La Biblioteca de la Bruja

Imagen: Beside stories Autor: mrbee30 http://mrbee30.deviantart.com/

Imagen: Beside stories
Autor: mrbee30
http://mrbee30.deviantart.com/

Muchas de vosotras me preguntáis dónde podéis leer sobre las brujas de las que hablo. Sobre las mujeres sabias y nuestras antepasadas que habitan en mis textos. La verdad es que nuestra Historia es antigua, se remonta hasta las primeras tribus en la Prehistoria y, aunque no es fácil encontrar libros que nos hablen de ellas en general, alguno hay. Más abajo incluyo una bibliografía de varios que pueden serviros para empezar a conocer mejor el tema.

Básicamente las brujas somos mujeres (y hombres) que a lo largo de los tiempos hemos mantenido y conservado unas costumbres, tradiciones, rituales, y Diosas y Dioses anteriores al cristianismo. Éste se fue extendiendo por Europa principalmente por las ciudades. Eran los reyes y los nobles los primeros en convertirse, pero en los pueblos y los campos (los pagos) los aldeanos y campesinos (paganos, de aquí viene la palabra) continuaban rindiendo culto a sus dioses antiguos, a la Madre Tierra y a sus Diosas de las aguas. Cuando fueron evangelizados, la Iglesia sincretizó muchos de estos Dioses y Diosas con Santos cristianos y lo mismo hizo con las festividades que celebraban la vida y el ciclo de la Tierra. Aunque algunas personas aún recordaban su origen y fueron perpetuando las antiguas costumbres en secreto.

Pero llegó un día en el que se nos consideró una amenaza, y los cristianos comenzaron a quemarnos y a ahorcarnos bajo la acusación de pactar con el Diablo para acabar con el orden establecido por la Santa Iglesia para quitarnos de en medio. Contrariamente a lo que la mayoría cree, la Edad Media fue una época bastante tranquila para las brujas. La famosa caza de brujas que acabó con la vida de tantas mujeres en Europa fue durante la Edad Moderna, en los siglos XVI y XVII, cuando el viejo continente sufría una terrible crisis económica y social, y las brujas fuimos el cabeza de turco al que culparon de todos los males.

Pero desde la Prehistoria, en la que eramos chamanas mensajeras entre el mundo espiritual y el terrenal para el resto de la tribu, pasando por la época clásica donde eramos sacerdotisas de los Dioses Antiguos y de la Madre Tierra, hasta la Edad Media y Moderna, donde siempre había una mujer sabia en las aldeas y pueblos que hacía las labores de herbolera, curandera, partera…, sabias que conocían los secretos de la naturaleza, hemos permanecido superando todo lo que ha intentado acabar con nosotras. Ahora en nuestros días, en pleno siglo XX, somos personas que intentan recuperar esas costumbres y tradiciones antiguas, esas prácticas y creencias y las antiguas religiones basadas en la Tierra y continuar con el legado de todas las que nos precedieron.

Si queréis conocer nuestro mundo o ya sois parte de él pero queréis saber más, os recomiendo esta pequeña selección de lecturas. Son muy pocas, es cierto, y hay muchísimas más (afortunadamente cada día más), pero ellas mismas os llevarán a otras. Con ellas no haréis más que empezar.

Para acercaros a esas primeras brujas de la Prehistoria, os recomiendo:

” Los Chamanes de la Prehistoria” de David Lewis-Williams y Jean Clottes. Editorial Ariel. Un acercamiento antropológico que extrapola datos de estudios sobre chamanes de tribus actuales y los aplica a lo que sabemos del chamanismo prehistórico. Un gran trabajo que nos acerca a misterios no tan antiguos como pensamos.

Y el gran clásico “El lenguaje de la Diosa” de Marija Gimbutas. Está descatalogado pero se puede encontrar de segunda mano. Este libro es uno de los grandes impulsores del movimiento actual de la Diosa ya que rastrea sus raíces en el arte prehistórico.

