Encontrando el camino

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Muchas de vosotras me escribís y me preguntáis cómo podéis saber cuál es vuestro camino. Saber si estáis en el lugar en el que tenéis que estar, en el sitio para el que habéis nacido, el momento de vuestra vida para el que lleváis años preparándoos. Nadie mejor que vosotras puede saberlo. Nadie puede deciros cual es vuestro camino salvo vosotras

En este mundo, lleno de tradiciones distintas al alcance, con Dioses con todo tipo de nombres en todo tipo de idiomas y en todo tipo de lugares, y con Diosas que nos recuerdan que venimos de una sociedad muy antigua donde la cultura era distinta y el orden jerárquico y social también era distinto, solo tenemos que acallar nuestra mente y dejar que nuestro corazón responda. A veces hay palabras que pasan por nosotras como si no tuvieran significado, apenas un conjunto de sílabas, apenas algo para designar nombres que no nos hacen sentir nada. Y sin embargo hay otras… a lo mejor una forma de unir los sonidos, a lo mejor un idioma que ni siquiera conocemos pero nos hace sentir nostalgia, o nombres más nuestros que los que nos impusieron al nacer, hacen que algo en nosotras responda. Otras veces una nota de música, o una simple tonada, nos hacen llorar de alegría o de tristeza. A veces un paisaje, a veces el nombre de una deidad casi olvidada, de una cultura apenas recordada. A veces la mirada de otra persona con la que nos cruzamos en la vida, de la que no sabemos nada y de la que nunca más volveremos a saber nada. Pero el momento en el que nos cruzamos, el momento en el que nos miramos, se abre un mundo, se abre una puerta a otras vidas, a otras historias, a otros pasados y casi, por un instante, podemos recordar quién fuimos en todas y cada una de nuestras vidas.

Cuando sientes que estás en el punto de tu vida en el que todo está en tus manos, donde eres tú la que controla las riendas, la que decide. Cuando las enseñanzas que recibes o encuentras despiertan recuerdos dormidos en ti. Cuando te sientes por fin en casa, ese es tu camino. Cuando percibas que no es la primera vez que haces algo y además recuerdes casi con facilidad las otras veces que lo hiciste, en ese momento sabrás que estás en la senda adecuada.

Y es bueno que sepáis que esa senda no es una sola vía, recta y sin bifurcaciones. Hay senderos que se cruzan, hay pasos, hay atajos. A veces simplemente se adivinan, otros son muy claros por todos los pies que los han caminado antes. A veces nos damos la vuelta y no encontramos el camino por el que vinimos, y a veces miramos hacia delante y tampoco somos capaces de vislumbrar alguna vereda por la que avanzar, pero, en estos casos cuando no encontramos ningún camino a seguir, el mensaje es muy claro: nosotras debemos hacerlo.  Son nuestros pies, al avanzar uno delante del otro, los que abren el camino. Y lo crean. Tal vez para que lo sigan otros, tal vez solo para nuestros pasos, pero el conocimiento de hacia donde debemos dirigirnos y por dónde, siempre está en nosotras.

Me preguntáis si el camino de la bruja es para vosotras. No lo sé. Hay muchos caminos de la bruja, hay muchas formas de ser bruja, hay muchas brujas que ni siquiera saben que lo son. No puedo decirte si ese es tu camino, no puedo decirte si estás en él, o si no lo estás, o si lo estarás un tiempo para luego tomar otro, o si has llegado a él para quedarte. Eso es algo que sólo puedes saber tú. De todas formas, tampoco es importante conocer ahora cuál es tu camino, lo importante es saber que está ahí, lo importante es saber que, mañana, tomes la dirección que tomes, el camino se abrirá a tus pies y que, cuando sea el tuyo, lo reconocerás sin dudarlo.

Yo imagino que atravieso un bosque, mi vida es un bosque, hay senderos que se pierden entre los árboles que parten del camino principal que es mi existencia. En el horizonte siempre está Ella, la Gran Madre. Detrás de mí, el origen de mis pasos también se pierde en Ella. Y a lo largo de ese camino me encuentro a personas, me encuentro objetos, vivencias y experiencias rodeadas de magia, porque la magia brota de mi e impregna todo lo que me rodea haciéndolo especial y único, haciéndolo mío.

De vez en cuando tomo un sendero diferente que se pierde entre la floresta y abandono la vía principal, pero una vez lo he abandonado y he optado por seguir otro, ese se convierte en el camino principal de mi vida. Volveré a abandonarlo más adelante, tal vez incluso alguna vez tome un recodo que me lleve de nuevo al camino original. A veces acabaré tan lejos de aquel antiguo primer sendero que apenas será un recuerdo, casi ni sabré si alguna vez caminé de verdad por él o fue solamente un sueño.

