flor sobre aquella tumba llorada. Soy la semilla que brota en primavera y también los terremotos, las inundaciones, los tsunamis… Soy la vida y la muerte, y la vida de nuevo. Soy lo que se marcha para volver a regresar.

Soy la que se esconde detrás de esa sensación que siempre has tenido, la certeza de saber que nunca has estado sola. Soy tu más preciado secreto. Y sé que me has buscado, aún sin saber ninguno de mis 10.000 nombres. Aún sin conocer ninguna de mis miles de historias. Me has buscado en cimas de montañas, en senderos perdidos entre árboles antiguos. Me has buscado en cuevas prehistóricas y en libros de leyendas de otros pueblos. Me has buscado en catedrales, en ruinas de templos blancos, en círculos de piedras y estatuas de museos modernos. Me has buscado en las palabras de otros, en visiones de otros y recuerdos de otros. Me has buscado sin saber que me buscabas, en las risas de los niños, en las confidencias a media voz con tus hermanas, en las cocinas de tus abuelas, en sus cuentos e historias en las que hablaban de mí sin saberlo…

Y sé que casi me has encontrado, casi… porque sé que a veces sientes que estás a punto de alcanzarme, pero me desvanezco. A veces casi piensas que soy solo un sueño, una ilusión, una esperanza vana de explicar todo lo que sientes y te hace sentir distinta. A veces estás a punto de abandonar la búsqueda, pero siempre hay algo que te hace continuar… algo que te habla y te pide que des un paso más. Sólo uno más.

Y es hora de que des ese paso. Tu vida ha sido un viaje que te ha llevado a este punto en el mapa de tu existencia. Has caminado un sendero en espiral que te ha guiado por todos aquellos lugares donde aún se me recuerda, donde aún se siente mi presencia. Has avanzado a través de cientos de experiencias que te han traído justo ante las puertas del lugar en el que resido. Casi estás frente a mi rostro, ese que has buscado aún sin proponértelo desde que tus ojos se abrieron a esta vida.

Búscame en ese lugar en el que siempre has sabido que me buscabas, ese en el que no caben las mentiras, ese sitio en el que nadie salvo tú conoce como suena el nombre que tú me has puesto, ese lugar donde sabes que eres inmortal y un día viste nacer el mundo. Búscame donde no hay fronteras, ni idiomas, ni dudas… Búscame en el lugar donde siempre he estado y desde el cual he observado cada uno de los días en los que seguías mi rastro. Búscame en el punto de partida que ha resultado ser la meta de tu viaje.

Búscame donde siempre te he esperado.

Búscame dentro de ti.

Hyedra de Trivia

Brujas a través del tiempo

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A veces me gusta dejar suelta a mi mente, permitirle que vague y divague libremente sobre lo que se le ocurra, porque así he descubierto muchas cosas que solo afloran en la libertad del pensamiento. Me gusta, sobre todo, cuando alguna idea me llama la atención más que otras y la sigo, para ver dónde me lleva, para ver qué me enseña sobre mí y sobre el mundo.

Hace poco me encontraba divagando sobre el pasado, sobre lo que se perdió y lo que aún queda de lo que fuimos. Sobre aquellas primeras chamanas, aquellas brujas que no se escondían para gritar el nombre de la Diosa y primero pensé cuánto me gustaría viajar hacia atrás en el tiempo y pasar unas lunas junto a ellas, aprender cómo era aquella relación tan libre y directa, tan nueva y real por entonces. Aprender todos los misterios perdidos y que tanto cuesta recuperar. Y después pensé que me gustaría traer a alguna de ellas hasta nuestro presente y mostrarle que aún seguimos aquí, a pesar de todo aún seguimos aquí….

Y pensé, y continué pensando… ¿Qué pasaría si pudiese traer a cuatro mujeres del pasado, a cuatro chamanas, brujas, sacerdotisas, sanadoras de otras épocas? ¿Qué les mostraría? ¿Qué mensaje les daría para que compartiesen con sus hermanas?

La primera sería una de aquellas primeras mujeres que se adentraron en las entrañas de la tierra y dejaron las huellas de sus manos en la roca, una de aquellas que hablaba de tú a tú con la Madre y le puso alguno de los primeros de sus 10.000 nombres. Alguna de las Hijas de la Primera Bruja. La traería y le mostraría las cuevas, los museos, los libros de Historia y Prehistoria donde aún perduran sus símbolos. Su antiguo lenguaje sagrado. Le diría ¿Ves? Miles de años después no hemos olvidado, aún reconocemos lo sagrado en vosotras. Ahora es cuando sabemos que fuisteis vosotras quienes dejaron su mensaje en la piedra. Mira, el nombre de Aquella a quien adorabais aún sigue siendo pronunciado. Con otros acentos, con otras entonaciones, pero aún lo recordamos… Tu historia para ti es joven, aún la estás empezando, pero para nosotras es tan vieja como nuestra especie y aún sentimos el vínculo con Ella. Ha dormido mucho tiempo, es cierto, pero ahora está despertando, La estamos haciendo despertar. Ve, vuelve junto a las tuyas y diles que las hijas de las hijas de sus hijas aún las recuerdan, que las Diosas cuyo cuerpo tallabais hace más de 40.000 años aún presiden nuestros altares. Que aún miramos a la misma Luna y bailamos la misma danza eterna. Diles que no serán olvidadas, diles que aún les contamos a nuestras hijas las leyendas de las primeras. Diles que nunca se desvanecerán.

 

La segunda sería una de aquellas Sacerdotisas que fueron aniquiladas por las nuevas religiones, por los nuevos dioses sanguinarios y celosos de una Deidad femenina. Tal vez alguna de las asesinadas por los pueblos del mar en Creta, o alguna de aquellas sacerdotisas celtas de la Isla de Mona que fueron masacradas por las espadas de Roma. La traería y la abrazaría mientras le hablo de lo que ocurrió después y le cuento que, aunque lo intentaron, nunca acabaron con Ella. Que todo el terror, la muerte y la sangre que se vertió no consiguió su objetivo. La Diosa no fue desterrada del mundo. Le mostraría las ruinas de los antiguos templos-palacios y cómo siguen siendo estudiados y su historia recuperada. Le mostraría las antiguas piedra erigidas en la tierra y cómo aún son nuestros templos, aún continúan saludando al Sol y contando el tiempo con la Luna para nosotros. Le diría: No fue en vano. No desaparecisteis en la Historia. Vuestra leyenda fue contada a lo largo de los siglos y nunca os olvidamos. Nunca se olvidó que hubo un tiempo en el las Sacerdotisas de la Diosa habitaban sus templos, bosques e islas sagradas. Vuestra sangre tiñó de rojo la tierra, pero también nuestro recuerdo. Ve y diles a las tuyas que su muerte no será olvidada, diles que sus templos y Diosas aún viven y nuevas generaciones de Sacerdotisas están rescatando sus cultos del pasado. Diles que su dolor aún es el nuestro y que día a día honramos su existencia. Di a aquellas guardianas de fuegos sagrados que vieron cómo eran apagados, que hoy han vuelto a arder en sus antiguos hogares. Son fuegos nuevos, pero arden honrando a una Diosa antigua en lugares antiguos. Diles que el fuego que ardía en sus corazones arde ahora en el nuestro a miles de años de distancia.

La tercera sería una de aquellas brujas que vivió durante la época de las hogueras. Una de aquellas que guardaba un fragmento del saber, que murmuraba nombres de Diosas paganas bajo la luz de la luna llena y sabía curar y traer niños a este mundo. La traería y le mostraría el horror que produce hoy la persecución y masacre a la que la mujer fue sometida durante aquellos siglos de terror. La llevaría a un Akelarre con mis hermanas y le ofrecería la oportunidad de gritar esos nombres que antes solo pudo susurrar. Bailaría con ella bajo la luna, y le enseñaría que aún nos reunimos en los mismos prados, en las mismas cuevas en las que lo hacían ellas, pero que ahora no tenemos que escondernos. Le mostraría nuestros libros, nuestros escritos, nuestras fotografías en medios públicos. Le enseñaría nuestras tiendas y nuestros nuevos templos. Le diría: Ve, y diles a las tuyas que en un tiempo no muy lejano la palabra bruja será reivindicada y lucharemos por limpiarla. Diles que los nombres de la Diosa son pronunciados en voz alta y clara y cada mujer que la sienta dentro es libre de Seguirla. Diles que un día, las hogueras y las horcas nos causarán tanto rechazo que la Iglesia pedirá perdón por todas sus vidas arrancadas. Diles que tanto las brujas como los cientos de miles de mujeres que no lo eran serán recordadas y honradas, y su memoria será limpiada. Diles que en la noche de Samhain, miles de brujas de todo el mundo encienden una luz por ellas. Diles que algún día su saber será valorado, que las mujeres podrán ser médicos, comadronas, curanderas y sanadoras, guías espirituales y sacerdotisas de la Diosa sin que ningún fuego ardiente las espere al final del camino. Diles que un día, sus descendientes gritaran en su nombre.

La cuarta sería una de las primeras brujas libres, una de aquellas mujeres que en los años 50 y 60 se atrevieron a decir en público lo que eran, brujas, y se atrevieron a comenzar la lucha por recuperar aquellos primeros cultos y Diosas. Traería a alguna de ellas que ya no están y le mostraría la Red de hijos de la Tierra que hoy cubre el mundo. Le mostraría nuestros templos, herederos de los suyos. Le mostraría su legado, aún vivo y cada vez más grande. Con raíces cada vez más profundas y extendidas por el planeta. Le diría: Ve y cuéntales a las tuyas que vuestra valentía tendrá recompensa. Que gracias a vosotras hoy tenemos libertad para ser quien somos y lo que somos. Diles que honramos vuestros nombres y que habéis creado tradiciones fuertes y sólidas que continuarán en el tiempo. Diles que les damos las gracias por abrirnos camino y que todo merecerá la pena, el desprecio, el desconocimiento y el rechazo que ellas puedan sufrir no serán olvidado. Honramos y recordamos a nuestras Ancianas porque hoy nosotras seguimos sus huellas. Diles, simplemente, gracias.

Eso les diría y les mostraría. Pero no les enseñaría el otro lado del mundo. Ese en el que siguen condenando a muerte a las brujas en algunos países y mueren inocentes bajo lluvias de piedras lanzadas por pecadores. Ese en el que tienen que crearse campos de concentración para proteger a aquellas personas acusadas de brujería por sus vecinos. Ese en el que las mujeres aún no tienen el mismo valor que los hombres y sigue siendo peligroso para ellas simplemente vivir. No, no les hablaría de que aún existe la trata de mujeres, de la venta de niñas o los matrimonios infantiles. No les hablaría de todo lo que aún no funciona en el mundo porque es nuestra época y nos corresponde a nosotras continuar su lucha, es nuestro momento de enfrentarnos con todo lo que hace que la Humanidad aún tenga de lo que avergonzarse.

Y si lo hacemos bien, tal vez las brujas del futuro nos recuerden y tal vez a alguna de ellas le gustaría viajar al pasado para llevarnos a su época, mostrárnosla y decirnos: Ve y dile a las tuyas que no os hemos olvidamos, que es vuestra voz cantándole a la Diosa la que aún hoy escuchamos para aprender canciones antiguas. Son vuestros libros e historias las que hoy aprendemos para contarles a nuestras hijas de dónde vienen. Fuisteis vosotras las que os levantasteis para dar voz a la mitad del planeta que no podía hablar. Vosotras llevasteis los nombres de la Diosa a las tierras donde se pronunciaron por primera vez para que pudieran pronunciarse de nuevo, libres. Fuisteis vosotras quienes luchasteis por que hoy las brujas puedan vivir en cualquier país del mundo.

Y aunque esta lucha pueda llevarnos siglos, tal vez en el futuro, si lo hacemos bien, alguna bruja dejará divagar su mente y se acordará de nosotras.

Y tal vez sonreirá y dirá: gracias.

Si lo hacemos bien… tal vez…

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Los inicios de una bruja. Maestras.

Estos días en los que estoy llevando a cabo el taller, conociendo a las chicas y observando cómo aprenden,  he estado recordando mis propios inicios. Cuando yo empecé a caminar conscientemente por este sendero. Creo que compré mi primer libro de hechizos antes de los 10 años, pero cuando quise buscar algo más serio, aprender de verdad de una buena fuente fiable, lo tuve difícil. En España aún no se publicaban buenos libros sobre paganismo o brujería. Y tampoco era fácil conocer a una buena maestra. Además no sabía por donde empezar a buscar.

Ahora veo en toda la gente que empieza mi misma curiosidad, mi misma ansia de saber. De conocer. Con una diferencia abismal: ahora tienen la oportunidad de aprender a un clic de ratón. Y el problema de ésta época con Internet y todo a su alcance es el contrario, hay demasiada información, la red está saturada. Hay muy buenos lugares de consulta pero también hay otros que no lo son tanto. Se publican muchos libros y se reeditan clásicos imprescindibles pero también hay otras publicaciones no tan buenas. El peligro ahora, además de la sobre información y la saturación, es la mala información.

Y junto con esta proliferación de publicaciones, otro de los peligros es la gran cantidad de maestras, gurús, guías, facilitadoras, etc. que hay últimamente. Tengo la suerte de conocer a muchas y puedo decir que son mujeres (y hombres) increíbles. Muy sabias, humildes y responsables. Verdaderas maestras. Pero hay algunas que no lo son. Yo he tenido mucha suerte, he de reconocerlo, nunca he conocido a una mala. Pero conozco testimonios de personas que lo han pasado muy mal al caer en malas manos. Gente a la que le ha costado mucho superar la desconfianza por todo el paganismo y la magia y volver al camino que su alma le pedía. Personas que han tenido que sanar heridas que otros causaron para poder seguir avanzando. Porque una mala maestra puede causar mucho daño.

Y todo ello me ha llevado a preguntarme por los inicios de los demás ¿Cómo fueron los vuestros? ¿Fue fácil o tuvisteis que esforzaros por encontrar libros o maestros que os guiasen? ¿Fue una buena experiencia o topasteis con desaprensivos? ¿Como os formasteis? ¿Cómo os gustaría que hubiesen sido esos inicios?

¿Me lo cuentas?

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: Diosas y Dioses de las brujas

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Siempre hablo en mis textos de la Diosa y, ocasionalmente, del Dios. Sigo la tradición de la Diosa y para nosotros Ella es una con muchos rostros, al igual que Él. Pero no todas las  tradiciones y corrientes del paganismo y la wicca creen lo mismo.

Algunas creen en una sola conciencia creadora con dos rostros, uno masculino y otro femenino. Otras creen en diversos Dioses y Diosas individuales, normalmente estas corrientes adoran a panteones concretos como el griego, el nórdico o el egipcio. O están intentando reconstruir algunos menos conocidos como el celtíbero.

Aunque todos seamos paganos y pertenezcamos a las Religiones de la Tierra, no todos creemos de la misma manera en los Dioses, ni los honramos igual ni los vivimos igual. Pero siempre me han parecido muy interesantes las diferentes maneras en que lo hacemos.

En mi camino, honramos a la Diosa dentro de nosotras y también en todo lo que nos rodea. Vemos su rostro en cada rostro humano con el que nos cruzamos y en cada parte de su creación. Vemos a nuestro Dios en cada partícula de vida, en la fuerza que hace crecer la vegetación, en todo lo que es salvaje y libre y en el interior de cada habitante del bosque, de las montañas y los desiertos. Y también dentro de nosotras.

Y tú ¿Cómo vives a tus Dioses, a la Diosa, al Dios? ¿Cómo es tu experiencia? ¿Ella es Una, son Dos? ¿Un mismo principio creador con dos rostros, varias personalidades independientes…?

¿Cuál es tu historia con Ella, con Ellos?

 

Hyedra de Trivia

 

Recuperando a nuestra Doncella

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The Force Autor de la imagen: TOMAAS tomaas.com

 

En esta época del año celebramos Imbolc, el periodo del año intermedio entre el Solsticio de invierno y el Equinoccio de primavera. Uno de los ocho radios que forman la Rueda del Año. Es el momento dedicado a todo lo que empieza, lo que se está gestando, lo que germina. Celebramos la promesa de una primavera que aún no es, pero que ya se está preparando para ser. Y a un nivel más personal y humano, celebramos el aspecto de Doncella de nuestra Diosa reflejado en nuestra propia infancia.

¿No escuchas unas risas que te llaman? ¿No sientes la necesidad de olvidarte de todo y jugar, y reír, y recordar que la vida es para ser feliz? Ella llega cada año para recordarnos que aquella niña que fuimos nunca se marchó del todo, que aún espera en el fondo de la mente de la adulta que somos hoy que cumplamos las promesas que nos hicimos,  que cumplamos nuestros sueños, y seamos las adultas que un día quisimos ser.

Aunque no todas tuvieron una infancia feliz.  Conozco brujas que de niñas fueron obligadas a crecer deprisa, con padres ausentes y hermanos pequeños a los que cuidar sin que fuera su obligación. Obligadas a ser madres sin haber terminado de ser niñas. Conozco a otras que tuvieron que soportar palizas (tanto a sí mismas como a sus hermanos y madres) por parte de una figura paterna violenta que desvirtuó para siempre su imagen de lo que es el hombre. También madres violentas y en ocasiones, ambos. Otras tuvieron madres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes y tuvieron que crecer sabiendo que no eran queridas. Otras fueron armas que sus progenitores usaban para arrojarse entre sí. Otras enfrentaron una muerte temprana de uno de los dos o ambos y aprendieron demasiado pronto el significado de la pérdida.

Cuando algo así pasa durante los años de la niñez, en la edad adulta cuesta mucho conectar con la Doncella porque significa dolor, tristeza o rabia y se bloquean los recuerdos. Cuando para las demás brujas es un momento de alegría y juego, para ellas es un tiempo de enfrentarse a fantasmas que aún duelen y corrompen nuestra magia desde dentro.

Ser bruja, sacerdotisa o chamana no es nada fácil. En algunas culturas nos llaman las sanadoras heridas porque no puedes curar a otras sin haberte curado a ti misma. Y todas, absolutamente todas, tenemos heridas que sanar porque hemos crecido en una cultura que tapa el dolor, tapa las experiencias negativas, tapa la infelicidad. Nos obligan a sonreír continuamente, a decir siempre que todo está bien, incluso hay frases motivadoras que animan a sonreír como señal de fortaleza cuando por dentro te estás rompiendo. Y es un tremendo error. La verdadera fortaleza reside en reconocer que no estás bien y en pedir ayuda para superarlo. Pero está mal visto, porque desde niñas nos han dicho que está mal quejarse, que lo que nos ocurre son “tonterías”, que no pienses en lo que te hiere y te animes…

Y cuando llegamos a la edad adulta no sabemos ser felices, no sabemos reír. No sabemos amar y mucho menos amarnos. Y cuando una mujer, una bruja, se da cuenta de esto y comienza conscientemente a curar sus heridas, destapa el dolor enquistado en su alma y sufre, a veces tanto que el miedo le atenaza y renuncia. Y se acostumbra a un dolor moderado, relativamente controlado y que se reduce a un sordo latido que le permite sobrevivir, pero no VIVIR.

Pero si no se rinde, si a pesar del estallido de dolor continúa adelante y se enfrenta a sus recuerdos y los mira cara a cara desde sus ojos de bruja adulta, una nueva vida se abre ante ella. Una nueva vida donde podrá darse permiso para ser feliz, para disfrutar de cada día de su vida sabiendo quién es. Y lo más importante, podrá ayudar a otras a sanarse.

Las heridas que nos hacen de niñas son muy peligrosas, forman cicatrices muy profundas y sobre ellas construimos nuestra identidad. Todo lo que somos, cómo vemos el mundo y cómo nos enfrentamos a él se basa en esas heridas mal cicatrizadas.  A veces para curarlas tenemos que deshacernos enteras y volver a crearnos desde unos cimientos sanos. Y hay que ser muy valiente para auto destruirse y volverse nada, para volver a crearse desde esa nada renunciando a todo lo que se era para poder SER.

Hay veces que solas no podremos. A veces hemos sepultado el dolor tan hondo que no llegamos a su núcleo. En ese momento no debemos dudar en pedir ayuda. Hay psicólogas y psiquiatras muy buenas que pueden guiarnos al corazón de lo que nos atormenta y luego traernos de vuelta. Algunas de ellas también son brujas y pueden enseñarnos a perdonar a aquellos que nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotras mismas por haber llegado a pensar que era culpa nuestra y nos lo merecíamos, porque la mayoría de los niños se culpa por las acciones de los adultos.

Pero cuando una bruja se sana y consigue reparar las heridas de su infancia, su poder se vuelve inmenso. Es en ese momento cuando la bruja viaja hacia su centro y allí, se encontrará con la niña que fue, la abrazará y podrá decirle:

-“No te preocupes, todo está bien. Mira quién soy ahora, mira quién somos. Voy a devolverte lo que no tuviste. Prometo reír todas las risas que te robaron. Prometo jugar todos los juegos que te prohibieron, prometo soñar los sueños que no te atreviste a tener. Prometo bailar por todas aquellas veces que tu tristeza te lo impidió. Prometo crear un futuro donde no duelan los recuerdos del pasado. Prometo vivir para convertirme en la mujer de la que cualquier niña se sentiría orgullosa de ser. Prometo ser tan fuerte como para atreverme a pedir ayuda si algún día lo vuelvo a necesitar. Prometo darte todo lo que no pudiste tener: millones de sonrisas y miles de días felices.

Me lo prometo.”

Y cuando lo hayas conseguido, ven a jugar conmigo.

Yo te estaré esperando.

 

Hyedra de Trivia

 

Un año embrujado

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Imagen de autor desconocido

La vida de una bruja a lo largo de un año está llena de fechas para recordar: Lunas llenas, Lunas oscuras, Lunas crecientes y menguantes; fechas propicias para hechizos, festividades antiguas… y los ocho grandes festivales que conforman lo que nosotras llamamos La Rueda del Año. Ocho ocasiones en las que las brujas celebramos el ritmo interno de este planeta en el que vivimos y su danza en su viaje por el universo. El calendario de una bruja está lleno de fiestas, porque a diferencia de otros cultos y creencias, las brujas pensamos que la vida está creada para disfrutarla y celebrar cada momento de ella. Lo celebramos todo y no hace falta insistirnos mucho para remangarnos las faldas, sacudirnos los zapatos y salir a bailar en círculo liberando cabelleras y risas.

Y parte de esa alegría y celebración se basa en el hecho de saber que el viaje que hacemos a través del tiempo durante un año, lo realizamos también a través de las enseñanzas de la naturaleza y a través de nosotras mismas. Es un viaje en el que ponemos toda nuestra atención en los cambios que se producen a nuestro alrededor para comprender los que se producen en nuestro interior. Y aunque cada año se repiten los mismos ciclos, cada viaje lo realiza una bruja distinta. Todo lo que aprendemos de nosotras mismas y del mundo durante una Rueda, nos cambia y convierte en personas diferentes en la siguiente. Siempre cambiantes, siempre únicas, viajamos de estación en estación, de año a año, bailando, aprendiendo, reencontrando y conociéndonos una vez más en cada giro de la Rueda. Una Rueda compuesta por ocho radios que se repiten una y otra vez, en un viaje cíclico y eterno.

En Primavera el mundo nos enseña a recordar los principios. A echar la vista atrás y ver dónde está la niña que fuimos, encontrarla en nuestro presente y sanar las heridas que puedan haberla marcado y que aún le duelen a la adulta que somos. Es tiempo de aprender que nunca es tarde, que siempre hay nuevos brotes, nuevos comienzos y que robarle al día unos momentos para jugar es invertir en nuestra felicidad presente y futura. La Tierra nos muestra cómo de su profunda oscuridad brotan las más bellas flores, cómo la vida despierta buscando los cálidos rayos del Sol que hace poco regresó. En el Equinoccio de Primavera celebramos con flores, con huevos decorados recordando el huevo de la vida, celebramos a la Diosa Doncella que juega entre los árboles y las flores con sus ninfas niñas. Celebramos el retorno de la vida y el equilibrio de la luz y la oscuridad.

A medio camino entre el Equinoccio de primavera y el Solsticio de Verano, celebramos Beltane. El Primero de Mayo. El momento en que la Tierra está fecunda, preparada para recibir la simiente de los frutos del verano. Los campos están listos para sembrar el cereal y la sangre nos baila en las venas calentando cuerpos y almas. Es el matrimonio de nuestra Diosa Amante con su consorte, el Dios Astado, el Señor de la Fertilidad y de todo lo que es salvaje y libre. Celebramos el don de la sexualidad y sus frutos.  Es tiempo de reconciliarnos con lo que somos y agradecernos ser, de hacer las paces con nuestra imagen y nuestro cuerpo y darle todo el amor y el cariño que se merece. Celebramos el amor en todas sus formas y manifestaciones. Celebramos el orgasmo creador de universos y mundos. En Beltane encendemos hogueras y bailamos, y hacemos el amor encarnando en nosotras a la Diosa, celebramos la sensualidad de nuestros cuerpos amándonos y amando a otros. Celebramos el acto que da origen a la vida.

