La libertad de la bruja

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Fotograma del videoclip Walpurgisnacht del grupo Faun

 

Leemos a menudo en diversos medios, y yo también lo he dicho más de una vez, que la bruja es, ante todo, una mujer libre. Y sé que muchas pensaréis: ¿Cómo puedo yo ser libre si tengo una hipoteca que pagar, o unos hijos que dependen de mí o un trabajo al que estoy atada para pagar mis facturas? ¿Cómo puedo ser libre si no dispongo del dinero necesario para viajar, o para poder dedicarme a lo que me apasiona, o apenas tengo tiempo para dedicarlo a descubrir qué es lo que me apasiona? ¿Cómo puedo ser libre?,¿Cómo puedo ser bruja si no puedo ser libre?

Sé que la situación de muchas es ésta; una casa, una familia, un trabajo, facturas, obligaciones, compromisos… pero, ¿Qué hay de vuestra mente? ¿De vuestra imaginación? ¿De vuestras ideas y vuestro corazón? ¿Quién, salvo vosotras, decide en vuestro interior? ¿Quién puede deciros cómo tenéis que ser, cómo sentir, cómo opinar, quién ser? Nadie. Nadie, salvo vosotras.

Cuando cae la noche y todos duermen en casa, cuando dejo mi cama y bailo despacio en silencio al son de una música tenue y lenta, cuando muevo las caderas ondeando y elevo los brazos y me dejo llevar con los ojos cerrados en las horas de la madrugada, no hay nadie más libre que yo.

Cuando camino por el bosque abriéndome a la energía antigua de los árboles vetustos, al sonido de mis pasos sobre la hojarasca y a la caricia suave del sol en mi rostro, no hay nadie más libre que yo.

Cuando la luna llena ilumina la hoguera alrededor de la que bailo con mis brujas en las noches de Akelarre, no hay nadie más libre que yo.

Porque esa es la libertad de la que tanto se habla. Esa es la libertad de la bruja.

Una bruja es libre cuando decide que sus ideas son tan o más importantes que las de aquellos que la rodean. Es libre cuando sabe defenderlas de los ataques de otros. Cuando se atreve a tener opiniones propias, ajenas a las de su círculo familiar o más cercano. Cuando sabe que tiene derecho a tenerlas y expresarlas.

La bruja es libre desde el momento en el que decide tomar esa palabra para describirse a sí misma enfrentándose a siglos de desprecio, de acusaciones y castigos. Es libre cuando no ve otra opción que ser valiente si quiere sentirse orgullosa de sí misma y que presentarse ante el mundo como una bruja es lo único coherente con su identidad.

Es libre cuando por fin comprende que los juicios de otros no pueden herirla y sin embargo el juicio propio sí. No importa lo que opinen o hablen los demás de nosotras. Nunca nada será peor que saber que el miedo no nos permitió atrevernos a ser la mujer que queríamos ser. Una bruja es libre porque no sólo se atreve, es que no puede evitar ser quién es.

Una bruja es libre cuando a pesar de gastar sus horas en un trabajo desagradable pero necesario, es capaz de asumirlo y compensarlo haciendo que el resto de su tiempo sea inolvidable. Cuando el mundo parece oscuro y tedioso a su alrededor, pero ella sabe encontrar magia en cualquier momento y en cualquier lugar porque solo tiene que recordar que ella es la magia.

Una bruja es libre cuando se permite amar sin miedos y sin juegos, amar al mundo, a sus seres queridos, a ella misma. Sin mentiras, sin ficciones, sin traición. Es libre para poner su corazón en manos de quien ella decida, pero también para recuperarlo cuando lo crea necesario, sin malgastar años ni ilusiones prisionera en una relación sin futuro por miedo a la soledad o al qué dirán.

Una bruja es libre cuando construye mundos en su mente y abre puertas que la llevan a mil lugares sagrados nacidos en sus sueños.  Cuando cruza el velo que separa los mundos en cada ritual y viaja de formas que otros solo sueñan. Cuando sabe que, siendo solo una mujer, en ella se cruzan mil tiempos y mil mundos y la voz de millones de mujeres que habitaron la tierra antes que ella y que hoy le susurran a través de los millones de células que ellas le han legado.

