Mensaje de la Diosa

And she wanders  RaphaelleM

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Me estás buscando, puedo sentir cómo tus pensamientos vuelven una y otra vez sobre mí. He dormido muchos, muchos años, pero las voces por fin libres de mis Sacerdotisas me despertaron de mi sueño de siglos, llamándome con sus palabras vibrantes de risas, emoción y urgencia. Ven, me decían, vuelve, el mundo te necesita. Nosotras te necesitamos.

Observo cómo mi recuerdo despierta en el corazón de gentes de todos los rincones de este pequeño mundo, cómo la alegría derrite el miedo al castigo, a la culpa, y cómo los colores de mis estaciones destierran el gris de la tristeza. Observo cómo mis niñas, aquellas que siempre me guardaron, ya no se esconden cuando las llaman brujas, sino que levantan la cabeza y responden: sí…

Pero en realidad nunca me he ido. Siempre he estado aquí. Soy lo que se esconde en el último rayo púrpura del crepúsculo y resurge envuelta en oscuridad y tinieblas en la medianoche. Soy la plateada luna que baña el cielo de magia y tu corazón de esperanza cuando me buscas entre las nubes para contarme tus secretos de mujer. Soy aquella sensación de refugio que sentías en lo más profundo de ti en tus horas más oscuras, y el maravilloso abandono cuando llorabas entre los brazos de tu madre. Soy la risa cómplice que compartes con tus amigas, y los suspiros de placer por el roce de la piel de tu amante.

Soy eso que te empuja a buscar partes de ti que pertenecen a los bosques, soy el silencio sobrecogedor que no puedes explicar cuando contemplas el amanecer, soy la quietud y el oro de las últimas horas de la tarde. Soy la primera estrella que sale al anochecer y la última que se marcha en la mañana. Soy el latido de tu corazón y el primer aliento de tus hijos. Soy las lágrimas de desesperación que lloraste aquél día que nunca olvidarás, pero también soy la fuerza que te hizo poner en pie y continuar adelante.

Soy lo que mueve tus pies en esas noches en las que bailas cuando crees que nadie te está mirando. Soy la brisa que se cuela entre las hojas de los árboles y hace que casi jures que el viento te habla. Soy cada grano de arena que se escurre entre tus dedos cuando hundes tus manos en la orilla del océano. Soy la cresta de las olas cubiertas de espuma llevando la vida a la costa. Soy esa punzada en el estómago cuando te emocionas tanto que se te corta la respiración. Soy ese momento absolutamente perfecto en el que por fin comprendes quien eres y cuál es tu lugar. Soy la chispa que salta cuando tu mirada se cruza con otro compañero de vidas. Soy eso que te empuja cuando necesitas una dosis de valentía. Soy el baile de las ascuas que te mantiene junto al fuego sin poder apartar la mirada. Soy esa última flor sobre aquella tumba llorada. Soy la semilla que brota en primavera y también los terremotos, las inundaciones, los tsunamis… Soy la vida y la muerte, y la vida de nuevo. Soy lo que se marcha para volver a regresar.

Soy la que se esconde detrás de esa sensación que siempre has tenido, la certeza de saber que nunca has estado sola. Soy tu más preciado secreto. Y sé que me has buscado, aún sin saber ninguno de mis 10.000 nombres. Aún sin conocer ninguna de mis miles de historias. Me has buscado en cimas de montañas, en senderos perdidos entre árboles antiguos. Me has buscado en cuevas prehistóricas y en libros de leyendas de otros pueblos. Me has buscado en catedrales, en ruinas de templos blancos, en círculos de piedras y estatuas de museos modernos. Me has buscado en las palabras de otros, en visiones de otros y recuerdos de otros. Me has buscado sin saber que me buscabas, en las risas de los niños, en las confidencias a media voz con tus hermanas, en las cocinas de tus abuelas, en sus cuentos e historias en las que hablaban de mí sin saberlo…

Y sé que casi me has encontrado, casi… porque sé que a veces sientes que estás a punto de alcanzarme, pero me desvanezco. A veces casi piensas que soy solo un sueño, una ilusión, una esperanza vana de explicar todo lo que sientes y te hace sentir distinta. A veces estás a punto de abandonar la búsqueda, pero siempre hay algo que te hace continuar… algo que te habla y te pide que des un paso más. Sólo uno más.

