Cruzando el velo

Autor de la imágen desconocido

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Hoy quería hablaros de Samhain.  Quería contaros algo sobre su origen y sus tradiciones, explicaros su verdadero significado, pero durante ésta última semana se han publicado suficientes artículos sobre ello en internet y no quería repetir lo mismo. Así que he decidido, si me dejáis, que en lugar de escribir sobre datos y folklore, os voy a llevar a un pequeño viaje en el tiempo. Os voy a llevar a un Samhain de hace muchos, muchos siglos. En alguna de aquellas aldeas celtas que  poblaban Europa. Venid, entrad conmigo en la pequeña casa de piedra. Es cálida y sencilla, y una anciana está sentada junto al fuego, esperando…

“¿Por qué tarda tanto? ¿Por qué es tan largo el día? No puedo evitar que mis ojos se desvíen continuamente hacia la ventana, pero el sol siempre parece estar en el mismo sitio. Este día parece no acabar nunca.

Estoy cansada. Muy cansada. Mis piernas ya no son tan fuertes como antes y mis manos tiemblan más cada otoño, pero a pesar de ello, todo está preparado ya. He puesto la mesa y preparado tu comida favorita. ¿Recuerdas? El olor me llega desde donde el guiso hierve al fuego, y recuerdo tantas veces en que te quemaste la lengua por no poder esperar a que se enfriase un poco. Yo me reía y tú fingías enfadarte. Mi mente vieja y cansada se burla de mí, porque parece que fue esta misma mañana cuando yo aún me reía y tú soplabas sobre tu plato.

Hace poco he revisado las velas dentro de los nabos, le pedí a los niños que colocaran algunas fuera de la casa para que puedas encontrarme en la oscuridad. También pondré alguna en la ventana, aunque creo que no hará falta. En la aldea encenderán una hoguera para celebrar el fin del verano y todo estará iluminado mientras dure el banquete. Mañana empieza otro año. Un invierno más sin ti. ¿Realmente hace tanto que te fuiste?

Es casi como si mi vida se hubiera detenido aquel día. Yo sigo siendo la misma mujer que te vio marchar desde la cima de aquella colina una mañana de primavera con mi pelo rubio tapándome los ojos por el viento. Pero por fuera… si me vieras… mi pelo hace mucho que dejó de ser rubio. Mis manos están arrugadas y mi cuerpo seco, vencido por tantos inviernos sobre esta tierra. Me pregunto si me reconocerás. Si conseguirás ver en mis ojos algo de todo lo que fui.

He vivido mucho, más que la mayoría. He sido feliz y he tenido una buena vida. Las niñas crecieron y tuvieron hijos, muchos. Corretean cerca de aquí, buscando cortezas y musgo para vestirse como los Sidhe para que les confundan con los suyos y no se los lleven con ellos. Les oigo reír, para ellos es un juego mezclado con medias verdades. Hoy no se acercarán mucho al bosque, dudo incluso que se alejen mucho de la hoguera. No puedo evitar sonreír cuando les veo hacerse los valientes mientras a escondidas lanzan miradas furtivas a su alrededor. Como hacíamos nosotros…

No puedo creer que falte tanto aún. El Sol aún no se pone… ¿No llegará nunca la noche…?

Nunca regresaste. Te esperé tanto tiempo… Mi corazón se heló al igual que la tierra aquel primer invierno. Fueron tantas las estaciones en las que corrí a la colina cada mañana para esperar tu regreso… Y recuerdo cuando supe que nunca volverías, cuando me contaron que era inútil esperar. Tantas noches de lágrimas, tantos años de soledad… Fue tan poco el tiempo  que tuvimos…

Hoy he estado en el bosque, quería recoger unas hierbas y unas setas. A veces se enfadan conmigo por salir sin compañía, tienen miedo de que me fallen las fuerzas o me pase algo y  muera sola donde nadie me encuentre. No entienden. No comprenden que nada podía pasarme aún… Pobres niños ingenuos. A veces parece que no recuerdan quién soy. Quién he sido para ellos. La edad no ha mermando en nada mi poder, mis conocimientos. Por el contrario, parecen haber aumentado. Cada vez veo más. Percibo más. Sé más. Por eso sé que hoy…

He paseado por donde solíamos caminar tú y yo. Casi me ha parecido vernos, tan jóvenes, tan felices, tan confiados en todos los años que tendríamos por delante… Ojalá hubiese sabido entonces…, aunque creo que nada hubiera sido distinto.

