La ira de la bruja

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Imagen de autor desconocido

 

No suelo enfadarme. Es cierto que tengo un carácter fuerte, sí, pero creo que soy de trato agradable. Respeto mucho las decisiones de los demás y soy bastante tolerante. Por eso cuando me enfado, me enfado mucho. Porque hace falta mucho para hacer que yo explote, y hace falta que sea algo totalmente injusto o malvado para sacarme de mis casillas. Pero cuando esta bruja explota…

Y no soy la única. Conozco a muchas brujas amables, cariñosas, alegres y muy dulces que se transforman de forma radical cuando se enfadan. ¿Por qué? Puede que os preguntéis. Pues muy fácil, porque nos lo permitimos.

Así de fácil. Nos permitimos enfadarnos, gritar y defendernos porque sabemos que tenemos derecho a ello. Sabemos que tenemos derecho a enfadarnos si queremos, a quejarnos si nos da la gana y a luchar por nosotras mismas y por aquellos que queremos. Los días en los que una mujer debía permanecer calladita, sumisa y sin elevar la voz se han acabado para nosotras. Las damas no discuten, las damas no se enfrentan, las damas callan con elegancia. Pero ya no es época de elegancia, ni de damas. Tampoco de verduleras ni de mujeres vulgares.

La ira, el enfado, nuestra voz alzada nos pertenecen a todas. Mujeres de toda clase, condición, raza… simplemente personas que ya no tienen miedo de reivindicar sus derechos, aquello que  les parece justo, aunque pueda parecer una pequeñez. Ya no tenemos que callarnos.

Y las brujas hace mucho que lo sabemos y sabemos hacer que nuestra voz se oiga. Si has conseguido enfadar a una bruja, es mejor que te cuides…

Si has conseguido enfadarme preocúpate. Pero no me temas a mí. Yo no te odio, no te perseguiré ni te maldeciré. Yo no voy a hacerte daño. No. Pero has despertado unas energías que costará mucho volver a tener bajo control.

Has hecho que el fuego del que estoy hecha haga hervir mi sangre y arder en llamas mis emociones.  Has hecho que mis palabras quemen todo lo que encuentren a su paso, pero no te insultaré, no pretendo herirte. Sólo te diré verdades que te harán mirarte en mi espejo y no te gustará lo que veas. Conseguiré que te avergüences de ti mismo y será el mejor regalo que nadie podrá hacerte, porque, tal vez así, no volverás a herir los sentimientos de otros.

Has hecho que el agua de mis emociones se levante en olas que lo arrasarán todo a su paso. Olas de lágrimas de rabia que me limpiarán por dentro y después se volcarán sobre ti para que enfrentes lo que hay detrás de tus acciones. El miedo, la inseguridad, tu dolor reprimido que te hacen herir a otros. Si nadas en ellas o te hundes, depende de ti.

Has convertido el aire de mi mente en un vendaval, un huracán que va a arrollarte. Soplará sobre tus ideas dañinas y peligrosas y se las llevará lejos dejándote a solas con tus acciones pasadas. Si eres lo suficientemente valiente para enfrentarte a ellas y saber comprenderlas y evolucionar puede que aún puedas llegar a ser alguien que valga la pena.

Has conseguido que la tierra que me conforma se endurezca convirtiéndose en piedra dura con corazón de lava. Todos tus intentos de hacerme daño chocarán contra mí y rebotarán a ti. Te estrellarás contra mi voluntad de no doblegarme y eso puede provocar dos reacciones, o recrudeces tus intentos consiguiendo destrozarte en el intento o comprendes que el dolor que tú provocas te acabará destruyendo a ti al final. Es tu elección como afrontes la ira de una bruja.

Porque una vez que se nos ha pasado, la ira se convierte en indiferencia. Nunca volveremos a gastar un segundo de nuestra mágica vida en ti. Pero tú… quien se enfrenta a la ira de la bruja no vuelve a ser el mismo.

Si sabes ver la oportunidad que significa, si sabes aprovecharla, te convertirás en alguien diferente, más humilde y humano. Si eres capaz de ponerte en el lugar de aquellas personas a las que hieres y eres capaz de comprender que no tienes derecho a ello, podrás comenzar a sanarte por dentro.

