LAS BRUJAS Y LA SANGRE

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Lagertha en Vikings

La Oscuridad. Cuánta literatura hay sobre ella. Cuántas leyendas, mitos, historias y cuentos la tienen como protagonista. Casi siempre es el lugar en el que habitan los monstruos, el enemigo, el peligro. El Miedo. El antagonista de la Luz. En este mundo dual en el que todo está tan estructurado, a la Oscuridad le ha tocado ser la mala y a la Luz la buena. Lo tenemos tan arraigado en nosotras que inconscientemente todo lo que lleve el adjetivo luminoso nos parece positivo y todo lo que lleva el adjetivo oscuro nos parece negativo. Pero este mundo nuestro en el que vivimos no es dual. La Naturaleza está compuesta por múltiples opciones y todas se mueven en distintos grados de claridad y de sombra. Desde el más puro blanco de un paisaje nevado reflejando el sol, hasta la más negra noche de invierno sin luna. Y del mismo modo que un exceso de luz puede quemar o cegar, es en la profunda negrura de la oscuridad donde nace se produce el mayor milagro de todos. Tanto el vientre materno como la tierra que envuelve la semilla alberga esa oscuridad en la que se produce la mayor magia. La vida.

En la Naturaleza no hay opuestos, no hay buenos ni malos ni amigos ni enemigos. Todos son conceptos creados por la Humanidad. En la Naturaleza todo es necesario, todo tiene su papel en un único objetivo. Perpetuarse. Y nosotras, como Hijas de la Tierra, no escapamos a ese equilibrio. Y al igual que tenemos nuestra parte luminosa, también tenemos nuestra Sombra y gracias a la unión de ambas es que somos. Ellas nos definen. Pero hay algo que toda bruja oscura sabe, y es que es la Sombra, nuestra parte más oscura, es la que verdaderamente nos hace ser quien somos. Es nuestra gran aliada, el espejo que nos muestra nuestro fondo, de lo que estamos hechas y cómo darle la vuelta y trabajarlo para convertirlo en los cimientos de nuestro poder. Porque una bruja que conoce su Sombra conoce la fuente de su propio poder.

Y es que no todo lo que esconde la Sombra es negativo o nos hace sentir mal. A veces alberga cosas que hacen que nos sintamos bien, pero son cosas que siempre nos han dicho que no deberían hacernos sentir bien y que está mal sentirse así. Así que nos sentimos culpables y lo convertimos en una emoción negativa. Con esto no me refiero a desviaciones de conducta peligrosas o que puedan dañar a otros y que requieren atención psiquiátrica. Me refiero a todo aquello que siempre se nos ha dicho que estaba mal, que estaba prohibido o era tabú, pero que nosotras no podemos impedir sentirnos atraídas por ello. El placer sexual, el poder, el conocimiento, la magia, la brujería, adorar a antiguos Dioses, la sangre…

Hace poco estaba viendo un capítulo de la serie Vikingos. En él, en un templo pagano estaban celebrando un ritual que incluía sacrificios humanos. No eran asesinatos, sino sacrificios voluntarios de aquellos que entregaban su vida para viajar ante los Dioses y pedir sus favores para su pueblo. Toda la puesta en escena, la recreación del ritual, la música, la atmósfera, la sangre fluyendo cargada de poder despertaron algo profundo en mí. Algo atávico. Sentí un reconocimiento y una nostalgia abrumadoras. Mi corazón empezó a latir más fuerte y mis ojos observaron ávidamente toda la escena. Y me sentí parte de ello, sentí mi propio poder despertando ante algo que reconocía. Y me sentí bien. Muy bien.

Pero después me asaltó la culpabilidad. ¿Cómo podía sentir algo tan potente e intenso ante la muerte de una persona? ¿Cómo podía mi corazón latir más rápido y mi interior sentir esa calidez y familiaridad ante aquella escena? Hasta que comprendí que no era la muerte en sí lo que me hacía sentir así. Era el significado, la profundidad de aquel acto. La fe completa y absoluta y la fuerza de su sacrificio. El renunciar a todo por el bienestar de la comunidad, de la tribu. Y cómo ese sacrificio convertía esa sangre en algo sagrado y poderoso. Era pura magia. Y mi alma de bruja lo reconocía como tal.