Y es hora de que des ese paso. Tu vida ha sido un viaje que te ha llevado a este punto en el mapa de tu existencia. Has caminado un sendero en espiral que te ha guiado por todos aquellos lugares donde aún se me recuerda, donde aún se siente mi presencia. Has avanzado a través de cientos de experiencias que te han traído justo ante las puertas del lugar en el que resido. Casi estás frente a mi rostro, ese que has buscado aún sin proponértelo desde que tus ojos se abrieron a esta vida.

Búscame en ese lugar en el que siempre has sabido que me buscabas, ese en el que no caben las mentiras, ese sitio en el que nadie salvo tú conoce como suena el nombre que tú me has puesto, ese lugar donde sabes que eres inmortal y un día viste nacer el mundo. Búscame donde no hay fronteras, ni idiomas, ni dudas… Búscame en el lugar donde siempre he estado y desde el cual he observado cada uno de los días en los que seguías mi rastro. Búscame en el punto de partida que ha resultado ser la meta de tu viaje.

Búscame donde siempre te he esperado.

Búscame dentro de ti.

Hyedra de Trivia

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Brujas debatiendo:¿Aprendices de todo o Maestras en vuestro camino?

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No es la primera vez que el hecho de tener tanta información al alcance me llama la atención por sus ventajas y desventajas, y es que ahora que estoy más en contacto con vosotras a través de los talleres, me he dado cuenta del bombardeo al que estamos sometidas continuamente y sobre temas de toda índole y escuela. Esta facilidad de encontrar información unida a la natural necesidad de conocer y aprender que sentimos todos cuando comenzamos en este camino, están creando una situación que antes también se daba, aunque creo que en menor medida. Y es que, en nuestro afán por saber de todo, se corre el riesgo de picotear en muchos campos y tradiciones, conocer un poquito de todo, pero finalmente no llegar a ser bueno o experto en nada.

Reconozco que en mi época también pasé por esa fase, me costaba mucho decidirme por una sola cosa, y aún hoy, a veces, tengo que luchar contra mi inclinación natural a querer saberlo todo ya. Pero en aquella época tuve lo que ahora sé que fue una gran ayuda, aunque entonces no lo viera así, y es que al no tener mucho dinero unido al hecho de que apenas se publicaran obras sobre paganismo me obligó a leer y releer muchas veces los mismos libros, y practicar continuamente los mismos ejercicios, rituales y hechizos. Gracias a ello, cuando conseguía material nuevo ya había practicado, estudiado e integrado lo anterior.

Hoy día esto es muy difícil a menos que, voluntariamente, nos impongamos esta costumbre. Y reconozco que hay personas a las que, por su propia naturaleza, les cuesta un mundo limitarse a un solo campo de nuestro saber.

Por eso a veces me pregunto si lo que siempre he creído que es mejor, no lo es para todo el mundo. Mi opinión siempre ha sido que para conocer bien algo y poder comprenderlo y llegar a ser bueno en ello, tienes que dedicarle tu atención y tu tiempo. Y una vez lo conozcas y lo hayas estudiado, puedes dedicarte a aprender otra cosa. No estoy en contra de conocer varios caminos, todo lo contrario, pero sí creo que para comprenderlos es mejor hacerlo de uno en uno. Especialmente cuando hablamos de magia, paganismo, religiones y creencias. Si se picotea en todas las tradiciones pero no se profundiza en ninguna, nunca pasaremos de ser aprendices.

Pero como he dicho, esta es mi opinión. ¿Qué opináis vosotros? ¿Sois de los que aprendéis de todo al mismo tiempo porque sois incapaces de decidiros? ¿o de quienes se centran en una cosa y la dominan antes de pasar a la siguiente? ¿Preferís saber un poco de todo o ser realmente expertos en algo? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia?

