El camino de la Bruja. El principio.

Cruce de caminos Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Cruce de caminos
Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

Hace muchos años, cuando mi coven de entonces aún era joven, casi todas las ceremonias las creábamos nosotros. Casi todas estaban escritas por mí, y cuando se acercó el momento de la iniciación de M, decidí escribir algo que explicase al nuevo iniciado el camino que tenía por delante. A qué se comprometía al pasar por un rito de paso como es la iniciación. Y así nació el texto “El camino de la Bruja”.

Tiempo después, concrétamente en 2006, lo subí a internet a uno de los grupos paganos de Yahoo en los que participaba y cuando mi nombre aún se escribía Hiedra en lugar de Hyedra. Y así quedó la cosa durante un tiempo, hasta que empecé a encontrármelo por la red. A veces lo publicaban con mi nombre como autora. A veces sin autor. Otras bajo el nombre de otra persona.

Con la llegada de Facebook se extendió como la pólvora, y aunque en un principio dudé, reclamé su autoría.  Ese escrito es mi principio, es el detonante de que por fin me decidiera a comenzar un nuevo blog en el que darme a conocer a mí, a mis escritos, a mis sentimientos y experiencias. Muchas ya lo habréis leído sin saber que es mío. Otras sí lo sabéis. Alguna incluso estaba delante cuando lo escribí. Pero otras muchas de las que ahora me seguís seguramente no lo conozcáis. Os lo presento. Es mi origen como escritora. Es la semilla de todo lo que vino después.

“El camino de la Bruja” es la historia de mi camino, y reitero aquí y ahora que es mío. Lo escribí yo. Y para que quede constancia y quede ligado a mi nombre, tenía que incluirlo en este blog nacido a su sombra. He leído en la red un montón de interpretaciones, pero su fin es simple, ser leído durante la iniciación de un neofito para recordarle lo que somos y el camino que tiene por delante, y con ello honrar y recordar a todas las que, en épocas mucho más difíciles, se comprometieron con este camino aún a riesgo de su propia vida. Es, sobre todo, un homenaje a ellas.

Aquí lo tenéis.

“EL CAMINO DE LA BRUJA

Ser bruja no es sencillo, nunca lo ha sido. Antiguamente fuimos perseguidos, torturados, ahorcados, quemados. Aniquilados.Éramos temidos, despreciados y convertidos en parias.

Los tiempos cambian, pero los antiguos estereotipos siguen vigentes en la mente del Hombre. La palabra bruja aún es considerada un insulto, pero nosotras reclamamos ese título como sinónimo de sabiduría, comprensión, poder y amor, ya que estos son los atributos reales de una verdadera bruja. Una buena bruja.
La bruja, la verdadera bruja, lleva la magia en su interior, la siente en la brisa de la mañana, en la música del viento acariciando los árboles, en la canción de la lluvia al caer. Y también en cada latido de su corazón, en la risa de los niños y en la mirada sincera de los amantes. Sabe que esa energía que rodea todo, se encuentra en todas partes, desde la más humilde hormiga hasta en la más recóndita neurona del cerebro humano. Y tiene su máximo poder en la sabiduría antigua de los ancianos y el cálido latir del corazón de la Madre Tierra. Y sobre todo en la mente de la bruja, capaz de canalizar y dirigir esa energía, esa magia, y producir cambios, a veces minúsculos, a veces asombrosos, en el mundo que la rodea.

Ser bruja no es sencillo, requiere esfuerzo, trabajo, sacrificios y muchísima autocrítica, pero, como todo lo que resulta arduo de conseguir, es hermoso y trae consigo recompensas.
Cada día es un paso más hacia una meta que nunca llegará, porque la meta es el camino en sí. El camino de la bruja.
El camino de todas las hermanas que vinieron antes de nosotras y todas las que vendrán después.

Nosotras, en un tiempo que no es tiempo
En un sitio que no es un sitio
En un día que no es un día
En el umbral entre los mundos,
Ante el velo de los misterios,
Honramos el recuerdo de las que fueron y celebramos nuevos nacimientos. Lo que demuestra que el Arte aún vive y resurge con fuerza en nuestros tiempos.
Bendito Sea.”

