Esa clase de brujas

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No me busques cuando necesites atar a ti a una persona contra su voluntad y su amor. Si sientes tal pasión que estás dispuesta a pisar sobre su libertad y sobre su derecho a elegir a quién ama, no me busques.

No me busques si quieres retener a un amor muerto, si quieres que regrese quien un día se marchó porque había llegado su momento. Si quieres que renuncie a sus sueños futuros por quedarse a tu lado en su tristeza.

No me busques si para tener lo que deseas quieres romper un vínculo sagrado formado por otros amantes, si quieres separar corazones por capricho del tuyo, helado. Si crees que tu deseo es más fuerte que el amor de otros, no me busques.

No me busques cuando tus ansias de atención exijan las noches de insomnio de otros, cuando necesites habitar una mente sin descanso, cuando reclames cada latido de un corazón que no nació para latir por ti. Cuando pidas que otro te ame hasta el punto de dar su vida por ti mientras tú no respetas su existencia.

No me busques para vengarte por afrentas o despechos con los que no has sabido lidiar, para cerrar caminos, para cegar corazones, para causar sufrimiento a cambio de orgullo. No me busques cuando en lugar de la sabiduría escojas la violencia.

No me busques para enterrar tu dignidad en un amor forzado, creado por hechizos malditos que convierten a personas en esclavas. Que ponen cadenas en aquellos destinados a otros brazos. No me busques cuando tu falta de amor por ti, te haga conformarte con migajas robadas.

No me busques cuando envidies los pasos de otros y quieras cambiarlos por los tuyos, no me busques cuando quieras destruir, apropiarte y suplantar el lugar de otros en el mundo. No me busques si otras vidas te parecen mejores que las tuyas y tu odio demande su desgracia.

No me busques cuando rechaces las oportunidades que se te han dado, cuando te conviertas en odio inútil, en envidia sangrante, en alguien sin esperanza. Cuando tus deseos te arrastren hacia los actos más viles, la esclavitud de quien dices amar, la violación de su espíritu, tu tiranía sobre decisiones de otros y la destrucción de pactos ajenos.

No me busques cuando tu propia alma esté sucia, enfangada por tus deseos y tu amor envenenado. No me busques para que mi magia te ayude a cumplir tus deseos de persona perdida y desesperada.

No. No me busques para destruir tu dignidad de mujer, porque no soy esa clase de bruja.

Búscame cuando quieras recordar la grandeza de un alma humana. Cuando quieras aprender a seguir las huellas de la Diosa en los caminos de la Historia.

Búscame cuando necesites recordar que tú misma ya eres magia y quieras encontrar el camino de vuelta a Ella. Búscame cuando quieras desplegar tus alas y volar en la libertad del viento mientras tu corazón recuerda que el amor más grande es el que nace por su propia voluntad. Cuando quieras encontrar tu lugar entre las criaturas de la naturaleza y descubrir que estás hecha de esperanza.

Búscame cuando te sientas valiente para bajar al centro de tus Sombras y te preste mi voz para guiarte de vuelta. Cuando quieras amar al reflejo del espejo y no temer a quién te devuelve la mirada, esa parte de ti que sabe… que viaja entre mundos, entre tiempos, entre velos.

Búscame cuando decidas tomar las riendas de tu vida, de tus sueños, de tus decisiones y fracasos. Cuando quieras aprender a bailar con las mareas de la luna y recuperar tu poder de mujer de bosque, de piedra, de corrientes y montañas. Cuando sueñes con el conocimiento que un día fue nuestro.

Búscame cuando quieras ser tan libre, que lo primero para ti sea la libertad de otros. Cuando quieras amarte tanto y tan fuerte, que nunca aceptarás caricias falsas, amores prestados, abrazos distantes. Cuando quieras descubrir lo que se esconde en los umbrales y las fuerzas que puede crear tu voluntad.

Búscame cuando sientas que quieres re encontrarte con el misterio que eres, mujer, y ayudar a otras a recordarlo. Cuando quieras despertar al animal salvaje que dormita en tu interior. Cuando quieras recorrer el antiguo camino de las sabias que vivieron antes que nosotras y perpetuar su legado. Cuando necesites hundir tus raíces en lo profundo de la tierra y extender tus brazos hacia las estrellas.

Búscame. Búscame entonces, porque soy de esa clase de brujas.

Hyedra de Trivia

Encontrando el camino

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Muchas de vosotras me escribís y me preguntáis cómo podéis saber cuál es vuestro camino. Saber si estáis en el lugar en el que tenéis que estar, en el sitio para el que habéis nacido, el momento de vuestra vida para el que lleváis años preparándoos. Nadie mejor que vosotras puede saberlo. Nadie puede deciros cual es vuestro camino salvo vosotras

En este mundo, lleno de tradiciones distintas al alcance, con Dioses con todo tipo de nombres en todo tipo de idiomas y en todo tipo de lugares, y con Diosas que nos recuerdan que venimos de una sociedad muy antigua donde la cultura era distinta y el orden jerárquico y social también era distinto, solo tenemos que acallar nuestra mente y dejar que nuestro corazón responda. A veces hay palabras que pasan por nosotras como si no tuvieran significado, apenas un conjunto de sílabas, apenas algo para designar nombres que no nos hacen sentir nada. Y sin embargo hay otras… a lo mejor una forma de unir los sonidos, a lo mejor un idioma que ni siquiera conocemos pero nos hace sentir nostalgia, o nombres más nuestros que los que nos impusieron al nacer, hacen que algo en nosotras responda. Otras veces una nota de música, o una simple tonada, nos hacen llorar de alegría o de tristeza. A veces un paisaje, a veces el nombre de una deidad casi olvidada, de una cultura apenas recordada. A veces la mirada de otra persona con la que nos cruzamos en la vida, de la que no sabemos nada y de la que nunca más volveremos a saber nada. Pero el momento en el que nos cruzamos, el momento en el que nos miramos, se abre un mundo, se abre una puerta a otras vidas, a otras historias, a otros pasados y casi, por un instante, podemos recordar quién fuimos en todas y cada una de nuestras vidas.

Cuando sientes que estás en el punto de tu vida en el que todo está en tus manos, donde eres tú la que controla las riendas, la que decide. Cuando las enseñanzas que recibes o encuentras despiertan recuerdos dormidos en ti. Cuando te sientes por fin en casa, ese es tu camino. Cuando percibas que no es la primera vez que haces algo y además recuerdes casi con facilidad las otras veces que lo hiciste, en ese momento sabrás que estás en la senda adecuada.

Y es bueno que sepáis que esa senda no es una sola vía, recta y sin bifurcaciones. Hay senderos que se cruzan, hay pasos, hay atajos. A veces simplemente se adivinan, otros son muy claros por todos los pies que los han caminado antes. A veces nos damos la vuelta y no encontramos el camino por el que vinimos, y a veces miramos hacia delante y tampoco somos capaces de vislumbrar alguna vereda por la que avanzar, pero, en estos casos cuando no encontramos ningún camino a seguir, el mensaje es muy claro: nosotras debemos hacerlo.  Son nuestros pies, al avanzar uno delante del otro, los que abren el camino. Y lo crean. Tal vez para que lo sigan otros, tal vez solo para nuestros pasos, pero el conocimiento de hacia donde debemos dirigirnos y por dónde, siempre está en nosotras.

Me preguntáis si el camino de la bruja es para vosotras. No lo sé. Hay muchos caminos de la bruja, hay muchas formas de ser bruja, hay muchas brujas que ni siquiera saben que lo son. No puedo decirte si ese es tu camino, no puedo decirte si estás en él, o si no lo estás, o si lo estarás un tiempo para luego tomar otro, o si has llegado a él para quedarte. Eso es algo que sólo puedes saber tú. De todas formas, tampoco es importante conocer ahora cuál es tu camino, lo importante es saber que está ahí, lo importante es saber que, mañana, tomes la dirección que tomes, el camino se abrirá a tus pies y que, cuando sea el tuyo, lo reconocerás sin dudarlo.

Yo imagino que atravieso un bosque, mi vida es un bosque, hay senderos que se pierden entre los árboles que parten del camino principal que es mi existencia. En el horizonte siempre está Ella, la Gran Madre. Detrás de mí, el origen de mis pasos también se pierde en Ella. Y a lo largo de ese camino me encuentro a personas, me encuentro objetos, vivencias y experiencias rodeadas de magia, porque la magia brota de mi e impregna todo lo que me rodea haciéndolo especial y único, haciéndolo mío.

De vez en cuando tomo un sendero diferente que se pierde entre la floresta y abandono la vía principal, pero una vez lo he abandonado y he optado por seguir otro, ese se convierte en el camino principal de mi vida. Volveré a abandonarlo más adelante, tal vez incluso alguna vez tome un recodo que me lleve de nuevo al camino original. A veces acabaré tan lejos de aquel antiguo primer sendero que apenas será un recuerdo, casi ni sabré si alguna vez caminé de verdad por él o fue solamente un sueño.

Lo único que sé con seguridad es que no me detendré mucho tiempo. La única opción que el camino no nos permite es estar quietas, porque cuando nos detenemos y dejamos de avanzar, el camino desaparece. Y entonces es el miedo, la indecisión, la desconfianza lo que nos mantiene prisioneras.

No necesitamos grandes fortunas para recorrer nuestros caminos, no necesitamos la compañía de otros o su permiso, ni que aprueben la dirección de nuestros pasos. Sólo necesitamos nuestra voluntad y nuestros pies. Cuando lleguemos a alguna intersección, a alguna encrucijada, sólo tenemos que respirar hondo, acallar la mente y confiar en nuestro instinto. Y elegir aquel que no podemos dejar de mirar.

Si algún día te sientes incomoda, si al caminar te encuentras con demasiados obstáculos que te quitan más de lo que te dan, si sientes como si unas garras intentasen aferrar tus tobillos, tus ropas, tus cabellos para impedir que avances. Si al mirar hacia el horizonte de esa senda solo ves un futuro negro, oscuro y desolador, entonces sabrás que no es el tuyo. Toma el primer sendero que salga, la primera salida que veas, aunque no haya una vía visible marcada en el suelo, y escapa. Escapa hasta que encuentres el tuyo.

También puede ocurrir que sientas la llamada de muchos. Puede que seas una buscadora, una creadora de mapas de caminos mágicos. Puede que un día estés en uno, y al día siguiente en otro y al día siguiente en otro distinto para descubrir que has creado un nuevo camino propio, con un relieve marcado por muchos paisajes, por muchas compañías, por muchas enseñanzas… Tal vez al llegar a la vejez permanezcas sólo en uno, o tal vez continúes siempre así, buscando en distintos senderos. Pero si hay algo que he aprendido sobre los caminos por los que transitamos en nuestra vida, es que las huellas que dejamos en ellos son eternas, aunque siempre soñemos con aquellas que aún no hemos marcado en la arena.

Por eso, si quieres saber si el camino por el que avanzas ahora es el tuyo, el que te corresponde, observa si tus pies encajan en las huellas que ya te encuentras marcadas, si ya lo recorriste en otras vidas. Observa cómo te sientes en él. Observa si cuando escuchas las antiguas palabras que le pertenecen, los antiguos nombres de las Divinidades y de los seres y energías que lo habitan, tu alma salta en tu interior, se alza y baila de alegría por el reconocimiento. Si sientes que, tras vagar durante años (y puede que vidas), por fin estás en casa, si sientes que por fin has regresado, ese es tu camino.

Si no te imaginas caminando en cualquier otro por mucho que te ofrezca y no cambiarías ninguna de sus curvas, de sus rocas o pendientes por nada del mundo, entonces no te lo preguntes más.

Ese es tu camino.

Hyedra de Trivia

 

Un paseo de bruja

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Esta mañana he salido a la calle y el viento frío se ha colado por mi bufanda. En el cielo gris, se adivinaba la posición del sol por la luz de un disco blanco, brillante, que se escondía entre la nube infinita que lo cubría todo. He estado un rato mirando un árbol cubierto de hojas de un amarillo precioso, que iban cayendo lentamente, de una en una, hasta descansar sobre la hierba formando una alfombra a sus pies. Y, aunque no he podido quedarme mucho tiempo, con esa imagen me he llevado el otoño conmigo, toda su belleza, su calma, su magia… me acompañará hoy durante todo el día.

Os iba a hablar del otoño, pero poco puedo decir sobre él que no os haya dicho ya, así que creo que hoy las protagonistas de esta entrada vais a ser vosotras y os voy a invitar a salir de casa, a buscar un bosque, un parque, una zona arbolada, y a dar un paseo de brujas para conectar con el otoño.

Vosotras elegís el momento, pero si queréis sumergiros completamente en la magia otoñal, os sugiero ir durante el atardecer. Acudid abrigadas y llevad con vosotras un cuaderno y un bolígrafo, o lápices de colores, o, si sois aficionadas, una cámara de fotos. Un termo con una bebida caliente es muy buena idea, y algo para dejar como ofrenda a los espíritus de la naturaleza. La fruta o los frutos secos son lo ideal, porque la esencia de la ofrenda va a los espíritus, pero recordad que serán los animales del bosque los que coman lo que dejéis.

Antes de entrar al lugar elegido, deteneos un momento, cerrad los ojos y respirad profundamente. Dejad atrás los asuntos de vuestra vida cotidiana, trabajos (o su falta), problemas familiares, de pareja, hijos, etc. En ese momento solo estaréis vosotras y la naturaleza que os rodea. Sentid el aire frío en las mejillas, el olor de la tierra y las hojas en descomposición, el viento en los árboles si lo hay… Hablad con el espíritu de ese lugar, por muy pequeño que sea, todo trocito de vida natural tiene su guardián. Intentad sentirlo, dejad que vuestra mente, vuestro corazón, conecte con el suyo. Que sienta vuestra intención de conectar con el otoño, con la Madre, con la magia de la tierra.

Comenzad el paseo. Permitid que vuestros pies os guíen en lugar de imponerles un camino. Id despacio, observando todo lo que hay a vuestro alrededor. Los colores que se funden entre ellos creando un lienzo de belleza indescriptible, el cambio de la luz a medida que avanza el tiempo, los sonidos de las hojas crujientes y las hojas al caer. Vuestros pasos y vuestra respiración… Intentad dejar que vuestra mente vuele libre, que los pensamientos y recuerdos afloren sin control, no los retengáis. Bailad con las hojas, cantad con el viento, reíd con los crujidos del suelo y la corteza de los árboles. Disfrutad de un momento de libertad rodeadas de bosque.

Cuando encontréis un lugar especial, sentáos un momento. Ahora que aún no hace demasiado frio, permaneced quietas unos momentos. Mientras dejáis vuestra mirada vagar a vuestro alrededor, pensad en vuestra vida. En cuáles han sido vuestros mayores logros, cuásles han sido vuestros sueños cumplidos… y pensad en lo que tuvisteis que entregar a cambio, lo que tuvisteis que sacrificar para obtenerlos. Pudo ser tiempo, pudieron ser amistades, un cambio de residencia dejando atrás los lugares de la infancia, pudo ser una vieja relación marchita… medita sobre ello y pregúntate: ¿Mereció la pena? ¿Lo habrías hecho de manera distinta?

Piensa ahora en lo que has conseguido y cómo te hace sentir. Deja que la dicha y la felicidad de tus logros y triunfos te inunde. Hay una cita que dice que somos tan buenas como lo mejor que hayamos hecho en nuestra vida. Deja que esa grandeza te llene.

Cuando estés preparada, continúa el paseo. Presta atención ahora a la vegetación que cubre aún los árboles, los arbustos, la tierra. Recoge hojas que te llamen especialmente la atención, frutos que encuentres por el suelo, piñas para adornar la casa en el Solsticio, trocitos de corteza y ramas, plantas que viven en otoño… Recolecta lo que tu instinto te pida.

Cuando estés preparada, regresa por donde viniste, despídete del bosque, del parque o arboleda hasta la próxima vez que vayas. Agradece al espíritu guardián su labor de proteger la vida y deja tu ofrenda a cambio de los dones del bosque.

En casa, guarda las hojas y las hierbas que hayas recogido e investiga sobre ellas. Busca leyendas, historias sobre esos árboles, esas hierbas, los frutos… averigua sus propiedades mágicas. Piensa si encajan con alguna situación que estés atravesando en tu vida en este momento y por qué tu instinto te inclinó hacia ellas y no otras.

Deja que el espíritu del otoño te acompañe durante un tiempo y cuando lo sientas desvanecerse, sal a dar otro paseo de bruja.

Y si te apetece, ven a contarme tu paseo y todo lo que viviste en él.

Te espero.

 

Hyedra de Trivia

El respeto de la Bruja

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Imagen de Elvira Zakharova

Hoy me vais a permitir un cambio de registro. Es posible que algunas no estéis de acuerdo conmigo o directamente penséis lo contrario, es normal, porque cada persona es distinta y cada una tiene su opinión, pero hay algo que llevo viendo un tiempo y nunca me ha parecido correcto, y es la tendencia de algunas personas a usar la magia para todo. Absolutamente todo. Y, personalmente, me parece un error tremendo.

La magia no es una muleta, no es una herramienta a la que recurrir para cada cosa banal que no marcha como nosotras querríamos. No podemos ir por la vida intentando arreglar cualquier inconveniente a golpe de hechizo. La magia no funciona así. Las brujas no funcionamos así.

Sé que lo que os voy a decir os puede parecer extraño, pero cuanto más poderosa es la bruja, cuanto más sabia es, cuanta más magia conoce, menos hechizos realiza. Y cuando los hace son para agradecer lo que tiene, celebrar la vida o solucionar problemas verdaderamente importantes y no para temas triviales.

Una vez leí que, para que un hechizo funcione, debemos actuar en consecuencia. No sirve de nada hacer uno para mejorar nuestra economía porque las facturas se acumulan y las deudas nos ahogan, si después nos quedamos sentadas en el sofá esperando a que ese dinero entre por la ventana. Sin embargo, si junto con el hechizo nos ponemos en marcha, buscamos, si nos esforzamos por conseguirlo, moveremos el doble de energía y ayudaremos a que nos llegue. Podéis pensar que así nunca sabréis si el hechizo funcionó de verdad o fue nuestro esfuerzo el que nos hizo conseguirlo. Es cierto, puede que nunca lo sepamos. Pero una bruja nunca se queda sentada esperando, ella toma las riendas de la situación y ayuda a que las cosas se solucionen. Por eso muchas veces, antes de hacer un hechizo, nos arremangamos las capas y hacemos que las cosas cambien sin la ayuda de la magia, y el esfuerzo funciona.

Porque, a medida que el tiempo pasa y la bruja adquiere más conocimiento y experiencia, comprende que su vida y todo lo que sucede en ella es su responsabilidad, y está en su mano cambiar las cosas que necesite cambiar. Y tomar las riendas de su vida cuesta trabajo, sí.  A veces es agotador y otras veces requiere sacrificios y tomar decisiones muy difíciles pero, por otro lado, no hay nada más empoderador que saber que eres tú quien está al mando.

También tenemos que aprender a poner las cosas en perspectiva.  A veces usamos la magia como un parche o una tirita, intentando solucionar síntomas en lugar de buscar el origen del problema. No me refiero a esas pequeñas chispas de magia, de poder, que usamos en ocasiones para hacernos la vida un poco más fácil: encontrar aparcamiento cuando tenemos prisa, buscar un poco de suerte un día en el que todo parece torcido, pequeños actos que de vez en cuando sirven para mejorar un poquito el momento y no requieren demasiada parafernalia. Me refiero a casos en los que cada pequeño paso, cada decisión intrascendente, cada mínimo obstáculo se intenta solucionar con un hechizo.   Conozco gente que se agota en limpiezas y rituales para mejorar la armonía en su casa, en lugar de sentarse y comunicarse con los miembros de su familia para averiguar el porqué de la tensión y las discusiones e intentar solucionarlo. O cosas más intrascendentes, como intentar que salga el sol un determinado día para una excursión porque no nos apetece mojarnos o posponerla, mientras la tierra está seca y necesita lluvia. O intentar encontrar un objeto que se ha perdido en medio de un desorden caótico cuando podríamos encontrarlo sólo con limpiar y ordenar un poco. En ambos casos la magia es innecesaria. Son solo ejemplos, pero os puedo asegurar que hay gente que recurre a ella para casi todo. Y es desalentador, porque en algunos casos no solo ceden el control de su propia vida y se desentienden de responsabilidades, sino que, en otros, es una falta total y absoluta de respeto por lo que es la magia y por cómo funciona. A veces las cosas son como son y aunque no nos gusten, debemos entender que deben ser así. Y otras veces, hay asuntos que nos afectan más directamente y deberemos solucionarlos por nosotras mismas con nuestro esfuerzo y voluntad.

Creo que el acto más mágico de una bruja es saber que su vida depende de ella, y que a veces tomará decisiones acertadas y otras veces se equivocará. Y al igual que es su derecho tomar esas decisiones porque es libre, también es su obligación aceptar las consecuencias de sus equivocaciones. Y la magia no es el comodín al que agarrarse cuando las cosas no van como nosotras queremos. Es necesario que de vez en cuando las cosas no vayan bien, porque es en esos momentos cuando se nos pone a prueba, cuando depende de nosotras solucionarlo todo y dar lo mejor que tenemos. Es en esos momentos cuando se nos da la oportunidad de crecer, de aprender, de conocernos y evolucionar y, a veces, sorprendernos a nosotras mismas con lo que somos capaces de hacer.

Si ante la mínima adversidad echamos mano de conjuros o rituales, no sólo estamos evadiendo la misión para la que vinimos y perdiendo la oportunidad de hacernos más grandes, también estaremos demostrando que, en realidad, no sabemos qué es la magia ni su verdadero sentido en nuestra vida.

Detrás de cada hechizo, ritual, ceremonia o cualquier acto mágico, se mueven unas fuerzas tan antiguas como la primera chispa que originó toda la creación. Incluidas las fuerzas que viven en nosotras. Nuestra energía, nuestro poder mágico debe ser sagrado. Y cada momento en el que recurramos a él también debe ser sagrado. Al igual que las energías de las plantas, de la tierra, de los elementos que usamos para colaborar con nosotras en nuestra magia. Son fuerzas conectadas con la Historia de la Tierra, con el Universo y lo que se mueve tras él. Es un regalo que se nos ha dado para cambiar las cosas, para hacer de nosotras y del mundo que nos rodea un lugar un poco mejor, y no para ser utilizado en pequeños actos que no necesitan nada de magia para seguir adelante, tan solo nuestra determinación.

Hay momentos en los que las circunstancias se ponen tan, tan difíciles, que  solucionarlo escapa a nuestro control, es entonces cuando esas fuerzas pueden ayudarnos. Otras veces sí depende de nosotras, pero necesitamos un extra de ánimo y energía para encarar ciertos acontecimientos. No creo que esté mal recurrir a la magia para ayudarnos a superar un duelo que se alarga demasiado, o una enfermedad particularmente dolorosa o larga. Un hechizo puede ayudarnos a encontrar un buen trabajo, o ser un apoyo en nuestros estudios o en nuestra evolución personal. Pero tenemos que tener mucho cuidado de no acabar dependiendo de ellos para todo.

Cualquiera que trabaje con magia y conozca las fuerzas que se mueven detrás, debe ser consciente de en qué momento es conveniente contar con ella y cuando no. Cualquier bruja debe respetar la magia, porque al hacerlo y darle su verdadero valor, se estará respetando a sí misma y a su poder.

Hyedra de Trivia

Nueva formación: Hij@s de la Diosa Oscura

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Os anuncio que la entrada semanal de Palabra de bruja estará disponible mañana, perdonad la espera. Pero quería aprovechar hoy para presentaros una nueva formación que voy a llevar a cabo, junto con mi hermano de camino, Saucco de Trivia.

Hemos estado gestándola años y responde a la necesidad de dar su espacio a la Diosa Oscura en este mundo, y dar la oportunidad a aquellas personas que quieren reencontrarse con Ella de convertirse en sus Hijas, tal vez como ya lo fueron en otras vidas. La formación es totalmente presencial y tendrá lugar en Madrid.

FORMACIÓN PRESENCIAL HIJ@S DE LA DIOSA OSCURA

¿Sientes la llamada de la Diosa Oscura? ¿Crees que tu camino es el de la bruja? Si los secretos de la noche te seducen, si la oscuridad de la luna le cuenta historias en sueños a tu alma y si los nombres de las Diosas que estuvieron prohibidas resuena en tu mente como antiguos recuerdos, éste es tu sitio.  Os ofrecemos un viaje en el que os guiaremos durante un giro de la Rueda en la Senda de la Diosa Oscura. ¿Quieres convertirte en un@ de sus hij@s? Pues acompáñanos en este viaje que se divide en 9 encuentros que tendrán lugar a lo largo de un año y en los que conoceremos a la Diosa Oscura en cuatro de sus aspectos y aprenderemos, entre otros misterios, los caminos de la magia de la tierra, los cuatro elementos, las fases lunares y las energías de la naturaleza. Acompáñanos en el Camino de las Brujas. Tanto si eres hombre como si eres mujer, hay un lugar para ti en los 9 Círculos. Ocupa tu puesto:

1º Círculo. El Encuentro. Presentación de la Formación, encuentro con la Bruja y el pasado, Sheila Na Gig. Altares.

2º Círculo. Solsticio de Invierno. Magia de la Tierra

3º Círculo. Conociendo a la Sombra. En el Reino de Perséfone. El poder de la palabra

4º Círculo. Equinoccio de Primavera. Magia del Aire

5º Círculo. La libertad sexual. En la senda de Lilith. El Matrimonio Sagrado

6º Círculo. Solsticio de Verano. Magia del Fuego.

7º Círculo. La justicia de la Ira. En la batalla con Morrigan. Encontrando el valor.

8º Círculo. Equinoccio de Otoño. Magia del Agua.

9º Círculo.1ª Parte: Reinando en la Oscuridad. Ataecina y Cerridwen. La muerte, el final. Nuevos comienzos.

2ª Parte: Dedicación a la Diosa Oscura. Frente a Hécate.

Para inscripciones o solicitar más información, escribid a

hijasdeladiosaoscura@yahoo.com

Te esperamos

Hyedra de Trivia

Sintiendo la magia

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Desde que el mundo es mundo, las personas nacemos con diferentes dones y capacidades. Algunas nacen siendo artistas y dotan de belleza lo que les rodea, otras nacen con grandes mentes matemáticas con las que dan sentido a las leyes de la física. Hay otras que dominan las palabras y las lenguas y son las voces de aquellos que no tienen, y otras parecen ver en los corazones ajenos y sanarlos. Algunas personas pueden crear lo que se propongan con sus manos y otras capturan nuestros sueños en melodías y canciones. Algunas nacen destinadas a sanar los cuerpos de otros o para ser maestras de nuevas generaciones. Y otras nacen con la capacidad de sentir las fuerzas que se mueven detrás de esta realidad, de ver los hilos que lo conectan todo. Esas son las brujas.

Y al igual que no todas las personas pueden ser doctoras, o músicos o artistas, tampoco todas pueden ser brujas. Porque el don de la bruja, su habilidad, lo que la hace distinta de los demás, es precisamente eso, ser capaz de sentir esas fuerzas, esas mareas de energía que el resto no percibe.

