Esa clase de brujas

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No me busques cuando necesites atar a ti a una persona contra su voluntad y su amor. Si sientes tal pasión que estás dispuesta a pisar sobre su libertad y sobre su derecho a elegir a quién ama, no me busques.

No me busques si quieres retener a un amor muerto, si quieres que regrese quien un día se marchó porque había llegado su momento. Si quieres que renuncie a sus sueños futuros por quedarse a tu lado en su tristeza.

No me busques si para tener lo que deseas quieres romper un vínculo sagrado formado por otros amantes, si quieres separar corazones por capricho del tuyo, helado. Si crees que tu deseo es más fuerte que el amor de otros, no me busques.

No me busques cuando tus ansias de atención exijan las noches de insomnio de otros, cuando necesites habitar una mente sin descanso, cuando reclames cada latido de un corazón que no nació para latir por ti. Cuando pidas que otro te ame hasta el punto de dar su vida por ti mientras tú no respetas su existencia.

No me busques para vengarte por afrentas o despechos con los que no has sabido lidiar, para cerrar caminos, para cegar corazones, para causar sufrimiento a cambio de orgullo. No me busques cuando en lugar de la sabiduría escojas la violencia.

No me busques para enterrar tu dignidad en un amor forzado, creado por hechizos malditos que convierten a personas en esclavas. Que ponen cadenas en aquellos destinados a otros brazos. No me busques cuando tu falta de amor por ti, te haga conformarte con migajas robadas.

No me busques cuando envidies los pasos de otros y quieras cambiarlos por los tuyos, no me busques cuando quieras destruir, apropiarte y suplantar el lugar de otros en el mundo. No me busques si otras vidas te parecen mejores que las tuyas y tu odio demande su desgracia.

No me busques cuando rechaces las oportunidades que se te han dado, cuando te conviertas en odio inútil, en envidia sangrante, en alguien sin esperanza. Cuando tus deseos te arrastren hacia los actos más viles, la esclavitud de quien dices amar, la violación de su espíritu, tu tiranía sobre decisiones de otros y la destrucción de pactos ajenos.

No me busques cuando tu propia alma esté sucia, enfangada por tus deseos y tu amor envenenado. No me busques para que mi magia te ayude a cumplir tus deseos de persona perdida y desesperada.

No. No me busques para destruir tu dignidad de mujer, porque no soy esa clase de bruja.

Búscame cuando quieras recordar la grandeza de un alma humana. Cuando quieras aprender a seguir las huellas de la Diosa en los caminos de la Historia.

Búscame cuando necesites recordar que tú misma ya eres magia y quieras encontrar el camino de vuelta a Ella. Búscame cuando quieras desplegar tus alas y volar en la libertad del viento mientras tu corazón recuerda que el amor más grande es el que nace por su propia voluntad. Cuando quieras encontrar tu lugar entre las criaturas de la naturaleza y descubrir que estás hecha de esperanza.

Búscame cuando te sientas valiente para bajar al centro de tus Sombras y te preste mi voz para guiarte de vuelta. Cuando quieras amar al reflejo del espejo y no temer a quién te devuelve la mirada, esa parte de ti que sabe… que viaja entre mundos, entre tiempos, entre velos.

Búscame cuando decidas tomar las riendas de tu vida, de tus sueños, de tus decisiones y fracasos. Cuando quieras aprender a bailar con las mareas de la luna y recuperar tu poder de mujer de bosque, de piedra, de corrientes y montañas. Cuando sueñes con el conocimiento que un día fue nuestro.

Búscame cuando quieras ser tan libre, que lo primero para ti sea la libertad de otros. Cuando quieras amarte tanto y tan fuerte, que nunca aceptarás caricias falsas, amores prestados, abrazos distantes. Cuando quieras descubrir lo que se esconde en los umbrales y las fuerzas que puede crear tu voluntad.

Búscame cuando sientas que quieres re encontrarte con el misterio que eres, mujer, y ayudar a otras a recordarlo. Cuando quieras despertar al animal salvaje que dormita en tu interior. Cuando quieras recorrer el antiguo camino de las sabias que vivieron antes que nosotras y perpetuar su legado. Cuando necesites hundir tus raíces en lo profundo de la tierra y extender tus brazos hacia las estrellas.

Búscame. Búscame entonces, porque soy de esa clase de brujas.

Hyedra de Trivia

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Viaje al Corazón

He estado una temporada ocupada entre hechizos, formaciones, reuniones de brujas y creando nuevos proyectos. En breve publicaré nuevas entradas en el blog, pero hoy quería anunciaros de una forma apropiada uno de los nuevos talleres que estoy ofreciendo. Me he dado cuenta de que hablo de ellos en facebook y por mail, pero nunca los anuncio aquí para vosotras, las que me seguís incondicionalmente en el blog. Así que aquí lo tenéis.

EL VIAJE AL CORAZÓN. UN AMOR EMBRUJADO

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Es un taller de cuatro semanas de duración, totalmente online y está dividido en tres bloques. Tres viajes en espiral que nos llevarán a encontrarnos con el amor de nuestra vida, el más importante en la historia de una bruja. Nosotras mismas.
Los lunes viajaremos en la espiral que nos conduce al centro de nuestro corazón, recordando nuestra historia y nuestros amores pasados, aquellos que nos convirtieron en lo que somos hoy día y aprenderemos a entenderlos, sanarlos, perdonarlos si hace falta y dejarlos ir si es necesario.
Los miércoles viajaremos en una espiral ascendente que nos llevará hasta las historias de Diosas cuyo amor cambió el mundo, o el verdadero sentido de los cuentos de hadas, y descubriremos cómo esas historias siguen manifestándose en nosotras y cómo podemos encontrar a esas Diosas en nuestro interior y en nuestra vida.
Los viernes viajaremos en una espiral hacia nuestro exterior, llevando con nosotras todo el amor y la magia que viven en nuestro corazón hacia fuera, para convertir cada momento de nuestra vida en una historia de amor con nosotras mismas. Realizaremos prácticas, rituales y hechizos para sanar nuestro corazón herido, hacerle un sitio especial al amor en nuestras vidas y enamorarnos cada día un poquito más de nosotras. Crearemos una historia de amor embrujado, entre una bruja y su vida de leyenda.
Para ello, crearé un grupo secreto de facebook donde cada lunes, miércoles y viernes subiré textos y podréis comentar, compartir y consultar todo lo que queráis. Es totalmente online, así que cada una trabajará a su ritmo y según el tiempo del que disponga. Yo publico por la mañana, pero vosotras podréis participar a la hora del día que mejor os venga.
El taller dura 4 semanas, del lunes 6 de febrero al viernes 3 de marzo.
Si estás interesada avísame para reservar tu plaza 🙂
IMPORTANTE, PARA MÁS INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES ESCRIBÍD A: hyedra.deduir@yahoo.es

La identidad de la bruja

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Imagen de Juan Medina http://www.medinajuan.com/

La semana pasada estaba leyendo en casa mientras los demás veían algo en televisión, ya no recuerdo si era una película o una serie, cuando alguien dijo una frase que me hizo cerrar el libro y pensar. La frase fue: No puedo perder mi trabajo, si lo pierdo ¿Qué me queda? ¿Quién soy yo?

Cerré el libro porque me sorprendió mucho, me pareció tan extraño que alguien asociara su identidad a su trabajo, a lo que hacía… pero después, al empezar a pensar recordé que es mucho más común de lo que me había parecido en un primer momento. Recordé que muchos de nuestros apellidos, sobre todo en el mundo anglosajón, tienen su origen en un tiempo en el que a la persona se la denominaba por la profesión que ejercía y esa profesión, muchas veces, se heredaba de padres a hijos junto con el apellido. Pero eso era antes, pensaba yo mientras mi mente seguía dándole vueltas a la idea. ¿Estás segura?, me respondí. Tal vez ya no nos definamos tanto por lo que hacemos, pero sí por lo que tenemos. Fíjate en el mundo que te rodea, no hemos cambiado tanto. Para la mayoría de las personas, sus posesiones, sus empleos, sus círculos sociales son los que les definen, los que les dan un sentido a sus vidas. Creen que cuanto más valioso sea lo que poseen, más valor tienen ellos como personas. Quieren ser aceptados, queridos, aunque para ello tengan que aparentar ser lo que en el fondo no son.

También he visto gente llegar a la jubilación después de toda una vida dedicándose a su trabajo y sentirse perdidos, vacíos. Personas que han dedicado su vida a una profesión y que, en el momento de dejarla, no han sabido qué hacer con sus horas, con sus mentes ahora libres, con sus manos sin tareas, con sus días sin rutinas… sin saber qué hacer consigo mismos. Sin conocerse fuera del ámbito de su trabajo.

Y pensé: ¿Y tú, bruja? ¿Lo que haces es lo que define tu identidad? ¿Lo que tienes te hace ser tú? Yo medité sobre ello, pensé en mis herramientas mágicas, mi ropa, mi música, mis libros… y comprendí que ellos no me conforman, sino que ocurre lo contrario, ellos no me hacen ser yo, los tengo por ser yo. Y hago lo que hago porque soy lo que soy, no al revés.

No necesito nada que apuntale mi identidad, nada sobre lo que basarla o que le dé forma. Si mañana todo desapareciera, todo lo que tengo, todo lo que hago, y sólo quedase yo en un espacio vacío, continuaría siendo yo misma. Podría comenzar de cero en cualquier otro sitio y no me sentiría perdida o confusa. Porque lo que me hace ser yo siempre lo llevo conmigo, es algo que está dentro de mí, no en los objetos, mis posesiones, mi entorno o mis actos.

Y continué pensando: ¿Pero eso te ocurre sólo a ti, o les ocurre a todas las brujas? Y de nuevo medité. No puedo hablar por todas, pero empecé a recordar a las brujas de mi entorno, a las de mi círculo cercano, a las más lejanas, a las de otros países que he conocido y me di cuenta de que, en el fondo, podría asegurar que todas tienen lo mismo en común. Todas ellas tenían una personalidad, una identidad muy definida basada en su interior. He conocido brujas de todos los niveles sociales, de todos los niveles educativos, de países muy diferentes y con profesiones muy diversas, pero podía reconocerme en todas, podía ver quiénes eran de verdad. En esos momentos cuando las brujas nos reunimos, no importa el dinero que se tenga, la clase a la que se pertenece, los estudios, o incluso el idioma. Todo lo que normalmente conformaría la identidad de una persona, todo lo que parece darte tu lugar en el mundo, tu estatus… todo eso es lo que queda fuera cuando las brujas se reúnen. Así que sí, pensé, es algo consustancial a nosotras. La identidad de las brujas es fuerte y definida y construimos nuestro entorno en base a ella, no al contrario. Si todo fallase, si todo despareciese, seguiríamos estando seguras de quienes somos.

¿Pero esto a qué se debe? Las brujas no somos las únicas, he conocido otras personas así. Tal vez tiene que ver con la forma de ver la vida, con la forma que tenemos de buscar nuestro lugar en el mundo, de buscarnos a nosotras mismas. Mientras algunas personas tratan de encontrarse en lo que les rodea, de buscarse en la mirada de los demás y asentar su identidad en la imagen que proyectan al exterior, otras se buscan dentro de sí mismas y van dando forma a lo que son y a su personalidad de acuerdo a lo que encuentran y descubren. De esta forma es fácil estar segura de quién es una, y aunque todo acabe fallando, desapareciendo, perdiéndose… siempre sabremos quienes somos.

Y esto es algo común a todas las brujas porque una de las primeras enseñanzas es que todas las respuestas están en nuestro interior. Y mientras buscamos esas respuestas, el mundo exterior cada vez deja de tener más importancia y aprendemos a darle a todo su justo valor. Nuestras cosas, nuestro dinero, nuestras posesiones materiales, nuestros trabajos, son sólo herramientas que nos hacen la vida más fácil, que nos proporcionan un medio de vida o de expresar lo que ya somos, pero de ningún modo nos definen. De ninguna manera nos hacen ser quienes somos. Y además, nosotras sabemos que la vida es cíclica, que cambia y se mueve y mañana no estaremos en el mismo lugar en el que estamos hoy, aunque puede que algún día regresemos a donde estabamos ayer, y las brujas, además de movernos por los ciclos de la vida, nos movemos entre los mundos, así que mientras todo gira y cambia y se convierte en un caos que generará un nuevo orden a nuestro alrededor, nosotras seremos el centro que nos mantendrá firmes, estar seguras de nuestra identidad nos permitirá mantener el control en el corazón de nuestra existencia.

Y mientras visualizaba los acontecimientos de mi vida girando como un tornado a mi alrededor, de nuevo pensé: ¿Y tú, sabes quién eres, bruja?

Y sonreí, porque, aunque sé quién soy, apenas estoy empezando y conocerme del todo es una aventura que nunca terminará y me tendrá ocupada el resto de mi vida.

Tenga lo que tenga y haga lo que haga.

 

Hyedra de Trivia

Un paseo de bruja

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Esta mañana he salido a la calle y el viento frío se ha colado por mi bufanda. En el cielo gris, se adivinaba la posición del sol por la luz de un disco blanco, brillante, que se escondía entre la nube infinita que lo cubría todo. He estado un rato mirando un árbol cubierto de hojas de un amarillo precioso, que iban cayendo lentamente, de una en una, hasta descansar sobre la hierba formando una alfombra a sus pies. Y, aunque no he podido quedarme mucho tiempo, con esa imagen me he llevado el otoño conmigo, toda su belleza, su calma, su magia… me acompañará hoy durante todo el día.

Os iba a hablar del otoño, pero poco puedo decir sobre él que no os haya dicho ya, así que creo que hoy las protagonistas de esta entrada vais a ser vosotras y os voy a invitar a salir de casa, a buscar un bosque, un parque, una zona arbolada, y a dar un paseo de brujas para conectar con el otoño.

Vosotras elegís el momento, pero si queréis sumergiros completamente en la magia otoñal, os sugiero ir durante el atardecer. Acudid abrigadas y llevad con vosotras un cuaderno y un bolígrafo, o lápices de colores, o, si sois aficionadas, una cámara de fotos. Un termo con una bebida caliente es muy buena idea, y algo para dejar como ofrenda a los espíritus de la naturaleza. La fruta o los frutos secos son lo ideal, porque la esencia de la ofrenda va a los espíritus, pero recordad que serán los animales del bosque los que coman lo que dejéis.

Antes de entrar al lugar elegido, deteneos un momento, cerrad los ojos y respirad profundamente. Dejad atrás los asuntos de vuestra vida cotidiana, trabajos (o su falta), problemas familiares, de pareja, hijos, etc. En ese momento solo estaréis vosotras y la naturaleza que os rodea. Sentid el aire frío en las mejillas, el olor de la tierra y las hojas en descomposición, el viento en los árboles si lo hay… Hablad con el espíritu de ese lugar, por muy pequeño que sea, todo trocito de vida natural tiene su guardián. Intentad sentirlo, dejad que vuestra mente, vuestro corazón, conecte con el suyo. Que sienta vuestra intención de conectar con el otoño, con la Madre, con la magia de la tierra.

Comenzad el paseo. Permitid que vuestros pies os guíen en lugar de imponerles un camino. Id despacio, observando todo lo que hay a vuestro alrededor. Los colores que se funden entre ellos creando un lienzo de belleza indescriptible, el cambio de la luz a medida que avanza el tiempo, los sonidos de las hojas crujientes y las hojas al caer. Vuestros pasos y vuestra respiración… Intentad dejar que vuestra mente vuele libre, que los pensamientos y recuerdos afloren sin control, no los retengáis. Bailad con las hojas, cantad con el viento, reíd con los crujidos del suelo y la corteza de los árboles. Disfrutad de un momento de libertad rodeadas de bosque.

Cuando encontréis un lugar especial, sentáos un momento. Ahora que aún no hace demasiado frio, permaneced quietas unos momentos. Mientras dejáis vuestra mirada vagar a vuestro alrededor, pensad en vuestra vida. En cuáles han sido vuestros mayores logros, cuásles han sido vuestros sueños cumplidos… y pensad en lo que tuvisteis que entregar a cambio, lo que tuvisteis que sacrificar para obtenerlos. Pudo ser tiempo, pudieron ser amistades, un cambio de residencia dejando atrás los lugares de la infancia, pudo ser una vieja relación marchita… medita sobre ello y pregúntate: ¿Mereció la pena? ¿Lo habrías hecho de manera distinta?

Piensa ahora en lo que has conseguido y cómo te hace sentir. Deja que la dicha y la felicidad de tus logros y triunfos te inunde. Hay una cita que dice que somos tan buenas como lo mejor que hayamos hecho en nuestra vida. Deja que esa grandeza te llene.

Cuando estés preparada, continúa el paseo. Presta atención ahora a la vegetación que cubre aún los árboles, los arbustos, la tierra. Recoge hojas que te llamen especialmente la atención, frutos que encuentres por el suelo, piñas para adornar la casa en el Solsticio, trocitos de corteza y ramas, plantas que viven en otoño… Recolecta lo que tu instinto te pida.

Cuando estés preparada, regresa por donde viniste, despídete del bosque, del parque o arboleda hasta la próxima vez que vayas. Agradece al espíritu guardián su labor de proteger la vida y deja tu ofrenda a cambio de los dones del bosque.

En casa, guarda las hojas y las hierbas que hayas recogido e investiga sobre ellas. Busca leyendas, historias sobre esos árboles, esas hierbas, los frutos… averigua sus propiedades mágicas. Piensa si encajan con alguna situación que estés atravesando en tu vida en este momento y por qué tu instinto te inclinó hacia ellas y no otras.

Deja que el espíritu del otoño te acompañe durante un tiempo y cuando lo sientas desvanecerse, sal a dar otro paseo de bruja.

Y si te apetece, ven a contarme tu paseo y todo lo que viviste en él.

Te espero.

 

Hyedra de Trivia

El respeto de la Bruja

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Imagen de Elvira Zakharova

Hoy me vais a permitir un cambio de registro. Es posible que algunas no estéis de acuerdo conmigo o directamente penséis lo contrario, es normal, porque cada persona es distinta y cada una tiene su opinión, pero hay algo que llevo viendo un tiempo y nunca me ha parecido correcto, y es la tendencia de algunas personas a usar la magia para todo. Absolutamente todo. Y, personalmente, me parece un error tremendo.

La magia no es una muleta, no es una herramienta a la que recurrir para cada cosa banal que no marcha como nosotras querríamos. No podemos ir por la vida intentando arreglar cualquier inconveniente a golpe de hechizo. La magia no funciona así. Las brujas no funcionamos así.

Sé que lo que os voy a decir os puede parecer extraño, pero cuanto más poderosa es la bruja, cuanto más sabia es, cuanta más magia conoce, menos hechizos realiza. Y cuando los hace son para agradecer lo que tiene, celebrar la vida o solucionar problemas verdaderamente importantes y no para temas triviales.

Una vez leí que, para que un hechizo funcione, debemos actuar en consecuencia. No sirve de nada hacer uno para mejorar nuestra economía porque las facturas se acumulan y las deudas nos ahogan, si después nos quedamos sentadas en el sofá esperando a que ese dinero entre por la ventana. Sin embargo, si junto con el hechizo nos ponemos en marcha, buscamos, si nos esforzamos por conseguirlo, moveremos el doble de energía y ayudaremos a que nos llegue. Podéis pensar que así nunca sabréis si el hechizo funcionó de verdad o fue nuestro esfuerzo el que nos hizo conseguirlo. Es cierto, puede que nunca lo sepamos. Pero una bruja nunca se queda sentada esperando, ella toma las riendas de la situación y ayuda a que las cosas se solucionen. Por eso muchas veces, antes de hacer un hechizo, nos arremangamos las capas y hacemos que las cosas cambien sin la ayuda de la magia, y el esfuerzo funciona.

Porque, a medida que el tiempo pasa y la bruja adquiere más conocimiento y experiencia, comprende que su vida y todo lo que sucede en ella es su responsabilidad, y está en su mano cambiar las cosas que necesite cambiar. Y tomar las riendas de su vida cuesta trabajo, sí.  A veces es agotador y otras veces requiere sacrificios y tomar decisiones muy difíciles pero, por otro lado, no hay nada más empoderador que saber que eres tú quien está al mando.

También tenemos que aprender a poner las cosas en perspectiva.  A veces usamos la magia como un parche o una tirita, intentando solucionar síntomas en lugar de buscar el origen del problema. No me refiero a esas pequeñas chispas de magia, de poder, que usamos en ocasiones para hacernos la vida un poco más fácil: encontrar aparcamiento cuando tenemos prisa, buscar un poco de suerte un día en el que todo parece torcido, pequeños actos que de vez en cuando sirven para mejorar un poquito el momento y no requieren demasiada parafernalia. Me refiero a casos en los que cada pequeño paso, cada decisión intrascendente, cada mínimo obstáculo se intenta solucionar con un hechizo.   Conozco gente que se agota en limpiezas y rituales para mejorar la armonía en su casa, en lugar de sentarse y comunicarse con los miembros de su familia para averiguar el porqué de la tensión y las discusiones e intentar solucionarlo. O cosas más intrascendentes, como intentar que salga el sol un determinado día para una excursión porque no nos apetece mojarnos o posponerla, mientras la tierra está seca y necesita lluvia. O intentar encontrar un objeto que se ha perdido en medio de un desorden caótico cuando podríamos encontrarlo sólo con limpiar y ordenar un poco. En ambos casos la magia es innecesaria. Son solo ejemplos, pero os puedo asegurar que hay gente que recurre a ella para casi todo. Y es desalentador, porque en algunos casos no solo ceden el control de su propia vida y se desentienden de responsabilidades, sino que, en otros, es una falta total y absoluta de respeto por lo que es la magia y por cómo funciona. A veces las cosas son como son y aunque no nos gusten, debemos entender que deben ser así. Y otras veces, hay asuntos que nos afectan más directamente y deberemos solucionarlos por nosotras mismas con nuestro esfuerzo y voluntad.

Creo que el acto más mágico de una bruja es saber que su vida depende de ella, y que a veces tomará decisiones acertadas y otras veces se equivocará. Y al igual que es su derecho tomar esas decisiones porque es libre, también es su obligación aceptar las consecuencias de sus equivocaciones. Y la magia no es el comodín al que agarrarse cuando las cosas no van como nosotras queremos. Es necesario que de vez en cuando las cosas no vayan bien, porque es en esos momentos cuando se nos pone a prueba, cuando depende de nosotras solucionarlo todo y dar lo mejor que tenemos. Es en esos momentos cuando se nos da la oportunidad de crecer, de aprender, de conocernos y evolucionar y, a veces, sorprendernos a nosotras mismas con lo que somos capaces de hacer.

Si ante la mínima adversidad echamos mano de conjuros o rituales, no sólo estamos evadiendo la misión para la que vinimos y perdiendo la oportunidad de hacernos más grandes, también estaremos demostrando que, en realidad, no sabemos qué es la magia ni su verdadero sentido en nuestra vida.

Detrás de cada hechizo, ritual, ceremonia o cualquier acto mágico, se mueven unas fuerzas tan antiguas como la primera chispa que originó toda la creación. Incluidas las fuerzas que viven en nosotras. Nuestra energía, nuestro poder mágico debe ser sagrado. Y cada momento en el que recurramos a él también debe ser sagrado. Al igual que las energías de las plantas, de la tierra, de los elementos que usamos para colaborar con nosotras en nuestra magia. Son fuerzas conectadas con la Historia de la Tierra, con el Universo y lo que se mueve tras él. Es un regalo que se nos ha dado para cambiar las cosas, para hacer de nosotras y del mundo que nos rodea un lugar un poco mejor, y no para ser utilizado en pequeños actos que no necesitan nada de magia para seguir adelante, tan solo nuestra determinación.

Hay momentos en los que las circunstancias se ponen tan, tan difíciles, que  solucionarlo escapa a nuestro control, es entonces cuando esas fuerzas pueden ayudarnos. Otras veces sí depende de nosotras, pero necesitamos un extra de ánimo y energía para encarar ciertos acontecimientos. No creo que esté mal recurrir a la magia para ayudarnos a superar un duelo que se alarga demasiado, o una enfermedad particularmente dolorosa o larga. Un hechizo puede ayudarnos a encontrar un buen trabajo, o ser un apoyo en nuestros estudios o en nuestra evolución personal. Pero tenemos que tener mucho cuidado de no acabar dependiendo de ellos para todo.

Cualquiera que trabaje con magia y conozca las fuerzas que se mueven detrás, debe ser consciente de en qué momento es conveniente contar con ella y cuando no. Cualquier bruja debe respetar la magia, porque al hacerlo y darle su verdadero valor, se estará respetando a sí misma y a su poder.

Hyedra de Trivia

Nueva formación: Hij@s de la Diosa Oscura

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Os anuncio que la entrada semanal de Palabra de bruja estará disponible mañana, perdonad la espera. Pero quería aprovechar hoy para presentaros una nueva formación que voy a llevar a cabo, junto con mi hermano de camino, Saucco de Trivia.

Hemos estado gestándola años y responde a la necesidad de dar su espacio a la Diosa Oscura en este mundo, y dar la oportunidad a aquellas personas que quieren reencontrarse con Ella de convertirse en sus Hijas, tal vez como ya lo fueron en otras vidas. La formación es totalmente presencial y tendrá lugar en Madrid.

FORMACIÓN PRESENCIAL HIJ@S DE LA DIOSA OSCURA

¿Sientes la llamada de la Diosa Oscura? ¿Crees que tu camino es el de la bruja? Si los secretos de la noche te seducen, si la oscuridad de la luna le cuenta historias en sueños a tu alma y si los nombres de las Diosas que estuvieron prohibidas resuena en tu mente como antiguos recuerdos, éste es tu sitio.  Os ofrecemos un viaje en el que os guiaremos durante un giro de la Rueda en la Senda de la Diosa Oscura. ¿Quieres convertirte en un@ de sus hij@s? Pues acompáñanos en este viaje que se divide en 9 encuentros que tendrán lugar a lo largo de un año y en los que conoceremos a la Diosa Oscura en cuatro de sus aspectos y aprenderemos, entre otros misterios, los caminos de la magia de la tierra, los cuatro elementos, las fases lunares y las energías de la naturaleza. Acompáñanos en el Camino de las Brujas. Tanto si eres hombre como si eres mujer, hay un lugar para ti en los 9 Círculos. Ocupa tu puesto:

1º Círculo. El Encuentro. Presentación de la Formación, encuentro con la Bruja y el pasado, Sheila Na Gig. Altares.

2º Círculo. Solsticio de Invierno. Magia de la Tierra

3º Círculo. Conociendo a la Sombra. En el Reino de Perséfone. El poder de la palabra

4º Círculo. Equinoccio de Primavera. Magia del Aire

5º Círculo. La libertad sexual. En la senda de Lilith. El Matrimonio Sagrado

6º Círculo. Solsticio de Verano. Magia del Fuego.

7º Círculo. La justicia de la Ira. En la batalla con Morrigan. Encontrando el valor.

8º Círculo. Equinoccio de Otoño. Magia del Agua.

9º Círculo.1ª Parte: Reinando en la Oscuridad. Ataecina y Cerridwen. La muerte, el final. Nuevos comienzos.

2ª Parte: Dedicación a la Diosa Oscura. Frente a Hécate.

Para inscripciones o solicitar más información, escribid a

hijasdeladiosaoscura@yahoo.com

Te esperamos

Hyedra de Trivia

Sintiendo la magia

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Desde que el mundo es mundo, las personas nacemos con diferentes dones y capacidades. Algunas nacen siendo artistas y dotan de belleza lo que les rodea, otras nacen con grandes mentes matemáticas con las que dan sentido a las leyes de la física. Hay otras que dominan las palabras y las lenguas y son las voces de aquellos que no tienen, y otras parecen ver en los corazones ajenos y sanarlos. Algunas personas pueden crear lo que se propongan con sus manos y otras capturan nuestros sueños en melodías y canciones. Algunas nacen destinadas a sanar los cuerpos de otros o para ser maestras de nuevas generaciones. Y otras nacen con la capacidad de sentir las fuerzas que se mueven detrás de esta realidad, de ver los hilos que lo conectan todo. Esas son las brujas.

Y al igual que no todas las personas pueden ser doctoras, o músicos o artistas, tampoco todas pueden ser brujas. Porque el don de la bruja, su habilidad, lo que la hace distinta de los demás, es precisamente eso, ser capaz de sentir esas fuerzas, esas mareas de energía que el resto no percibe.

Si bien es cierto que, si alguien estudia, se esfuerza y practica puede llegar a pintar de una forma aceptable, o a tocar un instrumento o saber expresarse bastante bien, también es cierto que nunca creará una obra de arte, nunca será capaz de escribir una canción que perdure y llegue a los corazones de quien la escuche o escribir un libro que se siga leyendo siglos después. En el caso de la magia ocurre lo mismo.

Una persona puede estudiar mil grimorios medievales, todas las correspondencias mágicas, todas las corrientes mistéricas. Conocer muchos saberes antiguos y dominar todas las técnicas. Puede aprender mil hechizos y mil formas de conjurar las fuerzas de la naturaleza. Puede saber exactamente qué hierba o piedra usar en cada ocasión. En qué momento del mes o del año y con qué viento es preferible hacer cierto ritual, pero, si a la hora de llevarlo a la práctica no puede sentir lo que se mueve detrás de todo lo que ha aprendido, todo ese conocimiento será inútil.

Aunque en este punto es importante diferenciar, porque, aunque muchas personas nacen sin la capacidad de sentir este otro mundo dentro del mundo, otras nacen con ella y viven y crecen sin saberlo, porque algo bloquea esa capacidad. A veces es la educación que reciben, o un trauma infantil, o simplemente miedo a lo que no comprenden. Pero si en algún momento de su vida consiguen desbloquearlo y se permiten a sí mismas sentir sin miedo, el mundo cambia para ellas, se vuelve más grande, más brillante, más real.

Porque la fuerza que mueve la magia, lo que hace que todos los elementos de un hechizo cobren vida y aporten su poder al encantamiento, lo que hace que la magia funcione, es la voluntad de la bruja y su capacidad de unir esa voluntad a la energía de los elementos, a las fuerzas que habitan en la naturaleza. Y para poder hacerlo, la bruja tiene que sentir esas energías y esas fuerzas. La magia se basa, por encima de todo lo demás, en ser capaz de sentir. Y nadie puede enseñar a otros a sentir.

Podemos aprender todas las propiedades mágicas de un árbol, las leyendas que se cuentan sobre él, cómo crece, dónde, sus necesidades, qué partes de él se usan para según qué magia… pero si no conseguimos sentir el alma del árbol, al espíritu que habita en su interior, si no conseguimos sentir la energía que recorre sus raíces y diferenciarla de la que recorre su tronco o sus ramas, nos resultará muy difícil utilizar sus dones en nuestros hechizos.

Podemos conocer al aire, el fuego, el agua y la tierra y sus propiedades, pero si no conseguimos sentir su esencia y reconocerla en nosotras, no podremos dotar a nuestros hechizos de su poder. Podemos aprender muchos de los 10.000 nombres de la Diosa y muchas formas de invocarla, pero si no podemos sentirla, despertarla en nosotras, ese conocimiento no la traerá. Podemos saber que nos movemos entre los mundos, fuera del tiempo y el espacio, pero si no podemos sentir esos límites, si no somos capaces de sentir el río del tiempo ni ver los hilos del tapiz de la Diosa, no podremos moverlos en nuestros hechizos.

Y tampoco comprenderemos todo el poder que existe en algo tan sencillo como dibujar un símbolo en el aire, porque no podremos ver todas las fuerzas que se mueven detrás de un gesto tan inofensivo en apariencia.

Y aunque una bruja puede enseñar a otras todo su conocimiento aprendido, jamás podrá enseñarlas a sentir. Si alguien no siente el poder inmenso que hay tras el primer rayo de sol del amanecer, si no siente las pulsaciones del latido de la tierra cuando la toca, si no es capaz de ver el nexo que une todo lo que compone la creación, nadie puede enseñarle a hacerlo. Una bruja nace sintiendo que este mundo es más grande de lo que parece y vive toda su vida aprendiendo a moverse y trabajar con las fuerzas que lo rigen.

Y con toda la tristeza de su corazón aprenderá que, si otros no pueden sentirlo, ella no podrá enseñarles. Y aprenderá a aceptar que eso tampoco es malo, sino que simplemente,  su destino es otro.

