Un año y un día

Coven Radilovskay Deviantart

Coven
Radilovskay
Deviantart

Para los celtas, el tiempo  comprendido en un año y un día tenía un significado profundo y poderoso. Es un periodo mágico. Los viajes iniciáticos de los héroes de las leyendas, las pruebas, los reinados, etc. tenían una duración de un año y un día. Transcurrido este tiempo, el héroe continuaba su camino si superaba su misión.  A un nivel más cotidiano, este periodo era el que fijaban como prueba en sus matrimonios, si tras este tiempo las parejas deseaban continuar juntas renovaban sus votos, y si la unión no funcionaba,  cada uno seguía por su camino con total libertad.

En la actualidad, un año y un día es el tiempo durante el cual un neófito debe aprender y prepararse para poder ser iniciado en Wicca y en muchas ramas del paganismo. No es algo meramente simbólico, tiene mucha importancia porque durante este tiempo, un giro completo de la Rueda, ha estudiado y vivido los ciclos de la Naturaleza, ha acompañado conscientemente a la Tierra en su viaje, ha navegado por las mareas lunares y ha tomado contacto con la Divinidad. Este tiempo supone una primera toma de contacto y ahora, tras su Iniciación, es cuando comienza el verdadero trabajo.

Os cuento todo esto porque hoy se cumple exactamente un año y un día desde que publiqué mi primera entrada en Palabra de bruja y eso significa que hoy estoy de celebración, pero también estoy haciendo un repaso a todo lo que he compartido con vosotras durante este año. En Palabra de bruja he compartido mi vida, los pensamientos y sentimientos de una bruja durante un giro completo de la Rueda, algunas experiencias y rituales. Pero también he aprendido muchísimo y me he dado cuenta de muchas cosas, entre ellas que cuando llevas mucho tiempo en este mundo lo tienes tan interiorizado que fluyes con la Tierra y sus ciclos de manera natural y ya no te paras tanto a observarlo y sentirlo como lo hacías al principio. Para poder expresaros lo que sentía y pensaba en cada momento  he tenido que regresar a la forma en que lo vivía todo en aquellos primeros días de hace tantos años. He regresado a la ilusión, al asombro, a la observación consciente y a la alegría de descubrir que todo es mágico. Pero lo más importante, es que he comprendido todo lo que me queda por aprender, por descubrir, por compartir.

Para mí, hoy también es un día de Iniciación. A pesar de llevar en este camino más de dos décadas, el enfrentarme cada viernes a un folio en blanco me ha hecho tener que bucear en mi interior y sacar fuera muchas partes de mí que nunca antes había expresado y he tenido que ordenar el caos de mis pensamientos. Algunos viernes he tenido que detenerme a ponerle palabras a los sentimientos que quería expresar y otros puedo confesaros que me he sentado delante del ordenador con la mente en blanco, los dedos sobre el teclado y sin saber de qué hablaros, y simplemente le he pedido a Ella inspiración y he dejado que todo fluyese. Y siempre fluyó. Ella siempre ha estado ahí. He atravesado cada estación respirando al unísono con este amado planeta. He dejado que la luna navegase por mis emociones y las he observado sin tratar de dominarlas.  Me he presentado como una niña ante la noche y la Luna Llena para describiros la sensación de la adoración total. Me he despojado de todo lo que he aprendido para reaprenderlo de nuevo y presentarlo ante vosotras.

Y hoy, un año y un día después, renazco comprendiendo que apenas sé una gota de todo el océano de conocimiento que se extiende ante mí. Y quiero navegar por ese océano con vosotras, aprendiendo juntas, de la mano. Porque empezamos siendo muy poquitas y hemos crecido hasta ser un número importante de mujeres que cada viernes se reúne en este pequeño espacio, en este hogar que comparto con vosotras. Gracias a este sitio he conocido a mujeres fuertes, valientes, hermosas y muy mágicas que me han contado sus historias de superación y esperanza. Unas verdaderas brujas  que caminan por la vida con sus escobas por delante barriendo los obstáculos que intenten frenarlas.

