No te rindas, bruja

 

A veces me escribís y me abrís vuestras almas. Me habláis de la soledad que sentís en vuestras vidas. De la incomprensión de aquellos que os rodean y de lo mucho que echáis en falta otras como vosotras. Me contáis que, en las largas noches de insomnio, lloráis por vuestro corazón roto a base de rechazos, de crueldad, de incomprensión y de todas las traiciones de personas a las que queríais y en quienes confiabais. Muchas veces decimos que ser bruja no es fácil, porque a la visión que tienen los demás de nosotras y lo difícil que es conocer a gente que nos comprenda, hay que añadir el hecho de nuestra extrema sensibilidad y el dolor que nos provocan sucesos y hechos que para otros son simples anécdotas.

Es cierto que en nuestra juventud atravesamos momentos muy duros y difíciles, pero a veces dejamos que esos momentos se extiendan en el tiempo y llegamos a la edad adulta sin saber ser felices porque no sabemos a qué o a quién aferrarnos para alcanzar esa felicidad. Hace muchos años yo pasé por lo mismo. Nunca mentí sobre mí misma, nunca escondí que era una bruja, y aunque fui más afortunada que otras, no me libré de ciertos hechos que me hicieron mucho daño. Hace poco encontré un texto que escribí hace muchos años, aunque ya no era una niña, y que hablaba de un suceso que fue determinante para mí y para mi forma de ver la vida. Fue algo que me ocurrió una noche y que duró sólo un segundo, un segundo eterno que me cambió por dentro y por fuera. Que cambió mi vida. El texto que escribí para no olvidarlo nunca, fue este:

“Anoche me rendí. No fue una noche especial. Ni más fría ni más triste que otras noches. Ni fue un momento especialmente doloroso ni en el que sufría más que en otros momentos.

Pero sucedió.

Escuchaba la radio, como cada noche, y una voz hablaba de atentados en los que han muerto muchas personas. No dijo nada que no se hubiera dicho antes y las lágrimas que se me escaparon no fueron distintas de las muchas que se me han escapado antes por este tema. Pero, súbitamente, me invadió una calma extraña, oscura. Todos mis músculos se relajaron y las lágrimas dejaron de fluir. Dejé de sentir, de esperar nada, de ser yo. Y mientras me sentía caer, mientras notaba cómo me hundía físicamente en el colchón, pensé lo fácil que sería no volver a levantarme nunca de mi cama. No volver a hablar con nadie, ni a escuchar a nada ni a nadie. No volver a leer un libro, abandonar mis sueños, mi magia, mis creencias, mis amigos, mis sentimientos por quien amo… No volver a sufrir jamás por nada ni por nadie. Simplemente quedarme allí, en mi cama. Sin pensar, sin sentir. Hundirme en mi mente y no regresar jamás a un mundo al que no le importará nunca que me haya ido. Aunque permanezca allí.

Sólo fue un segundo. Un único instante. Pero fue aterrador. Porque por primera vez en mucho tiempo me sentí bien. Tranquila. Descansando de la vorágine emocional que es mi vida y completamente tentada a hacerlo perdurar para siempre. Por primera vez en muchos años estaba en calma. Una calma fría e indiferente. La calma de un alma que ha muerto al mundo. La oscuridad me pareció cálida y reconfortante, la soledad lo único que ansiaba, el silencio eterno la paz que pocas veces encuentro. La apatía hacia los demás el mejor bálsamo a la pregunta que siempre me ronda el corazón: ¿Me amará alguien algún día por lo que soy?

Ya no me importaba la respuesta. Porque durante ese segundo, supe que podía elegir. Podía cerrar mi corazón, mi mente y mi alma y no volver a sentir nada por nadie. Que existe ese interruptor en el fondo de nosotros que nos desconecta de la humanidad, y que podemos activarlo a voluntad. Y que no es un sufrimiento extremo el que nos acerca a él, sino un dolor sordo, latente, constante. Una leve tristeza crónica que nunca abandona nuestros gestos. Una larga existencia de buscar y no encontrar. Un agotamiento tenue y continuo que va minando nuestras fuerzas tan lentamente que no nos percatamos de que, en cualquier momento, ese botón que lo para todo será lo único que ocupe todo nuestro ser.

Y yo apreté el botón, y todo quedó en calma. Muerto.

No sé qué ocurrió al cabo de ese segundo. No sé qué parte de mi tuvo la fuerza que me hizo falta para volver a activar mi esperanza. No sé de dónde viene esa voz que me susurró, tan lejos que apenas pude oírla, seguirás luchando, porque has nacido para luchar.

Pero la oí. Y tuve la fuerza.

Pero aún no sé si me alegro o me arrepiento, porque no sé si significa que siempre tendré que luchar por algo, que nunca podré descansar. Si puede volver a suceder y la próxima vez no tenga tiempo de regresar.  ¿Y si la próxima vez no quiero regresar?

Ahora sé que es muy fácil dejar de ser humano. Dejar de tener alma. Devolverla al lugar del que sea que proviene y limitarse a existir por existir. Y me pregunto cuantas de nosotras hemos estado a punto de caer en ese estado tan insensible, esa paz mental tan parecida a la paz de la muerte.

El no volver a levantarse por nada, no alzar mi voz nunca más en contra ni a favor de nada. Dejar que todo pase de largo y limitarme a respirar para seguir siendo nada. Porque ahora sé lo que es la nada. Y lo invade todo.

Me gustó. Me sedujo y me dejé seducir. Porque estoy cansada y no encuentro un momento de respiro. Porque tal vez sea necesario un motivo para luchar y no baste el haber nacido luchadora. Y durante ese segundo eterno, maravilloso, espeluznante, tranquilo y aterrador, comprendí que parte de mí no tiene ningún motivo para luchar. Que no me importó nada dejar de lado todo lo que, hasta ahora, había considerado importante para mí. Porque en ese momento, ni siquiera yo misma me importaba.

Pero estoy aquí. Pude regresar. Así que debe haber algo que aún me importa. Algo que no veo, que no soy yo, ni mi vida. Algo de lo que no soy consciente ni tiene nombre todavía, pero lo suficientemente fuerte para que me inmole voluntariamente a los dioses de la tristeza y el dolor. Sea lo que sea, espero descubrirlo antes de que ese segundo vuelva y se convierta en toda una vida, sin vida.”

 

Afortunadamente lo descubrí. Y era lo suficientemente fuerte para enfrentarme al mundo por ello y seguir luchando todos los días de mi vida si hacía falta. Ese algo que me hizo regresar al mundo tenía un nombre y yo había estado equivocada porque siempre lo había tenido delante y no había conseguido verlo.  Ese algo era Yo.

A partir de ese día comencé a reconocer mi poder y aunque siempre he tenido que luchar en un sentido u otro, cada batalla me dio más fuerza. Cada batalla me hizo más resistente. Mis sentimientos son los que me hacen humana. Mis emociones son lo que me dan vida. Mi capacidad de sentir lo que me rodea es lo que me hace bruja.

Pero me pregunto cuántas no encuentran nunca una razón para continuar. Cuantas de nosotras se dejan vencer por esa tristeza tan profunda que a veces no sabemos que la sentimos hasta que es demasiado tarde. Cuantas de nosotras una noche, sin saber por qué ni cómo, simplemente se rinden y dejan todo atrás. Su esperanza, su magia, su alegría. Su alma de bruja que puede cambiar el mundo, sin llegar a saberlo.

Y cuantas de vosotras estáis ahí, justo en el límite, justo en ese momento en el que puede que no haya vuelta atrás. Pero yo os pido que no os rindáis. No apretéis el botón. Sé que a veces parece que este mundo nos rechaza, que no encajamos en estos tiempos que valoran más lo que tienes o lo que pareces que lo que verdaderamente eres. A veces sentimos que somos restos de una época perdida y que nuestro tiempo acabó hace ya mucho. Que a ojos de otros solo somos una locas, o ingenuas o unas pobres niñas perdidas. Pero no es cierto. Nosotras, y la gente como nosotras, somos ahora la esperanza que le queda a este planeta. Somos nosotras, junto con el resto de personas que aman la tierra, el futuro que le queda a nuestra especie. Por eso, cada vez que algo haga sangrar tu corazón, piensa que esa sangre es la que riega tu esperanza.  Eso que ahora os duele, la pena, la tristeza que ahora sentís, la extrema sensibilidad… son las fuentes de vuestro poder de una bruja. Sólo quien conoce el sufrimiento sabe el verdadero valor de la felicidad. Sólo quien lo ha perdido todo, sabe valorar cada pequeña esperanza. Por eso, no neguéis quienes sois, no deis la espalda a todas esas experiencias que os hieren. Buscad en vosotras mismas la razón por la que continuar luchando. Porque las brujas no se rinden. Y si lo hacen, es sólo para tomar aliento, levantarse y continuar luchando por su futuro, por sí mismas, por su felicidad. Os aseguro que todo pasa, pero sólo si vosotras permitís que pase y no os aferráis a ello.

Cuando sientas que no puedes más, que ni una molécula de ti puede continuar adelante, levántate, mírate en el espejo y sonríe. Tienes delante lo que hará que tu vida merezca la pena. Respira hondo, levanta la mirada y continua, bruja. Sé un ejemplo de lo que verdaderamente importa, porque sanándote a ti misma, puedes ayudar a sanar a otras. Y ya hay demasiadas almas muertas caminando por la tierra.

No aprietes el botón. No te rindas, bruja.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

 

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Esa clase de brujas

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No me busques cuando necesites atar a ti a una persona contra su voluntad y su amor. Si sientes tal pasión que estás dispuesta a pisar sobre su libertad y sobre su derecho a elegir a quién ama, no me busques.

No me busques si quieres retener a un amor muerto, si quieres que regrese quien un día se marchó porque había llegado su momento. Si quieres que renuncie a sus sueños futuros por quedarse a tu lado en su tristeza.

No me busques si para tener lo que deseas quieres romper un vínculo sagrado formado por otros amantes, si quieres separar corazones por capricho del tuyo, helado. Si crees que tu deseo es más fuerte que el amor de otros, no me busques.

No me busques cuando tus ansias de atención exijan las noches de insomnio de otros, cuando necesites habitar una mente sin descanso, cuando reclames cada latido de un corazón que no nació para latir por ti. Cuando pidas que otro te ame hasta el punto de dar su vida por ti mientras tú no respetas su existencia.

No me busques para vengarte por afrentas o despechos con los que no has sabido lidiar, para cerrar caminos, para cegar corazones, para causar sufrimiento a cambio de orgullo. No me busques cuando en lugar de la sabiduría escojas la violencia.

No me busques para enterrar tu dignidad en un amor forzado, creado por hechizos malditos que convierten a personas en esclavas. Que ponen cadenas en aquellos destinados a otros brazos. No me busques cuando tu falta de amor por ti, te haga conformarte con migajas robadas.

No me busques cuando envidies los pasos de otros y quieras cambiarlos por los tuyos, no me busques cuando quieras destruir, apropiarte y suplantar el lugar de otros en el mundo. No me busques si otras vidas te parecen mejores que las tuyas y tu odio demande su desgracia.

No me busques cuando rechaces las oportunidades que se te han dado, cuando te conviertas en odio inútil, en envidia sangrante, en alguien sin esperanza. Cuando tus deseos te arrastren hacia los actos más viles, la esclavitud de quien dices amar, la violación de su espíritu, tu tiranía sobre decisiones de otros y la destrucción de pactos ajenos.

No me busques cuando tu propia alma esté sucia, enfangada por tus deseos y tu amor envenenado. No me busques para que mi magia te ayude a cumplir tus deseos de persona perdida y desesperada.

No. No me busques para destruir tu dignidad de mujer, porque no soy esa clase de bruja.

Búscame cuando quieras recordar la grandeza de un alma humana. Cuando quieras aprender a seguir las huellas de la Diosa en los caminos de la Historia.

Búscame cuando necesites recordar que tú misma ya eres magia y quieras encontrar el camino de vuelta a Ella. Búscame cuando quieras desplegar tus alas y volar en la libertad del viento mientras tu corazón recuerda que el amor más grande es el que nace por su propia voluntad. Cuando quieras encontrar tu lugar entre las criaturas de la naturaleza y descubrir que estás hecha de esperanza.

Búscame cuando te sientas valiente para bajar al centro de tus Sombras y te preste mi voz para guiarte de vuelta. Cuando quieras amar al reflejo del espejo y no temer a quién te devuelve la mirada, esa parte de ti que sabe… que viaja entre mundos, entre tiempos, entre velos.

Búscame cuando decidas tomar las riendas de tu vida, de tus sueños, de tus decisiones y fracasos. Cuando quieras aprender a bailar con las mareas de la luna y recuperar tu poder de mujer de bosque, de piedra, de corrientes y montañas. Cuando sueñes con el conocimiento que un día fue nuestro.

Búscame cuando quieras ser tan libre, que lo primero para ti sea la libertad de otros. Cuando quieras amarte tanto y tan fuerte, que nunca aceptarás caricias falsas, amores prestados, abrazos distantes. Cuando quieras descubrir lo que se esconde en los umbrales y las fuerzas que puede crear tu voluntad.

Búscame cuando sientas que quieres re encontrarte con el misterio que eres, mujer, y ayudar a otras a recordarlo. Cuando quieras despertar al animal salvaje que dormita en tu interior. Cuando quieras recorrer el antiguo camino de las sabias que vivieron antes que nosotras y perpetuar su legado. Cuando necesites hundir tus raíces en lo profundo de la tierra y extender tus brazos hacia las estrellas.

Búscame. Búscame entonces, porque soy de esa clase de brujas.

Hyedra de Trivia

Encontrando el camino

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Muchas de vosotras me escribís y me preguntáis cómo podéis saber cuál es vuestro camino. Saber si estáis en el lugar en el que tenéis que estar, en el sitio para el que habéis nacido, el momento de vuestra vida para el que lleváis años preparándoos. Nadie mejor que vosotras puede saberlo. Nadie puede deciros cual es vuestro camino salvo vosotras

En este mundo, lleno de tradiciones distintas al alcance, con Dioses con todo tipo de nombres en todo tipo de idiomas y en todo tipo de lugares, y con Diosas que nos recuerdan que venimos de una sociedad muy antigua donde la cultura era distinta y el orden jerárquico y social también era distinto, solo tenemos que acallar nuestra mente y dejar que nuestro corazón responda. A veces hay palabras que pasan por nosotras como si no tuvieran significado, apenas un conjunto de sílabas, apenas algo para designar nombres que no nos hacen sentir nada. Y sin embargo hay otras… a lo mejor una forma de unir los sonidos, a lo mejor un idioma que ni siquiera conocemos pero nos hace sentir nostalgia, o nombres más nuestros que los que nos impusieron al nacer, hacen que algo en nosotras responda. Otras veces una nota de música, o una simple tonada, nos hacen llorar de alegría o de tristeza. A veces un paisaje, a veces el nombre de una deidad casi olvidada, de una cultura apenas recordada. A veces la mirada de otra persona con la que nos cruzamos en la vida, de la que no sabemos nada y de la que nunca más volveremos a saber nada. Pero el momento en el que nos cruzamos, el momento en el que nos miramos, se abre un mundo, se abre una puerta a otras vidas, a otras historias, a otros pasados y casi, por un instante, podemos recordar quién fuimos en todas y cada una de nuestras vidas.

Cuando sientes que estás en el punto de tu vida en el que todo está en tus manos, donde eres tú la que controla las riendas, la que decide. Cuando las enseñanzas que recibes o encuentras despiertan recuerdos dormidos en ti. Cuando te sientes por fin en casa, ese es tu camino. Cuando percibas que no es la primera vez que haces algo y además recuerdes casi con facilidad las otras veces que lo hiciste, en ese momento sabrás que estás en la senda adecuada.

Y es bueno que sepáis que esa senda no es una sola vía, recta y sin bifurcaciones. Hay senderos que se cruzan, hay pasos, hay atajos. A veces simplemente se adivinan, otros son muy claros por todos los pies que los han caminado antes. A veces nos damos la vuelta y no encontramos el camino por el que vinimos, y a veces miramos hacia delante y tampoco somos capaces de vislumbrar alguna vereda por la que avanzar, pero, en estos casos cuando no encontramos ningún camino a seguir, el mensaje es muy claro: nosotras debemos hacerlo.  Son nuestros pies, al avanzar uno delante del otro, los que abren el camino. Y lo crean. Tal vez para que lo sigan otros, tal vez solo para nuestros pasos, pero el conocimiento de hacia donde debemos dirigirnos y por dónde, siempre está en nosotras.

Me preguntáis si el camino de la bruja es para vosotras. No lo sé. Hay muchos caminos de la bruja, hay muchas formas de ser bruja, hay muchas brujas que ni siquiera saben que lo son. No puedo decirte si ese es tu camino, no puedo decirte si estás en él, o si no lo estás, o si lo estarás un tiempo para luego tomar otro, o si has llegado a él para quedarte. Eso es algo que sólo puedes saber tú. De todas formas, tampoco es importante conocer ahora cuál es tu camino, lo importante es saber que está ahí, lo importante es saber que, mañana, tomes la dirección que tomes, el camino se abrirá a tus pies y que, cuando sea el tuyo, lo reconocerás sin dudarlo.

Yo imagino que atravieso un bosque, mi vida es un bosque, hay senderos que se pierden entre los árboles que parten del camino principal que es mi existencia. En el horizonte siempre está Ella, la Gran Madre. Detrás de mí, el origen de mis pasos también se pierde en Ella. Y a lo largo de ese camino me encuentro a personas, me encuentro objetos, vivencias y experiencias rodeadas de magia, porque la magia brota de mi e impregna todo lo que me rodea haciéndolo especial y único, haciéndolo mío.

De vez en cuando tomo un sendero diferente que se pierde entre la floresta y abandono la vía principal, pero una vez lo he abandonado y he optado por seguir otro, ese se convierte en el camino principal de mi vida. Volveré a abandonarlo más adelante, tal vez incluso alguna vez tome un recodo que me lleve de nuevo al camino original. A veces acabaré tan lejos de aquel antiguo primer sendero que apenas será un recuerdo, casi ni sabré si alguna vez caminé de verdad por él o fue solamente un sueño.

Lo único que sé con seguridad es que no me detendré mucho tiempo. La única opción que el camino no nos permite es estar quietas, porque cuando nos detenemos y dejamos de avanzar, el camino desaparece. Y entonces es el miedo, la indecisión, la desconfianza lo que nos mantiene prisioneras.

No necesitamos grandes fortunas para recorrer nuestros caminos, no necesitamos la compañía de otros o su permiso, ni que aprueben la dirección de nuestros pasos. Sólo necesitamos nuestra voluntad y nuestros pies. Cuando lleguemos a alguna intersección, a alguna encrucijada, sólo tenemos que respirar hondo, acallar la mente y confiar en nuestro instinto. Y elegir aquel que no podemos dejar de mirar.

Si algún día te sientes incomoda, si al caminar te encuentras con demasiados obstáculos que te quitan más de lo que te dan, si sientes como si unas garras intentasen aferrar tus tobillos, tus ropas, tus cabellos para impedir que avances. Si al mirar hacia el horizonte de esa senda solo ves un futuro negro, oscuro y desolador, entonces sabrás que no es el tuyo. Toma el primer sendero que salga, la primera salida que veas, aunque no haya una vía visible marcada en el suelo, y escapa. Escapa hasta que encuentres el tuyo.

También puede ocurrir que sientas la llamada de muchos. Puede que seas una buscadora, una creadora de mapas de caminos mágicos. Puede que un día estés en uno, y al día siguiente en otro y al día siguiente en otro distinto para descubrir que has creado un nuevo camino propio, con un relieve marcado por muchos paisajes, por muchas compañías, por muchas enseñanzas… Tal vez al llegar a la vejez permanezcas sólo en uno, o tal vez continúes siempre así, buscando en distintos senderos. Pero si hay algo que he aprendido sobre los caminos por los que transitamos en nuestra vida, es que las huellas que dejamos en ellos son eternas, aunque siempre soñemos con aquellas que aún no hemos marcado en la arena.

Por eso, si quieres saber si el camino por el que avanzas ahora es el tuyo, el que te corresponde, observa si tus pies encajan en las huellas que ya te encuentras marcadas, si ya lo recorriste en otras vidas. Observa cómo te sientes en él. Observa si cuando escuchas las antiguas palabras que le pertenecen, los antiguos nombres de las Divinidades y de los seres y energías que lo habitan, tu alma salta en tu interior, se alza y baila de alegría por el reconocimiento. Si sientes que, tras vagar durante años (y puede que vidas), por fin estás en casa, si sientes que por fin has regresado, ese es tu camino.

Si no te imaginas caminando en cualquier otro por mucho que te ofrezca y no cambiarías ninguna de sus curvas, de sus rocas o pendientes por nada del mundo, entonces no te lo preguntes más.

Ese es tu camino.

Hyedra de Trivia

 

La identidad de la bruja

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Imagen de Juan Medina http://www.medinajuan.com/

La semana pasada estaba leyendo en casa mientras los demás veían algo en televisión, ya no recuerdo si era una película o una serie, cuando alguien dijo una frase que me hizo cerrar el libro y pensar. La frase fue: No puedo perder mi trabajo, si lo pierdo ¿Qué me queda? ¿Quién soy yo?

Cerré el libro porque me sorprendió mucho, me pareció tan extraño que alguien asociara su identidad a su trabajo, a lo que hacía… pero después, al empezar a pensar recordé que es mucho más común de lo que me había parecido en un primer momento. Recordé que muchos de nuestros apellidos, sobre todo en el mundo anglosajón, tienen su origen en un tiempo en el que a la persona se la denominaba por la profesión que ejercía y esa profesión, muchas veces, se heredaba de padres a hijos junto con el apellido. Pero eso era antes, pensaba yo mientras mi mente seguía dándole vueltas a la idea. ¿Estás segura?, me respondí. Tal vez ya no nos definamos tanto por lo que hacemos, pero sí por lo que tenemos. Fíjate en el mundo que te rodea, no hemos cambiado tanto. Para la mayoría de las personas, sus posesiones, sus empleos, sus círculos sociales son los que les definen, los que les dan un sentido a sus vidas. Creen que cuanto más valioso sea lo que poseen, más valor tienen ellos como personas. Quieren ser aceptados, queridos, aunque para ello tengan que aparentar ser lo que en el fondo no son.

También he visto gente llegar a la jubilación después de toda una vida dedicándose a su trabajo y sentirse perdidos, vacíos. Personas que han dedicado su vida a una profesión y que, en el momento de dejarla, no han sabido qué hacer con sus horas, con sus mentes ahora libres, con sus manos sin tareas, con sus días sin rutinas… sin saber qué hacer consigo mismos. Sin conocerse fuera del ámbito de su trabajo.

Y pensé: ¿Y tú, bruja? ¿Lo que haces es lo que define tu identidad? ¿Lo que tienes te hace ser tú? Yo medité sobre ello, pensé en mis herramientas mágicas, mi ropa, mi música, mis libros… y comprendí que ellos no me conforman, sino que ocurre lo contrario, ellos no me hacen ser yo, los tengo por ser yo. Y hago lo que hago porque soy lo que soy, no al revés.

No necesito nada que apuntale mi identidad, nada sobre lo que basarla o que le dé forma. Si mañana todo desapareciera, todo lo que tengo, todo lo que hago, y sólo quedase yo en un espacio vacío, continuaría siendo yo misma. Podría comenzar de cero en cualquier otro sitio y no me sentiría perdida o confusa. Porque lo que me hace ser yo siempre lo llevo conmigo, es algo que está dentro de mí, no en los objetos, mis posesiones, mi entorno o mis actos.

Y continué pensando: ¿Pero eso te ocurre sólo a ti, o les ocurre a todas las brujas? Y de nuevo medité. No puedo hablar por todas, pero empecé a recordar a las brujas de mi entorno, a las de mi círculo cercano, a las más lejanas, a las de otros países que he conocido y me di cuenta de que, en el fondo, podría asegurar que todas tienen lo mismo en común. Todas ellas tenían una personalidad, una identidad muy definida basada en su interior. He conocido brujas de todos los niveles sociales, de todos los niveles educativos, de países muy diferentes y con profesiones muy diversas, pero podía reconocerme en todas, podía ver quiénes eran de verdad. En esos momentos cuando las brujas nos reunimos, no importa el dinero que se tenga, la clase a la que se pertenece, los estudios, o incluso el idioma. Todo lo que normalmente conformaría la identidad de una persona, todo lo que parece darte tu lugar en el mundo, tu estatus… todo eso es lo que queda fuera cuando las brujas se reúnen. Así que sí, pensé, es algo consustancial a nosotras. La identidad de las brujas es fuerte y definida y construimos nuestro entorno en base a ella, no al contrario. Si todo fallase, si todo despareciese, seguiríamos estando seguras de quienes somos.

¿Pero esto a qué se debe? Las brujas no somos las únicas, he conocido otras personas así. Tal vez tiene que ver con la forma de ver la vida, con la forma que tenemos de buscar nuestro lugar en el mundo, de buscarnos a nosotras mismas. Mientras algunas personas tratan de encontrarse en lo que les rodea, de buscarse en la mirada de los demás y asentar su identidad en la imagen que proyectan al exterior, otras se buscan dentro de sí mismas y van dando forma a lo que son y a su personalidad de acuerdo a lo que encuentran y descubren. De esta forma es fácil estar segura de quién es una, y aunque todo acabe fallando, desapareciendo, perdiéndose… siempre sabremos quienes somos.

Y esto es algo común a todas las brujas porque una de las primeras enseñanzas es que todas las respuestas están en nuestro interior. Y mientras buscamos esas respuestas, el mundo exterior cada vez deja de tener más importancia y aprendemos a darle a todo su justo valor. Nuestras cosas, nuestro dinero, nuestras posesiones materiales, nuestros trabajos, son sólo herramientas que nos hacen la vida más fácil, que nos proporcionan un medio de vida o de expresar lo que ya somos, pero de ningún modo nos definen. De ninguna manera nos hacen ser quienes somos. Y además, nosotras sabemos que la vida es cíclica, que cambia y se mueve y mañana no estaremos en el mismo lugar en el que estamos hoy, aunque puede que algún día regresemos a donde estabamos ayer, y las brujas, además de movernos por los ciclos de la vida, nos movemos entre los mundos, así que mientras todo gira y cambia y se convierte en un caos que generará un nuevo orden a nuestro alrededor, nosotras seremos el centro que nos mantendrá firmes, estar seguras de nuestra identidad nos permitirá mantener el control en el corazón de nuestra existencia.

Y mientras visualizaba los acontecimientos de mi vida girando como un tornado a mi alrededor, de nuevo pensé: ¿Y tú, sabes quién eres, bruja?

Y sonreí, porque, aunque sé quién soy, apenas estoy empezando y conocerme del todo es una aventura que nunca terminará y me tendrá ocupada el resto de mi vida.

Tenga lo que tenga y haga lo que haga.

 

Hyedra de Trivia

El respeto de la Bruja

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Imagen de Elvira Zakharova

Hoy me vais a permitir un cambio de registro. Es posible que algunas no estéis de acuerdo conmigo o directamente penséis lo contrario, es normal, porque cada persona es distinta y cada una tiene su opinión, pero hay algo que llevo viendo un tiempo y nunca me ha parecido correcto, y es la tendencia de algunas personas a usar la magia para todo. Absolutamente todo. Y, personalmente, me parece un error tremendo.

La magia no es una muleta, no es una herramienta a la que recurrir para cada cosa banal que no marcha como nosotras querríamos. No podemos ir por la vida intentando arreglar cualquier inconveniente a golpe de hechizo. La magia no funciona así. Las brujas no funcionamos así.

Sé que lo que os voy a decir os puede parecer extraño, pero cuanto más poderosa es la bruja, cuanto más sabia es, cuanta más magia conoce, menos hechizos realiza. Y cuando los hace son para agradecer lo que tiene, celebrar la vida o solucionar problemas verdaderamente importantes y no para temas triviales.

Una vez leí que, para que un hechizo funcione, debemos actuar en consecuencia. No sirve de nada hacer uno para mejorar nuestra economía porque las facturas se acumulan y las deudas nos ahogan, si después nos quedamos sentadas en el sofá esperando a que ese dinero entre por la ventana. Sin embargo, si junto con el hechizo nos ponemos en marcha, buscamos, si nos esforzamos por conseguirlo, moveremos el doble de energía y ayudaremos a que nos llegue. Podéis pensar que así nunca sabréis si el hechizo funcionó de verdad o fue nuestro esfuerzo el que nos hizo conseguirlo. Es cierto, puede que nunca lo sepamos. Pero una bruja nunca se queda sentada esperando, ella toma las riendas de la situación y ayuda a que las cosas se solucionen. Por eso muchas veces, antes de hacer un hechizo, nos arremangamos las capas y hacemos que las cosas cambien sin la ayuda de la magia, y el esfuerzo funciona.

Porque, a medida que el tiempo pasa y la bruja adquiere más conocimiento y experiencia, comprende que su vida y todo lo que sucede en ella es su responsabilidad, y está en su mano cambiar las cosas que necesite cambiar. Y tomar las riendas de su vida cuesta trabajo, sí.  A veces es agotador y otras veces requiere sacrificios y tomar decisiones muy difíciles pero, por otro lado, no hay nada más empoderador que saber que eres tú quien está al mando.

También tenemos que aprender a poner las cosas en perspectiva.  A veces usamos la magia como un parche o una tirita, intentando solucionar síntomas en lugar de buscar el origen del problema. No me refiero a esas pequeñas chispas de magia, de poder, que usamos en ocasiones para hacernos la vida un poco más fácil: encontrar aparcamiento cuando tenemos prisa, buscar un poco de suerte un día en el que todo parece torcido, pequeños actos que de vez en cuando sirven para mejorar un poquito el momento y no requieren demasiada parafernalia. Me refiero a casos en los que cada pequeño paso, cada decisión intrascendente, cada mínimo obstáculo se intenta solucionar con un hechizo.   Conozco gente que se agota en limpiezas y rituales para mejorar la armonía en su casa, en lugar de sentarse y comunicarse con los miembros de su familia para averiguar el porqué de la tensión y las discusiones e intentar solucionarlo. O cosas más intrascendentes, como intentar que salga el sol un determinado día para una excursión porque no nos apetece mojarnos o posponerla, mientras la tierra está seca y necesita lluvia. O intentar encontrar un objeto que se ha perdido en medio de un desorden caótico cuando podríamos encontrarlo sólo con limpiar y ordenar un poco. En ambos casos la magia es innecesaria. Son solo ejemplos, pero os puedo asegurar que hay gente que recurre a ella para casi todo. Y es desalentador, porque en algunos casos no solo ceden el control de su propia vida y se desentienden de responsabilidades, sino que, en otros, es una falta total y absoluta de respeto por lo que es la magia y por cómo funciona. A veces las cosas son como son y aunque no nos gusten, debemos entender que deben ser así. Y otras veces, hay asuntos que nos afectan más directamente y deberemos solucionarlos por nosotras mismas con nuestro esfuerzo y voluntad.

Creo que el acto más mágico de una bruja es saber que su vida depende de ella, y que a veces tomará decisiones acertadas y otras veces se equivocará. Y al igual que es su derecho tomar esas decisiones porque es libre, también es su obligación aceptar las consecuencias de sus equivocaciones. Y la magia no es el comodín al que agarrarse cuando las cosas no van como nosotras queremos. Es necesario que de vez en cuando las cosas no vayan bien, porque es en esos momentos cuando se nos pone a prueba, cuando depende de nosotras solucionarlo todo y dar lo mejor que tenemos. Es en esos momentos cuando se nos da la oportunidad de crecer, de aprender, de conocernos y evolucionar y, a veces, sorprendernos a nosotras mismas con lo que somos capaces de hacer.

Si ante la mínima adversidad echamos mano de conjuros o rituales, no sólo estamos evadiendo la misión para la que vinimos y perdiendo la oportunidad de hacernos más grandes, también estaremos demostrando que, en realidad, no sabemos qué es la magia ni su verdadero sentido en nuestra vida.

Detrás de cada hechizo, ritual, ceremonia o cualquier acto mágico, se mueven unas fuerzas tan antiguas como la primera chispa que originó toda la creación. Incluidas las fuerzas que viven en nosotras. Nuestra energía, nuestro poder mágico debe ser sagrado. Y cada momento en el que recurramos a él también debe ser sagrado. Al igual que las energías de las plantas, de la tierra, de los elementos que usamos para colaborar con nosotras en nuestra magia. Son fuerzas conectadas con la Historia de la Tierra, con el Universo y lo que se mueve tras él. Es un regalo que se nos ha dado para cambiar las cosas, para hacer de nosotras y del mundo que nos rodea un lugar un poco mejor, y no para ser utilizado en pequeños actos que no necesitan nada de magia para seguir adelante, tan solo nuestra determinación.

Hay momentos en los que las circunstancias se ponen tan, tan difíciles, que  solucionarlo escapa a nuestro control, es entonces cuando esas fuerzas pueden ayudarnos. Otras veces sí depende de nosotras, pero necesitamos un extra de ánimo y energía para encarar ciertos acontecimientos. No creo que esté mal recurrir a la magia para ayudarnos a superar un duelo que se alarga demasiado, o una enfermedad particularmente dolorosa o larga. Un hechizo puede ayudarnos a encontrar un buen trabajo, o ser un apoyo en nuestros estudios o en nuestra evolución personal. Pero tenemos que tener mucho cuidado de no acabar dependiendo de ellos para todo.

Cualquiera que trabaje con magia y conozca las fuerzas que se mueven detrás, debe ser consciente de en qué momento es conveniente contar con ella y cuando no. Cualquier bruja debe respetar la magia, porque al hacerlo y darle su verdadero valor, se estará respetando a sí misma y a su poder.

Hyedra de Trivia

La bruja y la Muerte

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Imágen de Amanda Clark

 

Se acerca Samhain y este año percibo su energía con más fuerza que otras veces. Tal vez sea por este Octubre regado con lluvias otoñales o porque mi vida éste año ha estado marcada por varios ritos de paso que me han hecho atravesar muertes y renacimientos, umbrales entre lo que he sido hasta hace poco y lo que soy ahora. Y aquello en lo que me estoy convirtiendo. No sé exactamente por qué, pero Samhain ya está casi aquí para mí y llevo unos días meditando sobre su influencia en las personas, y en especial en nosotras, las brujas.

Esta noche está asociada sobre todo a la Muerte: la muerte de una época, de un ciclo, de la vida de seres humanos… es el Gran Umbral. Y como caminantes entre los mundos, las que vivimos en un eterno umbral somos las brujas. Tal vez por eso ésta sea, entre todas las festividades paganas, la más relacionada con nosotras.

Este año coincidirá más que nunca con nuevos inicios en mi vida, pero, como cada vez que comienzo algo nuevo, por mi mente rondan aquellas cosas que tuve, que viví, que amé… todo lo que murió para dejar espacio a lo nuevo. También personas a las que quise muchísimo y hace tiempo ya que cruzaron el velo. Y su recuerdo me coloca ante una de las situaciones más duras del aprendizaje de la bruja. La aceptación y comprensión de la Muerte.

La Muerte no es más que una parte de la Vida. Todo es un ciclo eterno sin fin, en el que viviremos, moriremos y retornaremos de nuevo. Las personas que amamos volverán a este mundo y nos encontraremos con ellas en muchas vidas compartidas. La muerte entonces no es más que el principio de un nuevo viaje, donde por fin comprenderemos el sentido de todo, encontraremos las verdades que buscamos y tendremos acceso a la sabiduría final. Por ello para nosotras la muerte es solo un paso más, algo que celebramos recordando a la persona amada fallecida y deseándole un buen viaje hasta que volvamos a encontrarnos. Esa es la lección. La teoría.

Pero cuando alguien a quién amamos fallece ¿Qué hacemos con la pena que nos desgarra el alma? ¿Qué hacemos con la sensación de vacío? ¿De pérdida insondable? ¿Y si la muerte fue agónica, o demasiado temprana, o demasiado imprevista, o simplemente demasiado? ¿Cómo encajamos nuestra teoría de lo que es la muerte con su presencia real en nuestras vidas? ¿Cómo vamos a celebrar algo que en ese momento solo podemos odiar?

Porque cuando nos toca muy de cerca o de una forma demasiado atroz, todos odiamos a la muerte. Todos deseamos que no nos roce, que no nos toque, que respete a aquellos a los que amamos. Recientemente falleció un familiar de un amigo y fuimos a acompañarle al tanatorio. Pasamos delante de una sala donde la gente sonreía y charlaba animada. Recuerdo que comentamos la diferencia entre unas muertes y otras y cómo afectaban a la gente. Cuando fallece una persona mayor o tras una larga enfermedad, se vive como algo esperado, inevitable y a veces hasta un alivio. Pero cuando muere alguien joven, o un niño, o alguien que no se esperaba que tuviera un fin prematuro, todas nuestras convicciones se tambalean y nos planteamos la injusticia de la muerte. Nos rebelamos. Hay que tener una fe inquebrantable y con raíces muy profundas para aceptar serenamente la muerte de un niño, o de alguien en la flor de la vida, y más aún cuando muere de forma traumática. Nos preguntamos cual es el sentido, cuál es la razón…

Y automáticamente pensamos en toda la vida que tenían por delante, en el dolor que dejan atrás, en las vidas vacías sin su presencia. En las incontables noches en blanco que otras personas afrontarán recordando su pérdida. O en las nuestras, en las lágrimas que derramaremos por alguien que ya no está, que no podrá vivir, que no podrá reír, soñar, amar de nuevo… en esta vida. Porque las brujas creemos que volveremos, pero en el dolor de la muerte, como cualquier otra persona, sólo somos capaces de pensar en ésta, en la que nosotras aún estamos, pero en la que ellos ya no están. Y en ese momento a veces dudamos, porque es humano dudar, y porque esa duda responde al amor que hemos perdido.