Uno que está muy bien tratado y que habla en general de las brujas a lo largo de la Historia es:

“El gran libro de las Brujas” de Rafael M. Mérida Jiménez. Editorial RBA Libros. Tuve la suerte de asistir a un congreso sobre brujas en la Universidad en la que Rafael M. Mérida expuso una ponencia y puedo decir que ha tratado el tema con muchísimo respeto y muy objetivamente.

Otros de los clásicos que estudiaron la pervivencia de antiguos mitos que son la base de nuestras creencias son:

“La Rama Dorada” de James Frazer. Hace unos años lo reeditaron de nuevo, debería ser fácil de conseguir. Es cierto que añadió mucho de su propia cosecha y su imaginación romántica, pero es un imprescindible si sabemos quitar el grano de la paja. En la misma línea tenemos “La Diosa Blanca” de Robert Graves, también reeditado hace muy poquito.

Cualquiera de Margaret Murray, “El dios de los brujos” o “El culto de la brujería en Europa Occidental”, aunque ella se centró en el estudio de un grupo localizado de brujas inglesas, las conclusiones a las que llegó son muy interesantes. Académicamente ha sido bastante discutida, pero aporta muchos datos relevantes.

Para conocer la época de las hogueras os recomiendo:

“La caza de brujas en la Europa Moderna” de Brian P. Levak Alianza Editorial

“La Caza de Brujas en Europa. 200 años de terror misógino” de Anne Lewellyn Barstow Editorial Tikal

Centrándonos en la figura de la Diosa en sí, aquella a las que las brujas adoramos, hay uno que a mí particularmente me encanta:

“El Mito de la Diosa. Evolución de una imagen.” Anne Baring y Jules Cashford Editorial Siruela

Además, entre otros:

“La Diosa. Imágenes mitológicas de lo femenino” Christine Downing Editorial Kairós
“Diosas, la canción de Eva” Manuela Dunn Mascetti Editorial Malsinet
“Los misterios de la Mujer” Esther Harding Editorial Obelisco

Y para conocer a las brujas actuales, lo mejor es leerlas a ellas directamente. Yo os recomiendo a dos que son las Madres de la brujería feminista de la Diosa a la que yo pertenezco, leerlas a ellas os llevará a conocer a muchas otras grandes.

“La danza en Espiral” de Starhawk Editorial Obelisco
“La gran Madre Luna” y “Cada día es una fiesta” de Z. Budapest, también ambas de la Editorial Obelisco. Esta Editorial, Obelisco, junto con Lewellyn, publican muchas obras paganas.

Adentrándonos en el mundo de la magia y las plantas, para aprender sus propiedades medicinales lo mejor es el “Dioscórides” una recopilación de plantas muy antigua pero que aún se usa en la carrera de Medicina y en la de Farmacia como manual. Para las propiedades mágicas de las hierbas no hay nadie mejor que Scott Cunningham y sus enciclopedias, además del resto de sus obras basadas en la magia natural.

“Enciclopedia de las hierbas mágicas” Scott Cunningham editorial Arkano Books
“El libro completo de inciensos, aceites e infusiones. Recetario mágico” Scott Cunningham Arkano Books
“Enciclopedia de Cristales, gemas y metales mágicos” Scott Cunningham Arkano Books
Estos tres también podéis encontrarlos de la Editorial Lewellyn, pero es una edición más antigua, así que búscadlos de segunda mano.

Para empezar a conectar con la magia lunar recomiendo a Edain McCoy y su “Magia y rituales de la Luna”, también en Arkano Books.

Y para conocer la unión de la mujer con la luna y los arquetipos de la Diosa es imprescindible “Luna Roja” de Miranda Gray, Editorial Gaia. Ella es la creadora y gran impulsora del movimiento mundial de la Bendición del Útero y sus facilitadoras, las Moon Mothers.

Y por último, para conocer muchos rostros (arquetípos) de la Diosa y cómo se manifiestan en nosotras, los libros de la Dra. Jean Shinoda Bolen, todos en Editorial Kairós
“Las Diosas de cada mujer”
“Las Diosas de la mujer madura”
“Las brujas no se quejan”
“El millonésimo círculo” sobre los círculos de mujeres

“Mensaje urgente a las mujeres”

Para terminar, no puedo dejar de recomendar “Mujeres que corren con los lobos”, de Clarissa Pinkola Estés. Un libro que  habla directamente al alma atávica de la mujer. Ya sea bruja o no, creo que todas las mujeres deberían leerlo alguna vez.