He vivido mucho, sí. Y aunque llegó un día en el que el dolor remitió y me permitió vivir una vida feliz, a veces lo sentía despertar y morderme el corazón con tanta fuerza que me doblaba en dos. Cada vez que estaba a punto de olvidar tus ojos, tu risa, tu voz susurrando mi nombre… Te soñaba. Y de repente todos los recuerdos regresaban y me despertaba en medio de una agonía de lágrimas y desesperación. Contaba los días hasta el próximo Samhain y te esperaba, ¡cómo te esperaba!… Pero nunca regresaste.

Con el tiempo el dolor fue cada vez menor, y te convertiste en un hermoso recuerdo. Mis sueños se fueron haciendo más dulces. Eran citas en las que te contaba cómo era mi vida sin ti. La vida sencilla de una sacerdotisa de una aldea sencilla.

¡Tengo que recordar las manzanas! Últimamente mi pensamiento habita más en el pasado que en el presente y olvido cosas. He cogido unas manzanas de nuestro árbol para que puedas reponer fuerzas por el viaje. Hoy no podían faltar en la mesa. He probado una y he recordado aquella tarde haciendo sidra, cuando el olor impregnó nuestras ropas y tardó tanto en irse…

Escucho voces junto a la casa, van hacia la fiesta. Les he dicho que más tarde me reuniré con ellos. Ha sido un buen verano, la Diosa nos ha dado buenas cosechas y no creo que sea un invierno especialmente duro, comprendo su alegría por la celebración. Será un poco triste porque hemos tenido pérdidas recientes, pero hoy tendremos visitas. Hoy los Dioses nos enviarán sus mensajes, aunque este año no seré yo quien los reciba. Hay sangre nueva que puede continuar con mi trabajo.

La habitación parece más oscura, las sombras avanzan sobre la pared. Mi corazón empieza a latir más fuerte. ¡Ya está! ¡El Sol se ha puesto! Después de tantos años esperando… Estoy temblando. ¡El velo se ha abierto! Voy a encender las velas, la puerta está abierta… quiero ver el camino que atraviesa los campos. Quiero ver el último rayo de sol desapareciendo.

¡Seré tonta! Estoy llorando como hacía años que no lloraba. Apenas puedo contener la emoción. Me ahoga por dentro entre sollozos. ¿Tardarás mucho más? No quiero sentarme. Quiero esperar de pie. Quiero verte llegar. Quiero verte volver a mí, después de tantos años…

No veo bien, la neblina apenas me deja ver sombras a lo lejos. Siento los latidos de mi sangre en las sienes, en el pecho, la impaciencia me devora. Sé que esta vez vendrás. Sé que por fin volverás a casa. Por favor, ven ya… han sido demasiadas noches sin ti.

Entre lágrimas veo. La bruma se aclara. Una figura se acerca por el camino. Tan alto como siempre. Tan joven como siempre. Tan hermoso como siempre fuiste. Mi amor perdido. ¡Estás aquí! Río entre lágrimas mientras me dejo caer sin fuerzas entre tus brazos. Tenía tantas cosas que contarte. Tanto que decirte. Y ahora comprendo que no es necesario. Ya no hay prisa. Por fin el velo de Samhain se ha abierto para nosotros. Por fin has podido regresar, y sé por qué.

