Creer o no creer

Buscando la luz Fotógrafo: Jorge Domingo http://rasoner.wordpress.com/

Shadow
Fotógrafo: Jorge Domingo
http://rasoner.wordpress.com/

En esta entrada voy a ser brutalmente sincera y no solo con vosotros, conmigo misma también. Voy a confesar algo que pocas veces he dicho en voz alta y que no me gusta reconocer en mi interior. Pero admitirlo forma parte de mi trabajo personal y considero esto un ejercicio de honestidad.

Me gustaría poder decir que tengo una fe inquebrantable. Que pase lo que pase en mi vida nada puede hacerme dudar de mis creencias. Pero no es así. Dudo, a veces mucho. En ocasiones en mi vida me he planteado si todo tiene sentido, si merece la pena. Me planteo mil cuestiones ¿Realmente existe algo más? Todo lo que experimento en rituales, cuando hago hechizos, en las ceremonias… ¿es real? ¿O es sugestión? ¿Lo crea mi mente?

Aunque sea una bruja y una sacerdotisa pagana, siento una gran pasión por la ciencia, sobre todo por la física teórica y cuestiones relativas al universo, al tiempo, a las teorías científicas que intentan explicar lo que nos rodea. Tanto lo que vemos como lo que no.  Creo que una cosa no excluye la otra. Y aunque se que soy una mujer muy inteligente, no tengo el tipo de inteligencia necesaria para haber dedicado mi carrera a estos temas, por lo que me conformo con ser una aficionada amateur.

Dentro de mis ciclos como mujer, en algunos momentos me lo cuestiono todo y trato de explicarlo todo por medio de la ciencia. A veces dudo de la existencia de la Diosa. A veces dudo de la existencia de la magia. A veces dudo de que algo en mí vaya a pervivir tras mi muerte. A veces pienso que nada tiene sentido y que todo lo creo yo para convertir mi vida en algo más que un devenir de días sin sentido.

Pero también es cierto que es en esos momentos, cuando estoy a punto de arrojar la toalla y abandonarlo todo, cuando recibo las señales más impactantes y los regalos más maravillosos de la Diosa, el Universo, la Vida o lo que quiera que exista. Señales que yo no provoco y que vienen del exterior. A veces muy sutiles, otras veces verdaderas bofetadas que me abren los ojos.  Y también es cierto que últimamente la ciencia parece estar demostrando cosas que las brujas llevamos proclamando desde siempre.

Hace poco estaba en uno de estos momentos en los que me sentía atrapada, no veía salida. Estaba a punto de renunciar a algo muy importante porque parecía que todo se ponía en contra. Pero de repente me llegó una noticia que lo cambió todo. Algo que dentro de poco me cambiará la vida y a mí misma y que tiene relación con mi formación en el camino de la Diosa. En estos momentos tengo fe, Ella no me permite alejarme. Cuando más sumida estaba en la oscuridad, cuando más tinieblas veía a mi alrededor, más grande ha sido la antorcha que ha prendido para mostrarme el camino.

Sé que volveré a tener momentos de dudas, pero esos momentos son los que me hacen seguir buscando, investigando, profundizando en mí y en mis creencias. Y sé que en cada uno de esos momentos algo me hará volver a creer. Cuando sienta en mí la magia que esconde un amanecer. Cuando escuche el idioma de los bosques. Cuando baile junto con otras brujas alrededor del fuego sagrado. Cada vez que uno de mis hechizos tome forma. Cada vez que mi trabajo personal me haga mejorar. Cada vez que descubra una nueva faceta de mi misma y la acepte y la ame, me guste o no. Cada vez que cierre los ojos y la sienta a Ella en mí. Y con Ella, a todos los seres vivos que pueblan este planeta y que forman parte de mí.

Y se que, de todos los caminos posibles, pertenezco a uno de los mejores. A uno que enseña que el respeto, la sinceridad y el amor son el único camino para evolucionar. Que no busquemos  Dioses o gurús fuera de nosotros porque todo lo llevamos dentro y que si quiero encontrarme con la Diosa sólo tengo que buscarla dentro de mí. Que trabajamos para ser mejores personas no por recompensas, ni por karma, ni por la futura promesa de un cielo o por miedo a un castigo eterno en un infierno improbable. Lo hacemos por nosotros mismos.  Yo lo hago por mi misma.