Hoy quiero darles las gracias a ellas, a todas las que me leéis y habéis ayudado a que este proyecto crezca y se mantenga en el tiempo. Gracias por ayudarme a darle raíces que profundicen en el tiempo. Quiero agradecer también a las páginas de facebook que comparten mis palabras haciendo que lleguen a más personas, especialmente a “Brujas, Diosas y Chamanas” y “Brujas: mujeres de poder, magia y conocimiento” que apostaron por mí casi desde el principio. Si queréis aprender lo que es una verdadera bruja no podéis dejar de visitarlas.

Ahora empieza un nuevo giro. Un nuevo ciclo que me llevará por antiguas sendas del camino de la Diosa y que yo compartiré con vosotras. Ven, toma mi mano y todas juntas empezaremos un nuevo viaje de brujas.

Hoy comenzamos una nueva aventura

¿Me acompañas durante año y un día?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Tiempo de Brujas

La bruja sabia Autor desconocido

La bruja sabia

A veces pienso que, de alguna manera, nos están robando el tiempo. Mis días pasan a una velocidad vertiginosa, las semanas se me escapan antes de poder centrarme en el día en el que estoy y a veces confundo los meses. Todo va rápido. Demasiado rápido. En nuestra sociedad actual hemos organizado nuestra vida para llenar un tiempo que no parece ser igual que antes. El trabajo, las obligaciones, las actividades de ocio con las que llenamos esas pocas horas que nos quedan ”libres” nos hacen llegar a la noche agotadas y preguntándonos dónde ha ido el día. Y además, como hemos interiorizado ese ritmo insano, queremos que todo sea así, igual de rápido, igual de organizado y esquematizado, incluyendo nuestro desarrollo personal y nuestro camino espiritual. Y eso es imposible.

Nos da la sensación de que la vida es corta, ¿verdad?, de que hay muchas cosas por hacer, muchos lugares que visitar, muchas cosas que aprender, muchos libros que leer, y sentimos angustia al pensar que, o lo hacemos rápido, o no nos dará tiempo a hacerlo todo. Si no llenamos todas nuestras horas con actividades, con ocio, con cosas productivas, serán horas perdidas, y el tiempo perdido no se recupera. ¿Verdad?

Pues no.

Para empezar, nunca nos va a dar tiempo hacerlo todo, verlo todo, aprenderlo todo… Es imposible y además, hacer muchas cosas de manera rápida y compulsiva solo sirve para pasar por encima de todo ello de puntillas y sin disfrutarlo de verdad, sin extraer todo lo que esas cosas que hemos decidido hacer en ese momento pueden aportarnos. Sabremos un poquito de mucho, pero mucho de nada y nos sentiremos vacías y confusas. Y para deshacernos de esa sensación, nos embarcaremos en otro proyecto igual de rápido, igual de breve. Igual de insatisfactorio.

En cuanto a las horas perdidas, ¿quién ha dicho que cuando no hacemos nada es tiempo perdido? Tal vez ese sea el mejor tiempo que podemos regalarnos. Un tiempo sólo para nosotras, sin hacer nada. Tan solo para ser y darnos la oportunidad de conocernos, de pensar, de imaginar. Esas horas vacías son el mejor momento para tener conversaciones profundas con nuestra mente. Para hacernos preguntas y sorprendernos con respuestas que no siempre son las esperadas. Hay un pequeño ritual que de vez en cuando me gusta hacer, consiste en prepararme una café o una infusión, sentarme en algún lugar tranquilo y mantener una conversación conmigo misma como si fuese una amiga a la que hace tiempo que no veo. Me pregunto cómo van las cosas, qué opino sobre ciertos temas, qué planes de futuro tengo…  Y me escucho. Sólo eso. Me escucho. No os imagináis cuánto he aprendido de mi misma en ratos como esos.

