Danzando con Ishtar

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Hace poco organicé una despedida de soltera pagana. No sé si se han hecho más, no tengo noticia de ello, así que cuando la novia, H, (una de mis mejores amigas desde hace muchos años y pagana también) me lo pidió dudé por unos momentos. No me gustan las despedidas de solteros, ni masculinas ni femeninas. Es una opinión personal, claro, pero no me gustan. No entiendo el por qué de muchas de las cosas que se hacen en ellas. Pero H me explicó que no quería nada de lo habitual, no quería una gran juerga con alcohol, ni temática sexual, ni streapper, ni nada de lo que se suele hacer. Por eso me lo pedía a mí. Quería una despedida que significara algo, un rito de paso, algo espiritual que le preparase para el gran paso que iba a dar.   Emocionada, dije que sí.

Y me puse a prepararla. Hablé con mi amiga, para que fuera exactamente lo que ella quería y acordamos que sería una celebración del amor. No se despedía de la soltería, de la libertad, de un tipo de vida que se acaba… En estos tiempos ya no tiene sentido. Convivimos (la mayoría) con nuestras parejas durante un tiempo antes del matrimonio y muchos ya ni siquiera se casan. Ya vivimos como matrimonios, nuestra vida no cambia, por lo que no nos despedimos de nada. El matrimonio es una confirmación de esa vida, un sello de ratificación para quién lo desee. Así que llegamos a la conclusión de que la ceremonia giraría en torno a la celebración del encuentro del Amor. Se despedía, sí, pero de la soledad, de caminar sola, de ser una frente a todo. Celebraba que había encontrado a su compañero, que seguiría caminando su propia vida, independiente y única, pero compartiéndola con otra persona que caminaría a su lado, de su mano, siendo su apoyo, su confidente, su cómplice, su amante y su amigo.

Tardé un tiempo en organizar mis ideas. En el grupo de mujeres, y un hombre, que nos acompañaría, el número de no paganas era mayoría. De 9, sólo tres seguimos el camino de la Diosa. Tenía que hacer algo que ellas comprendieran para poder integrarse en la ceremonia, y como a casi todos nos gustan las historias, decidí hacer exactamente eso. Contarles una historia. Y bailar. Nada te hace conectar contigo misma y con la energía femenina tanto como bailar.

Alquilamos una casa rural para el fin de semana (preciosa, Navalespino, Santa María de la Alameda, muy cerquita del Escorial) y para allá nos fuimos las 9, más Camila, la perra más entrañable del mundo. Los primeros momentos las fui observando, la mayoría me conocían de antes, otras no. Pero todas me miraban con expectación. Sabían que harían algo nuevo, que lo que iban a vivir no lo habían vivido antes y esas experiencias vendrían de mi mano, creo que me miraban como a algo nuevo, aunque fuese la de siempre. Yo también estaba algo nerviosa, dirigir un ritual conlleva bastante responsabilidad cuando se hace con otros paganos, así que en este entorno era aún más complicado. Por supuesto tenía dudas: ¿Sería capaz de integrarlas en la ceremonia? ¿Comprenderían la trascendencia del momento? Todo iba a ser muy sencillo y nada elaborado, aunque ¿Y si no había acertado con lo que tenía preparado? Pero ya era tarde para pensarlo más, dejé las dudas a un lado y me lancé.

Hay muchas mitologías en el mundo, muchos mitos relacionados con la Diosa y el Amor, pero fue Ishtar quien vino a mí y, aunque no es una diosa del matrimonio, me pidió que contara su historia.  Ishtar es la Diosa mesopotámica del Amor, la Guerra, la Vida y la Fertilidad entre otros atributos, y tenía una hermana, Ereskigal, Diosa del Inframundo y la Muerte. Cuando Tammuz, esposo de Ishtar, muere, ella va en su busca para arrebatarle a su hermana sus poderes sobre la Vida y la Muerte y devolverle la vida, pero cuando llena de orgullo pretende entrar en el Inframundo descubre que allí no puede llevar nada del mundo superior, por lo que debe desnudarse. Ishtar debe atravesar 7 puertas para llegar hasta su Amor, por lo que se va deshaciendo de sus joyas y ropajes, dejando una prenda en cada una de ellas. Finalmente consiguió llegar hasta Ereskigal, pero despojada de todos sus poderes y atributos, de toda su majestad y divinidad, por lo que su hermana la mata. Pero sin ella, la tierra languidece, y los Dioses crean a un ser capaz de entrar y salir del reino de la oscuridad a su antojo, que baja a rescatarla y consigue llevarla a la vida de nuevo, a la luz, reunida con su esposo.

Primero les conté la historia, y después les expliqué la metáfora que se esconde tras el cuento y el por qué de recordarlo en una despedida. Todas tenemos una parte de nosotras mismas que guardamos en nuestro interior. La Sombra, todo aquello que no nos gusta, nuestros rasgos menos “luminosos”, defectos, secretos, experiencias que queremos olvidar, pensamientos que nos avergüenzan y que mantenemos escondidos de los demás, y de nosotras mismas. Pero tan parte nuestra como todo lo que nos agrada y mostramos de frente. Somos quienes somos debido a la unión de ambas partes. Ishtar y su hermana Ereskigal son dos caras de la misma Diosa, una luminosa y creadora y otra oscura y aterradora. Pero ambas la misma mujer.