Un camino que, dude o no, exista o no, merece la pena seguir.

A día de hoy creo. Y aunque sé que volveré a dudar y a cuestionarme todo, también sé que Ella sabrá cómo recordarme que está ahí, que siempre está ahí. Que soy una de sus hijas y que no dejará que me aleje de su camino. Hasta el día que cruce el Velo y por fin descubra la verdad.

Hasta ese día continuaré caminando bajo su luz.

 

(A la memoria de Morning Glory Zell y Margot Adler entre otras. Ancianas de nuestra tradición que han traspasado el Velo y ahora ya conocen la verdad. Grandes brujas, grandes sabias, grandes líderes y sobre todo grandes mujeres. Que pueda encontrarlas en otra vida.

Benditas sean)

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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Querida hija (aún) no nacida

Autor de la imagen desconocido

Autor de la imagen desconocido

No sé si tendré hijos, no sé si me dará tiempo. Pero  últimamente y por los momentos personales que estoy atravesando, pienso más a menudo en ello y en la clase de madre que sería y la clase de madre que me gustaría ser. A veces hablo con mi hija no nacida en mi mente. A veces le escribo mentalmente cartas como esta…

“Querida hija

Dudo  antes de traerte a este mundo. Adoro tanto la vida que saber que un día terminará supone un sufrimiento para mí, por eso no quiero crear a una persona que tendrá que enfrentarse al hecho de que algún día tendrá que morir. Pero si en algún momento llegas a estar aquí… Tal vez sea para que ames la vida tanto como yo. Para que puedas tener momentos perfectos, de total felicidad en los que todo tiene sentido y pienses: merece la pena. Tal vez porque en el fondo soy egoísta y quiero perdurar de alguna manera… aunque sea mi ADN. O en el recuerdo de alguien que sepa que existí cuando yo ya no esté…

Pero si llegas a nacer, sé exactamente lo que te diría. Sería algo así: cada vez que miro tu cara me pregunto quién serás. Qué clase de mujer llegarás a ser. En qué clase de persona te convertirás. Por mi parte haré lo posible porque seas libre. Has nacido de una bruja. De una mujer que siempre supo cual era su lugar en el mundo y que hará lo posible para que tú puedas buscar con total libertad el tuyo.  He recorrido el camino de las que siguen a la Diosa dentro de sí mismas y sé la maravilla que se esconde en el corazón de una mujer cuando se permite a sí misma serlo. Por eso, siempre respetaré tus decisiones. Intentaré no imponerte nunca mis ideas. Te ayudaré a encontrarte a ti misma en tu camino, no en el mío.

Sé que soy tu madre, pero nunca tu dueña. De persona a persona, respetaré tu vida por muy diferente que sea de la mía. Ya que yo tomé la decisión de dártela, dejaré que seas tú quien decida como vivirla. Sé que habrá momentos en los que estaremos más unidas que otros, pero en todos te querré. Te enseñaré desde niña a no dudar nunca, jamás, de mi amor ni del amor de quienes te rodean. Te enseñaré a quererte desde el principio, para que nadie nunca pueda  hacerte pensar que no mereces ser amada. Te enseñaré a rodearte de personas fuertes, con una autoestima sana, que nunca intenten destruir la tuya para sentirse superiores cuando lo consigan. Te enseñaré a defenderte cuando sientas que intentan infravalorarte. Te haré crecer sabiendo que nadie es más que tú, pero tampoco menos.

No podré protegerte siempre. No podré evitar que durante el transcurso de tu vida te mientan, te traicionen, te rompan el corazón… pero espero poder enseñarte a ser fuerte para superarlo, y a ser valiente para intentarlo de nuevo. Espero poder enseñarte a ser una mujer íntegra y comprender que aunque los demás se porten mal contigo, tú debes seguir siendo honesta y sincera. Nunca pagues daño con daño, porque serás tú quien más pierda con ello. Aléjate de quienes te hieran, déjalos ir en paz y nunca tendrás que arrepentirte de nada. Ni culparte de nada. Te enseñaré a pedir perdón cuando hieras a alguien y a perdonar cuando te hagan daño. Te enseñaré a hacer valer tu lugar en el mundo, un lugar merecido desde el mismo momento en que el que llegues a él. Te enseñaré a no agachar la cabeza ante nadie. Te enseñaré a defender tus ideas cuando tengas razón y a reconocerlo con humildad cuando no la tengas.