Hyedra de Trivia

La libertad de la bruja

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Fotograma del videoclip Walpurgisnacht del grupo Faun

 

Leemos a menudo en diversos medios, y yo también lo he dicho más de una vez, que la bruja es, ante todo, una mujer libre. Y sé que muchas pensaréis: ¿Cómo puedo yo ser libre si tengo una hipoteca que pagar, o unos hijos que dependen de mí o un trabajo al que estoy atada para pagar mis facturas? ¿Cómo puedo ser libre si no dispongo del dinero necesario para viajar, o para poder dedicarme a lo que me apasiona, o apenas tengo tiempo para dedicarlo a descubrir qué es lo que me apasiona? ¿Cómo puedo ser libre?,¿Cómo puedo ser bruja si no puedo ser libre?

Sé que la situación de muchas es ésta; una casa, una familia, un trabajo, facturas, obligaciones, compromisos… pero, ¿Qué hay de vuestra mente? ¿De vuestra imaginación? ¿De vuestras ideas y vuestro corazón? ¿Quién, salvo vosotras, decide en vuestro interior? ¿Quién puede deciros cómo tenéis que ser, cómo sentir, cómo opinar, quién ser? Nadie. Nadie, salvo vosotras.

Cuando cae la noche y todos duermen en casa, cuando dejo mi cama y bailo despacio en silencio al son de una música tenue y lenta, cuando muevo las caderas ondeando y elevo los brazos y me dejo llevar con los ojos cerrados en las horas de la madrugada, no hay nadie más libre que yo.

Cuando camino por el bosque abriéndome a la energía antigua de los árboles vetustos, al sonido de mis pasos sobre la hojarasca y a la caricia suave del sol en mi rostro, no hay nadie más libre que yo.

Cuando la luna llena ilumina la hoguera alrededor de la que bailo con mis brujas en las noches de Akelarre, no hay nadie más libre que yo.

Porque esa es la libertad de la que tanto se habla. Esa es la libertad de la bruja.

Una bruja es libre cuando decide que sus ideas son tan o más importantes que las de aquellos que la rodean. Es libre cuando sabe defenderlas de los ataques de otros. Cuando se atreve a tener opiniones propias, ajenas a las de su círculo familiar o más cercano. Cuando sabe que tiene derecho a tenerlas y expresarlas.

La bruja es libre desde el momento en el que decide tomar esa palabra para describirse a sí misma enfrentándose a siglos de desprecio, de acusaciones y castigos. Es libre cuando no ve otra opción que ser valiente si quiere sentirse orgullosa de sí misma y que presentarse ante el mundo como una bruja es lo único coherente con su identidad.

Es libre cuando por fin comprende que los juicios de otros no pueden herirla y sin embargo el juicio propio sí. No importa lo que opinen o hablen los demás de nosotras. Nunca nada será peor que saber que el miedo no nos permitió atrevernos a ser la mujer que queríamos ser. Una bruja es libre porque no sólo se atreve, es que no puede evitar ser quién es.

Una bruja es libre cuando a pesar de gastar sus horas en un trabajo desagradable pero necesario, es capaz de asumirlo y compensarlo haciendo que el resto de su tiempo sea inolvidable. Cuando el mundo parece oscuro y tedioso a su alrededor, pero ella sabe encontrar magia en cualquier momento y en cualquier lugar porque solo tiene que recordar que ella es la magia.

Una bruja es libre cuando se permite amar sin miedos y sin juegos, amar al mundo, a sus seres queridos, a ella misma. Sin mentiras, sin ficciones, sin traición. Es libre para poner su corazón en manos de quien ella decida, pero también para recuperarlo cuando lo crea necesario, sin malgastar años ni ilusiones prisionera en una relación sin futuro por miedo a la soledad o al qué dirán.

Una bruja es libre cuando construye mundos en su mente y abre puertas que la llevan a mil lugares sagrados nacidos en sus sueños.  Cuando cruza el velo que separa los mundos en cada ritual y viaja de formas que otros solo sueñan. Cuando sabe que, siendo solo una mujer, en ella se cruzan mil tiempos y mil mundos y la voz de millones de mujeres que habitaron la tierra antes que ella y que hoy le susurran a través de los millones de células que ellas le han legado.