Para comenzar a investigar nuestro mundo, creo que con éstos vale. Con ellos podéis tener una muy buena base para conocer quiénes somos las brujas en la actualidad, de quiénes somos las herederas y el por qué estamos tan orgullosas de gritarle al mundo lo que somos.

¡Brujas!

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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¿Quién eres, bruja?

"Witch" Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova) http://mariannainsomnia.deviantart.com/

“Witch”
Autora: MariannaInsomnia (Marianna Orlova)
http://mariannainsomnia.deviantart.com/

¿Quién eres?

Tú. La persona que está leyendo esto en este momento. ¿Quién eres tú? ¿Te has parado a pensarlo alguna vez? No quiero saber tu nombre, o tu profesión, o de quién eres hija, madre, hermana o esposa. No quiero saber lo que haces ni en qué trabajas. En realidad tampoco quiero saber quién eres.

Quiero que lo sepas tú.

Cuando una bruja comienza su aprendizaje se sumerge en un mundo de nuevos conocimientos que, nunca mejor dicho, la hechizan. El tiempo pasa a medirse de otra forma, es la luna la que marca el calendario. Son las estaciones y sus festividades las que señalan los principios y finales. El alma de la bruja se abre sedienta a todo este océano de saber, y es fácil sentir que nos ahogamos ante tantos datos. Es posible sentirse abrumadas ante todo lo que hay que aprender, y sobre todo, desaprender. Los principios son caóticos porque se quiere controlar todo y dominar todo, y muchas veces volcamos toda nuestra atención en los estímulos y experiencias que vienen del exterior y, sin apenas darnos cuenta, nos olvidamos de todo el proceso de cambio que se produce en nuestro interior.

Poco a poco vamos cambiando, sutilmente, muy levemente al principio. Tan despacio que no lo notamos aunque las personas que nos rodean sí que lo hacen. Hasta un día en el que de repente algo nos detiene y nos hace reaccionar ante la persona en la que nos hemos convertido, y nos preguntamos: ¿Quién soy?

Es entonces cuando la bruja debe volcar todo lo que ha aprendido en un viaje hacia su interior para conocer a la persona más importante que se encontrará en su vida. Ella misma. Es un viaje que determinará todas y cada una de sus acciones y decisiones futuras. Y además es un viaje que, si tiene suerte y se convierte en una bruja sabia, realizará muchas veces a lo largo de su vida. Porque una de las primeras cosas que aprenderá es que la mujer que es hoy, no es la mujer que será mañana.  Y que, esa mujer, nunca volverá a ser la misma.

Saber quién es, es lo que decidirá el éxito de sus proyectos, tanto mágicos como vitales. Debe saber quién es cuando, frente a frente con la Diosa, la invoque y llame a su círculo. Cuando trabaje en un hechizo, la energía mágica que creará surgirá desde su mismo centro, desde el núcleo de su identidad que permanece invariable vida tras vida. La magia nace de la necesidad, del deseo puro y la voluntad profunda de la bruja. Si no sabe como llegar al centro de sí misma ni quién es la mujer que crea ese hechizo, la magia no funcionará. Por muchas velas que encienda, por muchos círculos que trace, por muchas hierbas que queme en el caldero, si no conoce el camino al origen de su magia, ésta no funcionará.