Lo único que sé con seguridad es que no me detendré mucho tiempo. La única opción que el camino no nos permite es estar quietas, porque cuando nos detenemos y dejamos de avanzar, el camino desaparece. Y entonces es el miedo, la indecisión, la desconfianza lo que nos mantiene prisioneras.

No necesitamos grandes fortunas para recorrer nuestros caminos, no necesitamos la compañía de otros o su permiso, ni que aprueben la dirección de nuestros pasos. Sólo necesitamos nuestra voluntad y nuestros pies. Cuando lleguemos a alguna intersección, a alguna encrucijada, sólo tenemos que respirar hondo, acallar la mente y confiar en nuestro instinto. Y elegir aquel que no podemos dejar de mirar.

Si algún día te sientes incomoda, si al caminar te encuentras con demasiados obstáculos que te quitan más de lo que te dan, si sientes como si unas garras intentasen aferrar tus tobillos, tus ropas, tus cabellos para impedir que avances. Si al mirar hacia el horizonte de esa senda solo ves un futuro negro, oscuro y desolador, entonces sabrás que no es el tuyo. Toma el primer sendero que salga, la primera salida que veas, aunque no haya una vía visible marcada en el suelo, y escapa. Escapa hasta que encuentres el tuyo.

También puede ocurrir que sientas la llamada de muchos. Puede que seas una buscadora, una creadora de mapas de caminos mágicos. Puede que un día estés en uno, y al día siguiente en otro y al día siguiente en otro distinto para descubrir que has creado un nuevo camino propio, con un relieve marcado por muchos paisajes, por muchas compañías, por muchas enseñanzas… Tal vez al llegar a la vejez permanezcas sólo en uno, o tal vez continúes siempre así, buscando en distintos senderos. Pero si hay algo que he aprendido sobre los caminos por los que transitamos en nuestra vida, es que las huellas que dejamos en ellos son eternas, aunque siempre soñemos con aquellas que aún no hemos marcado en la arena.

Por eso, si quieres saber si el camino por el que avanzas ahora es el tuyo, el que te corresponde, observa si tus pies encajan en las huellas que ya te encuentras marcadas, si ya lo recorriste en otras vidas. Observa cómo te sientes en él. Observa si cuando escuchas las antiguas palabras que le pertenecen, los antiguos nombres de las Divinidades y de los seres y energías que lo habitan, tu alma salta en tu interior, se alza y baila de alegría por el reconocimiento. Si sientes que, tras vagar durante años (y puede que vidas), por fin estás en casa, si sientes que por fin has regresado, ese es tu camino.

Si no te imaginas caminando en cualquier otro por mucho que te ofrezca y no cambiarías ninguna de sus curvas, de sus rocas o pendientes por nada del mundo, entonces no te lo preguntes más.

Ese es tu camino.

Hyedra de Trivia

 

La identidad de la bruja

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Imagen de Juan Medina http://www.medinajuan.com/

La semana pasada estaba leyendo en casa mientras los demás veían algo en televisión, ya no recuerdo si era una película o una serie, cuando alguien dijo una frase que me hizo cerrar el libro y pensar. La frase fue: No puedo perder mi trabajo, si lo pierdo ¿Qué me queda? ¿Quién soy yo?

Cerré el libro porque me sorprendió mucho, me pareció tan extraño que alguien asociara su identidad a su trabajo, a lo que hacía… pero después, al empezar a pensar recordé que es mucho más común de lo que me había parecido en un primer momento. Recordé que muchos de nuestros apellidos, sobre todo en el mundo anglosajón, tienen su origen en un tiempo en el que a la persona se la denominaba por la profesión que ejercía y esa profesión, muchas veces, se heredaba de padres a hijos junto con el apellido. Pero eso era antes, pensaba yo mientras mi mente seguía dándole vueltas a la idea. ¿Estás segura?, me respondí. Tal vez ya no nos definamos tanto por lo que hacemos, pero sí por lo que tenemos. Fíjate en el mundo que te rodea, no hemos cambiado tanto. Para la mayoría de las personas, sus posesiones, sus empleos, sus círculos sociales son los que les definen, los que les dan un sentido a sus vidas. Creen que cuanto más valioso sea lo que poseen, más valor tienen ellos como personas. Quieren ser aceptados, queridos, aunque para ello tengan que aparentar ser lo que en el fondo no son.