Si no eres capaz de verlo, tu propia rabia, tu propia maldad te comerá por dentro. Y espero que eso nunca pase.

Porque yo no quiero que sufras.

Quiero que aprendas.

 

Hyedra de Trivia

 

 

Brujas debatiendo: Los inicios de una bruja. Maestras.

Estos días en los que estoy llevando a cabo el taller, conociendo a las chicas y observando cómo aprenden,  he estado recordando mis propios inicios. Cuando yo empecé a caminar conscientemente por este sendero. Creo que compré mi primer libro de hechizos antes de los 10 años, pero cuando quise buscar algo más serio, aprender de verdad de una buena fuente fiable, lo tuve difícil. En España aún no se publicaban buenos libros sobre paganismo o brujería. Y tampoco era fácil conocer a una buena maestra. Además no sabía por donde empezar a buscar.

Ahora veo en toda la gente que empieza mi misma curiosidad, mi misma ansia de saber. De conocer. Con una diferencia abismal: ahora tienen la oportunidad de aprender a un clic de ratón. Y el problema de ésta época con Internet y todo a su alcance es el contrario, hay demasiada información, la red está saturada. Hay muy buenos lugares de consulta pero también hay otros que no lo son tanto. Se publican muchos libros y se reeditan clásicos imprescindibles pero también hay otras publicaciones no tan buenas. El peligro ahora, además de la sobre información y la saturación, es la mala información.

Y junto con esta proliferación de publicaciones, otro de los peligros es la gran cantidad de maestras, gurús, guías, facilitadoras, etc. que hay últimamente. Tengo la suerte de conocer a muchas y puedo decir que son mujeres (y hombres) increíbles. Muy sabias, humildes y responsables. Verdaderas maestras. Pero hay algunas que no lo son. Yo he tenido mucha suerte, he de reconocerlo, nunca he conocido a una mala. Pero conozco testimonios de personas que lo han pasado muy mal al caer en malas manos. Gente a la que le ha costado mucho superar la desconfianza por todo el paganismo y la magia y volver al camino que su alma le pedía. Personas que han tenido que sanar heridas que otros causaron para poder seguir avanzando. Porque una mala maestra puede causar mucho daño.

Y todo ello me ha llevado a preguntarme por los inicios de los demás ¿Cómo fueron los vuestros? ¿Fue fácil o tuvisteis que esforzaros por encontrar libros o maestros que os guiasen? ¿Fue una buena experiencia o topasteis con desaprensivos? ¿Como os formasteis? ¿Cómo os gustaría que hubiesen sido esos inicios?

¿Me lo cuentas?

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: Diosas y Dioses de las brujas

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Siempre hablo en mis textos de la Diosa y, ocasionalmente, del Dios. Sigo la tradición de la Diosa y para nosotros Ella es una con muchos rostros, al igual que Él. Pero no todas las  tradiciones y corrientes del paganismo y la wicca creen lo mismo.

Algunas creen en una sola conciencia creadora con dos rostros, uno masculino y otro femenino. Otras creen en diversos Dioses y Diosas individuales, normalmente estas corrientes adoran a panteones concretos como el griego, el nórdico o el egipcio. O están intentando reconstruir algunos menos conocidos como el celtíbero.

Aunque todos seamos paganos y pertenezcamos a las Religiones de la Tierra, no todos creemos de la misma manera en los Dioses, ni los honramos igual ni los vivimos igual. Pero siempre me han parecido muy interesantes las diferentes maneras en que lo hacemos.

En mi camino, honramos a la Diosa dentro de nosotras y también en todo lo que nos rodea. Vemos su rostro en cada rostro humano con el que nos cruzamos y en cada parte de su creación. Vemos a nuestro Dios en cada partícula de vida, en la fuerza que hace crecer la vegetación, en todo lo que es salvaje y libre y en el interior de cada habitante del bosque, de las montañas y los desiertos. Y también dentro de nosotras.

Y tú ¿Cómo vives a tus Dioses, a la Diosa, al Dios? ¿Cómo es tu experiencia? ¿Ella es Una, son Dos? ¿Un mismo principio creador con dos rostros, varias personalidades independientes…?