Pero un día, con el tiempo, comprendemos que nuestra fe regresa. Que el dolor sigue ahí pero ya podemos vivir con él. Nos reconciliamos con la Muerte y comenzamos a celebrar la vida de aquellos que se fueron, y prometemos vivir la nuestra conscientemente en su recuerdo. Y llega un Samhain en el que la pena es lo suficientemente suave como para permitirnos celebrar el banquete de fin de año, y colocar un plato en la mesa para esa persona que puede que hoy regrese durante unas horas a nuestro lado. Y al día siguiente, la vida continuará, porque la vida siempre continúa para aquellos que se quedan.

Las brujas conocemos muy bien el dolor, la pena y la pérdida y las sufrimos como todos los demás, pero también conocemos la otra cara de la muerte. Y eso nos ayuda a comprender el dolor y la pérdida de otros. Pero también por eso, las brujas no adoctrinamos, no juzgamos ni intentamos minimizar los sentimientos del que sufre, simplemente acompañamos su dolor y les apoyamos en su tristeza.

Este Samhain celebrad la vida, organizad una fiesta e invitad a aquellos que ya partieron a compartirla con nosotros, pero si en algún momento la tristeza os invade y su marcha os parece injusta, no pasa nada. Dejad que vuestras lágrimas fluyan, recordad lo mucho que les amabais y dad gracias por haber coincidido con ellos en esta vida.

La pena es sólo reflejo del amor y algún día volveremos a encontrarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

 

Pacto de brujas

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Fotografía de Gaël Sacré  

 

Cuantas más brujas me escribís y conozco, más convencida estoy de que todas venimos de aquella Primera Bruja de la que os hablé un día. Porque en el fondo, sea cual sea el nombre que nos demos, el lugar en el que habitemos, la clase de magia que practiquemos… todas sentimos igual, todas contamos las mismas historias, a todas nos emocionan los mismos pensamientos. Me habéis escrito desde todas partes del mundo, mujeres de todas las razas, de todas las edades, de todas las clases sociales y todas nuestras almas vibran igual. Y creo saber por qué, creo que todas, aparte de venir de la Primera Bruja, hacemos el mismo juramento eterno. Siempre he creído que las brujas, antes de nacer, hacemos un pacto con la vida y con todo lo que ésta engloba.

Pactamos con nosotras mismas, un pacto en el que nos comprometemos a dejar las puertas de la memoria entreabiertas para que puedan llegar a nosotras recuerdos de quienes hemos sido antes y recuerdos de quien seremos siempre, de nuestra verdadera identidad eterna. De esta forma cualquier objeto, cualquier encuentro con un alma conocida, cualquier antigua tonada puede sacudirnos y emocionarnos al reconocerlo como nuestro y recordarnos quiénes somos si alguna vez olvidamos.

Pactamos con nosotras mismas para no conformarnos nunca, para buscar la felicidad de ser, de existir tal como somos. Las brujas no se conforman porque sería un suicidio del corazón. No podemos vivir encerradas en una torre de banalidades y días monótonos y sin magia. Tampoco buscamos grandes emociones que desaten torrentes de adrenalina (al menos no la mayoría),  lo que importa son los detalles simples como apreciar la belleza del planeta, atrevernos a dar un paseo por un bosque en mitad de una noche de luna llena, o dormir al raso en una noche sin luna sintiendo que navegamos a la deriva en un mar de estrellas. Capturar el primer rayo del amanecer o bañarnos en medio de una laguna verde entre montañas. Sentir que pertenecemos a la tierra y que eso es bueno, que está bien no ser más que una de sus criaturas. Aquí es donde encontramos nuestra felicidad.

Pactamos con nosotras mismas para no huir ante los tiempos difíciles. Somos brujas, habrá muchos momentos difíciles en nuestra vida, porque serán los momentos en los que probaremos de qué estamos hechas. Cómo reaccionemos ante los momentos cruciales de nuestra vida será lo que nos defina. Esas ocasiones serán espejos en los que miraremos a los ojos de nuestra sombra y tomaremos decisiones que nos convertirán en grandes brujas que dejarán marca en el tiempo o agacharemos la cabeza y nos esconderemos en la nada. Nuestro pacto nos mantendrá en pie, porque sabremos que continuaremos adelante, más sabias, más fuertes y más poderosas que antes.

Pactamos con otras brujas para encontrarnos y recuperar el sentimiento de ser una tribu. Para recuperar esa hermandad entre mujeres que durante tanto tiempo nos estuvo prohibida pero que nunca hemos olvidado y nos empuja a reunirnos en círculos. Para unirnos en el camino y mostrárselo a otras, para dejar huellas claras y visibles que puedan seguir las que vengan detrás. Por eso no debemos enfrentarnos entre nosotras, no debemos juzgarnos. No sabemos qué han vivido las brujas que nos rodean, no sabemos de sus lágrimas, de las cicatrices de sus corazones, de los recuerdos que aún las persiguen. Lo que sí sabemos es que a veces una mano tendida es capaz de curar heridas antiguas y devolver a la senda a una bruja extraviada. No sabemos si nuestro pacto con ella fue ese, enseñarle el regreso al camino, así que nunca juzgues a otras, sólo deja tus huellas cerca, para que decidan si quieren seguirlas.

Pactamos con el viento para que inflame nuestra sed de conocimiento, esa que nos impulsa siempre hacia delante, para saber más, para conocernos más, para recuperar en nosotras todo ese saber que llevamos en nuestro interior y sólo espera una chispa para despertar. Nuestro pacto con el viento es simple: nunca dejes de bendecirme con tus dones y yo nunca dejaré de cerrar los ojos para sentir tu caricia en mi piel y escuchar las voces de mis antepasados en tus corrientes.

Pactamos con el fuego para que nuestra pasión nunca deje de arder y la apatía no nos gane la batalla. Habrá épocas de soledad, de dudas, de tristeza… pero el corazón del fuego no dejará de arder en nosotras, nuestra pasión nunca dejará de buscar nuevas formas de disfrutar del regalo de estar vivas. Nuestro pacto con el fuego es eterno: Nunca dejes de arder en mi corazón y yo nunca dejaré de bailar a tu alrededor en las noches de magia y hogueras.

Pactamos con las aguas para ser capaces de ver en nuestras profundidades. Para poder viajar en el mundo de nuestros sueños, para aceptar y someternos a los cambios profundos que nos transformarán en la bruja que estamos destinadas a ser. Nuestro pacto con el agua es de total entrega: méceme en el vaivén de tus olas y muéstrame los misterios de tus profundidades y yo nunca dejaré de cruzar la puerta que me abres a otros mundos y buscar en ti el secreto de lo que soy.

Pactamos con la tierra para recordar siempre lo profundas que son nuestras raíces y la materia de la que estamos hechas. Para valorar la magia del agradecimiento y aprender a recibir los dones materiales y a compartirlos con otros. Nuestro pacto con la tierra es fuerte: Dame un lugar donde apoyar mis pies al caminar, donde dar vida a mis sueños, donde alimentar mi cuerpo y yo nunca olvidaré que estás hecha de los huesos de mis ancestros, y que el palpitar de tu ardiente corazón es el reflejo del que late en mi pecho.

Pero el pacto más importante de una bruja es aquel que hace con lo que habita detrás de todo lo anterior, con el significado de la Vida, con lo que guía sus sueños, lo que se esconde tras sus emociones y lo que le espera al final del camino. El pacto que hace con la Diosa. Un pacto eterno hecho en los albores del tiempo y renovado una y otra vez, antes de cada vida. Un pacto de amor hacia la Diosa, hacia sí misma y hacia lo que le hace bruja: No me dejes olvidarte, no permitas que olvide quién soy, lo que soy, y yo nunca dejaré de buscarte en mí y de cantar los nombres con los que te han llamado con miles de voces durante miles de años.

Sí. Estoy convencida de que cada bruja hace un pacto antes de nacer. Un pacto de Vida forjado en el único lugar donde comprendemos su verdadero significado.

En la Muerte.

 

Hyedra de Trivia.

El refugio de la bruja

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Toda bruja tiene un lugar, un espacio, un rincón donde su magia toma forma física. Donde al cerrar la puerta o al final del día, se relaja y aflora su identidad más íntima. Donde el tiempo deja de existir formando momentos para convertirse en eternidad. Puede ser toda su casa, un cuarto, un pequeño altar o un rincón en el jardín. Allí reunirá todo lo que para ella es Sagrado y mágico. De él brota un latido, una pulsión atrayente que es difícil ignorar, igual que de niñas nos sentíamos oscuramente atraídas por las ilustraciones que nos mostraban la guarida de la bruja de los cuentos. Una torre en un castillo encantado, una cabaña en el corazón del bosque o una mazmorra húmeda y oscura. Toda bruja tenía su refugio, todas igual de interesantes, con mil libros, objetos extraños y rincones oscuros que nos moríamos por explorar.

Y esta bruja que os habla también lo tiene. Este lugar es donde escribo los pensamientos que fluyen hacia el papel. Donde busco las horas de la noche para probar nuevos hechizos y antiguos conjuros. Es aquí, entre estas cuatro paredes, donde gobierno sin competencia en el reino de mi mente. Aquí, en este pequeño lugar, existe una magia infinita.

Es casi una biblioteca, los libros cubren porciones de cada una de sus cuatro paredes. Libros entre cuyas páginas he volado a otros mundos o he aprendido a amar a este, libros que me enseñaron cómo vivían las brujas en tiempos en los que aún no las llamaban así y otros en los que he aprendido cómo perpetuarnos en este presente que se extiende infinito ante mí. He pasado muchas horas viajando entre sus letras, adentrándome en conocimientos ocultos o cuentos de hadas con secretos escondidos a simple vista. Sólo el hecho de alzar la vista y observar mi biblioteca ya hace que mi magia se desperece y cosquillee en el fondo de mi mente, lista para crecer y brotar. Y el rincón donde descansan mis lápices, donde dejo aflorar el impulso de crear mundos dándoles color, o manchar mis manos con el barro que conformará las estatuas de mis Diosas.

También es en parte un herbario, con estantes llenos de tarros de hierbas y raíces y otros ingredientes para hechizos. Con manojos verdes puestos a secar. Con cuencos, y cucharas y cordones de colores para dar forma a la magia, con pedazos de bosque que me recuerdan de dónde vengo, tanto yo como mi poder. Morteros donde he machacado mil sueños, mil ilusiones y deseos y los he mezclado con la fuerza de mi esperanza. Y un rincón con tres calderos, donde remover las aguas o encender el fuego de la sabiduría de la Diosa.

En el suelo, junto a una pequeña mesita baja, hay una alfombra tejida cubierta con cojines que invitan a tumbarse lánguidamente entre ellos mientras las runas, las cartas o el péndulo me dan sus mensajes arcanos, mientras escucho melodías pobladas de gaitas, flautas y violines. Sones que despiertan en mí recuerdos de otros hogares en otras vidas.

Cuando llega la oscuridad enciendo unas velas cuyas llamas danzantes se reflejan en el cristal de una bola sobre mi altar. Aspiro el aroma del incienso y miro alrededor, observo este sitio que es un reflejo de mí, de la bruja que lo habita, con mis colores, con las imágenes de mis sueños y mis emociones más secretas. Porque toda bruja acaba hechizando el lugar en el que vive dejando un poquito de su corazón en cada una de las estancias. Haciendo de su rincón especial un lugar creado para ser un umbral entre mundos, donde al final del día, cuando la puerta se cierre y se enciendan las velas, todas las sombras del mundo serán olvidadas y solo la luz de la magia importará. Allí será donde ella deje caer todos los escudos y abrirá el corazón de par en par, donde hundirá hondo las raíces que la unen a la tierra mientras su mente vuela por universos privados. Donde ha pronunciado tantas palabras mágicas que su eco ha acabado impregnando las paredes, testigos silenciosos de tantos anhelos susurrados a la noche… Donde ha luchado tanto con sus sombras que llegó un momento en el que se enamoró de ellas. Donde ha creado la mujer que es; hecha de magia, y secretos, y rayos de luna furtivos que se han colado a través de la ventana, buscando el roce de su piel y de su alma.

Y si algún día te invita a entrar, considérate afortunado, no todo el mundo puede ver alguna vez en su vida el refugio de una bruja. No todo el mundo puede ver por dentro su corazón.

Toda bruja tiene su refugio.

¿Cómo es el tuyo?

 

Hyedra de Trivia

Mensaje de la Diosa

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Me estás buscando, puedo sentir cómo tus pensamientos vuelven una y otra vez sobre mí. He dormido muchos, muchos años, pero las voces por fin libres de mis Sacerdotisas me despertaron de mi sueño de siglos, llamándome con sus palabras vibrantes de risas, emoción y urgencia. Ven, me decían, vuelve, el mundo te necesita. Nosotras te necesitamos.

Observo cómo mi recuerdo despierta en el corazón de gentes de todos los rincones de este pequeño mundo, cómo la alegría derrite el miedo al castigo, a la culpa, y cómo los colores de mis estaciones destierran el gris de la tristeza. Observo cómo mis niñas, aquellas que siempre me guardaron, ya no se esconden cuando las llaman brujas, sino que levantan la cabeza y responden: sí…

Pero en realidad nunca me he ido. Siempre he estado aquí. Soy lo que se esconde en el último rayo púrpura del crepúsculo y resurge envuelta en oscuridad y tinieblas en la medianoche. Soy la plateada luna que baña el cielo de magia y tu corazón de esperanza cuando me buscas entre las nubes para contarme tus secretos de mujer. Soy aquella sensación de refugio que sentías en lo más profundo de ti en tus horas más oscuras, y el maravilloso abandono cuando llorabas entre los brazos de tu madre. Soy la risa cómplice que compartes con tus amigas, y los suspiros de placer por el roce de la piel de tu amante.

Soy eso que te empuja a buscar partes de ti que pertenecen a los bosques, soy el silencio sobrecogedor que no puedes explicar cuando contemplas el amanecer, soy la quietud y el oro de las últimas horas de la tarde. Soy la primera estrella que sale al anochecer y la última que se marcha en la mañana. Soy el latido de tu corazón y el primer aliento de tus hijos. Soy las lágrimas de desesperación que lloraste aquél día que nunca olvidarás, pero también soy la fuerza que te hizo poner en pie y continuar adelante.

Soy lo que mueve tus pies en esas noches en las que bailas cuando crees que nadie te está mirando. Soy la brisa que se cuela entre las hojas de los árboles y hace que casi jures que el viento te habla. Soy cada grano de arena que se escurre entre tus dedos cuando hundes tus manos en la orilla del océano. Soy la cresta de las olas cubiertas de espuma llevando la vida a la costa. Soy esa punzada en el estómago cuando te emocionas tanto que se te corta la respiración. Soy ese momento absolutamente perfecto en el que por fin comprendes quien eres y cuál es tu lugar. Soy la chispa que salta cuando tu mirada se cruza con otro compañero de vidas. Soy eso que te empuja cuando necesitas una dosis de valentía. Soy el baile de las ascuas que te mantiene junto al fuego sin poder apartar la mirada. Soy esa última flor sobre aquella tumba llorada. Soy la semilla que brota en primavera y también los terremotos, las inundaciones, los tsunamis… Soy la vida y la muerte, y la vida de nuevo. Soy lo que se marcha para volver a regresar.

Soy la que se esconde detrás de esa sensación que siempre has tenido, la certeza de saber que nunca has estado sola. Soy tu más preciado secreto. Y sé que me has buscado, aún sin saber ninguno de mis 10.000 nombres. Aún sin conocer ninguna de mis miles de historias. Me has buscado en cimas de montañas, en senderos perdidos entre árboles antiguos. Me has buscado en cuevas prehistóricas y en libros de leyendas de otros pueblos. Me has buscado en catedrales, en ruinas de templos blancos, en círculos de piedras y estatuas de museos modernos. Me has buscado en las palabras de otros, en visiones de otros y recuerdos de otros. Me has buscado sin saber que me buscabas, en las risas de los niños, en las confidencias a media voz con tus hermanas, en las cocinas de tus abuelas, en sus cuentos e historias en las que hablaban de mí sin saberlo…

Y sé que casi me has encontrado, casi… porque sé que a veces sientes que estás a punto de alcanzarme, pero me desvanezco. A veces casi piensas que soy solo un sueño, una ilusión, una esperanza vana de explicar todo lo que sientes y te hace sentir distinta. A veces estás a punto de abandonar la búsqueda, pero siempre hay algo que te hace continuar… algo que te habla y te pide que des un paso más. Sólo uno más.

Y es hora de que des ese paso. Tu vida ha sido un viaje que te ha llevado a este punto en el mapa de tu existencia. Has caminado un sendero en espiral que te ha guiado por todos aquellos lugares donde aún se me recuerda, donde aún se siente mi presencia. Has avanzado a través de cientos de experiencias que te han traído justo ante las puertas del lugar en el que resido. Casi estás frente a mi rostro, ese que has buscado aún sin proponértelo desde que tus ojos se abrieron a esta vida.

Búscame en ese lugar en el que siempre has sabido que me buscabas, ese en el que no caben las mentiras, ese sitio en el que nadie salvo tú conoce como suena el nombre que tú me has puesto, ese lugar donde sabes que eres inmortal y un día viste nacer el mundo. Búscame donde no hay fronteras, ni idiomas, ni dudas… Búscame en el lugar donde siempre he estado y desde el cual he observado cada uno de los días en los que seguías mi rastro. Búscame en el punto de partida que ha resultado ser la meta de tu viaje.

Búscame donde siempre te he esperado.

Búscame dentro de ti.

Hyedra de Trivia

La libertad de la bruja

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Fotograma del videoclip Walpurgisnacht del grupo Faun

 

Leemos a menudo en diversos medios, y yo también lo he dicho más de una vez, que la bruja es, ante todo, una mujer libre. Y sé que muchas pensaréis: ¿Cómo puedo yo ser libre si tengo una hipoteca que pagar, o unos hijos que dependen de mí o un trabajo al que estoy atada para pagar mis facturas? ¿Cómo puedo ser libre si no dispongo del dinero necesario para viajar, o para poder dedicarme a lo que me apasiona, o apenas tengo tiempo para dedicarlo a descubrir qué es lo que me apasiona? ¿Cómo puedo ser libre?,¿Cómo puedo ser bruja si no puedo ser libre?

Sé que la situación de muchas es ésta; una casa, una familia, un trabajo, facturas, obligaciones, compromisos… pero, ¿Qué hay de vuestra mente? ¿De vuestra imaginación? ¿De vuestras ideas y vuestro corazón? ¿Quién, salvo vosotras, decide en vuestro interior? ¿Quién puede deciros cómo tenéis que ser, cómo sentir, cómo opinar, quién ser? Nadie. Nadie, salvo vosotras.

Cuando cae la noche y todos duermen en casa, cuando dejo mi cama y bailo despacio en silencio al son de una música tenue y lenta, cuando muevo las caderas ondeando y elevo los brazos y me dejo llevar con los ojos cerrados en las horas de la madrugada, no hay nadie más libre que yo.

Cuando camino por el bosque abriéndome a la energía antigua de los árboles vetustos, al sonido de mis pasos sobre la hojarasca y a la caricia suave del sol en mi rostro, no hay nadie más libre que yo.

Cuando la luna llena ilumina la hoguera alrededor de la que bailo con mis brujas en las noches de Akelarre, no hay nadie más libre que yo.

Porque esa es la libertad de la que tanto se habla. Esa es la libertad de la bruja.

Una bruja es libre cuando decide que sus ideas son tan o más importantes que las de aquellos que la rodean. Es libre cuando sabe defenderlas de los ataques de otros. Cuando se atreve a tener opiniones propias, ajenas a las de su círculo familiar o más cercano. Cuando sabe que tiene derecho a tenerlas y expresarlas.

La bruja es libre desde el momento en el que decide tomar esa palabra para describirse a sí misma enfrentándose a siglos de desprecio, de acusaciones y castigos. Es libre cuando no ve otra opción que ser valiente si quiere sentirse orgullosa de sí misma y que presentarse ante el mundo como una bruja es lo único coherente con su identidad.

Es libre cuando por fin comprende que los juicios de otros no pueden herirla y sin embargo el juicio propio sí. No importa lo que opinen o hablen los demás de nosotras. Nunca nada será peor que saber que el miedo no nos permitió atrevernos a ser la mujer que queríamos ser. Una bruja es libre porque no sólo se atreve, es que no puede evitar ser quién es.

Una bruja es libre cuando a pesar de gastar sus horas en un trabajo desagradable pero necesario, es capaz de asumirlo y compensarlo haciendo que el resto de su tiempo sea inolvidable. Cuando el mundo parece oscuro y tedioso a su alrededor, pero ella sabe encontrar magia en cualquier momento y en cualquier lugar porque solo tiene que recordar que ella es la magia.

Una bruja es libre cuando se permite amar sin miedos y sin juegos, amar al mundo, a sus seres queridos, a ella misma. Sin mentiras, sin ficciones, sin traición. Es libre para poner su corazón en manos de quien ella decida, pero también para recuperarlo cuando lo crea necesario, sin malgastar años ni ilusiones prisionera en una relación sin futuro por miedo a la soledad o al qué dirán.

Una bruja es libre cuando construye mundos en su mente y abre puertas que la llevan a mil lugares sagrados nacidos en sus sueños.  Cuando cruza el velo que separa los mundos en cada ritual y viaja de formas que otros solo sueñan. Cuando sabe que, siendo solo una mujer, en ella se cruzan mil tiempos y mil mundos y la voz de millones de mujeres que habitaron la tierra antes que ella y que hoy le susurran a través de los millones de células que ellas le han legado.

La libertad no consiste en ser millonarias, o viajar constantemente por lugares exóticos, o tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos apetece a cada momento. Simplemente consiste en ser indomables en nuestro interior. En nunca rendirnos ante otros. En no ceder cuando sabemos que tenemos razón, en no permitir que nos hieran sin defendernos. En mantener nuestra identidad, aunque no sea del agrado de las personas que nos rodean. Consiste en no someternos para evitar confrontaciones, en atrevernos a pensar en nosotras mismas sin caer en la trampa de sentir que somos egoístas. En liberarnos del concepto de culpa que persigue a las mujeres desde hace tantos y tantos siglos.

La libertad de la bruja consiste en atreverte a ser distinta cuando lo distinto no está bien visto. En dar prioridad a tus sueños porque también tienes derecho. En no sentirte ridícula cuando otros se burlen, porque lo harán. En aceptar que nunca le vamos a gustar a todo el mundo y que habrá personas que no nos lo pondrán fácil. La libertad consiste en poder elegir tu camino, en permitirte tomar tus propias decisiones, en tomar las riendas de tu vida y hacerte responsable de tus aciertos, pero también de tus errores. En definitiva, consiste en la valentía de atreverte a ser quien eres le pese a quien le pese y a pesar de todo.

Por eso no te preocupes si no tienes tiempo, dinero o un pasaporte lleno de sellos. Cierra los ojos, mírate por dentro y vuela, piensa, imagina, crea y construye tu propia identidad. Conviértete en la mujer que sabes que puedes ser dejando a un lado el miedo y la vergüenza. Crea mundos, abre puertas, deja que tu magia brote de ti e inunde tu vida. Descubre el poder de permitirte ser libre y explora la inmensidad del universo que llevas dentro. Descubre que no hay nada más libre que el alma de una bruja,  porque ninguna cadena puede retener lo que es infinito y eterno.

Y lo único que te separa de esa libertad infinita y eterna, es atreverte a serlo.

 

Hyedra de Trivia

Confesiones de una bruja

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Imagen: Dunkelheit de Josefine Jonsson

 

Las brujas guardamos muchos secretos, al fin y al cabo, es la base de lo que somos. Si hemos perdurado a lo largo de los tiempos es por haber conseguido esconder lo que éramos. En nuestros días, aunque ya casi no es necesario esconderse, continuamos ocultando partes de nosotras. Nuestro corazón es profundo y esconde tantas cosas… Pero los nuestros no son secretos oscuros, ni nos avergüenzan, ni pueden hacernos daño si salen a la luz. En realidad, desvelarlos no tendría consecuencias, pero los guardamos porque son parte de nuestra personalidad, de nuestra vida. Los consideramos tan íntimos que nos pertenecen tan solo a nosotras.

Pero a veces, cuando las brujas nos sentimos seguras y tenemos confianza con quienes nos rodean, nos confesamos. Revelamos algunos de esos secretos con el fin de que se nos conozca mejor, para compartir lo que verdaderamente somos con los demás. En el acto de entregar un poquito de ti hay un gran componente mágico. Es abrir una ventana a tu alma de bruja para permitir que otros atisben un poco de tu esencia y te comprendan mejor. Porque estoy absolutamente convencida de que un alma solo puede llegar a otra a través de la confianza y la sinceridad. Y hoy me apetecía compartir un poco, dejad que vieseis un pedazo de mi corazón de bruja.

Hoy confieso que a veces me descubro a mí misma optando por el sendero más oscuro del bosque. Ese que nadie atraviesa, húmedo y cubierto de musgo, helechos y hiedra, al que apenas llega el sol. Hay algo en la quietud del aire, en la ausencia del canto de los pájaros, en el frío que se eleva de esa tierra oscura que hace que la emoción me inunde. Se despierta en mi interior una nostalgia por algo, por un cuando, por un alguien que no acabo de reconocer. Una tristeza dulce que me hace sentir una añoranza suave y adictiva. Confieso que los rincones oscuros y olvidados responden a preguntas que mi alma hace y que no sé de donde vienen. Que los estanques de aguas quietas que se ocultan en los rincones umbríos de los bosques, esos de un verde profundo por las algas y los líquenes, pueden llegar a hacerme llorar de una triste felicidad.

Confieso que siento fascinación por lugares abandonados, por aquellos donde quedan los ecos de risas de otros tiempos. Por sitios donde una vez hubo vida a raudales y hoy solo queda la soledad de la decadencia. Antiguos hospitales, viejos teatros, balnearios que un día fueron elegantes y hoy solo ruinas. Espacios con ventanas rotas que dejan entrar contados rayos de sol en los que brilla el polvo como motas de oro. Donde sólo mis pasos recorriéndolos hacen algún ruido. Donde a veces casi puedo llegar a ver sombras de quienes habitaron aquellas paredes hoy desconchadas y vencidas. A veces casi llego a escuchar sus voces que se escapan de habitación en habitación mientras trato de alcanzarlas.

Confieso que las noches frías, de lluvia, viento y luna, me llaman para que vaya al bosque más cercano. Observo tras las ventanas, cálida y a cubierto, mientras el ulular del viento parece decir mi nombre atrayéndome, guiándome hacia fuera, hacia la libertad salvaje de la tormenta. A veces le he seguido, buscando a la luna entre los jirones de nubes que viajan veloces en el oscuro cielo. A veces confieso que he gritado antiguos nombres bajo el sonido de los truenos mientras la lluvia me entraba en los ojos y la garganta. A veces me he quedado en la calidez tras la ventana, y he sentido algo romperse por dentro ante mi cobardía y sabiendo que, aunque no me haya atrevido a salir bajo la lluvia, parte de mí está fuera bailando con la tormenta. Una parte de mí siempre lo estará.

Confieso que a veces el mundo me ensordece, me oprime y las gentes me hacen sentir encerrada entre vidas ajenas. A veces, muchas veces, la soledad me parece un paraíso en el que sólo habitamos mi corazón y yo. Allí me hablo, me escucho, disfruto de lo que el mundo me ofrece sólo a mí. Confieso que a veces huyo para encontrarme, a solas, donde nadie más llega y donde me curo del mundo, de sus prisas, de su eterna competición absurda y de su caótico estruendo. En esos momentos me retiro a la cueva que toda bruja guarda en su interior para protegerse, para recuperar fuerzas y cubrirse entera de magia para volver al mundo y enfrentarnos a un sistema que no entendemos y que no nos entiende a nosotras.

Confieso que mis historias favoritas son aquellas que no tienen un final feliz, porque son las que perduran en mi memoria a lo largo de los años. Tal vez porque esas fueron las que me enseñaron la magia de disfrutar de lo que tenemos. No todo acabará bien, no todas las vidas son largas, no siempre el amor es eterno. Pero por eso todo es tan valioso mientras lo tenemos, por eso es mágico, por eso es tan importante saber disfrutarlo hoy. Porque tal vez mañana ya no esté y sólo nos quede su recuerdo. Y ese recuerdo dependerá de cómo hayamos sabido vivirlo.

Confieso que todos estos retazos de mí pertenecen a la parte en sombras de esta bruja que os habla. Una sombra que adora la nostalgia, los recuerdos de tiempos perdidos, los lugares oscuros y de belleza sombría como los cementerios, donde se erigen los más bellos monumentos a la tristeza. Durante un tiempo, antes de conocer tan bien a mi sombra, renegué de estas inclinaciones hacia la soledad, los parajes oscuros y silenciosos, hacia la ausencia de luz y de esta extraña fascinación por los ambientes tristes. Pero ahora, confieso que parte de mi fuerza, de mi poder y de mi magia tienen su base en esta parte de mi sombra. Ahora acepto y disfruto mi inclinación por ello porque ahora sé que gran parte de la bruja que soy saca su poder de esas raíces. Que esos lugares y esos momentos que tanto me atraen son el mundo donde las brujas tuvieron que vivir ocultas durante siglos. Por eso me llaman, por eso no puedo evitar acudir a esa llamada de la oscuridad, porque he vivido en ella tantas vidas que la he acabado considerando mi hogar. Las brujas pasamos tantos siglos moviéndonos entre las sombras que aún hoy sentimos añoranza por aquel lugar que nos protegió, y gracias a ello, hoy sabemos ser felices con la más mínima expresión de luz. Porque desde la oscuridad, la luz siempre se ve más brillante.

Confieso que soy feliz bajo los rayos del sol de una mañana de primavera, pero será el sendero que conduce a lo más oscuro del corazón del bosque el que me lleve a la felicidad de mi verdadero hogar.

 

Hyedra de Trivia

Brujas a través del tiempo

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A veces me gusta dejar suelta a mi mente, permitirle que vague y divague libremente sobre lo que se le ocurra, porque así he descubierto muchas cosas que solo afloran en la libertad del pensamiento. Me gusta, sobre todo, cuando alguna idea me llama la atención más que otras y la sigo, para ver dónde me lleva, para ver qué me enseña sobre mí y sobre el mundo.

Hace poco me encontraba divagando sobre el pasado, sobre lo que se perdió y lo que aún queda de lo que fuimos. Sobre aquellas primeras chamanas, aquellas brujas que no se escondían para gritar el nombre de la Diosa y primero pensé cuánto me gustaría viajar hacia atrás en el tiempo y pasar unas lunas junto a ellas, aprender cómo era aquella relación tan libre y directa, tan nueva y real por entonces. Aprender todos los misterios perdidos y que tanto cuesta recuperar. Y después pensé que me gustaría traer a alguna de ellas hasta nuestro presente y mostrarle que aún seguimos aquí, a pesar de todo aún seguimos aquí….

Y pensé, y continué pensando… ¿Qué pasaría si pudiese traer a cuatro mujeres del pasado, a cuatro chamanas, brujas, sacerdotisas, sanadoras de otras épocas? ¿Qué les mostraría? ¿Qué mensaje les daría para que compartiesen con sus hermanas?

La primera sería una de aquellas primeras mujeres que se adentraron en las entrañas de la tierra y dejaron las huellas de sus manos en la roca, una de aquellas que hablaba de tú a tú con la Madre y le puso alguno de los primeros de sus 10.000 nombres. Alguna de las Hijas de la Primera Bruja. La traería y le mostraría las cuevas, los museos, los libros de Historia y Prehistoria donde aún perduran sus símbolos. Su antiguo lenguaje sagrado. Le diría ¿Ves? Miles de años después no hemos olvidado, aún reconocemos lo sagrado en vosotras. Ahora es cuando sabemos que fuisteis vosotras quienes dejaron su mensaje en la piedra. Mira, el nombre de Aquella a quien adorabais aún sigue siendo pronunciado. Con otros acentos, con otras entonaciones, pero aún lo recordamos… Tu historia para ti es joven, aún la estás empezando, pero para nosotras es tan vieja como nuestra especie y aún sentimos el vínculo con Ella. Ha dormido mucho tiempo, es cierto, pero ahora está despertando, La estamos haciendo despertar. Ve, vuelve junto a las tuyas y diles que las hijas de las hijas de sus hijas aún las recuerdan, que las Diosas cuyo cuerpo tallabais hace más de 40.000 años aún presiden nuestros altares. Que aún miramos a la misma Luna y bailamos la misma danza eterna. Diles que no serán olvidadas, diles que aún les contamos a nuestras hijas las leyendas de las primeras. Diles que nunca se desvanecerán.

 

La segunda sería una de aquellas Sacerdotisas que fueron aniquiladas por las nuevas religiones, por los nuevos dioses sanguinarios y celosos de una Deidad femenina. Tal vez alguna de las asesinadas por los pueblos del mar en Creta, o alguna de aquellas sacerdotisas celtas de la Isla de Mona que fueron masacradas por las espadas de Roma. La traería y la abrazaría mientras le hablo de lo que ocurrió después y le cuento que, aunque lo intentaron, nunca acabaron con Ella. Que todo el terror, la muerte y la sangre que se vertió no consiguió su objetivo. La Diosa no fue desterrada del mundo. Le mostraría las ruinas de los antiguos templos-palacios y cómo siguen siendo estudiados y su historia recuperada. Le mostraría las antiguas piedra erigidas en la tierra y cómo aún son nuestros templos, aún continúan saludando al Sol y contando el tiempo con la Luna para nosotros. Le diría: No fue en vano. No desaparecisteis en la Historia. Vuestra leyenda fue contada a lo largo de los siglos y nunca os olvidamos. Nunca se olvidó que hubo un tiempo en el las Sacerdotisas de la Diosa habitaban sus templos, bosques e islas sagradas. Vuestra sangre tiñó de rojo la tierra, pero también nuestro recuerdo. Ve y diles a las tuyas que su muerte no será olvidada, diles que sus templos y Diosas aún viven y nuevas generaciones de Sacerdotisas están rescatando sus cultos del pasado. Diles que su dolor aún es el nuestro y que día a día honramos su existencia. Di a aquellas guardianas de fuegos sagrados que vieron cómo eran apagados, que hoy han vuelto a arder en sus antiguos hogares. Son fuegos nuevos, pero arden honrando a una Diosa antigua en lugares antiguos. Diles que el fuego que ardía en sus corazones arde ahora en el nuestro a miles de años de distancia.

La tercera sería una de aquellas brujas que vivió durante la época de las hogueras. Una de aquellas que guardaba un fragmento del saber, que murmuraba nombres de Diosas paganas bajo la luz de la luna llena y sabía curar y traer niños a este mundo. La traería y le mostraría el horror que produce hoy la persecución y masacre a la que la mujer fue sometida durante aquellos siglos de terror. La llevaría a un Akelarre con mis hermanas y le ofrecería la oportunidad de gritar esos nombres que antes solo pudo susurrar. Bailaría con ella bajo la luna, y le enseñaría que aún nos reunimos en los mismos prados, en las mismas cuevas en las que lo hacían ellas, pero que ahora no tenemos que escondernos. Le mostraría nuestros libros, nuestros escritos, nuestras fotografías en medios públicos. Le enseñaría nuestras tiendas y nuestros nuevos templos. Le diría: Ve, y diles a las tuyas que en un tiempo no muy lejano la palabra bruja será reivindicada y lucharemos por limpiarla. Diles que los nombres de la Diosa son pronunciados en voz alta y clara y cada mujer que la sienta dentro es libre de Seguirla. Diles que un día, las hogueras y las horcas nos causarán tanto rechazo que la Iglesia pedirá perdón por todas sus vidas arrancadas. Diles que tanto las brujas como los cientos de miles de mujeres que no lo eran serán recordadas y honradas, y su memoria será limpiada. Diles que en la noche de Samhain, miles de brujas de todo el mundo encienden una luz por ellas. Diles que algún día su saber será valorado, que las mujeres podrán ser médicos, comadronas, curanderas y sanadoras, guías espirituales y sacerdotisas de la Diosa sin que ningún fuego ardiente las espere al final del camino. Diles que un día, sus descendientes gritaran en su nombre.

La cuarta sería una de las primeras brujas libres, una de aquellas mujeres que en los años 50 y 60 se atrevieron a decir en público lo que eran, brujas, y se atrevieron a comenzar la lucha por recuperar aquellos primeros cultos y Diosas. Traería a alguna de ellas que ya no están y le mostraría la Red de hijos de la Tierra que hoy cubre el mundo. Le mostraría nuestros templos, herederos de los suyos. Le mostraría su legado, aún vivo y cada vez más grande. Con raíces cada vez más profundas y extendidas por el planeta. Le diría: Ve y cuéntales a las tuyas que vuestra valentía tendrá recompensa. Que gracias a vosotras hoy tenemos libertad para ser quien somos y lo que somos. Diles que honramos vuestros nombres y que habéis creado tradiciones fuertes y sólidas que continuarán en el tiempo. Diles que les damos las gracias por abrirnos camino y que todo merecerá la pena, el desprecio, el desconocimiento y el rechazo que ellas puedan sufrir no serán olvidado. Honramos y recordamos a nuestras Ancianas porque hoy nosotras seguimos sus huellas. Diles, simplemente, gracias.