 

Hyedra de Trivia

 

La bruja y la Muerte

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Imágen de Amanda Clark

 

Se acerca Samhain y este año percibo su energía con más fuerza que otras veces. Tal vez sea por este Octubre regado con lluvias otoñales o porque mi vida éste año ha estado marcada por varios ritos de paso que me han hecho atravesar muertes y renacimientos, umbrales entre lo que he sido hasta hace poco y lo que soy ahora. Y aquello en lo que me estoy convirtiendo. No sé exactamente por qué, pero Samhain ya está casi aquí para mí y llevo unos días meditando sobre su influencia en las personas, y en especial en nosotras, las brujas.

Esta noche está asociada sobre todo a la Muerte: la muerte de una época, de un ciclo, de la vida de seres humanos… es el Gran Umbral. Y como caminantes entre los mundos, las que vivimos en un eterno umbral somos las brujas. Tal vez por eso ésta sea, entre todas las festividades paganas, la más relacionada con nosotras.

Este año coincidirá más que nunca con nuevos inicios en mi vida, pero, como cada vez que comienzo algo nuevo, por mi mente rondan aquellas cosas que tuve, que viví, que amé… todo lo que murió para dejar espacio a lo nuevo. También personas a las que quise muchísimo y hace tiempo ya que cruzaron el velo. Y su recuerdo me coloca ante una de las situaciones más duras del aprendizaje de la bruja. La aceptación y comprensión de la Muerte.

La Muerte no es más que una parte de la Vida. Todo es un ciclo eterno sin fin, en el que viviremos, moriremos y retornaremos de nuevo. Las personas que amamos volverán a este mundo y nos encontraremos con ellas en muchas vidas compartidas. La muerte entonces no es más que el principio de un nuevo viaje, donde por fin comprenderemos el sentido de todo, encontraremos las verdades que buscamos y tendremos acceso a la sabiduría final. Por ello para nosotras la muerte es solo un paso más, algo que celebramos recordando a la persona amada fallecida y deseándole un buen viaje hasta que volvamos a encontrarnos. Esa es la lección. La teoría.

Pero cuando alguien a quién amamos fallece ¿Qué hacemos con la pena que nos desgarra el alma? ¿Qué hacemos con la sensación de vacío? ¿De pérdida insondable? ¿Y si la muerte fue agónica, o demasiado temprana, o demasiado imprevista, o simplemente demasiado? ¿Cómo encajamos nuestra teoría de lo que es la muerte con su presencia real en nuestras vidas? ¿Cómo vamos a celebrar algo que en ese momento solo podemos odiar?

Porque cuando nos toca muy de cerca o de una forma demasiado atroz, todos odiamos a la muerte. Todos deseamos que no nos roce, que no nos toque, que respete a aquellos a los que amamos. Recientemente falleció un familiar de un amigo y fuimos a acompañarle al tanatorio. Pasamos delante de una sala donde la gente sonreía y charlaba animada. Recuerdo que comentamos la diferencia entre unas muertes y otras y cómo afectaban a la gente. Cuando fallece una persona mayor o tras una larga enfermedad, se vive como algo esperado, inevitable y a veces hasta un alivio. Pero cuando muere alguien joven, o un niño, o alguien que no se esperaba que tuviera un fin prematuro, todas nuestras convicciones se tambalean y nos planteamos la injusticia de la muerte. Nos rebelamos. Hay que tener una fe inquebrantable y con raíces muy profundas para aceptar serenamente la muerte de un niño, o de alguien en la flor de la vida, y más aún cuando muere de forma traumática. Nos preguntamos cual es el sentido, cuál es la razón…

Y automáticamente pensamos en toda la vida que tenían por delante, en el dolor que dejan atrás, en las vidas vacías sin su presencia. En las incontables noches en blanco que otras personas afrontarán recordando su pérdida. O en las nuestras, en las lágrimas que derramaremos por alguien que ya no está, que no podrá vivir, que no podrá reír, soñar, amar de nuevo… en esta vida. Porque las brujas creemos que volveremos, pero en el dolor de la muerte, como cualquier otra persona, sólo somos capaces de pensar en ésta, en la que nosotras aún estamos, pero en la que ellos ya no están. Y en ese momento a veces dudamos, porque es humano dudar, y porque esa duda responde al amor que hemos perdido.

Pero un día, con el tiempo, comprendemos que nuestra fe regresa. Que el dolor sigue ahí pero ya podemos vivir con él. Nos reconciliamos con la Muerte y comenzamos a celebrar la vida de aquellos que se fueron, y prometemos vivir la nuestra conscientemente en su recuerdo. Y llega un Samhain en el que la pena es lo suficientemente suave como para permitirnos celebrar el banquete de fin de año, y colocar un plato en la mesa para esa persona que puede que hoy regrese durante unas horas a nuestro lado. Y al día siguiente, la vida continuará, porque la vida siempre continúa para aquellos que se quedan.

Las brujas conocemos muy bien el dolor, la pena y la pérdida y las sufrimos como todos los demás, pero también conocemos la otra cara de la muerte. Y eso nos ayuda a comprender el dolor y la pérdida de otros. Pero también por eso, las brujas no adoctrinamos, no juzgamos ni intentamos minimizar los sentimientos del que sufre, simplemente acompañamos su dolor y les apoyamos en su tristeza.

Este Samhain celebrad la vida, organizad una fiesta e invitad a aquellos que ya partieron a compartirla con nosotros, pero si en algún momento la tristeza os invade y su marcha os parece injusta, no pasa nada. Dejad que vuestras lágrimas fluyan, recordad lo mucho que les amabais y dad gracias por haber coincidido con ellos en esta vida.

La pena es sólo reflejo del amor y algún día volveremos a encontrarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

 

La Bruja ha vuelto

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Hace meses escribía que mis pies de bruja nómada se sentían inquietos porque llevaban mucho tiempo parados, y dicho y hecho, cuando una bruja pide, obtiene, así que la espiral de mi vida giró hacia una época de maletas, aeropuertos, carreteras y aventuras. Y al mismo tiempo que cubría distancias físicas, mi alma cubría distancias espirituales. Porque como dice mi querida Mariam Cárcel, también se puede viajar sin moverse del sitio y algunas experiencias son verdaderos viajes para el alma.

Avalon fue el primero de todos esos viajes y os confieso que me ha cambiado. No sé de qué otra manera explicar lo que hizo conmigo porque fui siendo Hyedra y regresé siendo más Hyedra aún y al mismo tiempo menos. Encontré allí una parte de mí que siempre eché de menos. Tal vez por eso anhelaba ir. Tal vez por eso soñaba con regresar a mi hogar, porque una parte de mi me estaba esperando allí, en casa. Y regresé trayendo conmigo esa parte, pero dejé allí otra aún mayor, y sospecho que cada vez que regrese, la parte de mí que se quede allí será más grande y para poder estar completa tendré que regresar una y otra vez a lo largo de mi vida. Tal vez ese es el hechizo de Avalon, robarte un pedacito de alma cada vez que vas.

Pero para ser sincera he de confesar que me costó conectar con su energía. El primer día me sentí desconectada, perdida. No lo conseguí hasta que dejé de buscar lo que esperaba, la imagen que yo tenía, lo que yo quería que fuera. Hasta que no dejé toda idea preconcebida aparte y me abrí al verdadero Avalon, no pude sentirlo. Pero cuando el velo de irrealidad cayó de mis ojos y pude ver… la vida cambió para mí.

Y lloré, dentro de mi lloré por una época que no puede regresar, por unos ideales a los que cuesta tanto volver, por todo lo que se ha perdido y no podremos recuperar. Esa era la idea que no dejaba de repetirme por dentro y me llenaba de tristeza: se ha perdido tanto, tanto…  Avalon me ha cambiado porque ha roto las fantasías idealistas que antes me impulsaban. Ahora sé que jamás volveré a mi hogar porque no está en esta época, ni siquiera en este mundo. Pero también me enseñó todo lo maravilloso que aún permanece y fue cuando estaba sentada en los jardines de la Abadía, cuando toqué la tierra y ésta respondió a mi llamada. Vibrando suavemente bajo mi palma, ascendiendo por mi piel hasta que tocó mi corazón y rompió la venda que no me permitía ver, sentir, el verdadero Avalon, el que yace bajo esas calles, esos cimientos, bajo la cristiana torre del Tor que no ha podido cerrar el vórtice de poder de la colina. Comprendí que Avalon es la tierra que hay debajo y el espíritu antiguo que la habita, esa tierra regada con la sangre de mil generaciones que han muerto en ella o soñando con ella. Es la promesa de que, aunque el tiempo pase y las sacerdotisas de hoy no vivamos en cabañas a los pies de la colina, seguimos siendo las mismas. Regresando con otros rostros, otras ropas, otros idiomas y razas, pero aún continuamos allí. Viajando desde todos los rincones del mundo respondiendo a la misma llamada.

Cuando levanté la vista y volví a mirar, creí que todo a mi alrededor había cambiado, pero en realidad la que había cambiado era yo misma. Las nieblas se habían abierto para mí y ahora podía ver. Todo brillaba, todo estaba conectado con el pasado de una forma que no había sentido casi en ningún otro sitio antes. Árboles centenarios, piedras vetustas. Nombres que han cruzado el tiempo de leyenda en leyenda y de época en época. Y vi, vi la magia que envuelve a la ciudad, a sus gentes, a las sacerdotisas de una Diosa que sonríe desperezándose de un largo sueño y que abre sus brazos a todos aquellos que la buscan, que la llaman entre la niebla.

Durante los días que permanecí en esa tierra mágica, viva y palpitante, viví como si antes hubiera estado dormida y aquello fuera mi verdadera vida, la real, la despierta. Y comprendí otro de los grandes secretos de las brujas. La magia siempre está ahí, brota de la tierra de una forma sencilla y continua. Lo rodea todo y a todos. Es cierto que en algunos sitios es más fuerte, más pura y más evidente, pero está incluso en aquellos lugares donde jamás la buscaríamos, porque es el pulso de la Tierra. Y a veces la idealizamos tanto, esperamos tanto de ella, la imaginamos tan espectacular, tan grandiosa, tan parecida a lo que aprendimos en los cuentos, que a pesar de tenerla delante no podemos verla. Porque no queremos verla. Pero la magia no es un cuento al igual que tampoco lo somos las brujas. Debemos dejar de idealizar y esperar un suceso milagroso o una visión de luces cegadoras. Debemos dejar a un lado nuestras expectativas, debemos dejar de intentar que las cosas sean como queremos para aprender a aceptarlas como son. Porque puede que esperemos un trueno que anuncia una gran tormenta y por ello no advirtamos la brisa que levanta el aleteo de una mariposa.

Cuando dejé Avalon lo hice sabiendo que regresaré, una y otra vez, porque esa brisa de mariposa me ha atrapado de una forma que a lo mejor una tormenta no hubiera conseguido. Me ha hechizado su sutileza, la belleza que radica en las raíces antiguas y, sobre todo, me ha hechizado la sensación de que si hay un lugar en el mundo al que pertenezco, es a aquella colina que una vez fue una isla y a sus manzanas y Diosas talladas en piedra.

Aprendí que, como todo en la vida, encontré mi hogar, encontré mi Avalon, cuando dejé de buscarlo como yo lo esperaba y me permití sentirlo tal como era.

Bienhalladas seáis todas.

La bruja ha vuelto.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

Pacto de brujas

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Fotografía de Gaël Sacré  

 

Cuantas más brujas me escribís y conozco, más convencida estoy de que todas venimos de aquella Primera Bruja de la que os hablé un día. Porque en el fondo, sea cual sea el nombre que nos demos, el lugar en el que habitemos, la clase de magia que practiquemos… todas sentimos igual, todas contamos las mismas historias, a todas nos emocionan los mismos pensamientos. Me habéis escrito desde todas partes del mundo, mujeres de todas las razas, de todas las edades, de todas las clases sociales y todas nuestras almas vibran igual. Y creo saber por qué, creo que todas, aparte de venir de la Primera Bruja, hacemos el mismo juramento eterno. Siempre he creído que las brujas, antes de nacer, hacemos un pacto con la vida y con todo lo que ésta engloba.

Pactamos con nosotras mismas, un pacto en el que nos comprometemos a dejar las puertas de la memoria entreabiertas para que puedan llegar a nosotras recuerdos de quienes hemos sido antes y recuerdos de quien seremos siempre, de nuestra verdadera identidad eterna. De esta forma cualquier objeto, cualquier encuentro con un alma conocida, cualquier antigua tonada puede sacudirnos y emocionarnos al reconocerlo como nuestro y recordarnos quiénes somos si alguna vez olvidamos.

Pactamos con nosotras mismas para no conformarnos nunca, para buscar la felicidad de ser, de existir tal como somos. Las brujas no se conforman porque sería un suicidio del corazón. No podemos vivir encerradas en una torre de banalidades y días monótonos y sin magia. Tampoco buscamos grandes emociones que desaten torrentes de adrenalina (al menos no la mayoría),  lo que importa son los detalles simples como apreciar la belleza del planeta, atrevernos a dar un paseo por un bosque en mitad de una noche de luna llena, o dormir al raso en una noche sin luna sintiendo que navegamos a la deriva en un mar de estrellas. Capturar el primer rayo del amanecer o bañarnos en medio de una laguna verde entre montañas. Sentir que pertenecemos a la tierra y que eso es bueno, que está bien no ser más que una de sus criaturas. Aquí es donde encontramos nuestra felicidad.

Pactamos con nosotras mismas para no huir ante los tiempos difíciles. Somos brujas, habrá muchos momentos difíciles en nuestra vida, porque serán los momentos en los que probaremos de qué estamos hechas. Cómo reaccionemos ante los momentos cruciales de nuestra vida será lo que nos defina. Esas ocasiones serán espejos en los que miraremos a los ojos de nuestra sombra y tomaremos decisiones que nos convertirán en grandes brujas que dejarán marca en el tiempo o agacharemos la cabeza y nos esconderemos en la nada. Nuestro pacto nos mantendrá en pie, porque sabremos que continuaremos adelante, más sabias, más fuertes y más poderosas que antes.

Pactamos con otras brujas para encontrarnos y recuperar el sentimiento de ser una tribu. Para recuperar esa hermandad entre mujeres que durante tanto tiempo nos estuvo prohibida pero que nunca hemos olvidado y nos empuja a reunirnos en círculos. Para unirnos en el camino y mostrárselo a otras, para dejar huellas claras y visibles que puedan seguir las que vengan detrás. Por eso no debemos enfrentarnos entre nosotras, no debemos juzgarnos. No sabemos qué han vivido las brujas que nos rodean, no sabemos de sus lágrimas, de las cicatrices de sus corazones, de los recuerdos que aún las persiguen. Lo que sí sabemos es que a veces una mano tendida es capaz de curar heridas antiguas y devolver a la senda a una bruja extraviada. No sabemos si nuestro pacto con ella fue ese, enseñarle el regreso al camino, así que nunca juzgues a otras, sólo deja tus huellas cerca, para que decidan si quieren seguirlas.

Pactamos con el viento para que inflame nuestra sed de conocimiento, esa que nos impulsa siempre hacia delante, para saber más, para conocernos más, para recuperar en nosotras todo ese saber que llevamos en nuestro interior y sólo espera una chispa para despertar. Nuestro pacto con el viento es simple: nunca dejes de bendecirme con tus dones y yo nunca dejaré de cerrar los ojos para sentir tu caricia en mi piel y escuchar las voces de mis antepasados en tus corrientes.

Pactamos con el fuego para que nuestra pasión nunca deje de arder y la apatía no nos gane la batalla. Habrá épocas de soledad, de dudas, de tristeza… pero el corazón del fuego no dejará de arder en nosotras, nuestra pasión nunca dejará de buscar nuevas formas de disfrutar del regalo de estar vivas. Nuestro pacto con el fuego es eterno: Nunca dejes de arder en mi corazón y yo nunca dejaré de bailar a tu alrededor en las noches de magia y hogueras.

Pactamos con las aguas para ser capaces de ver en nuestras profundidades. Para poder viajar en el mundo de nuestros sueños, para aceptar y someternos a los cambios profundos que nos transformarán en la bruja que estamos destinadas a ser. Nuestro pacto con el agua es de total entrega: méceme en el vaivén de tus olas y muéstrame los misterios de tus profundidades y yo nunca dejaré de cruzar la puerta que me abres a otros mundos y buscar en ti el secreto de lo que soy.

Pactamos con la tierra para recordar siempre lo profundas que son nuestras raíces y la materia de la que estamos hechas. Para valorar la magia del agradecimiento y aprender a recibir los dones materiales y a compartirlos con otros. Nuestro pacto con la tierra es fuerte: Dame un lugar donde apoyar mis pies al caminar, donde dar vida a mis sueños, donde alimentar mi cuerpo y yo nunca olvidaré que estás hecha de los huesos de mis ancestros, y que el palpitar de tu ardiente corazón es el reflejo del que late en mi pecho.

Pero el pacto más importante de una bruja es aquel que hace con lo que habita detrás de todo lo anterior, con el significado de la Vida, con lo que guía sus sueños, lo que se esconde tras sus emociones y lo que le espera al final del camino. El pacto que hace con la Diosa. Un pacto eterno hecho en los albores del tiempo y renovado una y otra vez, antes de cada vida. Un pacto de amor hacia la Diosa, hacia sí misma y hacia lo que le hace bruja: No me dejes olvidarte, no permitas que olvide quién soy, lo que soy, y yo nunca dejaré de buscarte en mí y de cantar los nombres con los que te han llamado con miles de voces durante miles de años.

Sí. Estoy convencida de que cada bruja hace un pacto antes de nacer. Un pacto de Vida forjado en el único lugar donde comprendemos su verdadero significado.

En la Muerte.

 

Hyedra de Trivia.

Mensaje de la Diosa

And she wanders  RaphaelleM

And she wanders de RaphaelleM http://www.raphaellem.com/#/

 

Me estás buscando, puedo sentir cómo tus pensamientos vuelven una y otra vez sobre mí. He dormido muchos, muchos años, pero las voces por fin libres de mis Sacerdotisas me despertaron de mi sueño de siglos, llamándome con sus palabras vibrantes de risas, emoción y urgencia. Ven, me decían, vuelve, el mundo te necesita. Nosotras te necesitamos.

Observo cómo mi recuerdo despierta en el corazón de gentes de todos los rincones de este pequeño mundo, cómo la alegría derrite el miedo al castigo, a la culpa, y cómo los colores de mis estaciones destierran el gris de la tristeza. Observo cómo mis niñas, aquellas que siempre me guardaron, ya no se esconden cuando las llaman brujas, sino que levantan la cabeza y responden: sí…

Pero en realidad nunca me he ido. Siempre he estado aquí. Soy lo que se esconde en el último rayo púrpura del crepúsculo y resurge envuelta en oscuridad y tinieblas en la medianoche. Soy la plateada luna que baña el cielo de magia y tu corazón de esperanza cuando me buscas entre las nubes para contarme tus secretos de mujer. Soy aquella sensación de refugio que sentías en lo más profundo de ti en tus horas más oscuras, y el maravilloso abandono cuando llorabas entre los brazos de tu madre. Soy la risa cómplice que compartes con tus amigas, y los suspiros de placer por el roce de la piel de tu amante.

Soy eso que te empuja a buscar partes de ti que pertenecen a los bosques, soy el silencio sobrecogedor que no puedes explicar cuando contemplas el amanecer, soy la quietud y el oro de las últimas horas de la tarde. Soy la primera estrella que sale al anochecer y la última que se marcha en la mañana. Soy el latido de tu corazón y el primer aliento de tus hijos. Soy las lágrimas de desesperación que lloraste aquél día que nunca olvidarás, pero también soy la fuerza que te hizo poner en pie y continuar adelante.

Soy lo que mueve tus pies en esas noches en las que bailas cuando crees que nadie te está mirando. Soy la brisa que se cuela entre las hojas de los árboles y hace que casi jures que el viento te habla. Soy cada grano de arena que se escurre entre tus dedos cuando hundes tus manos en la orilla del océano. Soy la cresta de las olas cubiertas de espuma llevando la vida a la costa. Soy esa punzada en el estómago cuando te emocionas tanto que se te corta la respiración. Soy ese momento absolutamente perfecto en el que por fin comprendes quien eres y cuál es tu lugar. Soy la chispa que salta cuando tu mirada se cruza con otro compañero de vidas. Soy eso que te empuja cuando necesitas una dosis de valentía. Soy el baile de las ascuas que te mantiene junto al fuego sin poder apartar la mirada. Soy esa última flor sobre aquella tumba llorada. Soy la semilla que brota en primavera y también los terremotos, las inundaciones, los tsunamis… Soy la vida y la muerte, y la vida de nuevo. Soy lo que se marcha para volver a regresar.

Soy la que se esconde detrás de esa sensación que siempre has tenido, la certeza de saber que nunca has estado sola. Soy tu más preciado secreto. Y sé que me has buscado, aún sin saber ninguno de mis 10.000 nombres. Aún sin conocer ninguna de mis miles de historias. Me has buscado en cimas de montañas, en senderos perdidos entre árboles antiguos. Me has buscado en cuevas prehistóricas y en libros de leyendas de otros pueblos. Me has buscado en catedrales, en ruinas de templos blancos, en círculos de piedras y estatuas de museos modernos. Me has buscado en las palabras de otros, en visiones de otros y recuerdos de otros. Me has buscado sin saber que me buscabas, en las risas de los niños, en las confidencias a media voz con tus hermanas, en las cocinas de tus abuelas, en sus cuentos e historias en las que hablaban de mí sin saberlo…

Y sé que casi me has encontrado, casi… porque sé que a veces sientes que estás a punto de alcanzarme, pero me desvanezco. A veces casi piensas que soy solo un sueño, una ilusión, una esperanza vana de explicar todo lo que sientes y te hace sentir distinta. A veces estás a punto de abandonar la búsqueda, pero siempre hay algo que te hace continuar… algo que te habla y te pide que des un paso más. Sólo uno más.

Y es hora de que des ese paso. Tu vida ha sido un viaje que te ha llevado a este punto en el mapa de tu existencia. Has caminado un sendero en espiral que te ha guiado por todos aquellos lugares donde aún se me recuerda, donde aún se siente mi presencia. Has avanzado a través de cientos de experiencias que te han traído justo ante las puertas del lugar en el que resido. Casi estás frente a mi rostro, ese que has buscado aún sin proponértelo desde que tus ojos se abrieron a esta vida.

Búscame en ese lugar en el que siempre has sabido que me buscabas, ese en el que no caben las mentiras, ese sitio en el que nadie salvo tú conoce como suena el nombre que tú me has puesto, ese lugar donde sabes que eres inmortal y un día viste nacer el mundo. Búscame donde no hay fronteras, ni idiomas, ni dudas… Búscame en el lugar donde siempre he estado y desde el cual he observado cada uno de los días en los que seguías mi rastro. Búscame en el punto de partida que ha resultado ser la meta de tu viaje.

Búscame donde siempre te he esperado.

Búscame dentro de ti.

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo:¿Aprendices de todo o Maestras en vuestro camino?

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No es la primera vez que el hecho de tener tanta información al alcance me llama la atención por sus ventajas y desventajas, y es que ahora que estoy más en contacto con vosotras a través de los talleres, me he dado cuenta del bombardeo al que estamos sometidas continuamente y sobre temas de toda índole y escuela. Esta facilidad de encontrar información unida a la natural necesidad de conocer y aprender que sentimos todos cuando comenzamos en este camino, están creando una situación que antes también se daba, aunque creo que en menor medida. Y es que, en nuestro afán por saber de todo, se corre el riesgo de picotear en muchos campos y tradiciones, conocer un poquito de todo, pero finalmente no llegar a ser bueno o experto en nada.

Reconozco que en mi época también pasé por esa fase, me costaba mucho decidirme por una sola cosa, y aún hoy, a veces, tengo que luchar contra mi inclinación natural a querer saberlo todo ya. Pero en aquella época tuve lo que ahora sé que fue una gran ayuda, aunque entonces no lo viera así, y es que al no tener mucho dinero unido al hecho de que apenas se publicaran obras sobre paganismo me obligó a leer y releer muchas veces los mismos libros, y practicar continuamente los mismos ejercicios, rituales y hechizos. Gracias a ello, cuando conseguía material nuevo ya había practicado, estudiado e integrado lo anterior.

Hoy día esto es muy difícil a menos que, voluntariamente, nos impongamos esta costumbre. Y reconozco que hay personas a las que, por su propia naturaleza, les cuesta un mundo limitarse a un solo campo de nuestro saber.

Por eso a veces me pregunto si lo que siempre he creído que es mejor, no lo es para todo el mundo. Mi opinión siempre ha sido que para conocer bien algo y poder comprenderlo y llegar a ser bueno en ello, tienes que dedicarle tu atención y tu tiempo. Y una vez lo conozcas y lo hayas estudiado, puedes dedicarte a aprender otra cosa. No estoy en contra de conocer varios caminos, todo lo contrario, pero sí creo que para comprenderlos es mejor hacerlo de uno en uno. Especialmente cuando hablamos de magia, paganismo, religiones y creencias. Si se picotea en todas las tradiciones pero no se profundiza en ninguna, nunca pasaremos de ser aprendices.

Pero como he dicho, esta es mi opinión. ¿Qué opináis vosotros? ¿Sois de los que aprendéis de todo al mismo tiempo porque sois incapaces de decidiros? ¿o de quienes se centran en una cosa y la dominan antes de pasar a la siguiente? ¿Preferís saber un poco de todo o ser realmente expertos en algo? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia?

Hyedra de Trivia

La libertad de la bruja

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Fotograma del videoclip Walpurgisnacht del grupo Faun

 

Leemos a menudo en diversos medios, y yo también lo he dicho más de una vez, que la bruja es, ante todo, una mujer libre. Y sé que muchas pensaréis: ¿Cómo puedo yo ser libre si tengo una hipoteca que pagar, o unos hijos que dependen de mí o un trabajo al que estoy atada para pagar mis facturas? ¿Cómo puedo ser libre si no dispongo del dinero necesario para viajar, o para poder dedicarme a lo que me apasiona, o apenas tengo tiempo para dedicarlo a descubrir qué es lo que me apasiona? ¿Cómo puedo ser libre?,¿Cómo puedo ser bruja si no puedo ser libre?

Sé que la situación de muchas es ésta; una casa, una familia, un trabajo, facturas, obligaciones, compromisos… pero, ¿Qué hay de vuestra mente? ¿De vuestra imaginación? ¿De vuestras ideas y vuestro corazón? ¿Quién, salvo vosotras, decide en vuestro interior? ¿Quién puede deciros cómo tenéis que ser, cómo sentir, cómo opinar, quién ser? Nadie. Nadie, salvo vosotras.

Cuando cae la noche y todos duermen en casa, cuando dejo mi cama y bailo despacio en silencio al son de una música tenue y lenta, cuando muevo las caderas ondeando y elevo los brazos y me dejo llevar con los ojos cerrados en las horas de la madrugada, no hay nadie más libre que yo.

Cuando camino por el bosque abriéndome a la energía antigua de los árboles vetustos, al sonido de mis pasos sobre la hojarasca y a la caricia suave del sol en mi rostro, no hay nadie más libre que yo.

Cuando la luna llena ilumina la hoguera alrededor de la que bailo con mis brujas en las noches de Akelarre, no hay nadie más libre que yo.

Porque esa es la libertad de la que tanto se habla. Esa es la libertad de la bruja.

Una bruja es libre cuando decide que sus ideas son tan o más importantes que las de aquellos que la rodean. Es libre cuando sabe defenderlas de los ataques de otros. Cuando se atreve a tener opiniones propias, ajenas a las de su círculo familiar o más cercano. Cuando sabe que tiene derecho a tenerlas y expresarlas.

La bruja es libre desde el momento en el que decide tomar esa palabra para describirse a sí misma enfrentándose a siglos de desprecio, de acusaciones y castigos. Es libre cuando no ve otra opción que ser valiente si quiere sentirse orgullosa de sí misma y que presentarse ante el mundo como una bruja es lo único coherente con su identidad.

Es libre cuando por fin comprende que los juicios de otros no pueden herirla y sin embargo el juicio propio sí. No importa lo que opinen o hablen los demás de nosotras. Nunca nada será peor que saber que el miedo no nos permitió atrevernos a ser la mujer que queríamos ser. Una bruja es libre porque no sólo se atreve, es que no puede evitar ser quién es.

Una bruja es libre cuando a pesar de gastar sus horas en un trabajo desagradable pero necesario, es capaz de asumirlo y compensarlo haciendo que el resto de su tiempo sea inolvidable. Cuando el mundo parece oscuro y tedioso a su alrededor, pero ella sabe encontrar magia en cualquier momento y en cualquier lugar porque solo tiene que recordar que ella es la magia.

Una bruja es libre cuando se permite amar sin miedos y sin juegos, amar al mundo, a sus seres queridos, a ella misma. Sin mentiras, sin ficciones, sin traición. Es libre para poner su corazón en manos de quien ella decida, pero también para recuperarlo cuando lo crea necesario, sin malgastar años ni ilusiones prisionera en una relación sin futuro por miedo a la soledad o al qué dirán.

Una bruja es libre cuando construye mundos en su mente y abre puertas que la llevan a mil lugares sagrados nacidos en sus sueños.  Cuando cruza el velo que separa los mundos en cada ritual y viaja de formas que otros solo sueñan. Cuando sabe que, siendo solo una mujer, en ella se cruzan mil tiempos y mil mundos y la voz de millones de mujeres que habitaron la tierra antes que ella y que hoy le susurran a través de los millones de células que ellas le han legado.

La libertad no consiste en ser millonarias, o viajar constantemente por lugares exóticos, o tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos apetece a cada momento. Simplemente consiste en ser indomables en nuestro interior. En nunca rendirnos ante otros. En no ceder cuando sabemos que tenemos razón, en no permitir que nos hieran sin defendernos. En mantener nuestra identidad, aunque no sea del agrado de las personas que nos rodean. Consiste en no someternos para evitar confrontaciones, en atrevernos a pensar en nosotras mismas sin caer en la trampa de sentir que somos egoístas. En liberarnos del concepto de culpa que persigue a las mujeres desde hace tantos y tantos siglos.

La libertad de la bruja consiste en atreverte a ser distinta cuando lo distinto no está bien visto. En dar prioridad a tus sueños porque también tienes derecho. En no sentirte ridícula cuando otros se burlen, porque lo harán. En aceptar que nunca le vamos a gustar a todo el mundo y que habrá personas que no nos lo pondrán fácil. La libertad consiste en poder elegir tu camino, en permitirte tomar tus propias decisiones, en tomar las riendas de tu vida y hacerte responsable de tus aciertos, pero también de tus errores. En definitiva, consiste en la valentía de atreverte a ser quien eres le pese a quien le pese y a pesar de todo.

Por eso no te preocupes si no tienes tiempo, dinero o un pasaporte lleno de sellos. Cierra los ojos, mírate por dentro y vuela, piensa, imagina, crea y construye tu propia identidad. Conviértete en la mujer que sabes que puedes ser dejando a un lado el miedo y la vergüenza. Crea mundos, abre puertas, deja que tu magia brote de ti e inunde tu vida. Descubre el poder de permitirte ser libre y explora la inmensidad del universo que llevas dentro. Descubre que no hay nada más libre que el alma de una bruja,  porque ninguna cadena puede retener lo que es infinito y eterno.

Y lo único que te separa de esa libertad infinita y eterna, es atreverte a serlo.

 

Hyedra de Trivia

Confesiones de una bruja

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Imagen: Dunkelheit de Josefine Jonsson

 

Las brujas guardamos muchos secretos, al fin y al cabo, es la base de lo que somos. Si hemos perdurado a lo largo de los tiempos es por haber conseguido esconder lo que éramos. En nuestros días, aunque ya casi no es necesario esconderse, continuamos ocultando partes de nosotras. Nuestro corazón es profundo y esconde tantas cosas… Pero los nuestros no son secretos oscuros, ni nos avergüenzan, ni pueden hacernos daño si salen a la luz. En realidad, desvelarlos no tendría consecuencias, pero los guardamos porque son parte de nuestra personalidad, de nuestra vida. Los consideramos tan íntimos que nos pertenecen tan solo a nosotras.

Pero a veces, cuando las brujas nos sentimos seguras y tenemos confianza con quienes nos rodean, nos confesamos. Revelamos algunos de esos secretos con el fin de que se nos conozca mejor, para compartir lo que verdaderamente somos con los demás. En el acto de entregar un poquito de ti hay un gran componente mágico. Es abrir una ventana a tu alma de bruja para permitir que otros atisben un poco de tu esencia y te comprendan mejor. Porque estoy absolutamente convencida de que un alma solo puede llegar a otra a través de la confianza y la sinceridad. Y hoy me apetecía compartir un poco, dejad que vieseis un pedazo de mi corazón de bruja.

