Nueva formación: Hij@s de la Diosa Oscura

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Os anuncio que la entrada semanal de Palabra de bruja estará disponible mañana, perdonad la espera. Pero quería aprovechar hoy para presentaros una nueva formación que voy a llevar a cabo, junto con mi hermano de camino, Saucco de Trivia.

Hemos estado gestándola años y responde a la necesidad de dar su espacio a la Diosa Oscura en este mundo, y dar la oportunidad a aquellas personas que quieren reencontrarse con Ella de convertirse en sus Hijas, tal vez como ya lo fueron en otras vidas. La formación es totalmente presencial y tendrá lugar en Madrid.

FORMACIÓN PRESENCIAL HIJ@S DE LA DIOSA OSCURA

¿Sientes la llamada de la Diosa Oscura? ¿Crees que tu camino es el de la bruja? Si los secretos de la noche te seducen, si la oscuridad de la luna le cuenta historias en sueños a tu alma y si los nombres de las Diosas que estuvieron prohibidas resuena en tu mente como antiguos recuerdos, éste es tu sitio.  Os ofrecemos un viaje en el que os guiaremos durante un giro de la Rueda en la Senda de la Diosa Oscura. ¿Quieres convertirte en un@ de sus hij@s? Pues acompáñanos en este viaje que se divide en 9 encuentros que tendrán lugar a lo largo de un año y en los que conoceremos a la Diosa Oscura en cuatro de sus aspectos y aprenderemos, entre otros misterios, los caminos de la magia de la tierra, los cuatro elementos, las fases lunares y las energías de la naturaleza. Acompáñanos en el Camino de las Brujas. Tanto si eres hombre como si eres mujer, hay un lugar para ti en los 9 Círculos. Ocupa tu puesto:

1º Círculo. El Encuentro. Presentación de la Formación, encuentro con la Bruja y el pasado, Sheila Na Gig. Altares.

2º Círculo. Solsticio de Invierno. Magia de la Tierra

3º Círculo. Conociendo a la Sombra. En el Reino de Perséfone. El poder de la palabra

4º Círculo. Equinoccio de Primavera. Magia del Aire

5º Círculo. La libertad sexual. En la senda de Lilith. El Matrimonio Sagrado

6º Círculo. Solsticio de Verano. Magia del Fuego.

7º Círculo. La justicia de la Ira. En la batalla con Morrigan. Encontrando el valor.

8º Círculo. Equinoccio de Otoño. Magia del Agua.

9º Círculo.1ª Parte: Reinando en la Oscuridad. Ataecina y Cerridwen. La muerte, el final. Nuevos comienzos.

2ª Parte: Dedicación a la Diosa Oscura. Frente a Hécate.

Para inscripciones o solicitar más información, escribid a

hijasdeladiosaoscura@yahoo.com

Te esperamos

Hyedra de Trivia

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La bruja y la Muerte

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Imágen de Amanda Clark

 

Se acerca Samhain y este año percibo su energía con más fuerza que otras veces. Tal vez sea por este Octubre regado con lluvias otoñales o porque mi vida éste año ha estado marcada por varios ritos de paso que me han hecho atravesar muertes y renacimientos, umbrales entre lo que he sido hasta hace poco y lo que soy ahora. Y aquello en lo que me estoy convirtiendo. No sé exactamente por qué, pero Samhain ya está casi aquí para mí y llevo unos días meditando sobre su influencia en las personas, y en especial en nosotras, las brujas.

Esta noche está asociada sobre todo a la Muerte: la muerte de una época, de un ciclo, de la vida de seres humanos… es el Gran Umbral. Y como caminantes entre los mundos, las que vivimos en un eterno umbral somos las brujas. Tal vez por eso ésta sea, entre todas las festividades paganas, la más relacionada con nosotras.

Este año coincidirá más que nunca con nuevos inicios en mi vida, pero, como cada vez que comienzo algo nuevo, por mi mente rondan aquellas cosas que tuve, que viví, que amé… todo lo que murió para dejar espacio a lo nuevo. También personas a las que quise muchísimo y hace tiempo ya que cruzaron el velo. Y su recuerdo me coloca ante una de las situaciones más duras del aprendizaje de la bruja. La aceptación y comprensión de la Muerte.

La Muerte no es más que una parte de la Vida. Todo es un ciclo eterno sin fin, en el que viviremos, moriremos y retornaremos de nuevo. Las personas que amamos volverán a este mundo y nos encontraremos con ellas en muchas vidas compartidas. La muerte entonces no es más que el principio de un nuevo viaje, donde por fin comprenderemos el sentido de todo, encontraremos las verdades que buscamos y tendremos acceso a la sabiduría final. Por ello para nosotras la muerte es solo un paso más, algo que celebramos recordando a la persona amada fallecida y deseándole un buen viaje hasta que volvamos a encontrarnos. Esa es la lección. La teoría.

Pero cuando alguien a quién amamos fallece ¿Qué hacemos con la pena que nos desgarra el alma? ¿Qué hacemos con la sensación de vacío? ¿De pérdida insondable? ¿Y si la muerte fue agónica, o demasiado temprana, o demasiado imprevista, o simplemente demasiado? ¿Cómo encajamos nuestra teoría de lo que es la muerte con su presencia real en nuestras vidas? ¿Cómo vamos a celebrar algo que en ese momento solo podemos odiar?

Porque cuando nos toca muy de cerca o de una forma demasiado atroz, todos odiamos a la muerte. Todos deseamos que no nos roce, que no nos toque, que respete a aquellos a los que amamos. Recientemente falleció un familiar de un amigo y fuimos a acompañarle al tanatorio. Pasamos delante de una sala donde la gente sonreía y charlaba animada. Recuerdo que comentamos la diferencia entre unas muertes y otras y cómo afectaban a la gente. Cuando fallece una persona mayor o tras una larga enfermedad, se vive como algo esperado, inevitable y a veces hasta un alivio. Pero cuando muere alguien joven, o un niño, o alguien que no se esperaba que tuviera un fin prematuro, todas nuestras convicciones se tambalean y nos planteamos la injusticia de la muerte. Nos rebelamos. Hay que tener una fe inquebrantable y con raíces muy profundas para aceptar serenamente la muerte de un niño, o de alguien en la flor de la vida, y más aún cuando muere de forma traumática. Nos preguntamos cual es el sentido, cuál es la razón…

Y automáticamente pensamos en toda la vida que tenían por delante, en el dolor que dejan atrás, en las vidas vacías sin su presencia. En las incontables noches en blanco que otras personas afrontarán recordando su pérdida. O en las nuestras, en las lágrimas que derramaremos por alguien que ya no está, que no podrá vivir, que no podrá reír, soñar, amar de nuevo… en esta vida. Porque las brujas creemos que volveremos, pero en el dolor de la muerte, como cualquier otra persona, sólo somos capaces de pensar en ésta, en la que nosotras aún estamos, pero en la que ellos ya no están. Y en ese momento a veces dudamos, porque es humano dudar, y porque esa duda responde al amor que hemos perdido.

Pero un día, con el tiempo, comprendemos que nuestra fe regresa. Que el dolor sigue ahí pero ya podemos vivir con él. Nos reconciliamos con la Muerte y comenzamos a celebrar la vida de aquellos que se fueron, y prometemos vivir la nuestra conscientemente en su recuerdo. Y llega un Samhain en el que la pena es lo suficientemente suave como para permitirnos celebrar el banquete de fin de año, y colocar un plato en la mesa para esa persona que puede que hoy regrese durante unas horas a nuestro lado. Y al día siguiente, la vida continuará, porque la vida siempre continúa para aquellos que se quedan.

Las brujas conocemos muy bien el dolor, la pena y la pérdida y las sufrimos como todos los demás, pero también conocemos la otra cara de la muerte. Y eso nos ayuda a comprender el dolor y la pérdida de otros. Pero también por eso, las brujas no adoctrinamos, no juzgamos ni intentamos minimizar los sentimientos del que sufre, simplemente acompañamos su dolor y les apoyamos en su tristeza.

Este Samhain celebrad la vida, organizad una fiesta e invitad a aquellos que ya partieron a compartirla con nosotros, pero si en algún momento la tristeza os invade y su marcha os parece injusta, no pasa nada. Dejad que vuestras lágrimas fluyan, recordad lo mucho que les amabais y dad gracias por haber coincidido con ellos en esta vida.

La pena es sólo reflejo del amor y algún día volveremos a encontrarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

 

Recuperando a nuestra Doncella

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The Force Autor de la imagen: TOMAAS tomaas.com

 

En esta época del año celebramos Imbolc, el periodo del año intermedio entre el Solsticio de invierno y el Equinoccio de primavera. Uno de los ocho radios que forman la Rueda del Año. Es el momento dedicado a todo lo que empieza, lo que se está gestando, lo que germina. Celebramos la promesa de una primavera que aún no es, pero que ya se está preparando para ser. Y a un nivel más personal y humano, celebramos el aspecto de Doncella de nuestra Diosa reflejado en nuestra propia infancia.

¿No escuchas unas risas que te llaman? ¿No sientes la necesidad de olvidarte de todo y jugar, y reír, y recordar que la vida es para ser feliz? Ella llega cada año para recordarnos que aquella niña que fuimos nunca se marchó del todo, que aún espera en el fondo de la mente de la adulta que somos hoy que cumplamos las promesas que nos hicimos,  que cumplamos nuestros sueños, y seamos las adultas que un día quisimos ser.

Aunque no todas tuvieron una infancia feliz.  Conozco brujas que de niñas fueron obligadas a crecer deprisa, con padres ausentes y hermanos pequeños a los que cuidar sin que fuera su obligación. Obligadas a ser madres sin haber terminado de ser niñas. Conozco a otras que tuvieron que soportar palizas (tanto a sí mismas como a sus hermanos y madres) por parte de una figura paterna violenta que desvirtuó para siempre su imagen de lo que es el hombre. También madres violentas y en ocasiones, ambos. Otras tuvieron madres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes y tuvieron que crecer sabiendo que no eran queridas. Otras fueron armas que sus progenitores usaban para arrojarse entre sí. Otras enfrentaron una muerte temprana de uno de los dos o ambos y aprendieron demasiado pronto el significado de la pérdida.

Cuando algo así pasa durante los años de la niñez, en la edad adulta cuesta mucho conectar con la Doncella porque significa dolor, tristeza o rabia y se bloquean los recuerdos. Cuando para las demás brujas es un momento de alegría y juego, para ellas es un tiempo de enfrentarse a fantasmas que aún duelen y corrompen nuestra magia desde dentro.