Nada me retiene aquí ya. Todo está hecho. Todo está vivido. Es hora de marchar, contigo. De tu mano. Hay tanta luz en tus ojos. Tanto amor en tu corazón. No miro atrás. A mi hogar, mi aldea, mi cuerpo viejo que sonríe sentado junto al fuego. No. Sólo puedo mirarte a ti y hacia delante. Hacia la orilla donde Ella nos espera en Su barca para llevarnos a casa.

He estado tanto tiempo sin ti… – te digo. – No, amor. Apenas ha sido un momento – me dices sonriendo. Y sé que tienes razón. ¿Qué importan unos inviernos, cuando estamos hechos de eternidad?

Y mientras en toda la tierra los que hace tiempo que partieron cruzan el velo para encontrarse con sus amados vivos, nosotros viajamos cruzando el río del tiempo hacia nuestro hogar. Mientras la Diosa rema sonriendo, rema y escucha a todos aquellos que llaman, que  recuerdan, que le piden que lleve su amor a sus muertos…

Ataecina…Ategina…

Recuérdales… recuérdanos… “

Feliz Samhain, mis brujas.

Feliz noche de recuerdos, manzanas y velas en calabazas para guiarles a casa.

Feliz Año Nuevo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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Embrujando a la muerte

Journey Home Autor de la imagen: Rassouli www.rassouli.com

Journey Home
Autor de la imagen: Rassouli
http://www.rassouli.com

Sé que aún queda más de una semana para Samhain, pero ya siento su influencia. Halloween lleva tiempo anunciándose y me gustaría que tuvieseis unos días para reflexionar sobre su verdadero significado y poder sentirlo plenamente cuando llegue. En Samhain, entre otras  cosas, celebramos la muerte. Esa noche, la puerta que separa ambos mundos se abre desde el otro lado hacia el nuestro y el velo es tan fino que por unas horas los mundos se superponen. La Humanidad lo ha sentido desde siempre, pero lo que en un principio fue una festividad de recuerdo y reunión con familiares y amigos ya ausentes, se ha convertido en una noche de disfraces y luces como antídoto para nuestros miedos. Nos disfrazamos  para que los espíritus malignos nos crean uno de los suyos y no nos persigan.  Pero de lo que inconscientemente tratamos  de escapar, desde el principio de los tiempos, es de la muerte.

Recuerdo cuando mi abuela murió, en su casa, en su cama. Rodeada de su familia. Murió al atardecer y durante toda la noche fue llegando gente que la conoció, de alguna u otra forma, para velarla. Recuerdo las flores intentando borrar el olor de la muerte sin conseguirlo. Un olor distinto al de la podredumbre. Un olor que nunca antes había percibido y que nunca más he vuelto a encontrar. Y sobre todo, un olor que no todos eran capaces de sentir. Recuerdo a las mujeres rodeando la cama donde ella yacía y a los hombres entrando, presentando sus respetos para salir al poco y reunirse con otros hombres en el salón. Sólo las mujeres permanecían junto al cuerpo. Entonces fue cuando aprendí por primera vez que la muerte es cosa de mujeres. Recuerdo al día siguiente el cortejo fúnebre desde su casa hasta la cercana iglesia donde se le hizo la misa de difuntos. Vivo en una ciudad pequeña, y no sé cómo, consiguieron el permiso para hacer ese cortejo a pié. Mi abuela fue uno de los últimos vestigios de un mundo antiguo con tradiciones antiguas. No he vuelto a sentir la muerte de un familiar como algo cercano, íntimo y compartido desde entonces. En este mundo moderno donde parecen empeñados en alejarnos de todas las emociones, también nos han alejado de la experiencia de la muerte.

Algunas brujas no celebran fiestas, ni se disfrazan ni celebran esta noche. La pasan meditando y recordando a sus seres queridos fallecidos. Otras sí lo hacen, celebran una noche de magia y reunión recordando que la muerte no es el final, sino un nuevo principio. Para nosotras es Año nuevo, el principio de un nuevo giro. Las últimas cosechas han terminado, el verano ha muerto y nos volvemos hacia un nuevo ciclo. Cada bruja elige cómo vivir esta fecha, pero lo celebremos o no,  hay algo que todas debemos recordar. Lo que Samhain tiene para enseñarnos.

