Carta de una Bruja al Hombre

Autor desconocido

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Querido Hombre:

Hoy me pongo frente a ti para hablarte mirándote directamente a los ojos. No, no me busques bajando la mirada ni un paso por detrás de ti. Ya no estoy ahí. Sé que te resultará difícil después de milenios manteniéndome arrodillada y un paso atrás, pero vas a tener que acostumbrarte a buscarme en mi nuevo lugar, frente a ti, hasta que consiga el que verdaderamente me pertenece y por el que estoy luchando. A tu lado y a tu altura.

Si te atreves y me miras sólo a los ojos verás determinación en ellos. Verás honestidad y sinceridad, verás tan solo a una persona frente a otra. ¿Quieres saber qué veo yo en los tuyos? Veo miedo. Veo pánico. Veo desesperación.  Veo a la mitad de una especie que ya no sabe cual es su lugar en este mundo, porque lo que le dijeron que se esperaba de él ya no es necesario.  Porque el sistema que Él mismo creó está empezando a resquebrajarse ya que se creó a medias, sobre el silencio, la humillación y el sometimiento de la otra mitad. Y esa fue su condena.

Generación tras generación habéis transmitido a vuestros hijos unas mentiras que os han hecho esclavos de vosotros mismos y de las que ahora no sabéis ni queréis salir por miedo. Teméis perder una supremacía que en realidad nunca os perteneció. Un poder que conseguisteis mediante la fuerza y el miedo y que tratáis de mantener mediante las mismas armas, la fuerza y el miedo. Pero ya no funcionan y eso os aterra. Habéis creado vuestra identidad sobre nuestra inferioridad, y ahora, cuando millones de mujeres en el mundo se levantan y se enfrentan a esa falsa idea, os sentís atacados. Os sentís negados. Rechazados. Pero no es a vosotros a quienes rechazamos, es a este sistema que habéis impuesto y que no funciona. Que nos está destruyendo a nosotros y al mundo que nos cobija. Rechazamos la violencia, rechazamos las guerras en las que mueren culpables e inocentes. Guerras ajenas a nuestra voluntad pero en las que somos las verdaderas heroínas, porque mientras vosotros os asesináis en los campos de batalla, somos nosotras quienes mantenemos en pie un hogar al que podáis volver después, somos nosotras las que mantenemos un cierto orden y cordura en un mundo que vosotros lleváis miles de años intentando destruir. Somos nosotras quienes mantenemos este mundo vivo para todos. Rechazamos ser las victimas colaterales de esas guerras, rechazamos que celebréis la victoria violando, raptando, robando nuestras vidas. Rechazamos un mundo en el que impera la ley del más fuerte. Rechazamos la eterna competición que sólo lleva al fracaso. Rechazamos un mundo en el que millones sufren una agonía eterna para que unos cientos se consideren triunfadores.

¿Por qué nos odiáis? Nosotras no hemos hecho otra cosa que amaros. Somos vuestras esposas, vuestras hijas, vuestras madres. Todos y cada uno de vosotros os formasteis dentro de un cuerpo de mujer. Fuisteis hechos con su sangre y con su carne. Crecisteis dentro de la calidez de un útero de mujer, un lugar donde se produce la magia de la vida. Llegasteis a este mundo a través del Portal Sagrado que es una vagina de mujer y de un dolor atroz que sólo se soporta por amor. Fuisteis concebidos gracias al milagro del ciclo menstrual, algo puro, limpio y bendito. Vosotros, el Hombre, lo ensuciasteis, lo convertisteis en tabú, lo considerasteis impuro. Y fue la leche de nuestros pechos la que os alimentó al principio de vuestra existencia. Lo primero que conocéis en esta vida es el calor de una madre, el arrullo de su cariño, es el amor de una mujer. ¿Por qué nos devolvéis odio?

Cada vez que golpeáis, insultáis o humilláis a una de nosotras, os lo hacéis a vosotros mismos. Cada vez que nos matáis, estáis matando el futuro. Al lugar del que venís. A toda la especie.

Y yo, la Mujer, ya no me creo tus palabras. Ahora sé que no soy como tú decidiste que fuera. No soy débil, no necesito tu ayuda para sobrevivir, no necesito un tutor que me guíe ni que vele por mí. No soy temerosa ni menos inteligente. No soy una niña eterna. No necesitamos que nos cuidéis. No necesitamos dueños. No necesitamos amos.

Yo soy la descendiente de un linaje de mujeres que nunca quiso aceptar el lugar que le impusiste. Soy el último eslabón de una cadena de mujeres valientes que se levantó y se enfrentó a tus imposiciones, a tu falsa superioridad, a tus religiones opresoras y a tu Dios masculino y castigador, hecho a tu imagen y semejanza, no a la nuestra. Soy la descendiente de unas mujeres que dieron su vida por mi libertad, de aquellas que quemaste para silenciarlas convirtiendo su voz en un grito que atravesó los siglos para brotar de nuevo de nuestra garganta.  De aquellas a las que llamaste brujas.

Y esta Bruja que hoy se levanta ante ti y te mira a los ojos, puede que no sea tan valiente como aquellas que perdieron su vida a cambio de un lugar en la Historia, pero el anhelo es el mismo. Esta bruja te tiende la mano y te ofrece un lugar a su lado. Yo, la Mujer, te devuelvo el lugar que siempre te correspondió. A mi lado y de mi mano. Porque sólo unidos podemos salvar este mundo de un sistema mal construido que lo está destruyendo.  Solo caminando juntos, nuestra especie puede tener algún futuro.

Por eso te pido, Hombre, que venzas al miedo. Que busques la verdadera valentía que escondes dentro de ti y te atrevas a sacudirte todas las mentiras que te contaron. Toma mi mano y deja que te enseñe a ser un Hombre nuevo. Deja que te enseñe lo que la Mujer necesita de ti,  un compañero, un colaborador, un igual. Necesitamos vuestro respeto, necesitamos vuestro amor incondicional. Sólo así dejaremos de estar enfrente para estar al lado. Por eso, deja que el viejo odio vuelva al lugar de donde nunca debió salir y permite que te enseñe de nuevo a Amar.

Porque por muchas hogueras que enciendas, esta bruja que se levanta y se enfrenta a ti ya nunca se callará hasta que entiendas la base sobre la que se asienta nuestro futuro. Que  nacemos de un acto de amor, y sólo el Amor podrá salvarnos.

 

Hyedra de Trivia

 

(Eva Hyedra López)

El Telar de la Diosa

Anoche volé a mi Espacio Sagrado. Algo me llamaba desde el centro de mi alma, y aunque estaba cansada y cercana al sueño, me dejé llevar al claro de ese bosque del que os hablé en otra ocasión. Esta vez era de día, el Sol de una mañana de primavera lo pintaba todo en una paleta de verdes nuevos y húmedos. El bosque bullía de vida y casi sentía crecer las semillas moviéndose bajo la planta de mis pies en la tierra negra y fértil. El aire estaba electrificado, como en las tardes de verano momentos antes de que estalle la tormenta. Mi piel estaba erizada, y sentía mi sangre cantar en mis venas. Algo me llamaba, algo tan potente que hacía que todo se detuviese y agitase al mismo tiempo buscando  su presencia.

No me detuve en el claro, continué caminando siguiendo su llamada, como una canción olvidada un día y vuelta a recordar sin saber cómo ni porqué, buscando el origen de esa melodía que parece contar tu propia historia. Guiada por aquellas notas que en realidad partían de mi misma, llegue junto a un cruce de caminos. Dos de ellos abandonaban el bosque y se internaban en amplias praderas, perdiéndose en el horizonte. El otro continuaba hacia adelante, subiendo hasta la cima de una colina verde con un solo árbol en su cumbre. Una figura parecía aguardar sentada a la sombra de sus grandes ramas.

Era de aquella figura de donde provenía la llamada, así que, sin pensarlo un momento, comencé la ascensión sin prisa ni incertidumbre, casi como si el mismo camino fuese tan importante como llegar. Ni siquiera me planteé quién me esperaba al final del sendero, porque ya lo sabía. Siempre lo había sabido.

No me miró cuando aparecí ante Ella. Ni siquiera levantó la vista de lo que tenía entre las manos, pero sí pude ver que una ligera sonrisa curvaba las comisuras de sus labios. Sus cabellos largos me ocultaban sus ojos, pero sabía que brillaban. Me hizo un leve gesto con la mano señalando la hierba junto al tronco caído sobre el que estaba sentada. Me dejé caer y entonces fui yo quien tuvo que levantar la mirada para observarla. A veces la imagen que tengo de Ella es muy clara, muy definida según el momento de la Rueda que sea, o de la consulta que tenga para Ella, pero esta vez no tenía una forma ni un rostro concreto sino que parecía tenerlos todos. Sus cabellos cambiaban del cálido color de la miel, al rojo más intenso, y se desvanecían en un blanco puro para volverse pálidos como el sol del Norte y después oscurecerse de nuevo como las alas de los cuervos. De igual modo su rostro cambiaba desde unos rasgos pálidos y finos, a una sensual piel dorada como los campos de trigo cambiando hasta la oscuridad de unos ojos negros repletos de secretos. Era Ella en todos sus aspectos, en todos sus nombres. En toda su esencia. La Gran Diosa. La Única. Todas.

Esperé su mensaje dejando pasar el tiempo allí sentada, observándola y jugando a reconocer alguno de sus nombres mientras cambiaba de aspecto.  Pero al ver que no hablaba, y que se limitaba a mirarme de vez en cuando sonriendo mientras continuaba haciendo algo que yo aún no era capaz de percibir, decidí ser yo quien rompiera el silencio.

-He sentido tu llamada…

Ella sólo elevó una ceja mientras me miraba de reojo.  –No, yo no te he llamado.

La miré sin comprender.

-La llamada venía de ti. Algo en ti quería estar aquí. Porque hay algo que necesitas saber.

Medité sus palabras y comprendí que, como siempre, tenía razón.  A veces, cuando vosotras me hacéis consultas, cuando me pedís consejo o que os guíe, en alguna ocasión tengo dudas. ¿Y si no sé llegar a vosotras cuando me lo pedís? ¿Y si no consigo ayudaros? ¿Y si no os guío de la forma adecuada? ¿Y si esa no es mi misión? Lo que es válido para mí no tiene por qué serlo para vosotras.

En ese momento fui capaz de ver lo que había estado haciendo todo ese tiempo. Tejía. Entrelazaba hilos de todos los colores creando un tejido de una belleza perfecta. Era el Tapiz de la Vida.

No tuvo que mirarme para conocer mis dudas, mientras yo observaba sus dedos trabajar sin descanso, su voz fue penetrando en mí y hablándole directamente a mi corazón.

-Escúchame, Hyedra. Estoy hecha de ti, mi bruja. Estoy hecha de todas las que alguna vez fueron y de todas las que serán.  No estás sola. Nunca lo has estado. Formas parte de algo tan grande, que a su lado el Universo se queda pequeño. Tú, y todas las que lleváis mi recuerdo en vuestro corazón, estáis destinadas a guiar a otras. A ayudarles a recordar lo que una vez fuisteis. Lo que Yo fui para la Humanidad. Sois las que me abrís el camino. Las que preparáis mi regreso a la memoria de los Hombres. Mira, vosotras sois los hilos más brillantes de mi Telar. Los que marcan el diseño.

Observé el Telar. Vi como en un inicio había un solo hilo brillante, el diseño era sencillo y con pocos colores, pero poco a poco, ese único hilo parecía dividirse y de él brotaban más hilos que brillaban con colores cada vez más vivos y se entrelazaban en diseños cada vez más intrincados, y eran estos hilos los que guiaban a otros creando formas y dibujos. Hasta que llegaba a un punto en el que todos los hilos eran brillantes.

Pero el gran misterio del Telar de la Diosa es que es circular, y todos los hilos brillantes acaban volviendo a ser uno sólo que  se entreteje entre otros opacos, mates, pero creando el diseño más bello de la Creación. El diseño de la Eternidad.  Porque ese hilo, la Primera Bruja, sabe que es sólo eso, la primera de muchas, muchísimas más que vendrán.

Le di las gracias, porque como siempre, me dio el mensaje que necesitaba. Ahora sé que sólo soy un hilo dentro del infinito Telar de la Diosa, sí. Pero soy uno de los hilos brillantes. Hoy, en estos tiempos, tengo la inmensa suerte de ser una entre muchas. Muchos hilos que brillan con mil colores me rodean. Juntas enseñamos a otras a brillar. Soy una entre muchas, es cierto. Pero no es menos cierto que, si al telar le faltase un hilo, sólo uno, todo el tejido se desmoronaría.

Somos un hilo entre infinitos hilos. Somos así de insignificantes. Somos así de importantes.

Si consigo que creáis esto, conseguiré enseñaros a brillar.

Y estaré cumpliendo mi misión.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

 

Bruja y Loba

Enchanted forest Author: J-u-d-a-s j-u-d-a-s.deviantart.com

Enchanted forest
Author: J-u-d-a-s
j-u-d-a-s.deviantart.com

Desde el principio de nuestra Historia, los chamanes de todas las culturas han sabido que los seres humanos tienen una parte animal. Somos humanos, primates, pero también tenemos una pizca de alma animal con nosotros que determina parte de nuestro carácter y nuestra misión en la vida. En las pinturas rupestres, desde las más antiguas, estos chamanes y chamanas aparecen representados en parte persona y en parte animal. Los nativos americanos lo llamaron Totem, y con ese nombre es como se le conoce en casi todo el mundo.

Creo que no será ninguna sorpresa si os cuento que mi Totem es el lobo. En concreto, una loba blanca ártica.  Y digo que no será ninguna sorpresa porque muchas de las brujas que conozco son lobas. Muchas hablamos de la manada, de aullar juntas a la luna. Equiparamos el arquetipo de la Mujer Salvaje con una loba y uno de los libros que mejor explica cómo funciona el alma femenina es “Mujeres que corren con los lobos”. Pero esto no quiere decir que para ser bruja tu tótem tenga que ser obligatoriamente un lobo. No. Conozco a brujas cuervo, brujas gatas, leonas, panteras, yeguas…

Mi historia con mi loba no comenzó bien. Soy un ser de agua. De pequeña me sentía muy identificada con los delfines y, como ya comenté una vez, estuve una temporada obsesionada con las sirenas. Me veía a mi misma nadando en el mar una noche de luna llena en la que me saldrían aletas y me sumergiría en las profundidades en busca de una ciudad secreta, donde sirenas y tritones me darían la bienvenida entre ellos y viviría feliz por siempre jamás. Entre algas, navíos naufragados y misteriosos mundos submarinos.

Pero también me fascinaban los gatos, el familiar de las brujas por excelencia. Sobre todo los negros con ojos verdes, mágicos e hipnóticos. Y los caballos, corriendo libres por las praderas con sus cabelleras al viento. Y cómo no, Pegaso. Y los unicornios… ¿qué nos pasa a las niñas con los unicornios? Una noche de verano en el pueblo costero del sur donde solía veranear, mis padres nos llevaron a mi hermano y a mí a ver una película. Se llamaba “El último unicornio”, basada en la novela homónima de Peter S. Beagle. No sé cuantos años tendría, creo que apenas cuatro o cinco, pero me impactó de tal manera que jamás la he olvidado y cuando surgieron las descargas en internet, fue la primera película que busqué. Cuando la volví a ver, siendo ya una mujer adulta, no había perdido ni un ápice de su magia. Es una película que te hechiza el alma, tal vez porque habla de la soledad, del amor perdido, de tratar de conservar a toda costa la última chispa de magia. Cuando tiempo después vi la escena de los unicornios en la película “Legend”, mi enamoramiento ya estuvo sentenciado.

Por eso, cuando descubrí la existencia de los tótem y decidí buscar el mío, estaba absolutamente convencida de que sería un delfín, un gato o un caballo. No concebía ninguna otra opción. Y como no podía ser de otra forma, cuando tienes la mente tan cerrada, me llevé un chasco tremendo.

Hay varias formas de contactar con tu tótem, sueños, rituales, meditaciones guiadas, viajes mediante el uso de sustancias psicotrópicas… Yo elegí un ritual que reunía varias de estas prácticas. Consistía en una especie de meditación frente al espejo, invocando a tu animal interior. Esperé a la madrugada para estar tranquila, me encerré en el baño y encendí una vela y un poco de incienso. Respiré profundamente y poco a poco fui entrando en un ligero trance mirando fijamente a los ojos de mi reflejo. No sé cuanto tiempo pasó, pero en un momento dado comencé a ver algo. Mi rostro cambiaba, era el mismo pero algo parecía superponerse. Me fui extrañando porque no se parecía en nada a lo que yo esperaba ver, había mucho pelo, un hocico alargado, ojos penetrantes… Apagué la vela y me fui a la cama bastante confusa.  Y también algo enfadada. Un lobo… Ni siquiera se me había ocurrido la posibilidad. Al día siguiente repetí el ritual obteniendo el mismo resultado. Un lobo.

No conocía mucho sobre ellos, sabía lo básico, lo que había visto en televisión y leído en los cuentos. Pero comencé a investigarlos y me fui reconciliando con la idea de que mi alma animal fuera uno de ellos. Descubrí su nobleza, su inteligencia, su gran parecido con el ser humano. Son monógamos y la leyenda cuenta que si pierden a su pareja se quedan solos toda la vida… Al igual que las personas, pueden vivir en comunidad o ser solitarios.

Las antiguas culturas consideran al Lobo como el Gran Maestro. Se asocia a la sabiduría y el autoconocimiento. Por eso ahora, después de años caminando como una loba humana, sólo puedo darle las gracias por haberme elegido. Hoy sé que no querría ser otra cosa, ni el alegre delfín, ni el mágico gato, ni el orgulloso caballo con toda su libertad. Me quedo con la sabiduría, la nobleza y la fidelidad del lobo. Y su primera gran lección fue que, a veces, lo mejor para nosotros no es lo que más nos gusta. A veces lo que rechazamos es lo que más necesitamos.

Para mí, sentir cómo mi loba se despereza y agita durante las noches, cómo me hace sentir la magia que despierta tras el ocaso, como se estremece de placer al sentir el frescor de la madrugada, no tiene comparación. La siento crecer y siento su espíritu que me pide que le permita salir y correr, que corramos juntas a través del bosque atravesando colinas, senderos y ríos, correr sintiendo el viento en la cara y seguir corriendo hasta alcanzar el final del camino, donde nos espera Ella, brillante, plateada, imposiblemente bella en la lejanía. Ella, que cada noche nos llama clamando a nuestra sangre que le pertenece, que nos baña de poder penetrando en nuestra alma pagana tan profundamente que  cada nuevo ciclo firmamos un pacto de eternidad con ella. Nos inunda con una alegría tan salvaje que solo podemos expresarla desbordandola en aullidos de felicidad y nostalgia. Felicidad simplemente por ser, nostalgia por tantas veces que fuimos.

Mi loba venera a la noche, a la tierra, a la luna. Y yo venero a la loba que soy, porque ella me enseña el camino de la sabiduría.

Me guía en la misión de mi vida, ser lo que ella ya es.

Mi Gran Maestra.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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