Hechizo de Luna

La Luna…

¿Conocéis a alguna bruja que no esté perdidamente enamorada de la Luna? Porque yo no.

Una vez soñé que se rompía, que sus pedazos muertos caían sobre la tierra y que en el cielo apenas quedaban unas ruinas sin alma, sin su resplandor. Grises y polvorientas. Sentí que algo se rompía también dentro de mí y una angustia fría y húmeda se extendía por mi sangre helándome hasta los huesos. Mis lágrimas nublaban mi vista pero se negaban a caer, y un dolor de absoluta desesperación y pérdida me impedían respirar. Desperté llorando, con gemidos atascados en mi pecho y con la respiración entrecortada. Me lancé a la ventana y la busqué. La miré largamente mientras mis latidos recuperaban su ritmo normal. Allí estaba, creciente, hermosa, cercana. Como siempre había estado. Como siempre estará. Mi Luna. Mi amada Luna.

Siempre ha estado allí, cubriendo mis noches con su luz y con su oscuridad. Mi eterna compañera de noches en vela aprendiendo, estudiando, leyendo mis libros de magia y guiando mis sueños. Alumbrando mis alegrías y mis esperanzas rotas. Jamás ha perdido su poder sobre mí. Cada vez que la veo es una experiencia nueva. No importa su tamaño, su belleza siempre me sobrecoge. Y si se asoma entre nubes o a través de las ramas de los árboles, su atmósfera penetra tan profundo dentro de mí que tengo que obligarme a arrancar mis ojos de ella.

Sé que es un satélite. Sé que se formó con parte de esta Tierra arrancada por el impacto de un asteroide y que su luz proviene del reflejo del Sol. Lo sé. Pero también es algo más. Mucho más. Además de regular las mareas de los océanos, ser la responsable del ritmo de los giros de la Tierra que crean el discurrir de nuestros días y nuestro tiempo, y hacer salir a los lunáticos con cada fase plena, también es algo que acompaña nuestras vidas. Una presencia eterna y constante que parece responder a nuestros pensamientos. Y en mi caso, una amiga y confidente. Cuantas noches habré llorado contándole mis secretos en la madrugada…

Desde muy niña me fascinaron sus ciclos. Siempre distinta. Siempre la misma. Como yo, y como todas las mujeres. Recuerdo lo misterioso que me parecía su influjo en nosotras y su influencia en la magia, en el resultado de los hechizos. Lo poderosa que me sentí con el primero que creé yo sola, sin ayuda de ningún grimorio, apenas con 10 años. Mi primer hechizo de Luna.

Recuerdo la sensación de conexión cuando empecé a fluir con ella, con 11 años. Tuve la suerte de tener una madre que desde muy niña me explicó todo con la mayor naturalidad del mundo. De dónde venían los niños, qué acto los creaba, que relación tenía la menstruación con ello y me dijo: sangrarás cada 28 días, apúntalo en el calendario. Mira, dura lo mismo que la Luna. Para cuando llegó el día, yo ya llevaba mucho tiempo esperándolo. Por fin mi cuerpo había empezado a bailar su danza sagrada con las mareas lunares.

Siempre fue mi gran maestra, me enseñó (y aún lo hace cada día) el camino que recorre una mujer durante un mes, durante el año que dura un giro de la Rueda y durante toda su vida. Sus cuatro hermosas caras que son las nuestras, la doncella llena de promesas de la luna creciente y la primavera, la madre cargada de frutos de la luna Llena y el verano, la anciana sabia de la luna menguante y el otoño, y la bruja guardiana de los secretos de la luna oscura y el invierno. Siempre a mi lado, tomando mi mano y guiándome por el gran misterio que es ser mujer. No es extraño que en todas las culturas se le haya adorado, honrado y en algunas, hasta temido.

Hace muchos años que bailamos juntas sus mareas y mi ritmo es el de la bruja. Sangro con la Luna Llena y me preparo para crear vida con la Luna Oscura. Y aunque todas las mujeres del mundo bailamos al son de las mismas mareas y cada una tiene su propio ritmo interno, todas caminamos juntas en un ciclo tan íntimo y tan unido a nuestras vidas que ya no sé si las mujeres somos su reflejo o ella el nuestro. Su canto, viejo como el tiempo, clama llamando a nuestra alma, y nuestra sangre, hecha de agua, responde a su llamada antigua. Las brujas somos seres de agua.

Somos seres de Luna.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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9 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Patricia Kearney
    Nov 07, 2014 @ 01:19:35

    creía que era yo………….. siempre sentí MUCHA fascinación por la luna, amo sentarme a su luz en luna llena y tomármela como un chorro de vida y femineidad. Gracias por ponerle palabras a un sentimiento que me acompaño siempre…

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  2. Jorge Fernando Domingo Sánchez
    Nov 07, 2014 @ 09:44:04

    Precioso lo que escribes…

    Responder

  3. Lidia
    Nov 12, 2014 @ 17:56:54

    Es tan bonito y tan cierto lo que dices… pura atracción hacia ella.

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  4. LORE
    Nov 07, 2015 @ 16:49:44

    QUE HERMOSO!!! Y QUE VERDAD,QUE SERIA DE NOSOTROS SIN LA LUNA.

    Responder

  5. Lídice Vidal
    Feb 22, 2016 @ 19:33:56

    ¡Me ha encantado esta entrada, Hyedra! Y el párrafo en que describes las 4 fases es tan claro, que hace simple su comprensión. ¡Feliz luna llena!

    Responder

  6. Di Marino
    Abr 22, 2016 @ 13:39:24

    bellisimas palabras, comparto el sentimiento, abrazo a todas amigas

    Responder

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