Infancia de bruja

Elsie & Pooka Author: Lora Craig-Gaddis www.pookapages.com

Elsie & Pooka
Author: Lora Craig-Gaddis
http://www.pookapages.com

Si aspiramos el aire y dejamos que nuestro instinto sienta libremente, notaremos que ya llega Imbolc. En su sueño invernal la Diosa comienza a agitarse levemente. Su letargo es cada vez más ligero y las semillas y raíces que se ocultan en la oscuridad despiertan lentamente. Una oleada de cálida energía recorre la Tierra y sus hijos, que hibernan en cuevas y madrigueras, comienzan a moverse, aunque  aún lo hacen despacio, en sueños. El Sol cada día ilumina más tiempo y calienta más intensamente. Y a través de las brumas del sueño, en su interior todos los seres vivos notan el cambio.

La primavera es todavía una promesa, apenas el germen de lo que vendrá. Todo está haciendo acopio de fuerzas para el estallido de vida que pronto inundará nuestro mundo. Es tiempo de nuevos proyectos, de generar ideas, de imaginar cosas nuevas. De celebrar la inocencia, la niñez cargada de esperanzas, de alegría, risas y juegos.  De buscar en nuestro interior la niña que fuimos y jugar con ella. Y esta bruja que os habla tiene mucha suerte, porque no tengo que buscar mucho para encontrarme con la niña que fui y que aún vive en mí.

Si cierro los ojos y recuerdo cómo era, sólo puedo sonreír y agradecerle todo lo que hizo, porque gracias a ella hoy soy la mujer que soy. Recuerdo aquella niña cuya máxima felicidad consistía en explorar bosques buscando hadas y portales a otros mundos. En jugar a batallas de magos y brujas. Una niña que con apenas seis años convenció a todos sus compañeros de clase de que no era de este mundo y que algún día sus verdaderos padres vendrían a buscarla para llevarla de nuevo a casa. Que con ocho años ganó un concurso de redacción escribiendo sobre las sirenas que en aquella época la fascinaban. Una niña que disfrutaba subiéndose a los árboles, comprando viejos libros de hechizos en los puestos del rastro y soñando por las noches que escapaba de casa de madrugada para ir a algún lugar donde sabía que la estaban esperando. Porque la niña que fui, al igual que la mujer que soy, estaba absolutamente enamorada de la noche.

A escondidas salía a la terraza y pasaba horas mirando fuera, a la Luna, las estrellas, el cielo. A las luces lejanas. Escuchaba voces y risas y me preguntaba de quién serían. Qué clase de personas recorrían las calles en la madrugada y que extraños actos les retenían fuera de sus casas. Y yo, mirando aquellas calles vacías, me preguntaba si alguna noche me atrevería a salir, sin hacer ruido, y  acudiría al lugar que me reclamaba por dentro.  Nunca lo hice, pero ya dormida, en sueños, me veía caminando hacia una gran arboleda en cuya entrada me esperaba un grupo de personas vestidas de oscuro y con capuchas que ocultaban sus rostros. Un grupo del que yo formaba parte.

Siempre comprendí el lenguaje de la noche. El sutil cambio que se producía en el ambiente cuando todos en la casa ya dormían y solo yo quedaba despierta esperando algo que nunca llegó,  tal vez porque aún no era el momento, aunque pasara horas de incontables madrugadas imaginándolo. La noche me hablaba tan claro… era un lenguaje secreto entre ella y yo, un lenguaje compuesto por palabras que hablaban de tiempo y sueños antiguos, de secretos perdidos y promesas incumplidas, de esperanzas eternas y respuestas a preguntas hechas mucho tiempo antes de que yo naciera. Y mi alma de niña sentía un anhelo inmenso por todo  aquello que la noche ocultaba y que me tentaba cada vez más.

Recuerdo noches de verano en la casa de mis abuelos, cuando las normas se relajaban y mi espíritu libre tenía más horas para vagar a sus anchas por los escenarios que mi imaginación creaba de la nada. Tenían un patio con flores, plantas, y una preciosa adelfa en el centro que cada día se convertía en el escenario de mis juegos inventados. Si un día era un bosque encantado, al día siguiente era el escondite de un pirata o la cueva en la que un hada esperaba a que algún día alguien la rescatara del hechizo que la mantenía prisionera. Vivía siempre esperando momentos de magia y hoy comprendo que todos aquellos momentos ya fueron mágicos. Yo era una niña llena de magia, así que mi vida no podía ser de otro modo.

Crecí buscando una entrada a otro mundo.  La buscaba en el rumor de las olas cuando acarician la orilla del  mar, en los bosques húmedos y verdes en los que habitan criaturas ancestrales, en la cara oculta de la Luna. En la oscuridad de las altas horas de la noche y entre las ascuas de las hogueras de verano. Pero hace ya muchos años comprendí que buscaba algo que ya tenía. Porque hoy sé que la niña que era ya caminaba entre los mundos. Vivía siempre entre ellos porque desde que nací ya pertenecía a ambos y crecí viendo a mi alrededor toda la magia que otros no veían. Por eso mis hechizos fueron siempre tan naturales, tan innatos. Yo era pura magia.

Y ahora, en estos días de Imbolc en los que celebramos nuestra niñez, me alegro de seguir siendo igual que entonces, de seguir jugando cada vez que mi loca imaginación me propone descubrir misterios. Me alegro de saber que esa niña feliz continúa conmigo y esperando la mínima ocasión para llevarme con ella de aventuras, a explorar mundos que solo nosotras conocemos. Aunque ahora la mayoría de las veces ya no son juegos y yo ya no busco entradas al mundo de la magia. Esa entrada que nunca encontré de niña porque para mí, como para todas las brujas,  siempre estuvo abierta. Hoy sé que lo que tanto buscaba siempre estuvo dentro de mí.

Hoy ya sé dónde estaba esa puerta secreta que conduce al mundo de las maravillas y lo mágico.  Hoy sé que esa puerta, siempre he sido yo.

¿Y tú? ¿Te vienes a jugar conmigo?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. patricia
    Ene 30, 2015 @ 19:41:45

    me ha tocado el corazón……….. siempre amé la noche, las flores que se abren de noche y perfuman tan suavecito…… la luz blanca de la luna que platea todo el paisaje! las casitas (imaginadas) de las hadas en huecos y piedritas blancas!!!! las luciérnagas y los tucos con sus ojazos verdes, los búhos con su eterno asombro en la mirada y el fresco de los árboles y el olor de las cortezas……. que lindo!!!!! disfruté mucho leerte!!!! gracias por compartir!

    Responder

  2. hyedra7
    Feb 06, 2015 @ 20:05:40

    Gracias Patricia, parece que ambas sentimos lo mismo de niñas, y ahora!! Enamorarse de la noche es algo eterno. Un abrazo 🙂

    Responder

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