Eso les diría y les mostraría. Pero no les enseñaría el otro lado del mundo. Ese en el que siguen condenando a muerte a las brujas en algunos países y mueren inocentes bajo lluvias de piedras lanzadas por pecadores. Ese en el que tienen que crearse campos de concentración para proteger a aquellas personas acusadas de brujería por sus vecinos. Ese en el que las mujeres aún no tienen el mismo valor que los hombres y sigue siendo peligroso para ellas simplemente vivir. No, no les hablaría de que aún existe la trata de mujeres, de la venta de niñas o los matrimonios infantiles. No les hablaría de todo lo que aún no funciona en el mundo porque es nuestra época y nos corresponde a nosotras continuar su lucha, es nuestro momento de enfrentarnos con todo lo que hace que la Humanidad aún tenga de lo que avergonzarse.

Y si lo hacemos bien, tal vez las brujas del futuro nos recuerden y tal vez a alguna de ellas le gustaría viajar al pasado para llevarnos a su época, mostrárnosla y decirnos: Ve y dile a las tuyas que no os hemos olvidamos, que es vuestra voz cantándole a la Diosa la que aún hoy escuchamos para aprender canciones antiguas. Son vuestros libros e historias las que hoy aprendemos para contarles a nuestras hijas de dónde vienen. Fuisteis vosotras las que os levantasteis para dar voz a la mitad del planeta que no podía hablar. Vosotras llevasteis los nombres de la Diosa a las tierras donde se pronunciaron por primera vez para que pudieran pronunciarse de nuevo, libres. Fuisteis vosotras quienes luchasteis por que hoy las brujas puedan vivir en cualquier país del mundo.

Y aunque esta lucha pueda llevarnos siglos, tal vez en el futuro, si lo hacemos bien, alguna bruja dejará divagar su mente y se acordará de nosotras.

Y tal vez sonreirá y dirá: gracias.

Si lo hacemos bien… tal vez…

 

Hyedra de Trivia

Los sueños perdidos de las brujas

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Todas soñamos. Todas tenemos ilusiones que esperamos ver convertidas algún día en nuestra realidad y que cuidamos y alimentamos casi en secreto. A veces son sueños grandes, casi imposibles desde el momento en el que nacen y a los que permitimos nacer porque nos arrancan sonrisas sorprendidas y suspiros cargados de “si pudiera…”. Son los sueños que desafían toda ley física y humana, pero existen para recordarnos todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar.

Hay otros sueños que, aunque posibles, no son menos grandes, y casi igual de irrealizables. Esos sueños que, para conseguir cumplirlos, tendríamos que haber nacido en otro sitio, con otra fortuna, con otro futuro…

Hay sueños pequeños, realizables, que son los que nos mantienen vivos. Pequeños grandes proyectos que nos hacen levantarnos cada mañana con ilusión. Que son la razón de nuestra vida y que nos recuerdan cada día que somos capaces de ser felices, que somos valientes y luchadoras.

Pero hay otros sueños, esos que escondemos en el fondo de nuestro corazón. Esos que ya sabemos que nunca se cumplirán porque es tarde, porque perdimos la oportunidad, porque no supimos ver a tiempo que ya apenas quedaba tiempo… Esos que sepultamos muy hondo para no tener que aceptar que jamás vivirán pero que de vez en cuando afloran, nos arrancan una lágrima y un suspiro de nostalgia por una vida que no fue.

¿Quién no tiene un sueño perdido? ¿Quién no sabe que su vida podría haber sido distinta? A veces las brujas tenemos tendencia a vivir en el pasado. No sólo tratando de recordar otras vidas, también ésta. No es un secreto que las emociones nos afectan profundamente y sentimos a veces hasta un límite casi insoportable. Todas las pérdidas, las heridas, las tristezas que otros olvidarían en poco tiempo, para nosotras permanecen durante años. Muchos. Porque sabemos que todos esos momentos que nos desnudaron y nos dejaron expuestas fueron los que nos convirtieron en las que somos hoy.

Y entre esos momentos, guardamos como tesoros los sueños que dejamos ir, porque con ellos se nos fue un poquito de nuestra risa. Un poco de nuestra esperanza. Recordamos el momento en el que fuimos conscientes de que habíamos perdido la oportunidad, cuando tuvimos que enfrentarnos a la realidad y dejar ir aquello que habíamos acunado durante tanto tiempo. Y corremos el riesgo de aferrarnos demasiado, de no soltar ese pasado y vivir a medias. Siempre con un pie en un presente sin sueños y el otro en un pasado en el que no supimos actuar. Sin llegar nunca a un futuro donde podríamos soñar de nuevo.

En ese momento la bruja tiene dos opciones, la primera es intentar con todas sus fuerzas y toda su magia que su deseo se cumpla. Y con ello se agota inútilmente y pierde poco a poco el corazón. Tal vez sea por ello que algunas brujas acaban haciendo un mal uso de la magia. Cuando te convences de que nunca serás feliz sin aquello que anhelas y dejas que la amargura y la tristeza se instalen para siempre en tu interior, cuando te aíslas de los demás y de sus alegrías, cuando ya no te importa si otros sufren y lo único que persigues es algún tipo de alivio para tu alma atormentada… puedo llegar a entender que se extravíen en el camino.

La otra opción es guardar ese sueño perdido con cariño, para recordar siempre lo que un día nos hizo vivir, pero ser sabias y continuar adelante. Porque si algo ha demostrado el corazón de las brujas, es que es una fuente inagotable de sueños e ilusiones. Tal vez nunca conseguiremos aquello que perdimos, pero hay tanto aún por vivir, tanto por lo que luchar, tanto que conseguir…

Todas soñamos, sí. Y todas perdemos sueños. Pero no importa la edad que tengas, mientras tus ojos se abran cada mañana, mientras tu corazón continúe latiendo en tu pecho y tú sigas respirando una vez más, seguirás teniendo una oportunidad de seguir soñando. Y alcanzar ese futuro.

Ahora que es tiempo de nuevos proyectos, vamos a limpiar un poco el fondo de nuestro almacén de sueños. Ese lugar donde los guardamos mientras van aprendiendo a volar solos por el mundo. Vamos a rebuscar por sus rincones hasta encontrar aquellos que ya no tendrán oportunidad de vivir. Vamos a sacudirles el polvo, vamos a mirarlos de frente y nos vamos a atrever a decirles adiós. Recuerda tu sueño perdido, aquél al que más dolió renunciar y escríbelo en un papel. Recuerda cómo nació, recuerda cómo lo cuidabas imaginando cómo sería, recuerda el momento en el que supiste que nunca sería real. Escríbelo todo y llora si lo necesitas. Grita si lo deseas. Límpiate de la tristeza y la pena. Y cuando estés lista, déjalo ir. Quémalo y entrega sus cenizas al viento. Que regrese al lugar del que vino antes de prender en tu imaginación. Déjalo libre para liberarte tú.

Ahora seca tus lágrimas y mira hacia delante. Hacia todos esos días nuevos y vacíos que podrás llenar con ilusiones, con risas, proyectos y nuevos sueños. Llénalos con magia, con esperanza y la aceptación de que, a veces, los mejores sueños son aquellos que todavía no han nacido.

Y si eres una de esas brujas que se perdió, no te preocupes, el camino siempre nos encuentra de nuevo si de verdad lo deseamos.

Puedes soñar con ello.

 

Hyedra de Trivia

Sacerdotisa y Bruja

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Imagen de autor desconocido

 

En nuestros días y en las tradiciones paganas actuales, la palabra sacerdotisa y bruja suelen aparecer en los mismos contextos. Sé que os ha llamado la atención porque  algunas de vosotras me habéis preguntado cuál es la diferencia entre ellas. Ya os he comentado en alguna ocasión que a lo largo de la Historia las sacerdotisas de religiones paganas han sido acusadas de brujería. Adorar a Dioses ajenos era considerado brujería, cualquier rito religioso extraño a quién lo veía, cualquier símbolo o práctica de pueblos desconocidos era tachado de brujería, por lo que en sus inicios eran lo mismo. Con el tiempo el concepto de bruja se desvirtuó y perdió su asociación al sacerdocio, pero en los archivos de la Inquisición, entre los cargos con los que se acusaba a las verdaderas brujas encontramos el de perpetuar cultos precristianos y adorar a falsos dioses. Es decir, ser sacerdotisas de antiguas religiones, o al menos ser las guardianas de lo que quedaba de ellas.

En la actualidad la mayoría de nosotras somos las dos cosas. Sé que en el fondo son lo mismo, pero si tuviera que explicar la diferencia sería ésta, la que dimos tres miembros de mi tradición cuando se nos hizo esta misma pregunta durante una reciente entrevista:

La bruja es una mujer que estudia su relación con el mundo que la rodea, desde que se levanta hasta que se acuesta (y aún mientras duerme) percibe el ritmo del mundo en el que vive y su propio lugar en él. Presta atención a los cambios que se producen y que le marcan el paso del tiempo y a lo largo de sus años aprende a relacionarlos con sus propios cambios internos. Es una mujer que experimenta con el poder que la naturaleza pone a su alcance, incluido el suyo propio. Investiga las propiedades de las herramientas que la tierra pone a su disposición: hierbas, piedras, agua, el viento, el fuego… su propio cuerpo y su propia energía. Emplea muchas horas de su tiempo en aprender de otros, de sí misma, de sus ciclos internos tan ligados a los externos del planeta. Pasa incontables momentos viajando hacia dentro de sí misma para conocerse y reconocerse. Y para encontrarse, dentro de sí, con la divinidad que sabe que la habita.

La bruja levanta altares a antiguos Dioses de la vida y la muerte, pero su relación con ellos es personal e íntima. Celebrará los cambios de las estaciones y de las estrellas y creará miles de hechizos para hacer de su mundo un sitio mejor. La mayor parte del tiempo trabajará sola. Su trabajo se aplica sobre una sola persona. Ella. Si quiere dominar la magia debe conocer su fuente, que es ella misma. Las revelaciones que tendrán lugar durante sus incursiones en la naturaleza, se producirán sólo en ella porque están provocadas por todo el conocimiento que ha adquirido antes.

A veces trabajará con otras para conjurar un objetivo común, o se reunirá en un Akelarre para celebrar fiestas mágicas, para compartir conocimientos y crear lazos de unión. Para dar la bienvenida a nuevas brujas a la comunidad o para enseñar a otras que empiezan en el camino. Las brujas de nuestro tiempo creamos grandes redes que se extienden no sólo por el país, sino por todo el mundo. Pero su evolución como persona, como mujer y como bruja, será a solas.

La sacerdotisa realiza los mismos actos que la bruja, pero de cara a una comunidad. Las sacerdotisas paganas no nos consideramos intermediarias entre la divinidad y las personas porque no es necesario. Cada Ser está en perpetuo contacto con la Diosa porque ya somos parte de Ella. Todas la llevamos dentro, es parte de nuestra esencia por lo que la existencia de una figura intermediaria es totalmente innecesaria. Pero lo que sí hacemos es facilitar a los demás la forma de encontrarla, de restablecer un contacto que creían perdido o que se ha olvidado. Realizaremos hechizos para la comunidad, invocaremos a nuestra Diosa para traerla entre nosotras. Levantaremos altares comunes para que todos puedan Honrarla.

La sacerdotisa también es la encargada de oficiar ceremonias religiosas que atañen a toda la comunidad, somos nosotras quienes damos la bienvenida y presentamos ante el mundo a los recién nacidos. Somos nosotras quienes unimos las manos y los corazones de las parejas en sus matrimonios mientras su amor dure. Somos nosotras quienes celebramos con las jóvenes su menarquía y también celebramos con nuestras sabias la menopausia en su madurez. Somos nosotras quienes damos soporte espiritual a cualquier miembro de la comunidad que lo solicite y quienes acompañamos en su último viaje a aquellos que regresan a la Madre.

Somos aquellas que repiten sus 10.000 nombres en alto para que no se olviden. Para que se recuerden de nuevo. Somos la cabeza visible que sirve de faro a todas las que la buscan a Ella. Todo nuestro trabajo está volcado hacia el exterior.

Pero nada de esto sería posible si no contásemos con todo el trabajo de bruja que hemos hecho con nosotras mismas. Con toda la sabiduría, conocimientos y experiencias que hemos ido adquiriendo en nuestro trabajo solitario.

Para mí, ambas son las dos caras de una misma función. La bruja es la mujer que viaja a su interior en soledad para encontrarse con la Diosa, aprender de Ella y comprender quién es ella como mujer y regresa al exterior para mostrar al mundo, como sacerdotisa, el camino hacia Ella. Para ser su faro y, en definitiva, guiar a todos aquellos que la buscan, para que puedan empezar su propio viaje.

Las brujas sacerdotisas somos un umbral. Somos una puerta.

Somos la Voz que anuncia Su Regreso.

 

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: Una bruja de cara al mundo

Reunión de brujas

Fotograma del film “El Crisol”

 

Esta es una de las novedades de las que os hablé. Aquí tendréis voz. A partir de ahora publicaré las nuevas entradas los lunes y los viernes los reservaré para vosotras. Cada viernes propondré un tema a debatir y podréis contar y exponer lo que queráis.

Y para inaugurar la sección se me ha ocurrido que podríamos hablar de cómo ha sido nuestra experiencia con nuestro entorno. Cuando nos presentamos como brujas ante el mundo, ¿Cómo han reaccionado? ¿Qué anécdotas podemos recordar? ¿Aún estáis en el armario de las escobas?

Contadme quiénes sois, cuál es vuestra tradición, cuál es vuestra historia. Este post es todo vuestro.

Recordad que es un debate, ante todo os pido respeto y empatía. Los comentarios groseros o insultantes no serán publicados.

Os cedo la palabra de bruja. Bienvenidas.

Hyedra de Trivia

Demuéstralo, bruja

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The Enchantment Autor de la imagen: Raphaelle Monvoisin http://raphaellem.deviantart.com/art/The-Enchantment-489708230

No es sólo la soledad. No es sólo la dificultad de encontrar amigos o parejas. No es sólo vivir y ver el mundo de una forma distinta al resto. Hay algo más a lo que las brujas tenemos que enfrentarnos durante nuestra vida y, esta vez, es algo que nos toca a todas. Brujas de todos los países, culturas, tradiciones o cultos, todas hemos de hacer frente a las burlas, el rechazo, el desprecio, los insultos y el desdén.

Loca, ingenua, tarada, infantil, inculta, timadora, fraudulenta, fanática, crédula… ¿Os suena alguna? Y algunas más… cada una de vosotras guardará dentro la que más le ha dolido. Quien más y quien menos, ha tenido que enfrentarse a personas y situaciones en las que se ha sentido acosada, despreciada o directamente rechazada por ser como es.

Hace años, muchos, cuando era muy joven, solía entrar en debates sobre magia y brujería con personas no ya no creyentes, sino totalmente opuestos a cualquier idea o tema mágico. Durante muchos años, fruto de la impulsividad de la juventud, intenté defenderme a mí y a mis creencias frente a gente completamente cerrada a ello. Sentía su desdén, su desprecio y sus burlas y por dentro hervía de ira y me preguntaba por qué. Qué les había hecho yo para que me atacasen así. Y casi siempre llegaba, envuelto en una sonrisita sardónica, el inevitable reto: Si eres bruja, demuéstramelo.

Demostrarlo… Hoy me río. En aquella época sentía muchísima tristeza por ellos, porque no podían ver y comprender. Porque no querían hacerlo. Hoy soy yo la que comprende. Hoy entiendo el por qué de su actitud y comprendo cuál debe ser la mía.

Demostrarlo. Yo no tengo que demostrar nada a nadie salvo a mí misma. Lo que yo sea o deje de ser es algo que me incumbe sólo a mí y a mi comunidad mágica. Soy una bruja pública, sí, al igual que los sacerdotes de cualquier otra religión son figuras públicas. Pero nadie reta a un obispo católico para que demuestre que lo es. Tampoco a un reverendo, a un imán, a un rabino o a cualquier otro representante religioso.

No es culpa nuestra que en la mentalidad general perdure aún la imagen de la bruja de las películas y los cuentos, de piel verde, rayos saliendo de la punta de sus dedos y una escoba con la que recorren el cielo nocturno. Esto último es algo que me gustaría mucho, la verdad, pero todas sabemos lo qué es real y lo qué no. La mayoría de la gente no lo sabe, y además no le importa. Por eso, cuando tienen delante a una de nosotras y se enteran de que afirmamos ser brujas, se ríen y nos retan. Porque creen que nosotras también nos referimos a las brujas de los cuentos y nos tratan como a tontas, como a pobres ilusas. Como a locas.

Pero en la actualidad, la brujería y las religiones paganas están experimentando un auge notable y estamos empezando a ser figuras visibles en la sociedad. Las brujas de verdad estamos en todas partes y ya no tenemos que demostrar nada a nadie. La incultura, el desconocimiento y la mala costumbre que tiene el ser humano de atacar lo que no conoce ya no es nuestro problema. Puedo entender que otro me insulte o rechace porque no comprende lo que soy, pero ahora, a mi edad y con mi experiencia, ya no me afecta. Porque ahora sé que las opiniones, las ideas y actitudes de otros les atañen sólo a ellos, me demuestran quiénes son ellos, no yo. Si alguien me dice que las brujas no existen yo no voy a desaparecer o a dejar de ser  sólo por su opinión.  No voy a dudar de mí por las ideas de otros.

Yo sé quién soy y sé que no es mi misión demostrar nada, pero sí puedo crear un hueco en la sociedad para todas las que son como yo y para las que vendrán después. Y esto sólo puedo conseguirlo con mis actos. Con mi ejemplo.  Con mi forma de vida. Siendo yo y mostrando al mundo lo que son las brujas. Mujeres que recuerdan y honran a sus antepasados y a los antiguos espíritus de la Tierra.

Las brujas no hacemos proselitismo, no intentamos convertir a los demás a nuestras creencias. Quien quiera conocernos y conocer la brujería debe buscarnos a nosotras, no al revés. Pero sí exigimos el mismo respeto que el resto de religiones. Tan fácil como eso. Tan difícil como eso. Respeto.

Cada vez que alguien diga que no cree en brujas, simplemente ignoradlo. Cuando os encontréis frente a alguien de esta índole y pretenda burlarse o humillaros, simplemente comentad que la religión pertenece a vuestro ámbito privado. Si os encontráis fuertes y os apetece debatir, adelante, pero hacedlo por diversión, tenéis que ser conscientes de que hay gente que no quiere escuchar y discutirá todo lo que digáis sólo por crear conflicto. No dejéis que os afecte, recordad siempre que lo que os da vuestro poder está dentro de vosotras, no en los ojos de los demás.

Y cuando alguna vez alguien os rete a demostrar que sois brujas, miradle dulcemente, sonreíd y antes de girar y marcharos decid:

Ya lo hago.

Estoy respirando.

 

Hyedra de  Trivia

Gracias, brujas

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Imágen: “Old Religion” de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Amar a una bruja

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Amar a una bruja no es fácil. Tal vez sea por ello que tantas de nosotras permanecen solas durante años sin elegirlo o sufren de relación en relación hasta que encuentran aquella en la que se sienten totalmente aceptadas. Amar a una bruja no es fácil porque a nadie le preparan para ello, y nadie  piensa que algún día se encontrará inmerso en una relación mágica, de verdad.

No es fácil porque traemos con nosotras el recuerdo de mil historias de amor anteriores y nuestro corazón late con la fuerza de mil vidas, así que la intensidad de nuestros sentimientos y lo que esperamos de los demás a veces asusta. No es sencillo porque lo que para otras mujeres son símbolos de amor, para nosotras son cadenas. Los sueños y ambiciones de otras, para nosotras son prisiones.  No es fácil porque esperamos que quien amamos sea mejor cada día, tal como lo esperamos de nosotras mismas.

Para atreverse a amar a una bruja hay que estar dispuesto a darle la vuelta a todo lo que creímos siempre que era el amor. Una bruja te querrá a su lado como cómplice, como compañero y amante compartiendo tres vidas. La tuya, la de ella y la que construiréis en común. Nunca alcanzarás del todo el centro de su corazón, porque ese lugar sólo le pertenece a ella. Una bruja nunca se entregará por completo a otra persona porque sabe que su verdadera esencia sólo es suya. Una bruja nunca perderá su identidad ni fingirá ser quien no es a cambio de amor. Lleva dentro los secretos del viento de la noche, el misterio de la luna en la mirada y el ritmo de la tierra en su corazón, ¿Cómo podría querer ser otra si ella ya lo es todo? Si un hombre no es capaz de ver la eternidad en la sonrisa de una bruja, nunca podrá comprender del todo la inmensidad de su amor.

Amar a una bruja removerá tu mundo, te despojará de años de ideas equivocadas y te hará enfrentarte con lo que se esconde en el fondo de ti mismo, te hará mirar a los ojos del espejo para descubrir qué es lo que ella ve cuando te mira. Te hará bailar al son de la melodía más antigua del mundo y te hará recordar que no es la primera vez que danzas esos pasos nunca olvidados y que no es la primera vida en la que la encuentras. Amar a una bruja te hará abrir la puerta a misterios que nunca imaginaste encontrar pero que siempre esperaste descubrir.

Cuando una bruja te ama conoces lo que es la plena confianza. Jamás te mentirá. Nunca te engañará porque sería como engañar y mentir a su propia alma. Si una de nosotras te ama, puedes sentirte afortunado porque no hay nada más limpio, desnudo y honesto que el amor de una bruja. Pero esperamos lo mismo. La mentira, el engaño, la traición… matarán todo sentimiento que pudiéramos tener por ti. Sufriremos y sentiremos un dolor profundo, pero sabemos cómo curarnos y continuar adelante.

Debes recordar que estamos conectadas con la tierra y sus ciclos, así que no siempre nos comportaremos igual. A veces el aire nos llevará de un proyecto a otro y resultará difícil seguirnos. A veces las ideas cruzarán tan rápido nuestra mente que sólo otra mente rápida y curiosa podrá seguir nuestra conversación. A veces el fuego hará que nos consumamos de pasión o estallemos como volcanes ante lo que consideremos injusto. Puede que nuestra furia sea difícil de enfrentar, porque no cualquiera puede medirse con la ira de una bruja.

A veces el agua nos sumergirá en épocas de silencio y melancolía, y parecerá aún más difícil alcanzarnos, pero cuando emerjamos del mar de nuestras emociones, te amaremos aún más porque nuestros sentimientos estarán aún más claros.  Otras  veces parecerá que la tierra nos hace preocuparnos más de lo habitual por lo material, pero sólo estaremos creando raíces profundas para poder asentar el hogar que creemos juntos  en el tiempo y el futuro.

Puede que alguna noche la bruja que amas no se quede a tu lado, pero allí donde esté, bailando bajo la luna llena o explorando la oscuridad de la luna oscura, estarás con ella. Porque cuando una bruja se enamora sabe que esa unión fue forjada por su alma y la tuya mucho tiempo antes de nacer, así que podrás estar seguro de que regresará a tu lado. Y lo hará más completa, más feliz, más bruja y más enamorada que antes.

Si amas a una bruja habrás elegido compartir tu vida con una persona libre que, desde su libertad, compartirá su mundo contigo. Por eso has de saber que si algún día ella deja de amarte, no habrá juegos ni mentiras. No habrá engaños.  Las brujas conocemos muy bien el poder del amor, la fuerza que otorga compartir la vida con alguien que te impulsa a ser tu mejor versión y atreverte a alcanzar tus sueños con la seguridad de que siempre habrá alguien que creerá en ti. Saberse amado en este mundo cada vez más solitario es un don que debemos cuidar y agradecer porque no está destinado a todos. Por eso, si alguna vez todo termina, el último acto de amor de una bruja será dejarte ir. Sólo así ambos podréis encontrar la felicidad y la vida deseada. Solos o acompañados.

Y tú, bruja, si has llegado a una época de tu vida en la que estás preparada para compartir tu camino con alguien, nunca escondas lo que eres a la persona que amas. Muestra tu alma, deja fluir tu magia y dile quién eres desde el primer momento. Sólo así sabrás que lo que estáis creando es real.

Si te ama, debe amarte entera.

Con todas tus vidas, con toda tu magia, con todos tus sueños.

Con todos los misterios de tu corazón de bruja.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Magia de Bruja

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Imagen: Sashah’s Spell de Emma Lazauski

Las velas iluminan levemente el claro del bosque. El incienso impregna tanto el aire como mi mente con un aroma especiado y el humo asciende transportando mi petición a la Diosa. Un pequeño fuego arde en el caldero y la luna llena asoma por el horizonte. El altar está preparado. Es la hora de la magia.

La magia. Todas hablamos de ella. La vivimos, la creamos, la sentimos. Estamos hechas de magia y basamos nuestra identidad como brujas sobre ella. Para algunas personas es un misterio, para otras algo complicado, una gran mayoría ni siquiera cree que exista. Pero para nosotras es lo que da vida al mundo y, además, sabemos que todas las personas somos mágicas.

Las partículas que forman cada elemento en este universo se mantienen unidas por una fuerza que emite una vibración. En nuestro planeta cada árbol, planta, animal, persona, piedra… todo, hasta la misma Tierra, vibra y esa vibración genera energía.  Pero no todo vibra igual. Hay distintas frecuencias y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, somos muy sensibles a los cambios de frecuencia.

A todos nos ha pasado que, al conocer a alguien, sentimos que conectamos de inmediato. O por el contrario, hay personas con las que nunca encajamos y aunque no hay nada en ellas que nos haga rechazarlas, lo cierto es que no estamos cómodos a su lado. Esto se debe a que vibramos en la misma frecuencia que ellas o en otra completamente opuesta.  Porque como ya habréis escuchado en muchos sitios, todo lo que vibra igual se atrae y lo contrario se repele. Y además, cada sentimiento, cada emoción, cada ámbito de la vida y lo que nos rodea, tiene su propia vibración. El amor, la salud, la prosperidad, el hogar, la familia, la amistad, la suerte, la felicidad… el odio, la envidia, la desesperanza, el miedo, el terror… cada uno vibra en una frecuencia determinada.

La magia consiste en cambiar voluntariamente nuestra propia vibración para que esté en la misma frecuencia de aquello que queramos atraer. Y para ello, usamos nuestra voluntad y otros elementos naturales que ya vibran así para ayudarnos. Mediante el trance y la visualización “engañamos” a nuestra mente haciéndole creer que ya tiene aquello que desea, y potenciamos la sensación con palabras, melodías, hierbas, piedras, colores y olores que vibran como lo que deseamos.  Por eso hay hierbas, minerales, inciensos y velas específicas para el amor, la suerte, la sanación, la limpieza espiritual… palabras que forman hechizos…lo que se ha llamado desde siempre magia simpática.

Todos cambiamos nuestra vibración a menudo sin ser conscientes de ello. Sabemos que determinada canción nos alegra cuando tenemos un mal día, decimos que nos da energía… Sabemos qué película nos provoca una carcajada cuando estamos decaídos o con qué amigo hablar según nuestro estado de ánimo… También sabemos que determinados momentos del día o del año nos hacen sentir de una manera especial. El amanecer nos hace sentir esperanza, porque hace que todo vibre en la frecuencia de las cosas nuevas, de todo lo que empieza. El atardecer nos vuelve reflexivos y nostálgicos, porque vibra en la frecuencia de lo que acaba de forma tranquila y el descanso.  Nos vestimos de un color u otro según nuestro humor y preferimos lugares según nuestras emociones. Todo ello altera nuestra vibración.

Si nos ocurren cosas malas y nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza, acabaremos atrayendo más sucesos que vibren igual. Y es entonces cuando hablaremos de mala suerte, o mal de ojo. Los casos de mal de ojo son muchísimo menos numerosos de lo que la gente piensa y las rachas de mala suerte casi siempre son casos de vibraciones en frecuencias perjudiciales, y que además se convierten en círculos viciosos porque cada vez nos sentimos peor y eso hace más difícil conseguir cambiar la vibración.

Pero hay ocasiones en los que la magia no funciona. Por muchos hechizos que hagamos para conseguir lo que necesitamos, por mucho que  tratemos de influir en la vibración, hay veces en las que no hay manera de que funcione. Eso no quiere decir que lo estemos haciendo mal o que la magia no exista. Es simplemente que no debemos conseguirlo. Cada una de nosotras ha nacido con una misión vital, una lección que hemos venido a aprender. Si lo que queremos atraer con la magia va en contra de esa lección o nos aleja de nuestra misión, simplemente no sucederá. Esa vibración en concreto estará bloqueada para nosotras.  Imaginad que habéis venido a esta vida para aprender el valor de lo sencillo y de las cosas pequeñas. Por muchos hechizos de abundancia y prosperidad que hagáis jamás funcionarán, nunca seréis ricas porque la vibración de la riqueza está bloqueada para vosotras. Al menos en esta vida.

Y esto nos lleva a la regla de oro de las brujas. Nunca, jamás, por nada del mundo se debe hacer magia para influir en la voluntad o cambiar la vibración de otra persona. Nunca. Es su energía, forma parte de esa persona tanto como su cuerpo. Tratar de influir en ella para imponer nuestros deseos es una violación. Ni siquiera para hacer algo en su beneficio. Ni para hacer rituales de sanación. Si nos preocupamos por alguien y queremos beneficiarle con nuestra magia, lo primero que haremos será pedir permiso. Sin su permiso no hay nada que hacer. Y esto incluye al amor. Si tienes que obligar a alguien a que te quiera, eso ya no es amor. Es dominación, tozudez, egoísmo… y así serán las vibraciones que provoques, por lo que nunca encontrarás amor de verdad y lo que obtengas no merecerá la pena porque no te hará feliz. Ni a ti, ni a la persona que dices amar.

La magia es un regalo. Una más de las habilidades naturales del ser humano y que nos conecta con todo lo que nos rodea. La magia nos ayuda a comprender que formamos parte de un todo eterno, infinito, que compone una melodía que nos envuelve a todos y nos hace bailar al ritmo de la vida. Cómo sea tu tonada, cómo vibre tu canción, depende de cómo decidas vivir.

En mi hechizo, cierro los ojos y respiro profundamente mientras mi identidad eterna recuerda quién es y se centra en su lugar en el mundo, entre el cielo y la tierra. Entre lo que es arriba y abajo. Entre este mundo y el otro, donde ocurren los milagros.  Cuando me siento una con la creación, dibujo el círculo a mi alrededor y llamo a los cuatro elementos para que su energía complemente a la mía en esta noche de magia y sueños.  Y en el centro, evoco en mi interior a la Señora de la Vida y la Muerte, a la Gran Diosa de la brujas para recordar que su poder es el mío y fluye por mi piel hasta la punta de mis dedos.

Las imágenes de mi futuro en el que he conseguido mi objetivo no abandonan mi mente mientras cargo con ese poder los objetos que voy a usar. “Visto” las velas de colores con aceite acariciándolas con mis dedos mientras me veo feliz. Encanto las hierbas que necesito con rimas sobre su poder. Despierto el poder de las piedras cobijándolas en mis manos mientras les susurro bajito lo que necesito de ellas. Concentro todo el objetivo de este hechizo en una sola palabra que primero es sólo un murmullo. Me mezco suavemente mientras la palabra se convierte en una especie de cántico y caigo en un pequeño trance. Me dibujo a mí misma en un papel tal como seré en ese futuro con el hechizo cumplido, lo cubro con pellizcos de las hierbas encantadas y lo doblo. El cántico aumenta de ritmo y de volumen. Prendo el papel en la llama de las velas encendidas y arrojo el dibujo al fuego transformador acompañado de más puñados de hierbas. Mientras arde, comienzo una danza alrededor del caldero y la luna llena cada vez asciende más alto, bañándome con su luz de plata al tiempo que mi voz se convierte en un grito y mi danza alcanza su punto más frenético. Y finalmente, con un último giro y un grito final, la energía me abandona para fundirse con el universo y comenzar a trabajar en ese futuro imaginado que acabo de crear. Agotada, descanso en el suelo mientras mi corazón recupera su ritmo y mi respiración se acompasa con el ritmo de la tierra. Lento y profundo.

La magia está hecha.

Acerca tus manos, frótalas y siente el cosquilleo en tus palmas y tus dedos. Ese calor que emana de ellas, esa energía, es tu magia. Es la vibración que las partículas que te conforman emiten en su trabajo de mantenerse unidas. Practica con ella, conócela, trata de cambiar la frecuencia en la que brota al exterior. Y comienza a hacerlo con el hechizo más sencillo pero que es capaz de cambiar el mundo.

Simplemente sonríe, bruja.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

La soledad de la bruja

Nocturnal whisperings Autor de la imagen: Wyldraven wyldraven.deviantart.com

Nocturnal whisperings
Autor de la imagen: Wyldraven
wyldraven.deviantart.com

Algunas de vosotras me habéis escrito para contarme que os sentís solas. Que es difícil tener amigos de verdad o incluso una pareja que os comprenda. Decís que ser bruja es un camino muy solitario. Y comprendo muy bien cómo os sentís, porque durante muchos años yo también me sentí muy sola. Lo primero que conocí cuando llegué a este mundo fue una caja de cristal. Pasé mis primeros quince días de vida apartada del resto de las personas encerrada en  una incubadora. Aislada de mis padres, de mis familiares, de enfermeras y médicos. Sin apenas caricias, sin el tacto de otra piel. A solas conmigo misma mientras todo lo demás me llegaba amortiguado, lejano y ajeno a mí.  Y todavía hoy, a veces, creo que en realidad nunca abandoné aquella caja. A veces siento que nunca dejaré de mirar el mundo a través de unas paredes de cristal.

He estado sola durante muchas épocas de mi vida y no porque yo lo escogiera, sino porque nadie a mi alrededor se interesaba por mí con un interés real y sincero. Durante muchos años esa soledad dolió porque siempre me ha gustado tener cómplices en la vida, gente cercana con la que compartir pensamientos, sentimientos, ideas, sueños… Tenía mucho dentro de mí para dar. Pero lo cierto es que ser una bruja me convertía en una minoría y me resultaba muy difícil encontrar personas  como yo.  Muchas veces se han acercado a mí buscando lo diferente, lo especial. Tal vez confundidos en cuanto a lo que significaba ser bruja y sin conseguir ver tras el misterio la verdadera persona que yo era. Cuando descubrían que sólo por estar cerca ellos no iban a convertirse de la noche a la mañana en aquello que les llamaba la atención de mí, se alejaban. Y poco a poco me fui haciendo más cauta, más desconfiada.

Pero afortunadamente soy una persona introvertida, así que en aquellos momentos, a pesar de echar de menos a alguien a mi lado, siempre disfruté de mi tiempo a solas. Y ahora, tantos años después, sé que es en esa soledad cuando una bruja realmente tiene la oportunidad de alcanzar todo su potencial.

Cuando estamos a solas nos relajamos. Nos permitimos comportamientos y actitudes que frente a otros refrenamos. Bajamos la guardia y somos quienes somos de verdad. Pero hay personas que son incapaces de estar a solas consigo mismas. Son aquellos que apagan el silencio encendiendo la televisión o la radio. Que llaman por teléfono para hablar con quien sea. Que pasan cada segundo conectados en las redes sociales… Son personas que no saben qué decirse porque no se conocen. Tienen miedo de escucharse, de hablarse, porque creen que corren el riesgo de no gustarse, y para evitar enfrentarse a su verdadero yo se esconden de su soledad rodeándose de voces, de imágenes, de silencios rotos por cualquier cosa.

Y no se puede ser feliz huyendo de uno mismo. Y mucho menos cuando es una bruja la que huye, porque lo que busca, el fin mismo de ser una bruja, se encuentra dentro de ella.

Si echo la vista atrás me doy cuenta de que los momentos más felices de mi vida han sido a solas conmigo misma. Disfrutando del momento y nada más. Leyendo un libro, paseando por un rastrillo una soleada mañana de domingo. Viendo llover tras la ventana o caminando entre la niebla. Y pensando… Siempre pensando. Sintiendo. Siendo yo y permitiéndome ser yo sin juzgarme. Me gusta como soy, me lo paso muy bien conmigo misma y si esto es así, es porque me permito hacer lo que me apetece sin cuestionarme qué pensarán otros de lo que estoy haciendo o de mis gustos. Escucho la música que me gusta. Veo las películas que me gustan. Leo los libros que me gustan. Me comporto como me gusta ser. Y me importa un pimiento si a los demás les parece bien o no. Porque los demás no son yo. Sólo me hago unas cuantas preguntas: ¿Esto me gusta a mí? ¿Me hace sentir bien? ¿Me alegra la vida? ¿Perjudico a otros o a mí misma con ello?

Y nada más. Cuando paso tiempo a solas no me importa si mi pijama es viejo o llevo la falda torcida. No me importa si tengo un michelín o dos. No me importa estar despeinada o no haberme depilado las piernas. Me importan las maravillas que ocurren en mi mente, las risas disfrutando de una película, me importa la sensación de alegría que me invade cuando aprendo algo nuevo que me resulta interesantísimo y me importa sentir en un momento dado que ese es el sentido de la vida, disfrutar de mi misma sin preocuparme de nada más. Y me importa saber que, si soy capaz de hacerme feliz a mí misma, nadie que no sea yo será capaz de hacerme infeliz.