Ser bruja, sacerdotisa o chamana no es nada fácil. En algunas culturas nos llaman las sanadoras heridas porque no puedes curar a otras sin haberte curado a ti misma. Y todas, absolutamente todas, tenemos heridas que sanar porque hemos crecido en una cultura que tapa el dolor, tapa las experiencias negativas, tapa la infelicidad. Nos obligan a sonreír continuamente, a decir siempre que todo está bien, incluso hay frases motivadoras que animan a sonreír como señal de fortaleza cuando por dentro te estás rompiendo. Y es un tremendo error. La verdadera fortaleza reside en reconocer que no estás bien y en pedir ayuda para superarlo. Pero está mal visto, porque desde niñas nos han dicho que está mal quejarse, que lo que nos ocurre son “tonterías”, que no pienses en lo que te hiere y te animes…

Y cuando llegamos a la edad adulta no sabemos ser felices, no sabemos reír. No sabemos amar y mucho menos amarnos. Y cuando una mujer, una bruja, se da cuenta de esto y comienza conscientemente a curar sus heridas, destapa el dolor enquistado en su alma y sufre, a veces tanto que el miedo le atenaza y renuncia. Y se acostumbra a un dolor moderado, relativamente controlado y que se reduce a un sordo latido que le permite sobrevivir, pero no VIVIR.

Pero si no se rinde, si a pesar del estallido de dolor continúa adelante y se enfrenta a sus recuerdos y los mira cara a cara desde sus ojos de bruja adulta, una nueva vida se abre ante ella. Una nueva vida donde podrá darse permiso para ser feliz, para disfrutar de cada día de su vida sabiendo quién es. Y lo más importante, podrá ayudar a otras a sanarse.

Las heridas que nos hacen de niñas son muy peligrosas, forman cicatrices muy profundas y sobre ellas construimos nuestra identidad. Todo lo que somos, cómo vemos el mundo y cómo nos enfrentamos a él se basa en esas heridas mal cicatrizadas.  A veces para curarlas tenemos que deshacernos enteras y volver a crearnos desde unos cimientos sanos. Y hay que ser muy valiente para auto destruirse y volverse nada, para volver a crearse desde esa nada renunciando a todo lo que se era para poder SER.

Hay veces que solas no podremos. A veces hemos sepultado el dolor tan hondo que no llegamos a su núcleo. En ese momento no debemos dudar en pedir ayuda. Hay psicólogas y psiquiatras muy buenas que pueden guiarnos al corazón de lo que nos atormenta y luego traernos de vuelta. Algunas de ellas también son brujas y pueden enseñarnos a perdonar a aquellos que nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotras mismas por haber llegado a pensar que era culpa nuestra y nos lo merecíamos, porque la mayoría de los niños se culpa por las acciones de los adultos.

Pero cuando una bruja se sana y consigue reparar las heridas de su infancia, su poder se vuelve inmenso. Es en ese momento cuando la bruja viaja hacia su centro y allí, se encontrará con la niña que fue, la abrazará y podrá decirle:

-“No te preocupes, todo está bien. Mira quién soy ahora, mira quién somos. Voy a devolverte lo que no tuviste. Prometo reír todas las risas que te robaron. Prometo jugar todos los juegos que te prohibieron, prometo soñar los sueños que no te atreviste a tener. Prometo bailar por todas aquellas veces que tu tristeza te lo impidió. Prometo crear un futuro donde no duelan los recuerdos del pasado. Prometo vivir para convertirme en la mujer de la que cualquier niña se sentiría orgullosa de ser. Prometo ser tan fuerte como para atreverme a pedir ayuda si algún día lo vuelvo a necesitar. Prometo darte todo lo que no pudiste tener: millones de sonrisas y miles de días felices.

Me lo prometo.”

Y cuando lo hayas conseguido, ven a jugar conmigo.

Yo te estaré esperando.

 

Hyedra de Trivia

 

Un año embrujado

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Imagen de autor desconocido

La vida de una bruja a lo largo de un año está llena de fechas para recordar: Lunas llenas, Lunas oscuras, Lunas crecientes y menguantes; fechas propicias para hechizos, festividades antiguas… y los ocho grandes festivales que conforman lo que nosotras llamamos La Rueda del Año. Ocho ocasiones en las que las brujas celebramos el ritmo interno de este planeta en el que vivimos y su danza en su viaje por el universo. El calendario de una bruja está lleno de fiestas, porque a diferencia de otros cultos y creencias, las brujas pensamos que la vida está creada para disfrutarla y celebrar cada momento de ella. Lo celebramos todo y no hace falta insistirnos mucho para remangarnos las faldas, sacudirnos los zapatos y salir a bailar en círculo liberando cabelleras y risas.

Y parte de esa alegría y celebración se basa en el hecho de saber que el viaje que hacemos a través del tiempo durante un año, lo realizamos también a través de las enseñanzas de la naturaleza y a través de nosotras mismas. Es un viaje en el que ponemos toda nuestra atención en los cambios que se producen a nuestro alrededor para comprender los que se producen en nuestro interior. Y aunque cada año se repiten los mismos ciclos, cada viaje lo realiza una bruja distinta. Todo lo que aprendemos de nosotras mismas y del mundo durante una Rueda, nos cambia y convierte en personas diferentes en la siguiente. Siempre cambiantes, siempre únicas, viajamos de estación en estación, de año a año, bailando, aprendiendo, reencontrando y conociéndonos una vez más en cada giro de la Rueda. Una Rueda compuesta por ocho radios que se repiten una y otra vez, en un viaje cíclico y eterno.

En Primavera el mundo nos enseña a recordar los principios. A echar la vista atrás y ver dónde está la niña que fuimos, encontrarla en nuestro presente y sanar las heridas que puedan haberla marcado y que aún le duelen a la adulta que somos. Es tiempo de aprender que nunca es tarde, que siempre hay nuevos brotes, nuevos comienzos y que robarle al día unos momentos para jugar es invertir en nuestra felicidad presente y futura. La Tierra nos muestra cómo de su profunda oscuridad brotan las más bellas flores, cómo la vida despierta buscando los cálidos rayos del Sol que hace poco regresó. En el Equinoccio de Primavera celebramos con flores, con huevos decorados recordando el huevo de la vida, celebramos a la Diosa Doncella que juega entre los árboles y las flores con sus ninfas niñas. Celebramos el retorno de la vida y el equilibrio de la luz y la oscuridad.

A medio camino entre el Equinoccio de primavera y el Solsticio de Verano, celebramos Beltane. El Primero de Mayo. El momento en que la Tierra está fecunda, preparada para recibir la simiente de los frutos del verano. Los campos están listos para sembrar el cereal y la sangre nos baila en las venas calentando cuerpos y almas. Es el matrimonio de nuestra Diosa Amante con su consorte, el Dios Astado, el Señor de la Fertilidad y de todo lo que es salvaje y libre. Celebramos el don de la sexualidad y sus frutos.  Es tiempo de reconciliarnos con lo que somos y agradecernos ser, de hacer las paces con nuestra imagen y nuestro cuerpo y darle todo el amor y el cariño que se merece. Celebramos el amor en todas sus formas y manifestaciones. Celebramos el orgasmo creador de universos y mundos. En Beltane encendemos hogueras y bailamos, y hacemos el amor encarnando en nosotras a la Diosa, celebramos la sensualidad de nuestros cuerpos amándonos y amando a otros. Celebramos el acto que da origen a la vida.

En el Solsticio de Verano nuestra Señora, ya una mujer joven adulta, disfruta del pleno amor del Dios en su máximo poder. Ella está embarazada y Él comienza a perder energías mientras se transforma en el grano que yace esperando a brotar. A partir de mañana los días serán cada vez más cortos, recordándonos que incluso en la plenitud de la vida, todo está condenado a marchitarse y morir para renacer de nuevo. Hoy quemamos en una gran pira todo aquello que nos impide llegar hasta nuestro futuro, hasta nuestro destino, todo aquello que cargamos a nuestras espaldas y que no nos deja convertirnos en quien debemos ser. Nuestra mejor versión. Es tiempo de buscar a la mujer que eres, qué te gusta, cuáles son tus sueños, cual es la vida que quieres vivir y qué vas a hacer para conseguirla. En esta noche de verano y fuego celebramos la vida que crece esperando a nacer.

Entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño, los campos están cubiertos de oro, los árboles frutales están pesados y cargados de sus jugosos frutos que nos llenan de agua durante los cálidos y dorados días estivales. Llega Lammas, el primero de agosto. La fiesta de la cosecha. Nuestra Diosa embarazada es ya una mujer en toda su plenitud, redondeada y con un prominente vientre en el que se gesta el futuro del mundo. Es tiempo de recoger lo que hemos sembrado y aceptar que hemos sido las madres de la vida que nos hemos creado. También es momento para explorar nuestra creatividad. Las mujeres no sólo parimos hijos, también parimos ideas, creaciones, arte, libros, caricias. Toda bruja es una madre que se pare a sí misma cada año, junto con nuevos sueños, nuevos hechizos, nuevas ansias de conocimiento. Nueva magia que añadir a la antigua. Toda bruja es madre de su poder. Esta noche celebramos el poder de crear vida.

Y en el Equinoccio de Otoño celebramos la última cosecha. Los últimos granos de vid que fermentarán para convertirse en el vino sagrado. Celebramos el sacrificio del Dios que está muriendo para alimentar a los hijos de la Tierra. Celebramos la belleza y la sabiduría de la madurez de nuestra Señora, que ahora en un último esfuerzo nos muestra sus más intensos colores y su última explosión de vida. Es tiempo de aprender a aceptar la madurez que también nos llegará a nosotras, y encontrar la belleza que se esconde en los últimos días de la juventud. Es momento de aprender que, ésta vez, el equilibrio entre la luz y la oscuridad se decantará por ésta última y que eso también es bueno. El otoño es la estación de la brujas, tal vez porque reconocemos ese Sacrificio de la Madre en nosotras, las brujas sacrificamos nuestra juventud muy pronto porque todo lo que traemos con nosotras de otras vidas nos hace llegar a un otoño del alma  a una edad temprana. La mayor parte de nuestra existencia es un largo día dorado de otoño en el que los velos de nuestros ojos y los velos que separan los mundos, caen sin cesar como hojas al viento a lo largo de los años hasta que ya nada nos ciega. En esta noche celebramos la sabiduría de aceptar que la vida pasa y el tiempo nos cambia.

Y tras el Equinoccio, a medio viaje hasta el Solsticio de Invierno, las puertas que separan los mundos se abren para permitir el regreso de aquellos que se fueron y acompañar a nuestro Señor, muerto ya, para reinar en el otro mundo. Llega Samhain, cuando la tierra ya apenas da fruto y todo parece marchitarse y morir. Es tiempo de enfrentarnos con la certidumbre de que nosotras también moriremos así como muchas cosas de nuestra vida que creíamos eternas también murieron y se perdieron en el tiempo. Es el momento de aprender a dejar ir todo aquello que no podemos seguir llevando con nosotras. De enfrentarnos a nosotras mismas y reconocer que ya no podemos ni queremos seguir cargando con cadáveres que ya no tienen lugar en el mundo de los vivos. Tenemos que aprender a regalarnos la capacidad de saber decir adiós. Esta noche nos levantaremos frente al portal que separa los mundos y honraremos la existencia de nuestros antepasados, porque gracias a que ellos vivieron hoy nosotras podemos existir. Celebraremos la belleza de la oscuridad, el misterio de lo desconocido y el recuerdo de nuestros muertos. Esta noche celebramos que la muerte es sólo una parada más en el viaje de la vida.

