El último Solsticio

The Wind from Hastings Luis Royo

The Wind from Hastings
Luis Royo

Me despierto despacio, apenas puedo distinguir el sueño de la vigilia porque la oscuridad lo inunda todo. Pestañeo un par de veces y cuando ya consigo percibir los contornos de las cosas y las personas, me levanto con cuidado para no hacer ruido. Todos duermen. Aún queda tiempo para que amanezca.

Salgo al exterior de la cabaña y la belleza de la noche me impacta. Un frío gélido se cuela por el cuello de mi capa y mi aliento se eleva, como humo, hacia un cielo negro y sin luna, cuajado por un manto de estrellas centelleantes que parece cubrir la tierra, tan bajo que pienso que si extendiera la mano podría tocarlo. Todo está helado, en silencio, detenido en el tiempo.  Tan sólo resuenan mis pisadas, que hacen crujir el hielo de la madrugada mientras me dirijo hacia el bosque, donde la Anciana me espera.

Camino rápido porque sé que ella ya me está esperando en la puerta de su choza. La veo a lo lejos, bajo la luz de un candil, y me fijo en que, a pesar de la edad, su postura es recta y su cuerpo fuerte. Su cabello, blanco y largo, cae a los lados de su rostro sin ataduras, solo un par de finas trenzas aquí y allá, y sus ropas oscuras y cálidas cubren un cuerpo que ha vivido ya muchos Solsticios como el de hoy.

-Llegas tarde – me dice.

Me encojo de vergüenza. Intento explicarle que al salir de casa el hechizo de la noche me distrajo. Que cuando observo la magia de las estrellas bailando en la inmensidad del cielo, la sombra del bosque cercano moviéndose al son del viento y la quietud del mundo en ese momento de soledad,  me pierdo en la noche y en mí, y me inmoviliza de tal forma que sólo puedo sentir mi alma y a la Diosa llenándolo todo… Pero al mirarla descubro que no hace falta, sus ojillos brillantes que un día fueron azules como el mismo cielo de la noche, ríen al observarme. No. No hace falta que le explique nada. Ella  sabe cómo siento por dentro. Cómo soy. Por eso me eligió.

Mientras caminamos hacia la cumbre de la colina le voy contando las últimas noticias que han llegado a la aldea. Rumores de guerras al sur ganadas por un enemigo que se acerca cada vez más a nuestras tierras. Y esta vez es un enemigo distinto, no como las tribus vecinas con las que nos enfrentamos desde hace siglos. Estos hombres se mueven como uno solo, se extienden arrasando todo a su paso y destruyendo a cualquiera que intente frenarles. Arrebatan las vidas, los recuerdos,  los dioses y  las antiguas costumbres para imponer las suyas y desterrar las nuestras al olvido.

La Anciana me escucha hablar pero no me responde, apenas emite un gruñido de vez en cuando que acompaña con un cabeceo. Aún así sé que lo que digo le preocupa porque su ceño está fruncido y su mirada perdida… Sé que sabe más de lo que da a entender, pero no sé si sabe lo mismo que yo. Que ya están a las puertas, que no queda nada entre ellos y nosotros. Que antes de la próxima luna llena habrán llegado a la aldea.

Cuando llegamos a la cumbre nos situamos en el círculo de piedras antiguas erigido allí hace más tiempo del que ninguno de los Mayores puede recordar. La Anciana me dijo un día que cuando ella era una joven aprendiza como yo, su maestra le contó que las piedras llevaban allí cientos de años, y que la historia de quién las levantó y cómo lo hicieron hacía mucho que se había perdido en el tiempo.

La reverencia inunda el lugar y dejo que penetre en mí mientras preparamos la pira para la Gran Hoguera que encenderemos esta noche, junto al resto de los habitantes de la aldea. Y recuerdo el Solsticio del año anterior. Recuerdo a todos felices, riendo, bebiendo y comiendo celebrando el retorno del Sol, animándole a salir y contemplando como en las colinas cercanas se encendían una tras otra las hogueras de nuestras aldeas vecinas. Todos unidos celebrando que pronto la Diosa despertaría de su sueño invernal y de nuevo la primavera traería la esperanza y la vida.