Hoy confieso que a veces me descubro a mí misma optando por el sendero más oscuro del bosque. Ese que nadie atraviesa, húmedo y cubierto de musgo, helechos y hiedra, al que apenas llega el sol. Hay algo en la quietud del aire, en la ausencia del canto de los pájaros, en el frío que se eleva de esa tierra oscura que hace que la emoción me inunde. Se despierta en mi interior una nostalgia por algo, por un cuando, por un alguien que no acabo de reconocer. Una tristeza dulce que me hace sentir una añoranza suave y adictiva. Confieso que los rincones oscuros y olvidados responden a preguntas que mi alma hace y que no sé de donde vienen. Que los estanques de aguas quietas que se ocultan en los rincones umbríos de los bosques, esos de un verde profundo por las algas y los líquenes, pueden llegar a hacerme llorar de una triste felicidad.

Confieso que siento fascinación por lugares abandonados, por aquellos donde quedan los ecos de risas de otros tiempos. Por sitios donde una vez hubo vida a raudales y hoy solo queda la soledad de la decadencia. Antiguos hospitales, viejos teatros, balnearios que un día fueron elegantes y hoy solo ruinas. Espacios con ventanas rotas que dejan entrar contados rayos de sol en los que brilla el polvo como motas de oro. Donde sólo mis pasos recorriéndolos hacen algún ruido. Donde a veces casi puedo llegar a ver sombras de quienes habitaron aquellas paredes hoy desconchadas y vencidas. A veces casi llego a escuchar sus voces que se escapan de habitación en habitación mientras trato de alcanzarlas.

Confieso que las noches frías, de lluvia, viento y luna, me llaman para que vaya al bosque más cercano. Observo tras las ventanas, cálida y a cubierto, mientras el ulular del viento parece decir mi nombre atrayéndome, guiándome hacia fuera, hacia la libertad salvaje de la tormenta. A veces le he seguido, buscando a la luna entre los jirones de nubes que viajan veloces en el oscuro cielo. A veces confieso que he gritado antiguos nombres bajo el sonido de los truenos mientras la lluvia me entraba en los ojos y la garganta. A veces me he quedado en la calidez tras la ventana, y he sentido algo romperse por dentro ante mi cobardía y sabiendo que, aunque no me haya atrevido a salir bajo la lluvia, parte de mí está fuera bailando con la tormenta. Una parte de mí siempre lo estará.

Confieso que a veces el mundo me ensordece, me oprime y las gentes me hacen sentir encerrada entre vidas ajenas. A veces, muchas veces, la soledad me parece un paraíso en el que sólo habitamos mi corazón y yo. Allí me hablo, me escucho, disfruto de lo que el mundo me ofrece sólo a mí. Confieso que a veces huyo para encontrarme, a solas, donde nadie más llega y donde me curo del mundo, de sus prisas, de su eterna competición absurda y de su caótico estruendo. En esos momentos me retiro a la cueva que toda bruja guarda en su interior para protegerse, para recuperar fuerzas y cubrirse entera de magia para volver al mundo y enfrentarnos a un sistema que no entendemos y que no nos entiende a nosotras.

Confieso que mis historias favoritas son aquellas que no tienen un final feliz, porque son las que perduran en mi memoria a lo largo de los años. Tal vez porque esas fueron las que me enseñaron la magia de disfrutar de lo que tenemos. No todo acabará bien, no todas las vidas son largas, no siempre el amor es eterno. Pero por eso todo es tan valioso mientras lo tenemos, por eso es mágico, por eso es tan importante saber disfrutarlo hoy. Porque tal vez mañana ya no esté y sólo nos quede su recuerdo. Y ese recuerdo dependerá de cómo hayamos sabido vivirlo.

Confieso que todos estos retazos de mí pertenecen a la parte en sombras de esta bruja que os habla. Una sombra que adora la nostalgia, los recuerdos de tiempos perdidos, los lugares oscuros y de belleza sombría como los cementerios, donde se erigen los más bellos monumentos a la tristeza. Durante un tiempo, antes de conocer tan bien a mi sombra, renegué de estas inclinaciones hacia la soledad, los parajes oscuros y silenciosos, hacia la ausencia de luz y de esta extraña fascinación por los ambientes tristes. Pero ahora, confieso que parte de mi fuerza, de mi poder y de mi magia tienen su base en esta parte de mi sombra. Ahora acepto y disfruto mi inclinación por ello porque ahora sé que gran parte de la bruja que soy saca su poder de esas raíces. Que esos lugares y esos momentos que tanto me atraen son el mundo donde las brujas tuvieron que vivir ocultas durante siglos. Por eso me llaman, por eso no puedo evitar acudir a esa llamada de la oscuridad, porque he vivido en ella tantas vidas que la he acabado considerando mi hogar. Las brujas pasamos tantos siglos moviéndonos entre las sombras que aún hoy sentimos añoranza por aquel lugar que nos protegió, y gracias a ello, hoy sabemos ser felices con la más mínima expresión de luz. Porque desde la oscuridad, la luz siempre se ve más brillante.

Confieso que soy feliz bajo los rayos del sol de una mañana de primavera, pero será el sendero que conduce a lo más oscuro del corazón del bosque el que me lleve a la felicidad de mi verdadero hogar.

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Herramientas de bruja, ¿Compradas o hechas por ti?

 

Regreso hoy después de un tiempo apartada por motivos de salud y lo hago con un nuevo debate de brujas. Hace mucho tiempo, cuando empecé a buscar mis utensilios de bruja, me encontré con que en España apenas se podía conseguir nada y, lo que había, en tiendas esotéricas que aún eran muy escasas, resultaba demasiado caro para mi bolsillo infantil. En revistas especializadas veía fotos de calderos preciosos, de pentáculos de altar con una decoración que hechizaba y tapetes y esculturas de Diosas con las que soñaba horas. Pero aún no existía internet y no tenía ni idea de cómo conseguir todas aquellas maravillas, así que no me quedó más opción que fabricarme mis propias herramientas mágicas.

Todavía hoy guardo y continúo usando muchas de ellas. Mi pentáculo sigue siendo el mismo. Aproveché un plato de madera especial para servir pulpo gallego, y le dibujé una estrella de cinco puntas hecha de gavillas de trigo. Una vieja palmatoria de cerámica de mi abuela sujetó durante muchos años mi vela de altar y una lata vacía de espárragos se transformó, gracias a unas cadenas y un poco de pintura de témpera, en un útil inciensario.

Y mi varita, mi preciosa varita. Todo el proceso de su creación fue tan bonito, desde la salida al bosque para encontrar la rama perfecta, hasta su lijado y consagración. Y la primera vez que la usé, con su pequeña piña pegada en la punta… me sentí tan mágica y cargada de energía.Con el tiempo ha sufrido modificaciones, sustituí la piña por un cuarzo y su color ya no es el mismo, pero aún me acompaña y la uso en muchos de mis rituales. También uno de mis primeros tarots fue creado totalmente por mí, lo encontré en un librito, y venía dibujado carta a carta y en blanco y negro. Me enamoré de él y como no tenía forma de conseguirlo decidí hacérmelo. Compré cartulina y rotuladores y durante tres meses me dediqué a recortar, dibujar y colorear aquellas cartas maravillosas que sigo usando. Y qué contaros de mi primer caldero, una vieja olla de cobre que me hizo pasar muchos momentos inolvidables viendo como ardía mi magia. Hoy día tengo otro de cobre y uno de hierro, pero guardo muy buenos recuerdos de aquel primer calderito tan sufrido.

Hoy en día tengo otras herramientas que he comprado. En la actualidad hay muchas tiendas tanto físicas como en la red donde podemos conseguir todo lo que las brujas necesitamos y a un precio bastante razonable, y aunque sé que con una buena preparación y consagración su resultado es inmejorable, reconozco que el hecho de crear tus propios utensilios los dotaba de una magia que los comprados no tienen o les cuesta mucho alcanzar. El hecho de pensar cómo conseguirlos, ponerte en marcha, hacerte con el objeto, modificarlo y consagrarlo para tu uso ya era todo un hechizo en sí mismo. Incluso de vez en cuando, aún hoy, recurro a crear mis propios objetos mágicos, porque disfruto del proceso y de su uso con una ilusión diferente. Y aunque no son una belleza en cuestión de estética y los de las tiendas son mucho más bonitos, la magia y el amor que he puesto en ellos los hace los más hermosos y poderosos del mundo para mí.

¿Y tú, cuáles son tus herramientas preferidas? ¿Prefieres comprarlas o tienes algunas que has hecho tu misma? ¿Me cuentas la historia de tus objetos mágicos?

Hyedra de Trivia

Brujas a través del tiempo

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A veces me gusta dejar suelta a mi mente, permitirle que vague y divague libremente sobre lo que se le ocurra, porque así he descubierto muchas cosas que solo afloran en la libertad del pensamiento. Me gusta, sobre todo, cuando alguna idea me llama la atención más que otras y la sigo, para ver dónde me lleva, para ver qué me enseña sobre mí y sobre el mundo.

Hace poco me encontraba divagando sobre el pasado, sobre lo que se perdió y lo que aún queda de lo que fuimos. Sobre aquellas primeras chamanas, aquellas brujas que no se escondían para gritar el nombre de la Diosa y primero pensé cuánto me gustaría viajar hacia atrás en el tiempo y pasar unas lunas junto a ellas, aprender cómo era aquella relación tan libre y directa, tan nueva y real por entonces. Aprender todos los misterios perdidos y que tanto cuesta recuperar. Y después pensé que me gustaría traer a alguna de ellas hasta nuestro presente y mostrarle que aún seguimos aquí, a pesar de todo aún seguimos aquí….

Y pensé, y continué pensando… ¿Qué pasaría si pudiese traer a cuatro mujeres del pasado, a cuatro chamanas, brujas, sacerdotisas, sanadoras de otras épocas? ¿Qué les mostraría? ¿Qué mensaje les daría para que compartiesen con sus hermanas?

La primera sería una de aquellas primeras mujeres que se adentraron en las entrañas de la tierra y dejaron las huellas de sus manos en la roca, una de aquellas que hablaba de tú a tú con la Madre y le puso alguno de los primeros de sus 10.000 nombres. Alguna de las Hijas de la Primera Bruja. La traería y le mostraría las cuevas, los museos, los libros de Historia y Prehistoria donde aún perduran sus símbolos. Su antiguo lenguaje sagrado. Le diría ¿Ves? Miles de años después no hemos olvidado, aún reconocemos lo sagrado en vosotras. Ahora es cuando sabemos que fuisteis vosotras quienes dejaron su mensaje en la piedra. Mira, el nombre de Aquella a quien adorabais aún sigue siendo pronunciado. Con otros acentos, con otras entonaciones, pero aún lo recordamos… Tu historia para ti es joven, aún la estás empezando, pero para nosotras es tan vieja como nuestra especie y aún sentimos el vínculo con Ella. Ha dormido mucho tiempo, es cierto, pero ahora está despertando, La estamos haciendo despertar. Ve, vuelve junto a las tuyas y diles que las hijas de las hijas de sus hijas aún las recuerdan, que las Diosas cuyo cuerpo tallabais hace más de 40.000 años aún presiden nuestros altares. Que aún miramos a la misma Luna y bailamos la misma danza eterna. Diles que no serán olvidadas, diles que aún les contamos a nuestras hijas las leyendas de las primeras. Diles que nunca se desvanecerán.

 

La segunda sería una de aquellas Sacerdotisas que fueron aniquiladas por las nuevas religiones, por los nuevos dioses sanguinarios y celosos de una Deidad femenina. Tal vez alguna de las asesinadas por los pueblos del mar en Creta, o alguna de aquellas sacerdotisas celtas de la Isla de Mona que fueron masacradas por las espadas de Roma. La traería y la abrazaría mientras le hablo de lo que ocurrió después y le cuento que, aunque lo intentaron, nunca acabaron con Ella. Que todo el terror, la muerte y la sangre que se vertió no consiguió su objetivo. La Diosa no fue desterrada del mundo. Le mostraría las ruinas de los antiguos templos-palacios y cómo siguen siendo estudiados y su historia recuperada. Le mostraría las antiguas piedra erigidas en la tierra y cómo aún son nuestros templos, aún continúan saludando al Sol y contando el tiempo con la Luna para nosotros. Le diría: No fue en vano. No desaparecisteis en la Historia. Vuestra leyenda fue contada a lo largo de los siglos y nunca os olvidamos. Nunca se olvidó que hubo un tiempo en el las Sacerdotisas de la Diosa habitaban sus templos, bosques e islas sagradas. Vuestra sangre tiñó de rojo la tierra, pero también nuestro recuerdo. Ve y diles a las tuyas que su muerte no será olvidada, diles que sus templos y Diosas aún viven y nuevas generaciones de Sacerdotisas están rescatando sus cultos del pasado. Diles que su dolor aún es el nuestro y que día a día honramos su existencia. Di a aquellas guardianas de fuegos sagrados que vieron cómo eran apagados, que hoy han vuelto a arder en sus antiguos hogares. Son fuegos nuevos, pero arden honrando a una Diosa antigua en lugares antiguos. Diles que el fuego que ardía en sus corazones arde ahora en el nuestro a miles de años de distancia.

La tercera sería una de aquellas brujas que vivió durante la época de las hogueras. Una de aquellas que guardaba un fragmento del saber, que murmuraba nombres de Diosas paganas bajo la luz de la luna llena y sabía curar y traer niños a este mundo. La traería y le mostraría el horror que produce hoy la persecución y masacre a la que la mujer fue sometida durante aquellos siglos de terror. La llevaría a un Akelarre con mis hermanas y le ofrecería la oportunidad de gritar esos nombres que antes solo pudo susurrar. Bailaría con ella bajo la luna, y le enseñaría que aún nos reunimos en los mismos prados, en las mismas cuevas en las que lo hacían ellas, pero que ahora no tenemos que escondernos. Le mostraría nuestros libros, nuestros escritos, nuestras fotografías en medios públicos. Le enseñaría nuestras tiendas y nuestros nuevos templos. Le diría: Ve, y diles a las tuyas que en un tiempo no muy lejano la palabra bruja será reivindicada y lucharemos por limpiarla. Diles que los nombres de la Diosa son pronunciados en voz alta y clara y cada mujer que la sienta dentro es libre de Seguirla. Diles que un día, las hogueras y las horcas nos causarán tanto rechazo que la Iglesia pedirá perdón por todas sus vidas arrancadas. Diles que tanto las brujas como los cientos de miles de mujeres que no lo eran serán recordadas y honradas, y su memoria será limpiada. Diles que en la noche de Samhain, miles de brujas de todo el mundo encienden una luz por ellas. Diles que algún día su saber será valorado, que las mujeres podrán ser médicos, comadronas, curanderas y sanadoras, guías espirituales y sacerdotisas de la Diosa sin que ningún fuego ardiente las espere al final del camino. Diles que un día, sus descendientes gritaran en su nombre.

La cuarta sería una de las primeras brujas libres, una de aquellas mujeres que en los años 50 y 60 se atrevieron a decir en público lo que eran, brujas, y se atrevieron a comenzar la lucha por recuperar aquellos primeros cultos y Diosas. Traería a alguna de ellas que ya no están y le mostraría la Red de hijos de la Tierra que hoy cubre el mundo. Le mostraría nuestros templos, herederos de los suyos. Le mostraría su legado, aún vivo y cada vez más grande. Con raíces cada vez más profundas y extendidas por el planeta. Le diría: Ve y cuéntales a las tuyas que vuestra valentía tendrá recompensa. Que gracias a vosotras hoy tenemos libertad para ser quien somos y lo que somos. Diles que honramos vuestros nombres y que habéis creado tradiciones fuertes y sólidas que continuarán en el tiempo. Diles que les damos las gracias por abrirnos camino y que todo merecerá la pena, el desprecio, el desconocimiento y el rechazo que ellas puedan sufrir no serán olvidado. Honramos y recordamos a nuestras Ancianas porque hoy nosotras seguimos sus huellas. Diles, simplemente, gracias.

Eso les diría y les mostraría. Pero no les enseñaría el otro lado del mundo. Ese en el que siguen condenando a muerte a las brujas en algunos países y mueren inocentes bajo lluvias de piedras lanzadas por pecadores. Ese en el que tienen que crearse campos de concentración para proteger a aquellas personas acusadas de brujería por sus vecinos. Ese en el que las mujeres aún no tienen el mismo valor que los hombres y sigue siendo peligroso para ellas simplemente vivir. No, no les hablaría de que aún existe la trata de mujeres, de la venta de niñas o los matrimonios infantiles. No les hablaría de todo lo que aún no funciona en el mundo porque es nuestra época y nos corresponde a nosotras continuar su lucha, es nuestro momento de enfrentarnos con todo lo que hace que la Humanidad aún tenga de lo que avergonzarse.

Y si lo hacemos bien, tal vez las brujas del futuro nos recuerden y tal vez a alguna de ellas le gustaría viajar al pasado para llevarnos a su época, mostrárnosla y decirnos: Ve y dile a las tuyas que no os hemos olvidamos, que es vuestra voz cantándole a la Diosa la que aún hoy escuchamos para aprender canciones antiguas. Son vuestros libros e historias las que hoy aprendemos para contarles a nuestras hijas de dónde vienen. Fuisteis vosotras las que os levantasteis para dar voz a la mitad del planeta que no podía hablar. Vosotras llevasteis los nombres de la Diosa a las tierras donde se pronunciaron por primera vez para que pudieran pronunciarse de nuevo, libres. Fuisteis vosotras quienes luchasteis por que hoy las brujas puedan vivir en cualquier país del mundo.

Y aunque esta lucha pueda llevarnos siglos, tal vez en el futuro, si lo hacemos bien, alguna bruja dejará divagar su mente y se acordará de nosotras.

Y tal vez sonreirá y dirá: gracias.

Si lo hacemos bien… tal vez…

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Brujas enamoradas

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Muchas brujas tienen la suerte de compartir su vida con parejas paganas que comparten su fe y su forma de ver la vida. Pero no siempre se tiene esa suerte, sobre todo cuando ya tenemos cierta edad, llevamos cierto tiempo en el camino y en la época en la que empezamos era difícil encontrar a otros como nosotras, y no digamos ya enamorarnos.

Las parejas de las brujas pueden muy variopintas. Pueden ser personas muy espirituales sin seguir el paganismo y comprender la opción vital de la persona que quieren, tener largas charlas sobre las creencias de cada uno e incluso meditar juntos.

Otras serán agnósticas o ateas y no se involucrarán mucho en la opción religiosa de su pareja y otras pueden ser incluso fieles creyentes de otras religiones mayoritarias establecidas.

A veces, incluso siendo ambos paganos, cada uno sigue una tradición distinta.

Pero lo que todas las relaciones de las brujas tienen en común, por muy dispares que sean, es el respeto. Sin respeto por sus creencias, por su estilo de vida, por todo lo que ella considera sagrado, la bruja no se embarcará en una relación. Y ella ofrecerá lo mismo a quien comparta su vida con ella.

Esto da pie a mil anécdotas e historias, sobre todo al principio, cuando ambos se están conociendo y comprenden que su relación nunca será una historia de amor al uso.

Seguro que tú también tienes mil historias que contar sobre ello. ¿Cómo es tu pareja? ¿Cómo es vuestro día a día? ¿Crees que las parejas muy distintas pueden funcionar?

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo: Los inicios de una bruja. Maestras.

Estos días en los que estoy llevando a cabo el taller, conociendo a las chicas y observando cómo aprenden,  he estado recordando mis propios inicios. Cuando yo empecé a caminar conscientemente por este sendero. Creo que compré mi primer libro de hechizos antes de los 10 años, pero cuando quise buscar algo más serio, aprender de verdad de una buena fuente fiable, lo tuve difícil. En España aún no se publicaban buenos libros sobre paganismo o brujería. Y tampoco era fácil conocer a una buena maestra. Además no sabía por donde empezar a buscar.

Ahora veo en toda la gente que empieza mi misma curiosidad, mi misma ansia de saber. De conocer. Con una diferencia abismal: ahora tienen la oportunidad de aprender a un clic de ratón. Y el problema de ésta época con Internet y todo a su alcance es el contrario, hay demasiada información, la red está saturada. Hay muy buenos lugares de consulta pero también hay otros que no lo son tanto. Se publican muchos libros y se reeditan clásicos imprescindibles pero también hay otras publicaciones no tan buenas. El peligro ahora, además de la sobre información y la saturación, es la mala información.

Y junto con esta proliferación de publicaciones, otro de los peligros es la gran cantidad de maestras, gurús, guías, facilitadoras, etc. que hay últimamente. Tengo la suerte de conocer a muchas y puedo decir que son mujeres (y hombres) increíbles. Muy sabias, humildes y responsables. Verdaderas maestras. Pero hay algunas que no lo son. Yo he tenido mucha suerte, he de reconocerlo, nunca he conocido a una mala. Pero conozco testimonios de personas que lo han pasado muy mal al caer en malas manos. Gente a la que le ha costado mucho superar la desconfianza por todo el paganismo y la magia y volver al camino que su alma le pedía. Personas que han tenido que sanar heridas que otros causaron para poder seguir avanzando. Porque una mala maestra puede causar mucho daño.

Y todo ello me ha llevado a preguntarme por los inicios de los demás ¿Cómo fueron los vuestros? ¿Fue fácil o tuvisteis que esforzaros por encontrar libros o maestros que os guiasen? ¿Fue una buena experiencia o topasteis con desaprensivos? ¿Como os formasteis? ¿Cómo os gustaría que hubiesen sido esos inicios?

¿Me lo cuentas?

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: Diosas y Dioses de las brujas

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Siempre hablo en mis textos de la Diosa y, ocasionalmente, del Dios. Sigo la tradición de la Diosa y para nosotros Ella es una con muchos rostros, al igual que Él. Pero no todas las  tradiciones y corrientes del paganismo y la wicca creen lo mismo.

Algunas creen en una sola conciencia creadora con dos rostros, uno masculino y otro femenino. Otras creen en diversos Dioses y Diosas individuales, normalmente estas corrientes adoran a panteones concretos como el griego, el nórdico o el egipcio. O están intentando reconstruir algunos menos conocidos como el celtíbero.

Aunque todos seamos paganos y pertenezcamos a las Religiones de la Tierra, no todos creemos de la misma manera en los Dioses, ni los honramos igual ni los vivimos igual. Pero siempre me han parecido muy interesantes las diferentes maneras en que lo hacemos.

En mi camino, honramos a la Diosa dentro de nosotras y también en todo lo que nos rodea. Vemos su rostro en cada rostro humano con el que nos cruzamos y en cada parte de su creación. Vemos a nuestro Dios en cada partícula de vida, en la fuerza que hace crecer la vegetación, en todo lo que es salvaje y libre y en el interior de cada habitante del bosque, de las montañas y los desiertos. Y también dentro de nosotras.

Y tú ¿Cómo vives a tus Dioses, a la Diosa, al Dios? ¿Cómo es tu experiencia? ¿Ella es Una, son Dos? ¿Un mismo principio creador con dos rostros, varias personalidades independientes…?

¿Cuál es tu historia con Ella, con Ellos?

 

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo:Los Ancianos de la Tribu

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Photography: The wise woman Author: Angela Harper https://500px.com/angelaharper

 

Hace tiempo vi un reportaje en el que una pareja de ancianos vivía sola y el hombre había tenido que llamar a emergencias porque su esposa se había caído de la cama, se había hecho daño y él no había podido ayudarla. Lo que más me impactó fue ver a aquél hombre llorando desesperado de impotencia y soledad.

En este mundo tan moderno, tan rápido, tan digitalizado y social, nos estamos dejando atrás a la mayoría de la población. Nuestros ancianos no nos siguen el ritmo, no pueden, se desconectan de la sociedad. Nosotros, sus hijos y nietos vivimos cada vez más centrados en nosotros mismos y en, los que tenemos cierta edad, no perder el tren del progreso.

El resultado es que ellos cada vez están más solos. Por suerte nuestra calidad de vida es buena y llegamos a edades avanzadas con relativa buena salud. Pero, ¿Qué pasa con estas personas de setenta y muchos, ochenta, que cada vez necesitan más ayuda y no la tienen? Están solos, enfermos, cada vez más desconectados de un mundo que ya no entienden sin nadie que les mire a los ojos y le diga: estoy aquí. Yo recuerdo quién fuiste, quién eres aún.

Tengo amigos solteros y sin hijos cuyo mayor miedo es envejecer solos. Yo misma me pregunto a veces como será mi vejez, y aunque el pasado tuvo sus cosas malas, una de las que sí eran buenas y hemos perdido es el cuidado a nuestros ancianos. Antes la tribu entera cuidaba de ellos, formaban parte de los Consejos, eran tenidos muy en cuenta y eran miembros valorados de la comunidad. Cuando ya no podían valerse por sí mismos, la tribu, el clan, lo hacía por ellos. Yo lo he vivido en mi familia, es lo natural para mí.

Los paganos decimos que estamos tratando de recuperar las antiguas tradiciones, las antiguas costumbres. Creo que una de las principales que deberíamos recuperar es ésta. El cuidado de nuestros Ancianos. Volver a venerar la sabiduría que da la experiencia y la edad, pero de verdad. Porque si tenemos suerte, todos vamos a llegar a ella.

¿Qué opináis? ¿Estamos a tiempo de cambiar esta tendencia o la individualidad se impondrá en todo, incluso entre las brujas?

Hyedra de Trivia

Recuperando a nuestra Doncella

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The Force Autor de la imagen: TOMAAS tomaas.com

 

En esta época del año celebramos Imbolc, el periodo del año intermedio entre el Solsticio de invierno y el Equinoccio de primavera. Uno de los ocho radios que forman la Rueda del Año. Es el momento dedicado a todo lo que empieza, lo que se está gestando, lo que germina. Celebramos la promesa de una primavera que aún no es, pero que ya se está preparando para ser. Y a un nivel más personal y humano, celebramos el aspecto de Doncella de nuestra Diosa reflejado en nuestra propia infancia.

¿No escuchas unas risas que te llaman? ¿No sientes la necesidad de olvidarte de todo y jugar, y reír, y recordar que la vida es para ser feliz? Ella llega cada año para recordarnos que aquella niña que fuimos nunca se marchó del todo, que aún espera en el fondo de la mente de la adulta que somos hoy que cumplamos las promesas que nos hicimos,  que cumplamos nuestros sueños, y seamos las adultas que un día quisimos ser.

Aunque no todas tuvieron una infancia feliz.  Conozco brujas que de niñas fueron obligadas a crecer deprisa, con padres ausentes y hermanos pequeños a los que cuidar sin que fuera su obligación. Obligadas a ser madres sin haber terminado de ser niñas. Conozco a otras que tuvieron que soportar palizas (tanto a sí mismas como a sus hermanos y madres) por parte de una figura paterna violenta que desvirtuó para siempre su imagen de lo que es el hombre. También madres violentas y en ocasiones, ambos. Otras tuvieron madres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes y tuvieron que crecer sabiendo que no eran queridas. Otras fueron armas que sus progenitores usaban para arrojarse entre sí. Otras enfrentaron una muerte temprana de uno de los dos o ambos y aprendieron demasiado pronto el significado de la pérdida.

Cuando algo así pasa durante los años de la niñez, en la edad adulta cuesta mucho conectar con la Doncella porque significa dolor, tristeza o rabia y se bloquean los recuerdos. Cuando para las demás brujas es un momento de alegría y juego, para ellas es un tiempo de enfrentarse a fantasmas que aún duelen y corrompen nuestra magia desde dentro.

Ser bruja, sacerdotisa o chamana no es nada fácil. En algunas culturas nos llaman las sanadoras heridas porque no puedes curar a otras sin haberte curado a ti misma. Y todas, absolutamente todas, tenemos heridas que sanar porque hemos crecido en una cultura que tapa el dolor, tapa las experiencias negativas, tapa la infelicidad. Nos obligan a sonreír continuamente, a decir siempre que todo está bien, incluso hay frases motivadoras que animan a sonreír como señal de fortaleza cuando por dentro te estás rompiendo. Y es un tremendo error. La verdadera fortaleza reside en reconocer que no estás bien y en pedir ayuda para superarlo. Pero está mal visto, porque desde niñas nos han dicho que está mal quejarse, que lo que nos ocurre son “tonterías”, que no pienses en lo que te hiere y te animes…

Y cuando llegamos a la edad adulta no sabemos ser felices, no sabemos reír. No sabemos amar y mucho menos amarnos. Y cuando una mujer, una bruja, se da cuenta de esto y comienza conscientemente a curar sus heridas, destapa el dolor enquistado en su alma y sufre, a veces tanto que el miedo le atenaza y renuncia. Y se acostumbra a un dolor moderado, relativamente controlado y que se reduce a un sordo latido que le permite sobrevivir, pero no VIVIR.

Pero si no se rinde, si a pesar del estallido de dolor continúa adelante y se enfrenta a sus recuerdos y los mira cara a cara desde sus ojos de bruja adulta, una nueva vida se abre ante ella. Una nueva vida donde podrá darse permiso para ser feliz, para disfrutar de cada día de su vida sabiendo quién es. Y lo más importante, podrá ayudar a otras a sanarse.

Las heridas que nos hacen de niñas son muy peligrosas, forman cicatrices muy profundas y sobre ellas construimos nuestra identidad. Todo lo que somos, cómo vemos el mundo y cómo nos enfrentamos a él se basa en esas heridas mal cicatrizadas.  A veces para curarlas tenemos que deshacernos enteras y volver a crearnos desde unos cimientos sanos. Y hay que ser muy valiente para auto destruirse y volverse nada, para volver a crearse desde esa nada renunciando a todo lo que se era para poder SER.

Hay veces que solas no podremos. A veces hemos sepultado el dolor tan hondo que no llegamos a su núcleo. En ese momento no debemos dudar en pedir ayuda. Hay psicólogas y psiquiatras muy buenas que pueden guiarnos al corazón de lo que nos atormenta y luego traernos de vuelta. Algunas de ellas también son brujas y pueden enseñarnos a perdonar a aquellos que nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotras mismas por haber llegado a pensar que era culpa nuestra y nos lo merecíamos, porque la mayoría de los niños se culpa por las acciones de los adultos.

Pero cuando una bruja se sana y consigue reparar las heridas de su infancia, su poder se vuelve inmenso. Es en ese momento cuando la bruja viaja hacia su centro y allí, se encontrará con la niña que fue, la abrazará y podrá decirle:

-“No te preocupes, todo está bien. Mira quién soy ahora, mira quién somos. Voy a devolverte lo que no tuviste. Prometo reír todas las risas que te robaron. Prometo jugar todos los juegos que te prohibieron, prometo soñar los sueños que no te atreviste a tener. Prometo bailar por todas aquellas veces que tu tristeza te lo impidió. Prometo crear un futuro donde no duelan los recuerdos del pasado. Prometo vivir para convertirme en la mujer de la que cualquier niña se sentiría orgullosa de ser. Prometo ser tan fuerte como para atreverme a pedir ayuda si algún día lo vuelvo a necesitar. Prometo darte todo lo que no pudiste tener: millones de sonrisas y miles de días felices.

Me lo prometo.”

Y cuando lo hayas conseguido, ven a jugar conmigo.

Yo te estaré esperando.

 

Hyedra de Trivia

 

Sacerdotisa y Bruja

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Imagen de autor desconocido

 

En nuestros días y en las tradiciones paganas actuales, la palabra sacerdotisa y bruja suelen aparecer en los mismos contextos. Sé que os ha llamado la atención porque  algunas de vosotras me habéis preguntado cuál es la diferencia entre ellas. Ya os he comentado en alguna ocasión que a lo largo de la Historia las sacerdotisas de religiones paganas han sido acusadas de brujería. Adorar a Dioses ajenos era considerado brujería, cualquier rito religioso extraño a quién lo veía, cualquier símbolo o práctica de pueblos desconocidos era tachado de brujería, por lo que en sus inicios eran lo mismo. Con el tiempo el concepto de bruja se desvirtuó y perdió su asociación al sacerdocio, pero en los archivos de la Inquisición, entre los cargos con los que se acusaba a las verdaderas brujas encontramos el de perpetuar cultos precristianos y adorar a falsos dioses. Es decir, ser sacerdotisas de antiguas religiones, o al menos ser las guardianas de lo que quedaba de ellas.