En el Solsticio de Verano nuestra Señora, ya una mujer joven adulta, disfruta del pleno amor del Dios en su máximo poder. Ella está embarazada y Él comienza a perder energías mientras se transforma en el grano que yace esperando a brotar. A partir de mañana los días serán cada vez más cortos, recordándonos que incluso en la plenitud de la vida, todo está condenado a marchitarse y morir para renacer de nuevo. Hoy quemamos en una gran pira todo aquello que nos impide llegar hasta nuestro futuro, hasta nuestro destino, todo aquello que cargamos a nuestras espaldas y que no nos deja convertirnos en quien debemos ser. Nuestra mejor versión. Es tiempo de buscar a la mujer que eres, qué te gusta, cuáles son tus sueños, cual es la vida que quieres vivir y qué vas a hacer para conseguirla. En esta noche de verano y fuego celebramos la vida que crece esperando a nacer.

Entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño, los campos están cubiertos de oro, los árboles frutales están pesados y cargados de sus jugosos frutos que nos llenan de agua durante los cálidos y dorados días estivales. Llega Lammas, el primero de agosto. La fiesta de la cosecha. Nuestra Diosa embarazada es ya una mujer en toda su plenitud, redondeada y con un prominente vientre en el que se gesta el futuro del mundo. Es tiempo de recoger lo que hemos sembrado y aceptar que hemos sido las madres de la vida que nos hemos creado. También es momento para explorar nuestra creatividad. Las mujeres no sólo parimos hijos, también parimos ideas, creaciones, arte, libros, caricias. Toda bruja es una madre que se pare a sí misma cada año, junto con nuevos sueños, nuevos hechizos, nuevas ansias de conocimiento. Nueva magia que añadir a la antigua. Toda bruja es madre de su poder. Esta noche celebramos el poder de crear vida.

Y en el Equinoccio de Otoño celebramos la última cosecha. Los últimos granos de vid que fermentarán para convertirse en el vino sagrado. Celebramos el sacrificio del Dios que está muriendo para alimentar a los hijos de la Tierra. Celebramos la belleza y la sabiduría de la madurez de nuestra Señora, que ahora en un último esfuerzo nos muestra sus más intensos colores y su última explosión de vida. Es tiempo de aprender a aceptar la madurez que también nos llegará a nosotras, y encontrar la belleza que se esconde en los últimos días de la juventud. Es momento de aprender que, ésta vez, el equilibrio entre la luz y la oscuridad se decantará por ésta última y que eso también es bueno. El otoño es la estación de la brujas, tal vez porque reconocemos ese Sacrificio de la Madre en nosotras, las brujas sacrificamos nuestra juventud muy pronto porque todo lo que traemos con nosotras de otras vidas nos hace llegar a un otoño del alma  a una edad temprana. La mayor parte de nuestra existencia es un largo día dorado de otoño en el que los velos de nuestros ojos y los velos que separan los mundos, caen sin cesar como hojas al viento a lo largo de los años hasta que ya nada nos ciega. En esta noche celebramos la sabiduría de aceptar que la vida pasa y el tiempo nos cambia.

Y tras el Equinoccio, a medio viaje hasta el Solsticio de Invierno, las puertas que separan los mundos se abren para permitir el regreso de aquellos que se fueron y acompañar a nuestro Señor, muerto ya, para reinar en el otro mundo. Llega Samhain, cuando la tierra ya apenas da fruto y todo parece marchitarse y morir. Es tiempo de enfrentarnos con la certidumbre de que nosotras también moriremos así como muchas cosas de nuestra vida que creíamos eternas también murieron y se perdieron en el tiempo. Es el momento de aprender a dejar ir todo aquello que no podemos seguir llevando con nosotras. De enfrentarnos a nosotras mismas y reconocer que ya no podemos ni queremos seguir cargando con cadáveres que ya no tienen lugar en el mundo de los vivos. Tenemos que aprender a regalarnos la capacidad de saber decir adiós. Esta noche nos levantaremos frente al portal que separa los mundos y honraremos la existencia de nuestros antepasados, porque gracias a que ellos vivieron hoy nosotras podemos existir. Celebraremos la belleza de la oscuridad, el misterio de lo desconocido y el recuerdo de nuestros muertos. Esta noche celebramos que la muerte es sólo una parada más en el viaje de la vida.

Y en el Solsticio de Invierno celebramos el retorno del Sol. La vuelta de la Luz al mundo. La Tierra está sumida en el silencio, en el frío manto de la nieve, en la desnudez  y el sueño. Congelada y durmiente, la Tierra sueña con la primavera guardando en sus profundidades oscuras la promesa de la primavera. En esta noche, la más larga del año, el Sol retorna para recordarnos que la quietud no dura eternamente. Que ahora su calor apenas acaricia la superficie de su amada, pero la Diosa acaba de dar a luz al Niño Divino que cada día se hará más fuerte hasta que vuelva a despertar a lo que está dormido. Es tiempo ahora de imitar a nuestra Señora y volvernos hacia dentro. Las brujas descansamos en invierno, bajamos el ritmo y nos concentramos en nuestro interior, porque es allí donde se encuentra todo lo que hemos ido aprendiendo durante el año. Es ahora cuando por fin nos centramos en ello y comprendemos. Iniciamos un viaje hacia nuestro corazón que durará hasta la primavera. No es tiempo de tomar decisiones, no es tiempo de emprender. Es sólo tiempo de soñar, de observar, de conocernos y valorar la sabiduría que llevamos dentro y que sólo se puede alcanzar tras haber pasado las etapas anteriores. Nuestra Diosa, ahora anciana, nos muestra el gran valor de la edad y la experiencia. Nos enseña a amar y honrar a nuestros mayores, y a toda una vida de aprendizaje. Esta noche celebramos que en la más profunda oscuridad es dónde se nutre la vida.

Y entre el Solsticio de Invierno y el próximo renacer de la primavera nos encontramos en Imbolc. La fiesta de la leche. La Diosa aún duerme pero su sueño es más ligero. Un leve calor comienza a filtrarse hasta las profundidades oscuras y calienta las semillas que se agitan. Las nieves poco a poco se derriten. Alguna flor valiente se atreve a abrir sus pétalos buscando la belleza del día. Los corderos nacen y pronto los lobos se aparearán. Los arroyos de la montaña comienzan a correr abriéndose paso entre la blandura blanca. La vida aún no ha vuelto, es tan solo un proyecto, pero su certeza se huele en el aire. Todo es puro, el silencio del invierno se rompe con los primeros sonidos de pisadas y cantos en el bosque. Todo es una gran promesa de novedades y cambios. Es tiempo de emerger de nosotras mismas y proyectar nuestro futuro, de crear nuevos caminos en la vida, de organizar nuevos inicios para nosotras. De acumular energías para la explosión de vida que se acerca. En Imbolc encendemos velas para celebrar el retorno del calor y la luz que traerán la vida de vuelta, bebemos leche para recordar que los corderos que nacen nos aseguran una nueva primavera. Esta noche celebramos que tras la quietud y el sueño de la muerte, la vida siempre regresa una y otra vez.

Esta es nuestra Rueda del Año, en la que aprendemos, estudiamos al mundo y a nosotras mismas y celebramos, siempre celebramos, la vida.

En ella encontramos la sabiduría que convierte todos los años de la vida de una bruja en algo que merece ser vivido, amado, celebrado y sobre todo, en algo embrujado.

Bienvenidas al misterio de la Rueda del Año.

Hyedra de Trivia

Gracias, brujas

old religion

Imágen: “Old Religion” de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Magia de Bruja

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Imagen: Sashah’s Spell de Emma Lazauski

Las velas iluminan levemente el claro del bosque. El incienso impregna tanto el aire como mi mente con un aroma especiado y el humo asciende transportando mi petición a la Diosa. Un pequeño fuego arde en el caldero y la luna llena asoma por el horizonte. El altar está preparado. Es la hora de la magia.

La magia. Todas hablamos de ella. La vivimos, la creamos, la sentimos. Estamos hechas de magia y basamos nuestra identidad como brujas sobre ella. Para algunas personas es un misterio, para otras algo complicado, una gran mayoría ni siquiera cree que exista. Pero para nosotras es lo que da vida al mundo y, además, sabemos que todas las personas somos mágicas.

Las partículas que forman cada elemento en este universo se mantienen unidas por una fuerza que emite una vibración. En nuestro planeta cada árbol, planta, animal, persona, piedra… todo, hasta la misma Tierra, vibra y esa vibración genera energía.  Pero no todo vibra igual. Hay distintas frecuencias y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, somos muy sensibles a los cambios de frecuencia.

A todos nos ha pasado que, al conocer a alguien, sentimos que conectamos de inmediato. O por el contrario, hay personas con las que nunca encajamos y aunque no hay nada en ellas que nos haga rechazarlas, lo cierto es que no estamos cómodos a su lado. Esto se debe a que vibramos en la misma frecuencia que ellas o en otra completamente opuesta.  Porque como ya habréis escuchado en muchos sitios, todo lo que vibra igual se atrae y lo contrario se repele. Y además, cada sentimiento, cada emoción, cada ámbito de la vida y lo que nos rodea, tiene su propia vibración. El amor, la salud, la prosperidad, el hogar, la familia, la amistad, la suerte, la felicidad… el odio, la envidia, la desesperanza, el miedo, el terror… cada uno vibra en una frecuencia determinada.

La magia consiste en cambiar voluntariamente nuestra propia vibración para que esté en la misma frecuencia de aquello que queramos atraer. Y para ello, usamos nuestra voluntad y otros elementos naturales que ya vibran así para ayudarnos. Mediante el trance y la visualización “engañamos” a nuestra mente haciéndole creer que ya tiene aquello que desea, y potenciamos la sensación con palabras, melodías, hierbas, piedras, colores y olores que vibran como lo que deseamos.  Por eso hay hierbas, minerales, inciensos y velas específicas para el amor, la suerte, la sanación, la limpieza espiritual… palabras que forman hechizos…lo que se ha llamado desde siempre magia simpática.

Todos cambiamos nuestra vibración a menudo sin ser conscientes de ello. Sabemos que determinada canción nos alegra cuando tenemos un mal día, decimos que nos da energía… Sabemos qué película nos provoca una carcajada cuando estamos decaídos o con qué amigo hablar según nuestro estado de ánimo… También sabemos que determinados momentos del día o del año nos hacen sentir de una manera especial. El amanecer nos hace sentir esperanza, porque hace que todo vibre en la frecuencia de las cosas nuevas, de todo lo que empieza. El atardecer nos vuelve reflexivos y nostálgicos, porque vibra en la frecuencia de lo que acaba de forma tranquila y el descanso.  Nos vestimos de un color u otro según nuestro humor y preferimos lugares según nuestras emociones. Todo ello altera nuestra vibración.

Si nos ocurren cosas malas y nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza, acabaremos atrayendo más sucesos que vibren igual. Y es entonces cuando hablaremos de mala suerte, o mal de ojo. Los casos de mal de ojo son muchísimo menos numerosos de lo que la gente piensa y las rachas de mala suerte casi siempre son casos de vibraciones en frecuencias perjudiciales, y que además se convierten en círculos viciosos porque cada vez nos sentimos peor y eso hace más difícil conseguir cambiar la vibración.

Pero hay ocasiones en los que la magia no funciona. Por muchos hechizos que hagamos para conseguir lo que necesitamos, por mucho que  tratemos de influir en la vibración, hay veces en las que no hay manera de que funcione. Eso no quiere decir que lo estemos haciendo mal o que la magia no exista. Es simplemente que no debemos conseguirlo. Cada una de nosotras ha nacido con una misión vital, una lección que hemos venido a aprender. Si lo que queremos atraer con la magia va en contra de esa lección o nos aleja de nuestra misión, simplemente no sucederá. Esa vibración en concreto estará bloqueada para nosotras.  Imaginad que habéis venido a esta vida para aprender el valor de lo sencillo y de las cosas pequeñas. Por muchos hechizos de abundancia y prosperidad que hagáis jamás funcionarán, nunca seréis ricas porque la vibración de la riqueza está bloqueada para vosotras. Al menos en esta vida.

Y esto nos lleva a la regla de oro de las brujas. Nunca, jamás, por nada del mundo se debe hacer magia para influir en la voluntad o cambiar la vibración de otra persona. Nunca. Es su energía, forma parte de esa persona tanto como su cuerpo. Tratar de influir en ella para imponer nuestros deseos es una violación. Ni siquiera para hacer algo en su beneficio. Ni para hacer rituales de sanación. Si nos preocupamos por alguien y queremos beneficiarle con nuestra magia, lo primero que haremos será pedir permiso. Sin su permiso no hay nada que hacer. Y esto incluye al amor. Si tienes que obligar a alguien a que te quiera, eso ya no es amor. Es dominación, tozudez, egoísmo… y así serán las vibraciones que provoques, por lo que nunca encontrarás amor de verdad y lo que obtengas no merecerá la pena porque no te hará feliz. Ni a ti, ni a la persona que dices amar.

La magia es un regalo. Una más de las habilidades naturales del ser humano y que nos conecta con todo lo que nos rodea. La magia nos ayuda a comprender que formamos parte de un todo eterno, infinito, que compone una melodía que nos envuelve a todos y nos hace bailar al ritmo de la vida. Cómo sea tu tonada, cómo vibre tu canción, depende de cómo decidas vivir.

En mi hechizo, cierro los ojos y respiro profundamente mientras mi identidad eterna recuerda quién es y se centra en su lugar en el mundo, entre el cielo y la tierra. Entre lo que es arriba y abajo. Entre este mundo y el otro, donde ocurren los milagros.  Cuando me siento una con la creación, dibujo el círculo a mi alrededor y llamo a los cuatro elementos para que su energía complemente a la mía en esta noche de magia y sueños.  Y en el centro, evoco en mi interior a la Señora de la Vida y la Muerte, a la Gran Diosa de la brujas para recordar que su poder es el mío y fluye por mi piel hasta la punta de mis dedos.

Las imágenes de mi futuro en el que he conseguido mi objetivo no abandonan mi mente mientras cargo con ese poder los objetos que voy a usar. “Visto” las velas de colores con aceite acariciándolas con mis dedos mientras me veo feliz. Encanto las hierbas que necesito con rimas sobre su poder. Despierto el poder de las piedras cobijándolas en mis manos mientras les susurro bajito lo que necesito de ellas. Concentro todo el objetivo de este hechizo en una sola palabra que primero es sólo un murmullo. Me mezco suavemente mientras la palabra se convierte en una especie de cántico y caigo en un pequeño trance. Me dibujo a mí misma en un papel tal como seré en ese futuro con el hechizo cumplido, lo cubro con pellizcos de las hierbas encantadas y lo doblo. El cántico aumenta de ritmo y de volumen. Prendo el papel en la llama de las velas encendidas y arrojo el dibujo al fuego transformador acompañado de más puñados de hierbas. Mientras arde, comienzo una danza alrededor del caldero y la luna llena cada vez asciende más alto, bañándome con su luz de plata al tiempo que mi voz se convierte en un grito y mi danza alcanza su punto más frenético. Y finalmente, con un último giro y un grito final, la energía me abandona para fundirse con el universo y comenzar a trabajar en ese futuro imaginado que acabo de crear. Agotada, descanso en el suelo mientras mi corazón recupera su ritmo y mi respiración se acompasa con el ritmo de la tierra. Lento y profundo.

La magia está hecha.

Acerca tus manos, frótalas y siente el cosquilleo en tus palmas y tus dedos. Ese calor que emana de ellas, esa energía, es tu magia. Es la vibración que las partículas que te conforman emiten en su trabajo de mantenerse unidas. Practica con ella, conócela, trata de cambiar la frecuencia en la que brota al exterior. Y comienza a hacerlo con el hechizo más sencillo pero que es capaz de cambiar el mundo.

Simplemente sonríe, bruja.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

La soledad de la bruja

Nocturnal whisperings Autor de la imagen: Wyldraven wyldraven.deviantart.com

Nocturnal whisperings
Autor de la imagen: Wyldraven
wyldraven.deviantart.com

Algunas de vosotras me habéis escrito para contarme que os sentís solas. Que es difícil tener amigos de verdad o incluso una pareja que os comprenda. Decís que ser bruja es un camino muy solitario. Y comprendo muy bien cómo os sentís, porque durante muchos años yo también me sentí muy sola. Lo primero que conocí cuando llegué a este mundo fue una caja de cristal. Pasé mis primeros quince días de vida apartada del resto de las personas encerrada en  una incubadora. Aislada de mis padres, de mis familiares, de enfermeras y médicos. Sin apenas caricias, sin el tacto de otra piel. A solas conmigo misma mientras todo lo demás me llegaba amortiguado, lejano y ajeno a mí.  Y todavía hoy, a veces, creo que en realidad nunca abandoné aquella caja. A veces siento que nunca dejaré de mirar el mundo a través de unas paredes de cristal.

He estado sola durante muchas épocas de mi vida y no porque yo lo escogiera, sino porque nadie a mi alrededor se interesaba por mí con un interés real y sincero. Durante muchos años esa soledad dolió porque siempre me ha gustado tener cómplices en la vida, gente cercana con la que compartir pensamientos, sentimientos, ideas, sueños… Tenía mucho dentro de mí para dar. Pero lo cierto es que ser una bruja me convertía en una minoría y me resultaba muy difícil encontrar personas  como yo.  Muchas veces se han acercado a mí buscando lo diferente, lo especial. Tal vez confundidos en cuanto a lo que significaba ser bruja y sin conseguir ver tras el misterio la verdadera persona que yo era. Cuando descubrían que sólo por estar cerca ellos no iban a convertirse de la noche a la mañana en aquello que les llamaba la atención de mí, se alejaban. Y poco a poco me fui haciendo más cauta, más desconfiada.

Pero afortunadamente soy una persona introvertida, así que en aquellos momentos, a pesar de echar de menos a alguien a mi lado, siempre disfruté de mi tiempo a solas. Y ahora, tantos años después, sé que es en esa soledad cuando una bruja realmente tiene la oportunidad de alcanzar todo su potencial.

Cuando estamos a solas nos relajamos. Nos permitimos comportamientos y actitudes que frente a otros refrenamos. Bajamos la guardia y somos quienes somos de verdad. Pero hay personas que son incapaces de estar a solas consigo mismas. Son aquellos que apagan el silencio encendiendo la televisión o la radio. Que llaman por teléfono para hablar con quien sea. Que pasan cada segundo conectados en las redes sociales… Son personas que no saben qué decirse porque no se conocen. Tienen miedo de escucharse, de hablarse, porque creen que corren el riesgo de no gustarse, y para evitar enfrentarse a su verdadero yo se esconden de su soledad rodeándose de voces, de imágenes, de silencios rotos por cualquier cosa.

Y no se puede ser feliz huyendo de uno mismo. Y mucho menos cuando es una bruja la que huye, porque lo que busca, el fin mismo de ser una bruja, se encuentra dentro de ella.

Si echo la vista atrás me doy cuenta de que los momentos más felices de mi vida han sido a solas conmigo misma. Disfrutando del momento y nada más. Leyendo un libro, paseando por un rastrillo una soleada mañana de domingo. Viendo llover tras la ventana o caminando entre la niebla. Y pensando… Siempre pensando. Sintiendo. Siendo yo y permitiéndome ser yo sin juzgarme. Me gusta como soy, me lo paso muy bien conmigo misma y si esto es así, es porque me permito hacer lo que me apetece sin cuestionarme qué pensarán otros de lo que estoy haciendo o de mis gustos. Escucho la música que me gusta. Veo las películas que me gustan. Leo los libros que me gustan. Me comporto como me gusta ser. Y me importa un pimiento si a los demás les parece bien o no. Porque los demás no son yo. Sólo me hago unas cuantas preguntas: ¿Esto me gusta a mí? ¿Me hace sentir bien? ¿Me alegra la vida? ¿Perjudico a otros o a mí misma con ello?

Y nada más. Cuando paso tiempo a solas no me importa si mi pijama es viejo o llevo la falda torcida. No me importa si tengo un michelín o dos. No me importa estar despeinada o no haberme depilado las piernas. Me importan las maravillas que ocurren en mi mente, las risas disfrutando de una película, me importa la sensación de alegría que me invade cuando aprendo algo nuevo que me resulta interesantísimo y me importa sentir en un momento dado que ese es el sentido de la vida, disfrutar de mi misma sin preocuparme de nada más. Y me importa saber que, si soy capaz de hacerme feliz a mí misma, nadie que no sea yo será capaz de hacerme infeliz.

Cuando te acostumbras a pasar tiempo contigo sin juzgarte y simplemente disfrutando de ti, tu mente se abre y te cuenta cosas… y siempre es más sabia de lo que pensamos. Cuando acallamos el mundo y nos dejamos ser, nuestra esencia se revela poco a poco, abriéndose a nosotros y mostrando lo que llevamos dentro. No todo nos gustará, descubriremos cosas que nos harán sentir incómodas, pero forma parte del proceso de conocernos y aceptarnos. Al fin y al cabo, es la misma Diosa la que habita dentro de nosotras. Si queremos llegar a Ella, tenemos que pasar por nosotras primero.

Descubrir todo eso que somos bajo la superficie será lo que nos convertirá en verdaderas brujas. La magia nace de ti, el poder no es algo exterior que tengamos que alcanzar. Nuestro poder crece en nosotras, con nuestra práctica y nuestro conocimiento.  La soledad es el momento perfecto para crecer, para avanzar por este camino y aprender quiénes somos.

Hace muchos años que ya no estoy sola. Estoy rodeada de personas que me quieren, mi pareja, amigas y amigos que me comprenden y una red de brujas que me hacen saber que ya no estaré sola nunca más. En nuestros tiempos es fácil encontrar a otras. Buscad en internet, buscad círculos de mujeres, grupos paganos en vuestras ciudades y países, encontrad vuestro lugar entre otras brujas. Pero primero, no rechacéis la soledad. Conoceos, aceptaos. Aprended a disfrutar del tiempo a solas porque puede que llegue un momento en el que lo echéis de menos.

Si queréis ofrecerle algo al mundo, primero tenéis que descubrir quiénes sois y qué lugar ocupáis en él. Cerrad la puerta, acallad las voces y sentaos en silencio a conversar con lo que sois. Y cuando queráis saber cómo es el mundo y qué lugar podéis ocupar en él, alejaos y observadlo a través de unas paredes de cristal. Distanciaos de él.

Y cuando sepáis quiénes sois, cómo es el mundo, y el lugar que os corresponde en él, romped el cristal y tomad vuestro sitio.

Descubrid el misterio que os está esperando en la soledad.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Cruzando el velo

Autor de la imágen desconocido

Autor de la imágen desconocido

Hoy quería hablaros de Samhain.  Quería contaros algo sobre su origen y sus tradiciones, explicaros su verdadero significado, pero durante ésta última semana se han publicado suficientes artículos sobre ello en internet y no quería repetir lo mismo. Así que he decidido, si me dejáis, que en lugar de escribir sobre datos y folklore, os voy a llevar a un pequeño viaje en el tiempo. Os voy a llevar a un Samhain de hace muchos, muchos siglos. En alguna de aquellas aldeas celtas que  poblaban Europa. Venid, entrad conmigo en la pequeña casa de piedra. Es cálida y sencilla, y una anciana está sentada junto al fuego, esperando…

“¿Por qué tarda tanto? ¿Por qué es tan largo el día? No puedo evitar que mis ojos se desvíen continuamente hacia la ventana, pero el sol siempre parece estar en el mismo sitio. Este día parece no acabar nunca.

Estoy cansada. Muy cansada. Mis piernas ya no son tan fuertes como antes y mis manos tiemblan más cada otoño, pero a pesar de ello, todo está preparado ya. He puesto la mesa y preparado tu comida favorita. ¿Recuerdas? El olor me llega desde donde el guiso hierve al fuego, y recuerdo tantas veces en que te quemaste la lengua por no poder esperar a que se enfriase un poco. Yo me reía y tú fingías enfadarte. Mi mente vieja y cansada se burla de mí, porque parece que fue esta misma mañana cuando yo aún me reía y tú soplabas sobre tu plato.

Hace poco he revisado las velas dentro de los nabos, le pedí a los niños que colocaran algunas fuera de la casa para que puedas encontrarme en la oscuridad. También pondré alguna en la ventana, aunque creo que no hará falta. En la aldea encenderán una hoguera para celebrar el fin del verano y todo estará iluminado mientras dure el banquete. Mañana empieza otro año. Un invierno más sin ti. ¿Realmente hace tanto que te fuiste?

Es casi como si mi vida se hubiera detenido aquel día. Yo sigo siendo la misma mujer que te vio marchar desde la cima de aquella colina una mañana de primavera con mi pelo rubio tapándome los ojos por el viento. Pero por fuera… si me vieras… mi pelo hace mucho que dejó de ser rubio. Mis manos están arrugadas y mi cuerpo seco, vencido por tantos inviernos sobre esta tierra. Me pregunto si me reconocerás. Si conseguirás ver en mis ojos algo de todo lo que fui.