Cuando te acostumbras a pasar tiempo contigo sin juzgarte y simplemente disfrutando de ti, tu mente se abre y te cuenta cosas… y siempre es más sabia de lo que pensamos. Cuando acallamos el mundo y nos dejamos ser, nuestra esencia se revela poco a poco, abriéndose a nosotros y mostrando lo que llevamos dentro. No todo nos gustará, descubriremos cosas que nos harán sentir incómodas, pero forma parte del proceso de conocernos y aceptarnos. Al fin y al cabo, es la misma Diosa la que habita dentro de nosotras. Si queremos llegar a Ella, tenemos que pasar por nosotras primero.

Descubrir todo eso que somos bajo la superficie será lo que nos convertirá en verdaderas brujas. La magia nace de ti, el poder no es algo exterior que tengamos que alcanzar. Nuestro poder crece en nosotras, con nuestra práctica y nuestro conocimiento.  La soledad es el momento perfecto para crecer, para avanzar por este camino y aprender quiénes somos.

Hace muchos años que ya no estoy sola. Estoy rodeada de personas que me quieren, mi pareja, amigas y amigos que me comprenden y una red de brujas que me hacen saber que ya no estaré sola nunca más. En nuestros tiempos es fácil encontrar a otras. Buscad en internet, buscad círculos de mujeres, grupos paganos en vuestras ciudades y países, encontrad vuestro lugar entre otras brujas. Pero primero, no rechacéis la soledad. Conoceos, aceptaos. Aprended a disfrutar del tiempo a solas porque puede que llegue un momento en el que lo echéis de menos.

Si queréis ofrecerle algo al mundo, primero tenéis que descubrir quiénes sois y qué lugar ocupáis en él. Cerrad la puerta, acallad las voces y sentaos en silencio a conversar con lo que sois. Y cuando queráis saber cómo es el mundo y qué lugar podéis ocupar en él, alejaos y observadlo a través de unas paredes de cristal. Distanciaos de él.

Y cuando sepáis quiénes sois, cómo es el mundo, y el lugar que os corresponde en él, romped el cristal y tomad vuestro sitio.

Descubrid el misterio que os está esperando en la soledad.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Embrujando a la muerte

Journey Home Autor de la imagen: Rassouli www.rassouli.com

Journey Home
Autor de la imagen: Rassouli
http://www.rassouli.com

Sé que aún queda más de una semana para Samhain, pero ya siento su influencia. Halloween lleva tiempo anunciándose y me gustaría que tuvieseis unos días para reflexionar sobre su verdadero significado y poder sentirlo plenamente cuando llegue. En Samhain, entre otras  cosas, celebramos la muerte. Esa noche, la puerta que separa ambos mundos se abre desde el otro lado hacia el nuestro y el velo es tan fino que por unas horas los mundos se superponen. La Humanidad lo ha sentido desde siempre, pero lo que en un principio fue una festividad de recuerdo y reunión con familiares y amigos ya ausentes, se ha convertido en una noche de disfraces y luces como antídoto para nuestros miedos. Nos disfrazamos  para que los espíritus malignos nos crean uno de los suyos y no nos persigan.  Pero de lo que inconscientemente tratamos  de escapar, desde el principio de los tiempos, es de la muerte.

Recuerdo cuando mi abuela murió, en su casa, en su cama. Rodeada de su familia. Murió al atardecer y durante toda la noche fue llegando gente que la conoció, de alguna u otra forma, para velarla. Recuerdo las flores intentando borrar el olor de la muerte sin conseguirlo. Un olor distinto al de la podredumbre. Un olor que nunca antes había percibido y que nunca más he vuelto a encontrar. Y sobre todo, un olor que no todos eran capaces de sentir. Recuerdo a las mujeres rodeando la cama donde ella yacía y a los hombres entrando, presentando sus respetos para salir al poco y reunirse con otros hombres en el salón. Sólo las mujeres permanecían junto al cuerpo. Entonces fue cuando aprendí por primera vez que la muerte es cosa de mujeres. Recuerdo al día siguiente el cortejo fúnebre desde su casa hasta la cercana iglesia donde se le hizo la misa de difuntos. Vivo en una ciudad pequeña, y no sé cómo, consiguieron el permiso para hacer ese cortejo a pié. Mi abuela fue uno de los últimos vestigios de un mundo antiguo con tradiciones antiguas. No he vuelto a sentir la muerte de un familiar como algo cercano, íntimo y compartido desde entonces. En este mundo moderno donde parecen empeñados en alejarnos de todas las emociones, también nos han alejado de la experiencia de la muerte.

Algunas brujas no celebran fiestas, ni se disfrazan ni celebran esta noche. La pasan meditando y recordando a sus seres queridos fallecidos. Otras sí lo hacen, celebran una noche de magia y reunión recordando que la muerte no es el final, sino un nuevo principio. Para nosotras es Año nuevo, el principio de un nuevo giro. Las últimas cosechas han terminado, el verano ha muerto y nos volvemos hacia un nuevo ciclo. Cada bruja elige cómo vivir esta fecha, pero lo celebremos o no,  hay algo que todas debemos recordar. Lo que Samhain tiene para enseñarnos.

Lo primero que nos enseña Samhain es a dejar ir, a ser valientes y soltar. La mayoría de la gente se encariña con sus cosas, con su gente, sus ideas, e incluso con sus errores. Muchas veces nos aferramos a ellas casi con desesperación, casi como si hubiésemos construido nuestra identidad sobre nuestras posesiones. Como si al perderlas nos perdiésemos a nosotros mismos, nuestro corazón o incluso nuestra alma.

Por un lado, es lógico querer conservar lo que amamos o las cosas que nos hacen sentir bien, seguros, cómodos… pero a veces, nos aferramos a cosas o situaciones que no nos hacen felices, que ni siquiera nos gustan ya. Pueden ser trabajos en los que nos sentimos presionados o vacíos. Lugares que nos ahogan y agobian, amistades que sólo nos producen pesar y angustia. O lo más importante, relaciones rotas.

A veces es difícil decidir cuándo una relación ha terminado o solo es un bache en el camino. Otras veces es evidente. Ya no sentimos amor por la otra persona, nuestro futuro es solo una larga condena de días iguales sin volver a sentir ese cosquilleo que nos recuerda que estamos vivos y amamos. Y soñamos con escapar a otra vida, a otro futuro, a otra persona. Y aún así, no nos decidimos a cambiar de vida. El miedo nos paraliza, nos convencemos a nosotros mismos de que no encontraremos nada mejor, que nunca volveremos a ser amados, que no encontraremos jamás a nadie que nos comprenda.

Pero, una vez más, las brujas somos afortunadas. Nuestra Rueda del Año nos enseña estación tras estación que nada termina nunca, que todo es un ciclo que se repite una y otra vez, girando eternamente. Retornando siempre. Cada día es un regalo de la Diosa para vivirlo a nuestra manera. Cada día es una promesa de cambio, si nos atrevemos a cambiar…

En la senda de las brujas aprendemos caminando, viviendo y, si estamos atentas, extrayendo sabiduría de cada detalle de nuestra vida. Si pensamos en nuestro pasado, recordaremos que cada vez que hemos perdido algo importante, alguien de la familia, una amistad, un trabajo, una pareja… el espacio que ha dejado se ha llenado de nuevo.

Si Mabon nos enseñó el equilibrio, ahora debemos recordar esa lección y unirla a la de Samhain y aprender que, para que ese equilibrio se manifieste en nuestra vida, al igual que tenemos que aprender a recibir también debemos aprender a entregar. Debemos hacer sitio para nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevos sueños… dejando marchar otros que ya no necesitamos. Son pequeñas muertes que hemos de atravesar para dar la bienvenida a nuevos nacimientos.

La otra enseñanza de Samhain es que, para vivir plenamente, debemos reconciliarnos con la muerte. Nos hemos acostumbrado a ignorarla, a evitarla, a cumplir con ella con breves visitas de cortesía a los tanatorios o funerales. Somos conscientes de que la gente muere, pero no pensamos que pueda ocurrirnos a nosotros ni a los nuestros hasta que seamos muy ancianos. Y por ello nos perdemos muchos buenos momentos porque nos confiamos y confiamos en el tiempo. Dejamos esos buenos momentos para otro día, para el fin de semana, para mañana. Cuando es totalmente posible que no exista un mañana.

Cerrad los ojos y pensad en esas personas queridas. Esas a las que amáis por encima del resto. Imaginad que apenas les queda una semana de vida. Seguramente correríais a su lado y pasaríais junto a ellas todo ese tiempo, haciendo que fuera el mejor de su vida. Seguramente les diríais cuánto les queréis y lo que significan para vosotras. Querríais que en el último momento supieran que han sido amados y cuánto amor se llevan. Ellos tendrían una muerte hermosa y vosotras paz en el corazón.

Pero ahora imaginad que esas personas mueren esta noche sin que podáis hablar con ellas. Pasaríais el resto de vuestra vida pensando en todo lo que no se dijo, en todo lo que no se hizo, en todo lo que se fueron sin saber. Costaría tanto tener algo de paz…

Entonces, ¿Por qué no hacerlo cada día? Todos, absolutamente todos podemos morir en cualquier momento. No necesariamente tras una larga enfermedad o tras una larga vida. Y cometemos el error de dar por sentado que la gente sabe que les queremos, damos por sentado que estaremos aquí mañana, damos por sentado que habrá tiempo…

Samhain nos enseña que la muerte camina siempre junto a nosotros, que no es más que un eslabón más de la cadena que es nuestra existencia y que casi nunca sabemos cuándo nos tocará.

Por ello, deberíamos vivir siempre recordando que cada momento puede ser el último, deberíamos pasar ese momento riendo, amando, diciendo en voz alta lo que sentimos. Siendo felices mientras aún estamos vivas. Viviendo como si el día de nuestra muerte fuese siempre mañana.

Este Samhain recordad que la muerte es sólo el umbral que hemos de traspasar para regresar a casa cuando hayamos terminado la misión que vinimos a cumplir. Es el lugar en el que descansaremos y en el que nos reencontraremos con aquellos que partieron antes. Allí recordaremos quiénes somos en realidad, quiénes hemos sido vida tras vida, Hijas de la Diosa que una y otra vez caminamos de su mano en la Rueda sin final. Y mientras llega el momento de cruzar el umbral, las brujas celebraremos cada Samhain. Cuando el velo se abre, los mundos se unen y termina un giro para comenzar otro totalmente nuevo, lleno de magia y promesas.

Ser conscientes de la muerte nos enseña a VIVIR. Ese es su secreto, su misterio, su función.

Enseñarnos a amar la vida.

Hyedra de Trivia

Gratitud de Bruja

A place I once called home (Valkyria) Autor de la imagen: Lorelyne http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A place I once called home (Valkyria)
Autor de la imagen: Lorelyne
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A veces atravesamos momentos en los que las cosas no salen como esperamos. Todos nuestros proyectos parecen detenerse o, incluso, dar marcha atrás. Vemos cómo a nuestro alrededor la vida de los demás continúa mientras la nuestra no acaba de llegar a ser como queremos. O tal vez los problemas dificultan nuestro día a día e incluso nos preguntamos qué será de nosotros mañana. En estos momentos es muy fácil dejarse dominar por la desesperanza. Es fácil caer en la trampa de la queja y la desidia. Y es fácil no tener ojos para nada que no sea todo aquello que nos dificulta el camino.

Pero hay una herramienta que las brujas (y muchos psicólogos) recomendamos para luchar contra la tristeza y la desesperanza. El agradecimiento. Por muy difícil que sea nuestra vida, por muchos problemas que tengamos, siempre habrá algo bueno en ella. Algún gesto amable, algún pequeño detalle, algo hermoso que nos haga detenernos y disfrutar de ello. La gratitud es uno de los mayores dones con los que podemos contar, y tenemos la suerte de que se puede desarrollar y trabajar para hacer de él un hábito continuo. Todo lo que hay en éste universo emite una vibración, y esa vibración atrae lo afín y rechaza lo distinto. Si no somos capaces de apreciar las cosas buenas y agradecerlas, dejaremos de recibirlas. Sólo atraeremos lo único que vemos, tristeza, dolor, pena, desesperanza.  Como ya he dicho alguna vez, nuestra mente aprende mediante la práctica y la repetición, y hay un precioso ejercicio que nosotras (muchas sonreiréis porque ya lo conocéis) usamos para practicar la gratitud: nunca te acuestes sin agradecer al menos tres cosas de tu día.

Cada noche, antes de dormir, repasa tu jornada y piensa en algo bueno que te haya ocurrido.  Todo aquello que te haya hecho sentir bien,  haber encontrado unas monedas, haber recibido la amabilidad y la sonrisa de un extraño o algo más sensual, como el calor que se siente al sujetar una taza caliente en un día frio… Cualquier cosa que te haya hecho sentir algo bueno. Hazte con un cuaderno y apunta en él cada noche todo lo que recuerdes. Como mínimo hay que escribir tres anotaciones. Utilizaremos éste Diario de Agradecimientos para entrenar a nuestra mente, le enseñaremos a apreciar los pequeños momentos y al saber agradecerlos, al ser receptivos y hacer espacio en nuestra vida para lo que nos hace sentir bien, cada vez atraeremos más y tendremos más cosas que escribir en nuestro cuaderno.

Y con el tiempo y si eres constante,  descubrirás que ya no necesitas el Diario ni esperarás a que llegue la noche. Serás capaz de sentir gratitud por cada pequeño acontecimiento en cuanto te ocurra, y las sonrisas serán más comunes que las lágrimas. La ilusión por lo que vendrá superará al temor por el futuro y además, serás capaz de extenderlo a tu pasado. Empezarás a agradecer mil cosas que te han ocurrido y que hasta ahora no habías sido consciente del regalo que fueron. Esta es la mejor parte. Ser capaz de dar gracias por tu existencia y todo lo que has aprendido hasta ahora.

Yo suelo dar las gracias por muchas cosas, pero la primera siempre son las mujeres de mi vida. Empezando por mi abuela, de quien aprendí la existencia del amor incondicional y las caricias más dulces que me han dado. Recuerdo las tardes de lluvia junto a ella, las noches en las que no me dormía sin sus palabras. Ella fue mi primera contadora de cuentos, crecí con sus historias y sus recuerdos y hubiera dado lo que fuera por haberla conocido en su juventud y haber vivido su rebeldía a su lado.

Doy gracias también por tener la madre que tengo. De ella aprendí la maravilla del mundo femenino, la limpieza y la honestidad de nuestro cuerpo. Jamás me ocultó nada, por el contrario, siempre respondió a mis preguntas con toda naturalidad y franqueza y me explicó todo lo referente a la menstruación, la sexualidad y la maternidad desde que tuve edad para comprenderlo. En aquella época me parecía lo normal, pero hoy sé que muy pocas madres hablaban así a sus hijas. Sé la suerte que tuve y jamás en mi vida le agradeceré lo bastante el regalo que me hizo. Me regaló mi cuerpo, me regaló mi sexo, me regaló mi autoestima femenina. Mi madre me dio dos veces la vida, la primera al parirme y la segunda al entregarme el conocimiento sobre mi sexualidad.

Doy gracias por mi hermana y por mis amigas, porque cada una de ellas me muestra una faceta de La Mujer y me enseñan la parte de mi misma que hay en ellas y partes de ellas que reconozco en mí. Gracias a ellas, cada vez comprendo mejor qué es ser mujer y reconozco lo afortunada que soy, porque son muchas. Muchísimas mujeres maravillosas rodeándome y queriéndome. Son uno de los grandes regalos de mi vida.

Doy gracias también por los hombres de mi vida. Familiares, amigos, ex parejas, pareja… Todos ellos me han enseñado mucho sobre la masculinidad. Me han enseñado a amar y también a rechazar el mal amor. Algunos han sido espejos en los que he visto reflejado todo aquello que no quería ser. Otros han sacado de mí partes que no sabía que estaban y que no querría haber conocido nunca. Los mejores me han hecho ser mejor persona a mi vez. Ahora, otros me están enseñando que un nuevo hombre es posible, que no están sólo en los libros o las películas. Son compañeros que caminan a nuestro lado, y de ellos aprendo que, aunque a veces es difícil encontrarlos, haberlos, hailos.

Agradezco la suerte que he tenido por las maestras que he ido encontrando. De ellas, mujeres que han dedicado su vida a enseñar a otras, he aprendido y continúo aprendiendo el valor de la hermandad. De la transmisión de unos conocimientos y una sabiduría que nos pertenece a todas y que nos hará libres. De la responsabilidad que es ser la portadora de las antiguas tradiciones de las Hijas de la Tierra y mantenerlas y transmitirlas para que no se pierdan y crear una nueva generación de mujeres que se comprometan a continuar con su labor. Gracias, porque si vosotras no fuerais, yo no habría podido ser.

Doy gracias por mis brujas. Por el circulo pagano de mujeres y hombres que me acompañan en esta aventura de celebrar los ciclos de la Naturaleza y recordar los antiguos ritos que una vez unieron a la Humanidad con la Tierra. Con ellos disfruto de cada momento vivido en comunidad, de las ideas compartidas y de muchas horas de magia.

Y sobre todo agradezco cada detalle de este planeta en el que he nacido, cada gota de lluvia, cada soplo de aire, cada rayo de sol que se cuela entre las hojas de los árboles y dibuja formas de sombra sobre la hierba. Doy gracias por todas las maravillas que me ofrece. Agradezco ser capaz de sentir placer, de poder viajar entre las páginas de un libro, de emocionarme hasta el punto de las lágrimas escuchando una melodía. Agradezco cada risa y carcajada. Cada beso de mi pareja y también los de los labios pegajosos de las niñas de mi vida. Doy gracias por mil sensaciones que mi piel percibe. Doy gracias por estar viva, por sentirme viva y querer seguir viva. Pero sobre todo, doy gracias por saber agradecer mi vida.

¿Y tú? ¿Por qué das las gracias?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Aprendiz de bruja

Burn our souls. Release the wicked. Autor de la imagen: The Night she Died http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Burn our souls. Release the wicked.
Autor de la imagen: The Night she Died
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Otoño… Época de cambios, inicios, cursos, formaciones… Y las brujas no íbamos a ser menos. Si buscáis en internet, cada vez hay más opciones para comenzar o continuar nuestro camino. Afortunadamente la mayoría las facilitan personas con un gran bagaje detrás, muy preparadas y con años de práctica a sus espaldas. También hay oportunistas, como en todo, pero son los menos y, casi siempre,  muy fáciles de reconocer.

Hoy quiero hablaros de lo que significa embarcarse en una formación pagana y cómo integrarla en vuestra vida diaria para que realmente os transforme, a vosotras y a vuestro entorno.

Lo primero que hay que tener claro desde el principio es que vuestra Maestra o Maestro no va a solucionaros la vida ni a daros las grandes respuestas a los grandes misterios de vuestra existencia. Ese será vuestro trabajo. Única y exclusivamente responsabilidad vuestra. Lo que una buena Maestra sí hará será facilitaros la información y el conocimiento, entregaros unas herramientas y enseñaros a usarlas. Todo lo demás es cosa vuestra.

He conocido a mujeres que se han apuntado con muy buena voluntad a formaciones, a círculos de mujeres, a cursos, etc… para abandonarlos después antes de acabarlas o quejarse de que no funcionan o de que su Maestra no es buena. Indagando un poco más, al final sale a la luz la raíz del problema. Este suele ser el caso, a lo mejor os suena:

El primer día acuden emocionadas, cargadas de expectativas y con ganas de aprenderlo todo. Todo les parece perfecto, la Maestra, el sistema de trabajo que se va a llevar a cabo, el resto de compañeras o compañeros, los temas tratados. Salen de allí con sus apuntes, un par o tres de descubrimientos que les abren un mundo nuevo y, lo más importante, una prácticas para hacer en casa y que deberán llevar hechas el próximo encuentro para poder avanzar.

El primer día tras el inicio están en las nubes, por fin han empezado el camino, por fin se formarán para ser brujas, sacerdotisas, paganas, conocedoras de los misterios femeninos, etc…  Así que no hacen mucho, simplemente repasan  en su mente lo estupendo que fue todo, lo maravillosa que era la gente, lo sabia que parecía la maestra… Los siguientes días la rutina diaria las mantiene ocupadas, total, queda aún tiempo hasta el siguiente encuentro, en cuanto encuentren un hueco se pondrán con las prácticas. Y el tiempo pasa, y cuando se dan cuenta, quedan un par de días y aún no han trabajado nada de lo que tenían que hacer. Y aquí pueden ocurrir varias cosas, la primera es que algunas decidan no ir y abandonar la formación por vergüenza o pereza o cualquier otro motivo. La segunda es que hagan las prácticas deprisa y sin profundizar, por lo que no asimilarán su verdadero sentido ni obtendrán el resultado para el que estaban pensadas. La tercera es que se presenten sin haberlas hecho, pidiendo perdón arrepentidas, culpando a la falta de tiempo y asegurando que no volverá a ocurrir.

En estos dos últimos casos, la Maestra se encuentra ante un dilema. Estas personas retrasan a todo el grupo, porque estas formaciones están estructuradas para que el grupo se consolide y avance unido. Cuando alguno de sus miembros no cumple con su trabajo o no se compromete con la formación, hay una fuga de energía, el círculo no cierra bien y el grupo no avanza como debería. La Maestra normalmente pasa por alto una falta de este tipo porque comprende que la vida actual absorbe mucho tiempo y puede ser cierto que realmente no se ha podido trabajar. Y también porque confía en sus aprendices, ya que todos somos adultos y responsables de nuestras acciones. Y, tal vez, sea un buen aprendizaje para todos.

Tras el segundo encuentro, estas personas se relajan. No ha ocurrido nada por no hacer su trabajo, nadie se lo ha echado en cara ni les ha avergonzado, así que ahora ya no se sienten tan culpables por ir dejando pasar los días sin hacerlas. Y así, van avanzando en la formación.

Pero empieza a ocurrir algo, y es que mientras el resto de sus compañeras va cambiando y contando experiencias transformadoras, ellas no notan nada. Siguen igual que al principio. Empiezan a aburrirse en los encuentros, los temas ya no les parecen tan interesantes, no comprenden a las Diosas de las que les hablan. Sus compañeras ya no son tan maravillosas como les parecieron al principio y empiezan a dudar de su Maestra, que no ha sido capaz de enseñarlas, de cambiar su vida, de convertirlas en lo que ellas buscaban ser.

Y abandonan el grupo. O lo terminan pero sin convicción y sin haber aprendido nada.

Seguro que conocéis casos como estos. Incluso puede que alguna se haya visto reflejada aquí. No quiero que os sintáis acusadas o atacadas por el texto de hoy. Lo que quiero es daros unos cuantos consejos para que no vuelva a ocurrir y, si vais a comenzar por primera vez una formación,  que le saquéis todo el provecho que podáis.

Lo primero y principal es, por favor, cueste lo que cueste, sacad diez, quince minutos, media hora al día para hacer las prácticas que os pidan. La mente humana sólo aprende mediante la práctica y la repetición. Por mucho que leáis los apuntes que toméis, si no practicáis no lo asimilaréis. Estudiad por vuestra cuenta. Si os hablan de alguna Diosa, investigadla. Conoced su historia, sus mitos. Descubrid qué nos enseñan. Cómo podéis aplicarlos a vuestra vida.

Segundo, no esperéis que vuestros compañeros sean perfectos, mágicos y sapientísimos desde el primer día y se mantengan siempre así. Son personas como vosotras. En éste tipo de grupos donde se trabaja a un nivel emocional tan profundo y donde se comparte todo, habrá muchos tipos de experiencias y sentimientos que saldrán a la luz. Incluso muchos que sus mismas dueñas ni conocían. Saldrá lo mejor y lo peor de cada una y debéis recordar que no estáis allí para juzgar a nadie, sino para acompañar y apoyar en ese proceso a las demás, como ellas harán con vosotras. Se trata de crecer juntas, no contra las demás.

Tercero, tu Maestra no tiene la obligación de darte todo hecho. No le preguntes cosas como: ¿Tú que crees que significa esto? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué tengo que hacer ahora?… etc. Ella está ahí para enseñarte ceremonias en las que acceder a ciertos estados de conciencia, te mostrará cómo viajar hasta tu interior y  estudiarte a ti misma, te presentará Diosas y Dioses y te explicará cómo trabajar con ellas. Te enseñará Historia, Mitología, magia, meditación, diferentes formas de honrar la vida, la Tierra, a ti misma. Te enseñará a buscar tus heridas y una vez halladas, cómo sanarlas. Pero no lo hará por ti. No debe hacerlo por ti. Ella no va a agitar su varita mágica, va a invocar a la Diosa y va a hacer que penetre en ti para cambiarte y convertirte en una Sacerdotisa. No. Tu Maestra hará su trabajo, algo mucho mejor. Te enseñará que la Diosa siempre ha estado en ti, que tú debes encontrarla en tu interior y tú debes sacarla a tu mundo. Tú serás quien te cambie la vida. Y eso requiere mucho trabajo.

Será difícil. Será duro. Probablemente habrá partes de ti misma con las que te costará lidiar. Habrá muchas horas de estudio, totalmente necesarias. Habrá muchas horas de prácticas que en un principio, parecerán no tener sentido. Habrá momentos en los que te sentirás perdida. El mundo poco a poco irá cambiando a tu alrededor y no estarás segura de si te gusta o no.

Pero también habrá descubrimientos que te llenarán de maravilla. La felicidad se irá instalando poco a poco en ti. Conocerás personas estupendas con las que forjarás un vínculo muy íntimo y cercano y sanarás muchas heridas del pasado, algunas incluso que no sabías que tenías (suele ocurrir). Pero lo más importante de todo, lo que de verdad te cambiará la vida, es que habrás dado el primer paso y el más importante para convertirte en una gran bruja, sacerdotisa o simplemente mujer. Conocerte a ti misma y enamorarte de ti misma. Y eso te acompañará siempre.

Así que si has decidido comenzar el camino, ya lo sabes.

Trabaja en ti. Sin excusas.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Eres una bruja?

A Love Ritual Autor de la imágen: Anhen http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

A Love Ritual
Autor de la imágen: Anhen
http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

Algunas de vosotras me escribís con dudas, confusas. Me contáis que mis palabras os resuenan, que sentís como propias muchas de mis experiencias, de mis pensamientos y sensaciones. ¿Soy una bruja? Me preguntáis. Y yo no sé qué responderos. Solo hay una persona en este mundo capaz de responder a esa pregunta, y esa persona sois vosotras mismas. Porque solo vosotras sabéis quiénes sois, y lo que sois en vuestro interior.

Para facilitaros esa respuesta os voy a contar una historia, os voy a contar quienes han sido las brujas a lo largo de la Historia, después, vosotras mismas decidiréis.

Las primeras brujas, ya en la Prehistoria, eran lo que ahora conocemos como chamanas. Personas que se comunicaban con los Dioses, y que hacían ritos y ceremonias en favor de su tribu. Además eran sanadoras y hacían rituales mágicos, hechizos, magia…

Con el tiempo, la Humanidad y sus creencias fueron evolucionando y estas chamanas (también chamanes) se fueron convirtiendo en sacerdotisas y sacerdotes de religiones más o menos organizadas y establecidas. La mayoría de ellas centradas en lo que realmente importaba a nuestra especie, la fertilidad de la Tierra, ya que era esto lo que garantizaba la supervivencia. En todas ellas la magia tenía un papel muy importante. Los hechizos y los sortilegios en los que se invocaba a los Dioses para favorecer cosechas, lluvia, abundancia, salud, amor… eran corrientes y naturales. Además de Sacerdotes y Sacerdotisas, había personas sabias en aldeas y pueblos que se mantenían más cercanas a las antiguas prácticas chamánicas. Casi siempre mujeres, sanadoras, parteras, ancianas sabias que orientaban a sus vecinos. Hechiceras y hierberas que comprendían el funcionamiento del mundo natural y su dimensión mágica.

Cuanto más aislado estuviera el poblado o la aldea, más cercanas a su origen se mantenían las antiguas tradiciones. Cuando un pueblo invasor llegaba imponiendo nuevos dioses y costumbres, la mayoría de las veces apenas daba una fina capa de barniz a las anteriores. Imaginad que vivís entre montañas, o en una pequeña aldea donde las cosas siempre son iguales. Tus padres, tus abuelos y los padres y abuelos de éstos, hasta donde puedes recordar, siempre han adorado a sus Dioses que les proveían de alimento y hogar, y siempre han realizado las mismas ceremonias, los mismos rituales en los mismos días señalados del año.  Un día llega un invasor, por ejemplo Roma, y te dicen que ellos también conocen a tus Dioses, pero les llaman de otra manera y que, a partir de ese momento, tú debes llamarles igual que ellos. Y lo haces, pero las ceremonias continúan casi iguales que antes y tú se las enseñas a tus hijos aunque ahora dirigidas a los antiguos Dioses con nombres nuevos. Tus hijos y nietos continúan con ellas, haciendo lo mismo hasta que llega otro invasor, esta vez el Cristianismo.

Al principio ésta nueva religión llegada de Oriente no afectó a la mayoría de la población. En realidad tardó muchos más siglos de lo que nos han contado en implantarse. El Cristianismo fue una religión de ciudad y su anexión fue más una cuestión política que un asunto de fe. Eran los reyes los que, buscando alianzas y poder, se convertían. Y si un rey era cristiano, todo su reino se consideraba cristiano. Pero en realidad sus súbditos, especialmente cuanto más alejados vivieran de la ciudad, continuaban adorando a los mismos Dioses que sus antepasados y honrándolos con las mismas ceremonias y rituales mágicos que aquellos. Eran las personas que vivían en los pagos (campo en latín), los paganos.

Pero de todos es conocido que los Dioses de las antiguas religiones son los demonios de las nuevas y el Cristianismo  se propuso convertirse en la única fe de Europa y del mundo, por lo que decidió acabar con lo que quedaba de las prácticas de las antiguas religiones, y para ello convirtió a aquellos antiguos Dioses de la fertilidad y la Tierra en demonios y construyó iglesias en la mayoría de los antiguos lugares de culto. Como la Humanidad es un animal de costumbres, fue difícil que abandonaran sus antiguas creencias, pero la Iglesia lo solucionó apropiándose de las festividades antiguas y de algunos Dioses convirtiéndoles en santos.

A pesar de ello, aún persistían mujeres que mantenían retazos del antiguo conocimiento. A veces casi intacto, otras veces sincretizado con elementos cristianos, y durante algunos siglos más, la Iglesia simplemente las ignoró al no considerarlas demasiado peligrosas. Pero tras la Edad Media, periodo más o menos tranquilo para estas mujeres, llegó el siglo XVI, la Edad Moderna. Y todo cambió. Grandes crisis sociales y económicas asolaron Europa durante los siglos XVI y XVII, hambrunas, corrupción política, revoluciones sociales, pestes…. El poder necesitaba un chivo expiatorio y lo encontró. Estas mujeres eran peligrosas, eran fuertes en sus comunidades, independientes, rebeldes, desafiantes. Eran mujeres que se atrevían a tener poder, a tener voz, a tener conocimiento… como los hombres. Y pronto los dedos que las acusaban se levantaron y surgió la palabra como un insulto, Bruja. Secuaz del Diablo. Amante de Satanás. Acusada de pactar con el Diablo para perjudicar a la especie humana y en especial, acabar con el cristianismo. Y la ola de miedo, terror, acusaciones sin fundamento y muertes se extendió por el mundo.

La inmensa mayoría de mujeres y hombres que murieron en aquellos siglos bajo la acusación de brujería no lo eran. Durante siglos el poder consiguió el arma perfecta para mantener a la población, y sobre todo a las mujeres, sometidas. Cualquier gesto podría ser sospechoso, cualquier mirada, cualquier palabra. Vecinos contra vecinos, familias contra familias, viudas herederas de tierras que otros codiciaban, suegras molestas, cualquier mujer que no necesitase a un hombre… cualquiera que sobresaliera.

Pero a pesar de ello, a duras penas y muy fragmentadas, las antiguas creencias, los antiguos Dioses, permanecieron. La magia, los hechizos, los rituales pervivieron. A veces puros, a veces con nombres cristianos, pero sobrevivieron.

Poco a poco, cuando el mundo se calmó, decidió que las brujas no existían y no habían existido nunca. Que la magia no existía. Que todas las antiguas creencias no eran más que supersticiones de personas incultas e iletradas. Y todo lo que una vez se reverenció, todo lo que más tarde se temió, ahora se despreció. Pero ni siquiera entonces desapareció. Todos los secretos y los misterios fueron guardados.

Y esto es lo que era una bruja, no un ser maléfico y sobrenatural seguidora del mal y acólita de Satán. No. Una bruja era la guardiana de los antiguos cultos de la Tierra. De las antiguas costumbres. Heredera de la magia, de hechizos y sortilegios y conocedora del mundo natural. Esa es la brujería.

Y ahora, en nuestros tiempos, las brujas somos todo eso y más. Ahora dedicamos nuestra vida a intentar recuperar lo que se perdió. Estudiando fragmentos, intentando comprender cómo debieron ser aquellas primeras religiones, tratando de reconstruir un pasado que jamás se olvidó del todo. Honramos a aquellos primeros Dioses, a nuestra Diosa Madre Tierra y Señora de la Luna, estudiamos el misterio de este planeta y de la Naturaleza, recordamos y enseñamos a otras el poder y la conexión divina que hay entre el cuerpo de una mujer y la Tierra y hacemos magia. Esto es, sobre todo, lo que define a una bruja. Hacemos magia. Hechizos. Sortilegios. Encantamos hierbas, piedras, talismanes, amuletos…. Embrujamos al mundo y a nosotras mismas.

Si tienes premoniciones, intuiciones o visiones eres vidente, no bruja. Si te comunicas con fallecidos no eres bruja, eres médium. Si sientes las emociones de otros o sus presencias, eres sensitiva, no bruja. La bruja es aquella que además de todo  eso (o no), hace brujería. Magia. Utiliza conscientemente las energías de la Tierra, las de los Dioses (les llame como les llame) y la suya propia mediante rituales y ceremonias que un día se prohibieron, para crear un cambio en el mundo que le rodea y en sí misma.

Aunque algunas no se sienten cómodas con la palabra, la gran mayoría sí lo hacemos. Las palabras tienen poder y nosotras nos llamamos brujas a nosotras mismas porque reivindicamos la limpieza de ese nombre. Reivindicamos el recuerdo de todas aquellas mujeres que murieron acusadas de algo que siempre fue falso, en nombre de demonios falsos, y condenadas por actos falsos.

Las brujas hemos sido siempre mujeres libres, fuertes y sabias. Guardianas del pasado y del antiguo conocimiento.  Hijas de la magia y maestras de brujería. Sólo eso. Todo eso.

Y ahora que ya conoces nuestra historia, puedes encontrar la respuesta a tu pregunta.

Está en tu corazón.

¿Te atreves a buscarla?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Diosa Oscura

Autor imágen: Jo Jayson

Autor imágen: Jo Jayson

Soy una bruja Oscura, sí. Lo admito. Pero antes de que os hagáis una idea equivocada, quiero explicaros qué significa. Las brujas Oscuras no hacemos hechizos que perjudiquen a otros, jamás imponemos nuestro poder sobre la voluntad de otras personas ni buscamos el camino fácil. No. Ser una bruja Oscura significa que has decidido, o has sido llamada, a alcanzar la sabiduría estudiando en y la Oscuridad.

La Diosa tiene muchos rostros.  Uno de ellos corresponde a la Bruja, la Hechicera. La Diosa Oscura. Es el aspecto de la Diosa que rige lo oculto, el misterio, la magia, la Sombra, la Muerte, la iniciación y la sabiduría de la oscuridad. Puede ser anciana o no. Amable o cruel. Y como Diosa de la Muerte lo es también de la vida porque una cosa no es sin la otra. Rige el Norte, los fríos y las tinieblas del invierno, la quietud y la calma. El recogimiento. Su elemento es la Tierra y se esconde tras la oscuridad de la Luna. Ella es la sabiduría que se oculta en el lugar donde casi nunca la buscamos, dentro de nosotras. Y Ella, en varios de sus Nombres, es mi regente.

No puedo decir que la elegí. Ella me escogió a mí ya que nunca he sentido que tuviera otra opción. Todas las decisiones que he tomado en mi vida, todos los caminos por los que he vagado, todas las relaciones que he vivido, disfrutado o sufrido, me han sumergido cada vez  más profundamente en sus dominios. Un reino que, desde siempre, ha ejercido una atracción innegable en mí. Desde niña sentí una fascinación innata por lo oculto, por los misterios de este mundo y del otro. Siempre quise saber más, saber el por qué, conocer lo que se esconde en las sombras y hacerlo mío. Saberlo mío. Y aunque nunca lo he temido, siempre lo he respetado, porque lo que se esconde en las sombras, tiene el poder de darte la Luz. Lo que se esconde en la Oscuridad, es el conocimiento de lo que realmente somos.

De la mano de Hékate he aprendido a no tener miedo a perderme en la vida. Me ha enseñado que las encrucijadas son oportunidades de cambios y que ninguna opción es la equivocada. Cualquier camino que elija es el correcto, ya que Ella los rige todos. Escoja el que escoja, será el acertado, porque también será su camino. Hékate me enseñó que cada una porta la antorcha de su propia Luz y que la vida y la muerte son los dos filos de un mismo cuchillo. Cada vez que de noche me acerco a un cruce de caminos, algo aletea en mi interior y una emoción inmensa me invade. Miro a la oscuridad, siento el frescor de la noche, escucho la música de la vida nocturna y reconozco todo lo que las sombras pueden enseñarme, y me abro plenamente a Ella que me guía custodiada por sus perros negros hacia donde vive el mayor de los misterios. Mi propia oscuridad.