En la actualidad la mayoría de nosotras somos las dos cosas. Sé que en el fondo son lo mismo, pero si tuviera que explicar la diferencia sería ésta, la que dimos tres miembros de mi tradición cuando se nos hizo esta misma pregunta durante una reciente entrevista:

La bruja es una mujer que estudia su relación con el mundo que la rodea, desde que se levanta hasta que se acuesta (y aún mientras duerme) percibe el ritmo del mundo en el que vive y su propio lugar en él. Presta atención a los cambios que se producen y que le marcan el paso del tiempo y a lo largo de sus años aprende a relacionarlos con sus propios cambios internos. Es una mujer que experimenta con el poder que la naturaleza pone a su alcance, incluido el suyo propio. Investiga las propiedades de las herramientas que la tierra pone a su disposición: hierbas, piedras, agua, el viento, el fuego… su propio cuerpo y su propia energía. Emplea muchas horas de su tiempo en aprender de otros, de sí misma, de sus ciclos internos tan ligados a los externos del planeta. Pasa incontables momentos viajando hacia dentro de sí misma para conocerse y reconocerse. Y para encontrarse, dentro de sí, con la divinidad que sabe que la habita.

La bruja levanta altares a antiguos Dioses de la vida y la muerte, pero su relación con ellos es personal e íntima. Celebrará los cambios de las estaciones y de las estrellas y creará miles de hechizos para hacer de su mundo un sitio mejor. La mayor parte del tiempo trabajará sola. Su trabajo se aplica sobre una sola persona. Ella. Si quiere dominar la magia debe conocer su fuente, que es ella misma. Las revelaciones que tendrán lugar durante sus incursiones en la naturaleza, se producirán sólo en ella porque están provocadas por todo el conocimiento que ha adquirido antes.

A veces trabajará con otras para conjurar un objetivo común, o se reunirá en un Akelarre para celebrar fiestas mágicas, para compartir conocimientos y crear lazos de unión. Para dar la bienvenida a nuevas brujas a la comunidad o para enseñar a otras que empiezan en el camino. Las brujas de nuestro tiempo creamos grandes redes que se extienden no sólo por el país, sino por todo el mundo. Pero su evolución como persona, como mujer y como bruja, será a solas.

La sacerdotisa realiza los mismos actos que la bruja, pero de cara a una comunidad. Las sacerdotisas paganas no nos consideramos intermediarias entre la divinidad y las personas porque no es necesario. Cada Ser está en perpetuo contacto con la Diosa porque ya somos parte de Ella. Todas la llevamos dentro, es parte de nuestra esencia por lo que la existencia de una figura intermediaria es totalmente innecesaria. Pero lo que sí hacemos es facilitar a los demás la forma de encontrarla, de restablecer un contacto que creían perdido o que se ha olvidado. Realizaremos hechizos para la comunidad, invocaremos a nuestra Diosa para traerla entre nosotras. Levantaremos altares comunes para que todos puedan Honrarla.

La sacerdotisa también es la encargada de oficiar ceremonias religiosas que atañen a toda la comunidad, somos nosotras quienes damos la bienvenida y presentamos ante el mundo a los recién nacidos. Somos nosotras quienes unimos las manos y los corazones de las parejas en sus matrimonios mientras su amor dure. Somos nosotras quienes celebramos con las jóvenes su menarquía y también celebramos con nuestras sabias la menopausia en su madurez. Somos nosotras quienes damos soporte espiritual a cualquier miembro de la comunidad que lo solicite y quienes acompañamos en su último viaje a aquellos que regresan a la Madre.

Somos aquellas que repiten sus 10.000 nombres en alto para que no se olviden. Para que se recuerden de nuevo. Somos la cabeza visible que sirve de faro a todas las que la buscan a Ella. Todo nuestro trabajo está volcado hacia el exterior.

Pero nada de esto sería posible si no contásemos con todo el trabajo de bruja que hemos hecho con nosotras mismas. Con toda la sabiduría, conocimientos y experiencias que hemos ido adquiriendo en nuestro trabajo solitario.

Para mí, ambas son las dos caras de una misma función. La bruja es la mujer que viaja a su interior en soledad para encontrarse con la Diosa, aprender de Ella y comprender quién es ella como mujer y regresa al exterior para mostrar al mundo, como sacerdotisa, el camino hacia Ella. Para ser su faro y, en definitiva, guiar a todos aquellos que la buscan, para que puedan empezar su propio viaje.

Las brujas sacerdotisas somos un umbral. Somos una puerta.

Somos la Voz que anuncia Su Regreso.

 

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: Hechizos de Amor

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Imagen: Kitchen Witch Autora Jane Aspen http://jane-aspen.deviantart.com/

 

Hoy es viernes y de nuevo Palabra de Bruja es vuestro. Últimamente algunas personas han contactado conmigo para pedirme hechizos o rituales para recuperar a sus ex parejas. Siempre me niego. Primero porque no suelo hacer trabajos mágicos para otros, y segundo, soy de esa clase de brujas que piensa que nunca se debe hacer magia sobre otra persona sin su permiso. Incluso si es para hacer algo bueno como sanación o cosas parecidas. Siempre, siempre, hay que pedir permiso antes.

Esto se aplica a los hechizos amorosos, nunca los hago. Entiendo y conozco la desesperación y el dolor que se puede llegar a sentir cuando la persona que amamos nos deja, pero no creo que una buena muestra de nuestro amor sea obligar a alguien a permanecer a nuestro lado contra su voluntad. Sería querer secuestrar su libertad.

Y por otro lado, cualquier persona se merece tener al lado a alguien que le ame de verdad. ¿Por qué tendríamos que conformarnos con alguien que en realidad no nos quiere, que preferiría estar con otra persona o lejos de nosotras? Merecemos alguien que nos quiera de la misma forma en que nosotras somos capaces de hacerlo.

Si de verdad amamos a alguien, la mayor prueba de amor (tanto hacia esa persona como hacia nosotras mismas) es respetar sus decisiones y darle libertad para elegir. Los únicos hechizos de amor que hago son aquellos destinados a potenciar el amor por mí misma, por todo lo que me rodea y sólo me los hago a mí o a quien me lo pida y me dé permiso.

¿Cuál es vuestra opinión sobre ésto? ¿Os lo han pedido alguna vez? ¿Tenéis alguna anécdota sobre ello?

La Palabra de Bruja es vuestra.

Brujas debatiendo: Una bruja de cara al mundo

Reunión de brujas

Fotograma del film “El Crisol”

 

Esta es una de las novedades de las que os hablé. Aquí tendréis voz. A partir de ahora publicaré las nuevas entradas los lunes y los viernes los reservaré para vosotras. Cada viernes propondré un tema a debatir y podréis contar y exponer lo que queráis.

Y para inaugurar la sección se me ha ocurrido que podríamos hablar de cómo ha sido nuestra experiencia con nuestro entorno. Cuando nos presentamos como brujas ante el mundo, ¿Cómo han reaccionado? ¿Qué anécdotas podemos recordar? ¿Aún estáis en el armario de las escobas?

Contadme quiénes sois, cuál es vuestra tradición, cuál es vuestra historia. Este post es todo vuestro.

Recordad que es un debate, ante todo os pido respeto y empatía. Los comentarios groseros o insultantes no serán publicados.

Os cedo la palabra de bruja. Bienvenidas.

Hyedra de Trivia

Un año embrujado

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Imagen de autor desconocido

La vida de una bruja a lo largo de un año está llena de fechas para recordar: Lunas llenas, Lunas oscuras, Lunas crecientes y menguantes; fechas propicias para hechizos, festividades antiguas… y los ocho grandes festivales que conforman lo que nosotras llamamos La Rueda del Año. Ocho ocasiones en las que las brujas celebramos el ritmo interno de este planeta en el que vivimos y su danza en su viaje por el universo. El calendario de una bruja está lleno de fiestas, porque a diferencia de otros cultos y creencias, las brujas pensamos que la vida está creada para disfrutarla y celebrar cada momento de ella. Lo celebramos todo y no hace falta insistirnos mucho para remangarnos las faldas, sacudirnos los zapatos y salir a bailar en círculo liberando cabelleras y risas.

Y parte de esa alegría y celebración se basa en el hecho de saber que el viaje que hacemos a través del tiempo durante un año, lo realizamos también a través de las enseñanzas de la naturaleza y a través de nosotras mismas. Es un viaje en el que ponemos toda nuestra atención en los cambios que se producen a nuestro alrededor para comprender los que se producen en nuestro interior. Y aunque cada año se repiten los mismos ciclos, cada viaje lo realiza una bruja distinta. Todo lo que aprendemos de nosotras mismas y del mundo durante una Rueda, nos cambia y convierte en personas diferentes en la siguiente. Siempre cambiantes, siempre únicas, viajamos de estación en estación, de año a año, bailando, aprendiendo, reencontrando y conociéndonos una vez más en cada giro de la Rueda. Una Rueda compuesta por ocho radios que se repiten una y otra vez, en un viaje cíclico y eterno.

En Primavera el mundo nos enseña a recordar los principios. A echar la vista atrás y ver dónde está la niña que fuimos, encontrarla en nuestro presente y sanar las heridas que puedan haberla marcado y que aún le duelen a la adulta que somos. Es tiempo de aprender que nunca es tarde, que siempre hay nuevos brotes, nuevos comienzos y que robarle al día unos momentos para jugar es invertir en nuestra felicidad presente y futura. La Tierra nos muestra cómo de su profunda oscuridad brotan las más bellas flores, cómo la vida despierta buscando los cálidos rayos del Sol que hace poco regresó. En el Equinoccio de Primavera celebramos con flores, con huevos decorados recordando el huevo de la vida, celebramos a la Diosa Doncella que juega entre los árboles y las flores con sus ninfas niñas. Celebramos el retorno de la vida y el equilibrio de la luz y la oscuridad.

A medio camino entre el Equinoccio de primavera y el Solsticio de Verano, celebramos Beltane. El Primero de Mayo. El momento en que la Tierra está fecunda, preparada para recibir la simiente de los frutos del verano. Los campos están listos para sembrar el cereal y la sangre nos baila en las venas calentando cuerpos y almas. Es el matrimonio de nuestra Diosa Amante con su consorte, el Dios Astado, el Señor de la Fertilidad y de todo lo que es salvaje y libre. Celebramos el don de la sexualidad y sus frutos.  Es tiempo de reconciliarnos con lo que somos y agradecernos ser, de hacer las paces con nuestra imagen y nuestro cuerpo y darle todo el amor y el cariño que se merece. Celebramos el amor en todas sus formas y manifestaciones. Celebramos el orgasmo creador de universos y mundos. En Beltane encendemos hogueras y bailamos, y hacemos el amor encarnando en nosotras a la Diosa, celebramos la sensualidad de nuestros cuerpos amándonos y amando a otros. Celebramos el acto que da origen a la vida.

En el Solsticio de Verano nuestra Señora, ya una mujer joven adulta, disfruta del pleno amor del Dios en su máximo poder. Ella está embarazada y Él comienza a perder energías mientras se transforma en el grano que yace esperando a brotar. A partir de mañana los días serán cada vez más cortos, recordándonos que incluso en la plenitud de la vida, todo está condenado a marchitarse y morir para renacer de nuevo. Hoy quemamos en una gran pira todo aquello que nos impide llegar hasta nuestro futuro, hasta nuestro destino, todo aquello que cargamos a nuestras espaldas y que no nos deja convertirnos en quien debemos ser. Nuestra mejor versión. Es tiempo de buscar a la mujer que eres, qué te gusta, cuáles son tus sueños, cual es la vida que quieres vivir y qué vas a hacer para conseguirla. En esta noche de verano y fuego celebramos la vida que crece esperando a nacer.

Entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño, los campos están cubiertos de oro, los árboles frutales están pesados y cargados de sus jugosos frutos que nos llenan de agua durante los cálidos y dorados días estivales. Llega Lammas, el primero de agosto. La fiesta de la cosecha. Nuestra Diosa embarazada es ya una mujer en toda su plenitud, redondeada y con un prominente vientre en el que se gesta el futuro del mundo. Es tiempo de recoger lo que hemos sembrado y aceptar que hemos sido las madres de la vida que nos hemos creado. También es momento para explorar nuestra creatividad. Las mujeres no sólo parimos hijos, también parimos ideas, creaciones, arte, libros, caricias. Toda bruja es una madre que se pare a sí misma cada año, junto con nuevos sueños, nuevos hechizos, nuevas ansias de conocimiento. Nueva magia que añadir a la antigua. Toda bruja es madre de su poder. Esta noche celebramos el poder de crear vida.

Y en el Equinoccio de Otoño celebramos la última cosecha. Los últimos granos de vid que fermentarán para convertirse en el vino sagrado. Celebramos el sacrificio del Dios que está muriendo para alimentar a los hijos de la Tierra. Celebramos la belleza y la sabiduría de la madurez de nuestra Señora, que ahora en un último esfuerzo nos muestra sus más intensos colores y su última explosión de vida. Es tiempo de aprender a aceptar la madurez que también nos llegará a nosotras, y encontrar la belleza que se esconde en los últimos días de la juventud. Es momento de aprender que, ésta vez, el equilibrio entre la luz y la oscuridad se decantará por ésta última y que eso también es bueno. El otoño es la estación de la brujas, tal vez porque reconocemos ese Sacrificio de la Madre en nosotras, las brujas sacrificamos nuestra juventud muy pronto porque todo lo que traemos con nosotras de otras vidas nos hace llegar a un otoño del alma  a una edad temprana. La mayor parte de nuestra existencia es un largo día dorado de otoño en el que los velos de nuestros ojos y los velos que separan los mundos, caen sin cesar como hojas al viento a lo largo de los años hasta que ya nada nos ciega. En esta noche celebramos la sabiduría de aceptar que la vida pasa y el tiempo nos cambia.

Y tras el Equinoccio, a medio viaje hasta el Solsticio de Invierno, las puertas que separan los mundos se abren para permitir el regreso de aquellos que se fueron y acompañar a nuestro Señor, muerto ya, para reinar en el otro mundo. Llega Samhain, cuando la tierra ya apenas da fruto y todo parece marchitarse y morir. Es tiempo de enfrentarnos con la certidumbre de que nosotras también moriremos así como muchas cosas de nuestra vida que creíamos eternas también murieron y se perdieron en el tiempo. Es el momento de aprender a dejar ir todo aquello que no podemos seguir llevando con nosotras. De enfrentarnos a nosotras mismas y reconocer que ya no podemos ni queremos seguir cargando con cadáveres que ya no tienen lugar en el mundo de los vivos. Tenemos que aprender a regalarnos la capacidad de saber decir adiós. Esta noche nos levantaremos frente al portal que separa los mundos y honraremos la existencia de nuestros antepasados, porque gracias a que ellos vivieron hoy nosotras podemos existir. Celebraremos la belleza de la oscuridad, el misterio de lo desconocido y el recuerdo de nuestros muertos. Esta noche celebramos que la muerte es sólo una parada más en el viaje de la vida.

Y en el Solsticio de Invierno celebramos el retorno del Sol. La vuelta de la Luz al mundo. La Tierra está sumida en el silencio, en el frío manto de la nieve, en la desnudez  y el sueño. Congelada y durmiente, la Tierra sueña con la primavera guardando en sus profundidades oscuras la promesa de la primavera. En esta noche, la más larga del año, el Sol retorna para recordarnos que la quietud no dura eternamente. Que ahora su calor apenas acaricia la superficie de su amada, pero la Diosa acaba de dar a luz al Niño Divino que cada día se hará más fuerte hasta que vuelva a despertar a lo que está dormido. Es tiempo ahora de imitar a nuestra Señora y volvernos hacia dentro. Las brujas descansamos en invierno, bajamos el ritmo y nos concentramos en nuestro interior, porque es allí donde se encuentra todo lo que hemos ido aprendiendo durante el año. Es ahora cuando por fin nos centramos en ello y comprendemos. Iniciamos un viaje hacia nuestro corazón que durará hasta la primavera. No es tiempo de tomar decisiones, no es tiempo de emprender. Es sólo tiempo de soñar, de observar, de conocernos y valorar la sabiduría que llevamos dentro y que sólo se puede alcanzar tras haber pasado las etapas anteriores. Nuestra Diosa, ahora anciana, nos muestra el gran valor de la edad y la experiencia. Nos enseña a amar y honrar a nuestros mayores, y a toda una vida de aprendizaje. Esta noche celebramos que en la más profunda oscuridad es dónde se nutre la vida.

Y entre el Solsticio de Invierno y el próximo renacer de la primavera nos encontramos en Imbolc. La fiesta de la leche. La Diosa aún duerme pero su sueño es más ligero. Un leve calor comienza a filtrarse hasta las profundidades oscuras y calienta las semillas que se agitan. Las nieves poco a poco se derriten. Alguna flor valiente se atreve a abrir sus pétalos buscando la belleza del día. Los corderos nacen y pronto los lobos se aparearán. Los arroyos de la montaña comienzan a correr abriéndose paso entre la blandura blanca. La vida aún no ha vuelto, es tan solo un proyecto, pero su certeza se huele en el aire. Todo es puro, el silencio del invierno se rompe con los primeros sonidos de pisadas y cantos en el bosque. Todo es una gran promesa de novedades y cambios. Es tiempo de emerger de nosotras mismas y proyectar nuestro futuro, de crear nuevos caminos en la vida, de organizar nuevos inicios para nosotras. De acumular energías para la explosión de vida que se acerca. En Imbolc encendemos velas para celebrar el retorno del calor y la luz que traerán la vida de vuelta, bebemos leche para recordar que los corderos que nacen nos aseguran una nueva primavera. Esta noche celebramos que tras la quietud y el sueño de la muerte, la vida siempre regresa una y otra vez.

Esta es nuestra Rueda del Año, en la que aprendemos, estudiamos al mundo y a nosotras mismas y celebramos, siempre celebramos, la vida.

En ella encontramos la sabiduría que convierte todos los años de la vida de una bruja en algo que merece ser vivido, amado, celebrado y sobre todo, en algo embrujado.

Bienvenidas al misterio de la Rueda del Año.

Hyedra de Trivia

Demuéstralo, bruja

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The Enchantment Autor de la imagen: Raphaelle Monvoisin http://raphaellem.deviantart.com/art/The-Enchantment-489708230

No es sólo la soledad. No es sólo la dificultad de encontrar amigos o parejas. No es sólo vivir y ver el mundo de una forma distinta al resto. Hay algo más a lo que las brujas tenemos que enfrentarnos durante nuestra vida y, esta vez, es algo que nos toca a todas. Brujas de todos los países, culturas, tradiciones o cultos, todas hemos de hacer frente a las burlas, el rechazo, el desprecio, los insultos y el desdén.

Loca, ingenua, tarada, infantil, inculta, timadora, fraudulenta, fanática, crédula… ¿Os suena alguna? Y algunas más… cada una de vosotras guardará dentro la que más le ha dolido. Quien más y quien menos, ha tenido que enfrentarse a personas y situaciones en las que se ha sentido acosada, despreciada o directamente rechazada por ser como es.

Hace años, muchos, cuando era muy joven, solía entrar en debates sobre magia y brujería con personas no ya no creyentes, sino totalmente opuestos a cualquier idea o tema mágico. Durante muchos años, fruto de la impulsividad de la juventud, intenté defenderme a mí y a mis creencias frente a gente completamente cerrada a ello. Sentía su desdén, su desprecio y sus burlas y por dentro hervía de ira y me preguntaba por qué. Qué les había hecho yo para que me atacasen así. Y casi siempre llegaba, envuelto en una sonrisita sardónica, el inevitable reto: Si eres bruja, demuéstramelo.

Demostrarlo… Hoy me río. En aquella época sentía muchísima tristeza por ellos, porque no podían ver y comprender. Porque no querían hacerlo. Hoy soy yo la que comprende. Hoy entiendo el por qué de su actitud y comprendo cuál debe ser la mía.

Demostrarlo. Yo no tengo que demostrar nada a nadie salvo a mí misma. Lo que yo sea o deje de ser es algo que me incumbe sólo a mí y a mi comunidad mágica. Soy una bruja pública, sí, al igual que los sacerdotes de cualquier otra religión son figuras públicas. Pero nadie reta a un obispo católico para que demuestre que lo es. Tampoco a un reverendo, a un imán, a un rabino o a cualquier otro representante religioso.

No es culpa nuestra que en la mentalidad general perdure aún la imagen de la bruja de las películas y los cuentos, de piel verde, rayos saliendo de la punta de sus dedos y una escoba con la que recorren el cielo nocturno. Esto último es algo que me gustaría mucho, la verdad, pero todas sabemos lo qué es real y lo qué no. La mayoría de la gente no lo sabe, y además no le importa. Por eso, cuando tienen delante a una de nosotras y se enteran de que afirmamos ser brujas, se ríen y nos retan. Porque creen que nosotras también nos referimos a las brujas de los cuentos y nos tratan como a tontas, como a pobres ilusas. Como a locas.

Pero en la actualidad, la brujería y las religiones paganas están experimentando un auge notable y estamos empezando a ser figuras visibles en la sociedad. Las brujas de verdad estamos en todas partes y ya no tenemos que demostrar nada a nadie. La incultura, el desconocimiento y la mala costumbre que tiene el ser humano de atacar lo que no conoce ya no es nuestro problema. Puedo entender que otro me insulte o rechace porque no comprende lo que soy, pero ahora, a mi edad y con mi experiencia, ya no me afecta. Porque ahora sé que las opiniones, las ideas y actitudes de otros les atañen sólo a ellos, me demuestran quiénes son ellos, no yo. Si alguien me dice que las brujas no existen yo no voy a desaparecer o a dejar de ser  sólo por su opinión.  No voy a dudar de mí por las ideas de otros.

Yo sé quién soy y sé que no es mi misión demostrar nada, pero sí puedo crear un hueco en la sociedad para todas las que son como yo y para las que vendrán después. Y esto sólo puedo conseguirlo con mis actos. Con mi ejemplo.  Con mi forma de vida. Siendo yo y mostrando al mundo lo que son las brujas. Mujeres que recuerdan y honran a sus antepasados y a los antiguos espíritus de la Tierra.

Las brujas no hacemos proselitismo, no intentamos convertir a los demás a nuestras creencias. Quien quiera conocernos y conocer la brujería debe buscarnos a nosotras, no al revés. Pero sí exigimos el mismo respeto que el resto de religiones. Tan fácil como eso. Tan difícil como eso. Respeto.

Cada vez que alguien diga que no cree en brujas, simplemente ignoradlo. Cuando os encontréis frente a alguien de esta índole y pretenda burlarse o humillaros, simplemente comentad que la religión pertenece a vuestro ámbito privado. Si os encontráis fuertes y os apetece debatir, adelante, pero hacedlo por diversión, tenéis que ser conscientes de que hay gente que no quiere escuchar y discutirá todo lo que digáis sólo por crear conflicto. No dejéis que os afecte, recordad siempre que lo que os da vuestro poder está dentro de vosotras, no en los ojos de los demás.

Y cuando alguna vez alguien os rete a demostrar que sois brujas, miradle dulcemente, sonreíd y antes de girar y marcharos decid:

Ya lo hago.

Estoy respirando.

 

Hyedra de  Trivia

Gracias, brujas

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Imágen: “Old Religion” de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Amar a una bruja

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Amar a una bruja no es fácil. Tal vez sea por ello que tantas de nosotras permanecen solas durante años sin elegirlo o sufren de relación en relación hasta que encuentran aquella en la que se sienten totalmente aceptadas. Amar a una bruja no es fácil porque a nadie le preparan para ello, y nadie  piensa que algún día se encontrará inmerso en una relación mágica, de verdad.

No es fácil porque traemos con nosotras el recuerdo de mil historias de amor anteriores y nuestro corazón late con la fuerza de mil vidas, así que la intensidad de nuestros sentimientos y lo que esperamos de los demás a veces asusta. No es sencillo porque lo que para otras mujeres son símbolos de amor, para nosotras son cadenas. Los sueños y ambiciones de otras, para nosotras son prisiones.  No es fácil porque esperamos que quien amamos sea mejor cada día, tal como lo esperamos de nosotras mismas.

Para atreverse a amar a una bruja hay que estar dispuesto a darle la vuelta a todo lo que creímos siempre que era el amor. Una bruja te querrá a su lado como cómplice, como compañero y amante compartiendo tres vidas. La tuya, la de ella y la que construiréis en común. Nunca alcanzarás del todo el centro de su corazón, porque ese lugar sólo le pertenece a ella. Una bruja nunca se entregará por completo a otra persona porque sabe que su verdadera esencia sólo es suya. Una bruja nunca perderá su identidad ni fingirá ser quien no es a cambio de amor. Lleva dentro los secretos del viento de la noche, el misterio de la luna en la mirada y el ritmo de la tierra en su corazón, ¿Cómo podría querer ser otra si ella ya lo es todo? Si un hombre no es capaz de ver la eternidad en la sonrisa de una bruja, nunca podrá comprender del todo la inmensidad de su amor.

Amar a una bruja removerá tu mundo, te despojará de años de ideas equivocadas y te hará enfrentarte con lo que se esconde en el fondo de ti mismo, te hará mirar a los ojos del espejo para descubrir qué es lo que ella ve cuando te mira. Te hará bailar al son de la melodía más antigua del mundo y te hará recordar que no es la primera vez que danzas esos pasos nunca olvidados y que no es la primera vida en la que la encuentras. Amar a una bruja te hará abrir la puerta a misterios que nunca imaginaste encontrar pero que siempre esperaste descubrir.

Cuando una bruja te ama conoces lo que es la plena confianza. Jamás te mentirá. Nunca te engañará porque sería como engañar y mentir a su propia alma. Si una de nosotras te ama, puedes sentirte afortunado porque no hay nada más limpio, desnudo y honesto que el amor de una bruja. Pero esperamos lo mismo. La mentira, el engaño, la traición… matarán todo sentimiento que pudiéramos tener por ti. Sufriremos y sentiremos un dolor profundo, pero sabemos cómo curarnos y continuar adelante.

Debes recordar que estamos conectadas con la tierra y sus ciclos, así que no siempre nos comportaremos igual. A veces el aire nos llevará de un proyecto a otro y resultará difícil seguirnos. A veces las ideas cruzarán tan rápido nuestra mente que sólo otra mente rápida y curiosa podrá seguir nuestra conversación. A veces el fuego hará que nos consumamos de pasión o estallemos como volcanes ante lo que consideremos injusto. Puede que nuestra furia sea difícil de enfrentar, porque no cualquiera puede medirse con la ira de una bruja.

A veces el agua nos sumergirá en épocas de silencio y melancolía, y parecerá aún más difícil alcanzarnos, pero cuando emerjamos del mar de nuestras emociones, te amaremos aún más porque nuestros sentimientos estarán aún más claros.  Otras  veces parecerá que la tierra nos hace preocuparnos más de lo habitual por lo material, pero sólo estaremos creando raíces profundas para poder asentar el hogar que creemos juntos  en el tiempo y el futuro.

Puede que alguna noche la bruja que amas no se quede a tu lado, pero allí donde esté, bailando bajo la luna llena o explorando la oscuridad de la luna oscura, estarás con ella. Porque cuando una bruja se enamora sabe que esa unión fue forjada por su alma y la tuya mucho tiempo antes de nacer, así que podrás estar seguro de que regresará a tu lado. Y lo hará más completa, más feliz, más bruja y más enamorada que antes.

Si amas a una bruja habrás elegido compartir tu vida con una persona libre que, desde su libertad, compartirá su mundo contigo. Por eso has de saber que si algún día ella deja de amarte, no habrá juegos ni mentiras. No habrá engaños.  Las brujas conocemos muy bien el poder del amor, la fuerza que otorga compartir la vida con alguien que te impulsa a ser tu mejor versión y atreverte a alcanzar tus sueños con la seguridad de que siempre habrá alguien que creerá en ti. Saberse amado en este mundo cada vez más solitario es un don que debemos cuidar y agradecer porque no está destinado a todos. Por eso, si alguna vez todo termina, el último acto de amor de una bruja será dejarte ir. Sólo así ambos podréis encontrar la felicidad y la vida deseada. Solos o acompañados.

Y tú, bruja, si has llegado a una época de tu vida en la que estás preparada para compartir tu camino con alguien, nunca escondas lo que eres a la persona que amas. Muestra tu alma, deja fluir tu magia y dile quién eres desde el primer momento. Sólo así sabrás que lo que estáis creando es real.

Si te ama, debe amarte entera.

Con todas tus vidas, con toda tu magia, con todos tus sueños.

Con todos los misterios de tu corazón de bruja.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Embrujando a la muerte

Journey Home Autor de la imagen: Rassouli www.rassouli.com

Journey Home
Autor de la imagen: Rassouli
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Sé que aún queda más de una semana para Samhain, pero ya siento su influencia. Halloween lleva tiempo anunciándose y me gustaría que tuvieseis unos días para reflexionar sobre su verdadero significado y poder sentirlo plenamente cuando llegue. En Samhain, entre otras  cosas, celebramos la muerte. Esa noche, la puerta que separa ambos mundos se abre desde el otro lado hacia el nuestro y el velo es tan fino que por unas horas los mundos se superponen. La Humanidad lo ha sentido desde siempre, pero lo que en un principio fue una festividad de recuerdo y reunión con familiares y amigos ya ausentes, se ha convertido en una noche de disfraces y luces como antídoto para nuestros miedos. Nos disfrazamos  para que los espíritus malignos nos crean uno de los suyos y no nos persigan.  Pero de lo que inconscientemente tratamos  de escapar, desde el principio de los tiempos, es de la muerte.

Recuerdo cuando mi abuela murió, en su casa, en su cama. Rodeada de su familia. Murió al atardecer y durante toda la noche fue llegando gente que la conoció, de alguna u otra forma, para velarla. Recuerdo las flores intentando borrar el olor de la muerte sin conseguirlo. Un olor distinto al de la podredumbre. Un olor que nunca antes había percibido y que nunca más he vuelto a encontrar. Y sobre todo, un olor que no todos eran capaces de sentir. Recuerdo a las mujeres rodeando la cama donde ella yacía y a los hombres entrando, presentando sus respetos para salir al poco y reunirse con otros hombres en el salón. Sólo las mujeres permanecían junto al cuerpo. Entonces fue cuando aprendí por primera vez que la muerte es cosa de mujeres. Recuerdo al día siguiente el cortejo fúnebre desde su casa hasta la cercana iglesia donde se le hizo la misa de difuntos. Vivo en una ciudad pequeña, y no sé cómo, consiguieron el permiso para hacer ese cortejo a pié. Mi abuela fue uno de los últimos vestigios de un mundo antiguo con tradiciones antiguas. No he vuelto a sentir la muerte de un familiar como algo cercano, íntimo y compartido desde entonces. En este mundo moderno donde parecen empeñados en alejarnos de todas las emociones, también nos han alejado de la experiencia de la muerte.

Algunas brujas no celebran fiestas, ni se disfrazan ni celebran esta noche. La pasan meditando y recordando a sus seres queridos fallecidos. Otras sí lo hacen, celebran una noche de magia y reunión recordando que la muerte no es el final, sino un nuevo principio. Para nosotras es Año nuevo, el principio de un nuevo giro. Las últimas cosechas han terminado, el verano ha muerto y nos volvemos hacia un nuevo ciclo. Cada bruja elige cómo vivir esta fecha, pero lo celebremos o no,  hay algo que todas debemos recordar. Lo que Samhain tiene para enseñarnos.

Lo primero que nos enseña Samhain es a dejar ir, a ser valientes y soltar. La mayoría de la gente se encariña con sus cosas, con su gente, sus ideas, e incluso con sus errores. Muchas veces nos aferramos a ellas casi con desesperación, casi como si hubiésemos construido nuestra identidad sobre nuestras posesiones. Como si al perderlas nos perdiésemos a nosotros mismos, nuestro corazón o incluso nuestra alma.

Por un lado, es lógico querer conservar lo que amamos o las cosas que nos hacen sentir bien, seguros, cómodos… pero a veces, nos aferramos a cosas o situaciones que no nos hacen felices, que ni siquiera nos gustan ya. Pueden ser trabajos en los que nos sentimos presionados o vacíos. Lugares que nos ahogan y agobian, amistades que sólo nos producen pesar y angustia. O lo más importante, relaciones rotas.

