Una bruja sin máscaras

The Masquerade Author: Amalie Deviantart

The Masquerade
Author: Amalie
Deviantart

Es febrero. El frío gélido que nos azota nos tiene a todas paralizadas, escondidas bajo edredones y mantas y sin apenas movernos disfrutando del calor y la tranquilidad del hogar, mientras, los días se deslizan lentamente hacia la primavera. Pero este loco y breve mes que me vio nacer, cada año nos regala unos días de alegría y desenfreno. Unos días de fiesta en los que todo está permitido y en los que los límites entre lo que somos y lo que no, se desdibujan y diluyen en el juego de las identidades. En unos días llega Carnaval. ¿Quién vais a ser este año?

Desde siempre me ha encantado disfrazarme. Los tacones de mi madre, vestidos de mi abuela, cualquier chal que pillara a mano, me servían para crear una historia de la nada en la que yo era la protagonista. Cada vez un papel distinto y cada vez una historia diferente, pero en todas siempre la misma sensación, el juego no estaba completo si no conseguía recrear el personaje tal y como yo creía que debía ser. Y aunque diferentes, las características de los personajes casi siempre eran las mismas. Cuando no era un fantasma era una vampiresa, y cuando no era un hada era una bruja, o hechicera, cartomante zíngara, princesa encantada o cualquier otro ser fantástico que pudiera imaginar.

Con los años he continuado disfrazándome cada vez que la ocasión se ha prestado a ello. Y con los años he comprendido que en realidad, nunca fueron disfraces. Lo cierto es que esperaba esos días y esas ocasiones para vestirme de lo que verdaderamente soy. Era en esos momentos cuando en realidad me mostraba al mundo tal y como era y el resto del año me disfrazaba de lo que se esperaba que fuera.

Y fue así como aprendí que casi todas las personas, en algún momento u otro de nuestras vidas, llevamos máscaras. Nos ocultamos tras un escudo creado para proteger (u ocultar) nuestras verdaderas identidades. Algunas porque nos han herido tanto que necesitamos un tiempo de descanso para que nuestras heridas puedan sanar, dejar de doler y con suerte, cicatrizar. Otras porque les han repetido tantas y tantas veces cómo deben ser, cómo deben comportarse, cómo deben actuar que creen que si no son así es porque algo en ellas no funciona, no son lo suficientemente buenas o no están a la altura, y esconden estos sentimientos bajo una máscara que les muestra al mundo como los demás esperan verlas.

Hay máscaras para todo, para ocultar la sensibilidad, para esconder la ira, para disimular la rebeldía, para transformar el desprecio en falsa amabilidad… Hay máscaras de todos los tamaños, de todos los colores, de todos los materiales. Pero todas son frágiles, cualquier duda ajena puede resquebrajarlas. Cuando la imagen que intentamos proyectar depende de la visión de otras personas, es imposible crear algo que perdure, porque las opiniones de los otros cambian como cambian sus estados de ánimo. Cambian como cambian sus propias máscaras. Y son peligrosas, porque cuando una lleva mucho tiempo dependiendo de ellas para construir su identidad, puede llegar un momento en el que ya no sepamos cómo quitarlas. Puede que llegue un día en el que ya no sepamos quiénes somos sin ellas. Y si afortunadamente aún no es tarde y conseguimos arrancarlas, puede que no reconozcamos el rostro que se oculta debajo y que nos mira desnudo y sin rasgos desde el espejo.

No voy a afirmar que yo vivo sin máscaras todo el tiempo porque no sería cierto, hay momentos en los que aún tiendo a cubrirme con ellas.  Lo que sí es cierto es que intento que esos momentos cada vez sean más escasos y más breves. No quiero ocultarme. No quiero fingir que soy de otra manera para gustar a otros o para que los demás se sientan más cómodos conmigo. Sé que ser una bruja me convierte en parte de una minoría por un lado, y en una diana para la incomprensión, el rechazo e incluso la burla de algunos por otro. Pero quiero que mi esencia respire sin estar encerrada tras un disfraz. Quiero ser cómo soy. Quiero estar cómoda siendo yo. Quiero abrazarme a mi misma con sinceridad sabiendo que me atreví a ser real.

No es fácil, porque una persona que se enfrenta al mundo a cara descubierta les recuerda a los demás que ellos no se atreven. Y eso hace que se sientan incómodos, culpables, equivocados. Y sobre todo, hace que se sientan cobardes. Intentarán convencerte de mil maneras de que lo que haces no está bien. Te dirán que eres egoísta, o tal vez inmadura, o ingenua. Querrán cubrir tu desnudez. Querrán cortar tu libertad porque les recuerda su propia prisión. Pero no importa todo lo que intenten, una vez aprendes a vivir sin máscaras también aprendes que ya nada podrá hacer que vuelvas a ponértela.

En unos días es Carnaval y durante esos días, la mayoría de las personas dejan caer sus falsas identidades para vestirse de lo que son realmente. En este momento todo vale. Todos se sienten libres. Todos muestran la faceta de sí que esconden. Son días de libertad. Pero al día siguiente, cuando la fiesta termina, colgarán de nuevo en una percha su verdadera cara y la encerrarán en el armario hasta la próxima ocasión, mientras recogen del suelo la máscara de la falsedad para enfrentarse a una cadena de días grises construidos con mentiras y vividos como extraños.

Carnaval es un regalo, es un espejo encantado que por unos mágicos momentos muestra el verdadero interior, el verdadero rostro de las personas sin que teman ser juzgados o castigados por ello. En Carnaval todas somos brujas, todas somos piratas, vampiresas, princesas o campesinas, hadas y elfas, pastorcillas, caperucitas o lobas. Y no pasa nada. O sí. Pasa que nos sentimos libres y felices. Pasa que nos permitimos Ser.

Esta bruja que os habla ha dejado en su camino un pequeño rastro de máscaras rotas, resquebrajadas e inservibles. Disfraces de lo que un día creí que debía ser o que los demás esperaban que fuera. Eran pocas, es cierto, pero dañinas. No ha sido sencillo, a veces estaban tan incrustadas en mi piel que tuve que arrancarlas usando más fuerza de la que nunca pensé que tendría. Pero mereció la pena. Ese es el regalo que me hago cada día, atreverme a ser Yo. Sólo yo. Esa es la aventura de mi vida, un carnaval en el que cada día me disfrazo de mí misma, una bruja que conjura palabras. Una Hija de la Tierra. Una mujer de Luna.

¿Y tú que harás en Carnaval? ¿Te pondrás una máscara?

¿O te la quitarás?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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