Si bien es cierto que, si alguien estudia, se esfuerza y practica puede llegar a pintar de una forma aceptable, o a tocar un instrumento o saber expresarse bastante bien, también es cierto que nunca creará una obra de arte, nunca será capaz de escribir una canción que perdure y llegue a los corazones de quien la escuche o escribir un libro que se siga leyendo siglos después. En el caso de la magia ocurre lo mismo.

Una persona puede estudiar mil grimorios medievales, todas las correspondencias mágicas, todas las corrientes mistéricas. Conocer muchos saberes antiguos y dominar todas las técnicas. Puede aprender mil hechizos y mil formas de conjurar las fuerzas de la naturaleza. Puede saber exactamente qué hierba o piedra usar en cada ocasión. En qué momento del mes o del año y con qué viento es preferible hacer cierto ritual, pero, si a la hora de llevarlo a la práctica no puede sentir lo que se mueve detrás de todo lo que ha aprendido, todo ese conocimiento será inútil.

Aunque en este punto es importante diferenciar, porque, aunque muchas personas nacen sin la capacidad de sentir este otro mundo dentro del mundo, otras nacen con ella y viven y crecen sin saberlo, porque algo bloquea esa capacidad. A veces es la educación que reciben, o un trauma infantil, o simplemente miedo a lo que no comprenden. Pero si en algún momento de su vida consiguen desbloquearlo y se permiten a sí mismas sentir sin miedo, el mundo cambia para ellas, se vuelve más grande, más brillante, más real.

Porque la fuerza que mueve la magia, lo que hace que todos los elementos de un hechizo cobren vida y aporten su poder al encantamiento, lo que hace que la magia funcione, es la voluntad de la bruja y su capacidad de unir esa voluntad a la energía de los elementos, a las fuerzas que habitan en la naturaleza. Y para poder hacerlo, la bruja tiene que sentir esas energías y esas fuerzas. La magia se basa, por encima de todo lo demás, en ser capaz de sentir. Y nadie puede enseñar a otros a sentir.

Podemos aprender todas las propiedades mágicas de un árbol, las leyendas que se cuentan sobre él, cómo crece, dónde, sus necesidades, qué partes de él se usan para según qué magia… pero si no conseguimos sentir el alma del árbol, al espíritu que habita en su interior, si no conseguimos sentir la energía que recorre sus raíces y diferenciarla de la que recorre su tronco o sus ramas, nos resultará muy difícil utilizar sus dones en nuestros hechizos.

Podemos conocer al aire, el fuego, el agua y la tierra y sus propiedades, pero si no conseguimos sentir su esencia y reconocerla en nosotras, no podremos dotar a nuestros hechizos de su poder. Podemos aprender muchos de los 10.000 nombres de la Diosa y muchas formas de invocarla, pero si no podemos sentirla, despertarla en nosotras, ese conocimiento no la traerá. Podemos saber que nos movemos entre los mundos, fuera del tiempo y el espacio, pero si no podemos sentir esos límites, si no somos capaces de sentir el río del tiempo ni ver los hilos del tapiz de la Diosa, no podremos moverlos en nuestros hechizos.

Y tampoco comprenderemos todo el poder que existe en algo tan sencillo como dibujar un símbolo en el aire, porque no podremos ver todas las fuerzas que se mueven detrás de un gesto tan inofensivo en apariencia.

Y aunque una bruja puede enseñar a otras todo su conocimiento aprendido, jamás podrá enseñarlas a sentir. Si alguien no siente el poder inmenso que hay tras el primer rayo de sol del amanecer, si no siente las pulsaciones del latido de la tierra cuando la toca, si no es capaz de ver el nexo que une todo lo que compone la creación, nadie puede enseñarle a hacerlo. Una bruja nace sintiendo que este mundo es más grande de lo que parece y vive toda su vida aprendiendo a moverse y trabajar con las fuerzas que lo rigen.

Y con toda la tristeza de su corazón aprenderá que, si otros no pueden sentirlo, ella no podrá enseñarles. Y aprenderá a aceptar que eso tampoco es malo, sino que simplemente,  su destino es otro.

 

Hyedra de Trivia

 

La Bruja ha vuelto

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Hace meses escribía que mis pies de bruja nómada se sentían inquietos porque llevaban mucho tiempo parados, y dicho y hecho, cuando una bruja pide, obtiene, así que la espiral de mi vida giró hacia una época de maletas, aeropuertos, carreteras y aventuras. Y al mismo tiempo que cubría distancias físicas, mi alma cubría distancias espirituales. Porque como dice mi querida Mariam Cárcel, también se puede viajar sin moverse del sitio y algunas experiencias son verdaderos viajes para el alma.

Avalon fue el primero de todos esos viajes y os confieso que me ha cambiado. No sé de qué otra manera explicar lo que hizo conmigo porque fui siendo Hyedra y regresé siendo más Hyedra aún y al mismo tiempo menos. Encontré allí una parte de mí que siempre eché de menos. Tal vez por eso anhelaba ir. Tal vez por eso soñaba con regresar a mi hogar, porque una parte de mi me estaba esperando allí, en casa. Y regresé trayendo conmigo esa parte, pero dejé allí otra aún mayor, y sospecho que cada vez que regrese, la parte de mí que se quede allí será más grande y para poder estar completa tendré que regresar una y otra vez a lo largo de mi vida. Tal vez ese es el hechizo de Avalon, robarte un pedacito de alma cada vez que vas.

Pero para ser sincera he de confesar que me costó conectar con su energía. El primer día me sentí desconectada, perdida. No lo conseguí hasta que dejé de buscar lo que esperaba, la imagen que yo tenía, lo que yo quería que fuera. Hasta que no dejé toda idea preconcebida aparte y me abrí al verdadero Avalon, no pude sentirlo. Pero cuando el velo de irrealidad cayó de mis ojos y pude ver… la vida cambió para mí.

Y lloré, dentro de mi lloré por una época que no puede regresar, por unos ideales a los que cuesta tanto volver, por todo lo que se ha perdido y no podremos recuperar. Esa era la idea que no dejaba de repetirme por dentro y me llenaba de tristeza: se ha perdido tanto, tanto…  Avalon me ha cambiado porque ha roto las fantasías idealistas que antes me impulsaban. Ahora sé que jamás volveré a mi hogar porque no está en esta época, ni siquiera en este mundo. Pero también me enseñó todo lo maravilloso que aún permanece y fue cuando estaba sentada en los jardines de la Abadía, cuando toqué la tierra y ésta respondió a mi llamada. Vibrando suavemente bajo mi palma, ascendiendo por mi piel hasta que tocó mi corazón y rompió la venda que no me permitía ver, sentir, el verdadero Avalon, el que yace bajo esas calles, esos cimientos, bajo la cristiana torre del Tor que no ha podido cerrar el vórtice de poder de la colina. Comprendí que Avalon es la tierra que hay debajo y el espíritu antiguo que la habita, esa tierra regada con la sangre de mil generaciones que han muerto en ella o soñando con ella. Es la promesa de que, aunque el tiempo pase y las sacerdotisas de hoy no vivamos en cabañas a los pies de la colina, seguimos siendo las mismas. Regresando con otros rostros, otras ropas, otros idiomas y razas, pero aún continuamos allí. Viajando desde todos los rincones del mundo respondiendo a la misma llamada.

Cuando levanté la vista y volví a mirar, creí que todo a mi alrededor había cambiado, pero en realidad la que había cambiado era yo misma. Las nieblas se habían abierto para mí y ahora podía ver. Todo brillaba, todo estaba conectado con el pasado de una forma que no había sentido casi en ningún otro sitio antes. Árboles centenarios, piedras vetustas. Nombres que han cruzado el tiempo de leyenda en leyenda y de época en época. Y vi, vi la magia que envuelve a la ciudad, a sus gentes, a las sacerdotisas de una Diosa que sonríe desperezándose de un largo sueño y que abre sus brazos a todos aquellos que la buscan, que la llaman entre la niebla.

Durante los días que permanecí en esa tierra mágica, viva y palpitante, viví como si antes hubiera estado dormida y aquello fuera mi verdadera vida, la real, la despierta. Y comprendí otro de los grandes secretos de las brujas. La magia siempre está ahí, brota de la tierra de una forma sencilla y continua. Lo rodea todo y a todos. Es cierto que en algunos sitios es más fuerte, más pura y más evidente, pero está incluso en aquellos lugares donde jamás la buscaríamos, porque es el pulso de la Tierra. Y a veces la idealizamos tanto, esperamos tanto de ella, la imaginamos tan espectacular, tan grandiosa, tan parecida a lo que aprendimos en los cuentos, que a pesar de tenerla delante no podemos verla. Porque no queremos verla. Pero la magia no es un cuento al igual que tampoco lo somos las brujas. Debemos dejar de idealizar y esperar un suceso milagroso o una visión de luces cegadoras. Debemos dejar a un lado nuestras expectativas, debemos dejar de intentar que las cosas sean como queremos para aprender a aceptarlas como son. Porque puede que esperemos un trueno que anuncia una gran tormenta y por ello no advirtamos la brisa que levanta el aleteo de una mariposa.

Cuando dejé Avalon lo hice sabiendo que regresaré, una y otra vez, porque esa brisa de mariposa me ha atrapado de una forma que a lo mejor una tormenta no hubiera conseguido. Me ha hechizado su sutileza, la belleza que radica en las raíces antiguas y, sobre todo, me ha hechizado la sensación de que si hay un lugar en el mundo al que pertenezco, es a aquella colina que una vez fue una isla y a sus manzanas y Diosas talladas en piedra.

Aprendí que, como todo en la vida, encontré mi hogar, encontré mi Avalon, cuando dejé de buscarlo como yo lo esperaba y me permití sentirlo tal como era.

Bienhalladas seáis todas.

La bruja ha vuelto.

 

Hyedra de Trivia

 

 

 

Pacto de brujas

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Fotografía de Gaël Sacré  

 

Cuantas más brujas me escribís y conozco, más convencida estoy de que todas venimos de aquella Primera Bruja de la que os hablé un día. Porque en el fondo, sea cual sea el nombre que nos demos, el lugar en el que habitemos, la clase de magia que practiquemos… todas sentimos igual, todas contamos las mismas historias, a todas nos emocionan los mismos pensamientos. Me habéis escrito desde todas partes del mundo, mujeres de todas las razas, de todas las edades, de todas las clases sociales y todas nuestras almas vibran igual. Y creo saber por qué, creo que todas, aparte de venir de la Primera Bruja, hacemos el mismo juramento eterno. Siempre he creído que las brujas, antes de nacer, hacemos un pacto con la vida y con todo lo que ésta engloba.

Pactamos con nosotras mismas, un pacto en el que nos comprometemos a dejar las puertas de la memoria entreabiertas para que puedan llegar a nosotras recuerdos de quienes hemos sido antes y recuerdos de quien seremos siempre, de nuestra verdadera identidad eterna. De esta forma cualquier objeto, cualquier encuentro con un alma conocida, cualquier antigua tonada puede sacudirnos y emocionarnos al reconocerlo como nuestro y recordarnos quiénes somos si alguna vez olvidamos.

Pactamos con nosotras mismas para no conformarnos nunca, para buscar la felicidad de ser, de existir tal como somos. Las brujas no se conforman porque sería un suicidio del corazón. No podemos vivir encerradas en una torre de banalidades y días monótonos y sin magia. Tampoco buscamos grandes emociones que desaten torrentes de adrenalina (al menos no la mayoría),  lo que importa son los detalles simples como apreciar la belleza del planeta, atrevernos a dar un paseo por un bosque en mitad de una noche de luna llena, o dormir al raso en una noche sin luna sintiendo que navegamos a la deriva en un mar de estrellas. Capturar el primer rayo del amanecer o bañarnos en medio de una laguna verde entre montañas. Sentir que pertenecemos a la tierra y que eso es bueno, que está bien no ser más que una de sus criaturas. Aquí es donde encontramos nuestra felicidad.

Pactamos con nosotras mismas para no huir ante los tiempos difíciles. Somos brujas, habrá muchos momentos difíciles en nuestra vida, porque serán los momentos en los que probaremos de qué estamos hechas. Cómo reaccionemos ante los momentos cruciales de nuestra vida será lo que nos defina. Esas ocasiones serán espejos en los que miraremos a los ojos de nuestra sombra y tomaremos decisiones que nos convertirán en grandes brujas que dejarán marca en el tiempo o agacharemos la cabeza y nos esconderemos en la nada. Nuestro pacto nos mantendrá en pie, porque sabremos que continuaremos adelante, más sabias, más fuertes y más poderosas que antes.

Pactamos con otras brujas para encontrarnos y recuperar el sentimiento de ser una tribu. Para recuperar esa hermandad entre mujeres que durante tanto tiempo nos estuvo prohibida pero que nunca hemos olvidado y nos empuja a reunirnos en círculos. Para unirnos en el camino y mostrárselo a otras, para dejar huellas claras y visibles que puedan seguir las que vengan detrás. Por eso no debemos enfrentarnos entre nosotras, no debemos juzgarnos. No sabemos qué han vivido las brujas que nos rodean, no sabemos de sus lágrimas, de las cicatrices de sus corazones, de los recuerdos que aún las persiguen. Lo que sí sabemos es que a veces una mano tendida es capaz de curar heridas antiguas y devolver a la senda a una bruja extraviada. No sabemos si nuestro pacto con ella fue ese, enseñarle el regreso al camino, así que nunca juzgues a otras, sólo deja tus huellas cerca, para que decidan si quieren seguirlas.

Pactamos con el viento para que inflame nuestra sed de conocimiento, esa que nos impulsa siempre hacia delante, para saber más, para conocernos más, para recuperar en nosotras todo ese saber que llevamos en nuestro interior y sólo espera una chispa para despertar. Nuestro pacto con el viento es simple: nunca dejes de bendecirme con tus dones y yo nunca dejaré de cerrar los ojos para sentir tu caricia en mi piel y escuchar las voces de mis antepasados en tus corrientes.

Pactamos con el fuego para que nuestra pasión nunca deje de arder y la apatía no nos gane la batalla. Habrá épocas de soledad, de dudas, de tristeza… pero el corazón del fuego no dejará de arder en nosotras, nuestra pasión nunca dejará de buscar nuevas formas de disfrutar del regalo de estar vivas. Nuestro pacto con el fuego es eterno: Nunca dejes de arder en mi corazón y yo nunca dejaré de bailar a tu alrededor en las noches de magia y hogueras.

Pactamos con las aguas para ser capaces de ver en nuestras profundidades. Para poder viajar en el mundo de nuestros sueños, para aceptar y someternos a los cambios profundos que nos transformarán en la bruja que estamos destinadas a ser. Nuestro pacto con el agua es de total entrega: méceme en el vaivén de tus olas y muéstrame los misterios de tus profundidades y yo nunca dejaré de cruzar la puerta que me abres a otros mundos y buscar en ti el secreto de lo que soy.

Pactamos con la tierra para recordar siempre lo profundas que son nuestras raíces y la materia de la que estamos hechas. Para valorar la magia del agradecimiento y aprender a recibir los dones materiales y a compartirlos con otros. Nuestro pacto con la tierra es fuerte: Dame un lugar donde apoyar mis pies al caminar, donde dar vida a mis sueños, donde alimentar mi cuerpo y yo nunca olvidaré que estás hecha de los huesos de mis ancestros, y que el palpitar de tu ardiente corazón es el reflejo del que late en mi pecho.

Pero el pacto más importante de una bruja es aquel que hace con lo que habita detrás de todo lo anterior, con el significado de la Vida, con lo que guía sus sueños, lo que se esconde tras sus emociones y lo que le espera al final del camino. El pacto que hace con la Diosa. Un pacto eterno hecho en los albores del tiempo y renovado una y otra vez, antes de cada vida. Un pacto de amor hacia la Diosa, hacia sí misma y hacia lo que le hace bruja: No me dejes olvidarte, no permitas que olvide quién soy, lo que soy, y yo nunca dejaré de buscarte en mí y de cantar los nombres con los que te han llamado con miles de voces durante miles de años.

Sí. Estoy convencida de que cada bruja hace un pacto antes de nacer. Un pacto de Vida forjado en el único lugar donde comprendemos su verdadero significado.

En la Muerte.

 

Hyedra de Trivia.

El refugio de la bruja

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Toda bruja tiene un lugar, un espacio, un rincón donde su magia toma forma física. Donde al cerrar la puerta o al final del día, se relaja y aflora su identidad más íntima. Donde el tiempo deja de existir formando momentos para convertirse en eternidad. Puede ser toda su casa, un cuarto, un pequeño altar o un rincón en el jardín. Allí reunirá todo lo que para ella es Sagrado y mágico. De él brota un latido, una pulsión atrayente que es difícil ignorar, igual que de niñas nos sentíamos oscuramente atraídas por las ilustraciones que nos mostraban la guarida de la bruja de los cuentos. Una torre en un castillo encantado, una cabaña en el corazón del bosque o una mazmorra húmeda y oscura. Toda bruja tenía su refugio, todas igual de interesantes, con mil libros, objetos extraños y rincones oscuros que nos moríamos por explorar.

Y esta bruja que os habla también lo tiene. Este lugar es donde escribo los pensamientos que fluyen hacia el papel. Donde busco las horas de la noche para probar nuevos hechizos y antiguos conjuros. Es aquí, entre estas cuatro paredes, donde gobierno sin competencia en el reino de mi mente. Aquí, en este pequeño lugar, existe una magia infinita.

Es casi una biblioteca, los libros cubren porciones de cada una de sus cuatro paredes. Libros entre cuyas páginas he volado a otros mundos o he aprendido a amar a este, libros que me enseñaron cómo vivían las brujas en tiempos en los que aún no las llamaban así y otros en los que he aprendido cómo perpetuarnos en este presente que se extiende infinito ante mí. He pasado muchas horas viajando entre sus letras, adentrándome en conocimientos ocultos o cuentos de hadas con secretos escondidos a simple vista. Sólo el hecho de alzar la vista y observar mi biblioteca ya hace que mi magia se desperece y cosquillee en el fondo de mi mente, lista para crecer y brotar. Y el rincón donde descansan mis lápices, donde dejo aflorar el impulso de crear mundos dándoles color, o manchar mis manos con el barro que conformará las estatuas de mis Diosas.

También es en parte un herbario, con estantes llenos de tarros de hierbas y raíces y otros ingredientes para hechizos. Con manojos verdes puestos a secar. Con cuencos, y cucharas y cordones de colores para dar forma a la magia, con pedazos de bosque que me recuerdan de dónde vengo, tanto yo como mi poder. Morteros donde he machacado mil sueños, mil ilusiones y deseos y los he mezclado con la fuerza de mi esperanza. Y un rincón con tres calderos, donde remover las aguas o encender el fuego de la sabiduría de la Diosa.

En el suelo, junto a una pequeña mesita baja, hay una alfombra tejida cubierta con cojines que invitan a tumbarse lánguidamente entre ellos mientras las runas, las cartas o el péndulo me dan sus mensajes arcanos, mientras escucho melodías pobladas de gaitas, flautas y violines. Sones que despiertan en mí recuerdos de otros hogares en otras vidas.

Cuando llega la oscuridad enciendo unas velas cuyas llamas danzantes se reflejan en el cristal de una bola sobre mi altar. Aspiro el aroma del incienso y miro alrededor, observo este sitio que es un reflejo de mí, de la bruja que lo habita, con mis colores, con las imágenes de mis sueños y mis emociones más secretas. Porque toda bruja acaba hechizando el lugar en el que vive dejando un poquito de su corazón en cada una de las estancias. Haciendo de su rincón especial un lugar creado para ser un umbral entre mundos, donde al final del día, cuando la puerta se cierre y se enciendan las velas, todas las sombras del mundo serán olvidadas y solo la luz de la magia importará. Allí será donde ella deje caer todos los escudos y abrirá el corazón de par en par, donde hundirá hondo las raíces que la unen a la tierra mientras su mente vuela por universos privados. Donde ha pronunciado tantas palabras mágicas que su eco ha acabado impregnando las paredes, testigos silenciosos de tantos anhelos susurrados a la noche… Donde ha luchado tanto con sus sombras que llegó un momento en el que se enamoró de ellas. Donde ha creado la mujer que es; hecha de magia, y secretos, y rayos de luna furtivos que se han colado a través de la ventana, buscando el roce de su piel y de su alma.

Y si algún día te invita a entrar, considérate afortunado, no todo el mundo puede ver alguna vez en su vida el refugio de una bruja. No todo el mundo puede ver por dentro su corazón.

Toda bruja tiene su refugio.

¿Cómo es el tuyo?

 

Hyedra de Trivia

Mensaje de la Diosa

And she wanders  RaphaelleM

And she wanders de RaphaelleM http://www.raphaellem.com/#/

 

Me estás buscando, puedo sentir cómo tus pensamientos vuelven una y otra vez sobre mí. He dormido muchos, muchos años, pero las voces por fin libres de mis Sacerdotisas me despertaron de mi sueño de siglos, llamándome con sus palabras vibrantes de risas, emoción y urgencia. Ven, me decían, vuelve, el mundo te necesita. Nosotras te necesitamos.

Observo cómo mi recuerdo despierta en el corazón de gentes de todos los rincones de este pequeño mundo, cómo la alegría derrite el miedo al castigo, a la culpa, y cómo los colores de mis estaciones destierran el gris de la tristeza. Observo cómo mis niñas, aquellas que siempre me guardaron, ya no se esconden cuando las llaman brujas, sino que levantan la cabeza y responden: sí…

Pero en realidad nunca me he ido. Siempre he estado aquí. Soy lo que se esconde en el último rayo púrpura del crepúsculo y resurge envuelta en oscuridad y tinieblas en la medianoche. Soy la plateada luna que baña el cielo de magia y tu corazón de esperanza cuando me buscas entre las nubes para contarme tus secretos de mujer. Soy aquella sensación de refugio que sentías en lo más profundo de ti en tus horas más oscuras, y el maravilloso abandono cuando llorabas entre los brazos de tu madre. Soy la risa cómplice que compartes con tus amigas, y los suspiros de placer por el roce de la piel de tu amante.

Soy eso que te empuja a buscar partes de ti que pertenecen a los bosques, soy el silencio sobrecogedor que no puedes explicar cuando contemplas el amanecer, soy la quietud y el oro de las últimas horas de la tarde. Soy la primera estrella que sale al anochecer y la última que se marcha en la mañana. Soy el latido de tu corazón y el primer aliento de tus hijos. Soy las lágrimas de desesperación que lloraste aquél día que nunca olvidarás, pero también soy la fuerza que te hizo poner en pie y continuar adelante.

Soy lo que mueve tus pies en esas noches en las que bailas cuando crees que nadie te está mirando. Soy la brisa que se cuela entre las hojas de los árboles y hace que casi jures que el viento te habla. Soy cada grano de arena que se escurre entre tus dedos cuando hundes tus manos en la orilla del océano. Soy la cresta de las olas cubiertas de espuma llevando la vida a la costa. Soy esa punzada en el estómago cuando te emocionas tanto que se te corta la respiración. Soy ese momento absolutamente perfecto en el que por fin comprendes quien eres y cuál es tu lugar. Soy la chispa que salta cuando tu mirada se cruza con otro compañero de vidas. Soy eso que te empuja cuando necesitas una dosis de valentía. Soy el baile de las ascuas que te mantiene junto al fuego sin poder apartar la mirada. Soy esa última flor sobre aquella tumba llorada. Soy la semilla que brota en primavera y también los terremotos, las inundaciones, los tsunamis… Soy la vida y la muerte, y la vida de nuevo. Soy lo que se marcha para volver a regresar.

Soy la que se esconde detrás de esa sensación que siempre has tenido, la certeza de saber que nunca has estado sola. Soy tu más preciado secreto. Y sé que me has buscado, aún sin saber ninguno de mis 10.000 nombres. Aún sin conocer ninguna de mis miles de historias. Me has buscado en cimas de montañas, en senderos perdidos entre árboles antiguos. Me has buscado en cuevas prehistóricas y en libros de leyendas de otros pueblos. Me has buscado en catedrales, en ruinas de templos blancos, en círculos de piedras y estatuas de museos modernos. Me has buscado en las palabras de otros, en visiones de otros y recuerdos de otros. Me has buscado sin saber que me buscabas, en las risas de los niños, en las confidencias a media voz con tus hermanas, en las cocinas de tus abuelas, en sus cuentos e historias en las que hablaban de mí sin saberlo…

Y sé que casi me has encontrado, casi… porque sé que a veces sientes que estás a punto de alcanzarme, pero me desvanezco. A veces casi piensas que soy solo un sueño, una ilusión, una esperanza vana de explicar todo lo que sientes y te hace sentir distinta. A veces estás a punto de abandonar la búsqueda, pero siempre hay algo que te hace continuar… algo que te habla y te pide que des un paso más. Sólo uno más.

Y es hora de que des ese paso. Tu vida ha sido un viaje que te ha llevado a este punto en el mapa de tu existencia. Has caminado un sendero en espiral que te ha guiado por todos aquellos lugares donde aún se me recuerda, donde aún se siente mi presencia. Has avanzado a través de cientos de experiencias que te han traído justo ante las puertas del lugar en el que resido. Casi estás frente a mi rostro, ese que has buscado aún sin proponértelo desde que tus ojos se abrieron a esta vida.

Búscame en ese lugar en el que siempre has sabido que me buscabas, ese en el que no caben las mentiras, ese sitio en el que nadie salvo tú conoce como suena el nombre que tú me has puesto, ese lugar donde sabes que eres inmortal y un día viste nacer el mundo. Búscame donde no hay fronteras, ni idiomas, ni dudas… Búscame en el lugar donde siempre he estado y desde el cual he observado cada uno de los días en los que seguías mi rastro. Búscame en el punto de partida que ha resultado ser la meta de tu viaje.

Búscame donde siempre te he esperado.

Búscame dentro de ti.

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo:¿Aprendices de todo o Maestras en vuestro camino?

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No es la primera vez que el hecho de tener tanta información al alcance me llama la atención por sus ventajas y desventajas, y es que ahora que estoy más en contacto con vosotras a través de los talleres, me he dado cuenta del bombardeo al que estamos sometidas continuamente y sobre temas de toda índole y escuela. Esta facilidad de encontrar información unida a la natural necesidad de conocer y aprender que sentimos todos cuando comenzamos en este camino, están creando una situación que antes también se daba, aunque creo que en menor medida. Y es que, en nuestro afán por saber de todo, se corre el riesgo de picotear en muchos campos y tradiciones, conocer un poquito de todo, pero finalmente no llegar a ser bueno o experto en nada.

Reconozco que en mi época también pasé por esa fase, me costaba mucho decidirme por una sola cosa, y aún hoy, a veces, tengo que luchar contra mi inclinación natural a querer saberlo todo ya. Pero en aquella época tuve lo que ahora sé que fue una gran ayuda, aunque entonces no lo viera así, y es que al no tener mucho dinero unido al hecho de que apenas se publicaran obras sobre paganismo me obligó a leer y releer muchas veces los mismos libros, y practicar continuamente los mismos ejercicios, rituales y hechizos. Gracias a ello, cuando conseguía material nuevo ya había practicado, estudiado e integrado lo anterior.

Hoy día esto es muy difícil a menos que, voluntariamente, nos impongamos esta costumbre. Y reconozco que hay personas a las que, por su propia naturaleza, les cuesta un mundo limitarse a un solo campo de nuestro saber.