A veces es difícil decidir cuándo una relación ha terminado o solo es un bache en el camino. Otras veces es evidente. Ya no sentimos amor por la otra persona, nuestro futuro es solo una larga condena de días iguales sin volver a sentir ese cosquilleo que nos recuerda que estamos vivos y amamos. Y soñamos con escapar a otra vida, a otro futuro, a otra persona. Y aún así, no nos decidimos a cambiar de vida. El miedo nos paraliza, nos convencemos a nosotros mismos de que no encontraremos nada mejor, que nunca volveremos a ser amados, que no encontraremos jamás a nadie que nos comprenda.

Pero, una vez más, las brujas somos afortunadas. Nuestra Rueda del Año nos enseña estación tras estación que nada termina nunca, que todo es un ciclo que se repite una y otra vez, girando eternamente. Retornando siempre. Cada día es un regalo de la Diosa para vivirlo a nuestra manera. Cada día es una promesa de cambio, si nos atrevemos a cambiar…

En la senda de las brujas aprendemos caminando, viviendo y, si estamos atentas, extrayendo sabiduría de cada detalle de nuestra vida. Si pensamos en nuestro pasado, recordaremos que cada vez que hemos perdido algo importante, alguien de la familia, una amistad, un trabajo, una pareja… el espacio que ha dejado se ha llenado de nuevo.

Si Mabon nos enseñó el equilibrio, ahora debemos recordar esa lección y unirla a la de Samhain y aprender que, para que ese equilibrio se manifieste en nuestra vida, al igual que tenemos que aprender a recibir también debemos aprender a entregar. Debemos hacer sitio para nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevos sueños… dejando marchar otros que ya no necesitamos. Son pequeñas muertes que hemos de atravesar para dar la bienvenida a nuevos nacimientos.

La otra enseñanza de Samhain es que, para vivir plenamente, debemos reconciliarnos con la muerte. Nos hemos acostumbrado a ignorarla, a evitarla, a cumplir con ella con breves visitas de cortesía a los tanatorios o funerales. Somos conscientes de que la gente muere, pero no pensamos que pueda ocurrirnos a nosotros ni a los nuestros hasta que seamos muy ancianos. Y por ello nos perdemos muchos buenos momentos porque nos confiamos y confiamos en el tiempo. Dejamos esos buenos momentos para otro día, para el fin de semana, para mañana. Cuando es totalmente posible que no exista un mañana.

Cerrad los ojos y pensad en esas personas queridas. Esas a las que amáis por encima del resto. Imaginad que apenas les queda una semana de vida. Seguramente correríais a su lado y pasaríais junto a ellas todo ese tiempo, haciendo que fuera el mejor de su vida. Seguramente les diríais cuánto les queréis y lo que significan para vosotras. Querríais que en el último momento supieran que han sido amados y cuánto amor se llevan. Ellos tendrían una muerte hermosa y vosotras paz en el corazón.

Pero ahora imaginad que esas personas mueren esta noche sin que podáis hablar con ellas. Pasaríais el resto de vuestra vida pensando en todo lo que no se dijo, en todo lo que no se hizo, en todo lo que se fueron sin saber. Costaría tanto tener algo de paz…

Entonces, ¿Por qué no hacerlo cada día? Todos, absolutamente todos podemos morir en cualquier momento. No necesariamente tras una larga enfermedad o tras una larga vida. Y cometemos el error de dar por sentado que la gente sabe que les queremos, damos por sentado que estaremos aquí mañana, damos por sentado que habrá tiempo…

Samhain nos enseña que la muerte camina siempre junto a nosotros, que no es más que un eslabón más de la cadena que es nuestra existencia y que casi nunca sabemos cuándo nos tocará.

Por ello, deberíamos vivir siempre recordando que cada momento puede ser el último, deberíamos pasar ese momento riendo, amando, diciendo en voz alta lo que sentimos. Siendo felices mientras aún estamos vivas. Viviendo como si el día de nuestra muerte fuese siempre mañana.

Este Samhain recordad que la muerte es sólo el umbral que hemos de traspasar para regresar a casa cuando hayamos terminado la misión que vinimos a cumplir. Es el lugar en el que descansaremos y en el que nos reencontraremos con aquellos que partieron antes. Allí recordaremos quiénes somos en realidad, quiénes hemos sido vida tras vida, Hijas de la Diosa que una y otra vez caminamos de su mano en la Rueda sin final. Y mientras llega el momento de cruzar el umbral, las brujas celebraremos cada Samhain. Cuando el velo se abre, los mundos se unen y termina un giro para comenzar otro totalmente nuevo, lleno de magia y promesas.

Ser conscientes de la muerte nos enseña a VIVIR. Ese es su secreto, su misterio, su función.

Enseñarnos a amar la vida.

Hyedra de Trivia

Aprendiz de bruja

Burn our souls. Release the wicked. Autor de la imagen: The Night she Died http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Burn our souls. Release the wicked.
Autor de la imagen: The Night she Died
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Otoño… Época de cambios, inicios, cursos, formaciones… Y las brujas no íbamos a ser menos. Si buscáis en internet, cada vez hay más opciones para comenzar o continuar nuestro camino. Afortunadamente la mayoría las facilitan personas con un gran bagaje detrás, muy preparadas y con años de práctica a sus espaldas. También hay oportunistas, como en todo, pero son los menos y, casi siempre,  muy fáciles de reconocer.

Hoy quiero hablaros de lo que significa embarcarse en una formación pagana y cómo integrarla en vuestra vida diaria para que realmente os transforme, a vosotras y a vuestro entorno.

Lo primero que hay que tener claro desde el principio es que vuestra Maestra o Maestro no va a solucionaros la vida ni a daros las grandes respuestas a los grandes misterios de vuestra existencia. Ese será vuestro trabajo. Única y exclusivamente responsabilidad vuestra. Lo que una buena Maestra sí hará será facilitaros la información y el conocimiento, entregaros unas herramientas y enseñaros a usarlas. Todo lo demás es cosa vuestra.

He conocido a mujeres que se han apuntado con muy buena voluntad a formaciones, a círculos de mujeres, a cursos, etc… para abandonarlos después antes de acabarlas o quejarse de que no funcionan o de que su Maestra no es buena. Indagando un poco más, al final sale a la luz la raíz del problema. Este suele ser el caso, a lo mejor os suena:

El primer día acuden emocionadas, cargadas de expectativas y con ganas de aprenderlo todo. Todo les parece perfecto, la Maestra, el sistema de trabajo que se va a llevar a cabo, el resto de compañeras o compañeros, los temas tratados. Salen de allí con sus apuntes, un par o tres de descubrimientos que les abren un mundo nuevo y, lo más importante, una prácticas para hacer en casa y que deberán llevar hechas el próximo encuentro para poder avanzar.

El primer día tras el inicio están en las nubes, por fin han empezado el camino, por fin se formarán para ser brujas, sacerdotisas, paganas, conocedoras de los misterios femeninos, etc…  Así que no hacen mucho, simplemente repasan  en su mente lo estupendo que fue todo, lo maravillosa que era la gente, lo sabia que parecía la maestra… Los siguientes días la rutina diaria las mantiene ocupadas, total, queda aún tiempo hasta el siguiente encuentro, en cuanto encuentren un hueco se pondrán con las prácticas. Y el tiempo pasa, y cuando se dan cuenta, quedan un par de días y aún no han trabajado nada de lo que tenían que hacer. Y aquí pueden ocurrir varias cosas, la primera es que algunas decidan no ir y abandonar la formación por vergüenza o pereza o cualquier otro motivo. La segunda es que hagan las prácticas deprisa y sin profundizar, por lo que no asimilarán su verdadero sentido ni obtendrán el resultado para el que estaban pensadas. La tercera es que se presenten sin haberlas hecho, pidiendo perdón arrepentidas, culpando a la falta de tiempo y asegurando que no volverá a ocurrir.

En estos dos últimos casos, la Maestra se encuentra ante un dilema. Estas personas retrasan a todo el grupo, porque estas formaciones están estructuradas para que el grupo se consolide y avance unido. Cuando alguno de sus miembros no cumple con su trabajo o no se compromete con la formación, hay una fuga de energía, el círculo no cierra bien y el grupo no avanza como debería. La Maestra normalmente pasa por alto una falta de este tipo porque comprende que la vida actual absorbe mucho tiempo y puede ser cierto que realmente no se ha podido trabajar. Y también porque confía en sus aprendices, ya que todos somos adultos y responsables de nuestras acciones. Y, tal vez, sea un buen aprendizaje para todos.

Tras el segundo encuentro, estas personas se relajan. No ha ocurrido nada por no hacer su trabajo, nadie se lo ha echado en cara ni les ha avergonzado, así que ahora ya no se sienten tan culpables por ir dejando pasar los días sin hacerlas. Y así, van avanzando en la formación.

Pero empieza a ocurrir algo, y es que mientras el resto de sus compañeras va cambiando y contando experiencias transformadoras, ellas no notan nada. Siguen igual que al principio. Empiezan a aburrirse en los encuentros, los temas ya no les parecen tan interesantes, no comprenden a las Diosas de las que les hablan. Sus compañeras ya no son tan maravillosas como les parecieron al principio y empiezan a dudar de su Maestra, que no ha sido capaz de enseñarlas, de cambiar su vida, de convertirlas en lo que ellas buscaban ser.

Y abandonan el grupo. O lo terminan pero sin convicción y sin haber aprendido nada.

Seguro que conocéis casos como estos. Incluso puede que alguna se haya visto reflejada aquí. No quiero que os sintáis acusadas o atacadas por el texto de hoy. Lo que quiero es daros unos cuantos consejos para que no vuelva a ocurrir y, si vais a comenzar por primera vez una formación,  que le saquéis todo el provecho que podáis.

Lo primero y principal es, por favor, cueste lo que cueste, sacad diez, quince minutos, media hora al día para hacer las prácticas que os pidan. La mente humana sólo aprende mediante la práctica y la repetición. Por mucho que leáis los apuntes que toméis, si no practicáis no lo asimilaréis. Estudiad por vuestra cuenta. Si os hablan de alguna Diosa, investigadla. Conoced su historia, sus mitos. Descubrid qué nos enseñan. Cómo podéis aplicarlos a vuestra vida.

Segundo, no esperéis que vuestros compañeros sean perfectos, mágicos y sapientísimos desde el primer día y se mantengan siempre así. Son personas como vosotras. En éste tipo de grupos donde se trabaja a un nivel emocional tan profundo y donde se comparte todo, habrá muchos tipos de experiencias y sentimientos que saldrán a la luz. Incluso muchos que sus mismas dueñas ni conocían. Saldrá lo mejor y lo peor de cada una y debéis recordar que no estáis allí para juzgar a nadie, sino para acompañar y apoyar en ese proceso a las demás, como ellas harán con vosotras. Se trata de crecer juntas, no contra las demás.

Tercero, tu Maestra no tiene la obligación de darte todo hecho. No le preguntes cosas como: ¿Tú que crees que significa esto? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué tengo que hacer ahora?… etc. Ella está ahí para enseñarte ceremonias en las que acceder a ciertos estados de conciencia, te mostrará cómo viajar hasta tu interior y  estudiarte a ti misma, te presentará Diosas y Dioses y te explicará cómo trabajar con ellas. Te enseñará Historia, Mitología, magia, meditación, diferentes formas de honrar la vida, la Tierra, a ti misma. Te enseñará a buscar tus heridas y una vez halladas, cómo sanarlas. Pero no lo hará por ti. No debe hacerlo por ti. Ella no va a agitar su varita mágica, va a invocar a la Diosa y va a hacer que penetre en ti para cambiarte y convertirte en una Sacerdotisa. No. Tu Maestra hará su trabajo, algo mucho mejor. Te enseñará que la Diosa siempre ha estado en ti, que tú debes encontrarla en tu interior y tú debes sacarla a tu mundo. Tú serás quien te cambie la vida. Y eso requiere mucho trabajo.

Será difícil. Será duro. Probablemente habrá partes de ti misma con las que te costará lidiar. Habrá muchas horas de estudio, totalmente necesarias. Habrá muchas horas de prácticas que en un principio, parecerán no tener sentido. Habrá momentos en los que te sentirás perdida. El mundo poco a poco irá cambiando a tu alrededor y no estarás segura de si te gusta o no.

Pero también habrá descubrimientos que te llenarán de maravilla. La felicidad se irá instalando poco a poco en ti. Conocerás personas estupendas con las que forjarás un vínculo muy íntimo y cercano y sanarás muchas heridas del pasado, algunas incluso que no sabías que tenías (suele ocurrir). Pero lo más importante de todo, lo que de verdad te cambiará la vida, es que habrás dado el primer paso y el más importante para convertirte en una gran bruja, sacerdotisa o simplemente mujer. Conocerte a ti misma y enamorarte de ti misma. Y eso te acompañará siempre.

Así que si has decidido comenzar el camino, ya lo sabes.

Trabaja en ti. Sin excusas.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Eres una bruja?

A Love Ritual Autor de la imágen: Anhen http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

A Love Ritual
Autor de la imágen: Anhen
http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

Algunas de vosotras me escribís con dudas, confusas. Me contáis que mis palabras os resuenan, que sentís como propias muchas de mis experiencias, de mis pensamientos y sensaciones. ¿Soy una bruja? Me preguntáis. Y yo no sé qué responderos. Solo hay una persona en este mundo capaz de responder a esa pregunta, y esa persona sois vosotras mismas. Porque solo vosotras sabéis quiénes sois, y lo que sois en vuestro interior.

Para facilitaros esa respuesta os voy a contar una historia, os voy a contar quienes han sido las brujas a lo largo de la Historia, después, vosotras mismas decidiréis.

Las primeras brujas, ya en la Prehistoria, eran lo que ahora conocemos como chamanas. Personas que se comunicaban con los Dioses, y que hacían ritos y ceremonias en favor de su tribu. Además eran sanadoras y hacían rituales mágicos, hechizos, magia…

Con el tiempo, la Humanidad y sus creencias fueron evolucionando y estas chamanas (también chamanes) se fueron convirtiendo en sacerdotisas y sacerdotes de religiones más o menos organizadas y establecidas. La mayoría de ellas centradas en lo que realmente importaba a nuestra especie, la fertilidad de la Tierra, ya que era esto lo que garantizaba la supervivencia. En todas ellas la magia tenía un papel muy importante. Los hechizos y los sortilegios en los que se invocaba a los Dioses para favorecer cosechas, lluvia, abundancia, salud, amor… eran corrientes y naturales. Además de Sacerdotes y Sacerdotisas, había personas sabias en aldeas y pueblos que se mantenían más cercanas a las antiguas prácticas chamánicas. Casi siempre mujeres, sanadoras, parteras, ancianas sabias que orientaban a sus vecinos. Hechiceras y hierberas que comprendían el funcionamiento del mundo natural y su dimensión mágica.

Cuanto más aislado estuviera el poblado o la aldea, más cercanas a su origen se mantenían las antiguas tradiciones. Cuando un pueblo invasor llegaba imponiendo nuevos dioses y costumbres, la mayoría de las veces apenas daba una fina capa de barniz a las anteriores. Imaginad que vivís entre montañas, o en una pequeña aldea donde las cosas siempre son iguales. Tus padres, tus abuelos y los padres y abuelos de éstos, hasta donde puedes recordar, siempre han adorado a sus Dioses que les proveían de alimento y hogar, y siempre han realizado las mismas ceremonias, los mismos rituales en los mismos días señalados del año.  Un día llega un invasor, por ejemplo Roma, y te dicen que ellos también conocen a tus Dioses, pero les llaman de otra manera y que, a partir de ese momento, tú debes llamarles igual que ellos. Y lo haces, pero las ceremonias continúan casi iguales que antes y tú se las enseñas a tus hijos aunque ahora dirigidas a los antiguos Dioses con nombres nuevos. Tus hijos y nietos continúan con ellas, haciendo lo mismo hasta que llega otro invasor, esta vez el Cristianismo.

Al principio ésta nueva religión llegada de Oriente no afectó a la mayoría de la población. En realidad tardó muchos más siglos de lo que nos han contado en implantarse. El Cristianismo fue una religión de ciudad y su anexión fue más una cuestión política que un asunto de fe. Eran los reyes los que, buscando alianzas y poder, se convertían. Y si un rey era cristiano, todo su reino se consideraba cristiano. Pero en realidad sus súbditos, especialmente cuanto más alejados vivieran de la ciudad, continuaban adorando a los mismos Dioses que sus antepasados y honrándolos con las mismas ceremonias y rituales mágicos que aquellos. Eran las personas que vivían en los pagos (campo en latín), los paganos.

Pero de todos es conocido que los Dioses de las antiguas religiones son los demonios de las nuevas y el Cristianismo  se propuso convertirse en la única fe de Europa y del mundo, por lo que decidió acabar con lo que quedaba de las prácticas de las antiguas religiones, y para ello convirtió a aquellos antiguos Dioses de la fertilidad y la Tierra en demonios y construyó iglesias en la mayoría de los antiguos lugares de culto. Como la Humanidad es un animal de costumbres, fue difícil que abandonaran sus antiguas creencias, pero la Iglesia lo solucionó apropiándose de las festividades antiguas y de algunos Dioses convirtiéndoles en santos.

A pesar de ello, aún persistían mujeres que mantenían retazos del antiguo conocimiento. A veces casi intacto, otras veces sincretizado con elementos cristianos, y durante algunos siglos más, la Iglesia simplemente las ignoró al no considerarlas demasiado peligrosas. Pero tras la Edad Media, periodo más o menos tranquilo para estas mujeres, llegó el siglo XVI, la Edad Moderna. Y todo cambió. Grandes crisis sociales y económicas asolaron Europa durante los siglos XVI y XVII, hambrunas, corrupción política, revoluciones sociales, pestes…. El poder necesitaba un chivo expiatorio y lo encontró. Estas mujeres eran peligrosas, eran fuertes en sus comunidades, independientes, rebeldes, desafiantes. Eran mujeres que se atrevían a tener poder, a tener voz, a tener conocimiento… como los hombres. Y pronto los dedos que las acusaban se levantaron y surgió la palabra como un insulto, Bruja. Secuaz del Diablo. Amante de Satanás. Acusada de pactar con el Diablo para perjudicar a la especie humana y en especial, acabar con el cristianismo. Y la ola de miedo, terror, acusaciones sin fundamento y muertes se extendió por el mundo.

La inmensa mayoría de mujeres y hombres que murieron en aquellos siglos bajo la acusación de brujería no lo eran. Durante siglos el poder consiguió el arma perfecta para mantener a la población, y sobre todo a las mujeres, sometidas. Cualquier gesto podría ser sospechoso, cualquier mirada, cualquier palabra. Vecinos contra vecinos, familias contra familias, viudas herederas de tierras que otros codiciaban, suegras molestas, cualquier mujer que no necesitase a un hombre… cualquiera que sobresaliera.

Pero a pesar de ello, a duras penas y muy fragmentadas, las antiguas creencias, los antiguos Dioses, permanecieron. La magia, los hechizos, los rituales pervivieron. A veces puros, a veces con nombres cristianos, pero sobrevivieron.

Poco a poco, cuando el mundo se calmó, decidió que las brujas no existían y no habían existido nunca. Que la magia no existía. Que todas las antiguas creencias no eran más que supersticiones de personas incultas e iletradas. Y todo lo que una vez se reverenció, todo lo que más tarde se temió, ahora se despreció. Pero ni siquiera entonces desapareció. Todos los secretos y los misterios fueron guardados.

Y esto es lo que era una bruja, no un ser maléfico y sobrenatural seguidora del mal y acólita de Satán. No. Una bruja era la guardiana de los antiguos cultos de la Tierra. De las antiguas costumbres. Heredera de la magia, de hechizos y sortilegios y conocedora del mundo natural. Esa es la brujería.

Y ahora, en nuestros tiempos, las brujas somos todo eso y más. Ahora dedicamos nuestra vida a intentar recuperar lo que se perdió. Estudiando fragmentos, intentando comprender cómo debieron ser aquellas primeras religiones, tratando de reconstruir un pasado que jamás se olvidó del todo. Honramos a aquellos primeros Dioses, a nuestra Diosa Madre Tierra y Señora de la Luna, estudiamos el misterio de este planeta y de la Naturaleza, recordamos y enseñamos a otras el poder y la conexión divina que hay entre el cuerpo de una mujer y la Tierra y hacemos magia. Esto es, sobre todo, lo que define a una bruja. Hacemos magia. Hechizos. Sortilegios. Encantamos hierbas, piedras, talismanes, amuletos…. Embrujamos al mundo y a nosotras mismas.

Si tienes premoniciones, intuiciones o visiones eres vidente, no bruja. Si te comunicas con fallecidos no eres bruja, eres médium. Si sientes las emociones de otros o sus presencias, eres sensitiva, no bruja. La bruja es aquella que además de todo  eso (o no), hace brujería. Magia. Utiliza conscientemente las energías de la Tierra, las de los Dioses (les llame como les llame) y la suya propia mediante rituales y ceremonias que un día se prohibieron, para crear un cambio en el mundo que le rodea y en sí misma.

Aunque algunas no se sienten cómodas con la palabra, la gran mayoría sí lo hacemos. Las palabras tienen poder y nosotras nos llamamos brujas a nosotras mismas porque reivindicamos la limpieza de ese nombre. Reivindicamos el recuerdo de todas aquellas mujeres que murieron acusadas de algo que siempre fue falso, en nombre de demonios falsos, y condenadas por actos falsos.

Las brujas hemos sido siempre mujeres libres, fuertes y sabias. Guardianas del pasado y del antiguo conocimiento.  Hijas de la magia y maestras de brujería. Sólo eso. Todo eso.

Y ahora que ya conoces nuestra historia, puedes encontrar la respuesta a tu pregunta.

Está en tu corazón.

¿Te atreves a buscarla?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Reposo de Bruja

image

Por fin llega el momento, esta bruja que os habla se marcha de vacaciones. Me retiro a descansar y a prepararme para los retos que me esperan en septiembre.

Hoy seré breve porque la soledad y el retiro me llaman. Es posible que publique algo más durante agosto, pero mientras, quiero pediros un favor:

Durante el verano, cantad con el viento y aulladle a la luna, bailad con las olas y gritad a las montañas. Corred por los bosques y dormid largas siestas a la sombra bajo los árboles. Haced cientos de hechizos y pedidle mil deseos a la Luna Azúl.

Vayáis donde vayáis, mirad al mundo con ojos de bruja. Encontrad la belleza en todo lo que os rodea y sobre todo en vosotras mismas. Llevad vestidos de colores, frescos y vaporosos que os hagan sentir mágicas. Ponéos un sombrero para dar paseos bajo el sol. Mancháos los labios y los dedos con el jugo de las frutas y las bayas de verano. Contemplad muchos atardeceres y disfrutad de algún amanecer. Encontrad cada día algo por lo que reír. Comed pan de cereales y galletas saboreándolas mientras agradecéis a la Madre Tierra sus cosechas. Cantad cada día…

El favor que os pido es que viváis este verano. Hacedlo mágico. Que sea inolvidable haciendo que cada día sea especial tan sólo por ser parte de vuestra vida. Convertid este torrido verano en un verano de brujas.

Os deseo un muy feliz tiempo de magia. Yo regresaré pronto pero hasta entonces, llenad el mundo de hechizos, de voces encantadas, de bailes bajo la luna y carcajadas de brujas.

Llenad el mundo con la magia de las Hijas de la Diosa.

Feliz Verano, feliz vida.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Tierra

The Wish Amanda Clarck

The Wish
Amanda Clarck

En los albores de la Historia de nuestra especie, la Humanidad se movía continuamente buscando el alimento que la mantenía con vida. Tenían refugios estacionales, sí, pero su día a día consistía en moverse, en desplazarse por amplios territorios en busca de caza, de vegetales y frutas que les garantizara seguir vivos un día más, y casi siempre cremaban a sus muertos o los dejaban sobre riscos para que las aves sagradas los llevaran con ellos hacia el mundo de los Dioses, mientras ellos continuaban adelante. Siempre hacia delante.

Con el tiempo y el descubrimiento de la agricultura, las personas dejaron de necesitar ese continuo vagar porque ya podían almacenar lo necesario para vivir y empezaron a vincularse a un territorio en concreto. Empezaron a construir los primeros asentamientos estables, desarrollaron un sentimiento de pertenencia y propiedad hacia el espacio que les rodeaba y  echaron raíces al enterrar a sus muertos en esa tierra que habitaban y que les alimentaba, convirtiéndoles así en semillas que retornaban a la Madre, tal vez con la esperanza de un próximo renacer.

La gente vinculó su sangre, sus historias, sus leyendas y linajes a la tierra en la que nacía. La que regaba con su sudor cuando la trabajaba y con su sangre cuando moría para defenderla de invasores llegados de lugares lejanos y, tal vez, menos amables. Aprendieron a conocer cada sendero, cada especie de árbol de sus bosques, cada cumbre de la montaña  y por cuál de ellas  aparecía y desaparecía la luna llena y el Sol en el día más corto y el más largo. Conocieron cada hierba, flor y fruto y aprendieron a usarlos para su propia supervivencia. Crearon viviendas sólidas destinadas a mantenerse en pie y cobijarles durante generaciones, establecieron costumbres y tradiciones que se mantenían durante siglos, algunas incluso milenios, y sus cuerpos y mentalidades se adaptaron al entorno que les acogía. Abandonaron los caminos, se asentaron en la tierra y vivieron dejando pasar los días mientras fluían aprendiendo la magia de las estaciones y con ellas, el continuo paso del tiempo que lo cambiaba todo para volver a ser siempre igual de nuevo.

Algunos de ellos combinaron el trabajo de la tierra con los misterios del mar. Eran marineros que cada madrugada tomaban sus barcas y, sin alejarse mucho de la costa, obtenían pescados y mariscos con los que proveían a sus aldeas costeras. Eran hombres y mujeres de pieles curtidas y miradas soñadoras. De parpados caídos para proteger sus ojos de la inmensidad de las distancias azules y que hablaban del mar en femenino, porque algo que baila la danza de la Luna y tan inmenso, indomable e impredecible solo puede tener alma de mujer. Y estos marinos, cuando regresaban a su hogar a reparar sus redes, sus anzuelos y arpones, contaban a la luz del fuego en las noches mecidas por el rumor del mar, historias de sirenas  huidizas y misteriosas islas encantadas. Y mientras descansaban en la quietud de la firmeza de la tierra, sus ojos brillaban recordando el vaivén de las olas de crestas plateadas.

Pero no todos se dejaron seducir por la estabilidad y la seguridad de un hogar permanente. Una parte de esa humanidad continuó siendo nómada. Eran los viajeros, las almas que ansiaban la libertad de los caminos aún sin explorar. Eternos enamorados de la promesa que se esconde más allá del horizonte. Los caminantes del sendero de las estrellas. Los navegantes de las anchas llanuras verdes. Ganaderos y pastores, domadores de caballos, errabundos trashumantes que, a ojos de los demás, acabaron convirtiéndose en “los otros”, los extraños, los representantes del caos que escapaban al orden establecido. Aquellos que conocen mil y un lugar pero no pertenecen a ninguno, tan sólo a su propio corazón y a las huellas que aún no han dejado en las encrucijadas por las que aún no han pasado.

Con el paso de los tiempos, incluso algunos de estos nómadas ganaderos se asentaron y crearon un hogar, pero en su corazón nunca abandonaron los caminos. Nunca dejaron de caminar hacia el horizonte acompañando sus rebaños. Aunque ahora, ya tenían un lugar al que volver al final de la estación.

Mi sangre de bruja es una mezcla de estas  gentes. Desciendo de labradores y agricultores por la sangre de mi madre, llevo en los genes el amor por un hogar que perdure en el tiempo. Por acompañar el paso de las estaciones en un mismo entorno hasta que aprenda todos sus misterios y conocer cada roca, montaña, bosque y río. Llevo en mi alma la pasión por las tradiciones ancestrales y las leyendas que me unen a la tierra y la curiosidad por saber quienes la pisaron, la disfrutaron y la amaron antes que yo. Siento muy dentro de mí el núcleo del que nacen las raíces que penetran en la tierra, en la Historia, en mi linaje de mujeres del campo. Mujeres de bosque y trigales, de sanadoras hueseras que soñaban en atardeceres dorados por el sol. Raíces de sangre que me llaman desde el pasado, desde la oscuridad que otorga el tiempo, raíces que se pierden en los siglos.

Pero la sangre de mi padre pertenece a ganaderos y pastores, gentes curtidas y fibrosas de piernas fuertes por cada paso dado en los caminos, en senderos, cañadas y veredas en pos de sus rebaños. Gentes acostumbradas a mirar al cielo y preguntarse donde conducirá el camino que dibujan las estrellas. Almas que nunca dejaron de soñar con lo que se esconde más allá del horizonte. Curiosos por conocer otras culturas, otras gentes, otras tierras. Hombres y mujeres de ojos nostálgicos que aún sienten la llamada de las encrucijadas, del sendero inexplorado y de las hogueras que alumbran el campamento al anochecer. Y mi sangre nómada se agita y bulle en mis venas tirando de mis pies que llevan mucho tiempo parados. A veces me pregunto que habrá más allá de este lugar y de los otros que ya he conocido. Esta sangre viajera cada vez me pide que vaya más lejos, a sitios más extraños, con tradiciones diferentes.

Y no se en cual de las dos ramas, puede que en las dos, en algún momento hubo gentes del mar, porque lo oigo rugir y llamarme para que vuelva a casa. Cerca de su baile con la luna, cerca de las olas y el misterio inabarcable de sus profundidades.

Y sé que mi alma de bruja pertenece a la tierra, pertenece a los caminos, pertenece al océano. Mi sangre es azul como las olas brillantes,  es verde como los bosques de mis antepasados. Es dorada como el trigo de los campos. Mi sangre es blanca como la arena de los caminos del mundo. No existen fronteras para mí, porque ningún lugar me pertenece aunque yo le pertenezca a todos. Mis antepasados caminaron por esta tierra cuando aún no construían hogares con cimientos, enterraron a sus muertos en túmulos y tumbas repartidos por este inmenso continente, navegaron siguiendo a Polaris por océanos y mares que para ellos sólo conducían al fin del Mundo.

Y por eso ahora, no creo en fronteras, no creo en naciones, no creo en diferencias. Mi historia, mis genes, mis raíces profundas y mis pies ligeros me convierten en la bruja que soy. En la nómada del viento con un hogar al que regresar.

Me convierten en una Hija de la Tierra.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Un año y un día

Coven Radilovskay Deviantart

Coven
Radilovskay
Deviantart

Para los celtas, el tiempo  comprendido en un año y un día tenía un significado profundo y poderoso. Es un periodo mágico. Los viajes iniciáticos de los héroes de las leyendas, las pruebas, los reinados, etc. tenían una duración de un año y un día. Transcurrido este tiempo, el héroe continuaba su camino si superaba su misión.  A un nivel más cotidiano, este periodo era el que fijaban como prueba en sus matrimonios, si tras este tiempo las parejas deseaban continuar juntas renovaban sus votos, y si la unión no funcionaba,  cada uno seguía por su camino con total libertad.

En la actualidad, un año y un día es el tiempo durante el cual un neófito debe aprender y prepararse para poder ser iniciado en Wicca y en muchas ramas del paganismo. No es algo meramente simbólico, tiene mucha importancia porque durante este tiempo, un giro completo de la Rueda, ha estudiado y vivido los ciclos de la Naturaleza, ha acompañado conscientemente a la Tierra en su viaje, ha navegado por las mareas lunares y ha tomado contacto con la Divinidad. Este tiempo supone una primera toma de contacto y ahora, tras su Iniciación, es cuando comienza el verdadero trabajo.

Os cuento todo esto porque hoy se cumple exactamente un año y un día desde que publiqué mi primera entrada en Palabra de bruja y eso significa que hoy estoy de celebración, pero también estoy haciendo un repaso a todo lo que he compartido con vosotras durante este año. En Palabra de bruja he compartido mi vida, los pensamientos y sentimientos de una bruja durante un giro completo de la Rueda, algunas experiencias y rituales. Pero también he aprendido muchísimo y me he dado cuenta de muchas cosas, entre ellas que cuando llevas mucho tiempo en este mundo lo tienes tan interiorizado que fluyes con la Tierra y sus ciclos de manera natural y ya no te paras tanto a observarlo y sentirlo como lo hacías al principio. Para poder expresaros lo que sentía y pensaba en cada momento  he tenido que regresar a la forma en que lo vivía todo en aquellos primeros días de hace tantos años. He regresado a la ilusión, al asombro, a la observación consciente y a la alegría de descubrir que todo es mágico. Pero lo más importante, es que he comprendido todo lo que me queda por aprender, por descubrir, por compartir.