Te prometo intentar darte una niñez feliz, que asiente los cimientos de la adulta que serás algún día. Intentaré que crezcas sin amenazas ni chantajes.  Intentaré escucharte sin juzgar e intentaré no enfadarme ni frustrarme cuando piense que te estás equivocando. Intentaré decirte siempre la verdad y ser objetiva contigo. Te corregiré cuando te portes mal y te elogiaré cuando te portes bien.

No habrá creencias en castigos por ser mujer. Por ser feliz. Por ser libre. No habrá fuego eterno ni condenación para ti. No habrá pecado original. Por el contrario, te ofreceré la Tierra. Vivirás las estaciones conscientemente. Aprenderás a reconocer sus ciclos en ti. Te enseñaré el viaje de la Luna y celebraré contigo el día en que tu cuerpo empiece a fluir con sus mareas. Te enseñaré a celebrar la vida, no a temerla ni a sufrirla. Este viejo planeta no es un valle de lágrimas, sino una celebración continua. Te mostraré que la vida es lo que tú decidas que sea, dentro de las experiencias que te toque vivir. Te enseñaré a bailar con el mar y a entender el lenguaje del viento en los árboles. Te enseñaré que eres hija de la Tierra, no su dueña. Te enseñaré que no existe el pecado. Te enseñaré los caminos de la magia y de las brujas si así lo deseas, te enseñaré a vivir entre los mundos disfrutando de lo mejor de ambos si así lo decides. Te enseñaré a defender tu condición de mujer y defender a otras que lo necesiten. Y cuando elijas tus propias creencias, o no tenerlas, respetaré tu decisión. Y si decides explorar otras religiones, otros caminos espirituales, te facilitaré el camino. Porque será el tuyo, no el mío.

Te he prometido intentar todo esto porque no puedo prometerte  hacerlo. No voy a mentirte, y sé que la verdad es que no soy perfecta. A veces me equivocaré. A veces no sabré qué es lo mejor para ti. A veces estaré perdida y dudaré sobre cómo actuar… Pero siempre intentaré ser una buena madre. Siempre te diré la verdad porque quiero que tengas a alguien en quien puedas confiar plenamente, y ese alguien quiero ser yo. Y quiero que siempre confíes en que te querré seas como seas. Así, libre, única, tuya… no mía.

Querida hija (aún) no nacida. Si algún día llegas a esta vida, espero que sea larga. Espero que sea libre. Espero que sea feliz. Espero que a pesar de saber que un día terminará, tengas momentos de felicidad inmensa y pienses:

merece la pena.”

Y si tengo un hijo…

Bueno…

Esa es otra carta.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Mujer contra mujer

Autor desconocido

Autor desconocido

La discusión más intensa que he tenido sobre machismo fue con otra mujer. Tal vez no tuvo lugar en el entorno más idóneo, ya que ocurrió en un bar de noche y después de unas cervezas, pero en estas situaciones es donde más se implica uno y donde más verdades salen a la luz, porque nos pillan con la guardia baja.

Y el resultado fue que aquella conversación me aterró. Porque ella, una mujer joven de veintimuchos, con un buen puesto laboral, con educación, cultura y bastante experiencia en la vida sostenía contra viento y marea que el machismo ya no existía. Que ella jamás se había encontrado con ningún hombre machista, ni en su entorno familiar, ni en el académico, ni laboral, ni en su círculo de amistades. Sentí pánico. Sobre todo cuando al explicarle que yo veía machismo cada día y en todos los ámbitos de mi vida, prácticamente me dijo que el problema le tenía yo, porque, o bien veía actitudes machistas donde no las había, o bien era que mi entorno era marginal y uno de los pocos reductos donde quedaba cierto machismo residual.