La libertad no consiste en ser millonarias, o viajar constantemente por lugares exóticos, o tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos apetece a cada momento. Simplemente consiste en ser indomables en nuestro interior. En nunca rendirnos ante otros. En no ceder cuando sabemos que tenemos razón, en no permitir que nos hieran sin defendernos. En mantener nuestra identidad, aunque no sea del agrado de las personas que nos rodean. Consiste en no someternos para evitar confrontaciones, en atrevernos a pensar en nosotras mismas sin caer en la trampa de sentir que somos egoístas. En liberarnos del concepto de culpa que persigue a las mujeres desde hace tantos y tantos siglos.

La libertad de la bruja consiste en atreverte a ser distinta cuando lo distinto no está bien visto. En dar prioridad a tus sueños porque también tienes derecho. En no sentirte ridícula cuando otros se burlen, porque lo harán. En aceptar que nunca le vamos a gustar a todo el mundo y que habrá personas que no nos lo pondrán fácil. La libertad consiste en poder elegir tu camino, en permitirte tomar tus propias decisiones, en tomar las riendas de tu vida y hacerte responsable de tus aciertos, pero también de tus errores. En definitiva, consiste en la valentía de atreverte a ser quien eres le pese a quien le pese y a pesar de todo.

Por eso no te preocupes si no tienes tiempo, dinero o un pasaporte lleno de sellos. Cierra los ojos, mírate por dentro y vuela, piensa, imagina, crea y construye tu propia identidad. Conviértete en la mujer que sabes que puedes ser dejando a un lado el miedo y la vergüenza. Crea mundos, abre puertas, deja que tu magia brote de ti e inunde tu vida. Descubre el poder de permitirte ser libre y explora la inmensidad del universo que llevas dentro. Descubre que no hay nada más libre que el alma de una bruja,  porque ninguna cadena puede retener lo que es infinito y eterno.

Y lo único que te separa de esa libertad infinita y eterna, es atreverte a serlo.

 

Hyedra de Trivia

La ira de la bruja

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Imagen de autor desconocido

 

No suelo enfadarme. Es cierto que tengo un carácter fuerte, sí, pero creo que soy de trato agradable. Respeto mucho las decisiones de los demás y soy bastante tolerante. Por eso cuando me enfado, me enfado mucho. Porque hace falta mucho para hacer que yo explote, y hace falta que sea algo totalmente injusto o malvado para sacarme de mis casillas. Pero cuando esta bruja explota…

Y no soy la única. Conozco a muchas brujas amables, cariñosas, alegres y muy dulces que se transforman de forma radical cuando se enfadan. ¿Por qué? Puede que os preguntéis. Pues muy fácil, porque nos lo permitimos.

Así de fácil. Nos permitimos enfadarnos, gritar y defendernos porque sabemos que tenemos derecho a ello. Sabemos que tenemos derecho a enfadarnos si queremos, a quejarnos si nos da la gana y a luchar por nosotras mismas y por aquellos que queremos. Los días en los que una mujer debía permanecer calladita, sumisa y sin elevar la voz se han acabado para nosotras. Las damas no discuten, las damas no se enfrentan, las damas callan con elegancia. Pero ya no es época de elegancia, ni de damas. Tampoco de verduleras ni de mujeres vulgares.

La ira, el enfado, nuestra voz alzada nos pertenecen a todas. Mujeres de toda clase, condición, raza… simplemente personas que ya no tienen miedo de reivindicar sus derechos, aquello que  les parece justo, aunque pueda parecer una pequeñez. Ya no tenemos que callarnos.

Y las brujas hace mucho que lo sabemos y sabemos hacer que nuestra voz se oiga. Si has conseguido enfadar a una bruja, es mejor que te cuides…

Si has conseguido enfadarme preocúpate. Pero no me temas a mí. Yo no te odio, no te perseguiré ni te maldeciré. Yo no voy a hacerte daño. No. Pero has despertado unas energías que costará mucho volver a tener bajo control.