Y las brujas vivimos también inmersas en este mundo caótico de velocidad desquiciante. Muchas veces caemos en la trampa de querer aprenderlo todo ya, querer comprenderlo todo ya y dominar todos los ámbitos de nuestro saber ya. Y a veces se nos olvida que es imposible.  Es curioso porque, de todas las generaciones humanas que han pisado la tierra somos las que más vamos a vivir, pero nos comportamos como si fuésemos a morir mañana y tuviésemos que hacerlo todo hoy cuando, hasta hace poco, la mayoría de la humanidad no vivía más de 50 años, y antes, apenas pasaban de los 30. Y aún así tenían todo lo que nos falta a nosotras. Tiempo. Porque se nos ha olvidado que la sabiduría es el trabajo de toda una vida,  y que nunca se alcanza del todo. La verdadera bruja sabia es aquella que disfruta del camino, del aprendizaje continuo, de la observación de lo que le rodea, de la práctica constante. Aquellas sabias, aquellas brujas de las que ahora heredamos un conocimiento inmenso, aprendieron poco a poco. Durante muchos años observaron la naturaleza. Durante una eternidad de noches acompañaron el viaje de la luna y la observaron hasta que comprendieron su conexión divina con la mujer. Fueron muchos, muchísimos años experimentando con plantas, piedras, elementos… vidas enteras dedicadas a aprender una pequeña parte del conocimiento y que, después, ellas legaron a la siguiente generación para  que continuase  aprendiendo.

Por eso, no os dejéis vencer por las prisas. No caigáis en la trampa del conocimiento rápido. Desconfiad de quienes os prometan convertiros en Sacerdotisas y brujas expertas en un taller de fin de semana. Un diploma no os dará conocimiento por muy bien que quede enmarcado y colgado de la pared de vuestro cuarto. Por el contrario, confiad en formaciones largas, porque por muy largas que os parezcan, siempre serán cortas. Confiad en quien os aporte guía, en quien os deje claro que sólo os ofrece herramientas para un trabajo que sólo podéis hacer vosotras. Confiad en quien os diga que no será fácil.

Convertid el conocimiento en un destino al que viajaréis cada uno de los días de vuestra vida y al que nunca llegaréis, pero os garantizo que cada uno de esos días merecerá la pena. Si quieres comprender el misterio de la Luna, comienza a observarla hoy. Estúdiala. Viaja con ella. Conviértete en su compañera. Si quieres  comprender el poder de las plantas, las piedras, los elementos naturales… estúdialas, experimenta con ellas, rodéate de ellas. Si quieres conocer el misterio de la vida, de los Dioses, de los ciclos de la naturaleza, vuélvete hacia ti misma y busca las enseñanzas en los bosques, los páramos, los desiertos…  en tu corazón, donde residen todos los misterios.

Estudia a los antiguos. Lee lo que dejaron para nosotras. Busca compañeras si quieres aprender con otras o busca guías que te orienten en el viaje si quieres aprender a solas. Pero sobre todo, no tengas prisa.

Si quieres llegar a ser una anciana bruja sabia, regálate lo más valioso que tienes.

Tiempo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El viaje de una bruja

Autor desconocido

Autor desconocido

Todas y cada una de las almas que habitamos el planeta estamos inmersas en un viaje. Al igual que todas aquellas que nos precedieron, estamos de camino hacia un destino que no conocemos. No sabemos cuánto  durará, ni quién nos acompañará en algunos tramos, ni por qué sendas nos guiará. Pero todas y cada una de nosotras somos protagonistas de una historia única, somos heroínas con una misión legendaria que sólo nosotras podemos cumplir. Cómo lo hagamos, cómo elijamos vivir ese viaje, depende de nosotras. De nuestras decisiones depende que sea igual al de millones de personas, o que sea una historia épica, de esas que pasan de generación en generación y cambian el mundo. Aunque nadie nunca sepa tu nombre.

Desde muy niña he vivido esperando la llegada de alguien que un día entraría en mi vida y lo pondría todo del revés para encajar las piezas de mi destino en su sitio. Alguien a quien añoraba desde algún lugar profundo en mi interior. Desde algún viejo recuerdo donde quizá una promesa nos unió antes de llegar aquí. Y me dejaba llevar por la vida, vagando a la deriva allí donde el viento arrastrara mi escoba de bruja y esperando. Siempre esperando a que llegara quien tenía que llegar para comenzar a vivir de verdad.

Hasta que, poco a poco, me fui dando cuenta de que nunca llegaría nadie. Nadie vendría para cogerme de la mano y darme las respuestas que buscaba. Porque un día las respuestas comenzaron a llegar inesperadamente por si mismas, poco a poco… y las encontré en el lugar más mágico que conozco en este mundo. El lugar donde reside la sabiduría para todo aquél que quiera y sepa buscarla. Las encontré dentro de mí. Y comprendí que la persona que había estado esperando, la que echaba de menos tanto que a veces me cortaba la respiración, era yo, pero no la joven que era entonces, sino la mujer en la que yo podía convertirme, la que estaba destinada a ser. Y así fue como comenzó de verdad mi viaje.