¿Cuál es tu historia con Ella, con Ellos?

 

Hyedra de Trivia

 

Los sueños perdidos de las brujas

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Todas soñamos. Todas tenemos ilusiones que esperamos ver convertidas algún día en nuestra realidad y que cuidamos y alimentamos casi en secreto. A veces son sueños grandes, casi imposibles desde el momento en el que nacen y a los que permitimos nacer porque nos arrancan sonrisas sorprendidas y suspiros cargados de “si pudiera…”. Son los sueños que desafían toda ley física y humana, pero existen para recordarnos todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar.

Hay otros sueños que, aunque posibles, no son menos grandes, y casi igual de irrealizables. Esos sueños que, para conseguir cumplirlos, tendríamos que haber nacido en otro sitio, con otra fortuna, con otro futuro…

Hay sueños pequeños, realizables, que son los que nos mantienen vivos. Pequeños grandes proyectos que nos hacen levantarnos cada mañana con ilusión. Que son la razón de nuestra vida y que nos recuerdan cada día que somos capaces de ser felices, que somos valientes y luchadoras.

Pero hay otros sueños, esos que escondemos en el fondo de nuestro corazón. Esos que ya sabemos que nunca se cumplirán porque es tarde, porque perdimos la oportunidad, porque no supimos ver a tiempo que ya apenas quedaba tiempo… Esos que sepultamos muy hondo para no tener que aceptar que jamás vivirán pero que de vez en cuando afloran, nos arrancan una lágrima y un suspiro de nostalgia por una vida que no fue.

¿Quién no tiene un sueño perdido? ¿Quién no sabe que su vida podría haber sido distinta? A veces las brujas tenemos tendencia a vivir en el pasado. No sólo tratando de recordar otras vidas, también ésta. No es un secreto que las emociones nos afectan profundamente y sentimos a veces hasta un límite casi insoportable. Todas las pérdidas, las heridas, las tristezas que otros olvidarían en poco tiempo, para nosotras permanecen durante años. Muchos. Porque sabemos que todos esos momentos que nos desnudaron y nos dejaron expuestas fueron los que nos convirtieron en las que somos hoy.

Y entre esos momentos, guardamos como tesoros los sueños que dejamos ir, porque con ellos se nos fue un poquito de nuestra risa. Un poco de nuestra esperanza. Recordamos el momento en el que fuimos conscientes de que habíamos perdido la oportunidad, cuando tuvimos que enfrentarnos a la realidad y dejar ir aquello que habíamos acunado durante tanto tiempo. Y corremos el riesgo de aferrarnos demasiado, de no soltar ese pasado y vivir a medias. Siempre con un pie en un presente sin sueños y el otro en un pasado en el que no supimos actuar. Sin llegar nunca a un futuro donde podríamos soñar de nuevo.

En ese momento la bruja tiene dos opciones, la primera es intentar con todas sus fuerzas y toda su magia que su deseo se cumpla. Y con ello se agota inútilmente y pierde poco a poco el corazón. Tal vez sea por ello que algunas brujas acaban haciendo un mal uso de la magia. Cuando te convences de que nunca serás feliz sin aquello que anhelas y dejas que la amargura y la tristeza se instalen para siempre en tu interior, cuando te aíslas de los demás y de sus alegrías, cuando ya no te importa si otros sufren y lo único que persigues es algún tipo de alivio para tu alma atormentada… puedo llegar a entender que se extravíen en el camino.

La otra opción es guardar ese sueño perdido con cariño, para recordar siempre lo que un día nos hizo vivir, pero ser sabias y continuar adelante. Porque si algo ha demostrado el corazón de las brujas, es que es una fuente inagotable de sueños e ilusiones. Tal vez nunca conseguiremos aquello que perdimos, pero hay tanto aún por vivir, tanto por lo que luchar, tanto que conseguir…

Todas soñamos, sí. Y todas perdemos sueños. Pero no importa la edad que tengas, mientras tus ojos se abran cada mañana, mientras tu corazón continúe latiendo en tu pecho y tú sigas respirando una vez más, seguirás teniendo una oportunidad de seguir soñando. Y alcanzar ese futuro.