Autora: Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Primera Bruja

Arte de Stuart Littlejohn

Arte de Stuart Littlejohn, imagen compartida de la página de facebook “Brujas: mujeres de poder, magia y conocimiento ancestral”

Cuentan nuestras leyendas que las brujas hemos existido siempre. Desde la primera mujer que miró la luna y descubrió en ella a una compañera en su camino de sangre, comprobando cómo se llenaba y se vaciaba con ella. Desde que observó el mundo que le rodeaba y se vio reflejada en el cambio de las estaciones. Desde que vio pasar ante sí no sólo los estados que atravesaba cada mes durante los cambios hormonales y que la convertían en cuatro aspectos de sí misma, sino  también un reflejo de su propia vida en los cambios de la naturaleza: las promesas y vitalidad de su juventud en la primavera. La plenitud y fertilidad del cálido verano en su propio vientre hinchado por la preñez. La calma llena de frutos que llega con el otoño en la edad madura.  Y la sabiduría e introspección del silencio del invierno en la comprensión que llegaba en su propia vejez.

Desde que se supo parte de un ciclo mucho mayor que ella misma, conectada con todo lo que la rodeaba, parte importante de un gran misterio del que era centro y observadora. Desde que decidió que viviría para descubrir ese misterio y en el proceso descubrió muchos de los secretos de la tierra. Secretos que otros llamaron magia.

Descubrió que todo lo que la rodeaba tenía un alma. Una vibración que conectaba con la suya. Y cada vibración le hablaba de propiedades especiales. Cada planta vibraba de una manera y experimentando descubrió que algunas curaban y que otras mataban, y algunas hacían las dos cosas según cómo se usaran. Y con ellas descubrió que la Vida y la Muerte son solo las dos caras de una misma cosa. Descubrió plantas y hongos que le hacían viajar hasta el otro lado del velo que separa ambas y que, si no las usaba en su justa medida, ese viaje podría no tener retorno. Descubrió que las piedras que cubrían el suelo de su mundo le hablaban con poderes de sanación. Descubrió el poder transformador del fuego, física y emocionalmente. Descubrió que si escuchaba, el viento le contaba historias que ella había sabido siempre, y sólo tenía que recordar. Descubrió que sus sueños eran más que imágenes sin sentido que morían cuando ella despertaba. Descubrió que había un “algo” vivo detrás de cada cosa, un latido que partía desde lo más profundo de la tierra y que sentía en la planta de sus pies desnudos en cada paso. Descubrió que podía sentir ese mismo “algo” en las gotas de lluvia que dejaba deslizar por su cuerpo, en el rumor del agua de ríos y océanos, en la brisa y el viento que le acariciaban como un amante, en los truenos y los rayos, en el calor del sol y el frío de la noche. Aprendió que ese “algo” estaba presente en el cálido día pero también mostraba un camino hacia el interior de si misma en la oscuridad de la noche.  Comprendió que ese “algo” era el espíritu que animaba el mundo que le rodeaba, que le proporcionaba alimento, cobijo, su vida… Y a ese “algo” le puso nombre. La llamó “Madre”.

Se convirtió en su Hija, en su mensajera entre la Humanidad y Ella. En la mujer sabia de la tribu que curaba. Que traía a los valiosos niños al mundo  ayudando así a perpetuar una especie frágil. Que viajaba al mundo de los espíritus y traía mensajes de los que habían partido hace tiempo. En consejera y amiga. En guía y confidente.

Y cuando se supo preparada empezó a enseñar a otras a recordar quiénes eran. Porque cuentan nuestras leyendas que las brujas somos distintas, un grupo de almas con una misión especial. Y que la que es bruja en una de sus vidas lo ha sido siempre, en todas las anteriores y lo será en las que vengan después.  Que ya venimos con todos los conocimientos escondidos dentro de nosotras, como un tesoro, y que sólo tenemos que recordar cómo llegar hasta él.

