La Diosa de las Brujas

Venus de Willendorf 25.000 a. d E. C. aprox. Autor de la foto: desconocido

Venus de Willendorf
25.000 a. d E. C. aprox.
Autor de la foto: desconocido

La Diosa de las brujas es Antigua.  Su llamada cruza los milenios desde aquellas que la adoraban en los primeros tiempos bajo la luz de la luna y las estrellas vestidas con pieles, hasta llegar a aquellas que aún la recordamos. Aquellas que llevamos su marca grabada a fuego en el alma. Y algunas en la piel…

Ya era antigua cuando las primitivas iglesias erigidas para el hijo del carpintero y su Dios apenas comenzaban a cubrir Europa y se transformaban poco a poco en catedrales. Ya era vieja cuando los guerreros del frío norte trajeron a sus Dioses de la guerra, dioses que hablaban del valor, de la sabiduría y del honor que suponía morir en la batalla para ser llevado al paraíso de los guerreros. Ya era anciana cuando Roma cambió sus muchos nombres en las tierras que iba conquistando por los de sus propias Diosas, sometidas a un Patriarcado que jamás pudo acabar del todo con ellas. Ya era eterna cuando los celtas la adoraban bajo sus múltiples rostros y sus múltiples nombres. Su culto contaba milenios cuando Inanna e Ishtar eran jóvenes en el Creciente Fértil y la humanidad comenzaba a escribir sus nombres en el barro. Era Reina de la Tierra cuando Isis y Osiris aún eran niños jugando a enamorarse y dirigir un Imperio. Era una anciana que miraba benevolente cómo en Creta las sacerdotisas  ofrecían miel en los altares de sus templos. Era inmortal cuando Gilgamesh buscaba el secreto de la vida eterna.

Mi Diosa es tan antigua como la Humanidad. Tanto como la Tierra. Tanto como el Universo. Tanto como la primera chispa que lo originó todo.

Su presencia eterna jamás ha abandonado este mundo y sus hijas jamás han dejado de rendirle culto. Desde hace miles de años, cuando nos internábamos en las profundidades de su cuerpo para pintar en las paredes de las cuevas sus símbolos sagrados y las escenas de la vida bajo su influencia, la sentíamos guiar nuestras manos y nuestros pies en la oscuridad de sus dominios. Cuando penetrábamos en su vientre para llevar a cabo rituales para la tribu, para viajar entre los mundos y presentarnos ante ella para pedir su guía y consejo. Para devolverle el cuerpo ya sin vida de aquellos que habían marchado, esperando que los acogiera en la muerte y preparase su regreso algún día. Cuando sellábamos aquellas pinturas, pactos que nos vinculaban a Ella, con la marca de nuestras manos. Manos de mujer.

Cuando creábamos en el barro y en la piedra sus imágenes hechas a nuestra propia semejanza cuando estábamos grávidas. Porque así la imaginábamos cuando la humanidad era joven y el mundo aún salvaje. Una mujer grande, de pechos amplios y caderas poderosas, preparada para mantener la vida que llevaba en su seno una vez llegara a ese mundo tan hostil y difícil. Una madre nutricia y dadora de dones, pero también cruel y destructora cuando era necesario. Cuando fluíamos con los ritmos de su corazón que latía en las profundidades de la tierra, creando un ciclo eterno de vida, muerte y renacimiento, y que aprendimos observando las semillas desde su gestación en las profundidades de la tierra, pasando por su nacimiento, su vida exuberante y su muerte final, cuando de nuevo se convertía en semilla que retornaría de la oscuridad de la tierra.

Su nombre cambió a medida que la Humanidad se fue extendiendo por una Tierra inhabitada y vasta. Su rostro también fue cambiando. Aprendimos que además de Madre también era una joven, una anciana y una hechicera y nos enseñó a contar el tiempo siguiendo su viaje en los cielos nocturnos. Celebramos con Ella su eterno ciclo en el que se unía  a  su Amante Sagrado y juntos creaban los frutos que nos alimentan. Acompañamos su duelo cuando su amado moría en un sacrificio que convertía su cuerpo en la vida de sus hijos y festejábamos con Ella su alegría cuando daba a luz al Niño Divino que volvería a convertirse en su consorte en la siguiente primavera.

Con el tiempo llegaron otros Dioses que no eran como el nuestro, el Señor Astado de los bosques que reina sobre las cosas salvajes y libres, sino Dioses extranjeros que hablaban de guerra y violencia, y los mitos nos cuentan cómo primero desplazaron a nuestro Dios como consortes de nuestra Diosa, después le robaron sus dones y finalmente la expulsaron y condenaron al olvido. O al menos lo intentaron.

Surgieron las religiones monoteístas, con un único Dios masculino, lejano y severo, y se impusieron en la mayoría del mundo convirtiéndolo en un lugar violento, en un lugar donde la sangre de millones de almas vertida en nombre de ese Dios abonaba los campos de la mayoría de los países. Aún lo hace.

Muchos siglos de terror y de hogueras, de desequilibrio entre mujeres y hombres, de miedo a la libertad y a disfrutar la vida en lugar de sufrirla, han pasado desde los días en que llamábamos a la Diosa en el amanecer de la historia de nuestra especie. Demasiado tiempo durante el cual la Humanidad ha perdido el camino, convirtiendo la risa en pecado, el baile y la alegría en actos reprobables y la magia en algo maligno. Un tiempo durante el cual hemos dejado a un lado el amor y la colaboración que nos hizo prosperar y lo hemos cambiado por la ambición, la competitividad y el odio.