Has hecho que el fuego del que estoy hecha haga hervir mi sangre y arder en llamas mis emociones.  Has hecho que mis palabras quemen todo lo que encuentren a su paso, pero no te insultaré, no pretendo herirte. Sólo te diré verdades que te harán mirarte en mi espejo y no te gustará lo que veas. Conseguiré que te avergüences de ti mismo y será el mejor regalo que nadie podrá hacerte, porque, tal vez así, no volverás a herir los sentimientos de otros.

Has hecho que el agua de mis emociones se levante en olas que lo arrasarán todo a su paso. Olas de lágrimas de rabia que me limpiarán por dentro y después se volcarán sobre ti para que enfrentes lo que hay detrás de tus acciones. El miedo, la inseguridad, tu dolor reprimido que te hacen herir a otros. Si nadas en ellas o te hundes, depende de ti.

Has convertido el aire de mi mente en un vendaval, un huracán que va a arrollarte. Soplará sobre tus ideas dañinas y peligrosas y se las llevará lejos dejándote a solas con tus acciones pasadas. Si eres lo suficientemente valiente para enfrentarte a ellas y saber comprenderlas y evolucionar puede que aún puedas llegar a ser alguien que valga la pena.

Has conseguido que la tierra que me conforma se endurezca convirtiéndose en piedra dura con corazón de lava. Todos tus intentos de hacerme daño chocarán contra mí y rebotarán a ti. Te estrellarás contra mi voluntad de no doblegarme y eso puede provocar dos reacciones, o recrudeces tus intentos consiguiendo destrozarte en el intento o comprendes que el dolor que tú provocas te acabará destruyendo a ti al final. Es tu elección como afrontes la ira de una bruja.

Porque una vez que se nos ha pasado, la ira se convierte en indiferencia. Nunca volveremos a gastar un segundo de nuestra mágica vida en ti. Pero tú… quien se enfrenta a la ira de la bruja no vuelve a ser el mismo.

Si sabes ver la oportunidad que significa, si sabes aprovecharla, te convertirás en alguien diferente, más humilde y humano. Si eres capaz de ponerte en el lugar de aquellas personas a las que hieres y eres capaz de comprender que no tienes derecho a ello, podrás comenzar a sanarte por dentro.

Si no eres capaz de verlo, tu propia rabia, tu propia maldad te comerá por dentro. Y espero que eso nunca pase.

Porque yo no quiero que sufras.

Quiero que aprendas.

 

Hyedra de Trivia

 

 

Brujas debatiendo: Una bruja de cara al mundo

Reunión de brujas

Fotograma del film “El Crisol”

 

Esta es una de las novedades de las que os hablé. Aquí tendréis voz. A partir de ahora publicaré las nuevas entradas los lunes y los viernes los reservaré para vosotras. Cada viernes propondré un tema a debatir y podréis contar y exponer lo que queráis.

Y para inaugurar la sección se me ha ocurrido que podríamos hablar de cómo ha sido nuestra experiencia con nuestro entorno. Cuando nos presentamos como brujas ante el mundo, ¿Cómo han reaccionado? ¿Qué anécdotas podemos recordar? ¿Aún estáis en el armario de las escobas?

Contadme quiénes sois, cuál es vuestra tradición, cuál es vuestra historia. Este post es todo vuestro.

Recordad que es un debate, ante todo os pido respeto y empatía. Los comentarios groseros o insultantes no serán publicados.

Os cedo la palabra de bruja. Bienvenidas.

Hyedra de Trivia

Amar a una bruja

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Amar a una bruja no es fácil. Tal vez sea por ello que tantas de nosotras permanecen solas durante años sin elegirlo o sufren de relación en relación hasta que encuentran aquella en la que se sienten totalmente aceptadas. Amar a una bruja no es fácil porque a nadie le preparan para ello, y nadie  piensa que algún día se encontrará inmerso en una relación mágica, de verdad.