Ahora que es tiempo de nuevos proyectos, vamos a limpiar un poco el fondo de nuestro almacén de sueños. Ese lugar donde los guardamos mientras van aprendiendo a volar solos por el mundo. Vamos a rebuscar por sus rincones hasta encontrar aquellos que ya no tendrán oportunidad de vivir. Vamos a sacudirles el polvo, vamos a mirarlos de frente y nos vamos a atrever a decirles adiós. Recuerda tu sueño perdido, aquél al que más dolió renunciar y escríbelo en un papel. Recuerda cómo nació, recuerda cómo lo cuidabas imaginando cómo sería, recuerda el momento en el que supiste que nunca sería real. Escríbelo todo y llora si lo necesitas. Grita si lo deseas. Límpiate de la tristeza y la pena. Y cuando estés lista, déjalo ir. Quémalo y entrega sus cenizas al viento. Que regrese al lugar del que vino antes de prender en tu imaginación. Déjalo libre para liberarte tú.

Ahora seca tus lágrimas y mira hacia delante. Hacia todos esos días nuevos y vacíos que podrás llenar con ilusiones, con risas, proyectos y nuevos sueños. Llénalos con magia, con esperanza y la aceptación de que, a veces, los mejores sueños son aquellos que todavía no han nacido.

Y si eres una de esas brujas que se perdió, no te preocupes, el camino siempre nos encuentra de nuevo si de verdad lo deseamos.

Puedes soñar con ello.

 

Hyedra de Trivia

Brujas debatiendo:Los Ancianos de la Tribu

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Photography: The wise woman Author: Angela Harper https://500px.com/angelaharper

 

Hace tiempo vi un reportaje en el que una pareja de ancianos vivía sola y el hombre había tenido que llamar a emergencias porque su esposa se había caído de la cama, se había hecho daño y él no había podido ayudarla. Lo que más me impactó fue ver a aquél hombre llorando desesperado de impotencia y soledad.

En este mundo tan moderno, tan rápido, tan digitalizado y social, nos estamos dejando atrás a la mayoría de la población. Nuestros ancianos no nos siguen el ritmo, no pueden, se desconectan de la sociedad. Nosotros, sus hijos y nietos vivimos cada vez más centrados en nosotros mismos y en, los que tenemos cierta edad, no perder el tren del progreso.

El resultado es que ellos cada vez están más solos. Por suerte nuestra calidad de vida es buena y llegamos a edades avanzadas con relativa buena salud. Pero, ¿Qué pasa con estas personas de setenta y muchos, ochenta, que cada vez necesitan más ayuda y no la tienen? Están solos, enfermos, cada vez más desconectados de un mundo que ya no entienden sin nadie que les mire a los ojos y le diga: estoy aquí. Yo recuerdo quién fuiste, quién eres aún.

Tengo amigos solteros y sin hijos cuyo mayor miedo es envejecer solos. Yo misma me pregunto a veces como será mi vejez, y aunque el pasado tuvo sus cosas malas, una de las que sí eran buenas y hemos perdido es el cuidado a nuestros ancianos. Antes la tribu entera cuidaba de ellos, formaban parte de los Consejos, eran tenidos muy en cuenta y eran miembros valorados de la comunidad. Cuando ya no podían valerse por sí mismos, la tribu, el clan, lo hacía por ellos. Yo lo he vivido en mi familia, es lo natural para mí.

Los paganos decimos que estamos tratando de recuperar las antiguas tradiciones, las antiguas costumbres. Creo que una de las principales que deberíamos recuperar es ésta. El cuidado de nuestros Ancianos. Volver a venerar la sabiduría que da la experiencia y la edad, pero de verdad. Porque si tenemos suerte, todos vamos a llegar a ella.

¿Qué opináis? ¿Estamos a tiempo de cambiar esta tendencia o la individualidad se impondrá en todo, incluso entre las brujas?

Hyedra de Trivia

Recuperando a nuestra Doncella

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The Force Autor de la imagen: TOMAAS tomaas.com

 

En esta época del año celebramos Imbolc, el periodo del año intermedio entre el Solsticio de invierno y el Equinoccio de primavera. Uno de los ocho radios que forman la Rueda del Año. Es el momento dedicado a todo lo que empieza, lo que se está gestando, lo que germina. Celebramos la promesa de una primavera que aún no es, pero que ya se está preparando para ser. Y a un nivel más personal y humano, celebramos el aspecto de Doncella de nuestra Diosa reflejado en nuestra propia infancia.