Y para conocerse, la bruja debe enamorarse de sí misma. Porque cuando estamos enamoradas, todo lo que concierne a esa persona nos parece interesante y queremos saberlo todo, conocerlo todo, ser  una con ella. Tenemos la ventaja de que ya somos una con nosotras mismas. Ahora sólo nos queda escucharnos para conocerlo todo, y eso es fácil. Cada vez que estudies algo nuevo, o leas algún hechizo, o practiques un ritual o meditación nuevas, tómate el tiempo de preguntarte a ti misma: ¿cómo me siento ante esto? No prejuzgues, no intentes reconducir tus pensamientos si éstos no son los que esperabas en un principio, no intentes imponerte gustos o ideas de otros. Es normal que admires a otras, es normal que intentes seguir los pasos de otras, pero eso no significa que tengas que dejar de ser tú y convertirte en ellas. Esas personas son quienes son por las experiencias de su vida que las han conducido a lo que son hoy día. Tus experiencias te han convertido a ti en quien eres. Cada persona tiene su propia historia. Aprende de las demás, pero no intentes ser ellas. Tu vida, tu historia y tú sois igual de únicas y especiales. Simplemente escucha tu voz interior. Analiza cómo te sientes, y una vez tengas claro tus sentimientos hacia algo, intenta averiguar por qué te sientes así. Imagina que estás leyendo un libro que te habla maravillas de la magia de los desiertos inmensos y su gran poder pero a ti te causa rechazo. Primero, no te obligues a que te guste sólo porque esté publicado en un libro de una gran bruja de renombre. Segundo, si lo piensas puede que no te gusten los desiertos porque el calor te sienta mal y los espacios tan abiertos te ahogan. Sería inútil tratar de obligarte a ti misma a que te gustasen y a apreciarlos. Pero lo que sí está bien es respetar el poder del desierto y respetar tus sentimientos hacia ello.

Cuando te acostumbras a interrogarte sobre lo que te rodea, el día a día se convierte en un constante dialogo contigo misma que te aporta grandes sorpresas. Poco a poco, además de cuestionarte tus sentimientos, también te preguntarás qué opinas sobre cualquier cosa imaginable, e igual que hiciste con lo que sientes, debes aprender a respetar tus propias opiniones y a darles la misma importancia que a las de los demás. Analízalo todo. Pregúntate constantemente el por qué de todo lo que pase por tu mente. Presta atención a tus estados de ánimo. Y no sólo frente al mundo de la magia, las brujas y la Diosa. Préstate atención a ti ante todos los aspectos de la vida en general. Ante tu vida. Cuéntate tu historia y hazte preguntas como si acabaras de conocerte. Medita y deja que tu yo más profundo te hable. Poco a poco descubrirás en ti un conocimiento y una sabiduría que sólo esperaban un poco de silencio para brotar en oleadas. Un saber que siempre ha estado en ti.

Viaja por tu historia. Bucea en las corrientes profundas de tus sentimientos. Arde entre las llamas que convertirán tus miedos en ceniza. Sé como la corriente de brisa que se cuela por todos tus rincones. Piérdete por tus laberintos y acepta y ama todo lo que encuentres dentro de ti, porque todo ello te hace ser quien eres. Todo ello eres tú.

Sobre la puerta del Oráculo de la Pytia en Delfos estaba escrito: “Conócete a ti mismo”. Y de ese saber, de ese autoconocimiento, nace la magia más poderosa.

Porque cada bruja que camina por el mundo es una fuente de poder inextinguible, y la que conoce cómo llegar a esa fuente, conoce el misterio de su vida. El más importante que existe.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Tierra

The Wish Amanda Clarck

The Wish
Amanda Clarck

En los albores de la Historia de nuestra especie, la Humanidad se movía continuamente buscando el alimento que la mantenía con vida. Tenían refugios estacionales, sí, pero su día a día consistía en moverse, en desplazarse por amplios territorios en busca de caza, de vegetales y frutas que les garantizara seguir vivos un día más, y casi siempre cremaban a sus muertos o los dejaban sobre riscos para que las aves sagradas los llevaran con ellos hacia el mundo de los Dioses, mientras ellos continuaban adelante. Siempre hacia delante.

Con el tiempo y el descubrimiento de la agricultura, las personas dejaron de necesitar ese continuo vagar porque ya podían almacenar lo necesario para vivir y empezaron a vincularse a un territorio en concreto. Empezaron a construir los primeros asentamientos estables, desarrollaron un sentimiento de pertenencia y propiedad hacia el espacio que les rodeaba y  echaron raíces al enterrar a sus muertos en esa tierra que habitaban y que les alimentaba, convirtiéndoles así en semillas que retornaban a la Madre, tal vez con la esperanza de un próximo renacer.