Por eso a veces me pregunto si lo que siempre he creído que es mejor, no lo es para todo el mundo. Mi opinión siempre ha sido que para conocer bien algo y poder comprenderlo y llegar a ser bueno en ello, tienes que dedicarle tu atención y tu tiempo. Y una vez lo conozcas y lo hayas estudiado, puedes dedicarte a aprender otra cosa. No estoy en contra de conocer varios caminos, todo lo contrario, pero sí creo que para comprenderlos es mejor hacerlo de uno en uno. Especialmente cuando hablamos de magia, paganismo, religiones y creencias. Si se picotea en todas las tradiciones pero no se profundiza en ninguna, nunca pasaremos de ser aprendices.

Pero como he dicho, esta es mi opinión. ¿Qué opináis vosotros? ¿Sois de los que aprendéis de todo al mismo tiempo porque sois incapaces de decidiros? ¿o de quienes se centran en una cosa y la dominan antes de pasar a la siguiente? ¿Preferís saber un poco de todo o ser realmente expertos en algo? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia?

Hyedra de Trivia

Recuperando a nuestra Doncella

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The Force Autor de la imagen: TOMAAS tomaas.com

 

En esta época del año celebramos Imbolc, el periodo del año intermedio entre el Solsticio de invierno y el Equinoccio de primavera. Uno de los ocho radios que forman la Rueda del Año. Es el momento dedicado a todo lo que empieza, lo que se está gestando, lo que germina. Celebramos la promesa de una primavera que aún no es, pero que ya se está preparando para ser. Y a un nivel más personal y humano, celebramos el aspecto de Doncella de nuestra Diosa reflejado en nuestra propia infancia.

¿No escuchas unas risas que te llaman? ¿No sientes la necesidad de olvidarte de todo y jugar, y reír, y recordar que la vida es para ser feliz? Ella llega cada año para recordarnos que aquella niña que fuimos nunca se marchó del todo, que aún espera en el fondo de la mente de la adulta que somos hoy que cumplamos las promesas que nos hicimos,  que cumplamos nuestros sueños, y seamos las adultas que un día quisimos ser.

Aunque no todas tuvieron una infancia feliz.  Conozco brujas que de niñas fueron obligadas a crecer deprisa, con padres ausentes y hermanos pequeños a los que cuidar sin que fuera su obligación. Obligadas a ser madres sin haber terminado de ser niñas. Conozco a otras que tuvieron que soportar palizas (tanto a sí mismas como a sus hermanos y madres) por parte de una figura paterna violenta que desvirtuó para siempre su imagen de lo que es el hombre. También madres violentas y en ocasiones, ambos. Otras tuvieron madres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes y tuvieron que crecer sabiendo que no eran queridas. Otras fueron armas que sus progenitores usaban para arrojarse entre sí. Otras enfrentaron una muerte temprana de uno de los dos o ambos y aprendieron demasiado pronto el significado de la pérdida.

Cuando algo así pasa durante los años de la niñez, en la edad adulta cuesta mucho conectar con la Doncella porque significa dolor, tristeza o rabia y se bloquean los recuerdos. Cuando para las demás brujas es un momento de alegría y juego, para ellas es un tiempo de enfrentarse a fantasmas que aún duelen y corrompen nuestra magia desde dentro.

Ser bruja, sacerdotisa o chamana no es nada fácil. En algunas culturas nos llaman las sanadoras heridas porque no puedes curar a otras sin haberte curado a ti misma. Y todas, absolutamente todas, tenemos heridas que sanar porque hemos crecido en una cultura que tapa el dolor, tapa las experiencias negativas, tapa la infelicidad. Nos obligan a sonreír continuamente, a decir siempre que todo está bien, incluso hay frases motivadoras que animan a sonreír como señal de fortaleza cuando por dentro te estás rompiendo. Y es un tremendo error. La verdadera fortaleza reside en reconocer que no estás bien y en pedir ayuda para superarlo. Pero está mal visto, porque desde niñas nos han dicho que está mal quejarse, que lo que nos ocurre son “tonterías”, que no pienses en lo que te hiere y te animes…

Y cuando llegamos a la edad adulta no sabemos ser felices, no sabemos reír. No sabemos amar y mucho menos amarnos. Y cuando una mujer, una bruja, se da cuenta de esto y comienza conscientemente a curar sus heridas, destapa el dolor enquistado en su alma y sufre, a veces tanto que el miedo le atenaza y renuncia. Y se acostumbra a un dolor moderado, relativamente controlado y que se reduce a un sordo latido que le permite sobrevivir, pero no VIVIR.

Pero si no se rinde, si a pesar del estallido de dolor continúa adelante y se enfrenta a sus recuerdos y los mira cara a cara desde sus ojos de bruja adulta, una nueva vida se abre ante ella. Una nueva vida donde podrá darse permiso para ser feliz, para disfrutar de cada día de su vida sabiendo quién es. Y lo más importante, podrá ayudar a otras a sanarse.

Las heridas que nos hacen de niñas son muy peligrosas, forman cicatrices muy profundas y sobre ellas construimos nuestra identidad. Todo lo que somos, cómo vemos el mundo y cómo nos enfrentamos a él se basa en esas heridas mal cicatrizadas.  A veces para curarlas tenemos que deshacernos enteras y volver a crearnos desde unos cimientos sanos. Y hay que ser muy valiente para auto destruirse y volverse nada, para volver a crearse desde esa nada renunciando a todo lo que se era para poder SER.

Hay veces que solas no podremos. A veces hemos sepultado el dolor tan hondo que no llegamos a su núcleo. En ese momento no debemos dudar en pedir ayuda. Hay psicólogas y psiquiatras muy buenas que pueden guiarnos al corazón de lo que nos atormenta y luego traernos de vuelta. Algunas de ellas también son brujas y pueden enseñarnos a perdonar a aquellos que nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotras mismas por haber llegado a pensar que era culpa nuestra y nos lo merecíamos, porque la mayoría de los niños se culpa por las acciones de los adultos.

Pero cuando una bruja se sana y consigue reparar las heridas de su infancia, su poder se vuelve inmenso. Es en ese momento cuando la bruja viaja hacia su centro y allí, se encontrará con la niña que fue, la abrazará y podrá decirle:

-“No te preocupes, todo está bien. Mira quién soy ahora, mira quién somos. Voy a devolverte lo que no tuviste. Prometo reír todas las risas que te robaron. Prometo jugar todos los juegos que te prohibieron, prometo soñar los sueños que no te atreviste a tener. Prometo bailar por todas aquellas veces que tu tristeza te lo impidió. Prometo crear un futuro donde no duelan los recuerdos del pasado. Prometo vivir para convertirme en la mujer de la que cualquier niña se sentiría orgullosa de ser. Prometo ser tan fuerte como para atreverme a pedir ayuda si algún día lo vuelvo a necesitar. Prometo darte todo lo que no pudiste tener: millones de sonrisas y miles de días felices.

Me lo prometo.”

Y cuando lo hayas conseguido, ven a jugar conmigo.

Yo te estaré esperando.

 

Hyedra de Trivia

 

Ellos. Los brujos.

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Imagen: Herne Autora: Lorelyne http://lorelyne.deviantart.com/

Siempre hablo de brujas, ¿verdad? ¿Qué pasa con los brujos? También hay brujos y no los mencionas, me decís a veces en vuestros comentarios. Sí los hay, os respondo. Están incluidos en mis textos, ellos siempre están presentes. Aunque como la gran mayoría de quienes me leen son mujeres, siempre hablo en femenino. Pero…

Hoy quiero hablaros de ellos. Claro que hay brujos, en mi vida hay unos cuantos. Es cierto que no muchos, su número es escaso, pero los pocos que hay valen por cientos. Hay distintos tipos  así como hay distintos tipos de brujas, pero yo os voy a hablar de los que  conozco. De aquellos con quienes comparto mi camino y de todos aquellos que son Hijos de la Diosa.

Reconozco que ser un brujo hoy día es difícil. Son hombres íntegros, porque habiendo nacido dentro de un sistema patriarcal, han tomado la decisión de romper con él y volver sus pasos hacia otro completamente diferente. Han decidido mirar a los ojos a una Diosa Mujer y han decidido quedarse allí, entre esos brazos que no juzgan, que no ordenan, que no someten. Simplemente esperan, pacientes, a que poco a poco vayamos encontrando el camino hacia Ella.

En sus palabras se siente una emoción que pocas veces se ve en otros hombres. Me cuentan cómo desde niños se sentían distintos, cómo algo dentro les llamaba y buscaban un sentido a su vida más allá de lo que solían hacer otros de sus amigos. Su forma de ver la vida, a la mujer, a sus amigas, hermanas y madres y a la misma Naturaleza, era distinta del resto. Su forma de entender cómo funciona este planeta, la religión, su percepción de la magia, era distinta…

Son hombres sinceros, porque para caminar por este camino y avanzar se requiere de ellos una honestidad brutal. Primero tienen que enfrentarse a sí mismos y reconocer que todo lo que les han enseñado desde niños está equivocado. Que el papel que se espera de ellos y para el cual han sido preparados no es el rol para el que han nacido. Deben, por decisión propia, despojarse de muchos comportamientos aprendidos, de ideas y prejuicios que la sociedad nos inculca desde la cuna. Deben hacer un examen profundo de quiénes son, de qué les sobra para convertirse en quienes quieren ser y enfrentarse a sí mismos y a la Diosa a la que quieren seguir, desnudos. Sólo así pueden saber la verdad sobre el mundo y su lugar en él.

Son valientes, porque las brujas no abandonamos el mundo y nos retiramos en clausura. Continuamos entre la gente. Nos relacionamos con nuestro entorno y la mayoría de nuestros amigos y familiares no son paganos.  Requiere mucha valentía ser un seguidor de la Diosa en un mundo de Hombres: enfrentarse con los hombres que les rodean día a día y a sus comentarios y hábitos arraigados desde hace siglos requiere mucho valor y coraje para combatirlos. Para demostrar que hay otras maneras de ser hombre. Para exponerse al rechazo y desprecio de sus semejantes.

Son hombres curiosos. Les interesa tánto el mundo interior de la mujer que se acercan a nosotras como niños, con mil preguntas y un halo de sorpresa al descubrir lo diferentes que somos. Lo iguales que somos también. La voz les vibra cuando invocan a la Diosa, pero aún les vibra más cuando invocan al Dios, porque en la figura del Señor Astado encuentran una afinidad que no han encontrado antes en nada. Un Dios orgulloso de su naturaleza salvaje, fértil, libre y amante. Esposo e hijo. Siempre consorte junto a Ella. De su lado y de su mano. Un Dios al que no se le exige que cuide, que provea, que sirva o domine. Simplemente ser su compañero, junto a Ella. En libertad.

Y esa libertad brota en chispas de luz de los ojos de los brujos, en los que se adivina la sombra verde del bosque en el fondo.  En ellos se aprecia la fortaleza de las antiguas piedras sagradas, la sabiduría de los siglos que se hunde en el tiempo como las raíces de árboles milenarios. Y en sus risas se adivina la frescura de la espuma de las olas cuando rompen en la orilla. Compartir unas horas de conversación con un brujo, es atisbar un poquito de lo que la Humanidad podrá ser cuando se sacuda las ideas que la encadenan.

Son artistas, músicos, bailarines, artesanos, escritores…. Pero también son carpinteros, informáticos, estudiantes, psicólogos, historiadores….

Su magia es poderosa, como la nuestra. Y junta es fuerte y duradera. En los rituales emana de ellos en oleadas suaves y potentes, ligeramente diferente de la nuestra pero complementaria. Cuando se unen las voluntades de todos, se crea una energía cálida y casi podría decir  saciante. Como si hubiéramos conseguido aquello a lo que aspiramos. Ser todos juntos, por encima de todo, personas.

Nuestros brujos tienen ahora una responsabilidad enorme sobre sus espaldas. Nosotras llevamos mucho tiempo recuperando y reconstruyendo nuestros ritos y nuestra identidad, pero sobre ellos recae la misión de ayudar a crear a un nuevo Hombre. Son ellos los que tienen que guiar a las nuevas generaciones masculinas mostrándoles que hay otro camino. Diseñando ritos de paso basados en la colaboración, el respeto y el amor y no en la lucha, la potencia física y el dolor. Son ellos los que, con su ejemplo, abrirán nuevas sendas para otros. Y es difícil, porque aquellos hombres que quieran acercarse a la Diosa tienen que aprender lo que, en mi opinión, más le cuesta al Hombre debido a la forma en la que se le ha educado: mostrarse vulnerable. Dejar caer todos los escudos y defensas y acercarse a la Diosa con todas sus emociones y sentimientos a flor de piel, con el corazón en la mano y decirle:

-Toma. Es tuyo.

Porque esa será la forma en que lo recupere.

 

Hyedra de Trivia

 

(Dedicado a Saucco y a Hector. Mis hermanos, dos de los brujos que están destinados a guiar a esa nueva generación de Hombres y que, día a día, me demuestran lo que es ser un Hombre de verdad. Y a Rafa, ya sé que no eres pagano ni brujo, pero tú también eres uno de esos nuevos hombres tan necesarios y con tu ejemplo y tus palabras, muestras el camino a otros. Os honro a todos)

Brujas debatiendo: Una bruja de cara al mundo

Reunión de brujas

Fotograma del film “El Crisol”

 

Esta es una de las novedades de las que os hablé. Aquí tendréis voz. A partir de ahora publicaré las nuevas entradas los lunes y los viernes los reservaré para vosotras. Cada viernes propondré un tema a debatir y podréis contar y exponer lo que queráis.

Y para inaugurar la sección se me ha ocurrido que podríamos hablar de cómo ha sido nuestra experiencia con nuestro entorno. Cuando nos presentamos como brujas ante el mundo, ¿Cómo han reaccionado? ¿Qué anécdotas podemos recordar? ¿Aún estáis en el armario de las escobas?

Contadme quiénes sois, cuál es vuestra tradición, cuál es vuestra historia. Este post es todo vuestro.

Recordad que es un debate, ante todo os pido respeto y empatía. Los comentarios groseros o insultantes no serán publicados.

Os cedo la palabra de bruja. Bienvenidas.

Hyedra de Trivia

Demuéstralo, bruja

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The Enchantment Autor de la imagen: Raphaelle Monvoisin http://raphaellem.deviantart.com/art/The-Enchantment-489708230

No es sólo la soledad. No es sólo la dificultad de encontrar amigos o parejas. No es sólo vivir y ver el mundo de una forma distinta al resto. Hay algo más a lo que las brujas tenemos que enfrentarnos durante nuestra vida y, esta vez, es algo que nos toca a todas. Brujas de todos los países, culturas, tradiciones o cultos, todas hemos de hacer frente a las burlas, el rechazo, el desprecio, los insultos y el desdén.

Loca, ingenua, tarada, infantil, inculta, timadora, fraudulenta, fanática, crédula… ¿Os suena alguna? Y algunas más… cada una de vosotras guardará dentro la que más le ha dolido. Quien más y quien menos, ha tenido que enfrentarse a personas y situaciones en las que se ha sentido acosada, despreciada o directamente rechazada por ser como es.

Hace años, muchos, cuando era muy joven, solía entrar en debates sobre magia y brujería con personas no ya no creyentes, sino totalmente opuestos a cualquier idea o tema mágico. Durante muchos años, fruto de la impulsividad de la juventud, intenté defenderme a mí y a mis creencias frente a gente completamente cerrada a ello. Sentía su desdén, su desprecio y sus burlas y por dentro hervía de ira y me preguntaba por qué. Qué les había hecho yo para que me atacasen así. Y casi siempre llegaba, envuelto en una sonrisita sardónica, el inevitable reto: Si eres bruja, demuéstramelo.

Demostrarlo… Hoy me río. En aquella época sentía muchísima tristeza por ellos, porque no podían ver y comprender. Porque no querían hacerlo. Hoy soy yo la que comprende. Hoy entiendo el por qué de su actitud y comprendo cuál debe ser la mía.

Demostrarlo. Yo no tengo que demostrar nada a nadie salvo a mí misma. Lo que yo sea o deje de ser es algo que me incumbe sólo a mí y a mi comunidad mágica. Soy una bruja pública, sí, al igual que los sacerdotes de cualquier otra religión son figuras públicas. Pero nadie reta a un obispo católico para que demuestre que lo es. Tampoco a un reverendo, a un imán, a un rabino o a cualquier otro representante religioso.

No es culpa nuestra que en la mentalidad general perdure aún la imagen de la bruja de las películas y los cuentos, de piel verde, rayos saliendo de la punta de sus dedos y una escoba con la que recorren el cielo nocturno. Esto último es algo que me gustaría mucho, la verdad, pero todas sabemos lo qué es real y lo qué no. La mayoría de la gente no lo sabe, y además no le importa. Por eso, cuando tienen delante a una de nosotras y se enteran de que afirmamos ser brujas, se ríen y nos retan. Porque creen que nosotras también nos referimos a las brujas de los cuentos y nos tratan como a tontas, como a pobres ilusas. Como a locas.

Pero en la actualidad, la brujería y las religiones paganas están experimentando un auge notable y estamos empezando a ser figuras visibles en la sociedad. Las brujas de verdad estamos en todas partes y ya no tenemos que demostrar nada a nadie. La incultura, el desconocimiento y la mala costumbre que tiene el ser humano de atacar lo que no conoce ya no es nuestro problema. Puedo entender que otro me insulte o rechace porque no comprende lo que soy, pero ahora, a mi edad y con mi experiencia, ya no me afecta. Porque ahora sé que las opiniones, las ideas y actitudes de otros les atañen sólo a ellos, me demuestran quiénes son ellos, no yo. Si alguien me dice que las brujas no existen yo no voy a desaparecer o a dejar de ser  sólo por su opinión.  No voy a dudar de mí por las ideas de otros.

Yo sé quién soy y sé que no es mi misión demostrar nada, pero sí puedo crear un hueco en la sociedad para todas las que son como yo y para las que vendrán después. Y esto sólo puedo conseguirlo con mis actos. Con mi ejemplo.  Con mi forma de vida. Siendo yo y mostrando al mundo lo que son las brujas. Mujeres que recuerdan y honran a sus antepasados y a los antiguos espíritus de la Tierra.

Las brujas no hacemos proselitismo, no intentamos convertir a los demás a nuestras creencias. Quien quiera conocernos y conocer la brujería debe buscarnos a nosotras, no al revés. Pero sí exigimos el mismo respeto que el resto de religiones. Tan fácil como eso. Tan difícil como eso. Respeto.

Cada vez que alguien diga que no cree en brujas, simplemente ignoradlo. Cuando os encontréis frente a alguien de esta índole y pretenda burlarse o humillaros, simplemente comentad que la religión pertenece a vuestro ámbito privado. Si os encontráis fuertes y os apetece debatir, adelante, pero hacedlo por diversión, tenéis que ser conscientes de que hay gente que no quiere escuchar y discutirá todo lo que digáis sólo por crear conflicto. No dejéis que os afecte, recordad siempre que lo que os da vuestro poder está dentro de vosotras, no en los ojos de los demás.

Y cuando alguna vez alguien os rete a demostrar que sois brujas, miradle dulcemente, sonreíd y antes de girar y marcharos decid:

Ya lo hago.

Estoy respirando.

 

Hyedra de  Trivia

Gracias, brujas

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Imágen: “Old Religion” de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Magia de Bruja

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Imagen: Sashah’s Spell de Emma Lazauski

Las velas iluminan levemente el claro del bosque. El incienso impregna tanto el aire como mi mente con un aroma especiado y el humo asciende transportando mi petición a la Diosa. Un pequeño fuego arde en el caldero y la luna llena asoma por el horizonte. El altar está preparado. Es la hora de la magia.

La magia. Todas hablamos de ella. La vivimos, la creamos, la sentimos. Estamos hechas de magia y basamos nuestra identidad como brujas sobre ella. Para algunas personas es un misterio, para otras algo complicado, una gran mayoría ni siquiera cree que exista. Pero para nosotras es lo que da vida al mundo y, además, sabemos que todas las personas somos mágicas.

Las partículas que forman cada elemento en este universo se mantienen unidas por una fuerza que emite una vibración. En nuestro planeta cada árbol, planta, animal, persona, piedra… todo, hasta la misma Tierra, vibra y esa vibración genera energía.  Pero no todo vibra igual. Hay distintas frecuencias y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, somos muy sensibles a los cambios de frecuencia.

A todos nos ha pasado que, al conocer a alguien, sentimos que conectamos de inmediato. O por el contrario, hay personas con las que nunca encajamos y aunque no hay nada en ellas que nos haga rechazarlas, lo cierto es que no estamos cómodos a su lado. Esto se debe a que vibramos en la misma frecuencia que ellas o en otra completamente opuesta.  Porque como ya habréis escuchado en muchos sitios, todo lo que vibra igual se atrae y lo contrario se repele. Y además, cada sentimiento, cada emoción, cada ámbito de la vida y lo que nos rodea, tiene su propia vibración. El amor, la salud, la prosperidad, el hogar, la familia, la amistad, la suerte, la felicidad… el odio, la envidia, la desesperanza, el miedo, el terror… cada uno vibra en una frecuencia determinada.

La magia consiste en cambiar voluntariamente nuestra propia vibración para que esté en la misma frecuencia de aquello que queramos atraer. Y para ello, usamos nuestra voluntad y otros elementos naturales que ya vibran así para ayudarnos. Mediante el trance y la visualización “engañamos” a nuestra mente haciéndole creer que ya tiene aquello que desea, y potenciamos la sensación con palabras, melodías, hierbas, piedras, colores y olores que vibran como lo que deseamos.  Por eso hay hierbas, minerales, inciensos y velas específicas para el amor, la suerte, la sanación, la limpieza espiritual… palabras que forman hechizos…lo que se ha llamado desde siempre magia simpática.

Todos cambiamos nuestra vibración a menudo sin ser conscientes de ello. Sabemos que determinada canción nos alegra cuando tenemos un mal día, decimos que nos da energía… Sabemos qué película nos provoca una carcajada cuando estamos decaídos o con qué amigo hablar según nuestro estado de ánimo… También sabemos que determinados momentos del día o del año nos hacen sentir de una manera especial. El amanecer nos hace sentir esperanza, porque hace que todo vibre en la frecuencia de las cosas nuevas, de todo lo que empieza. El atardecer nos vuelve reflexivos y nostálgicos, porque vibra en la frecuencia de lo que acaba de forma tranquila y el descanso.  Nos vestimos de un color u otro según nuestro humor y preferimos lugares según nuestras emociones. Todo ello altera nuestra vibración.

Si nos ocurren cosas malas y nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza, acabaremos atrayendo más sucesos que vibren igual. Y es entonces cuando hablaremos de mala suerte, o mal de ojo. Los casos de mal de ojo son muchísimo menos numerosos de lo que la gente piensa y las rachas de mala suerte casi siempre son casos de vibraciones en frecuencias perjudiciales, y que además se convierten en círculos viciosos porque cada vez nos sentimos peor y eso hace más difícil conseguir cambiar la vibración.

Pero hay ocasiones en los que la magia no funciona. Por muchos hechizos que hagamos para conseguir lo que necesitamos, por mucho que  tratemos de influir en la vibración, hay veces en las que no hay manera de que funcione. Eso no quiere decir que lo estemos haciendo mal o que la magia no exista. Es simplemente que no debemos conseguirlo. Cada una de nosotras ha nacido con una misión vital, una lección que hemos venido a aprender. Si lo que queremos atraer con la magia va en contra de esa lección o nos aleja de nuestra misión, simplemente no sucederá. Esa vibración en concreto estará bloqueada para nosotras.  Imaginad que habéis venido a esta vida para aprender el valor de lo sencillo y de las cosas pequeñas. Por muchos hechizos de abundancia y prosperidad que hagáis jamás funcionarán, nunca seréis ricas porque la vibración de la riqueza está bloqueada para vosotras. Al menos en esta vida.

Y esto nos lleva a la regla de oro de las brujas. Nunca, jamás, por nada del mundo se debe hacer magia para influir en la voluntad o cambiar la vibración de otra persona. Nunca. Es su energía, forma parte de esa persona tanto como su cuerpo. Tratar de influir en ella para imponer nuestros deseos es una violación. Ni siquiera para hacer algo en su beneficio. Ni para hacer rituales de sanación. Si nos preocupamos por alguien y queremos beneficiarle con nuestra magia, lo primero que haremos será pedir permiso. Sin su permiso no hay nada que hacer. Y esto incluye al amor. Si tienes que obligar a alguien a que te quiera, eso ya no es amor. Es dominación, tozudez, egoísmo… y así serán las vibraciones que provoques, por lo que nunca encontrarás amor de verdad y lo que obtengas no merecerá la pena porque no te hará feliz. Ni a ti, ni a la persona que dices amar.

La magia es un regalo. Una más de las habilidades naturales del ser humano y que nos conecta con todo lo que nos rodea. La magia nos ayuda a comprender que formamos parte de un todo eterno, infinito, que compone una melodía que nos envuelve a todos y nos hace bailar al ritmo de la vida. Cómo sea tu tonada, cómo vibre tu canción, depende de cómo decidas vivir.

En mi hechizo, cierro los ojos y respiro profundamente mientras mi identidad eterna recuerda quién es y se centra en su lugar en el mundo, entre el cielo y la tierra. Entre lo que es arriba y abajo. Entre este mundo y el otro, donde ocurren los milagros.  Cuando me siento una con la creación, dibujo el círculo a mi alrededor y llamo a los cuatro elementos para que su energía complemente a la mía en esta noche de magia y sueños.  Y en el centro, evoco en mi interior a la Señora de la Vida y la Muerte, a la Gran Diosa de la brujas para recordar que su poder es el mío y fluye por mi piel hasta la punta de mis dedos.

Las imágenes de mi futuro en el que he conseguido mi objetivo no abandonan mi mente mientras cargo con ese poder los objetos que voy a usar. “Visto” las velas de colores con aceite acariciándolas con mis dedos mientras me veo feliz. Encanto las hierbas que necesito con rimas sobre su poder. Despierto el poder de las piedras cobijándolas en mis manos mientras les susurro bajito lo que necesito de ellas. Concentro todo el objetivo de este hechizo en una sola palabra que primero es sólo un murmullo. Me mezco suavemente mientras la palabra se convierte en una especie de cántico y caigo en un pequeño trance. Me dibujo a mí misma en un papel tal como seré en ese futuro con el hechizo cumplido, lo cubro con pellizcos de las hierbas encantadas y lo doblo. El cántico aumenta de ritmo y de volumen. Prendo el papel en la llama de las velas encendidas y arrojo el dibujo al fuego transformador acompañado de más puñados de hierbas. Mientras arde, comienzo una danza alrededor del caldero y la luna llena cada vez asciende más alto, bañándome con su luz de plata al tiempo que mi voz se convierte en un grito y mi danza alcanza su punto más frenético. Y finalmente, con un último giro y un grito final, la energía me abandona para fundirse con el universo y comenzar a trabajar en ese futuro imaginado que acabo de crear. Agotada, descanso en el suelo mientras mi corazón recupera su ritmo y mi respiración se acompasa con el ritmo de la tierra. Lento y profundo.

La magia está hecha.