Tammuz es la parte masculina que todas tenemos, arrebatada por la Sombra ya que siempre se nos ha dicho que los rasgos que representa no son propios de la mujer. La valentía, el coraje, la independencia, la fortaleza, la sed de conocimiento, la seguridad en uno mismo… Son  rasgos que la Sombra considera varoniles y los mantiene escondidos. Históricamente a la mujer se le ha educado para ser dulce, sensible, frágil, amorosa y dependiente, y cualquier rasgo de rebeldía ha sido duramente censurado y la mujer que presentaba estos rasgos acusada de hombruna o marimacho. Pero todas sabemos que la mujeres no somos frágiles, no somos dependientes por naturaleza. De hecho las mujeres somos seres muy fuertes, muy valientes e inquisitivas. Interesadas en el conocimiento y el saber. Por eso Ishtar, para estar completa, debe recuperar estos aspectos de la personalidad enfrentándose a su hermana, su  Sombra. Recuperando su totalidad conociendo y aceptando su oscuridad como algo inherente a ella, solo de esa forma puede la mujer compartir su vida con otra persona, conociéndose totalmente para ofrecer al otro todas sus partes, unidas.

Pero para conocernos realmente a nosotras mismas, debemos hacerlo despojadas de las mascaras con las que nos cubrimos para ocultar la verdad. Desnudas. Por eso Ishtar, para entrar en el Inframundo (su propio mundo interior) debe desnudarse. Las mascaras no sirven de nada allí ya que nos enfrentamos a nuestro verdadero yo, a quien ha creado esas mascaras y sabe que son falsas, y lo más importante, sabe lo que realmente se esconde debajo. Y ese ser capaz de moverse entre los mundos, entre la luz y la oscuridad, es la mujer nueva y completa que resulta de unir todas las partes que nos conforman.

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Dicen que esta leyenda es el origen de la famosa Danza de los 7 Velos, así que tras contarles esta historia donde les guié a su interior, pedí ayuda a V. que tiene conocimientos de Danza del Vientre, y aunque no es exactamente lo mismo, puse a las chicas a bailar envueltas en la esencia de Ishtar. Les hice conectar con sus caderas, con la sensualidad de los movimientos de su cuerpo, las hice cerrar los ojos y dejarse llevar por la música. Envueltas en largas faldas y pañuelos anudados a las caderas, giramos por la sala moviéndonos al son que nos marcaban nuestros propios ritmos internos. La atmosfera se fue cargando de la energía creada entre todas, y poco a poco el baile fue incrementando el ritmo y la intensidad, por lo que evolucionó de danzas orientales a ritmos celtas, que provocaron las risas, la euforia y la alegría. Incluso en uno de los giros, al volverme, descubrí a Camila de pié sobre sus patas traseras, con las delanteras en las manos de su dueño, J, bailando y girando como una más de nosotras. Me reí alto y fuerte. Feliz. Nos reímos todas.

Después tuvo lugar el corazón del ritual, que mantengo en secreto entre H y yo, ya que fue algo muy íntimo y muy profundo, transformador. Y creo que le pertenece solo a ella. Un instante en el que comprendió cómo y por qué había llegado a ese momento siendo quién era, y lo que había aprendido en el camino.

Las chicas, mientras, fueron tejiendo el cordón nupcial con el que yo misma ataría las manos de los novios, ya que también oficié el matrimonio. Y al día siguiente, realizamos otra ceremonia donde, entre todas, cosimos al cordón amuletos, colgantes y pequeños objetos personales que para cada una de nosotras simbolizaban el Amor, y fuimos explicando la historia de esos objetos, su significado y su importancia. También le explicamos a H que se los regalábamos porque queríamos que todo ese Amor formara parte de su vida.  Entre lágrimas de emoción, finalizamos con una ronda de cartas del Oráculo de las Diosas, que nos provocó aún más lágrimas de emoción, tristeza, reconocimiento, confirmación… y un sentimiento de unidad que aún perdura, porque las chicas me están pidiendo más reuniones.

Fue un fin de semana mágico, no sabía dónde me metía, pero sí sé de donde salí. Y ahora puedo decir que lo haría mil veces, me encantó celebrar una despedida de soltera, eso sí, pagana. Y espero que no sea la última.

Hyedra de Trivia

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. hyedra7
    May 28, 2014 @ 21:50:46

    Reblogueó esto en Liebanizatey comentado:

    Siguiente entrada del Camino de la bruja

    Responder

  2. Jorge Fernando Domingo Sánchez
    May 29, 2014 @ 20:00:44

    ¡Madre mía! Tú me conoces, al menos un poco,y he de decirte que es la primera vez en mi vida que leo algo así, y me siento sorprendido, comprenderás que conocía esa faceta tuya y sin embargo no podía imaginarme que pudieras relatarlo así, tan “a la pata la llana” y sin embargo de manera tan emotiva. Una sorpresa grata a sido para mí conocerte un poquito más.

    Responder

  3. Maria del Rosario Moreira Gavegno
    Ago 24, 2016 @ 20:00:20

    Emocionante relato . Me encanto tu blog .yo tambien me siento bruja como tu y me encanta bailar sola en casa o a la orilla de un rio .

    Responder

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