He vivido mucho, más que la mayoría. He sido feliz y he tenido una buena vida. Las niñas crecieron y tuvieron hijos, muchos. Corretean cerca de aquí, buscando cortezas y musgo para vestirse como los Sidhe para que les confundan con los suyos y no se los lleven con ellos. Les oigo reír, para ellos es un juego mezclado con medias verdades. Hoy no se acercarán mucho al bosque, dudo incluso que se alejen mucho de la hoguera. No puedo evitar sonreír cuando les veo hacerse los valientes mientras a escondidas lanzan miradas furtivas a su alrededor. Como hacíamos nosotros…

No puedo creer que falte tanto aún. El Sol aún no se pone… ¿No llegará nunca la noche…?

Nunca regresaste. Te esperé tanto tiempo… Mi corazón se heló al igual que la tierra aquel primer invierno. Fueron tantas las estaciones en las que corrí a la colina cada mañana para esperar tu regreso… Y recuerdo cuando supe que nunca volverías, cuando me contaron que era inútil esperar. Tantas noches de lágrimas, tantos años de soledad… Fue tan poco el tiempo  que tuvimos…

Hoy he estado en el bosque, quería recoger unas hierbas y unas setas. A veces se enfadan conmigo por salir sin compañía, tienen miedo de que me fallen las fuerzas o me pase algo y  muera sola donde nadie me encuentre. No entienden. No comprenden que nada podía pasarme aún… Pobres niños ingenuos. A veces parece que no recuerdan quién soy. Quién he sido para ellos. La edad no ha mermando en nada mi poder, mis conocimientos. Por el contrario, parecen haber aumentado. Cada vez veo más. Percibo más. Sé más. Por eso sé que hoy…

He paseado por donde solíamos caminar tú y yo. Casi me ha parecido vernos, tan jóvenes, tan felices, tan confiados en todos los años que tendríamos por delante… Ojalá hubiese sabido entonces…, aunque creo que nada hubiera sido distinto.

He vivido mucho, sí. Y aunque llegó un día en el que el dolor remitió y me permitió vivir una vida feliz, a veces lo sentía despertar y morderme el corazón con tanta fuerza que me doblaba en dos. Cada vez que estaba a punto de olvidar tus ojos, tu risa, tu voz susurrando mi nombre… Te soñaba. Y de repente todos los recuerdos regresaban y me despertaba en medio de una agonía de lágrimas y desesperación. Contaba los días hasta el próximo Samhain y te esperaba, ¡cómo te esperaba!… Pero nunca regresaste.

Con el tiempo el dolor fue cada vez menor, y te convertiste en un hermoso recuerdo. Mis sueños se fueron haciendo más dulces. Eran citas en las que te contaba cómo era mi vida sin ti. La vida sencilla de una sacerdotisa de una aldea sencilla.

¡Tengo que recordar las manzanas! Últimamente mi pensamiento habita más en el pasado que en el presente y olvido cosas. He cogido unas manzanas de nuestro árbol para que puedas reponer fuerzas por el viaje. Hoy no podían faltar en la mesa. He probado una y he recordado aquella tarde haciendo sidra, cuando el olor impregnó nuestras ropas y tardó tanto en irse…

Escucho voces junto a la casa, van hacia la fiesta. Les he dicho que más tarde me reuniré con ellos. Ha sido un buen verano, la Diosa nos ha dado buenas cosechas y no creo que sea un invierno especialmente duro, comprendo su alegría por la celebración. Será un poco triste porque hemos tenido pérdidas recientes, pero hoy tendremos visitas. Hoy los Dioses nos enviarán sus mensajes, aunque este año no seré yo quien los reciba. Hay sangre nueva que puede continuar con mi trabajo.

La habitación parece más oscura, las sombras avanzan sobre la pared. Mi corazón empieza a latir más fuerte. ¡Ya está! ¡El Sol se ha puesto! Después de tantos años esperando… Estoy temblando. ¡El velo se ha abierto! Voy a encender las velas, la puerta está abierta… quiero ver el camino que atraviesa los campos. Quiero ver el último rayo de sol desapareciendo.

¡Seré tonta! Estoy llorando como hacía años que no lloraba. Apenas puedo contener la emoción. Me ahoga por dentro entre sollozos. ¿Tardarás mucho más? No quiero sentarme. Quiero esperar de pie. Quiero verte llegar. Quiero verte volver a mí, después de tantos años…

No veo bien, la neblina apenas me deja ver sombras a lo lejos. Siento los latidos de mi sangre en las sienes, en el pecho, la impaciencia me devora. Sé que esta vez vendrás. Sé que por fin volverás a casa. Por favor, ven ya… han sido demasiadas noches sin ti.

Entre lágrimas veo. La bruma se aclara. Una figura se acerca por el camino. Tan alto como siempre. Tan joven como siempre. Tan hermoso como siempre fuiste. Mi amor perdido. ¡Estás aquí! Río entre lágrimas mientras me dejo caer sin fuerzas entre tus brazos. Tenía tantas cosas que contarte. Tanto que decirte. Y ahora comprendo que no es necesario. Ya no hay prisa. Por fin el velo de Samhain se ha abierto para nosotros. Por fin has podido regresar, y sé por qué.

Nada me retiene aquí ya. Todo está hecho. Todo está vivido. Es hora de marchar, contigo. De tu mano. Hay tanta luz en tus ojos. Tanto amor en tu corazón. No miro atrás. A mi hogar, mi aldea, mi cuerpo viejo que sonríe sentado junto al fuego. No. Sólo puedo mirarte a ti y hacia delante. Hacia la orilla donde Ella nos espera en Su barca para llevarnos a casa.

He estado tanto tiempo sin ti… – te digo. – No, amor. Apenas ha sido un momento – me dices sonriendo. Y sé que tienes razón. ¿Qué importan unos inviernos, cuando estamos hechos de eternidad?

Y mientras en toda la tierra los que hace tiempo que partieron cruzan el velo para encontrarse con sus amados vivos, nosotros viajamos cruzando el río del tiempo hacia nuestro hogar. Mientras la Diosa rema sonriendo, rema y escucha a todos aquellos que llaman, que  recuerdan, que le piden que lleve su amor a sus muertos…

Ataecina…Ategina…

Recuérdales… recuérdanos… “

Feliz Samhain, mis brujas.

Feliz noche de recuerdos, manzanas y velas en calabazas para guiarles a casa.

Feliz Año Nuevo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Embrujando a la muerte

Journey Home Autor de la imagen: Rassouli www.rassouli.com

Journey Home
Autor de la imagen: Rassouli
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Sé que aún queda más de una semana para Samhain, pero ya siento su influencia. Halloween lleva tiempo anunciándose y me gustaría que tuvieseis unos días para reflexionar sobre su verdadero significado y poder sentirlo plenamente cuando llegue. En Samhain, entre otras  cosas, celebramos la muerte. Esa noche, la puerta que separa ambos mundos se abre desde el otro lado hacia el nuestro y el velo es tan fino que por unas horas los mundos se superponen. La Humanidad lo ha sentido desde siempre, pero lo que en un principio fue una festividad de recuerdo y reunión con familiares y amigos ya ausentes, se ha convertido en una noche de disfraces y luces como antídoto para nuestros miedos. Nos disfrazamos  para que los espíritus malignos nos crean uno de los suyos y no nos persigan.  Pero de lo que inconscientemente tratamos  de escapar, desde el principio de los tiempos, es de la muerte.

Recuerdo cuando mi abuela murió, en su casa, en su cama. Rodeada de su familia. Murió al atardecer y durante toda la noche fue llegando gente que la conoció, de alguna u otra forma, para velarla. Recuerdo las flores intentando borrar el olor de la muerte sin conseguirlo. Un olor distinto al de la podredumbre. Un olor que nunca antes había percibido y que nunca más he vuelto a encontrar. Y sobre todo, un olor que no todos eran capaces de sentir. Recuerdo a las mujeres rodeando la cama donde ella yacía y a los hombres entrando, presentando sus respetos para salir al poco y reunirse con otros hombres en el salón. Sólo las mujeres permanecían junto al cuerpo. Entonces fue cuando aprendí por primera vez que la muerte es cosa de mujeres. Recuerdo al día siguiente el cortejo fúnebre desde su casa hasta la cercana iglesia donde se le hizo la misa de difuntos. Vivo en una ciudad pequeña, y no sé cómo, consiguieron el permiso para hacer ese cortejo a pié. Mi abuela fue uno de los últimos vestigios de un mundo antiguo con tradiciones antiguas. No he vuelto a sentir la muerte de un familiar como algo cercano, íntimo y compartido desde entonces. En este mundo moderno donde parecen empeñados en alejarnos de todas las emociones, también nos han alejado de la experiencia de la muerte.

Algunas brujas no celebran fiestas, ni se disfrazan ni celebran esta noche. La pasan meditando y recordando a sus seres queridos fallecidos. Otras sí lo hacen, celebran una noche de magia y reunión recordando que la muerte no es el final, sino un nuevo principio. Para nosotras es Año nuevo, el principio de un nuevo giro. Las últimas cosechas han terminado, el verano ha muerto y nos volvemos hacia un nuevo ciclo. Cada bruja elige cómo vivir esta fecha, pero lo celebremos o no,  hay algo que todas debemos recordar. Lo que Samhain tiene para enseñarnos.

Lo primero que nos enseña Samhain es a dejar ir, a ser valientes y soltar. La mayoría de la gente se encariña con sus cosas, con su gente, sus ideas, e incluso con sus errores. Muchas veces nos aferramos a ellas casi con desesperación, casi como si hubiésemos construido nuestra identidad sobre nuestras posesiones. Como si al perderlas nos perdiésemos a nosotros mismos, nuestro corazón o incluso nuestra alma.

Por un lado, es lógico querer conservar lo que amamos o las cosas que nos hacen sentir bien, seguros, cómodos… pero a veces, nos aferramos a cosas o situaciones que no nos hacen felices, que ni siquiera nos gustan ya. Pueden ser trabajos en los que nos sentimos presionados o vacíos. Lugares que nos ahogan y agobian, amistades que sólo nos producen pesar y angustia. O lo más importante, relaciones rotas.

A veces es difícil decidir cuándo una relación ha terminado o solo es un bache en el camino. Otras veces es evidente. Ya no sentimos amor por la otra persona, nuestro futuro es solo una larga condena de días iguales sin volver a sentir ese cosquilleo que nos recuerda que estamos vivos y amamos. Y soñamos con escapar a otra vida, a otro futuro, a otra persona. Y aún así, no nos decidimos a cambiar de vida. El miedo nos paraliza, nos convencemos a nosotros mismos de que no encontraremos nada mejor, que nunca volveremos a ser amados, que no encontraremos jamás a nadie que nos comprenda.

Pero, una vez más, las brujas somos afortunadas. Nuestra Rueda del Año nos enseña estación tras estación que nada termina nunca, que todo es un ciclo que se repite una y otra vez, girando eternamente. Retornando siempre. Cada día es un regalo de la Diosa para vivirlo a nuestra manera. Cada día es una promesa de cambio, si nos atrevemos a cambiar…

En la senda de las brujas aprendemos caminando, viviendo y, si estamos atentas, extrayendo sabiduría de cada detalle de nuestra vida. Si pensamos en nuestro pasado, recordaremos que cada vez que hemos perdido algo importante, alguien de la familia, una amistad, un trabajo, una pareja… el espacio que ha dejado se ha llenado de nuevo.

Si Mabon nos enseñó el equilibrio, ahora debemos recordar esa lección y unirla a la de Samhain y aprender que, para que ese equilibrio se manifieste en nuestra vida, al igual que tenemos que aprender a recibir también debemos aprender a entregar. Debemos hacer sitio para nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevos sueños… dejando marchar otros que ya no necesitamos. Son pequeñas muertes que hemos de atravesar para dar la bienvenida a nuevos nacimientos.

La otra enseñanza de Samhain es que, para vivir plenamente, debemos reconciliarnos con la muerte. Nos hemos acostumbrado a ignorarla, a evitarla, a cumplir con ella con breves visitas de cortesía a los tanatorios o funerales. Somos conscientes de que la gente muere, pero no pensamos que pueda ocurrirnos a nosotros ni a los nuestros hasta que seamos muy ancianos. Y por ello nos perdemos muchos buenos momentos porque nos confiamos y confiamos en el tiempo. Dejamos esos buenos momentos para otro día, para el fin de semana, para mañana. Cuando es totalmente posible que no exista un mañana.

Cerrad los ojos y pensad en esas personas queridas. Esas a las que amáis por encima del resto. Imaginad que apenas les queda una semana de vida. Seguramente correríais a su lado y pasaríais junto a ellas todo ese tiempo, haciendo que fuera el mejor de su vida. Seguramente les diríais cuánto les queréis y lo que significan para vosotras. Querríais que en el último momento supieran que han sido amados y cuánto amor se llevan. Ellos tendrían una muerte hermosa y vosotras paz en el corazón.

Pero ahora imaginad que esas personas mueren esta noche sin que podáis hablar con ellas. Pasaríais el resto de vuestra vida pensando en todo lo que no se dijo, en todo lo que no se hizo, en todo lo que se fueron sin saber. Costaría tanto tener algo de paz…

Entonces, ¿Por qué no hacerlo cada día? Todos, absolutamente todos podemos morir en cualquier momento. No necesariamente tras una larga enfermedad o tras una larga vida. Y cometemos el error de dar por sentado que la gente sabe que les queremos, damos por sentado que estaremos aquí mañana, damos por sentado que habrá tiempo…

Samhain nos enseña que la muerte camina siempre junto a nosotros, que no es más que un eslabón más de la cadena que es nuestra existencia y que casi nunca sabemos cuándo nos tocará.

Por ello, deberíamos vivir siempre recordando que cada momento puede ser el último, deberíamos pasar ese momento riendo, amando, diciendo en voz alta lo que sentimos. Siendo felices mientras aún estamos vivas. Viviendo como si el día de nuestra muerte fuese siempre mañana.

Este Samhain recordad que la muerte es sólo el umbral que hemos de traspasar para regresar a casa cuando hayamos terminado la misión que vinimos a cumplir. Es el lugar en el que descansaremos y en el que nos reencontraremos con aquellos que partieron antes. Allí recordaremos quiénes somos en realidad, quiénes hemos sido vida tras vida, Hijas de la Diosa que una y otra vez caminamos de su mano en la Rueda sin final. Y mientras llega el momento de cruzar el umbral, las brujas celebraremos cada Samhain. Cuando el velo se abre, los mundos se unen y termina un giro para comenzar otro totalmente nuevo, lleno de magia y promesas.

Ser conscientes de la muerte nos enseña a VIVIR. Ese es su secreto, su misterio, su función.

Enseñarnos a amar la vida.

Hyedra de Trivia

Aprendiz de bruja

Burn our souls. Release the wicked. Autor de la imagen: The Night she Died http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Burn our souls. Release the wicked.
Autor de la imagen: The Night she Died
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Otoño… Época de cambios, inicios, cursos, formaciones… Y las brujas no íbamos a ser menos. Si buscáis en internet, cada vez hay más opciones para comenzar o continuar nuestro camino. Afortunadamente la mayoría las facilitan personas con un gran bagaje detrás, muy preparadas y con años de práctica a sus espaldas. También hay oportunistas, como en todo, pero son los menos y, casi siempre,  muy fáciles de reconocer.

Hoy quiero hablaros de lo que significa embarcarse en una formación pagana y cómo integrarla en vuestra vida diaria para que realmente os transforme, a vosotras y a vuestro entorno.

Lo primero que hay que tener claro desde el principio es que vuestra Maestra o Maestro no va a solucionaros la vida ni a daros las grandes respuestas a los grandes misterios de vuestra existencia. Ese será vuestro trabajo. Única y exclusivamente responsabilidad vuestra. Lo que una buena Maestra sí hará será facilitaros la información y el conocimiento, entregaros unas herramientas y enseñaros a usarlas. Todo lo demás es cosa vuestra.

He conocido a mujeres que se han apuntado con muy buena voluntad a formaciones, a círculos de mujeres, a cursos, etc… para abandonarlos después antes de acabarlas o quejarse de que no funcionan o de que su Maestra no es buena. Indagando un poco más, al final sale a la luz la raíz del problema. Este suele ser el caso, a lo mejor os suena:

El primer día acuden emocionadas, cargadas de expectativas y con ganas de aprenderlo todo. Todo les parece perfecto, la Maestra, el sistema de trabajo que se va a llevar a cabo, el resto de compañeras o compañeros, los temas tratados. Salen de allí con sus apuntes, un par o tres de descubrimientos que les abren un mundo nuevo y, lo más importante, una prácticas para hacer en casa y que deberán llevar hechas el próximo encuentro para poder avanzar.

El primer día tras el inicio están en las nubes, por fin han empezado el camino, por fin se formarán para ser brujas, sacerdotisas, paganas, conocedoras de los misterios femeninos, etc…  Así que no hacen mucho, simplemente repasan  en su mente lo estupendo que fue todo, lo maravillosa que era la gente, lo sabia que parecía la maestra… Los siguientes días la rutina diaria las mantiene ocupadas, total, queda aún tiempo hasta el siguiente encuentro, en cuanto encuentren un hueco se pondrán con las prácticas. Y el tiempo pasa, y cuando se dan cuenta, quedan un par de días y aún no han trabajado nada de lo que tenían que hacer. Y aquí pueden ocurrir varias cosas, la primera es que algunas decidan no ir y abandonar la formación por vergüenza o pereza o cualquier otro motivo. La segunda es que hagan las prácticas deprisa y sin profundizar, por lo que no asimilarán su verdadero sentido ni obtendrán el resultado para el que estaban pensadas. La tercera es que se presenten sin haberlas hecho, pidiendo perdón arrepentidas, culpando a la falta de tiempo y asegurando que no volverá a ocurrir.

En estos dos últimos casos, la Maestra se encuentra ante un dilema. Estas personas retrasan a todo el grupo, porque estas formaciones están estructuradas para que el grupo se consolide y avance unido. Cuando alguno de sus miembros no cumple con su trabajo o no se compromete con la formación, hay una fuga de energía, el círculo no cierra bien y el grupo no avanza como debería. La Maestra normalmente pasa por alto una falta de este tipo porque comprende que la vida actual absorbe mucho tiempo y puede ser cierto que realmente no se ha podido trabajar. Y también porque confía en sus aprendices, ya que todos somos adultos y responsables de nuestras acciones. Y, tal vez, sea un buen aprendizaje para todos.

Tras el segundo encuentro, estas personas se relajan. No ha ocurrido nada por no hacer su trabajo, nadie se lo ha echado en cara ni les ha avergonzado, así que ahora ya no se sienten tan culpables por ir dejando pasar los días sin hacerlas. Y así, van avanzando en la formación.

Pero empieza a ocurrir algo, y es que mientras el resto de sus compañeras va cambiando y contando experiencias transformadoras, ellas no notan nada. Siguen igual que al principio. Empiezan a aburrirse en los encuentros, los temas ya no les parecen tan interesantes, no comprenden a las Diosas de las que les hablan. Sus compañeras ya no son tan maravillosas como les parecieron al principio y empiezan a dudar de su Maestra, que no ha sido capaz de enseñarlas, de cambiar su vida, de convertirlas en lo que ellas buscaban ser.

Y abandonan el grupo. O lo terminan pero sin convicción y sin haber aprendido nada.

Seguro que conocéis casos como estos. Incluso puede que alguna se haya visto reflejada aquí. No quiero que os sintáis acusadas o atacadas por el texto de hoy. Lo que quiero es daros unos cuantos consejos para que no vuelva a ocurrir y, si vais a comenzar por primera vez una formación,  que le saquéis todo el provecho que podáis.

Lo primero y principal es, por favor, cueste lo que cueste, sacad diez, quince minutos, media hora al día para hacer las prácticas que os pidan. La mente humana sólo aprende mediante la práctica y la repetición. Por mucho que leáis los apuntes que toméis, si no practicáis no lo asimilaréis. Estudiad por vuestra cuenta. Si os hablan de alguna Diosa, investigadla. Conoced su historia, sus mitos. Descubrid qué nos enseñan. Cómo podéis aplicarlos a vuestra vida.

Segundo, no esperéis que vuestros compañeros sean perfectos, mágicos y sapientísimos desde el primer día y se mantengan siempre así. Son personas como vosotras. En éste tipo de grupos donde se trabaja a un nivel emocional tan profundo y donde se comparte todo, habrá muchos tipos de experiencias y sentimientos que saldrán a la luz. Incluso muchos que sus mismas dueñas ni conocían. Saldrá lo mejor y lo peor de cada una y debéis recordar que no estáis allí para juzgar a nadie, sino para acompañar y apoyar en ese proceso a las demás, como ellas harán con vosotras. Se trata de crecer juntas, no contra las demás.

Tercero, tu Maestra no tiene la obligación de darte todo hecho. No le preguntes cosas como: ¿Tú que crees que significa esto? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué tengo que hacer ahora?… etc. Ella está ahí para enseñarte ceremonias en las que acceder a ciertos estados de conciencia, te mostrará cómo viajar hasta tu interior y  estudiarte a ti misma, te presentará Diosas y Dioses y te explicará cómo trabajar con ellas. Te enseñará Historia, Mitología, magia, meditación, diferentes formas de honrar la vida, la Tierra, a ti misma. Te enseñará a buscar tus heridas y una vez halladas, cómo sanarlas. Pero no lo hará por ti. No debe hacerlo por ti. Ella no va a agitar su varita mágica, va a invocar a la Diosa y va a hacer que penetre en ti para cambiarte y convertirte en una Sacerdotisa. No. Tu Maestra hará su trabajo, algo mucho mejor. Te enseñará que la Diosa siempre ha estado en ti, que tú debes encontrarla en tu interior y tú debes sacarla a tu mundo. Tú serás quien te cambie la vida. Y eso requiere mucho trabajo.

Será difícil. Será duro. Probablemente habrá partes de ti misma con las que te costará lidiar. Habrá muchas horas de estudio, totalmente necesarias. Habrá muchas horas de prácticas que en un principio, parecerán no tener sentido. Habrá momentos en los que te sentirás perdida. El mundo poco a poco irá cambiando a tu alrededor y no estarás segura de si te gusta o no.

Pero también habrá descubrimientos que te llenarán de maravilla. La felicidad se irá instalando poco a poco en ti. Conocerás personas estupendas con las que forjarás un vínculo muy íntimo y cercano y sanarás muchas heridas del pasado, algunas incluso que no sabías que tenías (suele ocurrir). Pero lo más importante de todo, lo que de verdad te cambiará la vida, es que habrás dado el primer paso y el más importante para convertirte en una gran bruja, sacerdotisa o simplemente mujer. Conocerte a ti misma y enamorarte de ti misma. Y eso te acompañará siempre.

Así que si has decidido comenzar el camino, ya lo sabes.

Trabaja en ti. Sin excusas.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Eres una bruja?

A Love Ritual Autor de la imágen: Anhen http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

A Love Ritual
Autor de la imágen: Anhen
http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

Algunas de vosotras me escribís con dudas, confusas. Me contáis que mis palabras os resuenan, que sentís como propias muchas de mis experiencias, de mis pensamientos y sensaciones. ¿Soy una bruja? Me preguntáis. Y yo no sé qué responderos. Solo hay una persona en este mundo capaz de responder a esa pregunta, y esa persona sois vosotras mismas. Porque solo vosotras sabéis quiénes sois, y lo que sois en vuestro interior.

Para facilitaros esa respuesta os voy a contar una historia, os voy a contar quienes han sido las brujas a lo largo de la Historia, después, vosotras mismas decidiréis.

Las primeras brujas, ya en la Prehistoria, eran lo que ahora conocemos como chamanas. Personas que se comunicaban con los Dioses, y que hacían ritos y ceremonias en favor de su tribu. Además eran sanadoras y hacían rituales mágicos, hechizos, magia…

Con el tiempo, la Humanidad y sus creencias fueron evolucionando y estas chamanas (también chamanes) se fueron convirtiendo en sacerdotisas y sacerdotes de religiones más o menos organizadas y establecidas. La mayoría de ellas centradas en lo que realmente importaba a nuestra especie, la fertilidad de la Tierra, ya que era esto lo que garantizaba la supervivencia. En todas ellas la magia tenía un papel muy importante. Los hechizos y los sortilegios en los que se invocaba a los Dioses para favorecer cosechas, lluvia, abundancia, salud, amor… eran corrientes y naturales. Además de Sacerdotes y Sacerdotisas, había personas sabias en aldeas y pueblos que se mantenían más cercanas a las antiguas prácticas chamánicas. Casi siempre mujeres, sanadoras, parteras, ancianas sabias que orientaban a sus vecinos. Hechiceras y hierberas que comprendían el funcionamiento del mundo natural y su dimensión mágica.