Lo primero que nos enseña Samhain es a dejar ir, a ser valientes y soltar. La mayoría de la gente se encariña con sus cosas, con su gente, sus ideas, e incluso con sus errores. Muchas veces nos aferramos a ellas casi con desesperación, casi como si hubiésemos construido nuestra identidad sobre nuestras posesiones. Como si al perderlas nos perdiésemos a nosotros mismos, nuestro corazón o incluso nuestra alma.

Por un lado, es lógico querer conservar lo que amamos o las cosas que nos hacen sentir bien, seguros, cómodos… pero a veces, nos aferramos a cosas o situaciones que no nos hacen felices, que ni siquiera nos gustan ya. Pueden ser trabajos en los que nos sentimos presionados o vacíos. Lugares que nos ahogan y agobian, amistades que sólo nos producen pesar y angustia. O lo más importante, relaciones rotas.

A veces es difícil decidir cuándo una relación ha terminado o solo es un bache en el camino. Otras veces es evidente. Ya no sentimos amor por la otra persona, nuestro futuro es solo una larga condena de días iguales sin volver a sentir ese cosquilleo que nos recuerda que estamos vivos y amamos. Y soñamos con escapar a otra vida, a otro futuro, a otra persona. Y aún así, no nos decidimos a cambiar de vida. El miedo nos paraliza, nos convencemos a nosotros mismos de que no encontraremos nada mejor, que nunca volveremos a ser amados, que no encontraremos jamás a nadie que nos comprenda.

Pero, una vez más, las brujas somos afortunadas. Nuestra Rueda del Año nos enseña estación tras estación que nada termina nunca, que todo es un ciclo que se repite una y otra vez, girando eternamente. Retornando siempre. Cada día es un regalo de la Diosa para vivirlo a nuestra manera. Cada día es una promesa de cambio, si nos atrevemos a cambiar…

En la senda de las brujas aprendemos caminando, viviendo y, si estamos atentas, extrayendo sabiduría de cada detalle de nuestra vida. Si pensamos en nuestro pasado, recordaremos que cada vez que hemos perdido algo importante, alguien de la familia, una amistad, un trabajo, una pareja… el espacio que ha dejado se ha llenado de nuevo.

Si Mabon nos enseñó el equilibrio, ahora debemos recordar esa lección y unirla a la de Samhain y aprender que, para que ese equilibrio se manifieste en nuestra vida, al igual que tenemos que aprender a recibir también debemos aprender a entregar. Debemos hacer sitio para nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevos sueños… dejando marchar otros que ya no necesitamos. Son pequeñas muertes que hemos de atravesar para dar la bienvenida a nuevos nacimientos.

La otra enseñanza de Samhain es que, para vivir plenamente, debemos reconciliarnos con la muerte. Nos hemos acostumbrado a ignorarla, a evitarla, a cumplir con ella con breves visitas de cortesía a los tanatorios o funerales. Somos conscientes de que la gente muere, pero no pensamos que pueda ocurrirnos a nosotros ni a los nuestros hasta que seamos muy ancianos. Y por ello nos perdemos muchos buenos momentos porque nos confiamos y confiamos en el tiempo. Dejamos esos buenos momentos para otro día, para el fin de semana, para mañana. Cuando es totalmente posible que no exista un mañana.

Cerrad los ojos y pensad en esas personas queridas. Esas a las que amáis por encima del resto. Imaginad que apenas les queda una semana de vida. Seguramente correríais a su lado y pasaríais junto a ellas todo ese tiempo, haciendo que fuera el mejor de su vida. Seguramente les diríais cuánto les queréis y lo que significan para vosotras. Querríais que en el último momento supieran que han sido amados y cuánto amor se llevan. Ellos tendrían una muerte hermosa y vosotras paz en el corazón.