Acerca tus manos, frótalas y siente el cosquilleo en tus palmas y tus dedos. Ese calor que emana de ellas, esa energía, es tu magia. Es la vibración que las partículas que te conforman emiten en su trabajo de mantenerse unidas. Practica con ella, conócela, trata de cambiar la frecuencia en la que brota al exterior. Y comienza a hacerlo con el hechizo más sencillo pero que es capaz de cambiar el mundo.

Simplemente sonríe, bruja.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

La soledad de la bruja

Nocturnal whisperings Autor de la imagen: Wyldraven wyldraven.deviantart.com

Nocturnal whisperings
Autor de la imagen: Wyldraven
wyldraven.deviantart.com

Algunas de vosotras me habéis escrito para contarme que os sentís solas. Que es difícil tener amigos de verdad o incluso una pareja que os comprenda. Decís que ser bruja es un camino muy solitario. Y comprendo muy bien cómo os sentís, porque durante muchos años yo también me sentí muy sola. Lo primero que conocí cuando llegué a este mundo fue una caja de cristal. Pasé mis primeros quince días de vida apartada del resto de las personas encerrada en  una incubadora. Aislada de mis padres, de mis familiares, de enfermeras y médicos. Sin apenas caricias, sin el tacto de otra piel. A solas conmigo misma mientras todo lo demás me llegaba amortiguado, lejano y ajeno a mí.  Y todavía hoy, a veces, creo que en realidad nunca abandoné aquella caja. A veces siento que nunca dejaré de mirar el mundo a través de unas paredes de cristal.

He estado sola durante muchas épocas de mi vida y no porque yo lo escogiera, sino porque nadie a mi alrededor se interesaba por mí con un interés real y sincero. Durante muchos años esa soledad dolió porque siempre me ha gustado tener cómplices en la vida, gente cercana con la que compartir pensamientos, sentimientos, ideas, sueños… Tenía mucho dentro de mí para dar. Pero lo cierto es que ser una bruja me convertía en una minoría y me resultaba muy difícil encontrar personas  como yo.  Muchas veces se han acercado a mí buscando lo diferente, lo especial. Tal vez confundidos en cuanto a lo que significaba ser bruja y sin conseguir ver tras el misterio la verdadera persona que yo era. Cuando descubrían que sólo por estar cerca ellos no iban a convertirse de la noche a la mañana en aquello que les llamaba la atención de mí, se alejaban. Y poco a poco me fui haciendo más cauta, más desconfiada.

Pero afortunadamente soy una persona introvertida, así que en aquellos momentos, a pesar de echar de menos a alguien a mi lado, siempre disfruté de mi tiempo a solas. Y ahora, tantos años después, sé que es en esa soledad cuando una bruja realmente tiene la oportunidad de alcanzar todo su potencial.

Cuando estamos a solas nos relajamos. Nos permitimos comportamientos y actitudes que frente a otros refrenamos. Bajamos la guardia y somos quienes somos de verdad. Pero hay personas que son incapaces de estar a solas consigo mismas. Son aquellos que apagan el silencio encendiendo la televisión o la radio. Que llaman por teléfono para hablar con quien sea. Que pasan cada segundo conectados en las redes sociales… Son personas que no saben qué decirse porque no se conocen. Tienen miedo de escucharse, de hablarse, porque creen que corren el riesgo de no gustarse, y para evitar enfrentarse a su verdadero yo se esconden de su soledad rodeándose de voces, de imágenes, de silencios rotos por cualquier cosa.

Y no se puede ser feliz huyendo de uno mismo. Y mucho menos cuando es una bruja la que huye, porque lo que busca, el fin mismo de ser una bruja, se encuentra dentro de ella.

Si echo la vista atrás me doy cuenta de que los momentos más felices de mi vida han sido a solas conmigo misma. Disfrutando del momento y nada más. Leyendo un libro, paseando por un rastrillo una soleada mañana de domingo. Viendo llover tras la ventana o caminando entre la niebla. Y pensando… Siempre pensando. Sintiendo. Siendo yo y permitiéndome ser yo sin juzgarme. Me gusta como soy, me lo paso muy bien conmigo misma y si esto es así, es porque me permito hacer lo que me apetece sin cuestionarme qué pensarán otros de lo que estoy haciendo o de mis gustos. Escucho la música que me gusta. Veo las películas que me gustan. Leo los libros que me gustan. Me comporto como me gusta ser. Y me importa un pimiento si a los demás les parece bien o no. Porque los demás no son yo. Sólo me hago unas cuantas preguntas: ¿Esto me gusta a mí? ¿Me hace sentir bien? ¿Me alegra la vida? ¿Perjudico a otros o a mí misma con ello?

Y nada más. Cuando paso tiempo a solas no me importa si mi pijama es viejo o llevo la falda torcida. No me importa si tengo un michelín o dos. No me importa estar despeinada o no haberme depilado las piernas. Me importan las maravillas que ocurren en mi mente, las risas disfrutando de una película, me importa la sensación de alegría que me invade cuando aprendo algo nuevo que me resulta interesantísimo y me importa sentir en un momento dado que ese es el sentido de la vida, disfrutar de mi misma sin preocuparme de nada más. Y me importa saber que, si soy capaz de hacerme feliz a mí misma, nadie que no sea yo será capaz de hacerme infeliz.

Cuando te acostumbras a pasar tiempo contigo sin juzgarte y simplemente disfrutando de ti, tu mente se abre y te cuenta cosas… y siempre es más sabia de lo que pensamos. Cuando acallamos el mundo y nos dejamos ser, nuestra esencia se revela poco a poco, abriéndose a nosotros y mostrando lo que llevamos dentro. No todo nos gustará, descubriremos cosas que nos harán sentir incómodas, pero forma parte del proceso de conocernos y aceptarnos. Al fin y al cabo, es la misma Diosa la que habita dentro de nosotras. Si queremos llegar a Ella, tenemos que pasar por nosotras primero.

Descubrir todo eso que somos bajo la superficie será lo que nos convertirá en verdaderas brujas. La magia nace de ti, el poder no es algo exterior que tengamos que alcanzar. Nuestro poder crece en nosotras, con nuestra práctica y nuestro conocimiento.  La soledad es el momento perfecto para crecer, para avanzar por este camino y aprender quiénes somos.

Hace muchos años que ya no estoy sola. Estoy rodeada de personas que me quieren, mi pareja, amigas y amigos que me comprenden y una red de brujas que me hacen saber que ya no estaré sola nunca más. En nuestros tiempos es fácil encontrar a otras. Buscad en internet, buscad círculos de mujeres, grupos paganos en vuestras ciudades y países, encontrad vuestro lugar entre otras brujas. Pero primero, no rechacéis la soledad. Conoceos, aceptaos. Aprended a disfrutar del tiempo a solas porque puede que llegue un momento en el que lo echéis de menos.

Si queréis ofrecerle algo al mundo, primero tenéis que descubrir quiénes sois y qué lugar ocupáis en él. Cerrad la puerta, acallad las voces y sentaos en silencio a conversar con lo que sois. Y cuando queráis saber cómo es el mundo y qué lugar podéis ocupar en él, alejaos y observadlo a través de unas paredes de cristal. Distanciaos de él.

Y cuando sepáis quiénes sois, cómo es el mundo, y el lugar que os corresponde en él, romped el cristal y tomad vuestro sitio.

Descubrid el misterio que os está esperando en la soledad.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La cueva de las brujas

Samhain Goddess Autora de la imagen: Arwens Grace

Samhain Goddess
Autora de la imagen: Arwens Grace

Estos días regreso del pasado. Regreso de unos bosques antiguos y vivos donde a cada paso nos sabíamos acompañadas por sombras que se movían en los límites de la visión. Unos bosques poblados por ecos de risas encantadas y movimientos furtivos descubiertos por el rabillo del ojo. Regreso de las profundidades de la Madre, de pisar hojarasca y encallarme en el lodo de su suelo. Regreso de ser Vida y arder en el recuerdo del fuego de un pasado que, entre magia, las brujas trajimos de vuelta. Regreso de caminar kilómetros a través del bosque bajo el cielo negro de una noche sin luna.

Cuando una bruja llama, las demás acudimos a su llamada. Y escuchando la llamada del Norte volamos hacia el Akelarre, donde dimos la bienvenida a cinco nuevas brujas y donde descubrimos que el tiempo no existe y que la memoria es eterna.

Pisamos sobre los pasos que dejaron otras hace siglos, caminamos sobre huellas antiguas y seguimos el camino que nos condujo a encontrarnos con nosotras mismas dentro del vientre de la Madre. El sendero que atravesaba el bosque nos llevó hasta el lugar donde se han reunido las brujas desde el principio de los tiempos. La cueva.

Las cuevas nos han acogido desde siempre, han significado el hogar, refugio, escondite, punto de reunión clandestino, tumba, el misterio de la Tierra… Las cuevas son sagradas, han sido reverenciadas y temidas pero también han ejercido una atracción ineludible para la Humanidad que siempre ha arriesgado su vida explorándolas. Las cuevas son la entrada a las entrañas de la Madre, un paso hacia su útero sagrado en el que encontrarse con la oscuridad y del que volver a nacer, renovada y bendecida por la tierra que todo lo regenera.

Desde el lugar que me correspondía en el ritual, dejaba vagar mi mirada por las paredes que me rodeaban, apenas iluminadas por unas velas colocadas aquí y allá. Sabía que en el exterior aún era de día, pero eso no parecía importar allí abajo. Sabía que, una vez hube traspasado su entrada, había entrado en otro mundo. Miraba alrededor mientras me arrebujaba en mi capa y jugaba con las volutas de vaho que surgían de mi aliento. Era fría, húmeda, oscura… Escuchaba el sonido de gotas de agua que se filtraban por la tierra y caían al suelo como lluvia, convirtiéndolo en un cenagal. Más allá de donde yo estaba, el suelo descendía hacia las profundidades, hacia la oscuridad total. Y emocionada, suspiré sabiendo que en ese momento no querría estar en ningún otro sitio de este mundo o del otro.

Mis primeros pasos fueron vacilantes, pero no tardé mucho en moverme con más confianza. Cuando me llegó el turno de descender hacia donde la Diosa esperaba, sentí cómo mis pies resbalaban por la roca húmeda, como si la misma cueva quisiera hacerme bajar a su centro más rápido, como si llevase tanto tiempo esperándome que ya no pudiese aguardar unos minutos más. Me dejé llevar, por el frío, por la humedad, por la oscuridad, por la voz de mis hermanos cantándole a la Diosa y por el sonido de sus tambores vibrando como lo han hecho siempre. Y sentí la presencia de muchas otras, de aquellas que se reunían en aquellas mismas tierras, acaso en aquella misma cueva, para perpetuar unas tradiciones prohibidas pero nunca olvidadas ni sustituidas. El nombre de la Diosa de aquellas montañas y cuevas, Mari, nunca ha dejado de pronunciarse y sus brujas, las Sorgiñak, nunca han dejado de acudir a las cuevas, en mitad de noches como ésta, oscura y sin luna, para recordarla y hacer que las nuevas brujas que la buscan, jamás la olviden.

Allí abajo, en las profundidades rodeada de oscuridad, Mari me miró a los ojos y me dio un mensaje. Me dijo recuerda… Tú hablas mi idioma. Recuerda quién fuiste antes, recuerda cuando venías aquí a llamarme por mi nombre. Ya has estado aquí antes. Tus manos tocaban los tambores para mí, que tus manos recuerden, recuerda quién fuiste…

Me costó salir, en realidad no quería abandonarla tan pronto. La cueva tampoco parecía querer dejarme ir porque mis pies se hundían en el barro y mis ropas pesaban y dificultaban mi ascenso. Era justo como debía ser. Difícil, arduo, inolvidable… Pero cuando al fin estuve fuera y sentí el viento sobre mi rostro, cerré los ojos y me llené de noche.

Tiempo después, en el camino de vuelta iba pensando en el pasado. Pensaba en lo difícil que era moverse por el bosque con aquellas faldas voluminosas y pesadas, con la capa de lana enganchándose en los arbustos y los tropiezos cuando al subir cuestas la pisaba. Pensaba en el frío, en la oscuridad, en la humedad que rizaba mi pelo y lo blancas y brillantes que estaban las estrellas en el claro cielo del Norte. Pensaba en lo importante que debía ser la Diosa y las antiguas tradiciones, reunirse en las cuevas y celebrar el akelarre para las brujas del pasado, cuando se atrevían a salir en noches así, frías, oscuras, húmedas. Para atravesar bosques y acudir a una cueva en la que compartir conocimientos, alegrías, bailes, risas y la vida alrededor de una hoguera.  Y me di cuenta de que, siglos después, nosotras estábamos haciendo exactamente lo mismo y  estábamos viviendo una de las mejores noches de nuestras vidas.

He regresado a Madrid, al centro de este país en el que las brujas están recuperando las antiguas costumbres. Pero una parte de mí aún sigue allí, en la oscuridad de aquella cueva en la que llueve siempre. Dejé allí un pedazo de mi corazón y sé que, si está en mi mano, cuando la Bruja del Norte vuelva a llamar, yo acudiré de nuevo a su llamada.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Gratitud de Bruja

A place I once called home (Valkyria) Autor de la imagen: Lorelyne http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A place I once called home (Valkyria)
Autor de la imagen: Lorelyne
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A veces atravesamos momentos en los que las cosas no salen como esperamos. Todos nuestros proyectos parecen detenerse o, incluso, dar marcha atrás. Vemos cómo a nuestro alrededor la vida de los demás continúa mientras la nuestra no acaba de llegar a ser como queremos. O tal vez los problemas dificultan nuestro día a día e incluso nos preguntamos qué será de nosotros mañana. En estos momentos es muy fácil dejarse dominar por la desesperanza. Es fácil caer en la trampa de la queja y la desidia. Y es fácil no tener ojos para nada que no sea todo aquello que nos dificulta el camino.

Pero hay una herramienta que las brujas (y muchos psicólogos) recomendamos para luchar contra la tristeza y la desesperanza. El agradecimiento. Por muy difícil que sea nuestra vida, por muchos problemas que tengamos, siempre habrá algo bueno en ella. Algún gesto amable, algún pequeño detalle, algo hermoso que nos haga detenernos y disfrutar de ello. La gratitud es uno de los mayores dones con los que podemos contar, y tenemos la suerte de que se puede desarrollar y trabajar para hacer de él un hábito continuo. Todo lo que hay en éste universo emite una vibración, y esa vibración atrae lo afín y rechaza lo distinto. Si no somos capaces de apreciar las cosas buenas y agradecerlas, dejaremos de recibirlas. Sólo atraeremos lo único que vemos, tristeza, dolor, pena, desesperanza.  Como ya he dicho alguna vez, nuestra mente aprende mediante la práctica y la repetición, y hay un precioso ejercicio que nosotras (muchas sonreiréis porque ya lo conocéis) usamos para practicar la gratitud: nunca te acuestes sin agradecer al menos tres cosas de tu día.

Cada noche, antes de dormir, repasa tu jornada y piensa en algo bueno que te haya ocurrido.  Todo aquello que te haya hecho sentir bien,  haber encontrado unas monedas, haber recibido la amabilidad y la sonrisa de un extraño o algo más sensual, como el calor que se siente al sujetar una taza caliente en un día frio… Cualquier cosa que te haya hecho sentir algo bueno. Hazte con un cuaderno y apunta en él cada noche todo lo que recuerdes. Como mínimo hay que escribir tres anotaciones. Utilizaremos éste Diario de Agradecimientos para entrenar a nuestra mente, le enseñaremos a apreciar los pequeños momentos y al saber agradecerlos, al ser receptivos y hacer espacio en nuestra vida para lo que nos hace sentir bien, cada vez atraeremos más y tendremos más cosas que escribir en nuestro cuaderno.

Y con el tiempo y si eres constante,  descubrirás que ya no necesitas el Diario ni esperarás a que llegue la noche. Serás capaz de sentir gratitud por cada pequeño acontecimiento en cuanto te ocurra, y las sonrisas serán más comunes que las lágrimas. La ilusión por lo que vendrá superará al temor por el futuro y además, serás capaz de extenderlo a tu pasado. Empezarás a agradecer mil cosas que te han ocurrido y que hasta ahora no habías sido consciente del regalo que fueron. Esta es la mejor parte. Ser capaz de dar gracias por tu existencia y todo lo que has aprendido hasta ahora.

Yo suelo dar las gracias por muchas cosas, pero la primera siempre son las mujeres de mi vida. Empezando por mi abuela, de quien aprendí la existencia del amor incondicional y las caricias más dulces que me han dado. Recuerdo las tardes de lluvia junto a ella, las noches en las que no me dormía sin sus palabras. Ella fue mi primera contadora de cuentos, crecí con sus historias y sus recuerdos y hubiera dado lo que fuera por haberla conocido en su juventud y haber vivido su rebeldía a su lado.

Doy gracias también por tener la madre que tengo. De ella aprendí la maravilla del mundo femenino, la limpieza y la honestidad de nuestro cuerpo. Jamás me ocultó nada, por el contrario, siempre respondió a mis preguntas con toda naturalidad y franqueza y me explicó todo lo referente a la menstruación, la sexualidad y la maternidad desde que tuve edad para comprenderlo. En aquella época me parecía lo normal, pero hoy sé que muy pocas madres hablaban así a sus hijas. Sé la suerte que tuve y jamás en mi vida le agradeceré lo bastante el regalo que me hizo. Me regaló mi cuerpo, me regaló mi sexo, me regaló mi autoestima femenina. Mi madre me dio dos veces la vida, la primera al parirme y la segunda al entregarme el conocimiento sobre mi sexualidad.

Doy gracias por mi hermana y por mis amigas, porque cada una de ellas me muestra una faceta de La Mujer y me enseñan la parte de mi misma que hay en ellas y partes de ellas que reconozco en mí. Gracias a ellas, cada vez comprendo mejor qué es ser mujer y reconozco lo afortunada que soy, porque son muchas. Muchísimas mujeres maravillosas rodeándome y queriéndome. Son uno de los grandes regalos de mi vida.

Doy gracias también por los hombres de mi vida. Familiares, amigos, ex parejas, pareja… Todos ellos me han enseñado mucho sobre la masculinidad. Me han enseñado a amar y también a rechazar el mal amor. Algunos han sido espejos en los que he visto reflejado todo aquello que no quería ser. Otros han sacado de mí partes que no sabía que estaban y que no querría haber conocido nunca. Los mejores me han hecho ser mejor persona a mi vez. Ahora, otros me están enseñando que un nuevo hombre es posible, que no están sólo en los libros o las películas. Son compañeros que caminan a nuestro lado, y de ellos aprendo que, aunque a veces es difícil encontrarlos, haberlos, hailos.

Agradezco la suerte que he tenido por las maestras que he ido encontrando. De ellas, mujeres que han dedicado su vida a enseñar a otras, he aprendido y continúo aprendiendo el valor de la hermandad. De la transmisión de unos conocimientos y una sabiduría que nos pertenece a todas y que nos hará libres. De la responsabilidad que es ser la portadora de las antiguas tradiciones de las Hijas de la Tierra y mantenerlas y transmitirlas para que no se pierdan y crear una nueva generación de mujeres que se comprometan a continuar con su labor. Gracias, porque si vosotras no fuerais, yo no habría podido ser.

Doy gracias por mis brujas. Por el circulo pagano de mujeres y hombres que me acompañan en esta aventura de celebrar los ciclos de la Naturaleza y recordar los antiguos ritos que una vez unieron a la Humanidad con la Tierra. Con ellos disfruto de cada momento vivido en comunidad, de las ideas compartidas y de muchas horas de magia.

Y sobre todo agradezco cada detalle de este planeta en el que he nacido, cada gota de lluvia, cada soplo de aire, cada rayo de sol que se cuela entre las hojas de los árboles y dibuja formas de sombra sobre la hierba. Doy gracias por todas las maravillas que me ofrece. Agradezco ser capaz de sentir placer, de poder viajar entre las páginas de un libro, de emocionarme hasta el punto de las lágrimas escuchando una melodía. Agradezco cada risa y carcajada. Cada beso de mi pareja y también los de los labios pegajosos de las niñas de mi vida. Doy gracias por mil sensaciones que mi piel percibe. Doy gracias por estar viva, por sentirme viva y querer seguir viva. Pero sobre todo, doy gracias por saber agradecer mi vida.

¿Y tú? ¿Por qué das las gracias?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Aprendiz de bruja

Burn our souls. Release the wicked. Autor de la imagen: The Night she Died http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Burn our souls. Release the wicked.
Autor de la imagen: The Night she Died
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Otoño… Época de cambios, inicios, cursos, formaciones… Y las brujas no íbamos a ser menos. Si buscáis en internet, cada vez hay más opciones para comenzar o continuar nuestro camino. Afortunadamente la mayoría las facilitan personas con un gran bagaje detrás, muy preparadas y con años de práctica a sus espaldas. También hay oportunistas, como en todo, pero son los menos y, casi siempre,  muy fáciles de reconocer.

Hoy quiero hablaros de lo que significa embarcarse en una formación pagana y cómo integrarla en vuestra vida diaria para que realmente os transforme, a vosotras y a vuestro entorno.

Lo primero que hay que tener claro desde el principio es que vuestra Maestra o Maestro no va a solucionaros la vida ni a daros las grandes respuestas a los grandes misterios de vuestra existencia. Ese será vuestro trabajo. Única y exclusivamente responsabilidad vuestra. Lo que una buena Maestra sí hará será facilitaros la información y el conocimiento, entregaros unas herramientas y enseñaros a usarlas. Todo lo demás es cosa vuestra.

He conocido a mujeres que se han apuntado con muy buena voluntad a formaciones, a círculos de mujeres, a cursos, etc… para abandonarlos después antes de acabarlas o quejarse de que no funcionan o de que su Maestra no es buena. Indagando un poco más, al final sale a la luz la raíz del problema. Este suele ser el caso, a lo mejor os suena:

El primer día acuden emocionadas, cargadas de expectativas y con ganas de aprenderlo todo. Todo les parece perfecto, la Maestra, el sistema de trabajo que se va a llevar a cabo, el resto de compañeras o compañeros, los temas tratados. Salen de allí con sus apuntes, un par o tres de descubrimientos que les abren un mundo nuevo y, lo más importante, una prácticas para hacer en casa y que deberán llevar hechas el próximo encuentro para poder avanzar.

El primer día tras el inicio están en las nubes, por fin han empezado el camino, por fin se formarán para ser brujas, sacerdotisas, paganas, conocedoras de los misterios femeninos, etc…  Así que no hacen mucho, simplemente repasan  en su mente lo estupendo que fue todo, lo maravillosa que era la gente, lo sabia que parecía la maestra… Los siguientes días la rutina diaria las mantiene ocupadas, total, queda aún tiempo hasta el siguiente encuentro, en cuanto encuentren un hueco se pondrán con las prácticas. Y el tiempo pasa, y cuando se dan cuenta, quedan un par de días y aún no han trabajado nada de lo que tenían que hacer. Y aquí pueden ocurrir varias cosas, la primera es que algunas decidan no ir y abandonar la formación por vergüenza o pereza o cualquier otro motivo. La segunda es que hagan las prácticas deprisa y sin profundizar, por lo que no asimilarán su verdadero sentido ni obtendrán el resultado para el que estaban pensadas. La tercera es que se presenten sin haberlas hecho, pidiendo perdón arrepentidas, culpando a la falta de tiempo y asegurando que no volverá a ocurrir.

En estos dos últimos casos, la Maestra se encuentra ante un dilema. Estas personas retrasan a todo el grupo, porque estas formaciones están estructuradas para que el grupo se consolide y avance unido. Cuando alguno de sus miembros no cumple con su trabajo o no se compromete con la formación, hay una fuga de energía, el círculo no cierra bien y el grupo no avanza como debería. La Maestra normalmente pasa por alto una falta de este tipo porque comprende que la vida actual absorbe mucho tiempo y puede ser cierto que realmente no se ha podido trabajar. Y también porque confía en sus aprendices, ya que todos somos adultos y responsables de nuestras acciones. Y, tal vez, sea un buen aprendizaje para todos.

Tras el segundo encuentro, estas personas se relajan. No ha ocurrido nada por no hacer su trabajo, nadie se lo ha echado en cara ni les ha avergonzado, así que ahora ya no se sienten tan culpables por ir dejando pasar los días sin hacerlas. Y así, van avanzando en la formación.

Pero empieza a ocurrir algo, y es que mientras el resto de sus compañeras va cambiando y contando experiencias transformadoras, ellas no notan nada. Siguen igual que al principio. Empiezan a aburrirse en los encuentros, los temas ya no les parecen tan interesantes, no comprenden a las Diosas de las que les hablan. Sus compañeras ya no son tan maravillosas como les parecieron al principio y empiezan a dudar de su Maestra, que no ha sido capaz de enseñarlas, de cambiar su vida, de convertirlas en lo que ellas buscaban ser.

Y abandonan el grupo. O lo terminan pero sin convicción y sin haber aprendido nada.

Seguro que conocéis casos como estos. Incluso puede que alguna se haya visto reflejada aquí. No quiero que os sintáis acusadas o atacadas por el texto de hoy. Lo que quiero es daros unos cuantos consejos para que no vuelva a ocurrir y, si vais a comenzar por primera vez una formación,  que le saquéis todo el provecho que podáis.

Lo primero y principal es, por favor, cueste lo que cueste, sacad diez, quince minutos, media hora al día para hacer las prácticas que os pidan. La mente humana sólo aprende mediante la práctica y la repetición. Por mucho que leáis los apuntes que toméis, si no practicáis no lo asimilaréis. Estudiad por vuestra cuenta. Si os hablan de alguna Diosa, investigadla. Conoced su historia, sus mitos. Descubrid qué nos enseñan. Cómo podéis aplicarlos a vuestra vida.

Segundo, no esperéis que vuestros compañeros sean perfectos, mágicos y sapientísimos desde el primer día y se mantengan siempre así. Son personas como vosotras. En éste tipo de grupos donde se trabaja a un nivel emocional tan profundo y donde se comparte todo, habrá muchos tipos de experiencias y sentimientos que saldrán a la luz. Incluso muchos que sus mismas dueñas ni conocían. Saldrá lo mejor y lo peor de cada una y debéis recordar que no estáis allí para juzgar a nadie, sino para acompañar y apoyar en ese proceso a las demás, como ellas harán con vosotras. Se trata de crecer juntas, no contra las demás.

Tercero, tu Maestra no tiene la obligación de darte todo hecho. No le preguntes cosas como: ¿Tú que crees que significa esto? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué tengo que hacer ahora?… etc. Ella está ahí para enseñarte ceremonias en las que acceder a ciertos estados de conciencia, te mostrará cómo viajar hasta tu interior y  estudiarte a ti misma, te presentará Diosas y Dioses y te explicará cómo trabajar con ellas. Te enseñará Historia, Mitología, magia, meditación, diferentes formas de honrar la vida, la Tierra, a ti misma. Te enseñará a buscar tus heridas y una vez halladas, cómo sanarlas. Pero no lo hará por ti. No debe hacerlo por ti. Ella no va a agitar su varita mágica, va a invocar a la Diosa y va a hacer que penetre en ti para cambiarte y convertirte en una Sacerdotisa. No. Tu Maestra hará su trabajo, algo mucho mejor. Te enseñará que la Diosa siempre ha estado en ti, que tú debes encontrarla en tu interior y tú debes sacarla a tu mundo. Tú serás quien te cambie la vida. Y eso requiere mucho trabajo.