En la lucha contra el machismo estoy acostumbrada a enfrentarme a otras mujeres. En mi propia familia sin ir más lejos. Sobre todo mujeres mayores que perpetúan las tradiciones y enseñanzas que recibieron ellas. Muchas están convencidas de verdad de ese orden patriarcal, otras (y es una lástima) parece que rechazan para las demás  lo que ellas no pudieron tener, como si les hiciera daño que otras disfruten una libertad que a ellas les fue negada.  Mi propia educación fue un tanto confusa, porque si bien me decían constantemente que podría ser cualquier cosa que yo quisiera cuando creciera y que podía estudiar cualquier cosa que yo eligiera y que tenía libertad para decidir por mí misma, también veía como mi hermano, menor que yo, tenía más derechos y menos obligaciones que yo. Su horario y libertad eran mayores y sus obligaciones en casa eran menores. A él no le pedían que ayudara a limpiar o poner la mesa, ni se esperaba que hiciese su cama cada mañana. Y eso era machismo puro y duro.  Y me rebelé.  Me sigo rebelando desde entonces.

Pero a lo que no estaba acostumbrada era a que otra mujer me dijese que ya no existía el machismo. No sé si era una ingenua que no veía realmente el mundo a su alrededor o una privilegiada que por alguna maniobra milagrosa del destino había quedado libre de esta lacra, pero cualquiera de las dos opciones que fuera, resultaba una mujer peligrosa. Mucho. Y por eso me aterró aquella discusión. Si hubiera muchas mujeres como ella, que no veían lo evidente, significaría que se dejaría de luchar para erradicar uno de los comportamientos más dañinos del ser humano. Si no sabemos verlo, no sabemos contra qué tenemos que luchar.

Actualmente el machismo esta muy vivo, no sólo en países menos desarrollados o bajo religiones fuertemente patriarcales y restrictivas, también aquí en Europa y en España. Y además se está produciendo un resurgir entre los más jóvenes. Esto sólo ya de por sí debería activar las alarmas para atajarlo desde ya, pero no es solo esto. Al machismo diario y a cara descubierta que todos conocemos se le une una amenaza mayor y que no es tan fácil de percibir y por ello, no es fácil de confrontar. Los micromachismos, pequeños actos cotidianos que se producen en casa, con la familia y sobre todo en pareja, que todos, incluidas nosotras, tendemos a considerar normales porque no les prestamos demasiada atención, pero que esconden una actitud de menosprecio, desvalorización o indiferencia hacia la mujer.  Por eso, si estás ante una situación en la que te sientes intimidada, desvalorizada, sutilmente “persuadida” a hacer algo que no quieres, o a cargar con responsabilidades de otros porque “tú estás más acostumbrada” o “a ti se te da mejor”, o “déjalo,  que luego lo hago yo” cuando sabemos que no se hará… no lo dudes, es machismo.

Es difícil enfrentarse contra milenios de tradición y más cuando la otra mitad de la Humanidad no cede fácilmente porque no quiere perder unos privilegios que no merece, porque además de no respetar el precepto básico de que todos, mujeres y hombres, somos iguales en derechos y obligaciones (somos ante todo personas)  son privilegios que han adquirido valiéndose de  fuerza bruta para adquirirlos y violencia psicológica y emocional para conservarlos. Es muy difícil, si. Pero más difícil aún si además tenemos que luchar contra nosotras mismas, contra mujeres como nosotras que o bien admiten y perpetúan el machismo, o que, más peligroso aún, directamente lo niegan.

Esta es una lucha de todas, unidas, no contra los hombres si no contra una actitud. Contra un sistema desequilibrado que perjudica a la mitad de la población mundial. Solo podemos crear un nuevo sistema igualitario si empezamos desde dentro de nuestra mitad trabajando juntas y no enfrentadas. Y una vez unidas entre nosotras, podremos luchar con ellos a nuestro lado, porque hay muchos hombres que están reivindicando un nuevo tipo de masculinidad. A nuestro lado y no en contra.

Quiero poder elegir por mi misma. Quiero que mis ideas se valoren igual que las de un hombre. Quiero poder salir a pasear de noche por cualquier sitio, sola, sin miedo. Quiero que ninguna mujer piense que merece lo  malo que le esté ocurriendo. Quiero que ninguna mujer del mundo sufra sólo por ser lo que es, una mujer. Quiero que, por el contrario, descubra la maravilla que es serlo, como he hecho yo y otras muchas como yo. Como bruja y mujer quiero enseñarles a todas ellas a valorarse y valorar su género.

Pero sobre todo, quiero no volver a escuchar jamás una frase que he escuchado a veces y que me rompe por dentro cada vez que la oigo: Ojalá hubiera nacido hombre.

Quiero…

¿Qué quieres tú?

 

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

 

 

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