Pero ahora imaginad que esas personas mueren esta noche sin que podáis hablar con ellas. Pasaríais el resto de vuestra vida pensando en todo lo que no se dijo, en todo lo que no se hizo, en todo lo que se fueron sin saber. Costaría tanto tener algo de paz…

Entonces, ¿Por qué no hacerlo cada día? Todos, absolutamente todos podemos morir en cualquier momento. No necesariamente tras una larga enfermedad o tras una larga vida. Y cometemos el error de dar por sentado que la gente sabe que les queremos, damos por sentado que estaremos aquí mañana, damos por sentado que habrá tiempo…

Samhain nos enseña que la muerte camina siempre junto a nosotros, que no es más que un eslabón más de la cadena que es nuestra existencia y que casi nunca sabemos cuándo nos tocará.

Por ello, deberíamos vivir siempre recordando que cada momento puede ser el último, deberíamos pasar ese momento riendo, amando, diciendo en voz alta lo que sentimos. Siendo felices mientras aún estamos vivas. Viviendo como si el día de nuestra muerte fuese siempre mañana.

Este Samhain recordad que la muerte es sólo el umbral que hemos de traspasar para regresar a casa cuando hayamos terminado la misión que vinimos a cumplir. Es el lugar en el que descansaremos y en el que nos reencontraremos con aquellos que partieron antes. Allí recordaremos quiénes somos en realidad, quiénes hemos sido vida tras vida, Hijas de la Diosa que una y otra vez caminamos de su mano en la Rueda sin final. Y mientras llega el momento de cruzar el umbral, las brujas celebraremos cada Samhain. Cuando el velo se abre, los mundos se unen y termina un giro para comenzar otro totalmente nuevo, lleno de magia y promesas.

Ser conscientes de la muerte nos enseña a VIVIR. Ese es su secreto, su misterio, su función.

Enseñarnos a amar la vida.

Hyedra de Trivia

La cueva de las brujas

Samhain Goddess Autora de la imagen: Arwens Grace

Samhain Goddess
Autora de la imagen: Arwens Grace

Estos días regreso del pasado. Regreso de unos bosques antiguos y vivos donde a cada paso nos sabíamos acompañadas por sombras que se movían en los límites de la visión. Unos bosques poblados por ecos de risas encantadas y movimientos furtivos descubiertos por el rabillo del ojo. Regreso de las profundidades de la Madre, de pisar hojarasca y encallarme en el lodo de su suelo. Regreso de ser Vida y arder en el recuerdo del fuego de un pasado que, entre magia, las brujas trajimos de vuelta. Regreso de caminar kilómetros a través del bosque bajo el cielo negro de una noche sin luna.

Cuando una bruja llama, las demás acudimos a su llamada. Y escuchando la llamada del Norte volamos hacia el Akelarre, donde dimos la bienvenida a cinco nuevas brujas y donde descubrimos que el tiempo no existe y que la memoria es eterna.

Pisamos sobre los pasos que dejaron otras hace siglos, caminamos sobre huellas antiguas y seguimos el camino que nos condujo a encontrarnos con nosotras mismas dentro del vientre de la Madre. El sendero que atravesaba el bosque nos llevó hasta el lugar donde se han reunido las brujas desde el principio de los tiempos. La cueva.

Las cuevas nos han acogido desde siempre, han significado el hogar, refugio, escondite, punto de reunión clandestino, tumba, el misterio de la Tierra… Las cuevas son sagradas, han sido reverenciadas y temidas pero también han ejercido una atracción ineludible para la Humanidad que siempre ha arriesgado su vida explorándolas. Las cuevas son la entrada a las entrañas de la Madre, un paso hacia su útero sagrado en el que encontrarse con la oscuridad y del que volver a nacer, renovada y bendecida por la tierra que todo lo regenera.