Pero Ella sigue aquí, su presencia eterna, antigua y viva lo invade todo porque siempre lo ha sido todo. Y sus hijas la hemos recordado a lo largo de los siglos. Su recuerdo atávico ha pervivido en nosotras a través de generaciones. Las brujas hemos continuado manteniendo su herencia como guardianas de una verdad que ha perdurado en nuestro corazón a través de todas las épocas. Hemos continuado llamándola a pesar de los nuevos dioses, a pesar del dominio del Hombre, a pesar de castigos y prohibiciones, a pesar de nosotras mismas. Porque nuestra Diosa no habita en un lugar lejano y distante. Está aquí, en la tierra que pisamos y el aire que respiramos, en el agua que nos inunda por dentro, que fluye en nuestra sangre y que se derrama en nuestras lágrimas. En las células que dan vida y forma a toda la creación. Dentro de nosotras, indicándonos el camino y manteniendo a salvo su mensaje. Siempre ha estado aquí. Esperando que sus hijas dejen de ser unas pocas brujas valientes que la guardan en secreto para convertirse en millones que la traigan de nuevo a un mundo que le pertenece y que grita desde lo más profundo para que curen sus heridas.

Ella se despereza, despierta de su letargo porque siente que algo nuevo está llegando. En miles de lugares del globo las mujeres se reúnen para encontrarse a sí mismas, y en el proceso, encontrarla a Ella. Y Ella, que escucha las voces que se elevan llamándola por muchos de sus mil nombres, se despierta porque sabe que la Rueda de nuevo está girando  y llega una Era en la que las brujas ya no nos escondemos, ya no tememos mostrarnos a cara descubierta y abrir las puertas de su regreso. A lo largo del mundo la Hijas de la Diosa van recobrando la memoria y buscan encontrar Su nombre. Sus nombres.  Y para sentirla solo necesitamos volvernos hacia nosotras mismas y hacia cada una de las mujeres que caminan a nuestro lado.

Cuando necesito sentirla, cuando necesito verla, solo tengo que ponerme frente a un espejo,  buscar mis ojos en mi reflejo y sonreír, porque allí, en el fondo de mi mirada, Ella me devuelve la sonrisa y me recuerda que ha estado ahí desde el primer día de mi vida y que seguirá estando ahí todos y cada uno de los que me quedan. Mi Diosa me mira desde el centro mismo de mi alma y un conocimiento antiguo me inunda. A través de los tiempos, a través de los milenios que me separan de mis antepasadas, a través de las cientos de vidas de cada una de ellas y a través de mi y de mis hermanas, la Diosa de las brujas vuelve para reclamar su mundo.

El Tiempo ha llegado. La Diosa regresa.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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9 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Nohemi MG
    Nov 16, 2014 @ 20:27:09

    Interesante y muy instructivo. Datos que se olvidan al paso del tiempo y que tiene tanta relevancia en la vida actual

    Responder

    • hyedra7
      Nov 19, 2014 @ 19:36:39

      Gracias Nohemi. Tienes razón, en la actualidad la Diosa está cobrando mucha mayor importancia porque la Mujer también lo está haciendo. Necesitamos reconectar con todo el poder que llevamos dentro y reconectar con Ella. Son buenos tiempos para la Diosa, y vendrán mejores.
      Gracias por leer y comentar. Estás en tu casa.

      Responder

  2. Raquel arrizabalaga
    Nov 17, 2014 @ 02:11:49

    Un

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    • hyedra7
      Nov 19, 2014 @ 19:30:08

      Hola Raquel, me he quedado con la duda de saber qué querías expresar. Si vuelves por aquí y te apetece contarlo, estaré esperando. Gracias por leerme. 🙂

      Responder

  3. Jorge Fernando Domingo Sánchez
    Nov 17, 2014 @ 14:35:01

    Aun sintiendo lejos de mí tus escritos, no por negarme a ellos, sino más bien por falta de conocimientos. Reconozco el esfuerzo y valor que conlleva el escribir ciertas cosas en estos tiempos, yo por curiosidad, por sabr más de tí, leo y releo todo cuanto escribes y de paso aprendo a entenderte.

    Responder

    • hyedra7
      Nov 19, 2014 @ 19:34:13

      Sé que para una persona ajena a todo esto debe ser complicado enfrentarse a mis textos. Por eso a ti te lo agradezco doblemente, primero por leer cosas muy lejanas a ti, y segundo por tu esfuerzo por conocerme y entenderme. No todo el mundo lo hace. Y también por respetarlo, que tampoco todo el mundo lo hace.
      Gracias 🙂

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  4. patricia
    Nov 17, 2014 @ 18:39:34

    bello y poderoso……….. la diosa se despereza!!!!!! siglos de encierro sólo la han hecho mas sabia!!!!! ahora lidia de igual a igual con los captores de la alegría, el baile, la celebración… y sonríe con la sonrisa de quien sabe que perdonar, sumar y seguir hace a los grandes. La diosa antigua vuelve en cada risa libre, en cada caricia , en cada milagro de vida. Vuelve para todos , para el equilibrio, el milagro, la paz.

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    • hyedra7
      Nov 19, 2014 @ 19:28:29

      Precioso lo que escribes, Patricia. Y totalmente cierto. Ella vuelve para todos, porque todos somos sus criaturas. Me alegra saber que vosotras la vivís igual que yo. Que cada vez somos más y ya no tenemos que sentirnos solas ni vivir en la oscuridad. Un abrazo de hermana a hermana.

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  5. Vanesa
    Jul 04, 2015 @ 17:01:46

    Hermoso! Me llena de alegría y orgullo saber que hay cada vez más hijas de la Diosa saliendo de la oscuridad para iluminar al mundo nuevamente. Sabemos que no es fácil. Toda somos duramente juzgadas y rechazadas
    Hermosas palabras!

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