Será difícil. Será duro. Probablemente habrá partes de ti misma con las que te costará lidiar. Habrá muchas horas de estudio, totalmente necesarias. Habrá muchas horas de prácticas que en un principio, parecerán no tener sentido. Habrá momentos en los que te sentirás perdida. El mundo poco a poco irá cambiando a tu alrededor y no estarás segura de si te gusta o no.

Pero también habrá descubrimientos que te llenarán de maravilla. La felicidad se irá instalando poco a poco en ti. Conocerás personas estupendas con las que forjarás un vínculo muy íntimo y cercano y sanarás muchas heridas del pasado, algunas incluso que no sabías que tenías (suele ocurrir). Pero lo más importante de todo, lo que de verdad te cambiará la vida, es que habrás dado el primer paso y el más importante para convertirte en una gran bruja, sacerdotisa o simplemente mujer. Conocerte a ti misma y enamorarte de ti misma. Y eso te acompañará siempre.

Así que si has decidido comenzar el camino, ya lo sabes.

Trabaja en ti. Sin excusas.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Eres una bruja?

A Love Ritual Autor de la imágen: Anhen http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

A Love Ritual
Autor de la imágen: Anhen
http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

Algunas de vosotras me escribís con dudas, confusas. Me contáis que mis palabras os resuenan, que sentís como propias muchas de mis experiencias, de mis pensamientos y sensaciones. ¿Soy una bruja? Me preguntáis. Y yo no sé qué responderos. Solo hay una persona en este mundo capaz de responder a esa pregunta, y esa persona sois vosotras mismas. Porque solo vosotras sabéis quiénes sois, y lo que sois en vuestro interior.

Para facilitaros esa respuesta os voy a contar una historia, os voy a contar quienes han sido las brujas a lo largo de la Historia, después, vosotras mismas decidiréis.

Las primeras brujas, ya en la Prehistoria, eran lo que ahora conocemos como chamanas. Personas que se comunicaban con los Dioses, y que hacían ritos y ceremonias en favor de su tribu. Además eran sanadoras y hacían rituales mágicos, hechizos, magia…

Con el tiempo, la Humanidad y sus creencias fueron evolucionando y estas chamanas (también chamanes) se fueron convirtiendo en sacerdotisas y sacerdotes de religiones más o menos organizadas y establecidas. La mayoría de ellas centradas en lo que realmente importaba a nuestra especie, la fertilidad de la Tierra, ya que era esto lo que garantizaba la supervivencia. En todas ellas la magia tenía un papel muy importante. Los hechizos y los sortilegios en los que se invocaba a los Dioses para favorecer cosechas, lluvia, abundancia, salud, amor… eran corrientes y naturales. Además de Sacerdotes y Sacerdotisas, había personas sabias en aldeas y pueblos que se mantenían más cercanas a las antiguas prácticas chamánicas. Casi siempre mujeres, sanadoras, parteras, ancianas sabias que orientaban a sus vecinos. Hechiceras y hierberas que comprendían el funcionamiento del mundo natural y su dimensión mágica.

Cuanto más aislado estuviera el poblado o la aldea, más cercanas a su origen se mantenían las antiguas tradiciones. Cuando un pueblo invasor llegaba imponiendo nuevos dioses y costumbres, la mayoría de las veces apenas daba una fina capa de barniz a las anteriores. Imaginad que vivís entre montañas, o en una pequeña aldea donde las cosas siempre son iguales. Tus padres, tus abuelos y los padres y abuelos de éstos, hasta donde puedes recordar, siempre han adorado a sus Dioses que les proveían de alimento y hogar, y siempre han realizado las mismas ceremonias, los mismos rituales en los mismos días señalados del año.  Un día llega un invasor, por ejemplo Roma, y te dicen que ellos también conocen a tus Dioses, pero les llaman de otra manera y que, a partir de ese momento, tú debes llamarles igual que ellos. Y lo haces, pero las ceremonias continúan casi iguales que antes y tú se las enseñas a tus hijos aunque ahora dirigidas a los antiguos Dioses con nombres nuevos. Tus hijos y nietos continúan con ellas, haciendo lo mismo hasta que llega otro invasor, esta vez el Cristianismo.

Al principio ésta nueva religión llegada de Oriente no afectó a la mayoría de la población. En realidad tardó muchos más siglos de lo que nos han contado en implantarse. El Cristianismo fue una religión de ciudad y su anexión fue más una cuestión política que un asunto de fe. Eran los reyes los que, buscando alianzas y poder, se convertían. Y si un rey era cristiano, todo su reino se consideraba cristiano. Pero en realidad sus súbditos, especialmente cuanto más alejados vivieran de la ciudad, continuaban adorando a los mismos Dioses que sus antepasados y honrándolos con las mismas ceremonias y rituales mágicos que aquellos. Eran las personas que vivían en los pagos (campo en latín), los paganos.

Pero de todos es conocido que los Dioses de las antiguas religiones son los demonios de las nuevas y el Cristianismo  se propuso convertirse en la única fe de Europa y del mundo, por lo que decidió acabar con lo que quedaba de las prácticas de las antiguas religiones, y para ello convirtió a aquellos antiguos Dioses de la fertilidad y la Tierra en demonios y construyó iglesias en la mayoría de los antiguos lugares de culto. Como la Humanidad es un animal de costumbres, fue difícil que abandonaran sus antiguas creencias, pero la Iglesia lo solucionó apropiándose de las festividades antiguas y de algunos Dioses convirtiéndoles en santos.

A pesar de ello, aún persistían mujeres que mantenían retazos del antiguo conocimiento. A veces casi intacto, otras veces sincretizado con elementos cristianos, y durante algunos siglos más, la Iglesia simplemente las ignoró al no considerarlas demasiado peligrosas. Pero tras la Edad Media, periodo más o menos tranquilo para estas mujeres, llegó el siglo XVI, la Edad Moderna. Y todo cambió. Grandes crisis sociales y económicas asolaron Europa durante los siglos XVI y XVII, hambrunas, corrupción política, revoluciones sociales, pestes…. El poder necesitaba un chivo expiatorio y lo encontró. Estas mujeres eran peligrosas, eran fuertes en sus comunidades, independientes, rebeldes, desafiantes. Eran mujeres que se atrevían a tener poder, a tener voz, a tener conocimiento… como los hombres. Y pronto los dedos que las acusaban se levantaron y surgió la palabra como un insulto, Bruja. Secuaz del Diablo. Amante de Satanás. Acusada de pactar con el Diablo para perjudicar a la especie humana y en especial, acabar con el cristianismo. Y la ola de miedo, terror, acusaciones sin fundamento y muertes se extendió por el mundo.

La inmensa mayoría de mujeres y hombres que murieron en aquellos siglos bajo la acusación de brujería no lo eran. Durante siglos el poder consiguió el arma perfecta para mantener a la población, y sobre todo a las mujeres, sometidas. Cualquier gesto podría ser sospechoso, cualquier mirada, cualquier palabra. Vecinos contra vecinos, familias contra familias, viudas herederas de tierras que otros codiciaban, suegras molestas, cualquier mujer que no necesitase a un hombre… cualquiera que sobresaliera.

Pero a pesar de ello, a duras penas y muy fragmentadas, las antiguas creencias, los antiguos Dioses, permanecieron. La magia, los hechizos, los rituales pervivieron. A veces puros, a veces con nombres cristianos, pero sobrevivieron.

Poco a poco, cuando el mundo se calmó, decidió que las brujas no existían y no habían existido nunca. Que la magia no existía. Que todas las antiguas creencias no eran más que supersticiones de personas incultas e iletradas. Y todo lo que una vez se reverenció, todo lo que más tarde se temió, ahora se despreció. Pero ni siquiera entonces desapareció. Todos los secretos y los misterios fueron guardados.

Y esto es lo que era una bruja, no un ser maléfico y sobrenatural seguidora del mal y acólita de Satán. No. Una bruja era la guardiana de los antiguos cultos de la Tierra. De las antiguas costumbres. Heredera de la magia, de hechizos y sortilegios y conocedora del mundo natural. Esa es la brujería.

Y ahora, en nuestros tiempos, las brujas somos todo eso y más. Ahora dedicamos nuestra vida a intentar recuperar lo que se perdió. Estudiando fragmentos, intentando comprender cómo debieron ser aquellas primeras religiones, tratando de reconstruir un pasado que jamás se olvidó del todo. Honramos a aquellos primeros Dioses, a nuestra Diosa Madre Tierra y Señora de la Luna, estudiamos el misterio de este planeta y de la Naturaleza, recordamos y enseñamos a otras el poder y la conexión divina que hay entre el cuerpo de una mujer y la Tierra y hacemos magia. Esto es, sobre todo, lo que define a una bruja. Hacemos magia. Hechizos. Sortilegios. Encantamos hierbas, piedras, talismanes, amuletos…. Embrujamos al mundo y a nosotras mismas.

Si tienes premoniciones, intuiciones o visiones eres vidente, no bruja. Si te comunicas con fallecidos no eres bruja, eres médium. Si sientes las emociones de otros o sus presencias, eres sensitiva, no bruja. La bruja es aquella que además de todo  eso (o no), hace brujería. Magia. Utiliza conscientemente las energías de la Tierra, las de los Dioses (les llame como les llame) y la suya propia mediante rituales y ceremonias que un día se prohibieron, para crear un cambio en el mundo que le rodea y en sí misma.

Aunque algunas no se sienten cómodas con la palabra, la gran mayoría sí lo hacemos. Las palabras tienen poder y nosotras nos llamamos brujas a nosotras mismas porque reivindicamos la limpieza de ese nombre. Reivindicamos el recuerdo de todas aquellas mujeres que murieron acusadas de algo que siempre fue falso, en nombre de demonios falsos, y condenadas por actos falsos.

Las brujas hemos sido siempre mujeres libres, fuertes y sabias. Guardianas del pasado y del antiguo conocimiento.  Hijas de la magia y maestras de brujería. Sólo eso. Todo eso.

Y ahora que ya conoces nuestra historia, puedes encontrar la respuesta a tu pregunta.

Está en tu corazón.

¿Te atreves a buscarla?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Diosa Oscura

Autor imágen: Jo Jayson

Autor imágen: Jo Jayson

Soy una bruja Oscura, sí. Lo admito. Pero antes de que os hagáis una idea equivocada, quiero explicaros qué significa. Las brujas Oscuras no hacemos hechizos que perjudiquen a otros, jamás imponemos nuestro poder sobre la voluntad de otras personas ni buscamos el camino fácil. No. Ser una bruja Oscura significa que has decidido, o has sido llamada, a alcanzar la sabiduría estudiando en y la Oscuridad.

La Diosa tiene muchos rostros.  Uno de ellos corresponde a la Bruja, la Hechicera. La Diosa Oscura. Es el aspecto de la Diosa que rige lo oculto, el misterio, la magia, la Sombra, la Muerte, la iniciación y la sabiduría de la oscuridad. Puede ser anciana o no. Amable o cruel. Y como Diosa de la Muerte lo es también de la vida porque una cosa no es sin la otra. Rige el Norte, los fríos y las tinieblas del invierno, la quietud y la calma. El recogimiento. Su elemento es la Tierra y se esconde tras la oscuridad de la Luna. Ella es la sabiduría que se oculta en el lugar donde casi nunca la buscamos, dentro de nosotras. Y Ella, en varios de sus Nombres, es mi regente.

No puedo decir que la elegí. Ella me escogió a mí ya que nunca he sentido que tuviera otra opción. Todas las decisiones que he tomado en mi vida, todos los caminos por los que he vagado, todas las relaciones que he vivido, disfrutado o sufrido, me han sumergido cada vez  más profundamente en sus dominios. Un reino que, desde siempre, ha ejercido una atracción innegable en mí. Desde niña sentí una fascinación innata por lo oculto, por los misterios de este mundo y del otro. Siempre quise saber más, saber el por qué, conocer lo que se esconde en las sombras y hacerlo mío. Saberlo mío. Y aunque nunca lo he temido, siempre lo he respetado, porque lo que se esconde en las sombras, tiene el poder de darte la Luz. Lo que se esconde en la Oscuridad, es el conocimiento de lo que realmente somos.

De la mano de Hékate he aprendido a no tener miedo a perderme en la vida. Me ha enseñado que las encrucijadas son oportunidades de cambios y que ninguna opción es la equivocada. Cualquier camino que elija es el correcto, ya que Ella los rige todos. Escoja el que escoja, será el acertado, porque también será su camino. Hékate me enseñó que cada una porta la antorcha de su propia Luz y que la vida y la muerte son los dos filos de un mismo cuchillo. Cada vez que de noche me acerco a un cruce de caminos, algo aletea en mi interior y una emoción inmensa me invade. Miro a la oscuridad, siento el frescor de la noche, escucho la música de la vida nocturna y reconozco todo lo que las sombras pueden enseñarme, y me abro plenamente a Ella que me guía custodiada por sus perros negros hacia donde vive el mayor de los misterios. Mi propia oscuridad.

De Kerridwen he aprendido el significado de eternidad. He comprendido el eterno regreso y los ciclos sin fin.  Que la mayor magia que existe es la que se produce en el útero de una mujer cuando crea. Kerridwen me llevó de la mano hacia la sabiduría, hacia el conocimiento de mi propia identidad. Aprendí que siempre hay otra oportunidad, que su caldero nos ofrece el don de la regeneración y la transmutación. Que la sabiduría y el conocimiento no se obtienen sin esfuerzo ni trabajo duro, y que lleva años atravesar las fases que hacen de ti una bruja sabia. Me cambiará mil veces, me transformará de mil maneras, pero siempre saldré de ello renovada. Renacida. Otra y la misma. Siempre yo.

Lilith me ha acompañado desde el principio, por ello tuve la suerte de considerar mi sexualidad algo natural y creada para hacerme disfrutar. Mi cuerpo y mi sexo han sido hechos para obtener placer, y jamás me he sentido mal, sucia o depravada por ello. Por el contrario, gracias a Lilith soy afortunada porque al reconocer mi sexualidad como el gran don y regalo que es, nunca he tenido que enfrentarme a enfermedades, a culpas y sentimientos generados por una mala educación y una mala y equivocada visión de la esencia femenina. Soy un ser sexual. Soy una persona con órganos sexuales cuya función natural es sentir placer. Le pese a quien le pese y moleste a quien moleste. Mi sexo me conecta con la naturaleza salvaje, con el instinto y la vida. Y me conecta con la magia, porque en el sexo también reside un gran misterio, el  del Amor hacia una misma, el más importante y el más poderoso.

Ahora camino de la mano de Ataecina, navego junto a Ella en la barca con la que se mueve entre los mundos. Me cuenta historias de épocas pasadas, de aquellas de mi linaje que navegaron con Ella hacia el otro lado para descansar antes de regresar a este mundo. Sus cuervos, sus cabras, sus cerdas blancas me traen mensajes de otros tiempos. Me piden que regrese a la tierra, a las cuevas, a la oscuridad. Que deje que todo aquello que aún me lastra se pudra y se desintegre entre los gusanos. Porque Ataecina me enseña que la carroña y la podredumbre se convierten en el abono que hará crecer la vida.  Ataecina me habla del pasado, de mis muertos, de mi conexión con la sangre que corre por las venas de todas mis ancestras y que ahora murmura sus nombres, sus historias, sus lágrimas y risas en mis propias venas. Ataecina me habla de raíces, de los recuerdos que quedan impregnando huesos viejos y de que la mejor forma de honrar el pasado, es sanando el presente.

De todas Ellas y otras que no menciono, de mis Diosas Oscuras, he aprendido casi todo lo que sé y también gracias a Ellas soy gran parte de lo que soy.  Todas Ellas me han enseñado cosas que sólo se pueden aprender en la oscuridad, porque es allí donde hemos desterrado la sabiduría prohibida. Pero es tiempo de que esa prohibición deje de afectarnos. Es hora de que las mujeres rompamos esa obediencia a normas sin sentido. Es tiempo de que las Brujas se salten esa prohibición y viajen a la oscuridad para conocer todos sus misterios y convertirse en seres de Luz. Todo lo que he aprendido me inunda y se derrama, y siento que estoy lista para compartirlo con vosotras. Dentro de poco os abriré una puerta a mi oscuridad y os invitaré a compartir sus secretos.

Sed valientes y no temáis.

Aunque en realidad no hay nada que temer, porque dentro de toda Bruja Oscura, sólo existe Luz.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Re-Unión de Brujas

Imágen: We came from the Earth de Kamakebelieve

Imagen: We came from the Earth
de Kamakebelieve

Regreso de mi retiro atraída por un sonido que se extiende sobre la Tierra. Un latido, un tum-tum que resuena atravesando los campos, las carreteras, las calles de pueblos y ciudades.  Un retumbar que se cuela por mis poros hasta llegar a todas mis células y que despierta mis miembros aletargados por la indolencia del verano que se marcha. Alzo la cabeza, desperezo mi cuerpo y me pongo en marcha para seguir ese latido, para formar parte de él.

¿No lo oyes? ¿No lo escuchas a tu alrededor? ¿Dentro de ti? ¿No sientes la necesidad de seguirlo y convertirte en él? Alza la mirada, escucha, observa…

Son las Hijas de la Diosa que se levantan, que avanzan y se buscan. Que se encuentran. Las brujas están recordando quiénes son en todas partes del globo y cada vez que una bruja despierta y siente dentro de sí el espíritu de la Primera que nos habita a todas, comienza su búsqueda, comienza su viaje atraída por el rumor, por la llamada, por su esencia sentida en otros cuerpos y otras mentes de mujer.

Mis palabras han sido leídas en 100 países, las de muchas otras también están recorriendo el planeta. Las palabras de las brujas están llamando a otras. Nos estamos reencontrando. Nos estamos reuniendo. Y todas, con nuestras manos unidas, caminamos con pasos fuertes y firmes hacia adelante, con la frente alta, la sonrisa orgullosa y el corazón abierto. Y cada vez que una más de nosotras se une a la cadena, nuestros pasos se hacen más fuertes y firmes, creando entre todas ese sonido que atraviesa el mundo. Creando un latido de futuro, trayendo nuevas melodías para cantar canciones antiguas. Enseñándonos unas a otras Sus diferentes nombres en diferentes lenguas. Convirtiendo Su recuerdo en nuestro presente y en el futuro de nuestras hijas y nietas.

Hoy miro a mi alrededor y veo cómo cada vez más mujeres despiertan y buscan regresar a sus raíces para recuperar aquello que nos fue arrebatado. Y recuerdo cuando era niña y me sabía distinta y me preguntaba dónde estaban las demás, las que eran cómo yo. Dónde estaban las brujas. Pero no las de los cuentos, no. Las de verdad. Las que como yo sentían un escalofrío de reconocimiento cada vez que escuchaban o leían la Palabra. Bruja. Hoy ya no me lo pregunto, hoy ya sé donde están las brujas. Estamos en todas partes.

Así que si sientes que la naturaleza es sagrada y toda la Tierra es un Templo. Si sientes que hay una conciencia superior creadora y a la vez parte de lo creado y su rostro es de Mujer. Si sientes que su consorte masculino camina a su lado y de su mano, igual a Ella y nunca superior. Si crees que la magia existe y a veces sólo respirar puede ser el hechizo más potente. Si la luna te roba horas de sueño a cambio de baños de plata. Si sabes que ser mujer es un misterio que merece toda una vida dedicada a descubrirlo, entonces es que puedes ser una de las nuestras.

Si eres de las que siente que algo está cambiando dentro y fuera de ella. De las que están empezando a ver que el mundo es algo más de lo que siempre le han contado y siente la necesidad de buscarse, de conocerse, a sí misma y a Ella, entonces…  puede que estés escuchando la llamada de las brujas. Si tu corazón te lo pide búscanos, estamos muy cerca.  Responde a la llamada y a la mano tendida y conviértete en un eslabón más de esta cadena sagrada.

Somos muchas, somos fuertes, sabemos quiénes somos y nada va a detener nuestro avance. No, hasta que todas unidas de la mano formemos un círculo que dé miles de vueltas a la Tierra y todas las lágrimas, el dolor y las muertes de tántas (brujas o no) sean sólo un vergonzoso periodo más de la Humanidad en los libros de Historia.

Porque  la Diosa ha regresado y sus brujas con Ella.

Nos estamos re-uniendo.

¿Nos oyes?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Sueños de bruja

Hace un par de noches, debido al calor que nos castiga a todos, trataba de dormir dando vueltas en mi cama. Estaba en ese estado de vigilia en el que aún no dormimos pero tampoco estamos ya despiertas del todo. Dejaba vagar mi mente por las riberas que separan este mundo del mundo de los sueños y tuve una idea. Poco a poco se fue creando en mis pensamientos un artículo precioso y perfecto para el blog y, confiada y feliz, acabé cruzando al otro lado. A la mañana siguiente cuando cogí mi pluma para empezar a escribir descubrí que mi idea, nacida y creada en ese otro mundo, no había vuelto conmigo a éste. No recordaba nada. Pero no me preocupé, sé que aún sigue allí y, cualquier noche de éstas, la volveré a encontrar.

Dicen que pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, y todas, absolutamente todas las noches soñamos. Eso significa que he pasado más de 13 años de mi vida en el Reino de los Sueños. Para mí, ese mundo es tan real como éste pero mucho más mío, porque allí es donde somos todo lo que podemos llegar a ser.

Una bruja no puede vivir sin sueños. Yo no puedo vivir sin sueños. No sé lo que sería acostarme cada noche y levantarme cada mañana sin recordar todo lo que vivo cuando duermo. Desde la más aterradora de mis pesadillas, pasando por el más insignificante hasta el más fantástico y maravilloso de mis viajes oníricos. Todos me pertenecen y me muestran un reflejo de lo que se esconde bajo las corrientes de mi pensamientos. Cada noche mi mente abre la puerta a otro mundo que permanece virgen y que espera mi llegada para llenarse con imágenes, colores, músicas y rostros que brotan desde mi mismo centro. Del lugar donde se esconden mis secretos más ocultos, aquellos que durante el día ni yo misma conozco.

Ha habido épocas de mi vida en las que tenía pesadillas verdaderamente perturbadoras y descubrí que las más terroríficas eran las más sencillas. Una sonrisa extraña en alguien que no tenía que estar allí y el pánico me invadía. Y en otros períodos de mi vida, los sueños eran tan bellos, tan increíblemente mágicos, que el día era un incómodo trámite que sobrellevar hasta que de nuevo llegara la noche y pudiese regresar a ellos. En mis sueños he visto a la Madre Tierra alzarse ante mis pies con la forma de una mujer de barro y raíces, para enfrentarse a algo que quería apagar el Sol. He caminado por campamentos de brujas que compartían secretos alrededor de hogueras que iluminaban las noches de un país bajo un cielo con dos lunas.  He viajado a través de mundos cruzando puertas sumergidas en lagos olvidados. He sido madre de innumerables niñas y niños y hasta una vez, parí serpientes. Me he casado. En el mundo de los Sueños me uní en matrimonio en una ceremonia tan real, con tantos detalles, tan íntima y preciosa, ante la Diosa y su Sacerdotisa uniéndonos las manos, que creo que mi alma se siente realmente casada en todos los planos. He visto el mundo acabar tal vez una docena de veces y he visto la luna romperse y caer una sola vez, pero no ha hecho falta más. He encontrado libros que no conseguía leer y me angustiaba y he tenido que enfrentarme a exámenes incomprensibles años después de haber terminado la universidad.

Y he hecho magia, mucha… Maravillosos hechizos y rituales que transformaban la Tierra entera y que me hacían despertar feliz y cambiada. Y me hacían preguntarme qué sería de las brujas sin sus sueños. El lugar donde descubren quienes son en realidad y de lo que son capaces si se atreven.

En sueños he comprendido misterios que de otra forma no habría desvelado. Algunos sobre la magia, otros sobre la Diosa. La mayoría sobre mí misma. Porque allí bajamos las defensas, nuestro verdadero yo no se cubre ni se esconde y nos habla. A veces he regresado llorando lágrimas de tristeza infinita por gentes o momentos que creí haber olvidado hace tiempo. Porque aunque no lo supiera, en mis sueños aprendí que aunque soy lenta amando, soy aún más lenta olvidando.

En sueños también me he encontrado con la mujer que más he querido en mi vida y que ya hace tiempo se marchó. La madre de mi madre. En cuyo cuerpo estuve antes de ser quien soy, cuando aún era sólo la sombra de un óvulo en el feto de lo que al nacer sería mi madre. Mi abuela me cuenta historias en sueños, le da igual saber que ya no vive en éste mundo. No necesita estar viva para visitarme mientras duermo. Y siempre, siempre, al marcharse se pone un dedo sobre los labios y me pide silencio. Nunca he contado a nadie lo que ella me cuenta esas noches. Y la quiero tanto aún, la lloro tanto aún, la echo tanto de menos aún, que sé que allí no existe el tiempo y el espacio y cada vez que la encuentro es como si acabase de perderla.

Pero tal vez, mi momento favorito sea la vigilia, cuando no estamos en ningún lugar y al mismo tiempo estamos en todos. Entre los mundos. Cuando la puerta se abre y escucho las voces que me llaman por mi nombre: Hyedra, Hyedra, ven, regresa a casa. Y en la pantalla de mis ojos cerrados pierdo el control de lo que imagino y las imágenes adquieren voluntad propia y son ellas las que me cuentan a mí su historia. Y me dejo llevar, me dejo guiar por las voces que me llevan a mi otra casa. Esa que cada noche es distinta, o no, porque a veces regreso a los mismos lugares. Esa que me espera en un mundo en el que he vivido 13 años de mi vida. El mundo de los sueños que es el espejo más sincero de mi interior.

Y allí, en la vigilia, alguna noche encontraré mi idea perfecta esperando y conseguiré traerla de vuelta para compartirla con vosotras. Y os contaré que esas palabras nacieron en la puerta del mundo de los Sueños. El lugar donde Campanilla le dijo a Peter Pan que siempre le querría. Dónde siempre le esperará.

En el lugar donde se recuerdan los sueños.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

P.D. Y no puedo dejaros hoy sin contaros algo. Este septiembre, durante tres días,  caminaremos entre los mundos y traeremos a éste un poco de la magia del Reino de los Sueños. En Septiembre tendrá lugar el Festival de la Diosa en Madrid. Y STARHAWK, quién ya nos abrió la puerta al camino de la Diosa hace mucho tiempo, estará con nosotras para abrirla de nuevo. Será una experiencia inolvidable y yo os estaré esperando allí.

http://www.festivaldeladiosa.com/

El verano de la Oscuridad

Witch Anette89

Witch
Anette89

En las ciudades sobra luz. Estamos inundados de luz, tanto de día como de noche. Esta madrugada no podía dormir y salí al balcón en busca de una brisa inexistente. A pesar del tórrido calor y los mosquitos, las noches de verano tienen una magia difícil de igualar. Así que me senté y me dejé embargar por el espíritu de las noches cálidas. Si os habéis fijado, todo parece vivo. Los árboles, las fuentes, los sonidos que parecen escucharse desde muy lejos… Tanto que a veces pienso que puedo enviar mensajes sólo susurrándolos y el viento sabrá llevarlos hasta quien tiene que escucharlos.