Desde el lugar que me correspondía en el ritual, dejaba vagar mi mirada por las paredes que me rodeaban, apenas iluminadas por unas velas colocadas aquí y allá. Sabía que en el exterior aún era de día, pero eso no parecía importar allí abajo. Sabía que, una vez hube traspasado su entrada, había entrado en otro mundo. Miraba alrededor mientras me arrebujaba en mi capa y jugaba con las volutas de vaho que surgían de mi aliento. Era fría, húmeda, oscura… Escuchaba el sonido de gotas de agua que se filtraban por la tierra y caían al suelo como lluvia, convirtiéndolo en un cenagal. Más allá de donde yo estaba, el suelo descendía hacia las profundidades, hacia la oscuridad total. Y emocionada, suspiré sabiendo que en ese momento no querría estar en ningún otro sitio de este mundo o del otro.

Mis primeros pasos fueron vacilantes, pero no tardé mucho en moverme con más confianza. Cuando me llegó el turno de descender hacia donde la Diosa esperaba, sentí cómo mis pies resbalaban por la roca húmeda, como si la misma cueva quisiera hacerme bajar a su centro más rápido, como si llevase tanto tiempo esperándome que ya no pudiese aguardar unos minutos más. Me dejé llevar, por el frío, por la humedad, por la oscuridad, por la voz de mis hermanos cantándole a la Diosa y por el sonido de sus tambores vibrando como lo han hecho siempre. Y sentí la presencia de muchas otras, de aquellas que se reunían en aquellas mismas tierras, acaso en aquella misma cueva, para perpetuar unas tradiciones prohibidas pero nunca olvidadas ni sustituidas. El nombre de la Diosa de aquellas montañas y cuevas, Mari, nunca ha dejado de pronunciarse y sus brujas, las Sorgiñak, nunca han dejado de acudir a las cuevas, en mitad de noches como ésta, oscura y sin luna, para recordarla y hacer que las nuevas brujas que la buscan, jamás la olviden.

Allí abajo, en las profundidades rodeada de oscuridad, Mari me miró a los ojos y me dio un mensaje. Me dijo recuerda… Tú hablas mi idioma. Recuerda quién fuiste antes, recuerda cuando venías aquí a llamarme por mi nombre. Ya has estado aquí antes. Tus manos tocaban los tambores para mí, que tus manos recuerden, recuerda quién fuiste…

Me costó salir, en realidad no quería abandonarla tan pronto. La cueva tampoco parecía querer dejarme ir porque mis pies se hundían en el barro y mis ropas pesaban y dificultaban mi ascenso. Era justo como debía ser. Difícil, arduo, inolvidable… Pero cuando al fin estuve fuera y sentí el viento sobre mi rostro, cerré los ojos y me llené de noche.

Tiempo después, en el camino de vuelta iba pensando en el pasado. Pensaba en lo difícil que era moverse por el bosque con aquellas faldas voluminosas y pesadas, con la capa de lana enganchándose en los arbustos y los tropiezos cuando al subir cuestas la pisaba. Pensaba en el frío, en la oscuridad, en la humedad que rizaba mi pelo y lo blancas y brillantes que estaban las estrellas en el claro cielo del Norte. Pensaba en lo importante que debía ser la Diosa y las antiguas tradiciones, reunirse en las cuevas y celebrar el akelarre para las brujas del pasado, cuando se atrevían a salir en noches así, frías, oscuras, húmedas. Para atravesar bosques y acudir a una cueva en la que compartir conocimientos, alegrías, bailes, risas y la vida alrededor de una hoguera.  Y me di cuenta de que, siglos después, nosotras estábamos haciendo exactamente lo mismo y  estábamos viviendo una de las mejores noches de nuestras vidas.