Mi viaje es una búsqueda, es un relato de creación, es la historia de un reencuentro y de una espera que cada día se acerca más a su destino. Dejé de buscar en los demás para buscar dentro de mí y comenzar a construir mi mundo. Descubrí a muchas personas sabias a mi alrededor, pero ya no les pedía respuestas, les pedía guía, orientación, consejo… las herramientas que necesitaba para encontrar mis propias respuestas. Y convirtiendo ese vagar con el viento que había sido mi vida en un viaje épico porque comprendí que yo era la heroína de mi propia historia. Desde entonces estoy creando una vida en la que la mujer que seré podrá desarrollar todo su poder heredado de todas las que me precedieron.

Y para lograr mi meta, para llegar a ser una mujer sabia que pueda dar esas herramientas a otras, me vuelvo a lo que mi intuición me susurra. Me vuelvo a la tierra, a la luna, a los bosques. A los antiguos mitos, las viejas historias y los secretos del poder de las mujeres que se contaban en círculo alrededor del fuego. Me vuelvo a lo que late en mí cuando dejo de lado todo lo que sobra y me aferro a lo que importa, a la tierra de la que venimos, a la naturaleza que grita para elevar su voz por encima del ruido de las masas, de la codicia, de las ciudades, de toda nuestra destrucción y hacernos llegar su llamada. Esa que oigo desde que soy niña y que atruena en mí desde que aprendí a escuchar. Me vuelvo al pasado, a nuestras antepasadas y a las que fuimos, porque es esa sabiduría la que hoy estamos trayendo de vuelta. La que nos dará las respuestas de quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos. De todo el poder que todas llevamos dentro.

Yo me conozco. Soy una bruja capaz de abrir puertas a otros mundos. Soy capaz de encontrar la magia de mil universos en cualquier rincón de éste. Sé que aún no hay muchas mujeres como yo. Sé que soy la protagonista de una leyenda y puede que algún día, alguien cuente mi historia entretejida con la de muchas otras y haga que pase de generación en generación, porque yo, de mil maneras distintas, con mil pequeños detalles, cada día cambio el mundo.

Igual que tú. Igual que todas nosotras, mujeres que cada día nos levantamos para seguir la llamada que llega hasta nosotras desde el pasado, de las profundidades del tiempo, surgida hace miles de años de miles de círculos de mujeres y piedras que hoy son leyenda. Y que generación tras generación, han transmitido su historia hasta llegar a nosotras para que la hagamos nuestra.

Sé que ese es mi viaje, esa es mi leyenda. Ser una de esas mujeres que, de nuevo, cambiarán el mundo.

¿Me ayudas?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La casa de la bruja

Autumn at Ashley's Cottage Thomas Kinkade http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Autumn at Ashley’s Cottage
Thomas Kinkade
http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Cada noche al acostarme me cuento un cuento a mí misma. Es un cuento con final feliz, donde no hay princesas ni príncipes azules que perpetúen falsas ideas de un amor irreal. No hay maldiciones que romper. No hay reyes ni campesinos. Ni castillos ni palacios encantados. Es un cuento de brujas de verdad, de bosques cercanos y de una casa hecha para vivir rodeada de amor y magia. Cada noche me duermo paseando por sus habitaciones y jardines en mi  mente.

Hace muchos, muchos años, una joven bruja soñaba con alejarse del mundo. Soñaba con regresar a un pasado vivido tal vez mil veces. Soñaba con un bosque verde y profundo, con una cabaña sencilla, con una vida apartada. Esa joven bruja estaba herida. Su corazón había sido arrancado y arrojado a sus pies varias veces y por varios motivos distintos. Era un corazón lento para abrirse, pero una vez lo hacía, lo entregaba sin reservas. Tal vez no sabía escoger a quién lo entregaba, tal vez era mala suerte, o tal vez necesitaba pasar por todo aquel dolor para aprender sobre ella y sobre el mundo. Pero entre heridas y cicatrices, ella solo soñaba con recoger los pedazos que quedaban aún enteros y escapar para  vivir a solas con su alma, allí, en el corazón del bosque.