No es fácil porque traemos con nosotras el recuerdo de mil historias de amor anteriores y nuestro corazón late con la fuerza de mil vidas, así que la intensidad de nuestros sentimientos y lo que esperamos de los demás a veces asusta. No es sencillo porque lo que para otras mujeres son símbolos de amor, para nosotras son cadenas. Los sueños y ambiciones de otras, para nosotras son prisiones.  No es fácil porque esperamos que quien amamos sea mejor cada día, tal como lo esperamos de nosotras mismas.

Para atreverse a amar a una bruja hay que estar dispuesto a darle la vuelta a todo lo que creímos siempre que era el amor. Una bruja te querrá a su lado como cómplice, como compañero y amante compartiendo tres vidas. La tuya, la de ella y la que construiréis en común. Nunca alcanzarás del todo el centro de su corazón, porque ese lugar sólo le pertenece a ella. Una bruja nunca se entregará por completo a otra persona porque sabe que su verdadera esencia sólo es suya. Una bruja nunca perderá su identidad ni fingirá ser quien no es a cambio de amor. Lleva dentro los secretos del viento de la noche, el misterio de la luna en la mirada y el ritmo de la tierra en su corazón, ¿Cómo podría querer ser otra si ella ya lo es todo? Si un hombre no es capaz de ver la eternidad en la sonrisa de una bruja, nunca podrá comprender del todo la inmensidad de su amor.

Amar a una bruja removerá tu mundo, te despojará de años de ideas equivocadas y te hará enfrentarte con lo que se esconde en el fondo de ti mismo, te hará mirar a los ojos del espejo para descubrir qué es lo que ella ve cuando te mira. Te hará bailar al son de la melodía más antigua del mundo y te hará recordar que no es la primera vez que danzas esos pasos nunca olvidados y que no es la primera vida en la que la encuentras. Amar a una bruja te hará abrir la puerta a misterios que nunca imaginaste encontrar pero que siempre esperaste descubrir.

Cuando una bruja te ama conoces lo que es la plena confianza. Jamás te mentirá. Nunca te engañará porque sería como engañar y mentir a su propia alma. Si una de nosotras te ama, puedes sentirte afortunado porque no hay nada más limpio, desnudo y honesto que el amor de una bruja. Pero esperamos lo mismo. La mentira, el engaño, la traición… matarán todo sentimiento que pudiéramos tener por ti. Sufriremos y sentiremos un dolor profundo, pero sabemos cómo curarnos y continuar adelante.

Debes recordar que estamos conectadas con la tierra y sus ciclos, así que no siempre nos comportaremos igual. A veces el aire nos llevará de un proyecto a otro y resultará difícil seguirnos. A veces las ideas cruzarán tan rápido nuestra mente que sólo otra mente rápida y curiosa podrá seguir nuestra conversación. A veces el fuego hará que nos consumamos de pasión o estallemos como volcanes ante lo que consideremos injusto. Puede que nuestra furia sea difícil de enfrentar, porque no cualquiera puede medirse con la ira de una bruja.

A veces el agua nos sumergirá en épocas de silencio y melancolía, y parecerá aún más difícil alcanzarnos, pero cuando emerjamos del mar de nuestras emociones, te amaremos aún más porque nuestros sentimientos estarán aún más claros.  Otras  veces parecerá que la tierra nos hace preocuparnos más de lo habitual por lo material, pero sólo estaremos creando raíces profundas para poder asentar el hogar que creemos juntos  en el tiempo y el futuro.

Puede que alguna noche la bruja que amas no se quede a tu lado, pero allí donde esté, bailando bajo la luna llena o explorando la oscuridad de la luna oscura, estarás con ella. Porque cuando una bruja se enamora sabe que esa unión fue forjada por su alma y la tuya mucho tiempo antes de nacer, así que podrás estar seguro de que regresará a tu lado. Y lo hará más completa, más feliz, más bruja y más enamorada que antes.