Inundada de esa sensación casi onírica, cerré los ojos y recordé ese sueño que tengo desde que era niña y que ya os mencioné una vez. Ese en el que me cubro con una capa oscura, y en medio de la noche y amparada por la oscuridad, escapo y cruzo la ciudad para reunirme con un círculo de brujas que me espera en la entrada del bosque para compartir secretos, magia y hechizos alrededor de una hoguera en la profunda espesura.

Pero cuando abrí los ojos, regresé a una noche de verano en la ciudad y sonreí incómoda. Demasiada luz. Tanta que ninguna oscuridad podría ampararme. Me imaginé intentando ocultarme entre los haces de luz y me reí. Cada vez hacen las calles más anchas, sin callejones, con muchas farolas. Dicen que así pretenden disminuir el peligro, eliminar los lugares problemáticos y puntos negros de delincuencia, y en parte tienen razón, pero también eliminan el misterio, los escondites de los amantes, los puntos de encuentro de las almas que reviven de noche. Sonreí porque por suerte, donde yo vivo, una bruja ya no necesita esconderse en las sombras para llegar a su akelarre. Y me incomodé porque, ¿Qué ocurriría si algún día necesitamos volver a escondernos?

En las ciudades nos han robado la noche. Nos han robado la oscuridad convenciéndonos de que es mala cuando la única maldad que hay en ella es la que el mismo Hombre crea. La han llenado de monstruos, de terrores, de todo aquello que hay que desterrar. Nos obligamos a un ritmo inhumano marcado por relojes y bombillas cuando nuestro cuerpo está hecho para funcionar con el ritmo de la Tierra. Nuestros días y noches artificiales duran lo mismo sin importar la estación del año en la que estemos y eso hace que vivamos constantemente agotados. Han reducido nuestra existencia a dos binomios que nos están destrozando: luz, actividad, energía y dinamismo contra oscuridad, lentitud, tranquilidad y observación.

Pero nosotras sabemos que la oscuridad es descanso. Es el reino de las maravillas. Es donde nacen los sueños. Nuestro refugio. Toda bruja lleva la oscuridad dentro y, si quiere llegar a ser una verdadera sabia, es absolutamente necesario que conozca a la oscuridad, que la reconozca en su  interior y que no la tema. Una bruja debe enamorarse de la oscuridad.

Para ello, este verano os propongo algo. Este verano vamos a reencontrarnos con la Oscuridad de la noche. Vamos a estudiarla, a aprender a sentirla. Vamos a dejarla penetrar en nosotras para que se encuentre con la que ya llevamos dentro. Este verano vamos a enamorarnos de la ausencia de luz.

Si vivís cerca de un bosque, monte, costa o tenéis la suerte de ir de vacaciones a algún lugar cercano a la naturaleza, comenzad dando un paseo al atardecer. Sed conscientes del cambio en el cielo, en la temperatura del aire, en los pájaros, en como se alargan las sombras. Fijaos en los olores. En la luz dorada del Sol justo antes de ponerse. En los cielos rojos un tiempo después de que haya desaparecido el Sol. Esta primera noche alargad el paseo hasta que no quede luz y veáis las estrellas en el cielo. Si queréis podéis llevar una libreta para escribir lo que sentís, o simplemente sentirlo y disfrutarlo y escribirlo después.

La siguiente noche salid cuando ya esté oscuro y no quede nada de luz en el cielo. Buscad un lugar que sea seguro, porque la oscuridad no es peligrosa pero algunas personas sí, dejad dicho donde estaréis y más o menos por cuanto tiempo. Llevad una linterna si es necesario, aunque si hay luna probablemente no os hará falta. Cuando lleguéis al lugar elegido, sentaos o tumbaos y, simplemente, abríos a la noche. Observad las estrellas lejanas, escuchad los sonidos de la vida a vuestro alrededor. El viento agitando la hierba y haciendo que los árboles canten su canción. La tierra moviéndose bajo vuestro cuerpo debido a todas las criaturas que despiertan en sus madrigueras y salen a vivir en estas horas oscuras. Ratones, conejos, gusanos…  El rumor de las olas calmadas por la marea si estáis en la costa… Si es una noche sin luna y estáis apartadas del pueblo o la ciudad, tendréis la suerte de conocer la verdadera oscuridad, no podréis ver ni vuestra mano frente a vosotras. Tan solo sentiréis. No tengáis miedo, no hay nada que temer. El mundo que os rodea es el mismo que veis bajo el Sol, hermoso y hechizante. Ese mundo sigue ahí, pero oculto. Ahora solo podéis sentirlo y os invita a buscar esa belleza en vuestro interior.  La oscuridad es un regalo para conectar con el mundo a través de los otros sentidos, y para volver nuestra mirada hacia dentro. Meditad, conectad con la tierra bajo vosotras y con las estrellas sobre vuestras cabezas.  Dejad que las sensaciones fluyan libremente, no reprimáis ninguna. Cuando regreséis a casa escribid sobre como os ha afectado la experiencia, si habéis estado cómodas, si habéis sentido temor, incomodidad, felicidad, comunión con todo… Toda sensación y pensamiento es importante.

La tercera noche salid en el momento más oscuro, justo un tiempo antes de amanecer y observad el proceso. Fijaos en los cambios que se producen, y no sólo a vuestro alrededor, también en vosotras mismas. La hora más oscura es aquella justo antes de amanecer. Igual que en la vida. Tal vez porque si la oscuridad no fuese tan absoluta, el amanecer no nos parecería tan espectacular.  Disfrutadlo. Sentidlo. Observad cómo la luz, tímida al principio, empieza a colorear el mundo y a nosotras. Observad cómo todo despierta a la promesa de un nuevo día. Cómo todo parece limpio y nuevo. Cómo la belleza está ahí  siempre, aunque a veces no podamos verla.

Porque ese es el regalo de la Oscuridad, limpiar todo y hacer que todo renazca renovado y con nuevos colores.

Salid a su encuentro muchas noches durante este verano.  Con luna, sin luna, con apenas un gajo de ella… Salid a diferentes horas y disfrutad del encanto de la noche. Disfrutad del hechizo de las tinieblas. Las sombras guardan secretos para aquellas que se atreven a penetrar en ellas. Y sé que vosotras sois brujas valientes que vendréis al final del verano con mil historias para contarme.

Podría desearos unas buenas vacaciones este año, o que viajéis mucho, o que os divirtáis y descanséis en la playa. Podría desearos mil rayos de Sol y días sin fin entre las olas del mar. Pero no. Este año sólo voy a desearos una cosa.

Oscuridad. Mucha oscuridad.

Disfrutadla.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Biblioteca de la Bruja

Imagen: Beside stories Autor: mrbee30 http://mrbee30.deviantart.com/

Imagen: Beside stories
Autor: mrbee30
http://mrbee30.deviantart.com/

Muchas de vosotras me preguntáis dónde podéis leer sobre las brujas de las que hablo. Sobre las mujeres sabias y nuestras antepasadas que habitan en mis textos. La verdad es que nuestra Historia es antigua, se remonta hasta las primeras tribus en la Prehistoria y, aunque no es fácil encontrar libros que nos hablen de ellas en general, alguno hay. Más abajo incluyo una bibliografía de varios que pueden serviros para empezar a conocer mejor el tema.

Básicamente las brujas somos mujeres (y hombres) que a lo largo de los tiempos hemos mantenido y conservado unas costumbres, tradiciones, rituales, y Diosas y Dioses anteriores al cristianismo. Éste se fue extendiendo por Europa principalmente por las ciudades. Eran los reyes y los nobles los primeros en convertirse, pero en los pueblos y los campos (los pagos) los aldeanos y campesinos (paganos, de aquí viene la palabra) continuaban rindiendo culto a sus dioses antiguos, a la Madre Tierra y a sus Diosas de las aguas. Cuando fueron evangelizados, la Iglesia sincretizó muchos de estos Dioses y Diosas con Santos cristianos y lo mismo hizo con las festividades que celebraban la vida y el ciclo de la Tierra. Aunque algunas personas aún recordaban su origen y fueron perpetuando las antiguas costumbres en secreto.

Pero llegó un día en el que se nos consideró una amenaza, y los cristianos comenzaron a quemarnos y a ahorcarnos bajo la acusación de pactar con el Diablo para acabar con el orden establecido por la Santa Iglesia para quitarnos de en medio. Contrariamente a lo que la mayoría cree, la Edad Media fue una época bastante tranquila para las brujas. La famosa caza de brujas que acabó con la vida de tantas mujeres en Europa fue durante la Edad Moderna, en los siglos XVI y XVII, cuando el viejo continente sufría una terrible crisis económica y social, y las brujas fuimos el cabeza de turco al que culparon de todos los males.

Pero desde la Prehistoria, en la que eramos chamanas mensajeras entre el mundo espiritual y el terrenal para el resto de la tribu, pasando por la época clásica donde eramos sacerdotisas de los Dioses Antiguos y de la Madre Tierra, hasta la Edad Media y Moderna, donde siempre había una mujer sabia en las aldeas y pueblos que hacía las labores de herbolera, curandera, partera…, sabias que conocían los secretos de la naturaleza, hemos permanecido superando todo lo que ha intentado acabar con nosotras. Ahora en nuestros días, en pleno siglo XX, somos personas que intentan recuperar esas costumbres y tradiciones antiguas, esas prácticas y creencias y las antiguas religiones basadas en la Tierra y continuar con el legado de todas las que nos precedieron.

Si queréis conocer nuestro mundo o ya sois parte de él pero queréis saber más, os recomiendo esta pequeña selección de lecturas. Son muy pocas, es cierto, y hay muchísimas más (afortunadamente cada día más), pero ellas mismas os llevarán a otras. Con ellas no haréis más que empezar.

Para acercaros a esas primeras brujas de la Prehistoria, os recomiendo:

” Los Chamanes de la Prehistoria” de David Lewis-Williams y Jean Clottes. Editorial Ariel. Un acercamiento antropológico que extrapola datos de estudios sobre chamanes de tribus actuales y los aplica a lo que sabemos del chamanismo prehistórico. Un gran trabajo que nos acerca a misterios no tan antiguos como pensamos.

Y el gran clásico “El lenguaje de la Diosa” de Marija Gimbutas. Está descatalogado pero se puede encontrar de segunda mano. Este libro es uno de los grandes impulsores del movimiento actual de la Diosa ya que rastrea sus raíces en el arte prehistórico.

Uno que está muy bien tratado y que habla en general de las brujas a lo largo de la Historia es:

“El gran libro de las Brujas” de Rafael M. Mérida Jiménez. Editorial RBA Libros. Tuve la suerte de asistir a un congreso sobre brujas en la Universidad en la que Rafael M. Mérida expuso una ponencia y puedo decir que ha tratado el tema con muchísimo respeto y muy objetivamente.

Otros de los clásicos que estudiaron la pervivencia de antiguos mitos que son la base de nuestras creencias son:

“La Rama Dorada” de James Frazer. Hace unos años lo reeditaron de nuevo, debería ser fácil de conseguir. Es cierto que añadió mucho de su propia cosecha y su imaginación romántica, pero es un imprescindible si sabemos quitar el grano de la paja. En la misma línea tenemos “La Diosa Blanca” de Robert Graves, también reeditado hace muy poquito.

Cualquiera de Margaret Murray, “El dios de los brujos” o “El culto de la brujería en Europa Occidental”, aunque ella se centró en el estudio de un grupo localizado de brujas inglesas, las conclusiones a las que llegó son muy interesantes. Académicamente ha sido bastante discutida, pero aporta muchos datos relevantes.

Para conocer la época de las hogueras os recomiendo:

“La caza de brujas en la Europa Moderna” de Brian P. Levak Alianza Editorial

“La Caza de Brujas en Europa. 200 años de terror misógino” de Anne Lewellyn Barstow Editorial Tikal

Centrándonos en la figura de la Diosa en sí, aquella a las que las brujas adoramos, hay uno que a mí particularmente me encanta:

“El Mito de la Diosa. Evolución de una imagen.” Anne Baring y Jules Cashford Editorial Siruela

Además, entre otros:

“La Diosa. Imágenes mitológicas de lo femenino” Christine Downing Editorial Kairós
“Diosas, la canción de Eva” Manuela Dunn Mascetti Editorial Malsinet
“Los misterios de la Mujer” Esther Harding Editorial Obelisco

Y para conocer a las brujas actuales, lo mejor es leerlas a ellas directamente. Yo os recomiendo a dos que son las Madres de la brujería feminista de la Diosa a la que yo pertenezco, leerlas a ellas os llevará a conocer a muchas otras grandes.

“La danza en Espiral” de Starhawk Editorial Obelisco
“La gran Madre Luna” y “Cada día es una fiesta” de Z. Budapest, también ambas de la Editorial Obelisco. Esta Editorial, Obelisco, junto con Lewellyn, publican muchas obras paganas.

Adentrándonos en el mundo de la magia y las plantas, para aprender sus propiedades medicinales lo mejor es el “Dioscórides” una recopilación de plantas muy antigua pero que aún se usa en la carrera de Medicina y en la de Farmacia como manual. Para las propiedades mágicas de las hierbas no hay nadie mejor que Scott Cunningham y sus enciclopedias, además del resto de sus obras basadas en la magia natural.

“Enciclopedia de las hierbas mágicas” Scott Cunningham editorial Arkano Books
“El libro completo de inciensos, aceites e infusiones. Recetario mágico” Scott Cunningham Arkano Books
“Enciclopedia de Cristales, gemas y metales mágicos” Scott Cunningham Arkano Books
Estos tres también podéis encontrarlos de la Editorial Lewellyn, pero es una edición más antigua, así que búscadlos de segunda mano.

Para empezar a conectar con la magia lunar recomiendo a Edain McCoy y su “Magia y rituales de la Luna”, también en Arkano Books.

Y para conocer la unión de la mujer con la luna y los arquetipos de la Diosa es imprescindible “Luna Roja” de Miranda Gray, Editorial Gaia. Ella es la creadora y gran impulsora del movimiento mundial de la Bendición del Útero y sus facilitadoras, las Moon Mothers.

Y por último, para conocer muchos rostros (arquetípos) de la Diosa y cómo se manifiestan en nosotras, los libros de la Dra. Jean Shinoda Bolen, todos en Editorial Kairós
“Las Diosas de cada mujer”
“Las Diosas de la mujer madura”
“Las brujas no se quejan”
“El millonésimo círculo” sobre los círculos de mujeres

“Mensaje urgente a las mujeres”

Para terminar, no puedo dejar de recomendar “Mujeres que corren con los lobos”, de Clarissa Pinkola Estés. Un libro que  habla directamente al alma atávica de la mujer. Ya sea bruja o no, creo que todas las mujeres deberían leerlo alguna vez.

Para comenzar a investigar nuestro mundo, creo que con éstos vale. Con ellos podéis tener una muy buena base para conocer quiénes somos las brujas en la actualidad, de quiénes somos las herederas y el por qué estamos tan orgullosas de gritarle al mundo lo que somos.

¡Brujas!

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Quién eres, bruja?

"Witch" Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova) http://mariannainsomnia.deviantart.com/

“Witch”
Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova)
http://mariannainsomnia.deviantart.com/

¿Quién eres?

Tú. La persona que está leyendo esto en este momento. ¿Quién eres tú? ¿Te has parado a pensarlo alguna vez? No quiero saber tu nombre, o tu profesión, o de quién eres hija, madre, hermana o esposa. No quiero saber lo que haces ni en qué trabajas. En realidad tampoco quiero saber quién eres.

Quiero que lo sepas tú.

Cuando una bruja comienza su aprendizaje se sumerge en un mundo de nuevos conocimientos que, nunca mejor dicho, la hechizan. El tiempo pasa a medirse de otra forma, es la luna la que marca el calendario. Son las estaciones y sus festividades las que señalan los principios y finales. El alma de la bruja se abre sedienta a todo este océano de saber, y es fácil sentir que nos ahogamos ante tantos datos. Es posible sentirse abrumadas ante todo lo que hay que aprender, y sobre todo, desaprender. Los principios son caóticos porque se quiere controlar todo y dominar todo, y muchas veces volcamos toda nuestra atención en los estímulos y experiencias que vienen del exterior y, sin apenas darnos cuenta, nos olvidamos de todo el proceso de cambio que se produce en nuestro interior.

Poco a poco vamos cambiando, sutilmente, muy levemente al principio. Tan despacio que no lo notamos aunque las personas que nos rodean sí que lo hacen. Hasta un día en el que de repente algo nos detiene y nos hace reaccionar ante la persona en la que nos hemos convertido, y nos preguntamos: ¿Quién soy?

Es entonces cuando la bruja debe volcar todo lo que ha aprendido en un viaje hacia su interior para conocer a la persona más importante que se encontrará en su vida. Ella misma. Es un viaje que determinará todas y cada una de sus acciones y decisiones futuras. Y además es un viaje que, si tiene suerte y se convierte en una bruja sabia, realizará muchas veces a lo largo de su vida. Porque una de las primeras cosas que aprenderá es que la mujer que es hoy, no es la mujer que será mañana.  Y que, esa mujer, nunca volverá a ser la misma.

Saber quién es, es lo que decidirá el éxito de sus proyectos, tanto mágicos como vitales. Debe saber quién es cuando, frente a frente con la Diosa, la invoque y llame a su círculo. Cuando trabaje en un hechizo, la energía mágica que creará surgirá desde su mismo centro, desde el núcleo de su identidad que permanece invariable vida tras vida. La magia nace de la necesidad, del deseo puro y la voluntad profunda de la bruja. Si no sabe como llegar al centro de sí misma ni quién es la mujer que crea ese hechizo, la magia no funcionará. Por muchas velas que encienda, por muchos círculos que trace, por muchas hierbas que queme en el caldero, si no conoce el camino al origen de su magia, ésta no funcionará.

Y para conocerse, la bruja debe enamorarse de sí misma. Porque cuando estamos enamoradas, todo lo que concierne a esa persona nos parece interesante y queremos saberlo todo, conocerlo todo, ser  una con ella. Tenemos la ventaja de que ya somos una con nosotras mismas. Ahora sólo nos queda escucharnos para conocerlo todo, y eso es fácil. Cada vez que estudies algo nuevo, o leas algún hechizo, o practiques un ritual o meditación nuevas, tómate el tiempo de preguntarte a ti misma: ¿cómo me siento ante esto? No prejuzgues, no intentes reconducir tus pensamientos si éstos no son los que esperabas en un principio, no intentes imponerte gustos o ideas de otros. Es normal que admires a otras, es normal que intentes seguir los pasos de otras, pero eso no significa que tengas que dejar de ser tú y convertirte en ellas. Esas personas son quienes son por las experiencias de su vida que las han conducido a lo que son hoy día. Tus experiencias te han convertido a ti en quien eres. Cada persona tiene su propia historia. Aprende de las demás, pero no intentes ser ellas. Tu vida, tu historia y tú sois igual de únicas y especiales. Simplemente escucha tu voz interior. Analiza cómo te sientes, y una vez tengas claro tus sentimientos hacia algo, intenta averiguar por qué te sientes así. Imagina que estás leyendo un libro que te habla maravillas de la magia de los desiertos inmensos y su gran poder pero a ti te causa rechazo. Primero, no te obligues a que te guste sólo porque esté publicado en un libro de una gran bruja de renombre. Segundo, si lo piensas puede que no te gusten los desiertos porque el calor te sienta mal y los espacios tan abiertos te ahogan. Sería inútil tratar de obligarte a ti misma a que te gustasen y a apreciarlos. Pero lo que sí está bien es respetar el poder del desierto y respetar tus sentimientos hacia ello.

Cuando te acostumbras a interrogarte sobre lo que te rodea, el día a día se convierte en un constante dialogo contigo misma que te aporta grandes sorpresas. Poco a poco, además de cuestionarte tus sentimientos, también te preguntarás qué opinas sobre cualquier cosa imaginable, e igual que hiciste con lo que sientes, debes aprender a respetar tus propias opiniones y a darles la misma importancia que a las de los demás. Analízalo todo. Pregúntate constantemente el por qué de todo lo que pase por tu mente. Presta atención a tus estados de ánimo. Y no sólo frente al mundo de la magia, las brujas y la Diosa. Préstate atención a ti ante todos los aspectos de la vida en general. Ante tu vida. Cuéntate tu historia y hazte preguntas como si acabaras de conocerte. Medita y deja que tu yo más profundo te hable. Poco a poco descubrirás en ti un conocimiento y una sabiduría que sólo esperaban un poco de silencio para brotar en oleadas. Un saber que siempre ha estado en ti.

Viaja por tu historia. Bucea en las corrientes profundas de tus sentimientos. Arde entre las llamas que convertirán tus miedos en ceniza. Sé como la corriente de brisa que se cuela por todos tus rincones. Piérdete por tus laberintos y acepta y ama todo lo que encuentres dentro de ti, porque todo ello te hace ser quien eres. Todo ello eres tú.

Sobre la puerta del Oráculo de la Pytia en Delfos estaba escrito: “Conócete a ti mismo”. Y de ese saber, de ese autoconocimiento, nace la magia más poderosa.

Porque cada bruja que camina por el mundo es una fuente de poder inextinguible, y la que conoce cómo llegar a esa fuente, conoce el misterio de su vida. El más importante que existe.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Tierra

The Wish Amanda Clarck

The Wish
Amanda Clarck

En los albores de la Historia de nuestra especie, la Humanidad se movía continuamente buscando el alimento que la mantenía con vida. Tenían refugios estacionales, sí, pero su día a día consistía en moverse, en desplazarse por amplios territorios en busca de caza, de vegetales y frutas que les garantizara seguir vivos un día más, y casi siempre cremaban a sus muertos o los dejaban sobre riscos para que las aves sagradas los llevaran con ellos hacia el mundo de los Dioses, mientras ellos continuaban adelante. Siempre hacia delante.

Con el tiempo y el descubrimiento de la agricultura, las personas dejaron de necesitar ese continuo vagar porque ya podían almacenar lo necesario para vivir y empezaron a vincularse a un territorio en concreto. Empezaron a construir los primeros asentamientos estables, desarrollaron un sentimiento de pertenencia y propiedad hacia el espacio que les rodeaba y  echaron raíces al enterrar a sus muertos en esa tierra que habitaban y que les alimentaba, convirtiéndoles así en semillas que retornaban a la Madre, tal vez con la esperanza de un próximo renacer.

La gente vinculó su sangre, sus historias, sus leyendas y linajes a la tierra en la que nacía. La que regaba con su sudor cuando la trabajaba y con su sangre cuando moría para defenderla de invasores llegados de lugares lejanos y, tal vez, menos amables. Aprendieron a conocer cada sendero, cada especie de árbol de sus bosques, cada cumbre de la montaña  y por cuál de ellas  aparecía y desaparecía la luna llena y el Sol en el día más corto y el más largo. Conocieron cada hierba, flor y fruto y aprendieron a usarlos para su propia supervivencia. Crearon viviendas sólidas destinadas a mantenerse en pie y cobijarles durante generaciones, establecieron costumbres y tradiciones que se mantenían durante siglos, algunas incluso milenios, y sus cuerpos y mentalidades se adaptaron al entorno que les acogía. Abandonaron los caminos, se asentaron en la tierra y vivieron dejando pasar los días mientras fluían aprendiendo la magia de las estaciones y con ellas, el continuo paso del tiempo que lo cambiaba todo para volver a ser siempre igual de nuevo.

Algunos de ellos combinaron el trabajo de la tierra con los misterios del mar. Eran marineros que cada madrugada tomaban sus barcas y, sin alejarse mucho de la costa, obtenían pescados y mariscos con los que proveían a sus aldeas costeras. Eran hombres y mujeres de pieles curtidas y miradas soñadoras. De parpados caídos para proteger sus ojos de la inmensidad de las distancias azules y que hablaban del mar en femenino, porque algo que baila la danza de la Luna y tan inmenso, indomable e impredecible solo puede tener alma de mujer. Y estos marinos, cuando regresaban a su hogar a reparar sus redes, sus anzuelos y arpones, contaban a la luz del fuego en las noches mecidas por el rumor del mar, historias de sirenas  huidizas y misteriosas islas encantadas. Y mientras descansaban en la quietud de la firmeza de la tierra, sus ojos brillaban recordando el vaivén de las olas de crestas plateadas.

Pero no todos se dejaron seducir por la estabilidad y la seguridad de un hogar permanente. Una parte de esa humanidad continuó siendo nómada. Eran los viajeros, las almas que ansiaban la libertad de los caminos aún sin explorar. Eternos enamorados de la promesa que se esconde más allá del horizonte. Los caminantes del sendero de las estrellas. Los navegantes de las anchas llanuras verdes. Ganaderos y pastores, domadores de caballos, errabundos trashumantes que, a ojos de los demás, acabaron convirtiéndose en “los otros”, los extraños, los representantes del caos que escapaban al orden establecido. Aquellos que conocen mil y un lugar pero no pertenecen a ninguno, tan sólo a su propio corazón y a las huellas que aún no han dejado en las encrucijadas por las que aún no han pasado.

Con el paso de los tiempos, incluso algunos de estos nómadas ganaderos se asentaron y crearon un hogar, pero en su corazón nunca abandonaron los caminos. Nunca dejaron de caminar hacia el horizonte acompañando sus rebaños. Aunque ahora, ya tenían un lugar al que volver al final de la estación.

Mi sangre de bruja es una mezcla de estas  gentes. Desciendo de labradores y agricultores por la sangre de mi madre, llevo en los genes el amor por un hogar que perdure en el tiempo. Por acompañar el paso de las estaciones en un mismo entorno hasta que aprenda todos sus misterios y conocer cada roca, montaña, bosque y río. Llevo en mi alma la pasión por las tradiciones ancestrales y las leyendas que me unen a la tierra y la curiosidad por saber quienes la pisaron, la disfrutaron y la amaron antes que yo. Siento muy dentro de mí el núcleo del que nacen las raíces que penetran en la tierra, en la Historia, en mi linaje de mujeres del campo. Mujeres de bosque y trigales, de sanadoras hueseras que soñaban en atardeceres dorados por el sol. Raíces de sangre que me llaman desde el pasado, desde la oscuridad que otorga el tiempo, raíces que se pierden en los siglos.

Pero la sangre de mi padre pertenece a ganaderos y pastores, gentes curtidas y fibrosas de piernas fuertes por cada paso dado en los caminos, en senderos, cañadas y veredas en pos de sus rebaños. Gentes acostumbradas a mirar al cielo y preguntarse donde conducirá el camino que dibujan las estrellas. Almas que nunca dejaron de soñar con lo que se esconde más allá del horizonte. Curiosos por conocer otras culturas, otras gentes, otras tierras. Hombres y mujeres de ojos nostálgicos que aún sienten la llamada de las encrucijadas, del sendero inexplorado y de las hogueras que alumbran el campamento al anochecer. Y mi sangre nómada se agita y bulle en mis venas tirando de mis pies que llevan mucho tiempo parados. A veces me pregunto que habrá más allá de este lugar y de los otros que ya he conocido. Esta sangre viajera cada vez me pide que vaya más lejos, a sitios más extraños, con tradiciones diferentes.

Y no se en cual de las dos ramas, puede que en las dos, en algún momento hubo gentes del mar, porque lo oigo rugir y llamarme para que vuelva a casa. Cerca de su baile con la luna, cerca de las olas y el misterio inabarcable de sus profundidades.