Cuentan nuestras leyendas que llegó un tiempo de miedo y odio, y la palabra bruja perdió su significado y fue cambiado por otro inmundo, sucio, falso. Y la Humanidad intentó acabar con nosotras ahorcando y quemando a muchas mujeres sabias, rebeldes, independientes, con voz propia que los Hombres deseaban acallar. Muchas brujas murieron.  Muchísimas más que no lo eran también.

Y nos escondimos. Pero nunca olvidamos.

Y cuando los tiempos del odio se calmaron en algunos lugares del mundo, regresamos, vida tras vida. Y en nuestros sueños recordamos. En muchos de ellos me veo caminando de noche por un sendero que atraviesa un bosque antiguo, denso y oscuro. Voy en una fila portando una bandeja de ofrendas, agua, flores, frutos… Delante de mí otra mujer lleva una antorcha encendida mostrando el camino, detrás otras llevando cada una sus respectivas ofrendas. Llegamos hasta un círculo de piedras, y cada una sabe hacia cual dirigirse y depositar su carga frente a ella. Después nos acercamos al centro, donde hay un altar en el que reposa una flor marchita que una de nosotras reemplaza por otra fresca. Miramos al cielo y la vemos, la Luna. Llena, grande, dirigiendo su mirada triste hacia nosotras. Elevamos los brazos llamándola. Reclamando su presencia entre nosotras. Dentro de nosotras.  Un cántico surge de nuestras gargantas mientras el ritmo de la tierra penetra por nuestros pies y comenzamos a danzar… Sabemos que lo que hacemos está prohibido, nosotras estamos prohibidas, pero celebramos la Luna como han hecho antes nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras antepasadas que cada mes vinieron a honrarla a Ella y a sí mismas entre estas piedras.

Cuando despierto en mi cama de este siglo XXI sonrío al recordar quién soy. Sonrío al saber que no pudieron acabar con nosotras.

Cuentan nuestras leyendas que la Primera Bruja vive en cada una de nosotras que vinimos después.  Que continuamos viniendo vida tras vida.

Cuentan nuestras leyendas, que todas las brujas somos Una.

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

El mundo real

La roca es real, y lo que nos hace sentir al mirarla también, aunque no se pueda tocar ni medir

La roca es real, y lo que nos hace sentir al mirarla también, aunque no se pueda tocar ni medir

Ayer estuve en el Madrid Goddess Temple celebrando el Día mundial de la Diosa. Y entre invocaciones, recuerdos de antiguos ritos, bailes y cánticos, me pregunté: ¿Ésto no es real? Porque, como a muchas de vosotras también os habrá pasado, muchas veces gente de mi entorno, cuando se enteran de quién  soy y lo que hago, me dicen: Ya, pero en el mundo real no puedes hacer eso. O, en el mundo real no se puede ser como tú. O en el mundo real no puedes ir así por la vida. O, en el mundo real las cosas no son así… Y la mejor: si vivieras en el mundo real…

El mundo real…

¿Cuál es el mundo real?

Yo me levanto por las mañanas temprano, desayuno, voy a trabajar, como, sigo trabajando, ceno y me acuesto. Tengo a mi pareja, a amigos, a mi familia fuera del ambiente pagano. También hago mis meditaciones, estudio, hago mis guardias de las llamas de Brigit y Avalon cuando me toca. Mantengo mi altar. Sigo las mareas lunares. Hago mis hechizos. Voy a las reuniones con mis brujas, soy Melissa en el Templo… Y escribo. Escribo sobre mí, sobre mi mundo, mis sentimientos, mis pensamientos y sobre la Diosa y todo lo que representa.

Pero para la mayoría de la gente sólo la primera parte de mi vida es real. Todo lo demás, toda la parte mística de mi vida, toda la magia, todo mi mundo interior… no es real.