Para mí, hoy también es un día de Iniciación. A pesar de llevar en este camino más de dos décadas, el enfrentarme cada viernes a un folio en blanco me ha hecho tener que bucear en mi interior y sacar fuera muchas partes de mí que nunca antes había expresado y he tenido que ordenar el caos de mis pensamientos. Algunos viernes he tenido que detenerme a ponerle palabras a los sentimientos que quería expresar y otros puedo confesaros que me he sentado delante del ordenador con la mente en blanco, los dedos sobre el teclado y sin saber de qué hablaros, y simplemente le he pedido a Ella inspiración y he dejado que todo fluyese. Y siempre fluyó. Ella siempre ha estado ahí. He atravesado cada estación respirando al unísono con este amado planeta. He dejado que la luna navegase por mis emociones y las he observado sin tratar de dominarlas.  Me he presentado como una niña ante la noche y la Luna Llena para describiros la sensación de la adoración total. Me he despojado de todo lo que he aprendido para reaprenderlo de nuevo y presentarlo ante vosotras.

Y hoy, un año y un día después, renazco comprendiendo que apenas sé una gota de todo el océano de conocimiento que se extiende ante mí. Y quiero navegar por ese océano con vosotras, aprendiendo juntas, de la mano. Porque empezamos siendo muy poquitas y hemos crecido hasta ser un número importante de mujeres que cada viernes se reúne en este pequeño espacio, en este hogar que comparto con vosotras. Gracias a este sitio he conocido a mujeres fuertes, valientes, hermosas y muy mágicas que me han contado sus historias de superación y esperanza. Unas verdaderas brujas  que caminan por la vida con sus escobas por delante barriendo los obstáculos que intenten frenarlas.

Hoy quiero darles las gracias a ellas, a todas las que me leéis y habéis ayudado a que este proyecto crezca y se mantenga en el tiempo. Gracias por ayudarme a darle raíces que profundicen en el tiempo. Quiero agradecer también a las páginas de facebook que comparten mis palabras haciendo que lleguen a más personas, especialmente a “Brujas, Diosas y Chamanas” y “Brujas: mujeres de poder, magia y conocimiento” que apostaron por mí casi desde el principio. Si queréis aprender lo que es una verdadera bruja no podéis dejar de visitarlas.

Ahora empieza un nuevo giro. Un nuevo ciclo que me llevará por antiguas sendas del camino de la Diosa y que yo compartiré con vosotras. Ven, toma mi mano y todas juntas empezaremos un nuevo viaje de brujas.

Hoy comenzamos una nueva aventura

¿Me acompañas durante año y un día?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Tiempo de Brujas

La bruja sabia Autor desconocido

La bruja sabia

A veces pienso que, de alguna manera, nos están robando el tiempo. Mis días pasan a una velocidad vertiginosa, las semanas se me escapan antes de poder centrarme en el día en el que estoy y a veces confundo los meses. Todo va rápido. Demasiado rápido. En nuestra sociedad actual hemos organizado nuestra vida para llenar un tiempo que no parece ser igual que antes. El trabajo, las obligaciones, las actividades de ocio con las que llenamos esas pocas horas que nos quedan ”libres” nos hacen llegar a la noche agotadas y preguntándonos dónde ha ido el día. Y además, como hemos interiorizado ese ritmo insano, queremos que todo sea así, igual de rápido, igual de organizado y esquematizado, incluyendo nuestro desarrollo personal y nuestro camino espiritual. Y eso es imposible.

Nos da la sensación de que la vida es corta, ¿verdad?, de que hay muchas cosas por hacer, muchos lugares que visitar, muchas cosas que aprender, muchos libros que leer, y sentimos angustia al pensar que, o lo hacemos rápido, o no nos dará tiempo a hacerlo todo. Si no llenamos todas nuestras horas con actividades, con ocio, con cosas productivas, serán horas perdidas, y el tiempo perdido no se recupera. ¿Verdad?

Pues no.

Para empezar, nunca nos va a dar tiempo hacerlo todo, verlo todo, aprenderlo todo… Es imposible y además, hacer muchas cosas de manera rápida y compulsiva solo sirve para pasar por encima de todo ello de puntillas y sin disfrutarlo de verdad, sin extraer todo lo que esas cosas que hemos decidido hacer en ese momento pueden aportarnos. Sabremos un poquito de mucho, pero mucho de nada y nos sentiremos vacías y confusas. Y para deshacernos de esa sensación, nos embarcaremos en otro proyecto igual de rápido, igual de breve. Igual de insatisfactorio.

En cuanto a las horas perdidas, ¿quién ha dicho que cuando no hacemos nada es tiempo perdido? Tal vez ese sea el mejor tiempo que podemos regalarnos. Un tiempo sólo para nosotras, sin hacer nada. Tan solo para ser y darnos la oportunidad de conocernos, de pensar, de imaginar. Esas horas vacías son el mejor momento para tener conversaciones profundas con nuestra mente. Para hacernos preguntas y sorprendernos con respuestas que no siempre son las esperadas. Hay un pequeño ritual que de vez en cuando me gusta hacer, consiste en prepararme una café o una infusión, sentarme en algún lugar tranquilo y mantener una conversación conmigo misma como si fuese una amiga a la que hace tiempo que no veo. Me pregunto cómo van las cosas, qué opino sobre ciertos temas, qué planes de futuro tengo…  Y me escucho. Sólo eso. Me escucho. No os imagináis cuánto he aprendido de mi misma en ratos como esos.

Y las brujas vivimos también inmersas en este mundo caótico de velocidad desquiciante. Muchas veces caemos en la trampa de querer aprenderlo todo ya, querer comprenderlo todo ya y dominar todos los ámbitos de nuestro saber ya. Y a veces se nos olvida que es imposible.  Es curioso porque, de todas las generaciones humanas que han pisado la tierra somos las que más vamos a vivir, pero nos comportamos como si fuésemos a morir mañana y tuviésemos que hacerlo todo hoy cuando, hasta hace poco, la mayoría de la humanidad no vivía más de 50 años, y antes, apenas pasaban de los 30. Y aún así tenían todo lo que nos falta a nosotras. Tiempo. Porque se nos ha olvidado que la sabiduría es el trabajo de toda una vida,  y que nunca se alcanza del todo. La verdadera bruja sabia es aquella que disfruta del camino, del aprendizaje continuo, de la observación de lo que le rodea, de la práctica constante. Aquellas sabias, aquellas brujas de las que ahora heredamos un conocimiento inmenso, aprendieron poco a poco. Durante muchos años observaron la naturaleza. Durante una eternidad de noches acompañaron el viaje de la luna y la observaron hasta que comprendieron su conexión divina con la mujer. Fueron muchos, muchísimos años experimentando con plantas, piedras, elementos… vidas enteras dedicadas a aprender una pequeña parte del conocimiento y que, después, ellas legaron a la siguiente generación para  que continuase  aprendiendo.

Por eso, no os dejéis vencer por las prisas. No caigáis en la trampa del conocimiento rápido. Desconfiad de quienes os prometan convertiros en Sacerdotisas y brujas expertas en un taller de fin de semana. Un diploma no os dará conocimiento por muy bien que quede enmarcado y colgado de la pared de vuestro cuarto. Por el contrario, confiad en formaciones largas, porque por muy largas que os parezcan, siempre serán cortas. Confiad en quien os aporte guía, en quien os deje claro que sólo os ofrece herramientas para un trabajo que sólo podéis hacer vosotras. Confiad en quien os diga que no será fácil.

Convertid el conocimiento en un destino al que viajaréis cada uno de los días de vuestra vida y al que nunca llegaréis, pero os garantizo que cada uno de esos días merecerá la pena. Si quieres comprender el misterio de la Luna, comienza a observarla hoy. Estúdiala. Viaja con ella. Conviértete en su compañera. Si quieres  comprender el poder de las plantas, las piedras, los elementos naturales… estúdialas, experimenta con ellas, rodéate de ellas. Si quieres conocer el misterio de la vida, de los Dioses, de los ciclos de la naturaleza, vuélvete hacia ti misma y busca las enseñanzas en los bosques, los páramos, los desiertos…  en tu corazón, donde residen todos los misterios.

Estudia a los antiguos. Lee lo que dejaron para nosotras. Busca compañeras si quieres aprender con otras o busca guías que te orienten en el viaje si quieres aprender a solas. Pero sobre todo, no tengas prisa.

Si quieres llegar a ser una anciana bruja sabia, regálate lo más valioso que tienes.

Tiempo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El viaje de una bruja

Autor desconocido

Autor desconocido

Todas y cada una de las almas que habitamos el planeta estamos inmersas en un viaje. Al igual que todas aquellas que nos precedieron, estamos de camino hacia un destino que no conocemos. No sabemos cuánto  durará, ni quién nos acompañará en algunos tramos, ni por qué sendas nos guiará. Pero todas y cada una de nosotras somos protagonistas de una historia única, somos heroínas con una misión legendaria que sólo nosotras podemos cumplir. Cómo lo hagamos, cómo elijamos vivir ese viaje, depende de nosotras. De nuestras decisiones depende que sea igual al de millones de personas, o que sea una historia épica, de esas que pasan de generación en generación y cambian el mundo. Aunque nadie nunca sepa tu nombre.

Desde muy niña he vivido esperando la llegada de alguien que un día entraría en mi vida y lo pondría todo del revés para encajar las piezas de mi destino en su sitio. Alguien a quien añoraba desde algún lugar profundo en mi interior. Desde algún viejo recuerdo donde quizá una promesa nos unió antes de llegar aquí. Y me dejaba llevar por la vida, vagando a la deriva allí donde el viento arrastrara mi escoba de bruja y esperando. Siempre esperando a que llegara quien tenía que llegar para comenzar a vivir de verdad.

Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que nunca llegaría nadie. Nadie vendría para cogerme de la mano y darme las respuestas que buscaba. Porque un día las respuestas comenzaron a llegar inesperadamente por si mismas, poco a poco… y las encontré en el lugar más mágico que conozco en este mundo. El lugar donde reside la sabiduría para todo aquél que quiera y sepa buscarla. Las encontré dentro de mí. Y comprendí que la persona que había estado esperando, la que echaba de menos tanto que a veces me cortaba la respiración, era yo, pero no la joven que era entonces, sino la mujer en la que yo podía convertirme, la que estaba destinada a ser. Y así fue como comenzó de verdad mi viaje.

Mi viaje es una búsqueda, es un relato de creación, es la historia de un reencuentro y de una espera que cada día se acerca más a su destino. Dejé de buscar en los demás para buscar dentro de mí y comenzar a construir mi mundo. Descubrí a muchas personas sabias a mi alrededor, pero ya no les pedía respuestas, les pedía guía, orientación, consejo… las herramientas que necesitaba para encontrar mis propias respuestas. Y convirtiendo ese vagar con el viento que había sido mi vida en un viaje épico porque comprendí que yo era la heroína de mi propia historia. Desde entonces estoy creando una vida en la que la mujer que seré podrá desarrollar todo su poder heredado de todas las que me precedieron.

Y para lograr mi meta, para llegar a ser una mujer sabia que pueda dar esas herramientas a otras, me vuelvo a lo que mi intuición me susurra. Me vuelvo a la tierra, a la luna, a los bosques. A los antiguos mitos, las viejas historias y los secretos del poder de las mujeres que se contaban en círculo alrededor del fuego. Me vuelvo a lo que late en mí cuando dejo de lado todo lo que sobra y me aferro a lo que importa, a la tierra de la que venimos, a la naturaleza que grita para elevar su voz por encima del ruido de las masas, de la codicia, de las ciudades, de toda nuestra destrucción y hacernos llegar su llamada. Esa que oigo desde que soy niña y que atruena en mí desde que aprendí a escuchar. Me vuelvo al pasado, a nuestras antepasadas y a las que fuimos, porque es esa sabiduría la que hoy estamos trayendo de vuelta. La que nos dará las respuestas de quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos. De todo el poder que todas llevamos dentro.

Yo me conozco. Soy una bruja capaz de abrir puertas a otros mundos. Soy capaz de encontrar la magia de mil universos en cualquier rincón de éste. Sé que aún no hay muchas mujeres como yo. Sé que soy la protagonista de una leyenda y puede que algún día, alguien cuente mi historia entretejida con la de muchas otras y haga que pase de generación en generación, porque yo, de mil maneras distintas, con mil pequeños detalles, cada día cambio el mundo.

Igual que tú. Igual que todas nosotras, mujeres que cada día nos levantamos para seguir la llamada que llega hasta nosotras desde el pasado, de las profundidades del tiempo, surgida hace miles de años de miles de círculos de mujeres y piedras que hoy son leyenda. Y que generación tras generación, han transmitido su historia hasta llegar a nosotras para que la hagamos nuestra.

Sé que ese es mi viaje, esa es mi leyenda. Ser una de esas mujeres que, de nuevo, cambiarán el mundo.

¿Me ayudas?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La casa de la bruja

Autumn at Ashley's Cottage Thomas Kinkade http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Autumn at Ashley’s Cottage
Thomas Kinkade
http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Cada noche al acostarme me cuento un cuento a mí misma. Es un cuento con final feliz, donde no hay princesas ni príncipes azules que perpetúen falsas ideas de un amor irreal. No hay maldiciones que romper. No hay reyes ni campesinos. Ni castillos ni palacios encantados. Es un cuento de brujas de verdad, de bosques cercanos y de una casa hecha para vivir rodeada de amor y magia. Cada noche me duermo paseando por sus habitaciones y jardines en mi  mente.

Hace muchos, muchos años, una joven bruja soñaba con alejarse del mundo. Soñaba con regresar a un pasado vivido tal vez mil veces. Soñaba con un bosque verde y profundo, con una cabaña sencilla, con una vida apartada. Esa joven bruja estaba herida. Su corazón había sido arrancado y arrojado a sus pies varias veces y por varios motivos distintos. Era un corazón lento para abrirse, pero una vez lo hacía, lo entregaba sin reservas. Tal vez no sabía escoger a quién lo entregaba, tal vez era mala suerte, o tal vez necesitaba pasar por todo aquel dolor para aprender sobre ella y sobre el mundo. Pero entre heridas y cicatrices, ella solo soñaba con recoger los pedazos que quedaban aún enteros y escapar para  vivir a solas con su alma, allí, en el corazón del bosque.

Pero el tiempo pasa para todos y aquella joven bruja creció, y los años trajeron con ellos experiencias que a su vez le aportaron sabiduría. Aprendió a sanar su corazón por sí misma y convirtió cada uno de sus días en un hechizo eterno. Hizo del mismo acto de respirar todo un conjuro de amor hacia su propia vida. Y en el camino encontró a quienes supieron valorarla y quisieron acompañar su senda. La bruja descubrió que cuando estaba rodeada de personas que la querían, personas que escuchaban, respetaban y apoyaban, ya no quería huir ni esconderse del mundo, porque el mundo había cambiado. Para ella ya no era un lugar hostil, lleno de amenazas y sin esperanza, sino un reflejo de lo que siempre había habido en su interior. Un mundo lleno de luz, de risas, de manos enlazadas con las suyas, de lágrimas de alegría y también de tristeza, pero ya no solitarias y agónicas. Aprendió a escoger con quién compartir su corazón y aprendió a exigir lo mismo que ella daba: sinceridad, cariño, sencillez y confianza.  Y el sueño de su vida cambió.

El sueño de mi vida cambió. Ya no quiero vivir sola y aislada en el corazón de un bosque perdido y lejano. Ahora sé que necesito el contacto de otras personas, pero no de cualquier persona. Por eso, la casa de mis sueños ya no es una cabaña pequeña y sencilla. Ahora es un poco más grande, tampoco mucho más, pero sí cabe más gente, caben más risas. Caben muchas tardes de bailes,  muchas noches de conjurar a la luna y muchas mañanas de sol y desayunos tardíos. En la casa de mi sueño cabe toda la gente que quiero, pero también hay espacio para la soledad. Para mi amada soledad donde me encuentro conmigo misma y me enamoro un poco más cada día.

Cada noche me duermo con ese cuento en el que proyecto mi futuro. Porque algún día, no sé cómo, no sé cuándo, conseguiré la casa que ya es mía en mis sueños. Cada noche cierro los ojos y comienza mi visita  a mi casa, oculta por un alto muro de piedra gris veteada de musgo que la separa de la calle. Rodeada de árboles formando un pequeño bosquecillo con un estanque donde bañarme las noches de luna llena, con un claro donde reunirme con mis brujas y celebrar nuestros akelarres y una mesa forjada donde desayunar, mientras el sol se cuela entre los árboles y me cubre con su resplandor.

Una casa de piedra y con suelos de madera, con una chimenea donde honrar al fuego como se merece y miles de libros, con alfombras, sofás, cojines de mil colores… con grandes ventanales que dejen pasar la luz, el sol, el verdor, la luna, las estrellas, el aire fresco. Ventanas que dejen entrar la vida en habitaciones creadas para disfrutar de un buen libro, de una buena conversación, de la soledad buscada… De ver pasar las horas de un largo domingo sin otra cosa que hacer que respirar y sentir.

Una casa con una cocina amplia, repleta de estanterías con hierbas, con especias, con libros de deliciosas recetas y poderosas pócimas. De colores cálidos y suaves que inviten a permanecer allí horas mientras las tazas de café y té se van sucediendo lentamente. Bañada de luz por otro gran ventanal y muebles de madera oscura. Casi sacada de un viejo libro de cuentos de hadas. Y pegado a ella, un pequeño invernadero de cristal,  un criadero de brotes de magia que mantenga la vida cuando el invierno llegue. Una casa donde los dormitorios sean algo más que un lugar donde dejar caer nuestros cuerpos agotados cuando llegue la noche. Que sean refugios de intimidad y amor, con camas cubiertas por colchas cálidas y acariciantes, con alfombras y rincones para meditar.

Una casa pequeña, sencilla. La casa de una bruja para compartir con otras brujas. Con otras personas queridas.

Cada noche me duermo contándome un cuento. Una historia bañada de sol y de luna. De aromas a jardines mágicos y arboledas íntimas. Una historia sobre una casita soñada y la bruja que la habita. No es un cuento de príncipes y princesas. No es un cuento de villanos y héroes. No es un cuento de hadas.

Es sólo un cuento de brujas.

Mi cuento.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Los fuegos de Beltane

BELTANE Autor desconocido

BELTANE
Cuadro de autor desconocido

Poco a poco el aire es más cálido y la luz está cambiando. ¿Te has dado cuenta de que el canto de los pájaros es distinto? ¿Has notado que el polen ya vuela jugando con los rayos del sol? ¿Sientes el despertar de la energía dentro de ti? Yo sí. Son como chispas de excitación en mi vientre. Cómo un burbujeo en mi sangre que bombea en mis venas expectante. Sé que se me escapan sonrisas y carcajadas más a menudo que antes. La Tierra continúa girando y ahora está preparada para ser fecundada. Toda ella se prepara para recibir la semilla que gestará en la oscuridad. Es tiempo de arar los campos, de estallido de vida, de sexo, de amor y de pasión y las brujas lo celebramos con la Tierra desde el principio de nuestra Historia. Es la antigua fiesta de la Siembra, de purificación de campos y gentes. De largas noches de música, bailes y sexo sobre la tierra fértil. Nuestra Señora se encontrará con el Dios Astado, salvaje y libre, y una vez más se unirán para crear la vida que nos inunda a todos. En lugares de todo el mundo, las brujas continúan celebrando esta noche encendiendo fuegos, bailando sobre los campos y despareciendo en la oscuridad para hacer el amor sobre la tierra.

Imagina una noche de mayo plagada de estrellas y la Luna casi llena. Imagina esa noche iluminada por el resplandor de numerosas hogueras en un festival de fuego y euforia. Imagina que llegas junto a esas hogueras y te ves sumergida en un mar de personas felices que cantan, que ríen, que bailan a tu alrededor. Que celebran la vida y el amor por encima de todo. Déjate llevar por la energía de la noche. Deja la vergüenza y las inhibiciones a un lado y canta, ríe y baila junto a ellos. Y si tu alma te lo pide, ama como ellos. Déjate seducir por la magia de Beltane.

Mañana arderán las hogueras. Nuestra Diosa nos mostrará su rostro de mujer amante y se unirá al Dios astado. Celebrarán su eterno Matrimonio Sagrado haciendo explotar el mundo en un orgasmo de vida y creación. Y nosotras, sus hijas, no podíamos ser menos. ¿No sientes la sed despertando dentro de ti? Sed de otra piel ardiente fundiéndose con la tuya. De otras manos sinuosas dibujando los contornos de tu cuerpo. De otros labios acariciando los tuyos con besos lentos, profundos y apasionados. Sed de buscar en la mirada del otro para no encontrar otra cosa que un reflejo de ti misma. Para descubrir que tu amante sigue siendo él mismo, pero también algo más. Alguien más. Alguien que te mira desde unos ojos nublados por la pasión. Unos ojos dorados, oscuros, peligrosos… Que te hablan a gritos en un idioma más antiguo que la misma Humanidad. En un idioma que tú comprendes, porque también lo hablas. Es el idioma del deseo, de la lujuria, la pasión y el amor profundo. El idioma de los Dioses.

Siente cómo la energía de Beltane recorre tu cuerpo y hace hervir la sangre en tus venas. Siente el fuego rodeándoos y el mundo dejando de existir por un instante mágico en el que solo permanecéis vosotros, tu Dios y tú.  Siente el sudor resbalando por vuestros cuerpos mientras ambos, convertidos en Dioses, os dejáis llevar por el ritmo más antiguo del mundo, el ritmo de la Creación. Donde cada vez que  vuestros cuerpos se encuentren hagáis surgir un universo de nuevos mundos. Celebrad que, una vez más, nuestros Dioses, a través de vosotros y de todos los amantes del mundo, han vuelto a unirse en la danza eterna que crea la Vida. Una danza que nos une a todos y que todos bailamos porque sus pasos son los mismos para todos,  mujeres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con hombres… La danza del amor infinito.

Y si no hay un amante en tu vida, ámate a ti misma. Comparte contigo misma el regalo de Beltane. Honra a tu cuerpo creado por la Diosa para estremecerse y sentir. Disfruta del don del placer mientras te unes a la danza cósmica del universo.  Aunque estés sola, enciende velas, fogatas si puedes, prende una pequeña pira, enciende un leño en tu caldero… y baila. Baila a su alrededor hasta que no puedas más, hasta que la risa se escape sin que sepas por qué, hasta que el calor haga que tus mejillas enrojezcan y tu respiración se agite. Baila de forma salvaje, de forma sensual, erótica, seductora. Mueve tu cintura, agita las caderas. Baila con el mundo y para ti. Baila, gira y ama hasta el amanecer. Hasta que sientas que si dieses un paso más te desvanecerías en la nada. Hasta que la chispa de la vida haya prendido en la oscuridad de la tierra.

Hasta que, como cada Beltane, te hayas convertido en una bruja enamorada de la Vida y, sudorosa y agotada, empieces a pensar en los siguientes Fuegos de Beltane.

Feliz Primero de Mayo a todas.

Feliz Orgasmo Sagrado.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las brujas de mi vida

Fotograma de "Las Nieblas de Avalon"

Fotograma de “Las Nieblas de Avalon”

En mi vida estoy rodeada de brujas. He tenido la gran suerte de conocer a mujeres (y hombres) espectaculares, maravillosas y valientes. Y aunque todas seguimos el mismo camino y celebramos la vida de la misma manera, cada una de ellas es totalmente única y diferente de las demás.

Algunas de ellas son Maestras. Su don es transmitir la antigua sabiduría para hacer que su recuerdo despierte en las demás. Tejen una red de historias y cuentos de mujer mediante los cuales envuelven nuestros corazones y nos sumergen en otros mundos pasados. Su voz es como la voz del Tiempo, llegando hasta nosotras desde épocas muy, muy lejanas. Contando secretos que desvelan en susurros. Invitándonos a penetrar en un mundo de misterios y enseñándonos a pronunciar los antiguos nombres de la Diosa a la que todas adoramos. De ellas he aprendido que jamás lo sabremos todo. Que siempre habrá algo nuevo por conocer, un misterio que descubrir, un secreto que desvelar. Que el camino de la sabiduría es un camino eterno, sin final y cuya única recompensa es continuar aprendiendo.

Otras son verdaderas hijas de la tierra. Su vida transcurre entre hierbas, piedras, inciensos y pócimas. Son ellas las que estudian el poder que la Naturaleza pone a nuestro alcance. Casi todas tenemos nociones, pero ellas son las expertas. Estudian el viaje de la semilla hasta convertirse en fruto y de nuevo en semilla. Observan el poder de cada planta, de cada hierba, de cada árbol y flor y son las que comprenden mejor que ninguna el significado de la muerte y del retorno. Son las brujas verdes. Las que, vivan donde vivan, estarán rodeadas de jardines, huertos, o macetas. De ellas he aprendido que mi sangre es también un poco verde. Que abrazar un árbol puede sanar heridas antiguas. Que caminar descalza sobre la hierba me conecta con la Diosa más que muchos rituales. Que la magia más potente se consigue con la más humilde flor.

Algunas otras son brujas de cocina. Son alquimistas que transforman cualquier elemento en un banquete que calma el hambre del cuerpo y del alma. Suelen ser dulces, cariñosas y a veces introvertidas. Su poder es un conocimiento innato sobre las propiedades de la materia y la forma de mezclarla para obtener lo mejor de ella y embrujarnos a las demás en cada bocado. Destilan amor profundo en cada plato, en cada guiso que bulle a fuego lento en sus calderos. En cada pastel y galletas que nos recuerda que aún somos niños felices que quieren seguir disfrutando de la magia de la vida, y parte de ella se encuentra en lo que comemos. De ellas he aprendido que la paciencia es lo más importante si quieres hacer algo bien. Que la Diosa nos nutre y nos entrega sus frutos para alimentarnos y que cocinarlos con amor es una de las mejores formas de agradecérselo.

Otras son brujas cantantes y danzarinas. Llevan con ellas el ritmo de los antiguos tambores que un día resonaron por la tierra y que enlazaban el corazón de las gentes con el corazón del universo. Son brujas que sienten la música del mundo y les fluye en cada movimiento y en cada tonada. Elásticas y ondeantes. Melodiosas y creativas. Que pisan fuerte el suelo y acarician suavemente el cielo. En especial, hay uno de ellas que es capaz de traer a la misma Diosa en cada uno de sus pasos de baile. Su trance traspasa el escenario y anida en tu interior, provocando lágrimas de dicha al sentir la presencia de los Antiguos. A veces pienso que la misma Diosa mueve su cuerpo para recordarnos que para honrarla no hacen falta palabras. Estoy convencida de que él es uno de sus favoritos. De él he aprendido el valor del esfuerzo y la perseverancia. He aprendido a confiar en los propios dones y luchar siempre por ser quien eres. He aprendido a escuchar la música del universo y a dejar que mi cuerpo baile libremente con sus propios ritmos.

También hay brujas que están en permanente contacto con otros mundos. Parecen vivir siempre con un pie a cada lado del velo. Son brujas  que siempre siguen a su instinto, nunca dudan de sus intuiciones y comprenden el misterio de la vida desde que llegan a ésta. Son las que sienten los hilos que nos unen a todos, aquellas que sienten un éxtasis profundo contemplando un amanecer y encuentran el sentido de la existencia en la belleza del ocaso. Son empáticas, sienten las emociones de todo ser vivo de este planeta.  Son las que ven la magia en todo lo que compone el mundo. Las expertas en hechizos y rituales, sortilegios y encantamientos. De ellas he aprendido a ver lo que se esconde tras la realidad cotidiana. A ser consciente de la constante presencia de la Diosa en mí. El poder de encender una vela y la magia que desata. He aprendido que no hace falta un complejo ritual para que un hechizo funcione.

Hay brujas artesanas y artistas. Que tejen, pintan, modelan… crean magia con sus manos reflejando en sus creaciones la belleza de su alma antigua. Ellas nos traen los rostros de la Diosa para poder mirarla de frente. Fijan los colores del arcoíris en pinturas que nos recuerdan la tierra de los sueños. Crean del barro y la madera las estatuas que representan a Aquella a la que rendimos honores. Le dan forma a nuestros pensamientos. A nuestras fantasías y visiones. De ellas he aprendido a valorar mis manos y lo que puedo hacer con ellas. A apreciar el valor del trabajo de otros. He aprendido a entender el amor que puede residir en un pedazo de madera, en un trozo de piedra y en unos hilos entrelazados. Cada creación es un hechizo en la que entrelazan su alma con su obra.

Y hay brujas que reúnen varios de estos dones en ellas. Artesanas de cocina… Danzarinas que cantan entre los mundos. Maestras hierberas con alma verde… O incluso un poco de todos.

No todas son iguales. Pero todas son mágicas. Todas son grandes brujas y grandes mujeres (y hombres). Y cada día doy gracias a nuestra Diosa por ponerlas en mi camino. Por contar con ellas en mi vida. Por ser parte de ellas.

Por ser una de ellas.

¿Y tú? ¿Qué clase de bruja eres?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La bruja de la Luna Oscura

The Circle Author: Parvanaphotography http://parvanaphotography.deviantart.com/

The Circle
Author: Parvanaphotography
http://parvanaphotography.deviantart.com/

En esta noche de oscuridad y negrura, el cielo se cuajará de estrellas mientras la luna termina su viaje por el firmamento como una anciana sabia vestida de misterios y tinieblas. Mañana al anochecer, aunque aún no la veamos, ya habrá girado sobre sí misma y su rostro será el de una niña nueva. Pero hoy… Hoy es noche de Luna Oscura.

Hoy es tiempo de secretos desvelados, de elegir camino en las encrucijadas y honrar a Diosas de la noche. Es hora de descubrir la belleza que existe en la ausencia de la luz. Es tiempo de conocimientos ocultos, de caminar con valentía por el reino de la Diosa Oscura y enfrentarnos a las sombras, para encontrar en ellas nuestra propia sabiduría innata. Esta noche las mareas lunares se retiran y arrastran consigo todo aquello que queramos entregarles. Es tiempo de arrancar, de borrar, de deshacer, de abandonar, de dejar ir… para siempre. Es tiempo de magia. Tiempo de rituales de limpieza, de conjuros de ruptura, de hechizos de destierro. Esta noche, es tiempo de brujas.

¿Me acompañas?

No temas a la oscuridad, deja que penetre en ti, cierra los ojos y entrégate a ella. Únete a mí en esta noche de magia y sueños. Busquemos a la Luna en el cielo, aunque no podamos verla, la sentiremos danzar en su baile eterno con la tierra. Piensa en todas esas pesadillas que te atormentan, recuerda aquello que te impide ser completamente feliz. Bucea, hurga profundo en tus entrañas. Remueve bien los posos de tu memoria y clava hondo las uñas para desenterrar tus miedos y tus cadenas. ¿Qué te mantiene quieta? ¿Qué te impide ser quien eres? ¿Qué bloquea tu camino? ¿Qué te daña? ¿De qué no puedes liberarte? Ponle nombre y míralo de frente. Di su nombre en voz alta. Grítalo.

Hoy la Tierra y la Luna se confabulan para ayudarte a ser libre. Los elementos que lo conforman todo nos muestran sus rostros oscuros y su poder de destrucción. Invoca al poder del viento que genera huracanes que barren el mundo. Llama al aire que mueve las arenas del tiempo sepultando imperios en el olvido. Conmina a  vendavales capaces de doblegar bosques centenarios en apenas instantes. Que el viento se lleve lo que enreda tu vida.

Invoca al fuego que consume la esencia de la maldad. Apela al poder de las brasas que convierten la podredumbre en cenizas que abonarán las semillas de un nuevo futuro. Llama a las llamas ondulantes que con sus besos ennegrecen y destruyen lo que tocan para regenerarlo y convertirlo en luz. Entrégale tus pesares al ardor que crea los desiertos y resquebraja la corteza del planeta, que los purifique y los transmute para ti.

Invoca al poder del agua del mar embravecido por la tormenta que arrasa las orillas y las costas. Llama al poder de su caricia líquida que durante siglos corroe la dura roca. Invita a las calmadas aguas de profundas corrientes que arrastran hacia lo desconocido. Reclama el poder de la obstinación de los glaciares que se abren paso a través de montañas.  Entrega a la destrucción de las imparables masas de agua las cadenas que te retienen, para que las disuelva y despejen tu camino.