Y sé que mi alma de bruja pertenece a la tierra, pertenece a los caminos, pertenece al océano. Mi sangre es azul como las olas brillantes,  es verde como los bosques de mis antepasados. Es dorada como el trigo de los campos. Mi sangre es blanca como la arena de los caminos del mundo. No existen fronteras para mí, porque ningún lugar me pertenece aunque yo le pertenezca a todos. Mis antepasados caminaron por esta tierra cuando aún no construían hogares con cimientos, enterraron a sus muertos en túmulos y tumbas repartidos por este inmenso continente, navegaron siguiendo a Polaris por océanos y mares que para ellos sólo conducían al fin del Mundo.

Y por eso ahora, no creo en fronteras, no creo en naciones, no creo en diferencias. Mi historia, mis genes, mis raíces profundas y mis pies ligeros me convierten en la bruja que soy. En la nómada del viento con un hogar al que regresar.

Me convierten en una Hija de la Tierra.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El viaje de una bruja

Autor desconocido

Autor desconocido

Todas y cada una de las almas que habitamos el planeta estamos inmersas en un viaje. Al igual que todas aquellas que nos precedieron, estamos de camino hacia un destino que no conocemos. No sabemos cuánto  durará, ni quién nos acompañará en algunos tramos, ni por qué sendas nos guiará. Pero todas y cada una de nosotras somos protagonistas de una historia única, somos heroínas con una misión legendaria que sólo nosotras podemos cumplir. Cómo lo hagamos, cómo elijamos vivir ese viaje, depende de nosotras. De nuestras decisiones depende que sea igual al de millones de personas, o que sea una historia épica, de esas que pasan de generación en generación y cambian el mundo. Aunque nadie nunca sepa tu nombre.

Desde muy niña he vivido esperando la llegada de alguien que un día entraría en mi vida y lo pondría todo del revés para encajar las piezas de mi destino en su sitio. Alguien a quien añoraba desde algún lugar profundo en mi interior. Desde algún viejo recuerdo donde quizá una promesa nos unió antes de llegar aquí. Y me dejaba llevar por la vida, vagando a la deriva allí donde el viento arrastrara mi escoba de bruja y esperando. Siempre esperando a que llegara quien tenía que llegar para comenzar a vivir de verdad.

Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que nunca llegaría nadie. Nadie vendría para cogerme de la mano y darme las respuestas que buscaba. Porque un día las respuestas comenzaron a llegar inesperadamente por si mismas, poco a poco… y las encontré en el lugar más mágico que conozco en este mundo. El lugar donde reside la sabiduría para todo aquél que quiera y sepa buscarla. Las encontré dentro de mí. Y comprendí que la persona que había estado esperando, la que echaba de menos tanto que a veces me cortaba la respiración, era yo, pero no la joven que era entonces, sino la mujer en la que yo podía convertirme, la que estaba destinada a ser. Y así fue como comenzó de verdad mi viaje.

Mi viaje es una búsqueda, es un relato de creación, es la historia de un reencuentro y de una espera que cada día se acerca más a su destino. Dejé de buscar en los demás para buscar dentro de mí y comenzar a construir mi mundo. Descubrí a muchas personas sabias a mi alrededor, pero ya no les pedía respuestas, les pedía guía, orientación, consejo… las herramientas que necesitaba para encontrar mis propias respuestas. Y convirtiendo ese vagar con el viento que había sido mi vida en un viaje épico porque comprendí que yo era la heroína de mi propia historia. Desde entonces estoy creando una vida en la que la mujer que seré podrá desarrollar todo su poder heredado de todas las que me precedieron.

Y para lograr mi meta, para llegar a ser una mujer sabia que pueda dar esas herramientas a otras, me vuelvo a lo que mi intuición me susurra. Me vuelvo a la tierra, a la luna, a los bosques. A los antiguos mitos, las viejas historias y los secretos del poder de las mujeres que se contaban en círculo alrededor del fuego. Me vuelvo a lo que late en mí cuando dejo de lado todo lo que sobra y me aferro a lo que importa, a la tierra de la que venimos, a la naturaleza que grita para elevar su voz por encima del ruido de las masas, de la codicia, de las ciudades, de toda nuestra destrucción y hacernos llegar su llamada. Esa que oigo desde que soy niña y que atruena en mí desde que aprendí a escuchar. Me vuelvo al pasado, a nuestras antepasadas y a las que fuimos, porque es esa sabiduría la que hoy estamos trayendo de vuelta. La que nos dará las respuestas de quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos. De todo el poder que todas llevamos dentro.

Yo me conozco. Soy una bruja capaz de abrir puertas a otros mundos. Soy capaz de encontrar la magia de mil universos en cualquier rincón de éste. Sé que aún no hay muchas mujeres como yo. Sé que soy la protagonista de una leyenda y puede que algún día, alguien cuente mi historia entretejida con la de muchas otras y haga que pase de generación en generación, porque yo, de mil maneras distintas, con mil pequeños detalles, cada día cambio el mundo.

Igual que tú. Igual que todas nosotras, mujeres que cada día nos levantamos para seguir la llamada que llega hasta nosotras desde el pasado, de las profundidades del tiempo, surgida hace miles de años de miles de círculos de mujeres y piedras que hoy son leyenda. Y que generación tras generación, han transmitido su historia hasta llegar a nosotras para que la hagamos nuestra.

Sé que ese es mi viaje, esa es mi leyenda. Ser una de esas mujeres que, de nuevo, cambiarán el mundo.

¿Me ayudas?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Lágrimas de bruja

Sea of Serenity Freydoon Rassouli www.rassouli.com

Sea of Serenity
Freydoon Rassouli
http://www.rassouli.com

En viejos textos medievales y modernos se cuenta que, de todos es sabido, las brujas no lloran…

Que no lloramos… A pocas brujas conocían los eruditos escribas de ésos textos.

No hay diques en mis ojos. No hay presas. Cualquiera que sea su origen, mis lágrimas son libres de fluir y brotar de mí, porque las lágrimas contenidas son enfermedades gestadas.

No siempre fue así. Durante mucho tiempo las retuve. Hubo una época en mi vida en la que mi corazón se aletargó. Después de unos años de oscuridad y sufrimiento continuo, algo en mí se quebró y las cosas dejaron de afectarme. Me cubrí con una máscara de falsa fortaleza (una de aquellas de las que os hablé en otra ocasión) para ocultar mi fragilidad y dolor al mundo y a mí misma. Y caminé por la vida sin sentir, sin vivir casi. Me dejaba llevar por el tiempo a través de lugares, de gentes, de momentos que apenas significaron nada para mí. Supongo que el ser humano tiene un límite para el dolor interno y yo alcancé el mío. La respuesta de mi mente fue recluirse tras un muro de hielo y ver pasar el mundo sin involucrarse en él.  De hecho, apenas tengo recuerdos de aquellos momentos. Son años perdidos en un aspecto, pero muy valiosos en otros.

Fue en aquella época cuando me encontré a mi misma, nunca abandoné la magia ni a la Diosa, era lo único que aún me hacía sentir algo y fue así, poco a poco, como el hielo comenzó a resquebrajarse y a derretirse. Fue cuando encontré mi esencia, a mi verdadero yo en mi interior y mis largas conversaciones conmigo misma fueron lo que me devolvió la sensibilidad. Fue cuando aprendí a escucharme. Me di cuenta de que, si centraba la atención en mi interior y permanecía en silencio, las respuestas a cuestiones que me preocupaban surgían de mi centro como si algo más antiguo y más sabio que yo me respondiese. Pero no era nadie más. Sólo yo, que por fin encontraba el camino a la sabiduría que tanto buscaba en el lugar en el que siempre había estado. En mí.

Pero seguía sin llorar. Sentía que no podía permitírmelo. Sabía que debía tantas lágrimas, que si alguna vez empezaba ya no podría parar. El viejo dolor no había pasado, no se había curado. Seguía en mi, enquistado y pulsante, esperando para estallar y buscar una salida que yo le negaba. Pero vivir así no era lo que mi alma libre de bruja necesitaba. Las brujas estamos hechas para vivir la vida en todos sus extremos. Para sentir hasta la última migaja de emoción en todo lo que nos rodea. Una bruja es un corazón que siente todas las emociones del mundo en cada latido. Estamos hechas para disfrutar intensamente de todo lo que ocurra en nuestra existencia. Somos capaces de sentir la alegría más salvaje y la tristeza más devastadora, el amor más apasionado y épico y la soledad más desoladora. Porque la magia está hecha de emociones y sentimientos y nosotras somos la encarnación de la magia en esta Tierra.

Así que comprendí que si quería ser una bruja completa, si quería ser la persona feliz que yo sabía que podía volver a ser, debía liberarme de aquel dolor que mantenía prisionero dentro de mí y que me convertía a su vez en su esclava,  y al que yo sentía expandirse cada día, como una podredumbre oscura y densa que se alimentaba de cada lágrima no vertida.  Debía enfrentarme a él, entregarme a él y dejar que me invadiese para, una vez sentido y comprendido, me atravesara y se alejase de mi.

Y eso hice. Me volví hacia dentro y me enfrenté a él. Dejé que brotase y me llenase por completo, que se expandiese por todo mi ser hasta no dejar un resquicio libre y cuando sentí  que ya no era yo la que le sentía a él, sino que él me sentía a mí, las primeras lágrimas se agolparon  en mis ojos y por fin las dejé brotar, amando todas y cada una de ellas. Me convertí en mis lágrimas. Acompañé su viaje desde el centro de mí, donde se creaban, hasta caer mojando mi rostro, mis manos, el suelo… Las sentí todas y cada una de ellas, lavando a su paso cada humillación, borrando cada recuerdo podrido, sanando cada promesa rota, acariciando sueños perdidos, cicatrizando heridas tan profundas que casi me atravesaban entera. Limpiando cada mentira que había destruido las distintas vidas que pude haber tenido. Llenando cada silencio que rompió mi mundo y casi me desvió de mi camino. Lloré por todos aquellos años en los que no había podido hacerlo y sané cada golpe que la vida me había dado. Grité desgarrándome por dentro y dejé salir toda la rabia. Sollocé tánto que durante días me dolió el cuerpo por los espasmos. Clamé a mis Dioses eternos para que aceptaran la ofrenda de mis lágrimas. Y aprendí que el mayor daño de todos fue el que yo me había causado a mí  misma impidiendo que mi dolor sanase ocultándolo al mundo, casi construyendo mi identidad sobre él. Y una de las promesas que me hice fue que nunca más volvería a retener las lágrimas ni a ocultar el dolor fingiendo que no existe.

Desde entonces he llorado muchas, muchísimas lágrimas. Y he aprendido que llorar es un acto mágico. Es un ritual en sí mismo. Entregamos nuestras emociones a su elemento, las convertimos en agua y las dejamos fluir arrastrando todo lo que nos hiere. Las entregamos para que sigan su camino mientras nosotras continuamos el nuestro.

Hay lágrimas de dolor, de tristeza, de añoranza y pérdida. Pero también hay lágrimas de alegría, de felicidad, de alivio, de compasión, de risa. De amor.

Cada emoción tiene su lágrima y las brujas las conocemos todas porque la base de nuestro trabajo mágico consiste en conocer nuestras emociones en cada momento de la Rueda del Año. Viajamos a nuestro interior y, encontremos lo que encontremos, casi siempre regresamos llorando. Y lo hacemos juntas. Nos limpiamos por dentro juntas y nuestras lágrimas nos lavan por fuera, juntas. Hay algo muy liberador en poder llorar en compañía de otros, y más liberador aún cuando lo conviertes en un hechizo poderoso.

Porque, como todas las cosas mágicas de la vida, las lágrimas guardan un secreto y las brujas lo conocemos.

Y es que hay más poder en una hora de llanto, que en una vida entera  de falsa fortaleza.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El bosque de las brujas

Sabina Autor: Jorge Domingo rasoner.wordpress.com

Sabina
Autor: Jorge Domingo
rasoner.wordpress.com

Desde siempre la humanidad lo ha reverenciado, ha sido fuente de alimento, de cobijo, de calor y leyendas. Pero fue a partir de la Edad Media cuando el bosque adquirió las connotaciones sobrenaturales que se le asocian desde entonces. Es durante los largos siglos medievales cuando las personas se van alejando de la naturaleza y rompiendo la relación anterior de pertenencia que tenían con ella para sustituirla por una relación de dominio. En aquellos días, el bosque constituía la frontera entre la civilización y lo indómito y salvaje.  La seguridad y lo “conocido” terminaban en el último punto iluminado de la aldea o la granja. A partir de esa linde, de ese límite, comenzaba el mundo  de lo misterioso y lo desconocido. Un mundo oscuro en el que habitan rebeldes, forajidos, ladrones y asesinos. Parias desterrados de la sociedad. Pero también un mundo de monstruos, de ogros, orcos, trasgos… de criaturas mágicas como hadas y duendes. Como las brujas, formando parte de ambos grupos al mismo tiempo. Miembros de la sociedad pero rara vez aceptadas. Mujeres y humanas pero rodeadas por un halo fantástico.  Fue entonces cuando todo lo que siempre había formado parte de la naturaleza pasó a ser considerado “sobrenatural”, incluidas nosotras.

Pero el bosque nos llama a todos, y a pesar del temor a lo desconocido, la atracción que ejercía sobre las gentes no disminuyó. El bosque se convirtió en el refugio de los amantes,  en lugar de encuentro con seres legendarios: benevolentes gnomos, hermosas mujeres hechizadas que el aventurero debía desencantar o sabias ancianas que aconsejaban qué camino tomar a los héroes de las historias. Además, el bosque era el sustentador que proveía al hombre de madera, alimento, sanación… Siempre hubo una relación de atracción y rechazo que podemos extrapolar a las brujas. Atracción por nuestro poder (basado en el conocimiento), rechazo por ser distintas. Mientras las gentes comunes sentían temor y respeto por el bosque, nosotras formábamos parte de sus habitantes porque mientras los demás procuraban no adentrarse en sus profundidades tras el crepúsculo, nosotras nos sentíamos seguras en él, protegidas, y como ya dije en otra ocasión, sabíamos que el único peligro que encierra, viene de la mano de otras personas.

Cualquiera que haya pasado tiempo en ellos sabe que el bosque está vivo. Que tiene un lenguaje propio compuesto de crujidos de ramas,  del viento soplando a través de las hojas, de pisadas sobre la hojarasca, del roce en la vegetación provocado por movimientos furtivos… un lenguaje que nosotras conocemos. Y también sabemos que tiene una conciencia propia. Cuando entras en un bosque antiguo, apenas tocado por la presencia del hombre, sientes que no estás sola. Algo te observa, en silencio, callada pero insistentemente. Una presencia casi familiar, jamás hostil (siempre y cuando respetes su mundo), protectora casi. Muchas mitologías europeas hablan de este ser, el Hombre Verde en los bosques célticos insulares, el Musgosu en Asturias, el Basajaun en Navarra aquí en la Península,…  El Guardián de la floresta y sus habitantes.

Cuando voy a perderme entre sus árboles y sendas, siempre toco el primer árbol. Poso mi mano sobre su corteza rugosa y cierro los ojos. Siento en él el espíritu de la Driade que lo habita.  Siento el paso del tiempo creando los anillos de su tronco, la salvia de su sangre recorriendo sus ramas dotando de vida las hojas nuevas. Siento sus raíces clavándose en la tierra, expandiéndose y conectándose con las raíces de todos los demás árboles, convirtiendo el bosque en un único ser, una única presencia, una conciencia compuesta de vida y de tiempo.

Cuando entro, puedo sentir esa vida a mi alrededor casi como un abrazo, algo que me envuelve y me da la bienvenida. Siento la esencia del bosque, del Hombre Verde, de la Diosa Madre en toda su plenitud y más fuerte que nunca. Siento una energía antigua y sagrada,  una atmósfera cargada de magia, de calma y pertenencia que me sobrecogen. El bosque es mi templo, porque es en él donde más fuerte siento mi propia divinidad. Siento la presencia de otras brujas que caminaron por ellos siglos antes que yo, recogiendo hierbas para sus hechizos, haciendo viejos rituales a la luz de la Luna Llena, cerrando los ojos como yo y sumiéndose en un estado de comunión con la naturaleza que pocos entienden. Una conexión tan intensa que a veces siento que algún día echaré raíces que se conectarán con las de los otros árboles y me convertiré en parte de él. Una guardiana más del bosque viendo pasar los siglos.

Cuando cierro los ojos, toco al árbol y le pido al bosque permiso para entrar, una brisa ligera proveniente del corazón de la espesura se enrosca por mi cuerpo al tiempo que una corriente de energía penetra en mí desde mis pies y mis manos.  Una energía cálida y acogedora que me da la  bienvenida y me dice: Por fin estás en casa, hace mucho que te esperábamos.

Sí, el bosque nos habla. Nos llama. A pesar de vivir en ciudades rodeadas de cemento y tecnología, las brujas llevamos su espíritu dentro, porque el alma de las brujas es como la del bosque, indómita y salvaje.

Mi alma está hecha de madera y bosques. De ríos lentos y oscuros de los que brotan brumas y leyendas. De crepúsculos eternos, umbrales entre ayeres y mañanas. De jirones de sueños y polvo de estrellas.

Mi mundo huele a sándalo. A especias cálidas y dulces. A musgo de bosque antiguo olvidado por el sol. A charcas escondidas de aguas quietas y verdes,  con líquenes y secretos ocultos en sus oscuras profundidades. A hiedras que envuelven troncos de árboles vetustos. A rayos de luna que se cuelan entre las ramas e iluminan claros encantados. A negra tierra mojada tras una tormenta en otoño. Mi mundo huele a sueños y secretos, al frescor de la sombra y a la calidez del atardecer.

Como para casi todas las brujas, para mí el bosque es mi hogar. No importa donde vivamos, en un pueblo, una ciudad, una metrópoli… las brujas llevamos el bosque con nosotras. Es parte de nuestra esencia, de lo que somos.

Tal vez por eso, en los viejos cuentos de hadas, a las brujas nos pintan verdes.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

Mi Espacio Sagrado

 

Author: Katerina Plotnikova "Lullaby"

Author: Katerina Plotnikova
“Lullaby”

Hay un lugar donde la magia y el misterio aún perduran. Donde las hogueras se encienden para iluminar las noches de danza y hechizos, no para quemar a brujas entre sus llamas. Un lugar donde el tiempo ha respetado las antiguas costumbres y la antigua religión pervive en el corazón de sus habitantes. En ese lugar no existe el miedo. No existen la tristeza o la culpa. Está un poco escondido y el viaje es accidentado. No es un camino que cualquiera pueda encontrar y mucho menos recorrer, pero cuando se llega merece la pena, porque se llega a mi hogar. ¿Me acompañas en el viaje?

Para partir, primero debemos atravesar un puente que cruza un río. Es un puente viejo, fuerte, no muy grande y curvo, de piedras grises cubiertas por musgo y liquen. Pulidas y suaves por los pasos que tantas veces lo han atravesado. Ven conmigo al centro, si lo tocas notarás la calidez del sol que ha impregnado la piedra. Asómate y mira el río. Es verde y profundo, de aguas antiguas que fluyen lentamente guardando secretos y sueños. Las algas parecen ondeantes cabelleras de ondinas que viven en sus profundidades y un silencio mágico lo envuelve todo, apenas roto por el chapoteo de alguna criatura acuática, el lejano trino de los pájaros o el viento acariciando la hierba y los juncos.

Ven, mira lo que hago. ¿Ves este pesado fardo que cargo a mi espalda?, está lleno de mis preocupaciones, de mis miedos, de mis desengaños, heridas y traiciones. De todo lo que me hiere y hace que mi camino sea más arduo y desagradable. Es todo lo que hace que mis pies sean más pesados. Todo lo que me encadena. Ahora voy a arrojarlo al río para que las aguas se lo lleven lejos y pueda proseguir el viaje ligera, sin un equipaje que para nada sirve allí donde vamos. Ven, haz como yo. Abre tu fardo y arroja al río tu carga: tu corazón roto, tus esperanzas perdidas, tus sueños inalcanzados, tus largas noches de insomnio… Arrójalo todo y deja que el agua se lo lleve. Hoy no lo necesitas.

¿No te sientes ya más ligera? ¿Más libre y feliz? Pues ven a bailar conmigo al otro lado del puente donde hay una pradera extensa cubierta por la hierba más verde que hayas visto en tu vida. La tierra es blanda, negra y fértil, y acaricia mis pies descalzos en cada paso. A lo lejos hay un bosque inmenso, oscuro y vivo que promete mil aventuras y misterios. Los rayos cálidos del sol besan nuestra piel mientras nosotras bailamos entre mariposas y pájaros, al son de la música del viento y del zumbido de las abejas y libélulas que vuelan a nuestro alrededor, buscando la flor más deliciosa y fragante. Y mientras danzamos, nuestros pasos libres y ligeros nos han conducido a la orilla de un lago de aguas quietas y transparentes, a la sombra de grandes árboles en el nacimiento del bosque. En la otra orilla del lago hay una cascada brotando entre las rocas y se adivina una sombra tras las aguas que caen, una cueva escondida.

Ven a nadar y deja tus ropas en la orilla. Tu cuerpo merece sentir la caricia del agua sin el estorbo de las telas que lo cubren. No sientas vergüenza. Tienes el cuerpo hermoso de la Diosa que te creó. Perfecto y único. Hecho para disfrutar. Ven conmigo, yo ya estoy en el agua. Está tan fresca contra mi piel caliente por el sol, que me inunda una sensación incontrolable de júbilo. Tengo ganas de gritar y de reír. De liberar toda la energía que me llena. ¿Tú no? ¿No sientes cómo el agua se desliza por tu cuerpo mientras te sumerges? ¿Cómo las profundas corrientes relajan todos tus músculos?  ¿Cómo la risa escapa de tu garganta? libre de preocupaciones y responsabilidades. Chapotea, salpica, sumérgete hacia lo profundo, permítete ser feliz y disfrutar de ti. Sólo de ti.

Y de mí, que te espero junto a la cascada. Debemos proseguir el viaje y ahora se pone más complicado. ¿Te atreves a continuar? Vamos, que no te asuste la oscuridad de la cueva. Sígueme a través de la cascada y nos calentaremos con la hoguera que enciendo dentro siempre que vengo. Mientras nos secamos te enseñaré la cueva. No es muy grande, ni muy alta pero es acogedora. Si miras hacia las partes oscuras, donde la luz del fuego no llega del todo, verás túneles que se pierden en la negrura. No los he explorado todos así que algunos todavía no se adonde van. Son una aventura que guardo para otro momento, pero no para hoy.  Mira el fuego, observa el baile de las llamas, su sinuosa danza de rescoldos vivos. Sus chispas que se elevan en el aire. Las formas que se crean en las ascuas nos recuerdan que el fuego es una criatura viva. Si miras fijamente casi puedes ver a las salamandras escondiéndose entre los leños incandescentes. El crepitar va calmando nuestra respiración y su hipnótico resplandor nos va induciendo suavemente a un trance ligero.

¿Estás preparada para seguir? Bien, porque ahora hay que descender. Coge una tea de la hoguera y ven a la profundidad de la cueva donde te espero. Mira, hay una entrada grande de la que parten escaleras. No temas, está oscuro pero a medida que bajemos nuestra luz hará retroceder a las tinieblas. Son solo 10 escalones. 10 pasos que nos separan de nuestro destino. Los bajamos despacio, sintiendo como descendemos hacia las profundidades de la Tierra. Un paso tras otro nos adentramos en lo que no conocemos, hacia un lugar que no olvidarás jamás.

¡Mira! Una puerta antigua de madera y herrajes nos corta el paso al final de la escalera. Empújala, salgamos fuera. Ven, ya queda muy poco. Ya casi estamos en casa y mi corazón salta en mi pecho haciendome vibrar con cada latido. Observa, es de noche. La luna llena ilumina el sendero que parte de la puerta en la roca y se pierde entre árboles hacia el corazón del bosque. Ven, corre, mi corazón anhela llegar. Sígueme, te prometo que no nos perderemos. ¿Escuchas el rumor de las olas a los lejos? Es la canción del mar. Hay un acantilado al final del bosque y el viento trae el salitre hasta nuestros labios. Huele. El olor del mar me inunda trayéndome recuerdos de las profundidades. Entre los árboles veo el reflejo de la luna rielando la calmada superficie del océano y siento mis pies volar sobre la hierba.

Ven, por este sendero, ya casi llegamos. ¿ves esa cortina de hiedra? La que cae entre las ramas densa y oscura, espera que la aparto. Entra. Ya estamos, hemos llegado. ¿Ves este claro entre robles, hayas, sauces y demás árboles mágicos? ¿Ves cómo la hiedra cubre los huecos para mantenerlo escondido? ¿Ves cómo la luna inunda el lugar con sus rayos de plata? Este es mi hogar. Este es el final del viaje.

En el centro del claro están los restos de una hoguera que voy a encender ahora mismo. Quiero que las llamas iluminen tras ella el antiguo dolmen de piedra que uso como altar donde honro a mi Diosa. Mira, voy a cambiar la flor que dejé sobre él la última vez. Voy a poner una fresca. Esta vez lilas.

Camina por el claro, explóralo si lo deseas. Las luciérnagas vuelan iluminándolo todo con una luz mística, casi onírica. Pétalos y semillas de diente de león flotan en el aire, y a lo lejos, se oye una gaita y una flauta cantándole a la noche.

Aquí no hay máscaras, ni muros, ni escudos que nos aíslen del mundo. No hay mentiras ni traición, no hay miedos ni pesares. Aquí solo estoy yo. Mi verdadero yo. Este es mi mundo. Mi hogar. Mi núcleo. Te he traído conmigo atravesando el puente que separa los mundos. Cruzando el río del Tiempo, bañándote en el lago de mis emociones, enfrentándote a la caverna en la que habita mi sombra y descendiendo hasta las profundidades de mi psique. Te he traído al centro mismo de mi alma. A mi Espacio Sagrado.

Aquí he vivido mil vidas, he visto nacer y caer imperios. Me he encontrado con la Diosa en muchos de sus múltiples rostros y con el Dios en alguno de los suyos. Aquí soy reina, soy mujer, soy una simple campesina. Siempre soy Bruja. Aquí soy la Diosa que vive en mí. Aquí siempre es ahora. Siempre es hoy. Siempre estoy a salvo.

Y ahora que te lo he mostrado, es hora de volver. De regresar al exterior de mi misma. Pero nunca me marcho con tristeza porque sé que este lugar siempre estará esperándome hasta que pueda regresar.

¿Te ha gustado? ¿Has disfrutado el viaje?

Espero que sí, porque ahora empieza la mejor parte. Ahora tienes que descubrir el tuyo. Dentro de ti, en tu centro, hay un lugar que es solo tuyo. Donde sólo tú y quien tú invites podrá llegar. Un lugar que construirás tú con todo lo que tú decidas. Tu espacio sagrado. Tu templo. Tu hogar. Donde vive la Diosa dentro de ti.

Ahora ve y busca el camino. Crea el mapa que te llevará a casa. Yo estaré esperando aquí a que regreses y me cuentes cómo te ha ido.

Ahora empieza tu propio viaje.

¿Te atreves?