¿No escuchas unas risas que te llaman? ¿No sientes la necesidad de olvidarte de todo y jugar, y reír, y recordar que la vida es para ser feliz? Ella llega cada año para recordarnos que aquella niña que fuimos nunca se marchó del todo, que aún espera en el fondo de la mente de la adulta que somos hoy que cumplamos las promesas que nos hicimos,  que cumplamos nuestros sueños, y seamos las adultas que un día quisimos ser.

Aunque no todas tuvieron una infancia feliz.  Conozco brujas que de niñas fueron obligadas a crecer deprisa, con padres ausentes y hermanos pequeños a los que cuidar sin que fuera su obligación. Obligadas a ser madres sin haber terminado de ser niñas. Conozco a otras que tuvieron que soportar palizas (tanto a sí mismas como a sus hermanos y madres) por parte de una figura paterna violenta que desvirtuó para siempre su imagen de lo que es el hombre. También madres violentas y en ocasiones, ambos. Otras tuvieron madres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes y tuvieron que crecer sabiendo que no eran queridas. Otras fueron armas que sus progenitores usaban para arrojarse entre sí. Otras enfrentaron una muerte temprana de uno de los dos o ambos y aprendieron demasiado pronto el significado de la pérdida.

Cuando algo así pasa durante los años de la niñez, en la edad adulta cuesta mucho conectar con la Doncella porque significa dolor, tristeza o rabia y se bloquean los recuerdos. Cuando para las demás brujas es un momento de alegría y juego, para ellas es un tiempo de enfrentarse a fantasmas que aún duelen y corrompen nuestra magia desde dentro.

Ser bruja, sacerdotisa o chamana no es nada fácil. En algunas culturas nos llaman las sanadoras heridas porque no puedes curar a otras sin haberte curado a ti misma. Y todas, absolutamente todas, tenemos heridas que sanar porque hemos crecido en una cultura que tapa el dolor, tapa las experiencias negativas, tapa la infelicidad. Nos obligan a sonreír continuamente, a decir siempre que todo está bien, incluso hay frases motivadoras que animan a sonreír como señal de fortaleza cuando por dentro te estás rompiendo. Y es un tremendo error. La verdadera fortaleza reside en reconocer que no estás bien y en pedir ayuda para superarlo. Pero está mal visto, porque desde niñas nos han dicho que está mal quejarse, que lo que nos ocurre son “tonterías”, que no pienses en lo que te hiere y te animes…

Y cuando llegamos a la edad adulta no sabemos ser felices, no sabemos reír. No sabemos amar y mucho menos amarnos. Y cuando una mujer, una bruja, se da cuenta de esto y comienza conscientemente a curar sus heridas, destapa el dolor enquistado en su alma y sufre, a veces tanto que el miedo le atenaza y renuncia. Y se acostumbra a un dolor moderado, relativamente controlado y que se reduce a un sordo latido que le permite sobrevivir, pero no VIVIR.

Pero si no se rinde, si a pesar del estallido de dolor continúa adelante y se enfrenta a sus recuerdos y los mira cara a cara desde sus ojos de bruja adulta, una nueva vida se abre ante ella. Una nueva vida donde podrá darse permiso para ser feliz, para disfrutar de cada día de su vida sabiendo quién es. Y lo más importante, podrá ayudar a otras a sanarse.

Las heridas que nos hacen de niñas son muy peligrosas, forman cicatrices muy profundas y sobre ellas construimos nuestra identidad. Todo lo que somos, cómo vemos el mundo y cómo nos enfrentamos a él se basa en esas heridas mal cicatrizadas.  A veces para curarlas tenemos que deshacernos enteras y volver a crearnos desde unos cimientos sanos. Y hay que ser muy valiente para auto destruirse y volverse nada, para volver a crearse desde esa nada renunciando a todo lo que se era para poder SER.