Y en el Solsticio de Invierno celebramos el retorno del Sol. La vuelta de la Luz al mundo. La Tierra está sumida en el silencio, en el frío manto de la nieve, en la desnudez  y el sueño. Congelada y durmiente, la Tierra sueña con la primavera guardando en sus profundidades oscuras la promesa de la primavera. En esta noche, la más larga del año, el Sol retorna para recordarnos que la quietud no dura eternamente. Que ahora su calor apenas acaricia la superficie de su amada, pero la Diosa acaba de dar a luz al Niño Divino que cada día se hará más fuerte hasta que vuelva a despertar a lo que está dormido. Es tiempo ahora de imitar a nuestra Señora y volvernos hacia dentro. Las brujas descansamos en invierno, bajamos el ritmo y nos concentramos en nuestro interior, porque es allí donde se encuentra todo lo que hemos ido aprendiendo durante el año. Es ahora cuando por fin nos centramos en ello y comprendemos. Iniciamos un viaje hacia nuestro corazón que durará hasta la primavera. No es tiempo de tomar decisiones, no es tiempo de emprender. Es sólo tiempo de soñar, de observar, de conocernos y valorar la sabiduría que llevamos dentro y que sólo se puede alcanzar tras haber pasado las etapas anteriores. Nuestra Diosa, ahora anciana, nos muestra el gran valor de la edad y la experiencia. Nos enseña a amar y honrar a nuestros mayores, y a toda una vida de aprendizaje. Esta noche celebramos que en la más profunda oscuridad es dónde se nutre la vida.

Y entre el Solsticio de Invierno y el próximo renacer de la primavera nos encontramos en Imbolc. La fiesta de la leche. La Diosa aún duerme pero su sueño es más ligero. Un leve calor comienza a filtrarse hasta las profundidades oscuras y calienta las semillas que se agitan. Las nieves poco a poco se derriten. Alguna flor valiente se atreve a abrir sus pétalos buscando la belleza del día. Los corderos nacen y pronto los lobos se aparearán. Los arroyos de la montaña comienzan a correr abriéndose paso entre la blandura blanca. La vida aún no ha vuelto, es tan solo un proyecto, pero su certeza se huele en el aire. Todo es puro, el silencio del invierno se rompe con los primeros sonidos de pisadas y cantos en el bosque. Todo es una gran promesa de novedades y cambios. Es tiempo de emerger de nosotras mismas y proyectar nuestro futuro, de crear nuevos caminos en la vida, de organizar nuevos inicios para nosotras. De acumular energías para la explosión de vida que se acerca. En Imbolc encendemos velas para celebrar el retorno del calor y la luz que traerán la vida de vuelta, bebemos leche para recordar que los corderos que nacen nos aseguran una nueva primavera. Esta noche celebramos que tras la quietud y el sueño de la muerte, la vida siempre regresa una y otra vez.

Esta es nuestra Rueda del Año, en la que aprendemos, estudiamos al mundo y a nosotras mismas y celebramos, siempre celebramos, la vida.

En ella encontramos la sabiduría que convierte todos los años de la vida de una bruja en algo que merece ser vivido, amado, celebrado y sobre todo, en algo embrujado.

Bienvenidas al misterio de la Rueda del Año.

Hyedra de Trivia

Buscando el Invierno

 

Este año el Solsticio es extraño. La energía que nos rodea no es igual que años anteriores. Al menos yo no la siento igual. Vivimos momentos extraños no sólo a nivel social, también a nivel climático. Mi alma de bruja cambia y se mueve con las estaciones, y este año me cuesta porque la misma tierra está parada. El otoño no ha llegado del todo cuando debería ser ya invierno. No hay frio, no hay vientos helados que activen mi sangre. No hay mañanas de brumas entre los árboles. No hay nieve ni quietud. Y mi cuerpo y mi mente se rebelan porque no debería ser así. No debería echar de menos todos los pequeños placeres que el frio y el invierno traen con ellos y este año no están. Estoy enfadada porque la mano egoísta y sin conciencia del Hombre me está robando a mí, y a todas vosotras, el invierno.

Así que este año, y mientras los fríos no lleguen, voy a convertir mis días en una búsqueda. Voy a dejar que la persona adulta que soy se retire a un segundo plano y voy a devolver esta estación a quién verdaderamente le pertenece, a mi niña bruja que está impaciente por recuperar sus días. Este año voy a pedirle a las criaturas mágicas del invierno, las Hadas, Mamá Noel, los Reyes Magos y todas y cada una de las energías mágicas del Solsticio, que me traigan más ilusión. Que alejen la tristeza y la desesperanza y me quiten el velo de la madurez. Durante estos días de vacaciones que vienen, voy a vivirlo todo con la emoción y la inocencia de mi niñez. Y voy a jugar a encontrar el invierno y traerlo de vuelta.

Voy a subir a las montañas a buscar el frio que me hace saltar y moverme, el que hace que mi sangre fluya rápido y me despierte. Voy a buscar copos de nieve perdidos en el aire para abrir la boca y dejar que caigan y se disuelvan en mi lengua. Voy a grabar en mi mente el sonido de mis pies al hacer crujir la nieve y el silencio que reina entre los árboles para recordarlo todo  después, cuando esté en mi cálida cama soñando con los cielos grises de los días de tormenta.

Voy a salir a caminar por la ciudad y dejar que las luces y la música y la risa de los niños que invade las calles me contagie su alegría. Voy a visitar tiendas de juguetes y me voy a perder por sus pasillos mientras grito en mi mente: ¡Me lo pido! tantas veces que al final lo querré todo. Voy a comer turrón y bombones y roscón y voy a buscar recetas de ponche de huevo y vino caliente con especias, que a mi no me gusta pero a la gente que quiero sí. Voy a fabricar un regalo genial para mi amigo invisible porque este año se lo merece más que nunca y voy a maravillarme con cualquier cosa que me regalen, porque un regalo, sea cual sea, significa que alguien te quiere lo suficiente para haber pensado en ti y haberte dado parte de su tiempo haciéndolo, buscándolo o comprándolo.

Voy a pasar tiempo con las niñas de mi vida jugando al escondite, buscando piñas en el bosque para adornar la casa y comiendo palomitas mientras vemos una película tras otra. Voy a contarles cuentos del Solsticio y me disfrazaré con ellas para jugar a que somos aventureras explorando tierras lejanas y enseñarles a hacer unos hechizos que les debo.  Voy a vivir con ellas la emoción de pasar la noche entera despiertas hasta que el sueño nos encuentre a traición y  la ilusión de ver el árbol rodeado de paquetes de colores al despertar.

Voy a disfrutar de los largos desayunos en pijama sin ninguna prisa por ir a ningún lado y de las largas noches que nos traen tantas horas para soñar en la oscuridad. Voy a dejar mis preocupaciones de adulta a un lado y simplemente voy a ser. En este tiempo de quietud en el que todo se congela en espera de la primavera, voy a seguir el consejo de la Diosa y voy a dejar que todo duerma el sueño del invierno. No es tiempo de actuar, es tiempo de esperar y soñar.

Y tal vez, durante uno de esos días en los que esté jugando a encontrar el invierno, puede que él se canse de estar escondido y me deje encontrarle para traerle de vuelta.

Yo me retiro durante estas semanas para curar mi tristeza de adulta y que la niña mágica que aún soy recupere la alegría y la ilusión.

Volveré en Enero, y espero que cuando regrese, me acompañen los vientos fríos y los largos y oscuros días del invierno en los que la magia es libre para recorrer la tierra que duerme.

Hasta entonces, Feliz Solsticio y felices fiestas a todas.

Hyedra de Trivia

 

P.D. Si queréis pasar un día mágico en Madrid y colaborar en un mercadillo pagano solidario, el día 27 os esperamos. En la columna de la derecha del blog tenéis más información.

Cruzando el velo

Autor de la imágen desconocido

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Hoy quería hablaros de Samhain.  Quería contaros algo sobre su origen y sus tradiciones, explicaros su verdadero significado, pero durante ésta última semana se han publicado suficientes artículos sobre ello en internet y no quería repetir lo mismo. Así que he decidido, si me dejáis, que en lugar de escribir sobre datos y folklore, os voy a llevar a un pequeño viaje en el tiempo. Os voy a llevar a un Samhain de hace muchos, muchos siglos. En alguna de aquellas aldeas celtas que  poblaban Europa. Venid, entrad conmigo en la pequeña casa de piedra. Es cálida y sencilla, y una anciana está sentada junto al fuego, esperando…

“¿Por qué tarda tanto? ¿Por qué es tan largo el día? No puedo evitar que mis ojos se desvíen continuamente hacia la ventana, pero el sol siempre parece estar en el mismo sitio. Este día parece no acabar nunca.

Estoy cansada. Muy cansada. Mis piernas ya no son tan fuertes como antes y mis manos tiemblan más cada otoño, pero a pesar de ello, todo está preparado ya. He puesto la mesa y preparado tu comida favorita. ¿Recuerdas? El olor me llega desde donde el guiso hierve al fuego, y recuerdo tantas veces en que te quemaste la lengua por no poder esperar a que se enfriase un poco. Yo me reía y tú fingías enfadarte. Mi mente vieja y cansada se burla de mí, porque parece que fue esta misma mañana cuando yo aún me reía y tú soplabas sobre tu plato.

Hace poco he revisado las velas dentro de los nabos, le pedí a los niños que colocaran algunas fuera de la casa para que puedas encontrarme en la oscuridad. También pondré alguna en la ventana, aunque creo que no hará falta. En la aldea encenderán una hoguera para celebrar el fin del verano y todo estará iluminado mientras dure el banquete. Mañana empieza otro año. Un invierno más sin ti. ¿Realmente hace tanto que te fuiste?

Es casi como si mi vida se hubiera detenido aquel día. Yo sigo siendo la misma mujer que te vio marchar desde la cima de aquella colina una mañana de primavera con mi pelo rubio tapándome los ojos por el viento. Pero por fuera… si me vieras… mi pelo hace mucho que dejó de ser rubio. Mis manos están arrugadas y mi cuerpo seco, vencido por tantos inviernos sobre esta tierra. Me pregunto si me reconocerás. Si conseguirás ver en mis ojos algo de todo lo que fui.