De Kerridwen he aprendido el significado de eternidad. He comprendido el eterno regreso y los ciclos sin fin.  Que la mayor magia que existe es la que se produce en el útero de una mujer cuando crea. Kerridwen me llevó de la mano hacia la sabiduría, hacia el conocimiento de mi propia identidad. Aprendí que siempre hay otra oportunidad, que su caldero nos ofrece el don de la regeneración y la transmutación. Que la sabiduría y el conocimiento no se obtienen sin esfuerzo ni trabajo duro, y que lleva años atravesar las fases que hacen de ti una bruja sabia. Me cambiará mil veces, me transformará de mil maneras, pero siempre saldré de ello renovada. Renacida. Otra y la misma. Siempre yo.

Lilith me ha acompañado desde el principio, por ello tuve la suerte de considerar mi sexualidad algo natural y creada para hacerme disfrutar. Mi cuerpo y mi sexo han sido hechos para obtener placer, y jamás me he sentido mal, sucia o depravada por ello. Por el contrario, gracias a Lilith soy afortunada porque al reconocer mi sexualidad como el gran don y regalo que es, nunca he tenido que enfrentarme a enfermedades, a culpas y sentimientos generados por una mala educación y una mala y equivocada visión de la esencia femenina. Soy un ser sexual. Soy una persona con órganos sexuales cuya función natural es sentir placer. Le pese a quien le pese y moleste a quien moleste. Mi sexo me conecta con la naturaleza salvaje, con el instinto y la vida. Y me conecta con la magia, porque en el sexo también reside un gran misterio, el  del Amor hacia una misma, el más importante y el más poderoso.

Ahora camino de la mano de Ataecina, navego junto a Ella en la barca con la que se mueve entre los mundos. Me cuenta historias de épocas pasadas, de aquellas de mi linaje que navegaron con Ella hacia el otro lado para descansar antes de regresar a este mundo. Sus cuervos, sus cabras, sus cerdas blancas me traen mensajes de otros tiempos. Me piden que regrese a la tierra, a las cuevas, a la oscuridad. Que deje que todo aquello que aún me lastra se pudra y se desintegre entre los gusanos. Porque Ataecina me enseña que la carroña y la podredumbre se convierten en el abono que hará crecer la vida.  Ataecina me habla del pasado, de mis muertos, de mi conexión con la sangre que corre por las venas de todas mis ancestras y que ahora murmura sus nombres, sus historias, sus lágrimas y risas en mis propias venas. Ataecina me habla de raíces, de los recuerdos que quedan impregnando huesos viejos y de que la mejor forma de honrar el pasado, es sanando el presente.

De todas Ellas y otras que no menciono, de mis Diosas Oscuras, he aprendido casi todo lo que sé y también gracias a Ellas soy gran parte de lo que soy.  Todas Ellas me han enseñado cosas que sólo se pueden aprender en la oscuridad, porque es allí donde hemos desterrado la sabiduría prohibida. Pero es tiempo de que esa prohibición deje de afectarnos. Es hora de que las mujeres rompamos esa obediencia a normas sin sentido. Es tiempo de que las Brujas se salten esa prohibición y viajen a la oscuridad para conocer todos sus misterios y convertirse en seres de Luz. Todo lo que he aprendido me inunda y se derrama, y siento que estoy lista para compartirlo con vosotras. Dentro de poco os abriré una puerta a mi oscuridad y os invitaré a compartir sus secretos.

Sed valientes y no temáis.

Aunque en realidad no hay nada que temer, porque dentro de toda Bruja Oscura, sólo existe Luz.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Reposo de Bruja

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Por fin llega el momento, esta bruja que os habla se marcha de vacaciones. Me retiro a descansar y a prepararme para los retos que me esperan en septiembre.

Hoy seré breve porque la soledad y el retiro me llaman. Es posible que publique algo más durante agosto, pero mientras, quiero pediros un favor:

Durante el verano, cantad con el viento y aulladle a la luna, bailad con las olas y gritad a las montañas. Corred por los bosques y dormid largas siestas a la sombra bajo los árboles. Haced cientos de hechizos y pedidle mil deseos a la Luna Azúl.

Vayáis donde vayáis, mirad al mundo con ojos de bruja. Encontrad la belleza en todo lo que os rodea y sobre todo en vosotras mismas. Llevad vestidos de colores, frescos y vaporosos que os hagan sentir mágicas. Ponéos un sombrero para dar paseos bajo el sol. Mancháos los labios y los dedos con el jugo de las frutas y las bayas de verano. Contemplad muchos atardeceres y disfrutad de algún amanecer. Encontrad cada día algo por lo que reír. Comed pan de cereales y galletas saboreándolas mientras agradecéis a la Madre Tierra sus cosechas. Cantad cada día…

El favor que os pido es que viváis este verano. Hacedlo mágico. Que sea inolvidable haciendo que cada día sea especial tan sólo por ser parte de vuestra vida. Convertid este torrido verano en un verano de brujas.

Os deseo un muy feliz tiempo de magia. Yo regresaré pronto pero hasta entonces, llenad el mundo de hechizos, de voces encantadas, de bailes bajo la luna y carcajadas de brujas.

Llenad el mundo con la magia de las Hijas de la Diosa.

Feliz Verano, feliz vida.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El verano de la Oscuridad

Witch Anette89

Witch
Anette89

En las ciudades sobra luz. Estamos inundados de luz, tanto de día como de noche. Esta madrugada no podía dormir y salí al balcón en busca de una brisa inexistente. A pesar del tórrido calor y los mosquitos, las noches de verano tienen una magia difícil de igualar. Así que me senté y me dejé embargar por el espíritu de las noches cálidas. Si os habéis fijado, todo parece vivo. Los árboles, las fuentes, los sonidos que parecen escucharse desde muy lejos… Tanto que a veces pienso que puedo enviar mensajes sólo susurrándolos y el viento sabrá llevarlos hasta quien tiene que escucharlos.

Inundada de esa sensación casi onírica, cerré los ojos y recordé ese sueño que tengo desde que era niña y que ya os mencioné una vez. Ese en el que me cubro con una capa oscura, y en medio de la noche y amparada por la oscuridad, escapo y cruzo la ciudad para reunirme con un círculo de brujas que me espera en la entrada del bosque para compartir secretos, magia y hechizos alrededor de una hoguera en la profunda espesura.

Pero cuando abrí los ojos, regresé a una noche de verano en la ciudad y sonreí incómoda. Demasiada luz. Tanta que ninguna oscuridad podría ampararme. Me imaginé intentando ocultarme entre los haces de luz y me reí. Cada vez hacen las calles más anchas, sin callejones, con muchas farolas. Dicen que así pretenden disminuir el peligro, eliminar los lugares problemáticos y puntos negros de delincuencia, y en parte tienen razón, pero también eliminan el misterio, los escondites de los amantes, los puntos de encuentro de las almas que reviven de noche. Sonreí porque por suerte, donde yo vivo, una bruja ya no necesita esconderse en las sombras para llegar a su akelarre. Y me incomodé porque, ¿Qué ocurriría si algún día necesitamos volver a escondernos?

En las ciudades nos han robado la noche. Nos han robado la oscuridad convenciéndonos de que es mala cuando la única maldad que hay en ella es la que el mismo Hombre crea. La han llenado de monstruos, de terrores, de todo aquello que hay que desterrar. Nos obligamos a un ritmo inhumano marcado por relojes y bombillas cuando nuestro cuerpo está hecho para funcionar con el ritmo de la Tierra. Nuestros días y noches artificiales duran lo mismo sin importar la estación del año en la que estemos y eso hace que vivamos constantemente agotados. Han reducido nuestra existencia a dos binomios que nos están destrozando: luz, actividad, energía y dinamismo contra oscuridad, lentitud, tranquilidad y observación.

Pero nosotras sabemos que la oscuridad es descanso. Es el reino de las maravillas. Es donde nacen los sueños. Nuestro refugio. Toda bruja lleva la oscuridad dentro y, si quiere llegar a ser una verdadera sabia, es absolutamente necesario que conozca a la oscuridad, que la reconozca en su  interior y que no la tema. Una bruja debe enamorarse de la oscuridad.

Para ello, este verano os propongo algo. Este verano vamos a reencontrarnos con la Oscuridad de la noche. Vamos a estudiarla, a aprender a sentirla. Vamos a dejarla penetrar en nosotras para que se encuentre con la que ya llevamos dentro. Este verano vamos a enamorarnos de la ausencia de luz.

Si vivís cerca de un bosque, monte, costa o tenéis la suerte de ir de vacaciones a algún lugar cercano a la naturaleza, comenzad dando un paseo al atardecer. Sed conscientes del cambio en el cielo, en la temperatura del aire, en los pájaros, en como se alargan las sombras. Fijaos en los olores. En la luz dorada del Sol justo antes de ponerse. En los cielos rojos un tiempo después de que haya desaparecido el Sol. Esta primera noche alargad el paseo hasta que no quede luz y veáis las estrellas en el cielo. Si queréis podéis llevar una libreta para escribir lo que sentís, o simplemente sentirlo y disfrutarlo y escribirlo después.

La siguiente noche salid cuando ya esté oscuro y no quede nada de luz en el cielo. Buscad un lugar que sea seguro, porque la oscuridad no es peligrosa pero algunas personas sí, dejad dicho donde estaréis y más o menos por cuanto tiempo. Llevad una linterna si es necesario, aunque si hay luna probablemente no os hará falta. Cuando lleguéis al lugar elegido, sentaos o tumbaos y, simplemente, abríos a la noche. Observad las estrellas lejanas, escuchad los sonidos de la vida a vuestro alrededor. El viento agitando la hierba y haciendo que los árboles canten su canción. La tierra moviéndose bajo vuestro cuerpo debido a todas las criaturas que despiertan en sus madrigueras y salen a vivir en estas horas oscuras. Ratones, conejos, gusanos…  El rumor de las olas calmadas por la marea si estáis en la costa… Si es una noche sin luna y estáis apartadas del pueblo o la ciudad, tendréis la suerte de conocer la verdadera oscuridad, no podréis ver ni vuestra mano frente a vosotras. Tan solo sentiréis. No tengáis miedo, no hay nada que temer. El mundo que os rodea es el mismo que veis bajo el Sol, hermoso y hechizante. Ese mundo sigue ahí, pero oculto. Ahora solo podéis sentirlo y os invita a buscar esa belleza en vuestro interior.  La oscuridad es un regalo para conectar con el mundo a través de los otros sentidos, y para volver nuestra mirada hacia dentro. Meditad, conectad con la tierra bajo vosotras y con las estrellas sobre vuestras cabezas.  Dejad que las sensaciones fluyan libremente, no reprimáis ninguna. Cuando regreséis a casa escribid sobre como os ha afectado la experiencia, si habéis estado cómodas, si habéis sentido temor, incomodidad, felicidad, comunión con todo… Toda sensación y pensamiento es importante.

La tercera noche salid en el momento más oscuro, justo un tiempo antes de amanecer y observad el proceso. Fijaos en los cambios que se producen, y no sólo a vuestro alrededor, también en vosotras mismas. La hora más oscura es aquella justo antes de amanecer. Igual que en la vida. Tal vez porque si la oscuridad no fuese tan absoluta, el amanecer no nos parecería tan espectacular.  Disfrutadlo. Sentidlo. Observad cómo la luz, tímida al principio, empieza a colorear el mundo y a nosotras. Observad cómo todo despierta a la promesa de un nuevo día. Cómo todo parece limpio y nuevo. Cómo la belleza está ahí  siempre, aunque a veces no podamos verla.

Porque ese es el regalo de la Oscuridad, limpiar todo y hacer que todo renazca renovado y con nuevos colores.

Salid a su encuentro muchas noches durante este verano.  Con luna, sin luna, con apenas un gajo de ella… Salid a diferentes horas y disfrutad del encanto de la noche. Disfrutad del hechizo de las tinieblas. Las sombras guardan secretos para aquellas que se atreven a penetrar en ellas. Y sé que vosotras sois brujas valientes que vendréis al final del verano con mil historias para contarme.

Podría desearos unas buenas vacaciones este año, o que viajéis mucho, o que os divirtáis y descanséis en la playa. Podría desearos mil rayos de Sol y días sin fin entre las olas del mar. Pero no. Este año sólo voy a desearos una cosa.

Oscuridad. Mucha oscuridad.

Disfrutadla.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Biblioteca de la Bruja

Imagen: Beside stories Autor: mrbee30 http://mrbee30.deviantart.com/

Imagen: Beside stories
Autor: mrbee30
http://mrbee30.deviantart.com/

Muchas de vosotras me preguntáis dónde podéis leer sobre las brujas de las que hablo. Sobre las mujeres sabias y nuestras antepasadas que habitan en mis textos. La verdad es que nuestra Historia es antigua, se remonta hasta las primeras tribus en la Prehistoria y, aunque no es fácil encontrar libros que nos hablen de ellas en general, alguno hay. Más abajo incluyo una bibliografía de varios que pueden serviros para empezar a conocer mejor el tema.

Básicamente las brujas somos mujeres (y hombres) que a lo largo de los tiempos hemos mantenido y conservado unas costumbres, tradiciones, rituales, y Diosas y Dioses anteriores al cristianismo. Éste se fue extendiendo por Europa principalmente por las ciudades. Eran los reyes y los nobles los primeros en convertirse, pero en los pueblos y los campos (los pagos) los aldeanos y campesinos (paganos, de aquí viene la palabra) continuaban rindiendo culto a sus dioses antiguos, a la Madre Tierra y a sus Diosas de las aguas. Cuando fueron evangelizados, la Iglesia sincretizó muchos de estos Dioses y Diosas con Santos cristianos y lo mismo hizo con las festividades que celebraban la vida y el ciclo de la Tierra. Aunque algunas personas aún recordaban su origen y fueron perpetuando las antiguas costumbres en secreto.

Pero llegó un día en el que se nos consideró una amenaza, y los cristianos comenzaron a quemarnos y a ahorcarnos bajo la acusación de pactar con el Diablo para acabar con el orden establecido por la Santa Iglesia para quitarnos de en medio. Contrariamente a lo que la mayoría cree, la Edad Media fue una época bastante tranquila para las brujas. La famosa caza de brujas que acabó con la vida de tantas mujeres en Europa fue durante la Edad Moderna, en los siglos XVI y XVII, cuando el viejo continente sufría una terrible crisis económica y social, y las brujas fuimos el cabeza de turco al que culparon de todos los males.

Pero desde la Prehistoria, en la que eramos chamanas mensajeras entre el mundo espiritual y el terrenal para el resto de la tribu, pasando por la época clásica donde eramos sacerdotisas de los Dioses Antiguos y de la Madre Tierra, hasta la Edad Media y Moderna, donde siempre había una mujer sabia en las aldeas y pueblos que hacía las labores de herbolera, curandera, partera…, sabias que conocían los secretos de la naturaleza, hemos permanecido superando todo lo que ha intentado acabar con nosotras. Ahora en nuestros días, en pleno siglo XX, somos personas que intentan recuperar esas costumbres y tradiciones antiguas, esas prácticas y creencias y las antiguas religiones basadas en la Tierra y continuar con el legado de todas las que nos precedieron.

Si queréis conocer nuestro mundo o ya sois parte de él pero queréis saber más, os recomiendo esta pequeña selección de lecturas. Son muy pocas, es cierto, y hay muchísimas más (afortunadamente cada día más), pero ellas mismas os llevarán a otras. Con ellas no haréis más que empezar.

Para acercaros a esas primeras brujas de la Prehistoria, os recomiendo:

” Los Chamanes de la Prehistoria” de David Lewis-Williams y Jean Clottes. Editorial Ariel. Un acercamiento antropológico que extrapola datos de estudios sobre chamanes de tribus actuales y los aplica a lo que sabemos del chamanismo prehistórico. Un gran trabajo que nos acerca a misterios no tan antiguos como pensamos.

Y el gran clásico “El lenguaje de la Diosa” de Marija Gimbutas. Está descatalogado pero se puede encontrar de segunda mano. Este libro es uno de los grandes impulsores del movimiento actual de la Diosa ya que rastrea sus raíces en el arte prehistórico.

Uno que está muy bien tratado y que habla en general de las brujas a lo largo de la Historia es:

“El gran libro de las Brujas” de Rafael M. Mérida Jiménez. Editorial RBA Libros. Tuve la suerte de asistir a un congreso sobre brujas en la Universidad en la que Rafael M. Mérida expuso una ponencia y puedo decir que ha tratado el tema con muchísimo respeto y muy objetivamente.

Otros de los clásicos que estudiaron la pervivencia de antiguos mitos que son la base de nuestras creencias son:

“La Rama Dorada” de James Frazer. Hace unos años lo reeditaron de nuevo, debería ser fácil de conseguir. Es cierto que añadió mucho de su propia cosecha y su imaginación romántica, pero es un imprescindible si sabemos quitar el grano de la paja. En la misma línea tenemos “La Diosa Blanca” de Robert Graves, también reeditado hace muy poquito.

Cualquiera de Margaret Murray, “El dios de los brujos” o “El culto de la brujería en Europa Occidental”, aunque ella se centró en el estudio de un grupo localizado de brujas inglesas, las conclusiones a las que llegó son muy interesantes. Académicamente ha sido bastante discutida, pero aporta muchos datos relevantes.

Para conocer la época de las hogueras os recomiendo:

“La caza de brujas en la Europa Moderna” de Brian P. Levak Alianza Editorial

“La Caza de Brujas en Europa. 200 años de terror misógino” de Anne Lewellyn Barstow Editorial Tikal

Centrándonos en la figura de la Diosa en sí, aquella a las que las brujas adoramos, hay uno que a mí particularmente me encanta:

“El Mito de la Diosa. Evolución de una imagen.” Anne Baring y Jules Cashford Editorial Siruela

Además, entre otros:

“La Diosa. Imágenes mitológicas de lo femenino” Christine Downing Editorial Kairós
“Diosas, la canción de Eva” Manuela Dunn Mascetti Editorial Malsinet
“Los misterios de la Mujer” Esther Harding Editorial Obelisco

Y para conocer a las brujas actuales, lo mejor es leerlas a ellas directamente. Yo os recomiendo a dos que son las Madres de la brujería feminista de la Diosa a la que yo pertenezco, leerlas a ellas os llevará a conocer a muchas otras grandes.

“La danza en Espiral” de Starhawk Editorial Obelisco
“La gran Madre Luna” y “Cada día es una fiesta” de Z. Budapest, también ambas de la Editorial Obelisco. Esta Editorial, Obelisco, junto con Lewellyn, publican muchas obras paganas.

Adentrándonos en el mundo de la magia y las plantas, para aprender sus propiedades medicinales lo mejor es el “Dioscórides” una recopilación de plantas muy antigua pero que aún se usa en la carrera de Medicina y en la de Farmacia como manual. Para las propiedades mágicas de las hierbas no hay nadie mejor que Scott Cunningham y sus enciclopedias, además del resto de sus obras basadas en la magia natural.

“Enciclopedia de las hierbas mágicas” Scott Cunningham editorial Arkano Books
“El libro completo de inciensos, aceites e infusiones. Recetario mágico” Scott Cunningham Arkano Books
“Enciclopedia de Cristales, gemas y metales mágicos” Scott Cunningham Arkano Books
Estos tres también podéis encontrarlos de la Editorial Lewellyn, pero es una edición más antigua, así que búscadlos de segunda mano.

Para empezar a conectar con la magia lunar recomiendo a Edain McCoy y su “Magia y rituales de la Luna”, también en Arkano Books.

Y para conocer la unión de la mujer con la luna y los arquetipos de la Diosa es imprescindible “Luna Roja” de Miranda Gray, Editorial Gaia. Ella es la creadora y gran impulsora del movimiento mundial de la Bendición del Útero y sus facilitadoras, las Moon Mothers.

Y por último, para conocer muchos rostros (arquetípos) de la Diosa y cómo se manifiestan en nosotras, los libros de la Dra. Jean Shinoda Bolen, todos en Editorial Kairós
“Las Diosas de cada mujer”
“Las Diosas de la mujer madura”
“Las brujas no se quejan”
“El millonésimo círculo” sobre los círculos de mujeres

“Mensaje urgente a las mujeres”

Para terminar, no puedo dejar de recomendar “Mujeres que corren con los lobos”, de Clarissa Pinkola Estés. Un libro que  habla directamente al alma atávica de la mujer. Ya sea bruja o no, creo que todas las mujeres deberían leerlo alguna vez.

Para comenzar a investigar nuestro mundo, creo que con éstos vale. Con ellos podéis tener una muy buena base para conocer quiénes somos las brujas en la actualidad, de quiénes somos las herederas y el por qué estamos tan orgullosas de gritarle al mundo lo que somos.

¡Brujas!

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Quién eres, bruja?

"Witch" Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova) http://mariannainsomnia.deviantart.com/

“Witch”
Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova)
http://mariannainsomnia.deviantart.com/

¿Quién eres?

Tú. La persona que está leyendo esto en este momento. ¿Quién eres tú? ¿Te has parado a pensarlo alguna vez? No quiero saber tu nombre, o tu profesión, o de quién eres hija, madre, hermana o esposa. No quiero saber lo que haces ni en qué trabajas. En realidad tampoco quiero saber quién eres.

Quiero que lo sepas tú.

Cuando una bruja comienza su aprendizaje se sumerge en un mundo de nuevos conocimientos que, nunca mejor dicho, la hechizan. El tiempo pasa a medirse de otra forma, es la luna la que marca el calendario. Son las estaciones y sus festividades las que señalan los principios y finales. El alma de la bruja se abre sedienta a todo este océano de saber, y es fácil sentir que nos ahogamos ante tantos datos. Es posible sentirse abrumadas ante todo lo que hay que aprender, y sobre todo, desaprender. Los principios son caóticos porque se quiere controlar todo y dominar todo, y muchas veces volcamos toda nuestra atención en los estímulos y experiencias que vienen del exterior y, sin apenas darnos cuenta, nos olvidamos de todo el proceso de cambio que se produce en nuestro interior.

Poco a poco vamos cambiando, sutilmente, muy levemente al principio. Tan despacio que no lo notamos aunque las personas que nos rodean sí que lo hacen. Hasta un día en el que de repente algo nos detiene y nos hace reaccionar ante la persona en la que nos hemos convertido, y nos preguntamos: ¿Quién soy?

Es entonces cuando la bruja debe volcar todo lo que ha aprendido en un viaje hacia su interior para conocer a la persona más importante que se encontrará en su vida. Ella misma. Es un viaje que determinará todas y cada una de sus acciones y decisiones futuras. Y además es un viaje que, si tiene suerte y se convierte en una bruja sabia, realizará muchas veces a lo largo de su vida. Porque una de las primeras cosas que aprenderá es que la mujer que es hoy, no es la mujer que será mañana.  Y que, esa mujer, nunca volverá a ser la misma.

Saber quién es, es lo que decidirá el éxito de sus proyectos, tanto mágicos como vitales. Debe saber quién es cuando, frente a frente con la Diosa, la invoque y llame a su círculo. Cuando trabaje en un hechizo, la energía mágica que creará surgirá desde su mismo centro, desde el núcleo de su identidad que permanece invariable vida tras vida. La magia nace de la necesidad, del deseo puro y la voluntad profunda de la bruja. Si no sabe como llegar al centro de sí misma ni quién es la mujer que crea ese hechizo, la magia no funcionará. Por muchas velas que encienda, por muchos círculos que trace, por muchas hierbas que queme en el caldero, si no conoce el camino al origen de su magia, ésta no funcionará.

Y para conocerse, la bruja debe enamorarse de sí misma. Porque cuando estamos enamoradas, todo lo que concierne a esa persona nos parece interesante y queremos saberlo todo, conocerlo todo, ser  una con ella. Tenemos la ventaja de que ya somos una con nosotras mismas. Ahora sólo nos queda escucharnos para conocerlo todo, y eso es fácil. Cada vez que estudies algo nuevo, o leas algún hechizo, o practiques un ritual o meditación nuevas, tómate el tiempo de preguntarte a ti misma: ¿cómo me siento ante esto? No prejuzgues, no intentes reconducir tus pensamientos si éstos no son los que esperabas en un principio, no intentes imponerte gustos o ideas de otros. Es normal que admires a otras, es normal que intentes seguir los pasos de otras, pero eso no significa que tengas que dejar de ser tú y convertirte en ellas. Esas personas son quienes son por las experiencias de su vida que las han conducido a lo que son hoy día. Tus experiencias te han convertido a ti en quien eres. Cada persona tiene su propia historia. Aprende de las demás, pero no intentes ser ellas. Tu vida, tu historia y tú sois igual de únicas y especiales. Simplemente escucha tu voz interior. Analiza cómo te sientes, y una vez tengas claro tus sentimientos hacia algo, intenta averiguar por qué te sientes así. Imagina que estás leyendo un libro que te habla maravillas de la magia de los desiertos inmensos y su gran poder pero a ti te causa rechazo. Primero, no te obligues a que te guste sólo porque esté publicado en un libro de una gran bruja de renombre. Segundo, si lo piensas puede que no te gusten los desiertos porque el calor te sienta mal y los espacios tan abiertos te ahogan. Sería inútil tratar de obligarte a ti misma a que te gustasen y a apreciarlos. Pero lo que sí está bien es respetar el poder del desierto y respetar tus sentimientos hacia ello.

Cuando te acostumbras a interrogarte sobre lo que te rodea, el día a día se convierte en un constante dialogo contigo misma que te aporta grandes sorpresas. Poco a poco, además de cuestionarte tus sentimientos, también te preguntarás qué opinas sobre cualquier cosa imaginable, e igual que hiciste con lo que sientes, debes aprender a respetar tus propias opiniones y a darles la misma importancia que a las de los demás. Analízalo todo. Pregúntate constantemente el por qué de todo lo que pase por tu mente. Presta atención a tus estados de ánimo. Y no sólo frente al mundo de la magia, las brujas y la Diosa. Préstate atención a ti ante todos los aspectos de la vida en general. Ante tu vida. Cuéntate tu historia y hazte preguntas como si acabaras de conocerte. Medita y deja que tu yo más profundo te hable. Poco a poco descubrirás en ti un conocimiento y una sabiduría que sólo esperaban un poco de silencio para brotar en oleadas. Un saber que siempre ha estado en ti.

Viaja por tu historia. Bucea en las corrientes profundas de tus sentimientos. Arde entre las llamas que convertirán tus miedos en ceniza. Sé como la corriente de brisa que se cuela por todos tus rincones. Piérdete por tus laberintos y acepta y ama todo lo que encuentres dentro de ti, porque todo ello te hace ser quien eres. Todo ello eres tú.

Sobre la puerta del Oráculo de la Pytia en Delfos estaba escrito: “Conócete a ti mismo”. Y de ese saber, de ese autoconocimiento, nace la magia más poderosa.

Porque cada bruja que camina por el mundo es una fuente de poder inextinguible, y la que conoce cómo llegar a esa fuente, conoce el misterio de su vida. El más importante que existe.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Tierra

The Wish Amanda Clarck

The Wish
Amanda Clarck

En los albores de la Historia de nuestra especie, la Humanidad se movía continuamente buscando el alimento que la mantenía con vida. Tenían refugios estacionales, sí, pero su día a día consistía en moverse, en desplazarse por amplios territorios en busca de caza, de vegetales y frutas que les garantizara seguir vivos un día más, y casi siempre cremaban a sus muertos o los dejaban sobre riscos para que las aves sagradas los llevaran con ellos hacia el mundo de los Dioses, mientras ellos continuaban adelante. Siempre hacia delante.

Con el tiempo y el descubrimiento de la agricultura, las personas dejaron de necesitar ese continuo vagar porque ya podían almacenar lo necesario para vivir y empezaron a vincularse a un territorio en concreto. Empezaron a construir los primeros asentamientos estables, desarrollaron un sentimiento de pertenencia y propiedad hacia el espacio que les rodeaba y  echaron raíces al enterrar a sus muertos en esa tierra que habitaban y que les alimentaba, convirtiéndoles así en semillas que retornaban a la Madre, tal vez con la esperanza de un próximo renacer.

La gente vinculó su sangre, sus historias, sus leyendas y linajes a la tierra en la que nacía. La que regaba con su sudor cuando la trabajaba y con su sangre cuando moría para defenderla de invasores llegados de lugares lejanos y, tal vez, menos amables. Aprendieron a conocer cada sendero, cada especie de árbol de sus bosques, cada cumbre de la montaña  y por cuál de ellas  aparecía y desaparecía la luna llena y el Sol en el día más corto y el más largo. Conocieron cada hierba, flor y fruto y aprendieron a usarlos para su propia supervivencia. Crearon viviendas sólidas destinadas a mantenerse en pie y cobijarles durante generaciones, establecieron costumbres y tradiciones que se mantenían durante siglos, algunas incluso milenios, y sus cuerpos y mentalidades se adaptaron al entorno que les acogía. Abandonaron los caminos, se asentaron en la tierra y vivieron dejando pasar los días mientras fluían aprendiendo la magia de las estaciones y con ellas, el continuo paso del tiempo que lo cambiaba todo para volver a ser siempre igual de nuevo.

Algunos de ellos combinaron el trabajo de la tierra con los misterios del mar. Eran marineros que cada madrugada tomaban sus barcas y, sin alejarse mucho de la costa, obtenían pescados y mariscos con los que proveían a sus aldeas costeras. Eran hombres y mujeres de pieles curtidas y miradas soñadoras. De parpados caídos para proteger sus ojos de la inmensidad de las distancias azules y que hablaban del mar en femenino, porque algo que baila la danza de la Luna y tan inmenso, indomable e impredecible solo puede tener alma de mujer. Y estos marinos, cuando regresaban a su hogar a reparar sus redes, sus anzuelos y arpones, contaban a la luz del fuego en las noches mecidas por el rumor del mar, historias de sirenas  huidizas y misteriosas islas encantadas. Y mientras descansaban en la quietud de la firmeza de la tierra, sus ojos brillaban recordando el vaivén de las olas de crestas plateadas.

Pero no todos se dejaron seducir por la estabilidad y la seguridad de un hogar permanente. Una parte de esa humanidad continuó siendo nómada. Eran los viajeros, las almas que ansiaban la libertad de los caminos aún sin explorar. Eternos enamorados de la promesa que se esconde más allá del horizonte. Los caminantes del sendero de las estrellas. Los navegantes de las anchas llanuras verdes. Ganaderos y pastores, domadores de caballos, errabundos trashumantes que, a ojos de los demás, acabaron convirtiéndose en “los otros”, los extraños, los representantes del caos que escapaban al orden establecido. Aquellos que conocen mil y un lugar pero no pertenecen a ninguno, tan sólo a su propio corazón y a las huellas que aún no han dejado en las encrucijadas por las que aún no han pasado.

Con el paso de los tiempos, incluso algunos de estos nómadas ganaderos se asentaron y crearon un hogar, pero en su corazón nunca abandonaron los caminos. Nunca dejaron de caminar hacia el horizonte acompañando sus rebaños. Aunque ahora, ya tenían un lugar al que volver al final de la estación.

Mi sangre de bruja es una mezcla de estas  gentes. Desciendo de labradores y agricultores por la sangre de mi madre, llevo en los genes el amor por un hogar que perdure en el tiempo. Por acompañar el paso de las estaciones en un mismo entorno hasta que aprenda todos sus misterios y conocer cada roca, montaña, bosque y río. Llevo en mi alma la pasión por las tradiciones ancestrales y las leyendas que me unen a la tierra y la curiosidad por saber quienes la pisaron, la disfrutaron y la amaron antes que yo. Siento muy dentro de mí el núcleo del que nacen las raíces que penetran en la tierra, en la Historia, en mi linaje de mujeres del campo. Mujeres de bosque y trigales, de sanadoras hueseras que soñaban en atardeceres dorados por el sol. Raíces de sangre que me llaman desde el pasado, desde la oscuridad que otorga el tiempo, raíces que se pierden en los siglos.

Pero la sangre de mi padre pertenece a ganaderos y pastores, gentes curtidas y fibrosas de piernas fuertes por cada paso dado en los caminos, en senderos, cañadas y veredas en pos de sus rebaños. Gentes acostumbradas a mirar al cielo y preguntarse donde conducirá el camino que dibujan las estrellas. Almas que nunca dejaron de soñar con lo que se esconde más allá del horizonte. Curiosos por conocer otras culturas, otras gentes, otras tierras. Hombres y mujeres de ojos nostálgicos que aún sienten la llamada de las encrucijadas, del sendero inexplorado y de las hogueras que alumbran el campamento al anochecer. Y mi sangre nómada se agita y bulle en mis venas tirando de mis pies que llevan mucho tiempo parados. A veces me pregunto que habrá más allá de este lugar y de los otros que ya he conocido. Esta sangre viajera cada vez me pide que vaya más lejos, a sitios más extraños, con tradiciones diferentes.

Y no se en cual de las dos ramas, puede que en las dos, en algún momento hubo gentes del mar, porque lo oigo rugir y llamarme para que vuelva a casa. Cerca de su baile con la luna, cerca de las olas y el misterio inabarcable de sus profundidades.

Y sé que mi alma de bruja pertenece a la tierra, pertenece a los caminos, pertenece al océano. Mi sangre es azul como las olas brillantes,  es verde como los bosques de mis antepasados. Es dorada como el trigo de los campos. Mi sangre es blanca como la arena de los caminos del mundo. No existen fronteras para mí, porque ningún lugar me pertenece aunque yo le pertenezca a todos. Mis antepasados caminaron por esta tierra cuando aún no construían hogares con cimientos, enterraron a sus muertos en túmulos y tumbas repartidos por este inmenso continente, navegaron siguiendo a Polaris por océanos y mares que para ellos sólo conducían al fin del Mundo.

Y por eso ahora, no creo en fronteras, no creo en naciones, no creo en diferencias. Mi historia, mis genes, mis raíces profundas y mis pies ligeros me convierten en la bruja que soy. En la nómada del viento con un hogar al que regresar.

Me convierten en una Hija de la Tierra.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Tiempo de Brujas

La bruja sabia Autor desconocido

La bruja sabia

A veces pienso que, de alguna manera, nos están robando el tiempo. Mis días pasan a una velocidad vertiginosa, las semanas se me escapan antes de poder centrarme en el día en el que estoy y a veces confundo los meses. Todo va rápido. Demasiado rápido. En nuestra sociedad actual hemos organizado nuestra vida para llenar un tiempo que no parece ser igual que antes. El trabajo, las obligaciones, las actividades de ocio con las que llenamos esas pocas horas que nos quedan ”libres” nos hacen llegar a la noche agotadas y preguntándonos dónde ha ido el día. Y además, como hemos interiorizado ese ritmo insano, queremos que todo sea así, igual de rápido, igual de organizado y esquematizado, incluyendo nuestro desarrollo personal y nuestro camino espiritual. Y eso es imposible.

Nos da la sensación de que la vida es corta, ¿verdad?, de que hay muchas cosas por hacer, muchos lugares que visitar, muchas cosas que aprender, muchos libros que leer, y sentimos angustia al pensar que, o lo hacemos rápido, o no nos dará tiempo a hacerlo todo. Si no llenamos todas nuestras horas con actividades, con ocio, con cosas productivas, serán horas perdidas, y el tiempo perdido no se recupera. ¿Verdad?

Pues no.

Para empezar, nunca nos va a dar tiempo hacerlo todo, verlo todo, aprenderlo todo… Es imposible y además, hacer muchas cosas de manera rápida y compulsiva solo sirve para pasar por encima de todo ello de puntillas y sin disfrutarlo de verdad, sin extraer todo lo que esas cosas que hemos decidido hacer en ese momento pueden aportarnos. Sabremos un poquito de mucho, pero mucho de nada y nos sentiremos vacías y confusas. Y para deshacernos de esa sensación, nos embarcaremos en otro proyecto igual de rápido, igual de breve. Igual de insatisfactorio.

En cuanto a las horas perdidas, ¿quién ha dicho que cuando no hacemos nada es tiempo perdido? Tal vez ese sea el mejor tiempo que podemos regalarnos. Un tiempo sólo para nosotras, sin hacer nada. Tan solo para ser y darnos la oportunidad de conocernos, de pensar, de imaginar. Esas horas vacías son el mejor momento para tener conversaciones profundas con nuestra mente. Para hacernos preguntas y sorprendernos con respuestas que no siempre son las esperadas. Hay un pequeño ritual que de vez en cuando me gusta hacer, consiste en prepararme una café o una infusión, sentarme en algún lugar tranquilo y mantener una conversación conmigo misma como si fuese una amiga a la que hace tiempo que no veo. Me pregunto cómo van las cosas, qué opino sobre ciertos temas, qué planes de futuro tengo…  Y me escucho. Sólo eso. Me escucho. No os imagináis cuánto he aprendido de mi misma en ratos como esos.