Y mientras el Sol comienza a nacer cubriendo las montañas con sus rayos dorados, me vuelvo a la Anciana y le digo:   _ ¿Qué pasará si un día no encendemos los fuegos para ayudar al Sol a volver? ¿Será siempre el mundo una noche de invierno?

Al principio no comprendo que le pasa, pero después me doy cuenta. La Anciana se está riendo. Se ríe de mí.

– Nosotros no hacemos salir al Sol, niña. – Suavemente me gira la barbilla y me hace mirar al horizonte, al paisaje cobrando vida a medida que la luz lo va bañando – No. No somos tan importantes. El Sol saldrá con nuestra ayuda o sin ella. Pero estas costumbres, estos rituales, nos centran. Nos recuerdan nuestro lugar en el mundo, nos conectan con todo lo que nos rodea. El Sol vuelve a la Tierra una y otra vez, y vuelve también dentro de nosotros. Nos enseña un ciclo que se repite desde siempre y que se repetirá para siempre. Nos enseña el significado de eternidad…

Esa misma noche nos dirigimos en procesión con antorchas a la colina. Toda la aldea acude y guarda un sobrecogedor silencio mientras la Anciana y yo encendemos la pira sagrada. Cuando las llamas nos iluminan y calientan a todos, comienza la fiesta. Bailes, banquetes, risas, cánticos y gritos animan el ambiente. Yo retrocedo sin que nadie lo note y me recuesto en el tronco de un roble cercano. Los observo sin que me vean. Son mi gente, mi pueblo, mi mundo. Mi historia.

Veo a la Anciana buscándome para llamar juntas al Sol y comprendo que me queda tanto aún por aprender, tanta sabiduría, tantos misterios, tanta magia… Y no puedo evitar que las lágrimas rueden por mi rostro. Lloro porque sé que este mundo no durará. Porque el próximo Solsticio no habrá nadie en esta colina para llamar al Sol. El enemigo nos barrerá y con ello se perderán nuestras leyendas, nuestras historias, nuestra lengua y nuestros dioses. Todo lo que una vez fuimos, desaparecerá. Y mientras miro las llamas intentando alcanzar las estrellas, me pregunto si con el devenir de los tiempos alguien recordará quiénes fuimos. Si alguien sabrá que alguna vez caminamos por la tierra y que nuestros dioses vivían junto a nosotros en los ríos y los cielos, en las montañas y los truenos. Me pregunto si alguien recordará que mi pueblo fue un pueblo fuerte, orgulloso y noble que adoraba a la Madre. Que nosotros conocíamos el secreto de la eternidad.

Lloro mientras me pregunto si cuando los siglos pasen y el tiempo borre las huellas de nuestra historia…

¿Alguien nos recordará?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Anuncios

5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Athe
    Dic 05, 2014 @ 19:49:02

    Se me saltaron las lagrimas… se recuerda

    Responder

  2. alicia
    Dic 06, 2014 @ 01:24:13

    Que bella narración, espero podamos volver a nuestras raices y seguir prendiendo la fogata para todos !!

    Responder

  3. Jorge Fernando Domingo Sánchez
    Dic 07, 2014 @ 16:51:55

    Yo te pregunto; Qué pasaría si siguieras escribiendo lo que pasó después de lo escrito. Me gustaría saberlo, es una forma fácil de acabar el primer capítulo de un libro. Podría ser bonito de verdad.

    Responder

  4. Jorge Domingo
    Dic 07, 2014 @ 22:30:58

    Muy bueno!!!

    Responder

Cuéntame qué te ha parecido

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Contacto

hyedra.deduir@yahoo.es
A %d blogueros les gusta esto: