El Telar de la Diosa

Anoche volé a mi Espacio Sagrado. Algo me llamaba desde el centro de mi alma, y aunque estaba cansada y cercana al sueño, me dejé llevar al claro de ese bosque del que os hablé en otra ocasión. Esta vez era de día, el Sol de una mañana de primavera lo pintaba todo en una paleta de verdes nuevos y húmedos. El bosque bullía de vida y casi sentía crecer las semillas moviéndose bajo la planta de mis pies en la tierra negra y fértil. El aire estaba electrificado, como en las tardes de verano momentos antes de que estalle la tormenta. Mi piel estaba erizada, y sentía mi sangre cantar en mis venas. Algo me llamaba, algo tan potente que hacía que todo se detuviese y agitase al mismo tiempo buscando  su presencia.

No me detuve en el claro, continué caminando siguiendo su llamada, como una canción olvidada un día y vuelta a recordar sin saber cómo ni porqué, buscando el origen de esa melodía que parece contar tu propia historia. Guiada por aquellas notas que en realidad partían de mi misma, llegue junto a un cruce de caminos. Dos de ellos abandonaban el bosque y se internaban en amplias praderas, perdiéndose en el horizonte. El otro continuaba hacia adelante, subiendo hasta la cima de una colina verde con un solo árbol en su cumbre. Una figura parecía aguardar sentada a la sombra de sus grandes ramas.

Era de aquella figura de donde provenía la llamada, así que, sin pensarlo un momento, comencé la ascensión sin prisa ni incertidumbre, casi como si el mismo camino fuese tan importante como llegar. Ni siquiera me planteé quién me esperaba al final del sendero, porque ya lo sabía. Siempre lo había sabido.

No me miró cuando aparecí ante Ella. Ni siquiera levantó la vista de lo que tenía entre las manos, pero sí pude ver que una ligera sonrisa curvaba las comisuras de sus labios. Sus cabellos largos me ocultaban sus ojos, pero sabía que brillaban. Me hizo un leve gesto con la mano señalando la hierba junto al tronco caído sobre el que estaba sentada. Me dejé caer y entonces fui yo quien tuvo que levantar la mirada para observarla. A veces la imagen que tengo de Ella es muy clara, muy definida según el momento de la Rueda que sea, o de la consulta que tenga para Ella, pero esta vez no tenía una forma ni un rostro concreto sino que parecía tenerlos todos. Sus cabellos cambiaban del cálido color de la miel, al rojo más intenso, y se desvanecían en un blanco puro para volverse pálidos como el sol del Norte y después oscurecerse de nuevo como las alas de los cuervos. De igual modo su rostro cambiaba desde unos rasgos pálidos y finos, a una sensual piel dorada como los campos de trigo cambiando hasta la oscuridad de unos ojos negros repletos de secretos. Era Ella en todos sus aspectos, en todos sus nombres. En toda su esencia. La Gran Diosa. La Única. Todas.

Esperé su mensaje dejando pasar el tiempo allí sentada, observándola y jugando a reconocer alguno de sus nombres mientras cambiaba de aspecto.  Pero al ver que no hablaba, y que se limitaba a mirarme de vez en cuando sonriendo mientras continuaba haciendo algo que yo aún no era capaz de percibir, decidí ser yo quien rompiera el silencio.

-He sentido tu llamada…

Ella sólo elevó una ceja mientras me miraba de reojo.  –No, yo no te he llamado.

La miré sin comprender.

-La llamada venía de ti. Algo en ti quería estar aquí. Porque hay algo que necesitas saber.

Medité sus palabras y comprendí que, como siempre, tenía razón.  A veces, cuando vosotras me hacéis consultas, cuando me pedís consejo o que os guíe, en alguna ocasión tengo dudas. ¿Y si no sé llegar a vosotras cuando me lo pedís? ¿Y si no consigo ayudaros? ¿Y si no os guío de la forma adecuada? ¿Y si esa no es mi misión? Lo que es válido para mí no tiene por qué serlo para vosotras.

En ese momento fui capaz de ver lo que había estado haciendo todo ese tiempo. Tejía. Entrelazaba hilos de todos los colores creando un tejido de una belleza perfecta. Era el Tapiz de la Vida.

No tuvo que mirarme para conocer mis dudas, mientras yo observaba sus dedos trabajar sin descanso, su voz fue penetrando en mí y hablándole directamente a mi corazón.

-Escúchame, Hyedra. Estoy hecha de ti, mi bruja. Estoy hecha de todas las que alguna vez fueron y de todas las que serán.  No estás sola. Nunca lo has estado. Formas parte de algo tan grande, que a su lado el Universo se queda pequeño. Tú, y todas las que lleváis mi recuerdo en vuestro corazón, estáis destinadas a guiar a otras. A ayudarles a recordar lo que una vez fuisteis. Lo que Yo fui para la Humanidad. Sois las que me abrís el camino. Las que preparáis mi regreso a la memoria de los Hombres. Mira, vosotras sois los hilos más brillantes de mi Telar. Los que marcan el diseño.

Observé el Telar. Vi como en un inicio había un solo hilo brillante, el diseño era sencillo y con pocos colores, pero poco a poco, ese único hilo parecía dividirse y de él brotaban más hilos que brillaban con colores cada vez más vivos y se entrelazaban en diseños cada vez más intrincados, y eran estos hilos los que guiaban a otros creando formas y dibujos. Hasta que llegaba a un punto en el que todos los hilos eran brillantes.

Pero el gran misterio del Telar de la Diosa es que es circular, y todos los hilos brillantes acaban volviendo a ser uno sólo que  se entreteje entre otros opacos, mates, pero creando el diseño más bello de la Creación. El diseño de la Eternidad.  Porque ese hilo, la Primera Bruja, sabe que es sólo eso, la primera de muchas, muchísimas más que vendrán.

Le di las gracias, porque como siempre, me dio el mensaje que necesitaba. Ahora sé que sólo soy un hilo dentro del infinito Telar de la Diosa, sí. Pero soy uno de los hilos brillantes. Hoy, en estos tiempos, tengo la inmensa suerte de ser una entre muchas. Muchos hilos que brillan con mil colores me rodean. Juntas enseñamos a otras a brillar. Soy una entre muchas, es cierto. Pero no es menos cierto que, si al telar le faltase un hilo, sólo uno, todo el tejido se desmoronaría.

Somos un hilo entre infinitos hilos. Somos así de insignificantes. Somos así de importantes.

Si consigo que creáis esto, conseguiré enseñaros a brillar.

Y estaré cumpliendo mi misión.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

 

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