La gente vinculó su sangre, sus historias, sus leyendas y linajes a la tierra en la que nacía. La que regaba con su sudor cuando la trabajaba y con su sangre cuando moría para defenderla de invasores llegados de lugares lejanos y, tal vez, menos amables. Aprendieron a conocer cada sendero, cada especie de árbol de sus bosques, cada cumbre de la montaña  y por cuál de ellas  aparecía y desaparecía la luna llena y el Sol en el día más corto y el más largo. Conocieron cada hierba, flor y fruto y aprendieron a usarlos para su propia supervivencia. Crearon viviendas sólidas destinadas a mantenerse en pie y cobijarles durante generaciones, establecieron costumbres y tradiciones que se mantenían durante siglos, algunas incluso milenios, y sus cuerpos y mentalidades se adaptaron al entorno que les acogía. Abandonaron los caminos, se asentaron en la tierra y vivieron dejando pasar los días mientras fluían aprendiendo la magia de las estaciones y con ellas, el continuo paso del tiempo que lo cambiaba todo para volver a ser siempre igual de nuevo.

Algunos de ellos combinaron el trabajo de la tierra con los misterios del mar. Eran marineros que cada madrugada tomaban sus barcas y, sin alejarse mucho de la costa, obtenían pescados y mariscos con los que proveían a sus aldeas costeras. Eran hombres y mujeres de pieles curtidas y miradas soñadoras. De parpados caídos para proteger sus ojos de la inmensidad de las distancias azules y que hablaban del mar en femenino, porque algo que baila la danza de la Luna y tan inmenso, indomable e impredecible solo puede tener alma de mujer. Y estos marinos, cuando regresaban a su hogar a reparar sus redes, sus anzuelos y arpones, contaban a la luz del fuego en las noches mecidas por el rumor del mar, historias de sirenas  huidizas y misteriosas islas encantadas. Y mientras descansaban en la quietud de la firmeza de la tierra, sus ojos brillaban recordando el vaivén de las olas de crestas plateadas.

Pero no todos se dejaron seducir por la estabilidad y la seguridad de un hogar permanente. Una parte de esa humanidad continuó siendo nómada. Eran los viajeros, las almas que ansiaban la libertad de los caminos aún sin explorar. Eternos enamorados de la promesa que se esconde más allá del horizonte. Los caminantes del sendero de las estrellas. Los navegantes de las anchas llanuras verdes. Ganaderos y pastores, domadores de caballos, errabundos trashumantes que, a ojos de los demás, acabaron convirtiéndose en “los otros”, los extraños, los representantes del caos que escapaban al orden establecido. Aquellos que conocen mil y un lugar pero no pertenecen a ninguno, tan sólo a su propio corazón y a las huellas que aún no han dejado en las encrucijadas por las que aún no han pasado.

Con el paso de los tiempos, incluso algunos de estos nómadas ganaderos se asentaron y crearon un hogar, pero en su corazón nunca abandonaron los caminos. Nunca dejaron de caminar hacia el horizonte acompañando sus rebaños. Aunque ahora, ya tenían un lugar al que volver al final de la estación.

Mi sangre de bruja es una mezcla de estas  gentes. Desciendo de labradores y agricultores por la sangre de mi madre, llevo en los genes el amor por un hogar que perdure en el tiempo. Por acompañar el paso de las estaciones en un mismo entorno hasta que aprenda todos sus misterios y conocer cada roca, montaña, bosque y río. Llevo en mi alma la pasión por las tradiciones ancestrales y las leyendas que me unen a la tierra y la curiosidad por saber quienes la pisaron, la disfrutaron y la amaron antes que yo. Siento muy dentro de mí el núcleo del que nacen las raíces que penetran en la tierra, en la Historia, en mi linaje de mujeres del campo. Mujeres de bosque y trigales, de sanadoras hueseras que soñaban en atardeceres dorados por el sol. Raíces de sangre que me llaman desde el pasado, desde la oscuridad que otorga el tiempo, raíces que se pierden en los siglos.