Si amas a una bruja habrás elegido compartir tu vida con una persona libre que, desde su libertad, compartirá su mundo contigo. Por eso has de saber que si algún día ella deja de amarte, no habrá juegos ni mentiras. No habrá engaños.  Las brujas conocemos muy bien el poder del amor, la fuerza que otorga compartir la vida con alguien que te impulsa a ser tu mejor versión y atreverte a alcanzar tus sueños con la seguridad de que siempre habrá alguien que creerá en ti. Saberse amado en este mundo cada vez más solitario es un don que debemos cuidar y agradecer porque no está destinado a todos. Por eso, si alguna vez todo termina, el último acto de amor de una bruja será dejarte ir. Sólo así ambos podréis encontrar la felicidad y la vida deseada. Solos o acompañados.

Y tú, bruja, si has llegado a una época de tu vida en la que estás preparada para compartir tu camino con alguien, nunca escondas lo que eres a la persona que amas. Muestra tu alma, deja fluir tu magia y dile quién eres desde el primer momento. Sólo así sabrás que lo que estáis creando es real.

Si te ama, debe amarte entera.

Con todas tus vidas, con toda tu magia, con todos tus sueños.

Con todos los misterios de tu corazón de bruja.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Magia de Bruja

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Imagen: Sashah’s Spell de Emma Lazauski

Las velas iluminan levemente el claro del bosque. El incienso impregna tanto el aire como mi mente con un aroma especiado y el humo asciende transportando mi petición a la Diosa. Un pequeño fuego arde en el caldero y la luna llena asoma por el horizonte. El altar está preparado. Es la hora de la magia.

La magia. Todas hablamos de ella. La vivimos, la creamos, la sentimos. Estamos hechas de magia y basamos nuestra identidad como brujas sobre ella. Para algunas personas es un misterio, para otras algo complicado, una gran mayoría ni siquiera cree que exista. Pero para nosotras es lo que da vida al mundo y, además, sabemos que todas las personas somos mágicas.

Las partículas que forman cada elemento en este universo se mantienen unidas por una fuerza que emite una vibración. En nuestro planeta cada árbol, planta, animal, persona, piedra… todo, hasta la misma Tierra, vibra y esa vibración genera energía.  Pero no todo vibra igual. Hay distintas frecuencias y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, somos muy sensibles a los cambios de frecuencia.

A todos nos ha pasado que, al conocer a alguien, sentimos que conectamos de inmediato. O por el contrario, hay personas con las que nunca encajamos y aunque no hay nada en ellas que nos haga rechazarlas, lo cierto es que no estamos cómodos a su lado. Esto se debe a que vibramos en la misma frecuencia que ellas o en otra completamente opuesta.  Porque como ya habréis escuchado en muchos sitios, todo lo que vibra igual se atrae y lo contrario se repele. Y además, cada sentimiento, cada emoción, cada ámbito de la vida y lo que nos rodea, tiene su propia vibración. El amor, la salud, la prosperidad, el hogar, la familia, la amistad, la suerte, la felicidad… el odio, la envidia, la desesperanza, el miedo, el terror… cada uno vibra en una frecuencia determinada.

La magia consiste en cambiar voluntariamente nuestra propia vibración para que esté en la misma frecuencia de aquello que queramos atraer. Y para ello, usamos nuestra voluntad y otros elementos naturales que ya vibran así para ayudarnos. Mediante el trance y la visualización “engañamos” a nuestra mente haciéndole creer que ya tiene aquello que desea, y potenciamos la sensación con palabras, melodías, hierbas, piedras, colores y olores que vibran como lo que deseamos.  Por eso hay hierbas, minerales, inciensos y velas específicas para el amor, la suerte, la sanación, la limpieza espiritual… palabras que forman hechizos…lo que se ha llamado desde siempre magia simpática.

Todos cambiamos nuestra vibración a menudo sin ser conscientes de ello. Sabemos que determinada canción nos alegra cuando tenemos un mal día, decimos que nos da energía… Sabemos qué película nos provoca una carcajada cuando estamos decaídos o con qué amigo hablar según nuestro estado de ánimo… También sabemos que determinados momentos del día o del año nos hacen sentir de una manera especial. El amanecer nos hace sentir esperanza, porque hace que todo vibre en la frecuencia de las cosas nuevas, de todo lo que empieza. El atardecer nos vuelve reflexivos y nostálgicos, porque vibra en la frecuencia de lo que acaba de forma tranquila y el descanso.  Nos vestimos de un color u otro según nuestro humor y preferimos lugares según nuestras emociones. Todo ello altera nuestra vibración.