Antes me enfadaba cuando me lo decían. Ahora sólo sonrío. Para mí, la parte que ellos no entienden como verdadera, como útil de mi vida, es la que de verdad siento como real. Es esa parte en la que por fin puedo mostrarme entera. Son los momentos en los que estoy completa. Son esos momentos en los que toda mi vida confluye. Siento el calor de las llamas del caldero, percibo el aroma del incienso, me mecen las risas y cantos de las otras brujas, me acaricia el tacto del suelo bajo mis pies descalzos, el roce de mi pelo en mis brazos cuando giro, vibro con la energía que me recorre entera y hace que mi piel arda. Respiro, veo, siento, huelo, y escucho todo de manera bastante real. Tan real como mis horas de oficina, de labores domésticas, o mis encuentros con personas no paganas. Incluso más, porque durante muchas de esas horas mi mente escapa y recuerda los momentos mágicos.

¿Os habéis fijado que siempre que hablan del “mundo real” es un mundo en el que todo es difícil, competitivo y ocurren cosas malas? Donde nadie se sale de la norma. Donde todo lo que no se considera “normal” se ignora o se desprecia. Se refieren al mundo en el que sólo importa el dinero, el trabajo, lo que tienes, lo que vales, ser mejor que los demás. Donde todo es un castigo o una competición. Un mundo en el que el trabajo la mayoría de las veces no gusta, ni realiza, ni aporta un sueldo suficiente para cubrir las necesidades básicas. Donde la recompensa a un duro día en ese trabajo son unas horas frente a un televisor. O gastar un tiempo y un dinero que no tienes en maneras de olvidar la rutina y la desesperación diarias.

Esta gente, pesimista por naturaleza, o vacios, sin nada que colme sus vidas y sin ganas de buscarlo, se siente ofendida cuando algunos tenemos algo más. Cuando nos atrevemos a ser diferentes. Cuando nos atrevemos a ser felices y a celebrar la vida en lugar de gastarla.

Y nosotros tenemos problemas económicos como los demás, tenemos problemas laborales, sentimentales o personales como los demás, pero no lo encaramos como los demás. No dejamos que nos hundan o se conviertan en el centro de nuestra vida. Tenemos algo más, la parte que nos salva, lo que nos centra, lo que nos permite soportar todo eso y pensar que siempre hay malas rachas y que todo mejorará.  Tenemos esperanza, y eso es lo que ellos no tienen. Por eso les molesta y nos miran con suficiencia y nos dicen: eso no sirve en el mundo real.

El único que importa para ellos. El suyo.

Las brujas decimos que caminamos entre los mundos y nos referimos a que vivimos entre éste mundo físico y el otro espiritual que existe y nos espera tras el velo. Pero también,  a que caminamos entre el mundo en el que vive la mayoría de la gente y el nuestro. El que creamos cada día entre todas. El Real. Y no es otro ni distinto. Es el mismo. Lo que nos diferencia es el modo en que hemos elegido vivirlo. Porque las brujas sabemos que somos nosotras con nuestras decisiones y nuestras acciones las que creamos nuestro mundo.

Cada persona vive, siente, sueña, ama y transita por su propio mundo.  Y para cada una de ellas ese mundo es el real. Para mí, mi mundo es el único real porque es el único en el que yo vivo. Y como siempre dicen, hay otros mundos, pero  están en éste.

Y tú, ¿vives en el mundo real?

Hyedra de Trivia

Eva López Moreno

 

Un poco de magia

Naturaleza mágica

Naturaleza mágica

(Por causas personales no he podido actualizar el blog tanto como me gustaría, pero mientras todo vuelve a la normalidad, recupero un antiguo texto publicado originalmente en el blog Liebanizate. Sé que muchas de vosotras no lo habéis leído, así que lo comparto para todas aquellas lectoras nuevas y para las antiguas que quieran volver a recordarlo)

Llego tarde al Sabat. Lo reconozco, soy una bruja impuntual, y cuando llego mis compañeros ya me están esperando. Afortunadamente ésta vez podemos celebrar el ritual al aire libre, junto a un río, en un pequeño claro del bosque.