Invoca la fuerza destructora de las placas de la tierra, nombra a la fuerza inamovible de las montañas, el profundo vacío de las simas inabarcables. Convoca a la capacidad de destrucción de los terremotos que estremecen la tierra desde su corazón y otórgales permiso para que derriben las paredes que te encierran.

Evoca al espíritu en tu interior para que te de la voluntad necesaria para enfrentarte a todo. Llama a tu propia valentía, a tu fuerza de mujer, a tu alma antigua para que te muestre el camino que te fue diseñado mucho antes de que nacieras a esta vida.

Danza con los cinco elementos mientras gritas el nombre de los fardos que cargas, construye una canción de rabia e ira y mientras la cantas siente crecer la furia en ti. Enfádate con aquello que te somete, que te bloquea, que te daña. Busca la fuerza de Morrighan para enfrentarlo. La luz de la antorcha de Hécate para encontrar la senda hacia tu felicidad. Lucha con la fuerza de Kali para destruirlo. Muévete con la libertad de Lilith hacia el futuro.  Baila, gira y grita hasta que no puedas más y justo cuando sientas que el calor y la magia te invaden por completo, para y entrégale todo a la Luna. Para y eleva tus brazos hacia el cielo, hacia la oscuridad del infinito. Hacia el olvido.

Las mareas lunares continuarán sus ritmos eternos llevando consigo lo que tú les has entregado esta noche de tinieblas. La luna se lo llevará con ella a la oscuridad de la que renacerá mañana limpia y nueva, para comenzar su viaje una vez más.

Mañana, tú comenzarás un nuevo viaje con ella y como ella, limpia y renovada. Lo que hagas en esta nueva etapa de tu vida, ya sólo depende de ti.

Luna bendita, luna que te vas, lo que contigo se marcha…

Ya no vuelve más…

Bienvenidas a la magia del lado oscuro de la Luna.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Lágrimas de bruja

Sea of Serenity Freydoon Rassouli www.rassouli.com

Sea of Serenity
Freydoon Rassouli
http://www.rassouli.com

En viejos textos medievales y modernos se cuenta que, de todos es sabido, las brujas no lloran…

Que no lloramos… A pocas brujas conocían los eruditos escribas de ésos textos.

No hay diques en mis ojos. No hay presas. Cualquiera que sea su origen, mis lágrimas son libres de fluir y brotar de mí, porque las lágrimas contenidas son enfermedades gestadas.

No siempre fue así. Durante mucho tiempo las retuve. Hubo una época en mi vida en la que mi corazón se aletargó. Después de unos años de oscuridad y sufrimiento continuo, algo en mí se quebró y las cosas dejaron de afectarme. Me cubrí con una máscara de falsa fortaleza (una de aquellas de las que os hablé en otra ocasión) para ocultar mi fragilidad y dolor al mundo y a mí misma. Y caminé por la vida sin sentir, sin vivir casi. Me dejaba llevar por el tiempo a través de lugares, de gentes, de momentos que apenas significaron nada para mí. Supongo que el ser humano tiene un límite para el dolor interno y yo alcancé el mío. La respuesta de mi mente fue recluirse tras un muro de hielo y ver pasar el mundo sin involucrarse en él.  De hecho, apenas tengo recuerdos de aquellos momentos. Son años perdidos en un aspecto, pero muy valiosos en otros.

Fue en aquella época cuando me encontré a mi misma, nunca abandoné la magia ni a la Diosa, era lo único que aún me hacía sentir algo y fue así, poco a poco, como el hielo comenzó a resquebrajarse y a derretirse. Fue cuando encontré mi esencia, a mi verdadero yo en mi interior y mis largas conversaciones conmigo misma fueron lo que me devolvió la sensibilidad. Fue cuando aprendí a escucharme. Me di cuenta de que, si centraba la atención en mi interior y permanecía en silencio, las respuestas a cuestiones que me preocupaban surgían de mi centro como si algo más antiguo y más sabio que yo me respondiese. Pero no era nadie más. Sólo yo, que por fin encontraba el camino a la sabiduría que tanto buscaba en el lugar en el que siempre había estado. En mí.

Pero seguía sin llorar. Sentía que no podía permitírmelo. Sabía que debía tantas lágrimas, que si alguna vez empezaba ya no podría parar. El viejo dolor no había pasado, no se había curado. Seguía en mi, enquistado y pulsante, esperando para estallar y buscar una salida que yo le negaba. Pero vivir así no era lo que mi alma libre de bruja necesitaba. Las brujas estamos hechas para vivir la vida en todos sus extremos. Para sentir hasta la última migaja de emoción en todo lo que nos rodea. Una bruja es un corazón que siente todas las emociones del mundo en cada latido. Estamos hechas para disfrutar intensamente de todo lo que ocurra en nuestra existencia. Somos capaces de sentir la alegría más salvaje y la tristeza más devastadora, el amor más apasionado y épico y la soledad más desoladora. Porque la magia está hecha de emociones y sentimientos y nosotras somos la encarnación de la magia en esta Tierra.

Así que comprendí que si quería ser una bruja completa, si quería ser la persona feliz que yo sabía que podía volver a ser, debía liberarme de aquel dolor que mantenía prisionero dentro de mí y que me convertía a su vez en su esclava,  y al que yo sentía expandirse cada día, como una podredumbre oscura y densa que se alimentaba de cada lágrima no vertida.  Debía enfrentarme a él, entregarme a él y dejar que me invadiese para, una vez sentido y comprendido, me atravesara y se alejase de mi.

Y eso hice. Me volví hacia dentro y me enfrenté a él. Dejé que brotase y me llenase por completo, que se expandiese por todo mi ser hasta no dejar un resquicio libre y cuando sentí  que ya no era yo la que le sentía a él, sino que él me sentía a mí, las primeras lágrimas se agolparon  en mis ojos y por fin las dejé brotar, amando todas y cada una de ellas. Me convertí en mis lágrimas. Acompañé su viaje desde el centro de mí, donde se creaban, hasta caer mojando mi rostro, mis manos, el suelo… Las sentí todas y cada una de ellas, lavando a su paso cada humillación, borrando cada recuerdo podrido, sanando cada promesa rota, acariciando sueños perdidos, cicatrizando heridas tan profundas que casi me atravesaban entera. Limpiando cada mentira que había destruido las distintas vidas que pude haber tenido. Llenando cada silencio que rompió mi mundo y casi me desvió de mi camino. Lloré por todos aquellos años en los que no había podido hacerlo y sané cada golpe que la vida me había dado. Grité desgarrándome por dentro y dejé salir toda la rabia. Sollocé tánto que durante días me dolió el cuerpo por los espasmos. Clamé a mis Dioses eternos para que aceptaran la ofrenda de mis lágrimas. Y aprendí que el mayor daño de todos fue el que yo me había causado a mí  misma impidiendo que mi dolor sanase ocultándolo al mundo, casi construyendo mi identidad sobre él. Y una de las promesas que me hice fue que nunca más volvería a retener las lágrimas ni a ocultar el dolor fingiendo que no existe.

Desde entonces he llorado muchas, muchísimas lágrimas. Y he aprendido que llorar es un acto mágico. Es un ritual en sí mismo. Entregamos nuestras emociones a su elemento, las convertimos en agua y las dejamos fluir arrastrando todo lo que nos hiere. Las entregamos para que sigan su camino mientras nosotras continuamos el nuestro.

Hay lágrimas de dolor, de tristeza, de añoranza y pérdida. Pero también hay lágrimas de alegría, de felicidad, de alivio, de compasión, de risa. De amor.

Cada emoción tiene su lágrima y las brujas las conocemos todas porque la base de nuestro trabajo mágico consiste en conocer nuestras emociones en cada momento de la Rueda del Año. Viajamos a nuestro interior y, encontremos lo que encontremos, casi siempre regresamos llorando. Y lo hacemos juntas. Nos limpiamos por dentro juntas y nuestras lágrimas nos lavan por fuera, juntas. Hay algo muy liberador en poder llorar en compañía de otros, y más liberador aún cuando lo conviertes en un hechizo poderoso.

Porque, como todas las cosas mágicas de la vida, las lágrimas guardan un secreto y las brujas lo conocemos.

Y es que hay más poder en una hora de llanto, que en una vida entera  de falsa fortaleza.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Carta de una Bruja al Hombre

Autor desconocido

Imágen de autor desconocido

Querido Hombre:

Hoy me pongo frente a ti para hablarte mirándote directamente a los ojos. No, no me busques bajando la mirada ni un paso por detrás de ti. Ya no estoy ahí. Sé que te resultará difícil después de milenios manteniéndome arrodillada y un paso atrás, pero vas a tener que acostumbrarte a buscarme en mi nuevo lugar, frente a ti, hasta que consiga el que verdaderamente me pertenece y por el que estoy luchando. A tu lado y a tu altura.

Si te atreves y me miras sólo a los ojos verás determinación en ellos. Verás honestidad y sinceridad, verás tan solo a una persona frente a otra. ¿Quieres saber qué veo yo en los tuyos? Veo miedo. Veo pánico. Veo desesperación.  Veo a la mitad de una especie que ya no sabe cual es su lugar en este mundo, porque lo que le dijeron que se esperaba de él ya no es necesario.  Porque el sistema que Él mismo creó está empezando a resquebrajarse ya que se creó a medias, sobre el silencio, la humillación y el sometimiento de la otra mitad. Y esa fue su condena.

Generación tras generación habéis transmitido a vuestros hijos unas mentiras que os han hecho esclavos de vosotros mismos y de las que ahora no sabéis ni queréis salir por miedo. Teméis perder una supremacía que en realidad nunca os perteneció. Un poder que conseguisteis mediante la fuerza y el miedo y que tratáis de mantener mediante las mismas armas, la fuerza y el miedo. Pero ya no funcionan y eso os aterra. Habéis creado vuestra identidad sobre nuestra inferioridad, y ahora, cuando millones de mujeres en el mundo se levantan y se enfrentan a esa falsa idea, os sentís atacados. Os sentís negados. Rechazados. Pero no es a vosotros a quienes rechazamos, es a este sistema que habéis impuesto y que no funciona. Que nos está destruyendo a nosotros y al mundo que nos cobija. Rechazamos la violencia, rechazamos las guerras en las que mueren culpables e inocentes. Guerras ajenas a nuestra voluntad pero en las que somos las verdaderas heroínas, porque mientras vosotros os asesináis en los campos de batalla, somos nosotras quienes mantenemos en pie un hogar al que podáis volver después, somos nosotras las que mantenemos un cierto orden y cordura en un mundo que vosotros lleváis miles de años intentando destruir. Somos nosotras quienes mantenemos este mundo vivo para todos. Rechazamos ser las victimas colaterales de esas guerras, rechazamos que celebréis la victoria violando, raptando, robando nuestras vidas. Rechazamos un mundo en el que impera la ley del más fuerte. Rechazamos la eterna competición que sólo lleva al fracaso. Rechazamos un mundo en el que millones sufren una agonía eterna para que unos cientos se consideren triunfadores.

¿Por qué nos odiáis? Nosotras no hemos hecho otra cosa que amaros. Somos vuestras esposas, vuestras hijas, vuestras madres. Todos y cada uno de vosotros os formasteis dentro de un cuerpo de mujer. Fuisteis hechos con su sangre y con su carne. Crecisteis dentro de la calidez de un útero de mujer, un lugar donde se produce la magia de la vida. Llegasteis a este mundo a través del Portal Sagrado que es una vagina de mujer y de un dolor atroz que sólo se soporta por amor. Fuisteis concebidos gracias al milagro del ciclo menstrual, algo puro, limpio y bendito. Vosotros, el Hombre, lo ensuciasteis, lo convertisteis en tabú, lo considerasteis impuro. Y fue la leche de nuestros pechos la que os alimentó al principio de vuestra existencia. Lo primero que conocéis en esta vida es el calor de una madre, el arrullo de su cariño, es el amor de una mujer. ¿Por qué nos devolvéis odio?

Cada vez que golpeáis, insultáis o humilláis a una de nosotras, os lo hacéis a vosotros mismos. Cada vez que nos matáis, estáis matando el futuro. Al lugar del que venís. A toda la especie.

Y yo, la Mujer, ya no me creo tus palabras. Ahora sé que no soy como tú decidiste que fuera. No soy débil, no necesito tu ayuda para sobrevivir, no necesito un tutor que me guíe ni que vele por mí. No soy temerosa ni menos inteligente. No soy una niña eterna. No necesitamos que nos cuidéis. No necesitamos dueños. No necesitamos amos.

Yo soy la descendiente de un linaje de mujeres que nunca quiso aceptar el lugar que le impusiste. Soy el último eslabón de una cadena de mujeres valientes que se levantó y se enfrentó a tus imposiciones, a tu falsa superioridad, a tus religiones opresoras y a tu Dios masculino y castigador, hecho a tu imagen y semejanza, no a la nuestra. Soy la descendiente de unas mujeres que dieron su vida por mi libertad, de aquellas que quemaste para silenciarlas convirtiendo su voz en un grito que atravesó los siglos para brotar de nuevo de nuestra garganta.  De aquellas a las que llamaste brujas.

Y esta Bruja que hoy se levanta ante ti y te mira a los ojos, puede que no sea tan valiente como aquellas que perdieron su vida a cambio de un lugar en la Historia, pero el anhelo es el mismo. Esta bruja te tiende la mano y te ofrece un lugar a su lado. Yo, la Mujer, te devuelvo el lugar que siempre te correspondió. A mi lado y de mi mano. Porque sólo unidos podemos salvar este mundo de un sistema mal construido que lo está destruyendo.  Solo caminando juntos, nuestra especie puede tener algún futuro.

Por eso te pido, Hombre, que venzas al miedo. Que busques la verdadera valentía que escondes dentro de ti y te atrevas a sacudirte todas las mentiras que te contaron. Toma mi mano y deja que te enseñe a ser un Hombre nuevo. Deja que te enseñe lo que la Mujer necesita de ti,  un compañero, un colaborador, un igual. Necesitamos vuestro respeto, necesitamos vuestro amor incondicional. Sólo así dejaremos de estar enfrente para estar al lado. Por eso, deja que el viejo odio vuelva al lugar de donde nunca debió salir y permite que te enseñe de nuevo a Amar.

Porque por muchas hogueras que enciendas, esta bruja que se levanta y se enfrenta a ti ya nunca se callará hasta que entiendas la base sobre la que se asienta nuestro futuro. Que  nacemos de un acto de amor, y sólo el Amor podrá salvarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

(Eva Hyedra López)

Vuelos de bruja

Habondia Author: Amanda Clark

Habondia
Author: Amanda Clark

Echo mucho de menos una ventana en esta oficina en la que paso tantas horas de mi tiempo. Hay ratos muertos en los que puedo leer, escribir, investigar o simplemente no hacer nada. Pero no puedo disfrutar de la luz, de ver la vida pasar fuera. No puedo ver la lluvia caer, ni las nubes viajando sobre mi cabeza, ni los brotes en las ramas de los árboles que pronto empezarán a nacer. No puedo ver la nieve, ni la gente caminando por las calles. No puedo contemplar los cambiantes ciclos de la Tierra tanto como a mí me gustaría.  Paso muchas horas lejos de la luz y el aire, bajo una luz artificial e hiriente. Pero aunque pase tantas horas entre estas cuatro paredes, no hay nada que le impida a mi mente escapar y volar hacia donde le gustaría estar en realidad.

Hoy me apetece perderme en la niebla. Pasear entre jirones sintiendo los dedos fríos de la bruma acariciar mis sienes cansadas. Sentirla avanzar cubriendo el mundo con su velo acuoso y verlo todo envuelto en una luz lechosa, tamizada por las sombras de árboles difusos. Caminar a ciegas por suaves pendientes cubiertas de hojas muertas de mil otoños. Me gustaría avanzar despacio entre la niebla, permitiéndole entrar en mí y mecerme con el eco de los sonidos amortiguados del bosque. Dejarle que me hable de antiguas historias olvidadas que nadie salvo ella recuerda ya. Que me muestre en sus formas caprichosas los sueños de visionarios que quedaron perdidos en su silencio eterno. Penetrar en un paraje blanco y gris y vagar confiada, sin temor al mundo en el que apareceré cuando la niebla se retire. Porque la niebla se mueve y navega entre los mundos y nos lleva con ella, si se lo permitimos.

Y esta vez, me gustaría que me llevase a un lugar tranquilo, a ese momento poco antes del crepúsculo. Un rincón apartado entre los árboles cerca del río, donde los últimos restos de bruma se retiran ondeando suavemente sobre la hierba y dejándome ver una cama hecha de brezo y helechos, cubierta por una tienda de tela de colores tenues. Me acerco y me recuesto en ella, entre cojines y colchas suaves y, simplemente, dejo pasar el tiempo. Sólo quiero eso, tiempo para mí, para SER, para disfrutar de estar viva. Sentir la vida a mi alrededor, la brisa acariciándome despacio, el canto de los pájaros, observar el vuelo de las  mariposas y escuchar el rumor de las hojas mecidas por el viento.

Levanto la mano y juego con los últimos rayos de sol que se filtran entre los árboles. Muevo mis dedos entre la luz y los observo, pequeños y casi translucidos, danzando entre miles de motas de polvo doradas, sintiendo la magia de estos minutos de la tarde. La hora dorada. En la que el mundo se para y se prepara para el atardecer. Escucho cómo la vida en el bosque parece detenerse poco a poco, preparándose para un relevo. Los Hijos del Sol se retiran y las Criaturas de Noche comienzan a despertar.

Miro hacia el Oeste donde el Sol desciende ya besando el horizonte convertido en una bola de un rojo incandescente que se esconde entre las nubes, tiñendo el cielo de rosa y malva. Las sombras se extienden reclamando el mundo, y los contornos, tan claros y dorados hace un momento, se convierten en siluetas oscuras, sin forma definida. Todo permanece estático, dotado de una belleza propia, única, mágica. Y cuando el Sol ya se ha ido, cuando todo parece haber terminado, el cielo estalla en sangre y fuego y convierte el mundo en un lugar rojo y negro, ardiente y más bello aún si cabe. El último rescoldo del sol, que por un instante convierte el mundo en fuego vivo.  En ascua efímera.

Cuando todo ha pasado, la noche parece ponerlo todo en marcha. Las estrellas van apareciendo en el cielo sin nubes y las luciérnagas comienzan a volar iluminando el claro en el que descanso. Pero con el Sol se ha ido también el último calor de la tarde y mi lecho ahora es frío y húmedo. Es hora de continuar mi viaje y buscar un lugar más cálido, así que dejo que las luciérnagas me guíen hacia unos sonidos lejanos que parecen provenir de una parte más profunda del bosque. Parecen voces, o tambores, o quizá flautas. O todo a la vez. Camino en su dirección y a través de los arboles veo el resplandor de llamas en lo que parece ser un claro.

Cuando llego, alegres hogueras arden en esta noche sin luna y a su alrededor veo caras familiares riendo, hablando, bebiendo y bailando al son de la música que tocan algunas de ellas. Mis brujas me miran, me estaban esperando para celebrar la magia de la noche. Para rendir culto a la Oscuridad con la Luz del fuego.  Para alejar la tristeza con nuestra risa. Para sacudirnos la rutina con bailes bajo las estrellas. Para recordar quiénes somos mirándonos una a una a los ojos y reconociendo la divinidad que todas llevamos dentro.  Me estaban esperando para repetir palabras que han viajado a través de los siglos y llamar a Diosas que nunca se marcharon. Para despertarlas en nosotras y recordar que estamos hechas de raíces y ramas. Raíces que nos conectan con el corazón de la Tierra y ramas que nos elevan hasta las estrellas. Raíces y ramas que nos unen a todas en un bosque de recuerdos ancestrales. La sangre que corre por nuestras venas es la savia de la que fluyen las enseñanzas de nuestras antepasadas. Antiguas Diosas, Ancianas sabias, Niñas de luna y bosque. Mujeres eternas que viven en nosotras. A través de nosotras.

Esta noche hay chispas de magia en el aire y nosotras danzaremos con ellas hasta el amanecer.

Suspirando regreso a esta oficina sin ventanas ni sol. Sonrío porque, aunque a veces se hace duro y echo de menos la vida fuera, soy capaz de escapar de aquí y volar. Volar a otros mundos, volar a momentos de mi pasado y volar sobre todo al futuro, porque sé que me esperan muchos días de perderme entre la niebla, muchas tardes doradas esperando lánguidamente al crepúsculo. Me esperan cientos de noches de magia, de hogueras y música, rodeada de brujas y Diosas. Siendo Vida.

Y aunque este lugar sea oscuro, cerrado y frío, también está  lleno de magia.

Porque en él estoy yo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las mil vidas de una bruja

Witch Autora de la imagen: Julia Trushina angiria.deviantart.com

Witch
Autora de la imagen: Julia Trushina
angiria.deviantart.com

Hay una palabra en alemán que no tiene homóloga en español, su traducción es “nostalgia por un lugar al que nunca has ido”. La palabra es Fernweh. Pero no he encontrado ninguna palabra que defina el sentimiento de añoranza por otra época, por otros tiempos que sabes más propios que los tuyos.

A veces, cuando visito las ruinas de tiempos antiguos, la sensación de pertenencia que me invade es tan abrumadora que me encojo por dentro. Toco las piedras, siento su calor familiar en mi piel y me pregunto quiénes las tocaron antes que yo. Cómo vivían. Qué sentían. Si las toqué yo en otra época. En otra vida quizá.

Siento como si el lugar despertase y me observase, algo parece vibrar a mi alrededor y casi me parece escuchar susurros, como si alguien me reconociese y hablase de mi. El viento que se cuela entre las ruinas me habla trayéndome palabras de otros siglos, palabras que casi llego a entender. Y la tristeza es profunda, como si estuviese en la puerta de mi hogar pero algo me impidiese entrar. Como si hubiera viajado mil años y ahora, cuando por fin llego a donde pertenezco, hubiera olvidado el camino.  La nostalgia me invade y comprendo que, aunque por breves momentos los tiempos parecen superponerse, y aunque por un instante haya conseguido tocar el recuerdo de algo…, algo que nunca he vivido, es imposible regresar a un pasado perdido. Porque fue en otra vida.

Sé que no es la primera vez que vivo. Sé que he caminado a través de los tiempos bajo innumerables rostros y nombres. He vivido cubriéndome con pieles en los albores de nuestra especie y he visto como mis Dioses y tradiciones se perdían bajo la tiranía de Roma. He visto surgir los nuevos reinos de Europa construidos sobre las ruinas del Imperio. He vivido sola en la cabaña de un bosque y he visto morir a mis seres queridos por epidemias que hoy son sólo un recuerdo. He puesto ofrendas sobre altares paganos, ocultos en los bosques bajo la mirada de la luna llena, tantas veces que puedo repetir los gestos sin vacilación. He caminado por catedrales nuevas y he sido monja en algún claustro medieval mientras por dentro a Dios le llamaba Señora. Me he escondido durante la caza de brujas y no tengo ninguna duda en absoluto de que he muerto ahorcada alguna vez y quemada en la hoguera otras. He vivido en la Inglaterra Victoriana y la sola imagen de una taza de té ante una ventana con vistas a la campiña inglesa en primavera puede hacerme llorar de añoranza.  He tenido mil vidas, sí. Algunas breves, otras muy largas. A veces fui feliz, otras veces he sufrido. He sido esclava, campesina, sacerdotisa, monja, esposa, madre, pobre, rica, siempre bruja. Alguna vez incluso he sido hombre.

Pero nunca he sido reina. No creo haber sido Cleopatra, ni Juana de Arco, ni Napoleón. Creo que si alguna vez tuve algún poder, fue entre mi gente, mi pueblo, mi tribu o mi aldea. Tampoco ha hecho falta. Solo he sido yo, siempre. Esa presencia que adivino en mí constantemente. Yo y un algo más. Algo que sabe. Algo antiguo y sabio. Algo que me llena de empatía y hace que me resulte fácil comprender a los demás. Que sepa ponerme en el lugar de casi todo el mundo y saber porqué actúan como actúan, aunque muchas veces no lo apruebe ni lo comparta.

Dicen que todas estas sensaciones tienen una explicación. Que en realidad los recuerdos, los sentimientos de pertenencia nos vienen dados en los genes. Que en realidad estamos sintiendo lo que sintieron nuestros antepasados y que heredamos sus experiencias junto con el color de nuestra piel y nuestros ojos.

Bueno, yo no sé si es cierto. Lo que sí se es que me resulta difícil aceptar que todos mis gustos pasados son de otros, que mis recuerdos de otros tiempos son de otros, que las lágrimas de tristeza que me brotan porque echo de menos una casa junto al mar en la linde del bosque que nunca he tenido son porque allí vivieron otros. No. Puede que algo se herede en la sangre, como la llamada del mar. Pero sensaciones tan intensas, emociones tan profundas no pueden ser ajenas.

Estoy convencida de que regresamos, una y otra vez. Porque me niego a aceptar que sólo tengamos una oportunidad en este mundo. Me niego a aceptar que un niño muera y haya vivido, víctima de torturas en medio del más absoluto terror y angustia, para nada. Me niego a que millones de mujeres vivan día tras día en un infierno de violaciones perpetuas que sólo terminarán el día que su cuerpo ya no resista más y se rompa del todo. No puedo aceptar que todavía haya gente que viva toda su vida siendo esclavos, que otros centren toda su existencia en buscar el siguiente puñado de comida que les mantendrá vivos un día más. No quiero aceptar que todo lo que muchas personas tendrán a lo largo de sus días será la más absoluta tristeza, soledad, desesperación y miseria.  Me niego a reducir la existencia a una sola oportunidad.

No. Sé que en muchas de mis vidas viví junto al océano. Desde mi ventana veía el mar y los acantilados por un lado y el bosque oscuro y envuelto en niebla por otro. Me despertaba el sonido de las gaviotas y me dormía el canto de las olas. Y las gaitas… El lamento de las gaitas hablaba el lenguaje de mi alma y su sonido jamás ha dejado de emocionarme. La niebla, la llovizna, los bosques mágicos en los que me veo recogiendo hierbas y los acantilados. La playa de rocas, el olor a algas, esperar en la orilla a que los barcos regresen… No, no son recuerdos de otros.

Y creo firmemente que cada persona tiene más oportunidades. Que todos volveremos una y otra vez y en alguna de nuestras vidas seremos totalmente felices. Todo merecerá la pena.

No me preocupa como será mi vida, ésta vida. La viviré lo mejor que pueda e intentaré ser la mejor persona que pueda. Pero si las cosas no salen como espero, si se acaba antes de lo que me gustaría… bueno, intentaré hacerlo mejor la siguiente.

Porque como dije otra vez, las brujas somos eternas.

Yo soy eterna.

 

(En recuerdo de Sable Rouge, asesinado ayer por ser brujo, por ser pagano. Por atreverse a ser libre en un lugar donde no soportan la libertad. Vuelve pronto hermano, y vuelve en un lugar donde puedas ser feliz. Espero coincidir contigo en otra vida)

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Corazón embrujado

Written in waters Author: Marcela Bolivar

Written in waters
Author: Marcela Bolivar

Este corazón de bruja que late en mi pecho desde que nací está hechizado, embrujado por el amor más intenso, sincero y cálido que alguna vez imaginé que llegaría a conocer. Cada uno de sus latidos tiene su nombre. La melodía de mi sangre recorriendo mi cuerpo es la canción de nuestros días compartidos. No hay momento en que no sea consciente de lo afortunada que soy, de la increíble suerte que supone sentir lo que yo siento en un mundo en el que cada vez se siente menos. No hay nada que defina mejor mi existencia que el brillo de sus ojos, el sonido de su risa,  la felicidad que a veces escapa a raudales de sus palabras.

Cada día doy gracias a la Diosa por su creación. Porque sé que éste amor fue forjado hace incontables vidas. Sé que la Diosa ha movido los hilos de la historia de miles de amantes anteriores en el tiempo, para que yo hoy pudiera estar aquí y llegar a este momento y a mi propia historia de amor.

Y la mía, es una historia tejida con verdades (a veces dolorosas), con risas, con lágrimas, con silencios cómplices. A veces con dudas, pero jamás mías, sino de otros. A veces mal entendida, a veces incluso condenada, pero eso solo ha servido para endurecerla y blindarla.  Sé que no existe en todo el mundo otra persona a la que pudiera amar más, porque nadie más sería capaz de conocerme tan profundamente, de esforzarse cada día por conocerme más, por comprenderme más y  por  estar. Simplemente estar.

Los momentos más felices que recuerdo siempre han sido a su lado, a solas. Y son momentos comunes de la existencia cotidiana: un paseo a la orilla del mar jugando con las olas. Miles de horas en un sofá con una manta y un libro. Atravesar un bosque siguiendo el camino que marcan los rayos de sol a través de las hojas de los árboles.  Incontables noches buscando estrellas caminando bajo la Luna. Nadar hasta el centro de un ancho río rodeado de colinas verdes y desear que ese momento durase para siempre… Conversaciones larguísimas en las que a veces arreglaba el mundo. Silencios muy largos que decían aún más que las largas conversaciones.   Simples momentos en los que la felicidad y la plenitud me sumían en la euforia de pensar: para esto nací, para sentir justo esto. Solo esto.

El mío es un amor eterno que sólo acabará el día que yo desaparezca. Es un amor físico, porque su cuerpo me ha proporcionado mil momentos felices, pero es un cuerpo amado tan solo por ser el templo en el que reside su alma antigua, sabia, mía.  Nunca me ha importado su aspecto, no necesito que sea un cuerpo delgado, bello, joven… No. Lo que necesito es que sea feliz, sano, y consciente de la Divinidad que lleva dentro. Es un amor mágico, porque me ha acompañado en todos y cada uno de mis hechizos. Riendo cuando me equivocaba, restándole importancia cuando no han funcionado y celebrándolo cuando todo ha salido como esperaba. Aprendiendo los misterios de las brujas y descubriendo los secretos de la Tierra. Es un amor maduro, porque se enfrenta a mí cuando tiene que hacerlo y me lleva la contraria cuando es necesario. Es un amor sincero, a veces duele, pero cada verdad lo ha ayudado a crecer y consolidarse, a convertirse en algo tan indestructible que me ha enseñado a amar mejor a los demás.

Sé que a veces le he fallado. A veces cometí el error de pensar que otros eran más importantes, pero cuando comprendí mi equivocación jamás me lo reprochó. Sé que a veces he podido hacer mejor las cosas, pero su única respuesta cuando me he equivocado ha sido aprender del pasado y mirar conmigo hacia delante.

Todo lo que hago, todo lo que espero en la vida, todo aquello por lo que lucho lleva su espíritu. Todo lo que soy, todo lo que alguna vez he sido y todo lo que alguna vez llegaré a ser, será solo porque está a mi lado. No imagino a nadie mejor con quien compartir mi alma, mi cuerpo, mis sueños… Puedo perderme horas explorando sus pensamientos, siguiendo los intrincados caminos de su mente que me llevan por mundos que nadie más podría crear. Después de tanto tiempo, aún me sorprende de mil maneras distintas, y una de ellas es que a simple vista pocos podrían imaginar el mundo infinito que lleva dentro.

Cada día, al despertarme, lo primero que hago es mirar dentro de sus ojos, buscar esa chispa tan familiar de complicidad, sonreír y decirle: Te quiero, eres el mejor regalo que la Diosa pudo darme.

Sé cual será su respuesta, me dirá exactamente las mismas palabras. Porque el verdadero amor, ese por el que lo daría todo y a quien siempre amaré por encima de todo, me sonríe desde el otro lado del espejo y me inunda de felicidad.

Porque el verdadero  amor de mi vida, siempre he sido yo.

¿Cómo podría no amar a una bruja? ¿Cómo podría no amar a una Diosa?