He regresado a Madrid, al centro de este país en el que las brujas están recuperando las antiguas costumbres. Pero una parte de mí aún sigue allí, en la oscuridad de aquella cueva en la que llueve siempre. Dejé allí un pedazo de mi corazón y sé que, si está en mi mano, cuando la Bruja del Norte vuelva a llamar, yo acudiré de nuevo a su llamada.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Gratitud de Bruja

A place I once called home (Valkyria) Autor de la imagen: Lorelyne http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A place I once called home (Valkyria)
Autor de la imagen: Lorelyne
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A veces atravesamos momentos en los que las cosas no salen como esperamos. Todos nuestros proyectos parecen detenerse o, incluso, dar marcha atrás. Vemos cómo a nuestro alrededor la vida de los demás continúa mientras la nuestra no acaba de llegar a ser como queremos. O tal vez los problemas dificultan nuestro día a día e incluso nos preguntamos qué será de nosotros mañana. En estos momentos es muy fácil dejarse dominar por la desesperanza. Es fácil caer en la trampa de la queja y la desidia. Y es fácil no tener ojos para nada que no sea todo aquello que nos dificulta el camino.

Pero hay una herramienta que las brujas (y muchos psicólogos) recomendamos para luchar contra la tristeza y la desesperanza. El agradecimiento. Por muy difícil que sea nuestra vida, por muchos problemas que tengamos, siempre habrá algo bueno en ella. Algún gesto amable, algún pequeño detalle, algo hermoso que nos haga detenernos y disfrutar de ello. La gratitud es uno de los mayores dones con los que podemos contar, y tenemos la suerte de que se puede desarrollar y trabajar para hacer de él un hábito continuo. Todo lo que hay en éste universo emite una vibración, y esa vibración atrae lo afín y rechaza lo distinto. Si no somos capaces de apreciar las cosas buenas y agradecerlas, dejaremos de recibirlas. Sólo atraeremos lo único que vemos, tristeza, dolor, pena, desesperanza.  Como ya he dicho alguna vez, nuestra mente aprende mediante la práctica y la repetición, y hay un precioso ejercicio que nosotras (muchas sonreiréis porque ya lo conocéis) usamos para practicar la gratitud: nunca te acuestes sin agradecer al menos tres cosas de tu día.

Cada noche, antes de dormir, repasa tu jornada y piensa en algo bueno que te haya ocurrido.  Todo aquello que te haya hecho sentir bien,  haber encontrado unas monedas, haber recibido la amabilidad y la sonrisa de un extraño o algo más sensual, como el calor que se siente al sujetar una taza caliente en un día frio… Cualquier cosa que te haya hecho sentir algo bueno. Hazte con un cuaderno y apunta en él cada noche todo lo que recuerdes. Como mínimo hay que escribir tres anotaciones. Utilizaremos éste Diario de Agradecimientos para entrenar a nuestra mente, le enseñaremos a apreciar los pequeños momentos y al saber agradecerlos, al ser receptivos y hacer espacio en nuestra vida para lo que nos hace sentir bien, cada vez atraeremos más y tendremos más cosas que escribir en nuestro cuaderno.

Y con el tiempo y si eres constante,  descubrirás que ya no necesitas el Diario ni esperarás a que llegue la noche. Serás capaz de sentir gratitud por cada pequeño acontecimiento en cuanto te ocurra, y las sonrisas serán más comunes que las lágrimas. La ilusión por lo que vendrá superará al temor por el futuro y además, serás capaz de extenderlo a tu pasado. Empezarás a agradecer mil cosas que te han ocurrido y que hasta ahora no habías sido consciente del regalo que fueron. Esta es la mejor parte. Ser capaz de dar gracias por tu existencia y todo lo que has aprendido hasta ahora.

Yo suelo dar las gracias por muchas cosas, pero la primera siempre son las mujeres de mi vida. Empezando por mi abuela, de quien aprendí la existencia del amor incondicional y las caricias más dulces que me han dado. Recuerdo las tardes de lluvia junto a ella, las noches en las que no me dormía sin sus palabras. Ella fue mi primera contadora de cuentos, crecí con sus historias y sus recuerdos y hubiera dado lo que fuera por haberla conocido en su juventud y haber vivido su rebeldía a su lado.