Y las brujas vivimos también inmersas en este mundo caótico de velocidad desquiciante. Muchas veces caemos en la trampa de querer aprenderlo todo ya, querer comprenderlo todo ya y dominar todos los ámbitos de nuestro saber ya. Y a veces se nos olvida que es imposible.  Es curioso porque, de todas las generaciones humanas que han pisado la tierra somos las que más vamos a vivir, pero nos comportamos como si fuésemos a morir mañana y tuviésemos que hacerlo todo hoy cuando, hasta hace poco, la mayoría de la humanidad no vivía más de 50 años, y antes, apenas pasaban de los 30. Y aún así tenían todo lo que nos falta a nosotras. Tiempo. Porque se nos ha olvidado que la sabiduría es el trabajo de toda una vida,  y que nunca se alcanza del todo. La verdadera bruja sabia es aquella que disfruta del camino, del aprendizaje continuo, de la observación de lo que le rodea, de la práctica constante. Aquellas sabias, aquellas brujas de las que ahora heredamos un conocimiento inmenso, aprendieron poco a poco. Durante muchos años observaron la naturaleza. Durante una eternidad de noches acompañaron el viaje de la luna y la observaron hasta que comprendieron su conexión divina con la mujer. Fueron muchos, muchísimos años experimentando con plantas, piedras, elementos… vidas enteras dedicadas a aprender una pequeña parte del conocimiento y que, después, ellas legaron a la siguiente generación para  que continuase  aprendiendo.

Por eso, no os dejéis vencer por las prisas. No caigáis en la trampa del conocimiento rápido. Desconfiad de quienes os prometan convertiros en Sacerdotisas y brujas expertas en un taller de fin de semana. Un diploma no os dará conocimiento por muy bien que quede enmarcado y colgado de la pared de vuestro cuarto. Por el contrario, confiad en formaciones largas, porque por muy largas que os parezcan, siempre serán cortas. Confiad en quien os aporte guía, en quien os deje claro que sólo os ofrece herramientas para un trabajo que sólo podéis hacer vosotras. Confiad en quien os diga que no será fácil.

Convertid el conocimiento en un destino al que viajaréis cada uno de los días de vuestra vida y al que nunca llegaréis, pero os garantizo que cada uno de esos días merecerá la pena. Si quieres comprender el misterio de la Luna, comienza a observarla hoy. Estúdiala. Viaja con ella. Conviértete en su compañera. Si quieres  comprender el poder de las plantas, las piedras, los elementos naturales… estúdialas, experimenta con ellas, rodéate de ellas. Si quieres conocer el misterio de la vida, de los Dioses, de los ciclos de la naturaleza, vuélvete hacia ti misma y busca las enseñanzas en los bosques, los páramos, los desiertos…  en tu corazón, donde residen todos los misterios.

Estudia a los antiguos. Lee lo que dejaron para nosotras. Busca compañeras si quieres aprender con otras o busca guías que te orienten en el viaje si quieres aprender a solas. Pero sobre todo, no tengas prisa.

Si quieres llegar a ser una anciana bruja sabia, regálate lo más valioso que tienes.

Tiempo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La casa de la bruja

Autumn at Ashley's Cottage Thomas Kinkade http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Autumn at Ashley’s Cottage
Thomas Kinkade
http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Cada noche al acostarme me cuento un cuento a mí misma. Es un cuento con final feliz, donde no hay princesas ni príncipes azules que perpetúen falsas ideas de un amor irreal. No hay maldiciones que romper. No hay reyes ni campesinos. Ni castillos ni palacios encantados. Es un cuento de brujas de verdad, de bosques cercanos y de una casa hecha para vivir rodeada de amor y magia. Cada noche me duermo paseando por sus habitaciones y jardines en mi  mente.

Hace muchos, muchos años, una joven bruja soñaba con alejarse del mundo. Soñaba con regresar a un pasado vivido tal vez mil veces. Soñaba con un bosque verde y profundo, con una cabaña sencilla, con una vida apartada. Esa joven bruja estaba herida. Su corazón había sido arrancado y arrojado a sus pies varias veces y por varios motivos distintos. Era un corazón lento para abrirse, pero una vez lo hacía, lo entregaba sin reservas. Tal vez no sabía escoger a quién lo entregaba, tal vez era mala suerte, o tal vez necesitaba pasar por todo aquel dolor para aprender sobre ella y sobre el mundo. Pero entre heridas y cicatrices, ella solo soñaba con recoger los pedazos que quedaban aún enteros y escapar para  vivir a solas con su alma, allí, en el corazón del bosque.

Pero el tiempo pasa para todos y aquella joven bruja creció, y los años trajeron con ellos experiencias que a su vez le aportaron sabiduría. Aprendió a sanar su corazón por sí misma y convirtió cada uno de sus días en un hechizo eterno. Hizo del mismo acto de respirar todo un conjuro de amor hacia su propia vida. Y en el camino encontró a quienes supieron valorarla y quisieron acompañar su senda. La bruja descubrió que cuando estaba rodeada de personas que la querían, personas que escuchaban, respetaban y apoyaban, ya no quería huir ni esconderse del mundo, porque el mundo había cambiado. Para ella ya no era un lugar hostil, lleno de amenazas y sin esperanza, sino un reflejo de lo que siempre había habido en su interior. Un mundo lleno de luz, de risas, de manos enlazadas con las suyas, de lágrimas de alegría y también de tristeza, pero ya no solitarias y agónicas. Aprendió a escoger con quién compartir su corazón y aprendió a exigir lo mismo que ella daba: sinceridad, cariño, sencillez y confianza.  Y el sueño de su vida cambió.

El sueño de mi vida cambió. Ya no quiero vivir sola y aislada en el corazón de un bosque perdido y lejano. Ahora sé que necesito el contacto de otras personas, pero no de cualquier persona. Por eso, la casa de mis sueños ya no es una cabaña pequeña y sencilla. Ahora es un poco más grande, tampoco mucho más, pero sí cabe más gente, caben más risas. Caben muchas tardes de bailes,  muchas noches de conjurar a la luna y muchas mañanas de sol y desayunos tardíos. En la casa de mi sueño cabe toda la gente que quiero, pero también hay espacio para la soledad. Para mi amada soledad donde me encuentro conmigo misma y me enamoro un poco más cada día.

Cada noche me duermo con ese cuento en el que proyecto mi futuro. Porque algún día, no sé cómo, no sé cuándo, conseguiré la casa que ya es mía en mis sueños. Cada noche cierro los ojos y comienza mi visita  a mi casa, oculta por un alto muro de piedra gris veteada de musgo que la separa de la calle. Rodeada de árboles formando un pequeño bosquecillo con un estanque donde bañarme las noches de luna llena, con un claro donde reunirme con mis brujas y celebrar nuestros akelarres y una mesa forjada donde desayunar, mientras el sol se cuela entre los árboles y me cubre con su resplandor.

Una casa de piedra y con suelos de madera, con una chimenea donde honrar al fuego como se merece y miles de libros, con alfombras, sofás, cojines de mil colores… con grandes ventanales que dejen pasar la luz, el sol, el verdor, la luna, las estrellas, el aire fresco. Ventanas que dejen entrar la vida en habitaciones creadas para disfrutar de un buen libro, de una buena conversación, de la soledad buscada… De ver pasar las horas de un largo domingo sin otra cosa que hacer que respirar y sentir.

Una casa con una cocina amplia, repleta de estanterías con hierbas, con especias, con libros de deliciosas recetas y poderosas pócimas. De colores cálidos y suaves que inviten a permanecer allí horas mientras las tazas de café y té se van sucediendo lentamente. Bañada de luz por otro gran ventanal y muebles de madera oscura. Casi sacada de un viejo libro de cuentos de hadas. Y pegado a ella, un pequeño invernadero de cristal,  un criadero de brotes de magia que mantenga la vida cuando el invierno llegue. Una casa donde los dormitorios sean algo más que un lugar donde dejar caer nuestros cuerpos agotados cuando llegue la noche. Que sean refugios de intimidad y amor, con camas cubiertas por colchas cálidas y acariciantes, con alfombras y rincones para meditar.

Una casa pequeña, sencilla. La casa de una bruja para compartir con otras brujas. Con otras personas queridas.

Cada noche me duermo contándome un cuento. Una historia bañada de sol y de luna. De aromas a jardines mágicos y arboledas íntimas. Una historia sobre una casita soñada y la bruja que la habita. No es un cuento de príncipes y princesas. No es un cuento de villanos y héroes. No es un cuento de hadas.

Es sólo un cuento de brujas.

Mi cuento.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las brujas de mi vida

Fotograma de "Las Nieblas de Avalon"

Fotograma de “Las Nieblas de Avalon”

En mi vida estoy rodeada de brujas. He tenido la gran suerte de conocer a mujeres (y hombres) espectaculares, maravillosas y valientes. Y aunque todas seguimos el mismo camino y celebramos la vida de la misma manera, cada una de ellas es totalmente única y diferente de las demás.

Algunas de ellas son Maestras. Su don es transmitir la antigua sabiduría para hacer que su recuerdo despierte en las demás. Tejen una red de historias y cuentos de mujer mediante los cuales envuelven nuestros corazones y nos sumergen en otros mundos pasados. Su voz es como la voz del Tiempo, llegando hasta nosotras desde épocas muy, muy lejanas. Contando secretos que desvelan en susurros. Invitándonos a penetrar en un mundo de misterios y enseñándonos a pronunciar los antiguos nombres de la Diosa a la que todas adoramos. De ellas he aprendido que jamás lo sabremos todo. Que siempre habrá algo nuevo por conocer, un misterio que descubrir, un secreto que desvelar. Que el camino de la sabiduría es un camino eterno, sin final y cuya única recompensa es continuar aprendiendo.

Otras son verdaderas hijas de la tierra. Su vida transcurre entre hierbas, piedras, inciensos y pócimas. Son ellas las que estudian el poder que la Naturaleza pone a nuestro alcance. Casi todas tenemos nociones, pero ellas son las expertas. Estudian el viaje de la semilla hasta convertirse en fruto y de nuevo en semilla. Observan el poder de cada planta, de cada hierba, de cada árbol y flor y son las que comprenden mejor que ninguna el significado de la muerte y del retorno. Son las brujas verdes. Las que, vivan donde vivan, estarán rodeadas de jardines, huertos, o macetas. De ellas he aprendido que mi sangre es también un poco verde. Que abrazar un árbol puede sanar heridas antiguas. Que caminar descalza sobre la hierba me conecta con la Diosa más que muchos rituales. Que la magia más potente se consigue con la más humilde flor.

Algunas otras son brujas de cocina. Son alquimistas que transforman cualquier elemento en un banquete que calma el hambre del cuerpo y del alma. Suelen ser dulces, cariñosas y a veces introvertidas. Su poder es un conocimiento innato sobre las propiedades de la materia y la forma de mezclarla para obtener lo mejor de ella y embrujarnos a las demás en cada bocado. Destilan amor profundo en cada plato, en cada guiso que bulle a fuego lento en sus calderos. En cada pastel y galletas que nos recuerda que aún somos niños felices que quieren seguir disfrutando de la magia de la vida, y parte de ella se encuentra en lo que comemos. De ellas he aprendido que la paciencia es lo más importante si quieres hacer algo bien. Que la Diosa nos nutre y nos entrega sus frutos para alimentarnos y que cocinarlos con amor es una de las mejores formas de agradecérselo.

Otras son brujas cantantes y danzarinas. Llevan con ellas el ritmo de los antiguos tambores que un día resonaron por la tierra y que enlazaban el corazón de las gentes con el corazón del universo. Son brujas que sienten la música del mundo y les fluye en cada movimiento y en cada tonada. Elásticas y ondeantes. Melodiosas y creativas. Que pisan fuerte el suelo y acarician suavemente el cielo. En especial, hay uno de ellas que es capaz de traer a la misma Diosa en cada uno de sus pasos de baile. Su trance traspasa el escenario y anida en tu interior, provocando lágrimas de dicha al sentir la presencia de los Antiguos. A veces pienso que la misma Diosa mueve su cuerpo para recordarnos que para honrarla no hacen falta palabras. Estoy convencida de que él es uno de sus favoritos. De él he aprendido el valor del esfuerzo y la perseverancia. He aprendido a confiar en los propios dones y luchar siempre por ser quien eres. He aprendido a escuchar la música del universo y a dejar que mi cuerpo baile libremente con sus propios ritmos.

También hay brujas que están en permanente contacto con otros mundos. Parecen vivir siempre con un pie a cada lado del velo. Son brujas  que siempre siguen a su instinto, nunca dudan de sus intuiciones y comprenden el misterio de la vida desde que llegan a ésta. Son las que sienten los hilos que nos unen a todos, aquellas que sienten un éxtasis profundo contemplando un amanecer y encuentran el sentido de la existencia en la belleza del ocaso. Son empáticas, sienten las emociones de todo ser vivo de este planeta.  Son las que ven la magia en todo lo que compone el mundo. Las expertas en hechizos y rituales, sortilegios y encantamientos. De ellas he aprendido a ver lo que se esconde tras la realidad cotidiana. A ser consciente de la constante presencia de la Diosa en mí. El poder de encender una vela y la magia que desata. He aprendido que no hace falta un complejo ritual para que un hechizo funcione.

Hay brujas artesanas y artistas. Que tejen, pintan, modelan… crean magia con sus manos reflejando en sus creaciones la belleza de su alma antigua. Ellas nos traen los rostros de la Diosa para poder mirarla de frente. Fijan los colores del arcoíris en pinturas que nos recuerdan la tierra de los sueños. Crean del barro y la madera las estatuas que representan a Aquella a la que rendimos honores. Le dan forma a nuestros pensamientos. A nuestras fantasías y visiones. De ellas he aprendido a valorar mis manos y lo que puedo hacer con ellas. A apreciar el valor del trabajo de otros. He aprendido a entender el amor que puede residir en un pedazo de madera, en un trozo de piedra y en unos hilos entrelazados. Cada creación es un hechizo en la que entrelazan su alma con su obra.

Y hay brujas que reúnen varios de estos dones en ellas. Artesanas de cocina… Danzarinas que cantan entre los mundos. Maestras hierberas con alma verde… O incluso un poco de todos.

No todas son iguales. Pero todas son mágicas. Todas son grandes brujas y grandes mujeres (y hombres). Y cada día doy gracias a nuestra Diosa por ponerlas en mi camino. Por contar con ellas en mi vida. Por ser parte de ellas.

Por ser una de ellas.

¿Y tú? ¿Qué clase de bruja eres?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Carta de una Bruja al Hombre

Autor desconocido

Imágen de autor desconocido

Querido Hombre:

Hoy me pongo frente a ti para hablarte mirándote directamente a los ojos. No, no me busques bajando la mirada ni un paso por detrás de ti. Ya no estoy ahí. Sé que te resultará difícil después de milenios manteniéndome arrodillada y un paso atrás, pero vas a tener que acostumbrarte a buscarme en mi nuevo lugar, frente a ti, hasta que consiga el que verdaderamente me pertenece y por el que estoy luchando. A tu lado y a tu altura.

Si te atreves y me miras sólo a los ojos verás determinación en ellos. Verás honestidad y sinceridad, verás tan solo a una persona frente a otra. ¿Quieres saber qué veo yo en los tuyos? Veo miedo. Veo pánico. Veo desesperación.  Veo a la mitad de una especie que ya no sabe cual es su lugar en este mundo, porque lo que le dijeron que se esperaba de él ya no es necesario.  Porque el sistema que Él mismo creó está empezando a resquebrajarse ya que se creó a medias, sobre el silencio, la humillación y el sometimiento de la otra mitad. Y esa fue su condena.

Generación tras generación habéis transmitido a vuestros hijos unas mentiras que os han hecho esclavos de vosotros mismos y de las que ahora no sabéis ni queréis salir por miedo. Teméis perder una supremacía que en realidad nunca os perteneció. Un poder que conseguisteis mediante la fuerza y el miedo y que tratáis de mantener mediante las mismas armas, la fuerza y el miedo. Pero ya no funcionan y eso os aterra. Habéis creado vuestra identidad sobre nuestra inferioridad, y ahora, cuando millones de mujeres en el mundo se levantan y se enfrentan a esa falsa idea, os sentís atacados. Os sentís negados. Rechazados. Pero no es a vosotros a quienes rechazamos, es a este sistema que habéis impuesto y que no funciona. Que nos está destruyendo a nosotros y al mundo que nos cobija. Rechazamos la violencia, rechazamos las guerras en las que mueren culpables e inocentes. Guerras ajenas a nuestra voluntad pero en las que somos las verdaderas heroínas, porque mientras vosotros os asesináis en los campos de batalla, somos nosotras quienes mantenemos en pie un hogar al que podáis volver después, somos nosotras las que mantenemos un cierto orden y cordura en un mundo que vosotros lleváis miles de años intentando destruir. Somos nosotras quienes mantenemos este mundo vivo para todos. Rechazamos ser las victimas colaterales de esas guerras, rechazamos que celebréis la victoria violando, raptando, robando nuestras vidas. Rechazamos un mundo en el que impera la ley del más fuerte. Rechazamos la eterna competición que sólo lleva al fracaso. Rechazamos un mundo en el que millones sufren una agonía eterna para que unos cientos se consideren triunfadores.

¿Por qué nos odiáis? Nosotras no hemos hecho otra cosa que amaros. Somos vuestras esposas, vuestras hijas, vuestras madres. Todos y cada uno de vosotros os formasteis dentro de un cuerpo de mujer. Fuisteis hechos con su sangre y con su carne. Crecisteis dentro de la calidez de un útero de mujer, un lugar donde se produce la magia de la vida. Llegasteis a este mundo a través del Portal Sagrado que es una vagina de mujer y de un dolor atroz que sólo se soporta por amor. Fuisteis concebidos gracias al milagro del ciclo menstrual, algo puro, limpio y bendito. Vosotros, el Hombre, lo ensuciasteis, lo convertisteis en tabú, lo considerasteis impuro. Y fue la leche de nuestros pechos la que os alimentó al principio de vuestra existencia. Lo primero que conocéis en esta vida es el calor de una madre, el arrullo de su cariño, es el amor de una mujer. ¿Por qué nos devolvéis odio?

Cada vez que golpeáis, insultáis o humilláis a una de nosotras, os lo hacéis a vosotros mismos. Cada vez que nos matáis, estáis matando el futuro. Al lugar del que venís. A toda la especie.

Y yo, la Mujer, ya no me creo tus palabras. Ahora sé que no soy como tú decidiste que fuera. No soy débil, no necesito tu ayuda para sobrevivir, no necesito un tutor que me guíe ni que vele por mí. No soy temerosa ni menos inteligente. No soy una niña eterna. No necesitamos que nos cuidéis. No necesitamos dueños. No necesitamos amos.

Yo soy la descendiente de un linaje de mujeres que nunca quiso aceptar el lugar que le impusiste. Soy el último eslabón de una cadena de mujeres valientes que se levantó y se enfrentó a tus imposiciones, a tu falsa superioridad, a tus religiones opresoras y a tu Dios masculino y castigador, hecho a tu imagen y semejanza, no a la nuestra. Soy la descendiente de unas mujeres que dieron su vida por mi libertad, de aquellas que quemaste para silenciarlas convirtiendo su voz en un grito que atravesó los siglos para brotar de nuevo de nuestra garganta.  De aquellas a las que llamaste brujas.

Y esta Bruja que hoy se levanta ante ti y te mira a los ojos, puede que no sea tan valiente como aquellas que perdieron su vida a cambio de un lugar en la Historia, pero el anhelo es el mismo. Esta bruja te tiende la mano y te ofrece un lugar a su lado. Yo, la Mujer, te devuelvo el lugar que siempre te correspondió. A mi lado y de mi mano. Porque sólo unidos podemos salvar este mundo de un sistema mal construido que lo está destruyendo.  Solo caminando juntos, nuestra especie puede tener algún futuro.

Por eso te pido, Hombre, que venzas al miedo. Que busques la verdadera valentía que escondes dentro de ti y te atrevas a sacudirte todas las mentiras que te contaron. Toma mi mano y deja que te enseñe a ser un Hombre nuevo. Deja que te enseñe lo que la Mujer necesita de ti,  un compañero, un colaborador, un igual. Necesitamos vuestro respeto, necesitamos vuestro amor incondicional. Sólo así dejaremos de estar enfrente para estar al lado. Por eso, deja que el viejo odio vuelva al lugar de donde nunca debió salir y permite que te enseñe de nuevo a Amar.

Porque por muchas hogueras que enciendas, esta bruja que se levanta y se enfrenta a ti ya nunca se callará hasta que entiendas la base sobre la que se asienta nuestro futuro. Que  nacemos de un acto de amor, y sólo el Amor podrá salvarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

(Eva Hyedra López)

El Telar de la Diosa

Anoche volé a mi Espacio Sagrado. Algo me llamaba desde el centro de mi alma, y aunque estaba cansada y cercana al sueño, me dejé llevar al claro de ese bosque del que os hablé en otra ocasión. Esta vez era de día, el Sol de una mañana de primavera lo pintaba todo en una paleta de verdes nuevos y húmedos. El bosque bullía de vida y casi sentía crecer las semillas moviéndose bajo la planta de mis pies en la tierra negra y fértil. El aire estaba electrificado, como en las tardes de verano momentos antes de que estalle la tormenta. Mi piel estaba erizada, y sentía mi sangre cantar en mis venas. Algo me llamaba, algo tan potente que hacía que todo se detuviese y agitase al mismo tiempo buscando  su presencia.

No me detuve en el claro, continué caminando siguiendo su llamada, como una canción olvidada un día y vuelta a recordar sin saber cómo ni porqué, buscando el origen de esa melodía que parece contar tu propia historia. Guiada por aquellas notas que en realidad partían de mi misma, llegue junto a un cruce de caminos. Dos de ellos abandonaban el bosque y se internaban en amplias praderas, perdiéndose en el horizonte. El otro continuaba hacia adelante, subiendo hasta la cima de una colina verde con un solo árbol en su cumbre. Una figura parecía aguardar sentada a la sombra de sus grandes ramas.

Era de aquella figura de donde provenía la llamada, así que, sin pensarlo un momento, comencé la ascensión sin prisa ni incertidumbre, casi como si el mismo camino fuese tan importante como llegar. Ni siquiera me planteé quién me esperaba al final del sendero, porque ya lo sabía. Siempre lo había sabido.

No me miró cuando aparecí ante Ella. Ni siquiera levantó la vista de lo que tenía entre las manos, pero sí pude ver que una ligera sonrisa curvaba las comisuras de sus labios. Sus cabellos largos me ocultaban sus ojos, pero sabía que brillaban. Me hizo un leve gesto con la mano señalando la hierba junto al tronco caído sobre el que estaba sentada. Me dejé caer y entonces fui yo quien tuvo que levantar la mirada para observarla. A veces la imagen que tengo de Ella es muy clara, muy definida según el momento de la Rueda que sea, o de la consulta que tenga para Ella, pero esta vez no tenía una forma ni un rostro concreto sino que parecía tenerlos todos. Sus cabellos cambiaban del cálido color de la miel, al rojo más intenso, y se desvanecían en un blanco puro para volverse pálidos como el sol del Norte y después oscurecerse de nuevo como las alas de los cuervos. De igual modo su rostro cambiaba desde unos rasgos pálidos y finos, a una sensual piel dorada como los campos de trigo cambiando hasta la oscuridad de unos ojos negros repletos de secretos. Era Ella en todos sus aspectos, en todos sus nombres. En toda su esencia. La Gran Diosa. La Única. Todas.

Esperé su mensaje dejando pasar el tiempo allí sentada, observándola y jugando a reconocer alguno de sus nombres mientras cambiaba de aspecto.  Pero al ver que no hablaba, y que se limitaba a mirarme de vez en cuando sonriendo mientras continuaba haciendo algo que yo aún no era capaz de percibir, decidí ser yo quien rompiera el silencio.

-He sentido tu llamada…

Ella sólo elevó una ceja mientras me miraba de reojo.  –No, yo no te he llamado.

La miré sin comprender.

-La llamada venía de ti. Algo en ti quería estar aquí. Porque hay algo que necesitas saber.

Medité sus palabras y comprendí que, como siempre, tenía razón.  A veces, cuando vosotras me hacéis consultas, cuando me pedís consejo o que os guíe, en alguna ocasión tengo dudas. ¿Y si no sé llegar a vosotras cuando me lo pedís? ¿Y si no consigo ayudaros? ¿Y si no os guío de la forma adecuada? ¿Y si esa no es mi misión? Lo que es válido para mí no tiene por qué serlo para vosotras.

En ese momento fui capaz de ver lo que había estado haciendo todo ese tiempo. Tejía. Entrelazaba hilos de todos los colores creando un tejido de una belleza perfecta. Era el Tapiz de la Vida.

No tuvo que mirarme para conocer mis dudas, mientras yo observaba sus dedos trabajar sin descanso, su voz fue penetrando en mí y hablándole directamente a mi corazón.

-Escúchame, Hyedra. Estoy hecha de ti, mi bruja. Estoy hecha de todas las que alguna vez fueron y de todas las que serán.  No estás sola. Nunca lo has estado. Formas parte de algo tan grande, que a su lado el Universo se queda pequeño. Tú, y todas las que lleváis mi recuerdo en vuestro corazón, estáis destinadas a guiar a otras. A ayudarles a recordar lo que una vez fuisteis. Lo que Yo fui para la Humanidad. Sois las que me abrís el camino. Las que preparáis mi regreso a la memoria de los Hombres. Mira, vosotras sois los hilos más brillantes de mi Telar. Los que marcan el diseño.

Observé el Telar. Vi como en un inicio había un solo hilo brillante, el diseño era sencillo y con pocos colores, pero poco a poco, ese único hilo parecía dividirse y de él brotaban más hilos que brillaban con colores cada vez más vivos y se entrelazaban en diseños cada vez más intrincados, y eran estos hilos los que guiaban a otros creando formas y dibujos. Hasta que llegaba a un punto en el que todos los hilos eran brillantes.

Pero el gran misterio del Telar de la Diosa es que es circular, y todos los hilos brillantes acaban volviendo a ser uno sólo que  se entreteje entre otros opacos, mates, pero creando el diseño más bello de la Creación. El diseño de la Eternidad.  Porque ese hilo, la Primera Bruja, sabe que es sólo eso, la primera de muchas, muchísimas más que vendrán.

Le di las gracias, porque como siempre, me dio el mensaje que necesitaba. Ahora sé que sólo soy un hilo dentro del infinito Telar de la Diosa, sí. Pero soy uno de los hilos brillantes. Hoy, en estos tiempos, tengo la inmensa suerte de ser una entre muchas. Muchos hilos que brillan con mil colores me rodean. Juntas enseñamos a otras a brillar. Soy una entre muchas, es cierto. Pero no es menos cierto que, si al telar le faltase un hilo, sólo uno, todo el tejido se desmoronaría.

Somos un hilo entre infinitos hilos. Somos así de insignificantes. Somos así de importantes.

Si consigo que creáis esto, conseguiré enseñaros a brillar.

Y estaré cumpliendo mi misión.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

 

El reloj de la vida

Lo que de verdad importa Autor: Desconocido

Lo que de verdad importa
Autor: Desconocido

Hoy es mi cumpleaños. La Rueda ha girado 39 veces para mí desde que abrí los ojos por primera vez a este mundo y aunque he estado a punto de afirmar que los números no importan, que yo me siento igual y que por dentro soy la misma de siempre, sé que no es cierto. Durante esta semana no he podido evitar recordar mi vida y echando la vista atrás he comprendido que, no solo no soy la misma, sino que además, me alegro de no serlo.

Es verdad que no tengo la vida que pensé que tendría a esta edad, pero me gusta la que  tengo. Es mía. Me la he construido yo misma a base de lágrimas y risas. A base de triunfos y muchos fracasos. De amigos que estarán siempre y otros que se marcharon, de amores que serán eternos y desamores que también lo serán. De ciclos de encuentros y desencuentros con personas, pensamientos, acciones, conmigo misma…  Ha sido, y está siendo, una buena vida. No puedo arrepentirme de nada porque gracias a todo mi pasado, a todo lo que he hecho y también a lo que no he hecho, hoy soy quien soy y estoy donde estoy. Por eso, aunque sé que soy Hija de mi Pasado, también sé que soy Madre de mi Futuro. Cómo sea ese futuro y cómo lo viva, depende únicamente de mí.

A raíz de todo lo que he estado recordando y pensando estos días, he decidido que el regalo que voy a hacerme este año va a ser una declaración de intenciones para el resto de mi vida. Mi primera intención para este año, y los que me quedan, consiste en ser cada día más yo. Cada vez me importa menos lo que otros opinen de mí, me da igual que me juzguen, que me desaprueben o rechacen. No es asunto mío lo que ocurra dentro de sus mentes. Al final del día, cuando cierro la puerta y me quedo a solas, sólo quedo yo, y quiero sentirme feliz conmigo y con mis actos. Me gusta saber que soy fiel a mi misma, a mis gustos (por muy raros que sean), a mi forma de ser, a mi ropa, a mi forma de expresarme y sentir… Soy yo quien vive conmigo día a día, soy yo a quien tengo que gustar, soy yo quien debe sentirse orgullosa de mí. De nada me vale la aprobación de los demás si no me apruebo yo.

Voy a regalarme más magia. Sí. Más todavía. A veces el ritmo de vida que llevo no me deja tiempo apenas para hacer mis pequeños hechizos y rituales durante la semana, así que los relego al fin de semana, cuando se me acumulan con todas las demás actividades que quiero hacer y no disfruto tanto de ello como me gustaría. La magia requiere tiempo, preparación, concentración y un estado mental acorde. No es algo que pueda hacerse deprisa y a la ligera, me niego a convertirla en una obligación más. Voy a robar una hora al día para mí, solo para mi magia, para conectar con las fuerzas que mueven mi mundo y crear una nueva realidad con cada conjuro.

Voy a danzar cada día un poquito bajo la Luna llena cuando pueda, o a la luz de las velas en mi habitación cuando no. Voy a moverme al ritmo de la tierra y de mi alma todos los días para sentirme libre y recordar que, esté donde esté y haga lo que haga, siempre lo soy.

Tengo un corazón destrozado, roto en mil pedazos, y cada fragmento es la sombra de una batalla. Le he prometido que no voy a luchar más.  Las palabras amor y lucha no tienen cabida en la misma frase. Hoy sé que nunca hubo un enemigo y que aquello contra lo que siempre he  luchado, era yo misma obcecándome en lo que no estaba destinado a ser. Si duele, si te obliga a correr tras ello, si sientes que tienes que luchar por conseguirlo o conservarlo, es que no es amor. El amor verdadero se consigue y se conserva cuidándolo, sintiéndolo, y aprendiendo a comprender que cambia con el tiempo. Hoy sé que, lo que de verdad importa, es lo que te hace sonreír y sentirte amado al final del día. Aunque seas tú misma. Sobre todo, si eres tú misma.

Me voy a regalar más amaneceres que me recuerden que siempre hay un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. También más atardeceres, para no olvidar que todo, hasta los finales más dolorosos, tiene una belleza gloriosa. Me voy a regalar más noches de luna y sueños, más paseos de bruja bajo las estrellas. Más citas conmigo misma para disfrutar de la brisa del mar en las noches de verano. Más domingos de invierno con mantas, sofás, cafés y libros. Más largas charlas conmigo para desentrañar el misterio que soy, y espero no hacerlo nunca del todo.

Me voy a regalar una vida en la que recordar el pasado no sea más importante que seguir creando recuerdos. Una vida en la que el mejor espejo sea el de mis ojos, y en el que la ropa perfecta sea la que me vale, no la que tenga la talla más pequeña. Una vida en la que la que el ideal de belleza sea el que marca mi rostro y mi cuerpo. Porque cada arruga, cada gramo, cada imperfección, es el reflejo de mis experiencias, y eso las convierte en lo más bello que he visto nunca.

Me voy a regalar aquello de lo que está hecha la vida, tiempo. Lo único que tenemos cuando nacemos, un determinado tiempo. Y hoy soy lo suficientemente mayor como para saber que no quiero malgastar el que me queda. No me siento vieja, aún queda mucho para eso. De hecho, cada vez tengo más ganas de jugar, de explorar, de descubrir cosas nuevas. Por dentro aún me siento una niña. Una niña sabia. Y aunque parezca extraño, las brujas sabemos que ese es el secreto de una buena madurez.

El reloj de mi vida avanza, segundo a segundo se va a cercando a su final, y aunque sé que aún puede quedarme más de media vida, quiero hacer que haya merecido la pena vivir cada momento de ella. El día de mi  muerte quiero poder pensar: Aaaahhh, qué maravilla. Lo que daría por comenzarlo todo de nuevo. Quiero poder mirar atrás y decir: Realmente viví.

El día en que todo acabe, quiero irme con un deseo.

Regresar.

Y ahora os dejo, me voy a celebrar que hoy comienza el resto de mi vida.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Vuelos de bruja

Habondia Author: Amanda Clark

Habondia
Author: Amanda Clark

Echo mucho de menos una ventana en esta oficina en la que paso tantas horas de mi tiempo. Hay ratos muertos en los que puedo leer, escribir, investigar o simplemente no hacer nada. Pero no puedo disfrutar de la luz, de ver la vida pasar fuera. No puedo ver la lluvia caer, ni las nubes viajando sobre mi cabeza, ni los brotes en las ramas de los árboles que pronto empezarán a nacer. No puedo ver la nieve, ni la gente caminando por las calles. No puedo contemplar los cambiantes ciclos de la Tierra tanto como a mí me gustaría.  Paso muchas horas lejos de la luz y el aire, bajo una luz artificial e hiriente. Pero aunque pase tantas horas entre estas cuatro paredes, no hay nada que le impida a mi mente escapar y volar hacia donde le gustaría estar en realidad.

Hoy me apetece perderme en la niebla. Pasear entre jirones sintiendo los dedos fríos de la bruma acariciar mis sienes cansadas. Sentirla avanzar cubriendo el mundo con su velo acuoso y verlo todo envuelto en una luz lechosa, tamizada por las sombras de árboles difusos. Caminar a ciegas por suaves pendientes cubiertas de hojas muertas de mil otoños. Me gustaría avanzar despacio entre la niebla, permitiéndole entrar en mí y mecerme con el eco de los sonidos amortiguados del bosque. Dejarle que me hable de antiguas historias olvidadas que nadie salvo ella recuerda ya. Que me muestre en sus formas caprichosas los sueños de visionarios que quedaron perdidos en su silencio eterno. Penetrar en un paraje blanco y gris y vagar confiada, sin temor al mundo en el que apareceré cuando la niebla se retire. Porque la niebla se mueve y navega entre los mundos y nos lleva con ella, si se lo permitimos.

Y esta vez, me gustaría que me llevase a un lugar tranquilo, a ese momento poco antes del crepúsculo. Un rincón apartado entre los árboles cerca del río, donde los últimos restos de bruma se retiran ondeando suavemente sobre la hierba y dejándome ver una cama hecha de brezo y helechos, cubierta por una tienda de tela de colores tenues. Me acerco y me recuesto en ella, entre cojines y colchas suaves y, simplemente, dejo pasar el tiempo. Sólo quiero eso, tiempo para mí, para SER, para disfrutar de estar viva. Sentir la vida a mi alrededor, la brisa acariciándome despacio, el canto de los pájaros, observar el vuelo de las  mariposas y escuchar el rumor de las hojas mecidas por el viento.

Levanto la mano y juego con los últimos rayos de sol que se filtran entre los árboles. Muevo mis dedos entre la luz y los observo, pequeños y casi translucidos, danzando entre miles de motas de polvo doradas, sintiendo la magia de estos minutos de la tarde. La hora dorada. En la que el mundo se para y se prepara para el atardecer. Escucho cómo la vida en el bosque parece detenerse poco a poco, preparándose para un relevo. Los Hijos del Sol se retiran y las Criaturas de Noche comienzan a despertar.

Miro hacia el Oeste donde el Sol desciende ya besando el horizonte convertido en una bola de un rojo incandescente que se esconde entre las nubes, tiñendo el cielo de rosa y malva. Las sombras se extienden reclamando el mundo, y los contornos, tan claros y dorados hace un momento, se convierten en siluetas oscuras, sin forma definida. Todo permanece estático, dotado de una belleza propia, única, mágica. Y cuando el Sol ya se ha ido, cuando todo parece haber terminado, el cielo estalla en sangre y fuego y convierte el mundo en un lugar rojo y negro, ardiente y más bello aún si cabe. El último rescoldo del sol, que por un instante convierte el mundo en fuego vivo.  En ascua efímera.

Cuando todo ha pasado, la noche parece ponerlo todo en marcha. Las estrellas van apareciendo en el cielo sin nubes y las luciérnagas comienzan a volar iluminando el claro en el que descanso. Pero con el Sol se ha ido también el último calor de la tarde y mi lecho ahora es frío y húmedo. Es hora de continuar mi viaje y buscar un lugar más cálido, así que dejo que las luciérnagas me guíen hacia unos sonidos lejanos que parecen provenir de una parte más profunda del bosque. Parecen voces, o tambores, o quizá flautas. O todo a la vez. Camino en su dirección y a través de los arboles veo el resplandor de llamas en lo que parece ser un claro.

Cuando llego, alegres hogueras arden en esta noche sin luna y a su alrededor veo caras familiares riendo, hablando, bebiendo y bailando al son de la música que tocan algunas de ellas. Mis brujas me miran, me estaban esperando para celebrar la magia de la noche. Para rendir culto a la Oscuridad con la Luz del fuego.  Para alejar la tristeza con nuestra risa. Para sacudirnos la rutina con bailes bajo las estrellas. Para recordar quiénes somos mirándonos una a una a los ojos y reconociendo la divinidad que todas llevamos dentro.  Me estaban esperando para repetir palabras que han viajado a través de los siglos y llamar a Diosas que nunca se marcharon. Para despertarlas en nosotras y recordar que estamos hechas de raíces y ramas. Raíces que nos conectan con el corazón de la Tierra y ramas que nos elevan hasta las estrellas. Raíces y ramas que nos unen a todas en un bosque de recuerdos ancestrales. La sangre que corre por nuestras venas es la savia de la que fluyen las enseñanzas de nuestras antepasadas. Antiguas Diosas, Ancianas sabias, Niñas de luna y bosque. Mujeres eternas que viven en nosotras. A través de nosotras.