Pero la sangre de mi padre pertenece a ganaderos y pastores, gentes curtidas y fibrosas de piernas fuertes por cada paso dado en los caminos, en senderos, cañadas y veredas en pos de sus rebaños. Gentes acostumbradas a mirar al cielo y preguntarse donde conducirá el camino que dibujan las estrellas. Almas que nunca dejaron de soñar con lo que se esconde más allá del horizonte. Curiosos por conocer otras culturas, otras gentes, otras tierras. Hombres y mujeres de ojos nostálgicos que aún sienten la llamada de las encrucijadas, del sendero inexplorado y de las hogueras que alumbran el campamento al anochecer. Y mi sangre nómada se agita y bulle en mis venas tirando de mis pies que llevan mucho tiempo parados. A veces me pregunto que habrá más allá de este lugar y de los otros que ya he conocido. Esta sangre viajera cada vez me pide que vaya más lejos, a sitios más extraños, con tradiciones diferentes.

Y no se en cual de las dos ramas, puede que en las dos, en algún momento hubo gentes del mar, porque lo oigo rugir y llamarme para que vuelva a casa. Cerca de su baile con la luna, cerca de las olas y el misterio inabarcable de sus profundidades.

Y sé que mi alma de bruja pertenece a la tierra, pertenece a los caminos, pertenece al océano. Mi sangre es azul como las olas brillantes,  es verde como los bosques de mis antepasados. Es dorada como el trigo de los campos. Mi sangre es blanca como la arena de los caminos del mundo. No existen fronteras para mí, porque ningún lugar me pertenece aunque yo le pertenezca a todos. Mis antepasados caminaron por esta tierra cuando aún no construían hogares con cimientos, enterraron a sus muertos en túmulos y tumbas repartidos por este inmenso continente, navegaron siguiendo a Polaris por océanos y mares que para ellos sólo conducían al fin del Mundo.

Y por eso ahora, no creo en fronteras, no creo en naciones, no creo en diferencias. Mi historia, mis genes, mis raíces profundas y mis pies ligeros me convierten en la bruja que soy. En la nómada del viento con un hogar al que regresar.

Me convierten en una Hija de la Tierra.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Un verano embrujado

Atardecer en el trigo Autor: Jorge Domingo https://rasoner.wordpress.com/

Atardecer en el trigo
Autor: Jorge Domingo
https://rasoner.wordpress.com/

No sé si estoy escrita en las estrellas. No sé si fui soñada antes de nacer en esta vida. No sé si soy la respuesta a las plegarias de alguien, ni si vengo a cumplir promesas formuladas fuera del tiempo y del espacio o a terminar algo que una vez quedó inconcluso.

Tampoco importa.

Se acerca el verano y con él las largas horas sentada bajo los árboles sin otra cosa que hacer que observar cómo se alargan las sombras, mientras el calor del día deja paso a la indulgencia de la noche.

A mí nunca me gustó el verano. Mi cuerpo se hincha, mis sentidos se embotan. Me duele la cabeza y la piel me arde. Todo a mi alrededor parece detenerse aunque yo no quiera y la vida en la ciudad se me hace insoportable. Durante muchos años huía de él. Me recluía en mi casa y rogaba por que llegara el otoño.

A día de hoy no puedo decir que el verano me encante, pero me he reconciliado con él y conmigo misma durante esos meses. Hace muchos años, en un viaje iniciático a Finisterre, sentada sola en una roca cercana al Faro en el fin del mundo, comprendí que el verano es tan importante como el resto de las estaciones. El calor me afectaba mucho físicamente, sí, pero para la tierra y para las brujas esta estación es tan necesaria como las demás.