A mi mentalidad de mujer del s. XXI le escandalizó sentirse bien por ello, pero la bruja que soy supo reconocer su poder, su magia y su verdadero valor. Lo sentí mucho más real, sincero y poderoso que muchos rituales de muchas religiones posteriores actuales, más “civilizadas” pero más vacías. Puede parecer un acto bárbaro (y de hecho lo es), pero eso no significa que para nuestros antepasados no fuera un honor y un privilegio y un acto de amor supremo hacia su gente. Y teniendo en cuenta que vivían en un mundo en el que se podía morir en cualquier momento, aquella no era la peor forma.

Por otro lado, el hecho de reconocer que mi alma respondió a ello con nostalgia no significa que mañana me vaya a poner a sacrificar gente a los antiguos Dioses. Pero sí comprendí que hay un tabú sobre la sangre que abarca todo, desde los sacrificios humanos (lo cual es normal y necesario) hasta nuestra propia menstruación o incluso el uso de la sangre en la magia. Hace unos años estaba cosiéndome una muñeca de sanación y me pinché con la aguja, así que aproveché mi sangre para vincular la muñeca conmigo. Cuando lo comenté, hubo gente que me dijo que algunas brujas se escandalizarían por ello.

Hay un tabú en torno a la sangre que hay que desterrar. Sacarla de la Sombra. Sobre todo, las brujas, porque la sangre, al igual que muchos fluidos y elementos corporales, se han utilizado desde siempre en la magia y tienen una potencia inmensa. Una sola gota de nuestra sangre contiene toda nuestra esencia y la esencia de nuestro linaje. De nuestros antepasados. Toda la memoria de nuestra estirpe.

Normalmente la sangre tiene esa connotación negativa porque está asociada al dolor, a la violencia y la muerte. A la tortura y al asesinato. Es el mismo acto de matar, de segar una vida y cruzar ese umbral lo que se busca en esos rituales enfermos, y eso es con lo que se asocia la sangre derramada. Pero no tiene por qué ser así. No son necesarios litros de sangre para obtener su poder. Podemos conseguir unas gotas con un simple pinchazo o un pequeño, muy pequeño, corte para emplearla en nuestros hechizos personales. O ni siquiera eso. Nuestra sangre menstrual es uno de los fluidos más mágicos que existen y no conozco un sigilo de protección más poderoso que aquél que está dibujado con sangre menstrual. Por otro lado, todas hemos oído hablar de los pactos de sangre, de hermandades de sangre… en nuestra época, bajo la amenaza del SIDA, a nadie se le ocurre ya, pero muchos juramentos y promesas se sellaban con sangre. No había nada más sagrado. Porque la sangre nos vincula, en nuestra sangre fluye nuestra vida y nuestro ser y jurar con sangre era jurar con el alma. Y en ocasiones especiales, cuando necesitamos un poco más de poder en nuestra magia, lo conseguiremos poniendo nuestra sangre en el hechizo, poniendo nuestra alma de brujas oscuras.

Hay muchas cosas desterradas a la Oscuridad que tienen mucho que ofrecer y aportar a nuestra magia en nuestros tiempos modernos. Pero solo lo harán si nos atrevemos a ver más allá del tabú y los prejuicios de otros y nos arriesgamos a volver a darles el valor y el significado que tuvieron hace mucho, mucho tiempo. Cuando toda la magia del mundo podía encontrarse en una sola gota de sangre. Porque eso es lo que estamos haciendo las brujas oscuras en estos días,  tratar de regresar al origen.  Regresar a las raíces, a las cuevas oscuras y húmedas, a los huesos y la sangre, al conocimiento antiguo y a la magia de los lugares a los que nunca llega el Sol.

Y porque mi pacto de bruja en esta vida, lo he firmado con mi sangre.

 

Hyedra de Trivia.

Eva Hyedra López

 

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