También he visto gente llegar a la jubilación después de toda una vida dedicándose a su trabajo y sentirse perdidos, vacíos. Personas que han dedicado su vida a una profesión y que, en el momento de dejarla, no han sabido qué hacer con sus horas, con sus mentes ahora libres, con sus manos sin tareas, con sus días sin rutinas… sin saber qué hacer consigo mismos. Sin conocerse fuera del ámbito de su trabajo.

Y pensé: ¿Y tú, bruja? ¿Lo que haces es lo que define tu identidad? ¿Lo que tienes te hace ser tú? Yo medité sobre ello, pensé en mis herramientas mágicas, mi ropa, mi música, mis libros… y comprendí que ellos no me conforman, sino que ocurre lo contrario, ellos no me hacen ser yo, los tengo por ser yo. Y hago lo que hago porque soy lo que soy, no al revés.

No necesito nada que apuntale mi identidad, nada sobre lo que basarla o que le dé forma. Si mañana todo desapareciera, todo lo que tengo, todo lo que hago, y sólo quedase yo en un espacio vacío, continuaría siendo yo misma. Podría comenzar de cero en cualquier otro sitio y no me sentiría perdida o confusa. Porque lo que me hace ser yo siempre lo llevo conmigo, es algo que está dentro de mí, no en los objetos, mis posesiones, mi entorno o mis actos.

Y continué pensando: ¿Pero eso te ocurre sólo a ti, o les ocurre a todas las brujas? Y de nuevo medité. No puedo hablar por todas, pero empecé a recordar a las brujas de mi entorno, a las de mi círculo cercano, a las más lejanas, a las de otros países que he conocido y me di cuenta de que, en el fondo, podría asegurar que todas tienen lo mismo en común. Todas ellas tenían una personalidad, una identidad muy definida basada en su interior. He conocido brujas de todos los niveles sociales, de todos los niveles educativos, de países muy diferentes y con profesiones muy diversas, pero podía reconocerme en todas, podía ver quiénes eran de verdad. En esos momentos cuando las brujas nos reunimos, no importa el dinero que se tenga, la clase a la que se pertenece, los estudios, o incluso el idioma. Todo lo que normalmente conformaría la identidad de una persona, todo lo que parece darte tu lugar en el mundo, tu estatus… todo eso es lo que queda fuera cuando las brujas se reúnen. Así que sí, pensé, es algo consustancial a nosotras. La identidad de las brujas es fuerte y definida y construimos nuestro entorno en base a ella, no al contrario. Si todo fallase, si todo despareciese, seguiríamos estando seguras de quienes somos.

¿Pero esto a qué se debe? Las brujas no somos las únicas, he conocido otras personas así. Tal vez tiene que ver con la forma de ver la vida, con la forma que tenemos de buscar nuestro lugar en el mundo, de buscarnos a nosotras mismas. Mientras algunas personas tratan de encontrarse en lo que les rodea, de buscarse en la mirada de los demás y asentar su identidad en la imagen que proyectan al exterior, otras se buscan dentro de sí mismas y van dando forma a lo que son y a su personalidad de acuerdo a lo que encuentran y descubren. De esta forma es fácil estar segura de quién es una, y aunque todo acabe fallando, desapareciendo, perdiéndose… siempre sabremos quienes somos.

Y esto es algo común a todas las brujas porque una de las primeras enseñanzas es que todas las respuestas están en nuestro interior. Y mientras buscamos esas respuestas, el mundo exterior cada vez deja de tener más importancia y aprendemos a darle a todo su justo valor. Nuestras cosas, nuestro dinero, nuestras posesiones materiales, nuestros trabajos, son sólo herramientas que nos hacen la vida más fácil, que nos proporcionan un medio de vida o de expresar lo que ya somos, pero de ningún modo nos definen. De ninguna manera nos hacen ser quienes somos. Y además, nosotras sabemos que la vida es cíclica, que cambia y se mueve y mañana no estaremos en el mismo lugar en el que estamos hoy, aunque puede que algún día regresemos a donde estabamos ayer, y las brujas, además de movernos por los ciclos de la vida, nos movemos entre los mundos, así que mientras todo gira y cambia y se convierte en un caos que generará un nuevo orden a nuestro alrededor, nosotras seremos el centro que nos mantendrá firmes, estar seguras de nuestra identidad nos permitirá mantener el control en el corazón de nuestra existencia.

Y mientras visualizaba los acontecimientos de mi vida girando como un tornado a mi alrededor, de nuevo pensé: ¿Y tú, sabes quién eres, bruja?

Y sonreí, porque, aunque sé quién soy, apenas estoy empezando y conocerme del todo es una aventura que nunca terminará y me tendrá ocupada el resto de mi vida.

Tenga lo que tenga y haga lo que haga.

 

Hyedra de Trivia

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