Cuanto más aislado estuviera el poblado o la aldea, más cercanas a su origen se mantenían las antiguas tradiciones. Cuando un pueblo invasor llegaba imponiendo nuevos dioses y costumbres, la mayoría de las veces apenas daba una fina capa de barniz a las anteriores. Imaginad que vivís entre montañas, o en una pequeña aldea donde las cosas siempre son iguales. Tus padres, tus abuelos y los padres y abuelos de éstos, hasta donde puedes recordar, siempre han adorado a sus Dioses que les proveían de alimento y hogar, y siempre han realizado las mismas ceremonias, los mismos rituales en los mismos días señalados del año.  Un día llega un invasor, por ejemplo Roma, y te dicen que ellos también conocen a tus Dioses, pero les llaman de otra manera y que, a partir de ese momento, tú debes llamarles igual que ellos. Y lo haces, pero las ceremonias continúan casi iguales que antes y tú se las enseñas a tus hijos aunque ahora dirigidas a los antiguos Dioses con nombres nuevos. Tus hijos y nietos continúan con ellas, haciendo lo mismo hasta que llega otro invasor, esta vez el Cristianismo.

Al principio ésta nueva religión llegada de Oriente no afectó a la mayoría de la población. En realidad tardó muchos más siglos de lo que nos han contado en implantarse. El Cristianismo fue una religión de ciudad y su anexión fue más una cuestión política que un asunto de fe. Eran los reyes los que, buscando alianzas y poder, se convertían. Y si un rey era cristiano, todo su reino se consideraba cristiano. Pero en realidad sus súbditos, especialmente cuanto más alejados vivieran de la ciudad, continuaban adorando a los mismos Dioses que sus antepasados y honrándolos con las mismas ceremonias y rituales mágicos que aquellos. Eran las personas que vivían en los pagos (campo en latín), los paganos.

Pero de todos es conocido que los Dioses de las antiguas religiones son los demonios de las nuevas y el Cristianismo  se propuso convertirse en la única fe de Europa y del mundo, por lo que decidió acabar con lo que quedaba de las prácticas de las antiguas religiones, y para ello convirtió a aquellos antiguos Dioses de la fertilidad y la Tierra en demonios y construyó iglesias en la mayoría de los antiguos lugares de culto. Como la Humanidad es un animal de costumbres, fue difícil que abandonaran sus antiguas creencias, pero la Iglesia lo solucionó apropiándose de las festividades antiguas y de algunos Dioses convirtiéndoles en santos.

A pesar de ello, aún persistían mujeres que mantenían retazos del antiguo conocimiento. A veces casi intacto, otras veces sincretizado con elementos cristianos, y durante algunos siglos más, la Iglesia simplemente las ignoró al no considerarlas demasiado peligrosas. Pero tras la Edad Media, periodo más o menos tranquilo para estas mujeres, llegó el siglo XVI, la Edad Moderna. Y todo cambió. Grandes crisis sociales y económicas asolaron Europa durante los siglos XVI y XVII, hambrunas, corrupción política, revoluciones sociales, pestes…. El poder necesitaba un chivo expiatorio y lo encontró. Estas mujeres eran peligrosas, eran fuertes en sus comunidades, independientes, rebeldes, desafiantes. Eran mujeres que se atrevían a tener poder, a tener voz, a tener conocimiento… como los hombres. Y pronto los dedos que las acusaban se levantaron y surgió la palabra como un insulto, Bruja. Secuaz del Diablo. Amante de Satanás. Acusada de pactar con el Diablo para perjudicar a la especie humana y en especial, acabar con el cristianismo. Y la ola de miedo, terror, acusaciones sin fundamento y muertes se extendió por el mundo.

La inmensa mayoría de mujeres y hombres que murieron en aquellos siglos bajo la acusación de brujería no lo eran. Durante siglos el poder consiguió el arma perfecta para mantener a la población, y sobre todo a las mujeres, sometidas. Cualquier gesto podría ser sospechoso, cualquier mirada, cualquier palabra. Vecinos contra vecinos, familias contra familias, viudas herederas de tierras que otros codiciaban, suegras molestas, cualquier mujer que no necesitase a un hombre… cualquiera que sobresaliera.

Pero a pesar de ello, a duras penas y muy fragmentadas, las antiguas creencias, los antiguos Dioses, permanecieron. La magia, los hechizos, los rituales pervivieron. A veces puros, a veces con nombres cristianos, pero sobrevivieron.

Poco a poco, cuando el mundo se calmó, decidió que las brujas no existían y no habían existido nunca. Que la magia no existía. Que todas las antiguas creencias no eran más que supersticiones de personas incultas e iletradas. Y todo lo que una vez se reverenció, todo lo que más tarde se temió, ahora se despreció. Pero ni siquiera entonces desapareció. Todos los secretos y los misterios fueron guardados.

Y esto es lo que era una bruja, no un ser maléfico y sobrenatural seguidora del mal y acólita de Satán. No. Una bruja era la guardiana de los antiguos cultos de la Tierra. De las antiguas costumbres. Heredera de la magia, de hechizos y sortilegios y conocedora del mundo natural. Esa es la brujería.

Y ahora, en nuestros tiempos, las brujas somos todo eso y más. Ahora dedicamos nuestra vida a intentar recuperar lo que se perdió. Estudiando fragmentos, intentando comprender cómo debieron ser aquellas primeras religiones, tratando de reconstruir un pasado que jamás se olvidó del todo. Honramos a aquellos primeros Dioses, a nuestra Diosa Madre Tierra y Señora de la Luna, estudiamos el misterio de este planeta y de la Naturaleza, recordamos y enseñamos a otras el poder y la conexión divina que hay entre el cuerpo de una mujer y la Tierra y hacemos magia. Esto es, sobre todo, lo que define a una bruja. Hacemos magia. Hechizos. Sortilegios. Encantamos hierbas, piedras, talismanes, amuletos…. Embrujamos al mundo y a nosotras mismas.

Si tienes premoniciones, intuiciones o visiones eres vidente, no bruja. Si te comunicas con fallecidos no eres bruja, eres médium. Si sientes las emociones de otros o sus presencias, eres sensitiva, no bruja. La bruja es aquella que además de todo  eso (o no), hace brujería. Magia. Utiliza conscientemente las energías de la Tierra, las de los Dioses (les llame como les llame) y la suya propia mediante rituales y ceremonias que un día se prohibieron, para crear un cambio en el mundo que le rodea y en sí misma.

Aunque algunas no se sienten cómodas con la palabra, la gran mayoría sí lo hacemos. Las palabras tienen poder y nosotras nos llamamos brujas a nosotras mismas porque reivindicamos la limpieza de ese nombre. Reivindicamos el recuerdo de todas aquellas mujeres que murieron acusadas de algo que siempre fue falso, en nombre de demonios falsos, y condenadas por actos falsos.

Las brujas hemos sido siempre mujeres libres, fuertes y sabias. Guardianas del pasado y del antiguo conocimiento.  Hijas de la magia y maestras de brujería. Sólo eso. Todo eso.

Y ahora que ya conoces nuestra historia, puedes encontrar la respuesta a tu pregunta.

Está en tu corazón.

¿Te atreves a buscarla?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Re-Unión de Brujas

Imágen: We came from the Earth de Kamakebelieve

Imagen: We came from the Earth
de Kamakebelieve

Regreso de mi retiro atraída por un sonido que se extiende sobre la Tierra. Un latido, un tum-tum que resuena atravesando los campos, las carreteras, las calles de pueblos y ciudades.  Un retumbar que se cuela por mis poros hasta llegar a todas mis células y que despierta mis miembros aletargados por la indolencia del verano que se marcha. Alzo la cabeza, desperezo mi cuerpo y me pongo en marcha para seguir ese latido, para formar parte de él.

¿No lo oyes? ¿No lo escuchas a tu alrededor? ¿Dentro de ti? ¿No sientes la necesidad de seguirlo y convertirte en él? Alza la mirada, escucha, observa…

Son las Hijas de la Diosa que se levantan, que avanzan y se buscan. Que se encuentran. Las brujas están recordando quiénes son en todas partes del globo y cada vez que una bruja despierta y siente dentro de sí el espíritu de la Primera que nos habita a todas, comienza su búsqueda, comienza su viaje atraída por el rumor, por la llamada, por su esencia sentida en otros cuerpos y otras mentes de mujer.

Mis palabras han sido leídas en 100 países, las de muchas otras también están recorriendo el planeta. Las palabras de las brujas están llamando a otras. Nos estamos reencontrando. Nos estamos reuniendo. Y todas, con nuestras manos unidas, caminamos con pasos fuertes y firmes hacia adelante, con la frente alta, la sonrisa orgullosa y el corazón abierto. Y cada vez que una más de nosotras se une a la cadena, nuestros pasos se hacen más fuertes y firmes, creando entre todas ese sonido que atraviesa el mundo. Creando un latido de futuro, trayendo nuevas melodías para cantar canciones antiguas. Enseñándonos unas a otras Sus diferentes nombres en diferentes lenguas. Convirtiendo Su recuerdo en nuestro presente y en el futuro de nuestras hijas y nietas.

Hoy miro a mi alrededor y veo cómo cada vez más mujeres despiertan y buscan regresar a sus raíces para recuperar aquello que nos fue arrebatado. Y recuerdo cuando era niña y me sabía distinta y me preguntaba dónde estaban las demás, las que eran cómo yo. Dónde estaban las brujas. Pero no las de los cuentos, no. Las de verdad. Las que como yo sentían un escalofrío de reconocimiento cada vez que escuchaban o leían la Palabra. Bruja. Hoy ya no me lo pregunto, hoy ya sé donde están las brujas. Estamos en todas partes.

Así que si sientes que la naturaleza es sagrada y toda la Tierra es un Templo. Si sientes que hay una conciencia superior creadora y a la vez parte de lo creado y su rostro es de Mujer. Si sientes que su consorte masculino camina a su lado y de su mano, igual a Ella y nunca superior. Si crees que la magia existe y a veces sólo respirar puede ser el hechizo más potente. Si la luna te roba horas de sueño a cambio de baños de plata. Si sabes que ser mujer es un misterio que merece toda una vida dedicada a descubrirlo, entonces es que puedes ser una de las nuestras.

Si eres de las que siente que algo está cambiando dentro y fuera de ella. De las que están empezando a ver que el mundo es algo más de lo que siempre le han contado y siente la necesidad de buscarse, de conocerse, a sí misma y a Ella, entonces…  puede que estés escuchando la llamada de las brujas. Si tu corazón te lo pide búscanos, estamos muy cerca.  Responde a la llamada y a la mano tendida y conviértete en un eslabón más de esta cadena sagrada.

Somos muchas, somos fuertes, sabemos quiénes somos y nada va a detener nuestro avance. No, hasta que todas unidas de la mano formemos un círculo que dé miles de vueltas a la Tierra y todas las lágrimas, el dolor y las muertes de tántas (brujas o no) sean sólo un vergonzoso periodo más de la Humanidad en los libros de Historia.

Porque  la Diosa ha regresado y sus brujas con Ella.

Nos estamos re-uniendo.

¿Nos oyes?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Reposo de Bruja

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Por fin llega el momento, esta bruja que os habla se marcha de vacaciones. Me retiro a descansar y a prepararme para los retos que me esperan en septiembre.

Hoy seré breve porque la soledad y el retiro me llaman. Es posible que publique algo más durante agosto, pero mientras, quiero pediros un favor:

Durante el verano, cantad con el viento y aulladle a la luna, bailad con las olas y gritad a las montañas. Corred por los bosques y dormid largas siestas a la sombra bajo los árboles. Haced cientos de hechizos y pedidle mil deseos a la Luna Azúl.

Vayáis donde vayáis, mirad al mundo con ojos de bruja. Encontrad la belleza en todo lo que os rodea y sobre todo en vosotras mismas. Llevad vestidos de colores, frescos y vaporosos que os hagan sentir mágicas. Ponéos un sombrero para dar paseos bajo el sol. Mancháos los labios y los dedos con el jugo de las frutas y las bayas de verano. Contemplad muchos atardeceres y disfrutad de algún amanecer. Encontrad cada día algo por lo que reír. Comed pan de cereales y galletas saboreándolas mientras agradecéis a la Madre Tierra sus cosechas. Cantad cada día…

El favor que os pido es que viváis este verano. Hacedlo mágico. Que sea inolvidable haciendo que cada día sea especial tan sólo por ser parte de vuestra vida. Convertid este torrido verano en un verano de brujas.

Os deseo un muy feliz tiempo de magia. Yo regresaré pronto pero hasta entonces, llenad el mundo de hechizos, de voces encantadas, de bailes bajo la luna y carcajadas de brujas.

Llenad el mundo con la magia de las Hijas de la Diosa.

Feliz Verano, feliz vida.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Sueños de bruja

Hace un par de noches, debido al calor que nos castiga a todos, trataba de dormir dando vueltas en mi cama. Estaba en ese estado de vigilia en el que aún no dormimos pero tampoco estamos ya despiertas del todo. Dejaba vagar mi mente por las riberas que separan este mundo del mundo de los sueños y tuve una idea. Poco a poco se fue creando en mis pensamientos un artículo precioso y perfecto para el blog y, confiada y feliz, acabé cruzando al otro lado. A la mañana siguiente cuando cogí mi pluma para empezar a escribir descubrí que mi idea, nacida y creada en ese otro mundo, no había vuelto conmigo a éste. No recordaba nada. Pero no me preocupé, sé que aún sigue allí y, cualquier noche de éstas, la volveré a encontrar.

Dicen que pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, y todas, absolutamente todas las noches soñamos. Eso significa que he pasado más de 13 años de mi vida en el Reino de los Sueños. Para mí, ese mundo es tan real como éste pero mucho más mío, porque allí es donde somos todo lo que podemos llegar a ser.

Una bruja no puede vivir sin sueños. Yo no puedo vivir sin sueños. No sé lo que sería acostarme cada noche y levantarme cada mañana sin recordar todo lo que vivo cuando duermo. Desde la más aterradora de mis pesadillas, pasando por el más insignificante hasta el más fantástico y maravilloso de mis viajes oníricos. Todos me pertenecen y me muestran un reflejo de lo que se esconde bajo las corrientes de mi pensamientos. Cada noche mi mente abre la puerta a otro mundo que permanece virgen y que espera mi llegada para llenarse con imágenes, colores, músicas y rostros que brotan desde mi mismo centro. Del lugar donde se esconden mis secretos más ocultos, aquellos que durante el día ni yo misma conozco.

Ha habido épocas de mi vida en las que tenía pesadillas verdaderamente perturbadoras y descubrí que las más terroríficas eran las más sencillas. Una sonrisa extraña en alguien que no tenía que estar allí y el pánico me invadía. Y en otros períodos de mi vida, los sueños eran tan bellos, tan increíblemente mágicos, que el día era un incómodo trámite que sobrellevar hasta que de nuevo llegara la noche y pudiese regresar a ellos. En mis sueños he visto a la Madre Tierra alzarse ante mis pies con la forma de una mujer de barro y raíces, para enfrentarse a algo que quería apagar el Sol. He caminado por campamentos de brujas que compartían secretos alrededor de hogueras que iluminaban las noches de un país bajo un cielo con dos lunas.  He viajado a través de mundos cruzando puertas sumergidas en lagos olvidados. He sido madre de innumerables niñas y niños y hasta una vez, parí serpientes. Me he casado. En el mundo de los Sueños me uní en matrimonio en una ceremonia tan real, con tantos detalles, tan íntima y preciosa, ante la Diosa y su Sacerdotisa uniéndonos las manos, que creo que mi alma se siente realmente casada en todos los planos. He visto el mundo acabar tal vez una docena de veces y he visto la luna romperse y caer una sola vez, pero no ha hecho falta más. He encontrado libros que no conseguía leer y me angustiaba y he tenido que enfrentarme a exámenes incomprensibles años después de haber terminado la universidad.

Y he hecho magia, mucha… Maravillosos hechizos y rituales que transformaban la Tierra entera y que me hacían despertar feliz y cambiada. Y me hacían preguntarme qué sería de las brujas sin sus sueños. El lugar donde descubren quienes son en realidad y de lo que son capaces si se atreven.

En sueños he comprendido misterios que de otra forma no habría desvelado. Algunos sobre la magia, otros sobre la Diosa. La mayoría sobre mí misma. Porque allí bajamos las defensas, nuestro verdadero yo no se cubre ni se esconde y nos habla. A veces he regresado llorando lágrimas de tristeza infinita por gentes o momentos que creí haber olvidado hace tiempo. Porque aunque no lo supiera, en mis sueños aprendí que aunque soy lenta amando, soy aún más lenta olvidando.

En sueños también me he encontrado con la mujer que más he querido en mi vida y que ya hace tiempo se marchó. La madre de mi madre. En cuyo cuerpo estuve antes de ser quien soy, cuando aún era sólo la sombra de un óvulo en el feto de lo que al nacer sería mi madre. Mi abuela me cuenta historias en sueños, le da igual saber que ya no vive en éste mundo. No necesita estar viva para visitarme mientras duermo. Y siempre, siempre, al marcharse se pone un dedo sobre los labios y me pide silencio. Nunca he contado a nadie lo que ella me cuenta esas noches. Y la quiero tanto aún, la lloro tanto aún, la echo tanto de menos aún, que sé que allí no existe el tiempo y el espacio y cada vez que la encuentro es como si acabase de perderla.

Pero tal vez, mi momento favorito sea la vigilia, cuando no estamos en ningún lugar y al mismo tiempo estamos en todos. Entre los mundos. Cuando la puerta se abre y escucho las voces que me llaman por mi nombre: Hyedra, Hyedra, ven, regresa a casa. Y en la pantalla de mis ojos cerrados pierdo el control de lo que imagino y las imágenes adquieren voluntad propia y son ellas las que me cuentan a mí su historia. Y me dejo llevar, me dejo guiar por las voces que me llevan a mi otra casa. Esa que cada noche es distinta, o no, porque a veces regreso a los mismos lugares. Esa que me espera en un mundo en el que he vivido 13 años de mi vida. El mundo de los sueños que es el espejo más sincero de mi interior.

Y allí, en la vigilia, alguna noche encontraré mi idea perfecta esperando y conseguiré traerla de vuelta para compartirla con vosotras. Y os contaré que esas palabras nacieron en la puerta del mundo de los Sueños. El lugar donde Campanilla le dijo a Peter Pan que siempre le querría. Dónde siempre le esperará.

En el lugar donde se recuerdan los sueños.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

P.D. Y no puedo dejaros hoy sin contaros algo. Este septiembre, durante tres días,  caminaremos entre los mundos y traeremos a éste un poco de la magia del Reino de los Sueños. En Septiembre tendrá lugar el Festival de la Diosa en Madrid. Y STARHAWK, quién ya nos abrió la puerta al camino de la Diosa hace mucho tiempo, estará con nosotras para abrirla de nuevo. Será una experiencia inolvidable y yo os estaré esperando allí.

http://www.festivaldeladiosa.com/

La Biblioteca de la Bruja

Imagen: Beside stories Autor: mrbee30 http://mrbee30.deviantart.com/

Imagen: Beside stories
Autor: mrbee30
http://mrbee30.deviantart.com/

Muchas de vosotras me preguntáis dónde podéis leer sobre las brujas de las que hablo. Sobre las mujeres sabias y nuestras antepasadas que habitan en mis textos. La verdad es que nuestra Historia es antigua, se remonta hasta las primeras tribus en la Prehistoria y, aunque no es fácil encontrar libros que nos hablen de ellas en general, alguno hay. Más abajo incluyo una bibliografía de varios que pueden serviros para empezar a conocer mejor el tema.

Básicamente las brujas somos mujeres (y hombres) que a lo largo de los tiempos hemos mantenido y conservado unas costumbres, tradiciones, rituales, y Diosas y Dioses anteriores al cristianismo. Éste se fue extendiendo por Europa principalmente por las ciudades. Eran los reyes y los nobles los primeros en convertirse, pero en los pueblos y los campos (los pagos) los aldeanos y campesinos (paganos, de aquí viene la palabra) continuaban rindiendo culto a sus dioses antiguos, a la Madre Tierra y a sus Diosas de las aguas. Cuando fueron evangelizados, la Iglesia sincretizó muchos de estos Dioses y Diosas con Santos cristianos y lo mismo hizo con las festividades que celebraban la vida y el ciclo de la Tierra. Aunque algunas personas aún recordaban su origen y fueron perpetuando las antiguas costumbres en secreto.

Pero llegó un día en el que se nos consideró una amenaza, y los cristianos comenzaron a quemarnos y a ahorcarnos bajo la acusación de pactar con el Diablo para acabar con el orden establecido por la Santa Iglesia para quitarnos de en medio. Contrariamente a lo que la mayoría cree, la Edad Media fue una época bastante tranquila para las brujas. La famosa caza de brujas que acabó con la vida de tantas mujeres en Europa fue durante la Edad Moderna, en los siglos XVI y XVII, cuando el viejo continente sufría una terrible crisis económica y social, y las brujas fuimos el cabeza de turco al que culparon de todos los males.

Pero desde la Prehistoria, en la que eramos chamanas mensajeras entre el mundo espiritual y el terrenal para el resto de la tribu, pasando por la época clásica donde eramos sacerdotisas de los Dioses Antiguos y de la Madre Tierra, hasta la Edad Media y Moderna, donde siempre había una mujer sabia en las aldeas y pueblos que hacía las labores de herbolera, curandera, partera…, sabias que conocían los secretos de la naturaleza, hemos permanecido superando todo lo que ha intentado acabar con nosotras. Ahora en nuestros días, en pleno siglo XX, somos personas que intentan recuperar esas costumbres y tradiciones antiguas, esas prácticas y creencias y las antiguas religiones basadas en la Tierra y continuar con el legado de todas las que nos precedieron.

Si queréis conocer nuestro mundo o ya sois parte de él pero queréis saber más, os recomiendo esta pequeña selección de lecturas. Son muy pocas, es cierto, y hay muchísimas más (afortunadamente cada día más), pero ellas mismas os llevarán a otras. Con ellas no haréis más que empezar.

Para acercaros a esas primeras brujas de la Prehistoria, os recomiendo:

” Los Chamanes de la Prehistoria” de David Lewis-Williams y Jean Clottes. Editorial Ariel. Un acercamiento antropológico que extrapola datos de estudios sobre chamanes de tribus actuales y los aplica a lo que sabemos del chamanismo prehistórico. Un gran trabajo que nos acerca a misterios no tan antiguos como pensamos.

Y el gran clásico “El lenguaje de la Diosa” de Marija Gimbutas. Está descatalogado pero se puede encontrar de segunda mano. Este libro es uno de los grandes impulsores del movimiento actual de la Diosa ya que rastrea sus raíces en el arte prehistórico.

Uno que está muy bien tratado y que habla en general de las brujas a lo largo de la Historia es:

“El gran libro de las Brujas” de Rafael M. Mérida Jiménez. Editorial RBA Libros. Tuve la suerte de asistir a un congreso sobre brujas en la Universidad en la que Rafael M. Mérida expuso una ponencia y puedo decir que ha tratado el tema con muchísimo respeto y muy objetivamente.

Otros de los clásicos que estudiaron la pervivencia de antiguos mitos que son la base de nuestras creencias son:

“La Rama Dorada” de James Frazer. Hace unos años lo reeditaron de nuevo, debería ser fácil de conseguir. Es cierto que añadió mucho de su propia cosecha y su imaginación romántica, pero es un imprescindible si sabemos quitar el grano de la paja. En la misma línea tenemos “La Diosa Blanca” de Robert Graves, también reeditado hace muy poquito.

Cualquiera de Margaret Murray, “El dios de los brujos” o “El culto de la brujería en Europa Occidental”, aunque ella se centró en el estudio de un grupo localizado de brujas inglesas, las conclusiones a las que llegó son muy interesantes. Académicamente ha sido bastante discutida, pero aporta muchos datos relevantes.

Para conocer la época de las hogueras os recomiendo:

“La caza de brujas en la Europa Moderna” de Brian P. Levak Alianza Editorial

“La Caza de Brujas en Europa. 200 años de terror misógino” de Anne Lewellyn Barstow Editorial Tikal

Centrándonos en la figura de la Diosa en sí, aquella a las que las brujas adoramos, hay uno que a mí particularmente me encanta:

“El Mito de la Diosa. Evolución de una imagen.” Anne Baring y Jules Cashford Editorial Siruela

Además, entre otros:

“La Diosa. Imágenes mitológicas de lo femenino” Christine Downing Editorial Kairós
“Diosas, la canción de Eva” Manuela Dunn Mascetti Editorial Malsinet
“Los misterios de la Mujer” Esther Harding Editorial Obelisco

Y para conocer a las brujas actuales, lo mejor es leerlas a ellas directamente. Yo os recomiendo a dos que son las Madres de la brujería feminista de la Diosa a la que yo pertenezco, leerlas a ellas os llevará a conocer a muchas otras grandes.