Esta noche hay chispas de magia en el aire y nosotras danzaremos con ellas hasta el amanecer.

Suspirando regreso a esta oficina sin ventanas ni sol. Sonrío porque, aunque a veces se hace duro y echo de menos la vida fuera, soy capaz de escapar de aquí y volar. Volar a otros mundos, volar a momentos de mi pasado y volar sobre todo al futuro, porque sé que me esperan muchos días de perderme entre la niebla, muchas tardes doradas esperando lánguidamente al crepúsculo. Me esperan cientos de noches de magia, de hogueras y música, rodeada de brujas y Diosas. Siendo Vida.

Y aunque este lugar sea oscuro, cerrado y frío, también está  lleno de magia.

Porque en él estoy yo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Las mil vidas de una bruja

Witch Autora de la imagen: Julia Trushina angiria.deviantart.com

Witch
Autora de la imagen: Julia Trushina
angiria.deviantart.com

Hay una palabra en alemán que no tiene homóloga en español, su traducción es “nostalgia por un lugar al que nunca has ido”. La palabra es Fernweh. Pero no he encontrado ninguna palabra que defina el sentimiento de añoranza por otra época, por otros tiempos que sabes más propios que los tuyos.

A veces, cuando visito las ruinas de tiempos antiguos, la sensación de pertenencia que me invade es tan abrumadora que me encojo por dentro. Toco las piedras, siento su calor familiar en mi piel y me pregunto quiénes las tocaron antes que yo. Cómo vivían. Qué sentían. Si las toqué yo en otra época. En otra vida quizá.

Siento como si el lugar despertase y me observase, algo parece vibrar a mi alrededor y casi me parece escuchar susurros, como si alguien me reconociese y hablase de mi. El viento que se cuela entre las ruinas me habla trayéndome palabras de otros siglos, palabras que casi llego a entender. Y la tristeza es profunda, como si estuviese en la puerta de mi hogar pero algo me impidiese entrar. Como si hubiera viajado mil años y ahora, cuando por fin llego a donde pertenezco, hubiera olvidado el camino.  La nostalgia me invade y comprendo que, aunque por breves momentos los tiempos parecen superponerse, y aunque por un instante haya conseguido tocar el recuerdo de algo…, algo que nunca he vivido, es imposible regresar a un pasado perdido. Porque fue en otra vida.

Sé que no es la primera vez que vivo. Sé que he caminado a través de los tiempos bajo innumerables rostros y nombres. He vivido cubriéndome con pieles en los albores de nuestra especie y he visto como mis Dioses y tradiciones se perdían bajo la tiranía de Roma. He visto surgir los nuevos reinos de Europa construidos sobre las ruinas del Imperio. He vivido sola en la cabaña de un bosque y he visto morir a mis seres queridos por epidemias que hoy son sólo un recuerdo. He puesto ofrendas sobre altares paganos, ocultos en los bosques bajo la mirada de la luna llena, tantas veces que puedo repetir los gestos sin vacilación. He caminado por catedrales nuevas y he sido monja en algún claustro medieval mientras por dentro a Dios le llamaba Señora. Me he escondido durante la caza de brujas y no tengo ninguna duda en absoluto de que he muerto ahorcada alguna vez y quemada en la hoguera otras. He vivido en la Inglaterra Victoriana y la sola imagen de una taza de té ante una ventana con vistas a la campiña inglesa en primavera puede hacerme llorar de añoranza.  He tenido mil vidas, sí. Algunas breves, otras muy largas. A veces fui feliz, otras veces he sufrido. He sido esclava, campesina, sacerdotisa, monja, esposa, madre, pobre, rica, siempre bruja. Alguna vez incluso he sido hombre.

Pero nunca he sido reina. No creo haber sido Cleopatra, ni Juana de Arco, ni Napoleón. Creo que si alguna vez tuve algún poder, fue entre mi gente, mi pueblo, mi tribu o mi aldea. Tampoco ha hecho falta. Solo he sido yo, siempre. Esa presencia que adivino en mí constantemente. Yo y un algo más. Algo que sabe. Algo antiguo y sabio. Algo que me llena de empatía y hace que me resulte fácil comprender a los demás. Que sepa ponerme en el lugar de casi todo el mundo y saber porqué actúan como actúan, aunque muchas veces no lo apruebe ni lo comparta.

Dicen que todas estas sensaciones tienen una explicación. Que en realidad los recuerdos, los sentimientos de pertenencia nos vienen dados en los genes. Que en realidad estamos sintiendo lo que sintieron nuestros antepasados y que heredamos sus experiencias junto con el color de nuestra piel y nuestros ojos.

Bueno, yo no sé si es cierto. Lo que sí se es que me resulta difícil aceptar que todos mis gustos pasados son de otros, que mis recuerdos de otros tiempos son de otros, que las lágrimas de tristeza que me brotan porque echo de menos una casa junto al mar en la linde del bosque que nunca he tenido son porque allí vivieron otros. No. Puede que algo se herede en la sangre, como la llamada del mar. Pero sensaciones tan intensas, emociones tan profundas no pueden ser ajenas.

Estoy convencida de que regresamos, una y otra vez. Porque me niego a aceptar que sólo tengamos una oportunidad en este mundo. Me niego a aceptar que un niño muera y haya vivido, víctima de torturas en medio del más absoluto terror y angustia, para nada. Me niego a que millones de mujeres vivan día tras día en un infierno de violaciones perpetuas que sólo terminarán el día que su cuerpo ya no resista más y se rompa del todo. No puedo aceptar que todavía haya gente que viva toda su vida siendo esclavos, que otros centren toda su existencia en buscar el siguiente puñado de comida que les mantendrá vivos un día más. No quiero aceptar que todo lo que muchas personas tendrán a lo largo de sus días será la más absoluta tristeza, soledad, desesperación y miseria.  Me niego a reducir la existencia a una sola oportunidad.

No. Sé que en muchas de mis vidas viví junto al océano. Desde mi ventana veía el mar y los acantilados por un lado y el bosque oscuro y envuelto en niebla por otro. Me despertaba el sonido de las gaviotas y me dormía el canto de las olas. Y las gaitas… El lamento de las gaitas hablaba el lenguaje de mi alma y su sonido jamás ha dejado de emocionarme. La niebla, la llovizna, los bosques mágicos en los que me veo recogiendo hierbas y los acantilados. La playa de rocas, el olor a algas, esperar en la orilla a que los barcos regresen… No, no son recuerdos de otros.

Y creo firmemente que cada persona tiene más oportunidades. Que todos volveremos una y otra vez y en alguna de nuestras vidas seremos totalmente felices. Todo merecerá la pena.

No me preocupa como será mi vida, ésta vida. La viviré lo mejor que pueda e intentaré ser la mejor persona que pueda. Pero si las cosas no salen como espero, si se acaba antes de lo que me gustaría… bueno, intentaré hacerlo mejor la siguiente.

Porque como dije otra vez, las brujas somos eternas.

Yo soy eterna.

 

(En recuerdo de Sable Rouge, asesinado ayer por ser brujo, por ser pagano. Por atreverse a ser libre en un lugar donde no soportan la libertad. Vuelve pronto hermano, y vuelve en un lugar donde puedas ser feliz. Espero coincidir contigo en otra vida)

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Una bruja sin máscaras

The Masquerade Author: Amalie Deviantart

The Masquerade
Author: Amalie
Deviantart

Es febrero. El frío gélido que nos azota nos tiene a todas paralizadas, escondidas bajo edredones y mantas y sin apenas movernos disfrutando del calor y la tranquilidad del hogar, mientras, los días se deslizan lentamente hacia la primavera. Pero este loco y breve mes que me vio nacer, cada año nos regala unos días de alegría y desenfreno. Unos días de fiesta en los que todo está permitido y en los que los límites entre lo que somos y lo que no, se desdibujan y diluyen en el juego de las identidades. En unos días llega Carnaval. ¿Quién vais a ser este año?

Desde siempre me ha encantado disfrazarme. Los tacones de mi madre, vestidos de mi abuela, cualquier chal que pillara a mano, me servían para crear una historia de la nada en la que yo era la protagonista. Cada vez un papel distinto y cada vez una historia diferente, pero en todas siempre la misma sensación, el juego no estaba completo si no conseguía recrear el personaje tal y como yo creía que debía ser. Y aunque diferentes, las características de los personajes casi siempre eran las mismas. Cuando no era un fantasma era una vampiresa, y cuando no era un hada era una bruja, o hechicera, cartomante zíngara, princesa encantada o cualquier otro ser fantástico que pudiera imaginar.

Con los años he continuado disfrazándome cada vez que la ocasión se ha prestado a ello. Y con los años he comprendido que en realidad, nunca fueron disfraces. Lo cierto es que esperaba esos días y esas ocasiones para vestirme de lo que verdaderamente soy. Era en esos momentos cuando en realidad me mostraba al mundo tal y como era y el resto del año me disfrazaba de lo que se esperaba que fuera.

Y fue así como aprendí que casi todas las personas, en algún momento u otro de nuestras vidas, llevamos máscaras. Nos ocultamos tras un escudo creado para proteger (u ocultar) nuestras verdaderas identidades. Algunas porque nos han herido tanto que necesitamos un tiempo de descanso para que nuestras heridas puedan sanar, dejar de doler y con suerte, cicatrizar. Otras porque les han repetido tantas y tantas veces cómo deben ser, cómo deben comportarse, cómo deben actuar que creen que si no son así es porque algo en ellas no funciona, no son lo suficientemente buenas o no están a la altura, y esconden estos sentimientos bajo una máscara que les muestra al mundo como los demás esperan verlas.

Hay máscaras para todo, para ocultar la sensibilidad, para esconder la ira, para disimular la rebeldía, para transformar el desprecio en falsa amabilidad… Hay máscaras de todos los tamaños, de todos los colores, de todos los materiales. Pero todas son frágiles, cualquier duda ajena puede resquebrajarlas. Cuando la imagen que intentamos proyectar depende de la visión de otras personas, es imposible crear algo que perdure, porque las opiniones de los otros cambian como cambian sus estados de ánimo. Cambian como cambian sus propias máscaras. Y son peligrosas, porque cuando una lleva mucho tiempo dependiendo de ellas para construir su identidad, puede llegar un momento en el que ya no sepamos cómo quitarlas. Puede que llegue un día en el que ya no sepamos quiénes somos sin ellas. Y si afortunadamente aún no es tarde y conseguimos arrancarlas, puede que no reconozcamos el rostro que se oculta debajo y que nos mira desnudo y sin rasgos desde el espejo.

No voy a afirmar que yo vivo sin máscaras todo el tiempo porque no sería cierto, hay momentos en los que aún tiendo a cubrirme con ellas.  Lo que sí es cierto es que intento que esos momentos cada vez sean más escasos y más breves. No quiero ocultarme. No quiero fingir que soy de otra manera para gustar a otros o para que los demás se sientan más cómodos conmigo. Sé que ser una bruja me convierte en parte de una minoría por un lado, y en una diana para la incomprensión, el rechazo e incluso la burla de algunos por otro. Pero quiero que mi esencia respire sin estar encerrada tras un disfraz. Quiero ser cómo soy. Quiero estar cómoda siendo yo. Quiero abrazarme a mi misma con sinceridad sabiendo que me atreví a ser real.

No es fácil, porque una persona que se enfrenta al mundo a cara descubierta les recuerda a los demás que ellos no se atreven. Y eso hace que se sientan incómodos, culpables, equivocados. Y sobre todo, hace que se sientan cobardes. Intentarán convencerte de mil maneras de que lo que haces no está bien. Te dirán que eres egoísta, o tal vez inmadura, o ingenua. Querrán cubrir tu desnudez. Querrán cortar tu libertad porque les recuerda su propia prisión. Pero no importa todo lo que intenten, una vez aprendes a vivir sin máscaras también aprendes que ya nada podrá hacer que vuelvas a ponértela.

En unos días es Carnaval y durante esos días, la mayoría de las personas dejan caer sus falsas identidades para vestirse de lo que son realmente. En este momento todo vale. Todos se sienten libres. Todos muestran la faceta de sí que esconden. Son días de libertad. Pero al día siguiente, cuando la fiesta termina, colgarán de nuevo en una percha su verdadera cara y la encerrarán en el armario hasta la próxima ocasión, mientras recogen del suelo la máscara de la falsedad para enfrentarse a una cadena de días grises construidos con mentiras y vividos como extraños.

Carnaval es un regalo, es un espejo encantado que por unos mágicos momentos muestra el verdadero interior, el verdadero rostro de las personas sin que teman ser juzgados o castigados por ello. En Carnaval todas somos brujas, todas somos piratas, vampiresas, princesas o campesinas, hadas y elfas, pastorcillas, caperucitas o lobas. Y no pasa nada. O sí. Pasa que nos sentimos libres y felices. Pasa que nos permitimos Ser.

Esta bruja que os habla ha dejado en su camino un pequeño rastro de máscaras rotas, resquebrajadas e inservibles. Disfraces de lo que un día creí que debía ser o que los demás esperaban que fuera. Eran pocas, es cierto, pero dañinas. No ha sido sencillo, a veces estaban tan incrustadas en mi piel que tuve que arrancarlas usando más fuerza de la que nunca pensé que tendría. Pero mereció la pena. Ese es el regalo que me hago cada día, atreverme a ser Yo. Sólo yo. Esa es la aventura de mi vida, un carnaval en el que cada día me disfrazo de mí misma, una bruja que conjura palabras. Una Hija de la Tierra. Una mujer de Luna.

¿Y tú que harás en Carnaval? ¿Te pondrás una máscara?

¿O te la quitarás?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Corazón embrujado

Written in waters Author: Marcela Bolivar

Written in waters
Author: Marcela Bolivar

Este corazón de bruja que late en mi pecho desde que nací está hechizado, embrujado por el amor más intenso, sincero y cálido que alguna vez imaginé que llegaría a conocer. Cada uno de sus latidos tiene su nombre. La melodía de mi sangre recorriendo mi cuerpo es la canción de nuestros días compartidos. No hay momento en que no sea consciente de lo afortunada que soy, de la increíble suerte que supone sentir lo que yo siento en un mundo en el que cada vez se siente menos. No hay nada que defina mejor mi existencia que el brillo de sus ojos, el sonido de su risa,  la felicidad que a veces escapa a raudales de sus palabras.

Cada día doy gracias a la Diosa por su creación. Porque sé que éste amor fue forjado hace incontables vidas. Sé que la Diosa ha movido los hilos de la historia de miles de amantes anteriores en el tiempo, para que yo hoy pudiera estar aquí y llegar a este momento y a mi propia historia de amor.

Y la mía, es una historia tejida con verdades (a veces dolorosas), con risas, con lágrimas, con silencios cómplices. A veces con dudas, pero jamás mías, sino de otros. A veces mal entendida, a veces incluso condenada, pero eso solo ha servido para endurecerla y blindarla.  Sé que no existe en todo el mundo otra persona a la que pudiera amar más, porque nadie más sería capaz de conocerme tan profundamente, de esforzarse cada día por conocerme más, por comprenderme más y  por  estar. Simplemente estar.

Los momentos más felices que recuerdo siempre han sido a su lado, a solas. Y son momentos comunes de la existencia cotidiana: un paseo a la orilla del mar jugando con las olas. Miles de horas en un sofá con una manta y un libro. Atravesar un bosque siguiendo el camino que marcan los rayos de sol a través de las hojas de los árboles.  Incontables noches buscando estrellas caminando bajo la Luna. Nadar hasta el centro de un ancho río rodeado de colinas verdes y desear que ese momento durase para siempre… Conversaciones larguísimas en las que a veces arreglaba el mundo. Silencios muy largos que decían aún más que las largas conversaciones.   Simples momentos en los que la felicidad y la plenitud me sumían en la euforia de pensar: para esto nací, para sentir justo esto. Solo esto.

El mío es un amor eterno que sólo acabará el día que yo desaparezca. Es un amor físico, porque su cuerpo me ha proporcionado mil momentos felices, pero es un cuerpo amado tan solo por ser el templo en el que reside su alma antigua, sabia, mía.  Nunca me ha importado su aspecto, no necesito que sea un cuerpo delgado, bello, joven… No. Lo que necesito es que sea feliz, sano, y consciente de la Divinidad que lleva dentro. Es un amor mágico, porque me ha acompañado en todos y cada uno de mis hechizos. Riendo cuando me equivocaba, restándole importancia cuando no han funcionado y celebrándolo cuando todo ha salido como esperaba. Aprendiendo los misterios de las brujas y descubriendo los secretos de la Tierra. Es un amor maduro, porque se enfrenta a mí cuando tiene que hacerlo y me lleva la contraria cuando es necesario. Es un amor sincero, a veces duele, pero cada verdad lo ha ayudado a crecer y consolidarse, a convertirse en algo tan indestructible que me ha enseñado a amar mejor a los demás.

Sé que a veces le he fallado. A veces cometí el error de pensar que otros eran más importantes, pero cuando comprendí mi equivocación jamás me lo reprochó. Sé que a veces he podido hacer mejor las cosas, pero su única respuesta cuando me he equivocado ha sido aprender del pasado y mirar conmigo hacia delante.

Todo lo que hago, todo lo que espero en la vida, todo aquello por lo que lucho lleva su espíritu. Todo lo que soy, todo lo que alguna vez he sido y todo lo que alguna vez llegaré a ser, será solo porque está a mi lado. No imagino a nadie mejor con quien compartir mi alma, mi cuerpo, mis sueños… Puedo perderme horas explorando sus pensamientos, siguiendo los intrincados caminos de su mente que me llevan por mundos que nadie más podría crear. Después de tanto tiempo, aún me sorprende de mil maneras distintas, y una de ellas es que a simple vista pocos podrían imaginar el mundo infinito que lleva dentro.

Cada día, al despertarme, lo primero que hago es mirar dentro de sus ojos, buscar esa chispa tan familiar de complicidad, sonreír y decirle: Te quiero, eres el mejor regalo que la Diosa pudo darme.

Sé cual será su respuesta, me dirá exactamente las mismas palabras. Porque el verdadero amor, ese por el que lo daría todo y a quien siempre amaré por encima de todo, me sonríe desde el otro lado del espejo y me inunda de felicidad.

Porque el verdadero  amor de mi vida, siempre he sido yo.

¿Cómo podría no amar a una bruja? ¿Cómo podría no amar a una Diosa?

Si los pecados existiesen, ese sería el mayor.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hechas de Magia

I, Mother Earth Author: Moonxels (David Demaret) moonxels.blogspot.com

I, Mother Earth
Author: Moonxels (David Demaret)
moonxels.blogspot.com

Hace unos días una de vosotras me decía en el blog que quería saber y comprender quién era y por qué se sentía distinta. No he dejado de pensar en ello desde entonces porque es cierto, las brujas nos sentimos distintas. Sabemos que somos distintas tal vez desde que nacemos. Ya expliqué en “El camino de regreso a casa” algo sobre el tema, pero meditando estos días, mi voz interior me hablaba de otra forma, me enseñaba desde otra perspectiva y me di cuenta de que hay una forma de explicarlo que nos vincula aún más con la magia, con todo lo que nos rodea, visible e invisible. Y es que las brujas estamos hechas de lo mismo que el resto de las personas, pero con un “algo más”, una pizca de visión que otros no tienen, de percepción que otros no ven, de sabiduría innata que otros no quieren, o no saben, alcanzar.

Las brujas estamos hechas de AIRE, nuestras ideas nos vienen dadas por el viento de los siglos. Nos dejamos flotar por la vida sin aferrarnos a lo que sabemos que debemos dejar marchar. Siempre ideando nuevos proyectos, nuevos propósitos, nuevas ideas, nuestra mente inquisitiva, curiosa y creativa, nunca está quieta. Siempre se mueve al ritmo de las corrientes de los vientos, a veces como la brisa suave y fresca, a veces como un viento de verano cálido y festivo. Otras veces como verdaderos vendavales que conmueven todo nuestro mundo para barrerlo y convertirlo en ruinas y comenzar de cero si hace falta. El viento es un ente vivo que nos habla de todas las maravillas que ha visto en sus viajes desde el principio de los tiempos. Y nosotras sabemos escucharle. Somos hijas del viento, hechas de AIRE, hechas de magia.

Estamos hechas de FUEGO, nuestros sentimientos son volcanes de emociones verdaderas. Las brujas aman apasionadamente, de forma sincera. Por eso nunca nos conformamos con relaciones a medias, con cariños tibios, con acomodos templados. Sentimos las llamas arder en nuestro interior y sabemos cómo alimentar ese fuego para vivir la vida en toda su esencia. Nos indigna la injusticia y rechazamos la mentira, por eso luchamos por lo que consideramos justo y por el respeto. El nuestro y el de aquellos que no tienen voz para reclamarlo. Puede que a veces no seamos amables ni sepamos adular a aquellos que lo necesitan, pero sí somos amigas justas, leales y, sobre todo sinceras. Sabemos que la vida está hecha para disfrutar cada minuto de ella, para exprimir todo lo que tiene que ofrecer y nosotras lo hacemos intensamente. El  fuego baila una danza con la que nos cuenta leyendas de la creación. Y nosotras conocemos el lenguaje de sus ascuas. Somos criaturas de las llamas, hechas de FUEGO, hechas de magia.

Estamos hechas de AGUA, fluimos por nuestro interior sabiendo que los instintos más puros se mueven en las corrientes de emociones más profundas. Qué nuestros sentimientos más intensos se esconden bajo una superficie calmada y serena, pero  con remolinos, pozos y mareas que nos dicen quiénes somos en realidad. Y que, de esas aguas profundas y oscuras, se nutren nuestros dones, nuestra capacidad para “ver”, nuestra intuición, nuestros conocimientos de otros tiempos, de otras vidas… cuando fuimos otras y a la vez las mismas… De esas aguas nacen nuestros sueños. Y nosotras sabemos que el agua guarda el secreto del Tiempo, que fluye en un río sin principio ni final, eterno y siempre presente y que nos cuenta la Historia de la Humanidad en su rumor constante. Somos habitantes de las profundidades, hechas de AGUA, hechas de magia.

Estamos hechas de TIERRA, la que pisamos descalzas para sentir el pulso del planeta en la planta de nuestros pies. Un latido profundo, vibrante, hondo y grave, que resuena por todo nuestro cuerpo y que nos hace danzar a su ritmo. Un ritmo secreto que sólo nosotras podemos sentir.  Una tierra que nos nutre, de la que nace el alimento que nos mantiene vivas. Somos seres terrenales que miran al cielo, con raíces que se hunden profundo, que nos hacen conscientes de estar formadas por todos los que nos precedieron y cuyos cuerpos retornaron a esa tierra que nos cobija y que nos ofrece todo aquello que nos rodea: nuestros hogares, nuestras tradiciones, nuestras familias, empleos y objetos queridos. Sabemos que la tierra está compuesta de polvo de estrellas cuyo origen se pierde en las inmensidades del cosmos. Y nosotras recordamos que venimos de ellas. Somos criaturas de barro, hechas de TIERRA, hechas de magia.

Estamos hechas de ESPÍRITU, el que nos anima y  hace que nos sintamos vivas. Del hálito vital de la Diosa que nos hace pensantes y, sobre todo, conscientes de nuestra propia existencia. Un alma conectada a todas las demás almas que pueblan este mundo y los otros. Un espíritu eterno que conoce todas las respuestas, guardián de la sabiduría de los tiempos que yace oculta dentro de cada una de nosotras y que brota a oleadas en nuestra mirada, en nuestra risa, en nuestras palabras y en nuestros silencios. Es ese aura que nos rodea y que, aún sin verla, los demás perciben. Es la energía que invocamos en nuestros hechizos y rituales, que se genera dentro de cada bruja. Y nosotras sabemos que es el Todo que unifica a los demás elementos y los dota del poder de la vida. Es lo que se esconde tras el fuego del rayo que nace de la tormenta, compuesta de viento y agua, y que busca a la tierra en su viaje anunciándonos su poder en el sonido del trueno. Somos hermanas de la tormenta, estamos hechas de ESPÍRITU, estamos hechas de magia.

Las brujas estamos hechas de lo mismo que todos los demás seres creados. De Aire, de Fuego, de Agua, de Tierra y de Espíritu.

Lo que nos hace diferentes, lo que nos hace distintas, es que nosotras lo sabemos.

Eso es el “algo más”. Esa es nuestra MAGIA.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El último Solsticio

The Wind from Hastings Luis Royo

The Wind from Hastings
Luis Royo

Me despierto despacio, apenas puedo distinguir el sueño de la vigilia porque la oscuridad lo inunda todo. Pestañeo un par de veces y cuando ya consigo percibir los contornos de las cosas y las personas, me levanto con cuidado para no hacer ruido. Todos duermen. Aún queda tiempo para que amanezca.

Salgo al exterior de la cabaña y la belleza de la noche me impacta. Un frío gélido se cuela por el cuello de mi capa y mi aliento se eleva, como humo, hacia un cielo negro y sin luna, cuajado por un manto de estrellas centelleantes que parece cubrir la tierra, tan bajo que pienso que si extendiera la mano podría tocarlo. Todo está helado, en silencio, detenido en el tiempo.  Tan sólo resuenan mis pisadas, que hacen crujir el hielo de la madrugada mientras me dirijo hacia el bosque, donde la Anciana me espera.

Camino rápido porque sé que ella ya me está esperando en la puerta de su choza. La veo a lo lejos, bajo la luz de un candil, y me fijo en que, a pesar de la edad, su postura es recta y su cuerpo fuerte. Su cabello, blanco y largo, cae a los lados de su rostro sin ataduras, solo un par de finas trenzas aquí y allá, y sus ropas oscuras y cálidas cubren un cuerpo que ha vivido ya muchos Solsticios como el de hoy.

-Llegas tarde – me dice.

Me encojo de vergüenza. Intento explicarle que al salir de casa el hechizo de la noche me distrajo. Que cuando observo la magia de las estrellas bailando en la inmensidad del cielo, la sombra del bosque cercano moviéndose al son del viento y la quietud del mundo en ese momento de soledad,  me pierdo en la noche y en mí, y me inmoviliza de tal forma que sólo puedo sentir mi alma y a la Diosa llenándolo todo… Pero al mirarla descubro que no hace falta, sus ojillos brillantes que un día fueron azules como el mismo cielo de la noche, ríen al observarme. No. No hace falta que le explique nada. Ella  sabe cómo siento por dentro. Cómo soy. Por eso me eligió.

Mientras caminamos hacia la cumbre de la colina le voy contando las últimas noticias que han llegado a la aldea. Rumores de guerras al sur ganadas por un enemigo que se acerca cada vez más a nuestras tierras. Y esta vez es un enemigo distinto, no como las tribus vecinas con las que nos enfrentamos desde hace siglos. Estos hombres se mueven como uno solo, se extienden arrasando todo a su paso y destruyendo a cualquiera que intente frenarles. Arrebatan las vidas, los recuerdos,  los dioses y  las antiguas costumbres para imponer las suyas y desterrar las nuestras al olvido.

La Anciana me escucha hablar pero no me responde, apenas emite un gruñido de vez en cuando que acompaña con un cabeceo. Aún así sé que lo que digo le preocupa porque su ceño está fruncido y su mirada perdida… Sé que sabe más de lo que da a entender, pero no sé si sabe lo mismo que yo. Que ya están a las puertas, que no queda nada entre ellos y nosotros. Que antes de la próxima luna llena habrán llegado a la aldea.

Cuando llegamos a la cumbre nos situamos en el círculo de piedras antiguas erigido allí hace más tiempo del que ninguno de los Mayores puede recordar. La Anciana me dijo un día que cuando ella era una joven aprendiza como yo, su maestra le contó que las piedras llevaban allí cientos de años, y que la historia de quién las levantó y cómo lo hicieron hacía mucho que se había perdido en el tiempo.

La reverencia inunda el lugar y dejo que penetre en mí mientras preparamos la pira para la Gran Hoguera que encenderemos esta noche, junto al resto de los habitantes de la aldea. Y recuerdo el Solsticio del año anterior. Recuerdo a todos felices, riendo, bebiendo y comiendo celebrando el retorno del Sol, animándole a salir y contemplando como en las colinas cercanas se encendían una tras otra las hogueras de nuestras aldeas vecinas. Todos unidos celebrando que pronto la Diosa despertaría de su sueño invernal y de nuevo la primavera traería la esperanza y la vida.

Y mientras el Sol comienza a nacer cubriendo las montañas con sus rayos dorados, me vuelvo a la Anciana y le digo:   _ ¿Qué pasará si un día no encendemos los fuegos para ayudar al Sol a volver? ¿Será siempre el mundo una noche de invierno?

Al principio no comprendo que le pasa, pero después me doy cuenta. La Anciana se está riendo. Se ríe de mí.

– Nosotros no hacemos salir al Sol, niña. – Suavemente me gira la barbilla y me hace mirar al horizonte, al paisaje cobrando vida a medida que la luz lo va bañando – No. No somos tan importantes. El Sol saldrá con nuestra ayuda o sin ella. Pero estas costumbres, estos rituales, nos centran. Nos recuerdan nuestro lugar en el mundo, nos conectan con todo lo que nos rodea. El Sol vuelve a la Tierra una y otra vez, y vuelve también dentro de nosotros. Nos enseña un ciclo que se repite desde siempre y que se repetirá para siempre. Nos enseña el significado de eternidad…

Esa misma noche nos dirigimos en procesión con antorchas a la colina. Toda la aldea acude y guarda un sobrecogedor silencio mientras la Anciana y yo encendemos la pira sagrada. Cuando las llamas nos iluminan y calientan a todos, comienza la fiesta. Bailes, banquetes, risas, cánticos y gritos animan el ambiente. Yo retrocedo sin que nadie lo note y me recuesto en el tronco de un roble cercano. Los observo sin que me vean. Son mi gente, mi pueblo, mi mundo. Mi historia.

Veo a la Anciana buscándome para llamar juntas al Sol y comprendo que me queda tanto aún por aprender, tanta sabiduría, tantos misterios, tanta magia… Y no puedo evitar que las lágrimas rueden por mi rostro. Lloro porque sé que este mundo no durará. Porque el próximo Solsticio no habrá nadie en esta colina para llamar al Sol. El enemigo nos barrerá y con ello se perderán nuestras leyendas, nuestras historias, nuestra lengua y nuestros dioses. Todo lo que una vez fuimos, desaparecerá. Y mientras miro las llamas intentando alcanzar las estrellas, me pregunto si con el devenir de los tiempos alguien recordará quiénes fuimos. Si alguien sabrá que alguna vez caminamos por la tierra y que nuestros dioses vivían junto a nosotros en los ríos y los cielos, en las montañas y los truenos. Me pregunto si alguien recordará que mi pueblo fue un pueblo fuerte, orgulloso y noble que adoraba a la Madre. Que nosotros conocíamos el secreto de la eternidad.

Lloro mientras me pregunto si cuando los siglos pasen y el tiempo borre las huellas de nuestra historia…

¿Alguien nos recordará?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Diosa de las Brujas

Venus de Willendorf 25.000 a. d E. C. aprox. Autor de la foto: desconocido

Venus de Willendorf
25.000 a. d E. C. aprox.
Autor de la foto: desconocido

La Diosa de las brujas es Antigua.  Su llamada cruza los milenios desde aquellas que la adoraban en los primeros tiempos bajo la luz de la luna y las estrellas vestidas con pieles, hasta llegar a aquellas que aún la recordamos. Aquellas que llevamos su marca grabada a fuego en el alma. Y algunas en la piel…

Ya era antigua cuando las primitivas iglesias erigidas para el hijo del carpintero y su Dios apenas comenzaban a cubrir Europa y se transformaban poco a poco en catedrales. Ya era vieja cuando los guerreros del frío norte trajeron a sus Dioses de la guerra, dioses que hablaban del valor, de la sabiduría y del honor que suponía morir en la batalla para ser llevado al paraíso de los guerreros. Ya era anciana cuando Roma cambió sus muchos nombres en las tierras que iba conquistando por los de sus propias Diosas, sometidas a un Patriarcado que jamás pudo acabar del todo con ellas. Ya era eterna cuando los celtas la adoraban bajo sus múltiples rostros y sus múltiples nombres. Su culto contaba milenios cuando Inanna e Ishtar eran jóvenes en el Creciente Fértil y la humanidad comenzaba a escribir sus nombres en el barro. Era Reina de la Tierra cuando Isis y Osiris aún eran niños jugando a enamorarse y dirigir un Imperio. Era una anciana que miraba benevolente cómo en Creta las sacerdotisas  ofrecían miel en los altares de sus templos. Era inmortal cuando Gilgamesh buscaba el secreto de la vida eterna.

Mi Diosa es tan antigua como la Humanidad. Tanto como la Tierra. Tanto como el Universo. Tanto como la primera chispa que lo originó todo.

Su presencia eterna jamás ha abandonado este mundo y sus hijas jamás han dejado de rendirle culto. Desde hace miles de años, cuando nos internábamos en las profundidades de su cuerpo para pintar en las paredes de las cuevas sus símbolos sagrados y las escenas de la vida bajo su influencia, la sentíamos guiar nuestras manos y nuestros pies en la oscuridad de sus dominios. Cuando penetrábamos en su vientre para llevar a cabo rituales para la tribu, para viajar entre los mundos y presentarnos ante ella para pedir su guía y consejo. Para devolverle el cuerpo ya sin vida de aquellos que habían marchado, esperando que los acogiera en la muerte y preparase su regreso algún día. Cuando sellábamos aquellas pinturas, pactos que nos vinculaban a Ella, con la marca de nuestras manos. Manos de mujer.

Cuando creábamos en el barro y en la piedra sus imágenes hechas a nuestra propia semejanza cuando estábamos grávidas. Porque así la imaginábamos cuando la humanidad era joven y el mundo aún salvaje. Una mujer grande, de pechos amplios y caderas poderosas, preparada para mantener la vida que llevaba en su seno una vez llegara a ese mundo tan hostil y difícil. Una madre nutricia y dadora de dones, pero también cruel y destructora cuando era necesario. Cuando fluíamos con los ritmos de su corazón que latía en las profundidades de la tierra, creando un ciclo eterno de vida, muerte y renacimiento, y que aprendimos observando las semillas desde su gestación en las profundidades de la tierra, pasando por su nacimiento, su vida exuberante y su muerte final, cuando de nuevo se convertía en semilla que retornaría de la oscuridad de la tierra.

Su nombre cambió a medida que la Humanidad se fue extendiendo por una Tierra inhabitada y vasta. Su rostro también fue cambiando. Aprendimos que además de Madre también era una joven, una anciana y una hechicera y nos enseñó a contar el tiempo siguiendo su viaje en los cielos nocturnos. Celebramos con Ella su eterno ciclo en el que se unía  a  su Amante Sagrado y juntos creaban los frutos que nos alimentan. Acompañamos su duelo cuando su amado moría en un sacrificio que convertía su cuerpo en la vida de sus hijos y festejábamos con Ella su alegría cuando daba a luz al Niño Divino que volvería a convertirse en su consorte en la siguiente primavera.

Con el tiempo llegaron otros Dioses que no eran como el nuestro, el Señor Astado de los bosques que reina sobre las cosas salvajes y libres, sino Dioses extranjeros que hablaban de guerra y violencia, y los mitos nos cuentan cómo primero desplazaron a nuestro Dios como consortes de nuestra Diosa, después le robaron sus dones y finalmente la expulsaron y condenaron al olvido. O al menos lo intentaron.

Surgieron las religiones monoteístas, con un único Dios masculino, lejano y severo, y se impusieron en la mayoría del mundo convirtiéndolo en un lugar violento, en un lugar donde la sangre de millones de almas vertida en nombre de ese Dios abonaba los campos de la mayoría de los países. Aún lo hace.

Muchos siglos de terror y de hogueras, de desequilibrio entre mujeres y hombres, de miedo a la libertad y a disfrutar la vida en lugar de sufrirla, han pasado desde los días en que llamábamos a la Diosa en el amanecer de la historia de nuestra especie. Demasiado tiempo durante el cual la Humanidad ha perdido el camino, convirtiendo la risa en pecado, el baile y la alegría en actos reprobables y la magia en algo maligno. Un tiempo durante el cual hemos dejado a un lado el amor y la colaboración que nos hizo prosperar y lo hemos cambiado por la ambición, la competitividad y el odio.

Pero Ella sigue aquí, su presencia eterna, antigua y viva lo invade todo porque siempre lo ha sido todo. Y sus hijas la hemos recordado a lo largo de los siglos. Su recuerdo atávico ha pervivido en nosotras a través de generaciones. Las brujas hemos continuado manteniendo su herencia como guardianas de una verdad que ha perdurado en nuestro corazón a través de todas las épocas. Hemos continuado llamándola a pesar de los nuevos dioses, a pesar del dominio del Hombre, a pesar de castigos y prohibiciones, a pesar de nosotras mismas. Porque nuestra Diosa no habita en un lugar lejano y distante. Está aquí, en la tierra que pisamos y el aire que respiramos, en el agua que nos inunda por dentro, que fluye en nuestra sangre y que se derrama en nuestras lágrimas. En las células que dan vida y forma a toda la creación. Dentro de nosotras, indicándonos el camino y manteniendo a salvo su mensaje. Siempre ha estado aquí. Esperando que sus hijas dejen de ser unas pocas brujas valientes que la guardan en secreto para convertirse en millones que la traigan de nuevo a un mundo que le pertenece y que grita desde lo más profundo para que curen sus heridas.