Aprendí a disfrutarlo, la maravilla del verano está en las primeras horas del día, cuando el fresco de la mañana inunda los árboles y las plantas y todo parece contagiarte el entusiasmo de la vida en plenitud. Aún procuro esconderme en las horas centrales del día, pero al atardecer emerjo para bañarme en esa luz tan especial que tienen estos días. Una luz dorada que me hace sentir casi en otro mundo. Y las noches, noches cuajadas de estrellas. Noches de luna encantada. De brisas tenues y risas de niños a lo lejos. Noches de baños en el mar oscuro y profundo, de bailes en la orilla. Noches de magia contando estrellas fugaces y hechizos alrededor de la hoguera con mis brujas danzando bajo los árboles para celebrar el Solsticio. Las noches de verano hacen que todo lo demás merezca la pena.

Hace un par de años que en verano escapo unos días a un lugar que no es tan caluroso. En él puedo conectarme con la Tierra y la estación de una forma única. Puedo ver los campos de grano segados y la balas de paja adornando el horizonte. Veo agostarse partes del mundo vegetal mientras otras se preparan para ofrecer sus frutos en otoño. Mi ritmo interno por fin se siente respetado al dejarlo fluir con el ritmo de la vida en el campo, donde todo se hace sin prisas, donde todo tiene su tiempo.  Allí la vida es tan fácil… Solo hay que rendirse a la magia del momento, de cada hora del día.

Es mágico desayunar por la mañana observando a las vacas paciendo en los campos recién segados. Es mágico ir a ver si el último polluelo ya se atrevió a abandonar el nido. Es mágico dar un paseo a última hora de la tarde, en mi momento preferido, cuando todo se hace dorado antes del atardecer. Es mágico ponerse algo de abrigo para observar la maravilla de la Vía Láctea por la noche. El camino de la leche. El camino de la Madre. Y es mágico acostarse agotada por todo un día de no haber hecho nada en especial, pero haberlo sentido todo.

Allí siento a la Tierra, viendo volar a los buitres sobre mi cabeza y caminando entre sabinas tal vez milenarias. Dejando a mi cuerpo y a mi alma descansar de todo el trajín del resto del año. Y es así como comprendo el valor del verano, su verdadera función. Es un tiempo para disfrutar de estar viva. De comprender, aprender y valorar el hecho de no hacer absolutamente nada, porque es entonces cuando mi mente se relaja y se abre a todo.

Y en esas tardes de verano, en la hora en que los demás duermen la siesta, yo abro mi mente y pienso. Pienso en mi vida, en la Vida, en por qué estoy aquí. En lo que quiero y lo que no quiero. En lo que aprendo, en lo que muestro, en todas las sendas por las que quiero caminar, en todos los mundos que me muero por explorar. Y el verano me muestra el valor de la paciencia. Porque en verano la vida parece que se para. Todo parece detenerse mientras  en realidad rebulle bajo la superficie para estallar por la noche. El verano me enseña que todo tiene su momento y que todos y cada uno de los momentos de la vida son valiosos.

El verano me enseña el valor del sacrificio, del Dios convertido en cereal que muere para alimentar a sus hijos, pero también me enseña la promesa del retorno. Ese cereal, esa semilla que volverá a la tierra para crecer de nuevo en un ciclo eterno. Y durante las largas horas de tranquilidad, yo pienso y fluyo con el tiempo y sé que formo parte de ese ciclo. Y es entonces cuando me rindo a ese misterio más grande que el universo y tan antiguo como el tiempo y me inunda la felicidad.

Y mientras la languidez me invade y dejo pasar las horas sentada bajo un árbol, me pregunto si alguna vez estuve escrita en las estrellas, si alguien me soñó en la eternidad, si hice alguna promesa que aún no sé si ya he cumplido o si mi misión es de esas que duran una vida entera.

Y comprendo que nada de eso importa. De momento.

Porque el verano es época de dejar vagar la mente haciéndose preguntas, pero no de cercarla encontrando respuestas. Es época de volver a ser niños y maravillarse con la luz, con el mar, con los campos dorados y los bosques animados, con las estrellas fugaces y las noches de luna. De vivir aventuras y viajar por el mundo y por nuestro corazón.

El verano es época de libertad, de hacer mil hechizos y sentir la magia en cada segundo del día.

Y eso es lo único que importa.

De momento.

Hyedra de TriVia

(Eva Hyedra López)

Contacto

hyedra.deduir@yahoo.es
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