“La danza en Espiral” de Starhawk Editorial Obelisco
“La gran Madre Luna” y “Cada día es una fiesta” de Z. Budapest, también ambas de la Editorial Obelisco. Esta Editorial, Obelisco, junto con Lewellyn, publican muchas obras paganas.

Adentrándonos en el mundo de la magia y las plantas, para aprender sus propiedades medicinales lo mejor es el “Dioscórides” una recopilación de plantas muy antigua pero que aún se usa en la carrera de Medicina y en la de Farmacia como manual. Para las propiedades mágicas de las hierbas no hay nadie mejor que Scott Cunningham y sus enciclopedias, además del resto de sus obras basadas en la magia natural.

“Enciclopedia de las hierbas mágicas” Scott Cunningham editorial Arkano Books
“El libro completo de inciensos, aceites e infusiones. Recetario mágico” Scott Cunningham Arkano Books
“Enciclopedia de Cristales, gemas y metales mágicos” Scott Cunningham Arkano Books
Estos tres también podéis encontrarlos de la Editorial Lewellyn, pero es una edición más antigua, así que búscadlos de segunda mano.

Para empezar a conectar con la magia lunar recomiendo a Edain McCoy y su “Magia y rituales de la Luna”, también en Arkano Books.

Y para conocer la unión de la mujer con la luna y los arquetipos de la Diosa es imprescindible “Luna Roja” de Miranda Gray, Editorial Gaia. Ella es la creadora y gran impulsora del movimiento mundial de la Bendición del Útero y sus facilitadoras, las Moon Mothers.

Y por último, para conocer muchos rostros (arquetípos) de la Diosa y cómo se manifiestan en nosotras, los libros de la Dra. Jean Shinoda Bolen, todos en Editorial Kairós
“Las Diosas de cada mujer”
“Las Diosas de la mujer madura”
“Las brujas no se quejan”
“El millonésimo círculo” sobre los círculos de mujeres

“Mensaje urgente a las mujeres”

Para terminar, no puedo dejar de recomendar “Mujeres que corren con los lobos”, de Clarissa Pinkola Estés. Un libro que  habla directamente al alma atávica de la mujer. Ya sea bruja o no, creo que todas las mujeres deberían leerlo alguna vez.

Para comenzar a investigar nuestro mundo, creo que con éstos vale. Con ellos podéis tener una muy buena base para conocer quiénes somos las brujas en la actualidad, de quiénes somos las herederas y el por qué estamos tan orgullosas de gritarle al mundo lo que somos.

¡Brujas!

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Quién eres, bruja?

"Witch" Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova) http://mariannainsomnia.deviantart.com/

“Witch”
Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova)
http://mariannainsomnia.deviantart.com/

¿Quién eres?

Tú. La persona que está leyendo esto en este momento. ¿Quién eres tú? ¿Te has parado a pensarlo alguna vez? No quiero saber tu nombre, o tu profesión, o de quién eres hija, madre, hermana o esposa. No quiero saber lo que haces ni en qué trabajas. En realidad tampoco quiero saber quién eres.

Quiero que lo sepas tú.

Cuando una bruja comienza su aprendizaje se sumerge en un mundo de nuevos conocimientos que, nunca mejor dicho, la hechizan. El tiempo pasa a medirse de otra forma, es la luna la que marca el calendario. Son las estaciones y sus festividades las que señalan los principios y finales. El alma de la bruja se abre sedienta a todo este océano de saber, y es fácil sentir que nos ahogamos ante tantos datos. Es posible sentirse abrumadas ante todo lo que hay que aprender, y sobre todo, desaprender. Los principios son caóticos porque se quiere controlar todo y dominar todo, y muchas veces volcamos toda nuestra atención en los estímulos y experiencias que vienen del exterior y, sin apenas darnos cuenta, nos olvidamos de todo el proceso de cambio que se produce en nuestro interior.

Poco a poco vamos cambiando, sutilmente, muy levemente al principio. Tan despacio que no lo notamos aunque las personas que nos rodean sí que lo hacen. Hasta un día en el que de repente algo nos detiene y nos hace reaccionar ante la persona en la que nos hemos convertido, y nos preguntamos: ¿Quién soy?

Es entonces cuando la bruja debe volcar todo lo que ha aprendido en un viaje hacia su interior para conocer a la persona más importante que se encontrará en su vida. Ella misma. Es un viaje que determinará todas y cada una de sus acciones y decisiones futuras. Y además es un viaje que, si tiene suerte y se convierte en una bruja sabia, realizará muchas veces a lo largo de su vida. Porque una de las primeras cosas que aprenderá es que la mujer que es hoy, no es la mujer que será mañana.  Y que, esa mujer, nunca volverá a ser la misma.

Saber quién es, es lo que decidirá el éxito de sus proyectos, tanto mágicos como vitales. Debe saber quién es cuando, frente a frente con la Diosa, la invoque y llame a su círculo. Cuando trabaje en un hechizo, la energía mágica que creará surgirá desde su mismo centro, desde el núcleo de su identidad que permanece invariable vida tras vida. La magia nace de la necesidad, del deseo puro y la voluntad profunda de la bruja. Si no sabe como llegar al centro de sí misma ni quién es la mujer que crea ese hechizo, la magia no funcionará. Por muchas velas que encienda, por muchos círculos que trace, por muchas hierbas que queme en el caldero, si no conoce el camino al origen de su magia, ésta no funcionará.

Y para conocerse, la bruja debe enamorarse de sí misma. Porque cuando estamos enamoradas, todo lo que concierne a esa persona nos parece interesante y queremos saberlo todo, conocerlo todo, ser  una con ella. Tenemos la ventaja de que ya somos una con nosotras mismas. Ahora sólo nos queda escucharnos para conocerlo todo, y eso es fácil. Cada vez que estudies algo nuevo, o leas algún hechizo, o practiques un ritual o meditación nuevas, tómate el tiempo de preguntarte a ti misma: ¿cómo me siento ante esto? No prejuzgues, no intentes reconducir tus pensamientos si éstos no son los que esperabas en un principio, no intentes imponerte gustos o ideas de otros. Es normal que admires a otras, es normal que intentes seguir los pasos de otras, pero eso no significa que tengas que dejar de ser tú y convertirte en ellas. Esas personas son quienes son por las experiencias de su vida que las han conducido a lo que son hoy día. Tus experiencias te han convertido a ti en quien eres. Cada persona tiene su propia historia. Aprende de las demás, pero no intentes ser ellas. Tu vida, tu historia y tú sois igual de únicas y especiales. Simplemente escucha tu voz interior. Analiza cómo te sientes, y una vez tengas claro tus sentimientos hacia algo, intenta averiguar por qué te sientes así. Imagina que estás leyendo un libro que te habla maravillas de la magia de los desiertos inmensos y su gran poder pero a ti te causa rechazo. Primero, no te obligues a que te guste sólo porque esté publicado en un libro de una gran bruja de renombre. Segundo, si lo piensas puede que no te gusten los desiertos porque el calor te sienta mal y los espacios tan abiertos te ahogan. Sería inútil tratar de obligarte a ti misma a que te gustasen y a apreciarlos. Pero lo que sí está bien es respetar el poder del desierto y respetar tus sentimientos hacia ello.

Cuando te acostumbras a interrogarte sobre lo que te rodea, el día a día se convierte en un constante dialogo contigo misma que te aporta grandes sorpresas. Poco a poco, además de cuestionarte tus sentimientos, también te preguntarás qué opinas sobre cualquier cosa imaginable, e igual que hiciste con lo que sientes, debes aprender a respetar tus propias opiniones y a darles la misma importancia que a las de los demás. Analízalo todo. Pregúntate constantemente el por qué de todo lo que pase por tu mente. Presta atención a tus estados de ánimo. Y no sólo frente al mundo de la magia, las brujas y la Diosa. Préstate atención a ti ante todos los aspectos de la vida en general. Ante tu vida. Cuéntate tu historia y hazte preguntas como si acabaras de conocerte. Medita y deja que tu yo más profundo te hable. Poco a poco descubrirás en ti un conocimiento y una sabiduría que sólo esperaban un poco de silencio para brotar en oleadas. Un saber que siempre ha estado en ti.

Viaja por tu historia. Bucea en las corrientes profundas de tus sentimientos. Arde entre las llamas que convertirán tus miedos en ceniza. Sé como la corriente de brisa que se cuela por todos tus rincones. Piérdete por tus laberintos y acepta y ama todo lo que encuentres dentro de ti, porque todo ello te hace ser quien eres. Todo ello eres tú.

Sobre la puerta del Oráculo de la Pytia en Delfos estaba escrito: “Conócete a ti mismo”. Y de ese saber, de ese autoconocimiento, nace la magia más poderosa.

Porque cada bruja que camina por el mundo es una fuente de poder inextinguible, y la que conoce cómo llegar a esa fuente, conoce el misterio de su vida. El más importante que existe.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Un año y un día

Coven Radilovskay Deviantart

Coven
Radilovskay
Deviantart

Para los celtas, el tiempo  comprendido en un año y un día tenía un significado profundo y poderoso. Es un periodo mágico. Los viajes iniciáticos de los héroes de las leyendas, las pruebas, los reinados, etc. tenían una duración de un año y un día. Transcurrido este tiempo, el héroe continuaba su camino si superaba su misión.  A un nivel más cotidiano, este periodo era el que fijaban como prueba en sus matrimonios, si tras este tiempo las parejas deseaban continuar juntas renovaban sus votos, y si la unión no funcionaba,  cada uno seguía por su camino con total libertad.

En la actualidad, un año y un día es el tiempo durante el cual un neófito debe aprender y prepararse para poder ser iniciado en Wicca y en muchas ramas del paganismo. No es algo meramente simbólico, tiene mucha importancia porque durante este tiempo, un giro completo de la Rueda, ha estudiado y vivido los ciclos de la Naturaleza, ha acompañado conscientemente a la Tierra en su viaje, ha navegado por las mareas lunares y ha tomado contacto con la Divinidad. Este tiempo supone una primera toma de contacto y ahora, tras su Iniciación, es cuando comienza el verdadero trabajo.

Os cuento todo esto porque hoy se cumple exactamente un año y un día desde que publiqué mi primera entrada en Palabra de bruja y eso significa que hoy estoy de celebración, pero también estoy haciendo un repaso a todo lo que he compartido con vosotras durante este año. En Palabra de bruja he compartido mi vida, los pensamientos y sentimientos de una bruja durante un giro completo de la Rueda, algunas experiencias y rituales. Pero también he aprendido muchísimo y me he dado cuenta de muchas cosas, entre ellas que cuando llevas mucho tiempo en este mundo lo tienes tan interiorizado que fluyes con la Tierra y sus ciclos de manera natural y ya no te paras tanto a observarlo y sentirlo como lo hacías al principio. Para poder expresaros lo que sentía y pensaba en cada momento  he tenido que regresar a la forma en que lo vivía todo en aquellos primeros días de hace tantos años. He regresado a la ilusión, al asombro, a la observación consciente y a la alegría de descubrir que todo es mágico. Pero lo más importante, es que he comprendido todo lo que me queda por aprender, por descubrir, por compartir.

Para mí, hoy también es un día de Iniciación. A pesar de llevar en este camino más de dos décadas, el enfrentarme cada viernes a un folio en blanco me ha hecho tener que bucear en mi interior y sacar fuera muchas partes de mí que nunca antes había expresado y he tenido que ordenar el caos de mis pensamientos. Algunos viernes he tenido que detenerme a ponerle palabras a los sentimientos que quería expresar y otros puedo confesaros que me he sentado delante del ordenador con la mente en blanco, los dedos sobre el teclado y sin saber de qué hablaros, y simplemente le he pedido a Ella inspiración y he dejado que todo fluyese. Y siempre fluyó. Ella siempre ha estado ahí. He atravesado cada estación respirando al unísono con este amado planeta. He dejado que la luna navegase por mis emociones y las he observado sin tratar de dominarlas.  Me he presentado como una niña ante la noche y la Luna Llena para describiros la sensación de la adoración total. Me he despojado de todo lo que he aprendido para reaprenderlo de nuevo y presentarlo ante vosotras.

Y hoy, un año y un día después, renazco comprendiendo que apenas sé una gota de todo el océano de conocimiento que se extiende ante mí. Y quiero navegar por ese océano con vosotras, aprendiendo juntas, de la mano. Porque empezamos siendo muy poquitas y hemos crecido hasta ser un número importante de mujeres que cada viernes se reúne en este pequeño espacio, en este hogar que comparto con vosotras. Gracias a este sitio he conocido a mujeres fuertes, valientes, hermosas y muy mágicas que me han contado sus historias de superación y esperanza. Unas verdaderas brujas  que caminan por la vida con sus escobas por delante barriendo los obstáculos que intenten frenarlas.

Hoy quiero darles las gracias a ellas, a todas las que me leéis y habéis ayudado a que este proyecto crezca y se mantenga en el tiempo. Gracias por ayudarme a darle raíces que profundicen en el tiempo. Quiero agradecer también a las páginas de facebook que comparten mis palabras haciendo que lleguen a más personas, especialmente a “Brujas, Diosas y Chamanas” y “Brujas: mujeres de poder, magia y conocimiento” que apostaron por mí casi desde el principio. Si queréis aprender lo que es una verdadera bruja no podéis dejar de visitarlas.

Ahora empieza un nuevo giro. Un nuevo ciclo que me llevará por antiguas sendas del camino de la Diosa y que yo compartiré con vosotras. Ven, toma mi mano y todas juntas empezaremos un nuevo viaje de brujas.

Hoy comenzamos una nueva aventura

¿Me acompañas durante año y un día?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Los fuegos de Beltane

BELTANE Autor desconocido

BELTANE
Cuadro de autor desconocido

Poco a poco el aire es más cálido y la luz está cambiando. ¿Te has dado cuenta de que el canto de los pájaros es distinto? ¿Has notado que el polen ya vuela jugando con los rayos del sol? ¿Sientes el despertar de la energía dentro de ti? Yo sí. Son como chispas de excitación en mi vientre. Cómo un burbujeo en mi sangre que bombea en mis venas expectante. Sé que se me escapan sonrisas y carcajadas más a menudo que antes. La Tierra continúa girando y ahora está preparada para ser fecundada. Toda ella se prepara para recibir la semilla que gestará en la oscuridad. Es tiempo de arar los campos, de estallido de vida, de sexo, de amor y de pasión y las brujas lo celebramos con la Tierra desde el principio de nuestra Historia. Es la antigua fiesta de la Siembra, de purificación de campos y gentes. De largas noches de música, bailes y sexo sobre la tierra fértil. Nuestra Señora se encontrará con el Dios Astado, salvaje y libre, y una vez más se unirán para crear la vida que nos inunda a todos. En lugares de todo el mundo, las brujas continúan celebrando esta noche encendiendo fuegos, bailando sobre los campos y despareciendo en la oscuridad para hacer el amor sobre la tierra.

Imagina una noche de mayo plagada de estrellas y la Luna casi llena. Imagina esa noche iluminada por el resplandor de numerosas hogueras en un festival de fuego y euforia. Imagina que llegas junto a esas hogueras y te ves sumergida en un mar de personas felices que cantan, que ríen, que bailan a tu alrededor. Que celebran la vida y el amor por encima de todo. Déjate llevar por la energía de la noche. Deja la vergüenza y las inhibiciones a un lado y canta, ríe y baila junto a ellos. Y si tu alma te lo pide, ama como ellos. Déjate seducir por la magia de Beltane.

Mañana arderán las hogueras. Nuestra Diosa nos mostrará su rostro de mujer amante y se unirá al Dios astado. Celebrarán su eterno Matrimonio Sagrado haciendo explotar el mundo en un orgasmo de vida y creación. Y nosotras, sus hijas, no podíamos ser menos. ¿No sientes la sed despertando dentro de ti? Sed de otra piel ardiente fundiéndose con la tuya. De otras manos sinuosas dibujando los contornos de tu cuerpo. De otros labios acariciando los tuyos con besos lentos, profundos y apasionados. Sed de buscar en la mirada del otro para no encontrar otra cosa que un reflejo de ti misma. Para descubrir que tu amante sigue siendo él mismo, pero también algo más. Alguien más. Alguien que te mira desde unos ojos nublados por la pasión. Unos ojos dorados, oscuros, peligrosos… Que te hablan a gritos en un idioma más antiguo que la misma Humanidad. En un idioma que tú comprendes, porque también lo hablas. Es el idioma del deseo, de la lujuria, la pasión y el amor profundo. El idioma de los Dioses.

Siente cómo la energía de Beltane recorre tu cuerpo y hace hervir la sangre en tus venas. Siente el fuego rodeándoos y el mundo dejando de existir por un instante mágico en el que solo permanecéis vosotros, tu Dios y tú.  Siente el sudor resbalando por vuestros cuerpos mientras ambos, convertidos en Dioses, os dejáis llevar por el ritmo más antiguo del mundo, el ritmo de la Creación. Donde cada vez que  vuestros cuerpos se encuentren hagáis surgir un universo de nuevos mundos. Celebrad que, una vez más, nuestros Dioses, a través de vosotros y de todos los amantes del mundo, han vuelto a unirse en la danza eterna que crea la Vida. Una danza que nos une a todos y que todos bailamos porque sus pasos son los mismos para todos,  mujeres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con hombres… La danza del amor infinito.

Y si no hay un amante en tu vida, ámate a ti misma. Comparte contigo misma el regalo de Beltane. Honra a tu cuerpo creado por la Diosa para estremecerse y sentir. Disfruta del don del placer mientras te unes a la danza cósmica del universo.  Aunque estés sola, enciende velas, fogatas si puedes, prende una pequeña pira, enciende un leño en tu caldero… y baila. Baila a su alrededor hasta que no puedas más, hasta que la risa se escape sin que sepas por qué, hasta que el calor haga que tus mejillas enrojezcan y tu respiración se agite. Baila de forma salvaje, de forma sensual, erótica, seductora. Mueve tu cintura, agita las caderas. Baila con el mundo y para ti. Baila, gira y ama hasta el amanecer. Hasta que sientas que si dieses un paso más te desvanecerías en la nada. Hasta que la chispa de la vida haya prendido en la oscuridad de la tierra.

Hasta que, como cada Beltane, te hayas convertido en una bruja enamorada de la Vida y, sudorosa y agotada, empieces a pensar en los siguientes Fuegos de Beltane.

Feliz Primero de Mayo a todas.

Feliz Orgasmo Sagrado.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las brujas de mi vida

Fotograma de "Las Nieblas de Avalon"

Fotograma de “Las Nieblas de Avalon”

En mi vida estoy rodeada de brujas. He tenido la gran suerte de conocer a mujeres (y hombres) espectaculares, maravillosas y valientes. Y aunque todas seguimos el mismo camino y celebramos la vida de la misma manera, cada una de ellas es totalmente única y diferente de las demás.

Algunas de ellas son Maestras. Su don es transmitir la antigua sabiduría para hacer que su recuerdo despierte en las demás. Tejen una red de historias y cuentos de mujer mediante los cuales envuelven nuestros corazones y nos sumergen en otros mundos pasados. Su voz es como la voz del Tiempo, llegando hasta nosotras desde épocas muy, muy lejanas. Contando secretos que desvelan en susurros. Invitándonos a penetrar en un mundo de misterios y enseñándonos a pronunciar los antiguos nombres de la Diosa a la que todas adoramos. De ellas he aprendido que jamás lo sabremos todo. Que siempre habrá algo nuevo por conocer, un misterio que descubrir, un secreto que desvelar. Que el camino de la sabiduría es un camino eterno, sin final y cuya única recompensa es continuar aprendiendo.

Otras son verdaderas hijas de la tierra. Su vida transcurre entre hierbas, piedras, inciensos y pócimas. Son ellas las que estudian el poder que la Naturaleza pone a nuestro alcance. Casi todas tenemos nociones, pero ellas son las expertas. Estudian el viaje de la semilla hasta convertirse en fruto y de nuevo en semilla. Observan el poder de cada planta, de cada hierba, de cada árbol y flor y son las que comprenden mejor que ninguna el significado de la muerte y del retorno. Son las brujas verdes. Las que, vivan donde vivan, estarán rodeadas de jardines, huertos, o macetas. De ellas he aprendido que mi sangre es también un poco verde. Que abrazar un árbol puede sanar heridas antiguas. Que caminar descalza sobre la hierba me conecta con la Diosa más que muchos rituales. Que la magia más potente se consigue con la más humilde flor.

Algunas otras son brujas de cocina. Son alquimistas que transforman cualquier elemento en un banquete que calma el hambre del cuerpo y del alma. Suelen ser dulces, cariñosas y a veces introvertidas. Su poder es un conocimiento innato sobre las propiedades de la materia y la forma de mezclarla para obtener lo mejor de ella y embrujarnos a las demás en cada bocado. Destilan amor profundo en cada plato, en cada guiso que bulle a fuego lento en sus calderos. En cada pastel y galletas que nos recuerda que aún somos niños felices que quieren seguir disfrutando de la magia de la vida, y parte de ella se encuentra en lo que comemos. De ellas he aprendido que la paciencia es lo más importante si quieres hacer algo bien. Que la Diosa nos nutre y nos entrega sus frutos para alimentarnos y que cocinarlos con amor es una de las mejores formas de agradecérselo.

Otras son brujas cantantes y danzarinas. Llevan con ellas el ritmo de los antiguos tambores que un día resonaron por la tierra y que enlazaban el corazón de las gentes con el corazón del universo. Son brujas que sienten la música del mundo y les fluye en cada movimiento y en cada tonada. Elásticas y ondeantes. Melodiosas y creativas. Que pisan fuerte el suelo y acarician suavemente el cielo. En especial, hay uno de ellas que es capaz de traer a la misma Diosa en cada uno de sus pasos de baile. Su trance traspasa el escenario y anida en tu interior, provocando lágrimas de dicha al sentir la presencia de los Antiguos. A veces pienso que la misma Diosa mueve su cuerpo para recordarnos que para honrarla no hacen falta palabras. Estoy convencida de que él es uno de sus favoritos. De él he aprendido el valor del esfuerzo y la perseverancia. He aprendido a confiar en los propios dones y luchar siempre por ser quien eres. He aprendido a escuchar la música del universo y a dejar que mi cuerpo baile libremente con sus propios ritmos.

También hay brujas que están en permanente contacto con otros mundos. Parecen vivir siempre con un pie a cada lado del velo. Son brujas  que siempre siguen a su instinto, nunca dudan de sus intuiciones y comprenden el misterio de la vida desde que llegan a ésta. Son las que sienten los hilos que nos unen a todos, aquellas que sienten un éxtasis profundo contemplando un amanecer y encuentran el sentido de la existencia en la belleza del ocaso. Son empáticas, sienten las emociones de todo ser vivo de este planeta.  Son las que ven la magia en todo lo que compone el mundo. Las expertas en hechizos y rituales, sortilegios y encantamientos. De ellas he aprendido a ver lo que se esconde tras la realidad cotidiana. A ser consciente de la constante presencia de la Diosa en mí. El poder de encender una vela y la magia que desata. He aprendido que no hace falta un complejo ritual para que un hechizo funcione.

Hay brujas artesanas y artistas. Que tejen, pintan, modelan… crean magia con sus manos reflejando en sus creaciones la belleza de su alma antigua. Ellas nos traen los rostros de la Diosa para poder mirarla de frente. Fijan los colores del arcoíris en pinturas que nos recuerdan la tierra de los sueños. Crean del barro y la madera las estatuas que representan a Aquella a la que rendimos honores. Le dan forma a nuestros pensamientos. A nuestras fantasías y visiones. De ellas he aprendido a valorar mis manos y lo que puedo hacer con ellas. A apreciar el valor del trabajo de otros. He aprendido a entender el amor que puede residir en un pedazo de madera, en un trozo de piedra y en unos hilos entrelazados. Cada creación es un hechizo en la que entrelazan su alma con su obra.

Y hay brujas que reúnen varios de estos dones en ellas. Artesanas de cocina… Danzarinas que cantan entre los mundos. Maestras hierberas con alma verde… O incluso un poco de todos.

No todas son iguales. Pero todas son mágicas. Todas son grandes brujas y grandes mujeres (y hombres). Y cada día doy gracias a nuestra Diosa por ponerlas en mi camino. Por contar con ellas en mi vida. Por ser parte de ellas.

Por ser una de ellas.

¿Y tú? ¿Qué clase de bruja eres?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Lágrimas de bruja

Sea of Serenity Freydoon Rassouli www.rassouli.com

Sea of Serenity
Freydoon Rassouli
http://www.rassouli.com

En viejos textos medievales y modernos se cuenta que, de todos es sabido, las brujas no lloran…

Que no lloramos… A pocas brujas conocían los eruditos escribas de ésos textos.

No hay diques en mis ojos. No hay presas. Cualquiera que sea su origen, mis lágrimas son libres de fluir y brotar de mí, porque las lágrimas contenidas son enfermedades gestadas.