Ella se despereza, despierta de su letargo porque siente que algo nuevo está llegando. En miles de lugares del globo las mujeres se reúnen para encontrarse a sí mismas, y en el proceso, encontrarla a Ella. Y Ella, que escucha las voces que se elevan llamándola por muchos de sus mil nombres, se despierta porque sabe que la Rueda de nuevo está girando  y llega una Era en la que las brujas ya no nos escondemos, ya no tememos mostrarnos a cara descubierta y abrir las puertas de su regreso. A lo largo del mundo la Hijas de la Diosa van recobrando la memoria y buscan encontrar Su nombre. Sus nombres.  Y para sentirla solo necesitamos volvernos hacia nosotras mismas y hacia cada una de las mujeres que caminan a nuestro lado.

Cuando necesito sentirla, cuando necesito verla, solo tengo que ponerme frente a un espejo,  buscar mis ojos en mi reflejo y sonreír, porque allí, en el fondo de mi mirada, Ella me devuelve la sonrisa y me recuerda que ha estado ahí desde el primer día de mi vida y que seguirá estando ahí todos y cada uno de los que me quedan. Mi Diosa me mira desde el centro mismo de mi alma y un conocimiento antiguo me inunda. A través de los tiempos, a través de los milenios que me separan de mis antepasadas, a través de las cientos de vidas de cada una de ellas y a través de mi y de mis hermanas, la Diosa de las brujas vuelve para reclamar su mundo.

El Tiempo ha llegado. La Diosa regresa.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Brujas de hoy en día

Vista parcial de mi altar

Continuando con mi labor de recopilación de textos que tengo dispersos por internet, hoy le toca el turno al primer artículo de la serie “el camino de la bruja” que publiqué en el multiblog Liebanízate y que, con suerte, en breve retomaré. La mayoría de vosotras no lo habéis leído, pero para las que sí, prometo que la semana próxima publicaré un nuevo texto inédito. Disculpad que de vez en cuando incorpore uno antiguo.  Aquí os lo dejo, disfrutadlo de nuevas o de nuevo.

“Aún resulta chocante escuchar cómo alguien se autodenomina “bruja”. Aún se tiende a pensar en ellas como figuras fantásticas que pueblan los cuentos de hadas, o como personas con poca cultura que “creen” que tienen poderes y/o embaucan a incautos con menos cultura o educación aún que ellas.

 Las brujas que yo conozco, entre las que me muevo, a las que pertenezco, somos otra clase de brujas. Algunas ni siquiera se llaman a sí mismas bruja, pero otras (la gran mayoría) sí lo hacemos. Lo hacemos como un acto de rebeldía, de reivindicación por todas aquellas que fueron acusadas de ello y pagaron por culpas inexistentes. Reclamamos la limpieza de una palabra que ha dejado de significar maldad. Las brujas del siglo XXI son curanderas, sanadoras, sacerdotisas de sus religiones, y sobre todo, paganas. Estas son las mujeres de las que voy a hablar en mis escritos, sacerdotisas paganas, seguidoras de las que se han denominado “Religiones de la Tierra”. En especial, de aquellas orientadas a la espiritualidad femenina, que resurge con fuerza en nuestros días y entre las que me encuentro.

Estamos más cerca de lo que la mayoría de la gente piensa, y somos más de las que nosotras mismas creemos. En la actualidad las brujas son abogadas, psicólogas, antropólogas, trabajadoras sociales, historiadoras (mi caso), etc. La mayoría somos mujeres preparadas, cultas, y muy curiosas. Porque no voy a engañaros, para ser pagano hoy en día hay que estudiar, y mucho. Pero también somos hijas, madres, novias, esposas… tenemos un empleo, empresas, negocios. Batallamos a diario con las facturas, con plazos de entrega, con deberes escolares, con discusiones de pareja, con la hipoteca o alquiler… Tenemos una vida corriente, con una orientación religiosa y prácticas espirituales no tan corrientes.

Dentro del paganismo existen diversos caminos, tantos como antiguas religiones pre judeocristianas existieron. De algunas, como la griega o la romana, quedan suficientes fuentes para poder seguir más o menos fielmente sus ritos. De otras apenas quedan referencias, por lo que sus seguidores son “reconstruccionistas”, personas muy instruidas que investigan concienzudamente sobre las culturas y tradiciones que sienten afines a ellos. Pero todas estas corrientes paganas están hermanadas, todas tienen una base común que nos engloba a todos. Todos respetamos a la Tierra como nuestra Madre, la que nos nutre y da vida, a la que debemos un respeto que se ha perdido y que tanto necesita. Celebramos sus ciclos eternos. Cada estación, cada solsticio y equinoccio es sagrado para nosotros, porque reconocemos esos ciclos en nuestro interior. Sentimos como la gran mentira, que el hombre es el dueño de la Tierra, cae ante la aceptación de formar parte de ella. Una especie más de las que la habitan.

La más peligrosa, eso sí. Y sobre la que recae ahora la responsabilidad de cuidarla, ya que al salvar el planeta nos salvaremos a nosotros mismos.

Las brujas estudian mucho, estudian mitología, historia, antropología, psicología, metafísica… Una mujer no se levanta una mañana y dice: este año se lleva ser bruja, me voy a comprar un caldero de Prada y una escoba de Desigual muy cuca que vi en la revista “Bruja hoy”. No. El camino de la bruja es duro, la incomprensión de la sociedad todavía es la causa de que muchas no hayan salido del “armario de las escobas”. Es difícil, porque requiere un tiempo de dedicación a veces muy escaso en nuestra ajetreada vida diaria. Es largo, porque no nos engañemos, nunca termina. No hay meta. Ser bruja es un compromiso de por vida que adquieres contigo misma, con tus compañeros de camino y con todo tu entorno. Pero sobre todo, un compromiso de ser tu misma, de mantener tus ideales, tus valores, sentimientos e ilusiones por encima de todo.

Es un camino de libertad, pero también de sacrificio. Como dice nuestro único mandamiento: Haz lo que desees, siempre y cuando no hagas daño a nadie, comenzando por ti misma. Y esto conlleva una gran responsabilidad.

Ser bruja no es sencillo, nunca lo ha sido. Pero el sentimiento de autoafirmación, de pertenencia a este planeta, el equilibrio y la paz que proporciona saber cuál es tu sitio, y atreverte a ser quien eres que aporta, merece el esfuerzo.”

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra Lopez)

 

La bruja perfecta

Círculo de brujas Autor de la imagen: Desconocido

Círculo de brujas
Autor de la imagen: Desconocido

Ahora que os tengo aquí reunidas y la tarde lluviosa se presta a cuentos e historias, os voy a contar un secreto. El fuego está encendido, la alfombra cubierta de cojines y las tazas están llenas de brebaje calentito y delicioso, así que acercaos a mí, arrebujaos en las capas y escuchad, os contaré un secreto.

La bruja perfecta, esa que sabe qué hacer exactamente en cada momento, la que conoce todas y cada una de las hierbas y sus poderes exactos, la que sabe en cada momento sin mirar el almanaque en qué fase exacta del creciente de la luna estamos  y en qué momento soplará el viento del sur el día indicado para hacer el hechizo que necesitamos.  La que conoce todas las particularidades de todas las Diosas de todas las mitologías, la que expresa una verdad incontestable cada vez que abre la boca y a la que nunca se le apagan las velas. Sí, esa. La que parece estar en conexión constante con el otro lado del Velo y ver continuamente los misterios de la Vida. La etérea y mística que jamás se exalta y es siempre dueña de sus emociones. La que siempre tiene una respuesta… Esa bruja, que lo sabe todo y es etérea y perfecta, escuchadme bien, esa bruja…  no existe.

Las brujas somos, como todas las demás, mujeres. Humanas. Y como tal nos equivocamos. Tomamos decisiones equivocadas y cometemos errores. A veces se nos queda la mente en blanco y olvidamos una invocación durante un ritual. O no tenemos ni idea de para qué se utiliza cierta hierba en la magia asiática. A veces hay cosas que simplemente no conocemos y no pasa nada por decir abiertamente: no lo sé. A veces nos ponemos nerviosas, algunas cosas nos dan miedo, y lloramos de tristeza y alegría.

También tenemos defectos, en algunos casos muchos, y trabajamos para mejorarlos, claro. A veces somos un poco perezosas, otras podemos enfadarnos con facilidad ante ciertos hechos, algunas somos impacientes y otras un poco impuntuales. A veces las circunstancias nos superan y explotamos como todos y necesitamos un descanso, o simplemente no nos apetece ser sociables en un momento dado, pero no nos auto castigamos por ello. Admitimos que esos defectos forman parte de nosotras y los aceptamos como rasgos de nuestra personalidad de los que debemos aprender para mejorar.

Tampoco somos seres místicos a todas horas, al menos la mayoría, y nos gusta disfrutar de los placeres terrenales. Nos gusta un buen vino, una cerveza con los amigos, una buena comida, el sexo, la risa y las fiestas. Y no por ello debemos sentirnos culpables ni pensar que nos estamos alejando de nuestro camino espiritual. No pasa nada si en lugar de ser brujas calmadas, seguras y tranquilas somos pasionales y apasionadas, volcánicas, justicieras que se rebelan ante lo que consideramos inaceptable, no pasa nada si es la mujer salvaje la que vive dentro de nosotras.

Tampoco debemos sentirnos culpables o menos brujas si no salimos a correr desnudas por los bosques cada luna llena. No pasa nada si lo hacemos vestidas. No pasa nada si en lugar de correr paseamos. No pasa nada si durante una temporada nuestras responsabilidades nos mantienen alejadas del bosque. Lo llevamos dentro. Ya iremos cuando podamos, él nos espera y sabe que regresaremos. No pasa nada si vuestra naturaleza es tranquila y no sentís el impulso de gritar y ser salvajes, si sois reflexivas y calmadas y no os sentís a gusto en los enfrentamientos.

No pasa nada…

Y tampoco pasa nada si a veces os inclináis por la introspección, el silencio y la meditación y otras veces queréis aullarle a la luna y bailar y reír a carcajadas hasta quedaros afónicas. Nadie ha dicho que debáis ser siempre de la misma manera, impasibles y estáticas como las rocas. Está bien bailar al son de vuestros vientos interiores, del ritmo que marque vuestro corazón en cada momento. Está bien seguir a vuestra sangre fluyendo por vuestras venas, lenta y firmemente a veces, rápida y tumultuosa otras.

Lo importante, lo que realmente os convertirá en grandes brujas, es que seáis vosotras en cada momento. Que os déis permiso para ser, con todos vuestros defectos y virtudes, y que no permitáis que nadie os diga si sois o no  buenas brujas porque no os comportáis como los demás esperan que seamos. Si realmente buscáis ser mejores personas, si sois  mujeres sinceras y honestas con los demás y con vosotras mismas, si os esforzáis para que vuestros hechizos y vuestra magia sean cada día mejores, si trabajáis y estudiáis para aprender (o recordar) el camino de la Diosa, y os comprometéis con vuestras creencias y con Ella, entonces seréis buenas brujas. No importa si lo hacéis gritando desde el centro de vuestro útero sanando las heridas de vuestro linaje y disfrutando de la libertad y el retorno a la naturaleza salvaje. O si lo hacéis desde la comprensión que otorga la meditación durante un ritual calmado y estructurado meciéndoos en las aguas del rio del tiempo. Lo que importa es que lo hagáis, y que seáis. Vosotras.

Nadie puede deciros cómo es la bruja perfecta. Nadie puede juzgar vuestra forma de caminar por este sendero. Nadie puede excluiros de este mundo mágico por no hacer las cosas de la manera  que otros piensen que es la única. Porque no hay una única manera de ser bruja sino tantas como brujas existimos. Jamás os sintáis menos que nadie. Nunca dejéis que os hagan sentir culpables por no ser como otras, porque no hay gurús entre las Hijas de la Diosa, sólo guías.

Y porque,  y ahora que os lo he dicho ya no es un secreto, la bruja perfecta no existe.

Por favor, no me guardéis el secreto…

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El camino de la Bruja. El principio.

Cruce de caminos Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Cruce de caminos
Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

Hace muchos años, cuando mi coven de entonces aún era joven, casi todas las ceremonias las creábamos nosotros. Casi todas estaban escritas por mí, y cuando se acercó el momento de la iniciación de M, decidí escribir algo que explicase al nuevo iniciado el camino que tenía por delante. A qué se comprometía al pasar por un rito de paso como es la iniciación. Y así nació el texto “El camino de la Bruja”.

Tiempo después, concrétamente en 2006, lo subí a internet a uno de los grupos paganos de Yahoo en los que participaba y cuando mi nombre aún se escribía Hiedra en lugar de Hyedra. Y así quedó la cosa durante un tiempo, hasta que empecé a encontrármelo por la red. A veces lo publicaban con mi nombre como autora. A veces sin autor. Otras bajo el nombre de otra persona.

Con la llegada de Facebook se extendió como la pólvora, y aunque en un principio dudé, reclamé su autoría.  Ese escrito es mi principio, es el detonante de que por fin me decidiera a comenzar un nuevo blog en el que darme a conocer a mí, a mis escritos, a mis sentimientos y experiencias. Muchas ya lo habréis leído sin saber que es mío. Otras sí lo sabéis. Alguna incluso estaba delante cuando lo escribí. Pero otras muchas de las que ahora me seguís seguramente no lo conozcáis. Os lo presento. Es mi origen como escritora. Es la semilla de todo lo que vino después.

“El camino de la Bruja” es la historia de mi camino, y reitero aquí y ahora que es mío. Lo escribí yo. Y para que quede constancia y quede ligado a mi nombre, tenía que incluirlo en este blog nacido a su sombra. He leído en la red un montón de interpretaciones, pero su fin es simple, ser leído durante la iniciación de un neofito para recordarle lo que somos y el camino que tiene por delante, y con ello honrar y recordar a todas las que, en épocas mucho más difíciles, se comprometieron con este camino aún a riesgo de su propia vida. Es, sobre todo, un homenaje a ellas.

Aquí lo tenéis.

“EL CAMINO DE LA BRUJA

Ser bruja no es sencillo, nunca lo ha sido. Antiguamente fuimos perseguidos, torturados, ahorcados, quemados. Aniquilados.Éramos temidos, despreciados y convertidos en parias.

Los tiempos cambian, pero los antiguos estereotipos siguen vigentes en la mente del Hombre. La palabra bruja aún es considerada un insulto, pero nosotras reclamamos ese título como sinónimo de sabiduría, comprensión, poder y amor, ya que estos son los atributos reales de una verdadera bruja. Una buena bruja.
La bruja, la verdadera bruja, lleva la magia en su interior, la siente en la brisa de la mañana, en la música del viento acariciando los árboles, en la canción de la lluvia al caer. Y también en cada latido de su corazón, en la risa de los niños y en la mirada sincera de los amantes. Sabe que esa energía que rodea todo, se encuentra en todas partes, desde la más humilde hormiga hasta en la más recóndita neurona del cerebro humano. Y tiene su máximo poder en la sabiduría antigua de los ancianos y el cálido latir del corazón de la Madre Tierra. Y sobre todo en la mente de la bruja, capaz de canalizar y dirigir esa energía, esa magia, y producir cambios, a veces minúsculos, a veces asombrosos, en el mundo que la rodea.

Ser bruja no es sencillo, requiere esfuerzo, trabajo, sacrificios y muchísima autocrítica, pero, como todo lo que resulta arduo de conseguir, es hermoso y trae consigo recompensas.
Cada día es un paso más hacia una meta que nunca llegará, porque la meta es el camino en sí. El camino de la bruja.
El camino de todas las hermanas que vinieron antes de nosotras y todas las que vendrán después.

Nosotras, en un tiempo que no es tiempo
En un sitio que no es un sitio
En un día que no es un día
En el umbral entre los mundos,
Ante el velo de los misterios,
Honramos el recuerdo de las que fueron y celebramos nuevos nacimientos. Lo que demuestra que el Arte aún vive y resurge con fuerza en nuestros tiempos.
Bendito Sea.”

Autora: Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Primera Bruja

Arte de Stuart Littlejohn

Arte de Stuart Littlejohn, imagen compartida de la página de facebook “Brujas: mujeres de poder, magia y conocimiento ancestral”

Cuentan nuestras leyendas que las brujas hemos existido siempre. Desde la primera mujer que miró la luna y descubrió en ella a una compañera en su camino de sangre, comprobando cómo se llenaba y se vaciaba con ella. Desde que observó el mundo que le rodeaba y se vio reflejada en el cambio de las estaciones. Desde que vio pasar ante sí no sólo los estados que atravesaba cada mes durante los cambios hormonales y que la convertían en cuatro aspectos de sí misma, sino  también un reflejo de su propia vida en los cambios de la naturaleza: las promesas y vitalidad de su juventud en la primavera. La plenitud y fertilidad del cálido verano en su propio vientre hinchado por la preñez. La calma llena de frutos que llega con el otoño en la edad madura.  Y la sabiduría e introspección del silencio del invierno en la comprensión que llegaba en su propia vejez.

Desde que se supo parte de un ciclo mucho mayor que ella misma, conectada con todo lo que la rodeaba, parte importante de un gran misterio del que era centro y observadora. Desde que decidió que viviría para descubrir ese misterio y en el proceso descubrió muchos de los secretos de la tierra. Secretos que otros llamaron magia.

Descubrió que todo lo que la rodeaba tenía un alma. Una vibración que conectaba con la suya. Y cada vibración le hablaba de propiedades especiales. Cada planta vibraba de una manera y experimentando descubrió que algunas curaban y que otras mataban, y algunas hacían las dos cosas según cómo se usaran. Y con ellas descubrió que la Vida y la Muerte son solo las dos caras de una misma cosa. Descubrió plantas y hongos que le hacían viajar hasta el otro lado del velo que separa ambas y que, si no las usaba en su justa medida, ese viaje podría no tener retorno. Descubrió que las piedras que cubrían el suelo de su mundo le hablaban con poderes de sanación. Descubrió el poder transformador del fuego, física y emocionalmente. Descubrió que si escuchaba, el viento le contaba historias que ella había sabido siempre, y sólo tenía que recordar. Descubrió que sus sueños eran más que imágenes sin sentido que morían cuando ella despertaba. Descubrió que había un “algo” vivo detrás de cada cosa, un latido que partía desde lo más profundo de la tierra y que sentía en la planta de sus pies desnudos en cada paso. Descubrió que podía sentir ese mismo “algo” en las gotas de lluvia que dejaba deslizar por su cuerpo, en el rumor del agua de ríos y océanos, en la brisa y el viento que le acariciaban como un amante, en los truenos y los rayos, en el calor del sol y el frío de la noche. Aprendió que ese “algo” estaba presente en el cálido día pero también mostraba un camino hacia el interior de si misma en la oscuridad de la noche.  Comprendió que ese “algo” era el espíritu que animaba el mundo que le rodeaba, que le proporcionaba alimento, cobijo, su vida… Y a ese “algo” le puso nombre. La llamó “Madre”.

Se convirtió en su Hija, en su mensajera entre la Humanidad y Ella. En la mujer sabia de la tribu que curaba. Que traía a los valiosos niños al mundo  ayudando así a perpetuar una especie frágil. Que viajaba al mundo de los espíritus y traía mensajes de los que habían partido hace tiempo. En consejera y amiga. En guía y confidente.

Y cuando se supo preparada empezó a enseñar a otras a recordar quiénes eran. Porque cuentan nuestras leyendas que las brujas somos distintas, un grupo de almas con una misión especial. Y que la que es bruja en una de sus vidas lo ha sido siempre, en todas las anteriores y lo será en las que vengan después.  Que ya venimos con todos los conocimientos escondidos dentro de nosotras, como un tesoro, y que sólo tenemos que recordar cómo llegar hasta él.

Cuentan nuestras leyendas que llegó un tiempo de miedo y odio, y la palabra bruja perdió su significado y fue cambiado por otro inmundo, sucio, falso. Y la Humanidad intentó acabar con nosotras ahorcando y quemando a muchas mujeres sabias, rebeldes, independientes, con voz propia que los Hombres deseaban acallar. Muchas brujas murieron.  Muchísimas más que no lo eran también.

Y nos escondimos. Pero nunca olvidamos.

Y cuando los tiempos del odio se calmaron en algunos lugares del mundo, regresamos, vida tras vida. Y en nuestros sueños recordamos. En muchos de ellos me veo caminando de noche por un sendero que atraviesa un bosque antiguo, denso y oscuro. Voy en una fila portando una bandeja de ofrendas, agua, flores, frutos… Delante de mí otra mujer lleva una antorcha encendida mostrando el camino, detrás otras llevando cada una sus respectivas ofrendas. Llegamos hasta un círculo de piedras, y cada una sabe hacia cual dirigirse y depositar su carga frente a ella. Después nos acercamos al centro, donde hay un altar en el que reposa una flor marchita que una de nosotras reemplaza por otra fresca. Miramos al cielo y la vemos, la Luna. Llena, grande, dirigiendo su mirada triste hacia nosotras. Elevamos los brazos llamándola. Reclamando su presencia entre nosotras. Dentro de nosotras.  Un cántico surge de nuestras gargantas mientras el ritmo de la tierra penetra por nuestros pies y comenzamos a danzar… Sabemos que lo que hacemos está prohibido, nosotras estamos prohibidas, pero celebramos la Luna como han hecho antes nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras antepasadas que cada mes vinieron a honrarla a Ella y a sí mismas entre estas piedras.

Cuando despierto en mi cama de este siglo XXI sonrío al recordar quién soy. Sonrío al saber que no pudieron acabar con nosotras.

Cuentan nuestras leyendas que la Primera Bruja vive en cada una de nosotras que vinimos después.  Que continuamos viniendo vida tras vida.

Cuentan nuestras leyendas, que todas las brujas somos Una.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El mundo real

La roca es real, y lo que nos hace sentir al mirarla también, aunque no se pueda tocar ni medir

La roca es real, y lo que nos hace sentir al mirarla también, aunque no se pueda tocar ni medir

Ayer estuve en el Madrid Goddess Temple celebrando el Día mundial de la Diosa. Y entre invocaciones, recuerdos de antiguos ritos, bailes y cánticos, me pregunté: ¿Ésto no es real? Porque, como a muchas de vosotras también os habrá pasado, muchas veces gente de mi entorno, cuando se enteran de quién  soy y lo que hago, me dicen: Ya, pero en el mundo real no puedes hacer eso. O, en el mundo real no se puede ser como tú. O en el mundo real no puedes ir así por la vida. O, en el mundo real las cosas no son así… Y la mejor: si vivieras en el mundo real…

El mundo real…

¿Cuál es el mundo real?

Yo me levanto por las mañanas temprano, desayuno, voy a trabajar, como, sigo trabajando, ceno y me acuesto. Tengo a mi pareja, a amigos, a mi familia fuera del ambiente pagano. También hago mis meditaciones, estudio, hago mis guardias de las llamas de Brigit y Avalon cuando me toca. Mantengo mi altar. Sigo las mareas lunares. Hago mis hechizos. Voy a las reuniones con mis brujas, soy Melissa en el Templo… Y escribo. Escribo sobre mí, sobre mi mundo, mis sentimientos, mis pensamientos y sobre la Diosa y todo lo que representa.

Pero para la mayoría de la gente sólo la primera parte de mi vida es real. Todo lo demás, toda la parte mística de mi vida, toda la magia, todo mi mundo interior… no es real.

Antes me enfadaba cuando me lo decían. Ahora sólo sonrío. Para mí, la parte que ellos no entienden como verdadera, como útil de mi vida, es la que de verdad siento como real. Es esa parte en la que por fin puedo mostrarme entera. Son los momentos en los que estoy completa. Son esos momentos en los que toda mi vida confluye. Siento el calor de las llamas del caldero, percibo el aroma del incienso, me mecen las risas y cantos de las otras brujas, me acaricia el tacto del suelo bajo mis pies descalzos, el roce de mi pelo en mis brazos cuando giro, vibro con la energía que me recorre entera y hace que mi piel arda. Respiro, veo, siento, huelo, y escucho todo de manera bastante real. Tan real como mis horas de oficina, de labores domésticas, o mis encuentros con personas no paganas. Incluso más, porque durante muchas de esas horas mi mente escapa y recuerda los momentos mágicos.

¿Os habéis fijado que siempre que hablan del “mundo real” es un mundo en el que todo es difícil, competitivo y ocurren cosas malas? Donde nadie se sale de la norma. Donde todo lo que no se considera “normal” se ignora o se desprecia. Se refieren al mundo en el que sólo importa el dinero, el trabajo, lo que tienes, lo que vales, ser mejor que los demás. Donde todo es un castigo o una competición. Un mundo en el que el trabajo la mayoría de las veces no gusta, ni realiza, ni aporta un sueldo suficiente para cubrir las necesidades básicas. Donde la recompensa a un duro día en ese trabajo son unas horas frente a un televisor. O gastar un tiempo y un dinero que no tienes en maneras de olvidar la rutina y la desesperación diarias.

Esta gente, pesimista por naturaleza, o vacios, sin nada que colme sus vidas y sin ganas de buscarlo, se siente ofendida cuando algunos tenemos algo más. Cuando nos atrevemos a ser diferentes. Cuando nos atrevemos a ser felices y a celebrar la vida en lugar de gastarla.

Y nosotros tenemos problemas económicos como los demás, tenemos problemas laborales, sentimentales o personales como los demás, pero no lo encaramos como los demás. No dejamos que nos hundan o se conviertan en el centro de nuestra vida. Tenemos algo más, la parte que nos salva, lo que nos centra, lo que nos permite soportar todo eso y pensar que siempre hay malas rachas y que todo mejorará.  Tenemos esperanza, y eso es lo que ellos no tienen. Por eso les molesta y nos miran con suficiencia y nos dicen: eso no sirve en el mundo real.

El único que importa para ellos. El suyo.

Las brujas decimos que caminamos entre los mundos y nos referimos a que vivimos entre éste mundo físico y el otro espiritual que existe y nos espera tras el velo. Pero también,  a que caminamos entre el mundo en el que vive la mayoría de la gente y el nuestro. El que creamos cada día entre todas. El Real. Y no es otro ni distinto. Es el mismo. Lo que nos diferencia es el modo en que hemos elegido vivirlo. Porque las brujas sabemos que somos nosotras con nuestras decisiones y nuestras acciones las que creamos nuestro mundo.

Cada persona vive, siente, sueña, ama y transita por su propio mundo.  Y para cada una de ellas ese mundo es el real. Para mí, mi mundo es el único real porque es el único en el que yo vivo. Y como siempre dicen, hay otros mundos, pero  están en éste.

Y tú, ¿vives en el mundo real?

Hyedra de Trivia

Eva López Moreno

 

El camino de regreso a casa

Morgana abriendo las nieblas Fotograma de la película "Las nieblas de Avalon" basada en la novela homónima de Marion Zimmer Bradley

Morgana abriendo las nieblas
Fotograma de la película “Las nieblas de Avalon” basada en la novela homónima de Marion Zimmer Bradley

Desde que tengo memoria me he sentido extraña en este mundo. De niña me sabía extranjera. Traía conmigo unos recuerdos que no pertenecían a este lugar. A este tiempo. Soñaba que algún día mi verdadera familia vendría a buscarme para llevarme a casa. A mi verdadero hogar, tan distinto de éste en el que vivía.

Soy una persona introvertida y eso me ha llevado a ser considerada tímida cuando no lo soy en absoluto. Todo lo contrario. El resto de las personas no me suele interesar. Sólo cuando ya conozco a la gente, con el tiempo y la confianza, me importa su vida y lo que piensen u opinen de mí. Salvo aquellos en los que reconozco la misma chispa que anida en mi alma. Con ellos me siento unida desde el primer momento y puedo hablar horas con alguien a quien acabo de conocer, mientras que hay personas a las que conozco hace años y con las que apenas intercambio unas cuantas palabras.

Creo que a todos los que son como yo se nos reconoce por lo mismo. Chispas de magia en la mirada. Almas perdidas que buscan el camino de regreso a casa y que mientras encuentran ese camino, persiguen los retazos que quedaron atrás de ese mundo del que provenimos y que sabemos perdido.

Ese lugar tiene muchos nombres, pero en mi parte del mundo casi todas las brujas llamamos a ese hogar perdido Avalon. Es más que un lugar, más que un tiempo. Más que un concepto. Avalon es un recuerdo colectivo de algo perdido, pero también la promesa de algo eterno. Inmutable. Algo que espera paciente y en calma a que sus hijas encuentren de nuevo el camino entre la niebla.

Creo que todas, desde que nacemos, sentimos su latido pulsante vibrando en nuestras venas. Oímos su llamada muda y silenciosa, pero constante, creando un vacío atronador en nuestro interior que nada puede llenar. Llevamos con nosotras una añoranza inmensa. Una nostalgia que a veces nos impide respirar. Nos acompaña una pena infinita de la que muchas veces no sabemos la razón. Sólo sabemos que buscamos algo con ansia, que nos anima un sentimiento que nos impulsa a averiguar quiénes somos. Cuál es nuestro lugar.

Y entonces llega un día. Para algunos antes, muy pronto cuando aún somos niños. Para otros después, ya en la edad adulta. Pero llega ese día en el que por fin comprendemos. Y esa comprensión puede llegar a través de un libro, un poema, una imagen… En muchas ocasiones es un sueño. En otras es el encontrarnos con otro hijo de las brumas. Pero cuando ese momento llega, todo cobra sentido. Recordamos quiénes somos y, aunque nunca dejamos de sentir esa añoranza por el hogar perdido, empezamos a celebrar la vida, como los nuestros han hecho a través de los tiempos. A través de los mundos. A través de las vidas.

Celebramos los ciclos de la Tierra, pero con ellos celebramos los umbrales. Celebramos los Solsticios y equinoccios, pero también los puntos intermedios. Todos ellos son momentos de cruce de un tiempo a otro, de un mundo a otro. Porque en esos momentos, cuando los umbrales se abren, podemos atisbar Avalon. Podemos sentirlo. También al amanecer, y en la hora dorada de la tarde. Ese momento cuando el silencio se extiende por los campos y cuando lo único que parece importante es contemplar la danza de las doradas motas de polvo que flotan en los rayos furtivos de un Sol que se marcha y que lo baña todo con su luz más hermosa, la que ha guardado para el final. Cuando el tiempo parece detenerse y todo queda suspendido en la belleza y el misterio, cuando el umbral se abre y no se cierra hasta que la última gota de sangre del crepúsculo se ha desvanecido en el horizonte…

A lo largo del tiempo las mareas de la vida nos llevarán de unas experiencias a otras. Habrá momentos en los que estaremos rodeados de magia, de brujas y compañeros de camino afines. Nuestros días discurrirán entre rituales, bosques, océanos y risas. Seremos felices.

En otros momentos la vida nos llevará por caminos muy alejados de nuestra naturaleza. Desprovistos de toda chispa mística. Momentos donde la tristeza, la soledad y la añoranza serán insoportables. Pero es en esos momentos cuando debemos volvernos a nuestro interior y buscar allí nuestra esencia. Encontrar dentro de nosotras ese pedacito de Avalon que toda bruja lleva dentro y recordar quienes somos mientras las mareas de la vida nos conducen a un momento mejor y más amable.

Ahora mismo me encuentro en uno de esos momentos en los que la cara más despreciable de este mundo que no comprendo se enfrenta a toda la magia de la que estoy hecha. Pero hace poco me sorprendí a mí misma sonriendo mientras contemplaba la luna, redonda y plena, tan amada. Se elevaba, gigante, a través de las nubes iluminando el mundo con su luz de plata, como siempre ha hecho. Y pensé que tal vez, aún hay esperanza después de todo.

La leyenda dice que Avalon se escindió y se ocultó de este mundo para proteger los secretos de la Diosa y la magia que estaban amenazados por los hombres. Y con el paso del tiempo se perdió en la niebla. Pero aún espera que volvamos a encontrarlo porque todas sus hijas llevamos dentro el recuerdo de lo que fue. De lo que fuimos.

Quizás ha llegado el momento de dejar de buscar Avalon entre las brumas. Tal vez sea hora de unirnos para traerlo, entre todas, a la luz. De reconstruir unas ruinas hechas de recuerdos y niebla. De devolvernos a nosotras mismas ese hogar que este mundo ajeno se niega a darnos.  La mitad del trabajo ya está hecha. Para reconstruir cualquier cosa solo se necesitan dos cosas, buenos cimientos y tiempo. Los cimientos de Avalon se asientan en la eternidad.

Y en cuanto al tiempo… Bueno,  no tenemos prisa.

Las brujas también somos eternas.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Creer o no creer

Buscando la luz Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Shadow
Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

En esta entrada voy a ser brutalmente sincera y no solo con vosotros, conmigo misma también. Voy a confesar algo que pocas veces he dicho en voz alta y que no me gusta reconocer en mi interior. Pero admitirlo forma parte de mi trabajo personal y considero esto un ejercicio de honestidad.

Me gustaría poder decir que tengo una fe inquebrantable. Que pase lo que pase en mi vida nada puede hacerme dudar de mis creencias. Pero no es así. Dudo, a veces mucho. En ocasiones en mi vida me he planteado si todo tiene sentido, si merece la pena. Me planteo mil cuestiones ¿Realmente existe algo más? Todo lo que experimento en rituales, cuando hago hechizos, en las ceremonias… ¿es real? ¿O es sugestión? ¿Lo crea mi mente?

Aunque sea una bruja y una sacerdotisa pagana, siento una gran pasión por la ciencia, sobre todo por la física teórica y cuestiones relativas al universo, al tiempo, a las teorías científicas que intentan explicar lo que nos rodea. Tanto lo que vemos como lo que no.  Creo que una cosa no excluye la otra. Y aunque se que soy una mujer muy inteligente, no tengo el tipo de inteligencia necesaria para haber dedicado mi carrera a estos temas, por lo que me conformo con ser una aficionada amateur.

Dentro de mis ciclos como mujer, en algunos momentos me lo cuestiono todo y trato de explicarlo todo por medio de la ciencia. A veces dudo de la existencia de la Diosa. A veces dudo de la existencia de la magia. A veces dudo de que algo en mí vaya a pervivir tras mi muerte. A veces pienso que nada tiene sentido y que todo lo creo yo para convertir mi vida en algo más que un devenir de días sin sentido.

Pero también es cierto que es en esos momentos, cuando estoy a punto de arrojar la toalla y abandonarlo todo, cuando recibo las señales más impactantes y los regalos más maravillosos de la Diosa, el Universo, la Vida o lo que quiera que exista. Señales que yo no provoco y que vienen del exterior. A veces muy sutiles, otras veces verdaderas bofetadas que me abren los ojos.  Y también es cierto que últimamente la ciencia parece estar demostrando cosas que las brujas llevamos proclamando desde siempre.

Hace poco estaba en uno de estos momentos en los que me sentía atrapada, no veía salida. Estaba a punto de renunciar a algo muy importante porque parecía que todo se ponía en contra. Pero de repente me llegó una noticia que lo cambió todo. Algo que dentro de poco me cambiará la vida y a mí misma y que tiene relación con mi formación en el camino de la Diosa. En estos momentos tengo fe, Ella no me permite alejarme. Cuando más sumida estaba en la oscuridad, cuando más tinieblas veía a mi alrededor, más grande ha sido la antorcha que ha prendido para mostrarme el camino.

Sé que volveré a tener momentos de dudas, pero esos momentos son los que me hacen seguir buscando, investigando, profundizando en mí y en mis creencias. Y sé que en cada uno de esos momentos algo me hará volver a creer. Cuando sienta en mí la magia que esconde un amanecer. Cuando escuche el idioma de los bosques. Cuando baile junto con otras brujas alrededor del fuego sagrado. Cada vez que uno de mis hechizos tome forma. Cada vez que mi trabajo personal me haga mejorar. Cada vez que descubra una nueva faceta de mi misma y la acepte y la ame, me guste o no. Cada vez que cierre los ojos y la sienta a Ella en mí. Y con Ella, a todos los seres vivos que pueblan este planeta y que forman parte de mí.

Y se que, de todos los caminos posibles, pertenezco a uno de los mejores. A uno que enseña que el respeto, la sinceridad y el amor son el único camino para evolucionar. Que no busquemos  Dioses o gurús fuera de nosotros porque todo lo llevamos dentro y que si quiero encontrarme con la Diosa sólo tengo que buscarla dentro de mí. Que trabajamos para ser mejores personas no por recompensas, ni por karma, ni por la futura promesa de un cielo o por miedo a un castigo eterno en un infierno improbable. Lo hacemos por nosotros mismos.  Yo lo hago por mi misma.

Un camino que, dude o no, exista o no, merece la pena seguir.

A día de hoy creo. Y aunque sé que volveré a dudar y a cuestionarme todo, también sé que Ella sabrá cómo recordarme que está ahí, que siempre está ahí. Que soy una de sus hijas y que no dejará que me aleje de su camino. Hasta el día que cruce el Velo y por fin descubra la verdad.

Hasta ese día continuaré caminando bajo su luz.

 

(A la memoria de Morning Glory Zell y Margot Adler entre otras. Ancianas de nuestra tradición que han traspasado el Velo y ahora ya conocen la verdad. Grandes brujas, grandes sabias, grandes líderes y sobre todo grandes mujeres. Que pueda encontrarlas en otra vida.

Benditas sean)

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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