He vivido mucho, más que la mayoría. He sido feliz y he tenido una buena vida. Las niñas crecieron y tuvieron hijos, muchos. Corretean cerca de aquí, buscando cortezas y musgo para vestirse como los Sidhe para que les confundan con los suyos y no se los lleven con ellos. Les oigo reír, para ellos es un juego mezclado con medias verdades. Hoy no se acercarán mucho al bosque, dudo incluso que se alejen mucho de la hoguera. No puedo evitar sonreír cuando les veo hacerse los valientes mientras a escondidas lanzan miradas furtivas a su alrededor. Como hacíamos nosotros…

No puedo creer que falte tanto aún. El Sol aún no se pone… ¿No llegará nunca la noche…?

Nunca regresaste. Te esperé tanto tiempo… Mi corazón se heló al igual que la tierra aquel primer invierno. Fueron tantas las estaciones en las que corrí a la colina cada mañana para esperar tu regreso… Y recuerdo cuando supe que nunca volverías, cuando me contaron que era inútil esperar. Tantas noches de lágrimas, tantos años de soledad… Fue tan poco el tiempo  que tuvimos…

Hoy he estado en el bosque, quería recoger unas hierbas y unas setas. A veces se enfadan conmigo por salir sin compañía, tienen miedo de que me fallen las fuerzas o me pase algo y  muera sola donde nadie me encuentre. No entienden. No comprenden que nada podía pasarme aún… Pobres niños ingenuos. A veces parece que no recuerdan quién soy. Quién he sido para ellos. La edad no ha mermando en nada mi poder, mis conocimientos. Por el contrario, parecen haber aumentado. Cada vez veo más. Percibo más. Sé más. Por eso sé que hoy…

He paseado por donde solíamos caminar tú y yo. Casi me ha parecido vernos, tan jóvenes, tan felices, tan confiados en todos los años que tendríamos por delante… Ojalá hubiese sabido entonces…, aunque creo que nada hubiera sido distinto.

He vivido mucho, sí. Y aunque llegó un día en el que el dolor remitió y me permitió vivir una vida feliz, a veces lo sentía despertar y morderme el corazón con tanta fuerza que me doblaba en dos. Cada vez que estaba a punto de olvidar tus ojos, tu risa, tu voz susurrando mi nombre… Te soñaba. Y de repente todos los recuerdos regresaban y me despertaba en medio de una agonía de lágrimas y desesperación. Contaba los días hasta el próximo Samhain y te esperaba, ¡cómo te esperaba!… Pero nunca regresaste.

Con el tiempo el dolor fue cada vez menor, y te convertiste en un hermoso recuerdo. Mis sueños se fueron haciendo más dulces. Eran citas en las que te contaba cómo era mi vida sin ti. La vida sencilla de una sacerdotisa de una aldea sencilla.

¡Tengo que recordar las manzanas! Últimamente mi pensamiento habita más en el pasado que en el presente y olvido cosas. He cogido unas manzanas de nuestro árbol para que puedas reponer fuerzas por el viaje. Hoy no podían faltar en la mesa. He probado una y he recordado aquella tarde haciendo sidra, cuando el olor impregnó nuestras ropas y tardó tanto en irse…

Escucho voces junto a la casa, van hacia la fiesta. Les he dicho que más tarde me reuniré con ellos. Ha sido un buen verano, la Diosa nos ha dado buenas cosechas y no creo que sea un invierno especialmente duro, comprendo su alegría por la celebración. Será un poco triste porque hemos tenido pérdidas recientes, pero hoy tendremos visitas. Hoy los Dioses nos enviarán sus mensajes, aunque este año no seré yo quien los reciba. Hay sangre nueva que puede continuar con mi trabajo.

La habitación parece más oscura, las sombras avanzan sobre la pared. Mi corazón empieza a latir más fuerte. ¡Ya está! ¡El Sol se ha puesto! Después de tantos años esperando… Estoy temblando. ¡El velo se ha abierto! Voy a encender las velas, la puerta está abierta… quiero ver el camino que atraviesa los campos. Quiero ver el último rayo de sol desapareciendo.

¡Seré tonta! Estoy llorando como hacía años que no lloraba. Apenas puedo contener la emoción. Me ahoga por dentro entre sollozos. ¿Tardarás mucho más? No quiero sentarme. Quiero esperar de pie. Quiero verte llegar. Quiero verte volver a mí, después de tantos años…

No veo bien, la neblina apenas me deja ver sombras a lo lejos. Siento los latidos de mi sangre en las sienes, en el pecho, la impaciencia me devora. Sé que esta vez vendrás. Sé que por fin volverás a casa. Por favor, ven ya… han sido demasiadas noches sin ti.

Entre lágrimas veo. La bruma se aclara. Una figura se acerca por el camino. Tan alto como siempre. Tan joven como siempre. Tan hermoso como siempre fuiste. Mi amor perdido. ¡Estás aquí! Río entre lágrimas mientras me dejo caer sin fuerzas entre tus brazos. Tenía tantas cosas que contarte. Tanto que decirte. Y ahora comprendo que no es necesario. Ya no hay prisa. Por fin el velo de Samhain se ha abierto para nosotros. Por fin has podido regresar, y sé por qué.

Nada me retiene aquí ya. Todo está hecho. Todo está vivido. Es hora de marchar, contigo. De tu mano. Hay tanta luz en tus ojos. Tanto amor en tu corazón. No miro atrás. A mi hogar, mi aldea, mi cuerpo viejo que sonríe sentado junto al fuego. No. Sólo puedo mirarte a ti y hacia delante. Hacia la orilla donde Ella nos espera en Su barca para llevarnos a casa.

He estado tanto tiempo sin ti… – te digo. – No, amor. Apenas ha sido un momento – me dices sonriendo. Y sé que tienes razón. ¿Qué importan unos inviernos, cuando estamos hechos de eternidad?

Y mientras en toda la tierra los que hace tiempo que partieron cruzan el velo para encontrarse con sus amados vivos, nosotros viajamos cruzando el río del tiempo hacia nuestro hogar. Mientras la Diosa rema sonriendo, rema y escucha a todos aquellos que llaman, que  recuerdan, que le piden que lleve su amor a sus muertos…

Ataecina…Ategina…

Recuérdales… recuérdanos… “

Feliz Samhain, mis brujas.

Feliz noche de recuerdos, manzanas y velas en calabazas para guiarles a casa.

Feliz Año Nuevo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Embrujando a la muerte

Journey Home Autor de la imagen: Rassouli www.rassouli.com

Journey Home
Autor de la imagen: Rassouli
http://www.rassouli.com

Sé que aún queda más de una semana para Samhain, pero ya siento su influencia. Halloween lleva tiempo anunciándose y me gustaría que tuvieseis unos días para reflexionar sobre su verdadero significado y poder sentirlo plenamente cuando llegue. En Samhain, entre otras  cosas, celebramos la muerte. Esa noche, la puerta que separa ambos mundos se abre desde el otro lado hacia el nuestro y el velo es tan fino que por unas horas los mundos se superponen. La Humanidad lo ha sentido desde siempre, pero lo que en un principio fue una festividad de recuerdo y reunión con familiares y amigos ya ausentes, se ha convertido en una noche de disfraces y luces como antídoto para nuestros miedos. Nos disfrazamos  para que los espíritus malignos nos crean uno de los suyos y no nos persigan.  Pero de lo que inconscientemente tratamos  de escapar, desde el principio de los tiempos, es de la muerte.

Recuerdo cuando mi abuela murió, en su casa, en su cama. Rodeada de su familia. Murió al atardecer y durante toda la noche fue llegando gente que la conoció, de alguna u otra forma, para velarla. Recuerdo las flores intentando borrar el olor de la muerte sin conseguirlo. Un olor distinto al de la podredumbre. Un olor que nunca antes había percibido y que nunca más he vuelto a encontrar. Y sobre todo, un olor que no todos eran capaces de sentir. Recuerdo a las mujeres rodeando la cama donde ella yacía y a los hombres entrando, presentando sus respetos para salir al poco y reunirse con otros hombres en el salón. Sólo las mujeres permanecían junto al cuerpo. Entonces fue cuando aprendí por primera vez que la muerte es cosa de mujeres. Recuerdo al día siguiente el cortejo fúnebre desde su casa hasta la cercana iglesia donde se le hizo la misa de difuntos. Vivo en una ciudad pequeña, y no sé cómo, consiguieron el permiso para hacer ese cortejo a pié. Mi abuela fue uno de los últimos vestigios de un mundo antiguo con tradiciones antiguas. No he vuelto a sentir la muerte de un familiar como algo cercano, íntimo y compartido desde entonces. En este mundo moderno donde parecen empeñados en alejarnos de todas las emociones, también nos han alejado de la experiencia de la muerte.

Algunas brujas no celebran fiestas, ni se disfrazan ni celebran esta noche. La pasan meditando y recordando a sus seres queridos fallecidos. Otras sí lo hacen, celebran una noche de magia y reunión recordando que la muerte no es el final, sino un nuevo principio. Para nosotras es Año nuevo, el principio de un nuevo giro. Las últimas cosechas han terminado, el verano ha muerto y nos volvemos hacia un nuevo ciclo. Cada bruja elige cómo vivir esta fecha, pero lo celebremos o no,  hay algo que todas debemos recordar. Lo que Samhain tiene para enseñarnos.

Lo primero que nos enseña Samhain es a dejar ir, a ser valientes y soltar. La mayoría de la gente se encariña con sus cosas, con su gente, sus ideas, e incluso con sus errores. Muchas veces nos aferramos a ellas casi con desesperación, casi como si hubiésemos construido nuestra identidad sobre nuestras posesiones. Como si al perderlas nos perdiésemos a nosotros mismos, nuestro corazón o incluso nuestra alma.

Por un lado, es lógico querer conservar lo que amamos o las cosas que nos hacen sentir bien, seguros, cómodos… pero a veces, nos aferramos a cosas o situaciones que no nos hacen felices, que ni siquiera nos gustan ya. Pueden ser trabajos en los que nos sentimos presionados o vacíos. Lugares que nos ahogan y agobian, amistades que sólo nos producen pesar y angustia. O lo más importante, relaciones rotas.

A veces es difícil decidir cuándo una relación ha terminado o solo es un bache en el camino. Otras veces es evidente. Ya no sentimos amor por la otra persona, nuestro futuro es solo una larga condena de días iguales sin volver a sentir ese cosquilleo que nos recuerda que estamos vivos y amamos. Y soñamos con escapar a otra vida, a otro futuro, a otra persona. Y aún así, no nos decidimos a cambiar de vida. El miedo nos paraliza, nos convencemos a nosotros mismos de que no encontraremos nada mejor, que nunca volveremos a ser amados, que no encontraremos jamás a nadie que nos comprenda.