No siempre fue así. Durante mucho tiempo las retuve. Hubo una época en mi vida en la que mi corazón se aletargó. Después de unos años de oscuridad y sufrimiento continuo, algo en mí se quebró y las cosas dejaron de afectarme. Me cubrí con una máscara de falsa fortaleza (una de aquellas de las que os hablé en otra ocasión) para ocultar mi fragilidad y dolor al mundo y a mí misma. Y caminé por la vida sin sentir, sin vivir casi. Me dejaba llevar por el tiempo a través de lugares, de gentes, de momentos que apenas significaron nada para mí. Supongo que el ser humano tiene un límite para el dolor interno y yo alcancé el mío. La respuesta de mi mente fue recluirse tras un muro de hielo y ver pasar el mundo sin involucrarse en él.  De hecho, apenas tengo recuerdos de aquellos momentos. Son años perdidos en un aspecto, pero muy valiosos en otros.

Fue en aquella época cuando me encontré a mi misma, nunca abandoné la magia ni a la Diosa, era lo único que aún me hacía sentir algo y fue así, poco a poco, como el hielo comenzó a resquebrajarse y a derretirse. Fue cuando encontré mi esencia, a mi verdadero yo en mi interior y mis largas conversaciones conmigo misma fueron lo que me devolvió la sensibilidad. Fue cuando aprendí a escucharme. Me di cuenta de que, si centraba la atención en mi interior y permanecía en silencio, las respuestas a cuestiones que me preocupaban surgían de mi centro como si algo más antiguo y más sabio que yo me respondiese. Pero no era nadie más. Sólo yo, que por fin encontraba el camino a la sabiduría que tanto buscaba en el lugar en el que siempre había estado. En mí.

Pero seguía sin llorar. Sentía que no podía permitírmelo. Sabía que debía tantas lágrimas, que si alguna vez empezaba ya no podría parar. El viejo dolor no había pasado, no se había curado. Seguía en mi, enquistado y pulsante, esperando para estallar y buscar una salida que yo le negaba. Pero vivir así no era lo que mi alma libre de bruja necesitaba. Las brujas estamos hechas para vivir la vida en todos sus extremos. Para sentir hasta la última migaja de emoción en todo lo que nos rodea. Una bruja es un corazón que siente todas las emociones del mundo en cada latido. Estamos hechas para disfrutar intensamente de todo lo que ocurra en nuestra existencia. Somos capaces de sentir la alegría más salvaje y la tristeza más devastadora, el amor más apasionado y épico y la soledad más desoladora. Porque la magia está hecha de emociones y sentimientos y nosotras somos la encarnación de la magia en esta Tierra.

Así que comprendí que si quería ser una bruja completa, si quería ser la persona feliz que yo sabía que podía volver a ser, debía liberarme de aquel dolor que mantenía prisionero dentro de mí y que me convertía a su vez en su esclava,  y al que yo sentía expandirse cada día, como una podredumbre oscura y densa que se alimentaba de cada lágrima no vertida.  Debía enfrentarme a él, entregarme a él y dejar que me invadiese para, una vez sentido y comprendido, me atravesara y se alejase de mi.

Y eso hice. Me volví hacia dentro y me enfrenté a él. Dejé que brotase y me llenase por completo, que se expandiese por todo mi ser hasta no dejar un resquicio libre y cuando sentí  que ya no era yo la que le sentía a él, sino que él me sentía a mí, las primeras lágrimas se agolparon  en mis ojos y por fin las dejé brotar, amando todas y cada una de ellas. Me convertí en mis lágrimas. Acompañé su viaje desde el centro de mí, donde se creaban, hasta caer mojando mi rostro, mis manos, el suelo… Las sentí todas y cada una de ellas, lavando a su paso cada humillación, borrando cada recuerdo podrido, sanando cada promesa rota, acariciando sueños perdidos, cicatrizando heridas tan profundas que casi me atravesaban entera. Limpiando cada mentira que había destruido las distintas vidas que pude haber tenido. Llenando cada silencio que rompió mi mundo y casi me desvió de mi camino. Lloré por todos aquellos años en los que no había podido hacerlo y sané cada golpe que la vida me había dado. Grité desgarrándome por dentro y dejé salir toda la rabia. Sollocé tánto que durante días me dolió el cuerpo por los espasmos. Clamé a mis Dioses eternos para que aceptaran la ofrenda de mis lágrimas. Y aprendí que el mayor daño de todos fue el que yo me había causado a mí  misma impidiendo que mi dolor sanase ocultándolo al mundo, casi construyendo mi identidad sobre él. Y una de las promesas que me hice fue que nunca más volvería a retener las lágrimas ni a ocultar el dolor fingiendo que no existe.

Desde entonces he llorado muchas, muchísimas lágrimas. Y he aprendido que llorar es un acto mágico. Es un ritual en sí mismo. Entregamos nuestras emociones a su elemento, las convertimos en agua y las dejamos fluir arrastrando todo lo que nos hiere. Las entregamos para que sigan su camino mientras nosotras continuamos el nuestro.

Hay lágrimas de dolor, de tristeza, de añoranza y pérdida. Pero también hay lágrimas de alegría, de felicidad, de alivio, de compasión, de risa. De amor.

Cada emoción tiene su lágrima y las brujas las conocemos todas porque la base de nuestro trabajo mágico consiste en conocer nuestras emociones en cada momento de la Rueda del Año. Viajamos a nuestro interior y, encontremos lo que encontremos, casi siempre regresamos llorando. Y lo hacemos juntas. Nos limpiamos por dentro juntas y nuestras lágrimas nos lavan por fuera, juntas. Hay algo muy liberador en poder llorar en compañía de otros, y más liberador aún cuando lo conviertes en un hechizo poderoso.

Porque, como todas las cosas mágicas de la vida, las lágrimas guardan un secreto y las brujas lo conocemos.

Y es que hay más poder en una hora de llanto, que en una vida entera  de falsa fortaleza.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El Telar de la Diosa

Anoche volé a mi Espacio Sagrado. Algo me llamaba desde el centro de mi alma, y aunque estaba cansada y cercana al sueño, me dejé llevar al claro de ese bosque del que os hablé en otra ocasión. Esta vez era de día, el Sol de una mañana de primavera lo pintaba todo en una paleta de verdes nuevos y húmedos. El bosque bullía de vida y casi sentía crecer las semillas moviéndose bajo la planta de mis pies en la tierra negra y fértil. El aire estaba electrificado, como en las tardes de verano momentos antes de que estalle la tormenta. Mi piel estaba erizada, y sentía mi sangre cantar en mis venas. Algo me llamaba, algo tan potente que hacía que todo se detuviese y agitase al mismo tiempo buscando  su presencia.

No me detuve en el claro, continué caminando siguiendo su llamada, como una canción olvidada un día y vuelta a recordar sin saber cómo ni porqué, buscando el origen de esa melodía que parece contar tu propia historia. Guiada por aquellas notas que en realidad partían de mi misma, llegue junto a un cruce de caminos. Dos de ellos abandonaban el bosque y se internaban en amplias praderas, perdiéndose en el horizonte. El otro continuaba hacia adelante, subiendo hasta la cima de una colina verde con un solo árbol en su cumbre. Una figura parecía aguardar sentada a la sombra de sus grandes ramas.

Era de aquella figura de donde provenía la llamada, así que, sin pensarlo un momento, comencé la ascensión sin prisa ni incertidumbre, casi como si el mismo camino fuese tan importante como llegar. Ni siquiera me planteé quién me esperaba al final del sendero, porque ya lo sabía. Siempre lo había sabido.

No me miró cuando aparecí ante Ella. Ni siquiera levantó la vista de lo que tenía entre las manos, pero sí pude ver que una ligera sonrisa curvaba las comisuras de sus labios. Sus cabellos largos me ocultaban sus ojos, pero sabía que brillaban. Me hizo un leve gesto con la mano señalando la hierba junto al tronco caído sobre el que estaba sentada. Me dejé caer y entonces fui yo quien tuvo que levantar la mirada para observarla. A veces la imagen que tengo de Ella es muy clara, muy definida según el momento de la Rueda que sea, o de la consulta que tenga para Ella, pero esta vez no tenía una forma ni un rostro concreto sino que parecía tenerlos todos. Sus cabellos cambiaban del cálido color de la miel, al rojo más intenso, y se desvanecían en un blanco puro para volverse pálidos como el sol del Norte y después oscurecerse de nuevo como las alas de los cuervos. De igual modo su rostro cambiaba desde unos rasgos pálidos y finos, a una sensual piel dorada como los campos de trigo cambiando hasta la oscuridad de unos ojos negros repletos de secretos. Era Ella en todos sus aspectos, en todos sus nombres. En toda su esencia. La Gran Diosa. La Única. Todas.

Esperé su mensaje dejando pasar el tiempo allí sentada, observándola y jugando a reconocer alguno de sus nombres mientras cambiaba de aspecto.  Pero al ver que no hablaba, y que se limitaba a mirarme de vez en cuando sonriendo mientras continuaba haciendo algo que yo aún no era capaz de percibir, decidí ser yo quien rompiera el silencio.

-He sentido tu llamada…

Ella sólo elevó una ceja mientras me miraba de reojo.  –No, yo no te he llamado.

La miré sin comprender.

-La llamada venía de ti. Algo en ti quería estar aquí. Porque hay algo que necesitas saber.

Medité sus palabras y comprendí que, como siempre, tenía razón.  A veces, cuando vosotras me hacéis consultas, cuando me pedís consejo o que os guíe, en alguna ocasión tengo dudas. ¿Y si no sé llegar a vosotras cuando me lo pedís? ¿Y si no consigo ayudaros? ¿Y si no os guío de la forma adecuada? ¿Y si esa no es mi misión? Lo que es válido para mí no tiene por qué serlo para vosotras.

En ese momento fui capaz de ver lo que había estado haciendo todo ese tiempo. Tejía. Entrelazaba hilos de todos los colores creando un tejido de una belleza perfecta. Era el Tapiz de la Vida.

No tuvo que mirarme para conocer mis dudas, mientras yo observaba sus dedos trabajar sin descanso, su voz fue penetrando en mí y hablándole directamente a mi corazón.

-Escúchame, Hyedra. Estoy hecha de ti, mi bruja. Estoy hecha de todas las que alguna vez fueron y de todas las que serán.  No estás sola. Nunca lo has estado. Formas parte de algo tan grande, que a su lado el Universo se queda pequeño. Tú, y todas las que lleváis mi recuerdo en vuestro corazón, estáis destinadas a guiar a otras. A ayudarles a recordar lo que una vez fuisteis. Lo que Yo fui para la Humanidad. Sois las que me abrís el camino. Las que preparáis mi regreso a la memoria de los Hombres. Mira, vosotras sois los hilos más brillantes de mi Telar. Los que marcan el diseño.

Observé el Telar. Vi como en un inicio había un solo hilo brillante, el diseño era sencillo y con pocos colores, pero poco a poco, ese único hilo parecía dividirse y de él brotaban más hilos que brillaban con colores cada vez más vivos y se entrelazaban en diseños cada vez más intrincados, y eran estos hilos los que guiaban a otros creando formas y dibujos. Hasta que llegaba a un punto en el que todos los hilos eran brillantes.

Pero el gran misterio del Telar de la Diosa es que es circular, y todos los hilos brillantes acaban volviendo a ser uno sólo que  se entreteje entre otros opacos, mates, pero creando el diseño más bello de la Creación. El diseño de la Eternidad.  Porque ese hilo, la Primera Bruja, sabe que es sólo eso, la primera de muchas, muchísimas más que vendrán.

Le di las gracias, porque como siempre, me dio el mensaje que necesitaba. Ahora sé que sólo soy un hilo dentro del infinito Telar de la Diosa, sí. Pero soy uno de los hilos brillantes. Hoy, en estos tiempos, tengo la inmensa suerte de ser una entre muchas. Muchos hilos que brillan con mil colores me rodean. Juntas enseñamos a otras a brillar. Soy una entre muchas, es cierto. Pero no es menos cierto que, si al telar le faltase un hilo, sólo uno, todo el tejido se desmoronaría.

Somos un hilo entre infinitos hilos. Somos así de insignificantes. Somos así de importantes.

Si consigo que creáis esto, conseguiré enseñaros a brillar.

Y estaré cumpliendo mi misión.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

 

Infancia de bruja

Elsie & Pooka Author: Lora Craig-Gaddis www.pookapages.com

Elsie & Pooka
Author: Lora Craig-Gaddis
http://www.pookapages.com

Si aspiramos el aire y dejamos que nuestro instinto sienta libremente, notaremos que ya llega Imbolc. En su sueño invernal la Diosa comienza a agitarse levemente. Su letargo es cada vez más ligero y las semillas y raíces que se ocultan en la oscuridad despiertan lentamente. Una oleada de cálida energía recorre la Tierra y sus hijos, que hibernan en cuevas y madrigueras, comienzan a moverse, aunque  aún lo hacen despacio, en sueños. El Sol cada día ilumina más tiempo y calienta más intensamente. Y a través de las brumas del sueño, en su interior todos los seres vivos notan el cambio.

La primavera es todavía una promesa, apenas el germen de lo que vendrá. Todo está haciendo acopio de fuerzas para el estallido de vida que pronto inundará nuestro mundo. Es tiempo de nuevos proyectos, de generar ideas, de imaginar cosas nuevas. De celebrar la inocencia, la niñez cargada de esperanzas, de alegría, risas y juegos.  De buscar en nuestro interior la niña que fuimos y jugar con ella. Y esta bruja que os habla tiene mucha suerte, porque no tengo que buscar mucho para encontrarme con la niña que fui y que aún vive en mí.

Si cierro los ojos y recuerdo cómo era, sólo puedo sonreír y agradecerle todo lo que hizo, porque gracias a ella hoy soy la mujer que soy. Recuerdo aquella niña cuya máxima felicidad consistía en explorar bosques buscando hadas y portales a otros mundos. En jugar a batallas de magos y brujas. Una niña que con apenas seis años convenció a todos sus compañeros de clase de que no era de este mundo y que algún día sus verdaderos padres vendrían a buscarla para llevarla de nuevo a casa. Que con ocho años ganó un concurso de redacción escribiendo sobre las sirenas que en aquella época la fascinaban. Una niña que disfrutaba subiéndose a los árboles, comprando viejos libros de hechizos en los puestos del rastro y soñando por las noches que escapaba de casa de madrugada para ir a algún lugar donde sabía que la estaban esperando. Porque la niña que fui, al igual que la mujer que soy, estaba absolutamente enamorada de la noche.

A escondidas salía a la terraza y pasaba horas mirando fuera, a la Luna, las estrellas, el cielo. A las luces lejanas. Escuchaba voces y risas y me preguntaba de quién serían. Qué clase de personas recorrían las calles en la madrugada y que extraños actos les retenían fuera de sus casas. Y yo, mirando aquellas calles vacías, me preguntaba si alguna noche me atrevería a salir, sin hacer ruido, y  acudiría al lugar que me reclamaba por dentro.  Nunca lo hice, pero ya dormida, en sueños, me veía caminando hacia una gran arboleda en cuya entrada me esperaba un grupo de personas vestidas de oscuro y con capuchas que ocultaban sus rostros. Un grupo del que yo formaba parte.

Siempre comprendí el lenguaje de la noche. El sutil cambio que se producía en el ambiente cuando todos en la casa ya dormían y solo yo quedaba despierta esperando algo que nunca llegó,  tal vez porque aún no era el momento, aunque pasara horas de incontables madrugadas imaginándolo. La noche me hablaba tan claro… era un lenguaje secreto entre ella y yo, un lenguaje compuesto por palabras que hablaban de tiempo y sueños antiguos, de secretos perdidos y promesas incumplidas, de esperanzas eternas y respuestas a preguntas hechas mucho tiempo antes de que yo naciera. Y mi alma de niña sentía un anhelo inmenso por todo  aquello que la noche ocultaba y que me tentaba cada vez más.

Recuerdo noches de verano en la casa de mis abuelos, cuando las normas se relajaban y mi espíritu libre tenía más horas para vagar a sus anchas por los escenarios que mi imaginación creaba de la nada. Tenían un patio con flores, plantas, y una preciosa adelfa en el centro que cada día se convertía en el escenario de mis juegos inventados. Si un día era un bosque encantado, al día siguiente era el escondite de un pirata o la cueva en la que un hada esperaba a que algún día alguien la rescatara del hechizo que la mantenía prisionera. Vivía siempre esperando momentos de magia y hoy comprendo que todos aquellos momentos ya fueron mágicos. Yo era una niña llena de magia, así que mi vida no podía ser de otro modo.

Crecí buscando una entrada a otro mundo.  La buscaba en el rumor de las olas cuando acarician la orilla del  mar, en los bosques húmedos y verdes en los que habitan criaturas ancestrales, en la cara oculta de la Luna. En la oscuridad de las altas horas de la noche y entre las ascuas de las hogueras de verano. Pero hace ya muchos años comprendí que buscaba algo que ya tenía. Porque hoy sé que la niña que era ya caminaba entre los mundos. Vivía siempre entre ellos porque desde que nací ya pertenecía a ambos y crecí viendo a mi alrededor toda la magia que otros no veían. Por eso mis hechizos fueron siempre tan naturales, tan innatos. Yo era pura magia.

Y ahora, en estos días de Imbolc en los que celebramos nuestra niñez, me alegro de seguir siendo igual que entonces, de seguir jugando cada vez que mi loca imaginación me propone descubrir misterios. Me alegro de saber que esa niña feliz continúa conmigo y esperando la mínima ocasión para llevarme con ella de aventuras, a explorar mundos que solo nosotras conocemos. Aunque ahora la mayoría de las veces ya no son juegos y yo ya no busco entradas al mundo de la magia. Esa entrada que nunca encontré de niña porque para mí, como para todas las brujas,  siempre estuvo abierta. Hoy sé que lo que tanto buscaba siempre estuvo dentro de mí.

Hoy ya sé dónde estaba esa puerta secreta que conduce al mundo de las maravillas y lo mágico.  Hoy sé que esa puerta, siempre he sido yo.

¿Y tú? ¿Te vienes a jugar conmigo?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Corazón embrujado

Written in waters Author: Marcela Bolivar

Written in waters
Author: Marcela Bolivar

Este corazón de bruja que late en mi pecho desde que nací está hechizado, embrujado por el amor más intenso, sincero y cálido que alguna vez imaginé que llegaría a conocer. Cada uno de sus latidos tiene su nombre. La melodía de mi sangre recorriendo mi cuerpo es la canción de nuestros días compartidos. No hay momento en que no sea consciente de lo afortunada que soy, de la increíble suerte que supone sentir lo que yo siento en un mundo en el que cada vez se siente menos. No hay nada que defina mejor mi existencia que el brillo de sus ojos, el sonido de su risa,  la felicidad que a veces escapa a raudales de sus palabras.

Cada día doy gracias a la Diosa por su creación. Porque sé que éste amor fue forjado hace incontables vidas. Sé que la Diosa ha movido los hilos de la historia de miles de amantes anteriores en el tiempo, para que yo hoy pudiera estar aquí y llegar a este momento y a mi propia historia de amor.

Y la mía, es una historia tejida con verdades (a veces dolorosas), con risas, con lágrimas, con silencios cómplices. A veces con dudas, pero jamás mías, sino de otros. A veces mal entendida, a veces incluso condenada, pero eso solo ha servido para endurecerla y blindarla.  Sé que no existe en todo el mundo otra persona a la que pudiera amar más, porque nadie más sería capaz de conocerme tan profundamente, de esforzarse cada día por conocerme más, por comprenderme más y  por  estar. Simplemente estar.

Los momentos más felices que recuerdo siempre han sido a su lado, a solas. Y son momentos comunes de la existencia cotidiana: un paseo a la orilla del mar jugando con las olas. Miles de horas en un sofá con una manta y un libro. Atravesar un bosque siguiendo el camino que marcan los rayos de sol a través de las hojas de los árboles.  Incontables noches buscando estrellas caminando bajo la Luna. Nadar hasta el centro de un ancho río rodeado de colinas verdes y desear que ese momento durase para siempre… Conversaciones larguísimas en las que a veces arreglaba el mundo. Silencios muy largos que decían aún más que las largas conversaciones.   Simples momentos en los que la felicidad y la plenitud me sumían en la euforia de pensar: para esto nací, para sentir justo esto. Solo esto.

El mío es un amor eterno que sólo acabará el día que yo desaparezca. Es un amor físico, porque su cuerpo me ha proporcionado mil momentos felices, pero es un cuerpo amado tan solo por ser el templo en el que reside su alma antigua, sabia, mía.  Nunca me ha importado su aspecto, no necesito que sea un cuerpo delgado, bello, joven… No. Lo que necesito es que sea feliz, sano, y consciente de la Divinidad que lleva dentro. Es un amor mágico, porque me ha acompañado en todos y cada uno de mis hechizos. Riendo cuando me equivocaba, restándole importancia cuando no han funcionado y celebrándolo cuando todo ha salido como esperaba. Aprendiendo los misterios de las brujas y descubriendo los secretos de la Tierra. Es un amor maduro, porque se enfrenta a mí cuando tiene que hacerlo y me lleva la contraria cuando es necesario. Es un amor sincero, a veces duele, pero cada verdad lo ha ayudado a crecer y consolidarse, a convertirse en algo tan indestructible que me ha enseñado a amar mejor a los demás.

Sé que a veces le he fallado. A veces cometí el error de pensar que otros eran más importantes, pero cuando comprendí mi equivocación jamás me lo reprochó. Sé que a veces he podido hacer mejor las cosas, pero su única respuesta cuando me he equivocado ha sido aprender del pasado y mirar conmigo hacia delante.

Todo lo que hago, todo lo que espero en la vida, todo aquello por lo que lucho lleva su espíritu. Todo lo que soy, todo lo que alguna vez he sido y todo lo que alguna vez llegaré a ser, será solo porque está a mi lado. No imagino a nadie mejor con quien compartir mi alma, mi cuerpo, mis sueños… Puedo perderme horas explorando sus pensamientos, siguiendo los intrincados caminos de su mente que me llevan por mundos que nadie más podría crear. Después de tanto tiempo, aún me sorprende de mil maneras distintas, y una de ellas es que a simple vista pocos podrían imaginar el mundo infinito que lleva dentro.

Cada día, al despertarme, lo primero que hago es mirar dentro de sus ojos, buscar esa chispa tan familiar de complicidad, sonreír y decirle: Te quiero, eres el mejor regalo que la Diosa pudo darme.

Sé cual será su respuesta, me dirá exactamente las mismas palabras. Porque el verdadero amor, ese por el que lo daría todo y a quien siempre amaré por encima de todo, me sonríe desde el otro lado del espejo y me inunda de felicidad.

Porque el verdadero  amor de mi vida, siempre he sido yo.

¿Cómo podría no amar a una bruja? ¿Cómo podría no amar a una Diosa?

Si los pecados existiesen, ese sería el mayor.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El bosque de las brujas

Sabina Autor: Jorge Domingo rasoner.wordpress.com

Sabina
Autor: Jorge Domingo
rasoner.wordpress.com

Desde siempre la humanidad lo ha reverenciado, ha sido fuente de alimento, de cobijo, de calor y leyendas. Pero fue a partir de la Edad Media cuando el bosque adquirió las connotaciones sobrenaturales que se le asocian desde entonces. Es durante los largos siglos medievales cuando las personas se van alejando de la naturaleza y rompiendo la relación anterior de pertenencia que tenían con ella para sustituirla por una relación de dominio. En aquellos días, el bosque constituía la frontera entre la civilización y lo indómito y salvaje.  La seguridad y lo “conocido” terminaban en el último punto iluminado de la aldea o la granja. A partir de esa linde, de ese límite, comenzaba el mundo  de lo misterioso y lo desconocido. Un mundo oscuro en el que habitan rebeldes, forajidos, ladrones y asesinos. Parias desterrados de la sociedad. Pero también un mundo de monstruos, de ogros, orcos, trasgos… de criaturas mágicas como hadas y duendes. Como las brujas, formando parte de ambos grupos al mismo tiempo. Miembros de la sociedad pero rara vez aceptadas. Mujeres y humanas pero rodeadas por un halo fantástico.  Fue entonces cuando todo lo que siempre había formado parte de la naturaleza pasó a ser considerado “sobrenatural”, incluidas nosotras.

Pero el bosque nos llama a todos, y a pesar del temor a lo desconocido, la atracción que ejercía sobre las gentes no disminuyó. El bosque se convirtió en el refugio de los amantes,  en lugar de encuentro con seres legendarios: benevolentes gnomos, hermosas mujeres hechizadas que el aventurero debía desencantar o sabias ancianas que aconsejaban qué camino tomar a los héroes de las historias. Además, el bosque era el sustentador que proveía al hombre de madera, alimento, sanación… Siempre hubo una relación de atracción y rechazo que podemos extrapolar a las brujas. Atracción por nuestro poder (basado en el conocimiento), rechazo por ser distintas. Mientras las gentes comunes sentían temor y respeto por el bosque, nosotras formábamos parte de sus habitantes porque mientras los demás procuraban no adentrarse en sus profundidades tras el crepúsculo, nosotras nos sentíamos seguras en él, protegidas, y como ya dije en otra ocasión, sabíamos que el único peligro que encierra, viene de la mano de otras personas.