Si nos ocurren cosas malas y nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza, acabaremos atrayendo más sucesos que vibren igual. Y es entonces cuando hablaremos de mala suerte, o mal de ojo. Los casos de mal de ojo son muchísimo menos numerosos de lo que la gente piensa y las rachas de mala suerte casi siempre son casos de vibraciones en frecuencias perjudiciales, y que además se convierten en círculos viciosos porque cada vez nos sentimos peor y eso hace más difícil conseguir cambiar la vibración.

Pero hay ocasiones en los que la magia no funciona. Por muchos hechizos que hagamos para conseguir lo que necesitamos, por mucho que  tratemos de influir en la vibración, hay veces en las que no hay manera de que funcione. Eso no quiere decir que lo estemos haciendo mal o que la magia no exista. Es simplemente que no debemos conseguirlo. Cada una de nosotras ha nacido con una misión vital, una lección que hemos venido a aprender. Si lo que queremos atraer con la magia va en contra de esa lección o nos aleja de nuestra misión, simplemente no sucederá. Esa vibración en concreto estará bloqueada para nosotras.  Imaginad que habéis venido a esta vida para aprender el valor de lo sencillo y de las cosas pequeñas. Por muchos hechizos de abundancia y prosperidad que hagáis jamás funcionarán, nunca seréis ricas porque la vibración de la riqueza está bloqueada para vosotras. Al menos en esta vida.

Y esto nos lleva a la regla de oro de las brujas. Nunca, jamás, por nada del mundo se debe hacer magia para influir en la voluntad o cambiar la vibración de otra persona. Nunca. Es su energía, forma parte de esa persona tanto como su cuerpo. Tratar de influir en ella para imponer nuestros deseos es una violación. Ni siquiera para hacer algo en su beneficio. Ni para hacer rituales de sanación. Si nos preocupamos por alguien y queremos beneficiarle con nuestra magia, lo primero que haremos será pedir permiso. Sin su permiso no hay nada que hacer. Y esto incluye al amor. Si tienes que obligar a alguien a que te quiera, eso ya no es amor. Es dominación, tozudez, egoísmo… y así serán las vibraciones que provoques, por lo que nunca encontrarás amor de verdad y lo que obtengas no merecerá la pena porque no te hará feliz. Ni a ti, ni a la persona que dices amar.

La magia es un regalo. Una más de las habilidades naturales del ser humano y que nos conecta con todo lo que nos rodea. La magia nos ayuda a comprender que formamos parte de un todo eterno, infinito, que compone una melodía que nos envuelve a todos y nos hace bailar al ritmo de la vida. Cómo sea tu tonada, cómo vibre tu canción, depende de cómo decidas vivir.

En mi hechizo, cierro los ojos y respiro profundamente mientras mi identidad eterna recuerda quién es y se centra en su lugar en el mundo, entre el cielo y la tierra. Entre lo que es arriba y abajo. Entre este mundo y el otro, donde ocurren los milagros.  Cuando me siento una con la creación, dibujo el círculo a mi alrededor y llamo a los cuatro elementos para que su energía complemente a la mía en esta noche de magia y sueños.  Y en el centro, evoco en mi interior a la Señora de la Vida y la Muerte, a la Gran Diosa de la brujas para recordar que su poder es el mío y fluye por mi piel hasta la punta de mis dedos.