Hay veces que solas no podremos. A veces hemos sepultado el dolor tan hondo que no llegamos a su núcleo. En ese momento no debemos dudar en pedir ayuda. Hay psicólogas y psiquiatras muy buenas que pueden guiarnos al corazón de lo que nos atormenta y luego traernos de vuelta. Algunas de ellas también son brujas y pueden enseñarnos a perdonar a aquellos que nos hirieron y, sobre todo, perdonarnos a nosotras mismas por haber llegado a pensar que era culpa nuestra y nos lo merecíamos, porque la mayoría de los niños se culpa por las acciones de los adultos.

Pero cuando una bruja se sana y consigue reparar las heridas de su infancia, su poder se vuelve inmenso. Es en ese momento cuando la bruja viaja hacia su centro y allí, se encontrará con la niña que fue, la abrazará y podrá decirle:

-“No te preocupes, todo está bien. Mira quién soy ahora, mira quién somos. Voy a devolverte lo que no tuviste. Prometo reír todas las risas que te robaron. Prometo jugar todos los juegos que te prohibieron, prometo soñar los sueños que no te atreviste a tener. Prometo bailar por todas aquellas veces que tu tristeza te lo impidió. Prometo crear un futuro donde no duelan los recuerdos del pasado. Prometo vivir para convertirme en la mujer de la que cualquier niña se sentiría orgullosa de ser. Prometo ser tan fuerte como para atreverme a pedir ayuda si algún día lo vuelvo a necesitar. Prometo darte todo lo que no pudiste tener: millones de sonrisas y miles de días felices.

Me lo prometo.”

Y cuando lo hayas conseguido, ven a jugar conmigo.

Yo te estaré esperando.

 

Hyedra de Trivia

 

Brujas debatiendo: ¿Cuál es tu tradición?

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El Paganismo, la brujería, las Religiones de la Tierra cada día son más visibles y reconocidas. Pero dentro de nuestro mundo, hay muchos caminos diferentes, muchas tradiciones. La mayoría tenemos una base común también características muy parecidas. Pero otras presentan diferencias evidentes.

Me considero una bruja y una persona respetuosa y todas las tradiciones me parecen igual de válidas. Tengo amigos en varias de ellas y me encanta que me hablen sobre cómo son, cómo viven y sienten ellos el paganismo o la brujería (hay tradiciones de brujas que no se consideran paganas). Además, creo que el hecho de que la mía sea perfecta para mí, no significa que lo sea para todo el mundo.

Por eso me pregunto, vosotras, brujas que me leéis, ¿Qué opináis de las distintas tradiciones? ¿Cuál es la tuya? ¿Qué fue lo que te hizo sentir que esa y no otra era la tuya, tu camino?

¿Cuál es tu tradición?

Hyedra de Trivia

Sacerdotisa y Bruja

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Imagen de autor desconocido

 

En nuestros días y en las tradiciones paganas actuales, la palabra sacerdotisa y bruja suelen aparecer en los mismos contextos. Sé que os ha llamado la atención porque  algunas de vosotras me habéis preguntado cuál es la diferencia entre ellas. Ya os he comentado en alguna ocasión que a lo largo de la Historia las sacerdotisas de religiones paganas han sido acusadas de brujería. Adorar a Dioses ajenos era considerado brujería, cualquier rito religioso extraño a quién lo veía, cualquier símbolo o práctica de pueblos desconocidos era tachado de brujería, por lo que en sus inicios eran lo mismo. Con el tiempo el concepto de bruja se desvirtuó y perdió su asociación al sacerdocio, pero en los archivos de la Inquisición, entre los cargos con los que se acusaba a las verdaderas brujas encontramos el de perpetuar cultos precristianos y adorar a falsos dioses. Es decir, ser sacerdotisas de antiguas religiones, o al menos ser las guardianas de lo que quedaba de ellas.