La oscuridad es total, justo como debe ser, ya que hoy vamos a celebrar un ceremonia de destierro. Es Luna Oscura, el momento anterior a la Luna nueva y el bosque es un conjunto de sombras, pero no tengo miedo. ¿Cómo voy a tenerlo? Es a mí y a otras como yo a quienes se ha temido siempre. Somos nosotras quienes habitamos la oscuridad del bosque. Somos las brujas quienes conocemos los secretos de la Oscuridad. En realidad nunca hubo nada que temer, fueron la ignorancia y los prejuicios los que convirtieron el bosque, la noche y la oscuridad en algo maligno, algo poblado por monstruos, peligros y brujas. Las brujas no son peligrosas, nunca he visto monstruos, y el único miedo que he sentido en los bosques, ha venido de la mano de otras personas.

Antes de comenzar a prepararlo todo cierro los ojos y respiro. Huele a tierra húmeda, a brotes frescos, al perfume de flores nocturnas. El aroma de la noche me envuelve y penetra en mí, me trae el recuerdo de otros bosques, otros ríos, otras magias… fundiéndose con los de esta noche.  Respiro y escucho, oigo el fluir del agua del río, algunos sonidos de ramas mecidas por el viento y pisadas de algún animal nocturno.  Respiro y me siento parte de todo ello. Un habitante más del bosque formando parte de un conjunto natural e indisoluble.

Ahora abro los ojos y elevo la mirada volviendo mi atención hacia arriba. Hacia el cielo cuajado de estrellas, sin luna, hermoso y familiar. Lo he mirado tantas veces… Y recuerdo el lugar que ocupa la Tierra en éste cielo. Tan sólo uno más de los incontables planetas, estrellas y demás objetos cósmicos. Algo tan pequeño… tan perdido en la inmensidad… Pero tan importante a la vez…. Porque nosotros, los seres humanos, vivimos en él. Nosotros estamos aquí. Todas y cada una de las personas que pueblan el globo. Tan pequeñas y perdidas entre millones, tan importantes y únicas sólo por existir…

Mi atención vuelve al bosque, aún conectada a la Tierra bajo mis pies, y al universo sobre mi cabeza. Estoy centrada, entre la tierra y el cosmos. Uniéndolos en mí. Compuesta por los mismos elementos que la tierra y el cielo, parte de ello, pero única como ser.

Es momento de comenzar. Entre todos creamos un altar sobre la tierra y lo cubrimos con velas que darán luz y vida a nuestros propósitos, incienso que elevará nuestras peticiones y nos traerá el recuerdo de otras épocas y lugares, el pentáculo que simboliza el ciclo sin principio ni fin, los cincos elementos que lo componen todo y  otras herramientas de brujas de las que ya os hablaré mas adelante.

Cuando todo está en su lugar, uno de nosotros comienza el ritual creando un círculo alrededor.  Yo me vuelvo hacia el Oeste. Como casi siempre, me toca invocar al elemento agua. Para ello imagino un lago tranquilo y sereno bajo cuya superficie duermen secretos, emociones ocultas, sentimientos negados… a continuación una playa a la que llegan calladas olas que recogen lo que deposito en la orilla y se lo llevan, dejándola limpia y nueva. Visualizo ríos que lavan las riveras, glaciares antiguos y pozas de aguas termales, cálidas y sulfurosas.  Invoco al agua para que ésta noche seamos capaces de bucear en nuestras emociones más profundas e identificar cuales son las que nos perjudican, qué barreras mentales nos ponemos a nosotros mismos y nos impiden avanzar. Qué lastres arrastramos y nos mantienen estáticos, tristes, incapaces de vivir hacia adelante.

Una vez mis compañeros han invocado al Este-Aire, Sur-Fuego y Norte-Tierra,  invocamos a la Diosa, ésta vez en su aspecto oscuro, Bruja Sabia que ésta noche nos ayudará a limpiar de nuestra vida todo lo que ya no necesitamos, lo que nos hiere o bloquea el camino. Nos enseñará a dejar ir todo aquello que nos perjudica pero a lo que nos aferramos desesperadamente. Nos enseñará a dejar marchar, a hacer espacio para todo lo que debe venir. También invocamos al Dios, Señor salvaje de la Naturaleza, para que nos ayude con su fuerza y su empuje. Porque dejar marchar cosas, pensamientos, acciones, personas… a veces requiere mucha fuerza y voluntad.