Las imágenes de mi futuro en el que he conseguido mi objetivo no abandonan mi mente mientras cargo con ese poder los objetos que voy a usar. “Visto” las velas de colores con aceite acariciándolas con mis dedos mientras me veo feliz. Encanto las hierbas que necesito con rimas sobre su poder. Despierto el poder de las piedras cobijándolas en mis manos mientras les susurro bajito lo que necesito de ellas. Concentro todo el objetivo de este hechizo en una sola palabra que primero es sólo un murmullo. Me mezco suavemente mientras la palabra se convierte en una especie de cántico y caigo en un pequeño trance. Me dibujo a mí misma en un papel tal como seré en ese futuro con el hechizo cumplido, lo cubro con pellizcos de las hierbas encantadas y lo doblo. El cántico aumenta de ritmo y de volumen. Prendo el papel en la llama de las velas encendidas y arrojo el dibujo al fuego transformador acompañado de más puñados de hierbas. Mientras arde, comienzo una danza alrededor del caldero y la luna llena cada vez asciende más alto, bañándome con su luz de plata al tiempo que mi voz se convierte en un grito y mi danza alcanza su punto más frenético. Y finalmente, con un último giro y un grito final, la energía me abandona para fundirse con el universo y comenzar a trabajar en ese futuro imaginado que acabo de crear. Agotada, descanso en el suelo mientras mi corazón recupera su ritmo y mi respiración se acompasa con el ritmo de la tierra. Lento y profundo.

La magia está hecha.

Acerca tus manos, frótalas y siente el cosquilleo en tus palmas y tus dedos. Ese calor que emana de ellas, esa energía, es tu magia. Es la vibración que las partículas que te conforman emiten en su trabajo de mantenerse unidas. Practica con ella, conócela, trata de cambiar la frecuencia en la que brota al exterior. Y comienza a hacerlo con el hechizo más sencillo pero que es capaz de cambiar el mundo.

Simplemente sonríe, bruja.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Bruja y Loba

Enchanted forest Author: J-u-d-a-s j-u-d-a-s.deviantart.com

Enchanted forest
Author: J-u-d-a-s
j-u-d-a-s.deviantart.com

Desde el principio de nuestra Historia, los chamanes de todas las culturas han sabido que los seres humanos tienen una parte animal. Somos humanos, primates, pero también tenemos una pizca de alma animal con nosotros que determina parte de nuestro carácter y nuestra misión en la vida. En las pinturas rupestres, desde las más antiguas, estos chamanes y chamanas aparecen representados en parte persona y en parte animal. Los nativos americanos lo llamaron Totem, y con ese nombre es como se le conoce en casi todo el mundo.

Creo que no será ninguna sorpresa si os cuento que mi Totem es el lobo. En concreto, una loba blanca ártica.  Y digo que no será ninguna sorpresa porque muchas de las brujas que conozco son lobas. Muchas hablamos de la manada, de aullar juntas a la luna. Equiparamos el arquetipo de la Mujer Salvaje con una loba y uno de los libros que mejor explica cómo funciona el alma femenina es “Mujeres que corren con los lobos”. Pero esto no quiere decir que para ser bruja tu tótem tenga que ser obligatoriamente un lobo. No. Conozco a brujas cuervo, brujas gatas, leonas, panteras, yeguas…

Mi historia con mi loba no comenzó bien. Soy un ser de agua. De pequeña me sentía muy identificada con los delfines y, como ya comenté una vez, estuve una temporada obsesionada con las sirenas. Me veía a mi misma nadando en el mar una noche de luna llena en la que me saldrían aletas y me sumergiría en las profundidades en busca de una ciudad secreta, donde sirenas y tritones me darían la bienvenida entre ellos y viviría feliz por siempre jamás. Entre algas, navíos naufragados y misteriosos mundos submarinos.

Pero también me fascinaban los gatos, el familiar de las brujas por excelencia. Sobre todo los negros con ojos verdes, mágicos e hipnóticos. Y los caballos, corriendo libres por las praderas con sus cabelleras al viento. Y cómo no, Pegaso. Y los unicornios… ¿qué nos pasa a las niñas con los unicornios? Una noche de verano en el pueblo costero del sur donde solía veranear, mis padres nos llevaron a mi hermano y a mí a ver una película. Se llamaba “El último unicornio”, basada en la novela homónima de Peter S. Beagle. No sé cuantos años tendría, creo que apenas cuatro o cinco, pero me impactó de tal manera que jamás la he olvidado y cuando surgieron las descargas en internet, fue la primera película que busqué. Cuando la volví a ver, siendo ya una mujer adulta, no había perdido ni un ápice de su magia. Es una película que te hechiza el alma, tal vez porque habla de la soledad, del amor perdido, de tratar de conservar a toda costa la última chispa de magia. Cuando tiempo después vi la escena de los unicornios en la película “Legend”, mi enamoramiento ya estuvo sentenciado.