En la actualidad la mayoría de nosotras somos las dos cosas. Sé que en el fondo son lo mismo, pero si tuviera que explicar la diferencia sería ésta, la que dimos tres miembros de mi tradición cuando se nos hizo esta misma pregunta durante una reciente entrevista:

La bruja es una mujer que estudia su relación con el mundo que la rodea, desde que se levanta hasta que se acuesta (y aún mientras duerme) percibe el ritmo del mundo en el que vive y su propio lugar en él. Presta atención a los cambios que se producen y que le marcan el paso del tiempo y a lo largo de sus años aprende a relacionarlos con sus propios cambios internos. Es una mujer que experimenta con el poder que la naturaleza pone a su alcance, incluido el suyo propio. Investiga las propiedades de las herramientas que la tierra pone a su disposición: hierbas, piedras, agua, el viento, el fuego… su propio cuerpo y su propia energía. Emplea muchas horas de su tiempo en aprender de otros, de sí misma, de sus ciclos internos tan ligados a los externos del planeta. Pasa incontables momentos viajando hacia dentro de sí misma para conocerse y reconocerse. Y para encontrarse, dentro de sí, con la divinidad que sabe que la habita.

La bruja levanta altares a antiguos Dioses de la vida y la muerte, pero su relación con ellos es personal e íntima. Celebrará los cambios de las estaciones y de las estrellas y creará miles de hechizos para hacer de su mundo un sitio mejor. La mayor parte del tiempo trabajará sola. Su trabajo se aplica sobre una sola persona. Ella. Si quiere dominar la magia debe conocer su fuente, que es ella misma. Las revelaciones que tendrán lugar durante sus incursiones en la naturaleza, se producirán sólo en ella porque están provocadas por todo el conocimiento que ha adquirido antes.

A veces trabajará con otras para conjurar un objetivo común, o se reunirá en un Akelarre para celebrar fiestas mágicas, para compartir conocimientos y crear lazos de unión. Para dar la bienvenida a nuevas brujas a la comunidad o para enseñar a otras que empiezan en el camino. Las brujas de nuestro tiempo creamos grandes redes que se extienden no sólo por el país, sino por todo el mundo. Pero su evolución como persona, como mujer y como bruja, será a solas.

La sacerdotisa realiza los mismos actos que la bruja, pero de cara a una comunidad. Las sacerdotisas paganas no nos consideramos intermediarias entre la divinidad y las personas porque no es necesario. Cada Ser está en perpetuo contacto con la Diosa porque ya somos parte de Ella. Todas la llevamos dentro, es parte de nuestra esencia por lo que la existencia de una figura intermediaria es totalmente innecesaria. Pero lo que sí hacemos es facilitar a los demás la forma de encontrarla, de restablecer un contacto que creían perdido o que se ha olvidado. Realizaremos hechizos para la comunidad, invocaremos a nuestra Diosa para traerla entre nosotras. Levantaremos altares comunes para que todos puedan Honrarla.

La sacerdotisa también es la encargada de oficiar ceremonias religiosas que atañen a toda la comunidad, somos nosotras quienes damos la bienvenida y presentamos ante el mundo a los recién nacidos. Somos nosotras quienes unimos las manos y los corazones de las parejas en sus matrimonios mientras su amor dure. Somos nosotras quienes celebramos con las jóvenes su menarquía y también celebramos con nuestras sabias la menopausia en su madurez. Somos nosotras quienes damos soporte espiritual a cualquier miembro de la comunidad que lo solicite y quienes acompañamos en su último viaje a aquellos que regresan a la Madre.

Somos aquellas que repiten sus 10.000 nombres en alto para que no se olviden. Para que se recuerden de nuevo. Somos la cabeza visible que sirve de faro a todas las que la buscan a Ella. Todo nuestro trabajo está volcado hacia el exterior.

Pero nada de esto sería posible si no contásemos con todo el trabajo de bruja que hemos hecho con nosotras mismas. Con toda la sabiduría, conocimientos y experiencias que hemos ido adquiriendo en nuestro trabajo solitario.

Para mí, ambas son las dos caras de una misma función. La bruja es la mujer que viaja a su interior en soledad para encontrarse con la Diosa, aprender de Ella y comprender quién es ella como mujer y regresa al exterior para mostrar al mundo, como sacerdotisa, el camino hacia Ella. Para ser su faro y, en definitiva, guiar a todos aquellos que la buscan, para que puedan empezar su propio viaje.

Las brujas sacerdotisas somos un umbral. Somos una puerta.

Somos la Voz que anuncia Su Regreso.

 

Hyedra de Trivia

 

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