Un verano embrujado

Atardecer en el trigo Autor: Jorge Domingo https://rasoner.wordpress.com/

Atardecer en el trigo
Autor: Jorge Domingo
https://rasoner.wordpress.com/

No sé si estoy escrita en las estrellas. No sé si fui soñada antes de nacer en esta vida. No sé si soy la respuesta a las plegarias de alguien, ni si vengo a cumplir promesas formuladas fuera del tiempo y del espacio o a terminar algo que una vez quedó inconcluso.

Tampoco importa.

Se acerca el verano y con él las largas horas sentada bajo los árboles sin otra cosa que hacer que observar cómo se alargan las sombras, mientras el calor del día deja paso a la indulgencia de la noche.

A mí nunca me gustó el verano. Mi cuerpo se hincha, mis sentidos se embotan. Me duele la cabeza y la piel me arde. Todo a mi alrededor parece detenerse aunque yo no quiera y la vida en la ciudad se me hace insoportable. Durante muchos años huía de él. Me recluía en mi casa y rogaba por que llegara el otoño.

A día de hoy no puedo decir que el verano me encante, pero me he reconciliado con él y conmigo misma durante esos meses. Hace muchos años, en un viaje iniciático a Finisterre, sentada sola en una roca cercana al Faro en el fin del mundo, comprendí que el verano es tan importante como el resto de las estaciones. El calor me afectaba mucho físicamente, sí, pero para la tierra y para las brujas esta estación es tan necesaria como las demás.

Aprendí a disfrutarlo, la maravilla del verano está en las primeras horas del día, cuando el fresco de la mañana inunda los árboles y las plantas y todo parece contagiarte el entusiasmo de la vida en plenitud. Aún procuro esconderme en las horas centrales del día, pero al atardecer emerjo para bañarme en esa luz tan especial que tienen estos días. Una luz dorada que me hace sentir casi en otro mundo. Y las noches, noches cuajadas de estrellas. Noches de luna encantada. De brisas tenues y risas de niños a lo lejos. Noches de baños en el mar oscuro y profundo, de bailes en la orilla. Noches de magia contando estrellas fugaces y hechizos alrededor de la hoguera con mis brujas danzando bajo los árboles para celebrar el Solsticio. Las noches de verano hacen que todo lo demás merezca la pena.

Hace un par de años que en verano escapo unos días a un lugar que no es tan caluroso. En él puedo conectarme con la Tierra y la estación de una forma única. Puedo ver los campos de grano segados y la balas de paja adornando el horizonte. Veo agostarse partes del mundo vegetal mientras otras se preparan para ofrecer sus frutos en otoño. Mi ritmo interno por fin se siente respetado al dejarlo fluir con el ritmo de la vida en el campo, donde todo se hace sin prisas, donde todo tiene su tiempo.  Allí la vida es tan fácil… Solo hay que rendirse a la magia del momento, de cada hora del día.

Es mágico desayunar por la mañana observando a las vacas paciendo en los campos recién segados. Es mágico ir a ver si el último polluelo ya se atrevió a abandonar el nido. Es mágico dar un paseo a última hora de la tarde, en mi momento preferido, cuando todo se hace dorado antes del atardecer. Es mágico ponerse algo de abrigo para observar la maravilla de la Vía Láctea por la noche. El camino de la leche. El camino de la Madre. Y es mágico acostarse agotada por todo un día de no haber hecho nada en especial, pero haberlo sentido todo.

Allí siento a la Tierra, viendo volar a los buitres sobre mi cabeza y caminando entre sabinas tal vez milenarias. Dejando a mi cuerpo y a mi alma descansar de todo el trajín del resto del año. Y es así como comprendo el valor del verano, su verdadera función. Es un tiempo para disfrutar de estar viva. De comprender, aprender y valorar el hecho de no hacer absolutamente nada, porque es entonces cuando mi mente se relaja y se abre a todo.

Y en esas tardes de verano, en la hora en que los demás duermen la siesta, yo abro mi mente y pienso. Pienso en mi vida, en la Vida, en por qué estoy aquí. En lo que quiero y lo que no quiero. En lo que aprendo, en lo que muestro, en todas las sendas por las que quiero caminar, en todos los mundos que me muero por explorar. Y el verano me muestra el valor de la paciencia. Porque en verano la vida parece que se para. Todo parece detenerse mientras  en realidad rebulle bajo la superficie para estallar por la noche. El verano me enseña que todo tiene su momento y que todos y cada uno de los momentos de la vida son valiosos.

El verano me enseña el valor del sacrificio, del Dios convertido en cereal que muere para alimentar a sus hijos, pero también me enseña la promesa del retorno. Ese cereal, esa semilla que volverá a la tierra para crecer de nuevo en un ciclo eterno. Y durante las largas horas de tranquilidad, yo pienso y fluyo con el tiempo y sé que formo parte de ese ciclo. Y es entonces cuando me rindo a ese misterio más grande que el universo y tan antiguo como el tiempo y me inunda la felicidad.

Y mientras la languidez me invade y dejo pasar las horas sentada bajo un árbol, me pregunto si alguna vez estuve escrita en las estrellas, si alguien me soñó en la eternidad, si hice alguna promesa que aún no sé si ya he cumplido o si mi misión es de esas que duran una vida entera.

Y comprendo que nada de eso importa. De momento.

Porque el verano es época de dejar vagar la mente haciéndose preguntas, pero no de cercarla encontrando respuestas. Es época de volver a ser niños y maravillarse con la luz, con el mar, con los campos dorados y los bosques animados, con las estrellas fugaces y las noches de luna. De vivir aventuras y viajar por el mundo y por nuestro corazón.

El verano es época de libertad, de hacer mil hechizos y sentir la magia en cada segundo del día.

Y eso es lo único que importa.

De momento.

Hyedra de TriVia

(Eva Hyedra López)

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mariela
    Jun 06, 2015 @ 00:55:23

    Hermoso el verano tal como lo describes!!! Yo me tengo que amigar un poco con el verano. En Buenos Aires estamos viviendo un dia poco habitual en esta epoca. Es una especie de verano dentro del otono y donde la humedad nos tiene a todos molestos.
    Tus narraciones me transportan, Hyedra, y te estoy muy agradecida.
    Abrazo y Bendiciones )O(

    Responder

  2. ana maria
    Jun 11, 2015 @ 14:42:08

    magia pura….que bonito

    Responder

  3. Jorge Fernando Domingo Sánchez
    Jun 12, 2015 @ 13:27:45

    Conoces el sitio, solo tienes que ir, lo más impresionante es comprobar lo poquito que somos comparándonos con el universo. Yo te espero.

    Responder

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