Pero, una vez más, las brujas somos afortunadas. Nuestra Rueda del Año nos enseña estación tras estación que nada termina nunca, que todo es un ciclo que se repite una y otra vez, girando eternamente. Retornando siempre. Cada día es un regalo de la Diosa para vivirlo a nuestra manera. Cada día es una promesa de cambio, si nos atrevemos a cambiar…

En la senda de las brujas aprendemos caminando, viviendo y, si estamos atentas, extrayendo sabiduría de cada detalle de nuestra vida. Si pensamos en nuestro pasado, recordaremos que cada vez que hemos perdido algo importante, alguien de la familia, una amistad, un trabajo, una pareja… el espacio que ha dejado se ha llenado de nuevo.

Si Mabon nos enseñó el equilibrio, ahora debemos recordar esa lección y unirla a la de Samhain y aprender que, para que ese equilibrio se manifieste en nuestra vida, al igual que tenemos que aprender a recibir también debemos aprender a entregar. Debemos hacer sitio para nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevos sueños… dejando marchar otros que ya no necesitamos. Son pequeñas muertes que hemos de atravesar para dar la bienvenida a nuevos nacimientos.

La otra enseñanza de Samhain es que, para vivir plenamente, debemos reconciliarnos con la muerte. Nos hemos acostumbrado a ignorarla, a evitarla, a cumplir con ella con breves visitas de cortesía a los tanatorios o funerales. Somos conscientes de que la gente muere, pero no pensamos que pueda ocurrirnos a nosotros ni a los nuestros hasta que seamos muy ancianos. Y por ello nos perdemos muchos buenos momentos porque nos confiamos y confiamos en el tiempo. Dejamos esos buenos momentos para otro día, para el fin de semana, para mañana. Cuando es totalmente posible que no exista un mañana.

Cerrad los ojos y pensad en esas personas queridas. Esas a las que amáis por encima del resto. Imaginad que apenas les queda una semana de vida. Seguramente correríais a su lado y pasaríais junto a ellas todo ese tiempo, haciendo que fuera el mejor de su vida. Seguramente les diríais cuánto les queréis y lo que significan para vosotras. Querríais que en el último momento supieran que han sido amados y cuánto amor se llevan. Ellos tendrían una muerte hermosa y vosotras paz en el corazón.

Pero ahora imaginad que esas personas mueren esta noche sin que podáis hablar con ellas. Pasaríais el resto de vuestra vida pensando en todo lo que no se dijo, en todo lo que no se hizo, en todo lo que se fueron sin saber. Costaría tanto tener algo de paz…

Entonces, ¿Por qué no hacerlo cada día? Todos, absolutamente todos podemos morir en cualquier momento. No necesariamente tras una larga enfermedad o tras una larga vida. Y cometemos el error de dar por sentado que la gente sabe que les queremos, damos por sentado que estaremos aquí mañana, damos por sentado que habrá tiempo…

Samhain nos enseña que la muerte camina siempre junto a nosotros, que no es más que un eslabón más de la cadena que es nuestra existencia y que casi nunca sabemos cuándo nos tocará.

Por ello, deberíamos vivir siempre recordando que cada momento puede ser el último, deberíamos pasar ese momento riendo, amando, diciendo en voz alta lo que sentimos. Siendo felices mientras aún estamos vivas. Viviendo como si el día de nuestra muerte fuese siempre mañana.

Este Samhain recordad que la muerte es sólo el umbral que hemos de traspasar para regresar a casa cuando hayamos terminado la misión que vinimos a cumplir. Es el lugar en el que descansaremos y en el que nos reencontraremos con aquellos que partieron antes. Allí recordaremos quiénes somos en realidad, quiénes hemos sido vida tras vida, Hijas de la Diosa que una y otra vez caminamos de su mano en la Rueda sin final. Y mientras llega el momento de cruzar el umbral, las brujas celebraremos cada Samhain. Cuando el velo se abre, los mundos se unen y termina un giro para comenzar otro totalmente nuevo, lleno de magia y promesas.

Ser conscientes de la muerte nos enseña a VIVIR. Ese es su secreto, su misterio, su función.

Enseñarnos a amar la vida.

Hyedra de Trivia

Reposo de Bruja

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Por fin llega el momento, esta bruja que os habla se marcha de vacaciones. Me retiro a descansar y a prepararme para los retos que me esperan en septiembre.

Hoy seré breve porque la soledad y el retiro me llaman. Es posible que publique algo más durante agosto, pero mientras, quiero pediros un favor:

Durante el verano, cantad con el viento y aulladle a la luna, bailad con las olas y gritad a las montañas. Corred por los bosques y dormid largas siestas a la sombra bajo los árboles. Haced cientos de hechizos y pedidle mil deseos a la Luna Azúl.

Vayáis donde vayáis, mirad al mundo con ojos de bruja. Encontrad la belleza en todo lo que os rodea y sobre todo en vosotras mismas. Llevad vestidos de colores, frescos y vaporosos que os hagan sentir mágicas. Ponéos un sombrero para dar paseos bajo el sol. Mancháos los labios y los dedos con el jugo de las frutas y las bayas de verano. Contemplad muchos atardeceres y disfrutad de algún amanecer. Encontrad cada día algo por lo que reír. Comed pan de cereales y galletas saboreándolas mientras agradecéis a la Madre Tierra sus cosechas. Cantad cada día…

El favor que os pido es que viváis este verano. Hacedlo mágico. Que sea inolvidable haciendo que cada día sea especial tan sólo por ser parte de vuestra vida. Convertid este torrido verano en un verano de brujas.

Os deseo un muy feliz tiempo de magia. Yo regresaré pronto pero hasta entonces, llenad el mundo de hechizos, de voces encantadas, de bailes bajo la luna y carcajadas de brujas.

Llenad el mundo con la magia de las Hijas de la Diosa.

Feliz Verano, feliz vida.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Un verano embrujado

Atardecer en el trigo Autor: Jorge Domingo https://rasoner.wordpress.com/

Atardecer en el trigo
Autor: Jorge Domingo
https://rasoner.wordpress.com/

No sé si estoy escrita en las estrellas. No sé si fui soñada antes de nacer en esta vida. No sé si soy la respuesta a las plegarias de alguien, ni si vengo a cumplir promesas formuladas fuera del tiempo y del espacio o a terminar algo que una vez quedó inconcluso.

Tampoco importa.

Se acerca el verano y con él las largas horas sentada bajo los árboles sin otra cosa que hacer que observar cómo se alargan las sombras, mientras el calor del día deja paso a la indulgencia de la noche.

A mí nunca me gustó el verano. Mi cuerpo se hincha, mis sentidos se embotan. Me duele la cabeza y la piel me arde. Todo a mi alrededor parece detenerse aunque yo no quiera y la vida en la ciudad se me hace insoportable. Durante muchos años huía de él. Me recluía en mi casa y rogaba por que llegara el otoño.

A día de hoy no puedo decir que el verano me encante, pero me he reconciliado con él y conmigo misma durante esos meses. Hace muchos años, en un viaje iniciático a Finisterre, sentada sola en una roca cercana al Faro en el fin del mundo, comprendí que el verano es tan importante como el resto de las estaciones. El calor me afectaba mucho físicamente, sí, pero para la tierra y para las brujas esta estación es tan necesaria como las demás.

Aprendí a disfrutarlo, la maravilla del verano está en las primeras horas del día, cuando el fresco de la mañana inunda los árboles y las plantas y todo parece contagiarte el entusiasmo de la vida en plenitud. Aún procuro esconderme en las horas centrales del día, pero al atardecer emerjo para bañarme en esa luz tan especial que tienen estos días. Una luz dorada que me hace sentir casi en otro mundo. Y las noches, noches cuajadas de estrellas. Noches de luna encantada. De brisas tenues y risas de niños a lo lejos. Noches de baños en el mar oscuro y profundo, de bailes en la orilla. Noches de magia contando estrellas fugaces y hechizos alrededor de la hoguera con mis brujas danzando bajo los árboles para celebrar el Solsticio. Las noches de verano hacen que todo lo demás merezca la pena.

Hace un par de años que en verano escapo unos días a un lugar que no es tan caluroso. En él puedo conectarme con la Tierra y la estación de una forma única. Puedo ver los campos de grano segados y la balas de paja adornando el horizonte. Veo agostarse partes del mundo vegetal mientras otras se preparan para ofrecer sus frutos en otoño. Mi ritmo interno por fin se siente respetado al dejarlo fluir con el ritmo de la vida en el campo, donde todo se hace sin prisas, donde todo tiene su tiempo.  Allí la vida es tan fácil… Solo hay que rendirse a la magia del momento, de cada hora del día.

Es mágico desayunar por la mañana observando a las vacas paciendo en los campos recién segados. Es mágico ir a ver si el último polluelo ya se atrevió a abandonar el nido. Es mágico dar un paseo a última hora de la tarde, en mi momento preferido, cuando todo se hace dorado antes del atardecer. Es mágico ponerse algo de abrigo para observar la maravilla de la Vía Láctea por la noche. El camino de la leche. El camino de la Madre. Y es mágico acostarse agotada por todo un día de no haber hecho nada en especial, pero haberlo sentido todo.

Allí siento a la Tierra, viendo volar a los buitres sobre mi cabeza y caminando entre sabinas tal vez milenarias. Dejando a mi cuerpo y a mi alma descansar de todo el trajín del resto del año. Y es así como comprendo el valor del verano, su verdadera función. Es un tiempo para disfrutar de estar viva. De comprender, aprender y valorar el hecho de no hacer absolutamente nada, porque es entonces cuando mi mente se relaja y se abre a todo.

Y en esas tardes de verano, en la hora en que los demás duermen la siesta, yo abro mi mente y pienso. Pienso en mi vida, en la Vida, en por qué estoy aquí. En lo que quiero y lo que no quiero. En lo que aprendo, en lo que muestro, en todas las sendas por las que quiero caminar, en todos los mundos que me muero por explorar. Y el verano me muestra el valor de la paciencia. Porque en verano la vida parece que se para. Todo parece detenerse mientras  en realidad rebulle bajo la superficie para estallar por la noche. El verano me enseña que todo tiene su momento y que todos y cada uno de los momentos de la vida son valiosos.

El verano me enseña el valor del sacrificio, del Dios convertido en cereal que muere para alimentar a sus hijos, pero también me enseña la promesa del retorno. Ese cereal, esa semilla que volverá a la tierra para crecer de nuevo en un ciclo eterno. Y durante las largas horas de tranquilidad, yo pienso y fluyo con el tiempo y sé que formo parte de ese ciclo. Y es entonces cuando me rindo a ese misterio más grande que el universo y tan antiguo como el tiempo y me inunda la felicidad.

Y mientras la languidez me invade y dejo pasar las horas sentada bajo un árbol, me pregunto si alguna vez estuve escrita en las estrellas, si alguien me soñó en la eternidad, si hice alguna promesa que aún no sé si ya he cumplido o si mi misión es de esas que duran una vida entera.