Si los pecados existiesen, ese sería el mayor.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El bosque de las brujas

Sabina Autor: Jorge Domingo rasoner.wordpress.com

Sabina
Autor: Jorge Domingo
rasoner.wordpress.com

Desde siempre la humanidad lo ha reverenciado, ha sido fuente de alimento, de cobijo, de calor y leyendas. Pero fue a partir de la Edad Media cuando el bosque adquirió las connotaciones sobrenaturales que se le asocian desde entonces. Es durante los largos siglos medievales cuando las personas se van alejando de la naturaleza y rompiendo la relación anterior de pertenencia que tenían con ella para sustituirla por una relación de dominio. En aquellos días, el bosque constituía la frontera entre la civilización y lo indómito y salvaje.  La seguridad y lo “conocido” terminaban en el último punto iluminado de la aldea o la granja. A partir de esa linde, de ese límite, comenzaba el mundo  de lo misterioso y lo desconocido. Un mundo oscuro en el que habitan rebeldes, forajidos, ladrones y asesinos. Parias desterrados de la sociedad. Pero también un mundo de monstruos, de ogros, orcos, trasgos… de criaturas mágicas como hadas y duendes. Como las brujas, formando parte de ambos grupos al mismo tiempo. Miembros de la sociedad pero rara vez aceptadas. Mujeres y humanas pero rodeadas por un halo fantástico.  Fue entonces cuando todo lo que siempre había formado parte de la naturaleza pasó a ser considerado “sobrenatural”, incluidas nosotras.

Pero el bosque nos llama a todos, y a pesar del temor a lo desconocido, la atracción que ejercía sobre las gentes no disminuyó. El bosque se convirtió en el refugio de los amantes,  en lugar de encuentro con seres legendarios: benevolentes gnomos, hermosas mujeres hechizadas que el aventurero debía desencantar o sabias ancianas que aconsejaban qué camino tomar a los héroes de las historias. Además, el bosque era el sustentador que proveía al hombre de madera, alimento, sanación… Siempre hubo una relación de atracción y rechazo que podemos extrapolar a las brujas. Atracción por nuestro poder (basado en el conocimiento), rechazo por ser distintas. Mientras las gentes comunes sentían temor y respeto por el bosque, nosotras formábamos parte de sus habitantes porque mientras los demás procuraban no adentrarse en sus profundidades tras el crepúsculo, nosotras nos sentíamos seguras en él, protegidas, y como ya dije en otra ocasión, sabíamos que el único peligro que encierra, viene de la mano de otras personas.

Cualquiera que haya pasado tiempo en ellos sabe que el bosque está vivo. Que tiene un lenguaje propio compuesto de crujidos de ramas,  del viento soplando a través de las hojas, de pisadas sobre la hojarasca, del roce en la vegetación provocado por movimientos furtivos… un lenguaje que nosotras conocemos. Y también sabemos que tiene una conciencia propia. Cuando entras en un bosque antiguo, apenas tocado por la presencia del hombre, sientes que no estás sola. Algo te observa, en silencio, callada pero insistentemente. Una presencia casi familiar, jamás hostil (siempre y cuando respetes su mundo), protectora casi. Muchas mitologías europeas hablan de este ser, el Hombre Verde en los bosques célticos insulares, el Musgosu en Asturias, el Basajaun en Navarra aquí en la Península,…  El Guardián de la floresta y sus habitantes.

Cuando voy a perderme entre sus árboles y sendas, siempre toco el primer árbol. Poso mi mano sobre su corteza rugosa y cierro los ojos. Siento en él el espíritu de la Driade que lo habita.  Siento el paso del tiempo creando los anillos de su tronco, la salvia de su sangre recorriendo sus ramas dotando de vida las hojas nuevas. Siento sus raíces clavándose en la tierra, expandiéndose y conectándose con las raíces de todos los demás árboles, convirtiendo el bosque en un único ser, una única presencia, una conciencia compuesta de vida y de tiempo.

Cuando entro, puedo sentir esa vida a mi alrededor casi como un abrazo, algo que me envuelve y me da la bienvenida. Siento la esencia del bosque, del Hombre Verde, de la Diosa Madre en toda su plenitud y más fuerte que nunca. Siento una energía antigua y sagrada,  una atmósfera cargada de magia, de calma y pertenencia que me sobrecogen. El bosque es mi templo, porque es en él donde más fuerte siento mi propia divinidad. Siento la presencia de otras brujas que caminaron por ellos siglos antes que yo, recogiendo hierbas para sus hechizos, haciendo viejos rituales a la luz de la Luna Llena, cerrando los ojos como yo y sumiéndose en un estado de comunión con la naturaleza que pocos entienden. Una conexión tan intensa que a veces siento que algún día echaré raíces que se conectarán con las de los otros árboles y me convertiré en parte de él. Una guardiana más del bosque viendo pasar los siglos.

Cuando cierro los ojos, toco al árbol y le pido al bosque permiso para entrar, una brisa ligera proveniente del corazón de la espesura se enrosca por mi cuerpo al tiempo que una corriente de energía penetra en mí desde mis pies y mis manos.  Una energía cálida y acogedora que me da la  bienvenida y me dice: Por fin estás en casa, hace mucho que te esperábamos.

Sí, el bosque nos habla. Nos llama. A pesar de vivir en ciudades rodeadas de cemento y tecnología, las brujas llevamos su espíritu dentro, porque el alma de las brujas es como la del bosque, indómita y salvaje.

Mi alma está hecha de madera y bosques. De ríos lentos y oscuros de los que brotan brumas y leyendas. De crepúsculos eternos, umbrales entre ayeres y mañanas. De jirones de sueños y polvo de estrellas.

Mi mundo huele a sándalo. A especias cálidas y dulces. A musgo de bosque antiguo olvidado por el sol. A charcas escondidas de aguas quietas y verdes,  con líquenes y secretos ocultos en sus oscuras profundidades. A hiedras que envuelven troncos de árboles vetustos. A rayos de luna que se cuelan entre las ramas e iluminan claros encantados. A negra tierra mojada tras una tormenta en otoño. Mi mundo huele a sueños y secretos, al frescor de la sombra y a la calidez del atardecer.

Como para casi todas las brujas, para mí el bosque es mi hogar. No importa donde vivamos, en un pueblo, una ciudad, una metrópoli… las brujas llevamos el bosque con nosotras. Es parte de nuestra esencia, de lo que somos.

Tal vez por eso, en los viejos cuentos de hadas, a las brujas nos pintan verdes.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Hechas de Magia

I, Mother Earth Author: Moonxels (David Demaret) moonxels.blogspot.com

I, Mother Earth
Author: Moonxels (David Demaret)
moonxels.blogspot.com

Hace unos días una de vosotras me decía en el blog que quería saber y comprender quién era y por qué se sentía distinta. No he dejado de pensar en ello desde entonces porque es cierto, las brujas nos sentimos distintas. Sabemos que somos distintas tal vez desde que nacemos. Ya expliqué en “El camino de regreso a casa” algo sobre el tema, pero meditando estos días, mi voz interior me hablaba de otra forma, me enseñaba desde otra perspectiva y me di cuenta de que hay una forma de explicarlo que nos vincula aún más con la magia, con todo lo que nos rodea, visible e invisible. Y es que las brujas estamos hechas de lo mismo que el resto de las personas, pero con un “algo más”, una pizca de visión que otros no tienen, de percepción que otros no ven, de sabiduría innata que otros no quieren, o no saben, alcanzar.

Las brujas estamos hechas de AIRE, nuestras ideas nos vienen dadas por el viento de los siglos. Nos dejamos flotar por la vida sin aferrarnos a lo que sabemos que debemos dejar marchar. Siempre ideando nuevos proyectos, nuevos propósitos, nuevas ideas, nuestra mente inquisitiva, curiosa y creativa, nunca está quieta. Siempre se mueve al ritmo de las corrientes de los vientos, a veces como la brisa suave y fresca, a veces como un viento de verano cálido y festivo. Otras veces como verdaderos vendavales que conmueven todo nuestro mundo para barrerlo y convertirlo en ruinas y comenzar de cero si hace falta. El viento es un ente vivo que nos habla de todas las maravillas que ha visto en sus viajes desde el principio de los tiempos. Y nosotras sabemos escucharle. Somos hijas del viento, hechas de AIRE, hechas de magia.

Estamos hechas de FUEGO, nuestros sentimientos son volcanes de emociones verdaderas. Las brujas aman apasionadamente, de forma sincera. Por eso nunca nos conformamos con relaciones a medias, con cariños tibios, con acomodos templados. Sentimos las llamas arder en nuestro interior y sabemos cómo alimentar ese fuego para vivir la vida en toda su esencia. Nos indigna la injusticia y rechazamos la mentira, por eso luchamos por lo que consideramos justo y por el respeto. El nuestro y el de aquellos que no tienen voz para reclamarlo. Puede que a veces no seamos amables ni sepamos adular a aquellos que lo necesitan, pero sí somos amigas justas, leales y, sobre todo sinceras. Sabemos que la vida está hecha para disfrutar cada minuto de ella, para exprimir todo lo que tiene que ofrecer y nosotras lo hacemos intensamente. El  fuego baila una danza con la que nos cuenta leyendas de la creación. Y nosotras conocemos el lenguaje de sus ascuas. Somos criaturas de las llamas, hechas de FUEGO, hechas de magia.

Estamos hechas de AGUA, fluimos por nuestro interior sabiendo que los instintos más puros se mueven en las corrientes de emociones más profundas. Qué nuestros sentimientos más intensos se esconden bajo una superficie calmada y serena, pero  con remolinos, pozos y mareas que nos dicen quiénes somos en realidad. Y que, de esas aguas profundas y oscuras, se nutren nuestros dones, nuestra capacidad para “ver”, nuestra intuición, nuestros conocimientos de otros tiempos, de otras vidas… cuando fuimos otras y a la vez las mismas… De esas aguas nacen nuestros sueños. Y nosotras sabemos que el agua guarda el secreto del Tiempo, que fluye en un río sin principio ni final, eterno y siempre presente y que nos cuenta la Historia de la Humanidad en su rumor constante. Somos habitantes de las profundidades, hechas de AGUA, hechas de magia.

Estamos hechas de TIERRA, la que pisamos descalzas para sentir el pulso del planeta en la planta de nuestros pies. Un latido profundo, vibrante, hondo y grave, que resuena por todo nuestro cuerpo y que nos hace danzar a su ritmo. Un ritmo secreto que sólo nosotras podemos sentir.  Una tierra que nos nutre, de la que nace el alimento que nos mantiene vivas. Somos seres terrenales que miran al cielo, con raíces que se hunden profundo, que nos hacen conscientes de estar formadas por todos los que nos precedieron y cuyos cuerpos retornaron a esa tierra que nos cobija y que nos ofrece todo aquello que nos rodea: nuestros hogares, nuestras tradiciones, nuestras familias, empleos y objetos queridos. Sabemos que la tierra está compuesta de polvo de estrellas cuyo origen se pierde en las inmensidades del cosmos. Y nosotras recordamos que venimos de ellas. Somos criaturas de barro, hechas de TIERRA, hechas de magia.

Estamos hechas de ESPÍRITU, el que nos anima y  hace que nos sintamos vivas. Del hálito vital de la Diosa que nos hace pensantes y, sobre todo, conscientes de nuestra propia existencia. Un alma conectada a todas las demás almas que pueblan este mundo y los otros. Un espíritu eterno que conoce todas las respuestas, guardián de la sabiduría de los tiempos que yace oculta dentro de cada una de nosotras y que brota a oleadas en nuestra mirada, en nuestra risa, en nuestras palabras y en nuestros silencios. Es ese aura que nos rodea y que, aún sin verla, los demás perciben. Es la energía que invocamos en nuestros hechizos y rituales, que se genera dentro de cada bruja. Y nosotras sabemos que es el Todo que unifica a los demás elementos y los dota del poder de la vida. Es lo que se esconde tras el fuego del rayo que nace de la tormenta, compuesta de viento y agua, y que busca a la tierra en su viaje anunciándonos su poder en el sonido del trueno. Somos hermanas de la tormenta, estamos hechas de ESPÍRITU, estamos hechas de magia.

Las brujas estamos hechas de lo mismo que todos los demás seres creados. De Aire, de Fuego, de Agua, de Tierra y de Espíritu.

Lo que nos hace diferentes, lo que nos hace distintas, es que nosotras lo sabemos.

Eso es el “algo más”. Esa es nuestra MAGIA.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Mi historia

Mi burbuja

Mi burbuja

Continúo recopilando textos, esta vez es mi historia. Editada y un poco modificada, pero en esencia la misma del artículo que se publicó originalmente en el blog Liebanízate. Es un resumen muy, muy breve de cómo llegué a ser quien soy. Es toda vuestra.

 

Recuerdo perfectamente el día que escuché por primera vez la palabra Wicca. Tenía 17 años y fue como llegar a casa.

Siempre he sido distinta. No recuerdo un día de mi vida sin magia, sin buscar la luna, sin escuchar al viento en los árboles y sin sentir que las aguas de los arroyos, ríos y mares están vivas. Sin hacer mis hechizos en el bosque o en la soledad de mi habitación. Mezclando hierbas, estudiando las llamas de las velas, ahorrando para el siguiente libro de magia. Desde muy niña he buscado otras historias, otras leyendas. Mitologías anteriores al cristianismo que dentro de mí reconocía más propias y reales. Siempre he creído que la Tierra está viva, que hay una conciencia en ella, creadora y destructora. La Madre Tierra, la Madre Naturaleza, La Madre Luna… La Diosa de los Mil Nombres. También creía en una fuerza masculina, salvaje, fertilizadora… Un Dios compañero, consorte, nunca superior a Ella.

He soportado burlas, sí. Nunca he ocultado lo que soy, porque lo fui desde siempre y no aprendí a esconderme. Para la gente que me rodeaba siempre fui “La Bruja”, para bien o para mal. Y he de reconocer que casi siempre fue para bien. A pesar de ello, es cierto que siempre me sentí sola, rara y distinta. Como si el mundo y la vida fuesen burbujas en cuyo interior vivían los demás y yo sólo orbitase alrededor, siempre mirando desde fuera. Aislada y sin formar parte real de nada. Hasta que un día, hace más de 20 años, me presentaron a otro brujo y me hizo una pregunta: ¿Qué clase de magia haces? ¿Qué clase de bruja eres? Cuando le expliqué, cuando le conté quien soy y lo que hago, el respondió: Ahhh, eso es Wicca. Me prestó un par de libros y cambió mi mundo. Había llegado a casa.

En 1951 se abolieron las últimas leyes contra la brujería en Reino Unido, y a raíz de ello, algunas personas que afirmaban ser brujas comenzaron a salir a la luz. Raymond Buckland, Gerald Gardner, Alex Sanders, Sybil Leek, Doreen Valiente, el matrimonio Frost, los Farrar… Todos ellos brujos que se daban a conocer y marcaban el camino a otros que vendrían después. Fueron la primera generación. Con ellos aprendí las bases de la Wicca, una religión basada en el culto a la Naturaleza y a los Antiguos Dioses.  En una concepción cíclica de la vida y una visión integradora del Hombre con la Tierra.

Seguí investigando porque había muchas tradiciones, muchas formas distintas de vivirla. La Wicca no era antigua, en realidad nació como tal en esos años. Pero muchas de las prácticas y tradiciones que celebraba sí eran antiguas. La mayoría de ellos eran ocultistas que habían formado parte de sociedades mistéricas secretas como La Golden Dawn y que al abandonarla y formar sus Coven (akelarres), habían llevado con ellos muchos rituales y prácticas ceremoniales que ahora formaban parte del cuerpo ritual Wicca.

Me gustaba, por fin había algo de lo que me sentía parte y que se correspondía con lo que yo había sentido, vivido y experimentado siempre. Pero todavía faltaba algo. Me sobraba ceremonia. En el fondo buscaba algo más sencillo, más natural y real. Una conexión aún mayor con la Naturaleza. Y continué buscando hasta que encontré a las brujas diánicas. Una vertiente del paganismo centrada en el culto a La Diosa, a la Tierra y que hacía hincapié en recuperar un misticismo y una espiritualidad básicamente femeninas. Fue entonces cuando supe que mi búsqueda había terminado, comprendí que había llegado para quedarme. Leí a Starhawk, fundadora del movimiento Reclaiming, que como su nombre indica, reclama el derecho de la mujer a tener decisión en su propio camino espiritual y a reconocer la Divinidad femenina, negada y prohibida durante tanto tiempo. Leí a Z. Budapest, pionera también. Margot Adler, Phyllis Curott, Edain McCoy, Merlin Stone, Selena Fox, Jean Shinoda Bolen, otra pionera en el campo de los arquetipos femeninos, y una de las impulsoras de la creación de los Círculos de Mujeres, Miranda Grey, Clarissa Pinkola Estés…

El paganismo diánico estudia todas las culturas, busca en todas ellas el papel femenino en el mundo espiritual y trata de ayudar a la mujer actual a conectar con su propio misticismo. Le ofrece un camino donde puede ser protagonista, donde puede tener un contacto directo con la divinidad sin depender de intermediarios masculinos que le digan en qué creer y cómo creer. Es un culto en el que la mujer se reconoce a sí misma y encuentra su lugar porque la Diosa, la Tierra, sigue sus mismos ciclos y recupera una relación y conexión con Ella que le ha sido arrebatada hace mucho tiempo. A diferencia del Dios masculino, una figura lejana y distante en los cielos, padre vigilante y castigador… la Diosa está aquí, en cada mujer, formamos parte de Ella y Ella de nosotras. Y como entidad, es compañera, hermana, camina a nuestro lado y la miramos como a una igual.

Con el tiempo conocí a otras mujeres como yo. Valientes, sabias, muy instruidas y empáticas. Y también hombres, porque hay muchos hombres en el camino de la Diosa, hombres que quieren un mundo en equilibrio, donde exista la igualdad y la libertad para que cada uno pueda ser, sentir y vivir como es, sin tener que esconderse. Hombres muy, muy valientes, porque hay que ser muy valiente para portar el estandarte de la Diosa en el mundo masculino aún hoy en día.

Y así llegamos a nuestros días. Esta es mi historia. Así llegué a ser quien soy, encontré mi camino y descubrí que nunca había estado sola. Descubrí que no podía vivir en la gran burbuja en la que vivían los demás porque yo ya formaba parte de otra, descubrí que siempre había habido un hogar para mí. Y para descubrirlo solo he tenido que abrir los ojos y escuchar siempre lo que mi intuición, y mi corazón, me pedían a gritos.

Porque como Ella dice: “Si lo que buscas no lo encuentras dentro de ti, jamás lo encontrarás fuera de ti, porque he estado contigo desde el principio…”
Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra Lopez)

 

Sombra de Bruja

"Embracing Shadow Self" Copyright © 2001 Rita Loyd http://www.nurturingart.com/

“Embracing Shadow Self”
Copyright © 2001 Rita Loyd
http://www.nurturingart.com/

En estos tiempos de oscuridad y frío siento a mi Sombra de bruja removerse. Sabe que es invierno y casi luna nueva y me toca volverme hacia ella. Se retuerce y expande, creando zarcillos que se filtran por mis rincones y recovecos. Va creciendo y sintiéndose a sí misma, asegurándose de que yo también la sienta. Es ahora, cuando el frio y los días cortos parecen hacerlo todo más lento y hay más tiempo para quedarnos quietas, pensar y meditar, cuando llega la hora de mirarnos frente a frente y tomarnos la medida. Es hora de descender a la Oscuridad para encontrarnos en su terreno, que es también el mío, porque es nuestro.

Hubo un tiempo en el que la temía. Mucho. Un tiempo en el que no comprendía. Una época en la que renegaba de ciertas partes de mi ser. No muchas, es cierto, pero sí las suficientes para temerla. Después hubo otra época en la que yo sólo era Sombra. Un periodo de daño, de ajustes y transiciones donde mi oscuridad campó a sus anchas por mi vida. Por suerte duró poco, pero aprendí muchísimo. Hoy soy una bruja afortunada porque ya hace mucho comprendí qué es la Sombra. Cuál es su papel y la importancia que tiene. Hace mucho que acepté que mi Sombra también soy yo.

Todas tenemos defectos, todas tenemos ciertas actitudes, miedos, fobias, malos sentimientos irreprimibles e inevitables a veces, recuerdos que no queremos recordar, traumas que no conseguimos olvidar y que nos lastran. Partes de nosotras que escondemos, que ignoramos, que sepultamos lo más profundamente que podemos en nuestro interior para que pasen desapercibidos a los demás. Pero nosotras sabemos que están ahí, esperando su momento.  Esperando que, por un instante, perdamos el control y ellos puedan escapar. Todo lo que reprimimos, lo que negamos y escondemos, lo que tememos y nos negamos a enfrentar, todo ello es nuestra sombra. Nuestra parte oscura que se hace más grande cuanto más la ignoramos y más fuerte cuanto más la tememos.

El camino de la bruja nos enseña que nuestra Sombra no está ahí para hacernos más daño, ni para castigarnos o humillarnos. Las brujas sabemos que no es nuestra enemiga por mucho que le hayamos colgado siempre la máscara de monstruo. Por el contrario, es nuestra gran maestra. Es esa amiga que nos dice la verdad que más duele, la que nos pone en las situaciones más comprometidas y difíciles, pero que lo hace por nuestro bien. Y cuanto más la ignoremos, cuanto más lejos tratemos de huir, con más ahínco nos perseguirá y tratará de mostrarse, porque su única misión es ayudarnos.

Ella forma parte de nosotras desde que la Humanidad existe como tal. En casi todas las mitologías del mundo se nos cuenta la historia del descenso de la Diosa, una historia en la que tiene que viajar al Inframundo para rescatar a alguien o algo querido de las garras de una  Divinidad oscura, a menudo su propia hermana. Freya, Isis, Ishtar, Deméter y Perséfone entre otras… Todas deben descender a la oscuridad (su propio subconsciente) para enfrentarse con su parte oscura, su Sombra, su otra mitad y rescatar lo que no es otra cosa que su ser completo. Luz y Oscuridad.  Y para alguna de ellas, como Perséfone, asumir su papel como Reina de ese Inframundo, lo que la convierte en una mujer completa que  se mueve entre ambos mundos. Dueña y Soberana de su oscuridad e hija de Deméter en la parte luminosa del mundo.

También hay ciertos comportamientos que en la mujer tradicionalmente se han considerado rasgos de carácter indeseables, como la independencia, el deseo sexual, la confianza en una misma, la fortaleza, la astucia, la obstinación, la sabiduría y la curiosidad por aprender…, y  aquellas de nosotras que a lo largo de la Historia mostrábamos esos rasgos hemos sido acusadas de ser poco femeninas, lujuriosas, indecentes e inmorales, impertinentes, hombrunas, histéricas… Brujas. Pero como brujas, nos volvemos hacia las Diosas Oscuras para que nos cuenten sus verdaderas historias y aprender de Ellas y de sus dones y de paso reconciliarnos con nosotras mismas  a través de Ellas: La libertad sexual de Lilith, la pasión y fuerza de Morrighan, la sabiduría de Cerridwen, los conocimientos ocultos y mágicos y el poder de Hécate, la crueldad necesaria de Kali, la soberanía de Perséfone… Y muchas otras.

Hace mucho que, voluntaria y periódicamente, me enfrento a ella. Me preparo para el descenso al centro de mí misma desnudándome metafóricamente dejando en la superficie todos los prejuicios y todo aquello que ponga trabas a mi aprendizaje. Sin velos, sin disfraces ni máscaras que oculten o cambien mi verdadero yo, me presento ante ella, que me sonríe y espera con cariño. Observo bien qué es lo que no me gusta, qué hago mal, qué partes de mí rechazo o me cuesta aceptar, y cuando lo identifico, comienza el trabajo de sanación. La labor de curar heridas que a lo mejor ni siquiera sabía que tenía, pero mi Sombra sí, y me las muestra. El ejercicio de aceptar como míos los rasgos de mi carácter que no me gustan y tratar de mejorarlos, de darles la vuelta y aprender cómo usarlos para convertirme en una mejor persona.

Porque enfrentarse con la propia sombra, con la Diosa Oscura que habita dentro de cada una de nosotras, es la única forma de conocernos tal y como somos de verdad. De aceptarnos y aprender a amarnos por lo que realmente somos. Porque ninguna sería la mujer que es hoy en día sin esa otra parte oscura que nos completa y forma la totalidad de lo que somos y que nos ha ido moldeando a lo largo de nuestra vida. Y en cada viaje a la Oscuridad, en cada ocasión en la que me enfrento a ella, me hago más fuerte. Cada vez aprendo más. Cada vez me quiero más. A mí y a Ella.

Mi Sombra y yo somos muy buenas amigas. Le debo todo lo que soy, porque sé que yo no sería la bruja que hoy soy si Ella no se hubiese esforzado tanto por conseguir que le hiciera caso. Gracias a ella soy una mujer completa. Llena de  Luz pero también de muchas sombras. Y al igual que estoy enamorada de mi Luz, estoy casi más enamorada de mis sombras. Porque ellas guardan mi secreto. Guardan el misterio de lo que verdaderamente soy. Mi verdadera esencia.

La más pura chispa de Luz divina que sólo puede apreciarse en la más absoluta oscuridad.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Diosa de las Brujas

Venus de Willendorf 25.000 a. d E. C. aprox. Autor de la foto: desconocido

Venus de Willendorf
25.000 a. d E. C. aprox.
Autor de la foto: desconocido

La Diosa de las brujas es Antigua.  Su llamada cruza los milenios desde aquellas que la adoraban en los primeros tiempos bajo la luz de la luna y las estrellas vestidas con pieles, hasta llegar a aquellas que aún la recordamos. Aquellas que llevamos su marca grabada a fuego en el alma. Y algunas en la piel…

Ya era antigua cuando las primitivas iglesias erigidas para el hijo del carpintero y su Dios apenas comenzaban a cubrir Europa y se transformaban poco a poco en catedrales. Ya era vieja cuando los guerreros del frío norte trajeron a sus Dioses de la guerra, dioses que hablaban del valor, de la sabiduría y del honor que suponía morir en la batalla para ser llevado al paraíso de los guerreros. Ya era anciana cuando Roma cambió sus muchos nombres en las tierras que iba conquistando por los de sus propias Diosas, sometidas a un Patriarcado que jamás pudo acabar del todo con ellas. Ya era eterna cuando los celtas la adoraban bajo sus múltiples rostros y sus múltiples nombres. Su culto contaba milenios cuando Inanna e Ishtar eran jóvenes en el Creciente Fértil y la humanidad comenzaba a escribir sus nombres en el barro. Era Reina de la Tierra cuando Isis y Osiris aún eran niños jugando a enamorarse y dirigir un Imperio. Era una anciana que miraba benevolente cómo en Creta las sacerdotisas  ofrecían miel en los altares de sus templos. Era inmortal cuando Gilgamesh buscaba el secreto de la vida eterna.

Mi Diosa es tan antigua como la Humanidad. Tanto como la Tierra. Tanto como el Universo. Tanto como la primera chispa que lo originó todo.

Su presencia eterna jamás ha abandonado este mundo y sus hijas jamás han dejado de rendirle culto. Desde hace miles de años, cuando nos internábamos en las profundidades de su cuerpo para pintar en las paredes de las cuevas sus símbolos sagrados y las escenas de la vida bajo su influencia, la sentíamos guiar nuestras manos y nuestros pies en la oscuridad de sus dominios. Cuando penetrábamos en su vientre para llevar a cabo rituales para la tribu, para viajar entre los mundos y presentarnos ante ella para pedir su guía y consejo. Para devolverle el cuerpo ya sin vida de aquellos que habían marchado, esperando que los acogiera en la muerte y preparase su regreso algún día. Cuando sellábamos aquellas pinturas, pactos que nos vinculaban a Ella, con la marca de nuestras manos. Manos de mujer.

Cuando creábamos en el barro y en la piedra sus imágenes hechas a nuestra propia semejanza cuando estábamos grávidas. Porque así la imaginábamos cuando la humanidad era joven y el mundo aún salvaje. Una mujer grande, de pechos amplios y caderas poderosas, preparada para mantener la vida que llevaba en su seno una vez llegara a ese mundo tan hostil y difícil. Una madre nutricia y dadora de dones, pero también cruel y destructora cuando era necesario. Cuando fluíamos con los ritmos de su corazón que latía en las profundidades de la tierra, creando un ciclo eterno de vida, muerte y renacimiento, y que aprendimos observando las semillas desde su gestación en las profundidades de la tierra, pasando por su nacimiento, su vida exuberante y su muerte final, cuando de nuevo se convertía en semilla que retornaría de la oscuridad de la tierra.

Su nombre cambió a medida que la Humanidad se fue extendiendo por una Tierra inhabitada y vasta. Su rostro también fue cambiando. Aprendimos que además de Madre también era una joven, una anciana y una hechicera y nos enseñó a contar el tiempo siguiendo su viaje en los cielos nocturnos. Celebramos con Ella su eterno ciclo en el que se unía  a  su Amante Sagrado y juntos creaban los frutos que nos alimentan. Acompañamos su duelo cuando su amado moría en un sacrificio que convertía su cuerpo en la vida de sus hijos y festejábamos con Ella su alegría cuando daba a luz al Niño Divino que volvería a convertirse en su consorte en la siguiente primavera.

Con el tiempo llegaron otros Dioses que no eran como el nuestro, el Señor Astado de los bosques que reina sobre las cosas salvajes y libres, sino Dioses extranjeros que hablaban de guerra y violencia, y los mitos nos cuentan cómo primero desplazaron a nuestro Dios como consortes de nuestra Diosa, después le robaron sus dones y finalmente la expulsaron y condenaron al olvido. O al menos lo intentaron.

Surgieron las religiones monoteístas, con un único Dios masculino, lejano y severo, y se impusieron en la mayoría del mundo convirtiéndolo en un lugar violento, en un lugar donde la sangre de millones de almas vertida en nombre de ese Dios abonaba los campos de la mayoría de los países. Aún lo hace.

Muchos siglos de terror y de hogueras, de desequilibrio entre mujeres y hombres, de miedo a la libertad y a disfrutar la vida en lugar de sufrirla, han pasado desde los días en que llamábamos a la Diosa en el amanecer de la historia de nuestra especie. Demasiado tiempo durante el cual la Humanidad ha perdido el camino, convirtiendo la risa en pecado, el baile y la alegría en actos reprobables y la magia en algo maligno. Un tiempo durante el cual hemos dejado a un lado el amor y la colaboración que nos hizo prosperar y lo hemos cambiado por la ambición, la competitividad y el odio.

Pero Ella sigue aquí, su presencia eterna, antigua y viva lo invade todo porque siempre lo ha sido todo. Y sus hijas la hemos recordado a lo largo de los siglos. Su recuerdo atávico ha pervivido en nosotras a través de generaciones. Las brujas hemos continuado manteniendo su herencia como guardianas de una verdad que ha perdurado en nuestro corazón a través de todas las épocas. Hemos continuado llamándola a pesar de los nuevos dioses, a pesar del dominio del Hombre, a pesar de castigos y prohibiciones, a pesar de nosotras mismas. Porque nuestra Diosa no habita en un lugar lejano y distante. Está aquí, en la tierra que pisamos y el aire que respiramos, en el agua que nos inunda por dentro, que fluye en nuestra sangre y que se derrama en nuestras lágrimas. En las células que dan vida y forma a toda la creación. Dentro de nosotras, indicándonos el camino y manteniendo a salvo su mensaje. Siempre ha estado aquí. Esperando que sus hijas dejen de ser unas pocas brujas valientes que la guardan en secreto para convertirse en millones que la traigan de nuevo a un mundo que le pertenece y que grita desde lo más profundo para que curen sus heridas.

Ella se despereza, despierta de su letargo porque siente que algo nuevo está llegando. En miles de lugares del globo las mujeres se reúnen para encontrarse a sí mismas, y en el proceso, encontrarla a Ella. Y Ella, que escucha las voces que se elevan llamándola por muchos de sus mil nombres, se despierta porque sabe que la Rueda de nuevo está girando  y llega una Era en la que las brujas ya no nos escondemos, ya no tememos mostrarnos a cara descubierta y abrir las puertas de su regreso. A lo largo del mundo la Hijas de la Diosa van recobrando la memoria y buscan encontrar Su nombre. Sus nombres.  Y para sentirla solo necesitamos volvernos hacia nosotras mismas y hacia cada una de las mujeres que caminan a nuestro lado.

Cuando necesito sentirla, cuando necesito verla, solo tengo que ponerme frente a un espejo,  buscar mis ojos en mi reflejo y sonreír, porque allí, en el fondo de mi mirada, Ella me devuelve la sonrisa y me recuerda que ha estado ahí desde el primer día de mi vida y que seguirá estando ahí todos y cada uno de los que me quedan. Mi Diosa me mira desde el centro mismo de mi alma y un conocimiento antiguo me inunda. A través de los tiempos, a través de los milenios que me separan de mis antepasadas, a través de las cientos de vidas de cada una de ellas y a través de mi y de mis hermanas, la Diosa de las brujas vuelve para reclamar su mundo.

El Tiempo ha llegado. La Diosa regresa.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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