La libertad no consiste en ser millonarias, o viajar constantemente por lugares exóticos, o tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos apetece a cada momento. Simplemente consiste en ser indomables en nuestro interior. En nunca rendirnos ante otros. En no ceder cuando sabemos que tenemos razón, en no permitir que nos hieran sin defendernos. En mantener nuestra identidad, aunque no sea del agrado de las personas que nos rodean. Consiste en no someternos para evitar confrontaciones, en atrevernos a pensar en nosotras mismas sin caer en la trampa de sentir que somos egoístas. En liberarnos del concepto de culpa que persigue a las mujeres desde hace tantos y tantos siglos.

La libertad de la bruja consiste en atreverte a ser distinta cuando lo distinto no está bien visto. En dar prioridad a tus sueños porque también tienes derecho. En no sentirte ridícula cuando otros se burlen, porque lo harán. En aceptar que nunca le vamos a gustar a todo el mundo y que habrá personas que no nos lo pondrán fácil. La libertad consiste en poder elegir tu camino, en permitirte tomar tus propias decisiones, en tomar las riendas de tu vida y hacerte responsable de tus aciertos, pero también de tus errores. En definitiva, consiste en la valentía de atreverte a ser quien eres le pese a quien le pese y a pesar de todo.

Por eso no te preocupes si no tienes tiempo, dinero o un pasaporte lleno de sellos. Cierra los ojos, mírate por dentro y vuela, piensa, imagina, crea y construye tu propia identidad. Conviértete en la mujer que sabes que puedes ser dejando a un lado el miedo y la vergüenza. Crea mundos, abre puertas, deja que tu magia brote de ti e inunde tu vida. Descubre el poder de permitirte ser libre y explora la inmensidad del universo que llevas dentro. Descubre que no hay nada más libre que el alma de una bruja,  porque ninguna cadena puede retener lo que es infinito y eterno.

Y lo único que te separa de esa libertad infinita y eterna, es atreverte a serlo.

 

Hyedra de Trivia

Confesiones de una bruja

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Imagen: Dunkelheit de Josefine Jonsson

 

Las brujas guardamos muchos secretos, al fin y al cabo, es la base de lo que somos. Si hemos perdurado a lo largo de los tiempos es por haber conseguido esconder lo que éramos. En nuestros días, aunque ya casi no es necesario esconderse, continuamos ocultando partes de nosotras. Nuestro corazón es profundo y esconde tantas cosas… Pero los nuestros no son secretos oscuros, ni nos avergüenzan, ni pueden hacernos daño si salen a la luz. En realidad, desvelarlos no tendría consecuencias, pero los guardamos porque son parte de nuestra personalidad, de nuestra vida. Los consideramos tan íntimos que nos pertenecen tan solo a nosotras.

Pero a veces, cuando las brujas nos sentimos seguras y tenemos confianza con quienes nos rodean, nos confesamos. Revelamos algunos de esos secretos con el fin de que se nos conozca mejor, para compartir lo que verdaderamente somos con los demás. En el acto de entregar un poquito de ti hay un gran componente mágico. Es abrir una ventana a tu alma de bruja para permitir que otros atisben un poco de tu esencia y te comprendan mejor. Porque estoy absolutamente convencida de que un alma solo puede llegar a otra a través de la confianza y la sinceridad. Y hoy me apetecía compartir un poco, dejad que vieseis un pedazo de mi corazón de bruja.

Hoy confieso que a veces me descubro a mí misma optando por el sendero más oscuro del bosque. Ese que nadie atraviesa, húmedo y cubierto de musgo, helechos y hiedra, al que apenas llega el sol. Hay algo en la quietud del aire, en la ausencia del canto de los pájaros, en el frío que se eleva de esa tierra oscura que hace que la emoción me inunde. Se despierta en mi interior una nostalgia por algo, por un cuando, por un alguien que no acabo de reconocer. Una tristeza dulce que me hace sentir una añoranza suave y adictiva. Confieso que los rincones oscuros y olvidados responden a preguntas que mi alma hace y que no sé de donde vienen. Que los estanques de aguas quietas que se ocultan en los rincones umbríos de los bosques, esos de un verde profundo por las algas y los líquenes, pueden llegar a hacerme llorar de una triste felicidad.