Y comprendo que nada de eso importa. De momento.

Porque el verano es época de dejar vagar la mente haciéndose preguntas, pero no de cercarla encontrando respuestas. Es época de volver a ser niños y maravillarse con la luz, con el mar, con los campos dorados y los bosques animados, con las estrellas fugaces y las noches de luna. De vivir aventuras y viajar por el mundo y por nuestro corazón.

El verano es época de libertad, de hacer mil hechizos y sentir la magia en cada segundo del día.

Y eso es lo único que importa.

De momento.

Hyedra de TriVia

(Eva Hyedra López)

Un año y un día

Coven Radilovskay Deviantart

Coven
Radilovskay
Deviantart

Para los celtas, el tiempo  comprendido en un año y un día tenía un significado profundo y poderoso. Es un periodo mágico. Los viajes iniciáticos de los héroes de las leyendas, las pruebas, los reinados, etc. tenían una duración de un año y un día. Transcurrido este tiempo, el héroe continuaba su camino si superaba su misión.  A un nivel más cotidiano, este periodo era el que fijaban como prueba en sus matrimonios, si tras este tiempo las parejas deseaban continuar juntas renovaban sus votos, y si la unión no funcionaba,  cada uno seguía por su camino con total libertad.

En la actualidad, un año y un día es el tiempo durante el cual un neófito debe aprender y prepararse para poder ser iniciado en Wicca y en muchas ramas del paganismo. No es algo meramente simbólico, tiene mucha importancia porque durante este tiempo, un giro completo de la Rueda, ha estudiado y vivido los ciclos de la Naturaleza, ha acompañado conscientemente a la Tierra en su viaje, ha navegado por las mareas lunares y ha tomado contacto con la Divinidad. Este tiempo supone una primera toma de contacto y ahora, tras su Iniciación, es cuando comienza el verdadero trabajo.

Os cuento todo esto porque hoy se cumple exactamente un año y un día desde que publiqué mi primera entrada en Palabra de bruja y eso significa que hoy estoy de celebración, pero también estoy haciendo un repaso a todo lo que he compartido con vosotras durante este año. En Palabra de bruja he compartido mi vida, los pensamientos y sentimientos de una bruja durante un giro completo de la Rueda, algunas experiencias y rituales. Pero también he aprendido muchísimo y me he dado cuenta de muchas cosas, entre ellas que cuando llevas mucho tiempo en este mundo lo tienes tan interiorizado que fluyes con la Tierra y sus ciclos de manera natural y ya no te paras tanto a observarlo y sentirlo como lo hacías al principio. Para poder expresaros lo que sentía y pensaba en cada momento  he tenido que regresar a la forma en que lo vivía todo en aquellos primeros días de hace tantos años. He regresado a la ilusión, al asombro, a la observación consciente y a la alegría de descubrir que todo es mágico. Pero lo más importante, es que he comprendido todo lo que me queda por aprender, por descubrir, por compartir.

Para mí, hoy también es un día de Iniciación. A pesar de llevar en este camino más de dos décadas, el enfrentarme cada viernes a un folio en blanco me ha hecho tener que bucear en mi interior y sacar fuera muchas partes de mí que nunca antes había expresado y he tenido que ordenar el caos de mis pensamientos. Algunos viernes he tenido que detenerme a ponerle palabras a los sentimientos que quería expresar y otros puedo confesaros que me he sentado delante del ordenador con la mente en blanco, los dedos sobre el teclado y sin saber de qué hablaros, y simplemente le he pedido a Ella inspiración y he dejado que todo fluyese. Y siempre fluyó. Ella siempre ha estado ahí. He atravesado cada estación respirando al unísono con este amado planeta. He dejado que la luna navegase por mis emociones y las he observado sin tratar de dominarlas.  Me he presentado como una niña ante la noche y la Luna Llena para describiros la sensación de la adoración total. Me he despojado de todo lo que he aprendido para reaprenderlo de nuevo y presentarlo ante vosotras.

Y hoy, un año y un día después, renazco comprendiendo que apenas sé una gota de todo el océano de conocimiento que se extiende ante mí. Y quiero navegar por ese océano con vosotras, aprendiendo juntas, de la mano. Porque empezamos siendo muy poquitas y hemos crecido hasta ser un número importante de mujeres que cada viernes se reúne en este pequeño espacio, en este hogar que comparto con vosotras. Gracias a este sitio he conocido a mujeres fuertes, valientes, hermosas y muy mágicas que me han contado sus historias de superación y esperanza. Unas verdaderas brujas  que caminan por la vida con sus escobas por delante barriendo los obstáculos que intenten frenarlas.

Hoy quiero darles las gracias a ellas, a todas las que me leéis y habéis ayudado a que este proyecto crezca y se mantenga en el tiempo. Gracias por ayudarme a darle raíces que profundicen en el tiempo. Quiero agradecer también a las páginas de facebook que comparten mis palabras haciendo que lleguen a más personas, especialmente a “Brujas, Diosas y Chamanas” y “Brujas: mujeres de poder, magia y conocimiento” que apostaron por mí casi desde el principio. Si queréis aprender lo que es una verdadera bruja no podéis dejar de visitarlas.

Ahora empieza un nuevo giro. Un nuevo ciclo que me llevará por antiguas sendas del camino de la Diosa y que yo compartiré con vosotras. Ven, toma mi mano y todas juntas empezaremos un nuevo viaje de brujas.

Hoy comenzamos una nueva aventura

¿Me acompañas durante año y un día?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Los fuegos de Beltane

BELTANE Autor desconocido

BELTANE
Cuadro de autor desconocido

Poco a poco el aire es más cálido y la luz está cambiando. ¿Te has dado cuenta de que el canto de los pájaros es distinto? ¿Has notado que el polen ya vuela jugando con los rayos del sol? ¿Sientes el despertar de la energía dentro de ti? Yo sí. Son como chispas de excitación en mi vientre. Cómo un burbujeo en mi sangre que bombea en mis venas expectante. Sé que se me escapan sonrisas y carcajadas más a menudo que antes. La Tierra continúa girando y ahora está preparada para ser fecundada. Toda ella se prepara para recibir la semilla que gestará en la oscuridad. Es tiempo de arar los campos, de estallido de vida, de sexo, de amor y de pasión y las brujas lo celebramos con la Tierra desde el principio de nuestra Historia. Es la antigua fiesta de la Siembra, de purificación de campos y gentes. De largas noches de música, bailes y sexo sobre la tierra fértil. Nuestra Señora se encontrará con el Dios Astado, salvaje y libre, y una vez más se unirán para crear la vida que nos inunda a todos. En lugares de todo el mundo, las brujas continúan celebrando esta noche encendiendo fuegos, bailando sobre los campos y despareciendo en la oscuridad para hacer el amor sobre la tierra.

Imagina una noche de mayo plagada de estrellas y la Luna casi llena. Imagina esa noche iluminada por el resplandor de numerosas hogueras en un festival de fuego y euforia. Imagina que llegas junto a esas hogueras y te ves sumergida en un mar de personas felices que cantan, que ríen, que bailan a tu alrededor. Que celebran la vida y el amor por encima de todo. Déjate llevar por la energía de la noche. Deja la vergüenza y las inhibiciones a un lado y canta, ríe y baila junto a ellos. Y si tu alma te lo pide, ama como ellos. Déjate seducir por la magia de Beltane.

Mañana arderán las hogueras. Nuestra Diosa nos mostrará su rostro de mujer amante y se unirá al Dios astado. Celebrarán su eterno Matrimonio Sagrado haciendo explotar el mundo en un orgasmo de vida y creación. Y nosotras, sus hijas, no podíamos ser menos. ¿No sientes la sed despertando dentro de ti? Sed de otra piel ardiente fundiéndose con la tuya. De otras manos sinuosas dibujando los contornos de tu cuerpo. De otros labios acariciando los tuyos con besos lentos, profundos y apasionados. Sed de buscar en la mirada del otro para no encontrar otra cosa que un reflejo de ti misma. Para descubrir que tu amante sigue siendo él mismo, pero también algo más. Alguien más. Alguien que te mira desde unos ojos nublados por la pasión. Unos ojos dorados, oscuros, peligrosos… Que te hablan a gritos en un idioma más antiguo que la misma Humanidad. En un idioma que tú comprendes, porque también lo hablas. Es el idioma del deseo, de la lujuria, la pasión y el amor profundo. El idioma de los Dioses.

Siente cómo la energía de Beltane recorre tu cuerpo y hace hervir la sangre en tus venas. Siente el fuego rodeándoos y el mundo dejando de existir por un instante mágico en el que solo permanecéis vosotros, tu Dios y tú.  Siente el sudor resbalando por vuestros cuerpos mientras ambos, convertidos en Dioses, os dejáis llevar por el ritmo más antiguo del mundo, el ritmo de la Creación. Donde cada vez que  vuestros cuerpos se encuentren hagáis surgir un universo de nuevos mundos. Celebrad que, una vez más, nuestros Dioses, a través de vosotros y de todos los amantes del mundo, han vuelto a unirse en la danza eterna que crea la Vida. Una danza que nos une a todos y que todos bailamos porque sus pasos son los mismos para todos,  mujeres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con hombres… La danza del amor infinito.

Y si no hay un amante en tu vida, ámate a ti misma. Comparte contigo misma el regalo de Beltane. Honra a tu cuerpo creado por la Diosa para estremecerse y sentir. Disfruta del don del placer mientras te unes a la danza cósmica del universo.  Aunque estés sola, enciende velas, fogatas si puedes, prende una pequeña pira, enciende un leño en tu caldero… y baila. Baila a su alrededor hasta que no puedas más, hasta que la risa se escape sin que sepas por qué, hasta que el calor haga que tus mejillas enrojezcan y tu respiración se agite. Baila de forma salvaje, de forma sensual, erótica, seductora. Mueve tu cintura, agita las caderas. Baila con el mundo y para ti. Baila, gira y ama hasta el amanecer. Hasta que sientas que si dieses un paso más te desvanecerías en la nada. Hasta que la chispa de la vida haya prendido en la oscuridad de la tierra.

Hasta que, como cada Beltane, te hayas convertido en una bruja enamorada de la Vida y, sudorosa y agotada, empieces a pensar en los siguientes Fuegos de Beltane.

Feliz Primero de Mayo a todas.

Feliz Orgasmo Sagrado.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Infancia de bruja

Elsie & Pooka Author: Lora Craig-Gaddis www.pookapages.com

Elsie & Pooka
Author: Lora Craig-Gaddis
http://www.pookapages.com

Si aspiramos el aire y dejamos que nuestro instinto sienta libremente, notaremos que ya llega Imbolc. En su sueño invernal la Diosa comienza a agitarse levemente. Su letargo es cada vez más ligero y las semillas y raíces que se ocultan en la oscuridad despiertan lentamente. Una oleada de cálida energía recorre la Tierra y sus hijos, que hibernan en cuevas y madrigueras, comienzan a moverse, aunque  aún lo hacen despacio, en sueños. El Sol cada día ilumina más tiempo y calienta más intensamente. Y a través de las brumas del sueño, en su interior todos los seres vivos notan el cambio.