Hyedra de Trivia

 

(Eva Hyedra López)

Mi historia

Mi burbuja

Mi burbuja

Continúo recopilando textos, esta vez es mi historia. Editada y un poco modificada, pero en esencia la misma del artículo que se publicó originalmente en el blog Liebanízate. Es un resumen muy, muy breve de cómo llegué a ser quien soy. Es toda vuestra.

 

Recuerdo perfectamente el día que escuché por primera vez la palabra Wicca. Tenía 17 años y fue como llegar a casa.

Siempre he sido distinta. No recuerdo un día de mi vida sin magia, sin buscar la luna, sin escuchar al viento en los árboles y sin sentir que las aguas de los arroyos, ríos y mares están vivas. Sin hacer mis hechizos en el bosque o en la soledad de mi habitación. Mezclando hierbas, estudiando las llamas de las velas, ahorrando para el siguiente libro de magia. Desde muy niña he buscado otras historias, otras leyendas. Mitologías anteriores al cristianismo que dentro de mí reconocía más propias y reales. Siempre he creído que la Tierra está viva, que hay una conciencia en ella, creadora y destructora. La Madre Tierra, la Madre Naturaleza, La Madre Luna… La Diosa de los Mil Nombres. También creía en una fuerza masculina, salvaje, fertilizadora… Un Dios compañero, consorte, nunca superior a Ella.

He soportado burlas, sí. Nunca he ocultado lo que soy, porque lo fui desde siempre y no aprendí a esconderme. Para la gente que me rodeaba siempre fui “La Bruja”, para bien o para mal. Y he de reconocer que casi siempre fue para bien. A pesar de ello, es cierto que siempre me sentí sola, rara y distinta. Como si el mundo y la vida fuesen burbujas en cuyo interior vivían los demás y yo sólo orbitase alrededor, siempre mirando desde fuera. Aislada y sin formar parte real de nada. Hasta que un día, hace más de 20 años, me presentaron a otro brujo y me hizo una pregunta: ¿Qué clase de magia haces? ¿Qué clase de bruja eres? Cuando le expliqué, cuando le conté quien soy y lo que hago, el respondió: Ahhh, eso es Wicca. Me prestó un par de libros y cambió mi mundo. Había llegado a casa.

En 1951 se abolieron las últimas leyes contra la brujería en Reino Unido, y a raíz de ello, algunas personas que afirmaban ser brujas comenzaron a salir a la luz. Raymond Buckland, Gerald Gardner, Alex Sanders, Sybil Leek, Doreen Valiente, el matrimonio Frost, los Farrar… Todos ellos brujos que se daban a conocer y marcaban el camino a otros que vendrían después. Fueron la primera generación. Con ellos aprendí las bases de la Wicca, una religión basada en el culto a la Naturaleza y a los Antiguos Dioses.  En una concepción cíclica de la vida y una visión integradora del Hombre con la Tierra.

Seguí investigando porque había muchas tradiciones, muchas formas distintas de vivirla. La Wicca no era antigua, en realidad nació como tal en esos años. Pero muchas de las prácticas y tradiciones que celebraba sí eran antiguas. La mayoría de ellos eran ocultistas que habían formado parte de sociedades mistéricas secretas como La Golden Dawn y que al abandonarla y formar sus Coven (akelarres), habían llevado con ellos muchos rituales y prácticas ceremoniales que ahora formaban parte del cuerpo ritual Wicca.

Me gustaba, por fin había algo de lo que me sentía parte y que se correspondía con lo que yo había sentido, vivido y experimentado siempre. Pero todavía faltaba algo. Me sobraba ceremonia. En el fondo buscaba algo más sencillo, más natural y real. Una conexión aún mayor con la Naturaleza. Y continué buscando hasta que encontré a las brujas diánicas. Una vertiente del paganismo centrada en el culto a La Diosa, a la Tierra y que hacía hincapié en recuperar un misticismo y una espiritualidad básicamente femeninas. Fue entonces cuando supe que mi búsqueda había terminado, comprendí que había llegado para quedarme. Leí a Starhawk, fundadora del movimiento Reclaiming, que como su nombre indica, reclama el derecho de la mujer a tener decisión en su propio camino espiritual y a reconocer la Divinidad femenina, negada y prohibida durante tanto tiempo. Leí a Z. Budapest, pionera también. Margot Adler, Phyllis Curott, Edain McCoy, Merlin Stone, Selena Fox, Jean Shinoda Bolen, otra pionera en el campo de los arquetipos femeninos, y una de las impulsoras de la creación de los Círculos de Mujeres, Miranda Grey, Clarissa Pinkola Estés…

El paganismo diánico estudia todas las culturas, busca en todas ellas el papel femenino en el mundo espiritual y trata de ayudar a la mujer actual a conectar con su propio misticismo. Le ofrece un camino donde puede ser protagonista, donde puede tener un contacto directo con la divinidad sin depender de intermediarios masculinos que le digan en qué creer y cómo creer. Es un culto en el que la mujer se reconoce a sí misma y encuentra su lugar porque la Diosa, la Tierra, sigue sus mismos ciclos y recupera una relación y conexión con Ella que le ha sido arrebatada hace mucho tiempo. A diferencia del Dios masculino, una figura lejana y distante en los cielos, padre vigilante y castigador… la Diosa está aquí, en cada mujer, formamos parte de Ella y Ella de nosotras. Y como entidad, es compañera, hermana, camina a nuestro lado y la miramos como a una igual.

Con el tiempo conocí a otras mujeres como yo. Valientes, sabias, muy instruidas y empáticas. Y también hombres, porque hay muchos hombres en el camino de la Diosa, hombres que quieren un mundo en equilibrio, donde exista la igualdad y la libertad para que cada uno pueda ser, sentir y vivir como es, sin tener que esconderse. Hombres muy, muy valientes, porque hay que ser muy valiente para portar el estandarte de la Diosa en el mundo masculino aún hoy en día.

Y así llegamos a nuestros días. Esta es mi historia. Así llegué a ser quien soy, encontré mi camino y descubrí que nunca había estado sola. Descubrí que no podía vivir en la gran burbuja en la que vivían los demás porque yo ya formaba parte de otra, descubrí que siempre había habido un hogar para mí. Y para descubrirlo solo he tenido que abrir los ojos y escuchar siempre lo que mi intuición, y mi corazón, me pedían a gritos.

Porque como Ella dice: “Si lo que buscas no lo encuentras dentro de ti, jamás lo encontrarás fuera de ti, porque he estado contigo desde el principio…”
Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra Lopez)

 

Sombra de Bruja

"Embracing Shadow Self" Copyright © 2001 Rita Loyd http://www.nurturingart.com/

“Embracing Shadow Self”
Copyright © 2001 Rita Loyd
http://www.nurturingart.com/

En estos tiempos de oscuridad y frío siento a mi Sombra de bruja removerse. Sabe que es invierno y casi luna nueva y me toca volverme hacia ella. Se retuerce y expande, creando zarcillos que se filtran por mis rincones y recovecos. Va creciendo y sintiéndose a sí misma, asegurándose de que yo también la sienta. Es ahora, cuando el frio y los días cortos parecen hacerlo todo más lento y hay más tiempo para quedarnos quietas, pensar y meditar, cuando llega la hora de mirarnos frente a frente y tomarnos la medida. Es hora de descender a la Oscuridad para encontrarnos en su terreno, que es también el mío, porque es nuestro.

Hubo un tiempo en el que la temía. Mucho. Un tiempo en el que no comprendía. Una época en la que renegaba de ciertas partes de mi ser. No muchas, es cierto, pero sí las suficientes para temerla. Después hubo otra época en la que yo sólo era Sombra. Un periodo de daño, de ajustes y transiciones donde mi oscuridad campó a sus anchas por mi vida. Por suerte duró poco, pero aprendí muchísimo. Hoy soy una bruja afortunada porque ya hace mucho comprendí qué es la Sombra. Cuál es su papel y la importancia que tiene. Hace mucho que acepté que mi Sombra también soy yo.

Todas tenemos defectos, todas tenemos ciertas actitudes, miedos, fobias, malos sentimientos irreprimibles e inevitables a veces, recuerdos que no queremos recordar, traumas que no conseguimos olvidar y que nos lastran. Partes de nosotras que escondemos, que ignoramos, que sepultamos lo más profundamente que podemos en nuestro interior para que pasen desapercibidos a los demás. Pero nosotras sabemos que están ahí, esperando su momento.  Esperando que, por un instante, perdamos el control y ellos puedan escapar. Todo lo que reprimimos, lo que negamos y escondemos, lo que tememos y nos negamos a enfrentar, todo ello es nuestra sombra. Nuestra parte oscura que se hace más grande cuanto más la ignoramos y más fuerte cuanto más la tememos.

El camino de la bruja nos enseña que nuestra Sombra no está ahí para hacernos más daño, ni para castigarnos o humillarnos. Las brujas sabemos que no es nuestra enemiga por mucho que le hayamos colgado siempre la máscara de monstruo. Por el contrario, es nuestra gran maestra. Es esa amiga que nos dice la verdad que más duele, la que nos pone en las situaciones más comprometidas y difíciles, pero que lo hace por nuestro bien. Y cuanto más la ignoremos, cuanto más lejos tratemos de huir, con más ahínco nos perseguirá y tratará de mostrarse, porque su única misión es ayudarnos.

Ella forma parte de nosotras desde que la Humanidad existe como tal. En casi todas las mitologías del mundo se nos cuenta la historia del descenso de la Diosa, una historia en la que tiene que viajar al Inframundo para rescatar a alguien o algo querido de las garras de una  Divinidad oscura, a menudo su propia hermana. Freya, Isis, Ishtar, Deméter y Perséfone entre otras… Todas deben descender a la oscuridad (su propio subconsciente) para enfrentarse con su parte oscura, su Sombra, su otra mitad y rescatar lo que no es otra cosa que su ser completo. Luz y Oscuridad.  Y para alguna de ellas, como Perséfone, asumir su papel como Reina de ese Inframundo, lo que la convierte en una mujer completa que  se mueve entre ambos mundos. Dueña y Soberana de su oscuridad e hija de Deméter en la parte luminosa del mundo.

También hay ciertos comportamientos que en la mujer tradicionalmente se han considerado rasgos de carácter indeseables, como la independencia, el deseo sexual, la confianza en una misma, la fortaleza, la astucia, la obstinación, la sabiduría y la curiosidad por aprender…, y  aquellas de nosotras que a lo largo de la Historia mostrábamos esos rasgos hemos sido acusadas de ser poco femeninas, lujuriosas, indecentes e inmorales, impertinentes, hombrunas, histéricas… Brujas. Pero como brujas, nos volvemos hacia las Diosas Oscuras para que nos cuenten sus verdaderas historias y aprender de Ellas y de sus dones y de paso reconciliarnos con nosotras mismas  a través de Ellas: La libertad sexual de Lilith, la pasión y fuerza de Morrighan, la sabiduría de Cerridwen, los conocimientos ocultos y mágicos y el poder de Hécate, la crueldad necesaria de Kali, la soberanía de Perséfone… Y muchas otras.

Hace mucho que, voluntaria y periódicamente, me enfrento a ella. Me preparo para el descenso al centro de mí misma desnudándome metafóricamente dejando en la superficie todos los prejuicios y todo aquello que ponga trabas a mi aprendizaje. Sin velos, sin disfraces ni máscaras que oculten o cambien mi verdadero yo, me presento ante ella, que me sonríe y espera con cariño. Observo bien qué es lo que no me gusta, qué hago mal, qué partes de mí rechazo o me cuesta aceptar, y cuando lo identifico, comienza el trabajo de sanación. La labor de curar heridas que a lo mejor ni siquiera sabía que tenía, pero mi Sombra sí, y me las muestra. El ejercicio de aceptar como míos los rasgos de mi carácter que no me gustan y tratar de mejorarlos, de darles la vuelta y aprender cómo usarlos para convertirme en una mejor persona.

Porque enfrentarse con la propia sombra, con la Diosa Oscura que habita dentro de cada una de nosotras, es la única forma de conocernos tal y como somos de verdad. De aceptarnos y aprender a amarnos por lo que realmente somos. Porque ninguna sería la mujer que es hoy en día sin esa otra parte oscura que nos completa y forma la totalidad de lo que somos y que nos ha ido moldeando a lo largo de nuestra vida. Y en cada viaje a la Oscuridad, en cada ocasión en la que me enfrento a ella, me hago más fuerte. Cada vez aprendo más. Cada vez me quiero más. A mí y a Ella.

Mi Sombra y yo somos muy buenas amigas. Le debo todo lo que soy, porque sé que yo no sería la bruja que hoy soy si Ella no se hubiese esforzado tanto por conseguir que le hiciera caso. Gracias a ella soy una mujer completa. Llena de  Luz pero también de muchas sombras. Y al igual que estoy enamorada de mi Luz, estoy casi más enamorada de mis sombras. Porque ellas guardan mi secreto. Guardan el misterio de lo que verdaderamente soy. Mi verdadera esencia.

La más pura chispa de Luz divina que sólo puede apreciarse en la más absoluta oscuridad.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hechizo de Luna

La Luna…

¿Conocéis a alguna bruja que no esté perdidamente enamorada de la Luna? Porque yo no.

Una vez soñé que se rompía, que sus pedazos muertos caían sobre la tierra y que en el cielo apenas quedaban unas ruinas sin alma, sin su resplandor. Grises y polvorientas. Sentí que algo se rompía también dentro de mí y una angustia fría y húmeda se extendía por mi sangre helándome hasta los huesos. Mis lágrimas nublaban mi vista pero se negaban a caer, y un dolor de absoluta desesperación y pérdida me impedían respirar. Desperté llorando, con gemidos atascados en mi pecho y con la respiración entrecortada. Me lancé a la ventana y la busqué. La miré largamente mientras mis latidos recuperaban su ritmo normal. Allí estaba, creciente, hermosa, cercana. Como siempre había estado. Como siempre estará. Mi Luna. Mi amada Luna.

Siempre ha estado allí, cubriendo mis noches con su luz y con su oscuridad. Mi eterna compañera de noches en vela aprendiendo, estudiando, leyendo mis libros de magia y guiando mis sueños. Alumbrando mis alegrías y mis esperanzas rotas. Jamás ha perdido su poder sobre mí. Cada vez que la veo es una experiencia nueva. No importa su tamaño, su belleza siempre me sobrecoge. Y si se asoma entre nubes o a través de las ramas de los árboles, su atmósfera penetra tan profundo dentro de mí que tengo que obligarme a arrancar mis ojos de ella.

Sé que es un satélite. Sé que se formó con parte de esta Tierra arrancada por el impacto de un asteroide y que su luz proviene del reflejo del Sol. Lo sé. Pero también es algo más. Mucho más. Además de regular las mareas de los océanos, ser la responsable del ritmo de los giros de la Tierra que crean el discurrir de nuestros días y nuestro tiempo, y hacer salir a los lunáticos con cada fase plena, también es algo que acompaña nuestras vidas. Una presencia eterna y constante que parece responder a nuestros pensamientos. Y en mi caso, una amiga y confidente. Cuantas noches habré llorado contándole mis secretos en la madrugada…

Desde muy niña me fascinaron sus ciclos. Siempre distinta. Siempre la misma. Como yo, y como todas las mujeres. Recuerdo lo misterioso que me parecía su influjo en nosotras y su influencia en la magia, en el resultado de los hechizos. Lo poderosa que me sentí con el primero que creé yo sola, sin ayuda de ningún grimorio, apenas con 10 años. Mi primer hechizo de Luna.

Recuerdo la sensación de conexión cuando empecé a fluir con ella, con 11 años. Tuve la suerte de tener una madre que desde muy niña me explicó todo con la mayor naturalidad del mundo. De dónde venían los niños, qué acto los creaba, que relación tenía la menstruación con ello y me dijo: sangrarás cada 28 días, apúntalo en el calendario. Mira, dura lo mismo que la Luna. Para cuando llegó el día, yo ya llevaba mucho tiempo esperándolo. Por fin mi cuerpo había empezado a bailar su danza sagrada con las mareas lunares.

Siempre fue mi gran maestra, me enseñó (y aún lo hace cada día) el camino que recorre una mujer durante un mes, durante el año que dura un giro de la Rueda y durante toda su vida. Sus cuatro hermosas caras que son las nuestras, la doncella llena de promesas de la luna creciente y la primavera, la madre cargada de frutos de la luna Llena y el verano, la anciana sabia de la luna menguante y el otoño, y la bruja guardiana de los secretos de la luna oscura y el invierno. Siempre a mi lado, tomando mi mano y guiándome por el gran misterio que es ser mujer. No es extraño que en todas las culturas se le haya adorado, honrado y en algunas, hasta temido.

Hace muchos años que bailamos juntas sus mareas y mi ritmo es el de la bruja. Sangro con la Luna Llena y me preparo para crear vida con la Luna Oscura. Y aunque todas las mujeres del mundo bailamos al son de las mismas mareas y cada una tiene su propio ritmo interno, todas caminamos juntas en un ciclo tan íntimo y tan unido a nuestras vidas que ya no sé si las mujeres somos su reflejo o ella el nuestro. Su canto, viejo como el tiempo, clama llamando a nuestra alma, y nuestra sangre, hecha de agua, responde a su llamada antigua. Las brujas somos seres de agua.

Somos seres de Luna.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Nombre de Bruja

Autor: Chema Madoz © Copyright: All Rights Reserved by the author http://www.chemamadoz.com/

Autor de la imagen: Chema Madoz
© Copyright: All Rights Reserved by the author
http://www.chemamadoz.com/

Las brujas creemos que las palabras tienen poder, y no es sólo una creencia nuestra. En casi todas las culturas se le ha dado poder a la palabra, no sólo hablada, también escrita. Creemos que un nombre contiene una serie de cualidades y cuando queremos nombrar algo y elegimos ese nombre, es porque queremos transferir esas cualidades al elemento al que va a ser impuesto. Unas cualidades que le acompañarán durante toda su vida.

Es por ello que existen palabras mágicas. Y entre las más mágicas de todas, se encuentra el nombre de la bruja.

Mis padres me llamaron Eva. Estuve a punto de llamarme Cecilia, como la hermana fallecida de mi abuela, pero ella se negó diciendo que un bebé no tenía por qué cargar con el nombre de una persona muerta. (Muy inteligente mi abuela). Y a cambio, mi padre escogió el nombre de Eva. No por su significado, ni por el componente religioso, ni nada. Simplemente porque le gustaba.

Eva. Un bonito nombre dicen muchos… En eso no opino. Llevo tantos años escuchándolo que ya no distingo si suena bien o mal, como cuando repites muchas veces seguidas una palabra y acaba perdiendo el significado. Pero en cuanto a sus connotaciones… Eva. La primera mujer, la desobediente, la curiosa, la pecadora. La culpable de todos los males de la humanidad. La Pandora hebrea. Aunque hubiera preferido mil veces llamarme Pandora, la verdad.

Cuando yo era niña, en los colegios, casi todos teníamos religión como asignatura obligatoria, y la historia del Génesis, Adán, Eva, la serpiente y la manzana era de las primeras que nos contaban. Pronto surgieron los primeros comentarios entre los demás niños que me apuntaban señalando: todo es culpa tuya. Eres Eva. Pero también ahí, con unos 5 años y toda mi lógica infantil, fue cuando empecé a rebelarme y a cuestionar a ese Dios que me parecía un poco incompetente. Yo me defendía diciendo que yo no había hecho nada, que yo no era esa Eva, sino Yo misma. Y además, si Dios no quería que comiesen de ese árbol, que no lo hubiera puesto allí, al alcance. Desde el principio no me pareció justo, y con los años, la experiencia y los conocimientos  me fui afianzando en mi opinión.

Rechacé una culpa que no era mía (bien por mí), y rechacé una teología que tampoco reconocía como la mía (super bien por mí). Cuando fui creciendo descubrí que sí tenía algo en común con la Eva bíblica, y era mi sed de conocimiento. Y esa sed fue la que me impulsó a investigar y descubrir. Aprendí que en ningún lugar de la Biblia se dice que el fruto prohibido fuera la manzana, pero como bruja aprendí que la manzana contiene el misterio de la Vida y la Muerte en su interior, y que las manzanas simbolizan la sabiduría y, junto con la granada, el Más Allá. En ritos antiguos se enterraban con los fallecidos para que tuviesen alimento en su viaje, y Avalon, que existe entre los mundos, es la Isla de las Manzanas.

Aprendí también que la Serpiente es la representación de algunos de los rostros de la Madre Tierra y que cuando vemos representaciones de Santos sometiendo a un Dragón o la leyenda de San Patricio expulsando a las serpientes de Irlanda, en realidad son alegorías del Cristianismo expulsando al Paganismo y los antiguos cultos de la Diosa.

Aprendí que Eva no había sido la primera mujer de Adán, sino Lilith, la indómita que se rebeló al no dejarse someter y reclamar su igualdad ante ese Dios. Un Dios cuya respuesta fue el exilio y el castigo, pasando a ser conocida como un demonio engendradora de demonios (mientras Eva fue una mujer engendradora de hombres, pero también castigada). Siempre me he sentido más Hija de Lilith que de Eva. Lilith, la gran Diosa Oscura, regente de la libertad sexual de la Mujer entre otros atributos, todos ellos relacionados con la libertad y la igualdad femenina.

Y hace muchos años ya, decidí que Eva no era el nombre de la bruja que llevaba dentro, de la mujer que quería ser. Si yo era un ser único y cada día me creaba a mi misma, debía llevar un nombre elegido por mí, mi nombre. Y como siempre que quiero aprender algo, o aclarar algo en mi interior, me volví a la Naturaleza, a observar, a escuchar sus mensajes. Y me fijé en mi planta favorita. La hiedra. Creciendo siempre hacia arriba, surgiendo de la oscuridad pero afrontándolo todo, soportándolo todo y adaptándose a todo en su camino por alcanzar la luz. Un vínculo entre el cielo y la tierra. Una de las plantas sagradas de la Diosa. Si el roble y el acebo representan al Dios, la hiedra le representa a Ella. Fuerte, viva, perenne.

Y esas eran las cualidades que quería para mí. No reniego de Eva por temas legales, familiares y para no olvidar de donde vengo. Pero  desde hace muchos años, mi nombre, el que realmente resuena en mi interior y al que mi alma de bruja responde, es Hyedra.

Como bruja libre, no cargo con culpas ajenas. Y mucho menos con culpas inventadas por hombres para someter a mi género y al resto de los hombres. No temo al pecado, ni a un castigo divino, ni a culpas originales. Yo no merezco cargar con un estigma que no tiene nada que ver conmigo. Sólo le temo a mi propia conciencia y es por eso por lo que procuro mantenerla limpia. Y además, si yo hubiera sido la Eva del paraíso, habría comido de la manzana mucho antes. Habría llenado un cesto y me habría marchado junto a Lilith a poblar el mundo de personas como nosotras, libres e iguales.

Soy Hyedra, y aunque nací de la oscuridad, siempre llevé en el centro de la semilla que fui una chispa de Luz que clama por volver a la Fuente eterna. A la Madre. A la Libertad y la Verdad. Y aunque se que mi viaje durará una vida entera, nada podrá detener mi camino, porque es un camino hacia el propio centro de mi misma. Donde Ella habita.

Ese es mi nombre.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La llamada del Mar

Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

Siempre ha habido un vínculo muy potente entre las brujas y el océano, y la magia marina nos ha acompañado desde el principio de nuestra Historia. Y yo no iba a ser la excepción. El mar me llama a gritos a través de mis sueños. A través de mi sangre.  Me llama para que regrese junto a él, a casa… Sé que no soy la única bruja con esta conexión.

Mi mar no es ése que lame suavemente las orillas de arena blanca y cuerpos que se tuestan lánguidamente al Sol. No. Mi mar es ése que se estrella eternamente contra altos acantilados de roca negra y vegetación verde.  El salvaje, el mar embravecido de crestas blancas, el peligroso. El indomable. El que riza mi pelo volviéndolo tan ingobernable como él. El que se mete tan profundamente en mí que durante las noches sigo escuchando su latido en mis oídos. El que nos muestra la furia del elemento de la naturaleza que la Humanidad no puede doblegar. El que hace que un estremecimiento de placer me recorra por dentro cuando estalla una tormenta y la lluvia, los truenos, los rayos y las olas enormes dan muestra de su poder desatado.

Nací lejos de él, pero sé que en algún momento de la Historia mis antepasados fueron gentes del mar. Y mi sangre grita cada vez que regreso. Estoy completa cuando paseo por la orilla rocosa, con el viento despeinando mis rizos locos por la humedad, las gaviotas cantando sobre mí y el salitre salando mis labios mientras aspiro su olor para grabarlo a fuego dentro y poder recordarlo en los meses en los que estaré lejos.

Y durante esos meses me basta con cerrar los ojos para rememorar, para escuchar el rumor de las olas y casi sentir las salpicaduras del agua en la cara. Y recuerdo una noche del verano pasado en la que me sentí plena, feliz, parte de todo allí junto al mar. Fue una noche de julio, en Llanes, Asturias.

Acantilados de Llanes

Acantilados de Llanes

Bajamos al atardecer a la cala porque J. quería hacer una fotografía de exposición nocturna en la orilla. Mientras anochecía y él colocaba la cámara y hacía los cálculos de luz, yo caminé lentamente a lo largo de la orilla persiguiendo las olas que se retiraban muy despacio según bajaba la marea.

No había luna, así que pronto el cielo empezó a cuajarse de estrellas. Yo tracé un círculo muy grande a mi alrededor y empecé a mecerme dejando que toda la energía del momento penetrase en mí.  Sentía el pulso de la Tierra a través de mis pies descalzos moviéndose en la arena. Un suave viento nocturno acariciaba mi piel mientras el agua helada  cubría mis tobillos. Y el ritmo de la Tierra me llenó por completo y empecé a bailar, salpicando el agua en todas direcciones. La música de la noche guiaba mis pasos, torpes y desmañados, pero míos. Nunca se me dio bien bailar siguiendo pasos marcados, no tengo ese don. Pero para danzar con el mar, con el viento y la Tierra no lo necesito. Sólo cierro los ojos y me permito ser yo. Me dejo llevar, me muevo y danzo, a mi manera, sintiendo  la magia.

En uno de los giros miré hacia arriba y, surcando el horizonte, vi una estrella fugaz que recorrió todo el cielo acompañándome en mi danza. Y en ese momento estuve completa. Tierra de la playa, Agua del Mar, el Aire de la brisa marina y  el Fuego de la estrella cerraron el círculo. Fue un momento de éxtasis, de euforia y felicidad plena. Y al contrario de lo que le ocurre a mucha gente, allí, aquella noche en la playa, bailando con el inmenso mar bajo un inmenso cielo y pisando la Tierra que me nutre y de la que estoy hecha, no me sentí pequeña. Por el contrario, me sentí grande. Me sentí única. Me reafirmé como Hija de la Tierra, y además supe que ella me reconocía y me sentí amada. Por mí, por la Tierra, por el mar. Mi mar.

Hace casi un año que estoy lejos de él. Pero anoche soñé que me llamaba. Y el agua que recorre mi cuerpo responde a esa llamada. No sé cómo ni cuándo, pero pronto regresaré a casa y una o muchas de esas noches de verano, volveré a danzar con él. Con el Mar, la Tierra, el  Aire y El Fuego de las estrellas brillando sobre mi.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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