Cualquiera que haya pasado tiempo en ellos sabe que el bosque está vivo. Que tiene un lenguaje propio compuesto de crujidos de ramas,  del viento soplando a través de las hojas, de pisadas sobre la hojarasca, del roce en la vegetación provocado por movimientos furtivos… un lenguaje que nosotras conocemos. Y también sabemos que tiene una conciencia propia. Cuando entras en un bosque antiguo, apenas tocado por la presencia del hombre, sientes que no estás sola. Algo te observa, en silencio, callada pero insistentemente. Una presencia casi familiar, jamás hostil (siempre y cuando respetes su mundo), protectora casi. Muchas mitologías europeas hablan de este ser, el Hombre Verde en los bosques célticos insulares, el Musgosu en Asturias, el Basajaun en Navarra aquí en la Península,…  El Guardián de la floresta y sus habitantes.

Cuando voy a perderme entre sus árboles y sendas, siempre toco el primer árbol. Poso mi mano sobre su corteza rugosa y cierro los ojos. Siento en él el espíritu de la Driade que lo habita.  Siento el paso del tiempo creando los anillos de su tronco, la salvia de su sangre recorriendo sus ramas dotando de vida las hojas nuevas. Siento sus raíces clavándose en la tierra, expandiéndose y conectándose con las raíces de todos los demás árboles, convirtiendo el bosque en un único ser, una única presencia, una conciencia compuesta de vida y de tiempo.

Cuando entro, puedo sentir esa vida a mi alrededor casi como un abrazo, algo que me envuelve y me da la bienvenida. Siento la esencia del bosque, del Hombre Verde, de la Diosa Madre en toda su plenitud y más fuerte que nunca. Siento una energía antigua y sagrada,  una atmósfera cargada de magia, de calma y pertenencia que me sobrecogen. El bosque es mi templo, porque es en él donde más fuerte siento mi propia divinidad. Siento la presencia de otras brujas que caminaron por ellos siglos antes que yo, recogiendo hierbas para sus hechizos, haciendo viejos rituales a la luz de la Luna Llena, cerrando los ojos como yo y sumiéndose en un estado de comunión con la naturaleza que pocos entienden. Una conexión tan intensa que a veces siento que algún día echaré raíces que se conectarán con las de los otros árboles y me convertiré en parte de él. Una guardiana más del bosque viendo pasar los siglos.

Cuando cierro los ojos, toco al árbol y le pido al bosque permiso para entrar, una brisa ligera proveniente del corazón de la espesura se enrosca por mi cuerpo al tiempo que una corriente de energía penetra en mí desde mis pies y mis manos.  Una energía cálida y acogedora que me da la  bienvenida y me dice: Por fin estás en casa, hace mucho que te esperábamos.

Sí, el bosque nos habla. Nos llama. A pesar de vivir en ciudades rodeadas de cemento y tecnología, las brujas llevamos su espíritu dentro, porque el alma de las brujas es como la del bosque, indómita y salvaje.

Mi alma está hecha de madera y bosques. De ríos lentos y oscuros de los que brotan brumas y leyendas. De crepúsculos eternos, umbrales entre ayeres y mañanas. De jirones de sueños y polvo de estrellas.

Mi mundo huele a sándalo. A especias cálidas y dulces. A musgo de bosque antiguo olvidado por el sol. A charcas escondidas de aguas quietas y verdes,  con líquenes y secretos ocultos en sus oscuras profundidades. A hiedras que envuelven troncos de árboles vetustos. A rayos de luna que se cuelan entre las ramas e iluminan claros encantados. A negra tierra mojada tras una tormenta en otoño. Mi mundo huele a sueños y secretos, al frescor de la sombra y a la calidez del atardecer.

Como para casi todas las brujas, para mí el bosque es mi hogar. No importa donde vivamos, en un pueblo, una ciudad, una metrópoli… las brujas llevamos el bosque con nosotras. Es parte de nuestra esencia, de lo que somos.

Tal vez por eso, en los viejos cuentos de hadas, a las brujas nos pintan verdes.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Hechas de Magia

I, Mother Earth Author: Moonxels (David Demaret) moonxels.blogspot.com

I, Mother Earth
Author: Moonxels (David Demaret)
moonxels.blogspot.com

Hace unos días una de vosotras me decía en el blog que quería saber y comprender quién era y por qué se sentía distinta. No he dejado de pensar en ello desde entonces porque es cierto, las brujas nos sentimos distintas. Sabemos que somos distintas tal vez desde que nacemos. Ya expliqué en “El camino de regreso a casa” algo sobre el tema, pero meditando estos días, mi voz interior me hablaba de otra forma, me enseñaba desde otra perspectiva y me di cuenta de que hay una forma de explicarlo que nos vincula aún más con la magia, con todo lo que nos rodea, visible e invisible. Y es que las brujas estamos hechas de lo mismo que el resto de las personas, pero con un “algo más”, una pizca de visión que otros no tienen, de percepción que otros no ven, de sabiduría innata que otros no quieren, o no saben, alcanzar.

Las brujas estamos hechas de AIRE, nuestras ideas nos vienen dadas por el viento de los siglos. Nos dejamos flotar por la vida sin aferrarnos a lo que sabemos que debemos dejar marchar. Siempre ideando nuevos proyectos, nuevos propósitos, nuevas ideas, nuestra mente inquisitiva, curiosa y creativa, nunca está quieta. Siempre se mueve al ritmo de las corrientes de los vientos, a veces como la brisa suave y fresca, a veces como un viento de verano cálido y festivo. Otras veces como verdaderos vendavales que conmueven todo nuestro mundo para barrerlo y convertirlo en ruinas y comenzar de cero si hace falta. El viento es un ente vivo que nos habla de todas las maravillas que ha visto en sus viajes desde el principio de los tiempos. Y nosotras sabemos escucharle. Somos hijas del viento, hechas de AIRE, hechas de magia.

Estamos hechas de FUEGO, nuestros sentimientos son volcanes de emociones verdaderas. Las brujas aman apasionadamente, de forma sincera. Por eso nunca nos conformamos con relaciones a medias, con cariños tibios, con acomodos templados. Sentimos las llamas arder en nuestro interior y sabemos cómo alimentar ese fuego para vivir la vida en toda su esencia. Nos indigna la injusticia y rechazamos la mentira, por eso luchamos por lo que consideramos justo y por el respeto. El nuestro y el de aquellos que no tienen voz para reclamarlo. Puede que a veces no seamos amables ni sepamos adular a aquellos que lo necesitan, pero sí somos amigas justas, leales y, sobre todo sinceras. Sabemos que la vida está hecha para disfrutar cada minuto de ella, para exprimir todo lo que tiene que ofrecer y nosotras lo hacemos intensamente. El  fuego baila una danza con la que nos cuenta leyendas de la creación. Y nosotras conocemos el lenguaje de sus ascuas. Somos criaturas de las llamas, hechas de FUEGO, hechas de magia.

Estamos hechas de AGUA, fluimos por nuestro interior sabiendo que los instintos más puros se mueven en las corrientes de emociones más profundas. Qué nuestros sentimientos más intensos se esconden bajo una superficie calmada y serena, pero  con remolinos, pozos y mareas que nos dicen quiénes somos en realidad. Y que, de esas aguas profundas y oscuras, se nutren nuestros dones, nuestra capacidad para “ver”, nuestra intuición, nuestros conocimientos de otros tiempos, de otras vidas… cuando fuimos otras y a la vez las mismas… De esas aguas nacen nuestros sueños. Y nosotras sabemos que el agua guarda el secreto del Tiempo, que fluye en un río sin principio ni final, eterno y siempre presente y que nos cuenta la Historia de la Humanidad en su rumor constante. Somos habitantes de las profundidades, hechas de AGUA, hechas de magia.

Estamos hechas de TIERRA, la que pisamos descalzas para sentir el pulso del planeta en la planta de nuestros pies. Un latido profundo, vibrante, hondo y grave, que resuena por todo nuestro cuerpo y que nos hace danzar a su ritmo. Un ritmo secreto que sólo nosotras podemos sentir.  Una tierra que nos nutre, de la que nace el alimento que nos mantiene vivas. Somos seres terrenales que miran al cielo, con raíces que se hunden profundo, que nos hacen conscientes de estar formadas por todos los que nos precedieron y cuyos cuerpos retornaron a esa tierra que nos cobija y que nos ofrece todo aquello que nos rodea: nuestros hogares, nuestras tradiciones, nuestras familias, empleos y objetos queridos. Sabemos que la tierra está compuesta de polvo de estrellas cuyo origen se pierde en las inmensidades del cosmos. Y nosotras recordamos que venimos de ellas. Somos criaturas de barro, hechas de TIERRA, hechas de magia.

Estamos hechas de ESPÍRITU, el que nos anima y  hace que nos sintamos vivas. Del hálito vital de la Diosa que nos hace pensantes y, sobre todo, conscientes de nuestra propia existencia. Un alma conectada a todas las demás almas que pueblan este mundo y los otros. Un espíritu eterno que conoce todas las respuestas, guardián de la sabiduría de los tiempos que yace oculta dentro de cada una de nosotras y que brota a oleadas en nuestra mirada, en nuestra risa, en nuestras palabras y en nuestros silencios. Es ese aura que nos rodea y que, aún sin verla, los demás perciben. Es la energía que invocamos en nuestros hechizos y rituales, que se genera dentro de cada bruja. Y nosotras sabemos que es el Todo que unifica a los demás elementos y los dota del poder de la vida. Es lo que se esconde tras el fuego del rayo que nace de la tormenta, compuesta de viento y agua, y que busca a la tierra en su viaje anunciándonos su poder en el sonido del trueno. Somos hermanas de la tormenta, estamos hechas de ESPÍRITU, estamos hechas de magia.

Las brujas estamos hechas de lo mismo que todos los demás seres creados. De Aire, de Fuego, de Agua, de Tierra y de Espíritu.

Lo que nos hace diferentes, lo que nos hace distintas, es que nosotras lo sabemos.

Eso es el “algo más”. Esa es nuestra MAGIA.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Mi Espacio Sagrado

 

Author: Katerina Plotnikova "Lullaby"

Author: Katerina Plotnikova
“Lullaby”

Hay un lugar donde la magia y el misterio aún perduran. Donde las hogueras se encienden para iluminar las noches de danza y hechizos, no para quemar a brujas entre sus llamas. Un lugar donde el tiempo ha respetado las antiguas costumbres y la antigua religión pervive en el corazón de sus habitantes. En ese lugar no existe el miedo. No existen la tristeza o la culpa. Está un poco escondido y el viaje es accidentado. No es un camino que cualquiera pueda encontrar y mucho menos recorrer, pero cuando se llega merece la pena, porque se llega a mi hogar. ¿Me acompañas en el viaje?

Para partir, primero debemos atravesar un puente que cruza un río. Es un puente viejo, fuerte, no muy grande y curvo, de piedras grises cubiertas por musgo y liquen. Pulidas y suaves por los pasos que tantas veces lo han atravesado. Ven conmigo al centro, si lo tocas notarás la calidez del sol que ha impregnado la piedra. Asómate y mira el río. Es verde y profundo, de aguas antiguas que fluyen lentamente guardando secretos y sueños. Las algas parecen ondeantes cabelleras de ondinas que viven en sus profundidades y un silencio mágico lo envuelve todo, apenas roto por el chapoteo de alguna criatura acuática, el lejano trino de los pájaros o el viento acariciando la hierba y los juncos.

Ven, mira lo que hago. ¿Ves este pesado fardo que cargo a mi espalda?, está lleno de mis preocupaciones, de mis miedos, de mis desengaños, heridas y traiciones. De todo lo que me hiere y hace que mi camino sea más arduo y desagradable. Es todo lo que hace que mis pies sean más pesados. Todo lo que me encadena. Ahora voy a arrojarlo al río para que las aguas se lo lleven lejos y pueda proseguir el viaje ligera, sin un equipaje que para nada sirve allí donde vamos. Ven, haz como yo. Abre tu fardo y arroja al río tu carga: tu corazón roto, tus esperanzas perdidas, tus sueños inalcanzados, tus largas noches de insomnio… Arrójalo todo y deja que el agua se lo lleve. Hoy no lo necesitas.

¿No te sientes ya más ligera? ¿Más libre y feliz? Pues ven a bailar conmigo al otro lado del puente donde hay una pradera extensa cubierta por la hierba más verde que hayas visto en tu vida. La tierra es blanda, negra y fértil, y acaricia mis pies descalzos en cada paso. A lo lejos hay un bosque inmenso, oscuro y vivo que promete mil aventuras y misterios. Los rayos cálidos del sol besan nuestra piel mientras nosotras bailamos entre mariposas y pájaros, al son de la música del viento y del zumbido de las abejas y libélulas que vuelan a nuestro alrededor, buscando la flor más deliciosa y fragante. Y mientras danzamos, nuestros pasos libres y ligeros nos han conducido a la orilla de un lago de aguas quietas y transparentes, a la sombra de grandes árboles en el nacimiento del bosque. En la otra orilla del lago hay una cascada brotando entre las rocas y se adivina una sombra tras las aguas que caen, una cueva escondida.

Ven a nadar y deja tus ropas en la orilla. Tu cuerpo merece sentir la caricia del agua sin el estorbo de las telas que lo cubren. No sientas vergüenza. Tienes el cuerpo hermoso de la Diosa que te creó. Perfecto y único. Hecho para disfrutar. Ven conmigo, yo ya estoy en el agua. Está tan fresca contra mi piel caliente por el sol, que me inunda una sensación incontrolable de júbilo. Tengo ganas de gritar y de reír. De liberar toda la energía que me llena. ¿Tú no? ¿No sientes cómo el agua se desliza por tu cuerpo mientras te sumerges? ¿Cómo las profundas corrientes relajan todos tus músculos?  ¿Cómo la risa escapa de tu garganta? libre de preocupaciones y responsabilidades. Chapotea, salpica, sumérgete hacia lo profundo, permítete ser feliz y disfrutar de ti. Sólo de ti.

Y de mí, que te espero junto a la cascada. Debemos proseguir el viaje y ahora se pone más complicado. ¿Te atreves a continuar? Vamos, que no te asuste la oscuridad de la cueva. Sígueme a través de la cascada y nos calentaremos con la hoguera que enciendo dentro siempre que vengo. Mientras nos secamos te enseñaré la cueva. No es muy grande, ni muy alta pero es acogedora. Si miras hacia las partes oscuras, donde la luz del fuego no llega del todo, verás túneles que se pierden en la negrura. No los he explorado todos así que algunos todavía no se adonde van. Son una aventura que guardo para otro momento, pero no para hoy.  Mira el fuego, observa el baile de las llamas, su sinuosa danza de rescoldos vivos. Sus chispas que se elevan en el aire. Las formas que se crean en las ascuas nos recuerdan que el fuego es una criatura viva. Si miras fijamente casi puedes ver a las salamandras escondiéndose entre los leños incandescentes. El crepitar va calmando nuestra respiración y su hipnótico resplandor nos va induciendo suavemente a un trance ligero.

¿Estás preparada para seguir? Bien, porque ahora hay que descender. Coge una tea de la hoguera y ven a la profundidad de la cueva donde te espero. Mira, hay una entrada grande de la que parten escaleras. No temas, está oscuro pero a medida que bajemos nuestra luz hará retroceder a las tinieblas. Son solo 10 escalones. 10 pasos que nos separan de nuestro destino. Los bajamos despacio, sintiendo como descendemos hacia las profundidades de la Tierra. Un paso tras otro nos adentramos en lo que no conocemos, hacia un lugar que no olvidarás jamás.

¡Mira! Una puerta antigua de madera y herrajes nos corta el paso al final de la escalera. Empújala, salgamos fuera. Ven, ya queda muy poco. Ya casi estamos en casa y mi corazón salta en mi pecho haciendome vibrar con cada latido. Observa, es de noche. La luna llena ilumina el sendero que parte de la puerta en la roca y se pierde entre árboles hacia el corazón del bosque. Ven, corre, mi corazón anhela llegar. Sígueme, te prometo que no nos perderemos. ¿Escuchas el rumor de las olas a los lejos? Es la canción del mar. Hay un acantilado al final del bosque y el viento trae el salitre hasta nuestros labios. Huele. El olor del mar me inunda trayéndome recuerdos de las profundidades. Entre los árboles veo el reflejo de la luna rielando la calmada superficie del océano y siento mis pies volar sobre la hierba.

Ven, por este sendero, ya casi llegamos. ¿ves esa cortina de hiedra? La que cae entre las ramas densa y oscura, espera que la aparto. Entra. Ya estamos, hemos llegado. ¿Ves este claro entre robles, hayas, sauces y demás árboles mágicos? ¿Ves cómo la hiedra cubre los huecos para mantenerlo escondido? ¿Ves cómo la luna inunda el lugar con sus rayos de plata? Este es mi hogar. Este es el final del viaje.

En el centro del claro están los restos de una hoguera que voy a encender ahora mismo. Quiero que las llamas iluminen tras ella el antiguo dolmen de piedra que uso como altar donde honro a mi Diosa. Mira, voy a cambiar la flor que dejé sobre él la última vez. Voy a poner una fresca. Esta vez lilas.

Camina por el claro, explóralo si lo deseas. Las luciérnagas vuelan iluminándolo todo con una luz mística, casi onírica. Pétalos y semillas de diente de león flotan en el aire, y a lo lejos, se oye una gaita y una flauta cantándole a la noche.

Aquí no hay máscaras, ni muros, ni escudos que nos aíslen del mundo. No hay mentiras ni traición, no hay miedos ni pesares. Aquí solo estoy yo. Mi verdadero yo. Este es mi mundo. Mi hogar. Mi núcleo. Te he traído conmigo atravesando el puente que separa los mundos. Cruzando el río del Tiempo, bañándote en el lago de mis emociones, enfrentándote a la caverna en la que habita mi sombra y descendiendo hasta las profundidades de mi psique. Te he traído al centro mismo de mi alma. A mi Espacio Sagrado.

Aquí he vivido mil vidas, he visto nacer y caer imperios. Me he encontrado con la Diosa en muchos de sus múltiples rostros y con el Dios en alguno de los suyos. Aquí soy reina, soy mujer, soy una simple campesina. Siempre soy Bruja. Aquí soy la Diosa que vive en mí. Aquí siempre es ahora. Siempre es hoy. Siempre estoy a salvo.

Y ahora que te lo he mostrado, es hora de volver. De regresar al exterior de mi misma. Pero nunca me marcho con tristeza porque sé que este lugar siempre estará esperándome hasta que pueda regresar.

¿Te ha gustado? ¿Has disfrutado el viaje?

Espero que sí, porque ahora empieza la mejor parte. Ahora tienes que descubrir el tuyo. Dentro de ti, en tu centro, hay un lugar que es solo tuyo. Donde sólo tú y quien tú invites podrá llegar. Un lugar que construirás tú con todo lo que tú decidas. Tu espacio sagrado. Tu templo. Tu hogar. Donde vive la Diosa dentro de ti.

Ahora ve y busca el camino. Crea el mapa que te llevará a casa. Yo estaré esperando aquí a que regreses y me cuentes cómo te ha ido.

Ahora empieza tu propio viaje.

¿Te atreves?

Hyedra de Trivia

 

(Eva Hyedra López)

Mi historia

Mi burbuja

Mi burbuja

Continúo recopilando textos, esta vez es mi historia. Editada y un poco modificada, pero en esencia la misma del artículo que se publicó originalmente en el blog Liebanízate. Es un resumen muy, muy breve de cómo llegué a ser quien soy. Es toda vuestra.

 

Recuerdo perfectamente el día que escuché por primera vez la palabra Wicca. Tenía 17 años y fue como llegar a casa.

Siempre he sido distinta. No recuerdo un día de mi vida sin magia, sin buscar la luna, sin escuchar al viento en los árboles y sin sentir que las aguas de los arroyos, ríos y mares están vivas. Sin hacer mis hechizos en el bosque o en la soledad de mi habitación. Mezclando hierbas, estudiando las llamas de las velas, ahorrando para el siguiente libro de magia. Desde muy niña he buscado otras historias, otras leyendas. Mitologías anteriores al cristianismo que dentro de mí reconocía más propias y reales. Siempre he creído que la Tierra está viva, que hay una conciencia en ella, creadora y destructora. La Madre Tierra, la Madre Naturaleza, La Madre Luna… La Diosa de los Mil Nombres. También creía en una fuerza masculina, salvaje, fertilizadora… Un Dios compañero, consorte, nunca superior a Ella.

He soportado burlas, sí. Nunca he ocultado lo que soy, porque lo fui desde siempre y no aprendí a esconderme. Para la gente que me rodeaba siempre fui “La Bruja”, para bien o para mal. Y he de reconocer que casi siempre fue para bien. A pesar de ello, es cierto que siempre me sentí sola, rara y distinta. Como si el mundo y la vida fuesen burbujas en cuyo interior vivían los demás y yo sólo orbitase alrededor, siempre mirando desde fuera. Aislada y sin formar parte real de nada. Hasta que un día, hace más de 20 años, me presentaron a otro brujo y me hizo una pregunta: ¿Qué clase de magia haces? ¿Qué clase de bruja eres? Cuando le expliqué, cuando le conté quien soy y lo que hago, el respondió: Ahhh, eso es Wicca. Me prestó un par de libros y cambió mi mundo. Había llegado a casa.

En 1951 se abolieron las últimas leyes contra la brujería en Reino Unido, y a raíz de ello, algunas personas que afirmaban ser brujas comenzaron a salir a la luz. Raymond Buckland, Gerald Gardner, Alex Sanders, Sybil Leek, Doreen Valiente, el matrimonio Frost, los Farrar… Todos ellos brujos que se daban a conocer y marcaban el camino a otros que vendrían después. Fueron la primera generación. Con ellos aprendí las bases de la Wicca, una religión basada en el culto a la Naturaleza y a los Antiguos Dioses.  En una concepción cíclica de la vida y una visión integradora del Hombre con la Tierra.

Seguí investigando porque había muchas tradiciones, muchas formas distintas de vivirla. La Wicca no era antigua, en realidad nació como tal en esos años. Pero muchas de las prácticas y tradiciones que celebraba sí eran antiguas. La mayoría de ellos eran ocultistas que habían formado parte de sociedades mistéricas secretas como La Golden Dawn y que al abandonarla y formar sus Coven (akelarres), habían llevado con ellos muchos rituales y prácticas ceremoniales que ahora formaban parte del cuerpo ritual Wicca.

Me gustaba, por fin había algo de lo que me sentía parte y que se correspondía con lo que yo había sentido, vivido y experimentado siempre. Pero todavía faltaba algo. Me sobraba ceremonia. En el fondo buscaba algo más sencillo, más natural y real. Una conexión aún mayor con la Naturaleza. Y continué buscando hasta que encontré a las brujas diánicas. Una vertiente del paganismo centrada en el culto a La Diosa, a la Tierra y que hacía hincapié en recuperar un misticismo y una espiritualidad básicamente femeninas. Fue entonces cuando supe que mi búsqueda había terminado, comprendí que había llegado para quedarme. Leí a Starhawk, fundadora del movimiento Reclaiming, que como su nombre indica, reclama el derecho de la mujer a tener decisión en su propio camino espiritual y a reconocer la Divinidad femenina, negada y prohibida durante tanto tiempo. Leí a Z. Budapest, pionera también. Margot Adler, Phyllis Curott, Edain McCoy, Merlin Stone, Selena Fox, Jean Shinoda Bolen, otra pionera en el campo de los arquetipos femeninos, y una de las impulsoras de la creación de los Círculos de Mujeres, Miranda Grey, Clarissa Pinkola Estés…

El paganismo diánico estudia todas las culturas, busca en todas ellas el papel femenino en el mundo espiritual y trata de ayudar a la mujer actual a conectar con su propio misticismo. Le ofrece un camino donde puede ser protagonista, donde puede tener un contacto directo con la divinidad sin depender de intermediarios masculinos que le digan en qué creer y cómo creer. Es un culto en el que la mujer se reconoce a sí misma y encuentra su lugar porque la Diosa, la Tierra, sigue sus mismos ciclos y recupera una relación y conexión con Ella que le ha sido arrebatada hace mucho tiempo. A diferencia del Dios masculino, una figura lejana y distante en los cielos, padre vigilante y castigador… la Diosa está aquí, en cada mujer, formamos parte de Ella y Ella de nosotras. Y como entidad, es compañera, hermana, camina a nuestro lado y la miramos como a una igual.