La primavera es todavía una promesa, apenas el germen de lo que vendrá. Todo está haciendo acopio de fuerzas para el estallido de vida que pronto inundará nuestro mundo. Es tiempo de nuevos proyectos, de generar ideas, de imaginar cosas nuevas. De celebrar la inocencia, la niñez cargada de esperanzas, de alegría, risas y juegos.  De buscar en nuestro interior la niña que fuimos y jugar con ella. Y esta bruja que os habla tiene mucha suerte, porque no tengo que buscar mucho para encontrarme con la niña que fui y que aún vive en mí.

Si cierro los ojos y recuerdo cómo era, sólo puedo sonreír y agradecerle todo lo que hizo, porque gracias a ella hoy soy la mujer que soy. Recuerdo aquella niña cuya máxima felicidad consistía en explorar bosques buscando hadas y portales a otros mundos. En jugar a batallas de magos y brujas. Una niña que con apenas seis años convenció a todos sus compañeros de clase de que no era de este mundo y que algún día sus verdaderos padres vendrían a buscarla para llevarla de nuevo a casa. Que con ocho años ganó un concurso de redacción escribiendo sobre las sirenas que en aquella época la fascinaban. Una niña que disfrutaba subiéndose a los árboles, comprando viejos libros de hechizos en los puestos del rastro y soñando por las noches que escapaba de casa de madrugada para ir a algún lugar donde sabía que la estaban esperando. Porque la niña que fui, al igual que la mujer que soy, estaba absolutamente enamorada de la noche.

A escondidas salía a la terraza y pasaba horas mirando fuera, a la Luna, las estrellas, el cielo. A las luces lejanas. Escuchaba voces y risas y me preguntaba de quién serían. Qué clase de personas recorrían las calles en la madrugada y que extraños actos les retenían fuera de sus casas. Y yo, mirando aquellas calles vacías, me preguntaba si alguna noche me atrevería a salir, sin hacer ruido, y  acudiría al lugar que me reclamaba por dentro.  Nunca lo hice, pero ya dormida, en sueños, me veía caminando hacia una gran arboleda en cuya entrada me esperaba un grupo de personas vestidas de oscuro y con capuchas que ocultaban sus rostros. Un grupo del que yo formaba parte.

Siempre comprendí el lenguaje de la noche. El sutil cambio que se producía en el ambiente cuando todos en la casa ya dormían y solo yo quedaba despierta esperando algo que nunca llegó,  tal vez porque aún no era el momento, aunque pasara horas de incontables madrugadas imaginándolo. La noche me hablaba tan claro… era un lenguaje secreto entre ella y yo, un lenguaje compuesto por palabras que hablaban de tiempo y sueños antiguos, de secretos perdidos y promesas incumplidas, de esperanzas eternas y respuestas a preguntas hechas mucho tiempo antes de que yo naciera. Y mi alma de niña sentía un anhelo inmenso por todo  aquello que la noche ocultaba y que me tentaba cada vez más.

Recuerdo noches de verano en la casa de mis abuelos, cuando las normas se relajaban y mi espíritu libre tenía más horas para vagar a sus anchas por los escenarios que mi imaginación creaba de la nada. Tenían un patio con flores, plantas, y una preciosa adelfa en el centro que cada día se convertía en el escenario de mis juegos inventados. Si un día era un bosque encantado, al día siguiente era el escondite de un pirata o la cueva en la que un hada esperaba a que algún día alguien la rescatara del hechizo que la mantenía prisionera. Vivía siempre esperando momentos de magia y hoy comprendo que todos aquellos momentos ya fueron mágicos. Yo era una niña llena de magia, así que mi vida no podía ser de otro modo.

Crecí buscando una entrada a otro mundo.  La buscaba en el rumor de las olas cuando acarician la orilla del  mar, en los bosques húmedos y verdes en los que habitan criaturas ancestrales, en la cara oculta de la Luna. En la oscuridad de las altas horas de la noche y entre las ascuas de las hogueras de verano. Pero hace ya muchos años comprendí que buscaba algo que ya tenía. Porque hoy sé que la niña que era ya caminaba entre los mundos. Vivía siempre entre ellos porque desde que nací ya pertenecía a ambos y crecí viendo a mi alrededor toda la magia que otros no veían. Por eso mis hechizos fueron siempre tan naturales, tan innatos. Yo era pura magia.

Y ahora, en estos días de Imbolc en los que celebramos nuestra niñez, me alegro de seguir siendo igual que entonces, de seguir jugando cada vez que mi loca imaginación me propone descubrir misterios. Me alegro de saber que esa niña feliz continúa conmigo y esperando la mínima ocasión para llevarme con ella de aventuras, a explorar mundos que solo nosotras conocemos. Aunque ahora la mayoría de las veces ya no son juegos y yo ya no busco entradas al mundo de la magia. Esa entrada que nunca encontré de niña porque para mí, como para todas las brujas,  siempre estuvo abierta. Hoy sé que lo que tanto buscaba siempre estuvo dentro de mí.

Hoy ya sé dónde estaba esa puerta secreta que conduce al mundo de las maravillas y lo mágico.  Hoy sé que esa puerta, siempre he sido yo.

¿Y tú? ¿Te vienes a jugar conmigo?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Una bruja en Invierno

Winter Solstice Author: Nicole Samlinski

Winter Solstice
Author: Nicole Samlinski

Ya es invierno. Los cielos grises y plomizos cubren las ciudades, pueblos, bosques y campos. El viento huele a nieve, hielo y al humo de la leña ardiendo en las chimeneas. La tierra descansa cubierta por un manto blanco y nuestras mejillas y narices enrojecen de frio. Me encanta el invierno, me trae momentos que después añoro durante el resto del año. Me encanta disfrutar de su paz, de su tranquilidad y sosiego. Pese a vivir en una ciudad.

Mi vida continúa su ritmo diario habitual, pero mi mente y mi corazón bailan con el ritmo de la naturaleza y ahora toca una danza lenta, muy lenta. La danza de los sueños. No es momento de actuar, ni de tomar decisiones, ni de cambios drásticos. Ahora es momento de volverse hacia dentro y dejarse llevar, de mecerse en el vaivén del sueño de la tierra. De ver pasar la vida y observar cómo todo fluye. De recogerse dentro de una misma y soñar. Yo sueño que me sumerjo en las entrañas de la tierra convertida en una semilla rodeada de raíces y pequeñas criaturas que duermen el sueño de la primavera en sus madrigueras. Siento el calor vibrante del núcleo ardiente del planeta expandiéndose por todas sus capas y acunándome. Siento el Solsticio, el Sol que cada vez es más fuerte a pesar de la oscuridad de los días y siento mis fuerzas reuniéndose para, un día no muy lejano, despertar y nacer de nuevo en primavera.

Y mientras sueño y espero, celebro. Porque también es tiempo de celebrar que el Sol regresará calentando la tierra y haciendo brotar la vida en todas sus manifestaciones. Celebro un momento que para mis antepasados fue una promesa de supervivencia. Como bruja, disfruto de estos días en los que, en mi corazón, vuelvo a ser una niña que se maravilla con la magia del ambiente. Durante los días de Yule todo cambia, el aire huele distinto, la vida transcurre distinta, las cosas se disfrutan de manera distinta. Me reuniré con mis brujas para celebrar la belleza y magnificencia del invierno, para reconocer el poder de la Diosa que, anciana y sabia, nos sonríe con su rostro lleno de arrugas y amor.

Celebraré la reunión con amigos del alma cuyo camino se alejó del mío pero que cada invierno vuelve a cruzarse con su regreso al hogar de la infancia. Celebraré junto a mi familia de sangre en la que elegí nacer y celebraré junto a nuevas almas que la vida ha puesto en mi presente. Y aunque ellos no lo sepan, celebraré con los seres que me rodean que todos somos hijos de la Diosa y somos importantes para los demás. Celebraré con mi tribu que la vida continúa y que tengo el inmenso privilegio de tenerlos a ellos para disfrutarla.

Me rodearé de cosas que me recuerdan que la tierra sigue viva bajo el manto del invierno, ramas verdes,  piñas, estrellas de cáscara de naranja, el árbol de Yule, acebo, velas encendidas chorreando cera que perfuma el ambiente… Disfrutaré de todas las pequeñas cosas que el invierno nos ofrece. Es un tiempo de sentir y comprender que la felicidad se esconde en los placeres más sencillos, en la suavidad de una bufanda y unos guantes calentitos durante un paseo por la nieve, en un café o una infusión que nos calientan las manos y el corazón, en probar una nueva receta y deleitarse con el calor del horno mientras cocinamos, en el olor de la canela, el jengibre, la mantequilla… en escuchar el sonido lejano de unos cascabeles animando la sangre…  en ver la cara de felicidad de la gente que quiero cuando abren los regalos que les hago, como una forma de devolverle al universo un poquito de todo lo que él me ha dado a mí durante este año. Muchos de ellos hechos por mi misma, con mi energía, mi amor y mi alegría impregnándolos. O simplemente en pasear despacio y dejar que la calma guíe mis pasos…

Esta bruja que os habla se retira unos días buscando el reposo del invierno. Tranquila y en calma. Esperando unos momentos de descanso para darle a mi alma pagana lo que lleva un tiempo pidiendo. Lo que toda bruja anhela hacer en estos días. Celebrar el amor, la amistad y los lazos de sangre. Sumergirme en mi misma, en mi oscuridad interior y, hecha un ovillo, dejarme ir, dormir y soñar. Soñar con la luz, soñar con la nueva vida, soñar como sueña la tierra en su descanso.

Soñar con la magia que inunda cada momento de la existencia, cada estación de la Rueda, cada segundo de vida que nos ha sido concedido para disfrutar en esta tierra.

Y a todas vosotras que me leéis, os deseo unas felices fiestas, un feliz Solsticio, feliz Yule y un feliz invierno. Qué disfrutéis en las entrañas de la tierra soñando con la primavera.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Otoño. La estación de la bruja

Rojo otoñal

Rojo otoñal

Este año se retrasa, el verano parece no querer ceder su espacio y se niega a marcharse cuando ya hace tiempo que su época pasó. Siento cierta ansiedad por la espera, un cierto temor a que tarde tanto que, cuando por fin llegue, ya sea demasiado tarde y dure tan poco que apenas me de tiempo a disfrutarlo. Pero mientras espero, lo llamo en mi mente. Lo recuerdo. Lo recreo en mis meditaciones.