Por eso, cuando descubrí la existencia de los tótem y decidí buscar el mío, estaba absolutamente convencida de que sería un delfín, un gato o un caballo. No concebía ninguna otra opción. Y como no podía ser de otra forma, cuando tienes la mente tan cerrada, me llevé un chasco tremendo.

Hay varias formas de contactar con tu tótem, sueños, rituales, meditaciones guiadas, viajes mediante el uso de sustancias psicotrópicas… Yo elegí un ritual que reunía varias de estas prácticas. Consistía en una especie de meditación frente al espejo, invocando a tu animal interior. Esperé a la madrugada para estar tranquila, me encerré en el baño y encendí una vela y un poco de incienso. Respiré profundamente y poco a poco fui entrando en un ligero trance mirando fijamente a los ojos de mi reflejo. No sé cuanto tiempo pasó, pero en un momento dado comencé a ver algo. Mi rostro cambiaba, era el mismo pero algo parecía superponerse. Me fui extrañando porque no se parecía en nada a lo que yo esperaba ver, había mucho pelo, un hocico alargado, ojos penetrantes… Apagué la vela y me fui a la cama bastante confusa.  Y también algo enfadada. Un lobo… Ni siquiera se me había ocurrido la posibilidad. Al día siguiente repetí el ritual obteniendo el mismo resultado. Un lobo.

No conocía mucho sobre ellos, sabía lo básico, lo que había visto en televisión y leído en los cuentos. Pero comencé a investigarlos y me fui reconciliando con la idea de que mi alma animal fuera uno de ellos. Descubrí su nobleza, su inteligencia, su gran parecido con el ser humano. Son monógamos y la leyenda cuenta que si pierden a su pareja se quedan solos toda la vida… Al igual que las personas, pueden vivir en comunidad o ser solitarios.

Las antiguas culturas consideran al Lobo como el Gran Maestro. Se asocia a la sabiduría y el autoconocimiento. Por eso ahora, después de años caminando como una loba humana, sólo puedo darle las gracias por haberme elegido. Hoy sé que no querría ser otra cosa, ni el alegre delfín, ni el mágico gato, ni el orgulloso caballo con toda su libertad. Me quedo con la sabiduría, la nobleza y la fidelidad del lobo. Y su primera gran lección fue que, a veces, lo mejor para nosotros no es lo que más nos gusta. A veces lo que rechazamos es lo que más necesitamos.

Para mí, sentir cómo mi loba se despereza y agita durante las noches, cómo me hace sentir la magia que despierta tras el ocaso, como se estremece de placer al sentir el frescor de la madrugada, no tiene comparación. La siento crecer y siento su espíritu que me pide que le permita salir y correr, que corramos juntas a través del bosque atravesando colinas, senderos y ríos, correr sintiendo el viento en la cara y seguir corriendo hasta alcanzar el final del camino, donde nos espera Ella, brillante, plateada, imposiblemente bella en la lejanía. Ella, que cada noche nos llama clamando a nuestra sangre que le pertenece, que nos baña de poder penetrando en nuestra alma pagana tan profundamente que  cada nuevo ciclo firmamos un pacto de eternidad con ella. Nos inunda con una alegría tan salvaje que solo podemos expresarla desbordandola en aullidos de felicidad y nostalgia. Felicidad simplemente por ser, nostalgia por tantas veces que fuimos.

Mi loba venera a la noche, a la tierra, a la luna. Y yo venero a la loba que soy, porque ella me enseña el camino de la sabiduría.

Me guía en la misión de mi vida, ser lo que ella ya es.

Mi Gran Maestra.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Contacto

hyedra.deduir@yahoo.es
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