Con el tiempo conocí a otras mujeres como yo. Valientes, sabias, muy instruidas y empáticas. Y también hombres, porque hay muchos hombres en el camino de la Diosa, hombres que quieren un mundo en equilibrio, donde exista la igualdad y la libertad para que cada uno pueda ser, sentir y vivir como es, sin tener que esconderse. Hombres muy, muy valientes, porque hay que ser muy valiente para portar el estandarte de la Diosa en el mundo masculino aún hoy en día.

Y así llegamos a nuestros días. Esta es mi historia. Así llegué a ser quien soy, encontré mi camino y descubrí que nunca había estado sola. Descubrí que no podía vivir en la gran burbuja en la que vivían los demás porque yo ya formaba parte de otra, descubrí que siempre había habido un hogar para mí. Y para descubrirlo solo he tenido que abrir los ojos y escuchar siempre lo que mi intuición, y mi corazón, me pedían a gritos.

Porque como Ella dice: “Si lo que buscas no lo encuentras dentro de ti, jamás lo encontrarás fuera de ti, porque he estado contigo desde el principio…”
Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra Lopez)

 

La Diosa de las Brujas

Venus de Willendorf 25.000 a. d E. C. aprox. Autor de la foto: desconocido

Venus de Willendorf
25.000 a. d E. C. aprox.
Autor de la foto: desconocido

La Diosa de las brujas es Antigua.  Su llamada cruza los milenios desde aquellas que la adoraban en los primeros tiempos bajo la luz de la luna y las estrellas vestidas con pieles, hasta llegar a aquellas que aún la recordamos. Aquellas que llevamos su marca grabada a fuego en el alma. Y algunas en la piel…

Ya era antigua cuando las primitivas iglesias erigidas para el hijo del carpintero y su Dios apenas comenzaban a cubrir Europa y se transformaban poco a poco en catedrales. Ya era vieja cuando los guerreros del frío norte trajeron a sus Dioses de la guerra, dioses que hablaban del valor, de la sabiduría y del honor que suponía morir en la batalla para ser llevado al paraíso de los guerreros. Ya era anciana cuando Roma cambió sus muchos nombres en las tierras que iba conquistando por los de sus propias Diosas, sometidas a un Patriarcado que jamás pudo acabar del todo con ellas. Ya era eterna cuando los celtas la adoraban bajo sus múltiples rostros y sus múltiples nombres. Su culto contaba milenios cuando Inanna e Ishtar eran jóvenes en el Creciente Fértil y la humanidad comenzaba a escribir sus nombres en el barro. Era Reina de la Tierra cuando Isis y Osiris aún eran niños jugando a enamorarse y dirigir un Imperio. Era una anciana que miraba benevolente cómo en Creta las sacerdotisas  ofrecían miel en los altares de sus templos. Era inmortal cuando Gilgamesh buscaba el secreto de la vida eterna.

Mi Diosa es tan antigua como la Humanidad. Tanto como la Tierra. Tanto como el Universo. Tanto como la primera chispa que lo originó todo.

Su presencia eterna jamás ha abandonado este mundo y sus hijas jamás han dejado de rendirle culto. Desde hace miles de años, cuando nos internábamos en las profundidades de su cuerpo para pintar en las paredes de las cuevas sus símbolos sagrados y las escenas de la vida bajo su influencia, la sentíamos guiar nuestras manos y nuestros pies en la oscuridad de sus dominios. Cuando penetrábamos en su vientre para llevar a cabo rituales para la tribu, para viajar entre los mundos y presentarnos ante ella para pedir su guía y consejo. Para devolverle el cuerpo ya sin vida de aquellos que habían marchado, esperando que los acogiera en la muerte y preparase su regreso algún día. Cuando sellábamos aquellas pinturas, pactos que nos vinculaban a Ella, con la marca de nuestras manos. Manos de mujer.

Cuando creábamos en el barro y en la piedra sus imágenes hechas a nuestra propia semejanza cuando estábamos grávidas. Porque así la imaginábamos cuando la humanidad era joven y el mundo aún salvaje. Una mujer grande, de pechos amplios y caderas poderosas, preparada para mantener la vida que llevaba en su seno una vez llegara a ese mundo tan hostil y difícil. Una madre nutricia y dadora de dones, pero también cruel y destructora cuando era necesario. Cuando fluíamos con los ritmos de su corazón que latía en las profundidades de la tierra, creando un ciclo eterno de vida, muerte y renacimiento, y que aprendimos observando las semillas desde su gestación en las profundidades de la tierra, pasando por su nacimiento, su vida exuberante y su muerte final, cuando de nuevo se convertía en semilla que retornaría de la oscuridad de la tierra.

Su nombre cambió a medida que la Humanidad se fue extendiendo por una Tierra inhabitada y vasta. Su rostro también fue cambiando. Aprendimos que además de Madre también era una joven, una anciana y una hechicera y nos enseñó a contar el tiempo siguiendo su viaje en los cielos nocturnos. Celebramos con Ella su eterno ciclo en el que se unía  a  su Amante Sagrado y juntos creaban los frutos que nos alimentan. Acompañamos su duelo cuando su amado moría en un sacrificio que convertía su cuerpo en la vida de sus hijos y festejábamos con Ella su alegría cuando daba a luz al Niño Divino que volvería a convertirse en su consorte en la siguiente primavera.

Con el tiempo llegaron otros Dioses que no eran como el nuestro, el Señor Astado de los bosques que reina sobre las cosas salvajes y libres, sino Dioses extranjeros que hablaban de guerra y violencia, y los mitos nos cuentan cómo primero desplazaron a nuestro Dios como consortes de nuestra Diosa, después le robaron sus dones y finalmente la expulsaron y condenaron al olvido. O al menos lo intentaron.

Surgieron las religiones monoteístas, con un único Dios masculino, lejano y severo, y se impusieron en la mayoría del mundo convirtiéndolo en un lugar violento, en un lugar donde la sangre de millones de almas vertida en nombre de ese Dios abonaba los campos de la mayoría de los países. Aún lo hace.

Muchos siglos de terror y de hogueras, de desequilibrio entre mujeres y hombres, de miedo a la libertad y a disfrutar la vida en lugar de sufrirla, han pasado desde los días en que llamábamos a la Diosa en el amanecer de la historia de nuestra especie. Demasiado tiempo durante el cual la Humanidad ha perdido el camino, convirtiendo la risa en pecado, el baile y la alegría en actos reprobables y la magia en algo maligno. Un tiempo durante el cual hemos dejado a un lado el amor y la colaboración que nos hizo prosperar y lo hemos cambiado por la ambición, la competitividad y el odio.

Pero Ella sigue aquí, su presencia eterna, antigua y viva lo invade todo porque siempre lo ha sido todo. Y sus hijas la hemos recordado a lo largo de los siglos. Su recuerdo atávico ha pervivido en nosotras a través de generaciones. Las brujas hemos continuado manteniendo su herencia como guardianas de una verdad que ha perdurado en nuestro corazón a través de todas las épocas. Hemos continuado llamándola a pesar de los nuevos dioses, a pesar del dominio del Hombre, a pesar de castigos y prohibiciones, a pesar de nosotras mismas. Porque nuestra Diosa no habita en un lugar lejano y distante. Está aquí, en la tierra que pisamos y el aire que respiramos, en el agua que nos inunda por dentro, que fluye en nuestra sangre y que se derrama en nuestras lágrimas. En las células que dan vida y forma a toda la creación. Dentro de nosotras, indicándonos el camino y manteniendo a salvo su mensaje. Siempre ha estado aquí. Esperando que sus hijas dejen de ser unas pocas brujas valientes que la guardan en secreto para convertirse en millones que la traigan de nuevo a un mundo que le pertenece y que grita desde lo más profundo para que curen sus heridas.

Ella se despereza, despierta de su letargo porque siente que algo nuevo está llegando. En miles de lugares del globo las mujeres se reúnen para encontrarse a sí mismas, y en el proceso, encontrarla a Ella. Y Ella, que escucha las voces que se elevan llamándola por muchos de sus mil nombres, se despierta porque sabe que la Rueda de nuevo está girando  y llega una Era en la que las brujas ya no nos escondemos, ya no tememos mostrarnos a cara descubierta y abrir las puertas de su regreso. A lo largo del mundo la Hijas de la Diosa van recobrando la memoria y buscan encontrar Su nombre. Sus nombres.  Y para sentirla solo necesitamos volvernos hacia nosotras mismas y hacia cada una de las mujeres que caminan a nuestro lado.

Cuando necesito sentirla, cuando necesito verla, solo tengo que ponerme frente a un espejo,  buscar mis ojos en mi reflejo y sonreír, porque allí, en el fondo de mi mirada, Ella me devuelve la sonrisa y me recuerda que ha estado ahí desde el primer día de mi vida y que seguirá estando ahí todos y cada uno de los que me quedan. Mi Diosa me mira desde el centro mismo de mi alma y un conocimiento antiguo me inunda. A través de los tiempos, a través de los milenios que me separan de mis antepasadas, a través de las cientos de vidas de cada una de ellas y a través de mi y de mis hermanas, la Diosa de las brujas vuelve para reclamar su mundo.

El Tiempo ha llegado. La Diosa regresa.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Nombre de Bruja

Autor: Chema Madoz © Copyright: All Rights Reserved by the author http://www.chemamadoz.com/

Autor de la imagen: Chema Madoz
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Las brujas creemos que las palabras tienen poder, y no es sólo una creencia nuestra. En casi todas las culturas se le ha dado poder a la palabra, no sólo hablada, también escrita. Creemos que un nombre contiene una serie de cualidades y cuando queremos nombrar algo y elegimos ese nombre, es porque queremos transferir esas cualidades al elemento al que va a ser impuesto. Unas cualidades que le acompañarán durante toda su vida.

Es por ello que existen palabras mágicas. Y entre las más mágicas de todas, se encuentra el nombre de la bruja.

Mis padres me llamaron Eva. Estuve a punto de llamarme Cecilia, como la hermana fallecida de mi abuela, pero ella se negó diciendo que un bebé no tenía por qué cargar con el nombre de una persona muerta. (Muy inteligente mi abuela). Y a cambio, mi padre escogió el nombre de Eva. No por su significado, ni por el componente religioso, ni nada. Simplemente porque le gustaba.

Eva. Un bonito nombre dicen muchos… En eso no opino. Llevo tantos años escuchándolo que ya no distingo si suena bien o mal, como cuando repites muchas veces seguidas una palabra y acaba perdiendo el significado. Pero en cuanto a sus connotaciones… Eva. La primera mujer, la desobediente, la curiosa, la pecadora. La culpable de todos los males de la humanidad. La Pandora hebrea. Aunque hubiera preferido mil veces llamarme Pandora, la verdad.

Cuando yo era niña, en los colegios, casi todos teníamos religión como asignatura obligatoria, y la historia del Génesis, Adán, Eva, la serpiente y la manzana era de las primeras que nos contaban. Pronto surgieron los primeros comentarios entre los demás niños que me apuntaban señalando: todo es culpa tuya. Eres Eva. Pero también ahí, con unos 5 años y toda mi lógica infantil, fue cuando empecé a rebelarme y a cuestionar a ese Dios que me parecía un poco incompetente. Yo me defendía diciendo que yo no había hecho nada, que yo no era esa Eva, sino Yo misma. Y además, si Dios no quería que comiesen de ese árbol, que no lo hubiera puesto allí, al alcance. Desde el principio no me pareció justo, y con los años, la experiencia y los conocimientos  me fui afianzando en mi opinión.

Rechacé una culpa que no era mía (bien por mí), y rechacé una teología que tampoco reconocía como la mía (super bien por mí). Cuando fui creciendo descubrí que sí tenía algo en común con la Eva bíblica, y era mi sed de conocimiento. Y esa sed fue la que me impulsó a investigar y descubrir. Aprendí que en ningún lugar de la Biblia se dice que el fruto prohibido fuera la manzana, pero como bruja aprendí que la manzana contiene el misterio de la Vida y la Muerte en su interior, y que las manzanas simbolizan la sabiduría y, junto con la granada, el Más Allá. En ritos antiguos se enterraban con los fallecidos para que tuviesen alimento en su viaje, y Avalon, que existe entre los mundos, es la Isla de las Manzanas.

Aprendí también que la Serpiente es la representación de algunos de los rostros de la Madre Tierra y que cuando vemos representaciones de Santos sometiendo a un Dragón o la leyenda de San Patricio expulsando a las serpientes de Irlanda, en realidad son alegorías del Cristianismo expulsando al Paganismo y los antiguos cultos de la Diosa.

Aprendí que Eva no había sido la primera mujer de Adán, sino Lilith, la indómita que se rebeló al no dejarse someter y reclamar su igualdad ante ese Dios. Un Dios cuya respuesta fue el exilio y el castigo, pasando a ser conocida como un demonio engendradora de demonios (mientras Eva fue una mujer engendradora de hombres, pero también castigada). Siempre me he sentido más Hija de Lilith que de Eva. Lilith, la gran Diosa Oscura, regente de la libertad sexual de la Mujer entre otros atributos, todos ellos relacionados con la libertad y la igualdad femenina.

Y hace muchos años ya, decidí que Eva no era el nombre de la bruja que llevaba dentro, de la mujer que quería ser. Si yo era un ser único y cada día me creaba a mi misma, debía llevar un nombre elegido por mí, mi nombre. Y como siempre que quiero aprender algo, o aclarar algo en mi interior, me volví a la Naturaleza, a observar, a escuchar sus mensajes. Y me fijé en mi planta favorita. La hiedra. Creciendo siempre hacia arriba, surgiendo de la oscuridad pero afrontándolo todo, soportándolo todo y adaptándose a todo en su camino por alcanzar la luz. Un vínculo entre el cielo y la tierra. Una de las plantas sagradas de la Diosa. Si el roble y el acebo representan al Dios, la hiedra le representa a Ella. Fuerte, viva, perenne.

Y esas eran las cualidades que quería para mí. No reniego de Eva por temas legales, familiares y para no olvidar de donde vengo. Pero  desde hace muchos años, mi nombre, el que realmente resuena en mi interior y al que mi alma de bruja responde, es Hyedra.

Como bruja libre, no cargo con culpas ajenas. Y mucho menos con culpas inventadas por hombres para someter a mi género y al resto de los hombres. No temo al pecado, ni a un castigo divino, ni a culpas originales. Yo no merezco cargar con un estigma que no tiene nada que ver conmigo. Sólo le temo a mi propia conciencia y es por eso por lo que procuro mantenerla limpia. Y además, si yo hubiera sido la Eva del paraíso, habría comido de la manzana mucho antes. Habría llenado un cesto y me habría marchado junto a Lilith a poblar el mundo de personas como nosotras, libres e iguales.

Soy Hyedra, y aunque nací de la oscuridad, siempre llevé en el centro de la semilla que fui una chispa de Luz que clama por volver a la Fuente eterna. A la Madre. A la Libertad y la Verdad. Y aunque se que mi viaje durará una vida entera, nada podrá detener mi camino, porque es un camino hacia el propio centro de mi misma. Donde Ella habita.

Ese es mi nombre.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Creer o no creer

Buscando la luz Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Shadow
Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

En esta entrada voy a ser brutalmente sincera y no solo con vosotros, conmigo misma también. Voy a confesar algo que pocas veces he dicho en voz alta y que no me gusta reconocer en mi interior. Pero admitirlo forma parte de mi trabajo personal y considero esto un ejercicio de honestidad.

Me gustaría poder decir que tengo una fe inquebrantable. Que pase lo que pase en mi vida nada puede hacerme dudar de mis creencias. Pero no es así. Dudo, a veces mucho. En ocasiones en mi vida me he planteado si todo tiene sentido, si merece la pena. Me planteo mil cuestiones ¿Realmente existe algo más? Todo lo que experimento en rituales, cuando hago hechizos, en las ceremonias… ¿es real? ¿O es sugestión? ¿Lo crea mi mente?

Aunque sea una bruja y una sacerdotisa pagana, siento una gran pasión por la ciencia, sobre todo por la física teórica y cuestiones relativas al universo, al tiempo, a las teorías científicas que intentan explicar lo que nos rodea. Tanto lo que vemos como lo que no.  Creo que una cosa no excluye la otra. Y aunque se que soy una mujer muy inteligente, no tengo el tipo de inteligencia necesaria para haber dedicado mi carrera a estos temas, por lo que me conformo con ser una aficionada amateur.

Dentro de mis ciclos como mujer, en algunos momentos me lo cuestiono todo y trato de explicarlo todo por medio de la ciencia. A veces dudo de la existencia de la Diosa. A veces dudo de la existencia de la magia. A veces dudo de que algo en mí vaya a pervivir tras mi muerte. A veces pienso que nada tiene sentido y que todo lo creo yo para convertir mi vida en algo más que un devenir de días sin sentido.

Pero también es cierto que es en esos momentos, cuando estoy a punto de arrojar la toalla y abandonarlo todo, cuando recibo las señales más impactantes y los regalos más maravillosos de la Diosa, el Universo, la Vida o lo que quiera que exista. Señales que yo no provoco y que vienen del exterior. A veces muy sutiles, otras veces verdaderas bofetadas que me abren los ojos.  Y también es cierto que últimamente la ciencia parece estar demostrando cosas que las brujas llevamos proclamando desde siempre.

Hace poco estaba en uno de estos momentos en los que me sentía atrapada, no veía salida. Estaba a punto de renunciar a algo muy importante porque parecía que todo se ponía en contra. Pero de repente me llegó una noticia que lo cambió todo. Algo que dentro de poco me cambiará la vida y a mí misma y que tiene relación con mi formación en el camino de la Diosa. En estos momentos tengo fe, Ella no me permite alejarme. Cuando más sumida estaba en la oscuridad, cuando más tinieblas veía a mi alrededor, más grande ha sido la antorcha que ha prendido para mostrarme el camino.

Sé que volveré a tener momentos de dudas, pero esos momentos son los que me hacen seguir buscando, investigando, profundizando en mí y en mis creencias. Y sé que en cada uno de esos momentos algo me hará volver a creer. Cuando sienta en mí la magia que esconde un amanecer. Cuando escuche el idioma de los bosques. Cuando baile junto con otras brujas alrededor del fuego sagrado. Cada vez que uno de mis hechizos tome forma. Cada vez que mi trabajo personal me haga mejorar. Cada vez que descubra una nueva faceta de mi misma y la acepte y la ame, me guste o no. Cada vez que cierre los ojos y la sienta a Ella en mí. Y con Ella, a todos los seres vivos que pueblan este planeta y que forman parte de mí.

Y se que, de todos los caminos posibles, pertenezco a uno de los mejores. A uno que enseña que el respeto, la sinceridad y el amor son el único camino para evolucionar. Que no busquemos  Dioses o gurús fuera de nosotros porque todo lo llevamos dentro y que si quiero encontrarme con la Diosa sólo tengo que buscarla dentro de mí. Que trabajamos para ser mejores personas no por recompensas, ni por karma, ni por la futura promesa de un cielo o por miedo a un castigo eterno en un infierno improbable. Lo hacemos por nosotros mismos.  Yo lo hago por mi misma.

Un camino que, dude o no, exista o no, merece la pena seguir.

A día de hoy creo. Y aunque sé que volveré a dudar y a cuestionarme todo, también sé que Ella sabrá cómo recordarme que está ahí, que siempre está ahí. Que soy una de sus hijas y que no dejará que me aleje de su camino. Hasta el día que cruce el Velo y por fin descubra la verdad.

Hasta ese día continuaré caminando bajo su luz.

 

(A la memoria de Morning Glory Zell y Margot Adler entre otras. Ancianas de nuestra tradición que han traspasado el Velo y ahora ya conocen la verdad. Grandes brujas, grandes sabias, grandes líderes y sobre todo grandes mujeres. Que pueda encontrarlas en otra vida.

Benditas sean)

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El Templo de la Diosa en Madrid

La Dama de Avalon Caroline Gully-Lir

La Dama de Avalon
Caroline Gully-Lir

En el círculo nos mirábamos expectantes.  Las mujeres (y el hombre)  allí congregadas éste domingo 15 de junio, íbamos a ser testigos de algo único. Algo que se hacía por vez primera y  que todas esperábamos que perdurase en el tiempo.  Katie Player, Sacerdotisa de Avalon y en esta ocasión portadora de la Llama Sagrada del Goddess Temple de Glastonbury, iba a encender esa  Llama en el altar del lugar en el que nos encontrábamos. El nuevo Templo de la Diosa en Madrid. Creado a instancias del mismo Templo de Avalon, y en donde Katie iba a invocar a la Dama del Lago para convertirlo en su nuevo hogar.

Primero Jana, Sacerdotisa de la tradición de Iberia, encendió la Llama de Iberia e invocó a la Diosa de la Península en la que habitamos, la esencia de la Diosa que rige nuestras tierras. Y tras ella, Katie, con una invocación que traspasó distancias, mundos, lenguas y nuestros corazones, encendió la Llama y la llamó a Ella. La Diosa de Avalon, la Dama del Lago, la Señora de las Aguas.

Y las aguas fluyeron. Recuerdo la cadencia de su voz, la vibración de las notas que la emoción modulaba y que penetraba en nuestro interior. Las lágrimas se agolparon en mis ojos y en los de muchas de nosotras. Lágrimas de reconocimiento, de reencuentro con alguien lejano que ha regresado. Lágrimas de aceptación del hogar. Como las lágrimas que caen cuando descubres tu sitio y sientes que has regresado a casa.

Fluyendo con esas aguas, Sainda nos guió en una meditación sanadora. Nos convirtió en criaturas de agua y nos hizo tomar conciencia de los bloqueos emocionales que nos mantenían estancadas. Nos ayudó a enfrentarlos, ponerles nombre, lavarlos, liberarnos de ellos y emerger de esas aguas como seres nuevos. Limpias y renovadas.

Y así, purificadas y abiertas a nuestras emociones, fuimos guiadas ante la presencia de las Diosas canalizadas a través de los cuerpos de sus Sacerdotisas (Iberia a través de Jana, La Dama de Avalon a través de Katie)  para recibir sus  mensajes.

Me vais a permitir que guarde para mi la mayor parte de sus palabras, pero sí hay unos detalles que quiero compartir con vosotros. Iberia me abrió el pecho, me dejó el corazón al descubierto. Me hizo vulnerable. Me dijo que soy luz y que debo ser faro y farera al mismo tiempo. Me dijo que tengo que ser visible. El resto de sus palabras me las guardo, porque son para mí. Pero me reconocí en todo lo que me dijo y mis lágrimas sellaron un pacto que hice con Ella en mi interior.

Fue así como me presenté ante la Dama de Avalon, con el corazón completamente abierto a Ella. Y así fue como Ella lo vio, porque entre otras cosas me dijo que tengo el corazón de fuego. Y que yo sé cual es mi camino, el camino secreto que guardo en mi corazón de fuego y que tengo que seguir. Y hubo algo que me hizo sonreír como una niña. Últimamente le he estado dando vueltas a lo mucho que hablo sobre bailar en este blog, cuando no soy una mujer que baile mucho en público. Pero en los momentos más mágicos de mi vida no ha faltado nunca la danza y he comprendido que es más importante para mí de lo que parecía y que bailo mucho más de lo que yo era consciente.  Nunca en mi vida me había parado a pensar en ello. Y allí, tan solo un par de días después de descubrir esta faceta de mí, ante la Diosa de Avalon, vi como Ella se inclinó hacia mí y me preguntó: ¿Bailas?

Me impactó tanto que no supe qué contestar. En un primer momento estuve a punto de responder: no, yo escribo. Pero no lo hice. Recordé mis pensamientos sobre bailar y simplemente dije: Sí. Reconocí en mi interior que bailo muy a menudo. Con el viento, con los árboles, conmigo misma en la soledad de mi habitación, con el mar, mi mar… Cuando nadie me ve danzo con la vida. Cuando sólo Ella me mira. Y Ella asintió y me dijo: Pues baila para mí. Esa será tu ofrenda.

Esa será mi ofrenda. Esa, y las lágrimas que cayeron ese día. Invocamos a la Diosa de las Aguas y las aguas de nuestras lágrimas bautizaron su Templo. Y a cambio bebimos las aguas sagradas de su pozo en Glastonbury.

Katie nos contó que la vela que portaba había sido hecha con los restos de otras velas de todas partes del mundo que habían ardido sobre el altar del Templo de la Diosa en Avalon. Entre esas velas, algunas eran de la paz, y entre la cera de todas ellas, estaba la de una vela de la paz que se encendió con las ascuas del fuego de Nagasaki (Japón) tras la explosión de la bomba atómica. En medio de una gran emoción, nos traspasó ese Fuego con la fórmula que siguen las dos tradiciones, Iberia y Avalon: Flame to flame. Heart to Heart… (De llama a llama. De corazón a corazón…)

Y desde este domingo, arden las dos Llamas Sagradas sobre su altar en el Madrid Goddess Temple. Llamas hermanas, tradiciones hermanas.  Dos de los distintos nombres de los mil rostros de una misma Diosa.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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