Pero el tiempo pasa para todos y aquella joven bruja creció, y los años trajeron con ellos experiencias que a su vez le aportaron sabiduría. Aprendió a sanar su corazón por sí misma y convirtió cada uno de sus días en un hechizo eterno. Hizo del mismo acto de respirar todo un conjuro de amor hacia su propia vida. Y en el camino encontró a quienes supieron valorarla y quisieron acompañar su senda. La bruja descubrió que cuando estaba rodeada de personas que la querían, personas que escuchaban, respetaban y apoyaban, ya no quería huir ni esconderse del mundo, porque el mundo había cambiado. Para ella ya no era un lugar hostil, lleno de amenazas y sin esperanza, sino un reflejo de lo que siempre había habido en su interior. Un mundo lleno de luz, de risas, de manos enlazadas con las suyas, de lágrimas de alegría y también de tristeza, pero ya no solitarias y agónicas. Aprendió a escoger con quién compartir su corazón y aprendió a exigir lo mismo que ella daba: sinceridad, cariño, sencillez y confianza.  Y el sueño de su vida cambió.

El sueño de mi vida cambió. Ya no quiero vivir sola y aislada en el corazón de un bosque perdido y lejano. Ahora sé que necesito el contacto de otras personas, pero no de cualquier persona. Por eso, la casa de mis sueños ya no es una cabaña pequeña y sencilla. Ahora es un poco más grande, tampoco mucho más, pero sí cabe más gente, caben más risas. Caben muchas tardes de bailes,  muchas noches de conjurar a la luna y muchas mañanas de sol y desayunos tardíos. En la casa de mi sueño cabe toda la gente que quiero, pero también hay espacio para la soledad. Para mi amada soledad donde me encuentro conmigo misma y me enamoro un poco más cada día.

Cada noche me duermo con ese cuento en el que proyecto mi futuro. Porque algún día, no sé cómo, no sé cuándo, conseguiré la casa que ya es mía en mis sueños. Cada noche cierro los ojos y comienza mi visita  a mi casa, oculta por un alto muro de piedra gris veteada de musgo que la separa de la calle. Rodeada de árboles formando un pequeño bosquecillo con un estanque donde bañarme las noches de luna llena, con un claro donde reunirme con mis brujas y celebrar nuestros akelarres y una mesa forjada donde desayunar, mientras el sol se cuela entre los árboles y me cubre con su resplandor.

Una casa de piedra y con suelos de madera, con una chimenea donde honrar al fuego como se merece y miles de libros, con alfombras, sofás, cojines de mil colores… con grandes ventanales que dejen pasar la luz, el sol, el verdor, la luna, las estrellas, el aire fresco. Ventanas que dejen entrar la vida en habitaciones creadas para disfrutar de un buen libro, de una buena conversación, de la soledad buscada… De ver pasar las horas de un largo domingo sin otra cosa que hacer que respirar y sentir.

Una casa con una cocina amplia, repleta de estanterías con hierbas, con especias, con libros de deliciosas recetas y poderosas pócimas. De colores cálidos y suaves que inviten a permanecer allí horas mientras las tazas de café y té se van sucediendo lentamente. Bañada de luz por otro gran ventanal y muebles de madera oscura. Casi sacada de un viejo libro de cuentos de hadas. Y pegado a ella, un pequeño invernadero de cristal,  un criadero de brotes de magia que mantenga la vida cuando el invierno llegue. Una casa donde los dormitorios sean algo más que un lugar donde dejar caer nuestros cuerpos agotados cuando llegue la noche. Que sean refugios de intimidad y amor, con camas cubiertas por colchas cálidas y acariciantes, con alfombras y rincones para meditar.

Una casa pequeña, sencilla. La casa de una bruja para compartir con otras brujas. Con otras personas queridas.

Cada noche me duermo contándome un cuento. Una historia bañada de sol y de luna. De aromas a jardines mágicos y arboledas íntimas. Una historia sobre una casita soñada y la bruja que la habita. No es un cuento de príncipes y princesas. No es un cuento de villanos y héroes. No es un cuento de hadas.

Es sólo un cuento de brujas.

Mi cuento.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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hyedra.deduir@yahoo.es
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