Los invocamos para despertarlos en nuestro interior, ya que nuestros Dioses no habitan un espacio lejano desde el cual nos observan. No. Los Dioses de las brujas viven en nuestro interior, en la Tierra, en el Universo. Ellos mismos son creación y creadores. Y cada ser humano posee una chispa divina. Cada uno de nosotros lleva parte de su espíritu en nuestro interior. Por eso en los rituales nos conectamos con todo y nos volvemos hacia nosotros mismos para honrar a nuestros Dioses.

El fuego arde dentro de un gran caldero en el centro del círculo y  giramos a su alrededor mientras uno de nosotros crea un ritmo constante con el tambor. Miramos las llamas, purificadoras y vivas, que convertirán en ceniza que se llevará el viento todo lo que nos atormenta. Cada uno lleva en las manos una cestita llena de papeles doblados, en los que hemos escrito lo que queremos desterrar. Miedos, inseguridad, dependencia emocional, culpabilidad, pesimismo, pobreza, furia, ira… Según giramos vamos arrojando los papeles al fuego mientras pronunciamos en voz alta el nombre de aquello de lo que nos estamos liberando. Al nombrarlo lo hacemos real, lo reconocemos y nos hacemos conscientes de ello. También lo compartimos con los demás. Lo vemos arder sintiendo cómo nos abandona, visualizando como es nuestra vida sin ello y nos comprometemos a actuar en consecuencia evitando que vuelva. Hay objetivos de todo tipo: dejar de fumar, tener fuerza para alejar a una persona perjudicial, vencer la desesperación de no encontrar un trabajo, dejar de pensar que todo saldrá mal…

Cada vez giramos más y más rápido y cada uno grita sus palabras más alto, quemamos ruda, romero, angélica y otras hierbas que dan fuerza a nuestros propósitos arrojando puñados que las llamas engullen. Y giramos, hasta que en un momento dado el tambor calla, nosotros callamos y dejamos de girar agotados. Hemos entregado a las llamas regenerativas del caldero lo que nos bloquea y ahora agotados y vacíos compartimos comida, bebida, palabras y confesiones.

Muchas veces bromeamos diciendo que, en realidad, los rituales y ceremonias son sólo la excusa para la comida de después, porque a las brujas les gustan los banquetes. Mucho. Cada una lleva algo preparado por ella misma (cuando el tiempo y la economía lo permite), y son alimentos de temporada, naturales, para recordar que la Madre Tierra nos nutre. Mientras comemos compartimos nuestra vida; qué sentimos, cómo nos van las cosas, cuales son nuestros miedos y esperanzas. Creamos unos lazos de confianza y compañerismo muy intensos. A veces lloramos, y nunca oiréis a una bruja decir: no llores… Al contrario, una bruja te dirá: Venga, llora. Porque las lágrimas limpian y curan. Las de alegría, las de tristeza, las de emoción… todas te sanan por dentro.

Cuando terminamos y recogemos, regresamos a casa. A nuestras vidas cotidianas en las que somos estudiantes, bailarines, maestros, abogados, empresarios, teleoperadores, pasteleros, madres, padres, hijos, parejas… Personas reales que caminamos y vivimos a vuestro alrededor, más cerca de lo que pensáis. Pero regresamos a casa sabiendo que trabajamos para ser personas mejores y para tener vidas mejores.

De camino a casa miro al cielo, oscuro hoy. Pero mañana la Luna será nueva, veremos apenas una pequeña parte de ella, pero será un nuevo comienzo. Las mareas lunares traerán un tiempo de inicios, de llegadas, de cosas que empiezan. Porque vivimos en un ciclo eterno, la Rueda nunca deja de girar y se que he elegido vivir mi vida con optimismo. Al ser consciente de lo que me perjudica tomo fuerzas para cambiarlo y continuar hacia adelante. Esa es la verdadera magia. Ese es el secreto de las brujas, encontrar la fuerza  dentro de ti para cambiar tu vida.

Porque la magia nunca ha estado en otro sitio.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Contacto

hyedra.deduir@yahoo.es
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