Doy gracias también por tener la madre que tengo. De ella aprendí la maravilla del mundo femenino, la limpieza y la honestidad de nuestro cuerpo. Jamás me ocultó nada, por el contrario, siempre respondió a mis preguntas con toda naturalidad y franqueza y me explicó todo lo referente a la menstruación, la sexualidad y la maternidad desde que tuve edad para comprenderlo. En aquella época me parecía lo normal, pero hoy sé que muy pocas madres hablaban así a sus hijas. Sé la suerte que tuve y jamás en mi vida le agradeceré lo bastante el regalo que me hizo. Me regaló mi cuerpo, me regaló mi sexo, me regaló mi autoestima femenina. Mi madre me dio dos veces la vida, la primera al parirme y la segunda al entregarme el conocimiento sobre mi sexualidad.

Doy gracias por mi hermana y por mis amigas, porque cada una de ellas me muestra una faceta de La Mujer y me enseñan la parte de mi misma que hay en ellas y partes de ellas que reconozco en mí. Gracias a ellas, cada vez comprendo mejor qué es ser mujer y reconozco lo afortunada que soy, porque son muchas. Muchísimas mujeres maravillosas rodeándome y queriéndome. Son uno de los grandes regalos de mi vida.

Doy gracias también por los hombres de mi vida. Familiares, amigos, ex parejas, pareja… Todos ellos me han enseñado mucho sobre la masculinidad. Me han enseñado a amar y también a rechazar el mal amor. Algunos han sido espejos en los que he visto reflejado todo aquello que no quería ser. Otros han sacado de mí partes que no sabía que estaban y que no querría haber conocido nunca. Los mejores me han hecho ser mejor persona a mi vez. Ahora, otros me están enseñando que un nuevo hombre es posible, que no están sólo en los libros o las películas. Son compañeros que caminan a nuestro lado, y de ellos aprendo que, aunque a veces es difícil encontrarlos, haberlos, hailos.

Agradezco la suerte que he tenido por las maestras que he ido encontrando. De ellas, mujeres que han dedicado su vida a enseñar a otras, he aprendido y continúo aprendiendo el valor de la hermandad. De la transmisión de unos conocimientos y una sabiduría que nos pertenece a todas y que nos hará libres. De la responsabilidad que es ser la portadora de las antiguas tradiciones de las Hijas de la Tierra y mantenerlas y transmitirlas para que no se pierdan y crear una nueva generación de mujeres que se comprometan a continuar con su labor. Gracias, porque si vosotras no fuerais, yo no habría podido ser.

Doy gracias por mis brujas. Por el circulo pagano de mujeres y hombres que me acompañan en esta aventura de celebrar los ciclos de la Naturaleza y recordar los antiguos ritos que una vez unieron a la Humanidad con la Tierra. Con ellos disfruto de cada momento vivido en comunidad, de las ideas compartidas y de muchas horas de magia.

Y sobre todo agradezco cada detalle de este planeta en el que he nacido, cada gota de lluvia, cada soplo de aire, cada rayo de sol que se cuela entre las hojas de los árboles y dibuja formas de sombra sobre la hierba. Doy gracias por todas las maravillas que me ofrece. Agradezco ser capaz de sentir placer, de poder viajar entre las páginas de un libro, de emocionarme hasta el punto de las lágrimas escuchando una melodía. Agradezco cada risa y carcajada. Cada beso de mi pareja y también los de los labios pegajosos de las niñas de mi vida. Doy gracias por mil sensaciones que mi piel percibe. Doy gracias por estar viva, por sentirme viva y querer seguir viva. Pero sobre todo, doy gracias por saber agradecer mi vida.

¿Y tú? ¿Por qué das las gracias?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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hyedra.deduir@yahoo.es
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