Confieso que siento fascinación por lugares abandonados, por aquellos donde quedan los ecos de risas de otros tiempos. Por sitios donde una vez hubo vida a raudales y hoy solo queda la soledad de la decadencia. Antiguos hospitales, viejos teatros, balnearios que un día fueron elegantes y hoy solo ruinas. Espacios con ventanas rotas que dejan entrar contados rayos de sol en los que brilla el polvo como motas de oro. Donde sólo mis pasos recorriéndolos hacen algún ruido. Donde a veces casi puedo llegar a ver sombras de quienes habitaron aquellas paredes hoy desconchadas y vencidas. A veces casi llego a escuchar sus voces que se escapan de habitación en habitación mientras trato de alcanzarlas.

Confieso que las noches frías, de lluvia, viento y luna, me llaman para que vaya al bosque más cercano. Observo tras las ventanas, cálida y a cubierto, mientras el ulular del viento parece decir mi nombre atrayéndome, guiándome hacia fuera, hacia la libertad salvaje de la tormenta. A veces le he seguido, buscando a la luna entre los jirones de nubes que viajan veloces en el oscuro cielo. A veces confieso que he gritado antiguos nombres bajo el sonido de los truenos mientras la lluvia me entraba en los ojos y la garganta. A veces me he quedado en la calidez tras la ventana, y he sentido algo romperse por dentro ante mi cobardía y sabiendo que, aunque no me haya atrevido a salir bajo la lluvia, parte de mí está fuera bailando con la tormenta. Una parte de mí siempre lo estará.

Confieso que a veces el mundo me ensordece, me oprime y las gentes me hacen sentir encerrada entre vidas ajenas. A veces, muchas veces, la soledad me parece un paraíso en el que sólo habitamos mi corazón y yo. Allí me hablo, me escucho, disfruto de lo que el mundo me ofrece sólo a mí. Confieso que a veces huyo para encontrarme, a solas, donde nadie más llega y donde me curo del mundo, de sus prisas, de su eterna competición absurda y de su caótico estruendo. En esos momentos me retiro a la cueva que toda bruja guarda en su interior para protegerse, para recuperar fuerzas y cubrirse entera de magia para volver al mundo y enfrentarnos a un sistema que no entendemos y que no nos entiende a nosotras.

Confieso que mis historias favoritas son aquellas que no tienen un final feliz, porque son las que perduran en mi memoria a lo largo de los años. Tal vez porque esas fueron las que me enseñaron la magia de disfrutar de lo que tenemos. No todo acabará bien, no todas las vidas son largas, no siempre el amor es eterno. Pero por eso todo es tan valioso mientras lo tenemos, por eso es mágico, por eso es tan importante saber disfrutarlo hoy. Porque tal vez mañana ya no esté y sólo nos quede su recuerdo. Y ese recuerdo dependerá de cómo hayamos sabido vivirlo.

Confieso que todos estos retazos de mí pertenecen a la parte en sombras de esta bruja que os habla. Una sombra que adora la nostalgia, los recuerdos de tiempos perdidos, los lugares oscuros y de belleza sombría como los cementerios, donde se erigen los más bellos monumentos a la tristeza. Durante un tiempo, antes de conocer tan bien a mi sombra, renegué de estas inclinaciones hacia la soledad, los parajes oscuros y silenciosos, hacia la ausencia de luz y de esta extraña fascinación por los ambientes tristes. Pero ahora, confieso que parte de mi fuerza, de mi poder y de mi magia tienen su base en esta parte de mi sombra. Ahora acepto y disfruto mi inclinación por ello porque ahora sé que gran parte de la bruja que soy saca su poder de esas raíces. Que esos lugares y esos momentos que tanto me atraen son el mundo donde las brujas tuvieron que vivir ocultas durante siglos. Por eso me llaman, por eso no puedo evitar acudir a esa llamada de la oscuridad, porque he vivido en ella tantas vidas que la he acabado considerando mi hogar. Las brujas pasamos tantos siglos moviéndonos entre las sombras que aún hoy sentimos añoranza por aquel lugar que nos protegió, y gracias a ello, hoy sabemos ser felices con la más mínima expresión de luz. Porque desde la oscuridad, la luz siempre se ve más brillante.

Confieso que soy feliz bajo los rayos del sol de una mañana de primavera, pero será el sendero que conduce a lo más oscuro del corazón del bosque el que me lleve a la felicidad de mi verdadero hogar.

 

Hyedra de Trivia

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