El Otoño. Mi querido otoño.  En mi mente veo el sol que cae despacio mientras lo baña todo con una luz dorada única y un repentino soplo de viento frío hace que mi piel, acostumbrada a los días cálidos del verano, se estremezca y mi vello se erice.  Un remolino de aire levanta un puñado de hojas secas del suelo, amarillas, marrones, rojas… llenándolo todo de un estallido de color. El aire huele a la promesa de la lluvia, a castañas calientes entre ascuas, a humo de leña que escapa de las chimeneas e impregna el tiempo durante meses, a manzanas dulces y jugosas y a sidra.

Dentro de mí ha llegado el Otoño. La estación de la bruja.

¿Qué tiene el otoño para afectarnos como lo hace? Muchas personas me comentan que no les gusta, que se deprimen con la llegada del frio y la oscuridad. Sin embargo, la mayoría de las brujas que conozco, yo entre ellas, lo amamos. El otoño es un regalo, y no solo por sus frutos, también para el alma.

Quien no ha paseado por un bosque, un parque o una  arboleda en otoño se pierde una de las más grandes maravillas de vivir en esta tierra. Caminar entre las hojas secas caídas escuchando el sonido tan característico que producen, ese crujido que relaja hasta la última de nuestras células. Dejar volar la mente y disfrutar de la belleza cromática que nos ofrecen los árboles, sumergirse en la vorágine de vida que se produce en los bosques durante estos días: pájaros que cantan al sol que ya se marcha, animales reuniendo provisiones para el invierno y construyendo los refugios en los que se mantendrán cálidos hasta la primavera, el viento cantando la canción de despedida del verano entre las ramas cada vez más desnudas…

Conocer el otoño, sumergirse en él y dejarse llevar por el espíritu de la estación es comprender  parte del Misterio de la Vida. Una vez pasado el momento del estallido de energía y nuevos comienzos de la primavera y la plenitud satisfecha del verano, llega ahora  un tiempo de calma e introspección donde se recogen los últimos frutos, tanto físicos como emocionales.

Es ahora cuando la Madre hace un último esfuerzo y nos regala toda su belleza  en su máximo esplendor. Lo tiñe todo con sus colores más intensos y sacrifica sus últimas fuerzas para crear sus mejores frutos y en ellos entregarnos la vida. Los frutos de otoño están creados para perdurar, guardan dentro de sí una gran cantidad de energía para mantener vivos a sus hijos durante el tiempo estéril del invierno. Los frutos secos, las bayas, manzanas, uvas, setas, etc. Casi todos ellos son alimentos que se conservan durante meses. Son un mensaje secreto para todo aquél que sabe  leer su lenguaje. Nos dicen que resistamos, que aguantemos y tengamos esperanza, que el frio no será eterno,  que pronto llegará la primavera y con ella el calor y la nueva vida.

Actualmente nos resulta más difícil comprender estos misterios. Ahora en cualquier época del año podemos conseguir cualquier cosa que queramos en un supermercado. Fresas en diciembre…, no es de extrañar que la Humanidad haya perdido la conexión divina que tenía con la Tierra, ha olvidado como seguir sus ciclos, cómo apreciar el significado de cada estación y lo que suponen sus frutos para nosotros. Pero en la antigüedad, y hasta no hace mucho, esta relación fue muy íntima y llena de gratitud.

El otoño es el último esfuerzo que hace una Madre por sus hijos cuando apenas le quedan ya fuerzas. Tal vez por eso a tanta gente no le gusta y le deprime. Tal vez, en su interior, hay un reconocimiento atávico de este concepto, donde predomina el sentimiento de pérdida sobre el de sacrificio.

Y es en este sacrificio donde las brujas encontramos la belleza. Una belleza que sobrecoge e inunda el alma. Nos habla de muerte, de un tiempo sin frutos, de unos meses sin luz, sin calor, sin vida… aparente. Pero también nos enseña que no es el final, que es sólo un periodo que pasará, y del que también hemos de extraer una enseñanza. Que la vida continúa, latente, descansando, reuniendo fuerzas para dar lo mejor de sí cuando le llegue el momento de regresar. Es sólo parte de un ciclo eterno, sin fin, del que nosotras formamos parte.

Otoño es un umbral entre los últimos latidos de vida, y la calma y serenidad de la muerte, por eso es ahora cuando el portal se abre. En Samhain celebramos el fin de un año que termina y el inicio de otro que comienza y este cambio se produce con el Velo que nos separa del otro lado más abierto que nunca. Los mundos se superponen y por unas horas, aquellos que marcharon pueden regresar, si así lo desean. Es tiempo de recordarles, agradecerles su existencia y todo lo que aportaron a nuestra vida, pero nunca retenerles. Es tiempo de dejar marchar, de desprenderse, de dejar ir. Empezando por nuestros seres queridos que ahora viajan tras el velo.

Otoño es la estación mágica por excelencia. Dónde la Oscuridad que puebla nuestro interior se despereza y nos pide que le hagamos caso, que nos enfrentemos a ella y que aprendamos a quererla porque tiene mucho que enseñarnos. Durante esas largas tardes-noches cuando nos ponemos las primeras prendas de abrigo y nos estremecemos de placer, cuando sujetamos con manos frías unas tazas con brebajes calentitos y observamos la lluvia caer tras la ventana mientras nos arropamos con una manta,  esos momentos, son regalos de tiempo para dirigir la atención a la persona que más lo merece del mundo, nosotras, y conocernos un poquito más, comprendernos un poquito más, y sobre todo, querernos un poquito más.

Por eso, mis brujas, disfrutemos del otoño mientras dure  y celebradlo como Hijas de la Tierra que sois. ¡Saltad en los charcos y salpicad todo lo que podáis! ¡Haced volar montones de hojas secas por los aires! Dad largos paseos entre los preciosos colores del bosque hasta que tengáis las mejillas arreboladas. Recoged manzanas y probad la deliciosa sidra. Tallad calabazas y celebrad una fiesta de Fin de Año en Samhain con un lugar reservado en la mesa para vuestros ancestros. Recoged hierbas mágicas para tener la alacena bien surtida durante el invierno.

Y sobre todo aprended, de la Tierra, del Viento, de los frutos, de los secretos de la naturaleza tan claros para quienes saben buscarlos…

Pero sobre todo, aprended de vuestra Oscuridad. Tiene mil maravillas que enseñar a todas aquellas valientes que no teman adentrarse en ella. A vosotras.

Feliz Otoño. Feliz Samhain.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Solsticio de Verano: El umbral a Tír Na nÓg

El umbral del crepúsculo

El umbral del crepúsculo

Mañana es el Solsticio de Verano, Litha, Midsummer, Alban Heruin… Una de las 8 festividades de la Rueda del Año pagana. El Dios Sol se impone a la oscuridad y viviremos el día más largo del año. Pero también debemos recordar que a partir de mañana cada día irá mermando su poder, y nuestro Dios, convertido en el cereal y frutos de la Madre Tierra que nos alimentan, se acercará poco a poco al momento en el que comenzará a morir para dar lugar a un nuevo ciclo. A un nuevo giro de la Rueda.

El Solsticio se ha celebrado desde el principio de los tiempos y aún hoy seguimos celebrando y guardando tradiciones específicas de esta noche, tanto paganos como no paganos. Es una noche de fuego, de hogueras, de magia y hechizos, de celebrar el verano. Es la noche en la que se recogen hierbas mágicas como la verbena, el hipérico, mandrágora… Hay rituales de agua, y de fuego (casi todos quemamos cosas en las hogueras) y hay leyendas… leyendas que dicen que esa noche se abren puertas y si no tenemos cuidado, podemos atravesarlas sin querer y sin saber si regresaremos.

Una de esas antiguas leyendas, de origen celta, cuenta que existe un lugar llamado Tir Na nÓg, el País del Verano. La tierra de las hadas. El país de la eterna juventud.

Dicen que hay ciertos momentos del año, sobre todo la noche del Solsticio de Verano, en los que ciertos lugares de la Tierra se convierten en portales. Umbrales en los que, si te descuidas y los cruzas, puedes desaparecer de este mundo y aparecer en Tír Na nÓg. Cuentan de gentes que un día desaparecieron y años después, incluso siglos, regresaron hablando de un país de los sueños.

Allí no pasa el tiempo, siempre es verano. Nunca hace frío ni calor, hay abundancia de comida y risas. No existen la enfermedad, la vejez, los problemas. Nadie nunca llora, nadie sufre ni siente tristeza. Todo es tranquilo. Suave. La vida pasa lentamente, en quietas oleadas, como el mar en los sueños.

Pero…, tampoco hay estallidos de felicidad. No conocen la salvaje alegría que se siente tras recuperar algo amado que creías perdido. No existe la esperanza producida por un nuevo nacimiento ya que allí no sienten la pérdida de la muerte. No saben lo sanador que resulta un ataque de llanto entre los brazos de alguien querido. No conocen la sensación de bien estar que te inunda cuando sabes que has ayudado a alguien que realmente lo necesitaba, o cuando alguien se convierte en tu apoyo. Jamás entenderán algo tan humano como la compasión y la gratitud.

¿Cómo van a sentir alegría si no conocen la tristeza?

¿Como van a echar de menos la felicidad,

si nunca sienten desesperación

ni la angustiosa agonía de la soledad?

Las brujas sabemos por qué El Hombre puede visitar Tir Nan´Og. Nuestras creencias nos cuentan que cuando morimos nuestras almas cansadas buscan un lugar donde reposar. Un lugar en el que descansar mientras asimilamos lo que hemos aprendido en nuestra última vida. Donde esperamos a los que hemos amado o nos reencontramos con ellos. Donde lamemos las heridas que nos produjo nuestra reciente y ajetreada existencia. Y sobre todo, el lugar donde entendemos. El dolor, la tristeza, la pena, la soledad, la enfermedad, la desesperación, las lágrimas… son tan necesarias para el alma como el sol para la vida. Nos permiten conocer, distinguir y disfrutar la alegría, la esperanza, la euforia, la felicidad y el amor.

Y cuando entendemos y comprendemos, es el momento de regresar a esta vida. Es el momento de nacer y comenzar de nuevo a vivir, a sufrir, a reír y a amar. A aprender.

Pase lo que pase siempre habrá esperanza, porque cuando estemos demasiado cansados para continuar, Tir Na nÓg estará allí, esperando para curarnos el alma.

Por eso, la noche de mañana, ¡celebrad la vida! Encended hogueras, bailad a su alrededor, meditad sobre lo que queréis que desaparezca de vuestras vidas, escribidlo en un papel y alimentad las llamas con él. Que el poder regenerador del Sol cuyo fuego todo lo purifica se lo lleve con él para nunca regresar. Y si paseáis por el bosque entre el crepúsculo y el amanecer, tened cuidado con los umbrales…

Feliz Solsticio a todos

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Contacto

hyedra.deduir@yahoo.es
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